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martes, 20 de noviembre de 2012

Viaje a la Galicia Interior 3 - Cañón del Sil, Ribeira Sacra, Monforte de Lemos

Era sábado, 18 de Agosto, y ese día residía en Orense capital, y tenía previsto realizar una excursión por la Ribeira Sacra, visitando alguna bodega y navegando por el Cañón del Sil.
Uno de los catamaranes de la Diputación de Lugo,
en el embarcadero de Doade.
(JMBigas, Agosto 2012) 

Había consultado exhaustivamente por Internet los servicios de navegación, pero debo decir que las informaciones eran a menudo confusas: de algunos horarios no quedaba claro si eran sólo de temporada, o sólo de fin de semana, y la situación de los embarcaderos (ver mi nota sobre el uso del GPS por Galicia) no quedaba bien definida sin posible error.

Quería visitar una bodega señera de la Denominación de Origen Ribeira Sacra, en las riberas del Sil,la Ponte da Boga, en Castro Caldelas (Ourense), pero no disponía de las coordenadas concretas y era consciente de que la información que le había introducido a mi GPS podía resultar confusa.

Me planteé la posibilidad de contratar una excursión organizada para el día, por ejemplo con Viajes Pardo, pero al final preferí aventurarme al descubrimiento por mi cuenta, con mi propio coche.

Salí, pues, de Ourense, prontito por la mañana, tras un correcto desayuno en el buffet del hotel (el Princess, como ya he contado), sin tener las cosas muy claras. Mis únicas indicaciones para el primer movimiento eran hacia Castro Caldelas (una población de cierta relevancia comarcal, con unos 1.500 habitantes) y luego hacia abajo, a las orillas del Sil, donde debería haber un embarcadero desde el que no tenía claro qué podría ofrecerme.

Hasta Castro Caldelas, el recorrido no tenía muchas dificultades. Por la carretera provincial OU-536 pasé por algunos pueblos como O Pereiro de Aguiar y Esgos. Esa mañana de sábado, el centro de Castro Caldelas estaba tomado por el mercado callejero. No paré (ya que serían las diez, quería visitar la bodega y llegar al presunto embarcadero no más tarde de las once, de acuerdo a las informaciones incompletas de que disponía). Por entre los puestos del mercado, conseguí pasar con el coche hacia la carretera (una sucesión de curvas en fuerte pendiente descendente) que lleva hasta las orillas del río Sil. A mitad de camino, el GPS me quiso llevar por algunas desviaciones que me parecieron impracticables, persiguiendo la bodega que le había programado. Pero como no vi señalización alguna que reforzara esas indicaciones, desistí de visitarla y seguí camino abajo hasta el nivel del río.
Navegando por el Cañón del Sil, entre viñedos en
terrazas de fuertes pendientes.
(JMBigas, Agosto 2012)

En una zona habilitada para ello, paré el coche junto al Sil y, afortunadamente, había algunos otros coches también detenidos allí, y conseguí que me indicaran el corto camino hasta el embarcadero de Doade. Efectivamente, el embarcadero está ya en la provincia de Lugo, y para llegar a él se sigue la carretera (que lleva hasta Monforte de Lemos), se cruza el río Sil por el llamado puente de Doade, y el embarcadero está a continuación. Para facilitar vuestra visita, las coordenadas del embarcadero de Doade son las siguientes: 42,42019722ºN y 7,44322777ºO.

El embarcadero de Doade consta de un pequeño edificio donde hay un bar, junto al que se dispone de una docena de plazas para aparcar el coche en batería. Cuando llegué (serían las diez y media de la mañana), el bar (y todo lo demás) estaba cerrado, aunque había algunos visitantes rondando por los alrededores. Pegado en una verja, un papel (parecía) informar de que a las 11.15 había ese día un servicio de crucero por el Cañón del Sil en catamarán.

En la mutua confianza de que todos los que estábamos allí íbamos a lo mismo, decidí esperar un poco, a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Me daba cierta tranquilidad el hecho de que, en el pantalán del embarcadero, había dos catamaranes atracados, uno mayor que el otro. Para añadir algo de confusión, un hombre con una furgoneta ofrecía un servicio de navegación alternativo, en un barquito más pequeño, que estaba atracado en un pantalán al otro lado del río (en la provincia de Ourense).

Algo antes de las once, aparecieron tres funcionarios de la Diputación de Lugo (que es quien presta ese servicio de navegación), un hombre y dos chicas. Abrieron uno de los almacenes del nivel inferior, sacaron una mesa y un par de sillas, y empezaron el proceso de venta de billetes. Efectivamente, habría un crucero de un par de horas por el Cañón del Sil, que tenía prevista su salida a las 11.15.

Leyendo de un cuaderno manuscrito, empezaron por llamar por su nombre a los que habían realizado una reserva por Internet (¡¡¡???). Algunos estaban y otros no. A cada grupo le fueron vendiendo los correspondientes billetes para la travesía (9,50 Euros, con alguna rebaja para los niños y para la tercera edad). Terminada la revisión de reservas, empezó el proceso para el resto del público presente, en un orden que se inventó sobre la marcha, pues no se había constituido ninguna cola en condiciones. De hecho, hubo alguna trifulca por ello, por parte de alguna de esas personas que puede desgañitarse sin límite tratando de defender sus (insignificantes y dudosos) derechos.

Había sitio para todos, sin problema, y la excursión no empezaba hasta que todos tuviéramos el correspondiente billete y hubiéramos subido a bordo, por lo que esas disputas eran simplemente inútiles. En un cierto momento, una de las chicas le indicó al hombre que hoy saldremos con el (catamarán) grande. Todo el proceso transmitía la sensación de un cierto desorden repetido indolentemente en el tiempo.

En el catamarán había sitio sobrado para todos, de modo que no había ningún problema en desplazarse por su interior, buscando el mejor ángulo para las fotografías que quisieras tomar. La travesía fue una auténtica gozada. El río Sil se mueve en el interior de un Cañón de empinadas laderas. Pero en muchas zonas de esas laderas de fuertes pendientes, se cultivan viñedos de la D.O. Ribeira Sacra, en lo que coloquialmente se conoce como viticultura heroica. Acceder a esas terrazas con pendientes a menudo superiores a los 45 grados para atender a las viñas, o para la vendimia, resulta difícil de imaginar. Pero algunos caminos recorren las laderas, en zigzag, de modo que a menudo hay un camino junto a la parte alta de uno de los viñedos, o también por la parte baja. De repente puede verse una furgoneta (o incluso un tractor) aparentemente colgado sobre el vacío, junto a los viñedos.
Alguna parcela tiene hasta raíles, para facilitar el
transporte de los racimos en la vendimia.
(JMBigas, Agosto 2012)

En algunas parcelas se han dispuesto unos pequeños raíles que la recorren de arriba abajo. De este modo, es posible movilizar algún sistema de vagonetas que facilite el acceso de los racimos recién cortados hasta uno de los caminos periféricos, a donde puede acceder un vehículo motorizado, para realizar con más comodidad el resto del trayecto hasta la bodega.

El cauce del Sil en toda esa zona está totalmente regulado por diversas presas, por lo que la navegación es absolutamente plácida. Pero en algunos años de mucha sequía, ha habido que suspender el servicio de navegación en catamarán, por no disponer de suficiente margen de profundidad para la seguridad del trayecto.

En algunas zonas, las laderas son más rocosas y no hay viñedos. Pero la erosión del tiempo ha creado en las rocas formas caprichosas, como algunas caras que podemos pensar que son los Guardianes de Piedra del Cañón del Sil.

Durante todo el trayecto en el catamarán, no hay comentarios sobre el paisaje por el que se discurre, y la megafonía del barco (suponiendo que exista) permanece muda.

A la vuelta al embarcadero, ya pasada la una de la tarde, el bar de la planta superior estaba abierto y, aparte de visitar los sanitarios, se podía tomar algún piscolabis, sandwich o refresco, así como comprar algunos vinos de la Ribeira Sacra, a la venta en el establecimiento.

Desde allí seguí camino, por la misma carretera, hacia Monforte de Lemos. En la subida desde el nivel del río hay algunos lugares donde se puede estacionar el vehículo, y se dispone de unas maravillosas vistas sobre el Sil, el Cañón y las laderas plagadas de viñedos.

Monforte es una pequeña ciudad (unos 20.000 habitantes) cruzada por el río Cabe (un afluente del Sil). Muy monumental, en lo alto de la colina está el Monasterio de San Vicente del Pino, donde existe un Parador de Turismo. Quería visitar en Monforte la Casa do Viño, la sede de la Denominación de Origen Ribeira Sacra, que dispone de una pequeña tienda y de una pulpería (restaurante) donde se puede comer. Está situada en la Rúa Comercio, en zona peatonal.

Aparqué el coche (tras dar varias vueltas) en el Campo San Antonio, al otro lado del río, a unos escasos cinco minutos andando de la Rúa Comercio. Ese sábado de Agosto, en Monforte de Lemos hacía un calor abrasador. Llegué a la Casa do Viño hacia las dos y cuarto de la tarde, pero la tienda estaba cerrada desde las dos, y no reabría hasta las cuatro y media. Para hacer tiempo (y para saciar el hambre, que a esas horas ya acuciaba), decidí comer en la propia Pulpería del lugar. Me ofrecieron un Menú del Día muy sabroso, a precio cerrado (creo recordar que a 10 Euros), que acepté. Pero les pedí acompañarlo con algún buen vino blanco de la Ribeira Sacra. Me ofrecieron una posibilidad muy imaginativa. De cualquiera de las cuatro variedades que servían por copas en la barra, me podían abrir una botella, servirme a voluntad, y al final de la comida me cobraban de acuerdo a lo que hubiera efectivamente bebido. Así pues, acompañé el menú con una botella de Blanco de Blancos de la Adega Ponte da Boga (que finalmente no había podido visitar), una mezcla deliciosa de uvas Godello y Albariño, con una pizca de Dona Branca.
El río Cabe (afluente del Sil) a su paso por
Monforte de Lemos.
(JMBigas, Agosto 2012)

Cuando terminé de comer quedaba todavía más de media hora hasta que abriera la tienda por la tarde, por lo que decidí pasear un poco por el centro. La apariencia de las calles, bajo un Sol inclemente y con un calor asfixiante, era de siesta total. Tuve que refugiarme en un bar refrigerado para tomar un café con hielo y dejar discurrir el tiempo.

Pasadas las cuatro y media, volví a la tienda de la Casa do Viño, donde pude comprar algunas botellas variadas de las diversas subzonas de la Ribeira Sacra, entre ellas una del Blanco de Blancos con el que había comido, y un tinto muy especial de la misma bodega, el Capricho de Merenzao, una oda a las uvas autóctonas que pueblan la Ribeira Sacra.

De vuelta hacia Ourense, tomé esta vez una ruta algo más al Oeste, el camino del Miño. Me detuve, cerca de Chantada, en la presa de Belesar, donde hay un pequeño club náutico que ofrece, creo, algún servicio de navegación turística por el Miño, aunque no conseguí aclararlo del todo. Pero sí pude deleitarme con más laderas tupidas de viñedos.

Ya en Ourense, visité el Centro Comercial Ponte Vella, desde el que se tiene una maravillosa panorámica de los puentes sobre el río Miño, pero eso ya os lo he contado en otra ocasión.

El domingo por la mañana levanté el campamento del hotel de Ourense, y mi destino para la noche era Viveiro, en la llamada mariña lucense, junto al Mar Cantábrico.
Presa de Belesar, sobre el río Miño, en Chantada (Lugo).
(JMBigas, Agosto 2012)

Quería, sin embargo, visitar otro embarcadero en el río Sil, del que también había leído algunas informaciones inconcretas, el Embarcadero de Santo Estevo, próximo al Monasterio y al Parador del mismo nombre. Este embarcadero está situado en el concello de Nogueira de Ramuín, bastante más al Oeste que el de Doade. No tiene propiamente zona de aparcamiento, pero es posible dejar el coche en los laterales de la rampa de acceso al nivel del río (coordenadas 42,40769166ºN y 7,6425972ºO). Está junto a la presa de San Esteban (Santo Estevo) sobre el río Sil.

Cuando llegué, pasadas las once de la mañana, había un par de chicas vendiendo billetes para una excursión de navegación en catamarán por el Cañón del Sil. Esta vez se trataba de una empresa privada (ligada a Viajes Pardo, con oficina en la calle Juan XXIII de Ourense) y el viaje resultaba algo más caro (14,50 Euros). Aunque la víspera ya había navegado en catamarán por el Sil, como ya estaba allí decidí aprovechar la ocasión para repetir experiencia.

Desde Doade se parte río abajo (hacia el Oeste), mientras que de Santo Estevo se va primero río arriba, hacia el Este. Los dos recorridos tienen una pequeña parte común, pero globalmente resultan bastante complementarios. Esta vez el catamarán era algo más pequeño, y había menos movilidad para escoger el emplazamiento para las mejores tomas. En tierra sólo reservé una plaza con mi nombre. Luego nos llamaron para el embarque en un cierto orden, y finalmente tuve que pagar el billete ya a bordo. Durante todo el recorrido de ida, por megafonía la misma chica que vendía los billetes fue comentando el paisaje por el que discurríamos, aunque, en general, se oía bastante mal.
Embarcadero de Santo Estevo (concello de
Nogueira de Ramuín)
(JMBigas, Agosto 2012)

No me arrepiento de haber realizado las dos travesías, aunque con una sola ya se hace uno una idea cabal de los paisajes que ofrece el Cañón del Sil.

De vuelta de la navegación, tomé un piscolabis (un sandwich caliente) en el bar del embarcadero y luego seguí camino hacia Lugo y Viveiro. Pero esa ya es otra historia, que os contaré en el próximo capítulo.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 56 fotografías, pinchando en la foto del embarcadero.

Cañón del Sil y Monforte de Lemos


También podéis ver un breve vídeo con imágenes impresionantes de la navegación por el Cañón del Sil y las laderas de fuertes pendientes llenas de viñedos.



JMBA

martes, 23 de octubre de 2012

Viaje a la Galicia Interior 2 - Valdeorras, Monterrei y los Puentes de Orense

Ese viernes de Agosto me levanté prontito en Ponferrada, a tiempo para ver, desde el balcón de mi habitación, la desierta Plaza del Ayuntamiento (zona peatonal) surcada por un aguerrido motorista que iba sirviendo bolsas de churros calientes a las diversas cafeterías y bares de la zona.
Viñedos cerca de A Portela (concello de Vilamartín de
Valdeorras - Ourense).
(JMBigas, Agosto 2012)

Ese día debía llegar a Orense capital, donde tenía reservada habitación en el Hotel Princess, en el centro de la ciudad (Avenida de la Habana esquina a Curros Enríquez). La idea era pasar por la zona de Valdeorras (visitando un par de bodegas, y comprando algunas botellas) y seguir hacia la zona de la D.O. Monterrei (Verín, junto a la frontera portuguesa) y terminar en la ciudad de Orense.

Lo primero que conviene tener muy claro cuando uno se dispone a entrar en Galicia en coche, utilizando los servicios de algún dispositivo GPS, es la extrema complejidad de la toponimia gallega. La población está muy dispersa y cada concello (municipio) tiene a su vez varias parroquias, aldeas y/o lugares. Ello conlleva un alto nivel de homonimia. En el mapa se puede ver el lugar al que queremos ir (a unos pocos kilómetros de donde estamos). Pero con ese nombre, la cartografía nos puede ofrecer hasta dos docenas de lugares con el mismo nombre, pero en concellos diferentes. Escoger un concello equivocado nos podría llevar a una ruta de más de 100 kilómetros, que nada tendría que ver con nuestros deseos. Para ir a cualquier lugar que esté fuera del centro urbano de los municipios, lo más recomendable es utilizar directamente las coordenadas de latitud y longitud, si se conocen.

Para visitar alguna bodega, que está habitualmente en el campo, fuera de los núcleos urbanos, esto es especialmente cierto. Sin embargo, la gran mayoría de ellas no aportan este dato vital para localizarlas, en sus páginas web, o en las de la correspondiente Denominación de Origen. Espero que, por el bien del enoturismo, esto cambie más pronto que tarde.
Pequeño cementerio rural, en A Portela.
(JMBigas, Agosto 2012)

Me dirigí primero hacia O Barco de Valdeorras. Quería visitar la Bodega Virgen de Galir, que está a unos 5-6 kilómetros del núcleo urbano. Casi a ciegas, seguí por una carretera que parecía llevarme por el buen camino y, afortunadamente, la bodega estaba señalizada en los cruces y pude llegar sin mucho problema. Producen únicamente vino blanco de uva Godello y vino tinto de uva Mencía (las más habituales de la D.O. Valdeorras). Compré un surtido, que todavía reposa en el trastero/bodega de mi casa.

Desde allí seguí camino hacia A Rúa de Valdeorras. El GPS (un ya antiguo pero excelente tomtom GO910) me llevó por unas carreteritas (muy) secundarias, lo que me permitió ver algunos lugares encantadores y muy poco frecuentados. En la zona de A Portela (concello de Vilamartín de Valdeorras) tuve ocasión de fotografiar un encantador cementerio rural, situado en una zona arbolada junto a uno de los abundantes ríos de la zona.

En A Rúa de Valdeorras tenía anotada la Bodega A Coroa (La Corona), y esta vez la dirección era completa, con lo que llegué sin sorpresas. La Bodega ocupa un edificio antiguo con protección especial, pero está situada en un enclave preciosamente verde, con un césped muy bien cuidado, desde el que se divisan las laderas plagadas de viñedos, donde tienen sus plantaciones de uva blanca Godello (casi su única producción).

El hombre de la oficina de la bodega, cuando le pregunté por la posibilidad de comprar alguna botella de los vinos que producen, abandonó su tarea, cerró la oficina, y me acompañó por las instalaciones principales de la bodega (la zona de recepción y clasificación de la uva, los tanques de fermentación, etc.) hasta llegar al almacén, donde escogí unas botellas de las dos variedades de vino blanco Godello que producen (el básico -ya excelente-  y el fermentado sobre lías). Me comentó que tienen una producción testimonial de vino tinto, a partir de unas cepas de garnacha que poseen, pero no tenía en ese momento para su venta.
Bodega A Coroa, en A Rúa de Valdeorras.
(JMBigas, Agosto 2012)

La mayoría de bodegas de la zona tienen su mercado principal en la propia Galicia, pero también venden en las principales regiones consumidoras de España (Madrid y Barcelona, en todos los casos). Además, casi todos se han preocupado de abrir mercados internacionales (los países del centro y Norte de Europa, Estados Unidos y, de forma recurrente, China como la gran promesa de mercado consumidor masivo).

Desde A Rúa quería bordear el río Sil hasta Quiroga, ya en la provincia de Lugo y bajo la D.O. Ribeira Sacra, para visitar una bodega de esa denominación. El camino es muy bonito, pues el Sil avanza encajonado entre empinadas laderas y con abundantes instalaciones hidráulicas y de represa. Todavía no es la zona conocida como el Cañón del Sil, algo más adelante, como os contaré en el siguiente capítulo.

La bodega que había elegido era la Val de Quiroga. Llegando al pueblo de Quiroga, fui incapaz de localizarla o de encontrar alguna señalización. Finalmente, pregunté en una gasolinera del pueblo, y allí me dieron razón. La bodega se encuentra sobre la antigua carretera, que la nueva autovía ha relegado a pura via de servicio y ocupa un edificio bajo de madera que parece del Lejano Oeste. Pude comprar una pequeña variedad de los vinos que producen, de nuevo centrados (aunque también tienen algunas otras variedades) en el blanco de Godello y el tinto de Mencía, con Denominación de Origen Ribeira Sacra.

Para ir luego hacia Verín, deshice parte del camino y luego seguí hacia el Sur, por paisajes singulares de ríos y bosques. Cerca de Viana do Bolo paré para comer un Menú del Día en el restaurante del camping Aguas Mansas, junto al río Camba, en el llamado país do Bibei.
Río Sil, junto al Embalse de Santiago (Ourense).
(JMBigas, Agosto 2012)

En Verín quería visitar la Adega Tapias Mariñán (D.O. Monterrei), a la que conseguí llegar tras algunas dudas (ya me anoté en el tomtom su situación real, para poder llegar sin problema en otra ocasión). A esa hora temprana de la tarde estaban abriendo apenas la tienda. El responsable estaba hablando por teléfono con su importador alemán, que le pasaba un nuevo pedido de su blanco de uva Treixadura. Tuve ocasión de charlar un rato con él (con el responsable, no con el importador) para comentar los diversos vinos que producen en la bodega. Finalmente compré un surtido de tintos (Mencía) y blancos (Godello y Treixadura).

Muy cerca de esa zona llana plagada de viñedos están las bodegas del modista Roberto Verino, ya camino del Castillo de Monterrei, que domina la comarca. Al desviarse de la carretera hacia el Castillo, habitualmente se encuentran varios coches aparcados, lo que sugiere, al que no lo conoce, que el resto del camino hasta la cima habría que hacerlo a pie. Pero no es cierto. El camino es bastante razonable, y es posible subir en coche hasta la explanada frente a la entrada al Castillo propiamente dicho.

En general, el Castillo de Monterrei está muy bien conservado. Su Torre del Homenaje, cuadrada, se yergue orgullosa en lo alto de la colina. Hay una zona dedicada a Museo y también se puede visitar la capilla (si se coincide con alguno/a de los/as cuidadores/as, que la abre solamente si hay visitantes que la desean ver por dentro). Las vistas de toda la comarca de Verín, con sus viñedos, es esplendorosa desde diversas zonas del castillo. También se puede ver el Parador de Turismo, muy próximo al Castillo de Monterrei.
Interior del Castillo de Monterrei (Verín, Ourense).
(JMBigas, Agosto 2012)

Desde allí ya me encaminé hacia la ciudad de Orense (Ourense en gallego), el final de mi etapa para ese día. Llegué al hotel a media tarde (serían las siete). El Hotel Princess (cuatro estrellas algo escasitas) está en pleno centro. No dispone de parking propio, pero sí tiene dos o tres plazas en la calle para la carga y descarga del equipaje. Pero estas plazas no están frente a la entrada principal, sino a unos 50 metros, doblando la esquina y ya sobre la calle Curros Enríquez. Si se viaja en coche, se puede aparcar en un parking público próximo (el Juan XXIII), a no más de una manzana de distancia del hotel.

Salí del hotel pasadas las ocho y media de la tarde (que estaba siendo muy calurosa), para un breve paseo hasta el centro antiguo de la ciudad. Bajando por la propia Curros Enríquez, se bordea el Parque de San Lázaro y se entra en la Rúa do Paseo, una calle comercial peatonal. Rebasada la calle de la Concordia se entra en la zona de bares y restaurantes. A la izquierda, por la pequeña calle de San Miguel, se llega a una placita, con una fuente (creo que su nombre oficial es Praza do Ferro) conocida como la de las tres calles (de la Paz, Lepanto y Viriato). Toda la zona es muy animada, y en cada casa hay un bar de tapas, restaurante o lo que sea para atraer al numeroso personal que deseaba esa tarde/noche comer y beber.

Después de andar todo el día en el coche, no me apetecía cenar de pie, y busqué un restaurante para cenar sentado y atendido. En la propia calle San Miguel está el restaurante San Miguel, muy correcto y tradicional, que yo ya conocía porque allí había celebrado el banquete de boda un buen amigo algunos años antes. Preferí buscar nuevos aires, con bastante mala suerte. En la pequeña plazuela del Cid (o "Eronciño dos Cabaleiros") hay un bar restaurante, conocido como la Casa de María Andrea, que sirve tapas y bebidas en la planta baja y en la terraza sobre la misma plaza, y tiene un restaurante en la planta superior. Está ubicado en una gran casa del siglo XVI, que perteneció a los Armada, con una gran balconada corrida de madera en la primera planta. El restaurante está diseñado en estilo moderno y es muy agradable. Pero el servicio resultó descuidado y la cena mediocre en su conjunto. Seguramente tuve la mala suerte de cenar mal en una ciudad donde eso es casi imposible.
Monumento a la Castañera, en el centro de Ourense.
(JMBigas, Agosto 2012)

El día siguiente, sábado, lo dediqué a la ruta del Cañón del Sil, Ribeira Sacra y Monforte de Lemos, pero eso ya os lo contaré en un próximo capítulo.

Por la tarde volví a Orense y fui al Centro Comercial Ponte Vella, junto al río Miño. El recepcionista del hotel me lo había recomendado para tener las mejores vistas de los puentes sobre el río. El Miño discurre por toda la ciudad de Orense, más o menos de Oeste a Este. Lo cruzan infinidad de puentes y pasarelas, de todos los estilos y épocas, y a diversas alturas. La terraza del Centro Comercial (que tiene al menos dos niveles) es un lugar privilegiado para tener una vista bastante completa de los puentes de la ciudad. En el nivel inferior hay multitud de terrazas de los diversos establecimientos de restauración del Centro, mientras que desde el nivel superior se tiene una vista excelente del futurista Puente del Milenio y de todos los demás, incluido el próximo puente romano, o Ponte Vella, que da nombre al Centro Comercial.

Escamado por la mala experiencia de la víspera, pregunté en el hotel donde podía encontrar un restaurante italiano recomendable. Sin dudarlo, me indicaron La Romántica, sobre la propia calle Curros Enríquez, pero muy cerca del río.

La encontré sin problema (tras consultar en la calle con una hada jovencita, de cara preciosa, calzón cortísimo, piernas largas y hablar dulce como la miel)  y, como era relativamente pronto (hacia las nueve de la noche), conseguí una mesa. El nombre no describe correctamente al restaurante, que es muy popular en Orense y que se dice que sirve la mejor comida italiana de la ciudad. No es muy grande, pero está distribuido en una única sala que resulta, inevitablemente, bastante ruidosa. Las mesas están muy pegaditas entre sí. Camareros muy expertos ya en mil batallas, sirven a los clientes a toda velocidad. La comida es excelente y las raciones son MUY abundantes. Pedí una milanesa con patatas fritas (la carne desbordaba el tamaño generoso del plato). Y, para empezar, pedí media ración de pasta, que resultó ser más grande que una ración completa en la mayoría de lugares. En el resto de mesas había parejas, grupos de amigos, familias enteras, en general residentes en la ciudad. El precio, muy económico, es uno de los atractivos del restaurante, junto a la calidad y cantidad de la comida que sirven.
Puentes y pasarelas sobre el río Miño,
en la ciudad de Ourense.
(JMBigas, Agosto 2012)

Para mi sorpresa (aunque luego me he enterado de que resulta habitual y el fenómeno es bien conocido), cuando salí del restaurante había una cola en la calle de no menos de medio centenar de personas, esperando que se fueran liberando mesas en el interior para entrar a cenar.

El domingo por la mañana abandoné Orense, y crucé la Galicia Interior (con una breve escala en Lugo) de Sur a Norte, con destino final en la llamada Mariña Lucense, en Viveiro, junto al Mar Cantábrico. Pero eso ya será objeto de un próximo capítulo.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este capítulo, podéis acceder a una completa colección de 42 imágenes, pinchando en la foto del Puente del Milenio.


JMBA