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miércoles, 6 de abril de 2011

Hoteles (Controladamente) Cutres

Hace unos meses, ya dediqué una serie de artículos a desgranar los criterios y medios adecuados para reservar un hotel por Internet. Pero hoy quiero centrarme en los hoteles (controladamente) cutres, que pueden ser un excelente recurso para las visitas urbanas.
Entrada al hotel Paris Liege, en la rue de Saint Quentin,
París, frente a la Gare du Nord
(Fuente: venere.com)

En el centro de todas las grandes ciudades, especialmente de aquellas muy habituadas a los visitantes, anidan infinidad de hoteles, hostales y pensiones, que dan acogida a viajeros de todo tipo.

La mayoría son casas de vecinos reconvertidas, con éxito desigual. Con suerte, podemos topar con algún Palacio reconvertido a hotel de categoría superior.

Desgraciadamente, casi nunca (dejemos la esperanza del casi) podemos planificar ningún viaje en base a presupuesto ilimitado. Lo que, en la práctica, significa que todo lo que gastemos en alojamiento deberemos recortarlo de otras partidas (comidas, visitas, excursiones, espectáculos, compras,...).

Es por ello que, y no por propia voluntad, deberemos escoger siempre un alojamiento lo más económico posible. Sin embargo, esto no debe significar gastar lo mínimo, sino gastar lo mínimo necesario para asegurarnos de que, si bien prescindimos de ciertas comodidades, no deberemos soportar incomodidades más allá de lo que estemos dispuestos a aceptar. Porque eso acaba arruinando un viaje.
El hotel está a un paso de la Gare du Nord (al fondo)
(Fuente: tripadvisor)

Si miro hacia atrás, especialmente cuando viajaba de estudiante con un presupuesto extremadamente reducido, visualizo algunos de los lugares que frecuenté, y a los que hoy no volvería. Claro que la edad y una cierta renta te evitan enrocarte en una juventud eterna.

Entre los sitios que prefiero olvidar, destacaría un Hostal en Londres donde no existía el concepto de mi/nuestra habitación. Te tumbabas en una cama a echar la siesta, y te podías despertar frente a un motorista alemán que ni se había quitado las botas para descansar. O una pensión de la que por algún motivo he borrado los detalles de mi mente, en la rue Jean Jacques Rousseau de París, cerca del Louvre. Sólo recuerdo haber tenido ahí una conversación con un americano pelirrojo absolutamente antisistema y antiimperialista, pero a quien le parecía lo más normal del mundo tener un Marlboro o una Coca-Cola al alcance de la mano en cualquier lugar del mundo. O un hotelito junto a la place de la Republique, con un ascensor postizo en el que sólo cabías o tú o tu maleta, y un mini cuarto de baño en la habitación dentro de un armario. O la Locanda Il Gambero en una calleja de Venecia, cercana a San Marco, a cuyo dueño, un obeso deforme, sólo lo vi sentado todo el tiempo en la planta baja; eso sí, discutiendo a gritos por el precio de la restauración de un cuadro.

Con un amigo cogimos una vez el Alpen Express en Roma, dirección Hamburgo (creo que el viaje eran más de 24 horas). Íbamos sentados en segunda clase (de puro InterRail sin suplementos) pero nos acercamos, para gran sorpresa del maitre, por el vagón restaurante para cenar en condiciones. Bueno, un presupuesto limitado impone definir prioridades claras.
De un hotel cutrillo no se pueden esperar lujos
(JMBigas, Marzo 2011)

Actualmente, la oferta hotelera es prácticamente ilimitada y de todas las categorías (por lo menos en los países del primer mundo); además tenemos pleno acceso a ella gracias a Internet. Por ello, cuando debemos manejar un presupuesto escaso, conviene tener claras las prioridades que tenemos en cuanto al hotel, las comodidades a las que no nos importa renunciar y las incomodidades que no estamos dispuestos a vivir.

Lógicamente, todas las informaciones que se brindan por Internet forman parte del marketing hotelero, y a menudo no se aproximan demasiado a la realidad que nos encontraremos a nuestra llegada. Ser capaces de ver a través de esa nube que se nos tiende no siempre es fácil. Necesitamos una cierta dosis de experiencia (propia o de alguien cuyas prioridades y entorno nos sean conocidos).

Yo, por ejemplo, he pisado a pie desnudo y sin ninguna aprensión moquetas indescriptibles, que provocan en otros toda clase de rechazos. Me gustan las camas grandes, pero puedo dormir en una pequeña, siempre que esté limpia. Me cuesta renunciar a tener una mesa (aunque sea pequeña) y una silla en la habitación. Necesito un cuarto de baño, aunque sea mínimo, en la habitación. No me importa que no haya tele, pero aprecio disponer de WiFi gratuita. Puedo sobrevivir en una habitación pequeña, aunque la ventana dé a un patio interior casi sin luz.
Imprescindibles: una mesa y una silla
(JMBigas, Marzo 2011)

Al fin y al cabo, cuando se está de viaje, se permanece muy poquito tiempo en la habitación del hotel (aparte de para dormir y para el aseo). Si acaso consultar el correo electrónico, leer un poco o consultar mapas, planos o folletos.

De todas formas, que quede claro que, si el presupuesto es ilimitado, hay que escoger, sin dudarlo, el mejor hotel disponible cuya ubicación nos resulte conveniente. Y si lo de ilimitado se convierte en millonetis, hasta la ubicación nos da igual, porque tenemos el coche y el chófer a nuestro servicio. Y los mejores hoteles siempre están en un entorno muy agradable.

Pero la realidad nos obliga a asumir compromisos, para conseguir un mix de servicios que nos resulte conveniente por un precio abordable.

Voy con cierta frecuencia a París (al menos dos o tres veces al año). Y he desarrollado un patrón para escoger hotel que quiero compartir con vosotros. Hay dos grandes opciones, dependiendo, ante todo, de si viajo con coche o sin coche. Si viajo con coche, acostumbro a escoger alguno de los infinitos hoteles económicos que hay sobre el Boulevard Périphérique, junto a alguna de las múltiples Portes. Son fácilmente accesibles en coche (salvo los atascos a veces, claro) y disponen de aparcamiento. Un Ibis, por ejemplo, significa que ya sabes lo que te vas a encontrar, y a mí me cubren lo que considero imprescindible. Las Puertas del Periférico, además, tienen habitualmente estación de Metro, y es un área comercial con restaurantes, etc. Bueno, todo bastante bien resuelto. Si no es temporada muy alta, habitualmente se puede conseguir habitación por menos de 80€ (en algunos, hasta menos de 50€), lo que me parece más que razonable tratándose de París.
Enchufes abundantes, necesarios para recargar todo
tipo de pirulos que nos acompañan
(JMBigas, Marzo 2011)

Si viajo sin coche, procuro escoger un hotel por el centro, que esté bien comunicado. La zona que más me gusta es la de Les Halles, porque hay muchísima animación, y oferta comercial y de restauración para todos los gustos. Además, está excelentemente comunicada, ya que se cruzan allí varias líneas de Metro y las dos grandes líneas (A y B) del suburbano (RER). Pero no hay muchos hoteles, y la mayoría son descontroladamente cutres, y no especialmente baratos. Estuve una vez en el Agora, a una manzana de Les Halles, y juré no volver. La recepción está en el primer piso, sin ascensor. En el baño, el plato de ducha era enano y la mampara no dejaba más de treinta o cuarenta centímetros para entrar y salir. Tenía que entrar de lado, y cuando conseguía que pasara la barriga, se oía plop, plop. En la zona hay un hotel digno, el Novotel Les Halles, pero raramente se puede conseguir una habitación allí por debajo de los 200€.

El Barrio Latino (el entorno de boulevard Saint Michel) es otra buena opción, pero allí todos los hoteles son bastante caros salvo, quizá, los muy alejados de la estación del Metro.

Las últimas veces que he estado en París sin coche, he escogido algún hotelito en las proximidades de la Gare du Nord (10é). Es cierto que el vecindario no es de lo más estético que tiene París, pero la zona está muy vigilada, y no es más peligrosa que cualquier otro sitio de la ciudad. Está bien comunicado también (la línea B del RER permite el acceso a los dos grandes aeropuertos). Y si pienso hacer alguna excursión a Londres (como ya he contado recientemente) el Eurostar sale de la Gare du Nord, y es muy cómodo estar a unos minutos a pie, tanto a la ida como a la vuelta. Lo mismo vale para Lille, Bruselas, Amsterdam o Colonia.

Además, hay bastantes hoteles a menos de cinco minutos a pie de la estación. Hay un hotel digno (el Mercure Terminus Nord) pero el precio raramente baja de los 150€. Sin embargo, hay varios hoteles con precios entre los 60 y los 90€ que pueden ser razonables. Pero hay que escoger bien, para evitar caer en alguno que sea descontroladamente cutre. He ido muchas veces al Apollo Gare du Nord, un hotelito en la propia Rue Dunkerque (frente a la parte nueva de la estación), pero actualmente el edificio está en obras de restauración. Veremos lo que quedará cuando terminen.

Las últimas veces he recalado en el Paris Liège, un hotelito de dos estrellas, cutrillo pero soportable, y muy bien de precio (70€ incluyendo el desayuno continental pagué hace poco). Está en la Rue Saint Quentin, perpendicular a la Gare du Nord, a uno o dos minutos a pie. Tiene recepción 24 horas en la planta baja, con un par de máquinas expendedoras de bebidas y snacks (a menudo desabastecidas, eso es cierto). Pero en las cercanías hay varias tiendas de conveniencia, abiertas hasta muy tarde, donde comprar refrescos o hasta botellitas de ron o de whisky, si nos apetece una copita en la habitación, mientras preparamos el itinerario del día siguiente.

Tiene cinco o seis plantas, con un ascensor postizo y enano (donde solamente caben un viajero y una maleta no muy grande). Además, el ascensor atiende los medios pisos. Significa que para cogerlo en recepción hay que subir media docena de escalones, y al llegar a la habitación, hay que bajar otros tantos. Si se tiene una habitación en la cuarta planta, por la ley del mínimo esfuerzo, se va al cuarto en ascensor (bajando unos escalones hasta la habitación), pero se toma en el tercero (para también bajar, en lugar de subir).
Un plato de ducha de tamaño razonable
(JMBigas, Marzo 2011)

Hay una salita pequeña junto a recepción, donde se sirven los desayunos, a menú fijo: café o té, zumo de naranja de brik, panecillo, croissant, mantequilla y mermelada. Con suerte, en este tipo de hotelitos todavía se pueden degustar los excelentes croissants de boulangerie. Porque en los hoteles más grandes, los croissants son siempre congelados y horneados ad hoc.

Esta vez conseguí una habitación individual, pequeñita y con una cama pequeña, pero con mesa, silla y tele pequeña pero plana. La ventana daba a un patio interior.

El cuarto de baño, pequeño pero con todo lo imprescindible: plato de ducha de tamaño medio con mampara de puerta corredera (aquí la barriga se deslizaba hacia dentro o hacia fuera con cierta agilidad), WC y lavabo con espejo y estante (por algún extraño motivo siempre algo inclinado, por lo que es normal encontrarse el peine caído en el lavabo). Eso sí, en la ducha no había estante alguno para el gel de baño. Quizá mejor, porque dado el tamaño, correríamos el riesgo serio de descalabrarnos con él.

En el desayuno te puedes encontrar al resto de huéspedes. Si se juntan todos a la vez no hay espacio suficiente. Entre ellos puedes distinguir alguna pareja de campagnards en viaje de bodas a la capital, o alguna pareja irregular (como una alemana cuarentona con cara de satisfacción junto a un negro mazas), o un grupito de un par de parejas rusas, de turismo por la Ciudad de la Luz. Lo que nunca te encuentras en estos hotelitos (porque no caben) son los autocares de turistas, a los que, personalmente, odio con todo el cariño.

En la habitación tenía acceso WiFi gratuito que funcionaba como un tiro (seguramente sería yo el único que lo utilizaba en todo el hotel). Al entrar a la habitación, casi me chocaba con el armario. Un armario con un solo estante y media docena de perchas de diversos orígenes: tienda de ropa, Grandes Almacenes, tintorería, otros hoteles,...

En resumen, un alojamiento económico, controladamente cutre, suficientemente cómodo, que libera presupuesto para otros fines más agradables.

Es complicado, sin una experiencia previa, topar con hoteles que tengan una oferta tan bien balanceada. Si buscamos (sólo) lo más económico, caeremos en lo inaceptablemente cutre con mucha facilidad.

La única solución que conozco (aparte de la recomendación de alguien que ya haya estado) es leerse en Internet los comentarios de otros clientes, siempre que haya por lo menos 100; si no, no es nada significativo. Atender al perfil de cada uno (si viajaba solo, en pareja, en grupo de amigos, en familia), matizando los comentarios negativos (quejas de habitaciones ruidosas pueden ser muy graves para unos, y absolutamente veniales para otros), prestando especial atención a los temas relacionados con la limpieza (o su escasez) y obviando los comentarios sobre la amabilidad o grosería del personal. Por una parte, en un hotel cutre el personal (escaso) no está para atender nuestros caprichos, y si no hablamos la lengua del lugar, podemos esperar ciertas dificultades. Y mucho cuidado con los comentarios elogiosos o muy positivos, que hay gente para quien cualquier cosa ya le parece la bomba. Se puede recomendar un hotel sin necesidad de que sea el mejor de la ciudad; a pesar de que sea relativamente cutre, puede ser recomendable si el precio está en consonancia con la oferta. Si filtramos bien, podemos hacernos una idea bastante cabal de lo que vamos a encontrarnos.

Pero hay que tener cuidado, porque todos los hotelitos tienen una o varias habitaciones que son las cenicientas (muy pequeñas, casi sin luz natural, con cama enana,...). Un precio muy por debajo de la media del hotel debe hacernos sospechar.

En fin, los presupuestos limitados exigen compromisos.

JMBA

martes, 19 de octubre de 2010

El Desafío de Reservar un Hotel (1)

En puridad, un Hotel es simplemente un refugio para cuando estamos lejos de casa. Habitualmente, es en casa donde estamos rodeados de las comodidades cotidianas que hemos podido darnos, y es donde nos sentimos realmente a gusto. Los que no se sienten a gusto en casa quizá puedan ser objeto de otro artículo.
(Fuente: chascomus)

Cuando nos vamos de viaje, uno de los temas importantes a fijar es el de los refugios que vamos a escoger durante esos días. Si viajamos a sitios singulares (zonas rurales, estaciones de esquí, etc.) tendremos que acogernos a la oferta disponible, que en algunos casos será escasa, y nuestra capacidad de decidir será necesariamente limitada.

Si vamos a instalarnos durante unos días en alguna zona de playa, a dorarnos las lorzas al Sol, seguramente escogeremos el hotel de acuerdo a lo que vayamos a hacer, o a lo que podamos costearnos.

Pero si queremos pasar unos días en una ciudad, para patearla y conocerla un poco, o vamos a hacer un cierto recorrido, la elección de los hoteles debe ser una tarea importante, a la que conviene que dediquemos el tiempo necesario.

Se dice que de un viaje se disfruta tres veces: al prepararlo, al hacerlo, y al contarlo. Lo de contarlo y su evolución con los tiempos, podría ser objeto de otro artículo. Pero tenemos que tener claro que el tiempo del viaje es limitado, y todo el tiempo antes del viaje que dediquemos a prepararlo y planificarlo es mucho más barato para nosotros. Creo que compensa no racanear en esta parte.
Antiguo Grand Hotel Maury, Lima, Perú
(Fuente: mav.cl)

En la era anterior a Internet, organizar un viaje dependía por completo de terceros, de las Agencias de Viajes principalmente. Había alternativas, pero extraordinariamente costosas, especialmente en tiempo. Yo recuerdo haber pasado meses intercambiando correos físicos con diversas instituciones y organizaciones, para hacerme con catálogos en papel de alojamientos en los lugares que pensaba visitar. A menudo pagando por ellos. Y luego semanas hasta que había escogido e intercambiado más correos físicos con los hoteleros escogidos (o los Bed&Breakfast, en su caso). Cuando conseguía confirmar alguna reserva, tenía que enviar una transferencia y cosas del estilo.

También he hecho algunos viajes de los de cargar la maleta en el coche, y tirar carretera adelante y ya veremos. Dedicándole tiempo durante el viaje, habitualmente conseguíamos hoteles razonables, más o menos en la zona en la que queríamos quedarnos. Claro que, alguna vez, en temporada alta, tuvimos que acabar durmiendo en el coche. Una vez, en Niza, en pleno mes de Agosto, no había un alojamiento libre a cien kilómetros a la redonda. Conseguimos aparcar en una zona junto a una carretera secundaria, donde había una fuente. Tras dormir en el coche, por la mañana descubrimos lo hábiles y afortunados que habíamos sido. Muchos coches vinieron a nuestro albergue para refrescarse la cara en esa fuente.

Pero la era de Internet nos ofrece tal profusión de oferta y tantas facilidades, que ya no compensa perder tiempo del viaje gestionando un hotelito donde pasar la noche.

Claro, eso nos obliga a planificar mínimamente el recorrido que queremos hacer, documentarse sobre el itinerario, y decidir las etapas y donde refugiarnos cada noche. Con la profusión actual de dispositivos GPS, podemos además definir vagamente los recorridos, de modo que cada día del viaje tiene una dirección fijada al final, que es el hotel que tenemos reservado. El resto sigue siendo libertad plena.

Pero, de esta forma, evitamos el agobio que nos sobreviene en torno a las cinco de la tarde, cuando empezamos a pensar dónde vamos a refugiarnos esta noche, si no tenemos reservas previamente confirmadas. Alguna vez, no con mucha frecuencia si la preparación ha sido concienzuda, quisiéramos cambiar el itinerario sobre la marcha. Pero ese es el (pequeño) precio que se paga por la tranquilidad y por el disfrute del 100% del tiempo del viaje.

Un Hotel en el que alojarse tiene tres características que son las únicas que nos deben preocupar:

1) Su ubicación. Define el entorno, y la oferta de otros servicios que podemos tener a mano. Si el hotel es de ciudad, que esté en la zona céntrica puede ser básico si no viajamos en coche. O que esté bien comunicado (Metro, autobuses). Si viajamos en coche, un hotel muy céntrico puede ser un problema para llegar hasta él, y un desafío el aparcar el coche, o muy costoso si el hotel dispone de Aparcamiento o hay Parkings públicos en la vecindad. En este caso, igual nos resulta preferible un hotel en uno de los ejes de acceso al centro, donde podamos llegar y aparcar sin problemas. Siempre que esté bien comunicado con las zonas de atractivo para el visitante.
Habitación sencilla de un hotel modesto
(Fuente: sobrebelgica)

2) Su oferta de Servicios. Es la que define, de alguna forma, su categoría, pero no la calidad. Porque hay excelentes hoteles modestos y nefastos hoteles de lujo. Tenemos que tener claro los servicios que son irrenunciables para nosotros (la comodidad y servicios en la habitación, las zonas comunes, la oferta de restauración, gimnasio, spa, Business Center, Internet gratuito o no, Parking, etc.). Posiblemente, si sólo vamos a pernoctar para seguir viaje al día siguiente, una habitación limpia, una cama cómoda, un cuarto de baño y un buen desayuno pueden ser más que suficientes.

3) Su Precio. Es el elemento que completa la ecuación, y el único que hace, juntamente con los dos elementos anteriores, que un hotel sea bueno o malo. Un hotel modesto en el centro puede ser una excelente opción, si el precio es razonable. Un hotel presuntamente lujoso, pero envejecido, puede resultar incómodo, y hacer que un precio medio sea excesivo. Un precio razonable para un hotel de lujo puede ser un chollo, pero ¿vamos a aprovechar todos sus servicios?. Porque, además, todos los servicios no incluidos en la tarifa de promoción tendrán el precio de un hotel de lujo. Esa cervecita en el bar, después de patearse la ciudad, nos puede salir por un ojo de la cara.

En resumen, debemos ser capaces de conjugar los tres elementos para conseguir la mejor opción para nuestro viaje. Si dejamos aparte los malos hoteles, no existen las opciones óptimas o malísimas, en general, sino que dependen de nuestro plan de viaje. Por eso conviene matizar las recomendaciones, vengan de donde vengan, para estar seguros de que los requerimientos de los recomendadores coinciden con los nuestros, o no.

En otro artículo os comentaré los recursos que Internet nos ofrece para salir airosos de este desafío.

JMBA