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jueves, 14 de enero de 2016

¿2015?. No, Gracias.

Hace unos días hemos despedido un año más, ese 2015 que se agotó en nuestras manos. Y lo despedimos con muy poquita pena y nada de gloria.


Porque 2015 no ha sido un año bueno. Por el contrario, en él se han confirmado nuestros peores augurios, se ha demostrado, una vez más, que el ser humano es de naturaleza corrupta y da la sensación de que nos hemos aproximado un pasito más al Fin del Mundo, lo que sea que esto vaya finalmente a ser.

Ya vivimos instalados en un terrorismo internacional, prácticamente de Estado. El llamado Daesh, o Estado Islámico, se ha hecho con el poder en una parte de Irak y de Siria, y desde allí, con los medios que les da un territorio y con la connivencia de los estraperlistas de siempre, intenta extender una idea totalitaria que nos repugna a la mayoría. En 2015 han provocado innumerables muertes en sus propios países, donde los musulmanes son sus principales víctimas (paradoja del destino) y también varios centenares en nuestro vecindario más próximo.

Los atentados de París, primero en Charlie Hebdo (Enero) y luego (en Noviembre) los diversos atentados sincronizados en la sala Bataclan, las terrazas de diversos cafés y los alrededores del propio Stade de France, han provocado víctimas que eran como vecinos nuestros. El yihadismo nos ha atacado en nuestros países (que todavía no son los suyos). En 2015, Francia ha sido la víctima principal, pero sólo la sobreactividad de las Fuerzas de Seguridad ha evitado que otros países, incluida España, se sumaran a esa macabra lista. Y no olvidemos los repetidos atentados en Turquía, tierra de frontera de esta guerra tan del siglo XXI.

Ante una reacción ejemplar de los ciudadanos, empeñados en preservar nuestra forma de vida occidental, los atentados han provocado serias alteraciones en la vida normal de los ciudadanos honrados, y nos han menguado nuestros propios derechos de ciudadanía. Los movimientos más elementales de nuestras libertades están constantemente vigilados y monitorizados por unas omnipresentes fuerzas de seguridad. Una sobrerreacción que parece tener por único objetivo el transmitir a los ciudadanos una sensación de seguridad. Como si el hombre malo fuera a cruzar el arco de los aeropuertos (un ejemplo) empuñando sus armas pesadas. Esta Nochevieja no ha habido grandes celebraciones públicas en ciudades señeras como París o Bruselas.

Nos ha costado muchos siglos y muchos sacrificios llegar a tener unos niveles de convivencia muy civilizados, como para que estos factores, relacionados con un concepto enfermizo de la religión como arma de destrucción masiva, vengan ahora a hacernos retroceder uno o dos milenios.

Veremos qué somos capaces de hacer en este tema en el año 16.

Los peores augurios sobre el cambio climático parecen estarse cumpliendo. Estar en la playa en Diciembre puede que sólo sea algo anecdótico, pero en las grandes ciudades estamos sumergidos en una contaminación ambiental que nos está envenenando quizá no tan lentamente. La osadía de la especie humana en su instrumentalización de la Naturaleza acabará pasándonos factura. Y la pregunta no va a ser sobre cómo será el mundo dentro de doscientos años, sino cuál será la nueva especie que reinará en la Tierra, después de que la raza humana haya sido ya etiquetada como otra especia fallida y sea exterminada. Como ya sucedió con los dinosaurios y con tantas otras especies animales en los últimos millones de años.

En España, 2015 ha sido un aquelarre de elecciones políticas, algunas de ellas bastante fallidas, en el sentido de que han puesto en evidencia la mediocridad y cortoplacismo de la mayoría de políticos que pretenden gobernarnos. Todos los políticos tienen que tener claro que los votantes nunca votan mal. Es tarea de los políticos esforzarse por administrar (no retorcer) lo que los ciudadanos hemos depositado en sus manos. Los grandes partidos que han mantenido una cierta hegemonía en las últimas décadas han sufrido erosiones electorales enormes, mientras que parece que los ciudadanos han (hemos) depositado la confianza en fuerzas nuevas recién llegadas a la arena política. De las que, por cierto, todavía no podemos decir cosas malas (ni buenas, para el caso). Veremos.

Tras una legislatura caracterizada por el rodillo parlamentario del PP y su Gobierno, enrocado en la soberbia y la prepotencia que les ha permitido la mayoría absoluta que consiguieron en 2011, Mariano Rajoy nos ha obsequiado con unas elecciones navideñas, en una mano el voto y en la otra un polvorón. El resultado ha sido diabólico. El PP sigue siendo la fuerza más votada, pero dos de cada tres de sus votantes del 2011 han desertado. El PSOE ha vuelto a bajar, demostrando que una oposición chapucera también provoca erosión electoral, y ha sufrido un desgaste enorme, hasta ahora reservado a los partidos con responsabilidad de Gobierno. Su líder, Pedro Sánchez, está en entredicho, incluso de sus propios correligionarios.

Estos días nos toca asistir a ese cortejo de las diversas fuerzas, que intentan los equilibrios más improbables para conseguir (o conservar) el poder. En un sistema parlamentario como el nuestro, todas las fuerzas políticas representan (conjuntamente) a todos los ciudadanos. Y siempre, sea cual sea el resultado, debería haber negociaciones y pactos constantemente entre todas ellas, para conseguir el único objetivo noble que les hemos asignado: gobernar para todos y no sólo para sus propios votantes.

Llevamos décadas instalados en el autismo político de los que ganan unas elecciones. Eso ha provocado sobredosis de leyes y normas (cumplirlas o no ya es otra conversación), pero total ausencia de Pactos de Estado para los grandes temas que van a conformar lo que sea España dentro de veinte o treinta años. Parece que el único objetivo de los políticos es perpetuarse en el poder, para muchos el único oficio que conocen, y preocuparse básicamente de intentar ganar las siguientes elecciones. Un plan de país es un concepto tan elevado que no está al alcance de este tipo de políticos, que nunca han sido, y no apuntan maneras para llegar a serlo nunca, auténticos estadistas.

Mientras tanto, la Educación vive sofocada en un marasmo fangoso, trufado de fracaso escolar y de mensajes partidistas. Con profesores desmotivados, porque nunca les han permitido intervenir, como máximos conocedores del tema, en la configuración de la Educación en España, que es un tema que nos afecta a todos, tengamos o no hijos. Porque de la educación de hoy se declinará el tipo de país que tengamos dentro de 10 ó 20 años. Una educación que se mueve a vaivenes, porque cada partido político, cuando puede, crea su propia Ley de Educación, y donde la escolarización a menudo sólo aporta el retrasar unos años la incorporación a las listas de desempleados.

La Sanidad pública, que sobrevive gracias a los fantásticos profesionales que la componen, se ha convertido en arma arrojadiza, que los liberales quisieran privatizar porque business is business, y los políticos la utilizan para sus querellas interterritoriales. A muchos políticos se les llena la boca con su objetivo de igualdad para todos los españoles, pero parecen incompetentes cuando se trata de armonizar la oferta sanitaria pública en todo el territorio. Desde mi punto de vista, está bien que su gestión esté en manos de las respectivas Comunidades Autónomas, pero es un sinsentido que no exista coordinación alguna entre ellas. Parece imposible poder disponer de una tarjeta sanitaria única para todos los españoles (para todos los europeos, añadiría yo), que les permita ser atendidos allí donde se encuentren, y que cualquier médico pueda acceder a su expediente. Y es ya una posibilidad perdida el tener bien articulados los tratamientos muy especializados, centrados allí donde exista la excelencia. La facturación cruzada es un tema interno, que no debería presentar problema alguno.

Y no creo, para nada, que la solución sea volver a una gestión centralizada, que tiene siempre muchas ineficiencias. Pero hay que hacer bien las cosas y no utilizar la Sanidad pública como un arma arrojadiza entre políticos de diferente signo y de diversos territorios.

Parece que la mejoría económica ha sido bastante evidente en 2015. Al menos, las grandes cifras de la macroeconomía. Pero el nuevo crecimiento es todavía más vicioso que el anterior. Se ha precarizado el empleo y muchos salarios ya no permiten ni siquiera vivir dignamente, lo que ha inaugurado una nueva clase social: la de los trabajadores pobres con riesgo de exclusión social.

Dicen que hemos mejorado en competitividad. Es cierto, somos más competitivos que antes en coste de la mano de obra, frente a terceros países, con un modelo social y político muy diferente del de nuestro entorno. Pero no hemos mejorado nuestra productividad en términos cualitativos, y parece como si estuviéramos condenados a ser los camareros de Europa. En plena crisis económica se han reducido, todavía más, los presupuestos para la investigación y el desarrollo. Con ello, conseguir cambiar el modelo económico de España es un puro ejercicio de política-ficción.

Si alguien cree que la Educación o la Investigación son muy caras, que lo intente con la ignorancia y que exporte los investigadores a otros países, que sí saben aprovecharse de ellos.

En este año recién fallecido, nos han perseguido todos los días las noticias sobre corrupción y latrocinios. Las tramas del PP (Gurtel y Púnica sólo para empezar), nos han hecho visualizar a siniestros personajes absolutamente obscenos, que se han movido como pez en el agua en lo público para su propio beneficio. Bárcenas tuvo ya una estancia en la cárcel, pero su sombra es tan alargada que cubre hasta al propio Presidente del Gobierno (actualmente en funciones). Un personaje como Francisco Granados produce vómito, tras escuchar sus muchos alegatos televisivos contra los corruptos, lo que no hace más que ilustrar su total convencimiento en su propia impunidad.

También hemos conocido que el que muchos llamaron artífice del milagro económico español de fin de siglo, Rodrigo Rato, aparte de ser un mal gestor, cosa que ya sabíamos, ha resultado ser también un administrador desleal, un corrupto y un defraudador fiscal. Es la paradoja que nos faltaba para que dejemos de creer que el político honesto no es un personaje de ficción.

En Andalucía, el PSOE, tras más de treinta años ininterrumpidos en el gobierno regional, ha construido una maquinaria gigante de clientelismo corrupto, de la que los casos conocidos (los ERE, o los cursos de formación) me temo que no son más que la punta del iceberg. Disponen del dinero público para comprar voluntades y votos, de modo que ya no sabemos cuántos de los andaluces que votan repetidamente al PSOE lo hacen por convencimiento o por el más puro y espúreo interés personal. Y, en su entorno, personajes siniestros y vulgares, que a lo mejor no han estado nunca en Suiza, pero echan mano del dinero de la caja de todos para sus orgías de mariscadas, cocaína y puticlubs.

La que una vez fue la primera familia de Catalunya, los Pujol, ya son considerados por los jueces como una organización criminal, que acumuló fortunas obscenas de origen desconocido, aunque las sospechas de corrupción política en forma de comisiones de los adjudicatarios parece la más probable. Nadie debería descartar que detrás de los nuevos aires de independentismo en Catalunya, el afán de crear una República Catalana, independiente de España, esté oculto el deseo de que los Tribunales de casa acaben olvidando tanto latrocinio.

En los últimos días hemos sabido de otro caso más, el del embajador y el diputado que llevaban un despacho de influencias, un lobby, para facilitar contratos a empresas españolas (a menudo, mediante sobornos a funcionarios locales), a cambio de jugosísimas comisiones. Con cierta apariencia de legalidad, pero instalados en la amoralidad política total y completa.

Además, en todo el año, no he conseguido más que unos eurillos en premios de las muchas loterías de las que soy asiduo cliente.

En resumen, un año para olvidar. Ha habido algunas cosas buenas, eso sí (seguimos vivos, la salud razonablemente bien, hemos hecho algunos viajes a sitios desconocidos y hemos sobrevivido a nuestros políticos), pero las cosas malas se van acumulando. Como país, a pesar de algunas mejoras macroeconómicas, seguimos yendo para abajo (en precariedad, en pobreza, en exclusión social, en corrupción, en I+D, en Educación, etc. etc.).

Lo único que podemos desear es que 2016 sea el año del vuelco, de la inflexión, en el que empecemos a ir para arriba, como todos los españoles nos merecemos. Para nuestra desgracia, los políticos lideran la evolución del país, y a pesar de que pocas cosas saben hacer para ayudar, muchas hacen para empujarnos a todos hacia abajo. Se enfrentan ahora a un desafío nuevo, que les obliga a superar enemistades y rencillas personales, para trabajar, de verdad, por el bien del país y de sus ciudadanos. Que empiecen a pensar en el largo plazo, en el proyecto de país que queremos hacer una realidad en las próximas décadas.

Si al final no están a la altura, los ciudadanos, de nuevo, tendremos que tomar el relevo.

Algunos, estos días, desean Felicidad y que el 2016 no sea peor que el 2015. Con todo lo que os he contado, la única reacción posible es: ¿2015?. No, gracias.

JMBA

lunes, 14 de noviembre de 2011

Un Balance de Zapatero (y 2)


(Continúa de la Primera Parte)


ARQUITECTURA DEL ESTADO

Sus deudas electorales o las búsquedas forzadas de mayorías, provocó concesiones excesivas a ciertos nacionalismos. Prometió a Cataluña, con el famoso tema del Estatut, lo que no podía cumplir. Con lo que todo el tema se le convirtió entre las manos en un asunto fangoso que le ha pasado una onerosa factura.
(Fuente: movimientoliberal)

Personalmente, creo que el Estado Autonómico que hemos construido tiene un buen diseño, pero su aplicación y desarrollo ha sido bastante deficiente. Tiene muchas ventajas, entre las que la principal es la de acercar las decisiones al ciudadano a quien le afectan, como ya destacaba hace unos meses en otro artículo. Pero no se ha sido capaz (ni Zapatero ni los que le precedieron) de articular la administración del Estado de una forma sostenible. Las duplicidades de competencias, la percepción que existe de que los derechos de los ciudadanos en distintas autonomías son diferentes y la forma torticera en que muchos partidos (nacionalistas, especialmente, pero no sólo) han manejado (y negociado) con las competencias, nos ha sumido en un marasmo que no resiste a la crisis económica actual.


Algunos, exagerados, sin duda, ya llaman a este país Ex-paña.

Muchas cosas tienen que ser revisadas, y no podemos seguir permitiendo que la arquitectura del Estado de las Autonomías se convierta en una sangría insoportable. La Sanidad es un buen ejemplo. Su transferencia total a las Comunidades Autónomas es un tema que debería revisarse. Entre otras cosas, muchos políticos regionales reciben con alborozo las competencias de Sanidad, porque construir un sistema regional de salud supone muchas oportunidades de lucimiento y hasta de enriquecimiento (ilícito, por supuesto), propio o de los amigosConstruir hospitales da oportunidades a comisionistas de toda ralea, y contratar personal para el Servicio Regional de Salud puede permitir la colocación prioritaria de los amigos. Pero cuando la prestación del servicio de Sanidad por parte de los organismos regionales entra en su velocidad de crucero, el tema se vuelve aburrido, porque hay que hacer frente, un mes tras otro, a los gastos comprometidos, con casi nulo margen de maniobra. Y aceptar las inevitables críticas que va a levantar un  sistema tan universal. Y es entonces cuando algunos líderes regionales ya han adelantado su voluntad de devolver esas competencias al Estado. Eso es juego sucio.

A Zapatero le ha faltado talla de estadista para afrontar con competencia y miras de futuro este tema. Dicho sea de paso, como le pasó a Felipe o al propio Aznar. Cuando se pasa en pocas horas del Pujol, enano, habla castellano, a hablar catalán en la intimidad, eso pone de manifiesto uno de los aspectos más perversos del desarrollo del Estado de las Autonomías.


Y con todo esto podríamos llegar a los problemas derivados de la actual Ley Electoral. Básicamente la infra-representación que alcanzan los partidos nacionales minoritarios, y la sobre-representación que logran los partidos regionales. Zapatero no ha hecho nada para remediar esta situación. Pero no es solamente culpa suya, ya que los dos grandes partidos ya están satisfechos con la situación actual, que les favorece. Veremos si las movilizaciones populares les fuerzan a entender que una reforma de esta legislación es ya imprescindible.


Mientras tanto, PSOE y PP se tragan sin rechistar la píldora que supone la negociación con los nacionalistas para alcanzar las mayorías parlamentarias, cuando les son necesarias.


PROMOCION DE INDOCUMENTADOS

Zapatero llegó de perdedor al Congreso del PSOE en el que acabó elegido Secretario General. El aparato del PSOE soportaba y apoyaba a José Bono, como candidato natural.
Leire Pajín, actual Ministra de Sanidad.
(Fuente: blogdeleirepajin)

Esta situación me parece que le impulsó a promocionar nuevos valores dentro del partido y en su propio Gobierno. Uno de lo efectos perversos de la poderosa maquinaria de la que disponen los aparatos de los partidos políticos, es que no se cuida la cantera. Para proteger a un líder, el aparato se encarga de desactivar a los que podrían hacerle sombra, se encarga de devorar a sus propios hijos.

Sabiendo que no era el candidato del aparato, Zapatero desarrolló su propia guardia pretoriana, constituida principalmente por estómagos agradecidos, escogidos entre los resignados y grises cargos del partido. A falta de una cantera establecida y bien nutrida, creó para sí mismo y para su Gobierno un aura de juventud (y de frescura), promocionando a políticos jóvenes dentro del PSOE. Creo que debemos entender que la juventud no es un valor, sino sólo una característica, estrictamente ligada a la edad, y solamente a ella. Hay jóvenes listos y tontos, capaces e indolentes, como hay simpatizantes del Real Madrid o del Barça que son educados, y los hay que son cafres.

En su afán de aniñar el Gobierno, Zapatero acabó promocionando a algunos profesionales de la política, perfectamente inútiles. El caso más flagrante posiblemente sea el de la actual Ministra de Sanidad, Leire Pajín. A su joven edad no puede justificar otra cosa en la vida que haber ocupado cargos políticos dentro del partido y ahora en el gobierno. En ningún otro campo ha acreditado su valía. Ni en este.

O el caso de José Blanco, un aparatchik del partido, promocionado al primer plano del Gobierno, sin demasiados activos demostrables, más que su fidelidad al líder. O la inefable bibiana Aído, a quien tuvo que buscarle acomodo en algún organismo internacional tras su nefasto paso por el gobierno.

Estas cosas, si bien podrían parecer nimias, le dan armas muy poderosas a los rivales, y debilitan fuertemente la posición (y la autoridad) del gobierno.

El gran fracaso de esta estrategia de Zapatero, que le habrá costado un berrinche del que nada sabemos, es el reconocimiento de que el único candidato con alguna opción a sucederle es ese zorro de la vieja guardia, Alfredo Pérez Rubalcaba, que eliminó de un zarpazo la presunta competencia de Carme Chacón.

Y esto nos lleva a otro capítulo apasionante, el de la Igualdad.


IGUALDAD

Este es otro de los leit motiv y sonsonetes recurrentes en Zapatero. Estuvo presente en su primer Gobierno (igual número de mujeres y de hombres), aunque nunca hemos sabido si había más diestr@s que zurd@s o al revés.

(Fuente: antoniojosetrigo)

El derecho de igualdad (ante la ley) está recogido en nuestra Constitución, sin prejuicio por motivos de sexo, raza o religión, etc. etc. Y ese sin prejuicio significa ni a favor ni en contra.

Esa presunta igualdad, por ejemplo, que haya igual número de ministros que de ministras, es un principio que ha sido cultivado como progresista por buena parte de la izquierda (cierta progresía) a nivel internacional. Cayendo en lo bufo, de exigir que haya igual número de mujeres que de hombres en los Consejos de Administración de las grandes empresas, por ejemplo. Personalmente, no me importa que en el Gobierno sólo haya hombres, sólo haya mujeres, estén mitad por mitad, o haya cuarto y mitad. Siempre que sean los más capaces para desempeñar su labor.

El auténtico valor progresista es el de la igualdad de oportunidades. Una sociedad progresa cuando garantiza la igualdad de oportunidades a todos sus ciudadanos. Cuando cualquiera que sea capaz y esté dispuest@, pueda ir a la Universidad, o acabar de Presidente, Ministr@, Consejer@ o lo que sea. Claro que conseguir esto es mucho más complicado que gestionar las listas paritarias, y creerse y hacer creeer que se ha conseguido la igualdad.


En concreto, la auténtica lucha por la igualdad de la mujer debe pasar por conseguir un mismo salario por el mismo trabajo, por políticas de conciliación familiar, y demás. Claro, mucho más complicado que simplemente elaborar listas con los Don-Doña perfectamente alternados.

Y, dicho sea de paso, afortunadamente se consiguió paralizar la tramitación de una presunta Ley de la Igualdad, elaborada por la inefable Leire Pajín. Su borrador contenía tantas barbaridades, que más vale olvidarlo. Incluso se intentó tramitarla por el procedimiento de urgencia.

Con todo este entramado, se acaban imponiendo políticas de discriminación positiva, que son tanto o más dañinas que las contrarias. Una vez más, uno de esos principios irrenunciables de Zapatero, que nos llevan por mal traer.

Desde luego, en el camino de la igualdad real de oportunidades queda mucho camino por recorrer, y no creo que hayamos avanzado nada en la etapa Zapatero.


POLITICA INTERNACIONAL

No levantarse de la silla al paso de la bandera de un país aliado fue una boutade, el capricho travieso y rebelde de un niño idealista, cometido por alguien que, entonces, no tenía responsabilidades de gobierno.
(Fuente: intereconomia)

Pero las muchas veleidades pretendidamente izquierdistas de Zapatero, ya presidente del gobierno, no han ayudado en nada a posicionar a España donde realmente nos corresponde. Para bien o para mal, tenemos nuestros aliados, dentro de la Unión Europea o de la OTAN. A los que nos debemos en primer lugar.

Por nuestra posición geográfica y cultural, debemos ocupar una posición de privilegio en las relaciones con los países del Magreb y de la América Latina, con quienes compartimos idioma. Pero la defensa de ciertos regímenes estrambóticos no ayuda en nada a España, más allá de los gestos rebeldes e infantiles de la camiseta del Che o del Yankis, go home. Y la iniciativa galáctica de la Alianza de las Civilizaciones no ha pasado de ser un juguetito para calmar las malas conciencias de cierta progresía.

Cuando se alcanza la responsabilidad de gobierno, hay que ser consciente de que a partir de ese momento se representa a España y a todos sus ciudadanos. No solamente a los que piensan como él. Y el acto de gobierno en ningún caso debe ser la consecución de ciertas fantasías de niño rebelde.


Sí hay que reconocer a Zapatero la insistencia en formar parte del G20, donde España ya se sienta, aunque no sé muy bien bajo qué concepto.

Afortunadamente, las circunstancias parece que algo le han enseñado, y en Mayo de 2010 supo autoinmolarse para evitar la que entonces se vislumbraba como posible quiebra del país. Creo que ese acto debemos agradecérselo. Zapatero se hizo mayor en esos días.


TERRORISMO

Para nuestra desgracia, hemos tenido que convivir con bandas terroristas en este país (principalmente ETA) durante las últimas décadas. Nos ha tocado asistir, procurando no perder los nervios, a cientos de asesinatos sin ningún sentido. Y nos ha tocado luchar por intentar la desaparición de esa amenaza.
Imagen tras el atentado a la T4 de Barajas
(autor: pedritop; Fuente: panoramio)

Todos los gobiernos de la democracia han hecho sus intentos para acabar con ETA. Sea con negociaciones de diversos tipos, o sea mediante el (inadmisible) contraterrorismo de estado, como en la época de los GAL. Y, siempre, con esfuerzos denodados y entregados de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para cercarles, detenerles y ponerles a disposición de la justicia.

En estos últimos meses, parece que tantos esfuerzos (acertados y fallidos) nos están llevando a un escenario en el que la propia banda reconoce su derrota. Aunque sigue intentando sacar partido (político, penitenciario, legal,...) de su final. Ahora toca administrar la derrota de ETA, desde la grandeza del Estado, pero con el máximo respeto a las víctimas, y aplicar las disposiciones previstas en la Ley. Todos los terroristas deberán ser juzgados y cumplir sus penas, con los beneficios penitenciarios establecidos de forma general. Es un proceso en el que sí hay vencedores y vencidos, y se equivocan los que piden que sea de otra forma.

La propia izquierda abertzale debe entender, si no lo ha hecho ya, que la desaparición de ETA es imprescindible para sus propios proyectos políticos. Porque, en democracia, cualquier proyecto se puede plantear desde la política, pero ninguno puede defenderse con las armas, los asesinatos y la extorsión.

Zapatero y sus Gobiernos han cumplido la labor que les ha tocado en este tema. De forma correcta, a mi entender. Intentaron una negociación, pero fracasaron. Fue patética esa comparecencia de Zapatero, en que afirmaba que hoy estamos mejor que ayer, y mañana estaremos mejor que hoy, justo la víspera del atentado del parking de la T4 del Aeropuerto de Barajas, que se llevó por delante la vida de dos ciudadanos ecuatorianos, y más de 40 millones de Euros en obras de reconstrucción. Hay que entender que en las negociaciones que se desarrollan por las alcantarillas del Estado, nunca puedes estar absolutamente seguro de que estés negociando realmente con quien manda.


El Gobierno de Zapatero ha persistido con tozudez en el acoso policial, y al final han conseguido un triunfo, que no es sólo suyo, sino de todos los gobiernos de las últimas décadas y de todos los ciudadanos, si vamos a eso.

Y el llamado caso Faisán, en el que el PP está obcecado para desprestigiar a su principal rival, no es más que el hecho inconveniente de que las alcantarillas del Estado hayan aflorado puntualmente a la superficie. Cada día, en este país y en cualquier otro país democrático, hay cientos de negociaciones con delincuentes, en las alcantarillas del Estado, persiguiendo un bien de mayor nivel. Me parece perfectamente lícito, pero mejor que se desarrolle fuera de nuestra delicada vista.

Está claro que la administración del final de ETA ya no será una tarea de Zapatero.


CORRUPCION

Todos los partidos políticos son culpables de haber mirado con condescendencia a la corrupción del amigo, y con intolerancia a la del rival. El famoso y tú más no nos vale para nada a los ciudadanos ni al país.
(Fuente: terraccion)

Contra la corrupción, tolerancia cero, y máximo impulso de la justicia para esclarecer y sentenciar los casos que aparezcan. Los corruptos deben desaparecer de la vida pública.

Me parece que poco hemos avanzado en la etapa Zapatero en este tema (por desgracia, similar a lo que sucedió con los anteriores Presidentes del Gobierno). Los partidos políticos, y su muy poco transparente financiación, están en el origen de la mayoría de casos de corrupción. El problema, como ya he escrito en alguna otra ocasión, es que en cuanto el dinero se sumerge y desaparece de la vista en la superficie, ya se puede mover con libertad hacia cualquier lugar y, en particular, hacia cualquier bolsillo privado.

Ojalá que el hecho de que la palabra corrupción ni siquiera se citara en el Cara a Cara en televisión entre Rajoy y Rubalcaba, signifique que los dos grandes partidos están de acuerdo en la voluntad de erradicarla, y no constituye elemento, pues, ni diferencia, en la lucha electoral. Pero me temo lo peor, que sea más bien parecido al no nos haremos, daño,¿verdad doctor? en el sillón del dentista.


CONCLUSION


A la vista de todo lo recontado hasta aquí, la conclusión es que Zapatero no ha sido un buen Presidente del Gobierno. Pero tampoco ha sido el Diablo, como repetidamente nos lo quiere presentar el PP. Si bien es cierto que en su etapa se han conseguido algunos avances en Derechos Sociales, la falta de negociación y acuerdo ha generado ciertas inseguridades jurídicas para los tiempos por venir.
(Fuente: blogdejano)


Su gran pecado fue perderse volando entre los grandes principios ideológicos, cuando la realidad nos estaba ya devorando los tobillos.


Pero conviene tener bien presente que los problemas de España no se resumen en Zapatero. Su (muy probable) sustitución por Mariano Rajoy no va a resolver automáticamente ninguno de los gravísimos problemas que estamos acarreando como país.


Es cierto que la posición de Zapatero siempre ha sido complicada. El PP y todos sus palmeros mediáticos, han insistido hasta la saciedad en calificarle de gobernante ilícito (cuando no directamente ilegítimo). Se han revolcado una y otra vez en los desgraciados hechos del 11-M, intentando restañar sus propias heridas, cuando la votación popular les echó del Gobierno en 2004. Recordemos que en esas elecciones la abstención fue mucho menor de lo habitual; los atentados movilizaron muchas conciencias, que estimaron que las políticas internacionales de la segunda legislatura de Aznar nos habían creado, innecesariamente, enemigos demasiado poderosos y dispuestos a todo. La gente que acabó yendo a votar, y que una semana antes pensaba no hacerlo, votaron mayoritariamente contra Aznar y su foto de las Azores.

El permanente afán de Zapatero de insistir en lo que nos separa (nosotros y ellos) no ha favorecido a la sociedad civil ni al ambiente político general en España. Por el contrario, la falta de voluntad de negociación ha acabado produciendo avances que podrían acabar siendo en falso.

Sí es cierto que ha crecido en la adversidad, y ha sabido adoptar la posición que le tocaba cuando la crisis ha mostrado todos sus dientes. Una pena que haya crecido, que se haya hecho mayor cuando ya su ciclo político estaba agotado.

Como lección para todos los políticos y también para todos los ciudadanos, creo que sería bueno que todos entendamos que cuando un político presenta un programa político para ser elegido, nos está transmitiendo que de estos principios partiré para negociar con la realidad. Gobernar siempre es negociar, y el mundo y sus circunstancias cambian con mucha más rapidez que los propios ciclos electorales.

Pensar otra cosa es una falsa ilusión.

JMBA

domingo, 13 de noviembre de 2011

Un Balance de Zapatero (1)

En la campaña para estas Elecciones del 20-N (ya estamos en la recta final) los dos candidatos de los principales partidos están jugando y apostando al Cambio. Rajoy, al Cambio para huir del gobierno de Zapatero (sin especificar muy bien en qué dirección), y Rubalcaba ocultando a Zapatero en la campaña, para evitar que el descrédito de su Gobierno le empañe (más todavía) sus limitadas posibilidades electorales.
José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del
Gobierno de España (2004-2011)
(Fuente: whomples)

La conclusión es que ninguno de los dos está por la labor de responder por la labor de este Gobierno que hemos tenido desde marzo de 2004, presidido por José Luis Rodríguez Zapatero. Y mucho menos de defenderla, o incluso de hacer balance.

Este silencio, y este implícito repudio, me llevan a intentar realizar un cierto balance sobre lo que ha sido en España la etapa Zapatero. Para ello he escogido un cierto número de temas al que Zapatero y sus gobiernos no han sido ajenos.



ECONOMÍA

En su segunda legislatura, desde 2008, a Zapatero le ha tocado lidiar desde el Gobierno con la crisis económica más profunda y extensa de la que se tiene recuerdo. No intento aquí analizar sus orígenes y causas, sino sus consecuencias.


De hecho, esta crisis ya se ha llevado por delante un buen número de gobiernos de todo signo. Y es que desgasta lo que no está escrito tener que enfrentarse desde el gobierno a tal cúmulo de calamidades, ante la total incomprensión de los ciudadanos de a pie, que inevitablemente se sienten traicionados.

En la campaña del 2008, y luego desde el gobierno, Zapatero se empeñó en negar la crisis, que muchos analistas internacionales y nacionales ya daban por presente. Con seguridad la minusvaloró, e intentó pararla con parches de poca enjundia.

Hay un principio de gestión generalmente aceptado, que dice que lo que funciona, no se toca. Y parece que lo aplicó Zapatero hasta sus últimas consecuencias. Si el barco avanza a toda velocidad (la verdad es que la economía percibida por todos los españoles hasta ese momento era de la máxima prosperidad; hoy sabemos que sólo aparente), pero su rumbo anticipa la colisión con un iceberg gigante, un gestor (el capitán del barco), debe accionar el timón a tiempo para evitar la colisión. Zapatero prefirió hacer que la orquesta del Titanic tocara más alto (léase los famosos 400 euros, o el infausto Plan E).


Conviene no olvidar que durante los años de máxima prosperidad se mató a muchos mensajeros de las malas noticias que nos esperaban por delante. Sólo hace falta seguir con atención el documental Inside Job, que os recomiendo.
(Fuente: noticias-24)

Con eso, Zapatero se equivocó estrepitosamente (incluso descalificando como antipatriotas a los pajaros de mal agüero), y luego le ha tocado lidiar con la colisión y sus consecuencias.

El Plan E fue el ejemplo de una medida coyuntural aplicada para intentar solucionar un problema estructural. Aparte de que su aplicación fue caótica, la fuerte inyección de dinero público ni siquiera sirvió para reducir la morosidad de las Administraciones, sino que más comúnmente se empleó en pintar de nuevo el Kremlin (construir rotondas perfectamente innecesarias, o pistas de pádel en pueblos donde sólo hay jubilados, o cosas del género). 

Hay que reconocer que un diagnóstico más temprano de la fuerte crisis que se avecinaba no hubiera servido para mucho más que para que todo el mundo se hubiera puesto los chalecos salvavidas a tiempo, y que el impacto nos hubiera pillado preparados en lugar de estar bailando el foxtrot en los lujosos salones. Pero no creo que hubiera evitado el drama del impacto.


BURBUJA INMOBILIARIA

Cuando Zapatero asumió el poder en 2004, los gobiernos del PP habían tomado diversas medidas en el sentido de la liberalización del suelo, que crearon una monstruosa burbuja inmobiliaria. La vivienda se convirtió en un bien financiero pasto de inversionistas y su precio no dejó de aumentar hasta proporciones inasumibles. En algún año se llegaron a construir en España más de un millón de viviendas, una cifra que el mercado español es absolutamente incapaz de digerir.
(Fuente: cincodias)

Zapatero no quiso pinchar la burbuja a tiempo (de nuevo, lo que funciona no se toca) y prefirió dejar que estallara cuando llegara su momento. No sabemos qué hubiera pasado si el Gobierno hubiera pinchado la burbuja (o por lo menos la hubiera desinflado).

Visto desde hoy, parece claro que España tenía un problema grave de sistema productivo, exageradamente basado en el ladrillo. Las consecuencias colaterales de este hecho han sido, y son, muy graves. Muchos jóvenes abandonaron los estudios para aceptar empleos en la construcción exageradamente bien remunerados. Muchos de ellos llevan hoy parados varios años; y sin los estudios que abandonaron, sus posibilidades de reinserción en otro empleo, su empleabilidad, son limitadas.

La construcción es un sector con uso intensivo de mano de obra. Su hipertrofia permitió sacar pecho durante un tiempo, cuando España creaba uno de cada dos empleos creados en la UE. Pero su reverso es que cuando ese sector se colapsó, España ha venido creando uno de cada dos parados creados en la UE. Contra lo que a algunos les gustaría pensar, Zapatero no es el único responsable de este derrame de paro. En el pecado estaba la penitencia.

Zapatero, ya en el 2004, debería haber actuado mucho más enérgicamente en desarrollar un sistema productivo alternativo al ladrillo, primando la I+D más de lo que se hizo, y favoreciendo una transición ordenada hacia una economía más basada en el conocimiento, que es lo moderno.

A Zapatero y a muchos otros les cegó la bonanza económica que traía el ladrillo, pero no supieron ver a tiempo que ese era un sistema no sostenible en el tiempo. Que, además, beneficiaba sólo a unos pocos.


INMIGRACION

Casi como efecto colateral de la burbuja inmobiliaria, Zapatero y sus Gobiernos aplicaron políticas muy laxas a la inmigración masiva. Se legalizaron casi automáticamente muchos inmigrantes llegados en circunstancias más bien irregulares, ignorando el hecho evidente de que la inmigración es un fenómeno muy poco flexible. Si vienen a España cinco millones de inmigrantes para cubrir la necesidad coyuntural de trabajadores, no van a desaparecer cuando las circunstancias cambien.
(Fuente: absolutbadalona)

Políticas más restrictivas en este tema, encaminadas a permitir la inmigración en base a demandas concretas de empleo, con visos de continuidad, posiblemente hubiera sido una acción más responsable de gobierno.

En este tema, como en muchos otros que veremos, a Zapatero le perdió su inveterado buenismo antropológico. Adalid de una cierta concepción de la izquierda, le pareció que sus principios le obligaban a recibir a todos los inmigrantes con los brazos abiertos.

De todas formas, conviene tener la precaución de no adelantar con frivolidad recetas mágicas para tratar el tema de la inmigración. Tras este fenómeno hay personas, hay familias, hay proyectos y hay ilusiones, y es exigible que, en ningún caso, se acabe jugando con ellos.


DESEMPLEO

Es cierto que el balance de desempleo al principio y al final del mandato de Zapatero es dramático. Pero es injusto y falso sostener que los parados lo están por culpa de Zapatero. Este país estaba sumido confortablemente en un sistema productivo no sostenible (y no moderno, a más inri), desde décadas antes de que Zapatero asumiera el poder. Le ha tocado lidiar con la peor crisis económica de la historia conocida, y no es en absoluto evidente que las cifras de paro hubieran sido mucho mejores con alguien distinto de Zapatero al frente del Gobierno.
(Fuente: oposicionesyempleo)

Al fin y al cabo, el cambio del sistema productivo de un país es un tema estructural que toma muchísimo tiempo en ser implementado y desarrollado, incluso generaciones. Nada se había hecho en esa dirección, el timón del barco estaba prácticamente bloqueado, y la colisión con el iceberg se hizo inevitable.

Hay que reconocer, por otra parte, que Zapatero y sus gobiernos se han esforzado en aportar las necesarias ayudas sociales, para evitar que el desempleo se convierta en un drama nacional que acabe en una situación bélica o revolucionaria.


ECONOMIA SUMERGIDA

Este es un problema que parece endémico en los países del Sur de Europa. Italia es, posiblemente, el cum laude en ello, pero España tiene una posición de cabeza en este triste ranking. De hecho, estos días el propio Napoleón Sarkozy está proclamando amargamente que la economía sumergida (llamada fraude social en Francia) le podría costar hasta 15.000 millones de Euros anuales a las arcas del Estado.
Estimación de economía sumergida en diversos países de Europa
(Autor: Friedrich Schneider, Universidad de Linz; Fuente: valor-crecimiento)

Y por economía sumergida hay que entender un amplio espectro de actividades. Por una parte, la actividad productiva que se desarrolla de forma opaca a la legalidad (empresas piratas que contratan a sus trabajadores bajo cuerda -incluso compatibilizando un salario con un subsidio por desempleo-; que compran a sus proveedores -en todo o en parte- en B sin factura y sin pagar los impuestos debidos; y que a su vez venden lo producido a circuitos comerciales acostumbrados a funcionar en el borde de la ley, si no directamente fuera de ella). Por otra parte, todos los productos y servicios que se venden o prestan sin ningún tipo de soporte documental. Aquí deberíamos incluir la infinidad de servicios para el hogar (asistentas y empleadas, fontaneros, electricistas, albañiles, etc.) que, casi por tradición, la sociedad acaba aceptando que se realicen al margen de los circuitos fiscales establecidos (ahorrándose el cliente el pago del correspondiente IVA). O ciertos servicios para la salud (dentistas, etc.).

Pero también debemos incluir los movimientos de capital hacia paraísos off shore, que los hacen opacos a la acción de Hacienda. Empresas que desplazan sus sedes a lugares donde tributan como impuesto de sociedades unas cantidades mínimas, hurtando a la economía nacional mucha de la sangre que necesita para funcionar. En este capítulo, el tema es más complicado, porque requiere de acciones coordinadas a nivel mundial, o el tema acaba simplemente en que se nos escurren los peces de entre las manos.

Y también hay que incluir los múltiples tráficos ilegales o alegales, sean locales o de ámbito internacional. Los diversos tráficos (de armas, de drogas) o la prostitución, cuya regulación y afloramiento es una asignatura pendiente para la mayoría de estados.

Zapatero renunció a apretar las tuercas a todos estos entramados de dineros grises o directamente negros. Lo que nos lleva al siguiente capítulo.


POLITICA FISCAL

Otro problema que parece eterno en España. La carga fiscal recae en gran medida sobre los salarios y las rentas reguladas del trabajo. Solamente si trabajas por cuenta ajena y recibes un salario por ello, estás controlado hasta el último céntimo por la Agencia Tributaria, y no tienes ninguna posibilidad de mejorar tu factura fiscal.

En el otro extremo, las grandes fortunas, los ricos de este mundo, los que disponen de legiones de abogados, los que tienen actividades liberales poco reguladas, los autónomos que pueden jugar casi a su libre albedrío con las facturaciones opacas o con los gastos deducibles. Todos ellos campan por sus respetos en el campo fiscal.
Mapa mundial de los Paraísos Fiscales
(Fuente: attacmadrid)

Esta situación no es culpa de Zapatero, pero la heredó y no hizo nada para mejorarla, aceptando resignadamente el statu quo recibido. Con figuras financieras legales (como las SICAV) que benefician a los mayores detentadores de patrimonio y a los mayores perceptores de rentas. Con un impuesto sobre las rentas del capital a un tipo fijo, prácticamente no progresivo y relativamente reducido.

Pero también es cierto que Zapatero ha sido rehén de la misma resignación a nivel de la UE y de los organismos financieros internacionales. Se lleva hablando décadas de la erradicación de los paraísos fiscales, pero nada en concreto se ha hecho. Y apretar fiscalmente a los capitales solamente en un país o conjunto de países, provocaría que los flujos buscaran nuevos destinos más acogedores. Las acciones deben ser coordinadas a nivel de la comunidad internacional. Y en esto, largo me lo fiáis, me temo.

Decidió eliminar el Impuesto Extraordinario sobre el Patrimonio, lo que me pareció correcto, porque para ese tipo de impuesto sólo se puede defender una naturaleza temporal, como ya he comentado en algún otro artículo. A última hora, con nocturnidad y vergüenza, decidió reimplantarlo parcial y temporalmente, intentando aumentar algo la recaudación fiscal por ese camino. Habiendo perdido la ocasión de convertir eso en una fiscalidad mucho más razonable y justa. Es una tarea que queda pendiente, y que no parece que ninguno de los grandes partidos lleve de modo contundente en sus programas electorales.




IMPROVISACION


Se le ha acusado implacablemente a Zapatero de practicar la improvisación política. Se ha dicho de él que más que aplicar medidas, parecía soltar ocurrencias improvisadas.

Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz del
PP en el Congreso de los Diputados
(Fuente: terra)


Tienen razón los que esto afirman. Pero conviene tener en cuenta que las fauces de esta crisis mutan con gran rapidez. Nuevos problemas aparecen a la vuelta de un par de días, con un nuevo ataque de los mercados, y cosas así. La propia Unión Europea ha pecado de lo mismo, de aplicar medidas concretas sobre la marcha de los acontecimientos: comprando Deuda hoy sí y mañana no; proponiendo hoy la emisión de eurobonos y negándolos mañana; y así con todo.


Zapatero es cierto que ha improvisado bastante, pero siguiendo la estela de una desorientada clase política en toda la UE.



NEGOCIACION


De modo repetido y reiterado, Zapatero ha puesto de manifiesto su poca capacidad de negociación. Movido habitualmente por sus principios irrenunciables, cualquier llamada a la oposición para negociar temas concretos, se ha resuelto en una invitación a sumarse a la posición del Gobierno, pero no a entrar en una negociación positiva y constructiva, con la idea en la cabeza del Win/Win, que debe regir toda negociación.
(Fuente: jorgesalim)

Esta actitud le ha generado una soledad política que le ha acabado pasando factura. Por no estar dispuesto a negociar ciertos temas de Estado con el principal partido de la oposición, ha acabado cayendo en la compra de apoyos (a casi cualquier precio) con los partidos nacionalistas (muy minoritarios en el Congreso de los Diputados; pero suficientes a menudo para alcanzar las mayorías necesarias). De este tema trataré más en profundidad en el capítulo de Arquitectura del Estado.

Aunque no solamente ha sido un error de Zapatero (la falta de acuerdo en temas de estado entre los grandes partidos parece que ya sea una maldición bíblica en España), esta falta de acuerdos de amplio espectro, que desborden los plazos limitados en que uno (u otro) detenta el poder, ha provocado bandazos inadmisibles en temas de la máxima seriedad. Por poner solamente un ejemplo, las múltiples leyes de educación con las que hemos tenido que convivir en las últimas décadas.

Cuando se legisla sobre temas trascendentes, que seguirán ahí después de abandonar el gobierno, es imprescindible generar una mínima estabilidad y seguridad jurídica. Y, para ello, es imprescindible la negociación y el acuerdo. No nos podemos permitir que todos los grandes partidos anuncien que derogarán leyes importantes proclamadas por sus antecesores.

La sociedad no puede avanzar o retroceder al ritmo de los cambios de gobierno.


DERECHOS SOCIALES

Hay que reconocer que, con Zapatero, España ha avanzado bastante en este capítulo. Pero la falta de negociación con el principal partido de la oposición ha provocado recursos de inconstitucionalidad en curso, que generan elevadas dosis de inseguridad jurídica.
(Fuente: dempeusperlasalut)

En la Ley sobre el matrimonio entre homosexuales, una negociación sobre el nombre dado a este tipo de uniones hubiera eliminado asperezas y amenazas de retirada futura de la ley y cosas del género. Aunque a Zapatero y a su Gobierno (como a mí mismo, por cierto), les parezca razonable que estos enlaces se llamen matrimonios, una negociación que hubiera llevado a llamarles uniones de hecho (o la fórmula que pudiera resultar más aceptable para la derecha católica), habría conseguido una ley mucho más estable, y garantizar una seguridad jurídica de la que actualmente se carece.

La Ley para la Regulación del Aborto también podría haber tenido alguna negociación de detalle, para limar las asperezas que están generando amenazas de retirada o de cambio por parte del PP y de sus partidarios.

La Ley de Dependencia fue el ejemplo de la buena voluntad de Zapatero, pero la falta de negociación sobre su financiación está provocando que su aplicación sea bastante más que dudosa, y pueda acabar siendo una iniciativa fallida.

Estas carencias nos ponen de manifiesto, para nuestra desgracia, que los gobernantes que tenemos tienen muy escasa talla de estadistas. Lo que es también cierto a nivel internacional, para vergüenza de todos.

Todo esto nos lleva a otro aspecto importante de la etapa de gobierno de Zapatero: el sectarismo.


SECTARISMO

Lo óptimo es enemigo de lo bueno. Este es un principio del que siempre ha carecido Zapatero en su etapa de gobierno.

Al enemigo, ni agua. Este parece haber sido su leit motiv de gobierno. Una instalación permanente en el enfrentamiento y en la dialéctica del nosotros y ellos.
Manifestación provida contra la Ley del Aborto
(Fuente: elbunker)

Se puso de manifiesto de forma muy destacada con todo el infausto tema de la Memoria Histórica. Otra maravillosa ocasión perdida para conseguir que cicatricen de una vez por todas las heridas todavía abiertas por la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista. No es presentable a estas alturas intentar ser revanchista en estos temas. Cada palo tiene que aguantar su propia vela, y a otra cosa.

Desde mi punto de vista, todo estadista debe ser, en buena medida, posibilista. Más vale un movimiento más corto, pero sólido, acordado, en el que la mayoría esté de acuerdo; que no intentar pasos más largos que nos acaban situando a todos al borde del abismo, si no al fondo del precipicio.

Zapatero ha sido sectarista en toda su acción de gobierno, y eso nos ha perjudicado a todos. Le ha faltado cintura política para aprender a convivir con políticos (y ciudadanos, ojo), que tienen opiniones diferentes que él en temas trascendentes. Un gobernante democrático es aquel que sabe avanzar al ritmo que la sociedad está dispuesta a aceptar. Y eso requiere transigir en ciertos temas, o demorar otros. Convertirse en el adalid de una parte de la sociedad le convirtió en enemigo del resto. Malos mimbres para construir una situación estable.

Incluso se ganó el derecho a que cierta derecha y la caverna mediática le llamen liberticida. Algo de razón tienen, pues a veces ha parecido que la libertad de Zapatero solamente es para pensar como él. Perverso, sin duda.


Un gobernante democrático nunca debería olvidar que se debe a todos los ciudadanos, y no solamente a los que le han votado en las urnas. Rajoy, pese a su pertinaz parquedad dialéctica, procura presentarse a los ciudadanos como el Presidente de todos. Con eso intenta mitigar la muy clara aversión de una parte de la sociedad a los principios y actitudes del PP. Si no consigue más votos con ello, por lo menos sí relaja las conciencias de los que piensan abstenerse. Lo que ya le sirve a sus propósitos.


(Continúa en la segunda parte)