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lunes, 25 de marzo de 2013

Un ejemplo de malas prácticas: Buffalo Grill de la Gare du Nord

Frente o cerca de la estación del Norte de París (Gare du Nord), hay infinidad de bares y restaurantes.

En particular, hay dos especialmente dedicados a los carnívoros o los amantes de la carne. El primero es el Buffalo Grill (rue de Dunkerque esquina con el boulevard de Denain), y otro es el Hippopotamus, que está en la misma calle, pero en la siguiente esquina.

En mi última cena en París (esta vez), decidí hacerlo en el Buffalo Grill (que está una manzana más cerca que el Hippopotamus, desde mi hotel).

Cuando me senté, vi como la pareja sentada en la mesa de al lado estaba francamente insatisfecha (especialmente ella) por lo que les habían servido. El camarero se lo llevó (no sé si era para pasárselo un poco más, o lo que fuera). Cuando se lo devolvió, a la chica no le desapareció la carita de asco, aunque fue haciendo de tripas corazón. Cuando se fueron, otra pareja que ocupó su lugar también tuvo sus trifulcas con el camarero (platos que van y vienen; siempre una mala señal).

Yo pedí un Pavé de buey (una pieza que no tiene desperdicio, que se presenta en forma de cubo y que, no siendo tan fino como el Fillet Steak, se come muy agradablemente con una salsita de pimienta, por ejemplo). Añadí al pedido una botella de 50cl de Chinon tinto (un vino razonable en precio y de calidad suficiente) y media botella de SanPellegrino (agua con gas italiana). En conjunto, un cliente del entorno de los 30€, que tampoco abundan.

Cuando me sirvió el pavé, me lo quedé mirando (a la carne, y también al camarero) con expresión de desconfianza. La pieza que me sirvieron se parecía más a lo que habitualmente se conoce como Onglet. Por supuesto, el camarero intentó convencerme de que en esa casa el pavé se sirve deconstruido así (planito, nada  cúbico,...).

La pieza no estaba mala, y me la acabé comiendo. Cuando me retiraron el plato, la camarera (creo que ya habían hecho el cambiazo, intentando evitar el desastre) me preguntó si había terminado. Le dije que sí, pero que no me había gustado. Mirando al plato (donde sólo quedaban algunas patatas fritas) me vino a decir que "pues bien que se lo ha comido usted". Intenté transmitirle la idea de que la pieza no estaba mala, pero que no era lo que yo había pedido. Me temo que sin éxito.

En los siguientes minutos intentaron ignorarme, no pedirme si quería postre, ni ofrecerme café, ni nada. Cuando fui al servicio, le pedí a la camarera que me sirvieran un Expresso y me trajeran la cuenta. Volví a la mesa, y nada de eso había sucedido. Luego el camarero trajo el café, y le pedí de nuevo la cuenta. Al rato largo, y de mala gana, me la dejó en la mesa.

Puse una VISA muy visiblemente encima de la cuenta, pero pareció que no se daban por aludidos. Hasta que me levanté y me fui hacia el mostrador, donde pedí pagar la cuenta. La camarera (de nuevo ella) intentó convencerme de que 'en su casa, el pavé es que es así'. Aunque tampoco lo intenté mucho más, no conseguí sacarla de su error.

Moraleja: Intentan esforzarse en no escuchar a sus clientes insatisfechos, convencidos de que a base de ignorarles, desaparecerán. Y es cierto. Primero desaparecerán los clientes que han repetido alguna vez (aunque sólo sea un par de veces al año). Luego desaparecerán los demás. Y, más adelante, ellos mismos se consumirán viendo cómo los clientes, que parecen ser diferentes cada día, pero que siguen un cierto patrón, y para los que la reputación de un local (en la red, pero no sólo) es una cierta seña de identidad, pasan de largo de su local y escogen otros de los que abundan en los alrededores. No sabrán qué es lo que pasó, pero su local, una noche tras otra, estará casi vacío.

Moraleja 2: Tus clientes son tu riqueza. Aunque creas que siempre son diferentes, todos siguen un cierto patrón común, o atienden a indicaciones parecidas. Si les ignoras, ellos acabarán ignorándote también. Y tendrás que comerte tus propios pavés deconstruidos, porque no habrá quien lo haga por ti (pagando, eh....).

En fin, para el que aterrice en las proximidades de la Gare du Nord de París, y quiera cenar carnaza, hoy por hoy la mejor recomendación es andar una manzana más, y recalar en el Hippopotamus. De momento, parecen entender mejor su negocio que los aficionados del Buffalo Grill.

Para bien y para mal, es la maldición de las franquicias. Que, a fin de cuentas, cada establecimiento es de su padre y de su madre.

JMBA  

viernes, 23 de marzo de 2012

Londres y París:. Cenar se cena...

La próxima semana os daré algunos artículos sobre este viaje de inicio de primavera, a Londres y París, con abundantes fotografías.

Pero hoy, desde el Hotel Paris Liège junto a la Gare du Nord de Paris, os quiero adelantar algunos detalles.

El jueves cené en Londres, en un Angus Steak House, en Cranbourne Street, junto a Leicester Square. Un lugar relativamente exquisito, cuyo principal objetivo es servir carnes de primera calidad a los clientes. Siempre que se sepa pedir con el nivel de cocción adecuado. A los que nos gusta la carne roja por dentro (lo que los franceses llaman segnant), en Inglaterra no hay que tener pudor, y pedir la carne rare (cruda). aunque la mayoría de camarer@s ya entiende cuando se pide segnant, red inside.

La verdad es que la carne estaba excelente, si no superior. Claro que todos los extras suponían algunas libras de más en la cuenta final. El pan, la salsa a la pimienta, las patatas fritas,... Todo aparece en la cuenta final, una o dos libras cada elemento.

El vino no es parte de la cultura británica, pero ya han aprendido que hay muchos viajeros que lo aman, especialmente para acompañar a una carne bien hecha. Habitualmente, ofrecen vino en copas, porque casi nadie en UK se permite el pedir una botella de vino. La mejor opción que conseguí fue pedir dos copas de 250cl de un Merlot inconcreto de Pays d'Oc.

La camarera (tod@s l@s camarer@s) eran cáucasicos (habría español@s, italian@s, o bien estoni@s o leton@s). La que me tocó en suerte (soy incapaz de identificar su origen) fue una morena pecosa, con mucho gracejo en el cuerpo.

Tras todos los excesos (ojo, comedidos, que eso es Londres), acabé pagando 55 Libras (tras añadir algunas libras como propina - gratuity o pago del servicio- para la morena pecosa). En londres, nunca acaba de estar claro si el servicio está o no incluido.

Hoy viernes he cenado en París, en un lugar parecido, al menos en sus objetivos. Un Hippopotamus frente a la Gare du Nord. Un lugar cuya especialidad es ofrecer al cliente las mejores carnes, excelentemente cocinadas.

Ningun@ de l@s camarer@s se podría llamar caucásico. Prácticamente tod@s eran negr@s de diversa intensidad, incluyendo a una negrita cachosa, que alteraba al personal con sus paseos.

Escogí como plato principal un coeur de rumsteack (parecido al Fillet Steak que escogí en Londres, aunque algo inferior). El Fillet Steak la verdad es que es una maravilla para quien le gusta la carne (y puede pagar lo excelente). Pedí un chaud de chèvre para empezar (un par de medallones de queso de cabra gratinado, sobre una rebanada de pan negro, acompañados de hierbas verdes que más vale olvidar). Lo que se podía comer, estaba muy rico.

Como Francia es país de vinos, la carta permitía algunas variaciones interesantes. Al final, pedí una botella de Côtes du Rhône Villages (Roumanière, 14º), un vino mediterráneo que estaba excelente, tanto en su ligereza como en su contundencia. Como en Londres, pedí una botella de agua mineral con gas. Aquí fue un Eau de Perrier (50cl.; el agua con gas moderado que ha puesto Perrier en el mercado), mientras que en Londres tuvo que ser 1l. de Schweppes Algo Well, porque la alternativa era una botellita de tamaño ridículo.

Hoy, en París, frente a la Gare du Nord, pagué el mismo importe, pero en euros, 55 de vellón.

La diferencia, si me permitís, es la joie de vivre que forma parte del sentimiento diario de los franceses, o el prejuicio británico (si disfrutan, que paguen) respecto a los que aman vivir más allá de la Union Jack.

Dos cenas simples, pero espectaculares en su calidad. Mi único consejo es que no dejéis de lado ni una ni otra. Hay cosas que son más caras allí que aquí, y otras puede que al revés. Pero el placer que podéis obtener no tiene medida. No intentéis medirlo con la cartera, que es medida muy pobre y poco cualificada.

En resumen, dos cenas basadas en la carne, con factura de 55 (libras ayer; euros hoy), que permiten volver al hotel con ganar (auténticas) de dormir unas horas.

55. Esto es lo que cuesta una cena de productos de buena calidad, con su vinito, sentadito y que te sirvan, tanto en París como en Londres. Nada de cocina creativa, sólo excelente materia prima, bien cocinada. La diferencia entre Euros y Libras es el factor de distorsión que introduce la política.

Me temo.

JMBA