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martes, 19 de agosto de 2014

ExAO (3): La Vera y Valle del Jerte

Ya os he contado la descripción general del viaje en coche por Extremadura y Andalucía Occidental que tuve ocasión de realizar a primeros de Junio de 2014. También he publicado dos capítulos de detalle, dedicados a Las Hurdes y a la ciudad de Plasencia.
El Valle del Jerte, desde el Mirador del Puerto de
Tornavacas (1.325m. s.n.m.)
(JMBigas, Junio 2014)

El martes 3 de Junio, con base en Plasencia, lo dediqué a recorrer la comarca de La Vera y el Valle del Jerte. Geográficamente, Plasencia forma parte del Valle del Jerte y, de hecho, el río Jerte pasa por la ciudad. Sin embargo, administrativamente, Plasencia tiene entidad propia y separada de la comarca del Valle del Jerte. Las dos comarcas se encuentran al noreste de la provincia de Cáceres.

Inicié el recorrido por la comarca de La Vera. Es posible que me equivocara, porque acabé recorriendo muchos kilómetros prácticamente en vano. Pero decidí empezar la visita por la parte más oriental de La Vera, por Madrigal de La Vera. Esto me llevó a realizar un largo recorrido por autovía, primero por la EX-A1 hasta Navalmoral de la Mata, luego un pequeño recorrido por la A-5 (la Autovía Madrid-Extremadura), hasta desviarme, ya en la provincia de Toledo, por la carreterita, prácticamente recta, que primero se llama TO-1297 hasta Las Ventas de San Julián, juntándome luego con la carretera autonómica CM-5102 hasta el límite con la provincia de Cáceres (al cruzar el río Tiétar), donde se convierte en la EX-384, llegando finalmente a Madrigal de La Vera. Resulta impresionante, en el recorrido toledano de la carretera, ver, a un lado y al otro de la carretera, los portales de acceso a las enormes fincas de la zona. Muchas de ellas tienen actividades agrícolas y ganaderas, y la mayoría ofrecen cotos privados de caza, donde organizar cacerías y monterías.
Puente de Cuartos
(JMBigas, Junio 2014)

La Vera es una comarca que se encuentra al sur de la Sierra de Gredos. Su paisaje suavemente ondulado y muy atractivo, su proximidad con la Sierra y la relativa cercanía con las zonas densamente pobladas del centro de la Península (Madrid y alrededores), han hecho que la comarca sea elegida por muchos veraneantes como lugar ideal para una segunda residencia.

Por el sur de la comarca discurre el río Tiétar, y hay numerosas gargantas laterales por las que baja el agua desde la sierra, desembocando finalmente en el río.

El producto más conocido de la comarca es el pimentón, utilizado como condimento en multitud de platos y en muchos embutidos como, por ejemplo, el maravilloso chorizo de León. Lo que hace característico al pimentón de La Vera (a diferencia del de Murcia o de otros países) es su toque ahumado, provocado por el secado mediante el humo de madera de roble o encina, durante el otoño.
Claustro del Monasterio de Yuste.
(JMBigas, Junio 2014)

Desde Madrigal de La Vera, fui recorriendo la carretera principal que recorre la comarca, la EX-203. Me detuve, ya en las proximidades de Losar de la Vera, en la Garganta de Cuartos (N 40,110783º; O 5,582275º). Esta es sólo una de las muchas que hay por la comarca, por la que discurre un flujo permanente de agua, que puede ser muy abundante en época de deshielo. La Garganta de Cuartos procede del Alto de los Riscos y, tras recorrer unos 27 kilómetros, desemboca en el río Tiétar. En ella está el Puente de Cuartos, de dos ojos (uno principal y otro auxiliar), del que ya se daba cuenta en 1.844, y que hoy se puede cruzar a pie.

Toda la zona está muy desarrollada para su uso recreativo y también para la pesca sin muerte (principalmente, de trucha arcoiris o de perca). Hay allí un chiringuito que ofrece comidas y refrigerios a los visitantes.
Piscina y jardines del Palacio de Carlos V, en Yuste,
desde la balconada.
(JMBigas, Junio 2014)

Tras tomar allí un café, disfrutando de la soledad del lugar en un martes laborable de Junio, seguí camino por la carretera principal. El pueblo de Losar de la Vera, muy próximo, es famoso por las esculturas vegetales que jalonan su avenida principal, que es la propia carretera EX-203.

Seguí camino hacia el oeste, cruzando por algunos de los pueblos más conocidos de la comarca (Jarandilla de la Vera, Aldeanueva de la Vera). Llegando a Cuacos de Yuste me desvié a la derecha, para visitar el Monasterio de Yuste.

El monasterio original se construyó a principios del siglo XV, y fue ocupado por monjes de la Orden de San Jerónimo. Alcanzó cierta fama porque fue escogido en 1.556 por el emperador Carlos V para vivir allí los últimos años de su vida (acabó muriendo en Yuste en 1.558). Para su estancia se construyó el llamado Palacio de Carlos V, un anexo sobrio, si no austero, al propio monasterio, utilizando los propios planos que envió el emperador. Fue prácticamente destruido durante la Guerra de la Independencia a principios del siglo XIX, y, tras la desamortización de Mendizábal se vendió en pública subasta. En 1949 se inició la restauración del edificio. Actualmente gestionado por Patrimonio Nacional, fue declarado en 2007 como Patrimonio Europeo.

Está preparado en la actualidad para acoger a los visitantes. La entrada cuesta 9€ (con algunas posibles reducciones), y permite visitar el claustro y parte del monasterio, la iglesia y el propio Palacio de Carlos V, que cuenta con muchos de los muebles y enseres de la época. Su nombre oficial completo es Monasterio de San Jerónimo de Yuste, aunque actualmente está ocupado por monjes de la Orden de San Pablo Primer Eremita.
Garganta Mayor, junto a Garganta La Olla.
(JMBigas, Junio 2014)

En la explanada frente al Monasterio, junto a la carreterita CCV-913, hay un amplio espacio para aparcar los coches. Desde allí se accede al Monasterio, a las taquillas de venta de entradas y a una tienda de recuerdos gestionada, también, por Patrimonio Nacional.

A destacar el claustro del Monasterio, así como la balconada del Palacio de Carlos V, desde la que se domina la alberca o piscina, así como los amplios jardines. Además, se tienen buenas vistas del valle, dada la situación elevada (707m.) del Monasterio respecto al pueblo de Caucos de Yuste (582m.).

Muy poquitos visitantes había ese martes de Junio. No sé si llega a haber aglomeraciones en fechas más vacacionales de pleno verano, por ejemplo.

Desde Yuste seguí camino, primero por la CCV-913 hasta Garganta La Olla, y luego por la carretera CV-561 que acaba cruzando la Sierra, hacia el Valle del Jerte. En las cercanías de Garganta La Olla me detuve a contemplar la maravillosa Garganta Mayor (645m. de altitud). Entre árboles, el arroyo fluye, con algunas pequeñas cascadas, hacia la relativamente lejana desembocadura en el río Tiétar.
El río Jerte, en las proximidades de Cabezuela del Valle.
(JMBigas, Junio 2014)

A partir de Garganta La Olla, la carretera es de montaña, estrecha y con infinitas vueltas y revueltas. Asciende hasta el Puerto de Piornal (1.320 metros de altitud). Desde allí desciende hacia el pueblo de Piornal y el Valle del Jerte, juntándose finalmente con la carretera principal del Valle, la N-110 (a algo menos de 500 metros de altitud), que lo recorre por completo en dirección NE-SO.

Por esa carretera puse rumbo hacia el Puerto de Tornavacas, que es la puerta natural de acceso al Valle del Jerte desde la provincia de Ávila (El Barco de Ávila) y desde Madrid.

En el Valle del Jerte abundan, de forma abrumadora, los cerezos. Las cerezas de la comarca tienen mucha fama (bien merecida), y el valle en sí se convierte en un espectáculo al inicio de la primavera (habitualmente, finales de Marzo), cuando florecen los cerezos. Parecería que el Valle estuviera nevado, por el efecto de las infinitas flores blancas de los cerezos que se cultivan en todas partes en el Valle del Jerte.

Como ya era hora de comer y me apretaba el hambre, busqué algún lugar conveniente en el pueblo de Cabezuela del Valle. Finalmente, escogí un merendero (el Torcas) junto al río Jerte, en las afueras del pueblo. Tomé un Menú muy completo (más abundante de lo que hubiera deseado), por lo que tuve que dedicar luego un rato a una higiénica cabezadita. Que el día estaba caluroso, y tras la comida el sopor resultaba invencible.
Puerto de Tornavacas.
(JMBigas, Junio 2014)

En lo alto del Puerto de Tornavacas (a unos 1.325 metros de altitud), hay un amplio Mirador, desde el que se tienen impresionantes vistas de todo el Valle del Jerte. En ese día laborable de Junio, y sin el aliciente de la floración de los cerezos, estaba totalmente desierto. Sin embargo, las vistas del valle son impresionantes, como podéis ver en alguna de las fotografías.

Desde allí, ya a media tarde, regresé por la N-110 hasta Plasencia. En todo el Valle, el río Jerte y los cerezos son los auténticos protagonistas.

Desgraciadamente, la planificación de mi viaje sólo me permitió un recorrido relativamente apresurado por estas dos comarcas. Pero su belleza natural y la inacabable oferta de actividades de naturaleza de todo tipo (múltiples paseos a pie o a caballo, senderismo, montañismo, actividades náuticas, etc.) bien merecen instalarse unos días allí, para poderlas disfrutar con reposo y sosiego. Otra vez será.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este capítulo, podéis acceder a una colección más completa, con 34 imágenes, pinchando en la siguiente foto.


También podéis acceder a un breve vídeo, que ilustra alguna de las etapas de esta jornada.


JMBA

jueves, 3 de julio de 2014

ExAO (2) - Plasencia

Ya os conté la descripción general del viaje que tuve ocasión de realizar a Extremadura y Andalucía Occidental, y también la primera jornada del viaje, desde Madrid hasta Plasencia, pasando por el Puerto de la Cruz Verde, Guijuelo y Las Hurdes. Hoy os contaré mi breve visita a la ciudad de Plasencia.
El complejo de las Catedrales de Plasencia, desde la sala
de desayunos del Hotel Alfonso VIII
(JMBigas, Junio 2014)

Plasencia es la segunda ciudad más poblada (pop. 41.047) de la provincia de Cáceres, y se encuentra al norte de la provincia. Aunque la cruza el río Jerte y, geográficamente, pertenece al Valle del Jerte, administrativamente es independiente de esta comarca.

La ciudad fue fundada en el año 1.186 por el rey Alfonso VIII de Castilla. Inicialmente fue una fortaleza de frontera, pues el reino de León estaba al norte, y los musulmanes al sur. En la actualidad es una pequeña ciudad que constituye el centro administrativo, comercial y de servicios para todas las comarcas del norte de la provincia de Cáceres. Las murallas originales siguen en pie, abrazando el llamado Conjunto Histórico de la ciudad.
Edificio señorial del Hotel Alfonso VIII.
(JMBigas, Junio 2014)

Llegué a Plasencia el lunes 2 de Junio a media tarde, tras mi visita por Las Hurdes. Había reservado habitación en el Hotel Alfonso VIII. Se trata de un buen hotel céntrico, pero fuera del conjunto histórico, lo que facilita el acceso en coche. No tiene aparcamiento propio, pero hay un parking público (Puerta de Talavera) a menos de 100 metros del hotel. En recepción del hotel te facilitan una tarjeta de abonado, para poder entrar y salir del parking sin limitaciones, a cambio de un pago de 10€ por día de estancia.

Decidí ir a dar un paseo por la Catedral y hacia la Plaza Mayor, donde esperaba encontrar una oferta conveniente para cenar. Bajando por la propia calle del hotel (Alfonso VIII, que luego se convierte en Calvo Sotelo), se llega a unas escaleras que permiten acceder al Postigo de Santa María y al conjunto de las Catedrales de Plasencia. Sí, Plasencia es sede episcopal. Realmente hay dos catedrales en el mismo complejo: la Antigua, construida en el siglo XIII en el período de transición entre el románico y el gótico, y la Nueva, construida en el siglo XVI, en estilo renacentista y plateresco. A la hora que estuve por la zona, serían las siete de la tarde, la Catedral estaba cerrada y no pude visitar su interior.
Los nidos de cigüeña, omnipresentes por Extremadura
en la primavera.
(JMBigas, Junio 2014)

En esta época del año, uno de los atractivos estacionales que ofrece Extremadura es la profusión de nidos de cigüeña que abundan en lo alto de muchas torres y campanarios. Y las torres de la Catedral y edificios anexos no fueron una excepción. A esa hora de la tarde, hasta las mamás cigüeña estaban rondando también los nidos.

Me dirigí a la Plaza Mayor, siguiendo las calles peatonales del conjunto histórico, no más de unos doscientos metros. La Plaza Mayor es el núcleo central del llamado Conjunto Histórico de Plasencia, que fue declarado Bien de Interés Cultural en 1958. En la plaza, de tamaño medio, destaca el edificio del Ayuntamiento (la Casa Consistorial), en cuya torre habita un automáta famoso en la ciudad, una figura humana llamada el Abuelo Mayorga, que se mueve cuando repican las campanas.
Fachada renacentista de la Catedral Nueva de Plasencia.
(JMBigas, Junio 2014)

La Plaza Mayor está repleta de bares y restaurantes, con sus correspondientes terrazas exteriores en período estival. Es uno de los centros principales de reunión, tanto para ciudadanos como para visitantes (escasos, en general, por lo que pude ver; claro que era un lunes laborable).

Esa mañana la noticia había sido la abdicación del Rey Don Juan Carlos, y se habían convocado concentraciones de partidarios de la República en plazas de toda España. En Plasencia se agruparon varias docenas de manifestantes, enarbolando banderas tricolores de la República, pero no llegó a haber manifestación alguna. Todas las fuerzas del orden que pude ver fueron un par de policías locales, que sonreían al reconocer, sospecho que uno por uno, a todos los manifestantes habituales de la población.
Plaza Mayor de Plasencia. Al fondo, el Ayuntamiento.
(JMBigas, Junio 2014)

Decidí quedarme a cenar por la zona, y escogí el Bar Restaurante Español. Cené bastante bien, pero la carne que pedí (un lomo de buey a la parrilla) resultó más bien mediocre: con el cuchillo parecía que estuviera tocando el violín, de tal consistencia eran los nervios que recorrían la pieza. El vino, un Payva Crianza, D.O. Ribera del Guadiana, muy rico. Me invitaron a un chupito de crema de bellota, e hicieron desaparecer la carne de la factura que tuve que pagar, lo que siempre es de agradecer. Interesante el comentario del camarero: Cuando un día algo sale mal, no hay nada que hacer.

Tras la cena ya era noche cerrada, y aproveché para hacer alguna fotografía del Ayuntamiento iluminado. Volví al hotel, para poder madrugar al día siguiente.

El martes 3 de Junio hice un precioso recorrido por La Vera y el Valle del Jerte, que os contaré en el próximo capítulo. De vuelta a Plasencia por la tarde, aproveché para conocer el entorno del río. El Jerte recorre la parte baja de la ciudad. Entre la Plaza Mayor y el río hay un desnivel de unos 30 metros.
La Isla, abrazada por los brazos del río Jerte, acondicionada
para el ocio y la diversión.
(JMBigas, Junio 2014)

Por la zona de la Puerta de Talavera (junto a mi hotel), hay que despeñarse por diversas calles sin continuidad, para llegar al nivel del río; siguiendo únicamente el criterio de andar siempre hacia abajo. La zona conocida como La Isla está abrazada por dos brazos del Jerte, y está muy acondicionada para el ocio y la diversión de paisanos y visitantes. Se ve por allí mucha gente practicando deporte, o familias paseando o tomando algo en la terraza que hay allí, donde también se puede conseguir una cena informal.

Frente a La Isla hay un gran aparcamiento del mismo nombre, y allí hay instalada una pasarela elevada, con ascensores y escaleras para acceder a ella, que enlaza con un sistema de escaleras mecánicas que recorren la calle de Doña Leonor de Plantagenet, para remontar el desnivel hasta la Puerta del Sol, que da acceso al Conjunto Histórico. Una facilidad necesaria para no acabar echando el bofe cuando toca subir.
Complejo de escaleras mecánicas, para acceder a la
Puerta del Sol.
(JMBigas, Junio 2014)

Me apetecía cambiar algo de dieta para la cena, y me senté en la terraza del Rigoletto, un restaurante italiano junto a la Puerta del Sol. Acompañé una cena ligera con una botella de Lambrusco rosado, un vino espumoso italiano (frizzante, no spumante) de baja graduación, muy popular en España. Curiosamente, la modalidad rosada es absolutamente desconocida en la propia Italia, donde el Lambrusco de calidad es básicamente tinto. Creo que existe incluso una empresa valenciana que elabora este tipo de rosado, a partir de mostos importados de la Emilia-Romagna, manteniendo una IGT (Indicación Geográfica Típica) dell'Emilia. Yo me resisto a llamarle vino, ya que su tipología es más bien de un refresco alcohólico. Pero su sabor, habitualmente semidulce, resulta agradable para acompañar, especialmente, la comida italiana más tradicional.

Un joven camarero nos atendió a los poquitos comensales de la exigua terraza. Hasta que se fue a abrir el portón anexo al restaurante, del que salió con una pequeña motocicleta. Cargó un par de cajas de pizza en el cajón trasero, y partió raudo, volviendo al cabo de un ratito. Mientras tanto, pasó a atendernos otro camarero bastante más añejo. Los misterios del pluriempleo o, como algunos prefieren llamarlo, la flexibilidad laboral.

Tras la cena, volví paseando hasta el hotel. Al día siguiente madrugué, y seguí camino por Monfragüe, Trujillo y Guadalupe, para terminar la jornada en Cáceres. Pero ese ya será el tema de próximos capítulos.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 35 imágenes de Plasencia, pinchando en la siguiente foto:


También podéis ver un breve vídeo de un par de minutos con imágenes de mi visita a la ciudad.


JMBA

martes, 17 de junio de 2014

Extremadura y Andalucía Occidental: ExAO (0)

Desde el lunes 2 hasta el martes 10 de Junio he tenido la ocasión de realizar (en coche) un maravilloso viaje por el suroeste de España, por Extremadura y por Andalucía Occidental. En las próximas semanas os iré contando, bajo el epígrafe ExAO, las partes y visitas más interesantes del viaje, una vez vaya seleccionando las fotografías más significativas, y edite algunos vídeos muy ilustrativos.
Inconfundible perfil del Monasterio del Escorial,
desde el Puerto de la Cruz Verde.
(JMBigas, Junio 2014)

Pero hoy os quiero contar las líneas generales del viaje, en el que recorrí las dos provincias de Extremadura (Cáceres y Badajoz), y las cuatro de Andalucía Occidental (Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva). En total, recorrí la friolera de 3.157 kilómetros.

El motivo del viaje (yo creo que cualquier viaje siempre debe tener un motivo) era turístico, por supuesto, pero también enológico. En Extremadura se producen algunos vinos singulares, y hay nuevas bodegas que están apostando por algo diferente de lo de toda la vida. Los vinos generosos andaluces son bien conocidos, pero también se producen algunos blancos afrutados muy golosos, e incluso en el Marco de Jerez ya se producen algunos vinos tintos muy relevantes. Y también había una motivación gastronómica, ya que toda esa franja fronteriza con Portugal es la dehesa donde crecen los cerdos ibéricos y donde se produce el singular e inigualable jamón de bellota. Sin olvidar algunos quesos muy representativos y otras delicias del paladar.

Al final de la primera etapa debía llegar a Plasencia, donde había reservado un hotel para dos noches. Escogí el camino de Las Hurdes, al norte de la provincia de Cáceres, lindando con Salamanca. La primera parada fue Guijuelo, el centro neurálgico del mejor jamón de Salamanca. Para llegar escogí el camino bonito: por El Escorial y el Puerto de la Cruz Verde hasta Ávila, y luego por Piedrahíta hasta Guijuelo.
Meandro Melero, en el río Alagón, Las Hurdes, Cáceres.
(JMBigas, Junio 2014)

Desde Guijuelo, seguí en dirección a la provincia de Cáceres por Cristóbal y Sotoserrano (otro de los lugares emblemáticos del jamón). Entré en Extremadura por Riomalo de Abajo, junto al río Alagón, que marca buena parte del paisaje de Las Hurdes. Desde el Mirador de La Antigua tuve las mejores vistas del que dicen que pudiera ser el meandro más bonito de España, el Meandro Melero.

Comí un Menú del Día en Vegas de Coria (viendo por televisión la noticia del día, la abdicación de Don Juan Carlos). Seguí la carretera principal que recorre Las Hurdes (por Caminomorisco y Pinofranqueado). Hice un par de incursiones por los valles laterales, hasta Casares de Las Hurdes y Aldehuela.

Seguí camino hacia Plasencia por Hernán Pérez y Villanueva de la Sierra (ya en la comarca de Sierra de Gata). Llegué a Plasencia a media tarde.

En esta época del año, por Extremadura siempre hay que mirar hacia arriba, pues en lo alto de muchas torres de los castillos, o campanarios de las catedrales o iglesias, se distinguen los inconfundibles nidos de cigüeña. Y es muy fácil ver cigüeñas por todas partes.
Nidos de cigüeña en lo alto de una de las torres
de una de las Catedrales de Plasencia,
(JMBigas, Junio 2014)

El martes, con base en Plasencia, planifiqué una ruta para visitar la comarca de La Vera y también el Valle del Jerte. La Vera, famosa por su pimentón, tiene un precioso paisaje ondulado, con muchas gargantas que desembocan en el valle principal, y acaban afluyendo al río Tiétar, que desemboca en el Tajo dentro del Parque Nacional de Monfragüe, entre Plasencia y Cáceres.

Una visita obligada es el Monasterio de Yuste, a unos pocos kilómetros del pueblo de Cuacos de Yuste. Allí decidió ir a morir el Emperador Carlos V, en 1556. El Palacio anexo al Monasterio que se hizo construir también se puede visitar.

Desde el Monasterio, seguí por una carreterita de montaña que, tras cruzar Garganta la Olla y Piornal, une la comarca de la Vera con el Valle del Jerte. Esta comarca es conocida por las maravillosas cerezas que produce. Al principio de la primavera (habitualmente por Marzo) es un espectáculo internacionalmente conocido la floración de los cerezos, que provocan una sensación inigualable de valle nevado. En el Valle del Jerte, la mayoría de actividades económicas se realiza en torno a los cerezos, las cerezas y la variedad de las picotas.
Palacio del Emperador Carlos V, anexo al
Monasterio de Yuste.
(JMBigas, Junio 2014)

Remonté el valle hasta el puerto de Tornavacas, que lo une con la provincia de Ávila. En lo alto del puerto hay un gran mirador desde el que se domina todo el valle, y que es el palco privilegiado en la época de floración de los cerezos. En Junio los cerezos ya no están en floración, pero aun y así, la vista desde ese mirador es impresionante. Desde allí volví a Plasencia.

El miércoles había previsto una ruta que me debía llevar a Cáceres, donde había reservado un hotel en plena Plaza Mayor. Hacia el sur de Plasencia accedí al Parque Nacional de Monfragüe. La puerta natural de acceso para el visitante del Parque es el poblado de Villareal de San Carlos. Allí hay un Centro de Visitantes y varios Centros de Interpretación, así como un amplio aparcamiento y varios restaurantes, hostales y tiendas. Aunque toda la zona estaba metida en obras mayores, supongo que preparándose para la próxima temporada veraniega, el Centro de Visitantes estaba abierto, y allí conseguí un pequeño mapa con las rutas principales por el Parque..
El Salto del Gitano, en el Parque Nacional de Monfragüe.
(JMBigas, Junio 2014)

Siguiendo por la carretera, llegué hasta el Mirador del Puente del Cardenal, junto al punto donde se juntan el Tiétar y el Tajo. Pero, para mi desgracia, el nivel de las aguas del Tajo reguladas por la Presa de Alcántara era muy elevado, y el puente estaba totalmente sumergido y, por lo tanto, invisible. Por el nuevo puente crucé el Tajo, para parar en el llamado Salto del Gitano, un enorme peñasco donde pueden verse infinidad de aves (águilas, buitres,...). Se pasa luego junto al Castillo de Monfragüe, hasta Torrejón el Rubio, ya al sur del Parque Nacional.

Seguí camino hacia Trujillo. Al sur de la ciudad están las Bodegas Habla (que tuve ocasión de visitar, ya os contaré), con sólo una década de vida, pero que ya son una leyenda de la zona. Hacia el este, seguí hacia Guadalupe y la subzona Cañamero de la Denominación de Origen Ribera del Guadiana, la única específica que existe en Extremadura. Compré algunas botellas en las Bodegas Ruiz Torres.

Por la tarde fui hacia la ciudad de Cáceres, que merece un capítulo aparte. La Ciudad Antigua fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986. Pero no hay que olvidar que Cáceres es ciudad de pendientes: estés donde estés, hacia un lado hay que subir; hacia el otro hay que bajar. Un hotel en plena Plaza Mayor fue un lujo, que ya os contaré en detalle en otro capítulo.
Plaza Mayor de Cáceres.
(JMBigas, Junio 2014)

Para el jueves, la primera parada fue Montánchez, una de las cunas del excelente jamón ibérico extremeño. Desde allí me junté a la A-66, la Autovía de la Plata, la gran arteria Norte-Sur que articula toda la región, y que permite viajar desde Gijón, en la costa cantábrica asturiana, hasta Sevilla.

La siguiente parada, obligatoria, fue Mérida, para visitar su maravilloso Teatro Romano y el Anfiteatro anexo, así como para disfrutar de sus tapas y viandas. Aparte de ser la capital política y administrativa de Extremadura, para mi gusto es demasiado turística: por los alrededores del Teatro Romano, el visitante es perseguido para promocionar los diversos menús que ofrecen los muchos restaurantes de la zona.

Desde Mérida seguí hacia el sur, por la Vía de la Plata, con primera parada en Almendralejo. Allí visité las Bodegas Romale (en un polígono industrial), que producen varios tipos de vino, entre los que destaca un espumoso (con Denominación de Origen Cava) Brut Nature Reserva, a un precio muy atractivo.
Teatro Romano de Mérida.
(JMBigas, Junio 2014)

Más al sur, en las afueras de Villafranca de los Barros, visité el Pago de las Encomiendas. Esta es una bodega que produce algunos vinos singulares, como el rosado Nadir, de tempranillo y petit verdot, con unos carnosos 14,5º de graduación alcohólica, o el Xentia, un tinto crianza (14 meses), un cuvée singular de tempranillo, petit verdot, shiraz y graciano, comercializado como Vino de la Tierra de Extremadura.

La jornada terminó en el Parador de Zafra, el antiguo Palacio de los Duques de Feria, junto a la Plaza de España.

El viernes empezó con un completo desayuno en el Parador, y una primera parada en Monesterio, la catedral del jamón ibérico en la provincia de Badajoz. Luego, ya en tierras de Huelva, un desvío hacia Aracena y Jabugo, el lugar más emblemático de España para el jamón ibérico de bellota. Y esto se nota, porque en la calle principal se suceden las tiendas que ofrecen al visitante las maravillas chacineras de la zona.
Patio central del Parador de Zafra.
(JMBigas, Junio 2014)

Seguí hacia Minas de Riotinto. Tenía la esperanza de poder realizar el trayecto en el tren turístico minero que recorre un tramo, bordeando el Río Tinto, del antiguo trayecto que bajaba hasta el puerto de Huelva, para embarcar el mineral. La información que había podido recabar por Internet era algo confusa, pero tuve suerte. Llegué a la estación de Talleres-Minas algo antes de la una de la tarde, y el único trayecto de ese día iba a partir a las 13.30 horas. Os contaré esta visita con detalle en otro artículo, que bien lo merece.

Desde allí recuperé la Vía de la Plata hasta Sevilla, y luego hacia Cádiz, con fin de etapa en Sanlúcar de Barrameda. Allí había reservado un hotel para el fin de semana, junto a Bajo de Guía y la desembocadura del río Guadalquivir. Desgraciadamente, había un factor que no había previsto, y es que ese fin de semana se desarrollaba la multitudinaria romería de El Rocío, en la aldea del municipio de Almonte, en el corazón del Parque Nacional de Doñana. Esto alteraba la vida habitual de la zona y, por ejemplo, el barco que cruza el Guadalquivir y permite visitar un par de enclaves del Parque no tenía servicio hasta finalizar la romería, a mitad de la siguiente semana.
Característico color del agua del Río Tinto.
(JMBigas, Junio 2014)

El sábado pasé una jornada maravillosa con unos buenos amigos en su casa de Rota. A la salida de Sanlúcar por la carretera de Chipiona, sin embargo, hice una parada en las Bodegas Delgado Zuleta, una de las muchas que hay en Sanlúcar, cuya especialidad es la Manzanilla. Compré allí algunas botellas, entre las que destaca una de Goya XL, una manzanilla en rama que es una delicia para el aperitivo, y otra de Samaruco, uno de los estupendos vinos tintos que Luis Pérez produce en la zona del Marco de Jerez.

El domingo diseñé una ruta por las playas del este de Cádiz, en dirección hacia Tarifa (Los Caños de Meca, Barbate, Zahara de los Atunes). Comí muy a gusto frente al mar en Barbate, y dediqué parte de la tarde a una visita a la ciudad de Cádiz, donde destaca la playa urbana de La Caleta. Ya os lo contaré con más detalle en otro capítulo.
El Parque Nacional de Doñana, en la ribera derecha del
Guadalquivir, desde Bajo de Guía, Sanlúcar de Barrameda.
(JMBigas, Junio 2014)

Para el lunes había previsto una visita al finisterre andaluz, Ayamonte, junto a la desembocadura del río Guadiana, ya en la frontera con Portugal. Aunque El Rocío está muy cerca de Sanlúcar (al otro lado de Doñana), para ir en coche hay que remontar de nuevo hasta Sevilla. Hice una parada en Bollullos Par del Condado, donde compré algunas botellas de los vinos de la Denominación de Origen Condado de Huelva. Seguí mi plan de bajar hacia Almonte y Matalascañas, aunque en esa carretera tuve que sufrir el monumental atasco en los alrededores del Rocío, provocado por los romeros que ya empezaban a volver a casa, una vez terminada, a la una de la tarde, el paseo de la Reina de las Marismas por la Aldea.

Conseguí superar (con tiempo, eso sí) ese inconveniente, y llegar a Matalascañas, la localidad costera que linda con el Parque Nacional de Doñana. Seguí la carretera costera, por Mazagón, hasta Moguer. Desgraciadamente, los lunes el Muelle de las Carabelas está cerrado, por lo que no pude visitarlo y sólo conseguí alguna foto lejana.
Playa de La Caleta, en Cádiz.
(JMBigas, Junio 2014)

Por Huelva y la A-49, la Autopista del Quinto Centenario, llegué a Ayamonte en torno a las seis de la tarde. Desgraciadamente, para el servicio fluvial que navega por la desembocadura del Guadiana había que esperar al día siguiente al mediodía, y yo debía salir pronto, pues tenía una larga ruta por delante. Pero pude visitar la zona del Muelle de Portugal y la Plaza de la Laguna. En una tienda turística de la plaza descubrí una nueva joya enológica que yo desconocía: unos vinos selectos (blanco, rosado, tinto) que se producen en una bodega de nuevo cuño en Villablanca, junto a Lepe.

En la zona había reservado, por un precio irrisorio, una habitación en el hotel del campo de golf de Isla Canela. Un maravilloso cuatro estrellas, en un enclave privilegiado, de amplias y muy confortables habitaciones, con terraza sobre el campo de golf, y un estupendo restaurante gastronómico.

El martes tocaba el camino de vuelta hacia Madrid, un largo camino. Para amenizar la ruta, había previsto dos desvíos en la provincia de Córdoba. Paré primero en el centro de Montilla, para visitar una tradicional tienda de vinos de la zona, Durán, frente a las gigantescas bodegas Alvear.
Plaza de la Laguna, Ayamonte (Huelva).
(JMBigas, Junio 2014)

La segunda parada prevista era en el Valle de los Pedroches (Villanueva de Córdoba, Pozoblanco), la cuna del mejor jamón ibérico, del norte de la provincia de Córdoba. Pero sufrí del inconveniente que yo denomino playa del mediodía. A la hora en que llegué a la zona, los comercios estaban cerrados. Como no podía esperar varias horas a que alguno volviera a abrir por la tarde, tuve que conformarme con un ligero refrigerio en Pozoblanco, y seguir camino hacia Madrid.

Recorrí los preciosos paisajes de la sierra, por Pedroche, Torrecampo, La Bienvenida y Brazatortas, ya en la provincia de Ciudad Real. De allí, por Puertollano, Ciudad Real y Daimiel, hasta juntarme con la Autovía de Andalucía (A-4) en Puerto Lápice. Y ya, tutto diritto, hacia Madrid, donde llegué al final de la tarde.

En resumen, nueve días de viaje con un muy interesante botín en el maletero, en forma de, principalmente, vinos y jamón de bellota. Y deliciosas experiencias turísticas y gastronómicas.

Ya os iré contando próximamente los detalles más interesantes. Por el momento, valga este resumen como una introducción a este delicioso viaje, para ir haciendo boca.

JMBA