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viernes, 16 de octubre de 2015

El Somontano de Barbastro

A finales de Junio estuve unos días en Barcelona, para asistir a algunas celebraciones familiares. Para la vuelta hacia Madrid, decidí realizar un desvío hacia el Somontano, en la provincia de Huesca. Reservé habitación para un par de noches en el Gran Hotel Ciudad de Barbastro, situado en pleno centro de la ciudad, en la Plaza del Mercado.
La Plaza del Mercado, Barbastro.
(JM Bigas, Junio 2015)

El camino más directo para ir desde Barcelona hasta Barbastro (Huesca) es por Lleida (A-2), y luego por la A-22 (autovía Lleida-Huesca). Pasados Binéfar y Monzón, se llega a Barbastro.

Sin embargo, esta vez cedí a la nostalgia. Tenía cierto interés en pasar por la Pobla de Segur, en el prepirineo leridano. Allí estuve trabajando,a principios de los años 80, en un proyecto informático arcaico (atendiendo a los patrones de hoy) para la Caixa Rural del Pirineu, una de esas pequeñas cajas de ahorros comarcales que, tras sucesivas fusiones, acabó integrada en La Caixa.

Este antojo me obligó a un rodeo importante. Primero por la A-2 hasta Cervera, y luego por carreteras más locales, por Agramunt y Artesa de Segre, y bordeando luego los pantanos de Camarasa primero y de Terradets después, hasta pasar Tremp y Talarn. Otro pantano más en el Noguera Pallaresa (el de Sant Antoni), para llegar finalmente a la Pobla de Segur. El desvío fue puramente nostálgico, porque no reconocí nada del pueblecito prepirenaico que recordaba en la que hoy es una extensa población (pop. 3012). Mis recuerdos de la época se limitan al que entonces era el único hotel (1.000 pesetas - 6 Euros - la pensión completa, con comidas y cenas pantagruélicas) y a una discoteca de fin de semana que, el resto de días, era una especie de puticlub amateur.

Desde allí seguí camino por el Eje Pirenaico (N-260) hacia Pont de Suert (donde paré para comer un menú del día más que correcto) y luego, ya entrando en Aragón, por Castejón de Sos hasta Aínsa. Desde allí tomé la carretera autonómica A-138, hacia el Sur en dirección a Barbastro.

El Somontano de Barbastro es una comarca prepirenaica de Aragón, en el centro de la provincia de Huesca, con una superficie de 1.163 km2 y una población total de 24.111 habitantes. Incluye 29 municipios, de los que el más importante es el de Barbastro (pop. 17.210). Su nombre obedece a que ocupa el piedemonte de las sierras prepirenaicas, con una altitud habitual en torno a los 400 msnm. El territorio está cruzado por las fértiles vegas de los ríos Alcanadre, Isuala, Vero y Cinca, entre otros, y sus máximas elevaciones se dan en la Sierra de Guara y algunos otros lugares.
Bodegas Otto Bestué.
(JM Bigas, Junio 2015)

La actividad vinícola en la comarca es centenaria. Sin embargo, la apuesta por la calidad y la internacionalización es relativamente reciente. La Denominación de Origen Somontano se constituyó en 1984 y se ha desarrollado con mucha rapidez. La calidad e imagen de sus vinos le ha puesto por delante de otras Denominaciones aragonesas mucho más antiguas, y hoy es, a nivel de toda España, una de las Denominaciones de Origen con mayor reconocimiento y prestigio en el mercado.

Hay un total de 31 bodegas y 424 viticultores, con 4.187 hectáreas de viñedo inscritas en la Denominación. En 2014 se recogieron unos 15 millones de kilogramos de uva y se produjeron algo más de 105.000 hectolitros. La D.O. Somontano puso en el mercado unos 14 millones de botellas, de las que el 70% se vendieron en el mercado nacional, y un 30% en el internacional.

Tres de las bodegas son gigantes que, conjuntamente, seguramente produzcan (no tengo las cifras detalladas) en torno al 80% del total de la Denominación. Se trata de Bodegas Pirineos, Viñas del Vero y Enate (Viñedos y Crianzas del Alto Aragón, S.A.).
Entrada al edificio principal de Bodegas Sommos.
(JM Bigas, Julio 2015)

El rápido crecimiento ha provocado crisis financieras importantes en algunas de las bodegas, que se han resuelto de diversas formas. Así, Pirineos forma parte actualmente del Grupo Barbadillo, mientras que Viñas del Vero está integrada en González Byass. Y las originales Bodegas Irius, que realizaron una importante inversión construyendo un edificio arquitectónicamente singular al sur de Barbastro, se han convertido muy recientemente, con nuevo capital, en las Bodegas Sommos.

El resto de bodegas son prácticamente familiares, con producciones modestas en el orden de magnitud de los cientos de miles de botellas por año, o incluso inferiores.

Sin embargo, la mayoría pueden ofrecer una historia impresionante, con actividad vinícola que abarca varios siglos.

* * *

Camino de Barbastro, al borde la propia carretera A-138, me detuve en la Bodega Otto Bestué, cuyo eslógan es "viñadores del Somontano desde 1640". Esta bodega dispone de una tienda muy bien surtida con todos sus productos, entre los que destaca un excelente rosado de Cabernet Sauvignon y Merlot, un blanco de Chardonnay, y unos tintos selectos, como los de Finca Rableros o Finca Santa Sabina.
Impresionantes viñedos, pulcramente alineados, rodean
las Bodegas Sommos.
(JM Bigas, Julio 2015)

Como eran días de muchísimo calor y me quedaban todavía varios días de viaje antes de llegar a casa, decidí que, en lugar de llevarme los vinos que compré en el coche, pedí que, por un pequeño plus, me lo enviaran directamente a mi casa de Madrid, lo que hicieron sin ningún problema.

* * *

Barbastro es una pequeña población muy agradable. Aunque poca ocasión tuve de realizar turismo en la ciudad, sí realicé algún paseo desde la Plaza del Mercado, donde está el Gran Hotel Ciudad de Barbastro, un cuatro estrellas muy correcto, hasta el Paseo del Coso. O en dirección contraria, hasta cruzar el río Vero.

La Plaza del Mercado es peatonal, pero el Hotel dispone de un garage subterráneo, al que se accede por la calle posterior, Martínez Vargas.

Llegué a Barbastro la tarde del martes 30 de Junio y dediqué todo el día siguiente, miércoles 1º de Julio, a una ruta bastante completa por la comarca, con visitas a varias de las bodegas de la Denominación.

El propio martes cené en el restaurante gastronómico del hotel (excelente, y la pena es que éramos muy poquitos comensales). Antes de cenar di un breve paseo, en el que descubrí una curiosa tienda en la propia Plaza del Mercado, frente al hotel. Se llama Esencias del Somontano y solamente abre por la tarde, a partir de las cinco hasta las nueve o así. Aparte de tienda de vinos, organizan sus propias sesiones de degustación y cata, y tienen su propio Club de Vinos. Tuve ocasión de tener una interesante charla enológica sobre el Somontano, con uno de sus responsables. Me preparó para la jornada siguiente y les prometí una visita el miércoles por la tarde, para comprar algunas botellas de bodegas que finalmente no tuviera ocasión de visitar.
Bodegas Lalanne.
(JM Bigas, Julio 2015)

La primera visita del miércoles fue a las Bodegas Sommos. Inicialmente llamadas Irius, problemas societarios han llevado a la entrada de nuevo capital y a su cambio de nombre. Está situada ligeramente al sur de Barbastro, junto a la carretera N-240 (N 41,991528º,  E 0,152745º), frente a las Bodegas Laus, otra de las clásicas de la Denominación. En una extensa finca, se alza el edificio principal de la bodega, que es una singularidad arquitectónica y a nadie que transite por la zona le pasará desapercibido. El cambio de nombre y dirección es muy reciente, y apenas han empezado a comercializar los vinos de la nueva era (especialmente la colección Glárima, en todos los colores). Todavía tienen a la venta algunos reservas de la etapa anterior (los Absum). La recomendación de mi mentor de la tienda de Barbastro llevaba a los blancos y rosados de la nueva gama, y a los tintos de la anterior. Los vinos tintos de la nueva etapa todavía necesitan un tiempo para consolidarse.

Las Bodegas Sommos están muy preparadas para las visitas turísticas, incluso de grupos numerosos. Tienen una tienda, junto a la recepción del edificio principal, muy bien surtida y excelentemente dispuesta. A pesar de que la solanera era sofocante, tuve ocasión de dar un breve paseo en torno al edificio principal, con vistas impresionantes sobre los inacabables viñedos, muy pulcramente cuidados. Frente al edificio hay una zona experimental, con diversos tipos de viña y varios modos de cultivo. Todo ello muy orientado a las visitas de interesados en el mundo de la enología.
Bodegas Enate, en Salas Bajas, desde el
inmenso aparcamiento.
(JM Bigas, Julio 2015)

Mi siguiente visita fue a la familiar Bodegas Lalanne. Esta se encuentra situada al norte de Barbastro, junto a la bifurcación entre las carreteras de Alquézar y la de Salas Bajas (N 42,061487º, E 0,089071º), y muy cerca de los tres gigantes de la Denominación. En su fachada lucen orgullosamente la fecha de 1842, en que fue fundada la bodega por una familia francesa procedente de la zona de Burdeos. La familia Lalanne sigue al frente de la Bodega.

Me recibió una de las mujeres de la familia, Leonor, que me hizo los honores de los diversos vinos que producen. Blancos de Chardonnay y Gewurztraminer, tintos de tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, etc. A mi conocimiento, es una de las dos únicas bodegas del Somontano que producen un vino espumoso (elaborado con el método del champagne o del cava, pero sin denominación como tal). Un Brut Nature que Leonor me prometió que no lleva ninguna adición de licor de expedición (azúcar) y que es excelente (lo degusté con unos amigos tras una barbacoa veraniega).

Además, la propia Leonor es escritora y me promocionó su novela El Secreto de Kirchland, una intriga histórica situada en la Inglaterra de la Edad Media. Por supuesto le compré un ejemplar, que me dedicó con mucho cariño.
Canal del Cinca.
(JM Bigas, Julio 2015)

Seguí camino unos kilómetros más al norte, para visitar uno de los gigantes de la zona, ENATE (técnicamente, Viñedos y Crianzas del Alto Aragón, S.A.), en Salas Bajas (N 42,000964º, E 0,086329º). Tienen un amplísimo aparcamiento y la tienda es simplemente impresionante, por la gran variedad de vinos producidos por la Bodega y que están expuestos a la venta. Algunos son bastante conocidos (el blanco Chardonnay, el Rosado, sus Crianzas y Reservas). Otros lo son menos, como el delicioso monovarietal Merlot Merlot (premium de precio ya en el entorno de los 20€). Pero en la tienda tienen otros dos monovarietales del mismo nivel, que yo no conocía, Los Cabernet Cabernet y Syrah Syrah. La responsable de la tienda me recomendó que probara el de Cabernet, y tengo una botella en algún lugar de mi bodega, esperando el día en que toque degustarlo. Y otra de Syrah, por supuesto.

Además tienen una gama de vinos de precio económico, que sólo venden en bodega, especialmente preparados para los visitantes ocasionales.

* * *

Quería visitar Torreciudad, que es un santuario situado sobre el embalse de Grado, y sede del Opus Dei. Por visitar quiero decir hacer algunas fotos del recinto del santuario. La bendición del GPS me llevó, desde Salas Bajas hasta Torreciudad, por una deliciosa carretera (casi sólo una pista) desierta que cruza el monte y discurre en paralelo al Canal del Cinca. Este Canal es una obra de ingeniería imponente, y forma parte de las construcciones de la Confederación Hidrográfica del Ebro para utilizar el agua sobrante de las áreas pirenaicas y prepirenaicas para convertir en tierras de regadío las comarcas semidesérticas de Los Monegros, por ejemplo. El Canal discurre en  algunas zonas simplemente encajonado, mientras que en otras hubo que construir vistosos acueductos, que son visibles desde algunos puntos de esa carretera.
Santuario de Torreciudad, sede del Opus Dei.
(JM Bigas, Julio 2015)

El Canal del Cinca tiene una longitud de 90Km, con una capacidad en cabecera de hasta 80 metros cúbicos por segundo, y tras la derivación de la central hidroeléctrica del Grado II, un caudal máximo de 70 metros cúbicos por segundo, destinado al regadío de una extensión de más de 59.000 hectáreas. Su demanda media anual está en el entorno de los 400 hectómetros cúbicos.

El entorno de Torreciudad es impresionante, sobre el embalse de Grado. Yo sólo llegué al aparcamiento exterior, desde donde se tiene una excelente visibilidad del majestuoso santuario. Pero, para mi gusto, todo el recinto rezuma un proselitismo agresivo que me resulta extenuante.


* * *


La siguiente etapa fue el pueblecito turístico de Alquézar. Con un castillo remarcable, Alquézar es un pueblo muy empinado, ubicado en las laderas de uno de los cañones del río Vero. Sus callejas son estrechas y de grandes pendientes, y no es posible circular por ellas en coche. Sólo algunos vecinos pueden hacerlo de un modo limitado. El visitante debe dejar el coche en uno de los aparcamientos de las afueras. Yo lo hice en uno de los de la parte superior (N 42,172012º, E 0,023341º).
Castillo de Alquézar.
(JM Bigas, Julio 2015)

Llegué a Alquézar pasada la una y media de la tarde, tras una ajetreada mañana. A pesar de ser 1º de Julio, por ser miércoles había muy poquitos visitantes en el pueblo. Busqué un restaurante que estuviera abierto, y me senté (sudoroso del calor y las fuertes subidas) para comer con calma un Menú del Día. La opción gastronómica de Casa Pardina tuve que descartarla, pues el restaurante estaba cerrado ese día. Al final comí en la terraza del Restaurante Narbona.

Para la digestión, seguí bajando un poco hasta el mirador, desde donde se puede ver tanto el castillo como el cañón del río. Luego me tocó remontar todo el camino hasta el aparcamiento. Con calma y buscando la sombra, finalmente lo conseguí.

* * *

De vuelta hacia Barbastro, hice la última parada enológica de la jornada, en otro de los gigantes de la Denominación, Viñas del Vero. Disponen de un edificio separado del resto de la bodega, destinado a fines sociales. Allí está la tienda, muy bien surtida de todos los vinos que producen, y también salones para su uso en sesiones de cata o eventos diversos.
Zona social de las Bodegas viñas del Vero.
(JM Bigas, Julio 2015)

Producen toda clase de vinos (blancos, rosados, tintos), incluyendo los altos de gama Gran Vos (tinto) y Clarion (blanco), así como el prestigiosísimo Blecua y los remarcables Secastilla.



Llegué finalmente de vuelta a Barbastro a media tarde. Tras descansar un rato en el hotel (el Sol y el calor seguían siendo agotadores), me desperecé para salir. Primero visité la tienda Esencias del Somontano, donde conocí al otro socio. Compré algunas botellas surtidas de bodegas que no había podido visitar ese día. 

Tras varios días de Menú del Día y una cena gastronómica en Barbastro, el cuerpo me pedía una pizza. Pregunté en recepción, y la chica me dijo que hay dos en Barbastro, y me recomendó una que le gustaba a ella, en la Avenida Los Pirineos, más allá del puente sobre el río Vero. Il Piccolo Paesino resultó ser un modesto restaurante, con una oferta muy convencional que incluía las pizzas. Cené a gusto sin más, y el breve paseo de vuelta al hotel me permitió acostarme ya sin la sensación de recién cenado.

Al día siguiente, jueves, tomé ya el camino de vuelta a Madrid, a donde llegué pasadas las cuatro de la tarde. Como no llevaba prisa, escogí, de nuevo, el camino largo y torcío. Por Huesca y Ejea de los Caballeros, Tudela, Tarazona, (grandes vistas del Moncayo), Soria, Medinaceli y Madrid. Tras el abundante desayuno en el hotel de Barbastro, acabé almorzando, ya un poco tarde, en mi casa de Madrid.


En resumen, la comarca del Somontano de Barbastro bien merece una breve estancia, y no sólo por sus maravillas enológicas. En un día se puede recorrer, en coche, buena parte de la misma. Pero los aficionados al senderismo y al montañismo de baja intensidad, la pueden prolongar lo que quieran: no conseguirán agotar el Somontano.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa de 27 instantáneas, con todo el recorrido de mi visita a la comarca, pinchando en la siguiente fotografía.

El Somontano de Barbastro


JMBA

lunes, 31 de agosto de 2015

¿Es la hora del adiós?

Xavier Sala i Martín (XSIM) (Cabrera de Mar, 1962) es un economista catalán que desarrolla labores de docencia en la Universidad de Columbia (USA) y también en la Pompeu Fabra de Barcelona. Ha paseado sus chaquetas de colores imposibles por los platós de muchas televisiones, y se presta a ocupar la posición de tertuliano experto en Economía donde quiera que le requieran. Es culé rabioso y formó parte de la Junta Directiva de Laporta en el F. C. Barcelona. Sigue siendo laportista confeso.
Xavier Sala i Martín
(Fuente: carolinaribera)

Lo que conviene saber desde el principio es que XSIM es un convencido independentista catalán, de los que yo denomino independentistas instrumentales.

En 2014 escribió un libro (en catalán) titulado: És l'hora dels adéus? (¿Es la hora del adiós?). Por supuesto, tanto este libro como todo lo que dice y publica XSIM (muy activo por otra parte en las redes sociales, Facebook, Twitter, etc.) está orientado a aportar argumentos a la que es su tesis de partida: la mejor solución de futuro para Catalunya y los catalanes es independizarse de España y convertirse en un nuevo país. Se nota que en su cabeza está permanentemente el principio CQD (Como Queríamos Demostrar). Que despliega argumentos con el objetivo de concluir que, efectivamente, la mejor solución es la que ya sabía antes de empezar.

Su libro (directa o indirectamente) se ha convertido en documento de cabecera de los independentistas instrumentales en Catalunya.

Tras muchas peticiones de poder disponer de una versión del libro en castellano, XSIM ha realizado una traducción "mecánica" del libro, y lo ha puesto a libre disposición pública en forma de documento PDF. A pesar de que lo mecánico de la traducción genera algunos giros escabrosos del lenguaje, o algunos errores elementales de traducción de palabras con varios significados (el más claro es el de traducir "dona" por "mujer" en lugar de por "da"), globalmente se puede leer sin apenas problemas en esta peculiar versión castellana.

En la primera parte, el autor repasa todo el catálogo de agravios de todos los tipos, que le llevan a justificar que la posibilidad de seguir integrada en España no es una buena solución para el futuro de Catalunya, y que es una alternativa sin esperanza que no genera nada de ilusión en un catalán medio, correctamente formado e informado.

En la segunda parte, XSIM se desgañita desplegando análisis desde todos los puntos de vista para justificar que Catalunya independiente sería un estado viable.

Me gusta que en ningún momento utiliza argumentos de base histórica. No habla de 1714 ni de Felipe V, ni del Reino de Aragón y el conde de Barcelona, ni de si Catalunya ya fue (o no) independiente en algún momento del pasado. Para mí, la historia es una fuente muy dudosa de legitimidad política, porque puede aportar argumentos para casi cualquier cosa (y también para su contraria). Por ello tiendo siempre a desconfiar de los argumentos de base histórica, sean en el sentido que sean.

En resumen, los argumentos desplegados en este libro son los que luego se han condensado en eslóganes de uso popular como el España nos roba, o el España no nos quiere.

Está claro que en Catalunya hay un cierto porcentaje de la población que es independentista visceral. Pero, por sí sola, esa parte no es políticamente muy significativa, y se queda relegada a una posición puramente testimonial. Lo que hace que la llamada amenaza soberanista sea una realidad es que una capa bastante más importante de la población de Catalunya (cuán importante no se sabe, dada la reiterada obstrucción a una votación en ese sentido) ha sido seducida para la causa independentista por argumentos como los que despliega XSIM en su libro.

En este punto hay que decir que XSIM es un escritor y tertuliano indudablemente vehemente, pero no es ni un loco ni un indocumentado. Él y sus argumentos han sido atacados desde varios frentes, pero siempre se ha defendido de forma bastante eficaz.

De la otra parte, sin embargo, no he escuchado argumentos en el mismo registro que los argumentos de índole práctica que despliega XSIM. Los partidarios de que el mejor futuro para Catalunya está en continuar integrada en España, un estado miembro de la Unión Europea y la Eurozona, basan su argumentación, habitualmente, en términos legales o históricos. La ley (la Constitución, por ejemplo) no permite la secesión de una parte del país, y la historia demuestra que España es un país unido con el perímetro actual desde los últimos cinco siglos. Ambos argumentos, siendo formalmente correctos, resultan muy escasamente seductores. En las décadas, siglos y milenios de Historia que hemos ido dejando detrás nuestro, siempre el motor del progreso ha sido la voluntad de cambio. Por ello, argumentos basados en que el statu quo no se puede (y/o no se debe) cambiar, resultan sospechosamente inmovilistas y reacios al progreso.

Yo recomiendo a todos los españoles que dediquen un poco de tiempo (no más de 2-3 horas) a leer este libro de XSIM. Eso les ayudará a entender la argumentación de los independentistas. Si huyen de apriorismos y descalificaciones, se encontrarán en mejor posición para argumentar, con éxito, en favor de que Catalunya siga formando parte de este proyecto común que es España.

Pero está claro que a ese proyecto se le deben aportar algunas modificaciones y mejoras, para que genere, por lo menos, una dosis de ilusión equivalente a la que está generando en muchos catalanes la posibilidad de construir, casi desde cero, un nuevo país.

En 1885, en lo que muchos consideran como la primera manifestación pública a nivel de toda España del catalanismo político, se presentó al rey Alfonso XII el llamado Memorial de Greuges (Memorial de Agravios). Da la sensación de que, 130 años después y a pesar de algunos altibajos en ese período, no hemos conseguido avanzar significativamente en la toma en consideración de esos agravios para mejorar el proyecto común que llamamos España. De hecho, en Octubre de 2013, el Govern de la Generalitat decidió actualizar ese Memorial, y difundirlo a las autoridades españolas y a las instituciones europeas.

La situación se viene enconando de forma muy significativa en los últimos 3 ó 4 años. Ya resulta imprescindible intentar comprender la argumentación de los rivales, porque eso es necesario para tener alguna posibilidad de convencerlos (o de vencerlos).

La única alternativa es que sigamos desgastándonos luchando contra molinos de viento, hasta que vengan los gigantes y nos arrasen.

Yo, catalán residente en Madrid desde hace muchos años, no soy independentista. Creo que el proyecto de país que es España puede aportarnos la suficiente ilusión a todos como para trabajar juntos para conseguirlo. Pero soy consciente de que ese proyecto se ha deteriorado en los últimos años. Y sé que si no somos capaces, entre todos, de aplicar las reformas necesarias para que podamos seguirlo sintiendo como una tarea común, ese deterioro se va a agravar y el resultado puede acabar siendo dramáticamente cierto.

Los que creemos que quizá todavía estamos a tiempo, encontramos a faltar una respuesta inteligente e informada de nuestros gobernantes (en los que no reconozco talla de estadistas) a ese ya más que centenario catálogo de agravios de los catalanes. Y, lo que es todavía más grave, no detecto esa capacidad ni en los gobernantes actuales ni en los que puede que nos gobiernen después de las próximas Elecciones Generales de fin de año.

Conocer con cierto detalle las inquietudes y argumentos de los que defienden una opción contraria a la nuestra debería darnos la capacidad de mitigar los agravios y desarbolar los argumentos.

JMBA

martes, 28 de julio de 2015

Catalunya como problema (político)

Ni Catalunya ni los catalanes tienen ningún tipo de problema (real) con el resto de España y el resto de los españoles. Está claro que en todos los bandos hay cerriles, estultos y maleducados. Pero dejando de lado todos los tópicos de uso exprés, no existe ningún problema real de relación.

Sin embargo, Catalunya sí es en la actualidad un problema político que hay que resolver.

El inicio de esta última etapa del independentismo catalán lo podríamos situar en esa promesa incumplible que hizo Zapatero, sobre un eventual Estatuto emanado del Parlament. Los siguientes pasos se dieron al judicializar el conflicto, fruto de un persistente (si no directamente tozudo) rechazo por parte del Gobierno de España de afrontar el conflicto desde un punto de vista político.

El siguiente escalón es de origen sociológico o de psicología colectiva. El proyecto de país que es España (todos los países necesitan tener un proyecto, una idea de lo que quieren ser de mayores) se ha deshinchado de forma alarmante. Actualmente, ser español no es nada de lo que nos sintamos especialmente orgullosos. Parecía que alcanzábamos el pelotón de cabeza de los países del mundo, pero eso ya es solamente una ilusión. El peso político de España en la Unión Europea es lamentable y bastante alejada de la que debería correspondernos por PIB y población.

La crisis gestionada por el PP nos ha llevado a ser un país de servicios de bajo valor añadido, sin ningún tipo de liderazgo reconocido en el mundo científico, técnico o industrial. Los salarios se han deteriorado de forma alarmante, y nuestra juventud mejor preparada no ha tenido otra solución que buscarse un futuro en otros países. Eufemísticamente, la Ministra de Trabajo le llamaba a este fenómeno movilidad internacional. Pero no nos engañemos, la mayoría de jóvenes que se van a Alemania, al Reino Unido, a Estados Unidos o al Sudeste Asiático no tienen en sus planes de futuro volver a España para que se les reconozcan sus muchos méritos. Es emigración pura y dura.

La mayoría de los españoles no tenemos mucho más remedio que resignarnos a esa realidad, sin dejar de trabajar para intentar salir de ese pozo, y confiando en que un liderazgo político de más altas miras y que genere un mayor entusiasmo nos pueda acompañar y liderar en ese camino.

En Catalunya, sin embargo, un político listo (al menos eso hay que reconocérselo a Mas) identificó esa debilidad como una oportunidad política. Añadiéndole un elemento de tipo práctico, como es la pésima definición e implementación de la financiación autonómica, tuvo todos los ases en la mano para asumir un papel mesiánico, entregado a la tarea de llevar a su pueblo a la Tierra Prometida.

En todos los territorios con una identidad histórica bien definida, hay una parte de la población que se siente visceral y emocionalmente independentista. Una minoría que no puede concebir cómo su tierra no tiene un estado propio, a pesar de que el propio concepto de estado es ya del siglo pasado. El siglo XXI es más bien el mundo de la globalización, los temas se resuelven en otros ámbitos y parte de la soberanía se delega a organizaciones supranacionales.

Yo estimo que esa parte de la población, en Catalunya, puede rondar el 20%. Igual, por cierto, que puede suceder en el País Vasco, en Bretaña, en Baviera o en Escocia. Desde un punto de vista estrictamente político, el papel de esa minoría es, habitualmente, puramente testimonial.

Sin embargo, los fenómenos coincidentes de crisis de proyecto de país y del España nos roba (para hacer corta una larga historia, aunque sea profundamente injusto decirlo así), permitió a Mas y sus socios de ERC (los tradicionales separatistas testimoniales) atraer a una parte bastante más importante de la población. Muchos ciudadanos que piensan que España no tiene remedio (especialmente mientras siga gobernando el PP), que perciben al país como demasiado casposo y con el que no sienten ninguna ilusión en identificarse.

El proyecto de construir un estado nuevo desde cero hay que reconocer que destila una cierta ilusión colectiva. Facilitada, por supuesto, con la idea de que España no tiene remedio. Un bote salvavidas que navega alejándose de un paquebote que zozobra.

Es en este entorno en el que se han desarrollado las movilizaciones ciudadanas masivas para los 11-S de estos últimos años, y todas las iniciativas políticas de los últimos tiempos, de forma muy especial el truncado (a medias) referéndum del 9-N.

El núcleo separatista de Mas y Junqueras (con la colaboración, si no directamente el liderazgo) de organizaciones de la llamada sociedad civil como la Assemblea Nacional Catalana u Òmnium Cultural, ha atraído a una parte ya políticamente significativa de la población catalana.

Mientras tanto, en el otro bando (asumamos que la situación ya tiene dos bandos bastante bien definidos) no ha habido una reacción política a la altura del desafío planteado. Rajoy y su Gobierno se han enrocado en el Imperio de la Ley y en la Constitución, y siguen empecinados en tratar judicialmente lo que son iniciativas políticas. Una medicina que no cura la enfermedad que sufrimos.

Posiblemente hoy, si se planteara un referéndum de verdad en que votaran todos los ciudadanos de Catalunya, el bloque independentista sumaría en torno al 40%.

Hay una parte importante de la población de Catalunya que no es ni se siente independentista. Pero este grupo ha estado prácticamente callado, quizá sojuzgado por un entorno que tiende a ser asfixiante de pensamiento único. Y las únicas voces que se han oído se han alineado, prácticamente, con el nacionalismo españolista tradicional del PP. Lo que es más grave todavía, es que a un porcentaje nada despreciable de los ciudadanos de Catalunya les da absolutamente igual.

No he visto a nadie, en todo el espectro político nacional, que haya intentado suministrar un remedio, una medicina, para el problema de fondo que ha convertido un sentimiento testimonial en un desafío político. Por parte del Gobierno de España no he visto la más mínima iniciativa encaminada a revisar y hacer más justo el sistema de financiación autonómica. Y tampoco ayuda el triunfalismo dialéctico respecto a la situación económica, sin que se adivinen visos de inquietud por mejorar la posición internacional de España, de dignificar la Marca España y de avanzar en un proyecto ilusionante de país.

Dicho sea de paso, la situación en el País Vasco no tiene nada que ver. Desde un punto de vista práctico, su Concierto Económico les garantiza una razonable financiación autonómica. Y su cuota de separatistas viscerales no es que estén resignados, pero son conscientes de que el aliciente de un Estado Vasco, en estas condiciones, es muy limitado. Saben y conocen las ventajas de estar integrados en la Unión Europea y en la zona euro, y su industria saca conveniente partido de ellas. Un Estado Vasco, hoy, no tendría mucho más sentido que el puramente emocional o sentimental.

Mientras tanto, Rajoy ni está ni se le espera. Su Gobierno no hace más que denigrar a Mas y a sus seguidores, amenazar con el Tribunal Constitucional y hablar del artículo 155. Intentar bajar la fiebre a gritos. Absurdo, si no fuera lamentable y patético.

Ahora se plantean unas elecciones autonómicas para el 27-S (que todavía no están convocadas) que Mas y Cia. insisten en calificar de elecciones plebiscitarias. Han elaborado una (curiosa) lista a la que han llamado Junts per el Sí, aunque la CUP no ha querido integrarse. Confío en que acabe habiendo otras listas, de derechas, de centro, de izquierda, que sean capaces de insuflar en el electorado una ilusión diferente de la independencia. Si no fuera así, podríamos estar encarando un episodio que, como mínimo, resultará muy enojoso.

Sólo si fructifican esas listas alternativas podría movilizarse el electorado hasta el techo técnico del 80% (un decir) y que de esas elecciones salga una radiografía razonablemente completa del estado actual de la sociedad catalana.

Y confiemos en que las Elecciones Generales de fin de año nos traigan un Gobierno con mucho más talante de diálogo, y con la idea clara de conseguir que el proyecto de España como país nos vuelva a generar ilusión a todos.

JMBA 

lunes, 27 de julio de 2015

Trainstation. Historia de una adicción.

Debo empezar diciendo que soy aficionado a los ferrocarriles en general. En el mundo del ordenador, he probado diversos simuladores ferroviarios, pero siempre me he acabado aburriendo. En los simuladores propiamente dichos, el atractivo de viajar a bordo de la cabina de un tren durante un par de horas es muy limitado. Y en los juegos de estrategia del mundo del ferrocarril, a menudo las reglas son tan complejas, que un jugador puramente lúdico como yo, se aburre, o incluso a veces se agobia sin saber muy bien si construir una nueva línea va a ser rentable o me llevará a la ruina.

Trainstation es un juego que parte de un principio diferente. Es uno de los miles que es accesible, por ejemplo, desde Facebook. Las reglas son relativamente sencillas, y eso hace que al empezar a jugar, en los niveles iniciales, muy probablemente un jugador normal puede hastiarse y abandonarlo.

Pero al progresar en el juego, el atractivo aumenta y se convierte en peligrosamente adictivo. Os contaré un poco todo el proceso.

Al empezar, el jugador tiene una pequeña estación, con vía única. Dispone de una pequeña cantidad de oro (la moneda virtual con que se pueden comprar nuevos elementos que añadir a la dotación del jugador) y unas pocas gemas (con las que comprar los elementos más nobles del juego).

Para acumular oro, hay que hacer viajar los trenes propios. Para ello, primero hay que comprar una locomotora y algunos vagones, y echarlo a andar.

Hay tres tipos de material que pueden viajar en los trenes: pasajeros, correo y carga. A su vez, la carga se divide en dieciséis categorías (madera, clavos, ladrillos, cristal, combustible, acero, grava, uranio, cemento, caucho, carbono, titanio, mármol, cables, plásticos, silicio). Al principio, sólo los más elementales están desbloqueados, mientras que los demás se van desbloqueando al avanzar por los diversos niveles.

La mecánica es muy simple. Para mover pasajeros o correo hacen falta vagones de pasajeros, de correo o mixtos de pasajeros y correo. Para mover mercancías hacen falta vagones especiales para cada tipo de carga. Y para mover un tren hace falta una locomotora y algunos vagones. No se puede mezclar en el mismo tren pasajeros/correo y carga, y tampoco pueden viajar en un solo tren más de cuatro tipos de carga diferentes.

La disponibilidad de mercancías es teóricamente ilimitada. El jugador envía un tren de carga a uno de los destinos previstos, con duración de recorrido entre los 6 minutos y una semana completa. De vez en cuando aparece algún destino temporal con rendimiento bastante superior al habitual. Tras ese tiempo, el tren vuelve a la estación del jugador, cargado. Cuanto más largo es el recorrido, mayor es la carga. Al descargarlo, los materiales transportados se acumulan en el almacén de la estación del jugador, de tamaño no limitado.

La disponibilidad de pasajeros y de correo siguen unas reglas distintas. De acuerdo a la configuración de la estación (número y tipo de edificios y/o decoraciones) hay un límite máximo de pasajeros que pueden esperar en la estación. Cuando se envía un tren de pasajeros, disminuye el número de pasajeros en espera en la estación. Los pasajeros en espera van aumentando con el paso del tiempo, a una velocidad igualmente definida por la configuración de la estación. Tanto el límite como la velocidad de regeneración pueden aumentarse temporalmente mediante las banderas. Estas se pueden recibir periódicamente como regalo, o bien pueden comprarse en la tienda (gastando oro, gemas o alguna cantidad de algún tipo de materiales).

El correo hay que cazarlo. En la estación, continuamente aparecen pequeños sobres volantes. Clicando en ellos, se acumula una pequeña cantidad de correo al almacén. De vez en cuando, aparecen paquetes de correo, de mayor capacidad, que descienden a la estación con paracaídas.

Las locomotoras se caracterizan por su tecnología y su potencia. Al principio sólo están disponibles las de vapor. Al avanzar en los diversos niveles, empiezan a estar disponibles las Diesel, eléctricas y, finalmente, las de levitación magnética (MagLev). Cuando están disponibles, para poderlas comprar y utilizar, hay que realizar el correspondiente gasto en la tienda.

Por su parte, la potencia de las locomotoras se expresa únicamente por el número de vagones que pueden mover. Mientras que las primeras sólo pueden acarrear cuatro o seis vagones, al avanzar en el juego pasan a estar disponibles las grandes locomotoras para varias decenas de vagones. Cada locomotora tiene asociado el impuesto para moverla. Cada vez que se moviliza, con sus correspondientes vagones, se produce un pequeño gasto de oro, de combustible o de uranio, independientemente de que el movimiento sea para un recorrido corto o largo. Este gasto está asociado a cada modelo de locomotora.

Las locomotoras y vagones no sufren deterioro por el uso y por ello no precisan de mantenimiento. Esto hace que el juego pueda manejarse con bastante sencillez.

La mayoría de elementos pueden ampliarse durante el juego, mediante la correspondiente compra en la tienda. Así, las poquitas posiciones locales (el número de trenes simultáneos que se pueden manejar), pueden aumentar a 4, 6, 8, 10, 15,... O la vía única de la estación puede ampliarse a doble, triple, cuádruple,... de modo que se puedan manejar varios trenes simultáneamente.

Cada movimiento de un tren, así como su descarga, producen una cierta cantidad de puntos de experiencia (XP). Su acumulación es la que define el paso al nivel siguiente. Cada paso de nivel produce una recompensa (en oro, en gemas, en algún tipo de material o en correo). Un nuevo nivel puede suponer que ya estén disponibles algunos elementos previamente bloqueados.

Con los primeros niveles, el jugador se habitúa con facilidad a la mecánica del juego. Pero los trenes son pocos y cortos y los rendimientos escasos. Esto provoca que jugar sea aburrido y es más que probable que el jugador decida abandonar el juego.

Al jugarse desde Facebook, se abren nuevas posibilidades. Si hay algunos amigos que también son jugadores, puede haber nuevas interacciones y recompensas mutuas. La verdad, las desconozco porque nunca me he atrevido a intentar convencer a ninguno de mis amigos de Facebook a jugar a Trainstation. Yo descubrí el juego al ver que un amigo jugaba, pero sólo lo hizo hasta el nivel 5, y luego lo abandonó.

Hay dos elementos fundamentales que son los que aportan atractivo al juego, y lo pueden convertir en adictivo. Aunque, a menudo, suponen un cierto coste (en euros reales).

El primero son las líneas internacionales. Hay un cierto número de jugadores virtuales, que ofrecen contratos al jugador. Algunos de ellos están bloqueados hasta que el jugador alcanza un cierto nivel. Un contrato consiste en que el jugador envíe una cierta cantidad de recursos (oro o mercancías) mediante los correspondientes trenes. Cuando se ha realizado, el jugador virtual paga una recompensa. Esta puede ser un cierto número de gemas, algún edificio o decoración que nos permita aumentar el límite de pasajeros de nuestra estación, alguna locomotora o vagón que habitualmente no está disponible en la tienda, o un cierto número de silbatos. Un silbato nos permite atraer a nuestra estación un tren llamado express. Asistir a su descarga nos da una cierta comisión (oro, materiales y puntos XP).

Cada jugador virtual tiene definidos un cierto número de contratos (10, 40, 80, 100,...) que hay que ir cumpliendo en su orden. Normalmente, el último de ellos tiene una recompensa importante en gemas. Si se cumplen todos, el jugador pasa a tomar control de la estación de ese jugador virtual. Eso significa que se absorben todos sus recursos y se integran en los de la estación del jugador. En particular, su límite de pasajeros y su velocidad de regeneración se suman a los de la estación del jugador.

Todas las líneas internacionales tienen un recorrido de cuatro horas, que se puede reducir a tres horas con el desembolso de unas pocas gemas.

El segundo elemento es la barrera que define si el jugador se ha vuelto adictivo o no. Permanentemente hay una oferta especial en la tienda, que a menudo incluye locomotoras realmente potentes, para 35 ó 65 vagones, por ejemplo, o vagones de carga con una capacidad mucho mayor de la habitual. Pero su compra, a menudo, supone un desembolso importante de gemas. En un número tal que el jugador no confía poderlas reunir con el desarrollo habitual del juego. Y aquí aparece el dilema. ¿Cómo se pueden conseguir gemas en cantidades apreciables, fuera del juego?.

El primer método es como recompensa de alguna transacción de comercio electrónico, en un cierto número de proveedores autorizados. Yo, por ejemplo, conseguí una recompensa de 100 gemas mediante una reserva de hotel en Booking, que tenía que realizar de cualquier forma.

El segundo método es la compra directa de gemas, mediante su pago en euros, con cargo a la cuenta de Paypal o a una tarjeta de crédito. Cada gema puede costar poco más de un par de céntimos de euro, pero hay que comprarlas en paquetes predefinidos. A título de ejemplo, una locomotora con potencia para 65 vagones puede costar unas tres o cuatrocientas gemas. Reunir una flota importante de locomotoras y vagones puede costar unos cuantos miles de gemas, que representan algunos cientos de euros.

Cuando todos estos elementos están disponibles para el jugador, la adicción ya está instalada. Hay una cierta dependencia del juego cada cuatro horas, en que regresan los trenes de los últimos envíos internacionales y es el momento de recoger las recompensas, si se ha completado algún contrato, y de configurar los trenes para el siguiente envío. A su vez, hay que asegurarse de que los trenes locales nos aportan la suficiente cantidad de materiales para que no se vacíe nuestro almacén, al enviarlas a los jugadores virtuales. Al principio sólo hay dos posiciones internacionales, es decir, sólo se pueden mover dos trenes en cada turno. Pronto se queda corto, y el jugador se ve impulsado a un nuevo desembolso en la tienda, para aumentar ese número a 3, 4, 5,...

En fin, este es el mecanismo del juego, simple como el mecanismo de una boina para un jugador habitual, pero adictivo en el sentido de que genera cierta esclavitud.

Personalmente, estoy ahora en el Nivel 161, y he acumulado más de 16 millones de puntos de experiencia (XP). He absorbido ya dos jugadores virtuales, y mi estación permite hasta unos 37.000 pasajeros en espera, con velocidad de regeneración de unos 8.000 por hora. Dispongo de cuatro vías convencionales, más una MagLev, quince posiciones locales y ocho internacionales.

En mi flota tengo 7 locomotoras de potencia 65, 1 de potencia 64, 1 de potencia 56, 5 de potencia 35 y una de potencia 28, así como un elevado número de locomotoras de potencias menores (14, 10, 8, 4,...). Más de 900 vagones para el transporte de materiales, y varios cientos de vagones para pasajeros y correo. Y una composición de MagLev Centurion, con 25 vagones de mercancías de muy elevada capacidad. Y todo eso sin contar unas cuantas docenas de vagones especiales, que transportan materiales que no tienen valor para el juego, pero aportan vistosidad y aumentan los puntos XP que se obtienen moviendo trenes que incluyan alguno de esos vagones. Entre ellos, a destacar el vagón de cerdos, el de transporte de canguros o el que moviliza hojas de té.

En unos minutos, el último envío internacional habrá llegado a su destino. Habré completado algunos contratos, por lo que recogeré las recompensas, y verificaré las condiciones para el siguiente contrato con esos jugadores virtuales. Luego reconfiguraré los trenes para que lleven a cada uno de ellos el material que esperan. En un par de horas, el envío anterior habrá vuelto a mi estación, y podré enviar el siguiente.

Así sigo pegado a Trainstation.

JMBA

(31/8/15) - Y la adicción sigue. Ya he alcanzado el Nivel 199 (con más de 40 millones de puntos XP). En mi flota hay casi 1600 vagones de carga de materiales, y he tomado el control de la estación de cinco usuarios virtuales. Dispongo de dos composiciones de trenes Maglev de 25 vagones de carga de alta capacidad. En mi estación puede llegar a haber más de 100.000 viajeros en espera. He descubierto que las locomotoras eléctricas son las ideales para los vagones de pasajeros y de correo. Una sola composición de 66 vagones me genera casi dos millones de Oro tras el viaje de un día. En fin, continuará.

(10/11/16) - Ya voy por el Nivel 366, y he acumulado más de 650 millones de puntos de experiencia (XP). Dispongo de cuatro estaciones propias, de 41 líneas locales y de 13 internacionales. He absorbido casi todos los usuarios virtuales (sólo me quedan por terminar Giovanni y Cornelius). He acumulado más de 30.000 millones en oro y más de 20 millones de cada material. Ahora estoy intentando terminar los virtuales que me quedan, ir cumpliendo logros e ir completando mi colección de material para el Museo. Continuará.

(1/7/17) - Ya voy por el nivel 432, y he acumulado casi 1400 millones de puntos de experiencia. Tengo cinco estaciones propias (que me aportan más de 2 millones de pasajeros, sin añadir banderas), 51 líneas locales y 15 internacionales. He absorbido infinidad de usuarios virtuales, y ya sólo me quedan Christopher y Ling, a los que debo atender con composiciones Hyperloop. Por cierto, ya tengo más de 150 vagones Hyperloop, aunque voy escasito en materiales. De los materiales clásicos tengo más de 100 millones en muchos de ellos, y más de 50 millones en el resto. Mis reservas de oro son del orden de los 60.000 millones. En mi almacén caben 4.600 elementos, y en mi depósito hasta 67 composiciones. Estoy intentando completar los diversos logros, para ir cosechando las correspondientes recompensas. Continuará.

(8/12/17) - He alcanzado el nivel 470 y he acumulado casi 2.000 millones de puntos de experiencia. Mis líneas locales ya son 56 y las internacionales 16. Mi próximo objetivo es recaudar gemas a base de servir los contratos de Richard y conseguir algunas composiciones "potentes" en tecnología Hyperloop, la única que permite transportar "nuevos materiales". El inventario de materiales clásicos supera en todos los 100 millones, y en algunos ya alcanza casi los 200 millones. Pero en nuevos materiales sigo yendo a la pata coja. Mis recursos en oro ya superan los 100.000 millones. Mi almacén ya da cabida a 4.900 elementos y mi depósito permite hasta 69 composiciones. Continuará.

martes, 7 de julio de 2015

Grecia. Reset o Game Over.

Grecia ha sido muchas cosas maravillosas en la Historia. Fue la cuna de la democracia occidental, hace ya varios milenios. Fue el faro de lo que, evolucionando, ha venido a ser la cultura que nos resulta más próxima. En su época, Atenas y Esparta encarnaron las dos grandes aproximaciones al poder: sabiduría y fuerza. Su mitología fue reproducida por los romanos y se extendió con su Imperio por buena parte del mundo conocido.
(Fuente: iniciativadebate)

Pero hoy Grecia es, básicamente, un problema.

Un problema, es cierto, que tiene muchas causas y muchos culpables. Los equivalentes griegos del PP y PSOE han gobernado de modo alternado durante muchas décadas, y han alumbrado un sistema político y económico básicamente clientelar y corrupto. Un país donde los ciudadanos desconfían por completo del Estado, y le engañan todo lo que pueden. Un país donde pagar impuestos sólo se hace si no hay más remedio, y defraudar es muestra de poderío.

Un país donde hasta las reglas más básicas de un estado moderno son desafiadas continuamente por los ciudadanos. Sin ir más lejos, hemos visto al ya dimitido Ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, llevando en su moto a pasajeros y pasajeras sin el casco reglamentario. Según parece, la prohibición de fumar en lugares cerrados es sistemáticamente violada, ante la pasividad de ciudadanos y autoridades. Si no se respetan ni siquiera estas reglas simples, ¿cómo podemos esperar que su sistema fiscal sea capaz de alimentar las arcas del Estado de forma legal, justa y progresiva?.

Da la sensación de que el Estado no dispone de un sistema eficiente para la necesaria recaudación de impuestos. Y, en el pasado reciente, han tenido modos, modas y vicios de país ultrarico, estando en el vagón de cola entre los países europeos. Jubilaciones anticipadas o sobredosis de funcionarios sin una labor clara y definida son sólo algunos de los síntomas de una disfunción que se ha vuelto endémica. 

Ninguno de los gobiernos de las últimas décadas parece haber hecho nada consistente para modernizar el país, y ponerlo al nivel que debería estar, de acuerdo a su gran pasado y destacable historia.

Si no fuera un país europeo e integrado, por el momento, en la Unión Europea, Grecia correría un riesgo cierto de ser un estado fallido.

Su entrada en la Unión Europea y su incorporación a la moneda única fue una operación en que demasiados actores se pusieron una venda en los ojos, para conseguir lo que parecía interesarles. Se aceptaron como ciertas unas cuentas que luego se demostró que habían sido falseadas (o convenientemente maquilladas) con la colaboración inestimable de Goldman Sachs.

Alemania y muchos otros países de la Unión tenían (y tienen) un gran interés en que Grecia forme parte del club. Entre otras cosas, conviene no olvidar que Grecia es un país con una situación geoestratégica particularmente delicada. Forma parte de la incendiaria región de los Balcanes y es la frontera sur de Europa con Asia. Su vecino (y tradicional enemigo o, al menos, rival) es Turquía, un aliado militar de la OTAN, pero a su vez el país musulmán más poblado del área. Grecia tiene un presupuesto militar que dobla o triplica (en % del PIB) al de la mayoría de otros países desarrollados. Mucho material militar (de origen alemán, francés,...) ha sido comprado por Grecia en los últimos años.

Europa y, para el caso, la Unión Europea, no pueden permitirse que Grecia no esté en su órbita política, económica y militar. Simplemente no es posible.

El problema de fondo es que un país en la situación en que está Grecia sólo puede evolucionar, progresar y modernizarse a partir de la fuerza interna que puedan tener sus propios gobiernos y sus ciudadanos.

Pero, y este es un gran pero, Grecia ya está metida en una trampa de la que es prácticamente imposible escapar, al menos sin violar las reglas que la Unión Europea y el resto de instituciones quieren que todos los países cumplan. La adopción del euro provocó, sin duda, un ímpetu, público y privado, que acabó conduciendo al despilfarro y al descontrol. Ante la imposibilidad de la devaluación recurrente de su moneda nacional, la única solución ha sido la de aumentar desenfrenadamente la Deuda.

Si nada cambiara, el único remedio es que la propia Unión Europea tuviera un capítulo enorme de su presupuesto destinado a financiar, a fondo perdido y para siempre, a Grecia. Evidentemente, esa opción no es viable. La única posibilidad es intentar lo que están forzando las instituciones europeas, con más voluntad que éxito. Los millonarios paquetes de ayuda y rescates no han llegado, de verdad, al Estado griego y a sus ciudadanos, para financiar la modernización del país. Sólo han sido maniobras casi puramente financieras, para convertir la deuda en manos de bancos privados en deuda pública, es decir, financiada (pagada) por el resto de ciudadanos de la Unión Europea. Entre los que estamos, por cierto, los españoles.

Si vamos a creer al arrogante de Varoufakis, sólo un 9% de los enormes capitales destinados al rescate de Grecia han llegado al estado griego. El resto sólo sirvió para cambiar la deuda de manos.

El problema gravísimo de estos días es que la situación real de Grecia a día de hoy, si nos atenemos a la pura aritmética financiera, es la de un estado inviable. Condenado, simplemente para malvivir, a ver cómo su deuda pública siga aumentando día a día, confiando en que la inevitable explosión de ese globo gigantesco no les pille a los ciudadanos de hoy. Pero, lógicamente, los griegos están inquietos por el país que les podrían dejar a sus hijos y nietos. Esa burbuja reventaría, sin duda, en un momento u otro.

La única solución para Grecia es un reset completo, una puesta a cero. Hay varias fórmulas para ello, pero todas tienen un prerrequisito imprescindible: el Gobierno y el pueblo griegos deben tener absolutamente claro lo que deben empezar a hacer, sin falta, al día siguiente de darle al botón del reset. Entre muchos otros deberes, deberían poner la primera piedra (y todas las siguientes) para convertir a Grecia en un estado moderno y viable.

Esa puesta a cero podría producirse dentro o fuera de la Unión Europea y del Euro. El reset total supondría la salida del euro y de la Unión Europea, cambiar el nombre al país, para acaso dejar de estar obligado al pago de la monstruosa deuda pública, la creación de la Nueva Dracma (por ejemplo) como moneda nacional. Si hicieran las cosas bien, es probable que en dos o tres décadas pudieran solicitar de nuevo, pero sin trampas, la incorporación a la Unión Europea y al Euro. Claro que tres décadas a la deriva podrían llevar al país a estrellarse contra los arrecifes, o a crear lazos, indeseados por los europeos, con países terceros, como Rusia o China. El riesgo es, desde todo punto de vista, excesivo. Casi con seguridad, nunca volveríamos a conocer a la Grecia que hemos visto en las últimas décadas. Ese reset total, el llamado Grexit, sería en realidad un Game Over.

El reset sin que el estatus político y económico de Grecia cambie significativamente requiere de políticos (en Grecia y en la Unión) que sean auténticos estadistas que sepan ponerse metas para las siguientes décadas y no para el año siguiente. Pero las instituciones están plagadas de funcionarios sin perfil de estadistas, y el Fondo Monetario Internacional, por su parte, no es conocido, precisamente, por sus recetas mágicas sino por su infalibilidad en conseguir el empobrecimiento y la ruina de los ciudadanos que caen en sus manos.

Política y estratégicamente, la mejor solución es que esta puesta a cero se realice en el marco de la Unión Europea, de alguna forma bajo su tutela. La conversión de Grecia en un estado de Europa Occidental viable y moderno es posible, pero es tarea para una o dos generaciones y no menos de 20, 30 ó 40 años. La tutela es imprescindible porque, como para cualquier operación de largo plazo, hay que vigilar desde la proximidad que el día 2 y los sucesivos se esté un pasito más cerca del objetivo final para varias décadas después. La magia no existe, y todo camino hay que recorrerlo paso a paso. Pero ningún día puede el caminante sentarse a contemplar el paisaje sin dar un solo paso. Y cualquier desviación debe corregirse un momento después de que se produzca.

Este proceso debe estar liderado por estadistas con visión de largo plazo. Tanto dentro de Grecia como en la Unión Europea. Las medidas de corto plazo que son la especialidad del FMI (subida del IVA, bajada de pensiones y salarios, etc. etc.) sólo pueden tener sentido en el marco de un proyecto de más largo plazo, cuyo objetivo sea, de verdad, hacer de Grecia un estado europeo viable y competitivo.

Pero es imprescindible que nadie olvide que todos los actores que han intervenido en el tema en los últimos 20 ó 30 años son parcialmente culpables de que la situación haya llegado a donde está hoy. Resultan torticeros, falaces o directamente falsos los intentos de unos y otros de echarle toda la culpa a Syriza (el actual gobierno griego), a Nueva Democracia o al PASOK, a la troika, a las instituciones o al FMI. Los coroneles, los Papandreu y Karamanlis, el tecnócrata Papadimos, Samaras, Tsipras, así como todos los dirigentes de los grandes países de la Unión Europea y de la propia Unión, el Banco Central Europeo o el FMI, todos ellos tienen su parte de culpa en haber cerrado en algún momento los ojos, confiando en que la bomba que estaban cebando acabaría estallando en las narices de otro.

Hay que diseñar entre todos un proyecto viable para convertir a Grecia en un estado moderno, y hay que velar por su correcta implementación, día a día. Habrá sin duda, algunos condicionantes imprescindibles, como la quita de la deuda griega. Todo puede ser válido si se pone al servicio de un proyecto creíble, para las próximas dos o tres décadas. Así podría ser el reset para Grecia.

La alternativa, el llamado Grexit, sería el Game Over para el país tal y como hoy lo conocemos.

JMBA