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viernes, 5 de julio de 2013

Panorámica de Frankfurt

A finales de Marzo de 2013, tras viajar a Londres (ya os comenté mis visitas a The Shard y a la Pequeña Venecia) y luego a Bruselas (también os comenté mi estancia allí), la siguiente etapa fue Frankfurt, en Alemania, a las orillas del río Main.
El Dom (o catedral oficiosa) de Francfort, junto al
río Main. Vista desde la terraza panorámica de la
Main Tower.
(JMBigas, Marzo 2013)


Había comprado por Internet un billete de ferrocarril ICE Bruselas-Frankfurt (unas tres horas de recorrido). Para ello, utilicé la web de los ferrocarriles belgas. Resultó relativamente caro, ya que pagué 83€. Los precios, como ya viene siendo habitual, varían con la temporada y el horario.

La salida estaba prevista desde la estación Bruxelles-Midi para las 10.25 horas de la mañana del viernes 22 de Marzo. Recién inaugurada la primavera, pero todavía con fríos bastante glaciales por el centro de Europa. La mañana estaba soleada, pero fresquita.

Como había pernoctado en el Hotel Ibis Brussels Centre Gare Midi, me bastó cruzar con el equipaje la Avenue de Fonsny para entrar directamente en la gran Estación del Sur de Bruselas.

Nunca había viajado en un tren alemán ICE, el material más moderno para la alta velocidad. Si bien son muy confortables, me sorprendió la total carencia de espacio destinado específicamente para el equipaje voluminoso, en el extremo de los vagones. Ello provoca situaciones un poco bufas, como la pretensión de depositar en la repisa sobre los asientos bultos claramente demasiado grandes y pesados para esa zona, o la acumulación de maletas y bolsas por los pasillos, dificultando la movilidad de los propios pasajeros.
El momento mágico en que se ve la maravillosa Catedral
gótica de Colonia, justo a la salida en el tren de
Köln HBF.
(JMBigas, Mayo 2013)

El trayecto entre Bruselas y Frankfurt tiene un momento mágico, tras la parada en la Estación Central de Colonia (Köln HBF). Justo cuando el tren se pone en movimiento para seguir viaje, hacia atrás y a la derecha en el sentido de la marcha, se tiene una vista maravillosa de la conocidísima y preciosa Catedral gótica de Colonia. Un momento después, se cruza el Rhin por el gran puente ferroviario.

Llegamos a Frankfurt HBF (la gigantesca Estación Central de Frankfurt, Hauptbanhof) a la hora prevista (las 13.25). La primera sorpresa fue que en el propio andén (realmente, en todos los andenes de la estación), por donde el pasaje que acaba de abandonar el tren se dirige hacia el bloque principal de la estación y la calle, había una zona delimitada, sin más, en el suelo, para los fumadores. Hasta ese momento, todos los terminales de aeropuerto y estaciones ferroviarias que había visitado eran integralmente espacios sin humo. En fin, aproveché la ocasión para fumar un cigarrito tras más de tres horas de abstinencia.

Había previsto una estancia en Frankfurt de unas 48 horas. Para el domingo al mediodía tenía billete para un tren con el que viajaría hacia París. Era consciente de que Frankfurt-am-Main, a pesar de ser la capital económica de Europa, ya que ahí reside el Banco Central Europeo, el Bundesbank y la poderosa Bolsa de Frankfurt, sus alicientes para el turista son más bien limitados. Frankfurt es una ciudad de unos 700.000 habitantes, pero su talante es el de una capital de provincia grande. Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando fue finalmente escogida Bonn como capital de la República Federal de Alemania, Frankfurt podría haberse convertido en la capital del país, pero eso nunca sucedió.
Sin Comentarios.
(JMBigas, Mayo 2013)

Por ello, había preparado una excursión en tren para el sábado que me llevaría a visitar la próxima ciudad de Heidelberg (ya os contaré los detalles en otra ocasión). Mi estancia en Frankfurt iba a radicar, pues, en las proximidades de la Estación Central. Por ello, y creo que con buen criterio, escogí un hotel muy próximo, al que poder llegar sin más que un breve paseo. Escogí el Leonardo Hotel Frankfurt City Center, un hotel de gama media, ubicado en Münchener Strasse, que es una de las calles principales que desembocan en la explanada frente a la HBF. Desde que bajé del tren, un paseíto de escasamente cinco minutos. Había estado unos años antes en un hotel de la misma cadena en Charleroi (Bélgica) y me pareció que ofrecen una buena relación calidad-precio.

Incluyendo el desayuno (un buffet más que correcto), conseguí una reserva por dos noches por muy poco más de 100€. El único inconveniente del hotel es que la conexión WiFi es de pago aparte y no está incluida en la tarifa del hotel. Eso sí, para urgencias puntuales, hay en la primera planta un Business Corner con un par de ordenadores conectados a libre disposición de los huéspedes.
Rascacielos junto a Taunusanlage. La torre negra con
la antena es la Main Tower.
(JMBigas, Marzo 2013)

Para facilitar la movilidad (y también la comodidad) por la ciudad, compré un billete de 24 horas (Tageskarte Erwachsene - Adulto -) por 6.40€. Con ese billete se puede utilizar libremente durante todo el día la red completa de tranvías, autobuses, metro (U-Bahn) y trenes de cercanías (S-Bahn), dentro de los límites de la ciudad de Frankfurt.

La visita que no quería perderme era la terraza panorámica en lo alto de la Main Tower. Este rascacielos, completado en 1999, ya forma parte del skyline de la ciudad de Frankfurt. Tiene una altura de 200 metros (56 pisos sobre el terreno, más cinco pisos subterráneos) y hasta 240 metros, incluyendo la colosal antena que surge de su tejado. Es un edificio de oficinas (la sede de varios bancos y hasta de una cadena de televisión), que tiene una terraza panorámica de acceso público.

La torre está situada en una zona de oficinas (Neue Mainzer Strasse, 52-58), muy próxima a la estación S-Bahn de Taunusanlage. Desde la HBF, basta tomar cualquier línea (S1-9) en dirección a Innenstadt y bajar en la primera estación.

Para acceder a la terraza, hay que comprar un ticket (5€) en la recepción de la planta baja. Se pasa un control de seguridad y se accede a los ascensores que, viajando a una velocidad de hasta 18 Km/h, te suben al nivel de la terraza panorámica. El mirador, al aire libre, aporta visibilidad de 360º sobre toda la ciudad de Frankfurt y sus alrededores. El eje de la ciudad es el río Main, en torno al que se articula. En la orilla norte está la pequeña zona del casco antiguo (conocida genéricamente como Römer - Romanos -) donde está el Dom, la catedral de Frankfurt.
Rascacielos de Francfort. Al fondo, en pico, la
Messeturm (Torre de la Feria).
(JMBigas, Marzo 2013)

Alrededor de la terraza hay múltiples paneles fotográficos, en los que se identifican al detalle la mayoría de los edificios singulares que se divisan desde ella. En la tarde de viernes que subí a la Torre, el día estaba bastante claro, a pesar de ser más bien fresquito, con lo que las vistas (y las tomas fotográficas que pude conseguir) fueron bastante completas.

De entre todo lo que se divisa desde ese mirador, yo destacaría el entorno del río Main (especialmente el casco antiguo de la ciudad), el conjunto de rascacielos (sede de Bancos y grandes compañías), las lejanas Fernsehturm (Torre de la Televisión) y Messeturm (Torre de la Feria). Y, muy especialmente, el complejo de la Estación Central, con sus múltiples bóvedas y la impresionante playa de raíles de aproximación.

La Main Tower ofrece algunos arreglos muy convenientes para celebrar bodas en ella. Cuando terminaba mi visita a la terraza, apareció todo un cortejo nupcial, con la novia de blanco y una cohorte de invitados endomingados. Todos con muchas ganas de fiesta.
Impresionante playa de raíles de aproximación a la
enorme Francfort HBF.
(JMBigas, Marzo 2013)

La Main Tower no tiene propiamente una tienda de souvenirs, aunque en la planta baja hay un expositor con varios objetos alusivos a la Torre, que supongo se podrán comprar en la propia Recepción.

De nuevo al nivel de la calle, anduve dos o tres cuadras hasta Willy-Brandt Platz, donde tomé un tranvía hacia el centro (Dom/Römer), que está bastante próximo.

El núcleo histórico de Frankfurt es una estrecha franja (peatonal), entre la Berliner Strasse y el río Main. Llegando allí, me entró un poco de hambre. Localicé un barecito (el Alten Limpurg am Römer) que ofrecía diversos tipos de salchichas y demás. Me metí y allí encontré la segunda sorpresa: en el local se podía fumar libremente. Pedí un bocadillo de Bockwurst  (un tipo de salchicha bastante gruesa y nutritiva) con una cerveza, amenizando la espera con un cigarrito. La cuenta fue más que modesta: 5,70€.
Römer es el centro antiguo de Francfort.
(JMBigas, Marzo 2013)

Paseé por toda la zona, hasta el río y luego hacia el Dom. El Dom es realmente la Iglesia de San Bartolomé, aunque se tiene como la catedral oficiosa de Frankfurt. Realmente, Frankfurt nunca ha sido una diócesis con derecho a Catedral. En cualquier caso, nada que resulte artísticamente impresionante.

Desde esa zona del Römer me dirigí hacia la principal arteria comercial de Frankfurt: el Zeil. En el camino, tuve la ocasión de realizar una visita muy interesante a un mercado popular (el KleinMarktHalle), con una variada y selecta oferta de toda clase de alimentos. Con especial énfasis, claro, en carnes y salchichas de todos los formatos, tamaños y colores.

El Zeil es una gran avenida peatonal, jalonada de tiendas y Grandes Almacenes. Ese viernes por la tarde había una multitud de gente por la zona, de compras o, al menos, mirando por los diversos comercios. Yo visité la sección de Librería de una de las grandes tiendas. Pero tantos libros en alemán me acabaron echando para atrás.
Zeil es la gran arteria peatonal comercial de Francfort.
(JMBigas, Marzo 2013)

Desde Hauptwache, un nudo importante en el transporte urbano de Frankfurt, volví a la HBF en un U-Bahn. Como llegué al bloque principal de la estación, una librería gigante (Schmitt und Hahn) me tentó con una amplia oferta de libros en inglés. Entre otros, compré uno escrito por un historiador inglés (Richard Bessel), titulado Germany 1945. From War to Peace. Es decir, la historia de esa Alemania recién salida del delirio nazi, y su espinoso camino hacia la paz y la recuperación (nacional, política y económica).

De vuelta al hotel, para cenar, me apetecía un restaurante italiano. Pregunté por alguno en la recepción del hotel, y me recomendaron la Pizzería Mesina, a un par de manzanas del hotel (Elbestrasse, 14). Resultó ser un típico restaurante italiano fuera de Italia, que se esfuerza en aportar un tipismo ciertamente kitsch. Escogí un Schnitzel Milanese, es decir, una clásica Milanesa, enorme y excelente. Acompañada con una jarra de vino tinto Montepulciano, acabó siendo una cena muy agradable.
El río Main, hacia el Este, desde la pasarela peatonal
(Eiserner Steg).
(JMBigas, Marzo 2013)

Como es habitual en las cercanías de las grandes estaciones ferroviarias, por esas calles hay diversas tiendas de conveniencia, abiertas hasta altas horas de la noche, donde se puede comprar un poco de todo (sandwiches, pan, embutidos, prensa, refrescos, cervezas, botellines de ron o whisky, etc. etc.). Compré lo necesario para poder tomar un Cuba Libre en la habitación del hotel, antes de echarme a dormir.

El sábado por la mañana tomé un tren hacia Heidelberg, pero esa excursión ya os la contaré en otra ocasión. Por la tarde volví a Frankfurt, cansado y con mucha hambre (prácticamente no había comido nada a la hora del almuerzo). Decidí pasearme por las cercanías del hotel (por la Kaiserstrasse, la principal avenida que desemboca en la HBF). Finalmente me metí para cenar en un local de diseño llamado BonaMente (Kaiserstrasse, 51). Se presenta como una SteakHouse y ofrece, principalmente, carnes selectas. Aunque también pretende tener un cierto toque español (steaks, tapas).

Escogí una carne y sucumbí al jamón ibérico que ofrecía la carta, como entrante. Lógicamente, acabó siendo un jamón mediocre, pero bueno, me trajo un cierto recuerdo de casa. Escogí un Merlot chileno, muy correcto. Al final, la cuenta resultó dolorosa, al tener que añadir a un total ya abultado el cargo por servicio que el camarero (muy profesional) alegaba que no estaba incluido en la factura. En esos casos, en general, no me apetece discutir.
Explanada frente a la Estación Central de Francfort
(Frankfurt HBF - Hauptbanhof)
(JMBigas, Marzo 2013)

Para el domingo al mediodía, debía tomar un tren en la HBF a la una de la tarde, en dirección a París. Por la mañana tenía interés en acercarme al río, para ver si había alguna oferta para dar un paseo en barco y ver la ciudad desde el agua.

Me acerqué de nuevo a Römer, y de allí hacia el río Main, por la zona de la pasarela peatonal (Eiserner Steg). La mañana estaba fría, fría, y el viento a esa temperatura te cortaba el aliento. Vi una compañía que publicitaba (sin público alguno, que el tiempo estaba muy desapacible) un paseo por el Main, pero me echó para atrás el frío. Si ya en tierra firme la supervivencia se hacía complicada, imaginarme en medio del río con ese viento frío me desmoralizó, y abandoné la idea original.

Para pasar el tiempo que me sobraba hasta la hora de mi tren, tomé un tranvía hacia la HBF, y seguí en él cruzando a la orilla sur del río, y a los diversos barrios totalmente residenciales en esa zona. Hasta que me bajé y tomé otro en dirección contraria, para pasar por el hotel y recoger el equipaje, y meterme en la HBF para abordar el ICE en dirección a la estación de Paris-Est. Un viaje de casi cuatro horas, por Kaiserslautern y Saarbrücken, hasta cruzar a Francia e integrarse en la red de Alta Velocidad TGV-Est.

En resumen, una breve estancia en Frankfurt, que me permitió hacerme una idea bastante cabal de esa ciudad alemana que siempre está en el centro de todas las polémicas económicas dentro de la Unión Europea.

Aparte de las fotografías que he escogido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa, de 45 fotografías, que ilustran la panorámica de la ciudad. Basta pinchar en la foto del Dom.

Panorámica de Frankfurt


JMBA

martes, 27 de septiembre de 2011

Madrid Río (y 6): Virgen del Puerto y Colonia del Manzanares

Al norte del Estadio Vicente Calderón, entre los Puentes de Toledo y de Segovia, se desarrolla una zona tranquila del río Manzanares, con el Paseo de la Virgen del Puerto corriendo paralelo al río, por su ribera izquierda. Por la ribera derecha discurre la Avenida del Manzanares.
Pequeño salto de agua, junto a la esclusa de
Virgen del Puerto.
(JMBigas, Julio 2011)

A mitad de camino está el puente oblicuo que cruza el río. Es la herencia del antiguo trazado en superficie de la M-30 (o Calle 30, como insiste en llamarla el ayuntamiento). En ese punto, la M-30 cruzaba desde la orilla izquierda del río a su orilla derecha, para bordear la Casa de Campo y, más adelante, abrazar (limitar o incluso atenazar) al barrio de la Colonia del Manzanares, en su camino hacia el Puente de los Franceses, y la salida oeste de la ciudad.

En la zona de Virgen del Puerto, en ambas riberas, el proyecto Madrid Río ha regenerado mucho la zona. Han aparecido nuevos jardines y el llamado Salón de Pinos. Una amplia pista ciclista lo recorre por ambas orillas. Por cierto, de acuerdo a las normativas municipales, la velocidad máxima para los ciclistas en estas pistas junto al río es de 6 km/h. Espero que se cumpla, para evitar enojosos incidentes o atropellos de los que tengamos que arrepentirnos.


Sobre la orilla izquierda, en Virgen del Puerto, ha aparecido recientemente un nuevo hotel grande, el NH Ribera del Manzanares, que contribuirá, sin duda, a animar un poco esta tranquila zona.

Al norte del Puente de San Isidro (que une el Paseo de Pontones con el Paseo de la Ermita del Santo - en la ribera derecha -) está una de las esclusas del Manzanares, que forman parte de su sistema de regulación de caudal. Hay ahí un pequeño salto de agua (¿de un metro de altura?), que anima con su gorjeo el silencio ambiente (por esta zona, la M-30 ya circula soterrada). La esclusa incluye una casita (donde estarán las instalaciones técnicas) y una pasarela peatonal que permite cruzar el río. Desde ella, sobre la ribera izquierda, destaca la cúpula de la basílica de San Francisco el Grande.
Sobre la caseta de la esclusa,  al fondo se perfila
la cúpula de San Francisco el Grande.
(JMBigas, Julio 2011)

En lontananza, hacia el norte, se distingue el puente oblicuo, hoy reconvertido en pasarela peatonal y ciclista para cruzar el río en diagonal. Más allá, aunque no puede verse desde aquí, está el Puente de Segovia.

En la zona de Príncipe Pío y el Puente del Rey, el río vira hacia el noroeste, y sigue su camino hacia el Puente de los Franceses, por el distrito de Moncloa-Aravaca (barrio Casa de Campo). Frente a las ermitas gemelas de San Antonio de la Florida, el Puente de la Reina Victoria cruza el Manzanares, hacia la calle de San Pol de Mar. Un poco más adelante está la Colonia del Manzanares, construida en 1928 y llamada inicialmente Colonia de los Infantes, pues estaba originalmente destinada a los funcionarios del Palacio Real.

Toda esta zona es una lengua de tierra, tradicionalmente limitada por el río y por la Casa de Campo. Pero, además, la M-30 fue (y sigue siendo) una herida abierta que la abraza y atenaza. La autovía discurre pegada a las fachadas de las casas del barrio. A pesar de sufrir todos los inconvenientes y servidumbres de este hecho, el acceso a la M-30 desde estos barrios se realiza muy penosamente a través de las calles San Pol de Mar y Santa Fe, únicamente en sentido norte, y mediante desvíos absolutamente atormentados, sin ni siquiera una insinuación de carriles de aceleración o desaceleración. Mucha precaución si circuláis por esta zona, pues los vehículos que quieran acceder al barrio deben frenar casi absolutamente, para un giro brusco de 90º. Y lo mismo para los que quieren incorporarse a la autovía de circunvalación.
Balconcitos de madera sobre el río, en la zona de la
Colonia del Manzanares.
(JMBigas, Julio 2011)

Por la ribera izquierda discurre la calle Aniceto Marinas que, en muchos tramos, más parece la trasera de la avenida de Valladolid que una fachada fluvial. Por la ribera derecha, junto al río, la calle Ribera del Manzanares actúa de eje distribuidor a toda la zona (con los autobuses 41 - de Atocha - y 75 - de Callao - como protagonistas del transporte público).

Frente a la calle Felipe Moratilla hay una pasarela peatonal que permite cruzar el río. En esta zona, abundan los patos en el Manzanares, con su casita bien visible hacia el sureste. Estuve por allí un caluroso mediodía de Julio, y los patos buscaban la sombra de la pasarela para sobrellevar la canícula. En esa dirección se distingue con claridad el Puente de la Reina Victoria, el recorrido aéreo del teleférico de la Casa de Campo y, al fondo, la Catedral de la Almudena. En las orillas del río destacan unos balconcitos de madera, quiero pensar que destinados a dar de comer a los patos.

Hacia el noroeste, el río se pierde hacia el Puente de los Franceses y el extrarradio. En esta zona, el Proyecto Madrid Río ha introducido, hasta ahora, muy poquitas modificaciones a su aspecto anterior. Uno de los motivos es que el proyecto original incluía la construcción de un nuevo puente para el tráfico rodado, que hubiera permitido la circulación desde la zona de la Avenida de Valladolid hacia la Casa de Campo, y que hubiera cruzado esta lengua de tierra, creando una nueva herida irreparable. Afortunadamente, esta intención fue frenada por la presión vecinal, y se paralizó el proyecto.

Tenéis acceso a una galería de 25 fotografías de estas zonas de la ribera del Manzanares, pinchando en la foto de la caseta de la esclusa.

El río Manzanares por Virgen del Puerto y por la Colonia del Manzanares


Con la explicación acerca de estas zonas doy por finalizada la serie de artículos dedicados al proyecto Madrid Río, y al nuevo aspecto que han ido adoptando las orillas del río Manzanares a su paso por el municipio de Madrid.

Siguiendo el Manzanares aguas arriba, he escrito sobre el Parque del Manzanares, sobre la zona del Matadero y el Palacio de Cristal, el parque y playa de Arganzuela (con su característico puente tirabuzón), el puente de Toledo y la Glorieta de Pirámides, Virgen del Puerto, Príncipe Pío y la Colonia del Manzanares. Además de la introducción general al proyecto Madrid Río.

* * *

La regeneración y desarrollo de las zonas inmediatas a la ribera del Manzanares, en todo el municipio de Madrid, ha puesto de manifiesto que la fachada que la ciudad presenta al río está lejos de ser lo que a todos nos gustaría. Es por ello que el Ayuntamiento encargó y aprobó (en Enero de 2010) el llamado PReM (Plan de Renovación Urbana del entorno del río Manzanares). Este plan (cuya documentación completa se puede encontrar en la web del Ayuntamiento de Madrid), realiza un análisis exhaustivo de las fincas y edificios (algunos públicos, muchos privados) que se encuentran en este entorno, y realiza propuestas para la renovación, rehabilitación y puesta en valor de la fachada fluvial de Madrid.

Confío en que todas estas intenciones se vayan llevando a la práctica. Si es así, en unos cuantos años podremos disfrutar en Madrid del río que la cruza y de su entorno urbano. Por el momento, ya podemos disfrutar de las orillas del Manzanares, de los nuevos parques y jardines, de las zonas deportivas, de las pistas ciclistas. Pero en muchos lugares nos agrede todavía la degradación de alguna de las zonas; porque Madrid Río ha puesto en evidencia las muchas heridas que toda ciudad acaba acumulando con el paso del tiempo. Y el desarrollo de las riberas obliga ahora a muchos edificios a actuar de fachada fluvial, lo que nunca estuvo en el ánimo de los proyectos para su construcción. En algunos casos, hace muchas décadas ya.

Disfrutemos, pues, de lo que ya existe; sin dejar de trabajar por lo que todavía queda por hacer.

JMBA

sábado, 9 de octubre de 2010

"Olor de Colònia" de Sílvia Alcàntara

(Nota del 3 de Abril de 2011: Martínez Roca ha publicado la edición en castellano de esta novela)


Hoy quiero comentaros una novela maravillosa que he terminado recientemente. Se trata de Olor de Colònia, de la autora catalana Sílvia Alcàntara. La mala noticia para algunos es que el libro está publicado en catalán, y, que yo sepa, no hay planes inmediatos de traducirlo al castellano para su publicación, a pesar de que ha tenido un buen éxito relativo (venta de unos 40.000 ejemplares, por lo menos).

De todas formas, el tema y su desarrollo me parecen apasionantes, y me han animado a escribir este artículo.

Durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX, a las orillas de algunos ríos catalanes (por ejemplo el alto Llobregat) florecieron fábricas textiles que aprovechaban la energía del río para su producción, a la vez que utilizaban el agua para los diversos procesos.

Junto a muchas de esas fábricas se desarrollaron las llamadas Colonias, que eran pequeños pueblos, habitualmente muy cerrados, donde vivían los trabajadores de la fábrica (y los encargados, y los directores). Disponían de los servicios básicos necesarios, para que nadie tuviera que salir de la Colonia para las cosas más habituales. Había tienda de conveniencia (el famoso colmado o tienda de ultramarinos, que vendía de todo), una escuela (habitualmente de monjas) y en algunos casos hasta un convento, una iglesia. Había un bar, y seguro que una peluquera, una modista, un carpintero, algún albañil.

Siempre había el amo, el dueño de la fábrica, que aparecía por la Colonia una mañana de vez en cuando, para reunirse con el director (que vivía en permanencia en la Colonia) y analizar la marcha de la fábrica y de la Colonia entera, y tomar las decisiones pertinentes.

Porque el amo era también el dueño de la Colonia. Todo dependía de su voluntad. Las viviendas eran de diversos tipos, atendiendo al puesto que ocupaba cada uno en la fábrica. Y había por lo menos un par de chalets (de torres, como ya conté en otra ocasión). Uno de ellos era para el director y su familia, y el otro era el del amo, al que raramente acudía.

El derecho a una vivienda de cierto tipo venía asociado al nivel del puesto desempeñado en la fábrica. Por lo que las mudanzas intra-Colonia eran frecuentes, al hilo de los ascensos dentro del escalafón de la fábrica. Pero si moría algún cargo que hubiera que sustituir, la viuda y sus hijos debían abandonar la vivienda, para dejar paso a su sucesor y familia.

Todo ello daba un entorno social sofocante, agobiante. Porque la gente que vivía allí se pasaba el día con sus vecinos, en la fábrica, en el bar, en la tienda o por la calle. Lo que daba pasto a un nivel de curiosidad por lo ajeno, de cotilleos y de maledicencias que no conocía límites. Los hijos e hijas de las diversas familias era habitual que, a su vez, se unieran entre ellos, prolongando y fortaleciendo ese tejido social a lo largo de los años.

La novela recorre la vida en una de esas Colonias durante una veintena de años (más o menos, 1950-70). Y refleja colosalmente bien ese ambiente asfixiante. El catalán se utilizaba habitualmente a nivel verbal por parte de todo el mundo, pero el estudio y las manifestaciones escritas derivaban a la lengua formal, al castellano. Este tema está sugerido en la novela, pero es perfectamente reconocible para los que conocimos algo de esa época.

En un entorno social tan cerrado, las rencillas, las envidias, los amores que se acabaron trocando en bodas alternativas, los rumores, el miedo al qué dirán, son el pan de cada día. Y la perfecta estratificación en clases, según la posición ocupada en la fábrica, es tácitamente respetada por todos, como una ley inmutable.
Sílvia Alcàntara
(Fuente: vilanova.cat)

Sílvia Alcàntara vivió casi toda su infancia y adolescencia en una de esas Colonias, hasta la edad de veinte años. Y demuestra conocerlas muy bien.

La autora utiliza giros del catalán semirural, de los que algunos se han perdido o han caído en desuso en el catalán normado y urbano de los últimos años, que resultan muy entrañables. La gente, a menudo arisca, que habitaba esas Colonias (y muchos pueblos de la Catalunya Interior), lo decía todo en muy pocas palabras, y sentenciaba las situaciones con una frase. No me resisto a comentar algunas.

El safareig viene a ser el lavadero, que podía ser privado o público, y muy habitualmente era en el lavadero comunal donde se juntaban las mujeres y allí corrían los rumores, y se ponía a caldo a los que no estaban. A toda esa actividad de cotilleo se le llama fer safareig (hacer lavadero). Qué economía de palabras.

Cuando un padre (o una madre) quería mucho a uno de sus hijos (o hijas), normalmente por encima y en detrimento de los demás, se dice que n'estava molt del fill (filla). La traducción literal aporta muy poco (algo así como estaba mucho del hijo/hija). Imposible traducirlo manteniendo la misma economía de palabras.

O, por ejemplo, cuando dos personas se relacionan mucho, tienen una buena amistad, comparten cosas, se dice que es fan molt (se hacen mucho). De nuevo, imposible reflejar todos los matices sin utilizar frases más largas. Del mismo modo, cuando no tenían ninguna relación, y había enemistad, se dice que no es feien gens (no se hacían nada).

La novela refleja la acritud que crece en las personas y entre las familias por vivir con esos niveles de dependencia (del amo, del director, del encargado, de las monjas, de los vecinos). La amistad y camaradería de una de las monjas jóvenes con una alumna se califica con rapidez como algo que nadie nombra, pero que está en todas las murmuraciones. Y que para la madre superiora es una tendencia pecaminosa. Que dejará de hablarse de ello, pero que nunca se olvidará.

También hay fraudes, estafas, asesinatos. Raptos, celos, cuchilladas, como se decía en El Huésped del Sevillano. Y muchas mentiras que han cruzado los tiempos, hasta que les llega su hora. Y amores lícitos, ilícitos y mediopensionistas; hijos bastardos y sexo vicario.

La novela está muy bien escrita, y la trama perfectamente hilvanada y tejida. Los tiempos cambian, los críos crecen, los abuelos mueren, unos progresan y otros tienen que irse. La Colonia es una microsociedad, pero ahí dentro se da también todo lo que sucede fuera, en la sociedad de verdad. Sólo que con mucho mayor dramatismo. En la Colonia todo se magnifica (uy, que esto me suena ya a otra cosa...).

Si podéis abordar la lectura de un libro en catalán, aunque sea con cierto esfuerzo, os recomiendo vivamente este Olor de Colònia (Edicions de 1984, 2009, 18Euros).

Su lectura es un tiempo muy bien empleado.

JMBA