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viernes, 16 de octubre de 2015

El Somontano de Barbastro

A finales de Junio estuve unos días en Barcelona, para asistir a algunas celebraciones familiares. Para la vuelta hacia Madrid, decidí realizar un desvío hacia el Somontano, en la provincia de Huesca. Reservé habitación para un par de noches en el Gran Hotel Ciudad de Barbastro, situado en pleno centro de la ciudad, en la Plaza del Mercado.
La Plaza del Mercado, Barbastro.
(JM Bigas, Junio 2015)

El camino más directo para ir desde Barcelona hasta Barbastro (Huesca) es por Lleida (A-2), y luego por la A-22 (autovía Lleida-Huesca). Pasados Binéfar y Monzón, se llega a Barbastro.

Sin embargo, esta vez cedí a la nostalgia. Tenía cierto interés en pasar por la Pobla de Segur, en el prepirineo leridano. Allí estuve trabajando,a principios de los años 80, en un proyecto informático arcaico (atendiendo a los patrones de hoy) para la Caixa Rural del Pirineu, una de esas pequeñas cajas de ahorros comarcales que, tras sucesivas fusiones, acabó integrada en La Caixa.

Este antojo me obligó a un rodeo importante. Primero por la A-2 hasta Cervera, y luego por carreteras más locales, por Agramunt y Artesa de Segre, y bordeando luego los pantanos de Camarasa primero y de Terradets después, hasta pasar Tremp y Talarn. Otro pantano más en el Noguera Pallaresa (el de Sant Antoni), para llegar finalmente a la Pobla de Segur. El desvío fue puramente nostálgico, porque no reconocí nada del pueblecito prepirenaico que recordaba en la que hoy es una extensa población (pop. 3012). Mis recuerdos de la época se limitan al que entonces era el único hotel (1.000 pesetas - 6 Euros - la pensión completa, con comidas y cenas pantagruélicas) y a una discoteca de fin de semana que, el resto de días, era una especie de puticlub amateur.

Desde allí seguí camino por el Eje Pirenaico (N-260) hacia Pont de Suert (donde paré para comer un menú del día más que correcto) y luego, ya entrando en Aragón, por Castejón de Sos hasta Aínsa. Desde allí tomé la carretera autonómica A-138, hacia el Sur en dirección a Barbastro.

El Somontano de Barbastro es una comarca prepirenaica de Aragón, en el centro de la provincia de Huesca, con una superficie de 1.163 km2 y una población total de 24.111 habitantes. Incluye 29 municipios, de los que el más importante es el de Barbastro (pop. 17.210). Su nombre obedece a que ocupa el piedemonte de las sierras prepirenaicas, con una altitud habitual en torno a los 400 msnm. El territorio está cruzado por las fértiles vegas de los ríos Alcanadre, Isuala, Vero y Cinca, entre otros, y sus máximas elevaciones se dan en la Sierra de Guara y algunos otros lugares.
Bodegas Otto Bestué.
(JM Bigas, Junio 2015)

La actividad vinícola en la comarca es centenaria. Sin embargo, la apuesta por la calidad y la internacionalización es relativamente reciente. La Denominación de Origen Somontano se constituyó en 1984 y se ha desarrollado con mucha rapidez. La calidad e imagen de sus vinos le ha puesto por delante de otras Denominaciones aragonesas mucho más antiguas, y hoy es, a nivel de toda España, una de las Denominaciones de Origen con mayor reconocimiento y prestigio en el mercado.

Hay un total de 31 bodegas y 424 viticultores, con 4.187 hectáreas de viñedo inscritas en la Denominación. En 2014 se recogieron unos 15 millones de kilogramos de uva y se produjeron algo más de 105.000 hectolitros. La D.O. Somontano puso en el mercado unos 14 millones de botellas, de las que el 70% se vendieron en el mercado nacional, y un 30% en el internacional.

Tres de las bodegas son gigantes que, conjuntamente, seguramente produzcan (no tengo las cifras detalladas) en torno al 80% del total de la Denominación. Se trata de Bodegas Pirineos, Viñas del Vero y Enate (Viñedos y Crianzas del Alto Aragón, S.A.).
Entrada al edificio principal de Bodegas Sommos.
(JM Bigas, Julio 2015)

El rápido crecimiento ha provocado crisis financieras importantes en algunas de las bodegas, que se han resuelto de diversas formas. Así, Pirineos forma parte actualmente del Grupo Barbadillo, mientras que Viñas del Vero está integrada en González Byass. Y las originales Bodegas Irius, que realizaron una importante inversión construyendo un edificio arquitectónicamente singular al sur de Barbastro, se han convertido muy recientemente, con nuevo capital, en las Bodegas Sommos.

El resto de bodegas son prácticamente familiares, con producciones modestas en el orden de magnitud de los cientos de miles de botellas por año, o incluso inferiores.

Sin embargo, la mayoría pueden ofrecer una historia impresionante, con actividad vinícola que abarca varios siglos.

* * *

Camino de Barbastro, al borde la propia carretera A-138, me detuve en la Bodega Otto Bestué, cuyo eslógan es "viñadores del Somontano desde 1640". Esta bodega dispone de una tienda muy bien surtida con todos sus productos, entre los que destaca un excelente rosado de Cabernet Sauvignon y Merlot, un blanco de Chardonnay, y unos tintos selectos, como los de Finca Rableros o Finca Santa Sabina.
Impresionantes viñedos, pulcramente alineados, rodean
las Bodegas Sommos.
(JM Bigas, Julio 2015)

Como eran días de muchísimo calor y me quedaban todavía varios días de viaje antes de llegar a casa, decidí que, en lugar de llevarme los vinos que compré en el coche, pedí que, por un pequeño plus, me lo enviaran directamente a mi casa de Madrid, lo que hicieron sin ningún problema.

* * *

Barbastro es una pequeña población muy agradable. Aunque poca ocasión tuve de realizar turismo en la ciudad, sí realicé algún paseo desde la Plaza del Mercado, donde está el Gran Hotel Ciudad de Barbastro, un cuatro estrellas muy correcto, hasta el Paseo del Coso. O en dirección contraria, hasta cruzar el río Vero.

La Plaza del Mercado es peatonal, pero el Hotel dispone de un garage subterráneo, al que se accede por la calle posterior, Martínez Vargas.

Llegué a Barbastro la tarde del martes 30 de Junio y dediqué todo el día siguiente, miércoles 1º de Julio, a una ruta bastante completa por la comarca, con visitas a varias de las bodegas de la Denominación.

El propio martes cené en el restaurante gastronómico del hotel (excelente, y la pena es que éramos muy poquitos comensales). Antes de cenar di un breve paseo, en el que descubrí una curiosa tienda en la propia Plaza del Mercado, frente al hotel. Se llama Esencias del Somontano y solamente abre por la tarde, a partir de las cinco hasta las nueve o así. Aparte de tienda de vinos, organizan sus propias sesiones de degustación y cata, y tienen su propio Club de Vinos. Tuve ocasión de tener una interesante charla enológica sobre el Somontano, con uno de sus responsables. Me preparó para la jornada siguiente y les prometí una visita el miércoles por la tarde, para comprar algunas botellas de bodegas que finalmente no tuviera ocasión de visitar.
Bodegas Lalanne.
(JM Bigas, Julio 2015)

La primera visita del miércoles fue a las Bodegas Sommos. Inicialmente llamadas Irius, problemas societarios han llevado a la entrada de nuevo capital y a su cambio de nombre. Está situada ligeramente al sur de Barbastro, junto a la carretera N-240 (N 41,991528º,  E 0,152745º), frente a las Bodegas Laus, otra de las clásicas de la Denominación. En una extensa finca, se alza el edificio principal de la bodega, que es una singularidad arquitectónica y a nadie que transite por la zona le pasará desapercibido. El cambio de nombre y dirección es muy reciente, y apenas han empezado a comercializar los vinos de la nueva era (especialmente la colección Glárima, en todos los colores). Todavía tienen a la venta algunos reservas de la etapa anterior (los Absum). La recomendación de mi mentor de la tienda de Barbastro llevaba a los blancos y rosados de la nueva gama, y a los tintos de la anterior. Los vinos tintos de la nueva etapa todavía necesitan un tiempo para consolidarse.

Las Bodegas Sommos están muy preparadas para las visitas turísticas, incluso de grupos numerosos. Tienen una tienda, junto a la recepción del edificio principal, muy bien surtida y excelentemente dispuesta. A pesar de que la solanera era sofocante, tuve ocasión de dar un breve paseo en torno al edificio principal, con vistas impresionantes sobre los inacabables viñedos, muy pulcramente cuidados. Frente al edificio hay una zona experimental, con diversos tipos de viña y varios modos de cultivo. Todo ello muy orientado a las visitas de interesados en el mundo de la enología.
Bodegas Enate, en Salas Bajas, desde el
inmenso aparcamiento.
(JM Bigas, Julio 2015)

Mi siguiente visita fue a la familiar Bodegas Lalanne. Esta se encuentra situada al norte de Barbastro, junto a la bifurcación entre las carreteras de Alquézar y la de Salas Bajas (N 42,061487º, E 0,089071º), y muy cerca de los tres gigantes de la Denominación. En su fachada lucen orgullosamente la fecha de 1842, en que fue fundada la bodega por una familia francesa procedente de la zona de Burdeos. La familia Lalanne sigue al frente de la Bodega.

Me recibió una de las mujeres de la familia, Leonor, que me hizo los honores de los diversos vinos que producen. Blancos de Chardonnay y Gewurztraminer, tintos de tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, etc. A mi conocimiento, es una de las dos únicas bodegas del Somontano que producen un vino espumoso (elaborado con el método del champagne o del cava, pero sin denominación como tal). Un Brut Nature que Leonor me prometió que no lleva ninguna adición de licor de expedición (azúcar) y que es excelente (lo degusté con unos amigos tras una barbacoa veraniega).

Además, la propia Leonor es escritora y me promocionó su novela El Secreto de Kirchland, una intriga histórica situada en la Inglaterra de la Edad Media. Por supuesto le compré un ejemplar, que me dedicó con mucho cariño.
Canal del Cinca.
(JM Bigas, Julio 2015)

Seguí camino unos kilómetros más al norte, para visitar uno de los gigantes de la zona, ENATE (técnicamente, Viñedos y Crianzas del Alto Aragón, S.A.), en Salas Bajas (N 42,000964º, E 0,086329º). Tienen un amplísimo aparcamiento y la tienda es simplemente impresionante, por la gran variedad de vinos producidos por la Bodega y que están expuestos a la venta. Algunos son bastante conocidos (el blanco Chardonnay, el Rosado, sus Crianzas y Reservas). Otros lo son menos, como el delicioso monovarietal Merlot Merlot (premium de precio ya en el entorno de los 20€). Pero en la tienda tienen otros dos monovarietales del mismo nivel, que yo no conocía, Los Cabernet Cabernet y Syrah Syrah. La responsable de la tienda me recomendó que probara el de Cabernet, y tengo una botella en algún lugar de mi bodega, esperando el día en que toque degustarlo. Y otra de Syrah, por supuesto.

Además tienen una gama de vinos de precio económico, que sólo venden en bodega, especialmente preparados para los visitantes ocasionales.

* * *

Quería visitar Torreciudad, que es un santuario situado sobre el embalse de Grado, y sede del Opus Dei. Por visitar quiero decir hacer algunas fotos del recinto del santuario. La bendición del GPS me llevó, desde Salas Bajas hasta Torreciudad, por una deliciosa carretera (casi sólo una pista) desierta que cruza el monte y discurre en paralelo al Canal del Cinca. Este Canal es una obra de ingeniería imponente, y forma parte de las construcciones de la Confederación Hidrográfica del Ebro para utilizar el agua sobrante de las áreas pirenaicas y prepirenaicas para convertir en tierras de regadío las comarcas semidesérticas de Los Monegros, por ejemplo. El Canal discurre en  algunas zonas simplemente encajonado, mientras que en otras hubo que construir vistosos acueductos, que son visibles desde algunos puntos de esa carretera.
Santuario de Torreciudad, sede del Opus Dei.
(JM Bigas, Julio 2015)

El Canal del Cinca tiene una longitud de 90Km, con una capacidad en cabecera de hasta 80 metros cúbicos por segundo, y tras la derivación de la central hidroeléctrica del Grado II, un caudal máximo de 70 metros cúbicos por segundo, destinado al regadío de una extensión de más de 59.000 hectáreas. Su demanda media anual está en el entorno de los 400 hectómetros cúbicos.

El entorno de Torreciudad es impresionante, sobre el embalse de Grado. Yo sólo llegué al aparcamiento exterior, desde donde se tiene una excelente visibilidad del majestuoso santuario. Pero, para mi gusto, todo el recinto rezuma un proselitismo agresivo que me resulta extenuante.


* * *


La siguiente etapa fue el pueblecito turístico de Alquézar. Con un castillo remarcable, Alquézar es un pueblo muy empinado, ubicado en las laderas de uno de los cañones del río Vero. Sus callejas son estrechas y de grandes pendientes, y no es posible circular por ellas en coche. Sólo algunos vecinos pueden hacerlo de un modo limitado. El visitante debe dejar el coche en uno de los aparcamientos de las afueras. Yo lo hice en uno de los de la parte superior (N 42,172012º, E 0,023341º).
Castillo de Alquézar.
(JM Bigas, Julio 2015)

Llegué a Alquézar pasada la una y media de la tarde, tras una ajetreada mañana. A pesar de ser 1º de Julio, por ser miércoles había muy poquitos visitantes en el pueblo. Busqué un restaurante que estuviera abierto, y me senté (sudoroso del calor y las fuertes subidas) para comer con calma un Menú del Día. La opción gastronómica de Casa Pardina tuve que descartarla, pues el restaurante estaba cerrado ese día. Al final comí en la terraza del Restaurante Narbona.

Para la digestión, seguí bajando un poco hasta el mirador, desde donde se puede ver tanto el castillo como el cañón del río. Luego me tocó remontar todo el camino hasta el aparcamiento. Con calma y buscando la sombra, finalmente lo conseguí.

* * *

De vuelta hacia Barbastro, hice la última parada enológica de la jornada, en otro de los gigantes de la Denominación, Viñas del Vero. Disponen de un edificio separado del resto de la bodega, destinado a fines sociales. Allí está la tienda, muy bien surtida de todos los vinos que producen, y también salones para su uso en sesiones de cata o eventos diversos.
Zona social de las Bodegas viñas del Vero.
(JM Bigas, Julio 2015)

Producen toda clase de vinos (blancos, rosados, tintos), incluyendo los altos de gama Gran Vos (tinto) y Clarion (blanco), así como el prestigiosísimo Blecua y los remarcables Secastilla.



Llegué finalmente de vuelta a Barbastro a media tarde. Tras descansar un rato en el hotel (el Sol y el calor seguían siendo agotadores), me desperecé para salir. Primero visité la tienda Esencias del Somontano, donde conocí al otro socio. Compré algunas botellas surtidas de bodegas que no había podido visitar ese día. 

Tras varios días de Menú del Día y una cena gastronómica en Barbastro, el cuerpo me pedía una pizza. Pregunté en recepción, y la chica me dijo que hay dos en Barbastro, y me recomendó una que le gustaba a ella, en la Avenida Los Pirineos, más allá del puente sobre el río Vero. Il Piccolo Paesino resultó ser un modesto restaurante, con una oferta muy convencional que incluía las pizzas. Cené a gusto sin más, y el breve paseo de vuelta al hotel me permitió acostarme ya sin la sensación de recién cenado.

Al día siguiente, jueves, tomé ya el camino de vuelta a Madrid, a donde llegué pasadas las cuatro de la tarde. Como no llevaba prisa, escogí, de nuevo, el camino largo y torcío. Por Huesca y Ejea de los Caballeros, Tudela, Tarazona, (grandes vistas del Moncayo), Soria, Medinaceli y Madrid. Tras el abundante desayuno en el hotel de Barbastro, acabé almorzando, ya un poco tarde, en mi casa de Madrid.


En resumen, la comarca del Somontano de Barbastro bien merece una breve estancia, y no sólo por sus maravillas enológicas. En un día se puede recorrer, en coche, buena parte de la misma. Pero los aficionados al senderismo y al montañismo de baja intensidad, la pueden prolongar lo que quieran: no conseguirán agotar el Somontano.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa de 27 instantáneas, con todo el recorrido de mi visita a la comarca, pinchando en la siguiente fotografía.

El Somontano de Barbastro


JMBA

domingo, 29 de julio de 2012

Monasterio de Piedra

Ese miércoles, 11 de Julio, había pernoctado en Cariñena (Zaragoza), que es un pequeño pueblo (pop. 3.728), centro de la comarca vinícola de su mismo nombre, de la que ya os hablaré en otra ocasión. El jueves ya debía volver a Madrid, y quería dedicar la mañana a visitar el Monasterio de Piedra, del que he oído hablar (mucho y bien) desde que era un niño, pero en el que nunca había estado hasta ahora.
Cascada Trinidad. El agua se desliza sobre la roca y
los musgos que la recubren.
(JMBigas, Julio 2012)

Alguna publicidad o promoción de Cariñena o de alguno de sus hoteles, afirma que Cariñena está próxima al Monasterio de Piedra, pero no es cierto. Tampoco está ciertamente lejos (pertenecen a la misma provincia, Zaragoza), pero hay que recorrer más de 80km. y emplear más de una hora. De todas formas, salí prontito de Cariñena, y estaba en el Monasterio de Piedra en el entorno de las diez de la mañana.

En el año 1.194, el rey Alfonso II de Aragón cedió los terrenos del actual Monasterio de Piedra (donde había una fortaleza de defensa contra los invasores musulmanes), a trece monjes cistercienses procedentes de la entonces Abadía (hoy Monasterio) de Poblet, en la provincia de Tarragona.

La construcción del cenobio se produjo en tres etapas, por lo que presenta mezcla de estilos en él: desde el gótico primitivo, hasta el renacentista y también el barroco clásico (s. XVIII).
Cascada La Caprichosa
(JMBigas, Julio 2012)

Los monjes aportaron a la zona su saber hacer. Se desarrolló la producción de vinos (de hecho, en la actualidad existe una Denominación de Origen Calatayud para los vinos del área, cuyo Museo del Vino ocupa alguna de las salas del Monasterio). Fue asimismo famosa la producción de quesos y dulces, y el Monasterio de Piedra fue el primer lugar de España donde se fabricó chocolate.

En 1.835, con la Desamortización de Mendizábal, los monjes tuvieron que abandonar el Monasterio, que pasó a manos del Estado. En 1.840 el Estado decidió subastar el Monasterio y todos los terrenos que lo rodean (unas 1.800 hectáreas). Un industrial catalán, D. Pablo Muntadas Campeny, lo compró por 1.250.000 reales de la época. Uno de sus descendientes, Juan Federico Muntadas Jornet decidió trasladar su residencia a esa zona. Ecologista primigenio, se maravilló del entorno natural del Monasterio, y se empeñó en ponerlo en valor para que pudiera ser públicamente disfrutado. De hecho, fue el creador de lo que actualmente es el Parque Natural del Monasterio de Piedra.
Los Vadillos, donde el río ya sueña despeñarse por
La Caprichosa.
(JMBigas, Julio 2012)

Cuando uno visita el Monasterio de Piedra, muy probablemente destinará un breve tiempo a visitar el Monasterio en sí mismo. Tiene un bonito claustro, algunas dependencias dedicadas al Museo del Vino D.O. Calatayud, un pequeño Museo del Carruaje y una iglesia que fue parcialmente destruida a principios del siglo XIX. A la iglesia, efectivamente, le falta casi la totalidad de la techumbre, y se mantiene, escasamente, en estado de ruina digna. De hecho, la iglesia sigue santificada y se celebran allí lucidas bodas al aire libre. El conjunto dispone asimismo de un Hotel Hospedería.

Pero la mayor parte del tiempo el visitante lo va a ocupar en recorrer el Parque Natural.

El río Piedra, que discurre junto al Monasterio, ha creado, con el paso de los siglos, un entorno paisajístico que tiene mucho de magia, plagado de cascadas y de caídas de agua, que se desliza sobre la roca y forma las llamadas chorreras. Constituye un auténtico oasis en un área cuyo paisaje predominante es más bien semidesértico.

En los meses de verano, el Parque abre desde las nueve de la mañana hasta las ocho de la tarde. El acceso cuesta 13,50 Euros por persona (con algunas reducciones posibles).
Bajando por la Gruta Iris, el camino es angosto.
(JMBigas, Julio 2012)

Hay una amplia zona de aparcamiento para los vehículos, pero ese jueves de Julio, a las diez de la mañana, la afluencia era todavía bastante reducida. Desde ahí, a pie, se accede a la zona de servicios, donde hay restaurantes, tienda, bar, la taquilla de entrada, etc. Hacia la derecha está el Monasterio, en el que se organizan visitas guiadas a horas fijas (conviene informarse en taquilla, pues los horarios varían según los días). De frente se accede al Parque Natural.

El Parque está muy bien preparado para recibir a visitantes de todas las edades y condiciones. Hay habilitado un recorrido completo (de unos 5km, pero con algunas fuertes subidas y bajadas), perfectamente señalizado y balizado, así como desvíos opcionales hacia otros rincones atractivos del Parque. A pesar de su vocación universal, conviene que el visitante mantenga una cierta agilidad física, para que el recorrido no se convierta en un calvario. Su frondoso arbolado hace que, incluso en días calurosos, la temperatura durante el trayecto sea, en general, agradable.

El recorrido se inicia descendiendo, pero poco dura la alegría en casa de los pobres. Toda la zona está recorrida por infinidad de cursos de agua, y el agua gotea y se desliza por todas partes. En un área bastante llana se ven las primeras cascadas, a cuyos pies el Baño de Diana es un remanso de paz.
Cascada de la Cola de Caballo, desde la Gruta Iris.
(JMBigas, Julio 2012)

Se continúa por la Cascada Trinidad y el mirador de la Cascada La Caprichosa, clásica en forma de velo de novia. Luego toca remontar hasta la parte superior de la cascada, para cruzar Los Vadillos (el río alborotado que ya ansía despeñarse) por un puente, hacia la parte superior de la Cascada de la Cola de Caballo, posiblemente la más famosa del Parque, que cae desde unos 50 metros de altura (según las informaciones oficiales). Toca descender por la Gruta Iris, en paralelo a la Cascada. El camino aquí es angosto y, aunque se esculpieron escalones y hay pasamanos, la bajada es un desafío para personas no muy ágiles. Finalmente se llega al pie de la cascada, que ocupa una rinconada, y el recorrido continúa hacia el área de piscicultura, donde se crían diversas especies de peces de agua dulce, especialmente algunas variedades de trucha.

El camino, bastante llano en esta zona, va rodeando la llamada Peña del Diablo, y bordea el Lago del Espejo. Se vuelve hacia la zona inicial, donde hay un pequeño monumento al fundador del parque, y zona de juegos infantiles. Toca abordar la parte final del recorrido, subiendo sin parar hasta recuperar el nivel de la partida. En mi caso, remontar mi sobrepeso, tras el cansancio de todo el recorrido, fue un desafío que me hizo maldecir en sánscrito.
En el área de piscicultura, abundan las truchas
(JMBigas, Julio 2012)

En la parte alta, ya próxima a la salida, hay una gran pradera despejada (esto es, a pleno Sol), donde a horas fijas se realiza un Espectáculo de Vuelo de Rapaces. El público se sienta en unos bancos que rodean la zona de vuelo, y se ruega que nadie se ponga de pie, pues algunos vuelos son muy rasantes. Las monitoras muestran el vuelo de diversas especies, que incluyen águilas, buitres, búhos, halcones,... e invitan a los espectadores que quieran a calzarse el guante especial para recibir a las aves. El espectáculo dura una media hora, pero no conseguí ninguna buena fotografía de los vuelos, aunque sí hay algunas escenas muy interesantes en el vídeo (de algo más de cinco minutos de duración) que he editado y subido a YouTube.

De vuelta a la zona de servicios (ya casi las dos de la tarde), tomé un tentempié en una de las cafeterías del recinto, haciendo tiempo hasta la siguiente visita planificada del Monasterio (ese día, a las tres y cuarto). Una guía de la Europa del Este, en pleno intercambio cultural, nos acompañó en el recorrido por el Monasterio (claustro, diversas dependencias, Museo del Vino, Museo de Carruajes, Iglesia -con posibilidad de descender a la cripta-, etc.). En conjunto, una media hora de visita. Aparte del claustro, muy bonito, la parte que más me llamó la atención fue la ruina digna de la iglesia, muy singular y característica.
Lago del Espejo
(JMBigas, Julio 2012)

Antes de abandonar el Parque del Monasterio de Piedra hice una visita a la tienda de recuerdos. Aparte de toda clase de dulces y, por supuesto, chocolates, así como los tradicionales recuerdos kitsch Made in China, también tienen a la venta una pequeña muestra de los vinos de la D.O. Calatayud, de la que forma parte el Monasterio.

Finalmente, tomé ya mi camino de vuelta a casa, hacia Madrid, pasadas las cuatro de la tarde, unas seis horas después de mi llegada por la mañana. Cansado, pero feliz, porque todo el entorno es idílico y bien merece una visita.
Claustro del Monasterio de Piedra
(JMBigas, Julio 2012)

Aparte de las fotografías que he escogido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 64 fotografías (del Parque, del Monasterio y de las aves rapaces) pinchando en la foto de la cascada Cola de Caballo, así como al breve vídeo que os incluyo.

Monasterio de Piedra



El Monasterio de Piedra está a 105 km. de Zaragoza, a 229 km. de Madrid, a 417 km. de Barcelona y a 318 km. de Valencia. Si estáis por Zaragoza, no os lo perdáis. Pero bien merece el desvío desde otros lugares.

JMBA

lunes, 23 de julio de 2012

Monasterio de Veruela y Museo del Vino "Campo de Borja"

En las faldas aragonesas del Moncayo (el Mont Caius de los romanos), se construyó en el siglo XII el Real Monasterio de Santa María de Veruela, inicialmente en estilo románico, junto al pueblo de Vera del Moncayo.
Portada románica y campanario de la iglesia de Veruela.
(JMBigas, Julio 2012)

El Monasterio fue ocupado hasta 1835 (la Desamortización de Mendizábal) por los monjes cistercienses. Estos desarrollaron un señorío en torno al Monasterio, manteniendo el control de bastantes de los pueblos de la actual comarca del Campo de Borja, y Veruela se convirtió así en un poder económico de la zona.

Tras el abandono, forzado, de los monjes, una Junta de Conservación (constituida por algunas fuerzas vivas locales) impidió la destrucción y el abandono del Monasterio. Se abrió una Hospedería, donde dos de sus huéspedes más famosos fueron los hermanos Bécquer (en 1863-64), Gustavo Adolfo y Valeriano. Allí escribió Gustavo Adolfo Bécquer sus famosas Cartas desde mi celda.

Entre 1877 y 1973, la Compañía de Jesús instaló un noviciado en el Monasterio (con la única interrupción de la expulsión de la Orden durante la República y la Guerra Civil - 1932-39).

En 1976 el Estado cedió el usufructo de Veruela a la Diputación Provincial de Zaragoza (DPZ), que obtuvo la plena propiedad en 1998. Actualmente, la DPZ tiene abierto el Monasterio a la visita del público (entrada: 1,80Euros) y lo utiliza como escenario privilegiado para diversas actividades culturales (exposiciones, ciclos de música, conciertos,...).
Interior de la iglesia del Monasterio de Veruela.
(JMBigas, Julio 2012)

En 1994 se inauguró, en un edificio anexo al Monasterio, el Museo del Vino Campo de Borja. El cultivo de la vid y la producción de vino ha sido tradicional en la comarca, donde predomina la variedad garnacha. De acuerdo a los datos de que se dispone, existen trazas de garnacha en el Campo de Borja desde el año 1.145. En la actualidad, de las casi 5.000 hectáreas de esta variedad, cerca de 2.000 tienen viñas con edades comprendidas entre los 30 y los 50 años. Las viñas viejas tienen habitualmente un rendimiento mucho menor, pero son muy apreciadas porque aportan una gran complejidad estructural y aromática a los vinos. Los viñedos se extienden por alturas entre los 350 y los 700 metros sobre el nivel del mar.

Visité recientemente el Monasterio de Veruela, y su anexo el Museo del Vino. Desde Madrid opté por una ruta alternativa a la que sería más natural, por la carretera de Zaragoza. Viajé por la carretera de Burgos hasta pasado Somosierra, y de ahí me desvié hacia tierras segovianas y sorianas (Riaza, San Esteban de Gormaz), siguiendo el Duero. Pasada Soria capital, ya en dirección hacia Tarazona y Aragón, se disfruta de la imagen majestuosa del Moncayo, elevándose orgulloso sobre los campos llanos de Castilla.
Este hombre parece sostener sobre sus hombros la
bóveda junto al claustro de Veruela.
(JMBigas, Julio 2012)

Veruela y, en general, el Campo de Borja, forman parte del valle del río Huecha, un afluente del Ebro.

Veruela es uno de esos atractivos destinos de Turismo de Interior que reciben, habitualmente, una afluencia mínima de visitantes. Cuando yo llegué, un poco antes del mediodía, en el aparcamiento frente a la entrada no había más que dos o tres coches. Compré la entrada y realicé la visita libre por el Monasterio, articulada casi en su totalidad alrededor del claustro central. Aunque no te acompaña ningún guía durante la visita, la señalización interior es muy completa.

En la iglesia había operarios trabajando, preparando, sin duda, algún próximo evento cultural. Existe además el proyecto de abrir un Parador de Turismo en Veruela. Inicialmente previsto para 2013, la difícil situación económica por la que está atravesando el país ya lo ha retrasado, de momento, hasta 2014.
Claustro del Monasterio de Veruela.
(JMBigas, Julio 2012)

La visita al Monasterio, que difícilmente puede alargarse mucho más allá de la media hora, permite recorrer la iglesia, el claustro, y las diversas estancias que lo rodean (refectorio, sala capitular, cocinas,...). Durante la visita me crucé con alguno de los (escasos) visitantes que había ese lunes de Julio en Veruela.

A pesar de que su construcción inicial se realizó en el siglo XII en estilo románico, el conjunto arquitectónico también muestra elementos góticos, renacentistas e incluso barrocos. Recomiendo vivamente detenerse en las figuraciones de los capiteles de las columnas que rodean el claustro. Allí podemos ver toda clase de relieves, representando incluso figuras vagamente paganas. Una visita interesante, sin duda, para todos los amantes de la piedra con historia.
El Jardín de las Garnachas, junto al Museo del Vino
Campo de Borja.
(JMBigas, Julio 2012)

Para terminar, recorrí el Museo del Vino Campo de Borja. A pesar de que existen trazas de actividades vinícolas en la zona desde el siglo XII, sólo fue en 1.978 que se aprobaron los estatutos de la Denominación de Origen Campo de Borja. El área cubierta por esta DO, situada al noroeste de la provincia de Zaragoza, ya próxima a Navarra, incluye la mayoría de municipios de la comarca (Borja, Ainzón, Fuendejalón, Tabuenca,...). En muchos de ellos todavía se pueden ver las bodegas familiares tradicionales, excavadas en los montes o cabezos. Yo conseguí fotografiar algunas de estas bodegas en Tabuenca.

De las 7.400 hectáreas de viñedos que incluye esta D.O., casi el 60% son de garnacha. Pero, en las últimas décadas se han realizado plantaciones significativas de otras variedades tintas (principalmente Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Tempranillo) y de algunas blancas como la Macabeo, Moscatel y Chardonnay. Lógicamente, la mayoría de vinos de la D.O. son tintos (con Reservas y Grandes Reservas muy notables), y rosados (por el método de sangrado). Los blancos son casi testimoniales, pero tienden a desarrollarse en los últimos tiempos.
Información muy completa sobre los diversos aspectos
de la viticultura en la zona, en el Museo del Vino.
(JMBigas, Julio 2012)

El Consejo Regulador de la D.O. está realizando una muy encomiable labor en la promoción de los vinos de esta Denominación de Origen, y han acuñado como frase publicitaria El Imperio de la Garnacha (o The Empire of Garnacha, en inglés).

El Museo del Vino es una instalación moderna, no muy extensa, pero con tres plantas, donde se exhiben los principales elementos históricos, agrícolas, culturales e industriales relacionados con la actividad vinícola en Campo de Borja. Hay también un espacio dedicado a las 17 bodegas que producen vino con esta D.O. Junto al Museo hay también una pequeña plantación titulada El Jardín de las Garnachas.

En la pequeña tienda se puede escoger entre varias docenas de vinos producidos por las diversas bodegas, así como otro tipo de productos típicos de la comarca y recuerdos en general.
Bodegas familiares excavadas en el monte,
junto al pueblo de Tabuenca.
(JMBigas, Julio 2012)

Al terminar las visitas, ya era hora de una pausa para la comida. El restaurante que está justo enfrente del Monasterio estaba cerrado (cierran los lunes y martes), pero a unos 150 metros, camino del Santuario del Moncayo, está el Molino de Berola, que sí estaba abierto para poder almorzar. Se trata de un establecimiento preparado para grandes afluencias de visitantes (gran explanada para el aparcamiento de vehículos, juegos infantiles, etc.). Pero ese lunes no creo que sirvieran más de una docena de comidas. Esa es la cruz del Turismo de Interior, en lucha permanente por conseguir la suficiente frecuentación como para que las infraestructuras necesarias puedan ser viables y rentables.
Santuario del Moncayo (Hospedería, Bar-Restaurante)
(JMBigas, Julio 2012)

El Santuario de Nuestra Señora del Moncayo, a 1.621 metros de altitud es la parte más alta del macizo a la que se puede llegar en vehículo convencional. Desde allí parte una de las rutas de acceso a la cumbre (2.314 m.). Buena parte de la vertiente aragonesa está protegida bajo la figura del Parque Natural de la Dehesa del Moncayo (9.848 Ha). Los sorianos están estudiando la posibilidad de crear un parque gemelo en su vertiente del monte. En el interior del Parque, el estacionamiento está cuidadosamente regulado. Sólo se puede parar y aparcar en las zonas especialmente designadas al efecto, y en cada una se especifica el número máximo de vehículos que puede acoger.

La subida en coche hasta el Santuario tiene una primera parte en carretera asfaltada que va trepando por la ladera. Luego hay un largo tramo de pista de tierra compactada, que se puede recorrer en turismo a velocidad moderada. En la última parte, unos 800 metros, la pista está muy degradada, y hay que circular con la máxima precaución y atención. En la zona del Santuario del Moncayo hay una hospedería y un bar-restaurante, así como un mirador desde el que, en día despejado, se domina toda la comarca del Campo de Borja y buena parte de la provincia de Zaragoza.
En días despejados, desde el Santuario del Moncayo
(1.621 m. snm), se tiene visibilidad sobre buena parte
de la provincia de Zaragoza.
(JMBigas, Julio 2012)

Dediqué dos o tres horas de la tarde a recorrer los viñedos de la zona, y a visitar alguna bodega. De acuerdo a la prolija información que se puede obtener en la web del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Campo de Borja, hasta ocho de las diecisiete bodegas de la D.O. tienen abierta tienda de venta directa al público (en diversos horarios). Finalmente me detuve en las tiendas de dos de las más grandes: Crianzas y Viñedos Santo Cristo Sociedad Cooperativa, en Ainzón, y Bodegas Aragonesas (con su muy extendida marca Coto de Hayas) en Fuendejalón. Compré algunas botellas, entre ellas algún vino de la gama alta, principalmente procedente de viejas garnachas, que espero degustar con sosiego y placer.

La producción total de la D.O. varía con los años, pero se mantiene en el entorno de los 18 millones de botellas, de los que prácticamente unos 11-12 millones se destinan a la exportación.

Terminada una jornada muy completa, que se había iniciado en Madrid a las siete de la mañana, me dirigí hacia el hotel que había reservado en Tarazona. Pero eso ya os lo contaré en otro momento.

Aparte de las poquitas fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 62 imágenes, pinchando en la foto de la entrada al Monasterio de Veruela.

Monasterio de Veruela y Museo del Vino "Campo de Borja"


El Monasterio de Veruela y su área de influencia, bien merecen una visita.

JMBA

miércoles, 18 de julio de 2012

Belchite (Viejo), los restos de una calamidad

Recientemente, un viajero amigo (MEKIII, Julio) publicó un Diario de Viaje estremecedor, sobre el pueblo viejo de Belchite, al que tituló "Olvido". Lo acompañó de numerosas fotografías y de versos del inolvidable Labordeta. Me picó la curiosidad, y me anoté el lugar en mi agenda de lugares a visitar.
El Arco de la Villa, la puerta de entrada a las ruinas
del Pueblo Viejo de Belchite.
(JMBigas, Julio 2012)

En la segunda semana de Julio dediqué unos días a un viaje de turismo de interior, con fines vagamente vinícolas, por tierras de Aragón y Navarra. El miércoles por la mañana salí de Tarazona, muy cerquita del Moncayo y de la zona vinícola de Campo de Borja, con destino hacia Cariñena. De todo ello ya os contaré próximamente algunas cosas.

En lugar de tomar el camino directo, preferí dar un rodeo por Zaragoza capital, y acercarme hasta Belchite, para ver con mis propios ojos lo que tan bien había descrito Julio.

Recorrí todo el periférico de Zaragoza, en dirección hacia Barcelona. Pasado Alfajarín, encontré el desvío hacia Belchite. Los primeros kilómetros la carretera es una suntuosa autovía (la ARA-1) de tráfico muy escaso, de las que han contribuido a traernos a la difícil situación económica que estamos atravesando.

Pronto se disipa el espejismo, y hay que tomar la carretera A-222, de calzada única y dos carriles para la circulación, uno en cada sentido.

Cerca de Fuentes de Ebro, desde la carretera se tiene una buena visibilidad de un tramo largo de la nueva línea ferroviaria del AVE Madrid-Barcelona. Paré donde pude, con la sana intención de poder fotografiar a un tren circulando por ese tramo. Se cumplió la Ley de Murphy. Tras quince minutos de espera a pleno Sol, tuve que desistir de mi intención (quiero suponer que pasaría un tren, si no dos, uno en cada sentido, dentro de los cinco minutos siguientes a mi partida).

El resto de la carretera hasta Belchite (unos 35 kilómetros) es prácticamente una recta larga, rodeada de campos de cereal y algunos olivos, que solamente tiene que seguir las suaves ondulaciones del terreno.
Sin Comentarios
(JMBigas, Julio 2012)

Llegando al pueblo de Belchite (provincia de Zaragoza; pop. 1.636), aparqué en el centro, cerca de la Plaza del Ayuntamiento. Antes de enfrentarme a las ruinas tenía que reponer fuerzas, ya que el frugal desayuno en el hotel de Tarazona ya era sólo un vago recuerdo. Así, recuperé la tradición mediterránea del almuerzo (esmorsar) que consiste en un reconstituyente bocata. En el Bar Gavilán (un local bastante oscuro, con tres o cuatro mesitas en la calle y la música incesante de las tragaperras, activadas por algún que otro jubilado) me sirvieron un fenomenal (y enorme) bocadillo caliente de lomo con queso. Con un refresco y un café, acabé pagando 6€, más algunos comentarios sobre lo dañino que iba a ser la en ese momento sólo temida subida del IVA a la hostelería (hoy ya una realidad).

Hice un par de fotografías del centro del Pueblo Nuevo (la plaza del Ayuntamiento, el campanario de una iglesia) y monté en el coche para acercarme al pueblo viejo, cuyas ruinas había visto en lontananza al acercarme a Belchite por la A-222. La verdad es que me dio un cierto pudor preguntar a alguien el camino para llegar hasta allí, y confié en mi buena suerte. Lo cierto es que me equivoqué la primera vez, y tuve que dar la vuelta cuando ya había salido del pueblo en dirección a Fuendetodos y Cariñena.

En el segundo intento, llegué hasta las proximidades del llamado Arco de la Villa, que constituye la entrada a lo que fue el pueblo de Belchite hasta la Guerra Civil y que hoy no son más que un montón de ruinas abandonadas a su suerte.
Sin Comentarios
(JMBigas, Julio 2012)

La mayor destrucción del pueblo se produjo en el marco de una campaña del ejército republicano (1937), que los expertos califican de ridícula o absurda. Querían recuperar Zaragoza, pero la campaña acabó atrancándose en Belchite (a unos 45 km. de la capital) y cebándose en el pueblo y sus habitantes. El coste en vidas y en daños al patrimonio fue enorme. La destrucción se completó en la breve campaña por la que Belchite fue recuperado más tarde por el ejército franquista.

Por una decisión, como mínimo discutible, de los vencedores, se decidió dejar al pueblo tal y como había quedado (y no reconstruirlo) y, por el contrario, diseñar y construir un pueblo nuevo para los habitantes que habían sobrevivido a los rigores de la guerra. Por supuesto, dicha construcción fue llevada a cabo principalmente por penados y prisioneros, como la mayoría de las grandes construcciones de los primeros tiempos del franquismo, tras ganar la Guerra Civil (si hacemos una excepción a la regla de que en una guerra civil sólo hay perdedores). El Pueblo Viejo se dejó tal y como quedó tras la contienda, en un intento de ilustrar con piedra machacada los Desastres de la Guerra (y, de paso, los desmanes del enemigo).
Sin Comentarios
(JMBigas, Julio 2012)

Finalmente, en 1964, todos los habitantes abandonaron el pueblo viejo y se trasladaron al de nueva planta.

Desde entonces, nada de provecho han hecho los humanos con las ruinas. El paso del tiempo y el abandono, lógicamente, han ido acentuando la calamidad, provocando nuevos desprendimientos y profundizando la destrucción.

Frente al Arco de la Villa existen hoy tres indicadores. El más grande identifica la zona como "Belchite (Pueblo Viejo) Ruinas Históricas". El segundo identifica al propio Arco de la Villa, y el tercero avisa a los visitantes sobre el peligro de desprendimientos. Aunque no lo dice explícitamente, se entiende muy bien que te están diciendo que, si quieres cruzar bajo el Arco y adentrarte en las ruinas, es bajo tu única responsabilidad.

Era mediodía de un miércoles de Julio, y frente al Arco de la Villa había un único coche aparcado. Efectivamente, en todo mi recorrido por las ruinas, me crucé una vez con la pareja del coche, que estaban haciendo alguna fotografía y comentando la tristeza que da ver aquello de cerca. Este hecho ilustra la segunda muerte del Pueblo Viejo de Belchite: el Olvido.

No tengo palabras para el resto de la visita. Resulta desolador y, a veces, hasta peligroso. Hice bastantes fotografías, que os brindo graciosamente. Podéis acceder a una colección de 37 fotografías, pinchando en la siguiente foto. Pero en todas, lo único que se me ocurre como Descripción es un lacónico Sin Comentarios.

Belchite (Viejo), los restos de una calamidad


Aunque sólo fuera para que el pueblo viejo pudiera contribuir a evitar tener que repetir la historia, creo que valdría la pena poner en valor las ruinas, de alguna forma. Se me ocurren dos posibles maneras. La primera sería respetar las ruinas, adecentar y asegurar un poco el conjunto, para que no resultase peligroso para el visitante y definir un cierto itinerario de visita segura, con paneles explicativos de lo que fueron los diversos edificios de los que sólo quedan algunas paredes en pie.

La segunda manera supondría terminar la destrucción de lo que queda del pueblo viejo y convertirlo en un Parque Urbano dedicado a los muertos en todas las guerras. En él se podría construir un Museo dedicado a los Desastres de la Guerra y al Belchite que fue, antes de ser arrasado por ellos. En ambos casos se debería cobrar alguna cantidad (digamos 5€) como contribución a los gastos de conservación.
Sin Comentarios
(JMBigas, Julio 2012)

Claro que ese miércoles de Julio habrían recaudado 15€, que no da para muchas alegrías. Pero eso sería retomar el tema de las dificultades de desarrollar el Turismo de Interior, lo que ya he tratado recientemente.

En resumen, creo que es injusto el olvido al que están sometidas esas ruinas, provocadas por mano humana (o por su extensión, las armas de los ejércitos).

No me atrevo a recomendaros que planifiquéis una visita al pueblo viejo de Belchite. Pero si estáis por la zona, no dejéis de acudir y pasearos un rato entre tanta piedra machacada. A fin de cuentas, a mitad de camino entre Belchite y Cariñena, podéis visitar la Casa Natal de Goya en el pueblo de Fuendetodos. Vaya, Goya y sus Desastres de la Guerra...

Será casualidad. O no.

JMBA