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lunes, 26 de noviembre de 2012

(Una) Lectura de los Resultados de las Elecciones en Catalunya

Hoy lunes es el día después de unas elecciones que se plantearon, por parte del President Artur Mas, de una forma prácticamente tramposa. A pesar de tratarse de elecciones autonómicas (adelantadas, que han reducido la legislatura actual a menos de la mitad de su duración prevista), Mas las planteó de alguna forma como un plebiscito a su persona y a su idea del Derecho a Decidir.
Oriol Junquera, líder de ERC, junto a su equipo en las
celebraciones de la noche electoral.
(Fuente: televisa)

Es normal que el día después de unas elecciones tramposas, las diversas fuerzas políticas hayan venido realizando lecturas que, en muchos de los casos, también son tramposas. Está claro que el propio Mas y su formación Convergència i Unió, han sufrido un descalabro electoral. Manifiestamente, buscaban mejorar su posición de mayoría, o incluso obtener una mayoría absoluta o, como le gustaba decir a Artur Mas, una mayoría extraordinaria. Por el contrario, el resultado supone un fuerte retroceso, con pérdida de 12 de los 62 escaños de que disponía en el Parlament de Catalunya.

El descalabro de Mas y de CiU no hay que entenderlo como un rechazo del electorado catalán a la celebración de un referéndum, al derecho a decidir o incluso a la deriva soberanista. El votante no debía responder este domingo a ninguna de esas cuestiones. La debacle obedece al hecho de que los votantes de Catalunya han rechazado el hecho de que Artur Mas se instaure como el nuevo Moisés que conducirá a su pueblo a la Tierra Prometida. Han rechazado, en otras palabras, convertir a Artur Mas en el Caudillo de Catalunya.

Artur Mas debería reflexionar serenamente sobre si esta desautorización es suficiente para poner en entredicho su liderazgo de la formación política de CiU y de la propia Generalitat de Catalunya. Este lunes ya se han oído algunas voces reclamando su dimisión. Lanzó un órdago a la grande, que le ha fallado. Sus coaligados de Unió posiblemente le quieran hacer pagar la osadía.

Esquerra Republicana de Catalunya ha conseguido más que duplicar el número de sus diputados en el nuevo Parlament, que pasan de 10 a 21. Sin duda, muchos electores proclives a la idea del derecho a decidir, del referéndum y, eventualmente, de un cierto proceso por la independencia, han decidido dar su confianza a una fuerza política de la izquierda que siempre ha estado ahí, antes que reforzar la idea de caudillismo de Artur Mas, sumido en una deriva soberanista que le resulta un poco ajena, por lo menos en su grado, a una fuerza tradicionalmente moderada como CiU. Buena parte de su éxito se lo deben también, sin duda, a la radicalidad de que ha hecho gala el PP. Quizá tenga razón Rubalcaba cuando dice, medio en serio y medio en broma, que en la sede de ERC van a erigir una estatua a Aznar y otra a Rajoy. Porque cada vez que abren la boca para hablar de Catalunya, nace un nuevo independentista.
Albert Rivera, líder de Ciutadans.
(ACN; Fuente: cadenaser)

El PSC, por su parte y como era de esperar, ha sufrido un severo retroceso, como ya le sucedió en las Generales y en las autonómicas de Galicia y el País Vasco. Sin duda, por una parte siguen pagando los sinsentidos de la etapa Zapatero, pero también sus propias confusiones y contradicciones internas, que requieren de más tiempo para sanar. Este lunes, sus responsables (tanto Pere Navarro como el propio Rubalcaba a nivel nacional) se alegran tímidamente de que el retroceso no haya sido una debacle, como preveían la mayoría de encuestas y sondeos de opinión, anteriores a las votaciones. Se queda como tercera fuerza en el Parlament, con 20 escaños (8 menos que en la anterior convocatoria) y por detrás de ERC.

El Partido Popular, por su parte, ha conseguido una ligera mejora de un diputado, llegando a los 19 y será la cuarta fuerza política en el Parlament. Parece claro que algunos electores de la derecha social y tradicionales votantes de CiU, han decidido esta vez refugiarse en el puerto más seguro del PP, desconfiando de lo que ven como frivolidades soberanistas de CiU y del propio Artur Mas.

La Izquierda Unida de Catalunya (Iniciativa per Catalunya - els Verds) ha progresado significativamente, mejorando su posición en tres diputados, alcanzando los 13 en el nuevo Parlament. Lógicamente, la confusión reinante en el PSC, que además presentaba a un líder (Pere Navarro) poco conocido y que apenas ha tenido tiempo para hacerse un espacio, ha provocado el deslizamiento de algunos votantes de izquierda hacia otras alternativas. Un efecto parecido se pudo ver en las últimas Elecciones Generales de 2011.

La fortísima progresión de la opción de Ciutadans (desde los 3 hasta los 9 escaños; de los 106.154 votos hasta los 274.925) solamente se puede explicar por el hecho de que la abstención ha sido mucho menor que en anteriores convocatorias. Si comparamos con las Elecciones al Parlament de 2010, la abstención ha bajado en prácticamente 11 puntos, desde el 41 hasta el 30%. Es decir, muchos votantes que tradicionalmente prefieren quedarse en casa o darse un paseo en lugar de ir a las urnas, este domingo han decidido votar. Posiblemente indignados y/o hastiados con los políticos habituales, han preferido prestar su voto a una fuerza minoritaria, que todavía está virgen de poder, en la flor de su inocencia.

Y en el ala más radical del Parlament, los cuatro diputados que tenía SI (Solidaritat per la Independència, ese invento de Laporta y algunos otros) desaparecen del Parlament, y les sustituyen tres diputados de otro invento llamado la CUP, una fuerza subtitulada como alternativa de izquierdas. Seguramente, no se notará mucho la diferencia.

Estas son, a fin de cuentas, las cifras puras y duras. Un Parlament muy fragmentado, con los 50 diputados de CiU, y tres fuerzas prácticamente empatadas en el entorno de los 20 diputados (ERC, PSC, PPC), con presencia de otras tres fuerzas minoritarias (Iniciativa, Ciutadans y la CUP). En total, hasta siete formaciones políticas han conseguido representación en el nuevo Parlament de Catalunya.

Las manifestaciones públicas de algunos representantes del Partido Popular apuntan en la dirección de respirar con alivio, porque estos resultados significarían que se ha deshinchado la burbuja de las derivas soberanistas. Así se han manifestado tanto la vice S3 como la ínclita Dolores de Cospedal, que cada vez habla más lento, como si se le estuviera acabando la cuerda. Claro que tiene que resultar agotador dar cabida a sus múltiples salarios y a un marido (o compañero, no lo sé muy bien) que está a la cabeza de los saqueadores de la sanidad pública madrileña y también del resto del Estado.

Se equivocan por completo en su diagnóstico. En Catalunya hay un malestar cierto entre una buena parte de la población, porque el encaje territorial diseñado hace ya 35 años por los padres de la Constitución, cada vez tira más de la sisa y se empieza a romper por las costuras. Algunos lo convierten claramente en una demanda de independencia, mientras que muchos otros están pidiendo el derecho a decidir, creen imprescindible la celebración de un referéndum donde todo el pueblo catalán pueda manifestarse con claridad sobre este tema trascendental.

Algunos, por supuesto, han avanzado cuál sería el sentido de su voto en ese eventual referéndum, sea claramente a favor o nítidamente en contra. Pero eso no toca, todavía. De momento hay que atender a ese malestar y creo imprescindible que los dos gobiernos (el de la Generalitat y el de España) empiecen a trabajar con lealtad en la preparación de un referéndum a celebrar en 2014 ó 2015, en que todos los catalanes puedan expresar con claridad su posición respecto al encaje dentro de España.

En estas semanas previas a las Elecciones ha habido declaraciones públicas para todos los gustos. Mientras unos se esforzaban en demostrar que una Catalunya independiente sería inviable, otros enfatizaban que, abolido el tan cacareado déficit fiscal, esa situación sería el Paraíso para los catalanes. Todos hablan al humo de las velas, porque no existe ningún precedente en el que basarse, y las condiciones para una tal segregación debería ser, en su caso y en su momento, el objeto de una tediosa y prolongada negociación. De ninguna forma puedo creer ni pensar que una Catalunya independiente acabara siendo un estado fallido, como tampoco puedo creerme que fuera el Paraíso Terrenal. Pero el rosario de sacrificios y de sufrimientos de todos es, hoy por hoy, absolutamente imprevisible. Y eso lo sabe cualquiera que haya intentado quitar un naipe de un castillo de naipes sin que se note. Pero, insisto, este no es el momento de ese tipo de discusiones.

En un eventual referéndum, todos los catalanes deberían poder expresar con claridad lo que sienten respecto a este tema, partiendo de que, siempre, las incertidumbres ganarán por goleada a las certezas.

Los radicalismos de uno u otro signo, en temas tan sensibles, no contribuyen más que a la creación de nuevos radicales en el bando contrario, y a aumentar su tono y su acritud. Cuando muchos se envuelven en la rojigualda, sólo consiguen que muchos otros se envuelvan en la senyera. Y la crispación y la ruptura, definitivamente, no son la solución para problemas que son ciertamente reales.
Artur Mas entre senyeres, con cara de preocupación.
Parece no entender muy bien lo que ha pasado.
(Fuente: ara)

El Estado Autonómico diseñado hace treinta y cinco años ha prestado un gran servicio a España. Pero tras tanto tiempo, también ha manifestado sus peores vicios. No se trata de ceñirse ciegamente al contenido de la Constitución, sino de mantenerse, todos, en la lealtad mutua que supuso el consenso constitucional. No pasa nada si al final resulta necesario reformar la Constitución. Con eso no se rompería nada intocable, siempre que se mantenga el consenso y la lealtad.

El malestar es palpable en prácticamente todas las autonomías. La financiación es una asignatura pendiente, para la que no se ha encontrado (todavía) la solución mágica. Pero, claro, ese malestar sólo acaba manifestándose con crisis de tipo identitario en aquellas autonomías que constituyen nacionalidades o naciones históricas.

Es tiempo ya de que, sin pausa pero sin prisa, se empiece a trabajar en hacer avanzar este estado autonómico hacia su próxima estación. Sin apriorismos, pero también sin cerrazones. Buscando, con nobleza, mejorar todo aquello que sea mejorable, porque cuanto mejor engrasada esté esta maquinaria que da algunos síntomas de gripaje, más sencilla resultará la convivencia y más posible será la pervivencia de este Estado llamado España, llamado a formar parte del grupo selecto de la docena de naciones más poderosas del mundo.

Todos los políticos deben esforzarse en no realizar diagnósticos interesados de la situación, o de los resultados de estas elecciones del domingo en Catalunya. El pueblo es sabio, porque es la suma de las voluntades, los sentimientos y las ideas de todas las personas que lo componen. Y todos los políticos deben recordar todos los días que su única función está al servicio de ese pueblo, que a veces parecen menospreciar.

En resumen, varapalo a Moisés Mas, el pueblo catalán no quiere Caudillos, Salvadores ni Redentores, pero el malestar territorial (o identitario si se quiere) existe, y hay que ponerle remedio, que no coto.

Más bien pronto que tarde.

JMBA

viernes, 29 de julio de 2011

Gastan DemasiadoS

Hace unos meses, publiqué un artículo en defensa del Estado de las Autonomías que tenemos en España. Me ratifico en lo que contaba entonces, en cuanto a las importantes ventajas de cercanía de las decisiones que supone.
En el centro Ramón Luis Valcárcel,
presidente de la Comunidad de Murcia,
que ya ha amenazado con devolver
Sanidad y Educación si no hay más fondos
(Fuente: eleconomista)

Pero cada vez parece más claro que España tiene el mismo problema (económico) con sus Autonomías que los que tiene la Unión Europea con sus Estados: Gastan DemasiadoS (y demasiado y sin mucho control).

En estos días en que la caja está exhausta y hay que transitar por tiempos de crisis, dificultades y recortes, hay algunas autonomías que ya han insinuado (como poco), que les gustaría que algunas competencias las volviera a asumir el Estado. Cuidado que esto NO vale; la primera obligación de los políticos es estar a las verdes y a las maduras. Que otra cosa ni es real, ni es noble, ni es honrada.

De nada vale que Elena Salgado se preocupe de implantar recortes leoninos en los gastos de la AGE (Administración General del Estado), si muchas Comunidades Autónomas siguen a velocidad de crucero con su ritmo de gasto. No olvidemos que el problema de la deuda en este país tiene tres orígenes: el endeudamiento del Estado, el de las comunidades autónomas y el de las empresas y particulares. Todos deben contribuir a su resolución.

El Gobierno de España no tiene más remedio que llevar adelante los compromisos que le toca asumir en Bruselas. Las empresas y particulares tienen que practicar la máxima austeridad, porque no les queda otra. Pero parece que las Comunidades Autónomas tuvieran bula en esta ceremonia.

Insisto en que creo que el Estado de las Autonomías es una buena forma de implantar el gobierno en un país como España. Pero su implantación y desarrollo ha tenido demasiados errores y ha sufrido de demasiados vicios como para que pueda resultar en una forma sensata de gobierno.
El sentido universal de las Universidades se ha malogrado
por su atomización
(Fuente: USAL)

Servicios Públicos de primera necesidad y para los que el Estado debe poder garantizar la igualdad de oportunidades y de calidad de servicio para todos sus ciudadanos, no deberían fragmentarse, y deberían mantener una gestión única. La Sanidad, por ejemplo, yo incluso sería partidario de que fuera una competencia centralizada en la Unión Europea, lo que nos garantizaría a todos los ciudadanos el mismo nivel de servicio, en cualquier parte de la Unión donde viviéramos o a donde nos desplazáramos temporalmente.

La Educación, por ejemplo, sería otra de las competencias que podría estar centralizada en Bruselas (o donde fuera). Eso nos garantizaría la existencia de unas cuantas Universidades europeas de primer nivel mundial, una correcta gestión de la Formación Profesional alternativa a la Universidad, y así todo. Con un sistema de compensaciones adecuado (becas y similares), qué más dará que un universitario extremeño curse su carrera en Mérida, en Madrid, en Bolonia o en Frankfurt. O que un universitario bávaro curse su carrera en Munich, en Berlín, en Burdeos o en Sevilla. Eso significaría, sin duda, muchos valores añadidos a la educación universitaria.

El problema del idioma habría que resolverlo de forma equitativa. UNA lengua vehicular (me temo que debería ser el continental english, ese inglés un poco descafeinado que hablamos todos los que no tenemos el inglés como lengua materna) que todos los alumnos europeos deberían estudiar hasta su dominio razonable en las fases previas de la Educación. Donde los méritos individuales (y nunca la procedencia geográfica, social, racial o de riqueza) sería el único factor determinante para asignar las oportunidades a cada cual. Una real igualdad de oportunidades. Esto nos evitaría el bochorno de tener el país entero trufado de universidades mediocres, que no aparecen nunca en ningún TOP 50, TOP 100 ó TOP200.

Pero claro, cualquier avance en este sentido es un atentado a la base misma de lo que se ha desplegado como Estado de las Autonomías. Cualquier discusión por asumir una competencia se basa, en realidad, en la pelea por decidir quién gasta el presupuesto asociado a esa competencia. El principio para ese debate, tal y como se desarrolla, es muy simple: si el presupuesto de la Sanidad lo gasta alguien en Madrid o en Bruselas, beneficiará a sus amigos; si lo gastamos aquí (Mérida, Santiago, Sevilla, Barcelona,...), serán nuestros amigos quienes se beneficiarán. Entendiendo lo de amigos tanto en el sentido más honrado del término (las empresas locales, los empresarios que dan empleo a personal de nuestra Comunidad,...) como en el más corrupto.
Hasta quince diferentes habrá en toda España
(Fuente: correo-ciudadano)

El hecho de que en España existan hasta diecisiete (no sé si son tantos, pero muchos sí que son) Servicios Regionales de Salud acaba creando desigualdades entre los ciudadanos del Estado; las posibilidades de acceder a una Sanidad de calidad son desiguales, según donde tenga establecida la residencia cada cual. Los proveedores tienen que atender a diecisiete clientes diferentes, en lugar de sólo al Insalus (llamémosle así, como ya se llamó en una época). Y el que vende jeringuillas (pongamos por caso), no venderá más jeringuillas por facturarlas en diecisiete lotes diferentes en lugar de uno solo, porque la población es la que es, y las necesidades son las que son. Quizá consiga algún céntimo más de margen por jeringuilla al vender lotes más pequeños, pero seguramente tendrá que enfrentarse a un sistema rocoso que no le dejará ni siquiera esa oportunidad. Eso sí, habrá oportunidades para más proveedores de jeringuillas, en las diversas Comunidades.

Por el contrario, la informatización de la Sanidad Pública, los expedientes electrónicos, las tarjetas sanitarias,... se multiplican, y multiplican también su coste. Generando, además, los problemas de incompatibilidad que provocan que acceder a la Sanidad Pública cuando se está de vacaciones sea más complicado si se está en otra Comunidad Autónoma que si se está en otro país de la Unión Europea. Lo que acaba requiriendo nuevas reuniones y nuevos debates para definir un a mejor armonización. Más gasto para llegar donde ya estábamos.

El principio de financiación, por ejemplo, de la Sanidad, es bastante simple. Por cada ciudadano al que haya que atender corresponde una cierta cantidad de Euros. Y luego que cada cual haga lo que mejor sepa con esos euros que le tocan en el reparto. Algunos pensarán que pueden detraer algo de ese presupuesto para construir preciosos Auditorios en cada capital de comarca, mientras otros igual detraen presupuesto de la educación para dotar mejor a sus hospitales, con el correspondiente perjuicio para sus estudiantes y profesores. Otros quizá detraigan algo de eso para financiar a sus cuñados o amiguitos del alma.
Teatro-Auditorio de Cuenca. Interesante, sin duda.
(Fuente: turismocastillalamancha)

Cuando hablaba de la Maquinaria Trincona de la SGAE, citaba uno de los prerrequisitos para cualquier corrupción. Primero hay que alejar el dinero de los focos, de la luz y de los taquígrafos. Una vez en la semioscuridad, sumergirlo en las alcantarillas es más fácil de hacer y más difícil de detectar.

Tras 30 años de rodaje creo que ya toca hacer una revisión en profundidad del despliegue del Estado de las Autonomías. Con los mismos conceptos en la cabeza que debemos tener para la refundación de una Unión Europea de los ciudadanos. Desplegar una arquitectura que funcione en tiempos de vacas gordas y también en tiempos de vacas flacas. Que valga para verdes y para maduras. Para que, entre otras cosas, no sea posible que un Gobierno de un color beneficie a las Comunidades de su signo y perjudique a las demás.
El Palma Arena, durante su construcción.
Presupuesto disparado, con destino desconocido
(Fuente: ElPaís)

Porque ahora mismo estamos enfrentados a una situación incontrolable, ya que hay demasiados que gastan (demasiado), y el tema acaba resultando incontrolable. Al Gobierno de España le toca sonrojarse en Bruselas o en Berlín, pero, de vuelta a casa, sus posibilidades de imponer disciplina son extremadamente limitadas.

Estado de las autonomías, sí (me remito a mi anterior artículo). Pero tenemos que asegurarnos de que las mejoras de eficiencia que se consigan paguen la estructura adicional. Si con más estructura sólo se consiguen mayores ineficiencias, el camino está minado; y nos exponemos a que venga en algún momento un Árbitro Supremo que imponga una disciplina que no nos guste a nadie.

Y, desde luego, no son de recibo algunas actitudes que estamos viendo estos días, en el sentido de las competencias de ida y vuelta: yo las asumo cuando estén maduras; que trague Madrid cuando vienen verdes. Esto NO es así.

Y, quizá, para evitar suspicacias deberíamos pensar seriamente en desplazar la capital política del Estado a algún otro lugar (Salamanca, Logroño, Teruel, Reus, Elche, Albacete, Jaén, Huelva,...). Con rotación cada cinco años.

Hay que estar a verdes y a maduras. Y no poner carita de niño bueno ante el jarrón roto con el balón.

JMBA

jueves, 20 de enero de 2011

Pinganillos de Lujo

Se hacen eco hoy (algunos) medios de que ayer, en el Senado, se lucieron los pinganillos para la traducción simultánea de aquellos intervinientes que lo hicieron en alguna lengua española diferente del castellano.
(Fuente: abc.es)

Algunos se escandalizan de que haya que disponer de traducción simultánea en un Parlamento Nacional. Olvidan que este es el caso, por ejemplo, en los Parlamentos de Bélgica o de Suiza. Claro que allí la situación nada tiene que ver con la española. En los territorios de Bélgica y de Suiza hay varias lenguas que son oficiales en algunas partes del país, y no en otras. Es decir, no existe ningún idioma reconocido como oficial (o cooficial) en todo su territorio. Yo, personalmente, he sufrido la penuria de intentar entenderme en francés con un ciudadano de Amberes (Antwerpen), o de estar obligado a recordar cómo se decía pan en alemán, para que una cena en Zurich pudiera culminar razonablemente.

Pero la situación en esos países nada tiene que ver con la que tenemos en España. Aquí, consagrado por la propia Constitución, hay algunas lenguas cooficiales en diversas Comunidades Autónomas. Así, en Galicia el gallego es cooficial con el castellano; y lo mismo sucede con el euskera o el catalán. Pero, en toda España, el castellano es el idioma oficial o al menos cooficial. En otras palabras, el catalán, por ejemplo, es cooficial en el territorio de Catalunya, pero no es una lengua cooficial en el conjunto del Estado español.

Desde un punto de vista práctico, esto significa que entendemos que el castellano es el idioma en el que todos los ciudadanos de España podemos entendernos unos con otros. Y, de hecho, los propios senadores se entienden en castellano con sus colegas de otras partes del Estado cuando toman un café juntos antes o después de las sesiones. Sin menoscabar, para nada, los derechos de las respectivas lenguas cooficiales en sus respectivos territorios.

Debo aclarar que yo soy catalán, y manejo el catalán sin problemas. Y también puedo, prácticamente, entender el gallego. No es lo mismo, claro, con el euskera, ya que nunca he tenido la necesidad de aprenderlo.
(Fuente: elpais.com)

Y debo también destacar que mi concepto sobre la multiplicidad de idiomas es el de una maldición divina (ver mi artículo La Torre de Babel). Reconozco sin ningún problema la riqueza cultural que ello supone, y las aportaciones musicales y cromáticas que los diversos idiomas representan. Pero, desde un punto de vista práctico, la existencia de miles de idiomas diferentes en todo el mundo es, directamente, una maldición divina, al hacer muy complicado, a menudo imposible, que gentes de diferentes partes del mundo podamos entendernos sin demasiados problemas.

Volviendo a casa, el tema se ha planteado en el Senado. A falta de una remodelación en profundidad de la cámara alta, que nadie entiende muy bien para qué sirve, se acostumbra a compartir el criterio de que el Senado es la cámara de representación territorial, por lo que es normal que el debate lingüistico se haya planteado ahí en primer lugar. Que el Senado tenga o no esa función, es otra conversación.

Se ha decidido, pues, que las intervenciones en determinados Plenos del Senado puedan producirse en cualquiera de las lenguas que es cooficial en alguna de las partes del Estado. Y para preservar una de las funciones primordiales de cualquier Cámara Parlamentaria (que los asistentes entiendan por completo a cualquier interviniente), se ha habilitado un sistema de traducción simultánea que tiene un coste testimonial, pero para nada despreciable.

Oía esta mañana, en los Desayunos de Televisión Española, al Presidente de Extremadura (Guillermo Fernández Vara) que planteaba una posible tercera via para este tema. Una boutade que, sin embargo, tiene mucho sentido para ilustrar los sinsentidos. Proponía que para armonizar el derecho de cualquiera a expresarse en el idioma que le resulte más familiar y cómodo (siendo cooficial en su territorio) con el deber de ser correctamente entendido por todos los demás, las intervenciones en lenguas diferentes del castellano deberían ir seguidas seguidas inmediatamente por la misma intervención en castellano. Es decir, que el que dispone de (por ejemplo) cinco minutos para su intervención, debería disponer de diez minutos si la va a hacer en una lengua distinta al castellano. Más pronto que tarde el cansancio de unos y otros devolvería las cosas a una situación razonable.

Lógicamente, la alternativa más cómoda y lujosa a esta aproximación es disponer de un servicio de traducción simultánea. Lo que ocurre es que resulta impresentable que el Senado se permita ese lujo en unos momentos de crisis en el que todas las instituciones y ciudadanos de este país estamos llamados a la austeridad. Es como tomar jamón ibérico de bellota con pan duro y vino de tetra brik.

En inglés existe una frase muy ilustrativa, que es el nice to have (en traducción libre, podríamos decir sería bueno tenerlo). Este es el filtro que se aplica a cualquier petición, para decidir si es imprescindible, necesaria o simplemente nice to have. Esa clasificación es la que define las prioridades. En tiempos de recortes lo que solamente es nice to have debe posponerse o desterrarse.

Afortunadamente, los dos grandes partidos se han afanado en frenar la extensión de esta medida también al Congreso de los Diputados, lo que sería ya un despropósito mayor.
(Fuente: larazon.es)
En resumen, reconozco el derecho que cualquier Senador tiene a expresarse en la lengua que le resulte más próxima, pero les exijo el deber de que les entiendan sin ningún problema el resto de asistentes a la sesión. No están los tiempos para que los padres de la patria se permitan pinganillos de lujo. Aunque su coste, finalmente, sea testimonial y casi irrelevante.

Aparte de que eso da artillería a los que estos días andan apuntando a la línea de flotación del Modelo Autonómico de Administración del Estado. Todo ello no hace más que contribuir a la crispación política en la que vivimos inmersos. Ya he hablado de ello recientemente, pero volveré al tema, porque creo que tiene enjundia y trascendencia. No debemos permitir que nadie ponga en entredicho al fútbol sólo porque se ha perdido un partido.

Que los pinganillos de lujo no nos impidan ver los problemas auténticos que nos afectan.

JMBA

martes, 18 de enero de 2011

Una lanza por el Modelo Autonómico

La crisis económica severa que estamos viviendo a nivel prácticamente mundial ha despertado de su letargo a los mayores enemigos del modelo autonómico de la administración del Estado que consagró la Constitución de 1978.
Mapa de la España Autonómica
(Fuente: oroel)

Incluso Zapatero ha tenido que reñir a las comunidades autónomas en la prensa internacional (Financial Times) porque su endeudamiento es parte de la deuda del Estado y, sin embargo, el Gobierno de España tiene un control limitado sobre el mismo. Dicho sea de paso, un problema parecido al que tiene la Europa del Euro con los diferentes Estados.

Está claro que prácticamente 30 años después de su puesta en marcha, hay temas que deberían revisarse, porque creo que no van en la buena dirección. Pero, sin embargo, el modelo autonómico me parece una de las mejores formas posibles (conocidas) para la administración de un Estado como España. Por principio, las decisiones que atañen a la vida diaria de los ciudadanos ganan en calidad, conocimiento, ecuanimidad y aceptación cuando se toman desde la cercanía.

No quiero hablar hoy de los nacionalismos (sentimentales o políticos) y su impacto en la vida política nacional, porque ya lo he hecho en otros artículos (y más que vendrán). Hoy sólo quiero aportar mis opiniones sobre el modelo autonómico como método de administración de España.
Palacio de Congresos y Exposiciones de
Castilla y León, en Salamanca.
(Fuente: absolutsalamanca)

Oía esta mañana a José Antonio Alonso (portavoz en el Congreso del Grupo Parlamentario del PSOE), que afirmaba que gracias al modelo autonómico se ha conseguido un desarrollo más homogéneo del país. Podría parecer un contrasentido, porque muchos pensarán que lo que ha sucedido es justo lo contrario, que cada autonomía tira para su lado, que la educación tiende a ser localista, que la atención sanitaria no es de la misma calidad en todas partes, etc. Los que así opinan creo que tienen razón, siempre que no lo eleven a la negación de la mayor.

La homogeneidad de que hablaba Alonso entiendo que tiene que ver con la capacidad cierta que han demostrado los gobiernos autonómicos para fijar la población al territorio (urbano o rural), para limitar las migraciones por motivos económicos (desarrollando oportunidades locales de empleo y de carrera profesional) y también para garantizar una Sanidad y una Educación próxima a los ciudadanos, y de una calidad bastante homologable entre las diversas autonomías. Gracias a las autonomías se ha evitado la despoblación de muchas zonas, las nuevas tecnologías se han hecho más asequibles a la mayoría de la población y se ha limitado la brecha digital. Todo ello da mejores oportunidades a todos los ciudadanos para enfrentarse al futuro con esperanza.
(Fuente: coma-ruga.info)

A cambio de todas estas ventajas que aporta la toma de decisiones cercana al ciudadano, creo que es inevitable un  cierto sobrecoste respecto a un modelo completamente centralizado, que yo evalúo en el entorno del 10%. Todo lo que excede a este valor ya son disfunciones del modelo. Pero, ¿de dónde proceden las disfunciones?.

Hoy España está articulada en diecisiete Comunidades Autónomas (más dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla). Hay algunas Comunidades con un nivel de territorio y población equiparable a alguno de los países pequeños de Europa. Otras están claramente por debajo de ese umbral. Hay algunas Comunidades uniprovinciales cuyo tamaño hace que sea complicado conseguir un modelo eficiente de gestión. En algunos territorios hay un sentimiento regional o nacionalista muy marcado, mientras que en otros es prácticamente inexistente (el famoso café para todos, las del artículo 143).
(Fuente: euskoalkartasuna)

El modelo económico de las autonomías (salvo los casos singulares del País Vasco y Navarra) se basa en que el Estado recauda y distribuye los presupuestos entre las autonomías, de acuerdo a determinados criterios bastante bien definidos (territorio, población). Y las Comunidades Autónomas se convierten en centros de gasto, que gestionan sus propios presupuestos.

Algunas disfunciones proceden de la multiplicidad de centros donde se toman decisiones de gasto. Lo que multiplica, claro, el número y naturaleza de los amigos, cuñados y amigos de la mili de turno, alimentando un clientelismo que aboca muy rápidamente a la corrupción, si no se frena y se elimina a tiempo. Los gastos suntuarios se multiplican (coches oficiales, Palacios de Gobierno, edificios oficiales, etc.). Muchos funcionarios de las diversas administraciones acaban recubriendo sus funciones, provocando duplicidades que hay que erradicar hasta el límite.

En algunas Comunidades Autónomas se han desplegado fuerzas de policía locales, controladas y dirigidas por el propio Gobierno Autónomo. Algunos lo ven como un despilfarro. A mi no me parece mal, siempre que se pueda garantizar que (todas) las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado están perfectamente coordinadas en las grandes luchas que les son comunes (terrorismo, criminalidad organizada, narcotráfico, bandas de diverso pelaje, etc.). Y siempre que se pueda asegurar que no se recubren las funciones ni se duplican los efectivos, y que no priman los celos sobre la colaboración.

Han florecido Palacios de Congresos, de Deportes y Museos de todo tipo en ciudades y lugares que tendrán, sin duda, dificultades para hacer rentables este tipo de estructuras. Pero que, por otra parte, representan oportunidades únicas de hacerles presentes en el mapa científico, empresarial, económico y cultural, y de desarrollar una industria turística local, que sería inexistente de otra forma. Claro que la construcción de un edificio singular de este tipo supone un presupuesto importante, y una oportunidad que los corruptos raramente desprecian. Como ejemplo, el Palma Arena, sin ir más lejos. Costes que se disparan respecto a los presupuestos iniciales y que dejan regueros de comisiones y ventajas para los amigos de los que toman las decisiones... y para los decisores también.
Interior del Palma Arena
(Fuente: agendascomunes)

Pero la lucha contra la corrupción debe desarrollarse a todos los niveles y hasta el fondo. El modelo autonómico la complica un poco, por la dispersión de los centros de gasto, pero eso no debe desanimar.

Por otra parte, hay que asegurarse de que las decisiones sean razonables y sostenibles en el tiempo. En Madrid, por ejemplo, estamos habituados a grandes inversiones (que generan las correspondientes inauguraciones con foto, claro) seguidas de una racanería extrema en su dotación para los gastos corrientes. Construir un nuevo hospital cuesta muchos millones de euros. Pero, para que funcione luego correctamente, requiere una dotación generosa de personal y medios, que no siempre se da. Inaugurar nuevos kilómetros de metro y muchas estaciones da mucho rédito político, pero una vez la red extendida está en funcionamiento, hace falta dotarla con más convoyes, más maquinistas, más personal de estación, más personal de mantenimiento y seguridad, etc. Y no siempre se hace (o se puede hacer) en la proporción correcta. Sólo más grande no vale, hay que hacerlo crecer manteniendo o aumentando su eficiencia.

Con todo ello, a menudo el ciudadano tiene la sensación de que se invierte en obras faraónicas, cuyo uso será el de las Pirámides: celebrar los ritos funerarios y luego ya sólo envejecer bajo el viento del desierto.

Por un principio económico básico, se puede recurrir al endeudamiento para las inversiones de todo tipo (que generan bienes y estructuras de larga vida), pero el gasto corriente debe poderse asegurar con los recursos regulares. Financieramente incluso es sano endeudarse para comprarse una casa o un coche, pero debemos poder cubrir los gastos de una u otro con nuestros ingresos regulares, sin recurrir a más endeudamiento, lo que nos llevaría a una espiral cuyo único final es la quiebra.
Hospital Infanta Sofía, en San Sebastián de
los Reyes (Madrid), de reciente construcción.
(Fuente: wikipedia)

Todas estas disfunciones son ciertas, y dan argumentos muy poderosos a los enemigos de la organización del Estado según un modelo autonómico. Sin embargo, si somos capaces de conseguir una gestión eficiente del modelo autonómico, sus ventajas son muy superiores a sus inconvenientes.

La pregunta hoy es si, después de casi treinta años de autonomías, los Gobiernos autonómicos no se han convertido ya en unas maquinarias tan pesadas que su único destino posible es chocar contra el iceberg, por su falta de reacción a cualquier movimiento de timón.

Por sus muchas ventajas, creo que merece la pena luchar por el modelo autonómico que nos hemos dado. Tenemos un yacimiento de mejora de eficiencia muy importante en él. Como siempre, cuesta abajo todo vale y hasta la m..... corre. Pero cuando vienen duras, hay que afinar en todo. El Gobierno de España ya ha tomado algunas iniciativas mayores al estilo de reformas, que debe completarse con el esfuerzo de todos los Gobiernos Autonómicos en perseguir la eficiencia en todos sus procesos y en erradicar por completo los procedimientos corruptos.

Esta primavera tendremos elecciones autonómicas y locales, que representan una oportunidad singular para que los ciudadanos hagamos oir nuestra voz. Pero debemos ser capaces de evaluar objetivamente los niveles de eficiencia de las administraciones actuales, y anticipar la que podrían aportar sus competidores. Debemos exigir a los políticos compromisos formales en esta línea. Y, ante la duda, un cambio siempre es una medida de higiene política que trae más ventajas que inconvenientes.

Por otra parte, si las autonomías persisten en su falta de rigor y en la frivolidad ante el endeudamiento; si no se esfuerzan en la erradicación completa de la corrupción; si, en definitiva, no contribuyen de forma decisiva a la salida de la crisis, entonces sus enemigos habrán vencido y a sus partidarios ya no nos quedarán argumentos que aportar.

Deberíamos votar con la cabeza, y no con el corazón.

JMBA