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martes, 13 de noviembre de 2012

Catalunya en su laberinto/encrucijada

Supongo que la pregunta más fácil de responder sobre este tema sería algo así: ¿Por qué ahora?. La respuesta tendría que ver con ese conocido refrán del castellano clásico: Al perro flaco, todo se le vuelven pulgas.
Artur Mas, Mesías de una Tierra Prometida y candidato
a mártir del soberanismo catalán.
(Fuente: lavozlibre)

En algunas regiones de España existen ciertas fuerzas centrífugas que son habitualmente minoritarias. Están formadas por nacionalistas políticos, por nostálgicos irredentos, por los que han sucumbido a ensoñaciones enfermizas y por codiciosos (políticos) de toda laya. Estas fuerzas se mantienen latentes, se manifiestan en las urnas cuando toca o en la calle cuando hay ocasión, mas raramente alcanzan el mainstream de la sociedad, el pensamiento preponderante.

Pero hay algunas excepciones. Estamos asistiendo al hecho reseñable de que Artur Mas, Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya, se ha echado al monte. El destilado de su mensaje político es que la vida de los catalanes mejoraría si Catalunya fuera un Estado (lo de independiente a veces se le cae del discurso), en lugar de ser solamente una Comunidad Autónoma del Estado español. Este es el único tipo de mensaje nacionalista (centrífugo) que puede llegar a una mayoría suficiente de la población. El principio del enemigo exterior.

¿Por qué ahora?. Creo que hay tres motivos básicos para ello. Uno es que el proyecto de España como país, como nación, como Estado o como lo que carallo sea o quiera ser, es particularmente deprimente en estos últimos años. Creíamos que éramos ricos y ya formábamos parte de la élite mundial y la realidad nos ha devuelto a la triste constatación de que somos unos mindundis en los engranajes del mundo (del mundo que cuenta, se entiende). Corren malos tiempos para sentirse orgulloso de ser español. ¿Nacionalidad?: español, con perdón.

Otro motivo es que el Govern de CiU ha llevado adelante en estos dos años que lleva ejerciendo, los recortes más salvajes en los servicios básicos que más aprecian los ciudadanos (Sanidad, Educación). Y la única catarsis que se le ha ocurrido a Mas (y su entorno) para evitar que muchos ciudadanos le odien casi más de lo que odian al Gobierno de España del PP, es la invocación del soberanismo y de la independencia, entendida como la intención definida y decidida de desmarcarse del proyecto de futuro del PP para España (suponiendo, por cierto, que tengan uno)..

El tercer motivo es que ahora quien gobierna en España es el Partido Popular, y resulta tan, pero tan fácil, visualizarle como un enemigo de las clases medias y de los ciudadanos de a pie, que demonizarle no cuesta (casi) ningún esfuerzo. Sin embargo conviene no olvidar que el sustrato social de CiU y el del PP son básicamente el mismo. En otras palabras, ambas fuerzas defienden a los mismos, que casi con seguridad no somos ni tú ni yo, mi querido lector.

El resto es ya pura táctica política.

A ese Mas erigido en Mesías de una Tierra Prometida (en términos coloquiales catalanes le llamaríamos un sumiatruites - literalmente, un sueña-tortillas -) se le opone un Rajoy pequeñito, absolutamente desprestigiado, que parece (o no) ser solamente obediente a las indicaciones que le llegan desde los poderes reales o fácticos (la Banca, la Unión Europea, la Comisión, el FMI, la troika, el BCE, Alemania, Angela Merkel,...) y al que técnicamente llamaríamos un cagadubtes (literalmente, caga-dudas). Un cóctel ciertamente explosivo el de sumiatruites frente a cagadubtes.

A partir de ahí, ya todos mienten. Los que aportan pretendidos argumentos a favor o en contra, los que se esfuerzan en demostrar que una Catalunya independiente sería una ruina, lo mismo que los que intentan demostrar que sería un nuevo Edén; los que invocan la sagrada Unidad de España; los que refuerzan su opinión con argumentos históricos o historicistas, tanto a favor como en contra; los que invocan el imperio de la ley, ignorando que la ley emana de la soberanía popular. Y todos mienten porque el proceso de independencia de una región no está contemplado en ninguna ley ni en ningún reglamento (español o de ámbito europeo), y debería, por lo tanto, construirse haciéndolo, fruto de una serie de negociaciones que solamente tendrían sentido si se demostrara de forma fehaciente que una mayoría cualificada de la población de Catalunya realmente lo desea. Asumiendo, por supuesto, que una declaración unilateral de independencia no se le ocurriría plantearla a ningún político con voluntad de seguir dedicándose a ello.

Cada cual puede tener su propia opinión sobre ese proceso de independencia. Habrá quienes opinen que sería bueno para los catalanes y quizá negativo para el resto del Estado; los que crean que sería malo para los catalanes y también malo para el resto; los que intuyan que sería beneficioso para todos; o incluso los que se teman que sería un anticipo del fin del mundo.

Pero los políticos que gobiernan tienen la obligación de hacerlo al servicio de todos los ciudadanos, al margen de cuáles sean sus opiniones personales.

Es por ello que me gustaría ver a un Rajoy con agallas (él que acusa a Mas, con cierta razón, de no tenerlas para enfrentarse a la crisis), que iniciara una negociación para definir al detalle el ámbito y el contenido de un referéndum entre la población de Catalunya, a partir del cual se pudiera determinar sin error que la mayoría es efectivamente partidaria de iniciar un proceso de secesión, con todo lo que eso podría suponer. La pregunta o preguntas que habría que formular en un referéndum de ese tipo deberían ser objeto de una profunda negociación, y habría que acordar en qué sentido sería vinculante uno u otro resultado, para todos.

Pero en lugar de eso, que podría ser un proceso limpio que desarmaría por completo las burbujas catárticas, en dos semanas se van a producir unas elecciones autonómicas en Catalunya, donde es más que probable que CiU alcance la mayoría absoluta. Y Mas entenderá ese resultado como un plebiscito de sus posiciones, y a partir de entonces ya tendrá excusas suficientes para justificar ante su electorado que todo lo malo que, inevitablemente, les seguirá llegando, será producto de la cerrilidad de ese enemigo público de Catalunya que es el Gobierno del PP (y hasta el Rey, si vamos a eso, que tiene el mismo derecho que todos a tener su propia opinión personal, pero no tiene ningún derecho a sentar cátedra; su obligación es defender la soberanía popular, de donde emana todo lo demás) y no el resultado de una acción de gobierno de CiU que ningunea a las clases medias y a los ciudadanos de a pie, y beneficia a los que son de su clase o casta.
Pere Navarro, alcalde de Terrassa y candidato del PSC
a la Generalitat.
(Fuente: catalunyapress)

Mientras se tira de las riendas, todos pueden suponer, si así lo desean, que el galope de ese caballo debe ser muy elegante, pero nadie lo sabe con certeza. Sólo soltando (un poco) las riendas, se puede exponer a la atención pública la realidad de su trote afectado y de su galope cansino.

Bajo ningún concepto debería Rajoy elevar a Artur Mas a la categoría de mártir del nacionalismo catalán. Porque el martirologio es la máxima aspiración de cualquier nacionalista y es la última emoción mayor que resta antes del desastre.

Y todos los ciudadanos de Catalunya deberían ser conscientes de que estas Elecciones son tramposas, que tienen una dimensión de plebiscito de un cierto órdago de Mas, y que es indispensable que cada ciudadano reflexione y vote en las urnas si lo refrenda o no. Aunque para nada es así, algunos interpretarán el resultado de estas elecciones como si se tratara de un referéndum por la independencia de Catalunya. Los analistas de oficio no cesarán de sumar los escaños de las fuerzas (presuntamente) más proclives al independentismo y las más españolistas, y proclamarán una relación de fuerzas en base al resultado de estas próximas elecciones.

Hubiera sido mucho más limpio e ilustrativo que la primera votación popular en Catalunya fuera un referéndum consensuado entre Mas y Rajoy sobre el tema del soberanismo y de la independencia, en el que se formulara la o las preguntas correctas y a la que los ciudadanos pudieran responder sin vicarios intermedios.

Todavía nos tocará ver a Artur Mas hacer innumerables piruetas. Mas, que es un político listo (no estoy seguro si también inteligente) sabe bien que sólo apuntando al corazón se puede alcanzar la cabeza. Y también sabe, aunque no creo que se lo confiese ni a su almohada, que su objetivo realista último es conseguir administrar más dinero (un mayor presupuesto), con el que poder mangonear (distribuir) más a gusto de sus amigos. Mas sabe que la sola mención de la independencia ya supone tocar a rebato en muchos medios (a favor y en contra, por supuesto), y que, para muchos, cualquier cesión posterior parecerá un mal menor. A eso los médicos le llaman anestesiar, y los sociólogos narcotizar. 

Yo soy un catalán empadronado en Madrid, por lo que no puedo votar en Catalunya. Pero, si pudiera hacerlo, el 25 de Noviembre muy probablemente acabaría votando, por ejemplo, al PSC. Eso sí, tapándome la nariz y los ojos, porque su candidato (Pere Navarro, alcalde de Terrassa) carece de carisma personal y de visibilidad mediática, y el discurso del partido es errático y a menudo confuso; pero, por lo menos, han dicho con claridad que, en un eventual referéndum por la independencia, votarían que no. Probablemente les votaría aunque sólo fuera para evitar que mi abstención se entendiera como que no me importa lo que los políticos hagan de Catalunya, y para poner de manifiesto que la independencia no es mi opción.

Mariano, ya es hora de tomar una cierta altura de estadista y agarrar a este toro por los cuernos. Tratar de ignorarlo no lo va a anular sino que, acaso, lo hará mucho más fuerte y grande de lo que es en realidad. 

JMBA

lunes, 29 de octubre de 2012

España está enferma de falta de ilusión

A perro flaco, todo se le vuelven pulgas. Y España, en estos tiempos, es un perro flaco, un perro MUY flaco. O, atendiendo a algunos sinónimos que sugiere el Instituto Cervantes, es una nave rota (A nave rota, todo tiempo es contrario) o simplemente una desgraciada (Para los desgraciados, todos los días son martes).
España está enferma, le falta ilusión.
(Fuente: pensamientosrenovables)

Sufrimos una crisis económica a la que no se le ve final. El volumen de la Deuda (tanto pública como privada) es monstruoso. Y su financiación está resultando carísima (la prima de riesgo lo ilustra), por falta de credibilidad de España en el entorno internacional.

La cifra (oficial) de desempleo es descabellada. De acuerdo a los datos conocidos este viernes, uno de cada cuatro españoles en edad y condiciones de trabajar, no tiene empleo. Y ya totalizan casi seis millones de ciudadanos. Y más de 1,7 millones de hogares en todo el país, tienen a todos sus miembros sin empleo.

Siguiendo la estela de la reducción de los ingresos (por el paro, pero también por la Reforma Laboral), el consumo se ha ido constriñendo a lo más básico e imprescindible. Los supermercados casi venden únicamente las marcas blancas, y su fuerte demanda ha provocado un cierto aumento de sus precios. Los productos gourmet o los de capricho se pudren en sus estantes, sin nadie que se decida a comprarlos (unos porque no se lo pueden permitir; otros porque nunca se sabe lo que podremos necesitar).

La decisión de cambiar de coche o de renovar los electrodomésticos del hogar se pospone sine die, solamente guiada por lo que resulta obligado (averías repetidas de la lavadora,...).

Los restaurantes de lujo se ven obligados a cerrar sus puertas, o a popularizarse a base de ofrecer menús del día económicos tanto para el almuerzo como para la cena, y durante el fin de semana.

En las calles comerciales de todas las ciudades de España abundan las tiendas cerradas y los letreros de Se Vende, Se Alquila o Se Traspasa.

Con todo lo dramáticas que son estas circunstancias económicas, la crisis más grave que estamos viviendo es la crisis de proyecto de país. Todos vivimos sumergidos en el cortoplacismo, en las tácticas más estrictas de pura supervivencia; donde el mes que viene es ya largo plazo y donde todo puede cambiar (a peor) en cualquier momento. Lo más dramático que esta crisis nos ha arrebatado a los ciudadanos es la ilusión, es la esperanza que da pensar que estamos trabajando y malviviendo para conseguir un futuro mejor para los ciudadanos, para el país y para las futuras generaciones. Malvivimos para, simplemente, sobrevivir.

La desesperanza se ceba en el alma cuando los padres ven cómo la vida de sus hijos será mucho peor que la suya, al revés de lo que ha sucedido en todo el período del que tenemos recuerdo vivo. Los peores sacrificios tienen su compensación cuando se tiene la esperanza de que el futuro será mejor.

Siendo gravísima la crisis económica que estamos sufriendo, que está marginalizando a crecientes capas de la población, que está forzando al exilio a nuestros jóvenes excelentemente preparados, que está evaporando los ahorros de las familias,...  siendo gravísimo todo esto, la crisis más severa que sufre España y los españoles es la crisis de ilusión. Somos incapaces de visualizar un futuro por el que merezca la pena luchar.

Necesitaríamos estadistas visionarios, y sólo disponemos de políticos marrulleros, que se mueven en el muy corto plazo y que procuran para sí mismos y para sus círculos de interés. Necesitaríamos poder seguir el ejemplo de nuestros gobernantes, pero estos sólo nos brindan nuevos episodios de corruptelas, corrupciones e intereses espúreos. Y ello también incluye al Rey y a su familia. Recientemente se ha conocido una Declaración de Renta de su yerno (Iñaki Urdangarín), en la que declaraba salarios por 36.000 euros anuales, cuando La Caixa les había concedido una hipoteca de cinco millones de Euros (por el palacete de Pedralbes, en Barcelona), por la que tenían que pagar 52.000 Euros cada trimestre. Impresentable que se presentara, pero tampoco es de recibo que colara sin que nadie en la Agencia Tributaria siquiera pestañeara o que, por lo menos, no haya trascendido.
La única ilusión que nos queda, una isla tropical donde
comer cocos y dormir a pierna suelta.
(Fuente: defondos)

Con esa desesperanza en el alma, con esa sensación de que el país no tiene ante sí un futuro brillante (ni siquiera aceptable) en toda la eternidad que somos capaces de vislumbrar, con esa falta absoluta de ilusión en un proyecto común, no sorprende que todos soñemos con un premio de la Lotería que nos permita irnos a alguna isla tropical, donde lo peor que pueda suceder es que un huracán se lleve volando la cabaña periódicamente.

Y tampoco sorprende demasiado que muchos piensen en proyectos alternativos de país, y se refuercen las reivindicaciones de secesión y de independencia. Con estos mimbres, es complicado convencerles de que fuera estarán peor.

Si en el corto plazo ni pueden garantizar empleo para todos, ni salarios dignos para los que tienen la suerte de tener empleo, ni coberturas sociales para los más vulnerables... por lo menos que nos den buenas dosis de ilusión en un proyecto común de país en el que podamos creer.

Hace meses, si no años, que no nos llega ninguna noticia positiva sobre España (salvo esos ocasionales, pero muy meritorios, éxitos deportivos, que nos narcotizan por un corto espacio de tiempo). Cada noticia sobre el paro es un nuevo mazazo. La prima de riesgo se mueve errática, pero siempre por las alturas. Cualquier indicio positivo sobre el futuro del PIB es rápidamente desmentido por la realidad. El Gobierno presenta unos Presupuestos Generales para el 2013 que ni ellos mismos se creen.

Es posible que la Unión Europea (y Alemania más en particular) nos estén utilizando de cabeza de turco, nos estén entregando a las fieras para que estas no muerdan en el cogollo. Porque parece que el sistema bancario alemán (básicamente las sparkasse y los landesbank) ocultan hasta un cuarto de billón (de los de aquí, o sea 250.000 millones) de euros en activos tóxicos. Pero de eso, nadie habla, y todo aparenta estar impoluto al este del Rin.

Sea como sea, la peor crisis que estamos sufriendo los ciudadanos es la de ilusión. Nadie se cree que los sacrificios de hoy nos lleven mañana, con el esfuerzo de todos, a nada mejor, sino a más sacrificios y a más ciudadanos abandonados a su (mala) suerte en las cunetas de la historia.

Y es que a perro flaco, todo se le vuelven pulgas.

JMBA

viernes, 28 de septiembre de 2012

El Proyecto de Independencia de Catalunya

Vaya por delante mi autoinculpación de no haber seguido jamás ningún seminario para aprender a jugar al mus. Seguramente por ello no soy un español de libro. Debido a esa incapacidad, para mí la palabra órdago solamente tiene el sentido que le da el Diccionario de la Real Academia Española:


órdago.

(Del vasco or dago, ahí está).

1. m. En el juego del mus, envite del resto.
de ~.
1. loc. adj. coloq. extraordinario (‖ fuera de lo común). Borrachera, calor de órdago.



Eso de envite del resto sí lo puedo entender. Como a veces jugamos a póker con los amigos, sí entiendo lo que eso significa y, de hecho, en nuestras partidas lo tenemos explícitamente prohibido, para evitar que nadie pueda ganar solamente debido al hecho accidental de que disponga de mayor resto que los demás en la mesa.
Artur Mas, en el reciente pleno del Parlament de Catalunya.
(Fuente: cadenaser)

Pero me parece que lo que ha hecho Artur Mas en el Parlament de Catalunya es un órdago en toda regla, una demanda formal de divorcio. A pesar de que llevo ya muchos años viviendo en Madrid, yo soy catalán. Pero claro, tampoco debo ser un catalán de libro. Y mi opinión es contraria a la independencia de Catalunya (a su separación de España). Y no por motivos sentimentales, de españolismo mal entendido ni históricos (al final la Historia puede abonar casi cualquier teoría, y además la estamos creando entre todos todos los días). No soy partidario porque estoy absolutamente convencido de que sería un cambio negativo para las dos partes, que saldrían debilitadas del envite. Aparte de ir contradirección de la marcha de los tiempos.

Mas se enfrentó a esta legislatura - muy prematuramente truncada, al convocar Elecciones en Catalunya para el domingo 25 de Noviembre de este mismo año (un par de años antes de su conclusión natural) -, con un tema prioritario que era el llamado Pacto Fiscal, que es un modo relativamente eufemístico de llamar al Concierto Económico del que disfrutan, de acuerdo a la Constitución, tanto el País Vasco como Navarra, de acuerdo a los llamados derechos históricos.

El principio de los Conciertos Económicos es que los impuestos son recaudados por las respectivas Comunidades Autónomas, que negocian con el Estado la transferencia de un cierto porcentaje (llamado cupo), por el que pagarían los servicios que les presta el Estado.

Si hacemos un símil con una familia con 17 hijos, en que todos viven bajo el mismo techo, los 15 que no disponen de Concierto ven cómo sus salarios son ingresados en la cuenta familiar, y el cabeza de familia negocia con cada uno la paga mensual que recibirán para hacer frente a sus gastos. Los dos que disponen de Concierto funcionan al revés: su salario se ingresa en su propia cuenta y negocian con el cabeza de familia la contribución que realizarán al presupuesto familiar, a cambio de tener techo, cama, mesa puesta, televisor plano en el salón y ropa planchada.

En mi casa crecimos tres hermanos. Cuando empezamos a trabajar, negociamos con mi padre que un cierto porcentaje de nuestros ingresos salariales se transferiría automáticamente al presupuesto familiar, mientras compartiéramos el mismo techo. Creo que disfrutamos del Concierto Económico Familiar. Como cualquier método que se quiera elegir, este tiene algunas ventajas y algunos inconvenientes para todos. Si se conseguía una promoción profesional con aumento salarial, se disponía automáticamente de más dinero en el bolsillo o en la cuenta propia, pero también automáticamente se incrementaba la contribución al sostenimiento de la familia (aunque sus servicios fueran básicamente los mismos). Del mismo modo que disminuirían ambos si alguno tenía la mala suerte de caer temporalmente en el desempleo.

En la Constitución Española (redactada y aprobada en 1978, y nunca modificada hasta hoy en estos extremos) se contempla este régimen solamente para dos Comunidades. Eso, lógicamente, podría cambiar si se modificara la Constitución.

Las otras 15 Comunidades sin Concierto funcionan con la negociación casi permanente de la financiación autonómica (de la paga, si seguimos con el símil de una familia). Es decir, la definición de cuánto dinero va a transferir el Estado al presupuesto de cada Comunidad, para que ésta pueda hacer frente a sus compromisos de pago. Por supuesto, esta negociación puede ser más o menos ventajosa para la Comunidad Autónoma dependiendo de muchos factores: afinidades políticas entre las partes, contraprestaciones en forma de apoyos en el Congreso, intensidad del lloro, aumentos o disminuciones de la población, etc. etc. En las Comunidades con Concierto la negociación se limita a definir el porcentaje del total de ingresos que va a constituir el cupo.

Per se, ninguna de las dos fórmulas es más ventajosa que la otra. Pero con el Concierto da la sensación de que la reacción de la Administración autonómica - en lo que se refiere, por ejemplo, a decisión sobre inversiones - puede ser más rápida ante aumentos o disminuciones significativas de los ingresos por impuestos. Pero también puede ser que limite la capacidad del Estado Central en la redistribución de las rentas, lo que a menudo se conoce como solidaridad interterritorial. Ciertos políticos regionales pueden sentir predilección por la fórmula del Concierto Económico, porque ello significa que la llave de la caja - para lo que valga, que es para bastante poco - está en sus manos.

Dentro de la Unión Europea, los diferentes países funcionamos, a efectos prácticos, con un esquema parecido al del Concierto Económico, por el que se define, de una u otra forma, el volumen de contribución de cada Estado a los Presupuestos de la Unión Europea.

En España, creo que entraría dentro de lo razonable, con una organización autonómica madura, próxima a lo federal, que todas las Comunidades Autónomas se rigieran por el principio de un Concierto Económico. Que nuestra actual organización autónomica sea o no madura es otra conversación, y todavía estamos pagando los platos rotos del café para todos. En la situación actual, con seguridad no es una prioridad el cambio del modelo de financiación, pues hay otras muchas labores que deben resolverse antes (racionalización del gasto, restructuración de la administración, abolición de taifas,...)

Decía, pues, que el objetivo que definió Artur Mas para esta legislatura era conseguir el Pacto Fiscal (el Concierto Económico) para Catalunya. En su reunión con Rajoy la pasada semana en La Moncloa, el Presidente del Gobierno, con una indolencia a la que ya nos hemos venido acostumbrando, cerró esa posibilidad para Catalunya, y puso de manifiesto su nula voluntad de negociar absolutamente nada en esa dirección. Está claro que la Constitución (en su redacción actual) no lo permite, pero todas las leyes son de elaboración humana y, por lo tanto, con las debidas garantías, eso sí, pueden modificarse.

Por otra parte, iniciar una negociación de Pacto Fiscal con Catalunya provocaría, sin ninguna duda, demandas equivalentes por parte de algunas otras Comunidades Autónomas que estimen que su balanza fiscal actual (presuntamente) les resulta desfavorable. Pero, posiblemente, podría ser una ocasión de oro para revisar por completo el modelo de estado autonómico que consagró la Constitución en 1978, en un estadio muy primigenio todavía de la democracia en España, con riesgos de involución y ruido de sables. La mayoría, creo, estamos de acuerdo en que la implantación y el despliegue de ese modelo ha tenido muchas disfunciones y algunos abusos, y podría ser la ocasión de revisarlo por completo, posiblemente en un intento honesto de homologarlo con los modelos federales, que son conocidos, respetados y bien entendidos por todo el mundo (en todo el Mundo). Nos ahorraríamos tener que explicarlo cada vez.

Pero en el discurso de Rajoy y del PP en general, prima la defensa a ultranza de la Constitución (tal y como se aprobó en 1978, salvo cuando los alemanes obligan a algún cambio) y de la (presunta) Unidad de España. Incluso hemos tenido que oír de nuevo algunas voces de otros tiempos, que creíamos olvidadas, invocando lo sagrado de algunos principios que, finalmente, no son más que decisiones políticas de las mayorías de cada momento.
Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno de España.
(Fuente: 20minutos)

Encontrando, pues, la puerta cerrada a cal y canto para el proyecto estrella de su legislatura, a Artur Mas no le quedaba ya más remedio que finalizarla y convocar Elecciones Autonómicas. Y ahí es cuando lanzó su órdago: dado que el Pacto Fiscal no es viable, la única solución de futuro para Catalunya es la independencia de España. Por supuesto, el tono jesuítico habitual del lenguaje de Convergència i Unió no les permite plantearlo con esta claridad, pero se les entiende todo.

Puesto en la forma de una pareja en crisis, el (presunto) diálogo sería como sigue:

- Necesito más espacio
- No digas tonterías
- Pues quiero el divorcio

La crisis de relación entre Catalunya y el resto de España tiene algunos orígenes genuinos y muchos otros simplemente espúreos. Por las dos partes hay montones de prejuicios enfermizos. Se ha hecho bandera de los idiomas, por una y otra parte. Yo soy muy práctico y poco sentimental con ello, y entiendo que los idiomas son herramientas que nos facilitan podernos entender unos con otros. Y constituyen un bien cultural que hay que preservar y desarrollar. Punto. De ahí a que se conviertan en armas arrojadizas hay un buen trecho. Muchos catalanes acaban pensando que la mayoría del resto de los españoles es perezosa y demasiado amante de los subsidios y las subvenciones (ay, ay, ay, sospechosamente parecido a lo que piensan los alemanes de los del Sur...) . Muchos españoles no catalanes piensan que los catalanes son insolidarios. Algunos españoles no catalanes están convencidos de que en Catalunya se persigue al castellano parlante, y bastantes catalanes creen a pies juntillas que cruzando el Ebro se adentran en territorio hostil.

Curiosamente, este rosario de agravios mutuos es mucho menor entre aquellos (de una u otra parte) que conocen bien al resto. Lo cual no hace más que poner de manifiesto que las élites (políticas y económicas) de ambos lados han manipulado y manipulan a la opinión pública en su propio beneficio. Y los medios de comunicación, deliberada o a veces involuntariamente, azuzan esa manipulación, de modo que para un español (no catalán) medio acaba siendo indiscutible que todos los catalanes son unos c....... insolidarios que van a lo suyo y nos desprecian, y un catalán medio acaba sumido en la melancolía identitaria de que en el resto de España no nos quieren. La realidad, para los que tienen posibilidades de desvelarla, desmiente (casi) por completo estas visiones sesgadas.

Cuando cualquier pareja atraviesa una cierta crisis, lo peor que puede suceder es que intervengan los familiares y amigos de una u otra parte, porque la máxima posibilidad es que agraven todavía más la situación, aceleren el deterioro de la relación y enconen las enemistades.

Y es en este contexto enrarecido que Artur Mas convoca Elecciones Autonómicas en Catalunya, unos dos años antes de lo que correspondería legalmente. Se ha envuelto en la senyera, mientras Rajoy y el Gobierno se envuelven en la rojigualda. ¡Cómo me aterran todas las banderas que tienen un tamaño suficiente como para hacerse chales con ellas!.

Tras el portazo de Rajoy, ahora parece no quedar más remedio que lidiar con la demanda de divorcio. Pleitos tengas y los ganes, era la maldición preferida de aquella gitana. Porque si se llega a eso, ambas partes van a perder y mucho. Creo que todos los españoles (e incluyo, por supuesto, a los catalanes) deberíamos tener muy claro que ese escenario no nos va a favorecer nunca y de ningún modo. En ese terreno, todos pierden, todos perderemos.
(Fuente: ociolatino)

Pero el caballo ya está desbocado y Mas ha planteado las Elecciones de Noviembre como un auténtico plebiscito popular a su proyecto, para que sea finalmente él quien lidere el proceso para la independencia de Catalunya. Pero eso pasa por el hecho (que está por ver) de que CiU consiga mayoría absoluta en el Parlament de Catalunya. Tras las (muchas ) personas que salieron a la calle el 11 de Septiembre, bajo el lema de Catalunya, un nou estat d'Europa, ha llegado el momento de que todos los catalanes, en las urnas, manifiesten su conformidad o no con la deriva independentista de la que se ha revestido Artur Mas.

Conviene aquí no olvidar que Artur Mas desde la Generalitat de Catalunya, como el propio Rajoy desde el Gobierno de España, ha sido el protagonista indiscutible de los mayores recortes antisociales de toda la democracia. Porque tanto Convergència como el PP representan, políticamente, la misma banda del espectro, y defienden a las mismas élites. El Proyecto de Independencia representa para Artur Mas lo mismo que la Guerra de las Malvinas para la Junta Militar Argentina: la identificación de un enemigo exterior,  que disimule y oculte la fuerte crisis económica que todos venimos sufriendo.

Otras fuerzas políticas más sensatas deberían ver progresar sus posiciones, y mejorar su capacidad de influir en la deriva que tomen los acontecimientos. Pero el PSC tiene su propia crisis interna muy profunda (incluida la indisciplina de voto), y no tiene decidido quién será su candidato (lo tendrá que ser Pere Navarro; no hay tiempo para otra cosa); Esquerra Republicana  (en los tiempos de Heribert Barrera, por ejemplo) era una fuerza testimonial y nostálgica, a la que participar en el tripartito y tocar poder le desató los peores fantasmas, delirios de nuevos ricos incluidos. La Izquierda (tradicionalmente en formaciones mixtas de nombres inacabables) debería superar sus complejos y articularse como una alternativa viable de Gobierno. Si les queda algo de marxista, el marxismo siempre ha sido internacionalista y no nacionalista. Y el PP, sin duda, debe esforzarse en recaudar los votos de centro derecha que no simpaticen con la deriva independentista de CiU.

Si Mas consigue ver reforzada su posición, y la idea de hoy se convierte en un proyecto firme, más vale que el Gobierno de España se preste a trabajar codo con codo con la Generalitat para celebrar un referéndum sobre la independencia en Catalunya, donde todos los ciudadanos de Catalunya puedan manifestar su opinión y su posición sobre ese escenario de futuro, sin tapujos, sin trampas ni medias verdades. A estos efectos, puede aportar alguna luz la lectura reposada de la llamada Clarity Act (1999) de Canadá, una pieza legal (de no más de 4 páginas) que define las condiciones exigibles antes de iniciar cualquier negociación de secesión de una de sus provincias (Québec, lógicamente, sería la candidata más probable). La Constitución de Canadá, como la española, no contempla esa posibilidad, y debería, pues, igualmente modificarse.
(Fuente: momeces)

Y si se confirmara (cosa que espero que no se produzca) la voluntad mayoritaria de divorcio de una de las partes, ese ya resultaría inevitable, y habría que concentrarse en definir, en los tiempos siguientes, el detalle de las condiciones en que se produciría, el inventario y reparto de los activos y pasivos, de los bienes gananciales y decidir quién se quedaría con los amigos.  Si recortáramos con una sierra de calar por los actuales límites de Catalunya con Francia, con Andorra, con Aragón y con la Comunitat Valenciana, cortaríamos de cuajo muchas venas y arterias (desde carreteras, líneas ferroviarias, ríos, canales o acequias, oleoductos, gasoductos, etc. hasta rutas comerciales, flujos financieros o relaciones personales). Para cada una de ellas  ese cirujano virtual debería habilitar la mejor solución que evitara que la sangre acabara en el mar.


Catalunya pasaría a ser un estado (geográficamente) europeo independiente, pero políticamente fuera de la Unión Europea y de la zona euro, con su propia moneda nacional, inclinada pertinazmente a la devaluación, por lo menos durante los primeros años. Debería hacer frente a la fuerte crisis económica y a la elevada deuda, que ahora muchos parecen haber olvidado, disimulada tras sus melancolías identitarias.

Nadie debe olvidar que los divorcios nunca resultan gratis y no benefician a ninguna de las partes. Sólo son un recurso (legal) para poner punto y final a una situación de convivencia que, al menos una de las partes, estima como insostenible. Y en todo el proceso conviene huir de las histerias y de los victimismos. Que hablen los abogados que, aparte de llevarse crudo parte del botín, son los únicos que no están emocionalmente vinculados al conflicto. 

Pero nadie debería transmitir el mensaje de que tras la independencia viviremos mejor. Porque eso, al menos durante bastantes décadas, sería simplemente falso. En ambas orillas.

JMBA