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viernes, 19 de diciembre de 2014

El Pequeño Nicolás

Iban Lazarillo y el ciego a repartirse un racimo de uvas, y acordaron que, alternativamente, cada uno cogería una uva del racimo. Viendo Lazarillo que el ciego empezaba a comerlas de dos en dos, las empezó a coger de tres en tres. Terminado el racimo, el ciego afirmó que Lazarillo le había engañado, y que se acabó comiendo las uvas de tres en tres.
Fran, junto a José María Aznar, en un acto público.
(Fuente: elpais)

Lazarillo, sorprendido, le preguntó que cómo lo había sabido, sin poderlo ver. Le respondió el ciego: porque yo las comía de dos en dos, y tú no te quejaste.

Este es el paradigma de lo que se conoce como picaresca española, de la que el pequeño Nicolás es una declinación contemporánea.

Todas las empresas que, de una u otra forma, tienen parte de su actividad ligada a los contratos públicos, saben que en los aledaños del poder abundan los conseguidores (muchas veces, sólo presuntos), que afirman tener mano para torcer voluntades. La empresa puede aceptar pagar una factura (legal, por supuesto) por labores de Consultoría Comercial, quizá condicionada al resultado de las (presuntas) gestiones. Esa factura se contabilizará, legalmente por supuesto, en la cuenta de Coste de Ventas. La misma, por cierto, en la que contabilizarán el incentivo o comisión que paguen a su propio vendedor, si la operación tiene éxito y termina en contrato.

Todo formalmente legal. Lo que los conseguidores hagan con ese dinero fácil puede despertar toda clase de sospechas, pero no se puede probar. En organizaciones muy grandes, puede haber conseguidores con proximidad a los diversos niveles del cliente que intervienen en la valoración y decisión final de qué empresa es la ganadora en esa licitación. Todo legal, por supuesto, pero con fuerte olor a alcantarilla.

En este caldo de cultivo, el pequeño Nicolás no es más que un personaje de sainete, inevitablemente esperpéntico. Procedente de una familia de clase media trabajadora, sus aficiones (o delirios) se desarrollaron y cultivaron en el entorno de la FAES (el think tank de la derecha española), y se alimentaron con ciertas relaciones que parecen probadas, con algún concejal del Ayuntamiento de Madrid, con el Secretario de Estado de Comercio o el presidente de los empresarios madrileños.

Sospecho que, en muchos casos, Fran (como él mismo dice que siempre le han llamado) asumió el papel del hijo o el sobrino espabilado, que despierta las simpatías y a quien le dan alas. Sólo que, a sus escasos veinte años, ya presenta un historial ciertamente extenso. Grandes ambiciones, elucubraciones excéntricas y, por encima de todo, su constatación de que el sistema tiene una corrupción endémica, donde a menudo es mucho más importante dejar claro a quién se conoce o de quién se tiene plena confianza (siempre presuntamente), que lo que realmente se sabe o se es capaz de hacer; todo esto le ha llevado este viernes a los Juzgados de Plaza de Castilla de Madrid.

El personaje, un esperpento digno de Valle-Inclán, debería avergonzarnos como sociedad. Que alguien así tenga un elevado crédito, incluso a ojos de personas que encarnan responsabilidades públicas de cierto nivel, debe hacernos reflexionar.

Poco a poco se van conociendo los detalles más sórdidos de toda esta historia. Como su centro de trabajo en una copistería, donde componía un corta-pega de logotipos, firmas y textos, para generar documentos con ciertos visos de realidad, con los que convencer a terceros de su alta capacidad de influencia en los más altos niveles de la administración del Estado. Ha pasado por agente del CNI, por alguien muy próximo a la Casa Real o a la Vicepresidencia del Gobierno, o por un conseguidor con influencia en ciertas decisiones administrativas, que podrían favorecer o perjudicar a empresarios de diversa laya.

Y debemos tener en cuenta que de una mentira total jamás se puede edificar una simulación de este calibre. Algo tiene que haber en la trastienda para que, convenientemente aumentado y exagerado, genere la sensación en terceros de su capacidad para torcer voluntades.

La pregunta eterna, todavía no clarificada, sería la que le hacían en el cuplé a la chica del 17: de dónde saca, pá tanto como destaca. En otras palabras, el trasfondo económico de todo el asunto, de dónde, por qué y a cambio de qué, salen el dinero y los recursos necesarios para mantener la ficción del pequeño Nicolás. Porque utilizaba como cuartel general un chalet en El Viso, al que él equipó con más de treinta cámaras de vigilancia, propiedad de un príncipe sin trono de la Europa del Este, y cuyo alquiler de más de cinco mil euros mensuales le pagaba una empresa constructora. Tanta cámara seguro que tiene registrados episodios inconfesables o, como mínimo, altamente sospechosos. La siesta de Arturo Fernández en el sofá es, seguramente, el más inocente de todos.

Que Fran no haya sido denunciado mucho antes ilustra la necesidad enfermiza que tiene este sistema esclerótico de aceitadores, de personajes que engrasen los engranajes oxidados, para forzar a la maquinaria cansada a seguir girando. Así, el pequeño Nicolás parece haber intermediado para algún empresario atascado en sus relaciones con la Administración, o incluso se propuso como la solución para otro empresario en apuros económicos, a quien convenció de que podía conseguir vender una finca toledana a inversores extranjeros.

Todo ello trufado con montones de documentos falsos a medias, empezando con sus hasta cuatro Documentos Nacionales de Identidad, todos ellos auténticos, pero con direcciones diversas e incluso uno con la foto de otra persona. Y siguiendo con las composiciones de ficción que elaboraba parte en la casa de su abuela y parte en su copistería de cabecera. La casa de su abuela, en Chamberí, que le resultaba mucho más conveniente que su domicilio familiar en el popular barrio de Prosperidad.

Este chaval se paseaba por las calles de Madrid (bueno, incluso consta su famoso viaje a Ribadeo) en coches de alta gama, incluso con girofaros azules, que son patrimonio exclusivo de las Fuerzas de Seguridad, o tenía reuniones de trabajo en restaurantes de lujo. Que yo sepa, no hay denuncias de que haya dejado sin pagar alguna de esas cuentas. De nuevo, de dónde saca pá tanto como destaca.

Se han publicado diversas tarjetas profesionales de visita que en alguna ocasión habrá esgrimido el pequeño Nicolás. Le ubicarían en diversas posiciones dentro de una empresa constructora o un bufete de abogados, o incluso como miembro del CNI, como si los espías fueran con su tarjeta de visita por delante. Nadie nos impide, ni es ilegal, utilizar los recursos tecnológicos disponibles para elaborar unas preciosas tarjetas de visita que nos califiquen, por ejemplo, como Príncipe Aspirante al Trono de Printonia. El problema legal aparece cuando esas tarjetas se utilizan con animus simulandi, con propósito de simular o engañar.

Lo que debemos tener claro es que una fingida verdad nunca puede crecer de la mentira absoluta. Se requiere siempre alguna dosis de realidad para que, convenientemente exagerada o amplificada, pueda generar la ficción de una posición o una capacidad inexistentes. En otras palabras, y recurriendo al refranero popular, cuando el río suena, agua lleva.

Hay que clarificar el papel que han jugado los diversos actores secundarios de esta opereta. En particular, de los cargos públicos que podrían, en algún momento y en alguna medida, haber avalado al pequeño Nicolás.

Esta mañana, en los Juzgados, el pequeño Nicolás se ha negado a declarar, amparado en la falta de alguna documentación en manos de su defensa. Pero debe afrontar cargos de falsedad documental, usurpación de identidad o estafa. Veremos qué nuevas sorpresas nos va a deparar el recorrido judicial de este caso. No descarto que haya bastantes. Algunas, incluso, muy desagradables para algunos. Todavía no sabemos cuántos habrán pagado algún dinero al pequeño Nicolás por favores inexistentes. La mayoría estarán consumidos en alguna esquina por su propia vergüenza de haber sucumbido a las ficciones de este personaje, inhibidos de su derecho a denunciar o declarar por el rubor que les produce su propia inocencia o ingenuidad.

Fran es el síntoma, pero no el virus. Es la comprobación manifiesta de una sociedad bastante enferma, que está dispuesta a creer hasta las ficciones más chuscas. Creo que todos hemos conocido alguna vez a uno de estos personajes fabuladores, que empeñan su vida en exagerar en la ficción una realidad más bien mediocre. Da la sensación de que cualquiera podría creer a un perfecto desconocido, tomando una cerveza en un bar, que nos diga: tengo un amigo que te podría ayudar. Como mínimo, le invitaríamos a la segunda cerveza.

Esta es una sociedad macilenta, que ha sido incapaz de desterrar el hecho preocupante de que sea más importante tener (ciertos) amigos que ser un gran profesional, que hacer bien las cosas o que ser legal hasta la saciedad. Desgraciadamente, en España, en las empresas, organizaciones o partidos políticos, acaba primando más y retribuyendo mejor a los serviles que alaban, rodean, protegen y refuerzan el ego del líder, que a los grandes profesionales que, a menudo, son mensajeros que anticipan malas noticias que acaban siendo una dramática realidad.

De esta forma, nunca dejaremos de estar instalados en la mediocridad.

JMBA

viernes, 3 de mayo de 2013

A vueltas con Bankia... ¡¡¡otra vez!!!

Ya he escrito un par de veces sobre el timo y la estafa de Bankia (en Julio de 2011, con motivo de su salida a Bolsa, y en Mayo de 2012, cuando se hicieron evidentes las muchas mentiras de su dirección para disimular el descalabro). Sin embargo, su actual presidente, José Ignacio Goirigolzarri, me inspira una cierta confianza, y me parece uno de los personajes más serios en el panorama de la banca española.

Desde esta mañana, ya no soy un pequeño impositor en Bankia. Tenía una cuenta corriente inactiva, heredada de Caja Madrid, de la que me han volado más de 50 euros en los últimos dos años, por repetidas comisiones y cobro por servicios, a cambio literalmente de nada. La abrí en su momento, hace más de veinticinco años, cuando me trasladé a Madrid para vivir. Durante un tiempo, fue mi cuenta principal, pero luego la sustuí por la de otra entidad que me resultaba más conveniente. Durante unos años, solamente la utilizaba para pagar por Internet los impuestos municipales del Ayuntamiento de Madrid (el IBI y el Impuesto de Vehículos). Los últimos seis o siete años no la he utilizado para nada, pero recibía cada trimestre un cargo de 6 euros de cobro por servicios, y otro anual de 17 euros por una tarjeta Visa Electron que no he utilizado en la última década. Hoy me personé en la oficina de Bankia y, tras algún penoso via crucis (un único cajero para dar servicio a una cola importante de clientes; en su mejor tradición, por lo que yo recuerdo) y más de media hora de espera, conseguí mi propósito. Eso sí, de los 57 Euros que quedaban esta mañana en la cuenta, sólo conseguí rescatar unos 52 y pico, pues hasta el último día me infligieron un nuevo rejón de cuatro euros y pico de cobro por servicios (???!!!).

Bueno, por fin he dejado de ser cliente de Bankia. Ahora sólo soy un timado más de los muchos que hay, por la OPV de Bankia en el 2011. Los 5.000 Euros que invertí en el 2011 (1.333 acciones) fueron menguando de valor a ojos vista con el paso de los meses, especialmente a partir de que se descubrió el pastel de Rato, las cuentas sin auditar y los infinitos agujeros de que gozaba tan histórica entidad (bueno, históricas las cajas fusionadas en Bankia, en mi caso, Caja Madrid). 

Ya en 2013, la situación se deterioró todavía más, de modo que hubo días en que estaba perdiendo el 98% de la inversión inicial, ya que la acción sólo se cotizaba por unos pocos céntimos de euro.

Luego vino el contrasplit (un acordeón de toda la vida). Primero se redujo el valor nominal de las acciones antiguas a 1 céntimo de euro, y a continuación se agruparon 100 acciones antiguas en 1 acción nueva, para que las nuevas acciones tuvieran un valor nominal de 1 euro.

Como resultado de todo ello, mi inversión inicial se convirtió en 13 acciones nuevas, más un ingreso en cuenta de 33 céntimos de euro por los picos. De una cotización inicial de 17 euros para las acciones nuevas, su valor siguió desplomándose hasta que mis 13 acciones no representaban más que un valor de 146,90 euros, es decir, un 2,94% del desembolso inicial con la OPV (o lo que es lo mismo, el 97,06% de pérdidas), al cierre del pasado lunes 29 de Abril.

El  martes 30 de Abril se puso en marcha una Ampliación Monstruo de Capital, en dos tramos. El primero, con suscripción preferente para los accionistas, puede representar un montante en el entorno de los diez mil millones de euros, mientras que la segunda, dirigida a poseedores de participaciones preferentes y deuda subordinada (que serán necesariamente convertibles en acciones) podrá representar unos cinco mil millones adicionales.

Los accionistas hemos recibido un derecho por cada acción. Con cada derecho podremos (si queremos) comprar 397 acciones a un precio unitario de 1,35 euros. Como es habitual en estos casos, el primer día de la Ampliación (el martes 30 de Abril), la cotización se dividió en dos, una para las acciones existentes y otra para los derechos. Los últimos días se han producido movimientos de tipo especulativo que nadie en el mercado parece entender con claridad. Lo natural sería que el valor de la acción tendiera hacia el valor que se le da en la Ampliación, mientras que la cotización del Derecho debería ser, en grandes números, el complemento hasta la cotización de la acción la víspera de la Ampliación.

Pero todo está funcionando al revés. Mientras que la cotización del Derecho se ha hundido hasta los 0,4050 euros al cierre de este viernes, el valor de la acción ha remontado contra natura hasta los 6,20 euros.

Los 5.000 euros de la inversión inicial yo los consideraba ya como una pérdida latente en su práctica totalidad (latente, porque todavía no he vendido nada). Pero ahora me enfrento a un dilema para el que toda ayuda, querido lector, será siempre bienvenida.

Con los 13 Derechos que poseo, tengo posibilidad de comprar 5.161 nuevas acciones, por un montante global de unos siete mil euros. Es decir, un desembolso total de unos doce mil euros, contando el inicial de la OPV más el de la Ampliación (si acudiera en su totalidad). Si la cotización se mantuviera por encima de los 2,32 euros, podría enjugar la pérdida latente de las acciones iniciales de la OPV, o incluso obtener algún pequeño beneficio.

Pero todo ello es muy raro. Entiendo que la excepcionalidad del caso, y la extrema volatilidad de la cotización (variaciones porcentuales diarias de dos dígitos) se deberá a factores que yo desconozco, y que todos los analistas afirman también desconocer. Claro que resulta anormal que una entidad del tamaño de Bankia, en estos días todo su capital se divida en solamente 19,94 millones de acciones (el Santander tiene 10.538 millones de acciones, o el BBVA 5.532 millones de acciones). Tras la Ampliación Monstruo para accionistas, el número podría rozar los ocho mil millones, y posiblemente estar cerca de los doce mil millones de acciones, tras la conversión de preferentes y deuda subordinada.

También resulta anormal que la mayoría de acciones estén en manos de la entidad matriz, el BFA (Banco Financiero y de Ahorros) que, a su vez, en la práctica está nacionalizada, tras las sucesivas inyecciones milmillonarias del FROB (la última, con fondos del rescate financiero de la Unión Europea).

La pregunta a la que habría que encontrar respuesta sería: ¿quién c... está comprando masivamente acciones de Bankia, a un precio que, de ninguna forma se va a sostener tras entrar en circulación la avalancha de nuevas acciones?.  No me creo la teoría de los tiburones especulativos, porque a estos les mueve la esperanza de un rápido beneficio, y no creo que nadie en su sano juicio piense en la posibilidad de sacarle ningún beneficio a la venta de unas acciones compradas a precios tan abultados. Si hubiera tras estos movimientos alguna entidad con voluntad de constituir una minoría de control en el capital de Bankia, no tiene sentido que compre acciones estos días, cuando se van a diluir de forma bárbara, hasta por un factor de 397. Sería más razonable que compraran derechos, para hacerse tras la Ampliación con un número elevado de acciones a 1,35 euros la unidad. Pero la cotización de los derechos se ha desplomado hasta niveles ridículos, lo que viene a demostrar la falta de interés que tiene el mercado en esta Ampliación.

Cuando un pequeño inversor particular ve este tipo de movimientos especulativos inexplicables, la sensación es de que se mueve por ahí una ola gigante de comportamiento impredecible, y que si nadamos en aguas equivocadas, nos puede acabar engullendo sin piedad.

Sin embargo, debo reconocer que me tienta la posibilidad de enjugar por lo menos una parte de las pérdidas que ya he tenido con este valor. Algunos analistas predicen un valor objetivo (a 6-12 meses) en el entorno de los 1,90 euros. Si fuera a la totalidad de la Ampliación, y esta previsión se cumpliera, habría reducido las pérdidas latentes de casi cinco mil euros a poco más de dos mil. Eso sí, con un desembolso adicional de siete mil.

Para que se produzca un timo, es imprescindible la colaboración activa del timado. Y me tientan un poco esas estampitas.

Querido lector: tú, ¿qué harías?.

JMBA


(7/5/13) - Tras varios días analizando la situación, he decidido conservar, por el momento, las 13 acciones que poseo, pero vender los derechos (por los que he obtenido 10,29€ en el mercado). Renuncio de esta forma a la posibilidad de acudir a la Ampliación Monstruo. Mi razonamiento es que evalúo como muy alta la probabilidad de que la cotización de la acción de Bankia, una vez estén en circulación las enormes cantidades de nuevas acciones procedentes de la Ampliación y del canje de híbridos, seguramente estará - al menos durante algún tiempo - claramente por debajo del precio de esta Ampliación. De este modo, si me interesa recuperar alguna posición en Bankia, me resultará más rentable acudir al mercado entonces que a la Ampliación ahora.


(8/5/13) - Con el comentario anterior, la conclusión era evidente. He vendido las 13 acciones que tenía, y he recuperado 61,56€. Partiendo de que su cotización se va a desplomar tras la Ampliación, esta es una operación de salvar los muebles. En resumen, he tenido una pérdida patrimonial neta del 98,77% y, gracias a los 0,33€ de los picos y a los 10,26€ de la venta de derechos, una pérdida patrimonial a efectos fiscales de alguna milésima porcentual menos. Según se vaya viendo, ya tomaré nuevas decisiones sobre este valor.

jueves, 15 de noviembre de 2012

A vueltas con el Banco Popular, ¿qué hago?

A principios de 2010 conseguí una cierta afluencia de efectivo. Busqué en diversas entidades financieras las mejores condiciones que ofrecían para un depósito, y al final escogí el Banco Popular, con quien nunca había tenido relación alguna con anterioridad.
Ángel Ron, Presidente de Banco Popular.
(Fuente: noticiasbancarias)

Abrí entonces una Cuenta Corriente y un Depósito, y dediqué una pequeña cantidad a comprar acciones de la entidad (depositadas en una cuenta de valores del propio Banco Popular). Repetidamente el Banco Popular había sido considerado por los analistas como una de las entidades financieras más rentables (incluso a nivel internacional), y tenía fama de un conservadurismo en sus decisiones que lo convertía en aparentemente muy fiable. Su histórica relación con el Opus Dei parecía infundirle templanza a sus órganos de dirección.

Compré en ese momento la acción a 4,91 Euros. Desde entonces hasta la fecha de hoy, han distribuido en varias ocasiones dividendo en efectivo, y también han implementado varias veces la posibilidad de cobrar el dividendo en acciones. Alguna vez acepté acciones en lugar de efectivo, mientras que en alguna otra ocasión  preferí hacer caja y vender los derechos en el Mercado Continuo.

De media por acción, en estos casi tres años, he percibido en efectivo un dividendo bruto de 0,2366 Euros, de los que habría que deducir los correspondientes impuestos.

Como he vendido los derechos en alguna ocasión, y también he recogido algunas acciones adicionales sin cargo, el coste fiscal de compra por acción actual es de 4,4874 Euros.

Si esos 4,91 Euros que pagué por una acción los hubiera puesto en un depósito al 3% TAE, tres años después tendría la cantidad de 5,3653 Euros.

En todo este tiempo, el valor de la acción del Banco Popular ha estado fluctuando mucho, pasto, entre otras muchas cosas, de los bajistas que toman posiciones cortas (hoy vetadas temporalmente por la CNMV). Alcanzó los 5,9970 Euros (14/4/10), pero bajó poco después hasta 3,96 Euros (4/6/10). Recuperó un poco el tono hasta los 5,2740 euros (3/8/10), pero se deslizó otra vez hacia abajo, cerrando el año 2010 a 3,84 euros (30/12/10). Durante 2011 se mantuvo casi todo el año con un valor entre los 3 y los 4 Euros, pero superó los 4 en alguna temporada. Cerró 2011 a 3,52 euros (30/12/11), habiendo bajado en algún momento de los 3 Euros (2,9139 Euros el 21/11/11).

Empezó 2012 manteniéndose (por arriba o por abajo) en el entorno de los 3 Euros (3,11 Euros el 14/3/12).  Pos San Isidro perforó el nivel de los 2 Euros (1,9850 euros el 15/5/12), y desde entonces no ha recuperado ese nivel, deslizándose casi continuamente, hasta llegar a los 1,0250 Euros hace dos días, el 13 de Noviembre.

El diagnóstico para el Banco Popular de la auditoría de Oliver Wyman fue que, en las circunstancias más adversas podía necesitar capital adicional por hasta 2.500 millones de Euros. El Consejo de Administración del Banco Popular decidió no recurrir a capital público (el FROB), y convocar una Junta Extraordinaria de Accionistas (celebrada el pasado 10 de Noviembre) para aprobar una ampliación de capital por ese importe, la que yo denomino Ampliación Monstruo. La ampliación efectivamente se aprobó en dicha Junta (aunque hubo, lógicamente, algunas diatribas por parte de accionistas muy molestos con la evolución del valor de la acción).

Con la Ampliación Monstruo planteada, el total de acciones de Banco Popular pasará del entorno de los 2.000 millones de acciones hasta por encima de los 8.000 millones de acciones. Con ello, cada acción existente pasará a valer el 25% (es decir, una cuarta parte) del porcentaje de Banco Popular que representaba antes de la ampliación. Por cada acción en su poder la medianoche del 13 al 14 de Noviembre, el accionista ha recibido un derecho de ampliación, que le permite comprar tres acciones nuevas.

El valor nominal de las acciones existentes y las nuevas es de 0,10 Euros (es decir, 10 céntimos de euro). Y la Ampliación finalmente se ha planteado con una prima de emisión de 0,301 Euros. Por lo tanto, cada accionista tiene derecho a comprar tres acciones nuevas por un importe total de 1,203 Euros por cada acción que poseyera el día D.

El 14 de Noviembre, este miércoles, la acción ya cotizó ex-derecho, y cerró a 0,5790 Euros, mientras que cada acción nueva por esta Ampliación Monstruo se compra por 0,401 Euros, lo que representaría un descuento de algo más del 30%. Este jueves, la acción sigue bajando, y a las cuatro y media de la tarde se cotiza ya a solamente 0,57 Euros.

Como accionista dispongo de un derecho de Ampliación por cada acción vieja, y tengo tiempo hasta el 28 de Noviembre para decidir qué hago con él.

Tengo dos alternativas. Si me acojo a la Ampliación Monstruo, compraría tres acciones nuevas por 1,203 Euros, y pasaría a tener cuatro acciones. El coste total de compra de las cuatro sería de (4,4874+1,203) = 5,6904 Euros, es decir, el equivalente a 1,4226 Euros por acción. A la cotización actual de 0,57 Euros, estaría perdiendo el 59,9% de la inversión inicial.

Los derechos, durante el período de la Ampliación son negociables, es decir, se pueden vender en el Mercado Continuo si uno decide no acudir a la Ampliación. Aunque el miércoles llegaron a cotizar próximos a los 0,60 Euros, su valor actual es de 0,4610 euros. Si vendo el derecho, tendría una sola acción que me habría costado en total (4,4874-0,4610) = 4,0264 euros. Con la cotización actual, estaría perdiendo el 85,84% de la inversión inicial.

La Entidad ha estimado que el valor de la acción debería remontar hasta el nivel de los 1,70 Euros en los próximos tiempos (sobre dos años, por ejemplo). Sin embargo, los analistas piensan que esa previsión es muy optimista, y definen más bien un umbral de 0,66 Euros como valor más probable.

Si no acudo a la Ampliación, hago caja y pillo aproximadamente medio euro en efectivo por acción, pero la acción pasa a tener un valor residual, con lo que, en la práctica, es casi deshacer la posición en Banco Popular.

Si acudo, debo sacar del bolsillo 1,203 euros por cada acción vieja y, de momento, consigo reducir las pérdidas del 86 al 60% del total de la inversión, en la confianza de que el valor remonte su cotización por encima de los 1,4226 euros (desde los 0,57 euros actuales) que sería mi nuevo umbral de rentabilidad.

Francamente, mi capacidad de asombro ya está desbordada. Esto me suena a que, después de la primera estafa (esa en que nos convencieron a todos de que éramos ricos y de que la vivienda no podía hacer otra cosa que seguir subiendo de precio), esta sería la segunda, específicamente dirigida a los accionistas. Y muchos de los accionistas (por lo menos, ese es definitivamente mi caso) somos particulares que pusimos algunos ahorrillos en acciones del Banco Popular, en la confianza de que, en el largo plazo, íbamos a obtener alguna rentabilidad mejor que si hubiéramos dejado ese dinero en un depósito a plazo fijo.

Con todo este historial que te he contado tan prolijamente hasta aquí, querido lector, tú ¿qué decisión tomarías?.

JMBA


(20/11/12) - Al final he decidido acudir a la Ampliación Monstruo, utilizando el criterio del mal menor. El precio de compra (0,401 Euros) es muy atractivo. Mientras la cotización no baje de ese valor (lo que parece muy improbable), conseguiré mitigar algo las pérdidas de la acción inicial. De no acudir, la acción inicial, para mí de valor superior a los 4 Euros, pasaría a no valer prácticamente nada y a acumular unas pérdidas imposibles de compensar jamás. Si la acción, en uno o dos años, consigue mantenerse por encima de los 1,4226 euros, entonces el conjunto de la acción vieja y las 3 nuevas me rendirá algo de plusvalía.

martes, 6 de noviembre de 2012

La Noche les Confunde

Un personajillo del colorín nacional, ese cubano llamado Dinio, que desembarcó en España como amante de una folklórica y que evolucionó hasta convertirse en actor de cine porno, acuñó, seguramente sin saberlo, una de las frases con mayor contenido intelectual de los últimos tiempos: la noche me confunde.
La macrofiesta de Halloween, en el Madrid Arena.
(Fuente: estrelladigital)

Dinio lo decía en el mismo sentido que la frase tradicional y popular de en la oscuridad, todos los gatos son pardos. Lo decía para justificar que sus designios y certezas durante el día se volatilizaban durante la noche. Que de día se prometía ser fiel a la folklórica, y de noche se olvidaba.

El pasado jueves, festividad de Todos los Santos, desayunábamos con la noticia y las imágenes de que varias chicas (en un principio tres, pero una de las heridas graves falleció al día siguiente) habían muerto en la avalancha producida por motivos en principio desconocidos, en una macrofiesta de Halloween que se celebraba en el espacio municipal llamado Madrid Arena.

El solo hecho de que algunas jóvenes, en la flor de sus vidas, paguen con su muerte una cierta idea de la diversión nocturna ya resulta estremecedora. En un principio, se hablaba de accidente mortal. Pero todavía nos quedaba asistir a la parte más macabra y truculenta de esta historia, protagonizada por todos los que, de una u otra forma, se benefician de este concepto multitudinario y gregario de la diversión nocturna.

Madrid Arena es un pabellón multiusos, propiedad del Ayuntamiento de Madrid, situado en plena Casa de Campo. Se puede utilizar para toda clase de eventos masivos, sean espectáculos deportivos, congresos de diversa índole, presentaciones multitudinarias, mítines políticos, macrofiestas, o muchas otras variantes. Claro que nos hemos enterado, a posteriori como es habitual, de que carece de licencia de funcionamiento. Que parece que no resulta obligatoria al ser de titularidad municipal (¿cóóómo?). Hemos sabido que, siendo alcalde Ruiz Gallardón, se inició la tramitación de una licencia de funcionamiento, con la idea de privatizar el pabellón (venderlo a alguna empresa privada). Las dificultades para la obtención de dicha licencia parece que llevaron al traste esta iniciativa, y se abandonó el proyecto.

En este país de asalariados y funcionarios (bueno, y en estos tiempos, también de parados) ser empresario no es precisamente una buena fórmula para conseguir la popularidad. Pero ser empresario de la noche tiene una gama de contenidos oscuros (supuestos, sugeridos, imaginados, susurrados,...) que raya en la peste social.

Para organizar una macrofiesta con motivo de Halloween (esa fiesta anglosajona en torno a la imaginería funeraria y los zombies, importada aquí con gran éxito popular) el Ayuntamiento de Madrid alquiló el pabellón Madrid Arena a un empresario de la noche (la empresa Divertt, S.L.). Su cabeza visible es Miguel Ángel Flores, al que alguna prensa llama sin rubor magnate de la noche madrileña.

A mí nunca me han gustado las aglomeraciones. No es que me produzcan ansiedad, pero me generan una sensación de incomodidad, tanto física como intelectual. Me parece inverosímil el hecho de compartir la misma diversión con decenas de miles de (im)perfectos desconocidos (mi sentido gregario es extremadamente limitado); me produce desazón no tener claro el placer (o el daño) que acabaré obteniendo de esa copa de dudoso origen; y los miles (o millones) de vatios de sonido provocan que mi diafragma entre en resonancia, y siga vibrando enloquecido incluso muchos minutos después de abandonar el recinto. Es por ello que, ni incluso cuando era mucho más joven de lo que soy hoy, nunca he frecuentado espectáculos masivos.

Pero parece que buena parte de la juventud actual sí obtiene placer de estas aglomeraciones, porque las macrofiestas (con decenas de miles de asistentes) se reproducen por doquier. Los botellones callejeros masivos ya forman parte del paisaje urbano en muchas ciudades, y cada vez que se acerca alguna celebración señalada se organizan macrofiestas en espacios públicos de diverso pelaje.

Conocidos los luctuosos hechos de la madrugada del jueves pasado, un portavoz del Ayuntamiento de Madrid se apresuró a proclamar a los cuatro vientos que, oficialmente, la macrofiesta de Halloween en el Madrid Arena tenía todos los papeles en regla. De acuerdo a ello, pues, la muerte de las cuatro chicas fue provocada por un fatal accidente.

Sin embargo, hemos ido conociendo diversos detalles que desmienten esta voluntariosa intervención de Miguel Ángel Villanueva, vicealcalde de Madrid. Quien, por cierto y presuntamente, tendría algo más que complicidad y compañerismo con el empresario de la noche M.A. Flores.

La primera polémica se presentó respecto al número de asistentes. En la configuración de macrofiesta, parece que el aforo de Madrid Arena no debería superar las 10.600 personas. La empresa comunicó que había vendido oficialmente a través de su web la cantidad de 9.650 entradas. Pero la celebración de la macrofiesta no se comunicó a la SGAE, por lo que esta no podrá verificar este extremo. Muchos de los asistentes han declarado a la Policía que la sensación era de que allí dentro hubiera mucha más gente. Se han recogido testimonios de jóvenes a quienes no se les devolvió la entrada tras acceder al recinto (habitualmente se inutiliza la entrada de alguna forma -para que no se pueda utilizar varias veces-) lo que sugiere que pudiera haber un canal secundario de venta adicional de entradas (que algunas entradas se vendieran varias veces). Además, se habla de un número de hasta 9.000 entradas más que se habrían vendido (a comisión de tres euros por entrada) por diversos relaciones públicas expertos en la noche madrileña y relacionados con la empresa organizadora.

Todo apunta a que el número real de asistentes podría estar cercano a las 20.000 personas. Lo que constituiría no solamente un atentado a la seguridad sino también un fraude fiscal y una estafa económica.

Por su parte, la beatera e ínclita alcaldesa de Madrid, Ana Botella, contribuyó a la ceremonia de la confusión con declaraciones repletas de esa ingenuidad letal a la que tan acostumbrados nos tiene. Prometió que el Madrid Arena nunca más se volverá a alquilar para eventos de este tipo mientras sea de titularidad municipal (¿por qué, si todo estaba en regla y lo sucedido no es más que un fatal accidente?¿es que piensa en venderlo mañana?). Manifestó su sorpresa (¡¡¡???) de que en una fiesta nocturna con decenas de miles de jóvenes circule el alcohol con libertad y otras drogas con bastante fluidez. Y, para colmo, se vistió de luto riguroso en su siguiente aparición pública para dar el pésame a las familias de las fallecidas.
Aglomeraciones en los pasillos y vomitorios.
(Fuente: que)

La noche no es un entorno que a los adultos nos parezca aconsejable para nuestr@s hij@s o para los jóvenes en general, pero no nos queda más remedio que transigir, ante el empuje de la juventud y lo atractivo de la oferta que los empresarios de la noche ofrecen regularmente. Nuestra obligación es definir unas reglas del juego y obligar a que se cumplan, para conseguir que sea lo más difícil posible que se produzcan esos fatales accidentes, y tratar de inculcar en los jóvenes que tengamos cerca la necesaria responsabilidad para intentar evitar que la noche les atropelle. Pero nunca hemos conocido la respuesta a esta ingenua pregunta: si todos mis amig@s van a ir, ¿por qué yo no?.

Personalmente mantengo una relación muy amigable con el alcohol. Me gusta tomar un poco de buen vino con las comidas, y una copita agradable antes o después de la cena. Accidentalmente, en alguna ocasión, empujado por las circunstancias, puede sobrevenir la borrachera (alguna he tenido que vivir en mi pasado). Pero no consigo entender que la borrachera pueda ser el objetivo de la noche.

La macrofiesta de Halloween en el Madrid Arena exigía ser mayor de edad (más de 18 años) para poder acceder al recinto. Pero esto parece que no se cumplió tampoco; de hecho, una de las chicas fallecidas tenía sólo 17 años. Si se colaron cuatro o cuatro mil menores será el sumario que se está instruyendo en la actualidad el que deba dilucidarlo. Los obligatorios controles de entrada parece ser que nunca existieron realmente, o que se desmantelaron con prontitud. La organización de la fiesta, pues, se manifestó incapaz de garantizar que sólo pudieran acceder al recinto los poseedores de una entrada legal (y oficial); de que no pudieran acceder menores de edad; de que nadie pudiera acceder portando objetos potencialmente peligrosos (desde navajas a bengalas, como la que parece que fue la causa inmediata de la mortal avalancha). Los organizadores renunciaron a las obligaciones que les impone la sociedad, y sucumbieron al beneficio económico de cuanta más gente mejor, cuantos más asistentes más copas se sirven y más caja se obtiene. Y, más allá de los resultados oficiales, en dinero negro.

El Ayuntamiento de Madrid, como garante de que se cumpla la ley, también ha fallado. Ciertas connivencias parecen indicar la existencia de corruptelas diversas o intereses bastardos, incompatibles con su alta misión.

Y ya el colmo es que algunas manifestaciones públicas de las autoridades, como las del Fiscal General del Estado, Torres Dulce, parecen sugerir que los culpables de esta catástrofe son los propios jóvenes o los padres consentidores. De ninguna forma podemos dejar pasar eso. Los jóvenes tienen derecho a divertirse de la forma que les parezca más conveniente, y tienen derecho a exigir a la sociedad que les proporcionen las razonables condiciones de seguridad para hacerlo. Y los padres son los sufridores en casa. Muchos pasaron horas de agonía esa madrugada, hasta que consiguieron contactar con sus hij@s.

Todas las reglas deben ser las correctas, y hay que cumplirlas todas. Los culpables de estas muertes son todos los que se saltaron las reglas más elementales, los corruptos, los codiciosos. Cuatro chicas murieron en Madrid este jueves víctimas de la desidia de las autoridades (cuando no de su corrupción) y de la codicia de los organizadores, que no repararon en admitir a muchos más asistentes de los que legal (y físicamente) cabían en el Madrid Arena, aunque fueran menores de edad.

En resumen, los fatales hechos que provocaron la muerte por asfixia de cuatro chicas jóvenes, han iluminado el escenario de la noche madrileña de todos los días (especialmente de todos los fines de semana): beneficio económico por encima de cualquier otra consideración; fraude fiscal masivo; corrupción de los poderes públicos, que abdican de sus responsabilidades y obligaciones; total desprecio por la protección a los menores; tráfico incontrolado de todo tipo de sustancias estupefacientes, con total opacidad tanto económica como sanitaria.

Los buitres de la noche campan a sus anchas, ante la mirada acuosa y extraviada de unos poderes públicos incapaces de entender el mundo que les rodea y que, incapaces de domarlo o cambiarlo, sucumben al canto de sirenas del beneficio económico inmediato. En esas manos estamos y a esas manos confiamos a nuestr@s hij@s un fin de semana tras otro.

No debemos olvidar que lo mismo sucede cualquier otra noche. Sólo que, si no ocurre algo dramático, ni nos enteramos ni le damos importancia.

Parecen pensar que nunca pasa nada. La noche les confunde. Pero cuatro chicas muertas en la madrugada de Todos los Santos demuestran que eso es, simplemente, mentira.

JMBA

lunes, 21 de febrero de 2011

El Timo (piramidal) de la Estampita

Tengo en mi casa una modesta bodeguita doméstica, con varios botelleros distribuidos por diversos lugares del piso. Lógicamente, las condiciones de conservación no son las óptimas. Por ello, intento darle rotación, para evitar que algunos vinos puedan echarse a perder.

Activo de mi bodega doméstica
(JMBigas, Febrero 2011)

Sin embargo, alguna vez me falla la estrategia. Tengo una botella de Vega Sicilia UNICO de 1973, que ya no me atrevo a abrir, por si acaso. Me la regalaron con motivo de un cumpleaños hace muchos años, y ha sobrevivido a los diversos envites del tiempo (sobre todo, calurosos veranos), ha vivido una mudanza, y no creo, desde luego, que se encuentre en las mejores condiciones para poder degustarlo con placer. Sin embargo, si confeccionara un balance de mis bienes domésticos, posiblemente lo podría valorar en muchos cientos de euros (de hecho, he visto una oferta en la Red por 475 Euros). La realidad es que no creo que nadie me pagara ese dinero por ella, y que el placer que podré obtener al final no será, desde luego, de ese nivel.

Con ello quiero ilustrar el hecho de que la sobrevaloración de los activos es una práctica muy extendida, que se acaba utilizando siempre cuando se necesita, para ocultar los aspectos más negativos de la realidad. La mejor evidencia de ello es la valoración de los activos inmobiliarios que realizan las instituciones financieras. Se han tenido que quedar con pisos por falta de pago de las hipotecas, y ahora forman parte de sus activos. Bueno, un piso tiene un cierto valor (más o menos, dependiendo de la urgencia de la venta, en estos tiempos), pero que el precio que se podría obtener por ellos coincida con la valoración de los mismos como activo es algo que todavía está generando bastante desconfianza. Y más duro sería, todavía, el tema de las promociones a medio terminar que también han pasado a los activos de Bancos o Cajas. En puridad, su valor en el estado actual es nulo. Está claro que si la entidad invierte más dinero en terminarlas, entonces sí podrían realizarse en el mercado inmobiliario, y obtener un cierto nivel de efectivo por ellos. Claro que esto requiere que las entidades financieras asuman (al menos, temporalmente) la labor de promotores inmobiliarios, o incluso constructores, lo que se aleja de sus áreas de excelencia.
Zoilo Ruiz-Mateos Rivero, Presidente (o Consejero
Delegado) de Nueva Rumasa
(Fuente: El Mundo)

Da la sensación de que lo que está sucediendo últimamente con la llamada Nueva Rumasa tiene mucho que ver con estas prácticas. Emitieron pagarés con la garantía de las existencias de cierta bodega, que habría que revisar y ver si se trata de activos realmente realizables, o bien de piezas de museo, de alto valor sentimental y punto. Y así todo.

Se están desgañitando estos días diversos representantes de la familia Ruiz-Mateos, para intentar justificar que los activos del Grupo son varias veces superiores a las deudas. Por lo que se viene publicando en la Prensa, de la que los Ruiz-Mateos abjura constantemente y siempre que se les deja, la situación real dista de ser tan brillante como intenta presentarse. Es muy preocupante que se quejen del trato de unos medios en los que hemos invertido en publicidad un millón y medio de euros.

Aunque nunca se debiera hacer así, uno podría gestionar su pequeña tienda con el método de los dos clavos: uno para las facturas a pagar y otro para los ingresos de caja. Pero es imposible utilizar un método parecido para gestionar un conglomerado de 117 empresas. Por eso los mercados se han ido proveyendo de métodos de regulación y control, y de buenas prácticas contables. Primero para facilitar a los propios directores la gestión de su empresa o grupo. Y, segundo y no menos importante, para aportar la necesaria transparencia de su gestión hacia los mercados y los inversores.

La Nueva Rumasa nunca ha sido un holding, es decir, nunca se ha practicado una consolidación de balances que dé cuenta con rigor y transparencia de la situación real del grupo. Que detalle la valoración de todos los activos, que especifique las obligaciones de su pasivo, los pagos pendientes (a proveedores, a la Seguridad Social, etc.) y que permita elaborar balances fidedignos y Cuentas de Pérdidas y Ganancias que reflejen la situación contable de modo cierto.

Por lo que he visto, me da la sensación de que los propios Ruiz-Mateos, a estas alturas, ignoran la vastedad de la tragedia, su extensión y su cuantificación.

El viernes, en Antena 3, se realizó una entrevista, absolutamente patética (verla), a don José María Ruiz-Mateos padre (80 años de edad). En ella, Matías Prats estuvo moderadamente incisivo, tratando de que Ruiz-Mateos diera las explicaciones que considerara oportunas. Por el contrario, este recurrió todo el tiempo (en el que pareció estar bastante desorientado) a teorías conspirativas vagas, a un nosotros contra el mundo absolutamente fuera de lugar, a defender su papel de empresario preocupado principalmente (¿solamente?) por el empleo y demás zarandajas.

Para ver opiniones de todos los colores, tuve el humor de sintonizar durante bastante rato con la caverna mediática (Intereconomía TV) que realizaba un especial de El Gato al Agua, dedicado a la Nueva Rumasa. Allí estaba Zoilo Ruiz-Mateos (Presidente o Consejero Delegado del grupo, según las fuentes), rodeado del director general de alguna de las divisiones, y luego de un par de abogados. Mi sensación es que desconocen la realidad auténtica de las cuentas. No disponen de información suficientemente consolidada para abarcar el tamaño y las dimensiones de la desgracia. Ante una información en la prensa que afirma que la Nueva Rumasa debe a la Seguridad Social 45 millones de euros, sólo se dedicaron a desacreditar al medio y no supieron oponer ninguna cifra que resultara creíble (seguramente es que no la saben, lo que es gravísimo).
Rueda de Prensa para anuncia el preconcurso de algunas
empresas de Nueva Rumasa
(Fuente: intereconomia)

El moderador de la tertulia (y algún tertuliano también) intentaron colar la idea de que la puesta en preconcurso de diez de las compañías del grupo podría ser una estrategia para plantar cara al Gobierno, reclamando los justiprecios por la expropiación de 1983. A mí me quedó muy claro que no se trata de ninguna estrategia, que las dificultades son reales y muy reales.

Ante preguntas concretas, Ruiz-Mateos hijo se escurrió con respuestas vagas que, insisto, a mí me sugieren desconocimiento, y no forzosamente mala intención, o estrategia dilativa. Lo cual, para los empleados, acreedores o inversionistas no supone un gramo de respiro, antes al contrario.

Me cuesta creer que la codicia por unas rentabilidades muy elevadas no haya frenado a inversionistas avezados de arriesgar su dinero en esta aventura, que se presenta cada vez más como una estructura piramidal, cuya viabilidad desaparece cuando dejan de entrar fondos nuevos. Alguna información apunta en la dirección de que los inversores no son tales, sino creyentes. ¿Serán todos correligionarios del Opus Dei, obligados de alguna forma a soltar capitales para sostener esa aventura?. La verdad, me cuesta creerlo.

Y, mientras tanto, los organismos reguladores se quedan necesariamente al margen. Porque los Ruiz-Mateos se han empeñado en llevar adelante esta nueva iniciativa al estilo del siglo XIX, primando el populismo sobre la eficiencia, y negándose a entrar en las hormas establecidas para garantizar la transparencia necesaria para todos.

Por otra parte, siguen a vueltas con la compensación por la expropiación forzosa de la primera Rumasa, en 1983. Por lo que parece, hay sentencias judiciales favorables a que se les debe compensar por esa expropiación. Marcos García Montes, presente en la segunda mitad de la tertulia, es uno de esos abogados eternos del caso. Habló de justiprecios elaborados a partir del valor que tendrían hoy los bienes expropiados (lo cual me parece una presunción exagerada), por los cuales el Estado debería compensar a la familia Ruiz-Mateos con la cantidad de 18.000 millones de Euros (tres billones de las antiguas pesetas). Sin embargo, quedó muy claro que lo que están esperando es que el Estado acepte sentarse a negociar. Si fuere el caso, quizá se podría llegar a un acuerdo por una parte de ese montante, un tercio, un quinto, un décimo o lo que fuera.

Si consiguen ese dinero, lo mejor que pueden hacer es pagar las deudas lo primero, y lo que quede repartirlo en la familia, y vivir felices el resto de sus vidas. Pero a los demás que nos dejen tranquilos, que este país ha andado siempre sobrado de salvadores de la patria como para que su presencia pública, con estos modos y estas formas, pueda aportarnos  nada positivo.

El drama será, como siempre, que buena parte de los 10.000 empleos del grupo se perderán. Algunas empresas quizá puedan venderse a terceros que las hagan rentables y viables, pero otras seguro que ya están perdidas para la causa. Se avecina otra liquidación en la que a los ciudadanos, sin comerlo ni beberlo, nos tocará otra vez pagar los platos rotos.

Como en las tiendas de souvenirs, habrá que colgar el clásico letrerito de que El que rompe, paga, o el más sibilino de Pieza rota, Pieza vendida.

JMBA 

domingo, 10 de octubre de 2010

Jérôme Kerviel: el hombre más pobre del mundo

Jérôme Kerviel, bretón de 33 años, nacido en Pont l'Abbé, ha saltado a las primeras páginas de los periódicos estos días. Se ha celebrado en París el juicio por su ¿estafa? ¿desfalco? de 4.900 Millones de Euros al banco Societé Générale. La sentencia le condena a tres años de prisión y a devolver esa cantidad al que fue su empleador. Por eso se ha ganado el apelativo del Hombre más Pobre del Mundo, porque ninguna persona individual debe tanto dinero, teniendo tan poco. No presumáis, que ninguna de vuestras hipotecas alcanza esa cantidad, que lo sé.
Jérôme Kerviel
(Fuente: rankia.com)

Una consecuencia de la sentencia es que considera a Jérôme como responsable único del descalabro, y exime a Societé Générale de cualquier responsabilidad. Lo que, desde mi punto de vista, es un hecho grave.

Jérome estudió finanzas en un DESS (Diplôme d'Études Supérieures Spécialisées) en la Facultad de Lyon, sobre "Organización y Control de las Actividades de los Mercados Financieros". En 2000, al diplomarse, Societé Générale le ofreció un empleo. Parece que como broker o trader (negociador) en el front office de SG,  su sueldo sería del orden de los 170.000 Euros anuales, más bonus. Según afirma él mismo (en una especie de entrevista publicada en Le Parisien) nunca ganó bonus proporcionales a sus ganancias. Actualmente está ganando unos 2.300 euros mensuales como asesor informático.

La noticia se produjo en Enero de 2008, con el descalabro de las Bolsas internacionales. Según parece, podría tener posiciones comprometidas en el mercado por importe de 50.000 Millones de euros. Una vez desmontado el gran castillo de naipes, quedaron esas pérdidas que SG le reclama de 4.900 Millones de euros. Pero durante los años en que trabajó como broker en SG, se dice que podría haber aportado ganancias a SG por un valor superior a los mil millones de Euros.
Sede de Societé Générale
(Fuente: productosfinancieros

Según afirma él mismo en Le Parisien, "para el resto de negociadores, treinta o cuarenta mil Euros de ganancia diaria por sus operaciones era normal; para mí, un millón era poco". Bajo estos parámetros, la Societé Générale no puede alegar ignorancia. Cualquier banquero tiene grabado en la frente la máxima: "Grandes Ganancias = Grandes Riesgos". Pero parece ser que mientras había ganancias, nadie se alertó. Hasta que se encendieron todas las luces rojas.

Creo que para que se puedan producir estas ganancias o pérdidas enormes, hay que entender lo que son las Posiciones Cortas. Simplificando, se trata de apostar a la baja, lo que es contra natura de lo que todos podemos entender de un mercado (que es comprar a 10, vender a 100, y con ese diez por ciento ir tirando). Además, las posiciones cortas están apalancadas, es decir, que sólo se ha desembolsado un pequeño porcentaje de la inversión, y juegan, habitualmente, como un seguro de cotización.

Imaginemos que Mr.X compra un millón de acciones del Santander a 10 euros, y desembolsa, por tanto, diez millones de Euros (más los cánones y comisiones correspondientes). Evidentemente, Mr.X confía que entre la revalorización de la cotización y los dividendos, la inversión le sea rentable a un cierto período de tiempo. Si la cotización de la acción baja, Mr.X perdería una parte de su inversión inicial. Mr.X podría tomar una posición corta sobre el Santander, por diez millones de Euros, de los que sólo desembolsaría un millón o menos. Si fijara el precio de 9 Euros como desencadenante para deshacer todas las posiciones, perdería un millón en sus acciones, pero lo ganaría con su posición corta, y quedaría, más o menos, lo comido por lo servido. La verdad es que suena a maquiavélico.

Pero, claro, las posiciones cortas, insisto, que están apalancadas, se han ido convirtiendo en unas inversiones más, sólo que son apuestas a la baja y no al alza. Como al constituir la posición se produce una cierta operación de venta de acciones, indirectamente se está forzando la cotización a la baja. Hay entidades (o índices, o divisas, o materias primas) que han sufrido en algún momento una avalancha de Posiciones Cortas, que han acabado forzando la cotización a la baja más allá de lo razonable.

La Comisión Nacional del Mercado de Valores obligó hace un tiempo a hacer públicas, y registrarlas en su web, donde pueden consultarse, las posiciones cortas superiores a un pequeño porcentaje del total del capital de una entidad. Angela Merkel, en lo más álgido de la crisis de este año, apostó incluso por prohibirlas.

Utilizando una mezcla de todos estos métodos, Jérôme Kerviel dió muchos millones de euros a ganar a Societé Générale. Pero cuando vino el descalabro (una bajada en un día de más del 6%) no pudo más que salvar los muebles, y dejar las pérdidas reducidas a 4.900 Millones de Euros. Jérome le recrimina a SG no haberle hecho caso de tomar una Posición Corta importante sobre Societé Générale, antes de publicar las pérdidas. Diabólico.

Su problema fue parecido al famoso de la "inversión a crédito" por el que han sucumbido muchos brokers. Se trata de tomar prestado un capital de cliente a primera hora de la mañana. Jugar con ese capital durante la sesión de la Bolsa, y devolver el capital a la cuenta de cliente al cerrar la sesión, y quedarse con las ganancias. Claro, si de repente es imposible conseguir ganancias, la situación es mucho peor que arruinarse, ya que se tienen unas deudas colosales, además de que posiblemente se descubra una actividad fraudulenta, porque el cliente que aportaba el capital seguramente no sabía nada de ello.
Una de las imágenes de la Crisis Financiera.
Empleado de Lehman Brothers saliendo con
sus pertenencias en una caja de cartón
(Fuente: johnmaynard

El problema de base que ha destapado el caso Jérôme Kerviel es que la actividad de broker requiere una capacidad mental para mantener la calma que no siempre se da. Muy pronto, el dinero que se maneja se cree que es virtual y no pertenece a nadie, y toda la actividad se convierte en un videojuego mortal. Por eso es imprescindible que haya varios niveles de control, que validen y verifiquen las operaciones realizadas y, sobre todo, que mantengan los riesgos dentro de unos límites razonables. Si este mecanismo se narcotiza con las ganancias, tenemos servida la bomba de relojería.

Jérôme, en la entrevista de Le Parisien, habla del día en que hubo varios atentados terroristas en Londres, con víctimas mortales. Dado que había tomado posiciones cortas sobre alguna aseguradora, consiguió, en unos minutos, una ganancia de 500.000 Euros. Al darse cuenta de que la ganancia reposaba sobre varios muertos, se fue al baño y vomitó. Pero a los pocos minutos estaba otra vez dale que te pego.

En resumen, si se obtienen Grandes Ganancias significa que se han puesto en riesgo Grandes Capitales, y se ha tenido suerte. Si cambia la orientación del mercado, hay que cambiar Ganancias por Pérdidas, lo que supone un riesgo cierto sobre Grandes Capitales. Parte de los cuales pueden ser tuyos o míos.

Los Mercados vistos como gigantescos Casinos Mundiales, entre otras cosas,  nos han llevado a esta crisis. Dicen que quien no aprende de la Historia, está condenado a repetirla.

Da escalofríos ver la mirada mefistofélica de Jérome Kerviel. Pero él no es más que uno de los actores de un gran Drama Universal, quizá algo menos listo que muchos otros. Jérôme ha sido el Cabeza de Turco que SG ha utilizado para irse de rositas.

Dios nos libre de los Bancos y sus fechorías.

JMBA