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martes, 15 de mayo de 2012

François Hollande, coronado Presidente de la Vª República

Decía Raimon que al meu pais la pluja no sap ploure (en mi país, la lluvia no sabe llover). O no llueve nada o llueve demasiado; la sequía o la catástrofe: 

Al meu país la pluja no sap ploure:

o plou poc o plou massa;
si plou poc és la sequera,
si plou massa és la catàstrofe.


(extraído de cancioneros).
François Hollande, junto al Collar de Gran Maestre de la
Legión de Honor, recibe los aplausos de su compañera,
Valérie Trierweiler.
(AFP; Fuente: tf1)

En París, la lluvia sí sabe llover (como bien lo conocen sus habitantes, o quien lo haya visitado varias veces), y un día fresco y lluvioso de primavera ha recibido hoy la investidura de François Hollande (1954) como séptimo Presidente de la Vª República.

Se celebró esta mañana en el Palacio del Elíseo de París la llamada Ceremonia de Investidura (o de Traspaso de Poderes - Passation de Pouvoirs). Hollande fue proclamado oficialmente como nuevo Presidente de Francia para los próximos cinco años (un quinquenio, un quinquenat).

La Ceremonia está diseñada para darle el máximo protagonismo al Presidente entrante. Nicolas Sarkozy recibió a François Hollande en la alfombra roja al pie de los escalones de acceso. A continuación tuvieron una breve reunión (Sarkozy le daría las llaves de la casa, las del garage, esta para desactivar la alarma; la combinación de la caja fuerte; aquí está la llave del gas y en ese armarito están los fusibles y el disyuntor; si algo no os gusta, se lo dices al secretario; hasta luego, Lucas, buena suerte). Sólo media hora después, las dos parejas se despidieron a las puertas del Elíseo, y se escenificó la partida de Nicolas Sarkozy, hacia el coche oficial de la mano de su esposa, Carla Bruni, y en dirección a su domicilio particular.

En la Vª República francesa, la figura del Presidente no es, ni mucho menos, meramente representativa (como en otras repúblicas próximas, Italia o Alemania, por ejemplo). El Presidente de la Vª República es el Jefe del Estado y el máximo dirigente político del país. El Primer Ministro (nombrado directamente por el Presidente de la República) está a la cabeza del Gobierno, pero su relevancia es equivalente a la de un vicepresidente del Gobierno en España, por hacer una comparación fácilmente entendible. Esta tarde se ha sabido que el nuevo Primer Ministro será Jean-Marc Ayrault (1950), alcalde de Nantes desde 1989 y presidente del grupo socialista en la Asamblea Nacional desde 1997. Además, habla perfectamente el alemán.
El saludo de los presidentes saliente y entrante, a las
puertas del Palacio del Elíseo.
(Eric Feferberg; AFP; fuente: thestar)

En la etapa de Nicolas Sarkozy, hombre bajito pero de ego superdesarrollado que todo lo invadía, ha dado la sensación de que el Presidente de la República no sólo era el que mandaba más, sino que era el que mandaba sobre todo. Hollande ha prometido un estilo de Presidencia diferente; ha dicho repetidas veces que el Jefe del Estado no es el jefe de todo. Hoy ha indicado que su misión es la de fijar las prioridades, pero que Gobierno, Parlamento y Justicia son independientes. En el mejor estilo de los tradicionales valores republicanos.

Por su protocolo, por sus manifestaciones y por la visibilidad y trascendencia de sus actos, la Vª República tiene tintes muy próximos a la monarquía. Algunos hablan de República Monárquica, pero la prensa prefiere utilizar la fórmula inversa, de Monarquía Republicana. Por eso puede parecer que Hollande ha sido coronado hoy como Presidente de la República. El interior del Palacio del Elíseo (que hoy hemos podido ver con profusión, pues las cámaras televisivas han seguido en todo momento al nuevo Presidente por sus pasillos y sus salas), recuerda más a un Palacio Real que a la residencia de un presidente republicano. Tras ser proclamado oficialmente como nuevo Presidente de la República (por el presidente del Consejo Constitucional), lo primero que se le ha entregado a François Hollande es el Collar de Gran Maestre de la Legión de Honor, de manos de su Canciller. Que no es una corona, pero se da el aire.

Es la primera vez que alcanza la Presidencia de la Vª República un hombre soltero. Al menos, técnicamente soltero. A pesar de la larga convivencia con Segolène Royal (hija de militar, nacida en 1953 en Dakar, parte de lo que entonces era el África Occidental Francesa; presidenta del Consejo Regional de Poitou-Charentes, al suroeste de Francia; candidata a las Presidenciales de 2007, pero finalmente vencida en la segunda vuelta por Nicolas Sarkozy), de la que tienen cuatro hijos (Thomas -1984-, Clémence -1985-, Julien -1987- y Flora -1992), nunca llegaron a casarse. Aparte de sus convicciones o decisiones personales, parece que en este hecho tuvo su influencia el que la ley francesa prohíbe que los dos miembros de un matrimonio puedan ser diputados al mismo tiempo.

En vísperas de las elecciones presidenciales de 2007, se filtró la posibilidad de que acabaran anunciando su boda; pero, en su lugar, lo que se hizo público fue su separación. Desde 2006, François Hollande había iniciado una nueva relación sentimental, con Valérie Trierweiler, que hoy ha acompañado a François toda la mañana, y se ha convertido en Primera Dama de Francia. Valérie Massonneau (su apellido familiar de soltera) nació en Angers (al oeste de Francia, sobre el curso bajo del Loira) en 1965. Se ha casado dos veces. La primera con un compañero de infancia, que terminó en divorcio sin hijos. Y la segunda con Denis Trierweiler, secretario de redacción de la revista Paris-Match, con quien tuvo tres hijos y de quien está en proceso de divorcio, todavía no resuelto.

Valérie realizó diversos trabajos de periodismo político. Desde 1989 en Paris-Match (siguiendo, especialmente, al Partido Socialista). Y desde 2005 en la nueva cadena de televisión Direct 8. Esta mañana oí a algún periodista de la televisión francesa (France 24), comparar su situación con la de nuestra Princesa de Asturias, que pasó de periodista televisiva a princesa tras su matrimonio con Felipe de Borbón. Valérie, que llevaba un vestido negro, tenía en alguna parte del Elíseo una chaqueta larga y blanca, para abrigarse cuando había que salir al exterior.

Hollande quería para hoy una ceremonia sobria y sencilla, dados los tiempos que corren. Así, entre los dos centenares de invitados al acto en el Palacio del Elíseo, no estaba ninguno de sus familiares (a excepción de su compañera Valérie), ni siquiera sus propios hijos. Parece que ha querido alejar el acto de las portadas de la prensa del corazón.

En su primer discurso como Presidente de la República ha insistido en los temas clave que han articulado su campaña, contra cualquier tipo de discriminación (citó al antisemitismo, en particular) y respeto a la dignidad de todos (citó especialmente a las mujeres). Prometió respeto a todos los pueblos. Quiere ser el Presidente de todos los franceses (sea cual sea su origen, su residencia o su recorrido) y llama a la unión (rassemblement). Se propone promover en Europa una nueva via. En una entrevista política de estos últimos días, manifestaba su desagrado con la imagen que se ha dado en llamar Merkozy. Insiste en que no se puede gobernar a toda la Unión Europea desde un duopolio, que provoca en los demás países la sensación de estar dirigidos por un Directorio que da prioridad (muy probablemente) a sus propios intereses nacionales. No hay duda de que François Hollande trae aires nuevos al ambiente extremadamente enrarecido de estos últimos años.
Exterior del Palacio del Elíseo
(AFP: Fuente: republicain-lorrain)

En su discurso recordó algunos de los logros de sus predecesores en el puesto. A Sarkozy solamente le deseó lo mejor para la nueva vida que ahora se abre por delante suyo. No parece que sean, precisamente, grandes amigos. En la segunda vuelta, Sarkozy cayó derrotado por un estrecho margen de tres puntos (51,5% vs. 48,5%). 

Tras el discurso, saludos personales (algún abrazo, muchos apretones de mano, algunas palabras, bastantes besos tanto a mujeres como a algunos hombres) a todos los invitados, entre los que no estaba Segolène Royal ni, por supuesto, Dominique Strauss-Kahn. Se pudo ver, por ejemplo, a Martine Aubry, actual secretaria general del Partido Socialista francés, o a Lionel Jospin, primer ministro con Mitterrand, y fracasado candidato a las presidenciales de 2002, en las que no llegó ni siquiera a la segunda vuelta (donde Chirac tuvo que enfrentarse a Le Pen). Ese año, un 80% de los franceses, muchos con una pinza en la nariz, votaron por Chirac en la segunda vuelta, o sea, contra Le Pen. Sería un apasionante ejercicio político poder asistir a una segunda vuelta de elecciones en Grecia; en la que los electores tuvieran que enfrentarse a decidir dar su apoyo a la derecha europeísta o a la extrema izquierda que propone la insumisión y la salida del euro. Le he oído recientemente a un comentarista político un símil estimulante: mientras que la votación en la primera vuelta es sexual, en la segunda es amorosa.

Tras la revista militar en los jardines de Palacio (con interpretación de La Marsellesa y 21 salvas de cañón), desplazamiento al obligado homenaje en la Tumba del Soldado Desconocido, en el Arc de Triomphe. Aquí, una novedad interesante, en lo que se refiere al vehículo oficial que ha escogido Hollande: un Citroën DS5. Se trata de un coche familiar grande, estilo monovolumen, con el techo de lona y descapotable. Fabricado, por supuesto, en Francia. Todo un mensaje de estilo.

En el recorrido por los Campos Elíseos, hasta la Place de l'Étoile, el vehículo circuló a velocidad lenta, rodeado por motoristas de escolta y fuerzas a caballo. El chófer del coche presidencial tenía el limpiaparabrisas en funcionamiento intermitente. Hollande, de pie dentro del coche, saludaba al escaso público presente (propio de un día laborable y lluvioso) y a sus paraguas. No sé cuántas veces habrá tenido que cambiarse de traje, pues la lluvia ha sido inclemente con él, durante toda la jornada. Por el camino, se dio la tradicional escena de publicidad gratuita (supongo) al pasar frente a los característicos toldos rojos del Restaurante Fouquet.

Una de las tradiciones republicanas para el primer día de los nuevos Presidentes es la de llevar a cabo algún homenaje específico, escogido por el Presidente y que todo el mundo interpreta como el tono que quiere dar el entrante a su presidencia.

Hoy el primer homenaje fue a Jules Ferry, frente a la estatua dedicada a él, en el Jardin des Tuileries, junto a la Rue de Rivoli. Jules Ferry fue un político francés del siglo XIX, que fue alcalde de París, primer ministro de la IIIª República por dos veces, Ministro de Asuntos Extranjeros, Presidente del Senado y Ministro de Instrucción Pública y de las Bellas Artes. Entre 1881 y 1882, proclamó las leyes que consagraron la educación obligatoria y gratuita, y la enseñanza laica. Se le considera uno de los padres fundadores de la identidad republicana, y el promotor de lo que a menudo se conoce como la escuela republicana, la escuela gratuita, laica y obligatoria. Según parece, también sostuvo posiciones muy discutibles sobre la expansión colonial francesa, por lo que su elección por parte de François Hollande ha sido bastante controvertida.

En el Jardín de las Tullerías esperaban a François Hollande un par de centenares de invitados, entre los que había numerosos alumnos de escuela, niños y jovencitos de todas las razas, unidos por su afán de inmortalizar la jornada con sus móviles.

En un breve discurso, condenó a Jules Ferry por sus posiciones colonialistas, y le ensalzó por su papel en la promoción de la école republicaine. Insistió en la importancia de la enseñanza para todos como eje vertebrador de los valores republicanos. Y reiteró su promesa electoral de aumentar durante su mandato el número de profesores de escuela en 60.000. Para garantizar la igualdad de oportunidades, sin importar dónde o en qué medio se reside. Hizo mención específica de la importancia de las escuelas en el medio rural. 
La comitiva del nuevo Presidente, por los Campos Elíseos,
hacia el Arco de Triunfo.
(Fuente: tf1)

Durante este acto, el Sol brilló un ratito con timidez.

El segundo homenaje lo rindió a Marie Curie, en el Instituto Curie, rue d'Ulm, en el distrito quinto de París (5éme arrondissement), cerca de los Jardines de Luxemburgo. En este acto (en el que no hubo discurso, pero el cielo se abrió para dar paso a un breve aguacero), Hollande homenajeaba a la estudiante polaca inmigrante en Francia, a la mujer y madre de familia, a la investigadora de prestigio (Premio Nobel de Física en 1903, junto a Henri Becquerel y Pierre Curie; Premio Nobel de Química en solitario en 1911) y a la propia labor de investigación del Institut Curie para la curación del cáncer. El ayudante que sostenía un paraguas no consiguió evitar que el traje de François Hollande quedara nuevamente empapado, así como los cristales de sus gafas.

La jornada en París concluyó con la tradicional recepción en el Ayuntamiento de París (Hotel de Ville). En su discurso, desglosó una oda a Paris, casi un panegírico, centro de acontecimientos históricos (desde la Revolución de 1789 a los hechos de Mayo de 1968), la gran capital donde se genera el 10% del PIB de todo el país. Todo ciudadano francés tiene una unión especial con su propio pueblo o ciudad, y con París, que les pertenece a todos. Citó a Victor Hugo (todo el género humano tiene derechos sobre París) y reconoció de sí mismo que, habiendo nacido en Normandía, ha desarrollado una relación muy especial con el Departamento de Corrèze (en la región Limousin), pero se siente parisino de corazón y vida. Prometió que el Estado será socio leal para el desarrollo de los proyectos de futuro de la capital, como el Paris Metropole. Insistió en sus ideas centrales de transmitir a todos los ciudadanos un mensaje de confianza y de esperanza, y de velar especialmente por los Derechos del Hombre y por la juventud, otra de sus obsesiones.   

Esta misma tarde tenía una reunión (una cena) con la canciller alemana Angela Merkel, en Berlín. Se acabaron los fastos y las candilejas, y hay que ponerse a trabajar. Según la información oficial, se trata de una reunión protocolaria para establecer mutuo conocimiento, y no se esperan (todavía) decisiones importantes. Pero la Merkel no da puntada sin hilo. Habrá que ver lo que los noticieros publican mañana.

Para el jueves se prevé la primera reunión del Consejo de Ministros, para el viernes un encuentro bilateral con Barack Obama en Camp David, una cumbre del G8 para el sábado, y una cumbre de la OTAN en Chicago para el domingo y el lunes. Trabajo no le faltará.

François Hollande es ya oficialmente el séptimo Presidente de la Vª República (y el 24º Presidente de la República Francesa). Una tendencia política y un talante personal muy diferentes de los de Nicolas Sarkozy. En Francia (y en la Unión Europea) parece que se respiran aires nuevos.

Que tenga mucha suerte y acierto. Que falta nos hace.

JMBA

sábado, 12 de mayo de 2012

"Es el Negocio, estúpidos"

En 1992 se desarrolló una campaña electoral en Estados Unidos, que le dio un vuelco a las previsiones iniciales. George Bush (padre) partía como vencedor, gracias a lo que el público percibía como éxitos de su gestión (final de la Guerra Fría, la Guerra del Golfo Pérsico tras la invasión de Kuwait,...). Los asesores de Bill Clinton, que acabó convirtiéndose en Presidente, intentaron focalizar la campaña en algo diferente, en temas donde la posición de Bush era menos sólida. Aunque inicialmente fue una simple nota interna de recordatorio para los miembros de la campaña demócrata, la frase "the economy, stupid" se convirtió en un eslógan, que se ha reutilizado (mutatis mutandi) en muchas ocasiones posteriores, para diversos temas. Su sentido es fácil de entender: hay que centrarse en lo importante, lo trascendente, lo significativo, lo relevante. Y hay que evitar volar a merced del viento de las opiniones preponderantes o mayoritarias.
Una de las torres inclinadas de la Plaza de Castilla de
Madrid, con el logo de Bankia.
(Fuente: ultimahora)

En castizo podríamos decir que, a menudo, el árbol no nos deja ver el bosque.

En la crisis bancaria, o así, a la que parece que estamos asistiendo, se oyen muchas opiniones para todos los gustos. Desde las diatribas dialécticas extremistas contra los explotadores y los ricos de este mundo, hasta las acusaciones a los políticos que han manipulado a muchas instituciones según sus propios intereses (particulares o partidistas). Con muchos matices intermedios.

Pero encuentro a faltar un recordatorio, una llamada de atención, que ponga el énfasis en que lo realmente importante para los Bancos (y las Cajas de Ahorro) debería ser centrarse en su negocio, en el núcleo de su razón de existir. Un negocio (y un modelo) que muchas veces se ha abandonado o incluso traicionado, persiguiendo otros objetivos no siempre confesables. Es el Negocio, estúpidos. Cuando una entidad va mal, hay que analizar si su Negocio (el básico, el core) funciona correctamente o no. Si no funciona, malo, malo. Y también, si acaso, si han abandonado ese negocio central, persiguiendo quimeras financieras y codicias de corto plazo. En este caso, toca reprender a los gestores. 

Hablaré de los Bancos en general, pero creo que muchos de los temas y problemas son comunes con las Cajas de Ahorro (aunque hoy ya todas están prácticamente bancarizadas, salvo lo que quede, si queda algo, de su Obra Social).

Un Banco es una empresa. Como todas las empresas, su objetivo es vender bienes o servicios a otras empresas o a particulares, que pagan dinero por ellos. Hay empresas que fabrican automóviles, hay otras que nos suministran electricidad a los hogares o industrias, hay otras que nos preparan comidas (para ahorrarnos tiempo o para aumentar el placer), e incluso otras que nos dan servicios de asesoría de cualquier tipo, o que nos ofrecen transportarnos a otros lugares en tren, en avión o en barco. Para todas ellas su razón de ser son sus clientes: las personas o empresas que están dispuestas a pagar un cierto precio (habitualmente definido por un equilibrio de oferta y demanda, por unas condiciones de competencia de mercado o por una regulación gubernamental) a cambio de los bienes o servicios que esas empresas pueden proporcionar.

La singularidad de los Bancos es que lo que suministran es dinero. Y, curiosamente, dinero a cambio de dinero. Es decir, el dinero también tiene un precio, como el resto de recursos necesarios para llevar adelante cualquier actividad humana. Un precio que, por cierto, puede variar en función de muchos y variados factores.

Desde este punto de vista, los clientes de los Bancos son aquellos particulares y empresas a quien el Banco ha vendido dinero (a cambio de un cierto precio). A diferencia de otras operaciones de compra/venta, que se realizan puntualmente y se pagan en el acto (asumamos esta simplificación), la venta de dinero es una operación de largo plazo. Para quien vende un coche a un particular, la transacción termina en cuanto el cliente lo paga. A partir de ahí, a ese cliente intentará velarlo y atenderlo el Servicio Técnico, para asegurar un mantenimiento correcto que garantice su utilización en las mejores condiciones. Para que el cliente quede satisfecho de su compra. Pero para el fabricante, ese cliente deja de serlo en cuanto lo ha pagado, y sólo intentará mantener la relación con él, por la esperanza de que pueda volver a comprar un coche nuevo (de la misma marca) en el plazo de unos años.

La relación de un Banco con sus clientes es algo más compleja. Porque el dinero realmente no se vende, sino que se cede el derecho a utilizarlo durante un cierto tiempo, bajo unas condiciones estrictamente pactadas. Pero, al final, el cliente deberá devolver el dinero que el Banco le prestó, aparte de pagar el precio estipulado por su utilización. Hasta cierto punto, su modelo de negocio se parecería más al de una empresa de alquiler de automóviles que al propio fabricante.

En este tipo de transacciones hay que considerar, pues, un factor adicional, que es el riesgo. Al final del período el Banco debe recuperar el dinero cuya utilización cedió. Del mismo modo que quien alquila un autómovil durante unos días puede acabar estrellado en alguna cuneta, y el coche cedido convertido en pura chatarra con ningún valor, quien toma dinero prestado de un Banco puede acabar no devolviéndolo por muy diversas razones. El alquilador de automóviles intenta asegurarse ante estas eventualidades: una tarjeta de crédito donde cargar los gastos inesperados, un seguro que cubra los desperfectos, etc. etc. El objetivo de todo ello es que la única obsesión del alquilador de automóviles sea conseguir suficiente número de clientes para obtener un rendimiento correcto de su stock de coches. La única amenaza para su modelo de negocio es que los coches estén parados, sin ser utilizados por ningún cliente.

Cualquiera que ofrezca vender (o arrendar) un bien o un servicio, tiene que disponer previamente de él. Por eso los alquiladores de automóvil se preocupan de realizar compras de lotes de coches a los fabricantes, en las mejores condiciones que puedan conseguir. Además, deben preocuparse de que los coches estén físicamente en el lugar donde hay clientes dispuestos a pagar por su utilización durante un cierto período.

Para los Bancos este problema es menor, ya que no tienen ninguna dificultad logística. El dinero puede fluir de modo instantáneo allí donde se le requiera. No hay que transportarlo, ni disponer físicamente de él allí donde hay un cliente dispuesto a pagar por utilizarlo durante un tiempo. En este sentido lo tienen más fácil para organizarse.

Un Banco, pues, para desarrollar su negocio debe disponer de un stock de dinero, de capital. Para disponer de él tiene muchos métodos. Recordaba ayer a esos bancos familiares primigenios, que ilustran el modelo básico. Si yo (o mi familia) tenemos dinero, a través de ese Banco puedo encontrar clientes que estén dispuestos a pagar un cierto precio por utilizarlo durante un tiempo. Es decir, le puedo sacar rentabilidad a ese capital para el que mi familia no tiene otro uso. Si consigo más clientes de los que puedo satisfacer con el dinero que tengo, puedo recurrir a impositores: terceros (particulares o empresas) dispuestos a prestar su dinero al Banco durante un tiempo, a cambio de una cierta remuneración pactada. El modelo del Banco está a salvo si la diferencia entre la remuneración que le pagan por el uso del dinero y el que debe pagar por el uso del dinero de terceros es suficiente para pagar los costes de funcionamiento del propio Banco.
El negocio básico de los Bancos se parece al de los
alquiladores de automóviles: ceden por un tiempo la
utilización de un recurso (el dinero) a cambio de una
remuneración pactada, y la devolución del recurso.
(Fuente: sixt)

Por cierto, esta actividad de intermediario entre los que tienen dinero y los que lo necesitan temporalmente alumbra una oportunidad adicional de negocio para los Bancos. Pueden actuar también de intermediarios entre sus propios clientes y aquellos otros particulares o empresas con quienes su cliente mantiene relaciones económicas de cualquier tipo. Nace así el concepto de Cuenta Corriente, esa especie de cartera electrónica que nos descarga de la necesidad de movernos permanentemente con el fajo de billetes en el bolsillo. Nos ingresan dinero a esa CC las empresas para quienes trabajamos, o los clientes a quienes hemos vendido algún bien o servicio, y del dinero en esa CC pagamos las facturas de la electricidad o de los proveedores en general, a quienes hemos comprado algún bien o servicio. Aunque los Bancos pueden cobrar alguna comisión por este servicio, es habitual que no le cueste nada al impositor, a cambio de que el Banco dispone de ese dinero prácticamente sin tenerlo que remunerar. Si el número de impositores es suficientemente elevado, el Banco puede contar con que la probabilidad de que todos ellos quieran retirar su dinero el mismo día es remota; por ello, podrán contar con una parte de ese dinero como capital estable del que disponer para aumentar su negocio natural.

Siempre, claro, que la gestión del riesgo sea correcta. Es decir, que sus clientes le devuelvan sin falta el dinero utilizado, al final del período acordado. Y que le paguen por su utilización el precio acordado.

Si fuera posible asegurar un funcionamiento con riesgo cero, en el límite un Banco podría funcionar sin capital propio. Sin embargo, y dado que estas condiciones ideales son imposibles de asegurar, las autoridades (la Administración, los Gobiernos) imponen algunas condiciones a las empresas que quieren poder funcionar públicamente como Bancos. En particular, les exigen disponer de una cierta cantidad de capital propio. Y, además, a cambio de cumplir esas exigencias, protegen a los impositores con el margen de confianza que da saber que la entidad está cubierta por la Administración.

Para atender a estas necesidades de capital, el Banco puede decidir emitir acciones, es decir, permitir a terceros que participen del capital del Banco, y que puedan ser remunerados (por ejemplo, mediante dividendos) en función de los beneficios que consiga la entidad por llevar a cabo su actividad. O puede emitir otros instrumentos financieros (bonos, pagarés,...) con un rendimiento pactado a cambio de poder utilizar ese dinero durante un período de tiempo. Todos estos instrumentos financieros tienen su propio nivel de riesgo, que debe ser conocido por el inversor antes de tomar su decisión. El valor de las acciones dependerá de la marcha de la entidad; percibir dividendos (y su cuantía) dependerá de la capacidad de la entidad en generar beneficio; y la remuneración (o incluso la devolución del capital) de otro tipo de instrumentos puede verse comprometida bajo determinadas circunstancias.

Si la entidad goza de confianza, podrá también financiarse a partir de los mercados de capital, mediante préstamos o créditos de muy diversas características y condiciones. Los mercados de capitales, en general, basarán sus estrategias en una cierta ecuación entre la rentabilidad y el nivel de riesgo (real y/o percibido). A un riesgo nulo le corresponderá una rentabilidad modesta y al revés. Por eso nos está costando tan cara la Deuda Pública en estos tiempos, por una percepción de los mercados de un elevado riesgo para España. La famosa prima de riesgo.

Conviene aquí no perder de vista el modelo básico (es el Negocio, estúpido). Un Banco necesita disponer de capital (lo más barato posible) para poderlo prestar (lo más caro que le permitan la competencia y las condiciones del mercado). Y la buena gobernanza de una entidad de ese tipo debe basarse en la correcta gestión (y cobertura) del riesgo.

Con este modelo básico en la cabeza, no hay ninguna necesidad objetiva de que los Bancos sean muy grandes para poder sobrevivir.

Pero el funcionamiento de los Bancos reales se ha ido convirtiendo en mucho más complejo y sofisticado. Por ejemplo, para limitar el riesgo, puede decidir hacerse con capital de terceros a cambio de venderles las deudas (por ejemplo, una parte de los préstamos que ha concedido a terceros -particulares o empresas-). El comprador paga un dinero a cambio de hacerse con el derecho de recibir de los deudores la remuneración pactada con el Banco, y el propio capital prestado al final del período correspondiente. Y también compra el riesgo (y por tanto libera al Banco de él) que esas deudas puedan tener. Empieza con estos movimientos lo que se llaman los derivados (o productos financieros derivados).

La extensión ad infinitum de esta práctica, incluyendo deudas de baja calidad (de elevado riesgo), es lo que provocó el inicio de esta crisis financiera mundial, las llamadas hipotecas subprime. Deslumbrados por una abundancia obsesiva de capital, de crédito (desbrozar su origen sería objeto de otra conversación), muchos particulares aceptaron dinero prestado, aunque tuvieran escasas posibilidades de poder cumplir las condiciones pactadas para su devolución. Pero las entidades estimaron que, existiendo una garantía inmobiliaria (una vivienda, un local, un solar,...) cuyo valor pensaban (genuina o espúreamente) que no cesaría de aumentar en los años y décadas siguientes, el riesgo era muy limitado y asumible.
No ha pasado ni un año desde esta imagen de la salida a Bolsa de Bankia.
(Fuente: tusdepositos)

Ese efecto se vio multiplicado y amplificado por las pingües remuneraciones que se ofrecían a los empleados (brokers, directivos) que consiguieran vender esos paquetes de deuda a terceros (al margen de su calidad intrínseca, o precisamente debido a su baja calidad real).

El efecto de este tipo de prácticas es el de la Bola de Nieve. Cada vez se va haciendo más grande y se desliza a mayor velocidad. Pero no existe ninguna pendiente en ninguna montaña del mundo que sea infinita. En algún momento se llega al llano, y la Bola se espachurra y deja a la vista que no todo es nieve en su interior: ha arrastrado piedras, guijarros, arena, porquería en su recorrido.

Metidos ya en movimientos de este tipo (la segunda o tercera derivada de la actividad bancaria), sí resulta imprescindible tener un gran tamaño para poder sobrevivir. Porque la economía está muy globalizada, y las sinergias que proporciona ser una entidad muy grande son las que permiten acceder a los capitales más baratos y prestarlos donde se esté dispuesto a la remuneración más alta. Sólo una entidad que sea visible desde la economía global puede sobrevivir en esas aguas turbulentas. Pero con ese aumento de tamaño, algunas entidades se convierten en sistémicas, es decir, que su quiebra o desaparición podría hacer tambalear a todo el sistema financiero; por ello las autoridades se ven obligadas a protegerlas, para evitar que eso pueda llegar a suceder. Una entidad como Bankia, por ejemplo, gestiona del orden de un cuarto de billón de euros en recursos, tiene hasta 400.000 accionistas minoritarios y 10.000.000 de clientes. Realmente, no sabemos cuántos de esos diez millones son clientes de verdad, es decir, que tienen deudas con Bankia, y cuántos son simplemente impositores, cuentacorrentistas o depositantes.

Llevamos ya varios años en España sumergidos en una permanente reforma financiera. Existe una auténtica obsesión por conseguir entidades de mayor tamaño, y por lo tanto, que sean más visibles en los mercados internacionales y que tengan mejores capacidades de supervivencia o incluso de excelencia. Se viene persiguiendo que esa Bola de Nieve sea cuanto más grande, mejor. Pero da la sensación de que se ha obviado bastante la validación sobre lo que la Bola encierra en su interior. Si la Bola parece de Nieve, pues será Nieve lo que hay en su interior, y todos felices.

Las instituciones internacionales han venido realizando múltiples pruebas de solidez (los llamados stress tests) a todas las entidades financieras. El Gobierno nos decía que las instituciones financieras españolas eran de las más sólidas y solventes del mundo. Estábamos en la Champions League de la Economía, y la mayoría de nuestras entidades, en general, superaban con nota ese tipo de pruebas. Y eso probablemente fuera cierto. Pero las laderas de nuestra montaña tienen más piedras y arena que otras vecinas. La implicación de muchas de nuestras entidades con la locura del ladrillo, los enormes préstamos concedidos (con sensación de riesgo nulo) a promotores inmobiliarios, constructoras y particulares van quedando a la vista cuando la Bola de Nieve se espachurra. La hipótesis (de un cierto modelo de negocio desquiciado, o incluso de las propias pruebas de esfuerzo) resultó falsa, y muchos de esos solares, promociones , viviendas, locales o plazas de garage no solamente tienen un valor muy inferior al que se había pensado, sino que además son activos mucho menos líquidos de lo que se asumió: nadie quiere comprarlos. Posiblemente algunos estén esperando a que sus precios se desmoronen definitivamente, para conseguir auténticas gangas.

Con esto llegamos a los llamados Activos Tóxicos. Propiedades que han pasado a poder de los Bancos, al no poder hacer frente a los préstamos sus anteriores dueños (que han sido incapaces de venderlos, o incluso de terminar su construcción). Y que han ingresado como activos de la entidad a los precios a los que se tasaron, pero que, hoy por hoy, son absolutamente irreales. Posiblemente un piso terminado pueda acabar vendiéndose (a algún precio). Pero las promociones a medio hacer o los solares, posiblemente tienen un valor prácticamente nulo hoy en día.

De ahí vienen los principales problemas que están arrastrando nuestras entidades financieras. Las más grandes tienen una actividad más diversificada (incluso en otros países del mundo) y el impacto del ladrillo nacional es menor sobre sus cuentas de resultados y sobre su solvencia general. Pero el caso de Bankia es ejemplar: tanto Caja Madrid como Bancaja eran posiblemente las dos entidades con una exposición mayor a los préstamos inmobiliarios; y el resto de cajas más pequeñas que también formaron parte de la fusión aportan sus granitos de arena en la misma dirección. La Bola de Nieve se hizo mucho más grande, pero dentro hay mucha piedra y arena. Y eso sin incluir en la imagen las múltiples (y nefastas) decisiones financieras que los políticos les obligaron a aceptar. Cuando los que deciden no son los profesionales, siempre hay mucho riesgo. Manejar (como han hecho muchos políticos) las Cajas de Ahorro como si fuera la bota de San Farriol (esa que nunca tenía fondo) es, simplemente, una iniquidad. Que debería acabar en la cárcel.


Imagen clásica de una maravillosa promoción inmobiliaria.
El Ladrillo Nacional
(Fuente: empresaslider)


¡Qué pena que el maestro Berlanga haya muerto, porque podría hacernos sonreír con un nuevo episodio de su trilogía: El Ladrillo Nacional!.

Ahora, una vez más, todos quieren realizar catas de las Bolas de Nieve, para determinar la proporción de piedra y arena que contienen. La Unión Europea insiste en realizar evaluaciones independientes de la exposición al ladrillo, y verificar la calidad del capital que las entidades dicen poseer. Y el Gobierno no para de exigirles mayores reservas de capital como cobertura de esos descomunales riesgos (o ya mejor, realidades).

Como es habitual en todas las empresas, las tragedias económicas de las empresas las provocan los clientes, cuando estos dejan de comprar, no pueden seguir haciéndolo, buscan a otros proveedores alternativos, o la empresa se vuelve incapaz de suministrarles lo que buscan. Si una entidad no da crédito, se aleja de su modelo de negocio básico, y se huele la sangre. Acosada por su inacabable reserva de activos tóxicos, exagera la evaluación de riesgo de cualquier préstamo nuevo. Y si la propia demanda de crédito decrece, porque los clientes (todos nosotros) somos cada día más pobres, están servidos los ingredientes de la función.


El resto de actores de esta tragicomedia (impositores, accionistas,...) son sufridores en casa, que temen ver mermadas sus participaciones en el capital de Bankia. Por supuesto, el contrato con los impositores es claro, y para nada peligran sus ahorros. El caso de los accionistas (y para el caso, obligacionistas, bonistas, o lo que sea) es otro. Sabían que estaban realizando una inversión no carente de riesgo, y ahora tendrán que hacer frente a él.

En estas circunstancias es cuando sería muy conveniente ese movimiento que, en condiciones de crisis, se acostumbra a llamar Back to Basics. Es decir, la vuelta a la cordura de lo que es el negocio bancario en su origen: disponer de dinero cuya utilización por un período de tiempo se pueda ceder a terceros, que estén dispuestos a pagar por ello una remuneración conveniente.

No estoy de acuerdo con los que dicen que las entidades financieras fueron los causantes de la crisis. Para que la crisis haya llegado a tener las dimensiones trágicas que ha alcanzado, fue necesario que muchos ciudadanos y muchas empresas, engañados o autoengañados, aceptaran dinero prestado más allá de sus posibilidades razonables de devolverlo. Pero sí son las entidades las que más beneficio sacaron de ello, con su actitud temeraria y confiada, con su actitud cortoplacista y miope cuando se estaban negociando hipotecas a 40 años (con clientes de 45). Sólo se puede engañar al que se deja. Lo que ocurre es que sí ha habido una ruptura de la confianza que muchos ciudadanos podían tener en sus entidades bancarias. Desde su relativo desconocimiento, confiaron en lo que les proponían los que tenían por profesionales de las finanzas. Las entidades (y sus empleados, incentivados para ello) abusaron de la confianza cuando actuaron guiados por sus intereses en el corto plazo, y escondieron deliberadamente los aspectos más relevantes de riesgo de lo que estaban proponiendo a sus clientes. Abusaron de la confianza cuando proponían préstamos hipotecarios por el 120% del valor tasado de una vivienda a quien difícilmente podría hacer frente a ellos, en el largo plazo. Abusaron de la confianza al proponer a jubilados o a iletrados financieros la compra de participaciones de algunas Cajas, escondiendo el hecho de que eran inversiones de alto riesgo y sin posibilidad real de recuperar a voluntad el dinero invertido.

Quizá no hubo violación, pero sí son culpables de estupro; delito por el que habría que juzgarles.

Ha llegado el momento del acto de contrición, del Back to Basics (vuelta a lo básico), de volver al perímetro de las actividades definidas muy claramente en su modelo primigenio, y abandonar ese tipo de actividades de alto riesgo, para el que, manifiestamente, no estaban preparadas. Ni ellas ni sus clientes habituales. Quizá haya que fragmentar algunas entidades, para disgregar sus diferentes actividades. Recuperar los bancos minoristas (que atiendan las necesidades de sus clientes particulares), separados de los Bancos de Finanzas (para usuarios más avanzados) o de las Sociedades Hipotecarias, que lidien con los temas inmobiliarios y los larguísimos plazos.


O separamos las manzanas podridas, o toda la cesta se pudrirá.

Es el Negocio, estúpidos.

JMBA

jueves, 10 de mayo de 2012

Los Banqueros Siempre Vuelven

Tradicionalmente, los Bancos eran empresas familiares. De hecho, el renombre de algunas familias en España procede en buena parte de haber sido propietarios de un banco que llevaba su nombre.
Rodrigo Rato y José Ignacio Goirigolzarri, sucesión
en Bankia.
(EFE; Fuente: cincodias)

La base de su negocio era recoger dinero de los ahorradores de su entorno natural, y prestarlo a otros que lo pudieran utilizar para llevar adelante proyectos empresariales o económicos en general. Su mercancía era el dinero, y su beneficio la diferencia de interés entre el dinero que tomaban y el que prestaban. Al más puro estilo de los usureros medievales (principalmente judíos, pues la Iglesia prohibió a los cristianos practicar la usura).

Con el tiempo, la progresiva globalización y la creciente competencia, su supervivencia parecía estar en alcanzar un mayor tamaño. Así hemos visto, sin ir más lejos que España, la desaparición de infinidad de Bancos, absorbidos o comprados por otros de la competencia, para conseguir entidades más competitivas por su mayor tamaño.

En esas familias de banqueros, habitualmente de la clase alta y adinerada, se distinguía al banquero por ser un personaje más bien gris, con trajes oscuros y corbatas monocolor, que no daban pasto a ningún tipo de habladuría. La pervivencia de su negocio se basaba en la confianza (casi personal) que pudieran obtener de sus clientes. Junto a ellos, en esas mismas familias, había habitualmente las ovejas negras, los que alejados de ese patrón de discreción, escogían disfrutar de la vida gastando el dinero de la familia, y que estaban permanentemente en boca de todos por sus muchos escándalos.

La primera noción que tuvimos en este país de que un banquero podía ser algo diferente de ese estereotipo la tuvimos con el advenimiento de Mario Conde. En esos años, hace ya tres décadas, muchos niños querían ser Mario Conde de mayores. Fue la primera vez que nos dimos cuenta de que ser banquero podía ser simplemente una profesión, y no necesariamente una condición o un sacerdocio. Mario Conde gastaba gomina a toneladas, vestía trajes de colores más pálidos y corbatas rojas o multicolores. Salía en la prensa del corazón, montado en su yate, y su vida familiar y conyugal estaba permanentemente en las portadas del colorín.

Al margen de todos los manejos indecentes, ilegales o inmorales que pudiera cometer, la sensación que quedó en el ciudadano de a pie, el ciudadano que debe resignarse a ser espectador de esas cosas, fue que los banqueros de verdad, los del traje oscuro, se quitaron de encima a Mario Conde por ser diferente a ellos.

En tiempos más recientes, hemos visto a (presuntos) profesionales de las finanzas convertirse en banqueros por pura designación o nombramiento. Ya los banqueros no lo eran por la Gracia de Dios (o por ser el primogénito de una familia de banqueros), sino que ser banquero se convirtió en una carrera profesional como otras, sólo que, habitualmente, mucho mejor pagada.

Nunca supimos lo que esos banqueros de traje oscuro podían ganar, porque realmente estaban cuidando y haciendo crecer el patrimonio familiar, del que todos vivían muy bien. Pero cuando se extendió la costumbre de nombrar a profesionales como presidentes o directores de Banco, a designarles como Banqueros, su retribución pasó a ser un dato económico relevante, y la publicidad de sus ganancias, un imperativo legal para las grandes sociedades bancarias que cotizan en los mercados públicos.

En esos años vimos a figuras como Alfredo Sáenz (que pasó por el Banesto expropiado) o cómo un profesional externo como Francisco González desplazaba a las familias vascas tradicionalmente bancarias o banqueras (como los Ibarra) de la dirección del BBVA, o cómo el Goiri (ese vasco de nombre difícilmente pronunciable, que estamos aprendiendo bien estos días a través de los noticieros) alcanzaba las más altas cotas de poder en esa entidad. Y, por cierto, cómo FG le apartó del BBVA con una prejubilación más que dorada a su (todavía) bastante temprana edad.

En el 96 vimos a Rodrigo Rato, miembro de una ilustre familia, muchas de cuyas empresas familiares acabó liquidando, malvendiendo o quebrando, convertirse en Ministro de Economía de un Aznar con bigote venido a más en la Presidencia del Gobierno. Su gestión pasó por ser positiva para el país, aunque parece claro que la ola económica internacional iba hacia arriba, y alguien alguna vez deberá dedicarle tiempo a analizar de verdad su período al frente del Ministerio.

Aunque sonó su nombre para suceder a Aznar, en la batalla que se libró en el interior del famoso cuaderno azul (y en muchos más lugares, sospecho) acabó ganando la partida el gallego registrador de la propiedad, el Babas. A Rato le buscaron acomodo (con el apoyo de muchos otros amigos del extranjero) en el FMI de Washington. Que estuviera en trance de una separación conyugal posiblemente forzó a que Ana Botella le susurrara en la oreja a Aznar lo inconveniente que sería que Rato fuera su sucesor.

El FMI (o IMF, por su nombre en inglés), es un organismo que se creó a partir de los acuerdos de Bretton Woods tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Pero se ha ganado las diatribas de tirios y troyanos, y la fama de ser como Atila, que por donde pasa ya no vuelve a crecer la hierba. Pero ha sido (y es hoy) un esbirro extremadamente útil para sus amos, principalmente las grandes corporaciones estadounidenses, ya que son sus intereses los que básicamente defiende el Fondo. Mediante unas políticas (más bien unas recetas) directamente inspiradas por las tesis más ultraliberales (o neoliberales) de la siniestra Escuela de Chicago y de su alma máter, Milton Friedman, acaban poniendo a los países a los pies de los caballos de sus amos..

Cuando acabó su mandato en Washington, Rodrigo Rato volvió a España con la convicción de que podía retomar una carrera política, sustituyendo a Rajoy que ya empezaba a conocérsele por el que las elecciones, directamente las perdía. Pero el Babas ya se había hecho fuerte en el aparato del partido, y no era viable desplazarle. Le salió entonces un curro de lo suyo, de banquero, en Caja Madrid, cuando la estrella de su antecesor, Miguel Blesa, ya estaba irreversiblemente declinando. Algún día Esperanza Aguirre debería contar toda la verdad de ese episodio.

Claro, sobrevinieron los diversos efectos de la enorme crisis financiera, en la que todavía estamos sumidos, y parece que cada vez más. Uno de esos efectos fue la necesidad de reformas del sistema financiero y de fusiones de la infinidad de Cajas de Ahorro que había en el país, para conseguir entidades de mayor tamaño que tuvieran alguna posibilidad de sobrevivir y flotar sobre tantos cadáveres. Las Cajas de Ahorro, que nacieron con la mejor de las intenciones y que desarrollaron su papel correctamente durante muchas décadas, acabaron siendo pasto de los políticos. Los políticos, especialmente los regionales, autonómicos o incluso locales, las tomaron al asalto para utilizarlas como el instrumento financiero de sus delirios, de sus proyectos muchas veces faraónicos, solamente a su mayor gloria. Y, claro, todas las cosas de este mundo tienen un límite.

Caja Madrid, una entidad mediocre (la infinita desidia en su trato con el cliente llegó a ser legendaria) se acabó así convirtiendo en la cabeza de cartel de una de esas fusiones. La siguiente en tamaño era Bancaja, la caja valenciana que había sido expoliada por los políticos regionales (obligada a financiar la construcción de pirámides nada rentables). Además, las dos (pero no solamente ellas) habían sucumbido a su propia codicia y, lo que es peor, a la falacia de que la vivienda (el ladrillo en general) no podía hacer más que seguir subiendo de precio ad aeternum.

Todos recordamos esos años en que el crédito fluía no solamente sin límites, sino incluso de forma claramente temeraria, si no suicida. Préstamos hipotecarios por más valor que el tasado para la vivienda (confiando ilusoriamente en que su precio no cesaría de subir en los años - y décadas - siguientes) y préstamos con avales cruzados entre inmigrantes recientes y sus familiares. Sin ir más lejos.

En esas circunstancias, los banqueros, que ya no eran los propietarios de los bancos y que ya no cuidaban de un patrimonio familiar, sino que únicamente perseguían hasta los últimos resquicios de retribución personal adicional (a base de bonus, comisiones, cartera de acciones, planes de jubilación multimillonarios, blindaje de contratos, y así para adelante) actuaron solamente pensando en el corto plazo. Las viejas ideas de los banqueros de traje oscuro y actitud discreta, siempre pensando en que ese patrimonio que recibí de mi padre debo dejárselo más crecido a mis hijos, habían desaparecido de la actitud de los banqueros. Lo que las sustituyó fue la depredación pura y dura, el cortoplacismo cruel, el quemar las naves para llegar antes a la orilla y abandonar el barco antes de que se hundiera o navegara a la deriva, ya sin mástiles ni velas, quemados todos ellos en la caldera insaciable.

Muchos se convirtieron en multimillonarios a base de ser retribuidos por hacer que las entidades avanzaran con mucha mayor rapidez... hacia su propia destrucción.

Los nuevos banqueros ya no son los propietarios de los bancos, pero por diversos mecanismos retributivos, sí acaban poseyendo un porcentaje significativo de las acciones (aunque sea solamente un 1 o un 2%, en entidades con miles de millones de acciones en circulación, esa minucia puede suponer algunos cientos de millones de euros).

Cada vez que se hacen públicas las cifras de retribución de estos nuevos banqueros se genera una auténtica alarma social. Cuando las entidades parecían sólidas, quizá se podían entender estas enormidades, dadas las grandes responsabilidades que parecían asumir. Pero en estos tiempos revueltos, parece que nadie nunca es responsable de nada; sólo de quemar las naves como hacían, por cierto, todos los demás.

Cuando el Goiri (José Ignacio Goirigolzarri, con fama de afable y buen profesional) fue apartado del BBVA, se llevó para su casa un paquete económico de impresión, en forma de indemnizaciones, planes de pensiones y demás accesorias. Yo siempre he pensado que si alguna vez tuviera la suerte de disponer de, digamos, diez millones de euros (la Primitiva siempre es una opción, aunque remotísima) mi única preocupación sería que eso me diera unas rentas que me permitieran vivir a mi aire y hacer todas las cosas que realmente me apetecieran. Pero hay que entender que yo no soy un yonkie del dinero, como sí lo son los banqueros, especialmente estos nuevos banqueros. Cuando has descubierto la forma de ganar un millón, no puedes abandonar sin hacer que otro millón surja de la nada y se dirija a tu bolsillo. Y así, ad infinitum. No cabe duda de que el poder y el dinero son drogas poderosísimas, y ríanse ustedes del mono de la cocaína o de la heroína, que los temblores que tienen que asolar la vida de esos banqueros privados de su droga, debe ser de impresión.

Ahora el Goiri vuelve para hacerse cargo de Bankia, en sustitución de Rodrigo Rato (las disquisiciones sobre dónde encontrará este su droga a partir de ahora serían objeto de otra conversación). Goiri podría estar en su casa (o donde quisiera) haciendo lo que le apeteciera. Pero, claro, a los yonkies lo que realmente les apetece es seguir pinchándose; seguir dando con su varita mágica en la tierra yerma, para hacer brotar más millones que llevarse a su retribución (fija, variable y circunstancial). Un céntimo de euro que me diera cada habitante de la Tierra no significaría nada para ellos, pero con esos 60 millones yo podría hacer maravillas, tú.

Deberían entender que cada flor que cortan seca un poco más la tierra, si no se riega y se abona.

Lo primero que ha hecho Goirigolzarri al tomar posesión de su nuevo puesto ha sido arrojar la toalla en dirección al Gobierno. Les ha propuesto que, directamente, nacionalicen la sociedad matriz, el BFA (Banco Financiero y de Ahorros) que es, a su vez, propietario del 45% de Bankia. El BFA ya dispone de un crédito público (del FROB) por más de cuatro mil millones de euros, a un interés próximo al 8%. Todos saben que ese dinero nunca podrán devolverlo, por lo que ahora la propuesta es convertirlo en capital (acciones) de BFA, que pasaría a titularidad pública. Los propietarios actuales de BFA son las siete cajas que se fusionaron, capitaneadas por Caja Madrid y Bancaja. Si la valoración independiente que se haga de BFA estima que su valor real es igual o inferior a ese volumen de capital público, entonces BFA pasará a ser 100% propiedad pública, a través del FROB. Indirectamente, pues, el Estado se convertiría en dueño del 45% de las acciones de Bankia. El resto está en manos de hasta 400.000 inversores privados; que hemos visto (incluso por la mínima parte que me toca) como el valor de las acciones de Bankia se ha deslizado a la baja. Una vez más, tocará tener paciencia, y confiar en que vuelvan a remontar con el paso de los años. O que acaben no valiendo nada, claro.

No sé si vamos por buen camino. Pero todos los síntomas parecen indicar que no. Teníamos en las manos un jamón con mucha grasa. Empuñando el cuchillo jamonero, hemos ido quitándole capas, sólo para encontrar más grasa debajo. Y ya estamos tocando el hueso.

Desde que empezó la crisis, hace ya, por lo menos, cuatro años, en ningún momento está dando la sensación de que las cosas vayan yendo un poco mejor. Seguimos cayendo pendiente abajo (más desempleo, más pobreza, más miseria, menos dinero, menos recursos,...y lo que es peor, cada vez hay más pobres y más miserables en este país y en los que nos rodean, que hasta muchos que sí tienen empleo bordean el umbral de la pobreza) y no se le ve el final a esta caída inacabable.

La sociedad necesita urgentemente un rearme moral, un cambio de objetivos que contribuyan a reducir las desigualdades que no han cesado de ampliarse y extenderse en las últimas décadas. Estos yonkies han demostrado ser buenos en conseguir los objetivos que se les fijan; quizá sucede que el error está en que esos objetivos no son los correctos.

En esa aula, que es el mundo, cada alumno tenía una lata de sardinas en propiedad. Aunque nunca se llegaran a abrir para comerse las sardinas en su interior, daban alegría a todos y permitían fomentar los intercambios. Pero, por diversos mecanismos, hoy todas las latas las tiene uno solo. Pero, incluso si se pone a cenar con mucha hambre, a partir de la quinta lata ya le dará la cagalera. Y si ya a nadie más le queda una lata de sardinas, ¿qué más podrán robar mañana?.

Pero, a pesar de todas estas desdichas, los banqueros siempre vuelven, presos de su mono de yonkies. Confiando en que el suministro de droga no se va a interrumpir. Confiando en que podrán seguir dando con su varita en las rocas cuarteadas y seguirá manando agua. Y sabiendo que, si las rocas están efectivamente secas, hasta que se sepa a ciencia cierta habrá pasado el tiempo suficiente como para reforzar, una vez más, su posición económica personal.

Por eso los Banqueros Siempre Vuelven. Por el mono. Pero deberían recordar que no hay mal ni bien que cien años dure.

JMBA

jueves, 3 de mayo de 2012

Mi impresión sobre el debate francés

Este miércoles noche fue particularmente estresante en la televisión. A las ocho, el partido Barcelona-Málaga (4-1) por Canal + Liga. A las diez, el Athletic de Bilbao - Real Madrid (0-3) en la Sexta (y las autonómicas), donde el Real Madrid se proclamó campeón (matemático) de la Liga (justamente el día de la festividad de la Comunidad de Madrid, como ha apuntado mi amigo Ansgar en Facebook). Y desde las nueve hasta las doce, el debate tradicional entre-las-dos-vueltas (debat de l'entre-deux-tours) de los dos candidatos a la Presidencia de Francia, Nicolas Sarkozy y François Hollande, que seguí casi por completo a través de la cadena  France 24. En el dial 313 de Digital+ se sintoniza la versión francesa, aunque también se emite en inglés y árabe.
Al fondo, una imagen del Palacio del Elíseo. De frente, los dos periodistas
(Laurence Ferrari y David Pujadas). A la izquierda Hollande,
a la derecha Sarkozy.
(Fuente: europe1)

El debate duró casi tres horas, y terminó muy cerca de la medianoche. Todos los detalles de la puesta en escena, por supuesto, habían sido previamente consensuados por los equipos de los dos candidatos, que habían acordado los diversos grandes temas a tratar y el orden de las intervenciones. Como en una partida de ajedrez, dos relojes digitales contabilizaban el tiempo de uso de la palabra de cada uno de los dos candidatos. Cuando terminó, estaban igualados al segundo. Había dos periodistas que actuaban de moderadores (un hombre y una mujer), ambos, periodistas de prestigio en la televisión francesa (Laurence Ferrari y David Pujadas).

La prensa francesa (y también la de otros países) ha concluido que Hollande ganó el debate, aunque no creo que eso sea tan claro, desde luego. De todas formas, está comprobado que los debates televisivos influyen relativamente poco en el voto de la segunda vuelta. Los expertos no le dan más influencia que un exiguo 1-2 % en el sentido de los votos efectivamente emitidos el domingo de la segunda vuelta (en este caso, el próximo domingo, 6 de Mayo).

A pesar de su baja influencia en la opinión de los votantes, estos debates son ya tradicionales en Francia. Este era singular por varios motivos. Primero, uno de los candidatos es el Presidente que ha ocupado el Elíseo los últimos cinco años (en 2007 no fue el caso, ya que Jacques Chirac no se presentaba a la reelección). Por otra parte, y por primera vez (en la Vª República, como dicen los franceses, que es algo equivalente a lo que los españoles denominamos el período democrático para España), el presidente saliente quedó por detrás del candidato en la primera vuelta.

Los candidatos se enfrentan al debate con el máximo respeto, sabiendo que es una herramienta de muchísimo valor, aunque influya poco en las votaciones inmediatas. Al que resulte elegido, lo que dijo en el debate será lo que el pueblo francés le exigirá y sobre lo que le pedirá cuentas. Y al que pierda las elecciones, se le recordará lo que dijo si algún día decide volver a participar en esta carrera.

Cada candidato acudió al debate con un objetivo (modesto) bien definido. El objetivo de Sarkozy era demostrar al pueblo francés que Hollande no tiene el empaque de estadista que exige la Presidencia de la República. Y el objetivo de Hollande era demostrar a los franceses que Sarkozy es un personaje arrogante, incluso soberbio, que desconoce (ignora) los sufrimientos de muchos franceses, a la vez que intentaba reforzar su imagen y prestigio personal (Hollande nunca ha sido, hasta ahora, ni siquiera ministro).

Así, Sarkozy se dirigía a su rival, durante todo el debate, con un displicente Monsieur Hollande. Le acusó en repetidas ocasiones de calumniar, o incluso de mentir, intentando demostrar que Hollande utilizaba cifras que no eran ciertas, como quien riñe a un colegial que no se ha estudiado bien la lección. Su intención era poner de manifiesto que Hollande no está capacitado ni personal, ni profesional, ni políticamente, para ocupar la Presidencia de la República.

Conviene no olvidar que la situación de Francia dentro de la Unión Europea y de la eurozona es la de periferia del núcleo duro. El paro no ha dejado de crecer en los últimos once meses, hasta un 10,9%, y su déficit público en 2011 superó ampliamente el 5%. Está claro que su situación no es tan mala como la española, pero tampoco está para tirar muchos cohetes.

Algunas frases de Sarkozy quisieron ser demoledoras. Así, hablando de economía y de la intención de Hollande de introducir una tributación de hasta el 75% para rentas superiores al millón de euros anual, Sarkozy le dijo: Usted quiere menos ricos; yo quiero menos pobres en Francia. En otro momento, el moderador preguntó a los candidatos qué tipo de Presidente serían si resultaran elegidos. Hollande respondió que un hombre normal. Sarkozy le saltó al cuello, argumentando que un hombre normal no está a la altura de los desafíos de la Presidencia de la República. Con lo que implícitamente se situaba a sí mismo en el rango de los hombres extraordinarios.

Sarkozy hizo muchos guiños a los votantes del Front National. Marine Le Pen (que obtuvo en torno al 18% de los votos en la primera vuelta), manifestó (en el mítin del 1º de Mayo en la Place de l'Opéra de Paris) que ella va a votar en blanco en la segunda vuelta, pero dejó libertad de voto a sus simpatizantes. Que son cortejados por Sarkozy de forma evidente, con propuestas nacionalistas de cierre de fronteras y contra la inmigración (en principio, la ilegal) y la multiculturalidad de la sociedad.

Hollande partía con ventaja y creo que la conservó, o quizá incluso la amplió algo. Todos los sondeos auguran que el resultado en la segunda vuelta le podría ser favorable por hasta ocho o diez puntos (se habla del entorno 54%-46%). A sus votantes los traía ganados de casa, a los ecologistas y al Front de Gauche los da también por inclinados a su candidatura. Y con su mesura y saber estar, parece que se ganó a los centristas votantes de François Bayrou. Por lo menos este jueves, Bayrou ha manifestado su voluntad de votar por Hollande el domingo, dando una indicación, pues, a sus simpatizantes.

El debate fue áspero, rudo y a veces hasta cruel, como destaca la Prensa en general. Los dos candidatos salían a intentar hacer sangre en el contrario, y a fuer que lo consiguieron en varias ocasiones. Hollande demostró que Sarkozy no ha cumplido sus promesas electorales. Entre otras cosas, en el 2007 Sarkozy dijo que si el paro llegaba al 5%, él iba a dimitir. Y la Deuda pública francesa ha crecido exponencialmente en los últimos años.

Sarkozy, por su parte, insistió en lo que ha sido uno de los leit motivs de su campaña. Intentó ridiculizar a Hollande por su amistad y connivencia con Zapatero, y por sus visitas a La Moncloa. Explícita o veladamente, su mensaje a los franceses es que si no quieren acabar como los españoles, deberían votar Sarkozy. Si votan a Hollande, lo que hizo Zapatero con España es lo que hará Hollande con Francia.

También intentó ridiculizar a Hollande por sus propuestas antinucleares, arguyendo que era una concesión ridícula para apropiarse del poco más del 2% conseguido por los ecologistas en la primera vuelta. Forzó a Hollande a decir que en el próximo quinquenat (quinquenio, el período por el que se elige Presidente), si resulta elegido Presidente, sólo se cerraría una central nuclear (la más antigua, cercana al Rhin y la frontera alemana, en Alsacia). A lo que Sarkozy replicó: ¿en qué quedamos? Si la energía nuclear es mala y peligrosa, habría que cerrarlas todas. Y si no, ¿por qué cerrar alguna?. Añadió que el riesgo de tsunami junto al Rhin es descartable.

Hollande, a pesar de que interrumpió muchas veces las explicaciones de Sarkozy, supo mantener los nervios y evitar dar una imagen de atrabiliario. En el debate de 2007, fue famosa una reacción airada de Segolène Royal, a la que Sarkozy respondió que vous êtes énervé, (ha perdido los nervios) y esa no es la actitud adecuada para un Presidente de la República. A lo que Segolène respondió je ne m'énerve pas; je me revolte (no me pongo nerviosa, sino que me rebelo).

Y resultó curioso que ambos candidatos invocaran comparaciones con Alemania, en diversos ámbitos y en distintas direcciones. Parecería que en el imaginario popular francés del momento, Alemania y España representan en este momento lo que sí y lo que no les gustaría llegar a ser.

La suerte está echada. Casi con toda probabilidad ganará Hollande el próximo domingo, ya que parece tener los apoyos suficientes. Sin embargo, qué gran estadista se perderá Europa con la partida de Sarkozy, si no fuera porque la soberbia y la prepotencia fluyen libremente por cada poro de su piel de hombre bajito.

JMBA

miércoles, 2 de mayo de 2012

Cambio de proveedor ADSL: Una Labor Titánica

Los que tenéis la amabilidad de seguir mis escritos con cierta asiduidad, habréis observado (con curiosidad o quizá hasta envidia), que estos últimos días no he publicado nada nuevo. Quizá hayáis intuido que me había tomado este puente/acueducto de vacaciones. Pero nada más lejos de la realidad.

La verdad es que he estado (hasta pasadas las tres de la madrugada del lunes), tratando de recuperar la estabilidad tras el cambio de proveedor de ADSL en mi casa.
Rodeado de una maraña de cables, el router de mi
nuevo ADSL.
(JMBigas, Mayo 2012)

Durante muchos años, mi proveedor de ADSL ha sido ya.com, que siempre me ha dado un servicio excelente, estable, sin interrupciones extemporáneas, y a un precio conveniente y permanentemente adaptado a las condiciones del mercado.

Desde Enero de 2010 me estaban dando una velocidad del orden de los 3Mbps, que es suficiente (desde mi punto de vista) para todas las tareas habituales, incluyendo la visualización (sin interrupciones) de vídeos en tiempo real.

Pero el pasado mes de Enero el servicio sufrió un descenso significativo de velocidad. Tras diversas averiguaciones, pude constatar que mi router estaba sincronizando habitualmente bastante por debajo de 1Mbps (en general, unos 700Kbps). Reporté el problema, que analizó su servicio técnico, pero me manifestaron que técnicamente no eran capaces de darme una velocidad mayor (dada la distancia desde mi casa a la central telefónica, al deterioro de la infraestructura, las instalaciones existentes, bla, bla, bla). Me degradaron el contrato de forma acorde a la nueva realidad (entre otras cosas, una bajada en el precio).

Pero 1Mbps, en estos tiempos, es una velocidad que se manifiesta insuficiente para muchas de las cosas a las que ya nos hemos acostumbrado. Yo tenía claro que debía buscar una solución alternativa. Tenía con ellos un compromiso de permanencia (a cambio de un bono gratuito de llamadas a móviles) hasta casi finales de este año. Negocié para que me levantaran ese compromiso, dado que ellos estaban incumpliendo con los niveles de velocidad pactados, y recibí un correo (el 6 de Marzo) en el que, efectivamente, me relevaban de ese compromiso, y yo recuperaba mi completa libertad como consumidor.

Tras esa fecha, no hice ningún movimiento proactivo especial. Pero el 19 de Abril recibí una de esas llamadas rutinarias de telemarketing prospectivo (agresivo) de Movistar proponiendo el ADSL hasta 10Mbps, etc. etc. Les conté con claridad mi problema, y que si aceptaba cambiarme era solamente por tener la garantía de un servicio de, al menos, 3Mbps, algo que mi proveedor habitual había manifestado la incapacidad de proporcionarme. Me garantizaron que podría tener un sincronismo entre 3 y 6 Mbps, con seguridad.

Manifestando mi predisposición al cambio, tuve que aceptar (en el plazo de media hora) hasta tres llamadas suyas (que siempre dicen que graban; yo también las grabé con mi Blackberry, por si acaso) para formalizar los diversos aspectos de la contratación. Me dijeron que en el plazo de 15 a 20 días recibiría el nuevo Router Wifi y se pondrían en contacto conmigo. Paralelamente, por el hecho de tener mi telefonía móvil también contratada con ellos, el precio global que deberé pagar a partir de ahora me resultará ligeramente más favorable. Lo que siempre ayuda.

Cinco días después (el martes 24 de Abril), recibí una llamada de mi proveedor (ya.com), que manifestó haber recibido una petición de portabilidad, y se interesaba por los motivos que me impulsaban al cambio. Le conté toda la historia al chico (muy amable, nativo; de aquí quiero decir) y creo que acabó entendiendo que yo ya no estaba en situación de revisar mi decisión si ellos no podían comprometerse a lo que su Servicio Técnico ya había renunciado, en términos de velocidad de la conexión ADSL. Sin mucho convencimiento, intentó, sin embargo, ofrecerme un nuevo router más avanzado, etc. pero no estaba en condiciones de garantizarme una mayor velocidad de la conexión. Quedamos como amigos (a falta de que no intenten pasarme ahora cargos inadecuados, claro).

Sólo tres días después, el viernes 27 de Abril, me llamaron de Movistar a las 11.30 de la mañana, para concertar una cita en mi casa, a la que asistiría un técnico suyo que traería el nuevo router y me dejaría todo correctamente instalado. Bueno, una novedad para mí. En los bastantes años de relación con ya.com, nunca un técnico suyo estuvo en mi casa, pues hasta el router me lo enviaron por mensajería.

Concretamos una cita para la tarde del viernes, de 4 a 5. Cuando volví a casa (en torno a las tres y media de la tarde), el ADSL de ya.com ya estaba inactivo, y me recibió el router con una sugerente luz roja.

En torno a las cinco menos diez, llamó el técnico al telefonillo del portal.

El técnico, que me pareció perfectamente capacitado y muy profesional, traía el nuevo router WiFi (blanco, el AMPER Xavi 7968+, con marca Movistar) en una caja. Procedió a la sustitución del router que yo tenía por el nuevo, realizó todas las conexiones, y procedió a probar la nueva conexión.

En las pruebas, detectó que la atenuación de mi línea era muy elevada, así como el ruido. Se interesó por todas las tomas telefónicas de mi casa. En la del salón, aparte de un teléfono de diseño, está conectada la alarma del piso, así como el decodificador de satélite. Verificó que esa era, seguramente, la fuente de ruido y tomó la decisión de aislar la toma del ADSL de las demás tomas telefónicas de mi casa. Para ello, tuvo que acceder al PTR (el punto de entrada de la telefonía a mi piso). El PTR resultó ser una cajita empotrada, cubierta por una cubierta atornillada, y perfectamente pintada encima, en el recibidor.

Con exquisito cuidado, para evitar al máximo cualquier desperfecto en la pintura, desatornilló la cubierta y vio qué dispositivo estaba en su interior. Le pareció correcto pero, para aislar las tomas, debía sustituirlo por otro pirulo que bajó a buscar en su vehículo.

El nuevo dispositivo (discriminador, o algo así) es sensiblemente más grande que el original. Y, por supuesto, no cabe en el interior de la cajita empotrada de reducidas dimensiones. Pero tras realizar las conexiones y verificar el funcionamiento del conjunto, consiguió que el nuevo router sincronizase sin problemas y con la máxima calidad, en el entorno de los 3,7Mbps.

Me quedan todavía unos cables sueltos en el recibidor, y tendré que hacer un par de taladros, para colgar el nuevo dispositivo junto a la tapa de la cajita empotrada original. En fin, no todo se puede tener previsto para toda la eternidad.

En menos de media hora realizó todas estas labores, que terminaron con una pequeña encuesta telefónica, para verificar mi conformidad con el técnico y su trabajo.

Antes de despedirnos, efusivamente, el técnico me informó, por imperativo legal, de que Movistar tiene instalada en mi edificio una centralita muy potente que permite dar servicio de VDSL (una tecnología avanzada de comunicación sobre dobles pares de cobre) a velocidades de hasta 30Mbps, por si pudiera resultar de mi interés en el futuro.

Hasta aquí, la verdad, la operación fue todo un éxito (con la salvedad, quizá, de los taladros que me quedan por hacer). Había cambiado de proveedor en solamente ocho días, desde que inicié los trámites.

Pero me quedaba ahora la limpieza de los flecos que deja tras de sí una operación de este tipo. Di de alta una cuenta de correo electrónico (en el dominio @movistar.es) sin problemas (con capacidad del buzón de 1GB), y verifiqué que el funcionamiento de la conexión ADSL era perfecto, algo por encima de esos 3Mbps que marcaban la frontera de lo aceptable con lo que (ya) no lo es.

Aunque ya había anticipado que podría tener que realizar algunos ajustes en el tema del correo electrónico, a las nueve de la noche sucedió. La cuenta de correo que más había venido utilizando para todos los propósitos en los últimos años (en el dominio @ya.com) se quedó inactiva para siempre jamás. Dejaron de fluir las docenas de mensajes entrantes de todos los días (la mayoría deseados, aunque no necesariamente esperados o útiles).

Un sudor frío me inundó la médula. Informar a mis corresponsales de la extinción de esa dirección no era un problema, ya que esa cuenta la he utilizado muy poco para las relaciones personales con familiares y amigos. Pero la gran mayoría de mis relaciones con el mundo virtual de Internet, del comercio electrónico, de las compras, de los billetes de avión o ferrocarril, de las reservas de hoteles, de las suscripciones de todas clases, todas, o prácticamente todas, las había realizado a través de esa cuenta de correo. Craso error (del que ahora, muy tarde ya, me daba cuenta), porque los proveedores de ADSL vienen y se van, pero las necesidades, las relaciones y las cuentas de correo deben permanecer.

El propio viernes por la noche inicié la titánica labor de cambiar esa cuenta de correo (ahora ya desactivada) por otra que yo pudiera controlar y que ya no estuviera ligada al proveedor (temporal) de ADSL. Para eso empecé por ajustar mis cuentas con los proveedores globales (@gmail, @hotmail, @yahoo,...). Y a reconfigurar mis clientes de correo, tanto el Mozilla Thunderbird en el PC, como los servicios de correo asociados con la Blackberry. 

Y luego ya empecé la labor repetitiva, aburrida, pero inevitable, de conectarme, una por una, con todas las páginas web con quien he tenido alguna relación en los últimos cuatro o cinco años (relación que quiero seguir manteniendo), para sustituir la cuenta de correo de @ya.com por otra.

Esa labor conviene realizarla en el menor plazo posible. Una web que recibe error al intentar enviar un correo, es fácil que decida cancelar de modo inmediato la cuenta asociada. 

Afortunadamente, tenía bastante bien organizada la información sobre nombres de usuario y contraseñas y esas cosas, en infinidad de ficheros de texto en un directorio conocido. Lo que, por cierto, seguro que no siempre es el caso.

Chocas a continuación con la realidad de que cada página web tiene su propia forma, habitualmente bastante abstrusa, para realizar esta labor. En algunas, las que utilizan directamente la dirección de correo electrónico como identificador del usuario, es simplemente imposible. En estos casos, la única solución es crear una nueva cuenta desde cero, y dejar que la anterior se sumerja en un limbo cibernético. Porque tampoco se puede cancelar, ya que  habitualmente habría un mensaje de confirmación, dirigido a una cuenta de correo que ya está muerta. 

Calculo que esta labor me ha costado, en total, no menos de unas veinte horas de ímprobo trabajo. Empecé por lo más evidente (Bancos y páginas webs con quienes mantengo relaciones de contenido financiero, como la de Loterías). Con la pasta, ni una broma.

Luego vinieron las docenas de páginas webs que tienen que ver con viajes (compañías aéreas, ferroviarias de varios países, cadenas de hoteles, webs genéricas de reservas). Tengo que planificar unos días de asueto de modo inmediato, y las necesito a todas en perfecto estado de revista.

A continuación lidié con todo el entramado de proveedores, en sentido amplio. Empezando por los más evidentes (las compañías que me suministran gas, agua, electricidad, telefonía,...) y siguiendo por aquellos a quienes he comprado algunas cosas por Internet en los últimos tiempos (desde las cápsulas del café hasta los libros en inglés o francés, pasando por mi proveedor de cartuchos de tinta compatibles, por el suministro de blocs de papel de alta gama o por el perfumista de Grasse). Terminando por las webs de los fabricantes de algunos aparatos que he venido comprando (la cámara fotográfica, ese disco externo, el teclado inalámbrico,...), y que tengo registrados ahí. A cambio, me informan periódicamente de sus novedades, ofertas y promociones.

Luego vinieron las publicaciones y medios de comunicación. Un puñado de periódicos (nacionales e internacionales) en los que tengo abierta una cuenta que me permite, por ejemplo, recibir diariamente sus titulares en el correo, o, eventualmente, comentar en su web alguna noticia. Y también algunas revistas.

Le tocó el turno a los clubes, redes y asociaciones de todo tipo. Desde las redes sociales generalistas (Facebook, Twitter, Linkedin, MySpace,...) hasta el Portal de Antiguos Alumnos o el de los Amigos de la Mili.

Más tarde tuve que lidiar con la infinidad de webs con oferta comercial y outlets de Internet, ya que me interesa seguir su oferta, por si en algún momento me proponen algún producto que me interese, a un precio conveniente o muy atractivo.

Y todavía quedó un capítulo final de Miscelánea, desde algunas plataformas de protesta ciudadana hasta  algunas webs de juegos de ordenador, que visito de vez en cuando y donde alguna vez compro algún juego a descargar directamente.

Sólo este lunes, pasadas las tres de la mañana, conseguí terminar las actualizaciones que estimé como necesarias e imprescindibles. Y recuperar un entorno razonablemente estable. En total, visité (calculo) más de un centenar de webs de todo tipo. Descubrí que mi huella digital es todavía más extensa de lo que habitualmente creo. Alguna página, a la que hacía varios años que no me conectaba, me recordó sólo con darle mi usuario y contraseña, y me informó de que compré allí en 2009 una Breve Historia de la Argentina que tengo en alguna parte, aunque nunca he leído.

En fin, que estos últimos días he estado muy ocupado en intentar recuperar un entorno seguro, en que nada de lo que me interesa se me pueda escapar porque una dirección de correo esté ya desactivada.

Esta labor culmina una transición de proveedor ADSL que, por otra parte, ha sido absolutamente modélica.

Moraleja: no utilicéis una dirección de correo electrónico asociada a vuestro proveedor de ADSL para identificaros en una página web, más que en aquellos casos en que no os importe desaparecer de su radar cuando cambiéis de proveedor.

Ahora ya, de vuelta a la vida real.

JMBA




PD. Estaba terminando de escribir este artículo cuando me di cuenta de que el router había perdido la conexión a Internet. De mis penas con eso y de cómo se acabe desarrollando el nuevo servicio, os mantendré puntualmente informados.


(15/6/12) - Ya con cierta perspectiva, puedo decir que el nuevo ADSL me funciona razonablemente bien, aunque me produce falsas desconexiones de vez en cuando (un problema que nunca tuve con mi proveedor anterior). Sospecho que hay un cierto protocolo que genera periódicamente nuevas direcciones IP y otras sesiones "se pierden". Me toca rearrancar el router, de media, una vez por jornada, para devolver las cosas a la normalidad.


En general, el router me está sincronizando entre 3,2 y 3,7 Mbps, lo que no es mucho, pero me resulta, por el momento, suficiente. Mi contrato con Movistar reza hasta 6Mbps lo que, técnicamente hablando, se está cumpliendo. Eso sí, he descubierto un boquete en el procedimiento. De repente descubrí que todas las llamadas que intentaba hacer desde mi teléfono fijo resultaban fallidas, con un mensaje de Orange (mi anterior proveedor, ya.com, forma parte de ese grupo) diciendo que mi línea no estaba habilitada para realizar llamadas.


Me puse en contacto con Movistar (primero en el 1004; luego, por indicación suya, al 1002) y me dijeron que el cambio de proveedor para las llamadas de voz debía pedirse explícitamente (¡¡¡???). El resultado es que recibí por correo un formulario que he tenido que rellenar y meter en el sobre facilitado, para pedirle a Movistar que se haga cargo de mis llamadas de voz desde el fijo. Hasta que eso se realice, debo añadir a todas mis llamadas el prefijo 1077, para que sea Movistar, mi proveedor actual, quien las procese.


En fin, parece que los flecos nunca terminan.