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martes, 13 de marzo de 2018

¿Quién puede matar a un niño?

En 1976, Narciso Ibáñez Serrador dirigió una película de terror con este título. Simplificando el argumento, una ficticia isla mediterránea está solo habitada por niños. Los adultos fueron exterminados por niños y niñas poseídos de una extraña enfermedad. Los niños se hicieron los dueños, ante la total pasividad de los adultos, porque ... ¿quién puede matar a un niño?.

Estos días, la opinión pública en España está consternada por los hechos acaecidos en una pedanía de Almería, que condujeron a la desaparición y muerte de un niño de tan solo 8 años de edad. Un niño querido y apreciado por todos los que le conocían. Bueno, por todos menos por una persona, por lo que parece.

Hemos ido conociendo la peripecia de Ana Julia estos últimos años, desde que llegó a España hace ya algo más de dos décadas. Una hija suya, de tan solo cuatro años de edad, que se trajo desde República Dominicana, se tiró por la ventana al patio de luces, desde un séptimo piso en Burgos, donde vivían entonces. Un acontecimiento sospechoso que, con las esperables reticencias, no hubo más remedio que archivar judicialmente, justificándolo como desgraciado accidente.

En esa época, Ana Julia se había casado con un burgalés siete años mayor que ella, y con quien ya tenía otra hija en común.

Al hilo de la publicidad dada a la desaparición de Gabriel, han aparecido otros testimonios que apuntan en la dirección de dibujar a Ana Julia como una persona absolutamente guiada por sus intereses personales, al margen de cualquier otro tipo de consideración. Otra mujer de Burgos asegura que Ana Julia se aprovechó de su padre, muy enfermo y hoy ya fallecido, al que, entre otras cosas, arruinó por completo.

A falta de una confesión formal y de determinar la motivación del asesinato de Gabriel, parece bastante claro que Gabriel le molestaba a Ana Julia, para su intención de trasladarse a vivir a la República Dominicana con Ángel, el padre de Gabriel y actual pareja de Ana Julia.

La crónica negra motivada por delincuentes que anteponen sus intereses personales a cualquier otra consideración es muy amplia. Lo que ocurre es que la mayoría de asesinatos cometidos por esta jauría se acaban tildando de ajustes de cuentas o de eliminación de testigos peligrosos. Porque los muertos no muerden.

Sin ir más lejos, hace unos pocos días un hombre cayó abatido por diez disparos, estando al volante de su coche en el municipio de mayor renta per cápita de toda España. Diez disparos tan profesionales que su pareja, que ocupaba la posición del copiloto, resultó físicamente ilesa. El hilo de la investigación va por el camino de pensar en un ajuste de cuentas, en alguien que no pagó las deudas contraídas con gentes peligrosas, o algún argumento parecido de serie negra.

Grandes traficantes de cualquier cosa ilícita, o capos de cualquier mafia, tienen sobre sus espaldas, sin duda alguna, asesinatos de terceras personas que atentaban a sus intereses personales o grupales. Es casi inevitable que cualquier persona realmente poderosa tenga algún esqueleto en el armario.

Lo que convierte al asesinato de Gabriel en un hecho mediático es que la (presunta) autora no es alguien poderoso, siempre rodeado de abogados, que frecuenta los juzgados, sino que podría ser la vecina de rellano, o quien nos precede en la cola de la panadería.

Y, por supuesto, que la víctima es un niño de tan solo ocho años, cuya única culpa, sin duda, era su mera existencia.

Porque, ¿quién puede matar a un niño?.

JMBA

martes, 18 de marzo de 2014

¿Puede desaparecer un avión comercial?

Este mundo moderno, infinitamente globalizado e infestado de tecnología, hasta en el bolsillo o alrededor de la muñeca de los ciudadanos, nunca dejará de sorprendernos. No nos sorprende que un guásap (permitidme el neologismo) que envía un chaval a dos amigos del pueblo de al lado, para quedar a tomar unas cervezas, acabe registrado en un remoto ordenador de Virginia, donde un autómata, o incluso un operador humano, lo destripa para verificar si tras las cervezas no habrá un intento de subvertir el orden mundial. O, para el caso, que la llamada de María (un suponer) a su cuñada para comentar lo achuchada que está la vida y los problemas de los hijos adolescentes, sea escuchada por un operador, muy probablemente paquistaní, en algún lugar de las afueras de Londres.
Y, sin embargo, casi ni nos sorprende que un avión comercial, un avión Boeing 777 (de unos 70 metros de longitud, y un coste en el entorno de los 250 millones de dólares), pueda desvanecerse y desaparecer sin que nadie parezca capaz de rastrearlo, con 239 personas a bordo.

El vuelo MH370, de Malaysian Airlines, en ruta desde Kuala Lumpur a Pekín (o Beijing), literalmente desapareció el 8 de Marzo de los radares comerciales una hora después de despegar. Lógicamente, la primera hipótesis fue que se hubiera precipitado al mar, por algún problema técnico no identificado, al este de la península malaya. Pero esa hipótesis fue rápidamente descartada.

Las primeras investigaciones demostraron que varios de los pasajeros estaban volando de forma irregular, con pasaportes falsificados o robados. ¡Y nosotros que pensábamos que antes de montar en un avión nos revisaban hasta el color de los calcetines!.

Luego resultó que el comportamiento anterior del copiloto era bastante dudoso, ya que existen fotografías (en las redes sociales) de chicas preciosas y rubias visitando a los pilotos en la cabina, en pleno vuelo, lo que está absolutamente prohibido.

Tímidamente, empezaron a surgir nuevos datos. Hubo que reconocer que, a partir de cierto punto, el avión quedaba huérfano de seguimiento por parte de los sistemas de radar de la aviación comercial, hasta que entrara de nuevo bajo el control de otros sistemas en su ruta. Y también surgieron los datos procedentes de algún radar militar que parecían indicar que el vuelo había cambiado súbitamente de ruta, alejándose del corredor por el que se suponía debía volar hacia su destino.

Aparecieron a continuación datos de algún satélite, que parecían indicar que habían tenido contacto posterior con el avión que, según estas informaciones, habría seguido volando, por lo menos, varias horas después de su desaparición de la ruta planificada. Pero los datos que devolvió el avión al ping del satélite serían incompletos, o sus sistemas no estarían actualizados a la última versión. De modo que resultaba imposible determinar la posición exacta del vuelo en ese momento de contacto, y sólo sería posible determinar que podría ocupar una posición dentro de dos grandes arcos, muy alejados, al Norte o al Sur, de la ruta inicial.

Por supuesto, se han barajado toda clase de hipótesis. Lo único que parece seguro es que alguien a bordo (¿los pilotos?¿algún presunto secuestrador?) habría silenciado el avión, desconectando los sistemas que emiten información que pueden interpretar los radares y satélites, permitiendo así el seguimiento del vuelo. Pero aún así, un bulto volante del tamaño de un Boeing 777 no se puede desvanecer, y debería ser detectado por la infinidad de sistemas militares distribuidos por el mundo, teóricamente para lanzar las alertas tempranas sobre posibles ataques aéreos de los presuntos enemigos. Para esquivarlos, un avión debería volar por debajo de los 100 metros de altura sobre el terreno, y eso no es viable con un avión de este tipo y tamaño.

Si el avión siguió volando cinco, seis o siete horas, como ya parece afirmarse estos días, parece inconcebible que, en algún momento, no acabara escoltado por un par de cazas de alguno de los países de la zona, que le conminara coercitivamente a aterrizar y rendirse.

La biografía de todos los tripulantes y de todo el pasaje se está analizando bajo el microscopio. Se trata de determinar si alguno de ellos tuvo alguna vez alguna veleidad vagamente revolucionaria o terrorista; si alguno de ellos es socio de un club de aeromodelismo; si alguno de ellos compró recientemente un simulador aéreo para el PC doméstico; si alguno de ellos le preguntó alguna vez a la azafata de un vuelo anterior, para conocer la altura de vuelo. En fin, tratando de identificar al enemigo (presunto, siempre).

No me puedo creer que el avión finalmente se estrellara en algún lugar de la amplísima zona que se está escudriñando actualmente (que ya abarca desde el Asia Central hasta Australia), y el choque no fuera registrado por alguno de los infinitos satélites espía que sobrevuelan permanentemente nuestro santo planeta. Y también me cuesta creer que acabara aterrizando en algún lugar (remoto tendría que ser), sin que nadie fuera del avión lo detectara.

Salvo que, por supuesto, alguno de los muchos países que, al menos aparentemente, están colaborando en la búsqueda del avión desaparecido, tenga información y no la comunique por algunos oscuros intereses. O sea directamente cómplice de la desaparición.

Analizando el perfil de todos los pasajeros, se está intentando cotejar si la desaparición de alguno o algunos de ellos pudiera tener una importancia estratégica para alguno de los actores universales (Gobiernos, organizaciones terroristas, empresas competidoras,...). No sería la primera vez que, para disimular el asesinato de alguien concreto, molesto o incómodo por algún motivo para alguien, algunos no tuvieran escrúpulos en asesinar a otras doscientas personas para enmascarar el hecho.

Lo que estamos viendo con la desaparición del vuelo MH370 no tiene precedentes conocidos, y no sabemos intuir ningún patrón que coincida con otros hechos anteriores que hayan sucedido en las últimas décadas. La destrucción de un avión, con presuntos intereses revolucionarios, la hipótesis de un atentado terrorista, no encaja con lo que sabemos, ya que su efectividad depende de la publicidad del hecho. El impacto de este tipo de actos está directamente ligado a las imágenes de los restos humeantes del avión, y a las lágrimas por las víctimas.

La hipótesis de un arranque suicida de los pilotos parece bastante descabellado. A pesar de sus presuntas frivolidades, se trata de pilotos muy expertos, que debemos pensar que eran conscientes de sus responsabilidades para con la compañía y los pasajeros (y sus propios compañeros de la tripulación). Un grave desengaño que pudiera conducir a instintos suicidas, nos llevaría más bien a una cápsula de cianuro acompañada de un trago de whisky de malta, en tierra y en soledad.

Los secuestros de avión a los que hemos asistido en los últimos tiempos, han tenido patrones muy diferentes de esta desaparición. Se ha tratado de desviaciones de rumbo, con toma de rehenes. Aterrizaje en algún aeropuerto neutral y negociación para conseguir dinero u otras contrapartidas. Habitualmente, con éxito casi nulo.

Lo que sí parece probado es que desde el interior del avión se realizaron manipulaciones bastante expertas, a fin de silenciar al máximo el vuelo. En los últimos días también se ha insinuado que el MH370 podría haber utilizado la sombra de otro avión similar (en ruta de Singapur a Barcelona), a fin de disimular sus movimientos.

Los expertos (siempre solamente presuntos), de los que el Wall Street Journal es su principal altavoz, han empezado a difundir toda clase de versiones y posibilidades. Una de las más extendidas tiene que ver con la absoluta reticencia de todos los países (en particular los de la zona en cuestión) a compartir sus datos militares, procedentes de las sofisticadísimas tecnologías electrónicas de que disponen, y que, por cierto, han supuesto flujos de miles de millones de dólares en dirección, principalmente, de grandes compañías estadounidenses expertas en Defensa. Y el origen de esas reticencias estaría en que podrían manifestar no tanto lo que saben, sino lo que ignoran. En otras palabras, pondría sobre la mesa sus propias debilidades. Porque la tecnología, por sí sola, no garantiza una determinada operatividad. Requiere, entre muchos otros factores, de operadores expertos, formados y motivados que las sepan explotar. Y, muy posiblemente, ese no sea siempre el caso.

Personalmente, si yo fuera guionista de películas de acción e intriga, desarrollaría una teoría conspirativa. En el interior del vuelo MH370, en el propio avión, en el equipaje de los tripulantes o de los pasajeros, o en las bodegas del avión, habría algún elemento estratégico, que una organización de tipo mafioso estaría dispuesta a matar por poseer. Y, muy especialmente, si nadie más en el mundo supiera que disponen de ello. Podría tratarse de una cabeza nuclear, o de alguno de sus componentes. O de un virus letal, que podría sembrar el terror en el mundo entero. O de un billón de dólares (un suponer) en Bonos al Portador, que podría desestabilizar toda la economía mundial. O del antídoto de alguna de las epidemias mundiales, que se habría desarrollado pero no distribuido, a la espera de un importante aumento en su precio, tras una crisis sanitaria de nivel planetario, quizá también inducida. O alguna de las personas que viaja a bordo de ese vuelo tendría un conocimiento específico sobre alguna materia extremadamente sensible que, en manos equivocadas, podría provocar una crisis completa de todas las estructuras políticas y económicas de nuestro mundo.

El avión habría podido aterrizar en alguna zona desértica del Asia Central (un decir), aprovechando el intervalo entre pasos del satélite, y habría sido inmediatamente camuflado para esconder su presencia en el siguiente paso. Los rehenes no útiles podrían haber sido directamente asesinados, o bien conservados con vida para crear una cortina de humo en forma de rescate masivo, que enmascararía el auténtico objetivo de la misión.

Lo que está claro es que el avión no pudo seguir volando más allá de unas pocas horas tras su desaparición. Salvo que hubiera sido reabastecido de combustible en vuelo, lo que supondría la intervención de medios que, por lo menos así lo pensamos, están más allá de las posibilidades de algún oscuro grupo guerrillero, terrorista o mafioso. Esto requeriría la intervención turbia de algún Gobierno de aviesas intenciones, o de una organización paragubernamental, al estilo de la Spectra de los primeros James Bond.

El héroe de la película sería un anónimo analista de la CIA (o de la NSA), al estilo del Jack Ryan de Tom Clancy, que, tras sus gafas, detectaría sutiles diferencias entre las fotografías sucesivas del satélite en una zona deshabitada de Afganistán (un suponer). Nadie haría caso de sus observaciones, pero su tozudez le llevaría a hablar con Obama (o quizá también con el premier chino o malayo). Volaría personalmente a la zona de sus observaciones, y tendría que enfrentarse con los esbirros de la organización mafiosa, venciéndoles al final, con el apoyo de militares de medio mundo. Conseguiría rescatar el avión y todos sus pasajeros y tripulantes (si no hubieran sido asesinados por irrelevantes, claro), así como el elemento estratégico desestabilizador.

Y así, el Bien vencería al Mal, asegurando un importante éxito de taquilla.

Seguro que la realidad nos acabará deparando un desenlace diferente, mucho menos brillante y taquillero.

De todas formas, parece increíble que, diez días después de su desaparición, nadie sepa absolutamente nada sobre su situación actual. Parece mucho más probable que alguien sepa, pero que haya decidido, por el motivo que sea, no comunicarlo.

Es inconcebible que la tecnología sea capaz de espiar la llamada telefónica de un paisano en un pueblecito perdido en la campiña, y resulte incapaz de localizar a un bulto volante de setenta metros de longitud.

Todo ello si no fuera porque hay 239 personas que podrían haber muerto, pero todavía nada está confirmado. Todos sus familiares y amigos tienen que estar absolutamente desesperados. Vaya por ellos toda mi solidaridad y apoyo.

JMBA

martes, 19 de febrero de 2013

IBERIA en su Laberinto

Estamos asistiendo estos días a la mayor huelga nunca conocida en la compañía IBERIA. Esta vez son todos sus empleados (pilotos, personal de cabina, mecánicos, personal de tierra, etc.) los que han declarado una huelga de muchos días de duración (para empezar, toda esta semana del 18 de Febrero).
La T4 de Barajas, invadida por el personal de Iberia en
huelga, este lunes.
(Fuente: rtve)










A pesar de los intentos de sentarse para llegar a un acuerdo, no parece que esta posibilidad esté ni siquiera cercana. Y es que las posiciones de las dos partes están terriblemente alejadas entre sí. Y la sorpresa para el ciudadano que no es un experto en estos temas, es que las versiones de la situación que cuentan los directivos de IBERIA y su personal no tienen nada que ver, parece como si se refirieran a dos compañías diferentes.

La dirección mantiene un discurso de rentabilidad y de competitividad. Parecería que sólo con un empeoramiento de las condiciones laborales de sus empleados, la compañía podría recuperar un grado de competitividad suficiente como para garantizar su continuidad y no desaparición. Se habla de prejubilaciones, despidos y reducciones salariales acompañadas de ampliaciones de jornada, etc. En resumen, casi nada que no haya pasado en los últimos tiempos a formar parte de cualquier conflicto laboral.

Por el contrario, la posición de los empleados intenta reflejar el hecho de que IBERIA habría sido vampirizada por British Airways, en el marco de su alianza en IAG. BA se habría cogido para sí las rutas más rentables, obligando a IBERIA a dejar de volar a destinos en los que era líder, como algunos de Latinoamérica, Atenas y otros. Los empleados acusan a la actual dirección de IBERIA de haber entregado la compañía en bandeja a los británicos, y de ello se deduciría que la (presunta) fusión con BA habría sido el peor (y quizá el último) negocio de IBERIA. Por otra parte, afirman que los sueldos en BA para puestos equivalentes son más elevados que los actuales de IBERIA, no digamos los que la dirección intenta imponer.

En fin, estamos acostumbrados a que, ante cualquier conflicto, la versión de las partes sea muy diferente, porque los mismos hechos vistos desde diferentes puntos de vista pueden generar realidades aparentemente contradictorias. Pero siempre se atisba un tufillo a que la diferencia es (solamente) de punto de vista. Y este no es, para nada, el caso en el actual conflicto de IBERIA, donde da la sensación de que las partes describen realidades diferentes.

Las (mal) llamadas compañías de bandera hace tiempo que han dejado de tener ningún sentido. Cuando el transporte aéreo era una actividad heroica y para unos pocos, ese tipo de compañías eran el blasón nacional para participar en una actividad de vanguardia. Pero desde hace ya alguna década, el transporte aéreo ha inundado el mainstream de la sociedad, y se ha convertido en un servicio básico para buena parte de los ciudadanos. Se ha masificado su utilización y ya resulta complicado encontrar ciudadanos urbanos que nunca hayan montado en un avión.

Masificación equivale a competencia, una competencia que es feroz, ya que las compañías aéreas (como las de ferrocarriles, o los hoteles) venden un producto extremadamente perecedero. Una plaza que vuela sin pasajero es un melón que se pudrió por completo, y que ya es imposible de vender (incluso como abono o para hacer zumo de segunda categoría).

Si retrocedemos, por ejemplo, a la década de los ochenta, la situación de este mercado no tenía nada que ver con la actual. Cuando había que realizar un viaje de trabajo, en la empresa, por ejemplo desde Madrid a París, estaba asumido por todo el mundo que el coste de un billete de ida y vuelta en clase Turista iba a costar más de 100.000 pesetas, incluso 150.000 pesetas. Lo que sería el equivalente actual a una horquilla entre 600 y 900 Euros. Actualmente (tres décadas de inflación más tarde), cuando hay que pagar más de 100-150 Euros por un billete en esta ruta, queda la sensación de haber sido timado, o de haber escogido unas fechas de fuerte demanda (puentes, períodos vacacionales, etc.). Algo muy sustancial ha cambiado.
En la calle Caminito, Barrio Boca, Buenos Aires.
(JMBigas, Abril 1985)

En Abril de 1985, tuve ocasión de visitar Brasil y Buenos aires, en compañía de mi padre, en un viaje organizado en grupo (en total, como docena y media de españoles por el mundo). En el grupo había dos hermanas que, debido a un incidente familiar grave, tuvieron que regresar a Madrid unos cuantos días antes de lo que estaba previsto. Hace casi treinta años de ello, y sin embargo tuvieron que pagar del orden de las 400.000 pesetas (cada una; el equivalente a 2.400 euros) para conseguir un billete Buenos Aires-Madrid que les permitiera asistir al funeral por su madre. Actualmente, casi treinta años después, parece caro pagar más de 700-800 Euros por un billete de ida y vuelta a Buenos Aires.

Con ello quiero decir que las condiciones de ese mercado han cambiado de forma dramática. Ha influido decisivamente en ese hecho la aparición de las (mal) llamadas compañías low cost. A fin de cuentas, una compañía low cost se creó desde la nada para atender un mercado cuyas condiciones de competitividad ya eran muchísimo más duras de las que existían cuando se crearon las llamadas compañías de bandera. Se creó para un tiempo nuevo, y no heredó ni vicios ni privilegios.

Ello ha obligado a infinitas reconversiones de las compañías tradicionales, para intentar mejorar su capacidad de supervivencia en ese entorno tan competitivo. Muchas acabaron desapareciendo, fusionándose con otras, siendo absorbidas, disolviéndose en alianzas de todas clases.

IBERIA se ha mantenido durante muchos años entre las poquitas compañías llamadas de bandera que han podido sobrevivir y adaptarse a la feroz competencia. Pero ahora, casi de repente, da la sensación de que lo que eran sus activos se han esfumado, que su capacidad de competir se ha deteriorado al límite de la desaparición, que sólo una cirugía muy dolorosa puede hacer algo para evitar su muerte. La constatación de esos hechos me hace pensar que la versión de los empleados respecto al saqueo de la compañía por parte de su propia dirección, por parte de British Airways y del consorcio IAG, pudiera tener mucho más de cierta que lo que los gestores están dispuestos a aceptar.

Me temo que muchos estamos convencidos de que el papel que jugaría esa nueva IBERIA (si se aceptaran todos los planteamientos de la dirección) en el mercado aéreo europeo sería mucho más secundario de lo que nunca fue hasta ahora. Y que el siguiente paso podría ser su pura desaparición, o la deglución de lo que quedara por parte de BA y/o IAG.

Todas las cosas en este mundo tienen su ciclo de vida, pero no veo ningún argumento serio para justificar que el final de IBERIA sea un hecho inevitable ahora. Tendría que refundarse, reconstruirse en base a las condiciones económicas y de competencia actuales, habría que revisar o eliminar algunos privilegios de otra época que todavía quedan en la compañía, pero teniendo siempre claro que el objetivo final es una IBERIA más fuerte que antes, y mejor equipada para competir con ventaja en un mercado donde la cuchillada es el pan nuestro de cada día.

En fin, el conflicto está servido y me temo que será muy duro esta vez. Ya se vieron ayer escenas a las que nunca deberíamos tener que asistir, pero que se pueden entender (no justificar) porque, esta vez, las diferencias no son de matiz o detalle (que si un 2 ó un 4 por ciento de subida,...) sino entre la vida y la muerte de la compañía. Una negociación fáustica para la que las partes no creo que estén preparadas, y el Ministerio de Fomento deberá jugar un papel importante.

Con sus más y sus menos, a mí siempre me ha gustado volar con IBERIA. Me sentiría muy desamparado si al final desapareciera.
Un tren, en las cercanías de Quilmes, Buenos Aires.
(JMBigas, Abril 1985)

Al hilo de este conflicto, me viene a la memoria el recuerdo de una anécdota que viví en un avión de IBERIA volviendo de Buenos Aires a Madrid, en Julio de 1.999 (recuerdo con precisión la fecha porque, a la llegada, me mudé casi directamente a la que hoy es mi casa). Había tenido que visitar Argentina por motivos de trabajo, a petición de nuestros colegas de allá. Mi jefe entonces les obligó a garantizarme un pasaje en Business, a cambio de la asistencia que solicitaron. En el asiento de al lado del mío, venía Karlos Argiñano (con algunas personas de su equipo; creo que tenía en Argentina un programa gastronómico en la radio o la televisión). Apenas levantado el vuelo, nos sirvieron una espléndida cena. Todavía se utilizaban en los aviones cubiertos metálicos y vasos de cristal. La cena incluía un suculento solomillo, acompañado de un buen vino tinto de Rioja, que servían a discreción. Yo siempre he sido lento comiendo y, además, no estaba muy habituado a estos lujos en los aviones, por lo que me remansé en la suerte. Cuando las azafatas (más bien aeromozas, porque en esos vuelos de IBERIA el personal de cabina siempre tiene espolones, no sólo por su mayor experiencia, sino también por su superior capacidad de negociación para hacerse con las rutas más rentables) habían ya recogido todas las bandejas, yo seguía comiendo con tranquilidad, pidiendo más pan y más vino. Hasta que una de ellas se plantó en jarras enfrente de mí y me espetó: "¡Es usted muy lento comiendo!", a lo que no se me ocurrió otra respuesta que "Qué prisa tengo, si me quedan más de diez horas de vuelo...". Argiñano terció "Déjalo, mujer, al menos que alguien disfrute...".

Podría también recordar ese cigarrito que se podía fumar en la parte de atrás del avión, tras la comida o cena caliente que servían en los vuelos a París.

Me temo que, más pronto que tarde, esos recuerdos serán lo único que quede de una época superada.

JMBA

martes, 11 de enero de 2011

ETA: No era esto ni era así

Una vez más, ETA nos ha deleitado con un videocomunicado en el que informa a la comunidad internacional de sus decisiones. Esta vez, casi la totalidad de los dos minutos y veinte segundos que dura el video se desarrolla en castellano, excepto los rituales Gora del final, que parecen improvisados por su descuidada coreografía de puños izquierdos en alto.
Genial viñeta de Mortimer (2008), que ilustra el aislamiento y la persistente
ensoñación de la banda
(Fuente: nabaizaleokberriak)

Ya escribí un par de artículos en Septiembre a raíz de su último comunicado (el 6 de Septiembre, ¿Qué pasa con ETA?, y el 20 de Septiembre, Nuevo Comunicado de ETA). Me reitero aquí en todo lo que afirmaba en ambos artículos.

Pero este comunicado, llegado como un tardío (y posiblemente envenenado) regalo de Reyes, NO es lo que la sociedad está esperando, y desde luego NO es lo que la izquierda política abertzale necesita para recuperar una posición creíble de interlocutor en el debate político democrático, ya en marcha en este país desde antes de la proclamación de la Constitución en 1.978.

La banda manifiesta y comunica haber tomado la decisión de proclamar un alto el fuego permanente, de carácter general (lo que esto signifique, ellos sabrán) y verificable internacionalmente. A esto dedican exactamente veinte segundos. El resto del comunicado se pierde en una retórica trasnochada y ya superada por todos menos por la propia banda, dando lecciones sobre lo que debe hacerse democráticamente para resolver el conflicto vasco (que sólo existe en su propio imaginario, tal y como ellos se lo representan).

No era esto y, desde luego, no era así, lo que la sociedad espera de ETA. Hay que reconocer que, de alguna manera, es un paso hacia adelante, pues nunca hasta ahora habían proclamado un alto el fuego con estos calificativos. Pero ese paso no está claro que nos acerque a todos al final de ETA, a su disolución, a su desaparición total, absoluta e irreversible.

ETA, como banda armada, como panda de delincuentes mafiosos, no va a tener ningún protagonismo en el debate político, ni en el País Vasco, ni en ningún país democrático del mundo. Lo que la sociedad espera, y lo que creo que la propia izquierda abertzale le está pidiendo, es que desaparezca, que se disuelva, que abandone todas sus actividades. Nadie le ha dado nunca a ETA ningún tipo de legitimidad política para arrogarse el papel de interlocutor válido ni, mucho menos, de tutor o vigilante de los procesos políticos en el País Vasco.

Este último comunicado de ETA está fechado el pasado sábado, 8 de Enero. Justo ese día se desarrolló en Bilbao una manifestación (autorizada), en favor de los presos etarras. Por ahí se han oído algunas declaraciones que suenan a añejas y anacrónicas. Como ese padre que decía que su hijo "está en ETA, y ahí defiende sus ideales". Caballero, no es eso. ETA, desde hace muchos años ya, no es más que una banda de delincuentes, sin nada que decir ni aportar a la política de este país. Y, dicho sea de paso, cuya única esperanza es seguir siendo erosionada por las acciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, hasta su total aniquilación. Esta pasada noche, sin ir más lejos, se han producido dos nuevas detenciones. Porque el Estado NO está en tregua con ETA. Como ha dicho Rubalcaba (que a veces parece el Presidente in pectore), algo más tranquilos, sí. Pero no es lo que se esperaba ni significa el fin de ETA.
Una estética de todo a cien, para un comunicado que
no aporta nada esencial.
(Fuente: noticiasdenavarra)

El problema bastante enquistado que tenemos con ETA no tiene nada que ver con los debates políticos que pueda haber sobre la autonomía, autodeterminación o incluso independencia del País Vasco. Desde hace muchos años, no es más que un problema policial. Y el único movimiento que le está permitido a ETA es proclamar su desaparición, su propia disolución, la entrega de las armas (como sea que se articule esto) y el cese inmediato y completo de todas sus actividades. Sólo con un manifiesto en esta línea, las cosas habrían cambiado significativamente. E, insisto, con seguridad la sociedad sabría ser generosa con los problemas personales de los ex-miembros de ETA. La Justicia debería determinar los castigos y penas que cada uno de ellos debería cumplir. Y luego habría que trabajar en su reinserción en una sociedad a la que llevan dando la espalda desde hace muchos años.
Rubalcaba, vicepresidente del Gobierno y Ministro
del Interior, ha dejado clara la posición del Gobierno.
(Fuente: lasextanoticias)

Cualquier cosa que no sea eso no deja de ser un termómetro del estado de opinión interna en ETA, pero no aporta nada a la resolución del conflicto. Un conflicto que está absolutamente limitado a la propia existencia de una banda armada como ETA. No existe lo que pomposamente llaman conflicto vasco más que por esa pura razón.

Un nuevo comunicado, de estética cutre, rancia, ñoña y ciertamente nostálgica, como siempre, que no aporta nada concreto. Sólo transmite un cierto estado de ánimo en ETA (algo es proclamar un alto el fuego como este), pero insiste en su papel tutelar de lo que suceda en el País Vasco. Absolutamente infumable.

Y la izquierda política abertzale, como defensora de un cierto proyecto político para el País Vasco, por su propio bien debería desmarcarse por completo de estos forajidos que siguen amenazando con estar vigilantes.

No era esto, ni era así, lo que la sociedad espera de ETA. Necesitan seguir trabajando, porque han suspendido de nuevo.

JMBA

lunes, 6 de septiembre de 2010

¿Qué pasa con ETA?

Hay que reconocer que no ha sido una gran sorpresa. El desarrollo de los hechos y declaraciones de las últimas semanas hacía prever que obligaría a ETA a mover pieza. La asfixia de la izquierda abertzale de cara a las próximas elecciones municipales hacía necesaria alguna manifestación de ETA.

(Escenografía del videocomunicado de ETA. Fuente: Diario ABC.

Ayer, a través de rocambolescos caminos, que involucraron, entre otros, a la BBC, ETA hizo llegar a la opinión pública un videocomunicado por el que afirman que ya hace unos meses que han decidido no llevar a cabo acciones armadas ofensivas, por lo que implícitamente declaran una tregua, sin especificar si es temporal, permanente o mediopensionista.

Ante todo, la escenografía nos suena a una película que ya hemos visto, pero en blanco y negro, de antigua que es. Tres encapuchados estáticos frente a la cámara, y una voz de mujer, decidida, que relata, en euskera, el contenido del comunicado. El diario Gara se ha encargado de traducir el comunicado al castellano, y esta versión es la que reproducen la mayoría de medios (por ejemplo, el diario El País).

Insisten en conceptos que sólo ellos entienden, hablan de proceso democrático, como si la situación actual fuera la de hace cuarenta años, o más. Hablan de socialismo, de libertad, de independencia,...

Todos sabemos que la banda ETA está en una posición de debilidad como nunca antes había conocido. Las acciones policiales coordinadas entre varios Estados han decapitado de forma sucesiva a varias direcciones de la organización, y se producen, sin cesar, nuevas detenciones tanto en España como en Francia.

Por todo ello, el comunicado de ETA no tiene más que un único objetivo: pedir que el Estado se ponga en modo tregua con la banda. Las reacciones de los dirigentes políticos, tanto a nivel central como autonómico, han sido claras y firmes: no estamos en tregua con ETA.

ETA debe entender que no puede seguir arrogándose la representación del Pueblo Vasco, que nadie le ha dado. Debe entender que está perjudicando a las fuerzas políticas con objetivos parecidos a los objetivos políticos que ETA dice defender. La asfixia de la izquierda abertzale.

ETA debe entender que sólo hay una salida: su inmediata disolución y su desaparición de la escena política del País Vasco.

Claro que el auténtico problema de ETA es interno. Hay muy serias disensiones en el interior de la banda. Algunas han salido a la luz pública (la disidencia de algunos presos) y otras nos las podemos imaginar. Porque, más allá de la organización y de la banda, hay personas que tienen sus propias opiniones, y las manifiestan con cierta libertad cuando la dirección está débil. No debemos olvidar que, en otros tiempos, ETA tuvo reacciones mortales contra algunos de sus disidentes, en el mejor estilo mafioso. El caso Yoyes, por ejemplo.

ETA debe disolverse. Sus miembros deberán liquidar sus situaciones judiciales y penales personales. Algunos tendrán que visitar las cárceles, claro. Pero, tras su disolución, sin duda la sociedad sabría ser generosa para los que no tengan delitos de sangre.

(Rodolfo Ares, Consejero de Interior del Gobierno Vasco, ayer, dejando claro que el Estado NO está en tregua con ETA. Fuente: Diario La Razón).

Pero sospecho que este escenario, hoy por hoy, es inviable. Dentro de ETA hay, sin duda, personas que no están dispuestas a reintegrarse a una sociedad que desconocen, y en la que no sabrían desenvolverse. Porque su única vida es la clandestinidad y la violencia. Habrá que esperar que el cerco policial y judicial, y la falta creciente de apoyo popular, les lleve a una asfixia que ya no tenga alternativas.

ETA debe desaparecer. Sólo cuando deje de existir la violencia, o la amenaza o incluso la mera posibilidad, de violencia, sólo cuando sea posible que todos los ciudadanos del País Vasco se manifiesten en total libertad, será posible establecer un marco político donde todas las opciones tienen cabida, en proporción a cuántos ciudadanos las apoyan. Debe desaparecer un escenario donde ciertas voluntades se doblegan por la mera existencia de ETA. Y, desde luego, deben erradicarse los comportamientos condescendientes (unos sacuden el árbol; otros recogen las nueces).

Sólo desapareciendo ETA se podrá llegar a un debate estrictamente político, que tan necesario resulta en el País Vasco. Donde todo el mundo se sienta libre para defender sus posiciones por medios políticos. El escenario político catalán no me parece para nada envidiable, pues está bastante enrarecido, pero es la mejor ilustración de que en un escenario puramente político se pueden defender opciones incluso muy contradictorias. La violencia no tiene ningún sentido en un escenario político maduro y democrático.

No tiene ningún sentido un escenario tutelado por ETA. Todos sabemos para qué ha utilizado ETA todas las treguas anteriores, por lo que son dignos de toda desconfianza, y el Estado nunca debe ponerse en tregua con ellos. Sólo su desaparición, su disolución, puede aportar soluciones con perspectivas de futuro.

E incluso en ese caso, las heridas tardarán mucho tiempo en cicatrizar.

Me aterra ver cómo muchos intermediarios están haciendo su modus vivendi de la (presunta) interlocución con ETA. Más gente a quien la desaparición de ETA dejaría sin trabajo, por lo que sus intereses serán siempre necesariamente bastardos.

La única solución es que ETA negocie su desaparición directamente con el Estado. Pero ya estamos cansados de medias tintas. Lo que ETA debe poner encima de la mesa es su disolución, su desaparición, la entrega de las armas, o lo que se quiera escenificar para certificar el nuevo status. Ya no vale nada más.

Hay que atender a todos los detalles. Porque tras la organización hay personas, y hay que asegurarse de que todos sean convenientemente integrados en la sociedad civil, después de pagar lo que tenga que pagar cada cual.

La experiencia con el IRA debe ayudarnos a intentar evitar repetir los errores. Años después de entregar las armas, y de la aparente pacificación definitiva del escenario político de Irlanda del Norte, algunos antiguos elementos del IRA todavía aparecen en bandas armadas que practican la violencia. A menudo con la cobertura de lucha contra el narcotráfico, por ejemplo, matando (ejecutando sin juicio) a presuntos traficantes y cosas de ese tipo. Es inadmisible, y esos flecos deben cuidarse en el proceso de disolución.

Pero que quede claro que una sociedad madura no puede admitir, bajo ningún concepto, la mera existencia de ETA. Aunque no maten. Pero su mera existencia hace pervivir la amenaza de la violencia, y ejerce un chantaje inadmisible sobre los agentes políticos y sobre todos los ciudadanos. No es posible que se arroguen el papel de tutores del proceso político. Su único camino es desaparecer, disolverse, dejar de existir.

Y, mientras tanto, el Estado debe continuar su cerco policial y judicial a lo que queda de la banda. Que de la debilidad a la muerte ya sólo quedan unos poquitos pasos.

Y la asfixiada izquierda abertzale debe entender que, hoy por hoy, está hipotecada por la existencia de ETA. Y que, mientras ETA no desapareza, la sociedad no puede admitir que ocupen cargos públicos, porque son jugadores de ventaja, con obediencias obscenas.

La desaparición de ETA nos beneficiaría a todos, sin excepción. Los únicos perjudicados serían los miembros de ETA, al final solamente unas docenas, o algún ciento, de iluminados trasnochados, ensoñados en sus propios delirios, a quien ya nadie entiende, y cuya única salida es la disolución.

Esperemos que esta escenografía repipi y cursilona sea su canto del cisne.

JMBA