Querido Paseante, siempre eres bienvenido. Intenta escribir algún comentario a lo que leas, que eso me ayuda a conocerte mejor. He creado para ti un Libro de Visitas (La Opinión del Paseante) para que puedas firmar y añadir tus comentarios generales a este blog. Lo que te gusta, y lo que no. Lo que te gustaría ver comentado, y todo lo que tú quieras.


Pincha en el botón de la izquierda "Click Here - Sign my Guestbook" y el sistema te enlazará a otra ventana, donde introducir tus comentarios. Para volver al blog, utiliza la flecha "Atrás" (o equivalente) de tu navegador.


Recibo muchas visitas de países latinoamericanos (Chile, Argentina, México, Perú,...) pero no sé quiénes sois, ni lo que buscáis, ni si lo habéis encontrado. Un comentario (o una entrada en el Libro de Visitas) me ayudará a conoceros mejor.



Mostrando entradas con la etiqueta sindicatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sindicatos. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de marzo de 2012

El Estupor de los Sindicatos


Parece claro que los Sindicatos no están pasando por su mejor momento de influencia y popularidad. Posiblemente el origen de ese deterioro esté en que les está faltando un poco de cintura y de sintonía fina para adaptar su labor a los tiempos que corren, y a los que nos esperan.
Los líderes sindicales, en la rueda de prensa inmediatamente
anterior a las manifestaciones del domingo.
(Fuente: lavozlibre)


Tampoco es ajena su mala prensa a la actitud indolente que han adoptado durante los (casi) ocho años de gobierno socialista, en la que han asistido impertérritos al progresivo deterioro del mercado laboral y a un número creciente de desempleados. Se dice que anestesiados por muy jugosas subvenciones del Gobierno para la impartición de formación a trabajadores y parados. Y es conocido que hasta la aceitera más limpia e impoluta, siempre nos acaba untando los dedos.


Pero en estos tiempos revueltos no debemos, de ningún modo, empezar a demonizar colectivos y organizaciones. Parece inevitable que en momentos como este en que tan poco queda para intentar repartir, a la solidaridad la sucede el individualismo, el sálvese quien pueda. Quien tiene (todavía) un empleo está dispuesto a lo que sea para mantenerlo. Porque la única alternativa posible es el desempleo (situación en la que, muy probablemente, ya están algunos de sus familiares, vecinos y amigos).


A los funcionarios no les queda más remedio que, presuntamente a cambio de su empleo vitalicio, aceptar sucesivos recortes en sus salarios y derechos. Muchas empresas privadas han avanzado también por este camino, negociando reducciones de jornada laboral a cambio de disminuciones proporcionales en el coste salarial.


A nada nos conduce demonizar al colectivo de los que todavía están empleados, o a los propios Sindicatos, que, por otra parte, no acaban de salir de su estupor. Un desconcierto que tiene mucho que ver con que deben enfrentarse a circunstancias para las que no estaban preparados.  


La principal función de los Sindicatos, tal y como los conocemos hoy en España, es, si acaso, defender los intereses de los trabajadores. A través de las negociaciones colectivas y, eventualmente, las movilizaciones, huelgas y demás, saben luchar para conseguir que el trozo de un pastel creciente dedicado a los trabajadores sea algo más grande de lo que sería si no existieran. En otras palabras, su estructura mental está preparada para alterar la distribución de la riqueza creada, en favor de los trabajadores.


Dicho sea de paso, con un éxito menos que relativo, pues las últimas décadas nos han traído un agravamiento muy serio de la desigualdad. Es decir, los ricos lo son cada vez más, mientras que los pobres se siguen empobreciendo. Usando ricos y pobres en el sentido más amplio posible.
Curioso. Esta convocatoria era para el
29 de Septiembre de 2010.
(Fuente: noblezabaturra)


Y ello nos ha traído la Trampa Gigante de la Desigualdad. En Estados Unidos, por ejemplo, en las últimas cuatro décadas se ha pasado de un 8% del PIB detentado por el 1% de la población, a una concentración de hasta el 20% del PIB en manos de ese 1% de más ricos. Os recomiendo un excelente artículo (en inglés, eso sí), publicado sobre este tema por el Social Europe Journal.


Los Sindicatos mayoritarios en España (CCOO y UGT) convocaron manifestaciones este pasado domingo (por cierto, un 11-M, lo que generó más polémicas todavía; para evitar la fecha del 18 de Marzo, en medio del puente de San José), que tuvieron una afluencia bastante limitada. Los medios más contrarios llegaron a decir que sólo habían asistido los liberados sindicales, en defensa de sus propios privilegios.

Y también han convocado, con más miedo que vergüenza, una Huelga General para el 29 de Marzo, que ya veremos en qué resulta. Me da la sensación de que la gran mayoría de empleados y también de parados creen que este no es tiempo de algaradas y protestas, sino de trabajar todos juntos para intentar salir de una situación extremadamente crítica.


No ha contribuido, por cierto, al prestigio de los Sindicatos las infinitas reuniones sin acuerdos que han mantenido con la Patronal y tanto con el gobierno socialista anterior como con el actual del PP. No conseguir llegar a un acuerdo significa que, muy probablemente, siguen intentando defender cosas que ya no son de estos tiempos. En estos momentos, la principal obsesión debe ser conseguir que de la crisis salgamos todos y que no quede un reguero de cadáveres económicos en la cuneta. Que cuando consigamos recuperar la senda del crecimiento, con el esfuerzo de todos (no hay otra), disminuya la desigualdad y se distribuya mejor la riqueza creada.


Creo que han perdido la ocasión de transigir con algunas medidas duras pero temporales, a cambio de un horizonte más despejado para todos. En revancha, el Gobierno ha publicado una Reforma Laboral que se carga de un plumazo, y para siempre, muchos derechos que ha costado décadas conseguir.


Con su tozudez creo que están opositando a que puedan acabar siendo organizaciones prescindibles. Y eso no será bueno para nadie.


Como siempre, casi nada sucede por primera vez. Todo ha pasado ya alguna vez antes, en algún lugar. Pero no aprendemos. He tenido ocasión de leer recientemente un excelente y ameno libro titulado No Such Thing as Society (subtitulado A History of Britain in 1980s). La década de los 80 fue dominada en el Reino Unido por Margaret Thatcher (Primera Ministra desde 1979 hasta 1990). Thatcher era una neoliberal convencida (que hizo tándem político con el más siniestro Ronald Reagan), monetarista de la Escuela de Chicago y enemiga militante de los Sindicatos (las poderosas -hasta entonces- Unions).


Los Sindicatos en Gran Bretaña terminaron esa década terriblemente debilitados. Para ilustrar la lección que deberíamos aprender, valga como muestra un botón. Se empeñaron en defender derechos (o privilegios) que ya no estaban en consonancia con los tiempos que corrían. Por ejemplo, las Unions dictaban cuántos componedores (los que elaboraban casi manualmente la maquetación de las páginas de los periódicos) hacían falta para cada empresa y para cada actividad. Además, los empleados debían ser obligatoriamente miembros del Sindicato correspondiente. Las nuevas tecnologías, especialmente los ordenadores, ya permitían que los propios periodistas colocaran sus noticias en el formato de la página del periódico. Dramáticamente, las Unions descubrieron, demasiado tarde para ellos, que ya carecían de la capacidad de presión de la que habían gozado hasta entonces. De alguna forma intentaron oponerse al progreso, y este les pasó por encima.


Y no perdamos de vista que la amenaza, para todos, es justamente ese debilitamiento y desprestigio de los sindicatos, que parecen incapaces de convivir con los nuevos tiempos. De ahí el título de ese libro. Margaret Thatcher, en la euforia tras su tercera victoria electoral, fue entrevistada para una revista femenina. En ella se quejaba amargamente de la tendencia moderna a confiar en que la sociedad resuelva los problemas que tiene la gente, las personas, los ciudadanos. Y se preguntaba, ¿pero quién es la sociedad?.


Con la intención de dejar más claras todavía sus ideas, Margaret Thatcher insistía del siguiente modo:


"There is no such thing as society. There is a living tapestry of men and women and people and the beauty of that tapestry and the quality of our lives will depend upon how much each of us is prepared to take responsibility for ourselves"


(Cita de la revista Women's Own, 31 de Octubre de 1.987, tomada del libro No Such Thing as Society, de Andy McSmith, publicado por Constable-London en 2011)


Mi traducción libre sería como sigue: "No existe lo que llaman sociedad. Lo que existe es un tapiz vivo de hombres, mujeres y gente (sic) y la belleza de ese tapiz y la calidad de nuestras vidas va a depender de cuánto cada uno de nosotros esté preparado para tomar la responsabilidad de nosotros mismos".
Margaret Thatcher,  Primer Ministro del Reino Unido
(1979-1990)
(Fuente: prensarosa)


Todo un manifiesto individualista. En otras palabras, entre los caprichos del capitalismo y cada ciudadano no habría más que su capacidad de tomar la responsabilidad de su propia vida. Un mundo de perros grandes y pequeños que se devoran sin piedad unos a otros, abandonados a su suerte.


Para intentar evitar que esas palabras de la Thatcher describan a nuestra sociedad del futuro, es básico que los Sindicatos se sacudan de encima el estupor y el desconcierto que les está abatiendo, y sean capaces de seguir desarrollando un papel de amortiguación social en los tiempos venideros.


No debemos demonizar a los Sindicatos. Pero condescendencias las justas. Que asuman ya de una vez el papel que les toca llevar adelante en los tiempos que vienen.


Que se vayan poniendo las pilas, que se apaga la luz.

JMBA

viernes, 4 de febrero de 2011

El Recorte de las Pensiones

Utilizo el término de Recorte (en lugar del políticamente correcto de Reforma), porque, a final de cuentas, es de eso de lo que estamos hablando. Y no deja de sorprender la atonía, pasividad y falta de resistencia de la opinión pública y de los ciudadanos en general. Quizá sea porque todos hemos acabado aceptando que la alternativa sería peor, o algo así.
Una ilustración esquemática de la pirámide demográfica
(Fuente: finanzzas)

Está claro que este Recorte viene prácticamente obligado por una serie de circunstancias, de todos conocidas. La pirámide demográfica, que amenaza con la jubilación en los próximos años de la generación del baby boom, y la escasez de recaudación, debido a una tasa de inactividad (o paro) exageradamente elevada, son los detonantes inmediatos de tener que abordar esta reforma ahora. Las últimas cifras sobre el 2010 publicadas por el Secretario de Estado para la Seguridad Social (en las que un mínimo superávit procede de los intereses del Fondo de Reserva) auguran grandes batacazos para los próximos años, si no se cambian las condiciones de contorno. Es decir, si no se recortan los derechos de los ciudadanos a percibir pensiones públicas tras su jubilación.

Los Sindicatos (que a menudo parecen formar parte del aparato del Estado) se han sentado con el Gobierno y han acordado una serie de modificaciones (léase recortes) sobre el sistema de pensiones contributivas. Básicamente se retrasa la edad de jubilación desde los 65 hasta los 67 años, y además se exigen 37 años de cotización para alcanzar la pensión máxima. Es decir, globalmente, ambas variables se aumentan en dos años.

Hay una serie de modificativos y considerandos, que conviene tener en cuenta. El paso a la jubilación a los 67 años será gradual. Entre 2013 y 2018 irá aumentando a raíz de un mes por año, mientras que entre 2019 y 2027 aumentará dos meses por año. En otras palabras, los nacidos hasta 1947 podrán jubilarse a los 65 años. Los nacidos a partir de 1960 no se podrán jubilar hasta los 67 años. Y para todos los que hemos nacido entre esos dos años nos tocará una cifra intermedia.
El ingenio no ha parado de fluir
al hilo de este sangrante tema
(Fuente: IU)

Cualquiera podrá seguir jubilándose a los 65 años, siempre que acredite 38,5 años de cotización (que más parece una condena penitenciaria). Y hay algunas consideraciones especiales para la etapa profesional de becario, donde habrá una fórmula para que conste como período de cotización (hasta un máximo de dos años, pero no tengo claro quién lo paga) así como para las mujeres que hayan interrumpido su vida laboral para cuidar a sus hijos recién nacidos, para quienes también contará como cotizado un período máximo de dos años.

Pero vayamos a la realidad del país y de los ciudadanos. Yo he trabajado casi treinta años en una multinacional, y sólo recuerdo a una persona que se jubilara a los 65 años (y, casualmente, era el Director de Recursos Humanos). La gran mayoría fueron invitados a retirarse con antelación, bajo distintas modalidades de incentivo. Por ejemplo, cobrar durante dos años el subsidio de desempleo, y percibir una indemnización que compensara por los años que le faltaran a cada cual para llegar a la edad legal de jubilación. O la simple indemnización legal por despido improcedente.

En general, parece evidente (aunque deberíamos hacérnoslo mirar) que las empresas no quieren mantener en plantilla a profesionales mucho más allá de los cincuenta y no muchos años. Pasados los cincuenta, las probabilidades de ser expulsados del mercado laboral son muy elevadas. Hasta la edad de jubilación, cada cual se busca la vida, trabajando en chapucillas como autónomo, realizando algún tipo de consultoría (muchas veces incluso para la empresa que le expulsó), o cualquier otra cosa que complemente los ingresos hasta un nivel que pueda resultar suficiente. Y estableciendo un convenio especial con la Seguridad Social, para pagársela de su bolsillo durante unos años, a fin de no sufrir merma en el importe de la pensión a la que acaben teniendo derecho.

Por otra parte, los jóvenes que realizan algún tipo de estudios universitarios, se encuentran muchas veces que a los treinta años todavía están inmersos en esquemas de temporalidad, con sueldos escasamente mileuristas y sin ninguna perspectiva de fidelización a la empresa, mediante contratos fijos y/o planes de carrera.
Ciudadano español, en plena degustación.
(Fuente: padylla)

En estas condiciones, conseguir treinta años de cotización ya parece una misión complicada, cuanto más llegar hasta los 37. Para un titulado de 30 años que consiga estabilizarse en un empleo más o menos fijo (o al menos, indefinido), con sueldo razonable y cotización completa a la Seguridad Social, su única esperanza (más bien vana) es mantenerse en actividad laboral prácticamente sin interrupciones hasta los 67 años, con lo que atesoraría los 37 años de cotización que le garantizarían la pensión máxima. Recordemos que alguna interrupción, siempre que esté cubierta por el subsidio de desempleo, consta a todos los efectos como período cotizado. Pero si en algún momento es despedido y se le agota el subsidio, el espejismo de los 37 años de cotización se desvanece como la niebla.

Todo ello, en la práctica, significa que se persigue que cada vez menos trabajadores lleguen a la edad de jubilación con derecho al 100% de la prestación que le corresponda, de acuerdo a su base de cotización. A ello hay que añadir que para los profesionales de cierto nivel, que en su vida laboral normal pueden alcanzar retribuciones superiores al máximo reconocido por el Sistema de la Seguridad Social (que en 2011 creo que son 3.230 Euros al mes), incluso la pensión máxima representará solamente una parte de la retribución salarial que puedan percibir antes de su jubilación (puede que incluso en torno a solamente el 50%).

En fin, toda la maquinaria se ha dispuesto para reducir (hasta 2029; luego el flujo de ingresos al sistema de pensiones volverá a ser directamente la pirámide demográfica) el número de personas que alcancen la edad legal para jubilarse con derecho a pensión, por una parte, y por la otra que la alcancen sin derecho a percibir el 100% de la pensión que les corresponda.
Rubalcaba y Valeriano Gómez (Ministro de Trabajo), el
pasado viernes presentando la Reforma.
(Fuente: ultimahora)

Con claridad, y para hablar de modo que se entienda, se trata de una Reforma que supone un Recorte de las pensiones que el Estado debe pagar a los ciudadanos. Es el peaje que debemos pagar por mantener un sistema público de pensiones por el método del reparto. Y, lógicamente, es una puñalada al llamado Estado del Bienestar.

Aunque no conozco todos los detalles (si algún lector me puede ilustrar, se lo agradecería), Suecia, que pasa por ser uno de los líderes en esto del Estado del Bienestar, inició la reforma de su sistema de pensiones ya en 1993, para introducir un sistema mixto de reparto y capitalización. Hay que reconocer que los nórdicos son pocos pero listos, y saben anticipar la jugada.

Ahora lo que nos queda es confiar que, cuando salgamos de la crisis y la economía vuelva a crecer, el Estado sepa ser generoso en cuanto a la redistribución de esa riqueza, y revise al alza los importes acordados para las pensiones. Claro que, con el crecimiento, es fácil que vuelvan unas tasas de inflación más elevadas que las que hemos tenido en los últimos años, que se pueden acabar comiendo esas subidas.

Me maravilla, con todo esto, ver lo extremadamente responsables que somos los ciudadanos españoles, que hemos aceptado estos recortes sin casi ni enarcar una ceja. Los franceses, ante iniciativas parecidas, tuvieron hasta siete huelgas generales contra Sarkozy, con una movilización espectacular de la ciudadanía. Claro que, al final, han acabado tragando los recortes como unos campeones. Porque en la base del tema solamente hay sumas y restas, así de simple. Y esto es lo que hay.

De momento, Zapatero y su Gobierno se han apuntado un tanto al alcanzar un acuerdo sobre este asunto con los sindicatos. Angela Merkel pasó este jueves por Madrid bendiciendo a su alumno aplicado, y se han hecho fotos para todos los gustos, a utilizar en la próxima campaña electoral. El PP, en su ensoñación perpetua, ya se estará preguntando si lo de decir sistemáticamente que NO les rinde algo positivo. Porque en esta foto, desde luego, no están. Y si fueran ellos los que ocuparan el Gobierno en estos días, se habrían aplicado tanto o más que los socialistas en aplicar los (mismos) recortes necesarios. Sólo que, en su caso, posiblemente tuvieran a los sindicatos en contra.
Angela Merkel, canciller de Alemania, con Zapatero,
en su visita-examen de este jueves a Madrid.
(REUTERS; Fuente: Faro de Vigo)

De verdad, a Rajoy no le entiendo. Sospecho que siguen tan convencidos de que el Gobierno nacido después del 11-M es un usurpador, y que las elecciones del 2012 les darán una gran ventaja, que parecen estar solamente viendo pasar el tiempo, holgando en su rincón. Deberían tener presente que el votante recuerda a los que han trabajado y a los que no han dado un palo al agua. El poder no volverá a sus manos simplemente por el principio imperturbable del movimiento pendular de la historia. Tienen que ganárselo, compañeros. Que Zapatero, con todas estas reformas al gusto de la Unión Europea ha ganado muchos enteros, y veremos lo que dicen las próximas encuestas. Hoy ya se perfila como el candidato del PSOE para 2012, algo que parecía impensable solamente hace unas cuantas semanas.

Y, mientras, los votantes más radicales de la izquierda andan blasfemando por los pasillos (y por los comentarios a las noticias sobre el recorte de pensiones) quejándose de que el Gobierno del PSOE está haciendo cosas que no estaban en su programa electoral del 2008. También les convendría abandonar su ensoñación y poner, de nuevo, los pies en la tierra. No creo que nadie le pidiera a un Gobierno que dimita por dedicar fondos especiales a reparar los daños de un terremoto, sólo porque "un terremoto no estaba en su programa electoral".

Y la que está cayendo en lo económico es parecido a un terremoto que socava los cimientos (frágiles, por lo que se ve) de un Estado del Bienestar del que todos estábamos orgullosos. La socialdemocracia ha muerto.

Menos mal que siempre nos quedará el jamón y el vino, aunque el jamón sea de recebo y el vino sea joven, que no están los tiempos para dispendios...

JMBA

miércoles, 29 de septiembre de 2010

A partir de mañana... viviremos el día después del 29-S

Imagen 29-S. Autor: Paula Cabildo
Fuente: huelgageneral
Cuando un equipo de fútbol sale al campo para jugar un partido, siempre tiene claro quién es su adversario hoy, y habitualmente tiene definida una estrategia para ganar el partido. Que, al final, es lo único que cuenta. A veces se intenta jugar mejor que el contrario. Otras se persigue anular al adversario, a base de presión, faltas o incluso agresiones. Se intenta que el árbitro no se dé cuenta, o no se sienta involucrado, y que no expulse a algún jugador.

Pero, sea la que sea la estrategia, el desarrollo del partido da de sí para comentarios durante unos pocos días. A partir de ahí, lo único que cuenta para el gran público es el resultado final, cuántos goles marcó cada equipo, y, sobre todo, quién ganó.

Todos recordamos a una Holanda en la Final del Mundial, que salió al campo con el objetivo de anular a los jugadores españoles, con los medios que fuera, a menudo violentos. Pero hoy lo único que cuenta de verdad es que España se proclamó Campeona del Mundial 2010.

Hoy (29-S) vivimos en España una jornada de Huelga General, convocada por algunos sindicatos desde hace ya varios meses (desde antes de las vacaciones de verano, vamos). En primer lugar, no está muy claro quién es el adversario en este encuentro, cuál es el objetivo, y cómo se podrá medir el grado de éxito de la movilización.

Cartel 29-S (CCOO-UGT)
Fuente: ugtmurcia
Especialmente los dos sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO), que han vivido muy cómodamente a la sombra del Gobierno estos últimos años, no se han decidido a morder la mano que les da de comer. Han identificado vagamente enemigos como los empresarios, los banqueros y el contubernio masónico de Wall Street y demás. En la mejor tradición de las movilizaciones franquistas de la Plaza de Oriente.

Si es verdad que la movilización, a fin de cuentas, es contra la Reforma Laboral presentada por el Gobierno (a regañadientes, pero forzado por los socios internacionales) y ya aprobada por el Parlamento, el tema es casi como estrellarse contra un muro. Si no fuera, claro, que el objetivo que los sindicatos persiguen es reforzar su menguada posición en la sociedad, y manifestar, de alguna forma, su fuerza. Para que se les tenga en cuenta, otra vez, a partir de mañana.

Montaje galáctico de un Piquete Informativo
Fuente: cretinolandia
La UGT ha puesto en circulación unos videos (con Chiquilicuatre de protagonista) presuntamente explicativos  de las razones de la huelga. Pero lo único que han conseguido (y no es poco) es que se hable (mal) de ellos, porque creo que no han gustado a nadie.

Y hoy nos desayunamos, de nuevo, con los famosos piquetes informativos (¡qué eufemismo!) que andan por todo el país intentando impedir que el que quiera trabajar hoy (y tenga dónde hacerlo, claro) pueda ejercer su derecho. Patadas a la espinilla, zancadillas o plantillazos en el plexo solar, en la confianza de que esas actividades contribuyan a mejorar el resultado. Y confiando en que, a partir de mañana, sólo contará el resultado, y no el desarrollo del partido. Con la esperanza de no ver ninguna tarjeta roja.

Está claro que llevamos un par de años viviendo una crisis económica profundísima, de la que casi no se recuerdan antecedentes. Una crisis de la que nadie es absolutamente inocente, sea por acción, por omisión o por ignorancia. Por un lado, las acumulaciones obscenas de capital en manos de los productores de petróleo, cuando el barril subió hasta los 150 dólares. Por otro, los banqueros que buscaron desaforadamente instrumentos financieros en que invertir esos capitales ingentes. En la oficina bancaria de la esquina de casa, nos empapuzaron con créditos sin más garantía que una vivienda cuyo precio se veía crecer día a día, y que nadie pensaba que eso pudiera cambiar. Nos prestaron dinero para irnos de vacaciones al otro extremo del mundo, o para comprar un todoterreno de lujo de 60.000 euros. Y tampoco supimos resistirnos. Aceptamos vivir por encima de nuestras posibilidades.

Cartel 29-S del PCE
Fuente: pcaragon
Porque lo cierto es que "cuesta abajo, hasta la m..... corre". Cuando las cosas van bien, las empresas, las familias, los individuos, se permiten toda clase de ineficiencias, que no tienen más trascendencia. Pero eso es hacer equilibrios en el vacío, confiando en que hay una red que nos salvará del costalazo. Cuando estalla la crisis, la red se retira, y el ejercicio pasa a ser mortal.

Siempre caemos en la falacia de que las cosas seguirán como están eternamente. Y eso, para bien y para mal, nunca sucede así. La realidad se mueve, muta, rota, evoluciona. Tras miles de años sobre la Tierra, no hemos conseguido librarnos de la maldición bíblica de las vacas gordas y las vacas flacas. Nos sigue sorprendiendo el cambio de ciclo.

Maldecimos a los presuntos culpables de esta crisis. Bueno, y también les envidiamos un poco, por las fortunas que hicieron algunos a base de prolongar artificialmente el ciclo, con instrumentos financieros progresivamente derivados y apalancados, que los hacían irreconocibles. Hasta que empezó a quebrarse la confianza, y alguien quiso saber qué había, de verdad, tras el celofán y los lacitos. Y emergió la realidad, que nos ha engullido a todos.

Yo oí a gente culta e informada asegurar que las viviendas sólo podían seguir subiendo de precio. Como si no fueran un bien más, al albur del vaivén de los mercados y de la situación económica. Profundamente dependientes de que exista una demanda con recursos financieros suficientes.

Si algo hay que aprender de la Historia, es a poner los medios para que no se repita, por lo menos no del mismo modo. La crisis la hemos creado un poco con la colaboración de todos, y es cierto que ahora le toca pagarla no exactamente a los inocentes, sino a los más débiles. Fatalmente como siempre.

En los años felices (y falaces) España creaba la mitad del empleo de toda la Unión Europea. Ahora, lógicamente y por el mismo criterio, estamos generando la mitad del paro de toda la Unión Europea.

A partir de mañana se evaluará (más o menos) deportivamente el resultado de esta convocatoria de Huelga General. Habrá guerras de cifras entre las diversas partes. Los piquetes "informativos" habrán alterado la realidad, y habrán forzado voluntades, para maquillar resultados. El Estado (a través de las Fuerzas del Orden) habrá intervenido en algunos casos con extrema condescendencia, en otros con excesiva brutalidad. En resumen, a gusto de nadie.

Pero, a partir de mañana, no tenemos otro remedio que trabajar todos juntos, y en todos los países, para construir una nueva realidad económica que sea más sólida, y que nos llevará, irremediablemente, a un nuevo período (quizá habrá que esperar algunos años) de prosperidad y de nuevas ineficiencias, que pondrá la semilla para la siguiente crisis, que acudirá fielmente a su cita. Un ciclo que no parece tener final.

En lo que sí habría que ser inflexibles es en distribuir los sacrificios durante las vacas flacas en la misma proporción que los beneficios durante las vacas gordas. Y esto, lo sé, es un ideal difícilmente alcanzable. Pero esta lucha sí merece la pena. No hay culpables absolutos, ni víctimas absolutas. todos nos beneficiamos algo de las vacas gordas, y tenemos que sacrificar algo cuando las vacas vienen flacas.

Si conseguimos mantener la proporción, será lo más justo que podamos hacer.

Parece que todo el mundo (el Gobierno, los Empresarios, los Sindicatos) quisiera pasar de puntillas por esta Huelga General. Sospecho que todos entienden que es tanto inevitable como inútil. Una válvula de escape para la adrenalina y las frustaciones acumuladas. A partir de mañana deberemos todos seguir trabajando (como hasta ayer) para poner las bases de una nueva realidad que nos permita a todos salir de esta crisis. Y este 29-S habrá sido un paréntesis hasta cierto punto lúdico, en cuyo resultado tendremos que ponernos de acuerdo, contando los goles de uno y otro bando.

Sólo el trabajo nos redimirá. Y eso a quien lo tenga, claro.

JMBA 

martes, 8 de junio de 2010

Huelga de Funcionarios

Supongo que, dadas las circunstancias, era perfectamente inevitable la convocatoria de una huelga de funcionarios para el día de hoy.

Veremos qué ocurre, pero sospecho que el seguimiento será más bien escaso. Y ello por varios motivos bien fundamentados.

Por una parte, los sindicatos convocantes están en unos niveles de popularidad y confianza directamente por los suelos. Seguramente hubiera sido una mejor estrategia la convocatoria de huelga hace bastantes meses, o incluso uno o dos años, al inicio de la crisis. Para reclamar la reacción temprana del Gobierno, y evitar llegar a la situación con la que estamos conviviendo hoy. De alguna forma, los Sindicatos han sido cómplices de la miopía (¿o ceguera?) del Gobierno.

Además, esta huelga hoy creo que es perfectamente inútil. Las medidas del Gobierno son absolutamente necesarias, y ya no quedan más recursos. Tanto Angela Merkel como David Cameron, de alguna forma nuestros mayores dentro de la Unión Europea, han hecho públicas estos últimos días medidas de parecido cariz, con mensajes alarmantes en cuanto a los sacrificios que nos esperan a todos. El mensaje es simple: hemos vivido durante bastante tiempo por encima de nuestras posibilidades, y ha llegado el momento de pagarlo.

Claro, no se recuerda otra ocasión en que los salarios corrientes de los funcionarios se hayan bajado como está sucediendo ahora. Pero hay que tener en cuenta que antes de la introducción del Euro en 2002, existía otro recurso de efectos equivalentes, o quizá más demoledores, que era la devaluación de la moneda. Con la devaluación, en su momento, de la peseta, no se tocaban los salarios corrientes, pero se provocaba indirectamente una subida de todos los precios ligados a productos de importación. Al final, de todos los precios, por el efecto del coste del petróleo, entre otros. Por tanto, indirectamente, se provocaba una disminución de los salarios constantes o, dicho de otro modo, una disminución efectiva del poder adquisitivo.

El recurso a la devaluación de la moneda propia desapareció con el Euro. Ahora lo que se impone es una disciplina económica y fiscal de todos los países integrantes. Por ello los requerimientos (obligaciones) de mantener el déficit por debajo del 3% y otras lindezas. Porque si la confianza general en el espacio Euro decrece, ello provoca directamente una devaluación práctica del Euro frente al dólar, yen o lo que sea. Y acaban pagando justos por pecadores, si podemos utilizar esta terminología. Por eso los alemanes están cabreados, porque la indisciplina de algunos países les provoca que su moneda (nuestra moneda) se devalúe en la práctica, y disminuya por tanto su poder adquisitivo.

En fin, por todo ello la huelga de hoy es básicamente una pataleta y no mucho más. Se ha escuchado a muchos funcionarios que, de una u otra forma, han venido a contar esto. Un día de huelga les cuesta una disminución (adicional) de sus salarios, al descontárseles de sus haberes el día en cuestión. Y ello a cambio de nada (bueno, quizá del placer de salir en el Noticiero), resulta caro.

Claro que esto no sucede con los liberados sindicales, que cobrarán normalmente este día, porque ellos sí trabajan hoy organizando la huelga. En fin, paradojas de la vida.

Insisto en que una huelga de este tipo, o incluso una huelga general, hace un tiempo, quizá hubiera contribuido a despertar a un Gobierno narcotizado por sus propios delirios de grandeza. Quizá hubiera ayudado a evitar que se metiera en jardines que ha tenido que evacuar echando chispas (los 400 Euros, y otras lindezas del género).

La realidad puede ser buena o puede ser mala, pero siempre es tozuda y se acaba imponiendo. Nos esperan (a todos) tiempos de sacrificios para pagar los fastos de la boda. Si hoy pudiéramos elegir, seguramente renunciaríamos a que hubiera habido caviar Beluga triple cero en el banquete, a cambio de no vernos hoy como estamos.

En resumen, y tras las habituales guerras de cifras, veremos cuál es la verdad de la convocatoria de hoy. Pero auguro que los grandes perjudicados van a ser los sindicatos, que han venido realizando un papel lamentable. Ensoñados por el gobierno a base de subvenciones, han renunciado a realizar su labor cuando había que haberla hecho.

Y hoy ya es demasiado tarde para ello.

JMBA

lunes, 7 de junio de 2010

Reforma Laboral (1)

Le pongo un 1 a esta Nota, pensando que será inevitable que haya más sobre el mismo tema en las próximas semanas.

Resulta, desgraciadamente, bastante evidente, que el Estado del Bienestar, tal y como lo hemos conocido, especialmente en Europa, en las últimas décadas, está en entredicho. La crisis que estamos viviendo lo está poniendo todo patas arriba, y obliga a reconsiderar aspectos que podrían parecer en el pasado como absolutamente inamovibles.

Por ejemplo, el Sistema de Pensiones de tipo redistributivo, no de capitalización, como el que tenemos en España, es delicadamente dependiente de la pirámide de población y, especialmente, de la pirámide de ocupación. Es decir, las pensiones las pagan en cada momento los que trabajan. Si el porcentaje de personas en edad de recibir pensión aumenta significativamente en proporción al total de la población, esto introduce una tensión en el sistema. Y si, como está sucediendo dramáticamente ahora mismo, el ratio ocupado/pensionista decrece demasiado, de nuevo el Sistema entra en riesgo.

Pero, si nos centramos en la Reforma Laboral tal y como se está planteando en la actualidad, hay algunas cosas que debemos reconocer de inicio. Por diversos motivos, el Sistema Laboral en España es extremadamente rígido, y además está fragmentado en dos partes absolutamente irreconciliables, con niveles de derechos en absoluto homologables. Por una parte, los empleados fijos con cierta antigüedad, tienen derecho a una indemnización, en caso de despido improcedente, de 45 días por año trabajado, con un máximo de 42 mensualidades. Además, esta indemnización legal está libre de impuestos. En otras palabras, un empleado con más de 28 años de antigüedad en una empresa, en caso de despido improcedente va a percibir una indemnización del total de salario bruto de tres años y medio, pero libre de impuestos. Lo que fácilmente equivale a más de cinco años de sueldo. Y sé de lo que hablo.

Por otra parte, una proporción creciente de la población ocupada sufre de exactamente lo contrario. Con sueldos de mileurista, y contrataciones temporales, no tienen derecho a indemnización alguna en caso de despido. Lo que genera, lógicamente, una gran movilidad laboral, con todos los inconvenientes que ello supone: falta de fidelización a cualquier empresa, práctica imposibilidad de rentabilizar la formación a los empleados, por lo que se acaba no dando, y situaciones personales precarias incluso en edades avanzadas de la vida laboral (hay muchísimas personas de 30 y más años en esta situación).

Por ello, una parte de los empleados cuidan de su “mochila” y el resto deben buscarse la vida casi día a día, semana a semana y mes a mes.

No soy experto laboralista, pero seguro que existe un rango de índices de movilidad laboral que son los óptimos en los sistemas eficientes. Y que están justamente entre los de los dos grandes grupos laboralmente irreconciliables que tenemos hoy en España.

El trabajo siempre debería seguir siendo un reto, pero debe poder asegurar una cierta estabilidad personal. En un sistema eficiente, cualquier empleado debe tener una visibilidad de futuro, en su empleo actual o en otro equivalente, o incluso con movilidad geográfica (un concepto prácticamente excluido de la mente de los empleados en Europa, pero muy especialmente en España). Esa visibilidad es la que permite una cierta planificación de vida, afrontar el endeudamiento necesario para comprar una vivienda, y, en definitiva, la integración de la persona en el sistema macroeconómico imperante. En otras palabras, permite ingresar en las clases medias. No olvidemos que, salvo envidiables excepciones, trabajamos para vivir.

Tras estas consideraciones, hablemos de la Reforma Laboral inminente. Parece claro que no habrá acuerdo entre las organizaciones empresariales y los sindicatos. Y ello por varios motivos. De una parte, el Gobierno ya ha avanzado que la introducirá por decreto si no hay acuerdo. Por tanto, los empresarios ya saben que sus principales reivindicaciones estarán recogidas, en su caso, en el decreto gubernamental. Por tanto, el acuerdo, para ellos, ya no tiene ningún atractivo.

Los Sindicatos son tema aparte. Por una parte, parece que sólo defienden a los empleados, y no a todos los trabajadores, incluso los que están actualmente en paro (recordemos que son más de cuatro millones en España hoy en día). Por otra parte, la representatividad que tienen es limitada, porque, ¿cuántos afiliados sindicales hay en este país?.

En estas condiciones, la posición de los Sindicatos se limitará a rezar (!!??) para quedarse como están. Defenderán los derechos adquiridos con uñas y dientes, y ahí se acaba todo. Morder con fuerza al Gobierno, la mano que, no lo olvidemos, les da de comer a falta de una mayor afiliación sindical, sería una actitud autodestructiva que no creo que vayan a abordar. Incluso dudo de que se acabe convocando una Huelga General y, de hacerse, de que tenga un seguimiento masivo.

Los ciudadanos, los trabajadores, creo que son conscientes de las enormes dificultades económicas por las que estamos transitando, Y estarán dispuestos a aceptar unas ciertas limitaciones, siempre que se repartan equitativamente por toda la sociedad, lo que supone bastantes problemas. Ahí el Gobierno tiene un desafío importante. La propia Administración (toda la Administración, incluyendo a las Comunidades Autónomas, las Diputaciones y los Ayuntamientos) deben dar ejemplo de austeridad y voluntad de afrontar la crisis para salir de ella. Y los que más tienen deben contribuir de forma proporcional, lo que casi es economía ficción.

Porque las grandes fortunas son extremadamente timoratas, y muy sensibles al menor aroma de riesgo. Apretar a los capitales les obliga a buscar mejores escenarios y emigrar, lo que también sería negativo para la economía española.

Para terminar esta primera nota sobre tema tan espinoso, permítaseme una reflexión. Cualquiera que visite países del Tercer Mundo o en vías de desarrollo (pensemos, sin ir más lejos, en los pequeños países de Centroamérica, o en los de segunda fila de América del Sur) se habrá dado cuenta de que su gran fracaso económico ha sido la incapacidad de crear en el país una fuerte clase media. La estratificación social en esos países pasa por una minoría extremadamente rica, y una inmensa capa social de clases bajas, pobres y desheredados. En estas condiciones, a nadie le preocupa la situación del país: si las cosas se ponen mal, los muy ricos se irán a sus mansiones de Miami, Punta del Este o Europa, y allá se las apañen. Y los pobres nada pueden perder (porque nada tienen para perder), aunque cunda el desorden y la anarquía. Con estos mimbres, lo que habitualmente acaba sucediendo es que los Gobiernos miran únicamente por su propio interés, y esos países nunca consiguen prosperar.

Con ello quiero decir que, de forma casi inevitable, los grandes pagadores de esta crisis serán de nuevo las clases medias. Actualmente podemos pensar que las clases medias en España incluyen desde las franjas bajas (con ingresos del orden de los 20K€ anuales), hasta las clases más acomodadas (con ingresos del orden de los 100-150K€ anuales). Este nivel de ingresos permite una vida cómoda, una vivienda mejor, un ocio de calidad, pero de ninguna forma llevar vida de millonario. Su prosperidad depende de la del país, que es a lo que vamos.

Afortunadamente para España, las clases medias ocupan la gran mayoría de la sociedad. Por lo que habrá más gente entre quien repartir el coste.

Continuará. Al hilo de vuestros comentarios.

JMBA