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miércoles, 10 de noviembre de 2010

¿Batasuna en las Instituciones?

Inevitablemente, toda manifestación, pronunciamiento o comentario sobre ETA discurre por terrenos pantanosos. Entre muchas otras razones, ello es debido a que ETA para casi todos no es más que una banda terrorista y mafiosa, mientras para algunos parece seguir siendo un Grupo Armado Revolucionario Separatista Vasco, o algo así.
Arnaldo Otegi
(Fuente: terra.es)

Para su propia desgracia (creo que ahora se están dando cuenta de la vastedad de su error de cálculo) la izquierda política vasca de tendencia fuertemente nacionalista o separatista (normalmente conocida como izquierda abertzale) ha estado (y todavía está) muy cercana a ETA porque pensaban (o todavía piensan), erróneamente, que la propia existencia y actuación de ETA les facilitaba (facilita) sus propósitos políticos.

En un Estado democrático como es España (por lo menos yo, no tengo duda), cualquier opción política puede y debe defenderse por medios estrictamente políticos. Las acciones violentas (armadas o no) quitan toda credibilidad a los argumentos que dicen defender.

Claro que a estas alturas habría que preguntarse seriamente cuáles son los intereses a los que sirve ETA. Cuáles son sus oscuros vínculos con todo el resto de actividades de la sombra. Qué papel juegan en las dinámicas de franquicia del terror, en la formación de terroristas de todo cariz. O qué beneficio han sacado (o sacan) de otras actividades ilícitas e ilegales, como el narcotráfico o el tráfico de armas.
Jesús Eguiguren, Presidente del PSE
(Fuente: Público.es)

Está claro que una organización clandestina hace circular todas sus actividades por las alcantarillas de la sociedad, fuera de la vista. Y en esas zonas anidan bichos inconfesables, y tentaciones inevitables. Hasta qué punto la banda no se ha convertido en una pura organización mafiosa, que presta servicios a terceros que buscan en las alcantarillas remedio a sus problemas.

Sea lo que sea lo que discurra por el subsuelo, lo que todo el mundo en este país debe tener claro es que ETA no pinta nada (no debe pintar nada) en el entorno político del País Vasco, ni de España, ni en el orden político internacional. Nada de lo que haga o diga ETA debe influir en la marcha política de la sociedad. Ni la violencia, ni la amenaza de violencia que ha generado un ambiente muchas veces sofocante, de chantaje permanente, y que ha contribuido a quebrar voluntades y a generar abandonos.

ETA, en estos días, no es nada más que una organización criminal que debe ser perseguida, reprimida y disuelta en cuanto sea posible. Y punto.

Y ahora volvamos a la política. Del PNV no hay que preocuparse mucho, porque tienen la habilidad del gato en caer siempre de pie. Nos olvidamos a menudo de ese "unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces" con el que Arzalluz flirteaba con los violentos. El PNV es un partido democrático, que creo ha entendido ya hace un cierto tiempo que su papel es y debe ser político. Y que toda violencia interfiere (aunque a veces lo hayan dudado) con los propósitos políticos.
Encapuchados de ETA
(Fuente: Revista de La Carolina)

La posición de la izquierda abertzale es más complicada, básicamente porque siguen instalados en la ambigüedad. De iure son una organización ilegal, porque la Justicia decidió ilegalizarla debido a su proximidad a los violentos y a los terroristas. Nunca hasta ahora se les ha visto condenar los actos violentos y oprobiosos de ETA. Ni los chantajes implícitos y explícitos a los ciudadanos vascos, provocados por ese llamado terrorismo de baja intensidad o kale borroka.

Quiero creer que esta posición algo más que ambigua se debe no a que sean de naturaleza violenta, sino porque estaban (y muchos siguen estando) convencidos de que la propia existencia de ETA, y sus acciones, favorece a su propósito político. Gravísimo error que están pagando con la oposición de la sociedad a que puedan estar presentes en las Elecciones Municipales que se celebrarán en Mayo de 2011.
Destrozos del atentado a la T4 de Barajas
(Autor: Claudio Alvarez; Fuente: El País)

Esas connivencias, tolerancias y condescendencias ha acaba creando, con seguridad, algo más que simple coleguismo con los violentos de la banda. Lo que hace más difícil y doloroso para ellos el desvincularse por completo de los violentos, el condenar sin ambages a ETA, y pedir sin dobleces su disolución o desintegración.

Pero ese es el único camino que tienen para poder acceder a las instituciones, y a lo que estas significan (manejo de presupuestos, subvención a los cargos públicos). En el proceso, es muy posible que tengan que prescindir de algunas personas que han desarrollado una complicidad con la banda y sus miembros que les impide desvincularse con claridad de ella. Nadie dijo nunca que ese proceso vaya a ser fácil, ni incruento.
Zapatero y Rubalcaba, en el entierro tras un
atentado de ETA (2008)
(Autor: Santos Cirilo; Fuente: El País)

Creo que la opción política abertzale debe estar correctamente representada en las instituciones. Pero el requisito previo es insalvable. No solamente deben desvincularse de ETA, sino que deben exigirle su disolución y su desaparición de la faz de la Tierra. Y deben hacer todo lo que esté en su mano para que esto suceda sin dobles versiones ni reservas de ningún tipo.

Ya basta de dialécticas hueras, de pronunciamientos vacíos de contenido, de digo digo, pero hay que interpretar Diego. Sólo la claridad absoluta, transparente y cristalina nos puede sacar de este pozo de tierras movedizas.

Y el resto de la sociedad tenemos que ser igualmente diáfanos en nuestras opiniones. La opción política de la izquierda abertzale, estemos o no de acuerdo con ella, debe ser representada de acuerdo al número de votantes que aglutine. Pero toda violencia está fuera del juego político, y para esto no hay excepción alguna.

Ya no valen las treguas ni los altos el fuego, que sólo han servido, hasta ahora, para que la banda se reorganice y se rearme. Ya basta de la dialéctica basada en el conflicto vasco, porque eso es mentira, no hay más conflicto que el que ha ido creando ETA y sus amigos a lo largo de estos años. Ya basta de hablar de  opresión del Estado español, porque eso es mentira, no hay más opresión que la de los violentos sobre el resto de los ciudadanos. Como en cualquier otra parte del mundo, lo único cierto es que hay ciudadanos del País Vasco con proyectos políticos diferentes. Pero es el juego democrático (y no cualquier otro tipo de amenaza) el que debe dar a cada cual la representación que le corresponda. Y el futuro sólo puede ser como todos decidamos que sea.
Pernando Barrena y su cohorte
(Fuente: reflexionesdelaerazp)

En la integración de la izquierda abertzale al juego político normal no puede quedar ni la más mínima duda, o no se producirá.

Ya sólo queda tiempo para Luz y Taquígrafos. Tomar el pulso (en lo que es maestro Jesús Eguiguren, Presidente del PSE, que seguro se deja la piel en ello, con la mejor intención) está ya fuera de lugar. Y Otegui (emponzoñado en juicios y cárceles, embalsamado por sus menciones al conflicto vasco) debería ser ya una figura amortizada, porque no podemos aceptar que a nadie se le ocurra el llegar a presentarlo como mártir.

A la izquierda abertzale como opción política le hace falta un liderazgo firme y claro, alguien identificable que maneje el timón en la dirección correcta. Porque la imagen de esas conferencias de prensa (donde habitualmente no se admiten preguntas) en que hablan uno o dos, y otras dos docenas de personas asisten callados tras la mesa, prestando una tácita aquiescencia y sugiriendo la idea de fuerza, o incluso de violencia,  esa imagen, digo, es suficientemente siniestra como para que sólo forme parte ya del pasado.

Desde la democracia política se pueden defender todas las opciones.

JMBA

lunes, 8 de noviembre de 2010

Las Actitudes tercas de Zapatero

A mi me parece claro que Zapatero es persona de principios (sus principios), y que intenta evitar cualquier muestra de renuncia a ellos, si puede evitarlo.
Breve reunión de Zapatero con el Papa, en Barcelona
(Fuente: El Periódico)

Pero, por otra parte, olvida a veces que su cargo actual de Presidente del Gobierno le otorga la representación del país y de todos sus ciudadanos.

El protocolo exige que los Reyes, en todos sus actos públicos, estén acompañados por algún miembro del Gobierno. Tanto en Santiago como en Barcelona (en la bienvenida y en la despedida al Papa de Roma) se cumplió esta norma. Pero creo que no hubiera sido ninguna renuncia a sus principios el que Zapatero acompañara a los Reyes en la bienvenida al Papa en Santiago, igual que les acompañó en su despedida en Barcelona.

No hay que confundir el respeto debido con la aquiescencia, ni con la conformidad, ni con el acuerdo.
Zapatero, sentado al paso de la bandera USA
(Fuente: elvis071)

A Zapatero le pierde a menudo la terquedad de sus actitudes. Como cuando se quedó sentado al paso de la bandera americana con ocasión de un Desfile Militar. Manifestó con rotundidad ser contrario a la Administración USA de la época (Bush y compañía), pero lo que quedó para la Historia fue una falta de respeto al pueblo norteamericano, que es a quien representa su bandera. En esa ocasión se le podía justificar, porque solamente era jefe de la oposición, y no ostentaba cargo representativo alguno.

Pero luego, sin embargo, aceptó su participación en el famoso desayuno de oración en Washington, al que le invitó Obama. Seguramente porque le interesaba hacerse amiguete del Presidente americano. Una contradicción que se le perdonaría mejor si sus actitudes fueran más flexibles. Todos sabemos que gobernar es negociar (y renunciar a menudo), que hay que tragarse algún sapo antes de conseguir el terroncito de azúcar. Pero él parece ignorarlo a menudo.

Aunque las circunstancias le obligan de repente a tomar medidas (como la Reforma Laboral, por ejemplo), a las que es contrario, pero no le queda más remedio que tirar adelante con ello. Todos deberíamos saber que las promesas electorales son una descripción de lo que se quiere hacer, no necesariamente de lo que se va a hacer. Porque lo que al final se pueda hacer depende de muchísimas circunstancias y presiones, aparte de o incluso contrarias a la voluntad del gobernante.
Zapatero, con los Obama, en el Desayuno de Oración
(Fuente: El País)

Y si no, véase la muestra de la reacción de Obama a la paliza electoral que le ha propinado recientemente la derecha en su país. No le queda más remedio que tender la mano a la nueva mayoría en el Congreso, porque la única alternativa sería dimitir.

Yo no le pido a Zapatero, por supuesto, que asista a misa en la Sagrada Familia, si eso no forma parte de sus convicciones personales. De hecho, he escuchado a Bono, uno de los cerebros mejor organizados de entre los políticos de este país, manifestarse en la misma dirección. Pero su espantada hacia Afganistán para no tener que estar presente en Santiago es de ópera bufa, y le da artillería pesada a sus enemigos.

Mi recomendación a Zapatero es que flexibilice sus actitudes. Respeto no significa vasallaje. Y no hace falta ser irrespetuoso para (intentar) cambiar el mundo. Respetar no significa humillarse, ni renunciar a ningún principio. Desde el respeto se puede ser, también, extremadamente crítico.

Pero manifestar un no respeto siempre acaba pasando factura.

JMBA

domingo, 7 de noviembre de 2010

California y Nevada (1995)

A principios de la primavera de 1995, un amigo (llamémosle C.) y yo conseguimos unos días libres, y organizamos un viaje al Oeste de los Estados Unidos.
Los Angeles
(Fuente: planetacurioso)

Como no había proliferado todavía Internet, compramos unos billetes de avión a Los Angeles en una Agencia de Viajes, y también reservamos un coche de alquiler. Para los hoteles ya nos apañaríamos sobre el terreno.

Volamos de Madrid a Los Angeles con Continental, haciendo una escala en Newark (New Jersey), muy cerca de la ciudad de Nueva York. Todavía era la época en que había una zona de fumadores en la parte de atrás del avión, donde nos juntábamos todos los viciosos. Creo que, además, acabamos con las provisiones de whisky que tenían las azafatas.

C., que se había ganado a pulso el apodo de El Marqués, era un compañero de viaje complicado, porque era de los que un par de horas después de haber llegado al lugar más apasionante del mundo podía proferir eso de: ¿Bueno, y ahora a dónde nos vamos?. Y cuando el Marqués decía "Para Aquí", no podías recorrer ni diez metros, o te ganabas una bronca monumental. Como el coche lo habíamos alquilado a mi nombre, me tocaría conducir todo el tiempo. Pero no me importa, la verdad es que me siento más cómodo conduciendo yo mismo que yendo de pasajero holgazán.
San Diego, California
(Fuente: rocketbanner)

En LAX (el Aeropuerto Internacional de Los Angeles) recojimos el coche que habíamos alquilado (automático, claro), y tiramos para el Sur. Para la primera noche paramos en un Holiday Inn Express a las afueras de Los Angeles.

Al día siguiente seguimos camino hacia San Diego, y allí tomamos un hotel con la idea de pasar varios días. Una de las cosas que queríamos hacer era visitar Tijuana (Baja California Norte, México). Y aprovechamos esa tarde para visitar el famoso Hotel del Coronado (simplemente el Del para los nativos). En este Hotel es donde se filmó la película Con Faldas y a lo Loco (Somehing like it hot), de Billy Wilder, con Marilyn Monroe, Jack Lemmon y Tony Curtis. En la película figuraba que la acción sucedía en un hotel de Miami. Tomamos algo en el bar del hotel, y yo incluso me compré un neceser de viaje con el logo del hotel, que utilicé habitualmente en mis viajes durante varios años, hasta que sucesivos derrames lo dejaron inutilizado.
Hotel del Coronado, San Diego
(Fuente: permanenthoneymoon)

Fuimos hacia el Sur para visitar Tijuana, a la mañana siguiente. Tijuana, de alguna forma, es una clásica población fronteriza. En la zona central (donde se acumulan prácticamente todos los estadounidenses que han cruzado ese día la frontera) hay una oferta muy pintoresca de todo lo que los yankis buscan, especialmente, almacenes gigantes de licores (y garitos de todos tipos, claro). En conjunto, da esa zona la sensación inquietante de que resulta fácil que podamos ser timados de uno u otro modo.

En ese viaje íbamos con un presupuesto desahogado (no como en algunos otros anteriores en que C. no tenía oficio ni beneficio, y tuvimos que viajar como marqueses arruinados). Por ello nos alejamos un poco de las calles más concurridas, buscando un restaurante donde fueran a comer los locales con posibles. Encontramos uno muy recomendable, creo que se llamaba La Costa, o algo así. Nos dimos un homenaje con una comida exquisita, rematada con una Margarita de lujo, en copón tamaño pila bautismal, y tequila añejo. Pero tuvimos la mala suerte de que C. se enamoró de una de las camareras, una tal G.
Calle céntrica de Tijuana, BCN, México
(Fuente: udcomunicacion)

A la salida del restaurante estuvimos debatiendo sobre qué le podría comprar C. a G. (básicamente para demostrar que lo de Marqués lo tenía asumido) para llevárselo luego por la tarde al restaurante. Se decidió por un CD de música que había oído que le gustaba. Dicho y hecho. Como a las 7 ú 8 de la tarde, nos plantamos de nuevo en el restaurante con un paquete regalo. G. libraba esa noche, por lo que el paquete se lo quedó el encargado, con la promesa de entregárselo al día siguiente. Como estábamos ya ahí, aprovechamos para cenar, y cayeron varias de esas Margaritas lujosas y abundantes. Junto con el vino de la cena, alcanzamos un estado de bastante alegría.

Tocaba recoger velas, pasar de nuevo la frontera, y llegar hasta el hotel de San Diego. Con el enamoramiento frustrado y el alcohol, C. se puso rarito, miccionó contra la puerta del coche, y se tumbó en el asiento, empezando a roncar casi a continuación.

Emprendimos el camino de vuelta, ya pasada la medianoche, yo con el temor de que en el cruce de Frontera pudiéramos acabar teniendo algún problema. A esa hora casi todas las garitas estaban cerradas, sin embargo la afluencia de vehículos era considerable. Y lo que parecía es que nosotros éramos de lo más sobrio que corría por ahí esa noche. Cuando llegamos al aduanero (ojillos casi cerrados, de puro sueño), vió un carro americano, dos pasaportes de un país lejano, pero con visado USA en vigor, oteó el asiento del pasajero, para verificar que C. no estaba muerto, y nos dejó pasar sin más.

El día siguiente lo utilizamos para deambular por San Diego (por Balboa Park y hacia La Jolla), y luego fuimos a cenar a un restaurante que nos recomendaron (cerca del hotel; a unos quince kilómetros). Luego tomamos una copa en un bar cercano, donde había actuación en vivo de Jazz. Ya de vuelta hacia el hotel, mis tripas empezaron a darme la lata. Y sucedió el milagro de San Genaro: se me licuó por completo el contenido intestinal, y la presión sufrida llegó a ser absolutamente insoportable. No me quedó más remedio que parar el coche en una esquina y bajar corriendo. Sólo para relajarme y disfrutar, que no quedaba otra opción. Desde entonces sospecho que el Jazz me resulta laxante.

Hecho un cromo multicolor, me tumbé en el asiento de atrás, con el culito en pompa para intentar no manchar la tapicería, y C. tuvo que coger el volante hasta llegar al Hotel. Crucé el Lobby como Groucho Marx, intentando hacerme invisible, y cuando llegué a la habitación, llené la bañera y ahí que eché toda la ropa con gotelé que me iba quitando. Cuando, ya de vuelta a Madrid, llevé esos pantalones a la tintorería, la señora me dijo: Este pantalón tiene moho. ¿Moho?, si usted supiera, señora...
(Fuente: cotizalia)

Desde San Diego nos fuimos a Las Vegas, cruzando el Desierto de Mojave. Sólo era principios de primavera, afortunadamente, porque cruzar ese desierto en pleno verano debe ser una experiencia inolvidable. Cada cierto trecho, al borde de la carretera había unos barriles con agua, sospecho que para enfriar el motor o las ruedas, o quizá hasta para enfriarse uno mismo.

Sólo cruzar la frontera interestatal entre California y Nevada, ya nos encontramos de narices con el primer complejo de hoteles y casinos, ahí mismo, en medio del desierto. Seguimos hacia Las Vegas, con tan mala suerte que coincidió que había un Congreso Médico multitudinario, que no había dejado una habitación libre a 150 millas a la redonda. Tras varios intentos, llegamos a la conclusión de que no íbamos a tener Hotel en Las Vegas (para el que haya estado le parecerá increíble, pero es absolutamente verídico). Con lo cual acabamos deambulando toda la noche de casino en casino, cenando aquí y echando ahí unas moneditas en las tragaperras.

Jugamos un ratito a la ruleta americana (esa en la que cada jugador tiene fichas de un color, y está de pie; y donde existe el cero y el doble cero). En la mesa sólo estábamos nosotros tres: C., yo y la croupier, de ascendencia asiática. Tras varias jugadas sin mucho resultado, la croupier nos insinuó que no estábamos jugando bien. Porque si apostábamos a un número negro, lo razonable era reforzar la apuesta con el negro, o con esa docena, o con esa columna. Que si seguíamos jugando compensando el número negro con apuesta al rojo y así, no perderíamos mucho, pero no teníamos ninguna opción de ganar nada consistente. Le hicimos caso, con el resultado de que agotamos las fichas que habíamos cambiado, y nos fuimos.
(Fuente: getaway)

Ya de madrugada, dormitamos un rato en el coche, visitamos una tienda de donuts para desayunar, y emprendimos el camino hacia Reno, en el Norte del Estado de Nevada. La carretera 95 discurre de Sur a Norte, siguiendo el desierto, y recuerda a esas películas del Oeste donde se ve correr un resto de matorral por el viento, sobre la arena blanca. Tras muchos kilómetros sin nada de especial (bueno, sin nada más que carretera y desierto), llegamos a una especie de parador, en Beatty, donde está el desvío para ir hacia Death Valley. Tomamos algo, pero seguimos camino hacia Reno, porque estábamos matados, y soñando con una habitación de hotel ahí.

Llegamos a Reno hacia las dos o tres de la tarde, buscamos un hotel (esta vez, sin problemas), y nos echamos una siesta de seis o siete horas, hasta que nos despertamos para cenar. Después de cenar fuimos a visitar algún casino, y el Marqués se quedó pegando la hebra, hablando y discutiendo de lo divino y de lo humano, con uno de los camareros de la barra del bar. Yo cambié unos pocos dólares en monedas, y me enfilé con una tragaperras, que me iba dando y quitando, de modo que unos veinte dólares me duraron toda la noche. De vez en cuando aparecía una camarera que me servía un mini cubata, hasta que ya propuso traerme un café con leche. Mientras, C. estaba desaparecido. Cuando ya terminé mi sesión (con agujetas por todas partes) volví hacia la barra para recibir un terrible chorreo del Marqués, que alegaba que le había abandonado en manos de un desaforado camarero. El caso es que yo no me había movido de la máquina, a veinte metros de donde estaba él, pero bueno, todo fue inútil, y ya se llevó el enfurruñamiento hacia el Hotel.

Reno es más pequeño que Las Vegas, y en lugar de estar en medio del desierto, el paisaje es mucho más agradable, puesto que está entre montañas. Pero la gente que puedes ver por ahí es parecida, quizá con más componente nacional que internacional. Antes de partir fuimos a comer al restaurante del hotel. En la mesa de al lado estaba una familia que parecía de granjeros. Por sus pintas, yo aseguraría que llevaban varios días sin dormir ni quitarse la ropa. Igual habían vendido algún ganado y se vinieron a Reno para pulirse las ganancias, con la vana esperanza de convertirlas en una fortuna que llevarse a casa.

Porque los casinos (en Las Vegas o Reno) no cierran nunca. No se ve si es de día o de noche, y no hay relojes a la vista. Por lo tanto, el jugador siempre tiene la oportunidad de acabar perdiendo lo que en algún momento puede que gane. Nunca se ve forzado a irse con las ganancias en el bolsillo. Salvo un golpe de suerte (absolutamente inhabitual), se gana un poquito y se va perdiendo más. Al final, cuando se acaba lo que queríamos jugar, pues se va uno con la música a otra parte. Desde luego, como Modelo de Negocio está perfectamente desarrollado. Alguien me contaba una vez que el Juego es el mejor negocio. Porque si tienes un restaurante, aunque el cliente sea millonario, tras cenarse cinco langostas y dos botellas de champán, ya no puede más. Y si el negocio es de sexo, dos o tres envites acaban con cualquiera. En cambio, en el Juego, el único límite es la bolsa del cliente.

Las llamadas Painted Ladies en San Francisco
(Fuente: amaliorey)

Desde Reno, cogimos la carretera 80, hacia el Oeste, para viajar hasta San Francisco. El primer tramo es precioso, porque es una carretera de montaña, que cruza la Cordillera. Luego pasa por Sacramento, hasta San Francisco. Como ya no teníamos mucho tiempo (teníamos que volver a Los Angeles a fecha fija, para tomar el avión de vuelta) fuimos directos a San Francisco. Deambulando por el centro en el coche, vimos un Hotel Holiday Inn que podía resultarnos conveniente.

Paré enfrente del hotel y, tras bastante lucha, conseguí que C. bajara para negociar en Recepción una habitación para nosotros. Nos convino, y bajamos el equipaje del coche. Nos dieron una habitación en la primera planta. Yo pregunté por un lugar donde aparcar el coche, y me recomendaron un Parking a dos o tres cuadras del Hotel. C. se quedó con el equipaje y yo me fui a aparcar el coche.

Entre ir y volver, tardaría unos diez o quince minutos. Cuando llegué de nuevo, esta vez a pie, al hotel, en recepción me dieron mi llave (bueno, mi tarjeta) y me fui para la habitación, esperando encontrar ahí a C. y al equipaje. Pero en la habitación no había nadie. Comprobé varias veces el número, y todo estaba correcto. Utilicé el servicio (yo soy de lavarme las manos siempre después), y luego me encaminé de nuevo a Recepción. Allí les conté el caso, mire usted, yo he venido aquí con un amigo, pero se me ha desvanecido en la niebla y no sé dónde se habrá metido.

El ascensorista oyó nuestra conversación, y se acercó. En el hall de la segunda planta está sentado un caballero con un par de maletas grandes, que blasfema sin cesar a gritos y en arameo. Le acompañé en el ascensor hasta la segunda planta (un piso más arriba del Lobby, que en Estados Unidos desde la calle se accede a la Primera Planta). Efectivamente, ahí estaba sentado C. con el equipaje, blasfemando e insultándome sin parar. Cuando proferí el reflejo ¿Pero tú qué haces aquí? la tormenta de improperios mutó a huracán y eso ya resultaba incontrolable.

Como pude recogí a C. y al equipaje de nuevo hacia abajo en el ascensor, hacia la Primera Planta. Cuando llegamos a la habitación, su cabreo se había ido retroalimentando y me acusaba de haber estado varias horas desaparecido y demás. Y que no pensaba salir para cenar, que no tenía hambre. Con buen criterio decidí yo tampoco salir a cenar, porque si llego a salir de esa habitación, me hubiera tocado dormir en un sillón del Lobby. En fin, pilló el Marqués una rabieta de la que ya casi no se recuperó en el resto del viaje.

Al día siguiente hicimos una cierta visita turística a San Francisco, con el Cable Car, hacia Fisherman's Wharf, el Golden Gate,... Para cenar, nos dejamos recomendar un buen restaurante para comer pescado, y fuimos a uno llamado McCormick & Kuleto's, que decía ser uno de los 50 mejores restaurantes de Estados Unidos. Posiblemente era el número 50.

Esa era la época en que la ola antitabaco, propiciada como Gran Madrina por Hillary Clinton (que tenía motivos para odiar el tabaco), había recorrido el país, y estaba a mitad de camino de la prohibición total. En California, no se podía fumar en los restaurantes, pero había una cierta tolerancia respecto al tabaco en la barra del bar, si el restaurante tenía una, que era lo más habitual. Si la mesa más próxima estaba a más distancia que una definida en metros y centímetros, entonces se podía fumar en la barra. Con estas disposiciones, tras cenar algunas cosas de pescado con vino blanco, me fui a la barra para tomar un café y fumar un cigarrito. Claro, ese movimiento tenía un peligro anexo, ya que al sentarse en la barra quedaba uno frente a una pared llena de botellas de alcoholes de todas clases, que constituían una tentación invencible para acompañar el café.

Recuerdo que pedí un whisky (al final me tomé dos) al camarero, pidiéndole que administrara y que me recomendara algo bueno. El whisky estaba excelente, pero tenía más de 100 proof (con nuestras medidas, más de 45º). Pasé dos días con el esófago cauterizado, abrasado por ese licor.

Pero en la barra tuvimos ocasión de departir con uno de los cocineros del local, que nos preguntó qué tal había estado la cena. Al vernos tibios, nos confesó que en su propia Escuela de Cocina les advertían de que si sus clientes venían de España, era inútil lo que hicieran con el pescado, que no les iba a gustar. Y es cierto, porque en muchos lugares de España (especialmente en el Norte) estamos muy habituados al pescado muy fresco, cocinado de modo simple (siempre recordaré un rodaballo a la plancha en San Sebastián, sólo con un poquito de ajo y perejil). Y los platos de pescado muy elaborados a menudo intentan ocultar alguna deficiencia en la materia prima. Recuerdo que tomamos unas ostras al horno, que no estaban mal. Pero eso era todo, no estaban mal.
Aeropuerto Internacional de Los Angeles (LAX)
(Fuente: wti2010)

Desde San Francisco bajamos por toda la costa hasta Los Angeles. Y fue una pena que al día siguiente tuviéramos que tomar el avión de vuelta a Nueva York, porque a gusto hubiéramos hecho una o dos escalas en ese camino. Por la autopista nos adelantó un bólido rojo. Un poco más adelante vimos a un sheriff, que venía por la calzada contraria, cruzarse y cambiar de sentido, con todas las luces encendidas y las sirenas atronando, a nuestra calzada para perseguir al bólido. Unas millas después le vimos terminar de administrar una receta al conductor de un Ferrari Testarossa, que arrancó modosito y se puso a 55 millas por hora de velocidad. ¡Qué pena daba ver ese lamentable espectáculo!.

En el Aeropuerto de Los Angeles, al día siguiente, devolvimos el coche de alquiler, y volamos hacia Nueva York, donde nos quedamos unos días, pero esa ya es otra historia.

Tras la desagradable experiencia vivida, ese fue el último viaje lejano que emprendí con el Marqués.

Y luego volvimos para Madrid y la tintorería.

JMBA

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La Visita del Papa a Santiago y Barcelona

Este próximo fin de semana (el sábado 6 y el domingo 7 de Noviembre), el Papa estará en Santiago de Compostela y luego en Barcelona, donde consagrará el Templo de la Sagrada Familia.
(Fuente: temesdavui)

El Papa de Roma ocupa dos posiciones diferentes: es Jefe de Estado de Ciudad del Vaticano, y es además el Jefe (la máxima autoridad terrenal, vamos) de la Iglesia Católica.

Yo no soy creyente, pero tampoco soy ateo (que es, a fin de cuentas, otra forma de religión). Es por ello que la visita me da relativamente igual. Sin embargo, como todas las visitas papales, ha despertado mucha polémica, a favor y en contra.

Por una parte, los fieles y creyentes católicos sienten una cierta emoción por la visita, o muchos de ellos más bien una emoción cierta. Muchos estarán, si pueden, junto al Papa en los actos públicos que protagonizará tanto en Santiago como en Barcelona.

Siendo Jefe de Estado, es normal que se celebre una entrevista o reunión con el Presidente del Gobierno. Pero, como máxima autoridad de la Iglesia Católica, no es lógico que paguemos el coste de este viaje y de su estancia todos los contribuyentes. La Conferencia Episcopal se ha apresurado a afirmar que la mayoría de gastos correrán a su cargo. Pero la visita bloqueará muchos recursos del Estado (que pagamos entre todos), tales como los servicios de seguridad y los de movilidad, entre otros.
Manifestación contra la visita del Papa en Reino Unido
(Fuente: El Periódico)

España tiene un problema pendiente, que hasta ahora no ha sido resuelto. Siendo un Estado laico, se mantiene una relación extremadamente privilegiada con la Iglesia Católica. Por una parte, en el IRPF se habilitó una casilla por la que cada contribuyente puede escoger si quiere (o no), que un pequeño porcentaje de los impuestos que paga sea transferido a la Iglesia Católica para su sostenimiento. Esta posibilidad no existe para ninguna otra Iglesia. Existe otra casilla equivalente, rotulada como "Para Otros Fines Sociales", que desde hace unos años no es una alternativa, sino que, el que quiera, puede tachar ninguna, una o las dos. El dinero recaudado para este segundo propósito lo acaba destinando el Estado a Organizaciones de tipo ONG, de las que algunas también están bajo la órbita de la Iglesia Católica.
(Fuente: Aventura en la Tierra)

Según datos de la propia Conferencia Episcopal, de la campaña de Renta 2008 (la declaración presentada entre Mayo y Junio de 2009), hubo un total de casi 7,2 millones de declaraciones (equivalente a casi 9 millones de contribuyentes, tomando en cuenta las declaraciones conjuntas) que tacharon la casilla de la Iglesia Católica. Esto supuso un total de 252,7 Millones de Euros, que serían transferidos directamente por el Estado.

Existen otras cantidades que el Estado paga a la Iglesia Católica. Entre otros capítulos destacan las subvenciones para sus colegios concertados.

Para mí, el principio es muy simple. Cualquier club debe financiarse por la aportación de sus socios. Está claro que si presta otros servicios a la sociedad, debe recibir su pago por ellos, a los precios que rijan en el mercado. Por ejemplo, si hablamos de un Club Deportivo privado, que organiza cursos de aerobic para la Tercera Edad, que están subvencionados por el IMSERSO, deberá recibir el pago correspondiente, y estas actividades contribuirán a la financiación del club, potencialmente haciendo menos gravosas las cuotas de sus socios.

Pero aquí se acaba la historia. El resto de financiación es el legado que arrastramos por no haber sabido establecer en la práctica una separación clara y nítida entre la Iglesia (católica) y el Estado. Es cierto (y no siempre positivo) que esta sociedad (y la de algunos países próximos) hemos heredado un legado de raíz judeo-cristiana. Pero ya pagamos un peaje importante por ello. Por ejemplo, por nuestra postura extravagante frente al sexo, o por la incapacidad de muchos de entender que el amor no es un fruto que cuelga de los árboles que solamente hay que coger, sino que es un sentimiento que hay que construir y reconstruir todos los días. Y tras buena parte de los episodios de violencia de género está ese sentimiento de propiedad, que se ha perpetuado por el permanente juicio de inferioridad o incluso de impureza que arrastra la mujer para la Iglesia. 
(Fuente: Periodista Digital)

Con la visita del Papa se han despertado diversos colectivos que están militando activamente en contra. El primer argumento (para mi, el incontestable) es que de ninguna forma deben utilizarse dineros públicos (que son de todos los ciudadanos) para sufragar un viaje pastoral del Papa de Roma. Lógicamente, además, un viaje de este tipo tiene unos requerimientos de seguridad con un coste importante. Y generan molestias en los ciudadanos (calles cortadas al tráfico, problemas de movilidad, etc.) sean católicos o no.

Para mí existen dos Iglesias Católicas diferentes. La primera (con mayúscula) es la institución jerárquica, cuya cúpula es el Papa de Roma, y que está integrada por todos los cardenales, obispos, etc. La segunda (con minúscula) es la que forman fieles católicos (y algunos sacerdotes) que realizan diversas actividades del máximo interés social (léase Caritas, sólo como un ejemplo). La iglesia sí vehicula los principios cristianos y católicos. A fin de cuentas, en el núcleo de la doctrina católica hay algunos principios perfectamente asumibles por la moral natural, como el ama a tu prójimo como a ti mismo.
(Fuente: baraderoteinforma)

Pero la Iglesia es una institución extremadamente jerarquizada, una multinacional con dos mil años de historia a sus espaldas. Extremadamente vigilante con su dogma, muy vengativa y rencorosa con sus disidentes, hipócritamente protectora de sus propias debilidades, instalada en un cierto lujo y boato que resulta obsceno, y cuyo máximo objetivo es perdurar y sobrevivir. Con esta Iglesia yo no puedo comulgar (vaya, me salió pelín beata la frase).

Algunos de los que se oponen a la visita del Papa alegan el caso absolutamente vergonzoso de la cobertura a los numerosos casos de pedofilia destapados en los últimos tiempos. La posición oficial de la Iglesia, que se ha ido destapando, es inadmisible por completo. La Iglesia nunca debe dar cobertura a los delitos cometidos por sus miembros, delitos que son, además, pecados. La Iglesia tiene la potestad del perdón de los pecados, pero los delitos la sociedad exige que se paguen ante la Justicia. Y, según se ha podido comprobar en muchos casos, incluso se ha pagado a las víctimas para que dejaran de incordiar.
(Fuente: Sanlúcar)

La Iglesia sufre con estos hechos la consecuencia de algunos anacronismos, de los que no ha sabido desprenderse a tiempo. Por ejemplo, el celibato eclesiástico o la prohibición de que las mujeres puedan acceder a la pirámide jerárquica (no pueden ser sacerdotisas, y por tanto jamás podrán ser obispas ni cardenalas ni, por supuesto, Papisas), son caldos de cultivo ideales para la proliferación de toda clase de vicios, cuyas víctimas, vaya por Dios, son externas. Con estas premisas, resulta contradictorio, si no directamente aberrante, que la Iglesia pontifique sobre el amor, el sexo, la procreación, la familia. Todas ellas cosas de las que están formalmente alejados por sus propios estatutos.

Además, en su seno o en las proximidades, habitan diversas sectas (alguno igual se molesta por llamarlas así) de objetivos altamente dudosos. Recientemente se destapó el escándalo de los Legionarios de Cristo, y el Opus Dei como prelatura personal está permanentemente bajo sospecha de la sociedad civil.

Y, en los aspectos financieros, de la Iglesia Católica se han destapado asuntos muy turbios en las últimas décadas, como el tema del Banco Ambrosiano, entre otros.

En resumen, a esa Iglesia no admito que vaya a parar un solo céntimo de los impuestos que tengo que pagar.

A Benedicto XVI, además, algunos le achacan un pasado turbio, puede que más que relativamente filonazi. Pero ese tema, por desgracia, no es exclusivo. Sólo con el paso del tiempo, y la desaparición de los que vivieron esos momentos tan duros de nuestro siglo XX, esas heridas podrán cicatrizar.
(Debería decir iglesia, no Iglesia)
(Fuente: Periodistas en Español)

A la otra iglesia, la que desarrolla actividades socialmente encomiables, aquí o en otros países más desfavorecidos, no tengo inconveniente en que se la financie con parte de mis impuestos.

Para el bien de todos (empezando por la propia Iglesia) mi recomendación es que practiquen una transparencia total, tanto en lo que se refiere a las fuentes de financiación como al destino de sus gastos. Luz y taquígrafos. Y los delincuentes que paguen sus faltas ante la Justicia, que debe ser igual para todos.

Resumiendo, y hablando de la próxima visita del Papa a España, aunque no me preocupa demasiado, no soy nada partidario.

JMBA

martes, 2 de noviembre de 2010

La Doctrina del Shock por Naomi Klein

Todo libro nace con un propósito. Si es una novela, el propósito es narrar una historia, habitualmente de forma que resulte interesante para el lector. Si es un ensayo (como en este caso) el propósito es aportar suficientes datos como para confirmar una tesis preexistente, por lo menos en la mente del autor.
(Fuente: Casa del Libro)

Para empezar, conviene saber que Naomi Klein es una activista canadiense antiglobalización. Esto significa que sus opiniones están necesariamente impregnadas de ese hecho. Sin embargo, aporta tal caudal de datos sobre situaciones políticas e históricas que hemos visto reflejadas de una cierta forma en los medios de comunicación del momento (en los periódicos, en los noticieros,...), que nuestro punto de vista debe ampliarse para incluir su tesis. Que es, por cierto, estremecedora.

De alguna forma, en el núcleo de la tesis está Milton Friedman, un economista ultraliberal que practicó la docencia en la Universidad de Chicago, y que dió lugar a la llamada Escuela de Chicago. Para hacernos una idea de lo que estamos hablando, resumamos las tres recomendaciones básicas de Friedman a los Gobiernos, extraídas de su libro Capitalismo y Libertad: 1) Deben eliminar todas las reglamentaciones y regulaciones que dificulten la acumulación de beneficios; 2) Deben vender todo activo que posean que pudiera ser operado por una empresa privada y dar beneficios; y 3) Deben recortar drásticamente los fondos asignados a programas sociales (síntesis extraída de la reseña publicada en solodelibros).
Naomi Klein
(Fuente: wikimedia)

Seguro que estos principios nos resultan dolorosamente próximos. De hecho es la doctrina básica de los ultraliberales, o de los llamados neocons estos últimos años. En resumen, reducir al máximo el tamaño del Estado, reducir (si no eliminar) la intervención del Estado en el reequilibrio de rentas y en la protección de los más débiles, y privatización de todos los servicios (que sean rentables, eso sí). Hasta convertir al Estado en un contratista global, que subcontrata la prestación efectiva de los servicios que tiene la obligación de suministrar a los ciudadanos. En resumen, una política cuyo resultado es hacer más ricos a los ricos, y más pobres a los pobres.

El análisis exhaustivo que realiza Naomi Klein en este libro (La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre. Paidós Ibérica bolsillo, 11,95 Euros) tiene que ver con las ocasiones históricas clave en que esta teoría económica se ha impuesto en diversas partes del mundo. Y, sobre todo, con sus brazos armados. En primer lugar, el Fondo Monetario Internacional, pero seguido por las principales instituciones de Estados Unidos (en realidad, el propio Gobierno de Estados Unidos). Y todo ello para proteger y favorecer a sus propias grandes corporaciones, para crearles nuevas fronteras que les permitan aumentar sus beneficios.
Milton Friedman (1912-2006)
(Fuente: liberalismoonline)

Naomi Klein establece un paralelismo muy estimulante entre ciertas técnicas médicas (como el electroshock) y las tácticas del capitalismo salvaje para implantarse donde y cuando ha tenido ocasión, o ha podido propiciar. Con el electroshock, por cierto ampliamente utilizado en variados escenarios de tortura, se persigue que el paciente se convierta en un papel en blanco, en el que se pueda escribir de nuevo desde cero. Y la doctrina del shock es la táctica política que ha propiciado en muchos escenarios la implantación de esta práctica económica de capitalismo salvaje.
Salvador Allende
Presidente de Chile (1970-1973)
(Fuente: carbonell)

Cualquier sociedad sometida a un shock (sea un Golpe de Estado, sea una situación bélica, sea una catástrofe natural) sufre una desorientación cierta, y es más dócil ante la implantación rápida de medidas que afectan directamente a su bienestar, y puede llegar a aceptarlas como inevitables. Cuando se da cuenta de lo ocurrido, ya es tarde. Se habla también de Capitalismo del Desastre porque es en estos caldos de cultivo donde la Escuela de Chicago ha encontrado campo abonado para la implantación de sus tesis.
Augusto Pinochet
Dictador de Chile (1973-90)
(Fuente: imageshack)

El libro revisa situaciones históricas como el Golpe de Estado contra Allende en Chile en 1973, las diversas dictaduras latinoamericanas de los setenta y ochenta, la transición de Polonia desde el comunismo hacia la democracia y el capitalismo salvaje, el caso de la Sudáfrica de Nelson Mandela, la descomposición de la URSS, la Invasión de Irak (de alguna forma la primera guerra prácticamente privatizada y televisada en Prime Time), y las situaciones creadas tras algunos desastres naturales, tales como el huracán Katrina en Nueva Orléans, o el Tsunami que azotó el Sudeste Asiático hace unos años. Así como la apertura económica china propiciada por Deng Xiaoping, encaminada a convertir a China en la fábrica del mundo.

Resulta muy ilustrativo el poner énfasis en los factores económicos, y visualizar la política (y, a menudo, la represión anexa) como un instrumento al servicio de los cambios económicos que se quieren imponer.

La Escuela de Chicago (con el beneplácito y el apoyo de algunas grandes multinacionales y la propia Secretaría de Estado de USA) practicó el proselitismo de sus ideas en América Latina, en los 60 y 70, para oponer la doctrina del capitalismo salvaje a las vigentes en la época en esa zona, como el llamado desarrollismo. Muchos estudiantes de los principales países de América Latina se graduaron en Economía en la Escuela de Chicago. Y luego jugaron papeles decisivos en la definición económica de los nuevos regímenes aparecidos tras episodios violentos, como Golpes de Estado, por ejemplo. La élite económica del Chile de Pinochet o de la Dictadura Argentina (o brasileña, uruguaya o boliviana) estaba formada por alumnos de Friedman en la Escuela de Chicago.
Lech Walesa, en su etapa de líder del Sindicato
polaco Solidarnosc (Solidaridad)
(Fuente: terra)

Los años 90 vieron el fin del comunismo político, la caída del Muro de Berlín (en 1989), la disolución de la Unión Soviética como contrapoder mundial, y lo que Fujuyama nombró como El Fin de la Historia. Un campo abonado para la extensión del capitalismo (del desastre) como única alternativa viable a la situación bipolar previa, ya quebrada. En 1989 se produjo la masacre de la plaza de Tian'anmen, más bien la represión salvaje de los opositores a la nueva política económica liberalizadora de Deng Xiaoping (inspirada por la Escuela de Chicago), que no la represión de un régimen autoritario contra los que pedían más democracia.

La Doctrina del Shock nos aporta unos ojos nuevos para analizar la actualidad en cualquier parte del mundo. Un elemento más que habitualmente está enmascarado y del que raramente se habla, sucumbiendo la opinión internacional a la total superficialidad. Es muy interesante, asimismo, la cuestión de las agresiones contra los Derechos Humanos, que casi siempre tienen un propósito, que es el de silenciar a los que no están de acuerdo con el nuevo orden económico impuesto.
Boris Yeltsin
Presidente de la Federación Rusa
(1991-99)
(Fuente: cbc)

La Administración Bush fue un ejemplo perfecto de la puesta en práctica de las doctrinas de Milton Friedman y del capitalismo salvaje. No fue un hecho baladí que Donald Rumsfeld, ese personaje bastante siniestro que fue Secretario de Defensa, fuera discípulo aventajado y gran admirador de Friedman. El propio planteamiento de la Invasión de Irak estuvo basado en la Doctrina del Shock. Se trataba de noquear, narcotizar, insensibilizar, a la sociedad civil iraquí, para que aceptaran sin rechistar la implantación de un nuevo orden. Como en las prácticas del electroshock, convertir a Irak en un papel en blanco, donde diseñar desde cero un nuevo país. El fracaso vino, entre muchos otros errores de criterio, de que el estado de shock es transitorio, y la única forma de actuar es con extrema rapidez, antes de que el paciente se recupere.
Donald Rumsfeld
(Fuente: brainythoughts)


Con anterioridad, friedmanitas significativos en el poder, en estados democráticos, fueron Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

En España hemos vivido algunos episodios relacionados con estos hechos, como la famosa foto de las Azores. Lo que yo no sé es si Aznar actuó conscientemente, ajuntándose con los adalides de la Doctrina del Shock para intentar sacar ventaja para España y para las grandes corporaciones españolas, o simplemente sucumbió a la fascinación de la foto con los amos. Los resultados vistos, desde luego, abonarían esta segunda hipótesis.

Y hoy mismo, en la Comunidad de Madrid, tenemos a una Presidenta ultraliberal (neoliberal, neocon, o como la queramos llamar), seguidora de la Escuela de Chicago, que ha privatizado en la práctica buena parte de la Sanidad y la Educación.
Bush, Blair y Aznar, en las Azores
(Fuente: miguelangelmarti)

Y el FMI sigue por sus fueros, imponiendo medidas friedmanitas para la salida de la crisis que estamos viviendo. La Unión Europea (y Zapatero con ella) se ha tenido que plegar a sus recomendaciones ultraliberales (reducción del déficit público a base de reducir el gasto público, entre otros la rebaja del sueldo de los funcionarios).

Para analizar la actualidad, tenemos que seguir la norma de los investigadores criminales ante un asesinato: ¿Quién se beneficia con su muerte?. Como diría Hercules Poirot, cherchez l'argent.

Le agradezco desde aquí a mi buen amigo George su recomendación para leer este libro.

La Doctrina del Shock, un libro de amena lectura muy recomendada para todos. Que nos ayudará a ser un público menos dócil y menos crédulo, y a formarnos una opinión más informada sobre la actualidad.

JMBA