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Mostrando entradas con la etiqueta Moncayo. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 1 de agosto de 2012

La Catedral de Tarazona

Para mi pequeño periplo por tierras aragonesas (del que ya os he ido dejando huellas en los últimos días), decidí escoger Tarazona como base de operaciones durante dos días. Tarazona es la población aragonesa más importante de la zona del somontano del Moncayo (pop. 11.121), en el extremo noroccidental de la provincia de Zaragoza, y rivaliza en liderazgo con Tudela (a poco más de una veintena de kilómetros, ya en Navarra).



Diversas imágenes del exterior de la Catedral de Tarazona
(JMBigas, Julio 2012)

En Tarazona hay un par de hoteles de tres estrellas (aparte de otras propuestas). La Merced de la Concordia está en pleno centro del casco antiguo, mientras que Las Brujas de Bécquer está en las afueras del pueblo, junto a la carretera de Zaragoza. Muy curiosos los dos como nombres de hotel. Dado que el acceso (y el aparcamiento) en el casco antiguo resulta muy complicado, decidí escoger Las Brujas de Bécquer como mi punto de escala en Tarazona. Se trata de un hotel de carretera, con un excelente restaurante (llamado simplemente Brujas), y una cafetería muy concurrida. También dispone de salas para celebrar reuniones, seminarios, cursos, etc.

Las dos noches que estuve en el hotel cené en su magnífico restaurante. La primera noche fue una cena gastronómica a la carta (acompañada de un glorioso tinto: Peñazuela de Ainzón Garnacha, de Bodegas Santo Cristo). La segunda noche cené un modesto (pero muy digno y correcto) Menú del Día, acompañado de un discreto tinto joven: Coto de Hayas de Bodegas Aragonesas de Fuendejalón.
Celosías de yeso, en los ventanales que dan al claustro
(JMBigas, Julio 2012)

El pozo, en el centro del claustro de la Catedral de Tarazona.
(JMBigas, Julio 2012)

Cimborrio de cuatro cuerpos de altura, el único en todo Aragón.
(JMBigas, Julio 2012)

Por el contrario, el entorno del hotel no tiene nada de glamour. Está en la carretera, junto a una gasolinera y frente a un Polígono Industrial. Y, además, el paseo a pie hasta el pueblo es demasiado largo e incómodo para resultar agradable. La Catedral está a más de kilómetro y medio, mientras que para llegar al casco antiguo hay que recorrer más de dos kilómetros. Y buena parte por el arcén de una carretera por la que circulan multitud de camiones. Pero, lógicamente, el hotel no tiene ningún problema de aparcamiento.

Llegué allí el lunes por la tarde (tras haber visitado Veruela y el Campo de Borja), y el martes me fui de periplo por Navarra. Pero regresé prontito por la tarde (como a las cinco), para tener tiempo de visitar la Catedral de Tarazona.

La Catedral de Santa María de la Huerta ha estado cerrada al público por obras de restauración y puesta en valor durante los últimos más de treinta años. Pero la primera fase de la restauración fue inaugurada a principios de 2012 por los Reyes de España, y actualmente está abierta para la visita del público, aunque todavía quedan muchas labores de restauración en curso o pendientes de ser abordadas.



Diversos detalles de la Catedral de Tarazona
(JMBigas, Julio 2012)

Tarazona está ubicada en el valle medio del río Queiles, y el casco antiguo ocupa una elevación del terreno. La Catedral, que empezó a construirse en el siglo XII, no está en ese núcleo del pueblo, sino algo alejada de él (a casi un kilómetro de distancia). Según parece, se construyó allí aprovechando un templo mozárabe que ya existía en ese lugar. Se trabajó en sus distintos elementos durante varios siglos, destacando los XV y XVI, trabajos realizados principalmente por mudéjares, utilizando los elementos más abundantes y económicos disponibles en la comarca: el ladrillo. Así, su fachada responde al más puro estilo mudéjar.

Su cimborrio, el único en todo Aragón con cuatro cuerpos, se construyó en los años 1543-45.

Actualmente, es posible visitarla accediendo por uno de sus laterales (perfectamente señalizado). La visita cuesta 4€, más 1,50€ si se trata de una visita guiada. Yo tuve cierta suerte, y llegué justo cuando estaba empezando la última visita guiada del día, y me pude sumar al reducido grupo de visitantes.
Nuevos ornamentos urbanos, en la calle de San Antón,
frente a la Catedral y al Palació-Jardín de Eguarás.
(JMBigas, Julio 2012)

Desgraciadamente no permiten tomar fotografías en su interior. Pero la guía, no sólo muy conocedora de todo lo relacionado con la Catedral, sino absolutamente entusiasta, nos contó todos los entresijos de lo que se ha ido descubriendo durante las costosas obras de restauración. Lo que más llamó mi atención fueron algunas de las pinturas que han vuelto a la vida gracias a la restauración practicada. De una parte, hay coloridos muy poco habituales en la mayoría de catedrales. Algunas pinturas son de una ternura entrañable (como un pequeño medallón con una carita de ángel) mientras que otras le costaron la excomunión al deán de la Catedral, por representar figuras paganas (sibilas, por ejemplo), justo por la época en que se celebró el muy reaccionario Concilio de Trento.

Los ventanales de la nave principal no tienen cristal, sino traslúcido alabastro, abundante en la región.


Hotel Las Brujas de Bécquer, en Tarazona. Edificio principal,
zona de aparcamiento y vista anodina desde la terraza de la habitación.
(JMBigas, Julio 2012)

Algunas capillas ya están totalmente restauradas, pero en otras todavía queda mucha labor por hacer. Además, se han descubierto bajo alguna de ellas restos de edificaciones anteriores, y habrá que tomar decisiones sobre cómo dar valor y resaltar todos esos hallazgos.

El claustro, no muy grande, tiene un pozo de agua y unas curiosas celosías de yeso, que yo no había visto, ni siquiera parecidas, en ningún otro lugar. Del claustro sí podéis ver algunas fotografías.

Para abordar la costosa restauración, se creó la Fundación Tarazona Monumental, una entidad sin ánimo de lucro cuyo fin es promocionar turística y culturalmente la ciudad de Tarazona, a través de la restauración y difusión de su Patrimonio Cultural.

Lo que pagan los visitantes por la visita son ingresos para esta Fundación, a fin de hacer frente a todos los trabajos que todavía quedan por hacer.
Vino promocional, para financiar la
Fundación Tarazona Monumental.
(JMBigas, Julio 2012)

En la misma calle San Antón, frente a la Catedral, se encuentra el Palacio-Jardín de Eguarás que, igualmente, se encuentra en fase de restauración. En la calle, frente a este palacio, ya se han dispuesto unos mástiles ornamentales (supongo que serán puntos de luz), que también podéis ver en las fotografías que os incluyo.

Dos empresas de la comarca han tenido una loable y modélica iniciativa para recaudar fondos para esta Fundación, y así poder acelerar las obras de restauración. Las Bodegas Borsao (D.O. Campo de Borja) y el Espacio Brujas (justamente, el hotel donde yo me hospedé), han puesto en el mercado una botella de vino conmemorativa de La Catedral de Tarazona, que está a la venta por 10€ en el propio hotel, en las Bodegas y en otros lugares frecuentados por los visitantes. Todo el beneficio de su venta será donado a la Fundación Tarazona Monumental, para contribuir a su financiación.

Por supuesto, yo compré una de estas botellas (podéis ver incluso alguna foto de ella). Cuando visitéis Tarazona, no os podéis marchar de allí sin (al menos) una de estas botellas de excelente vino, que contribuye de forma tan decidida con la labor turística y cultural de la Fundación.

Desgraciadamente, no pude disponer de más tiempo para patear un poco el casco antiguo, que sólo recorrí someramente en el coche. Pero la circulación por las calles angostas es muy complicada, y las obras en la plaza central la hace todavía más laberíntica.

Desde luego, Tarazona bien merece un alto en el camino, para todo el que viaje por la zona. Aunque sólo sea para visitar su magnífica y singular Catedral.

JMBA

lunes, 23 de julio de 2012

Monasterio de Veruela y Museo del Vino "Campo de Borja"

En las faldas aragonesas del Moncayo (el Mont Caius de los romanos), se construyó en el siglo XII el Real Monasterio de Santa María de Veruela, inicialmente en estilo románico, junto al pueblo de Vera del Moncayo.
Portada románica y campanario de la iglesia de Veruela.
(JMBigas, Julio 2012)

El Monasterio fue ocupado hasta 1835 (la Desamortización de Mendizábal) por los monjes cistercienses. Estos desarrollaron un señorío en torno al Monasterio, manteniendo el control de bastantes de los pueblos de la actual comarca del Campo de Borja, y Veruela se convirtió así en un poder económico de la zona.

Tras el abandono, forzado, de los monjes, una Junta de Conservación (constituida por algunas fuerzas vivas locales) impidió la destrucción y el abandono del Monasterio. Se abrió una Hospedería, donde dos de sus huéspedes más famosos fueron los hermanos Bécquer (en 1863-64), Gustavo Adolfo y Valeriano. Allí escribió Gustavo Adolfo Bécquer sus famosas Cartas desde mi celda.

Entre 1877 y 1973, la Compañía de Jesús instaló un noviciado en el Monasterio (con la única interrupción de la expulsión de la Orden durante la República y la Guerra Civil - 1932-39).

En 1976 el Estado cedió el usufructo de Veruela a la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ), que obtuvo la plena propiedad en 1998. Actualmente, la DPZ tiene abierto el Monasterio a la visita del público (entrada: 1,80Euros) y lo utiliza como escenario privilegiado para diversas actividades culturales (exposiciones, ciclos de música, conciertos,...).
Interior de la iglesia del Monasterio de Veruela.
(JMBigas, Julio 2012)

En 1994 se inauguró, en un edificio anexo al Monasterio, el Museo del Vino Campo de Borja. El cultivo de la vid y la producción de vino ha sido tradicional en la comarca, donde predomina la variedad garnacha. De acuerdo a los datos de que se dispone, existen trazas de garnacha en el Campo de Borja desde el año 1.145. En la actualidad, de las casi 5.000 hectáreas de esta variedad, cerca de 2.000 tienen viñas con edades comprendidas entre los 30 y los 50 años. Las viñas viejas tienen habitualmente un rendimiento mucho menor, pero son muy apreciadas porque aportan una gran complejidad estructural y aromática a los vinos. Los viñedos se extienden por alturas entre los 350 y los 700 metros sobre el nivel del mar.

Visité recientemente el Monasterio de Veruela, y su anexo el Museo del Vino. Desde Madrid opté por una ruta alternativa a la que sería más natural, por la carretera de Zaragoza. Viajé por la carretera de Burgos hasta pasado Somosierra, y de ahí me desvié hacia tierras segovianas y sorianas (Riaza, San Esteban de Gormaz), siguiendo el Duero. Pasada Soria capital, ya en dirección hacia Tarazona y Aragón, se disfruta de la imagen majestuosa del Moncayo, elevándose orgulloso sobre los campos llanos de Castilla.
Este hombre parece sostener sobre sus hombros la
bóveda junto al claustro de Veruela.
(JMBigas, Julio 2012)

Veruela y, en general, el Campo de Borja, forman parte del valle del río Huecha, un afluente del Ebro.

Veruela es uno de esos atractivos destinos de Turismo de Interior que reciben, habitualmente, una afluencia mínima de visitantes. Cuando yo llegué, un poco antes del mediodía, en el aparcamiento frente a la entrada no había más que dos o tres coches. Compré la entrada y realicé la visita libre por el Monasterio, articulada casi en su totalidad alrededor del claustro central. Aunque no te acompaña ningún guía durante la visita, la señalización interior es muy completa.

En la iglesia había operarios trabajando, preparando, sin duda, algún próximo evento cultural. Existe además el proyecto de abrir un Parador de Turismo en Veruela. Inicialmente previsto para 2013, la difícil situación económica por la que está atravesando el país ya lo ha retrasado, de momento, hasta 2014.
Claustro del Monasterio de Veruela.
(JMBigas, Julio 2012)

La visita al Monasterio, que difícilmente puede alargarse mucho más allá de la media hora, permite recorrer la iglesia, el claustro, y las diversas estancias que lo rodean (refectorio, sala capitular, cocinas,...). Durante la visita me crucé con alguno de los (escasos) visitantes que había ese lunes de Julio en Veruela.

A pesar de que su construcción inicial se realizó en el siglo XII en estilo románico, el conjunto arquitectónico también muestra elementos góticos, renacentistas e incluso barrocos. Recomiendo vivamente detenerse en las figuraciones de los capiteles de las columnas que rodean el claustro. Allí podemos ver toda clase de relieves, representando incluso figuras vagamente paganas. Una visita interesante, sin duda, para todos los amantes de la piedra con historia.
El Jardín de las Garnachas, junto al Museo del Vino
Campo de Borja.
(JMBigas, Julio 2012)

Para terminar, recorrí el Museo del Vino Campo de Borja. A pesar de que existen trazas de actividades vinícolas en la zona desde el siglo XII, sólo fue en 1.978 que se aprobaron los estatutos de la Denominación de Origen Campo de Borja. El área cubierta por esta DO, situada al noroeste de la provincia de Zaragoza, ya próxima a Navarra, incluye la mayoría de municipios de la comarca (Borja, Ainzón, Fuendejalón, Tabuenca,...). En muchos de ellos todavía se pueden ver las bodegas familiares tradicionales, excavadas en los montes o cabezos. Yo conseguí fotografiar algunas de estas bodegas en Tabuenca.

De las 7.400 hectáreas de viñedos que incluye esta D.O., casi el 60% son de garnacha. Pero, en las últimas décadas se han realizado plantaciones significativas de otras variedades tintas (principalmente Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Tempranillo) y de algunas blancas como la Macabeo, Moscatel y Chardonnay. Lógicamente, la mayoría de vinos de la D.O. son tintos (con Reservas y Grandes Reservas muy notables), y rosados (por el método de sangrado). Los blancos son casi testimoniales, pero tienden a desarrollarse en los últimos tiempos.
Información muy completa sobre los diversos aspectos
de la viticultura en la zona, en el Museo del Vino.
(JMBigas, Julio 2012)

El Consejo Regulador de la D.O. está realizando una muy encomiable labor en la promoción de los vinos de esta Denominación de Origen, y han acuñado como frase publicitaria El Imperio de la Garnacha (o The Empire of Garnacha, en inglés).

El Museo del Vino es una instalación moderna, no muy extensa, pero con tres plantas, donde se exhiben los principales elementos históricos, agrícolas, culturales e industriales relacionados con la actividad vinícola en Campo de Borja. Hay también un espacio dedicado a las 17 bodegas que producen vino con esta D.O. Junto al Museo hay también una pequeña plantación titulada El Jardín de las Garnachas.

En la pequeña tienda se puede escoger entre varias docenas de vinos producidos por las diversas bodegas, así como otro tipo de productos típicos de la comarca y recuerdos en general.
Bodegas familiares excavadas en el monte,
junto al pueblo de Tabuenca.
(JMBigas, Julio 2012)

Al terminar las visitas, ya era hora de una pausa para la comida. El restaurante que está justo enfrente del Monasterio estaba cerrado (cierran los lunes y martes), pero a unos 150 metros, camino del Santuario del Moncayo, está el Molino de Berola, que sí estaba abierto para poder almorzar. Se trata de un establecimiento preparado para grandes afluencias de visitantes (gran explanada para el aparcamiento de vehículos, juegos infantiles, etc.). Pero ese lunes no creo que sirvieran más de una docena de comidas. Esa es la cruz del Turismo de Interior, en lucha permanente por conseguir la suficiente frecuentación como para que las infraestructuras necesarias puedan ser viables y rentables.
Santuario del Moncayo (Hospedería, Bar-Restaurante)
(JMBigas, Julio 2012)

El Santuario de Nuestra Señora del Moncayo, a 1.621 metros de altitud es la parte más alta del macizo a la que se puede llegar en vehículo convencional. Desde allí parte una de las rutas de acceso a la cumbre (2.314 m.). Buena parte de la vertiente aragonesa está protegida bajo la figura del Parque Natural de la Dehesa del Moncayo (9.848 Ha). Los sorianos están estudiando la posibilidad de crear un parque gemelo en su vertiente del monte. En el interior del Parque, el estacionamiento está cuidadosamente regulado. Sólo se puede parar y aparcar en las zonas especialmente designadas al efecto, y en cada una se especifica el número máximo de vehículos que puede acoger.

La subida en coche hasta el Santuario tiene una primera parte en carretera asfaltada que va trepando por la ladera. Luego hay un largo tramo de pista de tierra compactada, que se puede recorrer en turismo a velocidad moderada. En la última parte, unos 800 metros, la pista está muy degradada, y hay que circular con la máxima precaución y atención. En la zona del Santuario del Moncayo hay una hospedería y un bar-restaurante, así como un mirador desde el que, en día despejado, se domina toda la comarca del Campo de Borja y buena parte de la provincia de Zaragoza.
En días despejados, desde el Santuario del Moncayo
(1.621 m. snm), se tiene visibilidad sobre buena parte
de la provincia de Zaragoza.
(JMBigas, Julio 2012)

Dediqué dos o tres horas de la tarde a recorrer los viñedos de la zona, y a visitar alguna bodega. De acuerdo a la prolija información que se puede obtener en la web del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Campo de Borja, hasta ocho de las diecisiete bodegas de la D.O. tienen abierta tienda de venta directa al público (en diversos horarios). Finalmente me detuve en las tiendas de dos de las más grandes: Crianzas y Viñedos Santo Cristo Sociedad Cooperativa, en Ainzón, y Bodegas Aragonesas (con su muy extendida marca Coto de Hayas) en Fuendejalón. Compré algunas botellas, entre ellas algún vino de la gama alta, principalmente procedente de viejas garnachas, que espero degustar con sosiego y placer.

La producción total de la D.O. varía con los años, pero se mantiene en el entorno de los 18 millones de botellas, de los que prácticamente unos 11-12 millones se destinan a la exportación.

Terminada una jornada muy completa, que se había iniciado en Madrid a las siete de la mañana, me dirigí hacia el hotel que había reservado en Tarazona. Pero eso ya os lo contaré en otro momento.

Aparte de las poquitas fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 62 imágenes, pinchando en la foto de la entrada al Monasterio de Veruela.

Monasterio de Veruela y Museo del Vino "Campo de Borja"


El Monasterio de Veruela y su área de influencia, bien merecen una visita.

JMBA

lunes, 16 de julio de 2012

Turismo de Interior

Dediqué cuatro días de la pasada semana (de lunes a jueves) a realizar un viaje de turismo (con motivación más o menos vagamente vinícola) por la provincia de Zaragoza, con extensión a la Ribera de Navarra. En otro momento os contaré algunos detalles muy interesantes de esos días.
El río Duero, a su paso por San Esteban de Gormaz
(Soria). Allí empieza la Ribera del Duero vinícola.
(JMBigas, Julio 2012)

Os puedo asegurar que, en muchos momentos, he llegado a pensar que era el único suficientemente excéntrico como para abordar un viaje de ese tipo, incluso en el período más o menos vacacional que es el mes de Julio.

El Turismo de Interior es minoritario. No hay que confundirlo con el turismo rural, donde se han creado pequeñas infraestructuras dedicadas a acoger turistas y visitantes. Cuando se practica el Turismo de Interior se están compartiendo las infraestructuras existentes con otros ciudadanos que tienen unas motivaciones e intereses muy diferentes de los nuestros. Y, por lo tanto, el turista o visitante no siempre encuentra aquello que precisaría y en el momento en que lo querría tener disponible.

Cuando uno se instala una semana en Benidorm (por poner un ejemplo), resulta prácticamente inevitable compartir el hotel elegido con algunas docenas, o incluso algunos cientos, de otros ciudadanos que están allí básicamente por las mismas razones que nos han llevado a nosotros. Entre todos forman una masa suficiente como para desarrollar unos ciertos patrones de conducta que a su vez generarán infraestructuras adecuadas para servirles. Los bares definirán una Hora Feliz cuando a la mayoría le apetece tomarse una cervecita (o lo que sea) con tranquilidad, después de haber estado en la playa, tostándose al Sol. Y el bañador y las chanclas serán el vestuario habitual.
Un hotel de carretera será un alojamiento habitual para
un Turista de Interior.
(JMBigas, Julio 2012)

Lógicamente, este tipo de turismo (al que habitualmente se denomina como de Sol y Playa) tiene algunos problemas difíciles de resolver. El primero es su fuerte estacionalidad. Más allá de unos pocos meses de verano, la mayoría de negocios instalados para atender a grandes masas de ciudadanos de vacaciones puede que no resulten rentables. El invierno generará un cierto letargo, con muchas persianas cerradas.

Los hoteles que no quieran cerrar sus puertas fuera de temporada deberán espabilarse mucho, aplicarle mucha creatividad, para conseguir que no les resulte ruinosa esa decisión. Acogerán a turismo de la tercera edad o a gente para quien los quince grados de un invierno mediterráneo ya represente un cierto verano, aunque sólo sea en comparación con sus países de origen.
Parque Natural del Moncayo (Zaragoza)
(JMBigas, Julio 2012)

Por el contrario, cuando uno practica el Turismo de Interior, es muy fácil resultar el raro, el forastero. En el salón de desayunos de un hotel del interior podemos encontrar de todo. Al fondo hay una pareja con dos niños, que están de vacaciones y pararon aquí camino del pueblo de sus padres, o están dedicando unos días a conocer el país profundo. A la derecha hay tres operarios alemanes, que están instalando una maquinaria compleja en alguna fábrica de las inmediaciones. A la izquierda hay un señor pegado al móvil, que probablemente sea viajante de comercio, buscando nuevos clientes o pedidos de los que ya lo son. El señor de pantalón corto y prominente barriga es un camionero que tuvo que parar anoche para que el tacómetro no delatara una jornada demasiado prolongada. En el rincón hay tres hombres, uno del país intentando desengrasar su escaso inglés y los otros dos, visitantes de ultramar, que han venido a verificar la idoneidad de una cierta industria de los alrededores para convertirse en su presunto proveedor.

El caballero de pelo blanco y apariencia de profesor universitario, es un americano que ha venido para estudiar las pinturas recién descubiertas en la restauración de la Catedral. La parejita de la esquina se ha cogido unos días de vacaciones y odia las aglomeraciones; han decidido visitar las (escasas) atracciones turísticas de la región, que incluyen un Parque Natural, dos Monasterios y la Catedral del profesor. Y, sentado en mi mesa, de perfecto uniforme con pantalón corto, zapatillas cómodas y prominente barriga, está un Turista de Interior a quien le apetece aproximarse a una región vinícola que apenas conocía.

A las ocho de la mañana, todos coinciden en el desayuno. Pero a las nueve, cada cual estará haciendo lo que sea que ha venido a hacer a este lugar.
Típicas bodegas tradicionales, excavadas en las colinas.
Estas en Tabuenca (Campo de Borja - Zaragoza).
(JMBigas, Julio 2012)

A diferencia del Turismo de Sol y Playa, el Turismo de Interior se desarrolla con total proximidad a la vida cotidiana de los ciudadanos corrientes. Y esto, lógicamente, provoca algunas veces la sensación ciertamente incómoda, pero soportable, de pensar que este no es mi territorio. Hay que habituarse a que te identifiquen con rapidez como el forastero, y hay que aprender a sobrevivir con ello.

Posiblemente, uno de los temas más complicados sea el de lidiar con los horarios. Además, en España, los horarios son un auténtico galimatías, como ya he detallado en otra ocasión. De una a dos de la tarde es buena hora para almorzar un Menú del Día. Pero si has conseguido un buen restaurante para comer a la carta, aparecer antes de las dos o dos y media será de mal tono. Aunque te apetezca cenar a las ocho (porque a las siete se te acabó la gasolina de rondar todo el día), aquí nadie cena antes de las nueve. Para visitar cualquier atracción turística (que, muy probablemente, será minoritaria) deberás atender a los horarios publicados y confiar en que los respeten. Que seguro que algunos decidirán ni abrir ese día, confiando en que nadie se entere (afluencia cero).

Lo de cerrar al mediodía en España significa que entre la una y las seis de la tarde puedes encontrarte un comercio cerrado, sin ningún derecho al pataleo. Cada negocio, como es natural, adecuará sus horarios a las necesidades y disponibilidades de sus clientes más habituales. Convéncete, el raro eres tú, el forastero.

Algunas veces te apetecería una cena gastronómica (para acompañar los buenos vinos de la región). Pero, lógicamente, no va a existir un buen restaurante solamente para ti. Los bares y restaurantes no están pensados para los turistas o los visitantes de fuera. No significa esto para nada que no acojan al turista con los brazos abiertos, pero todos sus recursos y la orientación de su negocio está dirigida a sus clientes más habituales. Si al mediodía vas a algún lugar para tomar un almuerzo, te verás de modo inmediato sentado en una mesa con vino y gaseosa y empapuzándote con el Menú del Día, a buen precio, eso sí, pero que se supone que te vas a tomar en veinte minutos y luego desaparecerás a tus cosas.

En la puerta (cerrada) de una bodega cooperativa de la zona de Cariñena, un letrero casero reza que abren,  de martes a viernes, entre la una y la una y media de la tarde, para el despacho de vino. Obviamente, no están esperando a ningún enoturista a su puerta.

En diversos momentos, coincides con otros turistas o visitantes. Pero la coincidencia es casual, porque en el Turismo de Interior cada cual tiene sus propios intereses e inquietudes. Para nada se parece a ese habitual de once a dos nos encontraréis en la playa.
Evidentemente, no esperan que un enoturista acuda a
su puerta (Almonacid de la Sierra - Zaragoza).
(JMBigas, Julio 2012)

La mayoría de los otros turistas que ves son nacionales. Incluso muchos son locales, que aprovechan un día de asueto para visitar el Monasterio próximo a su pueblo, y para comer en el restaurante que está al lado. Pero también hay algunos extranjeros, que, en general, o bien son alternativos, de una u otra forma, o están ya de vuelta de los caminos más clásicos y los senderos más batidos. A algunos les interesa el vino, a veces incluso más allá de lo que resulta saludable. Otros están obsesionados con la historia de la piedra vieja. Algunos buscan parajes naturales diferentes de lo habitual.

Pero todos, todos, se sienten felices de haber superado los convencionalismos y las multitudes, y están satisfechos de someterse a un baño de cotidianidad, de contacto con la población real de la España profunda.

Viajero, si vas a abordar un viaje de interior, tienes que desprenderte del temor a ser el forastero y tienes que superar la vergüenza de ver que están hablando de ti. . Tienes que saber que ni hoteles ni restaurantes te estarán esperando específicamente a ti, pero todos te acogerán con los brazos abiertos, porque representas su negocio adicional. En algunos momentos seguramente te tocará también tragar polvo (literalmente). Tu coche (o moto, o caravana) será lo único de lo que nunca querrás desprenderte, porque es tu seguro de poder volver a tu mundo, cuando esto acabe.

Cuando vuelvas a casa, es probable que lleves en el maletero algunas botellas, o incluso algunas cajas, de vino de los lugares que has visitado. O algún recuerdo de esos que acaban ocupando espacio en los estantes de tu salón. En el equipaje, tu ropa estará para echarla a lavar. El polvo del camino habrá manchado tu coche y tus zapatillas.

Pero seguro, seguro, que a la vuelta de un viaje de Turismo de Interior llevarás contigo la experiencia única y genuina de haber compartido, durante unos días, un cierto territorio con sus habitantes habituales.

JMBA