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jueves, 20 de junio de 2013

Belfast y alrededores

Hay lugares en el mundo a los que se llama de modo diferente, dependiendo de si se han visitado alguna vez o no. Quien nunca ha estado en la India, la llamará así, la India. Pero quien la ha visitado y, muy especialmente, quien la ama, hablará siempre de India, sin el artículo. Lo mismo sucede con Shanghai. Quien nunca ha estado allí pronunciará su nombre como si fuera Shangay, pero quien la conoce, nunca resistirá el embrujo de la hache aspirada, que convierte su nombre en algo así como Shangjay.
El City Hall, en Donegal Square, Belfast, county Antrim,
Irlanda del Norte.
(JMBigas, Agosto 2009)

Lo mismo sucede con Belfast. Quien no la ha visitado hablará de ella como si fuera una única palabra, y sólo se permitirá la frivolidad de escoger una pronunciación como palabra aguda (Belfást) o grave (Bélfast). Quien la ha visitado, tenderá a pronunciarla como si fueran dos palabras, las dos acentuadas, algo así: Bél Fást. Abriendo bien la boca para que la e suene muy musical.

En el marco de un recorrido por Irlanda en coche, en Agosto de 2009, le di la vuelta a la isla en el sentido de las agujas del reloj: Dublín, Cork, Galway, Donegal Town, Belfast, Dublín.

Con ocasión de la primera visita de un monarca británico a Irlanda en cien años, en Mayo de 2011 aproveché la ocasión para contaros un poco de la historia reciente de la isla, los antecedentes de su partición, y los conflictos latentes que todavía burbujean en esa región.

Estos días, se ha celebrado en Belfast una de esas reuniones del G8, donde hay mucho poder dentro y mucho disturbio fuera. No sé si de esta reunión habrá salido algo positivo para la gente, o será como de costumbre.

Pero al hilo de que Belfast está en los periódicos estos días, voy a aprovechar para contaros algunas experiencias que viví en la zona, durante ese viaje.

Mi última etapa antes de entrar en Irlanda del Norte fue Donegal Town, en county Donegal. Este condado, junto con los de Cavan y Monaghan, formaban parte de la provincia irlandesa tradicional del Ulster, pero tras la partición quedaron formando parte de la RoI (Republic of Ireland), porque los políticos estimaron que el balance de fuerzas entre los unionistas y los republicanos no estaba claro, y prefirieron dejar las cosas como estaban.
Belfast Wheel, una noria grande instalada en el centro
de Belfast, la Donegal Square.
(JMBigas, Agosto 2009)

En un barecito rural del county Donegal, tuve ocasión de mantener una breve conversación con la señora que lo regentaba. Con más temor que vergüenza, le interrogué para conocer su opinión sobre la partición. Su respuesta, sin duda tamizada por la edad y los muchos años de convivir con una cierta situación, fue de este tenor: Mire, yo soy profundamente republicana, pero, a fin de cuentas, todos somos irlandeses. Y no tiene ningún sentido que cuando requerimos aquí de una visita al hospital, tengamos que recorrer los doscientos kilómetros hasta Dublín, cuando (London)Derry o Belfast están a sólo unas docenas de kilómetros.

Avanzando con el coche por las carreteritas del norte, en un cierto momento uno cruza desde la RoI a la provincia británica de Irlanda del Norte. No hay ni frontera ni indicación especial de ello. Sólo algún panel indicador de que aquí las distancias se cuentan en millas.

Tenía previsto pasar mis dos últimas noches en Irlanda en la ciudad de Belfast, de modo que dispusiera de un día completo para recorrer un poco los alrededores y las zonas costeras al sureste de la capital. Escogí para pernoctar el Malmaison Hotel, un hotel de diseño (también llamado boutique hotel) que ocupa un antiguo almacén de cereales, en Victoria Street, relativamente próximo a la zona portuaria. Uno se da cuenta de que se trata de un hotel de diseño, porque al entrar buscando la recepción, al final había que sentarse en una mesita frente a una de las empleadas, porque eso era la recepción del hotel. El hotel no disponía de aparcamiento propio, pero a no más de cien metros de distancia hay un gran centro comercial (Victoria Square) con un aparcamiento enorme, muy baratito para dejar el coche por la noche, aunque bastante caro en horario comercial.
Victoria Street, Belfast. El segundo edificio de la derecha
 es el Malmaison Hotel.
(JMBigas, Agosto 2009)

Llegué a Belfast el martes 18 de Agosto de 2009, hacia las seis de la tarde. Tras tomar posesión de la habitación del hotel y demás, salí para dar un paseo y buscar un restaurante donde cenar, ya que casi no había comido nada desde el desayuno en Donegal Town.

A unas pocas manzanas de Victoria Street está Donegal Square, que pasa por ser el centro neurálgico de la ciudad de Belfast, donde está, por ejemplo, el City Hall (Ayuntamiento). Es un paseo de menos de 15 minutos. Vi muy poca gente por la calle, lo que atribuí a que ya había cerrado el comercio.

Pero encontrar un restaurante fue un empeño mucho más complicado de lo que nunca hubiera podido imaginar en una ciudad europea. Hice varios intentos, pero todos resultaron fallidos. En una especie de pub, me dijeron que la comida la servían en el comedor del piso de arriba, pero que estaba cerrado (cuándo abrían - si abrían alguna vez - es una pregunta que dejé en el tintero). En otro local, con mostrador y mesas, sólo había un grupito de chavales charlando entre ellos y bebiendo unas cervezas. Me acerqué al mostrador para intentar negociar algo para cenar, pero el que se acercó a atenderme, me pareció que se esforzaba para no entenderme, y me vino a decir como que la mera existencia de una cocina allí era pura ciencia-ficción. En fin, desistí un momento antes de que decidieran echarme por las bravas. No sé a qué se dedicaría ese local, pero la atención al cliente no parecía ser una de sus inquietudes principales.

En ese peculiar via crucis, con casi total ausencia de peatones por las calles y, por lo tanto, con nadie a mano para solicitarle información, iba pasando el tiempo y empecé a temerme lo peor. Por fin, coincidí en uno de los semáforos de Donegal Square (la plaza era permanentemente barrida por un viento bastante fresco) con una familia, muy evidentemente italiana, que parecía ya poseída por los demonios en su busca de un restaurante inexistente. Intercambiamos algunas frases y nos solidarizamos con las mutuas penurias.
Interior del Centro Comercial Victoria Square, Belfast.
(JMBigas, Agosto 2009)

De pronto, en uno de los portales que daba a la plaza, pude ver un panel donde se podía leer The Grill. Eso sonaba a manduca calentita. Pero el cartel indicaba que, por obras, el acceso a The Grill debería efectuarse por la calle lateral. A donde me dirigí a toda prisa, antes de que se arrepintieran. Allí, subiendo una escalera, acabé llegando a un comedor bastante grande y abarrotado de público (todo el que faltaba por las calles, a esa avanzadísima hora de las ocho de la tarde). Conseguí una mesa y creí que todas mis penas habían terminado, pero ignoraba que no habían hecho más que empezar.

Pedí un entrante ligero y una carne, con una copa de vino, creo recordar. El entrante apareció rápido, con la primera copa de vino. Conseguir una segunda copa fue una misión prácticamente imposible (los camareros iban y venían como poseídos, jurando una y otra vez lo que parecían incapaces de poder cumplir). Terminado el entrante, empezó la interminable espera por la carne. La reclamé no menos de media docena de veces. Finalmente, cuando conseguí hablar medio minuto con alguien que parecía tener un nivel algo superior de responsabilidad, me confesó todas sus penalidades: que con las obras ocupaban una zona no habitual y mucho más extensa; que las cocinas estaban donde siempre, y quedaban muy alejadas de la nueva ubicación del comedor; y que había algunas mesas con muchos comensales, que se llevaban casi toda la (escasa) atención de los atribulados camareros.

Estuve a un paso de levantarme e irme, pero recordé el fresco desierto exterior, y decidí enrocarme, y ejercer mi derecho a que me acabaran sirviendo la carne que había pedido, para poder terminar la cena.

Según parece, el restaurante forma parte de un hotel (muy discretamente, pues no me había dado cuenta hasta que me lo dijeron) y eran esclavos de decisiones que les desbordaban. En el Ten Square (número diez de Donegal Square), existe efectivamente un hotel, y The Grill es su restaurante.
Frente al Strangford Lough, en la Ards Peninsula,
county Down, camino de Portaferry.
(JMBigas, Agosto 2009)

Tras más de una hora de espera, acabó llegando la carne que, debo decirlo, estaba excelente.

Cuando conseguí terminar de cenar, volví paseando hacia el hotel, e hice una parada en un pub para tomar una cerveza, en la esperanza de que esos ambientes eran los únicos donde podría ver habitantes reales de Belfast. El pub en cuestión es un anexo del centro comercial Victoria Square, y en la barra había algunos bebedores solitarios, que llevaban adelante sus propios juegos y bromas con los camareros y camareras.

Me dio la sensación de que la región de Belfast debe estar muy altamente subvencionada, o incluso subsidiada, y buena parte de su población debe vivir directa o indirectamente del Estado, a través de algún tipo de prestación. La industria pesada que dio mucha actividad a la zona (por ejemplo, los astilleros de donde salió el Titanic) se ha ido desarbolando e inactivando, y la nueva Belfast, más orientada seguramente a servicios o al turismo, estaba todavía en perpetua construcción.

En resumen, una sensación ciertamente desazonante. Y eso sin moverse demasiado por la ciudad, manteniéndose por el centro en zonas bastante claramente protestantes, y sin ni siquiera acercarse a la zona de Falls Road, bastante más al oeste, que fue el centro de los peores conflictos durante The Troubles, los problemas que se prolongaron durante treinta años, desde 1968 hasta 1998. Belfast, por diversos motivos, ha sido una ciudad mártir en las últimas décadas. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1941, sufrió el peor bombardeo aéreo alemán (aparte de los de Londres), en el que murieron más de mil personas en una sola noche, y más de diez mil quedaron sin casas.

Sólo en el conocido como Viernes Sangriento de 1972, el IRA Provisional detonó hasta 22 bombas en el centro de la ciudad de Belfast, provocando nueve muertos. En conjunto, hasta 1.500 personas fueron asesinadas por la violencia política en Belfast, entre 1969 y 2001.

A tanta sangre derramada en el pasado reciente, se suma un conflicto que se adivina larvado, como ver ondear banderas británicas en muchas casas, apoyando una causa que se intuye muy discutida.
Pueblecito de Cloughey, county Down, en la
Ards Peninsula, al sureste de Belfast.
(JMBigas, Agosto 2009)

Supongo que tanto sufrimiento es inevitable que le deje a la ciudad una cierta pátina de tristeza, o casi mejor de ensimismamiento. Y un cierto recelo hacia el forastero, que nunca está lo suficientemente claro de qué lado está.

El día siguiente tuve una experiencia bastante más refrescante, ya que tuve ocasión de salir de la ciudad y realizar un amplio recorrido por las zonas del este y sureste de Belfast. Primero por la Ards Peninsula, al sureste, bañada al oeste por lo que es un golfo muy profundo, pero que casi parece un lago grande, el Strangford Lough. Y que, al este, se abre a mar abierto, más o menos frente al puerto escocés de Stranraer, invisible en el horizonte, pero a no más de 25 millas náuticas de distancia.

Pasé por paisajes idílicos, verdes y deliciosamente rurales. Aunque, eso sí, el día era, de nuevo, gris y lluvioso, aparte de bastante fresquito para ser mediados de Agosto. Así, tomé el camino de Portaferry, y luego hacia Cloughey, a mar abierto, y remontar la península por su parte oriental, hasta terminar en Bangor. Bangor es lo que los británicos llaman un seaside resort, prácticamente en las afueras de Belfast y, de hecho, se ha convertido casi en una ciudad dormitorio de mucha gente que trabaja en Belfast. De hecho, Bangor fue elegido como el mejor lugar para vivir en Irlanda del Norte.

Con las idas y venidas por zonas muy débilmente pobladas, se me había echado el tiempo encima. Ya eran las tres de la tarde, y no había comido nada desde el desayuno en el Malmaison Hotel de Belfast. A esa hora, cualquier intento de localizar un restaurante convencional, por ejemplo en Bangor, era una misión imposible. Pero tuve suerte y en Groomsport, muy cerca de Bangor, vi un pequeño aparcamiento junto a un edificio rotulado como Stables, donde claramente se decía: Food served from noon to 9pm non-stop.
Bahía de Bangor, county Down.
(JMBigas, Agosto 2009)

Stables fue mi salvación. Haciendo gala de su eslógan, me sirvieron a esa avanzada hora un suculento plato de pescado, acompañado de una botellita de vino blanco (de origen desconocido, por supuesto). Comparado con la amenaza del ayuno, fue como una bendición del cielo.

Volví luego hacia Belfast, porque quería visitar una librería del centro, para comprar algunos libros que me ilustraran sobre el atormentado pasado de la ciudad y del Ulster en general. Pero esa tarde fue la más lluviosa de toda mi estancia en Irlanda. Y debo decir que en los ocho días que estuve en la isla, ni un solo día no vi llover, a una hora u otra. Pero esa tarde en Belfast se puso a llover con bastante intensidad, y durante un buen rato.

Sin embargo, pertrechado con un paraguas, pude visitar la librería, tal y como era mi intención, y todavía me quedó humor para montar en la Belfast Wheel, una noria gigante (bueno, bastante grande) instalada en Donegal Square, ignoro si de forma permanente o sólo temporal. Creo que fui prácticamente su único cliente en esa tarde inclemente. De recuerdo han quedado algunas fotografías desde la cabina de la noria, donde lo que más se ve son los cristales mojados.

De vuelta al hotel, ya tenía claro que, para cenar, ese día me iba a refugiar en el centro comercial, en Victoria Square, tras la mala experiencia de la víspera. Y allí acabé en un Pizza Hut, que resultó conveniente. Antes de volver al hotel, me tomé una o dos cervezas en el pub anexo que ya conocía del martes, sólo para confirmar mis impresiones previas.
Restaurante "Stables" en Groomsport, "food served from
noon to 9pm non-stop". Mi salvación para el almuerzo.
(JMBigas, Agosto 2009)

El día siguiente, jueves, debía abordar un avión para volver a Madrid, en el Aeropuerto de Dublín, a primera hora de la tarde. Tenía por delante un par de horas de ruta.

En los primeros días de rodar por Irlanda, tuve un incidente con el GPS que me había traído de casa, un tomtom GO910. De repente dejó de ponerse en marcha, y se quedó muerto. Yo había olvidado que esos dispositivos tienen, en alguna parte, un botoncito de difícil alcance, para resetear el bicho. Habitualmente, eso funciona, porque los problemas aparecen por un crash del software. Dándolo por perdido, en Cork tuve que visitar una tienda del ramo, y comprar el GPS más baratito que encontré, con la cartografía de Irlanda. Me hice con un modelo modestito de Garmin, con el que fui completando el recorrido.

Pero la mañana de ese jueves, con el trasiego de mover el equipaje para la vuelta a casa, entre el Malmaison Hotel y el parking del Victoria Square, de repente el Garmin literalmente desapareció. No sé aun hoy qué pasó con él. No creo que me lo robaran, porque nadie pasó lo suficientemente cerca. Pero entre la maleta, las bolsas de mano, y el meter y sacar equipaje del maletero de un coche de alquiler, se desvaneció. Cumplió su cometido, y se volatilizó. Afortunadamente, cuando llegué a casa, le apliqué una aguja fina al botoncito de reset del tomtom, y lo recuperé sin daños permanentes.

La carretera que une Belfast con Dublín es una de las principales de Irlanda, ya que discurre por un corredor en el que vive más de la mitad de la población de toda la isla, y une sus dos ciudades más populosas. Cuando pasé por ella, era una sucesión de obras de mejora en el lado de Irlanda del Norte, mientras que en la zona más al sur, ya en la República de Irlanda, se había convertido en una autovía bastante decente. La sorpresa fue que, sin haberlo advertido (por lo menos yo no era consciente de saberlo), esa autovía resultó ser de peaje. Y de repente llegó la zona de cabinas donde había que pagar 1,90€ de peaje. Y, curiosamente, sólo se podía pagar en efectivo y en euros, sin posibilidad de pago con tarjeta de ningún tipo ni con libras esterlinas. Me pareció una poco sutil venganza (o mejor, pequeña maldad) contra los vecinos del norte.

En el Aeropuerto de Dublín devolví el coche de alquiler, y tomé el avión que me devolvió a Madrid y a mi casa.

Aparte de las fotografías que he escogido para ilustrar este artículo, podéis ver una colección más completa, de 27 fotografías, pinchando en la foto del City Hall. 

Belfast y Alrededores


JMBA

lunes, 9 de abril de 2012

"The Secret Scripture" por Sebastian Barry

Os quiero comentar hoy una novela que me ha resultado de lo más sugerente e interesante.
Portada de la edición que yo he leído.

He leído la edición inglesa en paperback (más o menos equivalente al libro de bolsillo, pero de mayor tamaño; lo que a menudo se conoce como edición en rústica o de tapa blanda), publicada en 2009 por Faber and Faber (Londres). Este libro ganó el premio Costa Book of the Year 2008, y fue finalista para el premio Man Booker Prize. Sé que se publicó una edición traducida al castellano por La Otra Orilla, pero está en la actualidad aparentemente descatalogada. Curiosamente, la edición inglesa opta por una ilustración de portada con una mujer joven de enigmática belleza, mientras que la edición en castellano presenta a una anciana.

Sebastian Barry (1955) es un autor irlandés nacido en Dublín y formado en el famoso y conocido Trinity College de esa ciudad.

La novela nos habla de Roseanne McNulty (Clear, de soltera) que es en la actualidad una paciente enigmática, al borde de cumplir su primer centenario, en un sanatorio mental regional de Roscommon (un condado al noroeste de la República de Irlanda). El sanatorio se va a desmantelar y será sustituido por otro nuevo de menor capacidad.

El Dr. Grene, psiquiatra jefe del sanatorio, está llevando a cabo el trabajo de evaluar a cada paciente, para decidir si puede reintegrarse a la sociedad, o deberá seguir alojado en el nuevo edificio.

Roseanne lleva más de cincuenta años en el sanatorio, pero el motivo de su ingreso no está nada claro para el Dr. Grene, porque la documentación disponible es confusa y los recuerdos vagos, y se siente incapaz de establecer ningún diagnóstico razonado. Intentando superar su crisis personal, tras la muerte de su muy querida esposa Bet, las circunstancias y su investigación le irán aproximando cada vez más a Roseanne.

En una narración a dos voces, se van desarrollando a los ojos del sorprendido lector, las peripecias de la infancia y juventud de Roseanne, en Sligo (pop. 28.579) y sus alrededores, en el condado del mismo nombre. La propia Roseanne, casi centenaria, escribe clandestinamente en su habitación lo que va recordando de lo que ha sido su vida. Y acumula las hojas bajo una tabla suelta del suelo de su dormitorio. El Dr. Grene, en su cuaderno de trabajo, nos desgrana todas las averiguaciones que va realizando sobre la ya larga existencia de Roseanne.

El condado de Sligo, en el noroeste de Irlanda, forma parte de los seis condados que se conocen como Border Region, es decir, la zona fronteriza con la británica Irlanda del Norte. Su costa escarpada, de gran belleza, y el hecho de ser parte del Norte de Irlanda pero no de Irlanda del Norte, hace que la vida allí se desarrolle como en un limbo de autocomplacencia.
Portada de la edición en castellano,
actualmente descatalogada.

La primera mitad del siglo XX (la que le tocó vivir a Roseanne en su infancia y juventud) fue muy convulsa en Irlanda. Empezó el siglo siendo parte integrante (pobre, eso sí, de segunda división) del Reino Unido, pero con sentimientos nacionalistas fuertemente desarrollados en su población. Vivió el Alzamiento de Pascua en 1916, una sangrienta guerra civil, con políticos locales muy volcados en conseguir la independencia, pero divididos en los métodos (la diplomacia y los tratados; la pura violencia), hasta que consiguió convertirse en un país independiente, pero dividido, con seis condados del noreste de la isla (el Ulster o Irlanda del Norte) que siguen formando parte del Reino Unido a día de hoy.

Roseanne, de religión presbiteriana pero inmersa en un entorno gobernado por los católicos, vivió una complicada infancia en una familia muy humilde. Llevó adelante sus pequeñas alegrías con dignidad, intentando esquivar en lo que pudo los siniestros designios de Fr Gaunt, un cura católico y evidentemente misógino, que intentó sustituir a su padre, cuando este murió. Roseanne, dotada de una belleza muy singular (de la que todavía hoy conserva trazas, a pesar de su avanzada edad) consiguió casarse con Tom McNulty, hijo de una familia burguesa de Sligo. Pero su suegra, la cabeza de familia con demasiados secretos de los que no quiere hablar y que nunca perdonó a Roseanne su belleza y su juventud, consiguió anular finalmente ese matrimonio con la ayuda de Fr Gaunt.

Allí empezó para Roseanne un rosario de soledades, miserias, secretos y medias verdades, que acabaron con ella en el sanatorio de Roscommon.

Su infancia en una Irlanda todavía claramente británica fue compleja, entre otras cosas porque en la Irlanda de esa época, no siempre era fácil (o incluso posible) identificar a buenos o malos, a partidarios o contrarios, lo que es bastante común a todas las sociedades sometidas a serios conflictos civiles. A Roseanne no le queda mucho más remedio que danzar al ritmo de los que, en cada momento, van tomando decisiones que afectan a su vida.

El Dr Grene, en su recorrido paralelo al de Roseanne, conseguirá finalmente acceso a lo que Roseanne ha ido escribiendo (esa escritura secreta del título) y conseguirá cerrar por completo el círculo de su vida, desentrañando los muchos secretos que Roseanne ha ido sembrando a lo largo de muchos años. Con muchas sorpresas que se irán descubriendo, por supuesto.

Se trata de una novela narrada con mucho mimo y un evidente cariño del autor hacia la figura de Roseanne. Una chiquilla de singular belleza, de familia presbiteriana pobre, huérfana a temprana edad, que tiene que pelear para sobrevivir en un mundo muy claramente masculino (si no directamente misógino) y muy orientado, si no claramente regido, por las pequeñas jerarquías locales católicas.

En la última página de su escritura secreta, Roseanne escribe: All that remains of me now is a rumour of beauty (todo lo que queda de mí ahora es un rumor de belleza).

En conjunto, una lectura muy instructiva y humana que va deshilvanando, a dos voces, toda una vida llena de frustaciones y miserias, pero también de belleza, armonía y alegrías, hasta que las dos voces se hacen una sola al final del libro. Con la historia atormentada de Irlanda siempre en el trasfondo de la acción.

Muy recomendable, porque del conjunto emana mucha ternura.

JMBA

jueves, 19 de mayo de 2011

Isabel II en Irlanda

Es noticia estos días la visita de la Reina de Inglaterra, Isabel II, a Irlanda. La primera vez que un monarca británico visita Irlanda en los últimos cien años.
La Reina Isabel II y el príncipe Felipe de Edimburgo
a su llegada a Dublín
(Autor: EFE; Fuente: terra.es

Ante todo, hay que decir que Isabel II es la Reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, que es la denominación completa del estado, constituido a su vez por cuatro countries (países) (Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte).

En el verano de 2009 tuve ocasión de realizar una estancia de algo más de una semana en Irlanda, con vuelta a la isla incluyendo Irlanda del Norte (Belfast). El 20 de Agosto de 2009 publiqué una nota en Facebook con mis primeras impresiones del viaje, que recupero aquí porque creo que son pertinentes al comentario sobre la visita de Isabel II a Irlanda.


Hoy he vuelto a Madrid de un viaje de nueve días a la isla de Irlanda. Los próximos días publicaré algunos detalles más.


Por el momento, lo que he hecho es un viaje de macroturismo a Irlanda. Alquilé un coche y he recorrido casi 2.500 kilómetros. Lo cierto es que ni un solo día he visto temperaturas superiores a ... los 20 grados!!!. Ni un solo día no he visto llover.


He finalizado con un par de días en Irlanda del Norte, con hotel en Belfast (dígase BélFást). Es curioso cruzar una frontera sin ni siquiera enterarse, porque se preocupan de no dar la bienvenida a la ROI (República de Irlanda) ni al Ulster, o a Gran Bretaña, ni al Reino Unido. Te enteras de que has cruzado la frontera, porque un panel avisa de que las limitaciones de velocidad están en millas por hora, o en kilómetros por hora. Y mientras el Euro te vale en la ROI, en el Ulster hay que pagar con Libras Esterlinas.

Sólo una primera reflexión. Irlanda es una isla que merece muchos viajes de microturismo. Escoger una zona reducida, y planificar una estancia larga (una semana, quizá). Porque los paisajes y la Naturaleza nunca se agotan. Al que le guste andar, o hacer cicloturismo, o subir al monte, tiene opciones inagotables en Irlanda.
Tabernas en la populosa zona de Temple Bar, en Dublín
(JMBigas, Agosto 2009)

Se nota que la partición de la isla es una herida sin cicatrizar. Todos son irlandeses, pero en el Ulster se ven muchas banderas de la Union Jack (la del Reino Unido), manifestando una voluntad de pertenencia e identidad innegables. Cuelgan de algunos balcones, o lucen en un mástil en los jardines.


La Orden de Orange y el IRA son realidades que siguen estando en los periódicos. Con problemas crónicos de alcoholismo que generan vandalismo en algunas zonas deprimidas. Porque el Sinn Fein, el brazo político del IRA, por utilizar una terminología que nos resulte algo familiar, se ha integrado en el sistema, y forma parte del Gobierno de Irlanda del Norte. Aunque - oído en la radio (BBC Ulster) -, se discute si Escocia sí tiene un Gobierno y un Parlamento porque es una nación, mientras que el Ulster sólo tiene una Asamblea porque no es una nación.


En fin, conflictos enquistados, que no son nada fáciles de resolver. Porque algunos miembros del IRA no integrados (los auténticos, los reformados, los irreductibles,...) ahora forman parte de una organización violenta llamada RAAD, cuyo objetivo confesado es la erradicación de los traficantes de drogas de la sociedad a la que sirven. Me suena próximo a algunos hechos de nuestra historia reciente.


Y, en palabras de la propietaria de un bar en medio del campo en el County Donegal (noroeste de la isla, parte de la ROI, fronteriza con el Ulster): "Yo soy sinceramente republicana. Pero todos somos irlandeses. Y, para nosotros, el que cuando hay que ir a un hospital grande tengamos que hacer todo el viaje a Dublín - más de doscientos kilómetros - cuando podríamos ir a (London)Derry o a Belfast, mucho más próximos...".


Por cierto, Londonderry no existe en la cartografía oficial, ya que la ciudad se sigue llamando Derry, e incluso existe el Derry Journal. Y sigue siendo una ciudad conflictiva con dosis elevadas de violencia larvada.

Por cierto, esta mañana tuve que viajar por carretera desde Belfast al aeropuerto de Dublín, desde donde volvía a Madrid, unas 100 millas. En el Ulster, la carretera es una sucesión de obras de mejora, mientras que la ROI tiene terminada la autopista M1, que resulta ser de peaje sin demasiada información. Sólo que hay que pagar, cuando se llega a las garitas de peaje, 1,90 Euros. Básicamente, echando monedas en los Coin Baskets. No se admiten Libras Esterlinas, ni tarjetas de crédito. Suena a pequeña venganza, ¿que no?.

Llegando a Dublín, el cielo estaba bastante azul (me había llovido buena parte del trayecto) con algunas nubes blancas. Unas horas después, al embarcar, el suelo estaba bien mojado, de nuevo.



La historia de Irlanda en el siglo XX es la crónica de su tormentoso proceso de independencia del Reino Unido, que había gobernado Irlanda como parte de su propio territorio durante los últimos 800 años. Y también de la partición de la isla en la República de Irlanda (Eire), gobernada desde Dublín y que consta de 26 condados, e Irlanda del Norte (6 condados) gobernada desde Belfast e integrada en el Reino Unido.


A principios de siglo, la proclamación de una Home Rule que diera, en la práctica, la independencia a Irlanda, era algo más que un aroma en el aire. En la provincia del norte (Ulster, que constaba de nueve condados a la sazón) la mayoría era unionista (quería seguir perteneciendo al Reino Unido). En los condados de Antrim y Down, la mayoría era aplastante. Era relativa en los condados de Armagh y Londonderry, y había pequeñas mayorías en los condados de  Fermanagh y Tyrone. En los otros tres condados de la provincia del Ulster (Donegal, Cavan y Monaghan), el balance de fuerzas era menos claro. 


El veto de la Cámara de los Lores a la proclamación de independencia era la salvaguarda de los unionistas para que una Home Rule con ese objetivo no pudiera prosperar. Pero en 1912 cambió la situación legal, y el veto dejó de ser un freno a la proclamación de esa ley.


Los Unionistas en el Ulster, previendo una próxima proclamación de la independencia de Irlanda, organizaron un cuerpo paramilitar (los Voluntarios del Ulster) para estar en condiciones de defender, incluso por las armas y con violencia, su pertenencia al Reino Unido. En 1914 importaron fraudulentamente desde la Alemania Imperial unos miles de rifles y abundante munición, con la que equipar a los Voluntarios.
Edificio del General Post Office, en el centro de Dublín
(JMBigas, Agosto 2009)


En 1914 la llamada Third Home Rule Act consiguió la aprobación real. Esta ley preveía la separación temporal de esos seis condados con mayoría relativa de unionistas, del resto de Irlanda. Pero la aplicación práctica de esta Home Rule fue retrasada por el estallido de la Primera Guerra Mundial, que se preveía en principio como de corta duración. 


En 1916, los nacionalistas irlandeses se sublevaron en el llamado Easter Rising 
(o Alzamiento de Pascua). Los activistas republicanos irlandeses, favorables a la independencia de Irlanda del Reino Unido, se levantaron en armas en Dublín y tomaron como cuartel general el edificio del GPO (General Post Office) en la actual O'Connell Street, en el centro de Dublín.

El ejército inglés reprimió muy duramente a los alzados, y tras unos días de batalla desigual, hubo un baño de sangre. Los sublevados habían firmado la Proclamación de la República de Irlanda, pero el levantamiento fue sofocado, y tal proclamación quedó, en la práctica, sin validez.

En las elecciones al Parlamento británico de 1918, la mayoría de los diputados irlandeses elegidos para el Parlamento de Westminster pertenecían al partido Sinn Féin, claramente favorable a la independencia. Organizaron un Parlamento Irlandés alegal, que proclamó la independencia de la República de Irlanda, confirmando la iniciativa abortada en el Alzamiento de Pascua. En ese momento, la República de Irlanda sólo fue reconocida internacionalmente por la recién nacida Unión soviética.


El Primer Ministro británico (Lloyd George) proclamó una ley en 1919 por la que la partición se hacía efectiva. Pero el desencuentro profundo entre los políticos británicos e irlandeses desencadenó la guerra anglo-irlandesa de independencia (1919-1922).


Políticos irlandeses negociaron en Londres un Tratado que fue finalmente aprobado el 6 de diciembre de 1921, y que fue efectivo justo un año después. El 6 de diciembre de 1922 se proclamó el Ireland Free State (Estado Libre de Irlanda), que seguía siendo parte de la Corona británica, pero con total autogobierno. Provisionalmente, Irlanda del Norte se definió como una región autónoma del nuevo Estado.


Pero el Tratado dejaba una oportunidad de que las cosas fueran diferentes. Daba el plazo de un mes para que Irlanda del Norte pudiera reclamar un estatus diferente. Solamente dos días después (el 8 de diciembre), el Parlamento de Irlanda del Norte pedía formalmente seguir siendo parte del Reino Unido, y no depender del nuevo Estado Libre de Irlanda. Esta separación fue efectiva un mes después, y se formó una Comisión de Fronteras para definir los límites entre los dos estados.
Transcripción de la proclamación de la República de Irlanda
por los sublevados del Alzamiento de Pascua, expuesta
en el edificio del GPO, Dublín
(JMBigas, Agosto 2009)


Pero muchos nacionalistas estimaron que lo conseguido en el Tratado no era para nada aquello por lo que habían estado luchando, y se desató una sangrienta guerra civil que duró un par de años. Los trabajos de la Comisión de Fronteras se vieron retrasados por esta guerra, y no concluyeron hasta 1925. La conclusión fue que, básicamente, se respetaron para Irlanda del Norte los límites de los seis condados sin grandes variaciones.


No fue hasta 1949 en que se proclamó la Ireland Act, por la que se constituyó la República de Irlanda, ya desvinculada de la Corona británica. Pero también garantizaba que Irlanda del Norte nunca dejaría de formar parte del Reino Unido, salvo que fuera la voluntad mayoritaria de sus habitantes.


Las tensiones y violencias entre unionistas (mayoritariamente anglicanos) y nacionalistas (mayoritariamente católicos) en Irlanda del Norte dio lugar al sangriento período conocido como The Troubles (Los Problemas), que arbitrariamente se data desde finales de los 60 hasta el acuerdo de Viernes Santo de 1998. Durante The Troubles murieron violentamente 3.524 personas de todos los bandos.


El Ejército británico tuvo un papel destacado durante The Troubles, y no siempre en la posición neutral de mantener el orden, que es el que le hubiera correspondido, por lo que se ganó el odio de los católicos nacionalistas.
También se han podido ver estos días pintadas
contrarias a la visita
(Autor: EFE; Fuente: terra.es)


Existe muchísima bibliografía sobre la historia reciente de Irlanda. Para una aproximación somera, se pueden consultar algunos artículos de la Wikipedia (sobre Irlanda, Irlanda del NorteThe Troubles,...). Podéis también ver muchas más fotos de mi viaje a Irlanda en Agosto de 2009 en Facebook


A un país que ha vivido todos estos conflictos en las últimas décadas es a donde ha viajado estos días la Reina Isabel. Y, sin embargo, de acuerdo a los sondeos, un 80% de los irlandeses estiman como positiva esta visita, ya que se trataría de un símbolo de normalidad entre estados vecinos, condenados a entenderse. Sólo un 20% de la población estima como inapropiada (o directamente rechazable) la visita del monarca británico al territorio del Eire.


Este es uno de los muchos conflictos que la turbulenta historia de Europa en el siglo XX ha dejado enquistado en la cabeza de mucha gente y en el corazón de muchas sociedades. O al revés.


Como gesto de buena voluntad, la Reina Isabel II vistió de verde (el color nacional irlandés) en su primer día en Dublín. Pero no se espera que pida explícitamente perdón por la mucha violencia que propició el Reino Unido en Irlanda en este último siglo.


Isabel II en Dublín. Otra imagen del siglo XXI.


JMBA