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martes, 13 de enero de 2015

Barcelona, Parque Temático

El centro histórico de las grandes ciudades que son un atractivo turístico, se han convertido en un auténtico Parque Temático. Un parque habitualmente atestado de turistas, visitantes y, más raramente, viajeros y locales, que se esfuerzan en realizar las fotos y vídeos necesarios para convencer a otros de que han estado allí, y se lo han pasado fenomenal. De verdad, a menudo resulta patético.
La Plaza Catalunya y el inicio del Paseo de Gracia,
desde la calle Caspe.
(JMBigas, Diciembre 2014)

Algunos piensan que un Parque Temático se caracteriza por tener un cierto número de atracciones para el público. Pero, en realidad, la principal atracción es el público. Si consigues acumular un cierto número de personas en medio de la nada, u organizar una cola que conduzca a ninguna parte, la mitad, al menos, de los que pasen por ahí pensarán que si hay gente es que hay algo interesante para ver, visitar, recorrer, sufrir, comer, beber, o lo que sea. Y se pondrán a la cola, aumentando el atractivo de esa atracción inexistente.

Por Navidad y Reyes acostumbro a pasar unos días en Barcelona, donde nací hace ya más años de los que me gustaría reconocer. La coartada para esas breves estancias está formada por diversas reuniones familiares, entre las que destacan las deliciosas habilidades culinarias de mi hermana, sin olvidar a mi sobrino, que siempre ha apuntado maneras en la cocina.
Avenida del Portal de l'Àngel, con el edificio del
Banco de España a la derecha.
(JMBigas, Diciembre 2014)

Durante mi estancia, tengo algunos ratos libres, que habitualmente aprovecho para realizar alguna visita turística en la que, de una u otra forma, sigue siendo mi ciudad. He visto los monumentos y he pisado los diversos enclaves docenas de veces. Por lo que acostumbro a sucumbir a la tentación de fijarme más en las personas que en la piedra vieja, que son las que siempre cambian entre dos visitas parecidas. En resumen, aprovecho el paseo para estudiar a los visitantes, más que al Parque en sí mismo.

La mañana del Día de Navidad, antes de acudir a la copiosa comida que te deja aletargado hasta las ocho de la tarde, tuve unas horas libres, que aproveché para realizar un paseo por el centro de la ciudad, donde siempre se acumula la mayor parte de los visitantes y turistas. La mayoría de ellos llegaron ayer y se irán mañana, por lo que se sienten obligados a aprovechar al máximo su escaso tiempo.

En estas fechas acostumbro a alojarme en un hotelito frente a la antigua Plaza de Toros de Las Arenas, reconvertida, tras una obra faraónica, en un centro comercial que respeta la antigua estructura y la fachada, a la que se ha añadido una maravillosa terraza circular en la parte superior, que parece un OVNI, con estupendas vistas sobre la Plaza de España y los recintos feriales de Montjuïc. Si no la conocéis, os recomiendo anotar su visita en vuestra agenda de cosas pendientes que hacer en Barcelona.
Detalle de la iluminación navideña en la
Avenida del Portal de l'Àngel.
(JMBigas, Diciembre 2014)

En ese trocito de la calle Llançá hay tres hoteles. Con diferencia, el que acostumbro a utilizar es el más económico, aunque es un correcto tres estrellas. De todas formas, una conversación informal que inicié con uno de los chicos de la recepción me alertó de que pueden estar considerando una importante subida de tarifas, atendiendo a su ubicación, ciertamente privilegiada. Desde aquí les recomiendo prudencia, que la elasticidad de la demanda no está para muchas alegrías.

En la Gran Vía (legalmente, Gran Via de les Corts Catalanes) junto a la Plaza de España, tomé el autobús H12, que me dejó junto al Paseo de Gracia. Este autobús forma parte de la nueva red cuadriculada de autobuses que se ha puesto en marcha en la ciudad recientemente, con reacciones variadas entre los usuarios. Los autobuses identificados con la H circulan, a diversos niveles, básicamente paralelos a la línea de la costa, mientras que los identificados con la V circulan globalmente en dirección mar-montaña.

Desde la esquina de Gran Via con Paseo de Gracia bajé hasta la Plaza de Catalunya. Abordé luego la Avenida del Portal de l'Àngel, una arteria muy comercial, atestada de público cuando las tiendas están abiertas, que no era el caso ese día, aunque había bastante gente. Llegué hasta la Plaza de la Catedral, y luego bajé por Via Laietana hasta plaza de Jaime I. Por la calle Argenteria llegué hasta la Basílica de Santa María del Mar. Desde allí tomé el Metro (línea 4, amarilla) hasta el Hospital de Sant Pau, muy cercano a la casa de mi hermana.
La Catedral de Barcelona.
(JMBigas, Diciembre 2014)

La Catedral de la Santa Cruz y de Santa Eulalia es una maravilla gótica, construida entre los siglos XIII y XV, sobre un enclave que ya ocupó con anterioridad una iglesia paleocristiana y, posteriormente, otra visigótica. De todas formas, su maravillosa fachada principal es obra del siglo XIX, respetando el estilo original.

Frente a ella hay una gran plaza peatonal (con un parking subterráneo por debajo), siempre muy transitada por los visitantes de la ciudad, y algunos locales. Dediqué un rato a estudiar el comportamiento de los grupos de turistas, lo que siempre es una ocupación apasionante.

En 1965, el cineasta británico Ken Annakin (1914-2009) dirigió una curiosa película, que en España se llamó Aquellos Chalados en sus Locos Cacharros (su título original era Those Magnificent Men in Their Flying Machines), que fue nominada al Oscar por el mejor guión original. Un excéntrico millonario convoca una carrera entre Londres y París, a la que acuden un alocado grupo de participantes, cada uno con su propio engendro o máquina (presuntamente) voladora. La película cuenta las aventuras y peripecias que se vivieron durante la carrera.

Una sensación parecida a la que tuve viendo esa película es la que me invade en lugares turísticos que atraen a muchos visitantes. Cada persona lleva en la mano, o saca del bolso o bolsillo, un dispositivo variado, uno de esos cacharros de que hablaba la película, para hacer fotos, grabar vídeos o realizarse una de esas autofotos (selfies) que tan de moda están. Algunos, los menos, intuyo que únicamente los muy amantes del arte fotográfico en sí mismo, lucen cámara fotográfica reflex de apariencia imponente. Otros, como yo mismo, esgrimimos alguna cámara compacta de diversas calidades. La inmensa mayoría utilizan los teléfonos móviles o smartphones, protegidos con las fundas más variopintas, muchas de las cuales les dificultan la tarea de tomar fotografías (intuyo que también la de realizar alguna llamada, suponiendo que esos dispositivos todavía se utilicen alguna vez para eso). Finalmente, están los excéntricos que utilizan tablets gigantes (muy grandes para lo que son los usos habituales en fotografía).
Detalle de una de las esculturas expuestas junto
a la Catedral de Barcelona.
(JMBigas, Diciembre 2014)

Antes había que arrimar el ojo al visor, para escoger el encuadre preferido, y las fotografías se tomaban con una cierta intimidad, con los brazos encogidos y la cámara arrimada a la cara. Pero hoy todos los dispositivos disponen de pantalla (de diversos tamaños, algunas incluso francamente indiscretas), que hay que ver a cierta distancia y que provoca la toma de fotografías más bien con los brazos extendidos. Los que utilizamos, además, gafas progresivas, con la cabeza inclinada hacia atrás en una posición inverosímil. Un despliegue, por cierto, que dificulta poder mantener el dispositivo totalmente quieto al activar el disparador. Pero, claro, sofisticadas funciones de estabilización de imagen suplen, en parte por lo menos, la desidia del usuario. La intimidad que existía en el acto de escoger el encuadre para la fotografía que queríamos tomar, la que sería la nuestra, se ha socializado por completo.

Antes, tomar fotografías costaba dinero. Había que comprar consumibles (los carretes fotográficos que hicieron la fortuna de empresas hoy prácticamente quebradas, como la Kodak) y luego había que pagar a un laboratorio fotográfico para revelarlos y conseguir copias en papel. Eso provocaba una cierta economía, incluso racaneo, en la toma de fotografías. En los grupos familiares o de amigos, había habitualmente un responsable del apartado fotografía, el único que llevaba una cámara. Y los encuadres se escogían con cierto cuidado, para conseguir que todas las fotografías fueran de una razonable calidad. Pero hoy en día, una vez dispones del dispositivo y sus accesorios (batería, tarjeta de memoria), tomar fotografías es gratis. Lo que provoca, por supuesto, que donde antes se tomaba una, hoy se toman ciento. Muchas de ellas, por cierto, de calidad infecta. Sólo hace falta ver las que se cuelgan en las redes sociales, donde la mayoría están desenfocadas o fatalmente iluminadas. Da igual, cumplen su papel: dan fe de que estuve allí y me lo pasé genial.

Como hoy podemos ver de forma inmediata cómo ha quedado, podemos borrar las que no nos gusten. Pero no conozco a nadie, yo desde luego no, que se dedique a borrar fotografías una vez hechas. De vuelta a casa hay cientos de fotos donde antes había una docena. La temida invitación a merendar y de paso ver el álbum de fotos de nuestro último viaje, que muchos declinaban argumentando imaginativas razones, se ha trasladado al café de la mañana o a la cervecita de la tarde, congregados en torno a la pantalla de un móvil. Una encerrona, por cierto, de la que es mucho más complicado escapar.
Basílica de Santa María del Mar.
(JMBigas, Diciembre 2014)

Mucha gente lleva hoy su álbum de fotos en el bolsillo. Y esa es una temible amenaza.

Donde antes veíamos a paseantes que circulaban con cierta desidia e ignorancia cierta junto a edificios y monumentos del pasado, hoy vemos a alguien atareado en tomar unas cuantas fotos. Para recordarse a sí mismo y demostrar a los demás, que allí ya ha estado. Eso sí, con parecida desidia y la misma ignorancia de siempre.

Corren tiempos tristes para el arte. Sin embargo, conviene no olvidar que la fotografía es otra cosa, que afortunadamente sigue existiendo, una manifestación artística que discurre al margen de la labor puramente mecánica de esos numerosos grupos de visitantes o turistas accionando sus móviles como autómatas. Y me temo que estoy siendo exageradamente generoso, o directamente bobalicón.

En fin, grabé unos pocos minutos de vídeo de la gente que estaba ese mediodía frente a la Catedral de Barcelona. Espero que ilustre y confirme lo que os estoy contando.


Yendo hacia la próxima Basílica de Santa María del Mar me detuve en la placita con la estatua de Ramón Berenguer III el Grande (1082-1131), Conde de Barcelona. Gracias a que el Sol del invierno se eleva poco por encima del horizonte, pude conseguir un contraluz de la estatua que me parece bonito.

La construcción de la Basílica de Santa María del Mar, durante el siglo XIV, en el barrio de La Ribera, está recreada en la celebrada novela La Catedral del Mar, de Ildefonso Falcones. En Santa María del Mar, ya casi a las dos de la tarde, todavía pude asistir al final de un pequeño recital de cantos navideños.

Desde allí, directo hacia la opípara comida en casa de mi hermana. Regada, por supuesto con buenos vinos. En este caso un excelente blanco de verdejo con barrica, el Belondrade y Lurton y un cava brut nature de manual, el Torelló, espectacularmente suave al paso de boca.

Bueno, un ciclo navideño más que hemos conseguido superar con mínimos daños.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis ver una colección seleccionada de 16 fotografías (incluyendo el contraluz citado), pinchando en la siguiente fotografía.


JMBA

martes, 16 de septiembre de 2014

Por Tierras de Burgos (2): Paseos por la capital

Ya os he contado el primer día de este viaje, con el desplazamiento hasta Burgos capital desde Madrid, y las diferentes paradas que realizamos.
Vista de la Catedral de Burgos y la ciudad, desde el
Mirador del Castillo.
(JMBigas, Julio 2014)

Por la tarde de ese lunes 14 de Julio llegamos al Hotel Puerta de Burgos. Tras ocupar las habitaciones que habíamos reservado, salimos para realizar un poco de turismo por la ciudad.

Primero fuimos hasta el Mirador del Castillo, junto al Castillo de Burgos, edificado en tiempos de la Reconquista (siglo IX). Se encuentra en el cerro de San Miguel, unos 75 metros sobre el nivel de la ciudad. Es posible visitar el Castillo, pero ya no a esas horas avanzadas de la tarde. Ignoro los atractivos que ofrece su interior para el visitante.

Junto al Mirador hay unas poquitas plazas donde aparcar el coche. Desde el Mirador se tiene una muy buena perspectiva de toda la ciudad, donde destaca en primer plano la Catedral y todo el centro antiguo de Burgos, incluida la zona verde que bordea al río Arlanzón, con su famoso Paseo del Espolón.
La Catedral, la zona del río Arlanzón y el complejo del
Museo de la Evolución Humana.
(JMBigas, Julio 2014)

El suelo del Mirador es una especie de Rosa de los Vientos, donde destaca la dirección y la distancia desde Burgos hasta diversos enclaves próximos y lejanos. Siempre acostumbra a haber visitantes en la zona, con ganas de tomar algunas buenas fotografías; también es un centro de reunión para algunos grupos de jóvenes.

La tarde es, posiblemente, el mejor momento del día para visitarlo, ya que se tiene el Sol poniente a la espalda, iluminando los diversos monumentos de la mejor manera posible.

Desde allí fuimos a la zona del Monasterio de las Huelgas Reales. Su historia se remonta al siglo XII con el rey Alfonso VIII de Castilla y su esposa Leonor. Su fundación, destinada a cabecera en toda la región de las comunidades femeninas cistercienses, tenía como objetivo convertirlo en panteón de reyes y en lugar de retiro para damas nobles. Inicialmente establecido en el campo cercano a la ciudad de Burgos, hoy se encuentra en el centro de uno de los barrios residenciales de la ciudad moderna, a varios kilómetros de distancia de su casco histórico.

Era ya el final de la tarde, pasadas las ocho y media, y era imposible cualquier tipo de visita al interior del Monasterio, donde destaca, entre otras maravillas, su Claustro. Pero sí pudimos deleitarnos de la maravillosa iluminación que el Sol de la tarde ofrece al visitante sobre las piedras antiguas del Monasterio.
Monasterio de las Huelgas Reales.
(JMBigas, Julio 2014)

Desde allí fuimos directamente hacia el centro histórico de Burgos. Aparcamos el coche en el parking subterráneo bajo la Plaza Mayor. La Plaza Mayor de Burgos, con edificaciones muy bonitas y armoniosas, no tiene la monumentalidad de otras plazas mayores de Castilla o León (la de Madrid, la de Valladolid, la de Salamanca, la de León, incluso la de Lerma, una de las más grandes). Allí se encuentra el Ayuntamiento de la ciudad. La zona de la Catedral, el río y sus paseos arbolados y las pequeñas calles llenas de tentaciones gastronómicas para el paladar, están a un tiro de piedra de la Plaza Mayor, por lo que supone un buen punto de partida para cualquier paseo por el casco histórico de la ciudad.

Eso es lo que hicimos. Primero por la peatonal Calle Paloma, que desemboca en la gran Plaza del Rey San Fernando, frente a la mundialmente conocida Catedral de Burgos, una de las joyas del gótico español. Su construcción se inició en el siglo XIII, siguiendo los patrones del gótico francés de las grandes catedrales de París o de Reims. Sufrió importantes adiciones y modificaciones en los siglos siguientes.

Actualmente, toda la zona que rodea a la Catedral es peatonal, y está sembrada de la tradicional oferta comercial y de restauración, habitual en entornos de ese estilo. En su parte más elevada, por la calle Fernán González, está el Mesón del Cid, uno de los hoteles y restaurantes más clásicos del casco histórico de Burgos.
Ayuntamiento de Burgos, en la Plaza Mayor.
(JMBigas, Julio 2014)

Azuzados ya por el hambre (estábamos cerca de las diez de la noche, aunque a mediados de Julio todavía había luz de día), buscamos un lugar adecuado para cenar un poco. En esta labor volvimos hacia la Plaza Mayor, y nos internamos por la estrechita calle de San Lorenzo, donde cada portal es una nueva tentación para el paladar. Abundan los bares de pinchos, los mesones, y toda clase de establecimientos que ofrecen saciar el hambre de todas las formas imaginables.

Mi amigo G. recordaba con cariño que, en una anterior visita a la ciudad, se había deleitado con un pincho llamado cojonudo. Localizamos, casi por casualidad, el Mesón Los Herreros, en esa calle de San Lorenzo, que es la cuna de esa maravilla gastronómica. El cojonudo consiste en una pequeña rebanada de pan, con un huevo de codorniz, un trocito de chorizo (o morcilla, en su caso) y una tira de pimiento rojo. Hasta cierto punto, los ingredientes se pueden negociar, como fue mi caso con el pimiento, que no soporto.
Mesón Los Herreros, en la calle de San Lorenzo.
(JMBigas, Julio 2014)

En la barra de Los Herreros tomamos algunas copitas de vino (primero un verdejo blanco, luego un delicioso tinto D. O. Arlanza), acompañadas por algún cojonudo, alguna deliciosa croqueta, y algunos otros pinchos y tapas, que nos dejaron plenamente satisfechos, preparados para volver al hotel y dormir como angelitos.

Tuvimos también ocasión de realizar un breve paseo por el Espolón, junto al río Arlanzón. Como es frecuente en verano, el espacio estaba bastante ocupado por un mercadillo de diversos tipos de artesanías.

El martes lo dedicamos a visitar Atapuerca, pero eso ya os lo contaré en otro capítulo.

Por la noche, de vuelta al hotel de Burgos, fuimos en el autobús línea 1 hasta el centro (junto a la estatua del Cid), y cenamos en la terraza de Casa Ojeda, uno de los restaurantes más clásicos del centro de Burgos.

El miércoles realizamos una larga excursión por la zona conocida como de Las Merindades, por el norte de la provincia de Burgos, pero eso también os lo contaré en capítulo separado.
Un "cojonudo", con huevo de codorniz, chorizo y
una tira de pimiento, sobre rebanada de pan.
(JMBigas, Julio 2014)

Ese miércoles acabamos llegando tarde de vuelta al hotel, y decidimos cenar por el propio barrio del hotel. Tras algún tropiezo (en algún local de la zona, la absoluta carestía de servicio nos sumió en una total desatención y tuvimos que salir huyendo), acabamos cenando de modo informal en la terraza del bar restaurante Giovanni que, a pesar de su nombre italiano, tiene la tradicional oferta local de tapas y raciones.

El jueves iniciamos el regreso a Madrid. Pero realizamos algún desvío y algunas paradas de interés, principalmente enológico. Esa ruta será el objeto del quinto capítulo de esta serie.

A pesar de pernoctar tres noches en un hotel de Burgos, no tuvimos demasiado tiempo para realizar turismo por la capital. Muchas visitas se quedaron en el tintero. Pero ese será el acicate para una futura visita a esa maravillosa ciudad.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección de 22 imágenes, pinchando en la siguiente toma.


También podéis ver este breve vídeo:


JMBA

jueves, 17 de enero de 2013

Viaje a la Galicia Interior 4 - Lugo y Estaca de Bares

Ya os he contado, en capítulos anteriores, mi paso por Ponferrada y el Bierzo, mi ruta por Valdeorras, la Ribeira Sacra, Monterrei y Orense, y la navegación por el Cañón del Río Sil.
Catedral de Santa María de Lugo
(JMBigas, Agosto 2012)

Ese domingo (19 de Agosto), me desperté prontito en el hotel de Orense. El plan para el día era tomar dirección norte, con destino final en el pueblo de Viveiro, en la llamada Mariña Lucense. Por el camino, hice un alto en el Embarcadero Santo Estevo, que ya os he contado en un capítulo anterior.

Desde Santo Estevo, seguí camino hacia la ciudad de Lugo, la capital de la provincia. Lugo es una ciudad de cerca de 100.000 habitantes y, posiblemente, es una de las capitales de provincia menos conocida por los propios españoles. Lugo fue fundada por los romanos en el año 25 a.C. (Paulo Fabio Máximo), posiblemente sobre algún castro anterior, y se le dio el nombre de Lucus Augusti. El legado romano más monumental que podemos ver hoy es la muralla romana, que rodea por completo el casco antiguo, y que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2.000. La ciudad está ubicada sobre una colina, rodeada por el río Miño.
Muralla Romana de Lugo
(JMBigas, Agosto 2012)

Quería realizar una breve visita al centro de la ciudad. Como todas las ciudades amuralladas, Lugo dispone de un camino que las bordea por su parte exterior (Ronda da Muralla), que actúa de bulevar periférico del centro histórico para los vehículos, que tienen muy restringido el acceso intra-muros.

Aunque el casco antiguo no es muy grande (en forma aproximada de rectángulo, de unos 700x500 metros de extensión), la zona más monumental se encuentra hacia su sector sur-sudeste. Por ello escogí aparcar el vehículo en el Parking Público de la Plaza de la Constitución, junto a la Estación de Autobuses y en la parte exterior de la muralla en su sector sudeste.

Terminada la navegación por el Sil desde el embarcadero de Santo Estevo (que ya sería pasada la una de la tarde), tomé un sandwich y un refresco en el merendero que hay junto al río, en el propio embarcadero. Llegaba a Lugo alrededor de las tres de la tarde, la hora de la siesta de un domingo canicular de Agosto. La cafetería de la propia Estación de Autobuses me dio un momentáneo respiro (café y visita al servicio).
Ayuntamiento de Lugo
(JMBigas, Agosto 2012)

Desde la Plaza de la Constitución crucé una de las puertas de la muralla, para visitar el casco histórico. Toda esa zona intramuros es puramente peatonal y muy cuidada. La hora y el calor extremo de ese día, con un Sol justiciero que fundía las piedras, provocaba que no se viera a casi nadie por las calles.

En la Plaza de Campo Castelo (abrazada por la Rúa Calvo Sotelo), hay algunos cafés con terrazas dispuestas bajo los árboles, para mitigar el fuerte calor. Todos los edificios se ven extremadamente cuidados y muy limpios, de modo que el paseo da gusto (a ser posible, claro, evitando esas horas de calor inhumano).

A muy poca distancia está la inmensa Plaza Mayor, donde se encuentra, entre otros edificios monumentales, el Ayuntamiento de Lugo. La Plaza está muy arreglada, con diversas esculturas en homenaje tanto a los fundadores (romanos) de la ciudad, como a diversos prohombres (¿se dirá también promujeres?) galleg@s. Aunque, eso sí, las zonas de sombra son más bien escasas.

Desde la zona oeste de la Plaza Mayor se divisa ya la parte trasera de la Catedral de Santa María de Lugo, que se puede bordear por cualquiera de sus dos costados, hasta alcanzar la fachada principal. Aunque se sabe que hubo otros templos anteriores en esa ubicación, la Catedral que hoy podemos ver es de estilo predominantemente románico, construida en el siglo XIII.
O Vicedo (Lugo), desde la colina.
(JMBigas, Agosto 2012)

Desde la parte frontal de la Catedral se está a un paso de otra de las puertas de la muralla. Bordeé la Catedral por la derecha a la ida, y luego regresé hacia la Plaza Mayor por su parte izquierda. Allí tuve ocasión de ver una curiosa fachada, ilustrada con motivos alusivos a las brujas y meigas, tan tradicionales en el folklore gallego. Incluyendo, por supuesto, una tienda de artesanía alusiva en su planta baja.

Dediqué poco más de una hora a este breve recorrido, y ya recuperé el camino de vuelta hacia el aparcamiento donde había estacionado el coche. Con el calor y el tentempié que ya había tomado en el embarcadero, no tenía hambre para sentarme a comer, por lo que ordené, en uno de los cafés que estaba abierto a esa hora en la Plaza Campo Castelo, un sandwich caliente, que me tomé en una de las mesas de la terraza bajo los árboles, todo un lujo para mitigar los rigores del Sol.
Faro de la Punta Estaca de Bares (A Coruña).
(JMBigas, Agosto 2012)

Desde la ciudad de Lugo, por la tarde seguí cruzando la provincia hacia el Norte, en dirección al Mar Cantábrico. Antes de recalar en Viveiro (donde había reservado habitación en un hotelito), quería visitar la muy cercana Punta Estaca de Bares (que ya pertenece administrativamente a la provincia de A Coruña). Para mí, Estaca de Bares forma parte de un cierto imaginario infantil, ya que siempre aparecía en todos los noticieros como escenario de las peores inclemencias meteorológicas de la costa cantábrica gallega.

Gracias a disponer de un GPS en el coche, en lugar de enlazar hacia la Punta por las carreteras principales, me llevó por un atajo que seguía lo alto de las colinas, y tuve ocasión de ver escenarios de preciosos prados verdes, instalaciones para la generación de energía eólica y explotaciones madereras. En esa carreterita casi de montaña, la idea del mar resulta remota. Sin embargo, tras un recodo, la sorpresa es que uno aparece sobre el pueblecito de O Vicedo (provincia de Lugo), a las orillas del Mar Cantábrico.
Caída de la tarde y cielo amenazador, desde la Punta
Estaca de Bares.
(JMBigas, Agosto 2012)

La zona de la Punta Estaca de Bares está bastante bien preparada para la visita turística, pues dispone de un área para el aparcamiento de los vehículos, aunque el faro está operativo y no es visitable. El conjunto del faro presenta una arquitectura muy coqueta y singular, ya que su elevación sobre el terreno circundante es de solamente unos diez metros. Esto se debe a que la escarpada costa en la zona aporta un desnivel adicional hasta el mar de unos 80 metros, lo que hace que el faro sea perfectamente visible y cumpla con su misión principal.

El Faro de Punta Estaca de Bares forma parte de un conjunto señalizador de hasta nueve instalaciones similares en toda la coste norte de Galicia, desde Ribadeo, en el límite con Asturias, al Este, hasta la zona de Ferrol, en el Oeste.

Desde el faro, hay un camino que permite acercarse hacia el borde de los acantilados, aunque en la zona la frontera tierra-mar es bastante difusa, por la multitud de rocas que jalonan la zona marítima próxima a tierra.
Gráfico con los nueve faros de la costa norte gallega.
(JMBigas, Agosto 2012)

Si se consigue realizar la visita en unas condiciones ambientales estables (sin lluvia ni mucho viento), se tiene la extraña conciencia de estar viviendo un  raro privilegio. En solamente unos minutos, pude asistir a una auténtica mutación ambiental, ya que el cielo prácticamente azul se tiñó de repente de negro, preparando alguna potente actividad tormentosa, muy habitual en toda la costa norte de Galicia. De hecho, hacia el Oeste, ya cerca de Finisterre, hay una zona de la costa conocida como Costa da Morte (Costa de la Muerte), por los muchos naufragios que se han producido allí en la historia conocida.

Desde Estaca de Bares, ya fue un paseo llegar hasta el precioso pueblo de Viveiro, en la zona conocida como Mariña Lucense. Allí había reservado habitación en un hotelito frente a la ría. Pero eso ya os lo contaré en el siguiente (y último) capítulo de este maravilloso viaje.

Aparte de las fotografías que he elegido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa de hasta 36 fotografías del centro de la ciudad de Lugo y de las inmediaciones de Punta Estaca de Bares.

JMBA

miércoles, 1 de agosto de 2012

La Catedral de Tarazona

Para mi pequeño periplo por tierras aragonesas (del que ya os he ido dejando huellas en los últimos días), decidí escoger Tarazona como base de operaciones durante dos días. Tarazona es la población aragonesa más importante de la zona del somontano del Moncayo (pop. 11.121), en el extremo noroccidental de la provincia de Zaragoza, y rivaliza en liderazgo con Tudela (a poco más de una veintena de kilómetros, ya en Navarra).



Diversas imágenes del exterior de la Catedral de Tarazona
(JMBigas, Julio 2012)

En Tarazona hay un par de hoteles de tres estrellas (aparte de otras propuestas). La Merced de la Concordia está en pleno centro del casco antiguo, mientras que Las Brujas de Bécquer está en las afueras del pueblo, junto a la carretera de Zaragoza. Muy curiosos los dos como nombres de hotel. Dado que el acceso (y el aparcamiento) en el casco antiguo resulta muy complicado, decidí escoger Las Brujas de Bécquer como mi punto de escala en Tarazona. Se trata de un hotel de carretera, con un excelente restaurante (llamado simplemente Brujas), y una cafetería muy concurrida. También dispone de salas para celebrar reuniones, seminarios, cursos, etc.

Las dos noches que estuve en el hotel cené en su magnífico restaurante. La primera noche fue una cena gastronómica a la carta (acompañada de un glorioso tinto: Peñazuela de Ainzón Garnacha, de Bodegas Santo Cristo). La segunda noche cené un modesto (pero muy digno y correcto) Menú del Día, acompañado de un discreto tinto joven: Coto de Hayas de Bodegas Aragonesas de Fuendejalón.
Celosías de yeso, en los ventanales que dan al claustro
(JMBigas, Julio 2012)

El pozo, en el centro del claustro de la Catedral de Tarazona.
(JMBigas, Julio 2012)

Cimborrio de cuatro cuerpos de altura, el único en todo Aragón.
(JMBigas, Julio 2012)

Por el contrario, el entorno del hotel no tiene nada de glamour. Está en la carretera, junto a una gasolinera y frente a un Polígono Industrial. Y, además, el paseo a pie hasta el pueblo es demasiado largo e incómodo para resultar agradable. La Catedral está a más de kilómetro y medio, mientras que para llegar al casco antiguo hay que recorrer más de dos kilómetros. Y buena parte por el arcén de una carretera por la que circulan multitud de camiones. Pero, lógicamente, el hotel no tiene ningún problema de aparcamiento.

Llegué allí el lunes por la tarde (tras haber visitado Veruela y el Campo de Borja), y el martes me fui de periplo por Navarra. Pero regresé prontito por la tarde (como a las cinco), para tener tiempo de visitar la Catedral de Tarazona.

La Catedral de Santa María de la Huerta ha estado cerrada al público por obras de restauración y puesta en valor durante los últimos más de treinta años. Pero la primera fase de la restauración fue inaugurada a principios de 2012 por los Reyes de España, y actualmente está abierta para la visita del público, aunque todavía quedan muchas labores de restauración en curso o pendientes de ser abordadas.



Diversos detalles de la Catedral de Tarazona
(JMBigas, Julio 2012)

Tarazona está ubicada en el valle medio del río Queiles, y el casco antiguo ocupa una elevación del terreno. La Catedral, que empezó a construirse en el siglo XII, no está en ese núcleo del pueblo, sino algo alejada de él (a casi un kilómetro de distancia). Según parece, se construyó allí aprovechando un templo mozárabe que ya existía en ese lugar. Se trabajó en sus distintos elementos durante varios siglos, destacando los XV y XVI, trabajos realizados principalmente por mudéjares, utilizando los elementos más abundantes y económicos disponibles en la comarca: el ladrillo. Así, su fachada responde al más puro estilo mudéjar.

Su cimborrio, el único en todo Aragón con cuatro cuerpos, se construyó en los años 1543-45.

Actualmente, es posible visitarla accediendo por uno de sus laterales (perfectamente señalizado). La visita cuesta 4€, más 1,50€ si se trata de una visita guiada. Yo tuve cierta suerte, y llegué justo cuando estaba empezando la última visita guiada del día, y me pude sumar al reducido grupo de visitantes.
Nuevos ornamentos urbanos, en la calle de San Antón,
frente a la Catedral y al Palació-Jardín de Eguarás.
(JMBigas, Julio 2012)

Desgraciadamente no permiten tomar fotografías en su interior. Pero la guía, no sólo muy conocedora de todo lo relacionado con la Catedral, sino absolutamente entusiasta, nos contó todos los entresijos de lo que se ha ido descubriendo durante las costosas obras de restauración. Lo que más llamó mi atención fueron algunas de las pinturas que han vuelto a la vida gracias a la restauración practicada. De una parte, hay coloridos muy poco habituales en la mayoría de catedrales. Algunas pinturas son de una ternura entrañable (como un pequeño medallón con una carita de ángel) mientras que otras le costaron la excomunión al deán de la Catedral, por representar figuras paganas (sibilas, por ejemplo), justo por la época en que se celebró el muy reaccionario Concilio de Trento.

Los ventanales de la nave principal no tienen cristal, sino traslúcido alabastro, abundante en la región.


Hotel Las Brujas de Bécquer, en Tarazona. Edificio principal,
zona de aparcamiento y vista anodina desde la terraza de la habitación.
(JMBigas, Julio 2012)

Algunas capillas ya están totalmente restauradas, pero en otras todavía queda mucha labor por hacer. Además, se han descubierto bajo alguna de ellas restos de edificaciones anteriores, y habrá que tomar decisiones sobre cómo dar valor y resaltar todos esos hallazgos.

El claustro, no muy grande, tiene un pozo de agua y unas curiosas celosías de yeso, que yo no había visto, ni siquiera parecidas, en ningún otro lugar. Del claustro sí podéis ver algunas fotografías.

Para abordar la costosa restauración, se creó la Fundación Tarazona Monumental, una entidad sin ánimo de lucro cuyo fin es promocionar turística y culturalmente la ciudad de Tarazona, a través de la restauración y difusión de su Patrimonio Cultural.

Lo que pagan los visitantes por la visita son ingresos para esta Fundación, a fin de hacer frente a todos los trabajos que todavía quedan por hacer.
Vino promocional, para financiar la
Fundación Tarazona Monumental.
(JMBigas, Julio 2012)

En la misma calle San Antón, frente a la Catedral, se encuentra el Palacio-Jardín de Eguarás que, igualmente, se encuentra en fase de restauración. En la calle, frente a este palacio, ya se han dispuesto unos mástiles ornamentales (supongo que serán puntos de luz), que también podéis ver en las fotografías que os incluyo.

Dos empresas de la comarca han tenido una loable y modélica iniciativa para recaudar fondos para esta Fundación, y así poder acelerar las obras de restauración. Las Bodegas Borsao (D.O. Campo de Borja) y el Espacio Brujas (justamente, el hotel donde yo me hospedé), han puesto en el mercado una botella de vino conmemorativa de La Catedral de Tarazona, que está a la venta por 10€ en el propio hotel, en las Bodegas y en otros lugares frecuentados por los visitantes. Todo el beneficio de su venta será donado a la Fundación Tarazona Monumental, para contribuir a su financiación.

Por supuesto, yo compré una de estas botellas (podéis ver incluso alguna foto de ella). Cuando visitéis Tarazona, no os podéis marchar de allí sin (al menos) una de estas botellas de excelente vino, que contribuye de forma tan decidida con la labor turística y cultural de la Fundación.

Desgraciadamente, no pude disponer de más tiempo para patear un poco el casco antiguo, que sólo recorrí someramente en el coche. Pero la circulación por las calles angostas es muy complicada, y las obras en la plaza central la hace todavía más laberíntica.

Desde luego, Tarazona bien merece un alto en el camino, para todo el que viaje por la zona. Aunque sólo sea para visitar su magnífica y singular Catedral.

JMBA

martes, 21 de febrero de 2012

Barcelona Recobrada


Con ocasión de asistir a una cena de antiguos compañeros de trabajo, tuve la oportunidad de viajar un par de días a Barcelona, en compañía de mi buen amigo Coy Antino.

Habíamos pensado en viajar por carretera. Pero como coincidieron las fechas con un frente frío que podía amenazar con hielos y demás, finalmente preferimos la comodidad del AVE. La comodidad, desde luego. Pero la economía, para nada. Creo que es urgente revisar la política tarifaria de Renfe. Teniendo flexibilidad de horarios, como era el caso, me parece impresentable tener que acabar pagando la friolera de más de 188 Euros por un viaje de ida y vuelta en Clase Turista. Bastante más de los precios a los que se puede conseguir un billete de avión para el mismo recorrido. Esperemos que lo que ha prometido la Ministra se haga pronto realidad, en cuanto a la flexibilización de tarifas que estaría preparando Renfe.
Avinguda del Portal de l'Àngel, en una mañana
festiva de Navidad.
(JMBigas, Diciembre 2010)

La cena se iba a celebrar en el Restaurante Tibèric, en la calle Tuset. Por su cercanía y porque ya lo he visitado últimamente en varias ocasiones a plena satisfacción, reservamos habitaciones en el Hotel Via Augusta, frente a la Plaza de Gala Placidia. Fue una excelente elección. A no más de 10-15 minutos a pie del restaurante, y junto a la estación de Gràcia de los Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya y con multitud de autobuses en todas direcciones. Un hotelito muy digno y correcto, excelentemente ubicado, que practica, según temporadas, precios muy interesantes (45-50 Euros por habitación y noche).

Tras un corto recorrido en Metro y FCGC desde la estación de Sants, llegamos al hotel en torno a las dos menos cuarto de la tarde. Hasta las 9 de la noche, disponíamos de un tiempo precioso para poder disfrutar un poco de la ciudad. El día estaba templado y el Sol lucía sobre un cielo completamente azul.
La Catedral de Barcelona, bajo el sol tibio de una
tarde de invierno.
(JMBigas, Febrero 2012)

Decidimos acercarnos primero a tomar un tentempié al Frankfurt Vallés de Gran de Gràcia. Sus bocadillos calientes de pan ligero y excelentes carnes y embutidos (de elaboración propia en Montcada i Reixach) son una institución en toda el área metropolitana de Barcelona.

Aprovechamos para cruzar desde Via Augusta por la calle del Cisne, lo que nos permitió una breve visita al recientemente remozado Mercat de la Llibertat, y pasar junto a alguna de las tiendas que formaron parte de mi infancia, como la Casa de la Pasta o el Tostadero Caracas.

Tras el almuerzo improvisado, iniciamos un paseo por Gran de Gràcia hacia la Diagonal, pasando por los Jardinets y el grandioso y lujoso Hotel Casa Fuster.

Mi amigo no conocía la tienda de Vinçon, ya en el Paseo de Gracia, por lo que hicimos una visita a ese palacio de las cosas superfluas (la mayoría), hermosas (muchas) y caras (todas).

Andar por el Paseo de Gracia es toparse a cada rato con maravillas de la arquitectura, como la Casa Milà (la Pedrera), o la Casa Batlló, más cerca de la Plaza de Cataluña, por sólo citar dos obras señeras que se deben al talento de Antonio Gaudí. Y para no olvidar tampoco las exquisitas tiendas, los deliciosos cafés, bares y restaurantes en todo el recorrido. En uno de ellos paramos a tomar un café y un chupito de brandy que contribuyó a una mejor digestión.

Bordeamos la Plaza de Cataluña hacia el Portal del Ángel, una arteria peatonal que acostumbra a estar siempre atestada de viandantes durante el amplio horario comercial.

Desembocamos finalmente frente a la Catedral, una maravilla gótica, desafortunadamente rodeada en la actualidad de andamios y grúas, espero que con buen fin. Pero el Sol tímido de esa tarde de invierno jugaba mágicamente con la piedra, creando colores cambiantes a cada rato.
La Plaza Real de Barcelona.
(JMBigas, Diciembre 2010)

Callejeando un poco en dirección al mar, pasamos frente al monumento a Ramón Berenguer III, y hasta la calle de Jaime I, que conduce a la Plaça de Sant Jaume. Una tienda inhabitual llamó poderosamente nuestra atención. Se trata de JocsMallart, un local relativamente pequeño pero atestado de toda clase de juegos de mesa, que dispone, creo, de todas las barajas de cualquier tipo de naipes que se hayan producido alguna vez en alguna parte del mundo.

La Plaça de Sant Jaume parecerá relativamente pequeña a quien no la haya visto nunca. Pero allí se enfrentan los dos monumentales edificios que son la sede del Ayuntamiento de la ciudad uno y de la Generalitat (el gobierno regional), el otro.

Seguimos por la calle Ferran en dirección a las Ramblas. Pero a mitad de camino nos desviamos a la izquierda hacia la Plaza Real, que da gusto verla en estos últimos tiempos. Hace años era una de las partes más deprimidas de la ciudad, donde se acumulaba el peor lumpen, provocando un entorno degradado del que huían tanto los nativos como los visitantes. Pero hoy sus palmeras alegran una plaza cuadrada de tamaño medio, donde hay varios restaurantes con agradables terrazas exteriores alrededor.

Por la Rambla de Santa Mónica (la parte más ancha y despejada de todas las Ramblas) bajamos hasta el borde del mar. Con la estatua dedicada a Colón en el centro de la plaza, y los edificios del Gobierno Militar y del Puerto de Barcelona como guardianes de la zona. Ya había anochecido, y el viento junto al mar en el Port Vell era bastante fresco y molesto.

Decidimos iniciar la vuelta al hotel, para lo que tomamos el Metro en Drassanes. Cambiamos en Catalunya a los FCGC, hasta Gràcia. Llegamos al hotel antes de las 8 de la tarde. La cena estaba convocada para las nueve, por lo que tuvimos un ratito para relajarse y revisar las novedades en el Notebook, gracias al WiFi gratuito disponible en todo el hotel.
Monumento a Colón, junto al Port Vell de Barcelona.
(JMBigas, Diciembre 2010)

A las ocho y media nos fuimos para el restaurante. En la esquina de Balmes y Travessera de Gràcia le mostré a Coy Antino el colegio donde estudié yo entre los 7 y los 15 años de edad: la Escuela Pía de Balmes.

Llegamos al Restaurante Tibèric con diez minutos de antelación, pero algunos ya se nos habían adelantado, y el resto fueron llegando en los siguientes minutos. Con algunas deserciones de última hora, nos juntamos 16 personas: 15 hombres con mucho pelo blanco, alopecia y arrugas diversas, con cara de haber atesorado multitud de manías en sus largas vidas, y una señora de muy agradable presencia.

La cena (de factura moderada, propia de tiempos de crisis) discurrió con normalidad, entre animadas conversaciones.

Pasada la medianoche, Coy Antino y yo, con otros dos colegas, tomamos una copita en un pequeño bar desierto por el barrio de Gràcia, regentado por una pareja de chicas.

A la mañana siguiente, mientras me estaba afeitando (utilizando los numerosos recursos contenidos en mi Unidad Básica de Movilidad, una maletita de tamaño exagerado para pasar una sola noche fuera de casa y que fue frecuente objeto de chanzas), me llamó mi amigo para informarme de que Jesús (con quien habíamos compartido cena la víspera) se había acercado hasta el hotel para tomar un café con nosotros.
La Sagrada Familia, en obras (eternas).
(JMBigas, Febrero 2012)

Cuando terminé el protocolo de aseo matinal, y preparé el equipaje para la partida, me acerqué a un bareto en el rincón de Gala Placidia, junto a lo que fueron durante muchos años las Atracciones Caspolino (y actualmente se está construyendo la nueva sede del Col.legi d'Economistes), donde me esperaban.

Nos fuimos a continuación paseando por la Travessera de Gràcia en dirección a la Sagrada Familia. Quien conozca la calle sabe que es relativamente estrecha, con dos carriles de circulación bastante exiguos, y unas aceras ridículas, que obligan a bajar a la calzada al cruzarse con peatones en sentido contrario. La recompensa es que se pasa frente a muchas de las tradicionales panaderías de Barcelona (Forns y Fornets), de los que salía en esas horas matinales un estimulante aroma a pan recién hecho y a bollería fina.

Cruzamos frente al Mercado de Gràcia, hacia el Paseo de San Juan. Nos llamó en el trayecto Pep, que la víspera no pudo asistir a la cena por un problema médico, y que también nos quería saludar en persona. Quedamos con él frente a la Sagrada Familia.
Detalle de la Sagrada Familia, con caseta de obra incluida.
(JMBigas, Febrero 2012)

Bajamos por el Paseo de San Juan, junto a las pistas para jugar a la petanca que, a esa hora cercana al mediodía, estaban atestadas de jugadores, mayoritariamente hombres de edad entre media y tres cuartos, y también alguna señora.

Llegamos finalmente frente a la Sagrada Familia, que siempre es un impacto visual. Especialmente en estos tiempos en que están trabajando en ella con intensidad, para acercarse a su finalización. En unos meses sin verla, siempre hay elementos nuevos en los que fijarse. La densidad de turistas y visitantes era importante, destacando, como es habitual, los pequeños grupos de japones@s, con caras transidas de alucinación artística.

El día estaba soleado y la temperatura era templada, por lo que nos sentamos en una terracita frente a la basílica, para tomar una cervecita de aperitivo. Al poco rato llegó Pep, para gran alegría de todos.

Charlamos un buen rato y un par de cervezas, un poco de todo. Nuestro AVE de vuelta a Madrid salía de Sants a las tres de la tarde. Pep se ofreció a acercarnos en su coche, y para allá que nos fuimos hacia las dos menos cuarto, pasando antes por el hotel para recoger la impedimenta. Ligerísima, casi inexistente, la de Coy Antino; de tamaño compacto y con ruedas la mía.

Ya en la estación nos tomamos un tentempié antes de abordar el tren. A bordo, una buena siesta casi hasta Zaragoza, y de vuelta a Madrid para las seis menos cuarto de la tarde.

Con ello dimos fin a una visita muy placentera a Barcelona, donde la meteorología sin duda nos acompañó. Una ciudad deliciosa donde yo viví los primeros veintiocho años de mi vida.

Y donde pudimos reencontrarnos con muchos y buenos amigos.

JMBA