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jueves, 14 de enero de 2016

¿2015?. No, Gracias.

Hace unos días hemos despedido un año más, ese 2015 que se agotó en nuestras manos. Y lo despedimos con muy poquita pena y nada de gloria.


Porque 2015 no ha sido un año bueno. Por el contrario, en él se han confirmado nuestros peores augurios, se ha demostrado, una vez más, que el ser humano es de naturaleza corrupta y da la sensación de que nos hemos aproximado un pasito más al Fin del Mundo, lo que sea que esto vaya finalmente a ser.

Ya vivimos instalados en un terrorismo internacional, prácticamente de Estado. El llamado Daesh, o Estado Islámico, se ha hecho con el poder en una parte de Irak y de Siria, y desde allí, con los medios que les da un territorio y con la connivencia de los estraperlistas de siempre, intenta extender una idea totalitaria que nos repugna a la mayoría. En 2015 han provocado innumerables muertes en sus propios países, donde los musulmanes son sus principales víctimas (paradoja del destino) y también varios centenares en nuestro vecindario más próximo.

Los atentados de París, primero en Charlie Hebdo (Enero) y luego (en Noviembre) los diversos atentados sincronizados en la sala Bataclan, las terrazas de diversos cafés y los alrededores del propio Stade de France, han provocado víctimas que eran como vecinos nuestros. El yihadismo nos ha atacado en nuestros países (que todavía no son los suyos). En 2015, Francia ha sido la víctima principal, pero sólo la sobreactividad de las Fuerzas de Seguridad ha evitado que otros países, incluida España, se sumaran a esa macabra lista. Y no olvidemos los repetidos atentados en Turquía, tierra de frontera de esta guerra tan del siglo XXI.

Ante una reacción ejemplar de los ciudadanos, empeñados en preservar nuestra forma de vida occidental, los atentados han provocado serias alteraciones en la vida normal de los ciudadanos honrados, y nos han menguado nuestros propios derechos de ciudadanía. Los movimientos más elementales de nuestras libertades están constantemente vigilados y monitorizados por unas omnipresentes fuerzas de seguridad. Una sobrerreacción que parece tener por único objetivo el transmitir a los ciudadanos una sensación de seguridad. Como si el hombre malo fuera a cruzar el arco de los aeropuertos (un ejemplo) empuñando sus armas pesadas. Esta Nochevieja no ha habido grandes celebraciones públicas en ciudades señeras como París o Bruselas.

Nos ha costado muchos siglos y muchos sacrificios llegar a tener unos niveles de convivencia muy civilizados, como para que estos factores, relacionados con un concepto enfermizo de la religión como arma de destrucción masiva, vengan ahora a hacernos retroceder uno o dos milenios.

Veremos qué somos capaces de hacer en este tema en el año 16.

Los peores augurios sobre el cambio climático parecen estarse cumpliendo. Estar en la playa en Diciembre puede que sólo sea algo anecdótico, pero en las grandes ciudades estamos sumergidos en una contaminación ambiental que nos está envenenando quizá no tan lentamente. La osadía de la especie humana en su instrumentalización de la Naturaleza acabará pasándonos factura. Y la pregunta no va a ser sobre cómo será el mundo dentro de doscientos años, sino cuál será la nueva especie que reinará en la Tierra, después de que la raza humana haya sido ya etiquetada como otra especia fallida y sea exterminada. Como ya sucedió con los dinosaurios y con tantas otras especies animales en los últimos millones de años.

En España, 2015 ha sido un aquelarre de elecciones políticas, algunas de ellas bastante fallidas, en el sentido de que han puesto en evidencia la mediocridad y cortoplacismo de la mayoría de políticos que pretenden gobernarnos. Todos los políticos tienen que tener claro que los votantes nunca votan mal. Es tarea de los políticos esforzarse por administrar (no retorcer) lo que los ciudadanos hemos depositado en sus manos. Los grandes partidos que han mantenido una cierta hegemonía en las últimas décadas han sufrido erosiones electorales enormes, mientras que parece que los ciudadanos han (hemos) depositado la confianza en fuerzas nuevas recién llegadas a la arena política. De las que, por cierto, todavía no podemos decir cosas malas (ni buenas, para el caso). Veremos.

Tras una legislatura caracterizada por el rodillo parlamentario del PP y su Gobierno, enrocado en la soberbia y la prepotencia que les ha permitido la mayoría absoluta que consiguieron en 2011, Mariano Rajoy nos ha obsequiado con unas elecciones navideñas, en una mano el voto y en la otra un polvorón. El resultado ha sido diabólico. El PP sigue siendo la fuerza más votada, pero dos de cada tres de sus votantes del 2011 han desertado. El PSOE ha vuelto a bajar, demostrando que una oposición chapucera también provoca erosión electoral, y ha sufrido un desgaste enorme, hasta ahora reservado a los partidos con responsabilidad de Gobierno. Su líder, Pedro Sánchez, está en entredicho, incluso de sus propios correligionarios.

Estos días nos toca asistir a ese cortejo de las diversas fuerzas, que intentan los equilibrios más improbables para conseguir (o conservar) el poder. En un sistema parlamentario como el nuestro, todas las fuerzas políticas representan (conjuntamente) a todos los ciudadanos. Y siempre, sea cual sea el resultado, debería haber negociaciones y pactos constantemente entre todas ellas, para conseguir el único objetivo noble que les hemos asignado: gobernar para todos y no sólo para sus propios votantes.

Llevamos décadas instalados en el autismo político de los que ganan unas elecciones. Eso ha provocado sobredosis de leyes y normas (cumplirlas o no ya es otra conversación), pero total ausencia de Pactos de Estado para los grandes temas que van a conformar lo que sea España dentro de veinte o treinta años. Parece que el único objetivo de los políticos es perpetuarse en el poder, para muchos el único oficio que conocen, y preocuparse básicamente de intentar ganar las siguientes elecciones. Un plan de país es un concepto tan elevado que no está al alcance de este tipo de políticos, que nunca han sido, y no apuntan maneras para llegar a serlo nunca, auténticos estadistas.

Mientras tanto, la Educación vive sofocada en un marasmo fangoso, trufado de fracaso escolar y de mensajes partidistas. Con profesores desmotivados, porque nunca les han permitido intervenir, como máximos conocedores del tema, en la configuración de la Educación en España, que es un tema que nos afecta a todos, tengamos o no hijos. Porque de la educación de hoy se declinará el tipo de país que tengamos dentro de 10 ó 20 años. Una educación que se mueve a vaivenes, porque cada partido político, cuando puede, crea su propia Ley de Educación, y donde la escolarización a menudo sólo aporta el retrasar unos años la incorporación a las listas de desempleados.

La Sanidad pública, que sobrevive gracias a los fantásticos profesionales que la componen, se ha convertido en arma arrojadiza, que los liberales quisieran privatizar porque business is business, y los políticos la utilizan para sus querellas interterritoriales. A muchos políticos se les llena la boca con su objetivo de igualdad para todos los españoles, pero parecen incompetentes cuando se trata de armonizar la oferta sanitaria pública en todo el territorio. Desde mi punto de vista, está bien que su gestión esté en manos de las respectivas Comunidades Autónomas, pero es un sinsentido que no exista coordinación alguna entre ellas. Parece imposible poder disponer de una tarjeta sanitaria única para todos los españoles (para todos los europeos, añadiría yo), que les permita ser atendidos allí donde se encuentren, y que cualquier médico pueda acceder a su expediente. Y es ya una posibilidad perdida el tener bien articulados los tratamientos muy especializados, centrados allí donde exista la excelencia. La facturación cruzada es un tema interno, que no debería presentar problema alguno.

Y no creo, para nada, que la solución sea volver a una gestión centralizada, que tiene siempre muchas ineficiencias. Pero hay que hacer bien las cosas y no utilizar la Sanidad pública como un arma arrojadiza entre políticos de diferente signo y de diversos territorios.

Parece que la mejoría económica ha sido bastante evidente en 2015. Al menos, las grandes cifras de la macroeconomía. Pero el nuevo crecimiento es todavía más vicioso que el anterior. Se ha precarizado el empleo y muchos salarios ya no permiten ni siquiera vivir dignamente, lo que ha inaugurado una nueva clase social: la de los trabajadores pobres con riesgo de exclusión social.

Dicen que hemos mejorado en competitividad. Es cierto, somos más competitivos que antes en coste de la mano de obra, frente a terceros países, con un modelo social y político muy diferente del de nuestro entorno. Pero no hemos mejorado nuestra productividad en términos cualitativos, y parece como si estuviéramos condenados a ser los camareros de Europa. En plena crisis económica se han reducido, todavía más, los presupuestos para la investigación y el desarrollo. Con ello, conseguir cambiar el modelo económico de España es un puro ejercicio de política-ficción.

Si alguien cree que la Educación o la Investigación son muy caras, que lo intente con la ignorancia y que exporte los investigadores a otros países, que sí saben aprovecharse de ellos.

En este año recién fallecido, nos han perseguido todos los días las noticias sobre corrupción y latrocinios. Las tramas del PP (Gurtel y Púnica sólo para empezar), nos han hecho visualizar a siniestros personajes absolutamente obscenos, que se han movido como pez en el agua en lo público para su propio beneficio. Bárcenas tuvo ya una estancia en la cárcel, pero su sombra es tan alargada que cubre hasta al propio Presidente del Gobierno (actualmente en funciones). Un personaje como Francisco Granados produce vómito, tras escuchar sus muchos alegatos televisivos contra los corruptos, lo que no hace más que ilustrar su total convencimiento en su propia impunidad.

También hemos conocido que el que muchos llamaron artífice del milagro económico español de fin de siglo, Rodrigo Rato, aparte de ser un mal gestor, cosa que ya sabíamos, ha resultado ser también un administrador desleal, un corrupto y un defraudador fiscal. Es la paradoja que nos faltaba para que dejemos de creer que el político honesto no es un personaje de ficción.

En Andalucía, el PSOE, tras más de treinta años ininterrumpidos en el gobierno regional, ha construido una maquinaria gigante de clientelismo corrupto, de la que los casos conocidos (los ERE, o los cursos de formación) me temo que no son más que la punta del iceberg. Disponen del dinero público para comprar voluntades y votos, de modo que ya no sabemos cuántos de los andaluces que votan repetidamente al PSOE lo hacen por convencimiento o por el más puro y espúreo interés personal. Y, en su entorno, personajes siniestros y vulgares, que a lo mejor no han estado nunca en Suiza, pero echan mano del dinero de la caja de todos para sus orgías de mariscadas, cocaína y puticlubs.

La que una vez fue la primera familia de Catalunya, los Pujol, ya son considerados por los jueces como una organización criminal, que acumuló fortunas obscenas de origen desconocido, aunque las sospechas de corrupción política en forma de comisiones de los adjudicatarios parece la más probable. Nadie debería descartar que detrás de los nuevos aires de independentismo en Catalunya, el afán de crear una República Catalana, independiente de España, esté oculto el deseo de que los Tribunales de casa acaben olvidando tanto latrocinio.

En los últimos días hemos sabido de otro caso más, el del embajador y el diputado que llevaban un despacho de influencias, un lobby, para facilitar contratos a empresas españolas (a menudo, mediante sobornos a funcionarios locales), a cambio de jugosísimas comisiones. Con cierta apariencia de legalidad, pero instalados en la amoralidad política total y completa.

Además, en todo el año, no he conseguido más que unos eurillos en premios de las muchas loterías de las que soy asiduo cliente.

En resumen, un año para olvidar. Ha habido algunas cosas buenas, eso sí (seguimos vivos, la salud razonablemente bien, hemos hecho algunos viajes a sitios desconocidos y hemos sobrevivido a nuestros políticos), pero las cosas malas se van acumulando. Como país, a pesar de algunas mejoras macroeconómicas, seguimos yendo para abajo (en precariedad, en pobreza, en exclusión social, en corrupción, en I+D, en Educación, etc. etc.).

Lo único que podemos desear es que 2016 sea el año del vuelco, de la inflexión, en el que empecemos a ir para arriba, como todos los españoles nos merecemos. Para nuestra desgracia, los políticos lideran la evolución del país, y a pesar de que pocas cosas saben hacer para ayudar, muchas hacen para empujarnos a todos hacia abajo. Se enfrentan ahora a un desafío nuevo, que les obliga a superar enemistades y rencillas personales, para trabajar, de verdad, por el bien del país y de sus ciudadanos. Que empiecen a pensar en el largo plazo, en el proyecto de país que queremos hacer una realidad en las próximas décadas.

Si al final no están a la altura, los ciudadanos, de nuevo, tendremos que tomar el relevo.

Algunos, estos días, desean Felicidad y que el 2016 no sea peor que el 2015. Con todo lo que os he contado, la única reacción posible es: ¿2015?. No, gracias.

JMBA

domingo, 22 de febrero de 2015

Agitaciones Políticas

Este año 15 vamos a tener hasta cuatro convocatorias electorales, de distintos ámbitos. Sólo este hecho ya garantiza que en el seno de todas las formaciones políticas haya mucho, mucho nerviosismo. Y mucha responsabilidad en manos de los ciudadanos.
Pablo Iglesias, el líder de Podemos.
(Fuente: que)

El Ministerio de Hacienda ya se adelantó a la cita, anticipando una pequeña reducción de las retenciones por el IRPF, para que los que cobran una nómina pudieran ver, desde Enero, algunos euros más en su ingreso mensual neto. Con el fin, nunca reconocido, por supuesto, de mejorar la (nefasta) imagen pública que está teniendo el PP entre los electores.

Sin embargo, el Partido Popular, actualmente con una de las mayores concentraciones de poder de la historia reciente, está condenado, casi inevitablemente, a que su situación se deteriore en mayor o menor medida tras las convocatorias electorales. Están enfrentando el riesgo cierto de que desaparezcan las mayorías absolutas tanto en el global del Estado, como en muchas de las Comunidades Autónomas, Madrid o Valencia, de forma singular.

Lo que ocurre es que los fenómenos sociales y políticos de los últimos años están provocando un cambio sustancial de las condiciones de contorno en las que se mueven los principales partidos políticos. Hace una década, la situación sería, muy probablemente, de una relativa bajada del apoyo electoral al PP, con una subida prácticamente equivalente para el PSOE. Un modelo de bipartidismo que ha pervivido desde la instauración de la democracia moderna en los 70.

En esas condiciones, lo que se acabaría produciendo sería un cambio de color político del Gobierno del Estado, que, muy probablemente, pasaría al PSOE, con algún apoyo de IU o de los partidos nacionalistas. Y lo mismo podría haber pasado en Comunidades Autónomas como Madrid o Valencia.

Pero ese bipartidismo que ha sobrevivido con sucesivas alternancias está muy seriamente amenazado. Si nos atenemos a lo que parecen anticipar las encuestas y sondeos, hay otras fuerzas políticas, diferentes de los dos grandes partidos, que van a conseguir resultados significativos, muy por encima de un puro papel de bisagra o de apoyos puntuales.
Tania Sánchez, ahora líder de una nueva candidatura fuera
de IU: Convocatoria por Madrid.
(Fuente: lasexta)

Ciudadanos, el partido nacido en Catalunya, de la mano de Albert Rivera, por cierto uno de los políticos mejor valorados por la opinión pública, se convertirá, sin duda, en árbitro poderoso de muchas situaciones. Las últimas encuestas le darían, a nivel nacional, del orden de un 6% de los votos, y quizá una docena de diputados. Pero mi previsión es que, si siguen trabajando bien, como hasta ahora, y se mantienen libres de fenómenos de corrupción, en los próximos meses podremos asistir a una escalada continua de su presencia. Si consiguen superar con éxito el desafío de ampliar sus cuadros con limpieza, para abarcar el territorio nacional, quizá lleguen a las Elecciones Generales con una perspectiva más próxima al 10-12%, con Grupo Parlamentario propio y quizá hasta una treintena de diputados. Nada testimonial, por cierto.

Por el contrario, da la sensación de que UPyD se está desinflando. Es una reacción que me parece bastante lógica por varias razones. De una parte, una confusión programática que provoca desconfianza en los electores. Junto a loables iniciativas por la limpieza del panorama político, aúnan furibundas proclamas antiautonomistas. Todo ello unido a un caudiliismo autoritario, liderado por y para Rosa Díez, que disgusta a una mayoría de votantes. Es más que probable que se queden sin representación parlamentaria en el Congreso de los Diputados.
Alberto Garzón, ya candidato oficial de Izquierda Unida a
la Presidencia del gobierno de España.
(Fuente: kaosenlared)

Y luego está el fenómeno de Podemos, que levanta mucho interés, pero también muchas polémicas. Algunos episodios económicos como mínimo muy poco ejemplares, están contribuyendo a enfriar el entusiasmo de muchos votantes simplemente indignados, pero conscientes de que tienen cosas que podrían perder si Podemos se convirtiera en una fuerza hegemónica. El núcleo del partido está en el entorno de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid. Que es, por cierto, un punto de partida razonable, pero para ocupar el o los gobiernos (municipios, autonomías, Gobierno de España,...) se requiere disponer también de otro tipo de perfiles y de experiencias. El desafío de ampliar su base de cuadros es un proceso lleno de peligros y amenazas. Ya han decidido no presentarse con marca propia a las elecciones municipales y autonómicas. Esto garantiza que habrá opciones llamadas de iniciativa o de concentración popular, incluyendo a Ganemos, Plataformas Antidesahucios, Podemos y otros versos libres de la izquierda y el activismo social, que serán, inevitablemente, multicolores. Ello va a complicar transmitir una imagen única a nivel nacional, o incluso interpretar los resultados que se acaben dando.

Ya se está viendo que en muchas autonomías han acabado venciendo, dentro de Podemos, las opciones no preferidas por su Secretario General, Pablo Iglesias. Nos queda por ver si serán capaces de mantener una cierta imagen global unitaria, que les facilite conseguir un buen resultado en las Elecciones Generales de final de año.
Albert Rivera, líder de Ciudadanos. Será candidato, pero
todavía no se sabe a qué.
(Fuente: ondacero)

Ciertas encuestas recientes han llegado a dar resultados, a nivel nacional, por encima del 25% de intención directa de voto a Podemos. Pero las últimas semanas este porcentaje se ha ido limando a la baja. Mi previsión es que esta tendencia va a seguir en el mismo sentido y que, para las Elecciones Generales, su resultado podría llegar a estar muy cerca de lo que pueda conseguir Ciudadanos, más bien en la franja del 10-12% que en el doble de eso. Estos dos partidos podrían acabar ocupando una parcela importante de lo que tradicionalmente han sido los predios de PSOE e IU.

Sin embargo, conviene tener en cuenta que hay una parte de la población española, con particular incidencia en muchos inmigrantes con derecho a voto, condenados a un desempleo crónico o a un subempleo precario y parcialmente sumergido, que tienen la sensación de que no les queda mucho por perder, y que podrían decidir votar Podemos sin más consideraciones de otro tipo.

Para el resto de la población, afectada por la crisis de un modo más general, pero sin dramatismos extremos en lo personal y familiar, el dilettantismo inicial del voto a Podemos auguro que se irá redirigiendo hacia otras fuerzas que también preconican el cambio y la desaparición del bipartidismo vigente, pero sin esas connotaciones chirriantes de bolchevismo o de comunismo caribeño que tienen Podemos y sus principales líderes.
Pedro Sánchez, secretario general del PSOE.
(Fuente: divinity)

Por su parte, los partidos tradicionales de la izquierda están sufriendo sendas crisis profundísimas. Izquierda Unida, desde siempre más bien una izquierda desunida, actualmente es casi ya una izquierda rota. Con explosivos colocados en los pilares del partido, podría acabar desintegrándose con bastante probabilidad. De una parte, Alberto Garzón parece el representante de las nuevas políticas (y los nuevos políticos) en Izquierda Unida. Pero no lo tiene nada fácil. En Madrid, sin ir más lejos, el partido ya ha estallado, pues Tania Sánchez, elegida en primarias como candidata a la Comunidad de Madrid, ha abandonado Izquierda Unida, ante la imposibilidad de convivir con la vieja guardia. Una vieja guardia, por cierto, que se ha revolucionado en pura fronda y se resiste a abandonar sus prebendas y privilegios.

Desde la época del Partido Comunista, que tuvo un papel claramente protagonista entre las fuerzas políticas antifranquistas, tanto en el interior como en el extranjero, han pasado muchos años y demasiadas cosas. Prescindiendo de las muchas sombras de su pasado más o menos remoto, la generosidad de Santiago Carrillo para facilitar la transición política en España ya es historia. Tanto como la ejemplaridad y excelencia intelectual del cordobés Julio Anguita. En la actualidad, da la sensación de que el acomodo en los pesebres más o menos próximos al poder les ha adormecido, y ha impedido que una regeneración como la que propone Podemos hubiera nacido en el seno de Izquierda Unida, su hogar más o menos natural.
Tomás Gómez, elegido en primarias para la Comunidad de
Madrid, y destituido fulminantemente por su partido.
(Fuente: teleasturias)

¿Y qué decir del PSOE?. De las épocas del estadista y carismático Felipe González ya hace mucho tiempo. Zapatero, inteligente y honesto, pero exageradamente sectario, les hundió en las urnas a finales de 2011. Y las maneras oscuras y a menudo torticeras del jesuítico Rubalcaba no han ayudado para nada a la recuperación de la posición que llegaron a ocupar. Y da la sensación de que su sombra sigue siendo alargada, pues se intuyen sus indicaciones o consejo en la torpe decisión de Pedro Vázquez de destituir de forma autoritaria a Tomas Gómez en Madrid, por lo demás un personaje bastante gris y repetidamente perdedor. Si bien incluso la mayoría de los socialistas puedan estar de acuerdo en su sustitución, las formas de quitarse de enmedio a un líder elegido en primarias, y las formas poco creíbles que está demostrando la Comisión Gestora nombrada al efecto, bajo la hégira discutible de un anodino Rafael Simancas, al que sólo se recuerda por el Tamayazo que puso a Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad de Madrid, todo ello está provocando desconcierto entre militantes y simpatizantes. Finalmente, la Comisión Gestora ha conseguido lo que se esperaba de ella: la aprobación más o menos formalmente correcta de las asambleas, para nombrar candidato a la Comunidad de Madrid al ex-ministro Ángel Gabilondo.

Su actual Secretario General, Pedro Sánchez, dispone de un liderazgo muy discutido y discutible. Y, me parece, el autoritarismo es mal consejero para remontar esa situación. En sus propias filas destaca una brillante Susana Díaz, que acumula, desde su Presidencia de la Junta de Andalucía, que muy probablemente va a revalidar tras las elecciones de Marzo, las máximas cuotas de poder real en las filas del PSOE. Además, aunque ella misma lo ha desmentido por activa y por pasiva, podría tener ambiciones de dar el salto a la política nacional, y postularse como candidata socialista a la Presidencia del Gobierno de España. Una amenaza demasiado clara para Pedro Vázquez como para que pueda pasar inadvertida.
Antonio Miguel Carmona, candidato del PSOE a la
alcaldía de Madrid.
(Fuente: eldiario)

Los resultados de las elecciones andaluzas de Marzo, y de las municipales y autonómicas de Mayo marcarán un antes y un después muy claro, y darán la señal de si el liderazgo de Pedro Sánchez es viable, o se acabará convirtiendo en una solución de continuidad con caducidad inmediata, como lo fueron en su momento Hernández Mancha entre los populares, o el tándem Almunia/Borrell entre los socialistas. Si su liderazgo declina, eso va a significar, casi con seguridad, otro ciclo electoral, como mínimo de cuatro años, en el que el PSOE debería seguir su particular cruce del desierto.

Teniendo en cuenta todas estas circunst5ancias, me voy a arriesgar a anticipar mis previsiones para las diversas citas electorales de este año.

En las elecciones andaluzas de Marzo es más que probable que Susana Díaz logre que el PSOE sea la fuerza más votada, pero lejos de la mayoría absoluta. El PP perderá algo de sus posiciones, entre otros motivos por el perfil bajo, poco carismático y nada conocido de su actual líder, Juan Manuel Moreno Bonilla. IU perderá fuelle, entre otros motivos por el pobre papel desempeñado en el Gobierno de Andalucía que, entre otras cosas, ha forzado el adelanto electoral a Susana Díaz. Podemos sin duda va a obtener presencia en el Parlamento de Andalucía. Pero Díaz ha manifestado repetidas veces que no va a pactar con Podemos, lo que abre la posibilidad de un gobierno en minoría, con apoyo parlamentario, previo acuerdos diversos, del PP. Esto, por supuesto, supondría el sacrificio judicial de los grandes popes socialistas andaluces, Chaves y Griñán, actualmente imputados, aunque sin precisión de delito concreto.
Ángel Gabilondo, nominado como candidato por el PSOE a
la Comunidad de Madrid.
(Fuente: forodelacultura)

En las municipales y autonómicas los resultados serán bastante variados, porque en buena medida los resultados dependen del conocimiento y apreciación popular de los respectivos candidatos. Globalmente, el PP perderá algo de su actual enorme cuota de poder. Pero, sin duda, lo más interesante de ver y analizar serán los resultados en Madrid y Valencia, las dos comunidades más pobladas de entre las que votarán en Mayo, así como el resultado en la ciudad de Barcelona. Es por ello que la mano a menudo invisible que mece la cuna del PP, Mariano Rajoy, todavía no ha decidido cuáles van a ser sus candidatos. Ana Botella ya se ha autoexcluido de la carrera por el Ayuntamiento de Madrid, e Ignacio González tiene su puesto en cuestión, ya que, entre otras cosas, nunca se ha presentado en primera línea a votaciones populares. Además, su figura tiene demasiadas sombras, por un muy discutible criterio en la elección de sus Consejeros (recordemos cuántos Consejeros de Sanidad han pasado ya por su Gobierno) y porque las sospechas de corrupción y malas prácticas le vienen sobrevolando desde hace ya tiempo.

Para el Ayuntamiento de Madrid, el PP tiene en su mano algún recambio de altos vuelos, como Esperanza Aguirre, ese animal político cuya mano sigue meciendo la cuna del PP de Madrid. Aunque seguro que Rajoy tiene serias reticencias en confirmarla como candidata, porque sabe que a lo que realmente aspira Aguirre es al puesto de Rajoy, y eso nunca resulta cómodo para el líder. Para la Comunidad, es posible que, pese a todo, opte por la continuidad, a falta de recambios de garantía. Pero ya se verá, muy probablemente en Marzo.
Esperanza Aguirre, ese animal político
todo terreno.
(Fuente: bolsamania)

En cualquier caso, creo (y espero, por cierto) que desaparezca la mayoría absoluta del PP tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad. Para el Ayuntamiento, el PSOE propone a un buen candidato, Antonio Miguel Carmona, un político mediático bastante conocido y que cae, en general, simpático a los madrileños. Para la Comunidad, habrá que ver cómo evoluciona el protagonismo de Tania Sánchez, inicialmente elegida en las primarias de Izquierda Unida, pero posteriormente escindida de esta formación por diferencias graves. Su posición será, sin duda, muy próxima a las candidaturas de Podemos/Ganemos y podría ser una alternativa atractiva para los ciudadanos con el corazón un poco a la izquierda, y para los indignados en general.

Si finalmente es Esperanza Aguirre la candidata del PP, acabará siendo la alcaldesa de Madrid a cualquier precio, aunque tenga que negociar acuerdos con unos u otros. Pero cualquier otro candidato o candidata de la derecha podría tenerlo muy complicado, frente a dos o tres fuerzas de la izquierda que estarían, muy probablemente, dispuestas a organizar algún tipo de multipartito.

Valencia y la Comunidad Valenciana huelen persistemente, en los últimos años, a pelotazo urbanístico, despilfarro y corrupción, y requeriría una renovación en profundidad. El PP tampoco tiene todavía candidatos, y es que Alberto Fabra carece del punch necesario (en mi modesta opinión, aparte de que la sombra de Paco Camps es alargada) y Rita Barberá está prácticamente incinerada en mil batallas, no todas limpias. Pero el PSOE en la Comunidad Valenciana no está mucho mejor, y no me extrañaría ver un nuevo golpe de mano de Pedro Sánchez en esa Comunidad, en las próximas semanas. Podemos/Ganemos puede tener una oportunidad magnífica de alcanzar excelentes resultados, que le permitan, tras acuerdos programáticos con otras fuerzas de la izquierda, ocupar el poder en el Ayuntamiento y/o en la Generalitat Valenciana.
Mariano Rajoy, Presidente del gobierno y la mano (a menudo
invisible), que mece la cuna del PP.
(fuente: extraconfidencial)

Para la ciudad de Barcelona, da la sensación de que el panorama será Todos contra Trías (actual alcalde de CiU). El PP no tiene muchas opciones en Catalunya, y para Barcelona se está forjando una candidatura bastante potente bajo el liderazgo de Ada Colau, muy mediática por su activismo en las plataformas antidesahucio. ERC también juega fuerte, presentando a un peso pesado, Alfred Bosch, como candidato a la alcaldía. Las encuestas prevén que CiU podría ser la fuerza más votada, pero muy lejos de cualquier tipo de mayoría suficiente. Si Trías quiere seguir siendo alcalde, se verá obligado a negociaciones de todo tipo, algunas incluso contra natura. Según acaben siendo las cifras, quizá sería posible una reedición de Frente Popular o unión de varias fuerzas de izquierda. Pero ello conllevaría conseguir acuerdos que se anticipan como extremadamente complicados, teniendo en cuenta las diversas posturas frente al proceso soberanista.
Rita Barberá, alcaldesa de Valencia por el PP, incinerada
políticamente en mil batallas, no todas limpias.
(Fuente: vozpopuli)

El pronóstico para las elecciones catalanas de Septiembre es mucho más complicado, porque no está todavía claro, a fecha de hoy, el criterio con el que acabarán votando los electores. A la tradicional alineación más a la derecha o más a la izquierda, se añade allí la componente territorial y/o identitaria, partidaria o detractora de las posiciones separatistas o independentistas. Y, dicho sea de paso, Podemos va a tener allí un desafío complicado. Pese a que repetidamente la cúpula de Podemos se ha desmarcado de las tesis independentistas, aunque sí preconiza el derecho a decidir, parece que los equipos ganadores en la liza interna son bastante más próximos a ellas de lo que, seguramente, querría Pablo Iglesias. CiU, muy probablemente, va a explosionar en las dos fuerzas que la componen, que se presentarían a esas elecciones por separado, quizá con otros acuerdos con terceros. La posición de ERC seguramente se mantendrá en posiciones parecidas a las que tiene en la actualidad, pero habrá que ver cómo evoluciona el voto a la izquierda, entre Podemos (o la marca electoral que toque), Iniciativa y la propia ERC. Será interesante ver la evolución del voto de los independentistas instrumentales, aquellos que han visto en la independencia una posibilidad cierta de cambio real, que parecería imposible en el seno del Estado español, pero que no la sienten de modo visceral, como sí es el caso en el núcleo duro de ERC. Un colectivo, por cierto, que podría llegar a abarcar a la mitad de los que acabaron votando el 9N.
Ada Colau, candidata a la alcaldía de Barcelona por
Guanyem Barcelona (Barcelona en Comú).
(Fuente: eldiario)

La intensidad del tono plebiscitario que acaben tomando las elecciones catalanas, podría acabar marcando vuelcos electorales más o menos sorprendentes. En cualquier caso, como siempre que se proponen elecciones engañosas, la nueva legislatura no será muy larga y, con lo que sea que se haya conseguido en el campo autonómico y/o independentista, habría nuevas elecciones no más de un par de años después, para 2017, lo más tarde.

Pero el plato gordo será el regalo de la próxima Navidad, en forma de Elecciones Generales para el entorno de fin del año. Allí se van a dirimir las batallas más ilustrativas para el conjunto del Estado. Parece claro que Mariano Rajoy va a repetir cartel electoral por el PP, pero en Julio habrá elecciones primarias en el PSOE, donde habrá que decidir el candidato socialista a la Presidencia del Gobierno. A día de hoy, lo más probable es que el candidato sea Pedro Sánchez, aunque sin demasiado entusiasmo de los propios militantes. Porque no parece creíble que Susana Díaz esté dispuesta a abandonar Andalucía sólo unos meses después de haber revalidado, presuntamente, su posición allí.

Parece claro que no se va a repetir la mayoría absoluta del PP, pero el Partido Popular tiene grandes posibilidades de seguir siendo la fuerza más votada. En esas condiciones, el nuevo Gobierno dependería en gran medida de los resultados que obtengan el resto de candidaturas: Ciudadanos, que podría negociar un acuerdo de gobierno con el PP, si las cifras lo permitiesen; y muy especialmente los resultados que obtengan las tres fuerzas previsibles en la izquierda (PSOE, IU y Podemos). Podemos no conseguirá ni de lejos los resultados que hoy auguran las encuestas. La proximidad de las urnas provocará en muchos ciudadanos su realineamiento con otras fuerzas más convencionales de la izquierda, incluyendo al PSOE. Sí mantendrá, por supuesto, el voto de los que están convencidos de no tener nada que perder. Estos ciudadanos no atenderán a los múltiples argumentos del miedo que esgrimirán los grandes partidos contra Podemos, y les seguirán votando, como adalides de los de abajo.
Susana Diaz, la voz que mueve la silla de su secretario
general, Pedro Sánchez, desde Sevilla.
(Fuente: elpais)

Tras las Elecciones Generales, mi previsión es que va a seguir gobernando el PP, pero con posiciones muy matizadas respecto a su integrismo actual, por el necesario apoyo de otras fuerzas como Ciudadanos (o incluso UPyD, si consiguieran finalmente alguna representación). Me temo que el fenómeno de Podemos acabe provocando una atomización del voto tradicional de la izquierda, y que dificulte la posibilidad de soluciones multi-partito con mayoría suficiente.

Mi apuesta sería que la suma de votos de la izquierda (PSOE, IU, Podemos) esté en el entorno del 30%, parecido al resultado que pueda obtener el PP, tras el inevitable deterioro que provoca el ejercicio del poder, especialmente en estos tiempos tan duros de crisis que nos está tocando vivir. En estas condiciones, Ciudadanos podría ser un partido bisagra codiciado por varios. Sin olvidar a los nacionalistas, pero que nunca volverán a ocupar un rol tan protagonista en la política nacional como lo hicieron, especialmente, en algunos de los gobiernos de González y de Aznar.

Nos espera, sin duda, un año apasionante. Tras las elecciones andaluzas y las municipales y autonómicas de Mayo, revisaré este artículo, intentando afinar (o corregir, en su caso), las previsiones que aquí he vertido.

JMBA