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miércoles, 25 de abril de 2012

El Fútbol es un Juego

Lo decía ayer en televisión el propio Presidente del FCB, Sandro Rosell. Le honra haber dado la cara tras el disgusto monumental que la última semana ha supuesto para la afición azulgrana.

El fútbol es un juego, efectivamente, y no siempre gana el que tiene la mejor baza en la mano, porque hay muchos otros factores que también influyen. Ayer asistimos a la absoluta impotencia de un FCB agresivo, que manejó el balón y lo poseyó casi todo el tiempo, que sometió a un continuado asedio a la portería del Chelsea, pero fracasó en lo único que cuenta. Tras el partido de ida, que perdió en Londres por 1-0, no había otra que marcar este martes dos goles más que el Chelsea. Y el Barça fracasó en eso.
Messi, impotente, abatido y desconsolado, llorando
en medio del campo al final del partido.
(Fuente: sport)

En un desafortunado y violento choque con su propio portero, Piqué, que había controlado bastante bien la situación hasta entonces, quedó noqueado y tuvo que abandonar el campo. Pero en el minuto 45 de la primera parte, las cosas le iban totalmente de cara al FCB. Ganando por 2-0, estaba clasificado para la final de Munich. El veterano Terry cometió una estupidez (un rodillazo por la espalda, a la altura de los riñones, con alevosía, a Alexis; y fue justamente expulsado por el árbitro turco). El Barça jugaba con ventaja y frente a diez.

Pero a un suspiro de terminar la primera parte, ya en el tiempo de descuento, un contraataque aislado del Chelsea, seguido de una impecable vaselina, situó el marcador en 2-1, resultado que clasificaba al Chelsea.

La segunda parte fue un acoso continuado a la pobladísima área del Chelsea. Pero sin resultado alguno. Messi falló, por cuatro dedos (el balón despedido) un claro penalty. Los nueve del Chelsea hicieron piña con su excelente portero, y frustaron las escasas ocasiones claras que tuvo el FCB. Algún palo, y poco más.

Ya en el tiempo de descuento, con diecinueve jugadores apelotonados en el área del Chelsea, un despeje de la defensa le llegó al niño Torres, que resolvió fenomenalmente el cara a cara con Valdés, y estableció el definitivo 2-2 en el marcador. Un resultado que manda al Chelsea a la final de Munich y al Barça a intentar lamerse las heridas de una temporada que se ha ido oscureciendo en la última semana, con la final de la Copa del Rey que tiene que jugar a finales de Mayo contra el Athletic de Bilbao.

En fútbol, como en cualquier juego, no hay justicia ni injusticia, lo que manda es el resultado, y este sólo depende de los goles que cada equipo es capaz de marcar. El Chelsea, en dos jugadas aisladas, pero muy bien resueltas, eliminó a un Barça que puso casi todo el juego, pero se atoró en el área del Chelsea, y no supo (o no pudo) resolver.

Da la sensación de que el motor del Barça, de tanto alimentarlo con gasolina enriquecida, se ha anegado, y empieza a estar cansado (o aburrido) de ser él mismo tanto tiempo. Messi no está en sus mejores momentos, pero es que todos los equipos ya conocen su juego. Ayer, sólo tocar la pelota, ya tenía a cuatro defensores acosándole. Si no consigue sacar de la jugada una falta que le dé ventaja, todos sus esfuerzos son baldíos. Y no consiguió recuperarse del golpe moral de que el lanzamiento del penalty (que hubiera podido representar la clasificación de su equipo) se le fuera al larguero.

En ningún juego se remuneran los esfuerzos, sino solamente los resultados. Y, aunque suene a tópico, en el fútbol (también) es así.

En un juego tan de truhanes como es el Póker, existe una norma (aplicada muy pocas veces, por motivos obvios), que evita que ningún jugador pueda tener en su mano una baza ganadora sin ninguna duda. En caso de que en una mano uno de los jugadores tenga una Escalera Real (la escalera de color más alta que existe, A-K-Q-J-10), no está absolutamente seguro de ganar. Porque si otro jugador tuviera la escalera de color más baja (A-2-3-4-5), éste ganaría la baza. Incluso si hubiera dos jugadores con estas bazas en la mano, un tercero con cualquier escalera de color media (por ejemplo, la 6-7-8-9-10), entonces sería este el ganador. El objetivo es que, incluso con la mejor baza posible en la mano, el resultado también depende de lo que tengan los rivales en la mano, o de cómo jueguen. Claro que raramente se ve una Escalera de Color en el póker, y mucho menos dos o incluso tres.

Y esto le está pasando al FCB, aparte de su cansancio (bastante natural) y sospecho que también un cierto hastío de que los grandes equipos ya han entendido su forma de jugar, y le oponen un tipo de juego que le hace daño.

Creo que el Barça de Guardiola ha desarrollado un estilo de juego que asombra y entusiasma a los aficionados. Pero necesita añadir algunas alternativas que le ayuden a desatascar las situaciones como la que ayer se produjo. Porque si no hay otra alternativa, le veremos sucumbir, como ayer noche, con una Escalera Real en la mano.

Felicito al Chelsea, porque ha conseguido eliminar a un excelente FCB, haciéndole el juego que más daño le hace a su estilo de fútbol. En su campo consiguió mantenerse imbatido (ahí es donde realmente ganó la eliminatoria) y en el Camp Nou resistió como un jabato el acoso de un Barça ciertamente embotado, pero letal si se abre el menor espacio. Y supo dar un par de puñaladas cuando más daño hacen.

No siempre el que los deseos se cumplan significa que conseguimos lo que anhelábamos. Cuentan que de esa lámpara maravillosa en la orilla de la carretera surgió un genio, que ofreció al caminante que uno de sus deseos se cumpliera. Tras pensarlo un poco, el caminante le pidió al genio que su miembro le llegara al suelo. Tras un momento, desaparecieron sus dos piernas, viéndose cumplido su deseo... de una forma no buscada.

Muchos hinchas del Barça habían manifestado que no les gustaba tener que enfrentarse en la final al Real Madrid de nuevo. Sus deseos se han visto satisfechos, aunque no era eso lo que esperaban.

Sólo me queda desearle la mejor de las suertes al Real Madrid, para que pueda remontar esta noche en el Bernabeu el 2-1 a favor del Bayern, y esté presente, como sin duda merece, en la final de la UCL que se celebrará justamente en el Allianz Arena de Munich.

JMBA

jueves, 28 de abril de 2011

RMA 0 - FCB 2. Un análisis

Me encantan las novelas de trama conspirativa. Donde hay templarios redivivos, oscuras corporaciones que manejan los hilos del mundo, y héroes anónimos que se enfrentan a ellos y acaban venciéndoles.
Pepe fue expulsado por el árbitro con roja directa
(Fuente: Marca)

Pero no creo en las conspiraciones. Cuando alguien alega que existe una conspiración contra él o contra su empresa, habitualmente es que no ha hecho bien los deberes. Que ha estado necio, perezoso o negligente en su tarea.

No trago a los/las que hacen del llanto un activo para la negociación. El que llora porque el mundo está contra mí,  habitualmente sabe que ha cometido errores y los quiere enmascarar. Sabe que ha estado equivocado en sus planteamientos y en sus acciones, que estuvo necio en sus decisiones, zafio en sus recomendaciones, e indolente para reaccionar ante los hechos.

Y, desde luego, ayer por la noche, tras finalizar el partido de ida de las Semifinales de la Champions en el Santiago Bernabeu, Mourinho dio las peores muestras de todo eso. De hecho, la UEFA está esperando un informe del árbitro para, posiblemente, abrirle un expediente sancionador de envergadura por sus palabras y su actitud.

En la sala de prensa, manifestó su impotencia a base de lloros y oscuras conspiraciones. Que el Real Madrid ya está eliminado de la Champions, porque si allí marcamos un gol, ya nos matarán. Acusó a Guardiola de haber ganado una Champions que a mí me daría vergüenza ganar así, invocando de nuevo el escándalo de Stanford Bridge (el estadio del Chelsea). Como mi memoria futbolística es de recorrido extraordinariamente corta (por eso escribo mis impresiones a vuelapluma, antes de que olvide hasta el resultado), no entro ni salgo de ese que parece espinoso tema.

Pero añadió que si Guardiola gana otra Champions este año, será por el escándalo del Bernabeu. Eso sí, repitió varias veces que Guardiola es un fantástico entrenador de fútbol, y que el Barcelona es un gran equipo. Pero dijo, más que insinuó, que el Barcelona gana gracias a una oscura conspiración de la UEFA o el villarato, que incluso premiaría al Barcelona por su publicidad gratuita de Unicef (lo cual constituye un golpe especialmente bajo).
Mourinho también fue expulsado, por sus reiteradas protestas
(Fuente: Marca)

No creo que valga la pena insistir mucho más en el contenido de la rueda de prensa de ayer que dio Mourinho. Era un hombre muy herido y afectado por su sentimiento de impotencia. Y sus palabras le podrían costar una sanción ejemplar de la UEFA.

Yo me quedo con las palabras de Valdano: Sólo el árbitro fue más determinante que Messi.

Un lance del juego provocó (más o menos en el minuto 60) que el árbitro mostrara la tarjeta roja a Pepe. El origen fue una falta a Alves donde Pepe fue con los tacos por delante directamente a la tibia del contrario. Hay algún vídeo (a cámara lenta, que mostró el programa Punto Pelota) que demuestra que Pepe no llegó a tocar a Alves. Lo cierto es que en directo (y sin moviola), que es como al árbitro se le obliga a tomar decisiones, la acción pareció exageradamente agresiva y violenta. La pierna de Pepe, con los tacos por delante, se olvidan del balón y buscan directamente la tibia de Alves. Este fue listo, y hurtó su pierna al impacto. Afortunadamente, porque podría haber acabado con la pierna rota.

El árbitro, escuchando la opinión de su auxiliar, bajo la presión de los jugadores del Barcelona y teniendo en cuenta (supongo) que la reiteración de Pepe en las faltas al límite ya se había mostrado durante el partido hasta ese momento, tomó la decisión de expulsarle del campo.

Podría haber mostrado sólo tarjeta amarilla, y hoy muchos considerarían injusta esa decisión, pidiendo la expulsión.
Messi desplegó sus mejores habilidades
(Fuente: Marca)

Si se quieren evitar los escándalos que a menudo provocan las decisiones arbitrales, la tecnología aporta soluciones para que esas decisiones pudieran ser más informadas. Pero cada vez que se ha planteado la introducción de este tipo de ayudas, todos los estamentos del fútbol han sido siempre contrarios, no entiendo muy bien por qué motivos. Sospecho que porque parte del espectáculo es también eso.

Tras la expulsión, el Real Madrid se desarboló bastante, el Barcelona siguió con la táctica que había seguido hasta entonces, controlando la posesión del balón y atisbando las posibilidades de pase con ventaja. Messi apareció como el gran jugador que es y marcó un primer gol (nada fácil, por cierto), de volea tras un centro excelente de Affelay al primer palo.

Y unos minutos después nos deleitó a todos con una de sus jugadas magistrales, donde regateó, dribló y burló hasta a cinco defensores del Real Madrid, y marcó el segundo gol, batiendo también a Casillas.

¿ Pero qué había pasado hasta el minuto 60 ?.

Tras ver el pasado sábado a un Real Madrid fresco y poderoso goleando al Valencia en Mestalla, publiqué hace unos días un artículo que titulé Reflexiones de un culé preocupado. Porque me parece que el Barcelona ha llegado a este final de temporada un poco justito de fuerzas y de banquillo, mientras que el Real Madrid hizo el sábado una demostración de poderío.

Sin embargo, ayer, nada de todo eso se puso sobre el campo. El Barcelona salió a jugar su juego, a controlar y distribuir el balón, buscando su oportunidad. El Madrid, respetuoso como siempre se debe frente a un contrario de esta calidad, salió, no entiendo por qué, con el 0-0 en la cabeza. Se dedicó a intentar robar el balón al contrario, que lo mimaba y acariciaba como ya viene siendo habitual. Pero cuando lo conseguía (a base de frecuentes brusquedades y algunas acciones próximas a la violencia), no sabía muy bien qué hacer con él. Lo rifaba y lo perdía muy rapidito.

Hubo algunas oportunidades por ambas partes, pero ningún gol hasta ese minuto 60. Si no hubiera habido la expulsión (pero sí una tarjeta amarilla; menos que eso no se entendería), ¿qué hubiera pasado en la media hora restante?. Nadie lo sabe. Pero podemos intuir que lo más probable es que el partido terminara 0-0; o bien que uno de los dos aprovechara algún acierto propio, o un descuido del contrario, y marcara gol. Hubiera forzado al contrario a ser más ambicioso, quizá a dejar más espacios, y quizá hubiera llegado un segundo gol. Pero todo eso no son más que especulaciones.
Mourinho contempla preocupado la marcha del partido
(Fuente: Marca)

Cuando se salta al campo aceptando una posesión del balón en desproporción 70-30 a favor del contrario, y con el objetivo de arrebatarles el balón para algún contraataque rápido, se pone uno al límite del juego brusco, viril (¿por qué le llamarán así?) o incluso violento. Se especula con que no te sancionen demasiado las faltas de tus jugadores, en la pugna por robar el balón. Se corre un riesgo elevado de cargarse de tarjetas amarillas, o incluso de una expulsión. Que es lo que sucedió.

Si vemos a un conductor con dos copitas de más, soñoliento y conduciendo a 200 por hora, todos estaremos de acuerdo en que está corriendo un riesgo elevado de estrellarse. Si le detuviera la policía, todos entenderíamos que recibiera una fuerte sanción. Si al final se produce un accidente, este es cualquier cosa menos accidental. Eso le pasó ayer a Mourinho y al Real Madrid. Jugaron con fuego, confiando en no quemarse los dedos.

Desde luego, contra 10, el Barça desarrolló un juego aterciopelado, de exquisito control del balón, y Messi brilló con su máximo esplendor. Consiguió salir del Bernabeu ganando por 2-0, con dos goles de exhibición, y enfrentarse al partido de vuelta con franca superioridad. Prácticamente oliendo la final de Wembley.

Ese piloto suicida, si sobreviviera al accidente, seguramente diría si yo estaba bien. Pero cualquier otro pensaría que se ha encontrado lo que buscaba.

Francamente no entiendo por qué un equipo que manifestó un poderío tan avasallador el sábado anterior en Mestalla, se enfrenta al Barcelona en el Santiago Bernabeu con un planteamiento timorato, rácano, a menudo zafio, ciertamente brusco, y con el 0-0 en la cabeza. Arriesgándose a que le pasara lo que finalmente le pasó.

Y no quisiera pensar que la (dudosa) decisión arbitral haya sido simplemente una excusa que le ha servido a Mourinho para desplegar su llorera y autocompasión, y las teorías conspirativas más atrevidas. Y que le haya permitido esconder o llevar a segundo plano lo que, en mi opinión, fue un error grave de planteamiento del partido.

A quien no hace los deberes, las cañas se le tornan lanzas.

JMBA

martes, 26 de abril de 2011

Reflexiones de un culé preocupado

Estos últimos días he tenido bastantes intercambios epistolares (comentarios y contracomentarios) con diversos amigos (madridistas y culés) por Facebook y el correo electrónico. No soy un culé fanático, ni soy socio, pero sí partidario o simpatizante.
Josep Guardiola, entrenador del FC Barcelona
(Fuente: fcbarcelona.cat)

Lógicamente, en este momento, tras vencer la Final de Copa, los madridistas sacan pecho, y los culés andan (andamos) más modositos. Pero los madridistas afean (y con razón) la conducta de Messi en el Bernabeu, cuando le pegó un pelotazo al público en una acción imperdonable en un profesional. Pero, al mismo tiempo, se quejan amargamente de lo que entienden como un sesgo proculé de toda la prensa generalista, que no ha condenado el hecho ni, prácticamente, ha hablado casi de él.

Me he cansado de la polémica, y he decidido dedicar un artículo a mi visión actual de todas estas situaciones. Y no entrar más al trapo de los comentarios, las réplicas, las contrarréplicas y los por alusiones, que prometen no tener final.

En las páginas de Facebook del FC Barcelona y la (presunta) de Leo Messi (que tiene más de 10 millones de seguidores, pero que todos dudan de que Leo ni siquiera conozca su existencia), dejé sendos comentarios afeando la acción de Messi, y recomendando que emitiera una disculpa pública, ya que no había sido castigado por el árbitro con una tarjeta amarilla. Sé que (ob)tuve varios Me Gusta, pero no he visto ninguna reacción por su parte. Y un hecho nimio, en principio, se va magnificando con el paso de los días, y los nuevos retos inmediatos a los que deberán enfrentarse ambos equipos en los próximos días. En estas condiciones, es de esperar que este miércoles, en el primer partido de las Semifinales de la Champions en el Bernabeu, cada vez que Messi toque el balón (esperemos que lo haga con frecuencia y acierto), habrá pitidos y abucheos generalizados.
José Mourinho, entrenador del Real Madrid
(Fuente: realmadrid.com)

Supongo que todo el mundo entiende, y lo espera así, que el Sport sea descaradamente proculé, mientras que el Marca sea madridista hasta la médula. Está en sus genes, y es lo que esperan sus lectores. A estos actores hay que disculparles, pues, que siempre sean parciales en sus interpretaciones de los hechos.

Pero es cierto que los medios generalistas (prensa, radio, TV), de quienes se espera imparcialidad, se están comportando en estos últimos tiempos con franca preferencia por el Barcelona de Guardiola y Messi, y contra el Real Madrid de Mourinho y Cristiano Ronaldo. Con astracanadas y salidas de tono impresentables de algunos (presuntos) periodistas deportivos.

Bueno, hay que reconocer que Guardiola se ha esforzado especialmente en cultivar una imagen de máxima gentileza y educación, acompañada de (por lo menos aparente), modestia y humildad. Creo que, en general, ha tratado a los periodistas (en las ruedas de prensa, especialmente), con amabilidad y deferencia. Sea real o fingida, es la sensación que le queda al espectador.

Por otra parte, Mourinho se ha esforzado en cultivar una imagen pública (estoy seguro de que en la intimidad su personalidad no tiene nada que ver; hay datos que abonan esta teoría) arisca y faltona. Ha protagonizado plantes a los periodistas: fue famosa la rueda de prensa donde lideraba su segundo (Aitor Karanka) y, estando él presente, se negó a contestar ninguna pregunta. La mayoría de periodistas se ausentaron de la sala de modo inmediato. En la siguiente rueda de prensa, en venganza, Mourinho se negó a contestar a los periodistas "si no eran los dueños de su medio", en justa compensación.

Parece natural que cualquiera tenga tendencia a besar la mano que le acaricia, y a morder la mano que le azota. Por lo tanto, el Real Madrid y el madridismo no tienen más remedio que aceptar que la Prensa, tan diferentemente tratada, manifieste (clara o encubiertamente) una preferencia por el Barcelona en estos tiempos. Entiendo que esto es sabido (a Mourinho le precede una larga leyenda) y que, por tanto, el efecto está estudiado y descontado de antemano.

Por otra parte, la principal figura internacional del Barcelona, Messi, ha cultivado una imagen de niño bueno, solidario, humilde y demás. Y digo bien, una imagen, porque nadie sabe de verdad lo que se dirá frente al espejo con los pelillos revueltos de recién dormido. Esta imagen está consiguiendo que, en general, los periodistas y comentaristas tengan una tendencia natural a ser condescendientes con él y a ser benévolos con sus pecados veniales. Por no hablar de Xavi o Iniesta, a los que cualquier madre desearía como yernos. 

En cambio, la imagen de la principal estrella internacional del Real Madrid, Cristiano Ronaldo, es completamente opuesta. Su presencia pública tiene más de chulito de barrio, de castiganenas de suburbio, que, por supuesto, de niño bueno. Su presencia en el campo siempre sugiere tensión y acritud, ha tenido muchas manifestaciones gestuales incluso contra sus propios compañeros, cuando le ha parecido que no le facilitaban el juego requerido. Esta actitud, por supuesto, no facilita ganarse la benevolencia de los neutrales, tibios o contrarios, sino que da alas a la crítica. Para los partidarios, desde luego, cualquier cosa es dispensable, excusable y hasta loable.

Esta es la realidad que tenemos ahora mismo, fruto de muchos meses de juego y de presencias públicas.

Por otra parte, desde el punto de vista del fútbol desarrollado en el campo (no en los vestuarios, ni en las salas de prensa, ni ante la alcachofa de los periodistas) el Barcelona ha enamorado y seducido a aficionados de todo el mundo. Ha desplegado un estilo de juego basado en el control aterciopelado del balón, y la búsqueda permanente de la ventaja en el juego, con pases en profundidad y desmarques sin balón.

El Real Madrid, por el contrario, en estos últimos tiempos ha practicado un juego un poco más zafio y físico. Basando su ventaja en la velocidad del contraataque y en la extrema calidad de su artillería en la delantera.
Cristiano Ronaldo
(Fuente: realmadrid.com)

Pero, lo cierto, es que el Real Madrid sería campeón destacado de esta Liga, si no existiera el Barcelona. Desde el punto de vista de los resultados, ha realizado una campaña excelente, ganando muchos partidos con claridad y autoridad, y goleando a menudo. Pero parece claro que no basta con ser muy bueno, sino que hay que ser el mejor. Si no sucede una catástrofe, la Liga de este año ya la ha ganado el Barcelona, y no hay mucho más que discutir por este lado.

En la Final de Copa, el Real Madrid fue justo ganador. Fue un partido de poder a poder, que tuvo que resolverse en la prórroga con un gol excelente de Cristiano Ronaldo. Intentar enturbiar este hecho (por ejemplo, con el gol no válido por fuera de juego de Pedro) son ganas de retorcer la realidad.

Pero en la próxima semana nos enfrentamos a los partidos de ida y vuelta de las Semifinales de la Champions. La Champions es una competición por la que el Real Madrid y el madridismo en general tienen especial predilección y amor. Buscan la Décima con denuedo.

En las últimas semanas hemos podido ver varios partidos de los dos equipos, incluyendo los dos que les han enfrentado directamente (vuelta de Liga y Final de Copa). La conclusión me parece muy evidente: el Barcelona ha llegado a este final de temporada muy mermado de fuerzas, afectado por las lesiones, y está demostrando que el banquillo ya no da mucho más de sí. Por el contrario, el Real Madrid está pletórico de fuerza, y la demostración que hizo el sábado en Valencia, con (casi) su segundo equipo, fue para quitarse el sombrero. Conseguir un 3-6 en Mestalla no está al alcance de casi nadie.

En estas condiciones se van a enfrentar este miércoles en el Bernabeu y el siguiente martes en el Camp Nou, por una plaza en la final de Wembley. Visto lo que hemos visto últimamente, honestamente pienso que el Real Madrid tiene ahora mismo más posibilidades que el Barcelona de llegar a la final de la Champions. Por fuerza, por garra, por coraje y por calidad. El Barcelona está justito de fuelle, y veremos si consigue darle la vuelta a la situación con el arte con que nos ha deleitado a los seguidores durante estas últimas temporadas.

Esa será la única batalla real, en el campo, con el balón y en dos períodos de noventa minutos en Madrid y Barcelona (si no hiciera falta prórroga para el segundo partido). Pero hay otra batalla por detrás, que es la mediática. Que afecta, por lo que se ha visto últimamente, al criterio de algunos árbitros al juzgar las acciones de unos y otros. Como si entendieran que unos son inocentes mientras no se demuestre lo contrario, y los otros son culpables mientras no demuestren lo contrario.
Leo Messi
(Fuente: fcbarcelona.cat)

Me parece claro que en el criterio de los árbitros al juzgar los hechos durante un partido, son definitivas las circunstancias inmediatas del hecho, así como la actitud de reiteración o reincidencia. Como teoría, las tarjetas amarillas de amonestación deben mostrase ante hechos graves (los gravísimos deberían conllevar tarjeta roja) así como por la acumulación de hechos leves. Cualquier asomo de agresión, así como toda desconsideración al contrario o al público, deben ser castigados sin matices, vengan de donde vengan.

El juego que ha desarrollado el Barcelona, basado en el control y posesión del balón, en los desmarques sin balón y en la rápida identificación de líneas de pase ventajosas, sólo puede contrarrestarse a base de arrebatarles el balón. Esto se puede hacer con finura, o rozando la brusquedad. Lógicamente, el juego del contrario orientado a arrebatarles el balón puede conducir a un número más elevado de faltas, y por lo tanto, a más posibilidades de tarjetas amarillas, aunque sólo sea por reiteración. Que alguien como Pepe, que se vacía en cada partido, pero que cae con cierta frecuencia en la brusquedad, acabe con una o dos tarjetas amarillas un partido no debería sorprender a nadie en exceso. Es el riesgo que debe aceptarse por jugar de esa forma.

En fin, para estas Semifinales confiemos que los arbitrajes sean neutros, que no favorezcan a ninguno de los dos equipos. Los árbitros lo tienen todo de su parte, ya que se tratará de árbitros internacionales no españoles, y por lo tanto, podrán aislarse de las influencias externas en la consideración de una u otra forma de cada equipo. Juzgar estrictamente lo que suceda en el campo, sin más background cultural.

Este culé preocupado, que soy yo, se da cuenta de que las probabilidades en el campo de juego están ahora mismo a favor del Real Madrid.

Y para los madridistas acérrimos (como mis amigos Ansgar y Felipe, con quienes he intercambiado algunos comentarios algo subiditos de tono en el Facebook) simplemente decirles que la imparcialidad absoluta no existe, y que no se puede pretender que si cada vez que te tocan, pinchas, te besen con frecuencia.

Deberían tomar nota del comentario de Miguel Ángel Rodríguez. El antiguo asesor de Aznar ha sido condenado hace unos días a pagar una multa de 10.000 euros al Doctor Montes, por haberle llamado nazi repetidas veces en diversos programas de televisión. Según él mismo afirma en su blog, la condena debería haber sido la de pagar un tercio de la multa (10€ al día durante 11 meses), pero que el juez decidió que el acusado "manifestaba tener posibles" y que por tanto le triplicó la multa. Su conclusión es que al juzgado no debería acudirse con traje, camisa limpia y corbata, sino con tejanos raídos y camisa de leñador.

Bueno, no niego que Mourinho sea un excelente entrenador (que lo ha demostrado y lo está haciendo también en el Real Madrid), pero el personaje público que se esfuerza en representar no resulta agradable para nadie no entregado. Que genere cierta aversión en los neutrales es inevitable. El marketing también tiene sus normas, y el buen paño en el arca NO se vende; hay que salir a publicitarlo y a venderlo. Tratar a la Prensa y al público en general con deferencia y amabilidad es una servidumbre que devuelve con creces lo invertido.

Sólo terminar deseando que podamos ver dos grandes partidos estos próximos días, posiblemente entre los dos mejores equipos del mundo en este momento. Desearles suerte a todos, que gane el mejor, y que no tengamos que recordar ni siquiera el nombre del árbitro.

JMBA