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viernes, 21 de septiembre de 2012

¡Qué cansino es todo con Rajoy!

Hace años, yo tuve un jefe que era miembro egregio de la Cofradía de la Virgen del Puño ... ¡Cerrado!. Su frase preferida para justificar una no subida de sueldo era la siguiente: Cuando ya has cenado diez langostas, no te queda más hambre.
Imagen de la manifestación del 11-S en Barcelona.
(Fuente: miboina)

Pero también utilizaba con frecuencia otras frases ingeniosas, trascendentes y menos hirientes. Por ejemplo: No importa el tamaño del territorio que represente el mapa que cuelgues en la pared: siempre habrá un Norte y un Sur. Efectivamente, tenía razón. Si es un barrio, está la zona de los chalecitos y la de los pisos a barullo y muchas plantas. Si es una ciudad, están los barrios más acomodados (con más zonas verdes, mejores accesos,...) y los suburbios (eufemísticamente) llamados más populares. Si es una región, están los de la ciudad y los del campo. Si es un país, están los catalanes o vascos y los extremeños o andaluces. Si es un continente, están los hacendosos del Norte (Alemania, Holanda, Finlandia,...) y los vagos, perezosos y malgastadores del Sur (Grecia, Italia, Portugal, España). Y si es el Mundo, hay grandes diferencias también entre el Norte y el Sur.

La civilización moderna ha comercializado el concepto de la solidaridad. Este concepto reconoce tácitamente que los menos favorecidos lo son por pura fatalidad, muy a su pesar. Porque viven en lugares inhóspitos donde nada crece; porque guerras (sin dueño) les han sumido en la miseria; porque sequías sin fin les condenan a la hambruna; porque Gobiernos sin entrañas (muy habitualmente, nuestros amigos) no se preocupan de su población; porque exterminios étnicos o religiosos (con nuestras armas) les han dejado diezmados; porque volcanes, terremotos o tsunamis azotan su territorio con regularidad, y así por muchas otras causas de este tenor.

En los períodos de riqueza generalizada, la parte privilegiada del mundo (que está convencida de serlo porque el destino así lo marca) practica una solidaridad que linda de muy cerquita con la simple caridad. Se intentan paliar los efectos de la miseria, pero nadie le pone el cascabel al gato de sus causas. Se intenta alimentarles, pero sólo para que puedan seguir sobreviviendo y así tranquilizar nuestras conciencias. Las llamadas ONG (muchas de las cuales realizan una labor muy meritoria) intentan (con escasos éxitos) achicar el mar, y muchos sólo buscan en ellas poder vivir unos años de aventuras en escenarios exóticos y peligrosos, mientras algunos también persiguen fondos que derivar a los bolsillos privados.

Por cierto, ese mismo mecanismo es el que ha venido funcionando en la Zona Euro en los años de prosperidad y vacas gordas. Alimentar a los perezosos del Sur con riadas de liquidez permite convertirlos en clientes de las grandes maravillas que los hacendosos somos capaces de fabricar y producir. Sin tener en cuenta que un perezoso con abundancia de dinero es una bomba de relojería.

Cuando las tortas cambian y la situación económica se convierte en una pura depresión o recesión, cuando hay gente pasando hambre en nuestra misma calle, o incluso en nuestro mismo portal, el concepto de solidaridad se revisa a la baja y da la sensación de que alimentar a los perezosos ya no es tan buena idea.

Cuando la sociedad pasa por sus años de esplendor es cuando se dispone del ímpetu, el empuje y los medios necesarios para cambiar el mundo. Pero eso, en esos momentos, a nadie le interesa. Unos andan embotados por tanto champán; otros embrutecidos por los viajes de vacaciones tres veces al año; algunos andan distraídos con las maravillas de su nueva fortaleza rodante de ochenta mil euros; y todos, todos, gastan todo lo que pueden (y se endeudan) como si no hubiera un mañana y como si hubieran olvidado que la historia es cíclica y que no hay mal ni bien que cien años dure.
Jyrki Katainen, Primer Ministro de finlandia
(Fuente: cincodias)

Pero la realidad es tozuda, y siempre llega el momento en que alguien empieza a pensar que la inundación de dinero y los torrentes de liquidez donde los perezosos quizá no es tan buena idea. Y todos los que pueden se refugian en sus Cuarteles de Invierno, para dejar pasar las tormentas de nieve. Y el que no pueda, que se congele en el páramo.

El montaje de la Europa socialdemócrata del Estado del Bienestar de después de la Segunda Guerra Mundial, la maquinaria del Euro, o la mayoría de los Estados, si vamos a ello, se montaron con una economía en expansión en la cabeza. Y, por cierto, con la deliberada ignorancia de que siempre habrá un Norte y un Sur, unas zonas, unas regiones, unas clases, unas poblaciones, con más recursos que otras. Y la maquinaria debe saber funcionar conviviendo con ese hecho básico.

Por eso es radicalmente injusto que los alemanes acusen a los griegos, italianos o españoles de no ser alemanes, porque nunca lo hemos sido y, muy probablemente, nunca lo seremos. Como es injusto que los catalanes acusen a los andaluces o extremeños de no ser catalanes, porque nunca lo han sido y, muy probablemente, nunca lo serán. Pero la maquinaria debe poder funcionar partiendo de ese hecho, de que hay zonas más calientes y otras más frías.

En los campos de trigo no todas las espigas crecen a la misma altura. Sospecho que desconocemos los mecanismos por los que hay espigas más rezagadas, incapaces de alcanzar la altura de las más aventajadas. Y, en estas condiciones, la única igualación posible es la de la hoz. En estos tiempos convulsos, muchos dan la sensación de perseguir la igualación por la hoz, que todos seamos pobres, en lugar de luchar para que cada vez haya más ricos (más espigas aventajadas) y que los pobres lo sean menos. La realidad es que cada vez hay menos ricos, pero cada vez lo son más, y hay un mayor número de pobres, que también lo son más.

Otra alternativa para las espigas aventajadas, para hurtarse a la hoz, es manifestar que nosotras no somos trigo y que, por lo tanto, inútil es que las espigas rezagadas se empeñen en igualar nuestra grácil altura, porque son de otra especie condenada a crecer menos.

En este contexto, el 11 de Septiembre invadieron las calles de Barcelona muchas personas, muchas. Igual hasta más de un millón. Se sumaron a una manifestación que, formalmente, perseguía la independencia de Catalunya de España (que Catalunya sea un nuevo estado en Europa). Convencidos de que así les irá mejor. El sentimiento con que se sumaron a esa manifestación es difícil de juzgar sin equivocarse demasiado. Por eso no me gusta la calle como foro de la política, porque en la calle todos son peatones, tanto los que caminan porque ya no les da ni para coger el autobús, como los que lo hacen por mejorar su salud, dejando hoy el coche en casa. Con seguridad hubo en la calle una demanda de cambio, con razones mixtas en algún lugar entre la Indignación y la Independencia. Quien ya nada tiene que perder, está convencido de que es imposible que cualquier cambio sea a peor.

Cada vez más todo este movimiento apesta a Guerra de las Malvinas, a maniobra de diversión. A idear un enemigo común, contra el que todos estamos unidos.

El llamado problema catalán se ha venido agudizando en los últimos tiempos, azuzado por diversos hechos, a los que la profunda crisis económica, no es, desde luego, ajena. Ya no hay líneas rojas, por mucho que los políticos se empeñen en visualizarlas. Se han cruzado ya muchas veces, descalificando unos a los catalanes por insolidarios; otros a los andaluces o extremeños por vagos; otros a los de Madrid por expoliadores.

En la dinámica ciega y torpe habitual en todos los nacionalismos, se recurre a la historia como fuente de legitimidad, ignorando deliberadamente que en la historia se pueden encontrar justificaciones para verde, azul o rojo, dependiendo de hacia dónde y hacia cuándo mires. Unos pueden invocar a los Reyes Católicos y otros a los Reyes de Aragón o a los Condes de Barcelona. Todo ello es un fuego de artificio perfectamente inútil.
Rajoy y Mas, a las puertas de La Moncloa, este jueves.
(Fuente: elmundo)

Si tuviéramos estadistas de nivel, y no políticos cortos de vista y torticeros, es el momento de tomar a ese toro por los cuernos. Ya está bien de diatribas, descalificaciones y victimismos. De la manifestación de ese martes se desprende que hay una muy fuerte demanda de cambio entre los catalanes. Es el momento de enfrentarles con claridad a su futuro y no el de regodearse (por uno y otro lado) en el pasado y en presuntas realidades identitarias confrontadas. O de esgrimir ciegamente la Ley y la Constitución, obviando el hecho de que todo eso lo hemos hecho nosotros, y nosotros lo podríamos cambiar, si llegara el caso y fuera la voluntad de la mayoría.

Lo primero sería convocar de modo inmediato elecciones generales en Catalunya, donde todos los partidos deberían plantear con claridad cuál es su propuesta de cambio. Si en las urnas se viera la misma voluntad de independencia que pareció verse en las calles (si no fuera así, se habría desenmascarado a los políticos, y a otra cosa), lo más conveniente sería convocar un referéndum en Catalunya por la independencia, donde estuvieran muy claros los efectos de una u otra respuesta. Si la respuesta fuera mayoritariamente afirmativa por la independencia, sería el momento de iniciar las negociaciones para la separación, para el divorcio amistoso. No sería fácil atinar en un justiprecio para los bienes gananciales. El tema de quién se queda con los amigos sería, posiblemente, más claro. Una Catalunya independiente debería tomar la decisión de cómo llamar a su nueva moneda nacional, porque su posible integración en la Unión Europea y en la Zona Euro sería objeto de un tedioso y largo expediente, con resultados inciertos.

Mientras tanto, reaparecerían las fronteras externas de la UE (de Catalunya con el resto de España y con Francia) y los aranceles, y no faltarían catalanes voluntarios para intentar construir lo mejor de una Catalunya española en algún lugar de la Mancha (un decir). Desaparecido el enemigo común (Madrid, la Constitución, los nacionalistas españoles,...) aparecerían las disensiones sobre qué bases construir la nueva Catalunya Estado.

Si todo discurriera por los mejores caminos, muchos años después Catalunya podría integrarse, por fin, en la Unión Europea y en la zona Euro, y firmaría el Tratado de Schengen, con lo que desaparecerían (de nuevo) las fronteras y los AVEs dejarían de ser trenes internacionales. Para los alemanes, Catalunya sería uno más de los países perezosos del Sur. Los que hoy insultan a Madrid, pasarían a insultar a Bruselas o a Frankfurt y caerían de nuevo en la melancolía identitaria. Hasta que consiguieran su sueño dorado en forma de una Balsa de Piedra (cito a Saramago) agonizando en el mar a los acordes del Desperta, Ferro.

Todo eso podría ser así si no fuera que la verdadera voluntad política de los políticos nacionalistas es utilizar la amenaza de la independencia para que el Pacto Fiscal sea visto como un mal menor. Para utilizar esa amenaza como un as en la manga del jugador de ventaja, para negociar mejoras económicas en la financiación y otras perlas del género, frente a políticos del Estado timoratos y miedosos, sin ninguna talla de estadistas, a mayor gloria (y riqueza) de sí mismos y de sus amigos. Y al pueblo catalán, con su sentimiento nacionalista un poco ingenuo, exacerbado e instrumentalizado por los políticos para su propio beneficio, que le vayan dando. Como siempre.

Luego este jueves se reunieron Rajoy y Mas en La Moncloa, con unas formas aparentemente algo tirantes. Rajoy intentó ventilar el tema con la indolencia que ya viene resultando habitual. A Mas no le quedará más remedio que convocar Elecciones Generales en Catalunya, y veremos qué nuevas falacias se inventan unos y otros en campaña para que nada se aclare nunca. A río revuelto, ganancia de pescadores.

De verdad, qué cansino es todo en este país. Qué fatiga.

JMBA

martes, 13 de marzo de 2012

El Estupor de los Sindicatos


Parece claro que los Sindicatos no están pasando por su mejor momento de influencia y popularidad. Posiblemente el origen de ese deterioro esté en que les está faltando un poco de cintura y de sintonía fina para adaptar su labor a los tiempos que corren, y a los que nos esperan.
Los líderes sindicales, en la rueda de prensa inmediatamente
anterior a las manifestaciones del domingo.
(Fuente: lavozlibre)


Tampoco es ajena su mala prensa a la actitud indolente que han adoptado durante los (casi) ocho años de gobierno socialista, en la que han asistido impertérritos al progresivo deterioro del mercado laboral y a un número creciente de desempleados. Se dice que anestesiados por muy jugosas subvenciones del Gobierno para la impartición de formación a trabajadores y parados. Y es conocido que hasta la aceitera más limpia e impoluta, siempre nos acaba untando los dedos.


Pero en estos tiempos revueltos no debemos, de ningún modo, empezar a demonizar colectivos y organizaciones. Parece inevitable que en momentos como este en que tan poco queda para intentar repartir, a la solidaridad la sucede el individualismo, el sálvese quien pueda. Quien tiene (todavía) un empleo está dispuesto a lo que sea para mantenerlo. Porque la única alternativa posible es el desempleo (situación en la que, muy probablemente, ya están algunos de sus familiares, vecinos y amigos).


A los funcionarios no les queda más remedio que, presuntamente a cambio de su empleo vitalicio, aceptar sucesivos recortes en sus salarios y derechos. Muchas empresas privadas han avanzado también por este camino, negociando reducciones de jornada laboral a cambio de disminuciones proporcionales en el coste salarial.


A nada nos conduce demonizar al colectivo de los que todavía están empleados, o a los propios Sindicatos, que, por otra parte, no acaban de salir de su estupor. Un desconcierto que tiene mucho que ver con que deben enfrentarse a circunstancias para las que no estaban preparados.  


La principal función de los Sindicatos, tal y como los conocemos hoy en España, es, si acaso, defender los intereses de los trabajadores. A través de las negociaciones colectivas y, eventualmente, las movilizaciones, huelgas y demás, saben luchar para conseguir que el trozo de un pastel creciente dedicado a los trabajadores sea algo más grande de lo que sería si no existieran. En otras palabras, su estructura mental está preparada para alterar la distribución de la riqueza creada, en favor de los trabajadores.


Dicho sea de paso, con un éxito menos que relativo, pues las últimas décadas nos han traído un agravamiento muy serio de la desigualdad. Es decir, los ricos lo son cada vez más, mientras que los pobres se siguen empobreciendo. Usando ricos y pobres en el sentido más amplio posible.
Curioso. Esta convocatoria era para el
29 de Septiembre de 2010.
(Fuente: noblezabaturra)


Y ello nos ha traído la Trampa Gigante de la Desigualdad. En Estados Unidos, por ejemplo, en las últimas cuatro décadas se ha pasado de un 8% del PIB detentado por el 1% de la población, a una concentración de hasta el 20% del PIB en manos de ese 1% de más ricos. Os recomiendo un excelente artículo (en inglés, eso sí), publicado sobre este tema por el Social Europe Journal.


Los Sindicatos mayoritarios en España (CCOO y UGT) convocaron manifestaciones este pasado domingo (por cierto, un 11-M, lo que generó más polémicas todavía; para evitar la fecha del 18 de Marzo, en medio del puente de San José), que tuvieron una afluencia bastante limitada. Los medios más contrarios llegaron a decir que sólo habían asistido los liberados sindicales, en defensa de sus propios privilegios.

Y también han convocado, con más miedo que vergüenza, una Huelga General para el 29 de Marzo, que ya veremos en qué resulta. Me da la sensación de que la gran mayoría de empleados y también de parados creen que este no es tiempo de algaradas y protestas, sino de trabajar todos juntos para intentar salir de una situación extremadamente crítica.


No ha contribuido, por cierto, al prestigio de los Sindicatos las infinitas reuniones sin acuerdos que han mantenido con la Patronal y tanto con el gobierno socialista anterior como con el actual del PP. No conseguir llegar a un acuerdo significa que, muy probablemente, siguen intentando defender cosas que ya no son de estos tiempos. En estos momentos, la principal obsesión debe ser conseguir que de la crisis salgamos todos y que no quede un reguero de cadáveres económicos en la cuneta. Que cuando consigamos recuperar la senda del crecimiento, con el esfuerzo de todos (no hay otra), disminuya la desigualdad y se distribuya mejor la riqueza creada.


Creo que han perdido la ocasión de transigir con algunas medidas duras pero temporales, a cambio de un horizonte más despejado para todos. En revancha, el Gobierno ha publicado una Reforma Laboral que se carga de un plumazo, y para siempre, muchos derechos que ha costado décadas conseguir.


Con su tozudez creo que están opositando a que puedan acabar siendo organizaciones prescindibles. Y eso no será bueno para nadie.


Como siempre, casi nada sucede por primera vez. Todo ha pasado ya alguna vez antes, en algún lugar. Pero no aprendemos. He tenido ocasión de leer recientemente un excelente y ameno libro titulado No Such Thing as Society (subtitulado A History of Britain in 1980s). La década de los 80 fue dominada en el Reino Unido por Margaret Thatcher (Primera Ministra desde 1979 hasta 1990). Thatcher era una neoliberal convencida (que hizo tándem político con el más siniestro Ronald Reagan), monetarista de la Escuela de Chicago y enemiga militante de los Sindicatos (las poderosas -hasta entonces- Unions).


Los Sindicatos en Gran Bretaña terminaron esa década terriblemente debilitados. Para ilustrar la lección que deberíamos aprender, valga como muestra un botón. Se empeñaron en defender derechos (o privilegios) que ya no estaban en consonancia con los tiempos que corrían. Por ejemplo, las Unions dictaban cuántos componedores (los que elaboraban casi manualmente la maquetación de las páginas de los periódicos) hacían falta para cada empresa y para cada actividad. Además, los empleados debían ser obligatoriamente miembros del Sindicato correspondiente. Las nuevas tecnologías, especialmente los ordenadores, ya permitían que los propios periodistas colocaran sus noticias en el formato de la página del periódico. Dramáticamente, las Unions descubrieron, demasiado tarde para ellos, que ya carecían de la capacidad de presión de la que habían gozado hasta entonces. De alguna forma intentaron oponerse al progreso, y este les pasó por encima.


Y no perdamos de vista que la amenaza, para todos, es justamente ese debilitamiento y desprestigio de los sindicatos, que parecen incapaces de convivir con los nuevos tiempos. De ahí el título de ese libro. Margaret Thatcher, en la euforia tras su tercera victoria electoral, fue entrevistada para una revista femenina. En ella se quejaba amargamente de la tendencia moderna a confiar en que la sociedad resuelva los problemas que tiene la gente, las personas, los ciudadanos. Y se preguntaba, ¿pero quién es la sociedad?.


Con la intención de dejar más claras todavía sus ideas, Margaret Thatcher insistía del siguiente modo:


"There is no such thing as society. There is a living tapestry of men and women and people and the beauty of that tapestry and the quality of our lives will depend upon how much each of us is prepared to take responsibility for ourselves"


(Cita de la revista Women's Own, 31 de Octubre de 1.987, tomada del libro No Such Thing as Society, de Andy McSmith, publicado por Constable-London en 2011)


Mi traducción libre sería como sigue: "No existe lo que llaman sociedad. Lo que existe es un tapiz vivo de hombres, mujeres y gente (sic) y la belleza de ese tapiz y la calidad de nuestras vidas va a depender de cuánto cada uno de nosotros esté preparado para tomar la responsabilidad de nosotros mismos".
Margaret Thatcher,  Primer Ministro del Reino Unido
(1979-1990)
(Fuente: prensarosa)


Todo un manifiesto individualista. En otras palabras, entre los caprichos del capitalismo y cada ciudadano no habría más que su capacidad de tomar la responsabilidad de su propia vida. Un mundo de perros grandes y pequeños que se devoran sin piedad unos a otros, abandonados a su suerte.


Para intentar evitar que esas palabras de la Thatcher describan a nuestra sociedad del futuro, es básico que los Sindicatos se sacudan de encima el estupor y el desconcierto que les está abatiendo, y sean capaces de seguir desarrollando un papel de amortiguación social en los tiempos venideros.


No debemos demonizar a los Sindicatos. Pero condescendencias las justas. Que asuman ya de una vez el papel que les toca llevar adelante en los tiempos que vienen.


Que se vayan poniendo las pilas, que se apaga la luz.

JMBA

jueves, 16 de septiembre de 2010

Turismo de Solidaridad

En otras épocas menos sofisticadas que la actual, el Turismo no tenía apellidos. Se hacía turismo para visitar otros lugares y conocer otras personas, y disfrutar de lo que eso nos podía ofrecer. Se venía a España o se iba al Caribe a dorarse al Sol, o se visitaban ciudades para ver sus Museos, o conocer sus pubs, o probar su cerveza o su vino, y degustar sus platos típicos.
Solidaridad. Fuente: guillermotornatore.com

Pero cuando el Turismo se ha masificado, la necesidad del Marketing obliga a la segmentación, para que la Oferta pueda ofrecer a cada cual lo que efectivamente anda buscando. Se habla hoy del turismo de Sol y Playa, el Cultural, el turismo rural, el Turismo Deportivo o el Cinegético, el Médico y muchos otros más.

Y también han nacido algunas especialidades bastante menos diáfanas. Ya comenté en otra ocasión sobre el que llamé Turismo de Altercado. Y hoy quisiera centrarme en el Turismo de Solidaridad.

El origen de lo que hoy conocemos como movimientos solidarios deberíamos buscarlo en el concepto cristiano de la caridad. Para mi, la única concepción válida de la caridad tiene dos caras: la primera es el poder aplicar paliativos a situaciones puntualmente muy negativas o problemáticas (desastres naturales imprevisibles, por ejemplo); la segunda tiene que ver con acciones estructurales encaminadas a que el problema desaparezca.

Cuando la caridad intenta poner remedio a problemas concretos, es razonable. Pero cuando la caridad contribuye a perpetuar la injusticia, todo el tema se convierte en extremadamente sospechoso. Todos recordamos esas mesas petitorias donde las señoronas recaudaban limosnas para los negritos del África, por ejemplo. Señoronas cuyos maridos eran, muy probablemente, explotadores sin alma. Una forma como otra de narcotizar las consciencias. En lugar de atajar el problema, hagámoslo eterno.

La progresiva laicización de la sociedad ha hecho evolucionar el concepto de la caridad religiosa hacia la solidaridad laica. Han aparecido como setas las llamadas ONG,s (Organizaciones No Gubernamentales), que se encargan de recaudar solidaridad en los países privilegiados, y distribuirla por los países pobres. Y es el caso que muchas ONG,s incurren en contradicción, pues viven en buena parte de las subvenciones del Estado. Incluidas, por cierto, las del ámbito de la Iglesia Católica. Porque en España la separación Iglesia-Estado nunca ha sido una realidad, por lo menos hasta ahora.
Lady Diana de Gales
Fuente: taringa.net

Aportamos, a través de las ONG,s, nuestro dinero o nuestro tiempo para aplicar remedios paliativos a situaciones de injusticia. Pero olvidamos que lo que realmente hay que hacer es erradicar la injusticia misma. Aportamos dinero para apadrinar (patrocinar) a un niño de algún país del Tercer Mundo. Para que pueda comer y recibir una cierta educación. Aunque seguirá rodeado de otros niños que no pueden comer ni recibir educación. O dedicamos unas semanas de nuestro tiempo a construir una escuela en alguna remota aldea; olvidando que eso en nada va a contribuir para mejorar el sistema educativo (presuntamente inexistente) de ese país. Nos sentimos como Reyes Magos, y eso ya nos vale. Pero, ¿les vale a ellos?.

Otra vez, como con la caridad, la solidaridad sirve para narcotizar nuestras consciencias, que se sienten culpables porque pensamos que somos privilegiados. Nos sentimos tranquilizados porque "hacemos lo que podemos". Pero no hacemos lo que hay que hacer, sea lo que sea.

Lógicamente, ante la aparición en el mercado de una demanda de solidaridad, aparecen con rapidez actores económicos que proponen una oferta que la cubra. Y estos actores son, básicamente, las ONG,s. Se puede leer un artículo extremadamente crítico con las ONG,s en el blog AVENTURA EN LA TIERRA.

Cuando suceden cosas como el secuestro de los cooperantes españoles en Mauritania, y su posterior liberación previo pago de rescate, diga el Gobierno lo que diga, que qué va a decir, se nos arruga la nariz en una mueca invencible. Algo nos huele mal en todo el tema, porque casi parece que estemos hablando de Safaris Solidarios, de Solidaridad Deportiva, o directamente de solidaridad como Deporte de Aventura. Creo que esto no era así.

La caridad (o la solidaridad, para el caso) contribuye a perpetuar la injusticia. Porque la propia existencia de las ONG también tranquiliza a los Gobiernos, que ya hacen lo que pueden. Todos felices y encantados de habernos conocido, convencidos de que nos estamos ganando el Cielo, aunque no creyamos en él.

Las figuras populares (cantantes, actores o actrices del cine, personajes de la realeza o la aristocracia,...) actúan de puntas de lanza del marketing de este fenómeno. Viajan a países del Tercer Mundo con una bandada de fotógrafos, que reflejarán y distribuirán a todo el mundo ese momento en que la estrella tuvo a un negrito en brazos. Patético, si no fuera ridículo.

Rompo una lanza en favor de los solidarios de verdad, por ejemplo esos bomberos que viajan a países que han sido sacudidos por desastres de todo tipo (terremotos, inundaciones,...), con la idea obsesiva de rescatar y salvar a las personas que puedan quedar con vida. Poniendo en ello su mejor saber y entender, y su oficio y profesionalidad. Realmente ayudan en situaciones que desbordarían a cualquier gobierno.
Turismo de Solidaridad
Fuente: turismito.com

Pero esa solidaridad de escenario, esa solidaridad como Deporte de Aventura me resulta irritante. Porque el propio hecho de que exista ya le da a los Gobiernos la coartada para no intervenir en remediar las injusticias. También tienen la sensación de que ya hacen lo que pueden.

Y, mientras tanto, los gobiernos autocráticos y corruptos de muchos de esos países se eternizan y siguen adelante como si no fuera con ellos. Para muchos, las ONG,s son una fuente adicional de fondos y de productos que reconducir hacia los mercados negros del estraperlo, o que derivar directamente a sus cuentas en el extranjero.

Desde este punto de vista, el Turismo de Solidaridad, aparte de tranquilizar conciencias, contribuye a perpetuar la injusticia. Se intenta poner remedio a lo que la injusticia provoca, pero no se corrige la injusticia misma, sino que casi se acepta como algo inevitable.

JMBA