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Mostrando entradas con la etiqueta museo. Mostrar todas las entradas
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viernes, 5 de agosto de 2016

La Cité du Vin - Burdeos

El proyecto de La Ciudad del Vino nació en 2009, en que Alain Juppé (alcalde de Burdeos) y el Ayuntamiento en pleno decidieron lanzar la iniciativa de que la ciudad de Burdeos pudiera contar en unos años con una instalación singular, dedicada al mundo y a las culturas en torno al vino, alma económica de la ciudad y su región.
La Cité du Vin, en el quai de Bacalan, Burdeos.
(JMBigas, Julio 2016)

La Cité du Vin, que así se bautizó el proyecto desde un principio, siguió sus pasos burocráticos tradicionales, incluyendo un concurso internacional de ideas. Podéis ver detalles interesantes en la Wikipedia.

Se escogió un solar de propiedad municipal junto al río Garona, en el quai de Bacalan. La zona es el barrio de los Bassins à Flot, donde se ubicaban las antiguas instalaciones industriales de los astilleros fluviales y actividades relacionadas. Degradado por el progresivo abandono de esas actividades, lleva unos años regenerándose con nuevas construcciones (vivienda y oficinas). La población de la ciudad de Burdeos ha crecido en los últimos años, y la oferta adicional de vivienda es necesaria.

La financiación del proyecto es mixta, aunque prioritariamente pública. Muchos de los grandes nombres de la viticultura bordelesa han hecho aportaciones como patrocinadores o mecenas de La Cité du Vin.

El resultado, abierto al público el pasado 1º de Junio de 2016, es un edificio muy singular junto al río. De formas curvas, evoca los propios meandros del Garona, así como las cepas que crecen hacia el cielo, o la copa de vino agitada para liberar los aromas, que genera como un halo curvo. La imaginación es libre.
El cuerpo principal está recubierto de láminas de cristal
serigrafiado en tres colores.
(JMBigas, Julio 2016)

El coste total de la construcción ha sido de algo más de 80 millones de Euros, y se calcula que el presupuesto anual para su funcionamiento será de unos 12M€. Si bien el edificio es propiedad del Ayuntamiento de Burdeos, toda su gestión y explotación está en manos de una Fundación privada, declarada de interés público. Se prevé que su funcionamiento no requiera de dinero público, y se pueda financiar a partir de la venta de entradas (se esperan unos 450.000 visitantes anuales) y de las diversas actividades comerciales que se desarrollan en La Cité du Vin.

El edificio se sostiene sobre 300 pilotes de hormigón que han tenido que ir hasta 30 metros de profundidad para apoyarse en roca firme. El cuerpo principal está recubierto de paneles de cristal serigrafiado en tres colores, mientras que la segunda planta (el halo) está constituido por grandes arcos internos de madera de roble y recubrimiento exterior de paneles de aluminio.

Una triquiñuela arquitectural (dos grandes rampas exteriores, que convierten, a efectos de emergencias, la segunda planta en el nivel del suelo) ha permitido esquivar la muy estricta normativa para los edificios de gran altura, a pesar de que el Belvedere, en la octava planta, se encuentra unos 35 metros por encima del nivel del suelo. En el río se ha construido un embarcadero que permite que el Batcub (un barco que forma parte del transporte público de la ciudad, junto con las diversas líneas de tranvía y autobuses), tenga una parada en La Cité du Vin, o puedan recalar directamente allí los barcos que recorren el río en circuitos o cruceros enológicos.
El "Halo" está formado internamente por grandes arcos de
madera de roble, y recubierto exteriormente por
paneles de aluminio.
(JMBigas, Julio 2016)

La planta baja es de acceso libre (salvo un mínimo control de seguridad, que revisa bolsas y mochilas). Allí se encuentra la Boutique (donde comprar recuerdos y artículos relacionados con el mundo del vino), un Bar à Vins (el Latitude 20, donde comer pequeños platos, acompañados de copas de vino de una amplia selección) y la gran cava-biblioteca, para exposición y venta de Vinos del Mundo, con más de 9.000 referencias de hasta 88 países. También hay un mostrador que gestiona las actividades enoturísticas por la región (rutas del vino, visitas a bodegas, etc.).

La primera planta tiene varios espacios para usos diversos, algunos de los cuales se pueden alquilar para eventos de empresa y similares. Hay un Salón de Lectura, con un amplio abanico de literatura relacionada con el mundo del vino, el Auditorio Thomas Jefferson con 250 plazas sentadas, y diversas salas para cata y degustación. Hay también un gran espacio dedicado a las exposiciones temporales.
El Belvedere, en la 8ª planta, donde se ofrece la
degustación de una copa de vino.
(JMBigas, Julio 2016)

La segunda planta (la más extensa, pues incluye el gran halo) contiene el llamado Recorrido Permanente (podéis ver el detalle en su propia web, disponible en francés e inglés, aunque el castellano es el tercer idioma oficial, y toda la señalización interior está también en castellano). El Recorrido Permanente es lo más parecido a un Museo que contiene La Cité du Vin.

Las plantas de la tercera a la sexta no están abiertas al público, y albergan oficinas y locales técnicos.

En la 7ª planta hay un restaurante panorámico (Le 7), mientras que en la 8ª está el Belvedere, con una terraza semiexterior, desde la que se tienen grandes vistas de la ciudad, el río y el muy próximo puente levadizo Chaban-Delmas, inaugurado hace un par de años, cuya plataforma central puede elevarse por los cuatro pilares, para dejar paso a grandes barcos de crucero, por ejemplo.


* * *


El pasado mes de Abril visité Burdeos, con ocasión de las Jornadas de Puertas Abiertas en el Médoc, pero La Cité du Vin no estaba todavía abierta al público. A finales de Julio he aprovechado un viaje de Barcelona a Madrid para realizar un pequeño desvío por el Sur de Francia, y el jueves 28 pude, por fin, visitar, La Cité du Vin.
Maqueta de La Cité du Vin de Burdeos.
(JMBigas, Julio 2016)

La entrada básica (20€) incluye el acceso al Recorrido Permanente (incluyendo un dispositivo electrónico de guía y ayuda en 8 idiomas), a la exposición temporal actual (una exhibición fotográfica de Isabelle Rozenbaum, sobre las diversas fases y detalles de la construcción del edificio), así como al Belvedere de la 8ª planta, con derecho a la degustación de una copa de vino, a elegir entre la veintena de caldos de todo el mundo que constituyan la selección del día.

Hay otras actividades (de pago). Yo fui, la verdad, demasiado ambicioso, y finalmente no pude realizar el Recorrido Permanente (me ha quedado para una futura ocasión).

Compré las entradas con antelación por Internet, aprovechando algunas ofertas y promociones de precios ventajosos para actividades conjuntas. Así, contraté (por 6€) una visita guiada del edificio (zoom archi), de una hora de duración, con especial énfasis en los aspectos arquitecturales del mismo. Y también la participación en un taller multisensorial Tomar una copa en los mercados del mundo, de una hora y media de duración. Este taller cuesta 35€, pero se puede comprar conjuntamente con el Recorrido Permanente por un total de 48€. En total, pues, contribuí con 54€ al presupuesto anual 2016 de La Cité du Vin.

Por la mañana tenía que realizar algunas gestiones en la zona de Blaye, en la orilla opuesta del Garona. Las terminé a mediodía y, con el coche en el aparcamiento del hotel, tomé el tranvía para dirigirme a La Cité du Vin, que tiene parada con su nombre en la Línea B, a unos 100 metros de la entrada. Unas cuantas copas de vino en pocas horas aconsejan utilizar el transporte público. Además, La Cité du Vin no dispone de aparcamiento público, aunque sí hay algunos en las proximidades. Pero el consejo es dejar el coche y utilizar el tranvía, que vino y volante no se llevan nada bien. El billete sencillo cuesta 1,50€, e incluye enlaces durante 1 hora, pero hay una amplia oferta de billetes para viajar todo un día, sólo por la tarde/noche (a partir de las 19h), etc., que podéis ver en detalle en la web de la empresa municipal de transportes.
La Cave, con miles de vinos de todo el mundo.
(JMBigas, Julio 2016)

Acabé llegando pasada la una de la tarde, y con hambre. Por ello me dirigí lo primero al Bar à Vins Latitude 20. Este tiene dos secciones. En la primera se pueden comprar algunos bocadillos o aperitivos, mientras que en la segunda te atienden en mesas altas o bajas, o incluso en la terraza exterior. Me dieron una cartita minúscula, que no me convenció. Entre otras cosas, para degustar un tinto por copas, solamente ofrecía un Crozes-Hermitage, de la zona del Ródano, en el otro extremo de Francia.

Entré a dialogar con el camarero. Se nota que todavía son bastante novatos y que a la marcha en general del local le falta algo de rodaje. En el panel del fondo del local tienen una veintena de botellas de vino abiertas, preparadas (y tarifadas) para servirlo por copas, en las mejores condiciones. Tras echarle un vistazo, me enamoré de un Pessac-Léognan (del sur de Burdeos), el Château La Louvière 2009, obra de uno de los popes de la región, André Lurton. Le pedí una copa de ese vino, pero el camarero me dijo que no, que los vinos eran para la tarde. Le convencí de que la una y media ya es la tarde y, tras evacuar consultas, me sirvió una copa generosa (por 9€, eso sí). Para acompañar le pedí un platito pequeño de algo, y él ahí sí aportó una buena solución, un pequeño surtido de quesos.

El día había amanecido algo lluvioso, y de vez en cuando caían algunas gotas, por lo que descarté la terraza, y me aposenté en una mesa alta, sentado en un taburete, donde me di el pequeño festín, que me acabó costando 15,50€.

Lo de sacar previamente las entradas por Internet no fue una mala idea, pues todo el tiempo había colas frente al mostrador de compra de entradas. Ese proceso no parece tampoco que esté ya funcionando a velocidad de crucero. Me dirigí al mostrador de información con mis entradas, y me enteré de los detalles. Allí me di cuenta de que había sido demasiado ambicioso. El Recorrido Permanente hay que realizarlo del tirón, y toma unas dos horas. Algo más o algo menos dependiendo del interés y el nivel de detalle al que se quiera llegar.
Auditorio Thomas Jefferson.
(JMBigas, Julio 2016)

Pero tenía reservada la visita guiada (zoom archi) para las tres de la tarde, y dura como una hora. Y para las cinco de la tarde había reservado el taller de los Mercados del Mundo, que ocupa una hora y media. Y, en verano, La Cité du Vin cierra sus puertas a las 19.30 horas. En resumen, no me quedaba una franja continua de un par de horas, y tuve que renunciar al Recorrido Permanente (espero hacerlo en el futuro, en alguna próxima visita).

Ya eran las dos y media, y, para hacer tiempo, hice una breve visita a La Cave, subtitulada bodega-biblioteca. Es un espacio circular, donde están expuestos, también para su venta, más de 9.000 vinos de hasta 88 países de todo el mundo. Como curiosidad, valga decir que, a pesar de considerarme bastante entendido en el mundo del vino, sólo reconocí una media docena de los más de treinta vinos españoles expuestos.

Comprar vino en La Cave no me parece muy buena idea, más allá de un recuerdo de 1, 2 o máximo tres botellas. Tienes que acarrear lo que compres, y, si has seguido mi consejo, has venido en el tranvía. No sé si ofrecen, pero deberían hacerlo por el bien del negocio, el servicio de hacerte llegar lo que compres a tu hotel ese mismo día, donde se supone que tienes el coche, y eso ya sería otra cosa.

Minutos antes de las tres me acerqué al punto de cita que me habían indicado, junto a la gran escalera circular, para la visita guiada. Allí se identificó la mediadora (esta es la terminología muy francesa utilizada en La Cité du Vin) que sería nuestra guía, Émilie. Los asistentes sólo éramos cuatro: una pareja ya mayor de Toulouse, un oriental que no hablaba una palabra de francés (por el momento, la visita sólo se ofrece en francés), aunque decía llevar 30 años viviendo en Barcelona, y yo. Del oriental no pude ni verificar su control del castellano (o del catalán, para el caso), porque le perdimos en el primer recodo, haciendo fotos como un loco.
Fotografía de Isabelle Rozenbaum, que ilustra la
construcción del "Halo", con los grandes arcos de
madera de roble.

Émilie nos llevó a la zona exterior, y allí nos contó la génesis e historia del proyecto, así como los principios y soluciones arquitecturales aplicados en La Cité du Vin. Muy interesante (si se tiene un buen dominio del francés, por supuesto). Nos explicó todos los diferentes espacios, nos mostró el Auditorio Thomas Jefferson, que tiene, según parece, una excelente sonoridad gracias a unos cilindros de cartón que cuelgan a cientos del techo. También nos acompañó al Belvedere, en la 8ª planta.

La visita terminó pasadas las cuatro de la tarde, en la exposición fotográfica de Isabelle Rozenbaum, la exposición temporal actual, que ya había visto por encima en el tiempo libre antes de la visita guiada. Aparte de una maqueta del edificio, se recoge allí una curiosa selección de fotografías, centradas en las diversas fases de construcción del edificio, con énfasis en detalles poco habituales. Allí nos dejó Émilie. Aproveché para realizar una visita más detallada de la exposición, haciendo tiempo para el taller de las cinco.

Como tenía todavía una media hora de tiempo libre, aproveché para subir de nuevo al Belvedere, hacer algunas fotos con más tranquilidad, y escoger la copa de vino incluida en la entrada básica. En el mostrador principal estaban expuestos los más de veinte vinos que constituían la selección del día, cualquiera de los cuales podía escoger para una degustación gratuita (bueno, incluida en la entrada básica). Supongo que esa selección la deben ir renovando un poquito cada día. Cada vino estaba identificado con la bandera del país de origen, y alguna explicación sobre el mismo.

En el mostrador, donde se acumulaba bastante gente, me acabó atendiendo Lolita, una española de origen murciano. Al pedirle un vino blanco, me habló de los diversos incluidos en la selección. Me acabé inclinando por un blanco seco Sylvaner de Alsacia.
Detalle de la selección de vinos para degustar
en el Belvedere.
(JMBigas, Julio 2016)

Faltaban pocos minutos para las cinco, y bajé a la primera planta, para atender al taller multisensorial que había contratado. Al comprar las entradas para Prende un verre aux marchés du monde, vi que se ofrecen tres sesiones diarias (a las 11 de la mañana, a las dos de la tarde, y a las cinco, que era la mía). En cada una, también sólo disponible en francés, se ofrecen hasta 48 plazas. A las cinco en punto, la que sería nuestra nueva mediadora, Gaëlle (de nombre bretón, aunque ella dijo ser bordelesa), nos introdujo al Espacio Polisensorial a los cinco participantes que habíamos pagado nuestra inscripción.

El Espacio Polisensorial es circular, con asientos a lo largo de todo el perímetro, y mesitas bajas. En el centro hay un mostrador o pupitre, donde se sirven los diferentes vinos y desde donde Gaëlle iba controlando la evolución de la sesión.

Al inicio de la sesión nos presentamos someramente los asistentes. Había una pareja de mediana edad, en que el hombre pertenecía a ese selecto grupo de los presuntos enterados que descubren en su copa los aromas que nadie más notó. La segunda pareja era una madre de unos setenta años, que hablaba un francés algo atormentado, parecía de origen alemán o así, y un hijo trentón o algo más, extremadamente reservado. Yo me presenté como español y residente en Madrid, amante del mundo del vino. El comentario fue el buen francés que hablaba (quizá no debería haber escrito esto, que suena a demasiado soberbio).

Gaëlle nos preguntó si ya habíamos asistido a alguna sesión de cata o degustación (al final, de lo que se trata en el taller multisensorial), y todos dijimos tener ya algo de experiencia. La verdad, no sé muy bien cómo podría desarrollarse una sesión así con 48 asistentes. Me parece que la docena es prácticamente el límite razonable.
Detalle del Pont Chaban-Delmas, desde el Belvedere.
(JMBigas, Julio 2016)

En una copa negra nos entregó el primer vino. Por el aroma, bastante agresivo, con trazas hasta de resina, parecía blanco. Al probarlo, además era espumoso, o al menos, con cierta aguja. Todos aventuramos algo sobre el origen del vino, y concluimos que era mediterráneo, de Italia o de Grecia. Gaëlle proyectó imágenes a 360º, en todo el perímetro, primero genéricas, que luego se fueron concretando en mercados típicamente italianos. Pensamos si sería vino de alguna de las islas (Cerdeña o Sicilia). Por uno de los cuatro agujeros del mostrador central también se emitió algún aroma asociado al vino y al escenario, pero había que acercarse para notarlo con cierta nitidez.

El vino resultó ser un Prosecco del Friuli, la región del noreste de Italia, limítrofe con Austria y Eslovenia, con capital en Trieste. Aunque también se produce Prosecco en ciertas áreas del Veneto.

El segundo vino de la sesión no tenía sorpresa, ya que Gaëlle lo sirvió en copas blancas desde una botella visible. Se trataba de un típico rosado de la Provenza, de color pétalo de rosa. La sorpresa fue que las proyecciones nos llevaban a los mercados flotantes de Thailandia y a un entorno claro de Extremo Oriente. El aroma a especias completaba el cuadro. Según nos contó, este tipo de rosado es ideal para maridar con las comidas orientales muy especiadas, ya que prevalece a los sabores y aromas agresivos de estas.

Como sólo éramos cinco asistentes, la mayor parte del tiempo estábamos de pie y deambulando por la sala, mirando las proyecciones desde todos los ángulos, y acercándonos al mostrador para oler los aromas difundidos.
Espacio polisensorial, antes de empezar el taller.
(JMBigas, Julio 2016)

El tercer vino era un tinto. Las imágenes nos llevaban a la América Latina, con escenas del Machu Pichu, del desierto de sal de Bolivia, o de grandes rebaños de ganado bovino, que sugeriría la Pampa. Los mercados que se presentaban eran los típicos mayas o incas, de vivos coloridos. Tanto el aroma como el sabor me evocaban muy directamente a un Malbec argentino, como uno de los que habíamos degustado sólo unas semanas antes, en una sesión entre amigos. Lo repetí en voz alta, y le fastidié a Gaëlle la sorpresa, porque yo tenía razón. Dejamos un resto en la copa, para otra comprobación. Tras diez o quince minutos, el aroma había evolucionado muy claramente a la ciruela, que al principio sólo estaba sugerida.

Para el cuarto y último vino, otro tinto, las imágenes sugerían mercados africanos, especialmente del Magreb. Resultó tratarse de un Pinotage sudafricano.

Y así nos entretuvimos durante hora y media. El taller multisensorial resultó finalmente ser, básicamente, una sesión de cata y degustación de cuatro vinos, con cierta guarnición multimedia, de imágenes, luces y aromas.

No sé con qué frecuencia cambian la selección de vinos degustados. Es posible que lo que os he contado acabe siendo un spoiler, o quizá os he dado munición para que os marquéis un farol de entendidos.

Salimos de allí pasadas las seis y media. Al poco la megafonía empezó a avisar de que La Cité du Vin cerraría sus puertas a las 19.30 horas. Aproveché para realizar una visita a La Boutique, llena de artículos relacionados con el mundo del vino, y de souvenirs , algunos, por cierto, bastante originales. Compré alguna cosita, que me entregaron en una bolsa negra de papel, sin inscripciones ni marcas exteriores, como las habituales en un sex shop. Para evitar que nadie pensara que llevaba alguna muñeca hinchable o así en la bolsa, le pedí a la chica de caja que me pusiera una etiqueta de La Cité du Vin en la bolsa.

Y hacia las siete y cuarto de la tarde terminó mi primera visita a La Cité du Vin de Burdeos. En el tranvía me fui hasta Gambetta. Cené por allí y me fui al hotel prontito, que al día siguiente tocaba el viaje completo hasta Madrid, con el agravante de que era viernes 29 de Julio, declarado rojo para el tráfico en Francia, por la coincidencia de los que terminaban vacaciones en Julio y los que las empezaban en Agosto. Lo cierto es que pillé muchos atascos entre Burdeos y San Sebastián, que me provocaron hora y media de retardo. Entre San Sebastián y Burgos, circulación muy densa, con algún parón en el peaje de Armiñón, para tomar la AP-1. De Burgos a Madrid, circulación muy fluida y bastante escasa. Misterios del tráfico. En total, 688Kms.

Espero que os haya gustado esta visita virtual a La Cité du Vin de Burdeos y que os resulte de utilidad si planificáis una visita a la misma.

Aparte de las imágenes que he seleccionado para ilustrar esta crónica, podéis acceder a una colección completa de 43 fotografías de La Cité du Vin, almacenada en Google+. Cada fotografía tiene un comentario explicativo, que podéis activar mediante el icono de Información.

También podéis ver este vídeo de 4', que he editado para ilustrar mi visita a La Cité du Vin.



JMBA

martes, 23 de septiembre de 2014

Por Tierras de Burgos (3): Atapuerca y el MEH

Ya os he contado en capítulos anteriores nuestras paradas en el camino hasta Burgos, y nuestros paseos por la ciudad.

El martes 15 de Julio, nuestro segundo día de viaje, habíamos decidido dedicarlo casi por completo a los yacimientos arqueológicos de Atapuerca. Con visita a los propios yacimientos y al Parque Arqueológico por la mañana, y al Museo de la Evolución Humana (MEH) de Burgos por la tarde.
Centro de Recepción de Visitantes de Atapuerca.
(JMBigas, Julio 2014)

En pleno mes de Julio, y previendo posibles aglomeraciones, reservamos por Internet la visita a los yacimientos para las 11 de la mañana (con salida desde el Centro de Visitantes de Atapuerca), y posterior visita al Parque Arqueológico para la una y media de la tarde.

La Sierra de Atapuerca es actualmente un referente obligado tanto para la arqueología como para la paleontología, en toda Europa. Los primeros hallazgos del llamado Homo Antecessor fueron completados en 2007 con el descubrimiento de una mandíbula humana de 1.200.000 años de antigüedad, que habría pertenecido al que se considera el Primer Europeo.

Esta Sierra, situada a unos veinte kilómetros de Burgos capital, ha demostrado ser asentamiento permanente de homínidos desde épocas muy remotas del Paleolítico. Consta que la Cueva Mayor ya era conocida en 1645, aunque los primeros indicios serios de restos prehistóricos empezaron a aparecer con la excavación de una trinchera para un ferrocarril minero, en el siglo XIX.
Parque Arqueológico, a unos cientos de metros del
Centro de Visitantes de Atapuerca.
(JMBigas, Julio 2014)

En 1978 se iniciaron las labores profesionales de excavación arqueológica y paleontológica. Actualmente se realiza una breve campaña anual de excavaciones durante unas semanas en el entorno del mes de Julio, dedicando el resto del año a las labores de datación, catalogación y demás, de los restos localizados. Los restos originales más significativos pueden hoy verse expuestos en el Museo de la Evolución Humana (MEH) construido ad hoc junto al río Arlanzón, en la ciudad de Burgos.

Nos dirigimos, pues, al Centro de Recepción de Visitantes de Atapuerca, junto al pueblecito del mismo nombre. Desde Burgos, el trayecto es de unos veinte kilómetros, y tardamos unos veinticinco minutos. Desde Burgos hay que tomar la antigua N-I en dirección al Norte (no la nueva autovía A-1, desde la que no hay acceso directo a Atapuerca), y desviarse luego a la derecha por la BU-701, en las cercanías de Quintanapalla, y luego de nuevo a la derecha por la BU-V-7012. 

Al llegar al pueblo de Atapuerca, el Centro de Visitantes ya está señalizado. Pasado el pueblecito, hay que desviarse a la izquierda y allí está el enorme edificio, con un generoso aparcamiento para los vehículos. Por si acaso, sus coordenadas son N 42,378820º O 3,497415º.
Equipo de trabajo, en plena campaña de excavaciones.
(JMBigas, Julio 2014)

Nos lo tomamos con tiempo, por si acaso, y llegamos allí apenas pasadas las diez de la mañana. En el mostrador de información compramos las correspondientes entradas correspondientes a nuestra reserva (11€ por persona). Y nos entretuvimos un rato con la exposición que había en esos momentos en el Centro, sobre el Sexo en la Prehistoria, titulada Sexo en Piedra.

Nos fuimos juntando un grupo relativamente numeroso (unas 30 personas), para la visita a los Yacimientos de las 11 de la mañana. Un poco antes de esa hora, llegó un autobús, al que montamos y que nos trasladó hasta la entrada a los propios yacimientos (un trayecto de unos diez minutos desde el Centro).

Para esa visita, y la posterior al Parque Arqueológico, nos acompañó una guía maravillosa, arqueóloga y poetisa, Eva Vallejo Güemez, que consiguió, con su conocimiento, entusiasmo y dedicación, que ambas visitas fueran muchísimo más interesantes y amenas de lo que podrían haber sido con un guía menos involucrado.
Nuestra guía, Eva, mostrando la evolución de la forma del
cráneo humano, con el paso del tiempo.
(JMBigas, Julio 2014)

En los Yacimientos se estaba en ese momento en plena campaña anual de excavaciones, por lo que la visita no podía realizarse por el camino al pie de los yacimientos, sino por el camino alto de los Miradores, desde el que tuvimos una excelente perspectiva de las diversas zonas de los yacimientos y de las propias labores de excavación.

La visita duró algo menos de una hora. Aunque el camino no es muy exigente (hubo algunas rampas de subida que provocaron algunos jadeos), la recomendación básica es llevar calzado cómodo y, en verano desde luego, llevar un gorro para proteger la cabeza del Sol y una pequeña provisión de agua. De hecho, durante la visita, uno de los niños que venía con el grupo sufrió una lipotimia sin consecuencias, resultado del calor y demás.

La visita se articuló en varias estaciones o paradas. En cada una de ellas, Eva nos fue contando las características principales de las diversas zonas, y nos comentó los diversos hallazgos realizados. Todo ello reforzado con alguna recreación gráfica de la posible apariencia de los homínidos de los que se han encontrado huellas en Atapuerca, o reproducciones de cráneos y otros hallazgos, que ilustran la evolución humana.
Aprendiendo a tallar la piedra, en el Parque Arqueológico.
(JMBigas, Julio 2014)

Aunque el recorrido está jalonado de paneles informativos, para un lego en la materia, como es mi caso, la visita podría resultar anodina, tediosa o incluso aburrida, ya que, finalmente, lo que se ve es tierra y piedras viejas. En Julio, también los equipos multidisciplinares, en plena campaña de excavaciones. Es por eso que el entusiasmo de nuestra guía fue definitivo para conseguir que, pese a todo, la visita resultara muy interesante.

Nos devolvieron al Centro de Visitantes pasadas las doce del mediodía, absolutamente acalorados y sudorosos. Tuvimos un tiempo, hasta la una y media, para descansar y rehidratarnos.

El Parque Arqueológico, situado a unos doscientos metros de distancia del Centro de Visitantes de Atapuerca, es un pequeño parque temático de la Prehistoria. La visita estaba prevista para la una y media de la tarde.

A pesar de la proximidad, nos recomendaron llevar el coche al aparcamiento que hay a la entrada de dicho Parque Arqueológico. Al terminar la visita, pasadas las dos y media de la tarde, y sin haber comido todavía, el paseo a pie de vuelta al Centro, a pleno Sol, hubiera resultado una tortura perfectamente evitable.
La obtención del fuego es el colofón a la visita
al Parque Arqueológico de Atapuerca.
(JMBigas, Julio 2014)

El recorrido por el Parque se articula con diversas actividades participativas, muy entretenidas, especialmente para los niños, con las que se ilustran las actividades cotidianas del hombre prehistórico: el trabajo de la piedra para conseguir armas que ayudaran en la caza de animales, las primeras técnicas de pintura con color, la caza en grupo de un bisonte (simulado, por supuesto), los diversos habitáculos, las primeras cabañas, etc. El recorrido culmina con la obtención del fuego, en la cabaña grande junto a la entrada. 

En toda la visita, de nuevo, el entusiasmo y la animación de nuestra guía fue definitiva para conseguir que resultara un trayecto ameno, a pesar de la solanera inclemente que caía como fuego a lo largo de todo el camino.

Pasadas las dos y media de la tarde terminamos las dos visitas. Volvimos al pueblo de Atapuerca y paramos en el Mesón Las Cuevas (recomendación de Eva), para comer alguna cosa. Decidimos renunciar al Menú del Día (con el calor, el sopor posterior hubiera sido invencible) y tomamos algunos bocatines como tentempié suficiente. De todas formas, si no hay prisa ni grandes cosas que hacer por la tarde, este Mesón Asador ofrece excelentes carnes a la brasa para una comida todo lo pantagruélica que se desee.
Catedral de Burgos, desde la explanada frente al
Museo de la Evolución Humana.
(JMBigas, Julio 2014)

Tras el refrigerio, volvimos a Burgos, al Museo de la Evolución Humana. Este Museo, inaugurado en 2010, ocupa un complejo de edificios diseñado por el conocido arquitecto cántabro Juan Navarro Baldeweg, y ocupa el solar del desaparecido convento de San Pablo, junto al río Arlanzón. El complejo es impresionante y enorme, y el MEH está preparado, desde luego, para acoger a un número de visitantes muchísimo mayor de los poquitos que estuvimos allí en esa tarde de martes.

Para evitar dejar el coche a pleno Sol, utilizamos el aparcamiento subterráneo del propio Museo (4,55€ pagué a la salida), al que se accede por la parte posterior, por la calle Burgense. El Museo se ubica a menos de un kilómetro de distancia, en línea recta, de la Catedral de Burgos, sobre la orilla opuesta del río, casi frente al Paseo Espolón.

En el MEH se ilustra la evolución humana desde la Prehistoria, con especial énfasis en los hallazgos producidos en Atapuerca. Los restos originales extraídos en las excavaciones, se exponen en sendos habitáculos oscuros (donde está prohibido tomar fotografías o vídeo), de modo que una cuidada iluminación centrada en las diversas piezas expuestas, permite destacar sus principales características. Una preciosidad para un lego, supongo que maravilloso para un entendido.
Recreación de una excavación arqueológica, en el MEH.
(JMBigas, Julio 2014)

En el resto del Museo se recrea, por ejemplo, el paisaje que debieron compartir los sucesivos habitantes de la Sierra de Atapuerca, en las diversas épocas, o las propias actividades de excavación y de posterior tratamiento de las piezas localizadas.

Globalmente, una visita interesante, que un lego puede realizar en poco más de una o dos horas y que, supongo, puede llevar semanas para cualquier experto arqueólogo o paleontólogo, que quiera empaparse de toda la trascendencia de los diversos hallazgos.

Desde la explanada de acceso al Museo, muy fría para mi gusto, demasiado cemento, se tiene una excelente visión de la Catedral, destacando por encima de los edificios circundantes, al otro lado del río Arlanzón.
Ilustrando la tediosa actividad de lavado e identificación
de hallazgos arqueológicos, en el MEH de Burgos.
(JMBigas, Julio 2014)

Finalizada la visita, tomamos un refresco en la terraza de una de las cafeterías del complejo.

Volvimos luego directamente al Hotel Puerta de Burgos. Tras descansar un rato, tomamos el autobús (línea 1) hasta el centro histórico, y acabamos cenando en la terraza exterior de Casa Ojeda, uno de los restaurantes más tradicionales y clásicos del centro de la ciudad.

Para el miércoles 16 habíamos previsto una ruta por el norte de la provincia de Burgos, por la zona conocida como de las Merindades. Pero eso será ya el objeto del siguiente capítulo.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 32 imágenes, pinchando en la siguiente foto.


También podéis ver este vídeo de algo más de doce minutos, que ilustra buena parte de las visitas y actividades de la mañana, tanto en los Yacimientos como en el Parque Arqueológico de Atapuerca.


JMBA

viernes, 14 de febrero de 2014

Las Terrazas del MNAC

El Palacio Nacional es un edificio de estilo clasicista, inspirado en el Renacimiento español, que se construyó en lo alto de Montjuïc, en Barcelona, para la Exposición Universal de 1929, que se celebró en la Ciudad Condal.
El Palacio Nacional de Montjuïc, con las cascadas que
descienden hasta la Fuente Mágica.
(JMBigas, Enero 2014)

En 1934 se convirtió en la sede del Museo de Arte de Cataluña. Tras sucesivas rehabilitaciones y reconversiones, en 1990 se fundó el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), cuya sede principal es el Palacio Nacional de Montjuïc.

Desde la Plaza de España, el núcleo de comunicaciones (Metro, autobuses) más cercano, se puede subir hasta el Palacio Nacional por un sistema de escaleras mecánicas (o por escaleras fijas, por supuesto), bordeando el sistema de fuentes y cascadas que diseñó el arquitecto e ingeniero Carles Buïgas i Sans (1898-1979), entre las que destaca la llamada Fuente Mágica de Montjuïc. Desgraciadamente, la Fuente Mágica no siempre está en funcionamiento. Pero, especialmente por la noche, su juego de agua y luz es todavía hoy espectacular y extraordinaria, más de noventa años después de su diseño y construcción.

El domingo 5 de Enero coincidió que estaba en Barcelona por motivos familiares, y tenía la mañana libre. Decidí utilizarla para una breve visita al MNAC y, muy especialmente, a las terrazas recientemente abiertas al público.
Las Cuatro Columnas, con la Plaza de España abajo, y el
Tibidabo enfrente.
(JMBigas, Enero 2014).

Barcelona tiene varios miradores panorámicos destacables. De una parte, la montaña del Tibidabo, con su templo expiatorio, el Parque de Atracciones y la Torre de Collserola. De otra, el Castillo de Montjuïc, de infausta memoria (se utilizó más frecuentemente para atacar la ciudad que para defenderla) desde el que se tiene una vista privilegiada de toda la zona portuaria. Recientemente se añadió la espectacular terraza panorámica circular, en lo alto del Centro Comercial Las Arenas, en la propia Plaza de España. Esta instalación reaprovechó por completo la estructura y fachada de la antigua Plaza de Toros de las Arenas, con una ingente obra de ingeniería, que duró bastantes años.

A esta fantástica panoplia se le han unido recientemente las terrazas del Palacio Nacional (del MNAC, por tanto). Siempre existieron, desde su construcción, pero no eran accesibles al público. Se ha realizado una obra de puesta a punto de las tres terrazas, de modo que, actualmente, se pueden visitar y disfrutar de las maravillosas vistas que se tienen desde ellas.
Vistas panorámica desde la terraza frontal.
(JMBigas, Enero 2014).

El MNAC tiene varias colecciones permanentes, entre las que destaca la que posiblemente sea la colección más completa de Arte Románico. Sin haberlo previsto, me aproveché de que fuera el primer domingo de mes, y la entrada era gratuita. Yo no disponía de mucho tiempo, por lo que únicamente visité una exposición temporal de fotografía (Jo faig el carrer - Yo hago la calle), dedicada a Joan Colom i Altemir (Barcelona, 1921), galardonado, entre otros, con el Premio Nacional de Fotografía en 2002, concedido por el Ministerio de Cultura. La exposición recoge, principalmente, series de fotografías (1957-2010) de Colom por las calles más populares de Barcelona, especialmente del llamado barrio chino, más o menos el actual Raval. Muy recomendable la muestra, sin duda.

Busqué a continuación el acceso a las terrazas, que era mi principal objetivo ese día. Hay un ascensor que sube hasta la terraza frontal (hay que rematar el camino subiendo varios tramos de escaleras a pie). Desde esta terraza, orientada al noroeste, se domina todo el complejo de la Feria de Montjuïc, y la Plaza de España al fondo. Destacan los pabellones feriales, incluyendo alguno original de la Exposición Internacional de 1929, como el de Mies van der Rohe. Por supuesto, la Fuente Mágica y su sistema asociado de cascadas, así como las Cuatro Columnas exentas con capiteles jónicos, que simbolizan la senyera, la bandera de Catalunya. Estas columnas se construyeron originalmente en 1919, en el lugar que actualmente ocupa la Fuente Mágica. Fueron demolidas en 1928, durante la dictadura de Primo de Rivera, y se reconstruyeron en 2010, ubicadas a pocos metros de su emplazamiento original.
Las Arenas, con su espectacular terraza panorámica
circular.
(JMBigas, Enero 2014).

Ese domingo de Enero no era especialmente frío, pero sí extremadamente ventoso en Barcelona. Lógicamente, el viento en las terrazas del MNAC, especialmente en la frontal, era de aúpa y dificultaba la contemplación sosegada de las maravillosas panorámicas.

En la terraza frontal hay unas pequeñas gradas, que permiten, en días sosegados, sentarse y relajarse, con buena parte de la ciudad a tus pies.

Las tres terrazas se han unido entre sí mediante diversas pasarelas instaladas a este fin. El recorrido ofrece vistas de la cúpula principal, así como de las diversas torres que componen el Palacio Nacional, y también, hacia abajo, de algunos de los recoletos patios interiores que ofrece el edificio.

Desde la terraza lateral, orientada al noreste, se domina todo el centro de Barcelona, hasta la zona del río Besós. Destacan en la vista, por su altura, la Sagrada Familia, la Torre Agbar, la Catedral y la Basílica de Santa María del Mar. Hacia la zona del Puerto, destacan las tres chimeneas del Paralelo y el Monumento a Colón, al final de las Ramblas.
Desde la terraza lateral, el centro de Barcelona,
donde destaca la Catedral y Santa María del Mar.
(JMBigas, Enero 2014).

La terraza posterior está orientada al sureste, y desde ella se domina el resto de la montaña de Montjuïc. Muy próximo está el Palacete Albéniz, con los jardines de Joan Maragall, que lo rodean. El Palacete, inaugurado en 1929, es actualmente la residencia oficial de la Familia Real española durante sus estancias en Catalunya. Más hacia el sur y suroeste, destaca el Estadio Olímpico Lluís Companys, originalmente construido en 1929, y completamente reconstruido y rehabilitado para los Juegos Olímpicos de 1992, celebrados en Barcelona. Y algo más a la derecha, se ve el perfil inconfundible de la Torre de Telecomunicaciones de Montjuïc, obra del arquitecto valenciano Santiago Calatrava, inaugurada en pleno Anillo Olímpico en 1992.

Desde esta terraza se toma otro ascensor que desciende hasta la planta baja, en las inmediaciones del Gran Salón. El Gran Salón o Salón Oval es el centro del Palacio Nacional, sobre el que destaca la gran cúpula. En uno de sus extremos destaca un órgano monumental, originalmente construido por la casa alemana Walcker y Cia. Tras la restauración y ampliación realizada en 1955, tiene un impresionante tamaño de 34 metros de longitud por 11 metros de altura, y dispone de seis teclados.
La Torre de Telecomunicaciones de Montjuïc,
obra de Santiago Calatrava.
(JMBigas, Enero 2014).

Este Salón, originalmente diseñado para grandes celebraciones o acontecimientos, fue donde se desarrolló la ceremonia ofricial de inauguración de la Exposición Universal de 1929. Se utiliza con frecuencia para eventos masivos, como bailes de gala, conciertos o congresos, y dispone de un espacio libre útil de 2300 metros cuadrados y graderías para unos 1300 espectadores. Tras su última rehabilitación, dispone también de varios ascensores panorámicos para el acceso a las graderías.

Desde el Salón Oval se puede acceder a las diversas exposiciones del MNAC, así como al café restaurante y a la muy bien surtida tienda del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
Órgano monumental en el Salón Oval.
(JMBigas, Enero 2014).

La bajada desde el Palacio Nacional hasta la Plaza de España supone el reingreso en el entorno puramente urbano. Las escaleras mecánicas, también para el descenso, facilitan el acceso a todos los visitantes.

Para los muy amantes del arte y los museos, el MNAC puede ofrecer varias jornadas de placer. Para los más tibios, convendría reservar, durante la estancia en Barcelona, media jornada para visitar el Palacio Nacional y sus maravillosas terrazas panorámicas, así como alguna de las exposiciones que ofrece, de forma permanente o temporal, el Museu Nacional d'Art de Catalunya.

Para los amantes de las vistas urbanas desde enclaves elevados, las terrazas del MNAC, recientemente abiertas al acceso público, son ya una visita imprescindible durante cualquier estancia en Barcelona.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 35 fotografías, pinchando en la siguiente vista panorámica.


También podéis ver un breve vídeo, grabado en las terrazas lateral y posterior del Palacio Nacional (MNAC), así como en el Gran Salón o Salón Oval.


JMBA