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viernes, 14 de enero de 2011

Ciudadanos Armados, ¿seguridad o peligro?

Al hilo el artículo sobre la Segunda Enmienda que publiqué el miércoles (sobre el derecho de los ciudadanos estadounidenses a portar armas), mi buen amigo Max ha aportado algunos hechos que resultan estremecedores para cualquier ciudadano europeo occidental.
Llavero con la bandera sudista (trece estrellas por los
trece estados que se secesionaron en la Confederación)
y el eslógan Si saqueas, Disparamos
(Fuente: zazzle.es)

Su comentario tiene que ver con lo que parece ser un eslógan que tiene fuerte gancho para muchos ciudadanos americanos: U Loot, We Shoot (traducción libre: si saqueas, disparamos). Tiene que ver con la formación de patrullas armadas de ciudadanos, que dicen velar por el orden en situaciones comprometidas de alarma social. Por ejemplo, tras el paso del Katrina por Nueva Orléans. Podéis ver una foto de una de esas partidas de probos ciudadanos, que a mí, francamente, me aterra. Todos luciendo sus armas junto a sonrisas dentífricas, transmitiendo la excitación infantil de estar participando en un juego particularmente excitante. Dispuestos a disparar a todo lo que se mueva, a cualquiera que les parezca sospechoso.

Buceando en la Red se descubren muchas más manifestaciones en el mismo sentido. El racional que parece haber detrás de todas esas posiciones tiene que ver con las ventajas que supone el hecho de que cualquier ciudadano pueda tomarse la justicia por su mano, o incluso con el ahorro de dinero público que eso supone. Creo que la mayoría entendemos que la justicia deben administrarla aquellos a los que la sociedad ha delegado esa función (jueces, fiscales, abogados) y que todo (presunto) delincuente tiene derecho a un juicio justo y a ser defendido.
Graciosa partida de ciudadanos armados, teóricamente
para proteger al vecindario de saqueadores
(Fuente: strangedangers)

Está claro que esta aproximación garantista, habitual en todos los países de Europa Occidental, llevada al límite provoca a veces situaciones en las que la sensación es que la ley protege más al delincuente que al ciudadano honrado. Es verdad, a veces, y convendría poner remedio a estos excesos, siempre desde el Imperio de la Ley y el estado de derecho.

Sin embargo, la aproximación contraria, es decir, que cualquier ciudadano tenga derecho a defenderse y a atacar violentamente (con la pistola en la mano, en su caso) a cualquiera que piense que pueda suponer una amenaza, se presta a excesos mucho menos verificables o controlables. Es volver a los linchamientos que han hecho famosos las películas del Oeste.

En Europa estamos acostumbrados a delegar nuestra seguridad en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Bueno, a fin de cuentas son profesionales que se dedican a esta labor y cuya actividad está estrechamente vigilada por todos los poderes del Estado, para evitar abusos. Pero el ciudadano de Estados Unidos siente por el Gobierno, lo primero, una franca desconfianza.
Otro eslógan sonoro para que
los fumadores se defiendan
(Fuente: facebook)

La existencia de este tipo de movimientos de ciudadanos armados, supone implícitamente el reconocimiento de que el Estado es incapaz de realizar esa función (por lo menos para el gusto de esos ciudadanos).

De todas formas, por lo que he podido ver en mis (poquitos) viajes por Estados Unidos, los eslóganes sonoros son banderas que son rápidamente abrazadas por muchos ciudadanos.

Hace ya algunos años, con mi amigo C. (que os presenté en otro artículo sobre un viaje a California y Nevada) tuvimos ocasión de dar una vuelta en automóvil por la Costa Este de Estados Unidos. De hecho, llegamos desde Nueva York hasta Atlanta (Georgia), pasando por Atlantic City, Washington, Virginia y las Carolinas.

Virginia es una de las zonas máximas productoras de tabaco y cigarrillos en Estados Unidos. De hecho, al borde de la carretera se encontraban frecuentemente tiendas dedicadas a su venta por cartones (a muy buen precio, dicho sea de paso). La mayoría exhibían un rótulo que rezaba: I Smoke, I Vote (Yo fumo, Yo Voto). De hecho, hoy mismo existe un grupo en Facebook bajo este nombre. A mediados de los 90 estaba recorriendo el país una ola antitabaco (que acabó triunfando por completo), y los tabaqueros de Virginia se defendían abrazando ese eslógan.

Paramos unos días en los Outer Banks de Carolina del Norte, por Kitty Hawk y Nags Head. No era temporada veraniega, por lo que no tuvimos problemas en encontrar un hotel económico en la zona. Una vez los locales se daban cuenta de que no éramos spanish (hispanos) sino Spaniards (from Spain, Europe), relajaban su natural reticencia al forastero, y se sinceraban. Más de uno nos dijo que por aquí veréis pocos negros, y si véis alguno, será el camarero. Reminiscencias del profundo Sur.

Una noche, después de cenar, fuimos a tomar una copa a un bar de la zona, donde estaban bebiendo los y las locales. Nos dimos cuenta, sin darle demasiada importancia, de que algunas chicas cuchicheaban entre ellas mirando en nuestra dirección, como si nos identificaran como forasteros y, por tanto, fuente de algún tipo de diversión diferente de lo habitual. Sentados en la barra, bebiendo alguna cosa, de repente giramos las cabezas para mirarnos de frente mi amigo y yo. La reacción fue inmediata. Aquí ya hemos estado, mejor vámonos antes de que esto se ponga más feo.
Curiosa leyenda para una camiseta que
se puede comprar por Internet.
Do The Math (Haz el Cálculo)
(Fuente: xtremejusticeink)

Y es que, al hilo del interés de las chicas, algunos muchachos se habían agrupado en otro lado del bar y también miraban en nuestra dirección, pero con caritas nada interesadas, sino más bien agresivas. Rezumaban el ancestral odio al forastero. Afortunadamente, conseguimos irnos a tiempo, y evitar la confrontación. Sin intercambiar palabra.

Con ello quiero decir que Estados Unidos es un país muy extenso y que, fuera de unas pocas zonas concretas que son de las más cosmopolitas del mundo (Nueva York, Miami, California), la mayor parte del resto es más bien América profunda, donde muchos de los conflictos del pasado nunca han cicatrizado por completo. Donde vale aquello de para qué discutir, si podemos resolverlo a h...... (o a tiros, para el caso).

Es ilustrativo consultar la web de la American Redneck Society para entender un poco mejor de qué estamos hablando. Pero, ¿quiénes son los rednecks (literalmente, cuellos rojos)?. Tal y como lo definen es esta web, el colectivo incluiría a los 45 millones de cazadores, a los 38 millones de propietarios de camionetas pick-up, a los 75 millones de fans de las carreras NASCAR y a los 80 millones de propietarios de armas, que dicen que hay en Estados Unidos. Supongo que muchos estarán en todas las categorías.

Probablemente sea relativamente sencillo encontrar muchos ciudadanos partidarios de una regulación de las armas de fuego en algunas de las grandes ciudades, pero globalmente, la aceptación del statu quo armamentístico ha crecido espectacularmente en los últimos años. A mediados de los noventa, las encuestas revelaban que un 75% de la población era partidaria de una mayor regulación de las armas. Esa cifra ha descendido dramáticamente en las últimas encuestas publicadas hasta un 44%.

Y el mimetismo alcanza cotas absurdas. Tras hacerse público que el pistolero de Tucson utilizó una pistola de marca Glock, la venta de este tipo de arma ha ascendido vertiginosamente en todo el país. No sé si el efecto tiene que ver con las ansias de emulación, o con la creencia de que es mejor poder defenderse del hombre malo con sus mismas armas.

En resumen, creo que es imprescindible que se implanten en Estados Unidos medidas mucho más restrictivas con las armas de las que existen en la actualidad. Aunque, dadas las mayorías sociales y políticas que se están perfilando, no parece muy probable que eso vaya a suceder. 

Con mucha ironía, alguien ha dicho que si se desatara una Guerra Civil en Estados Unidos, sería la más corta de la historia. Con unos 250 millones de armas de fuego en manos de los ciudadanos, los vecinos se matarían entre sí el primer día, y todo habría concluido con prontitud.

Oscuro escenario ese, y muy malos tiempos para la lírica. Y para el humor.

JMBA

jueves, 13 de enero de 2011

Pequeñas cosas que no molan nada (4)

Tradicionalmente, el sentido común siempre ha intuido que abrir cualquier tipo de lata requiere de algún instrumento o herramienta. De hecho, abrelatas de diversa génesis, origen y morfología formaban parte integrante del equipaje de cualquier soldado, campista o niño de colonias. Los había simples y fáciles de usar, otros eran simples pero imposibles de sacarles partido sin un curso completo, y otros sofisticados y voluminosos, reservados para algún cajón de la cocina.
(Fuente: forocoches)

Y también los hay eléctricos y automáticos, que a mi nunca me han fallado, incluso cuando he debido utilizarlos como segundo recurso, tras fallar las tretas imaginadas por un fabricante obsesionado por (reduciendo los costes) facilitar la apertura al usuario final, al disfrutador de lo que la lata encerró durante bastante tiempo.

Para describir los nuevos mecanismos de apertura, los fabricantes, los publicistas y el mercado en general acuñó una expresión que demuestra las altas dosis de ironía y humor que siempre habita en el alma de un diseñador: abrefácil.

Para quien va a abrir una lata, como si no fuera suficiente desgracia tan triste condumio, abrefácil significa, habitualmente, abrirás la lata con el sudor de tu frente y la (probable) sangre de tus manos; las maldiciones y blasfemias que lances durante el acto, además, te enviarán directamente al infierno.
Lata de sardinas con la tapa
enrollada en la llavecita
(Fuente: julia600)

Los primeros fabricantes que idearon un dispositivo de apertura que no requiriera de herramienta especial (es decir, que pueda realizarse con las manos desnudas) fueron los de las latas de bebidas (refrescos o cerveza). Idearon una lengüeta con una anilla, que yace muy pegadita a la tapa de la lata. Tras levantar la anilla a fuerza de uña, se tira de ella y se abre una ventanita en la lata, por la que ya se puede escanciar o directamente beber. En la primera versión, anilla y lengüeta se desprendían de la lata, pero eso provocaba que cada lata generaba dos elementos a tirar (la lata propiamente dicha más la anilla con la lengüeta) de las que había que disponer propiamente para no ensuciar (contaminar, degradar) el entorno. Demasiado para un usuario medio, lo que provocaba montones de anillas con lengüeta tiradas por todas partes. En la segunda versión (la actual), la lengüeta simplemente se hunde en el líquido, sin desprenderse. De modo que sólo hay que disponer propiamente de un objeto por lata. El hecho de que el líquido contenido se deslice por encima de la lengüeta, que ha estado expuesta a todos los elementos agresores del medio (polvo, suciedad), parece no preocupar a nadie.

Llave abrelatas de pestaña
(JMBigas, Enero 2011)

Aunque, progreso tecnológico obliga, sucede ya en muy raras ocasiones, a veces ocurre que la anilla se desprende sin hundir la lengüeta y, por tanto, sin crear ninguna apertura en la lata. En este caso, y si tenemos a mano la caja de herramientas que hay en todo hogar, lo siguiente que sucede es que intentamos hundir la lengüeta a la fuerza, con martillo y destornillador. Con efectos variables, que incluyen las múltiples salpicaduras, o incluso el derrame parcial del líquido por la superficie de trabajo o incluso por el suelo. Si el accidente nos sucede al aire libre, es muy probable que acabemos con sangre en las manos, o simplemente tirando la lata sin usar acantilado abajo, entre blasfemias que creíamos olvidadas.

Detalles de la entalla y la anilla de una llave abrelatas de
pestaña. Como bonus, en la anilla hay un abrebotellas.
(JMBigas, Enero 2011)

Pero, para mí, el paradigma de los abrefácil en las latas, son las conservas de pescado. Especialmente las latas de lo que solíamos llamar atún, y que hoy requiere apellidos diversos (atún claro, atún blanco, bonito del Norte,...), o las de sardinas y así. Tradicionalmente, las latas llevaban una tapa sellada con una pestaña plegadita sobre el borde. Para abrirlas se utilizaba un abrelatas muy simple (tengo todavía uno de esos en casa, que hace años ya no utilizo, claro, al que le he hecho unas fotografías para que lo recordéis). La pestaña se desplegaba y se introducía en una entalla del instrumento. Se le daba vueltas a continuación a la llave (así se llamaba habitualmente a este tipo de abrelatas) de modo que la pestaña se enroscaba y tiraba del resto de la tapa, que terminaba enrollada estrechamente en la llave. Su separación de la llave (para poder utilizar esta más adelante con otra lata) no era una operación fácil, y resultaba recomendable tomar un trapo grueso (para proteger las manos de los probables cortes) e intentar extraerla simplemente por tracción.

Resultaba un poquito truculento y requería disponer de una de esas llaves a mano. Algunos fabricantes idearon unas llavecitas más pequeñas, que se incluían junto a la lata, de un solo uso. Claro, al ser más pequeñas, la fuerza que había que hacer durante el retorcimiento y extracción de la tapa era ciclópea.
Lata moderna de atún, recién abierta
(Fuente: piesraros)

Sin embargo, ese método prácticamente no tenía riesgos para el usuario (si exceptuamos la separación de la tapa retorcida y la llave). Casi siempre se conseguía abrir la lata sin una sola salpicadura de aceite hacia el exterior de la lata. Cuando se usaba una de esas llavecitas pequeñas, a menudo se decidía no desprender la tapa por completo (para tener al final un único elemento del que disponer propiamente). En ese caso sí que el riesgo de llevarse cortes en algún dedo era elevado.

Entendiendo que este método resultaba lamentablemente rudimentario para una economía emergente impulsada por los sucesivos Planes de Desarrollo, la industria decidió investigar y encontrar una forma más moderna de abrir ese tipo de latas. Y se inventó el abrefácil, ampliamente publicitado incluso en las propias latas, intentando establecer una ventaja competitiva basada no en el contenido sino en el continente. Creo que prácticamente todos los fabricantes han acabado adaptando este nuevo método, por lo que ha dejado de ser una diferencia publicitable por nadie.

El abrefácil para una lata de conserva de pescado consiste en una tapa que no está sellada sobre la parte superior del vaso, sino en su borde, con una anilla plegada sobre ella. Otra vez la anilla, siempre que vemos una ya vamos imaginando que allí habrá que meter algún dedo. En efecto, hay que levantar la anilla (a veces a fuerza de dejarse las uñas), introducir un dedo en la anilla y tirar de ella. Pero, ¡cuidado!, hay que dosificar la fuerza que aplicamos. Si el esfuerzo es demasiado brusco, corremos un riesgo cierto de que se desprenda la anilla sin realizar su función de arrastre. Hay que tirar poquito a poco, incrementando progresivamente la fuerza. La tapa empieza a desprenderse del vaso de la lata por donde está la anilla. Seguimos tirando (a la vez hacia arriba y hacia la zona donde la tapa todavía está pegada a la lata), y la tapa se va desprendiendo y combando a la vez.

Llega un momento en que debemos tomar una decisión. O bien dejamos la tapa todavía pegada a la lata por su extremo (con lo que aumentamos exponencialmente el riesgo de algún corte al servirnos el contenido), o bien tiramos hasta el final y la desprendemos por completo. Hay que entender varias cosas, para comprender las consecuencias de cada acción. Primero, el pescado habitualmente está conservado en aceite de algún tipo, que rellena la lata. Segundo, la tapa casi desprendida es una lámina metálica combada, empapada de aceite. Si decidimos separar por completo la tapa (para disponer propiamente de ella por separado) y el último tirón es demasiado brusco, esa lámina combada sufrirá algún tipo de vibración y va a actuar de hisopo (de aceite que no de agua bendita) y lanzará gotitas grasientas en todas direcciones. Alguna acabará en la ropa que llevemos, el resto en la superficie de trabajo donde se celebre el acto y en el suelo.

Dosificando finamente la fuerza aplicada, podemos conseguir que el desprendimiento final no provoque ninguna vibración en la lámina, y no haya salpicaduras de aceite. Una vez entre bastantes lo podemos conseguir.

Resumiendo, el abrefácil es un método de apertura por el que en lugar de involucrarnos en el acto de la apertura, debemos implicarnos en él, con riesgos ciertos para nuestra integridad.
Lata con laminilla de papel metálico como cierre
(Fuente: forocoches)

Últimamente he visto que alguna marca ha ideado un nuevo método de apertura, que parece un diseño realizado pensando bastante más en el usuario final. La tapa metálica (esa lámina hisopo) se sustituye por una laminilla como de papel brillante, con una pestaña que hay que desplegar y tirar de ella. Desde luego, la apertura parece una operación mucho menos arriesgada. Lo que ignoro es si este nuevo método influye en la conservación del contenido, o en la duración de la conserva. Y no tengo contrastado el grado cortante que pueda tener esa laminilla una vez desprendida.

Claro que la gama alta, la línea gourmet, parece preferir el frasco de cristal para este tipo de conserva. Con un tapón metálico encajado, de cuya apertura ya hablaré otro día.

JMBA

miércoles, 12 de enero de 2011

La Segunda Enmienda

Periódicamente salpican las portadas de los noticieros las informaciones sobre tiroteos indiscriminados en algún lugar de los Estados Unidos. Muy reciente está todavía el hecho luctuoso en Tucson, Arizona, con seis muertos (entre ellos una niña de nueve años y un juez federal) y una congresista demócrata (Gabrielle Giffords) en estado crítico en el hospital. Hasta 18 personas recibieron disparos de un individuo alterado, aparentemente próximo a las tesis del ultraderechista Tea Party. Como señala Antonio Caño en su crónica de hoy desde Washington para El País, una de las grandes representantes del Tea Party, Sharron Angle, la candidata a senadora por Nevada derrotada in extremis, pronunció durante la campaña de noviembre la célebre frase de que "si el Congreso sigue actuando de esta manera, la gente va a tener que buscar remedios en la Segunda Enmienda". Una frase que puede entenderse sin mucho esfuerzo como una incitación a la violencia armada.
(Fuente: zazzle.es)

Los ciudadanos en Estados Unidos tienen el derecho de poseer y portar armas (los términos concretos y su significado son todavía objeto de controversia) en virtud de la Segunda Enmienda (a la Constitución).

La Segunda Enmienda forma parte del llamado Bill of Rights, cuyos artículos 3 a 12 fueron promulgados por el Congreso de los Estados Unidos el 15 de Diciembre de 1.791. El artículo 1 nunca fue ratificado, mientras que el segundo no fue ratificado hasta 1992 como Vigesimoséptima Enmienda. En concreto, el artículo 4 de este Bill of Rights, conocido como la Segunda Enmienda, reza lo siguiente:

"A well regulated Militia, being necessary to the security of a free state, the right of the people to keep and bear arms, shall not be infringed".

De hecho, existen algunas variantes a esta formulación, que básicamente difieren en el uso de las mayúsculas y en los signos de puntuación. En cualquier caso, un par de líneas que han sido, y son, objeto de discordia y de múltiples interpretaciones.

Parece existir un cierto consenso en que el espíritu del legislador era el de garantizar los derechos de los ciudadanos a oponerse (incluso con las armas en la mano) a los excesos de un gobierno federal que pudiera acabar resultando abusivo. Por ello se citaría específicamente a las milicias, o grupos de ciudadanos armados, regulados o reclutados u organizados al nivel de alguno de los estados federados. Sin embargo, numerosa jurisprudencia del Tribunal Supremo ha consolidado la interpretación de que la Segunda Enmienda no solamente garantiza derechos colectivos o comunitarios, sino también derechos individuales. En particular, para poseer y portar armas "para sus diversos usos legales". Entre ellos estarían tanto la caza como la defensa personal.

En primer lugar, me parece muy curioso que una ley tan breve y sujeta a diversas interpretaciones, promulgada hace más de doscientos años, siga regulando la vida y la convivencia de los ciudadanos en este siglo XXI. El contexto de la sociedad se ha modificado de una forma tan total en el transcurso de estos dos siglos que parecería razonable que las leyes básicas también hubieran sufrido un aggiornamento, se hubieran puesto al día. Sin embargo, nada de eso se ha hecho, y la Segunda Enmienda sigue vigente tal y como fue redactada en el siglo XVIII.
Montaje con Moisés/Charlton Heston,
armado con un rifle
(Fuente: despiertaalfuturo)

Cada estado federado tiene la potestad de regular la implantación y respeto de esta legislación básica. Sin embargo, algunas legislaciones restrictivas promulgadas por alguno de los estados fue echada para atrás como anticonstitucional por el Tribunal Supremo.

En particular, Arizona es de los estados más permisivos en el comercio y el uso de las armas de todo Estados Unidos. De hecho, hasta recientemente estaba permitido portar armas en (casi) cualquier lugar público, con el único requisito de que fueran visibles, es decir, no podían llevarse escondidas. Esta (mínima) restricción ha sido también eliminada hace poco.

Por supuesto, existe una controversia permanente en la sociedad norteamericana respecto a este tema. Detrás de las diversas posiciones, a menudo podemos encontrar lobbies de diverso origen. Entre los defensores de la máxima libertad en la posesión y uso de las armas por parte de los ciudadanos privados está la NRA (National Rifle Association), que fue presidida de forma muy mediática por el actor Charlton Heston hasta 2003. Entre los partidarios de mayores restricciones está por ejemplo, la Brady Campaign (que lleva el nombre del jefe de prensa que recibió un tiro durante el intento de asesinato de Ronald Reagan).
Texto de la Segunda Enmienda
(Fuente: popjuris)

Tras la masacre provocada en un instituto en Columbine, Colorado en 1999 (trece muertos, más los dos tiradores, que se acabaron suicidando), Michael Moore (siempre provocador y con tendencia a la desmesura) realizó un filme documental (Bowling for Columbine) en el que atacaba vivamente la fascinación por las armas del ciudadano medio estadounidense. Los dos chavales provocadores de la tragedia aparecieron por el instituto armados hasta los dientes, y tirotearon indiscriminadamente, hasta que decidieron quitarse a su vez la vida. Posteriormente, algunas investigaciones han puesto en evidencia que las trazas de un odio creciente hacia sus compañeros y profesores era ya patente en alguna web y blog que alimentaban los interfectos.

La posición de la ciudadanía y de la sociedad respecto a las armas en Estados Unidos resulta chocante para cualquier observador europeo. En Europa estamos más habituados a que las armas y su comercio estén muy regulados (por los diferentes gobiernos) y que no resulte posible comprar sin más un arma corta personal (del tipo pistola o revólver). Se requiere una Licencia de Armas, y para obtenerla hay que justificar su necesidad (personal de seguridad privada, seguridad personal,...) así como superar ciertos requisitos de idoneidad. Lo mismo aplica a las armas para la caza. Aunque, especialmente en el ámbito rural, de vez en cuando se produce algún homicidio o asesinato utilizando algún arma pensada para la caza, usualmente para dirimir viejas rencillas de lindes o propiedades, o diferencias familiares por una herencia, o cosas del género.

Claro que hay que entender que el ciudadano estadounidense medio manifiesta una auténtica obsesión por siquiera sospechar que el Gobierno Federal se está metiendo en su vida, que la está regulando de alguna manera. Para un observador europeo, en esta línea, resulta sorprendente la oposición frontal de una buena parte de la sociedad de Estados Unidos contra la reforma de la Sanidad de Obama, que pretende que la cobertura sanitaria sea lo más universal posible (sin olvidarnos, claro, de los potentes lobbies de las mutuas médicas). Un Estado protector es visto ahí como una injerencia en la vida privada del ciudadano, y da la sensación de que la única justicia la administran los dólares que cada cual posea. El Estado del Bienestar es visto como una excentricidad anacrónica y extravagante de esos europeos.

A la vez estamos habituados a que el comercio de armas y armamento esté en manos de los respectivos gobiernos, que deben autorizar todas las operaciones. Claro que, al mismo tiempo, existe un cierto mercado negro o tráfico de armas, que discurre por las alcantarillas de la sociedad y equipa con armamento a quien tiene dinero para pagarlo (terroristas o delincuentes en general, bandas facciosas o mafiosas en diferentes países del mundo, movimientos insurgentes, etc.). Normalmente, la simple posesión de un arma sin una Licencia específica que lo permita, ya es un delito en la mayoría de países europeos.

El origen de la legislación sobre armas en Estados Unidos está justamente en el extremo opuesto, ya que nace de la desconfianza en un Gobierno Federal que pudiera acabar siendo abusivo, o en la propia incapacidad del Estado para garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Lo que, por cierto, sería sin duda verdad en el Lejano Oeste, por ejemplo.
Material pro regulación de las armas, de la
Brady Campaign
(Fuente: fogcityjournal)

A muchos nos produce estupefacción la convivencia habitual de los ciudadanos con las armas, incluso desde muy temprana edad. Me contaba un amigo español que, tras vivir un tiempo en Estados Unidos decidió volver a España cuando en la celebración de la entrada en la edad adulta del hijo (a la sazón, de trece o catorce años) de unos amigos el mejor regalo de su padre fue hacerle entrega de su primera pistola. Francamente, estos hechos me inspiran a pensar en una sociedad enfermiza, que confía irracionalmente en las armas como un recurso válido para administrar justicia, la justicia de cada cual, o, más frecuentemente, la venganza ciega.

La convivencia, llamémosle libre, con las armas en todos sus formatos, genera en muchos la falsa sensación de que son un instrumento válido, convencional y cotidiano para dirimir diferencias y para defenderse del hombre malo que quiera perjudicarnos.

El resultado de todo ello, como manifiesta la Brady Campaign, es que, proporcionalmente, el número de muertos por arma de fuego en Estados Unidos es hasta 24 veces superior que la de un país como España. Y cifras parecidas encontraremos en la comparación con otros países del mundo.

Creo, pues, que resulta anacrónico que la legislación sobre las armas en Estados Unidos siga siendo esa (escueta) Segunda Enmienda, promulgada hace 219 años. Esas leyes deberían revisarse de acuerdo a los tiempos que corren. Claro que el propio país, su Gobierno Federal, tiene una actitud en todo el mundo muy parecida, arrogándose el papel de Gendarme Universal, y confiando en que sus fuerzas armadas sean todopoderosas para implantar en cualquier lugar la idea estadounidense sobre cómo deberían ser las cosas.

El hombre malo, sean cuales sean las leyes, acabará teniendo acceso igualmente a las armas que le resulten precisas para su actividad delictiva. Pero alejar al probo ciudadano de ellas creo que sólo conllevaría ventajas. Aunque sólo fuera reforzar su confianza en los mecanismos democráticos que la sociedad se ha dado para imponer el imperio de la Ley y crearle conciencia de que la Justicia existe más allá de los métodos más o menos expeditivos que se utilicen para imponerla.

Cortemos la espiral de violencia que conlleva el libre acceso de cualquiera a cualquier tipo de arma de fuego.

JMBA

martes, 11 de enero de 2011

ETA: No era esto ni era así

Una vez más, ETA nos ha deleitado con un videocomunicado en el que informa a la comunidad internacional de sus decisiones. Esta vez, casi la totalidad de los dos minutos y veinte segundos que dura el video se desarrolla en castellano, excepto los rituales Gora del final, que parecen improvisados por su descuidada coreografía de puños izquierdos en alto.
Genial viñeta de Mortimer (2008), que ilustra el aislamiento y la persistente
ensoñación de la banda
(Fuente: nabaizaleokberriak)

Ya escribí un par de artículos en Septiembre a raíz de su último comunicado (el 6 de Septiembre, ¿Qué pasa con ETA?, y el 20 de Septiembre, Nuevo Comunicado de ETA). Me reitero aquí en todo lo que afirmaba en ambos artículos.

Pero este comunicado, llegado como un tardío (y posiblemente envenenado) regalo de Reyes, NO es lo que la sociedad está esperando, y desde luego NO es lo que la izquierda política abertzale necesita para recuperar una posición creíble de interlocutor en el debate político democrático, ya en marcha en este país desde antes de la proclamación de la Constitución en 1.978.

La banda manifiesta y comunica haber tomado la decisión de proclamar un alto el fuego permanente, de carácter general (lo que esto signifique, ellos sabrán) y verificable internacionalmente. A esto dedican exactamente veinte segundos. El resto del comunicado se pierde en una retórica trasnochada y ya superada por todos menos por la propia banda, dando lecciones sobre lo que debe hacerse democráticamente para resolver el conflicto vasco (que sólo existe en su propio imaginario, tal y como ellos se lo representan).

No era esto y, desde luego, no era así, lo que la sociedad espera de ETA. Hay que reconocer que, de alguna manera, es un paso hacia adelante, pues nunca hasta ahora habían proclamado un alto el fuego con estos calificativos. Pero ese paso no está claro que nos acerque a todos al final de ETA, a su disolución, a su desaparición total, absoluta e irreversible.

ETA, como banda armada, como panda de delincuentes mafiosos, no va a tener ningún protagonismo en el debate político, ni en el País Vasco, ni en ningún país democrático del mundo. Lo que la sociedad espera, y lo que creo que la propia izquierda abertzale le está pidiendo, es que desaparezca, que se disuelva, que abandone todas sus actividades. Nadie le ha dado nunca a ETA ningún tipo de legitimidad política para arrogarse el papel de interlocutor válido ni, mucho menos, de tutor o vigilante de los procesos políticos en el País Vasco.

Este último comunicado de ETA está fechado el pasado sábado, 8 de Enero. Justo ese día se desarrolló en Bilbao una manifestación (autorizada), en favor de los presos etarras. Por ahí se han oído algunas declaraciones que suenan a añejas y anacrónicas. Como ese padre que decía que su hijo "está en ETA, y ahí defiende sus ideales". Caballero, no es eso. ETA, desde hace muchos años ya, no es más que una banda de delincuentes, sin nada que decir ni aportar a la política de este país. Y, dicho sea de paso, cuya única esperanza es seguir siendo erosionada por las acciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, hasta su total aniquilación. Esta pasada noche, sin ir más lejos, se han producido dos nuevas detenciones. Porque el Estado NO está en tregua con ETA. Como ha dicho Rubalcaba (que a veces parece el Presidente in pectore), algo más tranquilos, sí. Pero no es lo que se esperaba ni significa el fin de ETA.
Una estética de todo a cien, para un comunicado que
no aporta nada esencial.
(Fuente: noticiasdenavarra)

El problema bastante enquistado que tenemos con ETA no tiene nada que ver con los debates políticos que pueda haber sobre la autonomía, autodeterminación o incluso independencia del País Vasco. Desde hace muchos años, no es más que un problema policial. Y el único movimiento que le está permitido a ETA es proclamar su desaparición, su propia disolución, la entrega de las armas (como sea que se articule esto) y el cese inmediato y completo de todas sus actividades. Sólo con un manifiesto en esta línea, las cosas habrían cambiado significativamente. E, insisto, con seguridad la sociedad sabría ser generosa con los problemas personales de los ex-miembros de ETA. La Justicia debería determinar los castigos y penas que cada uno de ellos debería cumplir. Y luego habría que trabajar en su reinserción en una sociedad a la que llevan dando la espalda desde hace muchos años.
Rubalcaba, vicepresidente del Gobierno y Ministro
del Interior, ha dejado clara la posición del Gobierno.
(Fuente: lasextanoticias)

Cualquier cosa que no sea eso no deja de ser un termómetro del estado de opinión interna en ETA, pero no aporta nada a la resolución del conflicto. Un conflicto que está absolutamente limitado a la propia existencia de una banda armada como ETA. No existe lo que pomposamente llaman conflicto vasco más que por esa pura razón.

Un nuevo comunicado, de estética cutre, rancia, ñoña y ciertamente nostálgica, como siempre, que no aporta nada concreto. Sólo transmite un cierto estado de ánimo en ETA (algo es proclamar un alto el fuego como este), pero insiste en su papel tutelar de lo que suceda en el País Vasco. Absolutamente infumable.

Y la izquierda política abertzale, como defensora de un cierto proyecto político para el País Vasco, por su propio bien debería desmarcarse por completo de estos forajidos que siguen amenazando con estar vigilantes.

No era esto, ni era así, lo que la sociedad espera de ETA. Necesitan seguir trabajando, porque han suspendido de nuevo.

JMBA

domingo, 9 de enero de 2011

Nancy Drew: Aventuras Gráficas en Inglés

No soy un gran aficionado a los videojuegos, pero sí me gustan en dosis moderadas. Me producen estrés los juegos en los que me pueden matar, o en los que sobrevivir (virtualmente, se entiende) depende enteramente de la agilidad y de la habilidad. Me gusta jugar para relajarme, y eso me resulta incompatible con los grandes éxitos en videojuegos, donde hay que luchar con monstruos inacabables, o conducir vehículos más allá del límite del riesgo máximo.
Escritorio de Nancy Drew, punto de inicio de la
mayoría de sus aventuras.

Por eso siempre procuro tener a mano trampas para evitar disgustos mayores. Pero otro día hablaré más de esta parte.

Los videojuegos constituyen un modo nuevo de entretenimiento, que se suma al cine, a la televisión, a la música, a la lectura y a los juegos reales (donde raramente podemos morir, pero sí acabar magullados, heridos y exhaustos). Y, de hecho, la industria del videojuego mueve en la actualidad más dinero que las del cine y la música juntas. Y, por supuesto, también está sometida a la amenaza de una piratería muy extendida por todas partes.

Para la formación de los niños (de las personas en general), los videojuegos pueden aportar algunos elementos muy importantes. Desde reforzar los reflejos y la capacidad de tomar decisiones con rapidez, hasta las capacidades intelectuales de inferencia y deducción. Y también pueden contribuir al mejor conocimiento del mundo que nos rodea, al estar muchos de ellos ambientados en lugares y tiempos que no siempre son exactamente los nuestros. Un videojuego ambientado en la antigua Roma, complementado con una cierta información enciclopédica que resulte necesaria para la culminación del juego, puede resultar una alternativa didáctica mucho más digerible que la clase magistral de un experto.

Si el juego está bien planteado, puede incluso facilitar o reforzar el conocimiento de algún idioma diferente del nuestro. Unos diálogos en inglés, subtitulados en inglés, pueden hacer perfectamente inteligible el argumento (a cualquiera con conocimientos de inglés, claro) a la vez que permiten profundizar en ese conocimiento, aumentar el vocabulario, acercarse a un lenguaje más coloquial, que acostumbra a estar alejado de la enseñanza más sistemática.

El género de videojuego que más me gusta a mí es el llamado Aventura Gráfica. En general, se parte de un argumento que podría ser el de una película, pero en el que se va avanzando a medida que el jugador lo hace en la trama del juego, resuelve acertijos, conoce personajes nuevos, etc. A menudo, el argumento admite varios desarrollos e incluso varios desenlaces, dependiendo de las acciones del jugador. Una Aventura Gráfica puede aportar algunas docenas de horas de buen entretenimiento a un jugador más o menos avezado.

Normalmente no hay peleas físicas, en que prime la habilidad o la agilidad, y que pudieran dejarnos frustrados. Raramente es posible morir (en el juego), y si lo es, habitualmente se dispone de una segunda oportunidad (o tercera, cuarta,...). El argumento habitualmente esconde algún tipo de misterio, que se va desentrañando a los ojos del jugador, a medida que este avanza en su desarrollo. El avance se produce en forma de diálogos con otros personajes, que aportan pistas a seguir, acertijos a resolver, jeroglíficos que hay que entender antes de acceder a una nueva zona, donde se desarrollará el siguiente capítulo del misterio.

Podemos abandonarlo siempre que queramos, guardando el estado del avance conseguido hasta ese momento, para retomarlo en otro momento u otro día. Yo debo tener no menos de una docena de Aventuras Gráficas a medio jugar, a las que vuelvo cada vez que me apetece. Como algunos libros que no me aportan nada, algunos de esos juegos nunca los terminaré, pero otros los tengo que recorrer hasta el final cuanto antes, con el límite del tiempo que pueda tener disponible.

La plataforma clásica para las Aventuras Gráficas (y, para mí, creo que la mejor) es el ordenador (sea PC o MAC), más que las consolas, que están mucho mejor preparadas para otro tipo de juegos (carreras, peleas, deportes,...). La interfase utilizada es habitualmente el ratón, con alguna pequeña intervención del teclado, en algunos casos.

Para el que no quiera dedicarles demasiado tiempo, y prefiera moverse por terrenos conocidos, sin perderse el desarrollo del argumento que cada juego encierra, están disponibles en la red los llamados walkthrough. Un walkthrough es básicamente la descripción de todas las acciones que debemos realizar, los rincones que nos conviene escudriñar, los objetos que debemos recoger y cuándo los deberemos utilizar, etc. Nos evitan la frustración de llegar a un punto en el juego en que nos falte alguna cosa para seguir adelante, y que debamos retroceder varios estadios para recuperarlo. Incluso con un buen walkthrough, cualquier Aventura Gráfica nos puede dar fácilmente cinco o seis horas (o más) de buen entretenimiento.

En la que es, para mí, la mejor web de Aventuras Gráficas en la Red (GameBoomers) están disponibles los walkthroughs de la mayoría de Aventuras Gráficas disponibles en el mercado. Todos ellos están, claro, en inglés. Si el juego que tenemos entre manos ha sido traducido al castellano (por ejemplo), ello nos obliga a una cierta traducción o interpretación de las instrucciones. Un poco de práctica en idiomas, por el mismo precio. En esta web hay también muchas otras informaciones sobre las Aventuras Gráficas (genéricamente llamadas Adventure en inglés), los títulos de próxima aparición, revisiones en profundidad de muchos de ellos, e incluso noticias sobre los llamados juegos indie (o independientes), es decir, aquellos que no se distribuyen por los canales habituales de comercialización. Buen pasto para iniciados.
Abuela y nieta en la recepción del ryokan de Kyoto,
en la aventura número 23 (Shadow at the Waters Edge).

Hoy os quiero hablar de una colección de Aventuras Gráficas en inglés, que ya tiene 23 títulos a fecha de hoy. Se trata de Nancy Drew. Nancy es una chica aficionada a los misterios y que en cada caso (juego) debe integrarse en un entorno diferente, para desentrañar los misterios que se ocultan tras la capa de las apariencias. Para mi gusto, reúnen todas las condiciones que las hacen altamente recomendables. Por una parte, son relativamente sencillos (incluso ingenuos alguna vez) con una interfase que se aprende con facilidad. Todos los diálogos (en inglés americano, a veces bastante coloquial) están subtitulados en inglés, de modo que resulta relativamente fácil seguir el desarrollo del juego para cualquiera con conocimientos básicos del idioma. Son políticamente correctos (no hay sexo ni apenas violencia), lo que los hace recomendables desde los 10 años de edad (más o menos). Pero también resultan muy entretenidos para los adultos.

Por otra parte, no son grandes depredadores de recursos, por lo que pueden funcionar sin ningún problema en los PC de los que podemos disponer habitualmente. No hace falta tener un Monstruo para Gamers (con mucha memoria y tarjetas gráficas de apabullantes radiadores) para poder disfrutar de estos videojuegos. Sólo precisan de 256MB de memoria, una CPU de 1GHz+ y un equipamiento gráfico estándar.

El único problema es que no están disponibles en la distribución comercial en España. Pero se pueden comprar directamente en la web del productor (HerInteractive Dare to Play) a un precio bastante atractivo ($19,99 por juego, unos 15 Euros). Y, desde hace unos años, el juego se puede descargar directamente a nuestro ordenador por la red, sin necesidad de que nos envíen nada físico desde Estados Unidos, lo que siempre es un engorro, y supone sobrecostes y retrasos adicionales. Con un ADSL de los habituales en el hogar, el juego se descarga en el tiempo de comer o de cenar.
Imagen de la web de HerInteractive, el productor de
la serie Nancy Drew

La primera vez que lo lanzamos, hay que activarlo (o validarlo) mediante la introducción de un código que se nos suministra con la compra. Y luego lo lanzamos directamente con doble clic en el icono del escritorio, sin más. Y a disfrutar.

Todos los 23 juegos están disponibles para PC (Windows) y la mayoría también para Mac.

En todos ellos se dispone durante el desarrollo del juego de mucha información enciclopédica sobre el entorno concreto del juego, lo que les añade un factor pedagógico muy de agradecer. Por ejemplo, el número 23 (Shadow at the Waters Edge, publicado el pasado mes de Octubre) se desarrolla en un ryokan (tradicional hotelito familiar japonés) de Kyoto. Por cierto, una buena amiga bloguera escribió no hace mucho un artículo sobre los ryokans, basado en su experiencia personal.

En resumen, la serie de Nancy Drew constituye un conjunto de juegos altamente recomendables para niños a partir de los 10 años, y también para adultos. Aunque a algunos, con seguridad, les parecerán algo ñoños. Para gustos están los colores.

Aportan información sobre los diversos entornos en que se desarrollan (conocimientos que, a menudo, son necesarios para la resolución del caso), fomentan la práctica del inglés y no requieren de habilidades especiales para poder disfrutarlos. La única violencia que hay, a veces, es casi de patio de colegio. Cuando precisemos de alguna agilidad especial para seguir adelante en el juego, disponemos de infinitas repeticiones, lo que constituye un estímulo para la superación, y nunca una frustración. Hacia el final de cada aventura, deberemos enfrentarnos con el malo o mala de turno, y corremos el riesgo de morir (virtualmente), pero disponemos de todos los segundos intentos que nos sean necesarios para poder culminar el final del juego.

Nancy Drew. Una serie de Aventuras Gráficas muy recomendable para todos.

JMBA

lunes, 3 de enero de 2011

La Nueva Ley Antitabaco

Lo primero que debo decir, para que no haya confusiones, es que yo soy fumador. Por si acaso.
(Fuente: sigojoven)

Llevamos ya varios años conviviendo en España con una legislación que prohíbe (regula) el acto de fumar en espacios públicos. A diferencia de otros vicios (beber, inyectarse droga), a los que llamaría solitarios, si no fuera excesivamente peyorativo, el acto de fumar tiene un cierto impacto sobre el entorno y sobre las personas que, fumen o no, se encuentran junto al fumador. Es el efecto del humo que genera el acto de fumar, básicamente.

A raíz de la primera ley antitabaco, que entró en vigor hace cinco años, los establecimientos públicos de pequeño tamaño (bares y así) podían escoger si querían ser zona de fumadores o de no fumadores. La realidad es que la mayoría escogieron que se pudiera seguir fumando en su interior. A los locales más grandes, se les brindaba la posibilidad de tener zonas separadas para fumadores y no fumadores. Algunos han invertido bastante dinero en realizar estas separaciones, con extracción de humos y demás. Estas inversiones quedan sin efecto, tras la entrada en vigor de la nueva ley. No sé si la Ley prevé algún tipo de compensación para estas inversiones, hoy ya inútiles.
(Fuente: universocadiz)

Básicamente, la nueva ley prohíbe fumar en todos los espacios públicos cerrados, con muy pocas excepciones (establecimientos penitenciarios, sanatorios para enfermos psiquiátricos, residencias de gente mayor, clubs de fumadores -muy restrictivos-). Entiendo que el racional de las excepciones tiene que ver con el posibilitar que los fumadores puedan hacerlo cuando no tienen ninguna posibilidad de salir a la calle para ello (los reclusos, por ejemplo) o cuando en el fondo ya da igual.

Los Aeropuertos, debido a las extensivas medidas de seguridad y a los muy frecuentes retrasos, se convierten a menudo en prisiones temporales e indeseadas para muchos usuarios. Creo que sería más que razonable mantener algunas zonas para los fumadores en los Aeropuertos por esta razón.

Por lo demás, nada que decir. Siendo fumador, me parece razonable que no se permita hacerlo en cualquier local público cerrado. En los restaurantes no creo que nadie se queje. Resulta mucho mejor comer (y beber) sin humos que perturben el entorno. Y, por cierto, habría que regular el uso (excesivo) de perfumes en los restaurantes, que resulta también agobiante a menudo. Los fumadores estamos habituados a salir a la calle, terminada la comida y el café, para fumar un cigarrito, si lo necesitamos. Para volver luego a la sobremesa, si la hay.
Aglomeración de fumadores en el exterior
de un pub en Londres
(Fuente: reartenparis)

Por ahí vendrá una de las ventajas para el sector de la hostelería, ya que muy probablemente aumentará la rotación de las mesas. Tras el café con bollo del desayuno, mucha gente abandonará inmediatamente la mesa (o la barra, para el caso), para fumarse el cigarrito en la calle, de vuelta al trabajo.

Cuando será más complicado el tema será en las horas de cervezas o copas, donde el consumo de tabaco está muy unido al del alcohol. Ahí tenemos la experiencia de otros países que nos han precedido. Un ejemplo significativo puede ser el Reino Unido o Irlanda, donde los pubs para tomar cerveza o güisqui son una tradición centenaria. Tras varios años de prohibición de fumar en este tipo de establecimientos, no existe mayor problema. Bueno, si exceptuamos las aglomeraciones que perturban la vía pública en las horas punta de los días buenos, donde se acumula una gran cantidad de personas en el exterior de los pubs, para poder fumar mientras se toman su cerveza.
Cenicero personal, comprado en una tienda de
productos náuticos en Holanda
(JMBigas, Enero 2011)

Cuando uno circula a pie por Londres o Dublín, a menudo hay que sortear esas aglomeraciones, bajarse de la acera, etc. Esto debe alertarnos sobre la frivolidad con que se está acogiendo aquí en España el uso de las terrazas como solución para los fumadores en restaurantes o cafeterías.

En Francia o en Italia también, en Reino Unido e Irlanda de modo especial, en el exterior de todos los establecimientos, incluso no existiendo una terraza propiamente dicha, existe algún recurso para que resulte habitable temporalmente por los fumadores. Estos pueden ser alguna mesa alta donde posar la cerveza, y cosas así.

En los países con mejor climatología (España entre ellos), es muy habitual disponer de terrazas extensas durante los períodos primaverales y estivales, por lo menos. Seguramente, proliferarán las terrazas calefactadas (como ya son muy habituales en París, por ejemplo). Los vendedores de estufas altas para estos entornos, vivirán seguramente su agosto en los próximos meses.

Cuando el tiempo es malo, hace frío, llueve, habitar una terraza, aunque sea calefactada, no es el mejor de los placeres. Puede compensar la incomodidad el hecho de poder fumar, claro.
Cenicero personal LEXON Modelo Sienna (S. Bergne)
comprado en una tienda Vinçon
(JMBigas, Enero 2011)

Pero cuando el tiempo es bueno, especialmente si no es extremadamente caluroso, el espacio de terraza es el preferido por todo el mundo, fumadores o no. Lo que va a generar nuevos conflictos de convivencia, complicados de gestionar. Habrá que tomar la iniciativa de fragmentar las terrazas extensas en zona para fumadores y en zona para no fumadores.

Porque convivir en una terraza, si se es no fumador, con la mesa vecina, posiblemente mucho más próxima de lo que la comodidad aconsejaría, donde hay fumadores activos, no es para nada plato de gusto. Creo que los hosteleros deberían tomar la iniciativa en este sentido, para intentar evitar conflictos que podrían generar en el legislador proclive a las prohibiciones, la tentación de tomar medidas aún más drásticas en el futuro próximo.

Recuerdo, por ejemplo, estar en Calais una noche de Abril. Después de cenar (sin fumar, por supuesto), fui a tomarme una cerveza en un pub frente a mi hotel. Pedí y pagué la cerveza en el interior, y me la tomé en unas mesas altas que tenían en el exterior, donde sí se podía fumar. Claro que esa noche (fría y lluviosa) nadie en su sano juicio habría escogido la pequeña terraza para tomarse su cerveza, si no fuera por el tema tabaco.

Por otra parte, aumenta la presión de los fumadores en la calle. Esto significa que hay muchos lugares donde el número y la densidad de colillas en el suelo ya es preocupante. En el exterior de los lugares de trabajo, y de los establecimientos públicos, ya acostumbra a haber ceniceros de gran capacidad. Los Ayuntamientos deberían preocuparse de instalar mobiliario urbano habilitado a este fin. Por ejemplo, las papeleras de la calle deberían llevar todas un apartado destinado a cenicero.

Con una vuelta de tuerca al civismo de los fumadores, se podría conseguir que, por lo menos, las colillas fueran a los ceniceros y no a la calle. Según me demostraron hace años los canadienses (conocidos por su conciencia ecológica), la ceniza es mucho menos grave que acabe en el suelo, ya que se disuelve y desaparece con cierta facilidad.

Por último, una recomendación para los fumadores. Al salir de casa, nos preocupamos de no olvidarnos del tabaco y el encendedor. A partir de ahora, deberíamos incluir en el menaje imprescindible un cenicero de viaje. Los que yo conozco hasta hoy son principalmente modelos fashion, y con un coste relativamente elevado. Pero su simplicidad hace que, si se extiende su uso como elemento cotidiano, puedan producirse modelos populares a un precio módico. De este modo, estaremos siempre preparados para ser ciudadanos ejemplares, y las colillas las dejaremos en los ceniceros públicos (si los hay) o nos las llevaremos a casa en estos dispositivos portátiles, y las echaremos a la basura luego.
Lámpara Berger, y líquido inflamable
(Fuente: vivaladia)

En fin, cualquier cosa que pueda facilitar la convivencia de todos (fumadores o no, en este caso) creo que merece la pena el esfuerzo.

Y para que nuestra propia casa no apeste a humo, lo mejor que yo conozco es la llamada Lampe Berger. Se trata de dispositivos que utilizan el principio de la llamada Combustión Catalítica sobre Cerámica. Constan de un recipiente que contendrá el líquido con diversos tipos de perfume, una mecha y una superficie cerámica, donde se realizará la combustión sin llama. El principio de funcionamiento se descubrió ya en el siglo XIX para los hospitales, pero desgraciadamente hoy solamente se comercializa como un producto fashion, por lo que su precio es relativamente elevado. Claro que los recipientes, o lámparas, están hechas de vidrio de colores, de porcelana o de otros productos nobles, y hay muchos modelos que resultan, por supuesto, decorativos.

Yo la he probado en casa para reuniones prolongadas de fumadores. A la mañana siguiente, sólo se notaba un ligero toque al perfume del líquido, pero nada de tabaquina. Una maravilla, cara, eso sí.

Intentemos, entre todos, evitar que la nueva ley provoque nuevos conflictos de convivencia, siempre odiosos.

JMBA