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viernes, 7 de noviembre de 2014

La Necesaria Transparencia

Ya estaba tardando. Se han filtrado datos que apuntan a que el Presidente de Extremadura podría haber pagado viajes (presuntamente privados) a Canarias y otros destinos, con fondos públicos.
José Antonio Monago, Presidente de la Junta de Extremadura.
(Fuente: ABC)

José Antonio Monago es un personaje que resulta incómodo para muchos, incluido el propio aparato del Partido Popular. De una parte, gobierna en Extremadura con la anuencia (abstención o lo que toque) de Izquierda Unida. De otra, se ha manifestado como un verso libre dentro del PP, clamando por la transparencia y la honestidad. Por eso hacen más daño estas filtraciones. Y resultan, por supuesto, dignas de toda sospecha de que se trate de iniciativas torticeras para debilitar a un rival incómodo.

Personalmente, creo que Monago no es un personaje corrupto y que, muy probablemente, esos viajes tienen, de una u otra forma, una cobertura legal y una explicación suficiente. Aunque abundan las dudas.

Este viernes, Monago ha ofrecido una rueda de prensa, seguida de las preguntas que han querido plantear los periodistas (lejos de las versiones plasma de Rajoy, dicho sea de paso). Básicamente ha venido a decir que todos sus viajes privados los ha pagado de su bolsillo, y que si a alguno le parecen muchos los viajes que ha realizado pagados con dineros públicos, a él mismo también le parece que han sido muchos, y su espalda se queja de ellas. Según afirma pero, según parece, no tiene muchas posibilidad de demostrar de forma fehaciente, todos ellos serían para trabajar, en uno u otro ámbito, en uno u otro sentido.

En principio, no tengo razón alguna para dudar de sus palabras.

Sin embargo, me inquieta profundamente saber que los gastos de viaje y representación de los cargos públicos no parece que estén controlados de ninguna forma. Me gustaría ver publicados en la web del Gobierno de Extremadura (o donde correspondiera) el detalle de todos los viajes, un titular para el motivo de los mismos y los gastos realizados y su justificación. Por lo dicho hoy por Monago, parece que no tendremos otra posibilidad que creer (o no) lo que con su mejor buena fe nos ha contado hoy.

Yo he trabajado durante casi treinta años en una compañía multinacional. Durante buena parte de esa época, dispuse de una tarjeta de crédito de empresa, para el pago de todo tipo de gastos, especialmente de los realizados por cuenta de la compañía. Todos los gastos se cargaban directamente en mi cuenta corriente personal, y yo podía recuperar los gastos de empresa tras justificarlos, dentro de las normas y límites fijados por la empresa, en las correspondientes Hojas de Gastos, aportando todos los justificantes, en su caso.

Esas Hojas de Gastos siempre tenían que ser validadas por el responsable jerárquico y por la Dirección Financiera. Seguro que un resumen de los mismos deben estar disponibles en algún sistema informático de la empresa, y los tickets de taxi, los billetes de tren o avión y las facturas de hotel estarán custodiados en algún almacén de documentación.

Me parece que esta forma de proceder es la correcta. Entre otras cosas, asume que nadie, dentro de la empresa, está por encima de las normas. Y hasta los gastos del Director General o el Presidente deben ser controlados y validados por el Director Financiero. Parece razonable que cualquier empresa, con ánimo de pervivir, implante normas de este tipo. Si no lo hiciera, podría caer en la red de cualquier pirata que gastara el dinero de la empresa como si no hubiera un mañana.

Siendo esto así, no entiendo por qué parece que la Administración Pública no es, ni con mucho, tan rigurosa en el control y registro de sus gastos. Que se realizan, además, con dinero público, es decir con NUESTRO dinero. Por lo que ha contado hoy Monago, no parece que pueda aportar justificaciones documentales de todos sus viajes, que son muchos, tanto por Extremadura como por Andalucía o, muy especialmente, Canarias. Aparte de los viajes a Madrid o a otras Comunidades Autónomas, por motivos diversos.

Da la sensación de que sólo nos queda confiar, o no, en la buena fe del mandatario. Insisto, Monago me inspira una cierta confianza. Aunque hoy se ha publicado que, por la época de los viajes, en Canarias vivía una mujer con la que Monago mantenía una cierta relación personal. La buena fe de los políticos es un activo tan frágil y en baja estima en la actualidad, que resulta totalmente insuficiente.

La única explicación que encuentro, me aterra. Da la sensación de que mucha gente en este país (Gobiernos de todas clases y ámbitos, para empezar; Parlamentos de todos los idiomas y así para adelante) se consideran a sí mismos por encima de las normas y, por ende, por encima de la propia Ley. Parece que el hecho de que exista un Presupuesto aprobado por el correspondiente Parlamento, para cubrir determinado tipo de gastos, ya sea suficiente para poderlo gastar con total impunidad y sin dar explicaciones a nadie.

Es imprescindible dar un paso decidido hacia adelante, por el camino de la transparencia y la publicidad. Supongo que algunos gastos puede que deban ser protegidos por el secreto. Pero todo Parlamento debe tener una reducida Comisión de Secretos Oficiales, que debe estar informada de todos ellos, aun asumiendo un compromiso de no revelación.

Me gustaría ver publicados los detalles de las Hojas de Gastos de todos los responsables y representantes políticos, y el detalle de cómo y en qué se ha gastado TODO el dinero que los ciudadanos hemos confiado a cualquier departamento público. Por supuesto, eso podría provocar alguna incomodidad. Pero las ventajas serían ampliamente mayores que los inconvenientes.

De ninguna forma los ciudadanos podemos seguir aceptando que nos pidan que creamos a pies juntillas en la buena fe de nuestros políticos. Tantos gángsters y gamberros se han colado en esas filas, que esa confianza ciega no se nos puede pedir en ningún caso.

Ya no basta que la mujer del César sea honrada. Además, debe parecerlo y poder demostrarlo.

En cualquier empresa existe una función que es el Control de Gestión, se llame como se llame. Su función es garantizar que todas las actividades con impacto económico se realizan con la necesaria justificación y/o autorización, y de acuerdo a las normas de obligado cumplimiento definidas por la política de gestión de la compañía. Es su obligación denunciar cualquier desvío de ese objetivo prioritario.

Me gustaría ver que en todas las Administraciones Públicas existan estos niveles de control y que se respeten. Y me aterra ver cómo los cargos electos se pasan por el forro (y, sobre todo, que puedan hacerlo), las opiniones y dictámenes de los correspondientes Interventores. Todos hemos visto en las películas americanas a los Departamentos de Asuntos Internos en los diversos Departamentos de Policía. Su misión (ingrata, quién lo duda) es ser moscas cojoneras en la persecución de aquellos que violan las normas. Y, de ninguna forma, pueden ser estómagos agradecidos que deban callar, básicamente por miedo, ante la más mínima indicación de cualquier responsable jerárquico.

Toda la estructura de Intervención de Cuentas en la Administración Pública debe estar protegida ante las desviaciones o caprichos de los responsables de las unidades que tienen como misión controlar. Pagar a una Intervención que no sea operativa y que deba acabar callando, es una doble traición a la transparencia a la que todos los ciudadanos tenemos derecho. Pagamos a controladores que no lo hacen.

El Gobierno lleva ya muchos meses hablando de la Transparencia. Pero tengo la sensación de que, sentados en el sillón del dentista y apretando los h..... del doctor, susurran: no nos haremos daño, verdad, doctor. La sensación de desánimo que nos inunda es la de que no quedan ya políticos que estén libres de pecado, como para tirar la primera piedra. Sólo aquellos que nunca han tocado poder, y a esos, como en la mili, la honradez simplemente se les supone.

Es posible que Monago sea un político honrado. Pero la parquedad de detalles que ha aportado en sus explicaciones juega en su contra. Sólo su credibilidad personal puede darnos, quizá, algo de tranquilidad. Frágil valor para merecer nuestra confianza. Si se confirmaran las últimas informaciones publicadas, quizá esté obligado a dimitir, por utilizar (de momento, presuntamente) recursos públicos para uso privado.

Luz y taquígrafos. Porque cuando el dinero, especialmente el público, que muchos parecen creer que no es de nadie, se mueve por rincones oscuros, nunca se tiene la seguridad de hacia dónde va.

Transparencia y publicidad absolutas en cómo se gastan los caudales públicos, YA.

Por favor.

JMBA

jueves, 29 de septiembre de 2011

Por la lanzadera del Eurotunnel: de Charleroi a Brighton y vuelta


PREPARACION

A finales de Mayo de 2008 conseguí unos días libres (desde el jueves 22 al lunes 26), y organicé un viaje un poco estrambótico, para conocer el funcionamiento del cruce a Inglaterra por el Eurotunnel, con sus lanzaderas.
A bordo de la lanzadera del Eurotunnel.
(JMBigas, Mayo 2008)

Por el Túnel bajo el Canal de la Mancha (el Eurotunnel) sólo circulan trenes, no hay tráfico de vehículos. Los trenes de pasajeros son los Eurostar (ya he viajado en ellos varias veces) que unen básicamente Londres Saint Pancras con Paris Gare du Nord o Bruxelles Midi (aunque hay algunas otras extensiones).

Para cruzar por el Eurotunnel en coche, hay que embarcarlo (¿en-tren-arlo?) en los trenes lanzadera (shuttle) en la Terminal de Calais/Coquelles (en el departamento de Pas-de-Calais) y luego desembarcarlo en la terminal de Folkestone (en el condado de Kent), o viceversa.

Para evitar el largo viaje desde Madrid hasta Calais (lo hice en otra ocasión, ya lo contaré), busqué un vuelo a algún aeropuerto cercano. La opción más económica que conseguí fue un vuelo de la cutre Ryanair (algo más de 60€) a Charleroi, al sur de Bruselas. Alquilé un coche por Internet, para recogerlo allí en el aeropuerto y devolverlo el lunes al final de la escapada.

Las tarifas que practica el Eurotunnel suenan a muy extrañas al principio, aunque luego puede entenderse que tienen su razón de ser. La más económica es la que incluye ida y vuelta en el día, o overnight, es decir, ida un día y vuelta al siguiente (que era mi caso, afortunadamente). En estas condiciones y según los horarios, se puede conseguir ida y vuelta (incluso hoy mismo, tres años después) para un coche normal (con sus pasajeros) por 60€. Sin embargo, la tarifa para estancias más prolongadas es mucho más elevada, llegando a más de 200€ por trayecto.
Basílica de Saint Christophe, en la place Charles II,
Charleroi (Bélgica).
(JMBigas, Mayo 2008)

La explicación que yo le encuentro a este aparente sinsentido es que las tarifas se definen en función de los costes de la alternativa. Si se va a cruzar el coche, es que se requiere en destino. La alternativa es alquilar un coche en el destino (o cruzarlo en un ferry, claro). Para uno o dos días, se podría alquilar un coche en el destino por bastante poco dinero, mientras que el coste sería muy superior para estancias de una o dos semanas.

En fin, en mi caso, tenía una reserva (obtenida por Internet en la web de Eurotunnel) para ir de Calais a Folkestone a primera hora del viernes y volver a última hora del sábado, por 60€. La reserva indicaba fecha y hora precisa de mis dos lanzaderas (para la ida y para la vuelta), así como la hora límite para el embarque.



CHARLEROI-BOULOGNE

Tras asistir a las habituales escenas patéticas frente a los mostradores de embarque (gente reacondicionando sus pertenencias, para evitar las férreas medidas de Ryanair sobre peso y tamaño del equipaje, y cargo adicional por -casi- todo), llegué sin novedades al aeropuerto de Charleroi, a una terminal que se veía bastante nueva y moderna.

La primera sorpresa (muy positiva) fue que a mi reserva de un coche "Ford Focus o similar", Hertz tenía listo para mí un brillante Mercedes C220 (al mismo precio, por supuesto). Héteme, pues, al volante de un Mercedes por las carreteras de Bélgica, Francia y el Reino Unido.
Grand Place de Arras (dép. Pas-de-Calais).
(JMBigas, Mayo 2008)

Había reservado habitación en un hotel de Boulogne-sur-Mer (el Ibis Boulogne-sur-Mer Centre Cathédrale), a poquitos kilómetros de la Terminal del Eurotunnel en Calais/Coquelles, para evitar madrugones épicos. Desde el aeropuerto de Charleroi me dirigí (en mi flamante Mercedes), hacia el norte del norte de Francia. En esa zona es complicado saber en qué país estás en cada momento, ya que la región  belga limítrofe con Francia es también francófona, por lo que los indicadores aportan poca precisión. Y no hay ni siquiera síntomas de aduanas o fronteras en el recorrido.

Seguí camino hacia Valenciennes (donde paré para comer en una brasserie del centro - la K9 - en 43, rue de Quesnoy) y luego a Arras (para hacer unas fotitos en la Grand Place y en la vecina Place des Héros).
Ayuntamiento de Boulogne-sur-Mer (dép. Pas-de-Calais).
(JMBigas, Mayo 2008)

Desde Arras ya fui directamente a Boulogne-sur-Mer y al hotel. El hotel Ibis está en la rue du Porte Neuve, junto a la Porte Neuve, que da acceso a lo que llaman la haute-ville (la ciudad alta), donde están, entre otros edificios singulares, la Basílica de Notre-Dame y el Ayuntamiento (Hotel de Ville). Por una zona semipeatonal (rue de Lille) se llega a la plaza del Ayuntamiento, donde cené algo en una terracita. Si se sigue adelante, por una calle con el sugerente nombre de rue des Puits d'Amour (calle de los Pozos del Amor, o algo parecido) se llega a un mirador de la ciudad baja y la zona portuaria de Boulogne-sur-Mer. De hecho, en mi primer viaje a Inglaterra (en 1977, que ya he contado en otro artículo), embarcamos en el ferry en este puerto.

EUROTUNNEL

Al día siguiente madrugué bastante, y mi equipaje, mi Mercedes y yo nos dirigimos hacia la Terminal del Eurotunnel, en el pueblo de Coquelles, muy cerquita de Calais. Está perfectamente señalizado, y se llega sin ningún problema desde la autopista que corre paralela a la costa.

Se pasa a continuación el control de embarque. Hay bastantes puestos automáticos y algunos manuales (con una persona en la garita). OJO, hay puestos a la derecha y a la izquierda del carril (para facilitar la gestión a coches ingleses y continentales). Yo escogí uno automático. Hay que llevar la tarjeta de crédito con la que se pagó la reserva. El sistema te indica tu reserva. Si hay otra salida anterior con plazas disponibles, te informa y puedes adelantar tu viaje. Según los casos, puede ser que la tarifa no sea la misma que tengamos pagada, y haya que abonar el correspondiente suplemento, o rechazar el cambio y mantener la reserva original. El sistema te suministra un badge grande, con todas las indicaciones de hora y demás en grandes letras y números, que hay que colgar bien visible del espejo retrovisor interior del coche. Hay que pasar luego el control de pasaportes (o DNI, pero el Reino Unido no pertenece al espacio Schengen), del mismo modo que en una frontera de carretera.
Curioso (pero esclarecedor) indicador en la Terminal
del Eurotunnel en Calais/Coquelles.
(JMBigas, Mayo 2008)

Hay a continuación un parking grande para turismos, junto al edificio Terminal (con tiendas -presuntamente duty free, aunque conviene revisar los precios- y bares), para amenizar la espera. Cuando se acerca la hora del embarque (hay indicadores luminosos advirtiendo del hecho), hay que dirigirse con el coche hacia la zona de embarque (siguiendo un curioso indicador que apunta hacia Grande Bretagne). Se llega, tras pasar un cierto control de seguridad, a una playa de carriles paralelos en los que el personal organiza los coches, para facilitar el embarque posterior.

En esa madrugada de Mayo, la afluencia de vehículos era más bien escasa, pero las instalaciones están preparadas para poder despachar sin problemas las grandes temporadas punta de vacaciones y demás.
Entrada al edificio terminal del Eurotunnel,
en Calais/Coquelles.
(JMBigas, Mayo 2008)

A la hora prevista, se activa el embarque de nuestra lanzadera. Las lanzaderas para turismos tienen dos pisos. Desde los carriles en los que estaban estacionados los coches en el pre-embarque, se desciende al nivel de los andenes y se entra en la lanzadera. Hay varias puertas de entrada (al piso inferior y al superior). Una vez dentro, hay que avanzar (siguiendo al coche que seguramente nos precederá), hasta hacer tope, haciendo siempre caso al personal presente. En el embarque (y el posterior desembarque) toda la lanzadera es un pasillo corrido. Pero luego se cierran unas puertas, que separan los diferentes vagones durante el viaje, para mayor confort y seguridad. De modo que en nuestro habitáculo quedan unos poquitos coches (cinco o seis, creo recordar). Hay que seguir las indicaciones de seguridad, parar el motor, poner el freno de mano, etc., que se deslizan (en francés e inglés) por unos paneles luminosos en la parte superior.

Una vez dentro y correctamente estacionado el coche, podemos descender de él. Hay dos estrechos pasillos, uno a cada lado, con ventanas al exterior, por el que los peatones pueden desplazarse. Las separaciones entre vagones tienen unas puertas laterales accesibles para los viajeros, que permiten desplazarse de uno a otro vagón para, por ejemplo, visitar los Aseos (ya que no hay en todos los vagones).
Separación entre vagones de la lanzadera, que se
cierran tras el embarque.
(JMBigas, Mayo 2008)

A la hora prevista, la lanzadera se pone en marcha. A los pocos minutos se introduce en el túnel. Treinta y cinco minutos después de la partida, el tren llega y se detiene en la Terminal de Folkestone. El desembarque es una operación simétrica al embarque. Una vez detenido el tren, se abren las separaciones entre vagones (dejando expedito todo el camino hasta la salida a los andenes). Una vez fuera del tren, la propia circulación nos lleva hacia el sistema de autopistas que rodea a la Terminal del Eurotunnel. Eso sí, con múltiples advertencias de que por aquí hay que conducir por la izquierda.

He aquí, pues, a un españolito montado en un Mercedes con matrícula belga y volante a la izquierda, circulando por las carreteras del condado de Kent.

FOLKESTONE-BRIGHTON

Crucé Dover, y fui hacia la zona de St. Margaret at Cliffe, desde donde se tiene una buena vista de la gran terminal de ferries. Sólo que era muy temprano (una hora menos que en el lado francés), y había una cierta bruma esa madrugada. Me dirigí luego a Ramsgate, otro bonito pueblo costero de la zona. Aparqué en Queen Street, pero tenía que pagar el ticket, y no llevaba una sola moneda inglesa para ello, aunque sí algunos billetes.
Puerto de Ramsgate (Kent).
(JMBigas, Mayo 2008)

Visité una tienda, pero no conseguí mi objetivo. Al final, mi salvación fue un remolque que vendía bocadillos calientes. Metí algo sólido (y líquido) entre pecho y espalda, y me hice con algunas monedas para pagar el parking. En el autómata expendedor de tickets tuve que introducirle las cifras de la matrícula de mi coche, que quedaron impresas en el tiquet.

Paseé un poco por la zona (había mucha animación, con infinidad de tiendas y puestos de mercado callejero). Bajé luego hasta la zona del puerto, muy cercana.

Quería visitar el mayor centro comercial de Kent (quizá de todo el Reino Unido): Bluewater, cerca de Greenhithe. Es realmente impresionante, rodeado de aparcamientos para los vehículos. No he encontrado la cifra, pero seguro que hay más de cinco mil plazas de aparcamiento (de hecho, tienen más de 300 plazas reservadas para visitantes con movilidad reducida).
Lago en el centro comercial Bluewater, en Kent.
(JMBigas, Mayo 2008)

En Bluewater se puede encontrar de todo, incluyendo una gran librería de Waterstones. Hay bares y restaurantes para todos los gustos y todas las economías. Incluyendo un muy convincente restaurante que sirve pescado (Loch Fyne), lo que en el Reino Unido es una agradable sorpresa.

Conviene estar atento al tema de las propinas (o pago por el servicio). En el Reino Unido se mezclan establecimientos con fórmulas diferentes. Si el camarero es extremadamente amable (al estilo de Estados Unidos), se presenta por su nombre y propone la oferta especial para el día, y nos desea una muy agradable comida, posiblemente veamos en la carta, en el menú o en alguna parte que el servicio no está incluido, y haya que pagarlo aparte, en forma de propina (10-15% parece razonable, aunque nunca se tiene la absoluta seguridad). Si pagamos con tarjeta de crédito, el camarero nos dará el aparato a mitad de la operación de pago, para que anotemos el importe de la propina (gratuity o tip) que queremos añadir, y el cargo saldrá por el total. Pero también hay establecimientos (en general, todos los de comida rápida con servicio en mesa, etc.) que ya incluyen el servicio en la factura, y el camarero (o camarera) no espera mayor gratificación (aunque siempre es bien recibida, claro).

Tras comer (esta vez una pizza en el Pizza Hut), y comprar algunos libros, me dirigí directamente a Brighton.
Terraza del Imperial Hotel, en Hove (East Sussex).
(JMBigas, Mayo 2008)

A finales del siglo pasado, las ciudades de Brighton y la vecina Hove se juntaron en una única unidad administrativa, por lo que, actualmente, el nombre de esta localidad es Brighton and Hove. De hecho, yo había reservado una habitación en el Imperial Hotel, First Avenue, Hove. Situado a 50 metros del mar, y a unos 2,5 kilómetros al oeste del Brighton Pier. El hotel ocupa una casa típicamente británica. Está algo envejecido (la web informa de recientes renovaciones), pero es digno y correcto, y practica unas tarifas que pueden resultar interesantes (según temporadas, claro). De hecho, yo pagué unos 70€ por una habitación individual con desayuno inglés completo. Dispone de un restaurante/brasserie (Hamilton's) y un bar (Tate's) con oferta completa de cervezas y licores. Una terraza exterior sobre la Primera Avenida de Hove (muy tranquila, con escaso tráfico) es conveniente por sus vistas al mar. En la zona es fácil encontrar espacio para el estacionamiento del vehículo, aunque en horas diurnas es de pago.

Después de tomar una cerveza en la terraza del Tate's, me fui a pasear junto al mar, y luego me fui en el coche a las cercanías del Brighton Pier. Dejé el Mercedes (es curioso que sea el único coche al que se llama por su nombre) en el parking de Churchill Square, y seguí paseando hasta el Pier. Ese viernes por la tarde de finales de Mayo, la playa estaba llena de toda clase de gente: había competiciones deportivas, y también reuniones de amigos para beber algo (algunos incluso con traje y corbata) y montar fiestas improvisadas.
Brighton Pier
(JMBigas, Mayo 2008)

Los Piers (muelles, embarcaderos) son auténticas instituciones en los resorts costeros del Reino Unido. Siempre hay una gran sala llena con toda clase de máquinas para el entretenimiento (tragaperras de todos tipos, juegos de habilidad, etc. etc.). Un sumidero de monedas o fichas, vamos. En algunos hay hasta pequeños parques de atracciones, y siempre hay bares, restaurantes y lugares donde comer, beber o tomar  alguna cosa mientras se sigue paseando. Algunos son más cortos, otros más largos; alguno, como el de Southend, cerca de Liverpool, es tan largo que incluso tiene un tranvía que lo recorre en toda su longitud (en torno a un kilómetro). Algunos resorts incluso tienen varios Piers (como Blackpool, que tiene tres).

Busqué un lugar para cenar frente al mar. Acabé escogiendo el Plaza (43-45 Kings Road; el paseo marítimo, para entendernos) y cené al fresco (como les gusta decir, tal cual, a los británicos), es decir, en la terraza exterior. Cené correctamente, pero bastante caro (más de 40€, con un par de copitas de vino). Claro que cenar en la terraza frente al mar tiene siempre un sobreprecio. He visto críticas muy negativas de este restaurante en el 2009 y 2010 (posiblemente cambió de dueño), y actualmente creo que se ha reconvertido en un restaurante italiano llamado Italian Kitchen.

Quiero suponer que a finales de mayo había en Brighton muchos grupos de estudiantes celebrando el final de curso o la graduación. Pero lo cierto es que los muchos hoteles del paseo marítimo vomitaban manadas de vociferantes chicos y chicas; ellos artificiosamente endomingados, y ellas vestidas de esa forma que una inglesa media de 18 años entiende como sexy, es decir, con mucha carne en el escaparate, sin atender a que la estética de conjunto pueda constituir una agresión al paseante ocasional. Todo ello, por supuesto, aderezado con mucho alcohol.
Uno de los muchos grandes hoteles que hay a lo largo de
la fachada marítima de Brighton and Hove.
(JMBigas, Mayo 2008)

Volví al hotel, me tomé otra cerveza en el Tate's, y me acosté. El sábado me levanté prontito, desayuné y me di una vuelta por todo el paseo marítimo hasta el Pier, para confirmar que todo estaba desierto, salvo algunos restos dispersos de los excesos de la noche loca del viernes. En la playa, cerca del hotel, se estaba preparando un mercadillo, que incluía puestos de comidas exóticas, como una boulangerie francesa.

BRIGHTON-CALAIS

A media mañana recogí coche y equipaje, y emprendí el camino de vuelta, tranquilamente por la costa. A mediodía paré en Newhaven, una pequeña localidad costera próxima a Brighton, y tomé un tentempié en Le Bon Bistro (una pequeña tienda restaurante de inspiración francesa, en High Street, con un par de mesas en el exterior). Me di cuenta de que los cuatro hombres de la mesa de al lado estaban desayunando, o tomando un brunch de sábado.

Seguí por la costa hasta Hastings, y allí fui al centro y aparqué en el centro comercial Priory Meadow. Para mi desgracia, había otra librería de Waterstones y una tienda de WHSmith (ya vería cómo lidiaba con las limitaciones de peso del equipaje en el vuelo de Ryanair). Como había que recoger tiquet a la entrada del parking, me tocó bajar del coche, darle la vuelta, ponerle al de atrás carita de qué le vamos a hacer, recoger el tiquet y volver al volante. Pequeños inconvenientes de conducir por el Reino Unido con el volante a la izquierda. Afortunadamente, hay muchos parkings públicos allí que funcionan como el aparcamiento en la calle: primero se aparca y luego se saca a pie un tiquet que se pone en el parabrisas, para el tiempo que se estime se va a estar.
Escultura homenaje al jugador de criquet, frente a la
entrada al centro comercial Priory Meadow, en Hastings.
(JMBigas, Mayo 2008)

Por otra parte, conducir por Inglaterra con el volante a la izquierda no plantea ningún problema mayor, más que esos pequeños inconvenientes. La propia circulación te lleva a hacer las cosas correctamente; sólo para adelantar en carreteras de doble sentido se plantea algún problema de visibilidad. Pero nada que no pueda resolverse con paciencia y prudencia. Por el contrario, conducir con el volante a la derecha sí plantea algunos problemas de cambio de hábitos. El principal es conseguir ser consciente de que tenemos la mitad del coche a nuestra izquierda, y no a nuestra derecha. Ello supone problemas a la hora de situar correctamente el coche en el carril de circulación (tendemos a irnos demasiado hacia la izquierda), y en los giros, ya que el coche, en relación a la posición del conductor, se comporta de modo diferente al que estamos habituados: tenderemos a comernos el bordillo en los giros a la izquierda, y a abrirnos demasiado en los giros a derecha. Hay que vigilar mucho con eso.

Tenía plaza para la lanzadera de vuelta hacia Calais para las siete de la tarde de ese sábado. Pero la sensación de insularidad te acaba creando un cierto agobio. Serían las cuatro de la tarde, y estaba a poco más de cincuenta kilómetros de la Terminal de Folkestone, pero me empezaron a entrar las prisas. Sería porque había encontrado algunos atascos que me retrasaron (la víspera, yendo hacia Bluewater, por ejemplo). Por lo que me encaminé hacia Folkestone, donde llegué sin incidente, antes de las cinco.

Hice un poco de tiempo por la zona costera de la ciudad, y luego me encaminé al Eurotunnel. Como llegué pronto, pude escoger una travesía más temprana (sin suplemento a la tarifa que ya había pagado), y para las ocho llegué (con lluvia) al hotel que había reservado en Calais esta vez.

CALAIS-CHARLEROI

Había escogido un hotel en el centro de Calais (el Mercure Calais Centre, 34 rue Royale), un hotel correcto. Había aparcamiento en la calle, aunque era de pago en horas diurnas. Con paraguas fui a cenar a un italiano próximo y luego tomé una cerveza en la terraza (bajo el toldo, para poder fumar un cigarrito de acompañamiento) de un bar frente al hotel.
Ayuntamiento de Calais, bajo la lluvia.
(JMBigas, Mayo 2008)

A la mañana siguiente seguía lloviendo, y el cielo estaba gris pesado, como de llover durante toda la eternidad. Di una vuelta por todo Calais en el coche, y conseguí hacer una foto del Ayuntamiento bajando la ventanilla, procurando que no se mojara la cámara.

Tras desayunar, salí de Calais de vuelta hacia Charleroi. Con primera parada en Dunkerque (la lluvia había parado, contra toda esperanza) sin nada especialmente reseñable. La siguiente parada la hice en Lille, la capital del Norte. Por allí había salido el Sol, y el día estaba agradable. Aparqué en el parking subterráneo République (Grand Place), y comí algo en una crêperie en las proximidades de la Grand Place (oficialmente llamada Place du Géneral de Gaulle, aunque es también conocida como Plaza de la Diosa, por la Columna de la Diosa que está en la plaza rodeada de un banco donde raramente hay espacio para sentarse en días soleados). La Grand Place está flanqueada por edificios singulares, entre los que destacan el de la Vieja Bolsa (tras el que se ve el campanario -béffroi- de la Cámara de Comercio), el de la Voix du Nord, el periódico señero de la región, y el de Furet du Nord, la librería más conocida de la ciudad.
La Colonne de la Déesse, en la Grand Place de Lille.
(JMBigas, Mayo 2008)

Luego seguí camino hacia Lovaina (Leuven), en Bélgica, la capital del Brabante flamenco. Aparqué en el centro, en un parking subterráneo bajo la Monseigneur Ladeuzeplein, frente al majestuoso edificio de la Biblioteca de la Universidad Católica de Lovaina. A pocos cientos de metros del Grote Markt. Di un breve paseo por el centro de la ciudad, donde destacan el flamígero edificio del Ayuntamiento o el Tafelrond (construido a principios del siglo XX, pero en estilo gótico civil). Al lado del Grote Markt (o Grand Place) está la alargada plaza conocida como Oude Markt (Mercado Viejo), lleno de terracitas donde tomar algo y descansar o charlar. Era domingo por la tarde, y había gran afluencia de gente por las calles y plazas, dado que el día se había quedado soleadito y razonablemente cálido.
Edificio, en estilo gótico flamígero, del Ayuntamiento
de Lovaina/Leuven (Bélgica).
(JMBigas, Mayo 2008)

De allí ya seguí camino hacia Charleroi, donde había reservado hotel para esa última noche. Charleroi (unos 200.000 habitantes) es la ciudad más grande de la Valonia, o región francófona de Bélgica, y capital de la provincia de Hainaut. A casi cincuenta kilómetros al sur de Bruselas, está en el centro de una zona económicamente bastante deprimida, ya que antiguas industrias prósperas de minería del carbón, por ejemplo, han ido desapareciendo. De hecho, la tasa de desempleo llegó en algunos momentos a rozar el 30%. Y eso se nota en la ciudad. Se ven algunos clochards por las calles, y especialmente clochards 2.0, los grupos de jóvenes con estética okupa y rodeados de perros, sobre todo en las cercanías de la place Charles II, en la ciudad alta.

Había reservado habitación en el Leonardo Hotel Charleroi City (96, boulevard Joseph Tirou), un hotel muy agradable, cerca del centro. Había aparcamiento en la calle frente al hotel, sin problemas. Antes de cenar di un paseo hacia el río Sambre, al otro lado del cual se sitúa la gran Estación del Sur, y luego hacia la ciudad alta, por la plaza Albert I, la rue de la Montagne, cruzando los bulevares (de l'Yser, Audert), hasta la plaza circular de Charles II, que tuvo su origen en una fortaleza defensiva. Alrededor de la plaza destacan dos edificios singulares: la Basílica de Saint Christophe y el Ayuntamiento (Hotel de Ville) con su alta torre. En todos los alrededores hay multitud de baretos y garitos, pero con un ambiente que no me pareció demasiado acogedor para el forastero. De hecho acabé cenando en un mediocre restaurante de la parte baja de la ciudad.
Antiguo Hotel des Postes, en la place Albert Ier,
Charleroi (Hainaut, Valonia, Bélgica).
(JMBigas, Mayo 2008)

A la mañana siguiente me dirigí ya al aeropuerto de Charleroi, porque tenía el vuelo de vuelta (de Ryanair) hacia Madrid. El tomtom me llevó directamente ante una verja cerrada, que indicaba que el antiguo terminal ya no estaba operativo, y daba direcciones para llegar al nuevo, a no mucha distancia de allí. Parece que la nueva terminal se inauguró en Enro de 2008, sólo unos meses antes de mi visita. Devolví el Mercedes de alquiler (que tan buen servicio me había prestado) y regresé a Madrid sin incidencias.

En resumen, cinco días muy bien aprovechados, y una experiencia inolvidable con el doble cruce del Eurotunnel. Eso sí, un presupuesto total de unos 1.100 €. De ellos, 300€ en hoteles y desayunos, 530€ en locomoción (290€ del alquiler del coche, 60€ del billete de avión, 60€ del Eurotunnel, unos 80€ en combustible y unos 40€ en dos taxis de Barajas), 3,70€ en peajes, unos 30€ en gastos de aparcamiento y algo más de 200€ en comidas y bebidas. 

Aparte de las fotografías que os he adelantado aquí, tenéis acceso a una completa galería de 76 fotografías  seleccionadas de todo el recorrido, pinchando en la foto del Mercedes dentro de la lanzadera.

Escapada Eurotunnel (Charleroi-Brighton)


JMBA

martes, 13 de septiembre de 2011

Recomendaciones para ordenar las fotos a la vuelta de un viaje

La primera cosa que debes tener absolutamente clara es que tu viaje no le interesa absolutamente a nadie, aparte de a ti mism@ (y l@s que te hayan acompañado, si no has viajado sol@).
Carnaval de Venecia (1990)
(JMBigas, 1990)

Cuando intentas contárselo con pelos y señales a tus familiares o amigos, nunca confundas la cortesía con el interés. A la segunda mención de las palmeras idílicas, o de los castillos majestuosos, o de las montañas impresionantes, o de las playas azules, fíjate y verás esbozarse un bostezo. Y si no lo has visto, fíjate mejor la próxima vez.

El único interés real de los que te quieren bien es saber que no enfermaste ni tuviste ningún accidente, que no te perdieron el equipaje, y que volviste en fecha y hora, san@ y salv@. Si, dentro de unos años, alguno de ellos va a realizar un viaje parecido al tuyo, ya te preguntará entonces.

O sea que si tú viajas para contarlo luego, más vale que te quedes en casa, y te gastes la pasta en el Casino que, con un poco de suerte, igual puedes abordar la reforma del baño antes de lo que pensabas.
Detalle de la Mezquita de Córdoba
(JMBigas, 1995)

Uno debe viajar para hacerse más sabio. Y eso no se puede contar en un rato. Eso lo irán notando tus conocid@s a lo largo del tiempo, si has interiorizado correctamente lo que viste, viviste y conociste, y viajar te ayudó a ampliar tus puntos de vista, a ser menos provincian@ y más ciudadan@ del mundo.

Contar un viaje siempre suena a lucimiento, a fardar de viajero, con lo que lo más fácil que despiertes en los que no conocen los lugares de los que hablas es indiferencia o envidia. El que ya visitó los lugares a los que has ido, intentará pillarte en un renuncio, citando lugares, actos o eventos que a ti se te han pasado por alto (mira que estar en XXX y no asistir al Festival del Castillo..., o mira que no ir a cenar a Casa Paco, y así).

Y ni si te ocurra someter a tus próxim@s a las soporíferas sesiones de revisar una a una cientos (o miles) de fotografías, cada una con su explicación hablada, su anécdota, o lo que toque. Sí, seguro que alguna vez lo habrás hecho, pero recuerda que te costó organizar una merienda en tu casa con buenas viandas y buen vino, y que hubo que cambiar cinco veces la fecha, por diversas razones. Seguro que hasta alguna de las visitas se encerró en el baño, para ahorrarse la tortura. A los demás no les interesa tu viaje, por lo menos no ahora.
Futuroscope, Poitiers
(JMBigas, Junio 1993)

Las fotografías de viaje sirven básicamente para el que ha realizado ese viaje. Porque le ayudan a recordarlo e hilvanarlo, y podrá revisar la colección completa de fotografías en alguna tarde aburrida de domingo.

Pero no olvides que la memoria es muy frágil. La gran mayoría de detalles que te interesaron o te resultaron curiosos durante el viaje (el nombre de ese restaurante, la dirección de ese pequeño museo, la localización de esa cala preciosa, el nombre de esa tienda tan curiosa,...) se te habrán olvidado en unos pocos días o semanas. Y ese tipo de informaciones sí que pueden resultar valiosas también para otros, pero no necesariamente ahora mismo. Por eso es bueno colgar algunas cosas en la red, porque ahí están a disposición, para quien y para cuando puedan interesar.

Por ello es muy conveniente que tomes notas durante el viaje (en un bloc de bolsillo con gomita, a ser posible con papel de 80 gr o más; o hablando a la cámara digital) y ordenarlas a la vuelta.
Cayo Levantado, República Dominicana
(JMBigas, Agosto 1992)

Con la humildad que da comprender claramente todo lo dicho hasta ahora, es como conviene abordar las operaciones postviaje con las fotografías que hemos traído. Todo lo que hagas debe estar básicamente dirigido a ti mism@, a facilitarte la vida en el futuro, en todo lo que se refiera a recordar este viaje. Y pon a disposición de otr@s todo aquello que les pueda resultar de interés en algún momento.

Lo primero será volcar todas las fotografías a tu ordenador (por cierto, y los fragmentos de vídeo, si tomaste alguno, que las cámaras digitales también permiten esto). Vacía todas las tarjetas de memoria en tu ordenador.

Conviene que tengas en alguna parte una carpeta (un directorio) que se llame Fotos de Viajes (o algo así). Allí crea subcarpetas para cada viaje, y dentro de cada una, a su vez, subcarpetas para guardar las fotografías originales, los comentarios hablados de las fotos, los comentarios o narraciones más largos que hayas grabado en la cámara (o en cualquier otro dispositivo, como el móvil o un MP3), y los fragmentos de vídeo.
Parvis de La Défense, París
(JMBigas, 1990)

Convendría aquí crear una subdivisión en capítulos. Puede estar basada en los diferentes días del viaje, o en los diferentes lugares visitados. Si viajas con cierta frecuencia a un cierto país (o por el tuyo propio), en muy poco tiempo ya no recordarás en qué viaje visitaste Tenil-Pot (lugar imaginario, espero), salvo que tengas una carpeta separada con ello.

Además, si piensas compartir algunas de tus fotografías en la red con el Público en general, piensa que muy raramente a nadie le vaya a interesar un viaje de diez días por la cornisa cantábrica, o recorrido por Mesoamérica (México, Guatemala y Costa Rica). Por el contrario, sí puede generar algún interés un Tenil-Pot monumental, un Paseo por Oviedo o un Catedral de Santiago de Compostela. Por cierto, si piensas en compartir fotografías en la red con el Público en general, no olvides tomar fotografías durante el viaje en que no haya personas posando. Toma una fotografía de la Catedral, y luego posa frente a ella, si quieres. Si bien el concepto de privacidad es muy personal, mi opinión es que no conviene compartir urbi et orbe fotografías en que tú (u otr@s) estéis posando. Allá cada cual. Esa foto en que se te ve disfrutando de lo lindo servirá para recordarte a ti lo mucho que disfrutaste en ese momento, o para demostrarlo a tus próxim@s. Pero no creo conveniente que acceda a ella cualquiera (y en la red, cualquiera es realmente cualquiera, desde cualquier lugar del mundo, incluyendo a tu jefe, al que podría llegar a ser tu empleador, a tu novi@ -actual o futur@-, a tus amig@s, a tus rivales, a tus enemig@s, a tus hij@s -aunque hoy no los tengas-, y a un señor muy pulcro que reside, mora o habita en los alrededores de Sydney, y que el tema, francamente, ni le va ni le viene).
Cumbre del Puerto de Piedrasluengas, entre Cantabria
y Palencia
(JMBigas, Semana Santa 1991)

Una vez tengas todo el material en el ordenador, convendría hacer una (o varias) copias de seguridad, en DVD o en un disco externo. No fuera a ser que sobreviniera un crash, que más vale prevenir que lamentarse.

Si has viajado con otras personas, convendría que intercambiarais todo el material, mediante un DVD, una llave USB o un servicio de compartición privada de ficheros como Dropbox. Seguro que tú tienes fotos en que posa otr@ del grupo, y otr@ tiene fotos en que posas tú. Quizá tu foto de la iglesia románica sea la mejor del grupo, pero quizá no. O sólo tú conseguiste sacar fotos a ese ciervo que nadie más vio. O la foto del oso sólo la consiguió un@ de tus compañer@s. Pero ten cuidado con reconocer correctamente la autoría si vas a subir alguna a la red, que el amor propio es muy suyo.

Si el tema no tiene más interés para ti, o no quieres dedicarle más tiempo, párate aquí. Quizá nunca las vuelvas a mirar, o quizá constituyan para ti un ejercicio de Trivial en el futuro, intentando recordar eso qué era.

Museo del tren (Mulhouse, Alsacia)
(JMBigas, Agosto 2006)

Si quieres dedicarles más tiempo, añadirles más valor, entonces sería el momento de seleccionar, organizar en álbumes e incluir títulos o comentarios. Compartir en la red algunas de las fotos con tus familiares y/o amigos que no te acompañaron en el viaje puede ser una buena idea, porque no obligas a nadie a verlas, pero las puede mirar quien quiera de ese grupo, y, sobre todo,  cuando quiera, incluyendo nunca. Pero asegúrate de que defines correctamente el grupo autorizado a mirarlas. El concepto, por ejemplo, de Facebook de amigos de amigos es tan amplio por la estructura en red, que pueden acabar en manos de alguno de tus acreedores -que juega al tenis con un ex-colega de trabajo tuyo-, o de la compañera de canasta de la tía abuela de un remoto conocido tuyo de un pueblo de Soria.

Cualquier colección de fotografías que cuelgues en la red, cualquiera que sea su público potencial, debería ser autosuficiente. Altamente recomendable es que cada foto tenga un título o un breve comentario de lo que representa, en qué lugar se tomó, etc. Y muy recomendable es tomarse la molestia de geoposicionar cada foto (situarla en el mapa). Al menos esa es mi opinión. Son opciones que la tecnología nos brinda hoy, y que no estaban disponibles hace solamente unos pocos años.
Hong Kong
(JMBigas, 1987)

Por otra parte, cualquier colección de 100 o más fotografías no hay quien se la mire. Quizá se pueda ojear (ú hojear) pero no mirar. Idealmente, deberías poder crear una colección de 60 ó 70 fotografías para tus amigos, que represente correctamente tu viaje. Si fue más largo, trabaja por capítulos.

Si piensas subir fotos a la red para el Público en general, selecciona todas las fotos inocuas y que puedan tener cierto interés para un desconocido (siempre rotuladas y geoposicionadas, a ser posible). En general, no hace falta que las repitas en las colecciones para tus amigos, ya que también ellos podrán acceder a las generales.

Para todas estas gestiones yo utilizo los servicios de Picasa (parte de Google). Pero hay muchos otros que son parecidos (de hecho, alguna vez utilizo también Flickr). En general, el servicio es gratuito con un límite en la capacidad de almacenamiento, a partir de la cual, hay que pagar algo por una extensión. Por eso no conviene exagerar inútilmente la resolución y consumir almacenamiento en vano.
Cataratas de Iguaçú
(JMBigas, 1985)

Picasa dispone de un software (muy completo) para instalar en el PC (actualmente, Picasa 3.8). Con este software podemos elaborar las diversas colecciones (o álbumes), rotularlas, geoposicionarlas, realizarles pequeñas correcciones, y luego subirlas a la red como Álbumes Web de Picasa. Hay que tener precaución con este software, porque está muy íntimamente ligado con el servicio web, y no siempre tenemos absolutamente claro dónde estamos trabajando, o dónde estamos aplicando las correcciones. Más vale asegurarse dos veces de lo que estemos haciendo. Además, Picasa 3.8 es muy invasivo, ya que pretende construirse, por defecto, una base de datos completa de todas las fotografías que haya en tu ordenador (y no te puedes ni imaginar la cantidad de fotografías que hay en tu ordenador, seas tú consciente o no). Conviene limitarle las carpetas sobre las que trabajar (por ejemplo, la de Fotos de Viajes solamente). Conviene asimismo tener muchas precauciones con activar sincronizaciones automáticas, porque podemos acabar llevándonos sorpresas (ver publicada en la web una mala prueba que creíamos estar haciendo solamente en nuestro ordenador).
Lago Titicaca desde Puno, Perú
(JMBigas, Agosto 1997)

A mí no me gusta subir colecciones de fotos a Facebook. El entorno se presta más a publicar una foto curiosa aislada (la de qué grande está mi niño, la de qué bien lo estamos pasando bajo las palmeras, la de qué pisto manchego nos vamos a meter entre pecho y espalda, y cosas así), que no a la publicación de álbumes o colecciones.

Para un álbum web, los servicios como Picasa acostumbran a tener tres niveles de privacidad: Privado (sólo para ti), para cualquier usuario que disponga del enlace específico (que tú tendrás que darle), o Público en la Web. Para las colecciones que quieras compartir con tus amigos, convendrá el nivel intermedio. Envía entonces el enlace por correo electrónico a quien quieras, o publícalo en Facebook, pero teniendo la máxima precaución en que el nivel de privacidad es el adecuado a tus deseos. Para los que quieras poner a disposición del Público en general, defínelos así en Picasa, y publícalo (si quieres) en Facebook también para Todos.
La Opera de Sydney, junto a la bahía
(JMBigas, Agosto 1994)

Por cierto, hace poco os contaba algunas operaciones básicas que se pueden realizar con un editor fotográfico como GIMP. Conviene entender los rudimentos que allí os cuento (sobre resolución, sobre los datos Exif y sobre añadir un texto y demás). Sin embargo, utilizando un software como Picasa 3.8 nos podemos ahorrar bastantes de las operaciones tediosas que allí os cuento. En el menú Herramientas y luego en la pestaña Álbumes web podemos escoger la resolución con que queremos subir las fotos a la web (con un máximo de 1600x1200, que seguro ya es mucho menor que nuestra resolución original), podemos definir el nivel de privacidad de los álbumes que subamos (yo recomiendo definirlo como Privado por defecto; luego de revisarlo, ya lo pasaremos a Público o lo que toque) y podemos también definir que todas las fotos que subamos lleven una marca de agua (que puede incluir nuestro nombre, un aviso de copyright, nuestra página web, la dirección de nuestro blog personal, o lo que nos parezca conveniente). Nos ahorraremos tener que tirar de editor fotográfico para realizar estas tareas repetitivas.
Fuente con espuma "congelada" en la mañana
de Fairbanks, Alaska
(JMBigas, Agosto 1996)

Si quieres ponerle la perla al conjunto, escribe la crónica de tu viaje en capítulos (ordenando las notas escritas o habladas que hayas traído, y tus recuerdos frescos). Y el momento para hacerlo es ahora, cuando todavía recuerdas todos los detalles de interés, o que te llamaron la atención. Puedes guárdartelo para ti, ya que te ayudará a revivir el viaje pasado un tiempo, o puedes publicarlo en la Red (en tu blog personal, por ejemplo, si tienes) si te apetece y no cuentas detalles que prefieras mantener privados. Enlaza la crónica con las colecciones de fotografías públicas, y estarás aportando un valor claro a cualquiera que pueda estar interesado en visitar lo que tú ya has visitado. Y no olvides dejar claro el tiempo en que ese viaje se ha realizado. Porque leer la crónica de un viaje de hace veinte años puede que resulte  interesante, pero desde luego no es muy útil ni práctico.
El mar rompe con fuerza junto al Cabo de Peñas (Asturias)
(JMBigas, Agosto 2011)

Tras un viaje, por ejemplo, de siete días, al final puedes acabar teniendo un total de 1000 fotografías, una colección para tus amigos con 60, y cinco o seis colecciones públicas con 50 cada una. Y cinco o seis artículos de cinco o seis páginas cada uno con la crónica del viaje por capítulos.

Ya puedes dejar pasar el tiempo sin temor alguno. Eso sí, le habrás dedicado al postviaje una media de cuatro a seis horas por día de viaje.

Pero eso también es, un poco, viajar.

JMBA




PD. Por supuesto, este artículo NO está dirigido a los fotógrafos profesionales o, por lo menos habituales, acostumbrados a la utilización de Photoshop y que manejan formatos RAW para las fotos y ese tipo de cosas. Se trata simplemente de un artículo de divulgación para los fotógrafos ocasionales, habitualmente equipados con cámaras digitales compactas, que utilizan directamente el formato comprimido JPG y que raramente entran a editar las fotografías. Para quienes manejar, de repente, un millar de fotos constituye una novedad engorrosa.