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sábado, 26 de agosto de 2017

Michel Bussi: Un escritor que secuestra a sus lectores.

Michel Bussi es un escritor francés, de algo más de 50 años, nacido y residente en Normandía.

(Autor: D. Ghosarossian)
Yo lo he descubierto este verano. Tenía un libro suyo ("Un avion sans elle") en mi colección de libros "por leer", lo recuperé y lo leí prácticamente de un tirón. Me apasionó, por su trama y por la forma que tiene el autor de irla desarrollando delante de los ojos atónitos del lector, que no puede abandonar la lectura hasta que llega a la última página y todas las múltiples esquinas quedan iluminadas.

En un reciente viaje a Burdeos, pude comprar otro par de sus novelas en Chez Mollat (una de las librerías más grandes de Europa): "Ne lâche pas ma main" y "N'oublier jamais". De nuevo ha sucedido, y las he devorado las dos conteniendo la respiración.

Estoy impaciente por hacerme con las demás que ha publicado (hasta casi la docena), así como la siguiente cuya aparición se anuncia para el próximo mes de Octubre.

Si os apasiona la novela negra, de tramas bien engranadas, en las que cada página abre una nueva incógnita, de las que no se pueden dejar hasta finalizarlas, entonces tomad nota de este nombre: Michel Bussi. Algunas de sus novelas han sido publicadas en castellano.

Como anzuelo adicional, os incluyo mi propia sinopsis de las tres que ya he leído (sin spoilers). Os puedo asegurar que no os decepcionarán.


"Un avion sans elle" ("Un avión sin ella").

En vísperas de la Navidad de 1980, un avión que cubre la ruta Estambul-París se estrella en el Mont Terrible, junto a la frontera franco-suiza del Doubs, en el este de Francia. Mueren todos sus ocupantes, pero se produce el milagro. Junto a los restos ardientes del avión se encuentra una canastilla con una niña de unos tres meses de edad, milagrosamente salvada de la catástrofe.

Pero a bordo del avión viajaban dos niñas de esas características. La primera era la hija de una pareja francesa de muy buena familia, residente en Estambul, que volvía a casa para pasar la Navidad. La segunda es la hija de una modesta pareja de Dieppe (en la costa normanda), a la que le había tocado el viaje en un sorteo. Hoy bastaría una prueba de ADN para deshacer el entuerto, pero eso no estaba disponible en 1980.

Se inicia una guerra sin cuartel, literalmente a muerte, entre las dos familias, lideradas por las respectivas abuelas, para demostrar que la niña superviviente es la suya. Una guerra que durará hasta que la niña alcance la mayoría de edad.



"Ne lâche pas ma main" ("No te sueltes de mi mano").

Una pareja francesa con su niña de seis años retoza complacida junto a la piscina de un resort de lujo en St. Gilles, en la Isla de la Reunión, en pleno Océano Índico. La mujer se levanta y dice que va un momento a la habitación. Pero nunca vuelve.

Con la esposa desaparecida y evidencias de lucha en la habitación, el marido es el sospechoso más probable para la Gendarmería de la isla.

Pero el padre, junto a su hija, inicia una huida imposible a través de la isla, perseguido por la más amplia operación policial jamás conocida en la Reunión. No tienen ninguna opción de escapar, pero finalmente consiguen llegar hasta la Anse des Cascades.



"N'oublier jamais" ("No olvidar nunca").

Jamal, un magrebí de La Courneuve, en el banlieu de París, con un pie ortopédico, disfruta de unos días de descanso en Yport, en la costa de Normandía. Una semana de estancia, que le tocó en algún sorteo, que se convertirá en una pesadilla para él.

A pesar de su discapacidad, una de sus ambiciones es la de participar alguna vez en la madre de todas las travesías alpinas en el Montblanc, por lo que cada una de las frías mañanas de Febrero sale a correr por la costa.

En lo alto del acantilado de Yport encuentra una bufanda Burberrys de cachemir rojo, enredada en una alambrada. La recupera y, un poco más adelante, encuentra a una chica bellísima, con el vestido destrozado, de pie al borde mismo del acantilado, que le amenaza con tirarse al vacío si da un paso más. Le lanza un extremo de la bufanda para que se agarre a ella, pero la chica da un tirón, se la arrebata y, a continuación, se precipita al vacío, cayendo en la playa, muchas docenas de metros por debajo.

Cuando Jamal llega junto al cadáver, ya hay dos testigos que paseaban por la playa. Pero también hay algo imposible: la chica lleva la bufanda perfectamente anudada en su cuello.

Jamal pasa a ser el principal sospechoso de haber empujado a la chica, quien sabe si tras agredirla y violarla.

Esta muerte recuerda a otras dos, sin resolver, que sucedieron en la misma zona diez años atrás, y el policía a cargo del caso bucea en los datos disponibles para cargarle a Jamal con los tres asesinatos.

Jamal no tiene más remedio que iniciar una fuga sin posibilidad alguna, en busca de la verdad, contando con la ayuda de Mona, una pelirroja que parecía conocerle, de la que se ha enamorado.

Sólo al final de la huida se hará la luz.

jueves, 18 de junio de 2015

"La Chica del Tren"

Paula Hawkins es la autora de esta novela de suspense (thriller) que ya es un best seller a nivel mundial, y hay una película prevista en los próximos tiempos.

Nacida en Zimbabwe (la antigua Rhodesia), reside en Londres desde 1989. Periodista, esta es su primera novela, que ha alcanzado un éxito casi instantáneo.

Hay motivos para ello, porque los amantes del thriller le quitarán horas al sueño para leer un capítulo más. Y otro, y otro. Es un libro que toma al lector de la mano, y no lo suelta hasta el desenlace final.

Yo he podido leer la versión original (de papel) en inglés ("The Girl on the Train", Doubleday, Transworld Publishers, A Random House Group Company, 2015), pero ya está publicada la edición en castellano ("La chica del Tren", Planeta, 2015) así como en catalán ("La Noia del Tren", La Campana Editorial, 2015), y no sé si también en alguna otra lengua autonómica.

Aunque aparece la policía, no es una novela policíaca. Y tampoco hay detectives privados. Pero está Rachel.

Rachel es una pobre chica que viaja todos los días a la ciudad en el tren de cercanías desde un pueblo en los suburbios al norte de Londres. Ida a las ocho de la mañana, para volver pasadas las cinco de la tarde. Y lo sigue haciendo incluso después de quedarse sin empleo, porque no se atreve a contarle la verdad a la amiga que le tiene realquilada una habitación de su casa.

Todos los días el tren se para entre chirridos en una señal que siempre está en rojo. Desde el tren se puede ver una hilera de casas victorianas, con su pequeño jardín trasero, junto a las vías del tren. En una de ellas vivió Rachel antes de caer en una depresión, buscar refugio en la bebida y acabar divorciándose. Unas casas más allá, todos los días Rachel ve a una pareja desconocida, que desayuna en el jardín cuando el tiempo es agradable.

Rachel les toma cariño a la pareja, a los que bautiza como Jason y Jess. Y les inventa una vida plena, llena de felicidad.

Hasta que un día la escena que ve Rachel desde el tren es diferente de lo habitual, y se empiezan a desencadenar los acontecimientos.

Y hasta aquí puedo leer, sin arruinaros la lectura.

La novela está perfectamente estructurada para mantener el interés y el sobresalto del lector. La línea del tiempo abarca buena parte del año 2013, y asistimos a los diversos acontecimientos que se van sucediendo desde el punto de vista de sus protagonistas, con lo que a menudo tenemos varias versiones de los mismos hechos. La visión de Rachel siempre empañada por un poco de neblina provocada por el alcohol. 

Hasta que se disipa la niebla y llegamos al desenlace final.

El lector amante del género devorará las más de trescientas páginas sin pausa, buscando sin cesar alguna luz que atraviese la neblina.

Rachel es un personaje que resultará inolvidable. Una chica que, desde su nimiedad y su falta absoluta de autoestima, se siente impelida a involucrarse y a intervenir, a menudo muy torpemente. Las circunstancias le obligan a mentir, y a inventar mentiras más grandes para esconder las anteriores.

Una lectura absolutamente recomendable, especialmente para los aficionados al género del thriller.

JMBA

martes, 17 de diciembre de 2013

"Perdida" (Gone Girl) de Gillian Flynn

La última vez que visité Londres (en Marzo pasado), compré varios libros en inglés por las librerías de Charing Cross Road. Concretamente en Foyles compré uno (por 7.99GBP), de portada prácticamente negra, que me llamó la atención por diversos motivos.

Primero, el título: Gone Girl (algo así como Se fue la chica, que en la versión castellana se ha traducido por un lacónico Perdida). En la portada, un subtítulo: "There are two sides to every story..." (algo así como que cada historia tiene varios lados o varios puntos de vista). Y una cita del Observer: Thriller of the Year.

Bueno, soy aficionado a la novela negra, me gusta practicar idiomas leyendo novelas negras en sus lenguas originales (dentro de un orden), y peco de coleccionismo de libros (de los que tienen páginas de papel), por lo que compré el libro sin dudarlo.

La autora, Gillian Flynn, es una estadounidense que reside en Chicago.

La novela es un fino encaje de bolillos. En un anexo se incluye una breve entrevista a la autora, donde destaca la labor de control que tuvo que tener durante la elaboración del libro, para asegurarse de la total consistencia de tiempos y lugares.

El planteamiento de la historia es relativamente simple. Amy y Nick son un matrimonio asimétrico (como casi todos) que van a cumplir su quinto aniversario de boda. Amy es la hija única (princesita mimada) de una pareja que se han ganado muy bien la vida publicando una colección de literatura infantil titulada Amazing Amy (algo así como La increíble - o asombrosa - Amy). No queda muy clara la perversa relación entre la Amy real y el personaje de esos libros, pero se insinúa la emulación y la competencia entre ambas, en los dos sentidos. Nick es un escritor de medio pelo, que perdió su empleo en Nueva York, donde vivía la pareja. A raíz de ese hecho decidieron (¿los dos? ¿él?) trasladarse a vivir a su tierra natal de Missouri, en una pequeña ciudad (de economía degradada) junto al caudaloso río Mississipi.

Allí, con el dinero de su mujer, Nick monta un bar, conjuntamente con su hermana.

El mismo día en que se cumple su quinto aniversario, Amy desaparece, dejando tras de sí algunas trazas de violencia.

La policía empieza a investigar, y todas las pistas que van encontrando confluyen en señalar al marido como culpable del presunto asesinato de su mujer. Pero toda historia tiene (al menos) dos perspectivas...

Como en todos los aniversarios anteriores, Amy le ha dejado a su marido las instrucciones de una especie de gymkana o Caza del Tesoro, para poder llegar finalmente a su regalo de aniversario. Por lo que parece, Nick no le había comprado todavía ningún regalo a Amy. Tras su desaparición, Nick va siguiendo las diversas etapas de la gymkana, sólo para avanzar de sorpresa en sorpresa.

Los capítulos de la novela se van sucediendo de forma alternada. Uno escrito por Amy, el otro por Nick.

Poco a poco vamos entendiendo la compleja situación, aunque no necesariamente lo que sabemos es la verdad, pero sí una cierta perspectiva de la verdad.

El lector debe desconfiar de las apariencias. Nada de lo que va aprendiendo es mentira, pero es sólo una de las caras de la realidad. Deberá avanzar hasta el final para poder comprender con cierta claridad todo lo que ha ido sucediendo antes de la misteriosa desaparición de Amy.

El lector deberá tener constancia para superar la primera mitad del libro, venciendo la tentación de abandonar una previsible trama de marido mediocre mata a mujer brillante y rica. De repente, la trama da un giro inesperado, y el lector devorará el resto, hasta tener la escena completa.

Llamarle Thriller del Año quizá sea una pequeña exageración. Pero, desde luego, es una novela negra muy estimulante. Los personajes tienen personalidades muy diversas, pero siempre complejas y llenas de recodos. En la primera mitad, el lector va aprendiendo cómo parecen ser las cosas. Y en la segunda, por fin, verá cómo han sido realmente.

El lenguaje que utiliza la autora está llena de términos coloquiales e incluso slang, rozando lo soez en ocasiones, lo que, para el lector (como es mi caso) no nativo en inglés, pone las cosas algo difíciles. Pero nada que no se pueda resolver con paciencia (y con el excelente diccionario inglés-español que aporta Wordref, por supuesto).

Esta es una novela absolutamente recomendable para todos los amantes de la novela negra, policíaca y de misterio. Algo compleja (en cada capítulo cambia el protagonista y el tiempo), requiere prestar más atención de lo que es habitual en muchas novelas negras de consumo. Pero deleitará a los que aman las tramas intrincadas, de las que se van desvelando poco a poco, en cada página. Una trama en que la realidad que vemos va cambiando según donde se centra el foco.

Efectivamente, como se indica en la portada del ejemplar que compré, toda historia tiene dos lados (por lo menos).

Yo he leído la novela en tapa blanda (Paperback) publicada en UK en 2013 por Phoenix Fiction (parte de Orion Books Ltd.). La versión española, también publicada este año, bajo el título de Perdida, es de Mondadori, en la colección Roja&Negra. Se puede comprar por 17,90€ en el formato de papel, y más o menos la mitad como ebook.

JMBA

viernes, 12 de julio de 2013

"La Verdad sobre el Caso Harry Quebert" de Joël Dicker

Este libro está siendo el fenómeno editorial de este verano. Y no es para menos.

Para empezar, es la primera novela de un jovencísimo suizo francófono (nacido en 1985), con derechos ya vendidos de traducción a 33 idiomas.

Para seguir, es fenomenal hablar de un tocho de 660 páginas cuya lectura no se puede abandonar una vez se empieza.

Y para terminar, se trata de una novela negra muy sui generis. Bien escrita y fantásticamente engarzada, como una delicada obra de orfebrería.

Se trata de una novela de escritores. Porque el tal Harry Quebert es escritor, de edad ya avanzada, que conoció el triunfo, la fama y el dinero con su segundo libro. Y el protagonista, Marcus Goldman, es un joven escritor de unos treinta años, intentando digerir el éxito fulgurante de su primer libro publicado, y enfrentándose al fenómeno de la página en blanco, incapaz de crear la que debería ser su segunda novela.

La trama se desarrolla en Nueva Inglaterra. El escenario principal es Aurora, New Hampshire, una pequeña población costera al norte de Boston. Y también hay partes del libro que suceden en Concord (la capital del estado), Boston o incluso Nueva York.

Harry es profesor de literatura en la Universidad de Burrows, Massachussets, y vive aislado en una casa frente al mar en Aurora. Marcus, que fue su alumno y con el que desarrolló una buena amistad,  se refugia en esa casa, intentando huir de su absoluta esterilidad creativa. Y tiene que aguantar, en la distancia, las presiones de su editor, con el que firmó un contrato millonario, que le tiene atado a publicar con regularidad.

El 30 de Agosto de 1975, en Aurora desapareció una jovencita de 15 años, Nola, hija de un pastor evangélico. La familia se trasladó al norte desde Jackson, Alabama en 1969. Para una población pacífica y provinciana como Aurora, esa desaparición sembró el pánico y, sobre todo, el desconcierto. Los hechos no se aclararon nunca y ya han pasado a formar parte del pasado colectivo.

Pero en 2008 una intervención ocasional de los jardineros descubre un esqueleto enterrado en el jardín de la casa de Harry, que se identifica inequívocamente como el de Nola, que habría muerto en el mismo momento de su desaparición. Se desvela que Harry, a la sazón de 34 años, tuvo una bonita historia de amor con Nola, y las apariencias le acusan del asesinato. De hecho, es detenido, e ingresa en prisión, y tiene que ver cómo incluso su exitoso libro es retirado de las librerías y bibliotecas del país, debido a la vergüenza colectiva por tan impropia relación.

Marcus se empeña en investigar los hechos, para demostrar la inocencia de su amigo, en la que cree a pies juntillas.

Pero en Aurora, lugar apacible donde los haya, nada es lo que parece, y nadie cuenta toda la verdad cuando le preguntan. Por eso la novela, que es un libro anidado dentro de otros, da nuevas vueltas de tuerca al lector en cada página.

Iniciando cada capítulo, se van desgranando los 31 consejos de un escritor consagrado (Harry), pero también escéptico y hasta cínico, para otro escritor novel con aparente futuro (Marcus).

No desvelo más detalles de la trama, que resulta apasionante, e imposible de abandonar, porque el autor sabe crear en el lector el ansia viva por conocer cuanto antes el siguiente vuelco. Marcus acaba publicando un libro ("La verdad sobre el caso Harry Quebert") que se convierte en un superventas. Pero poco después se descubre que a esa verdad todavía le faltan varios hervores y muchos aderezos.

Una obra maestra en la que Joël Dicker va construyendo, poco a poco, una compleja maquinaria que intenta explicar los hechos acaecidos en 1975. Pero sólo en la última página el lector oye el clic final que indica que todo está en su lugar, y la máquina echa por fin a andar. Y todo ello en el mundo más bien solitario de los escritores, con muchos libros dentro de la propia novela.

Una lectura muy recomendable y bastante fácil. De hecho, no está al alcance de muchas novelas el forzar al lector a avanzar por 660 páginas casi de un tirón, anhelante todo el tiempo por descubrir lo que se esconde tras la siguiente esquina.

Esta novela se publicó originalmente en francés (2012). Aparte de un gran éxito de ventas, obtuvo el Prix Goncourt des Lycéens, el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y el Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa. Alfaguara lo ha publicado en castellano en Junio de 2013, en traducción bastante correcta de Juan Carlos Durán Romero. Mi ejemplar es ya de la cuarta edición.

Si buscáis una novela apasionante para leer este verano, La verdad sobre el caso Harry Quebert es una excelente elección.

Pero, ojo, es adictiva. Os puede provocar el abandono de cervecitas, tumbonas, playa y siestas hasta que lo hayáis terminado.

JMBA

jueves, 22 de noviembre de 2012

"Maletes Perdudes" de Jordi Puntí

Me ha gustado mucho esta novela, que he devorado en unas pocas sentadas. Su narrativa ágil toma al lector de la mano, y lo acompaña con cariño desde un concreto principio hasta un imprevisible final.
Portada de la edición original en
catalán (Empúries, 2010)

He leído la edición original en catalán (Empúries, 2010), pero se ha publicado también una edición traducida al castellano (por Ana Rita da Costa García) (Maletas Perdidas, Salamandra, 2010).

La historia se dedica a (re)construir, como si fuera un rompecabezas del que poco a poco vamos conociendo nuevas piezas, la vida de Gabriel. Alguien (¿su madre?) una mañana de 1941 abandonó un bebé a las puertas del Mercado del Borne en Barcelona. Quien luego recibió el nombre de Gabriel sobrevivió a esos primeros momentos de vida social gracias a la dueña del puesto de bacalao, que le amamantó en sus pechos.

Su infancia de huérfano discurrió primero por la Casa de Caridad, en el casco antiguo de Barcelona y luego en los Hogares Mundet, en lo que era entonces el extrarradio del Valle Hebrón. Ya de adulto, vivió muchos años en una habitación de pensión, la que tenía un halcón disecado.

Colocado en una empresa de mudanzas, en los años 60 recorrió Europa a bordo de un camión Pegaso, llevando muebles y enseres de una ciudad a otra, siempre en compañía de sus buenos amigos y compañeros (Serafín) Bundó (con quien había compartido infancia de orfanato) y el Petroli, algo mayor que ellos dos.

Los tres iniciaron una práctica que nunca abandonaron, la de quedarse siempre con una caja de cada mudanza, cuyo contenido (imprevisible) se repartían entre los tres, quedando reflejado con todo detalle en el cuaderno de Gabriel el botín de cada una de las 200 mudanzas internacionales que llegaron a hacer.

En los años del franquismo, esos viajes por Europa fueron aire fresco para los tres. El Petroli frecuentaba todas las casas regionales que encontraba por Francia o Alemania, buscando a la española emigrada nostálgica que le retirara del celibato. Bundó se enamoraba de las putas de los burdeles de carretera, muy especialmente de Carolina/Muriel, que fue su gran amor. Y Gabriel, como al desgaire, tuvo cuatro hijos de cuatro madres solteras diferentes, en Frankfurt, París, Londres y Barcelona. Los cuatro vivían con sus madres y, en sus viajes por Europa, Gabriel les hacía breves visitas. Y los cuatro se llaman igual, sólo con las variaciones idiomáticas de cada lugar: Christof, Christopher, Christophe y Cristòfol.

Un Suceso (que no desvelaré) le cambia la vida a Gabriel, y desaparece del radar. Sus hijos (y sus respectivas madres) ya no le vieron más.

La novela empieza cuando, más de veinte años después, Gabriel ha sido dado por oficialmente desaparecido. Este hecho provoca que los cuatro hermanos (que ni se conocían ni sabían siquiera de su existencia) se reúnan en Barcelona. La última vivienda conocida de Gabriel era un entresuelo de la calle Nápoles, que se convierte en el centro de reunión de sus cuatro hijos un fin de semana al mes.

Los cristobalitos se dedican a reconstruir la vida de su padre. Ponen en común sus recuerdos (en el fondo, todos recuerdan a Gabriel de forma parecida: como un padre esquivo pero cariñoso, que les visitaba de vez en cuando, hasta que dejó de hacerlo teniendo ellos cuatro o cinco años). Sus respectivas madres les han ido contando los retazos que cada una conocía de la vida de Gabriel.

Los cuatro van añadiendo sus propias piezas al puzzle que están construyendo. Muchos capítulos son contados en primera persona por uno de ellos, pero en otros, los cuatro son prácticamente un único personaje colectivo. Así, poco a poco, el lector va rellenando de vida y vivencias lo que sólo era un perfil vacío al principio del libro.
Portada de la edición traducida
al castellano (Salamandra, 2010)

Esos años de plomo del tardofranquismo, en que vivió su juventud,  relacionaron a Gabriel con algunos de los personajes icónicos de la época, como la jovencita de familia bien que viajaba a Londres para abortar, la estudiante soñadora que intimaba con los obreros en el París de Mayo del 68, o ese maletín con dinero en efectivo que había que hacer llegar a un banco en Suiza, por cuenta de algún amigo del jefe.

En su labor de reconstrucción, los cristobalitos llegan a conocer a la que pudiera haber sido la quinta madre, y también pueden mantener conversaciones, para evocar al Gabriel desconocido, con el Petroli (que se fue a vivir a Alemania) y con Carolina, la que fue el amor ardiente de Bundó.

El autor consigue que el lector se sienta testigo privilegiado de las pesquisas de los cuatro hijos, casi como si les acompañara en todas las fases de su búsqueda. Poco a poco, la imagen desvaída de Gabriel va tomando carnalidad, y la novela se encamina a un ritmo preciso hacia su desenlace que, por supuesto, no revelaré aquí.

Jordi Puntí es un autor catalán, nacido en Manlleu (Osona, Plana de Vic, provincia de Barcelona) en 1967. Ha publicado, antes de esta obra, otros tres libros: Pell d'armadillo (1998)(Piel de armadillo), Animals tristos (2002)(Animales tristes) y Set dies al vaixell de l'amor (2005)(Siete días en el barco del amor). Colabora también en la prensa escrita y en la radio.

El título de Maletes Perdudes (Maletas Perdidas) hace referencia a esas cajas que se distraían en cada mudanza, aunque también tienen algo que ver los equipajes que se extravían muy frecuentemente por los aeropuertos.

Maletes Perdudes es un excelente ejercicio de narrativa, donde la reconstrucción de la persona de Gabriel se realiza con precisión, pero también con mucho mimo. Quien se haya dedicado alguna vez a construir un puzzle, sabe que conviene colocar primero las piezas del borde (creando un perfil vacío) e irlo rellenando luego con las piezas interiores, dándole carne. Esta misma aproximación es la que utiliza, con éxito, el autor, en su acompañamiento cariñoso de la investigación de los cuatro cristobalitos.

Una búsqueda a la que el lector se siente invitado con gusto.

JMBA

martes, 3 de enero de 2012

"Solo en Berlín" de Hans Fallada

Hans Fallada (seudónimo de Rudolf Ditzen) fue un escritor alemán bastante popular en los años 30. La ascensión del nazismo le sumió en una situación relativamente comprometida. No exactamente colaboracionista, sí tuvo que transigir en el tratamiento de algunos temas con el poder imperante. A pesar de que en 1938 estuvo a punto de huir de Alemania en dirección al Reino Unido, un paseo por los alrededores de su hogar le convenció de que no podía ni quería abandonar su país.
(Fuente: casadellibro)

Su juventud fue tormentosa. En 1911, a los 18 años, participó con un amigo (que resultó muerto en el lance) en lo que podríamos llamar duelo-suicidio. Pero Rudolf sobrevivió, aunque arrastró toda su vida adicciones diversas (al alcohol, a la morfina,...) que le acabaron llevando a la tumba.

Solo en Berlín fue, en principio, una novela de encargo. Finalizada la guerra, Hans Fallada recayó en la zona de Berlín bajo control soviético. Allí conoció a Johannes R. Becher, un alemán de su misma generación, exiliado en la URSS durante 10 años, y que a la sazón formaba parte de la administración soviética de Berlín. Becher animó a Hans a seguir escribiendo novelas, y le sugirió que novelara un hecho real sucedido en Berlín entre 1942 y 1943, en plena II Guerra Mundial. Tras diversos titubeos, el original de esta magnífica novela quedó terminado a finales de Noviembre de 1946. Hans Fallada, que comunicó con orgullo a todos sus familiares que había conseguido escribir su mejor obra, tuvo que ingresar en el hospital y acabó falleciendo a principios de 1947, sin poder ver publicada su obra, que vio la luz pública en alemán ese mismo año.

Solo en Berlín es una historia pequeña, de seres pequeños y cotidianos a quienes el III Reich y la Guerra les han hecho desbordar sus pequeñas vidas. La novela empieza cuando Otto y Anna Quangel, una pareja de mediana edad, recibe una carta oficial que les informa de que su único hijo ha fallecido en el frente de guerra. Su sentido de la decencia les impulsa a lanzar un acto (pequeño, como ellos mismos) de rebeldía contra el todopoderoso Hitler. Cada domingo, en su casa, escribirán una o dos postales con consignas contrarias al régimen, al Reich, al Führer y a la Guerra. El lunes las dejarán caer en la escalera de algún edificio de la ciudad, contando con que un descontento popular irá creciendo en Berlín gracias a su iniciativa.

La novela nos presenta a la pareja y a Trudel, que tendría que haber sido su nuera, que forma parte de una célula revolucionaria (de aficionados) contraria al Régimen. Y también a sus vecinos de Jablonski Strasse: una mujer judía, que sólo espera que se la vengan a llevar, como ya se llevaron a su marido; algunas familias desestructuradas, instaladas en diversas clases de picaresca, fruto de la carestía y de la falta de principios éticos; los Persickes, con el padre alcohólico y uno de los hijos que está haciendo carrera en las Juventudes Hitlerianas, y estudia en la Napola (la escuela política del Partido); un juez retirado, cuyo único activo es un cierto sentido estricto de la moralidad y la decencia. Todos son víctimas de una situación que ninguno buscó, y a la que ninguno contribuyó, pero de la que algunos se aprovechan.

Seguimos a los Quangel en su deambular por la ciudad, buscando un lugar ideal para dejar caer sus postales revolucionarias, que la Gestapo considera como una alta traición. Acompañamos al inspector Escherich, un peón gustosamente al servicio del Reich, pero que conserva un rinconcito de decencia. Y sentimos el miedo del resto de la población, cada vez que se ven cercanos a una de esas postales.

El resultado de su (pequeña) resistencia no es para nada el que buscaban los Quangel. Leyendo la novela, nos sentimos oprimidos por un régimen totalitario, donde sólo en el interior del Partido se brinda un presente, mientras que fuera de él solamente se puede recordar el pasado, soñar en un futuro mejor, o morir.
(Fuente: penguinclassics)

Los que no vivimos el ascenso del nacionalsocialismo en Alemania en los años 30 y 40, siempre tendemos a preguntarnos cómo fue posible que alcanzara tanto poder un régimen tan totalitario y sangriento en una nación centroeuropea civilizada y culta. Como siempre en la Historia, las cosas no cambiaron de repente. Al principio, el nacionalsocialismo se presentó como una (posible) solución al período insostenible de la hiperinflación. Y, más tarde, la maquinaria se había hecho ya tan poderosa, que aplastaba sin piedad ni decencia cualquier atisbo de rebeldía o de revolución. Hasta esa pequeña travesura de los Quangel, que les costó la cárcel y la muerte. Fuera del Partido y sus órganos, sólo quedaba el miedo, los recuerdos, la oscuridad y los sueños.

Para los que se pregunten cómo fue posible un Hitler y su régimen en Alemania, Solo en Berlín le aportará alguna respuesta. Cuando la hoz siega tan a ras de tierra, sólo queda inmolarse o esconder la cabeza bajo la tierra.

Solo en Berlín es una excelente novela que nos relata algunas de las pequeñas cosas que sucedían en Alemania, mientras su Führer, envalentonado, había invadido Francia, ya se enfrentaba a la Unión Soviética   y contaba con rendir en breve al Reino Unido. Algunas pequeñas historias que sucedían por debajo de la Historia con mayúsculas. Hans Fallada consigue mantenerse alejado del tono melodramático, aunque el drama impregna toda la novela.

Una novela pequeña sobre la pequeña realidad de unas personas pequeñas, sobre su pequeña rebeldía que resultó en un gran castigo. Para el III Reich no había enemigo pequeño.

Yo he tenido ocasión de leer la excelente traducción al inglés de Michael Hoffman (Alone in Berlin), publicada por Penguin Classics en 2009, que contiene un interesante Epílogo sobre el Autor y su Obra, escrito por Geoff Wilkes, de la University of Queensland en Brisbane, Australia; así como un resumen de los documentos policiales del caso contra los protagonistas reales de esta historia. En 2011, la Editorial Maeva ha publicado la versión en castellano, en traducción de Rosa Pilar Blanco.

Un libro absolutamente recomendable, tanto por su relato del drama humano de los Quangel, sus familiares y sus vecinos, como por los atisbos de la pequeña historia que discurría al abrigo de la gran Historia que tantas veces nos han contado.

JMBA