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viernes, 20 de septiembre de 2019

Nuevas Elecciones

Hace unos días nos enteramos ya de forma fehaciente de que los ciudadanos de este país estamos condenados a volver a acudir a los colegios electorales y a las urnas el próximo 10 de Noviembre. Desde ese momento, todos los partidos políticos y sus líderes están volcados en demostrar a sus (presuntos) votantes que el culpable de esta repetición electoral (enojosa y molesta para la mayoría de ciudadanos) es de otros.

Lo que creo que no tiene duda alguna es que el responsable de que haya una repetición electoral es Pedro Sánchez. Como líder de la fuerza más votada, con el doble de diputados que el siguiente grupo, fue nombrado candidato por el Rey y ha tenido la responsabilidad de formar un nuevo Gobierno. Una tarea en la que, evidentemente, ha fracasado.

Pero una cosa es la responsabilidad y otra bastante distinta es la culpa. Pedro Sánchez tiene, por supuesto, su parte de culpa. Pero Pablo Iglesias, creo, no ha estado a la altura, como confiaban que estaría muchos ciudadanos e incluso muchos de sus votantes. Pero también cabe decir que no ha engañado a nadie. Porque ya advirtió de que el cielo se toma por asalto. Y, en democracia, el asalto exige conseguir una mayoría absoluta que permita tener un gobierno monocolor que lleve adelante sus propias propuestas. Pero eso ni ha sucedido, ni es previsible que vaya a suceder en los próximos tiempos, incluso más adelante. Por el contrario, UP ha visto mermada su representación en el Congreso de los Diputados, tras las elecciones del 28-A.

El error que cometió Pablo Iglesias fue pensar que, pese a su mermada representación, podría tomar una parte del cielo por asalto. Y eso, simplemente, ni es posible ni es deseable.

A este error de estimación se suma otro elemento nada desdeñable. Mientras que el PSOE es un partido situado en el corazón del sistema, ubicado en el centro izquierda, UP es claramente una fuerza antisistema. Su coexistencia podía preverse complicada y se ha revelado imposible.

Para el votante de izquierda, siempre veteado de un poquito de ingenuidad, la existencia de una fuerza en el Congreso de los Diputados situada a la izquierda del PSOE podía suponer que el próximo Gobierno estuviera más sensibilizado con los grandes temas que preocupan a los ciudadanos con el corazón más bien a la izquierda. Podría haber provocado que el PSOE fuera más audaz y hasta algo provocador en algunas grandes reformas a las que el establishment, por supuesto, se resiste. Por ejemplo, el votante pensó que podría ser posible una derogación o fuerte modificación de la Reforma Laboral. Una legislación que, básicamente, ha dado bastantes ventajas a los empresarios en general, pero ha favorecido una precarización inadmisible de muchos puestos de trabajo, creando una nueva clase social, la de los trabajadores condenados a la pobreza casi miserable.

O podían también pensar que sería más fácil con esa coexistencia los avances en los temas de Memoria Histórica, o en la Ley de Eutanasia, o en general en los temas sociales para los que se requiere una mayoría de izquierda para que puedan ser impulsados.

Unidas Podemos, y muy especialmente su líder Pablo Iglesias, nunca compartió este posible escenario de un Gobierno del PSOE en minoría, arrastrado más a la izquierda de lo que revela su espíritu por la necesidad del apoyo parlamentario de las fuerzas a su izquierda, singularmente UP. Su posición siempre fue la exigencia de poder tomar al asalto su parte del cielo.

Ahora, según confesó ayer Pedro Sánchez en su entrevista en LaSexta, la posibilidad de ese Gobierno esta vez sí efectivamente Frankenstein, no le hubiera dejado dormir al Presidente. Porque me parece bastante evidente que su visión es la correcta: UP quería su propio Gobierno dentro del Gobierno de España. Y este es un escenario que, desde luego, no es nada deseable, pero creo que tampoco es posible. Una tal aproximación hubiera llevado a una crisis de Gobierno grave en unos pocos meses, en cuanto UP hubiera asomado a la escena pública su alma antisistema, ahora revestida de poder ejecutivo. Una crisis que nos habría llevado a nuevas Elecciones en 2020, por ejemplo. Un escenario, me parece, incluso peor que este bloqueo que nos llevará a las urnas el 10-N.

Por su parte, los partidos estatales de la derecha han hecho lo que era de esperar: con Sánchez ni a recoger una herencia, al adversario ni agua, no es no. Al PP no le va mal una repetición electoral. Dada su extremadamente vulnerable situación actual en el Congreso, es absolutamente inevitable que vaya a mejorar tras el 10-N. VOX, por su parte, y a pesar de sus 20 diputados, sigue siendo un outsider y no juega a lo mismo que los demás. Se limitan a dar visibilidad a su propia agenda que es la que están convencidos que les ha llevado a su ventajosa situación actual. El 10-N van a sufrir, pero creo que les da igual.

Ciudadanos sí tiene un claro problema con la repetición electoral. Apareció en el panorama político catalán como una fuerza liberal, constitucional y antinacionalista. Han sido maestros del escapismo, porque han cambiado de escenario y posición sin ni fruncir el ceño. Fueron socialdemócratas alguna vez, luego liberales, ahora se pelean por liderar la derecha (o, al menos, el centro derecha). Pero, me temo, que de éxito en éxito se dirigen al fracaso, si no directamente al colapso. En un escenario ideal, de corte europeo desapasionado, tras el 28-A la mejor opción de Gobierno hubiera sido, sin duda alguna, una coexistencia, en Gobierno de coalición o con simple apoyo parlamentario, de socialdemócratas y liberales. Un Gobierno del sistema situado en el centro izquierda del arco político, con el respaldo mayoritario de 180 diputados.

Pero Ciudadanos, y muy especialmente su líder Albert Rivera, se han preocupado de negar y denostar esa posibilidad. Hay que reconocer que no engañaron a nadie, pues ya avisaron de eso durante la campaña electoral. Pero con sus continuas fintas y regates, muchos de sus votantes entendieron, probablemente, que se trataba de una táctica para vender caro su apoyo.

Los últimos días, tras ver cómo su partido se iba desangrando de activos muy válidos que no estaban de acuerdo con su táctica y su estrategia, a Albert Rivera le temblaron las piernas e hizo una nueva pirueta en el aire, intentando vender una iniciativa de Estado para evitar el bloqueo. Algo que nadie se creyó ni valió para nada.

Desde mi punto de vista, pues, la responsabilidad de la repetición electoral es, evidentemente, de Pedro Sánchez. Pero la culpa es de Unidas Podemos, que sobrevaloró la influencia que podía obtener a cambio de su exigua representación. Para el votante de izquierdas resulta bastante desconsolador darse cuenta de que la única forma de que una fuerza como Unidas Podemos, mientras siga liderada por Pablo Iglesias, sólo podría influir en la gobernanza de este país si obtuviera, en algún momento, una mayoría absoluta que le permitiera asaltar los cielos al asalto. Como eso no va a suceder, el Unidas Podemos de Iglesias ya se ha convertido en una fuerza irrelevante, por no decir directamente inútil.

Estos días se plantea la posibilidad de que la fuerza política liderada por Íñigo Errejón, Más Madrid, pudiera estar evaluando su salto a la política nacional el 10-N. Al menos, en algunas circunscripciones más proporcionales, las que eligen un mayor número de diputados. Creo que sería positivo, al menos para mi punto de vista, que Errejón pasara a ser el nuevo líder de Unidas Podemos, pero eso simplemente no va a suceder. Y una fuerza más en la izquierda puede provocar un fraccionamiento muy peligroso de los votos, y la seguridad de que se vayan a perder muchos restos, de los que produce la aplicación de la Ley d'Hondt.

Me temo que el votante más o menos de izquierdas, pero no exaltado ni fanático, se ha dado cuenta, a su pesar, de que nuestros políticos no están capacitados para gestionar un entorno multipartidista como el actual. Como reacción a ese hecho, lo más probable es que se vaya a producir un renacimiento del bipartidismo. Mientras que en la izquierda es más que probable que se concentre el voto en torno al PSOE, un efecto parecido pasará seguramente también en la derecha, donde el PP sería el gran triunfador en este campo.

No me gusta especialmente este escenario, pero la única alternativa sería aplicar una formación extensiva a nuestros políticos, para que pudieran asumir la gestión de un entorno más complicado. Pero no tenemos tiempo para ello. Nuestros políticos son lo que son, no dan para más y no parece haber otros, por el momento. Luego la única defensa del votante será nuclearse en torno a los adalides de uno u otro campo, fagocitando a las fuerzas más minoritarias.

Pero no deberíamos abandonar los esfuerzos de formación a nuestros políticos actuales y futuros, para que algún día inconcreto del porvenir, un escenario como el que se dio tras el 28-A fuera correctamente gestionado por los diversos líderes, y permitiera formar un Gobierno estable para toda la legislatura, con un programa ponderado de acuerdo a las fuerzas presentes.

Nunca deberíamos dejar de soñar.

JMBA

martes, 17 de septiembre de 2019

Servidores Públicos (???!!!).

El idioma inglés y la cultura anglosajona tiene la estimulante tendencia de introducir habitualmente algún elemento de ironía en la denominación de las cosas, las personas y las situaciones.

Así, a los políticos, a los diputados (MP = Member of the Parliament), el Gobierno o los propios funcionarios, les denomina genéricamente Public Servants (Servidores Públicos). Una denominación que invita a la modestia y a la humildad y que lleva la profesión de político a su dimensión auténtica y genuina.

La única razón de que tengan que existir Gobiernos y Parlamentos somos los ciudadanos y la propia sociedad. Como cada cual tiene su propia actividad y empeño, se requiere que existan algunas personas que, desde un punto de vista técnico, ejecuten lo necesario para que la dirección que quiere llevar la sociedad y sus ciudadanos, expresada habitualmente en las urnas, se convierta en una realidad.

Como españoles, somos pasajeros de un barco gigante que manifestamos el 28A nuestra voluntad de avanzar en una cierta dirección. A partir de eso, el capitán, el timonel y el resto de la tripulación tiene la obligación técnica de mover al barco en esa dirección.

Para la desgracia de los ciudadanos y ante la confirmación de que Platón tenía razón en que los sabios no tienen ningún interés ni ninguna vocación de ponerse al timón, una raza menor, la de los políticos, se ha hecho con los mandos de la sociedad. La llamo menor por el hecho de que sus motivaciones casi únicas tienen que ver mucho más con intereses personales o de grupo (partido) que no con una real vocación de servicio a sus semejantes. Vamos, que lo de Servidores Públicos es una denominación que se ajusta más bien muy poco a la realidad.

Lo cierto es que, por diversas circunstancias, los ciudadanos les hemos ido cediendo este protagonismo que no debería corresponderles. En concreto, en España, la Transición les situó en cabeza (a los políticos y, muy especialmente, a los partidos políticos) por una pura razón de supervivencia. Se procedía de una época en que los políticos eran personas proscritas y consideradas dignas de toda sospecha, y había que forzar un cambio en esa consideración, para facilitar el avance del país hacia posiciones mucho más modernas, de las que nos habíamos quedado claramente relegados.

Pero esta realidad, seguramente inevitable, nos ha llevado a una situación en que los políticos tienen un ego, una personalidad y un protagonismo que no debería corresponderles. El capitán del barco, como técnico experto en navegación, puede proponer a los pasajeros aquellos destinos y rumbos que sean posibles, sin demasiados riesgos. Y cumplir a ciegas la decisión informada que tomen los pasajeros a partir de esos datos.

Si el capitán de un crucero de lujo fracasa en su labor, y provoca que el barco embarranque, deberá dedicarse a otra cosa. Es posible que consiga capitanear un petrolero, un portacontenedores o un pequeño barco de cabotaje. Pero, en la política, no existe un país de repuesto. Si un político fracasa, tendrá que dedicarse a otra cosa.

Como bien dijo Núñez Feijoo, si tuviéramos hombres de Estado y no políticos adolescentes, mucho mejor nos iría. Efectivamente, da la sensación de que la política pequeña que nos está tocando vivir estos últimos meses es obra más bien de hormonas desordenadas que de cerebros bien amueblados. Todo en la política se está pareciendo mucho más a las pequeñas rencillas de patio de colegio, a si me ajunto o no me ajunto, a que o me haces caso o dejo de respirar.

Mientras tanto, el barco sigue al pairo, a la espera de que el capitán y el timonel ocupen, por fin, sus posiciones. Si la meteorología fuera clemente, el problema no sería muy grave. Pero ya estamos viendo en el horizonte del mar los primeros rayos y las nubes negras van cubriendo el cielo. Una tormenta con el barco al pairo no parece un escenario digno de ser vivido y no es, desde luego, lo que nos merecemos los ciudadanos.

Todos los líderes de los cuatro grandes partidos de implantación nacional y con una presencia significativa en el Congreso de los Diputados no han hecho su trabajo. En lugar de ocupar sus posiciones al timón o en la sala de mando, se han retirado a la sentina a pelearse puños en alto, hasta la primera sangre, o más allá.

Pedro Sánchez ha estado altanero y displicente, señalando sin cesar a los entorchados de su propio uniforme. Pablo Iglesias ha sido orgulloso, ha estado exageradamente picajoso y ha dejado de respirar cuando le han negado la pelota. Albert Rivera, el eterno adolescente cuya única obsesión es asumir algún poder, sea en la oposición o en el Gobierno, se puso de cara a la pared, mirando de reojo cómo jugaban los otros niños. Y Pablo Casado parece llevar la gorra con la visera para atrás, disfrutando del balanceo que da la navegación al pairo.

Me temo que hoy tendremos que asistir al último acto de un desastre anunciado. Habrá que convocar nuevas elecciones, que es como decirnos a los ciudadanos que hicimos mal nuestro (pequeño) trabajo. Escogimos un destino y un rumbo de entre los que nos ofrecían los candidatos a capitán, pero resulta que no, que eso no va a ser posible y habrá que escoger de nuevo.

Por supuesto que entre los votantes habrá algunos adolescentes. Pero, entre tantos ciudadanos como somos, no es posible que nos equivoquemos, porque se acaban compensando nuestras propias excentricidades.

Parece que no tenemos los políticos que nos merecemos. El problema es que no hay otros.

JMBA

lunes, 23 de octubre de 2017

Discurso de Puigdemont (Propuesta)

(Esta es mi propuesta personal para el discurso que Carles Puigdemont, Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya, podría dirigir al Parlament de Catalunya en el Pleno del próximo jueves, 26 de Octubre de 2017).

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(Introducción habitual: Señora Presidenta,...)

En Septiembre de 2015, los diputados y diputadas de este Parlament fuimos elegidos por los ciudadanos de Catalunya en las correspondientes elecciones autonómicas, con el fin de aportar las mejores soluciones para aumentar el bienestar de nuestro pueblo.

Dos de los grupos parlamentarios, Junts pel Sí y la CUP/CC, que totalizamos 72 diputados en esta Cámara, la mayoría absoluta, coincidíamos en nuestros respectivos programas electorales en el objetivo de convertir a Catalunya en un Estado independiente. Entendimos que este resultado electoral era un mandato democrático del pueblo de Catalunya para que trabajáramos en esta dirección y con este objetivo. Y nos pusimos manos a la obra.

Intentamos iniciar un diálogo político con el Gobierno de España, teniendo como primer objetivo el conseguir realizar un referéndum pactado para refrendar de ese modo el mandato democrático que habíamos recibido. Ese diálogo resultó imposible, ya que el Gobierno de España, de forma reiterada, se negó a hablar de los temas de los que nosotros queríamos hablar. Cuando un diálogo resulta imposible, a veces se debe a que nos bloquean las palabras, a veces a que son las personas las que se bloquean.

Seguimos adelante con la tarea de realizar un referéndum, aunque fuera no pactado, para saber si los ciudadanos de Catalunya eran o no partidarios de que Catalunya se convirtiera en un estado independiente en forma de República. Lo anunciamos en Julio de este año, y el 6 y 7 de Septiembre, en este Parlament, aprobamos las dos leyes necesarias para dar cobertura al referéndum y para definir la legalidad que regiría en Catalunya de forma inmediata y transitoria hasta las correspondientes elecciones constituyentes, si el resultado del referéndum arrojaba más votos a favor del Sí que del No.

A la celebración de este referéndum se opusieron con todas sus fuerzas tanto el Gobierno de España como los diversos tribunales. Desembarcaron en nuestra tierra miles de efectivos de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado. A pesar de las muchas dificultades, que todos ustedes conocen, y de que algunas fuerzas policiales desplegaron unos niveles de violencia gratuita e inadmisible contra la población civil que sólo quería votar, el referéndum pudo finalmente celebrarse. De su resultado ya informamos en su día en esta Cámara.

Pero debemos reconocer que las condiciones precarias en que tuvo finalmente que celebrarse, a pesar de los muchos esfuerzos de este Govern y de decenas de miles de ciudadanos voluntarios, no le otorgan las suficientes garantías para ser reconocido como tal por una democracia del siglo XXI ni por la comunidad internacional.

Algo habremos hecho mal cuando movilizamos a nuestro pueblo para votar el 1º de Octubre y no supimos, o no pudimos, garantizarle las suficientes garantías democráticas para que este referéndum pudiera ser aceptado por todo el mundo como tal.

A pesar de todo, entendimos reforzado nuestro mandato democrático por la abrumadora mayoría de votos Sí sobre los votos No recogidos en esa jornada.

Yo mismo, en la sesión plenaria de este Parlament del 10 de Octubre, asumí el mandato de que nuestro pueblo nos pedía mayoritariamente que Catalunya se convierta en un estado independiente en forma de república. Al mismo tiempo pedí la suspensión temporal de esta declaración, abriendo así un período de diálogo con el Gobierno de España. Nuestro objetivo era el de pactar y acordar los mejores términos que permitieran minimizar los muy graves efectos que podría tener una transición unilateral sin acuerdo de la otra parte.

Pero, de nuevo, este diálogo resultó imposible.

Alguna cosa habremos hecho mal cuando, una y otra vez, ha resultado imposible establecer un diálogo constructivo con el Gobierno de España.

Alguna cosa habremos hecho mal cuando cientos de empresas y compañías han trasladado su sede social fuera de Catalunya, huyendo de lo que perciben como inseguridad jurídica. Muchas de estas empresas fueron fundadas en Catalunya y algunas tienen un recorrido más que centenario a sus espaldas.

Alguna cosa habremos hecho mal cuando los líderes de dos asociaciones ciudadanas que nos han apoyado siempre lealmente en nuestra labor están actualmente en prisión preventiva y acusados del gravísimo delito de sedición.

Alguna cosa habremos hecho mal cuando llevamos meses forzando a nuestros ciudadanos a una movilización permanente que ya está provocando tensiones, nerviosismo, dudas, cansancio, desánimo y una más que evidente fractura social. Con el riesgo añadido de que en cualquier momento podría saltar una chispa que rompiera la actitud pacífica que siempre ha caracterizado a esta movilización.

Alguna cosa habremos hecho mal cuando estamos abocados de forma inminente a la suspensión del Govern de Catalunya y de sus instituciones autonómicas, que a nuestro pueblo tanto le ha costado desarrollar. Y todo ello apoyado por 250 diputados de los 350 que componen el Congreso de los diputados de España.

Podemos seguir pensando que el problema es que no nos entienden, pero debemos enfrentarnos con realismo a la situación actual. Tras profundas y largas reflexiones y consultas, hoy he venido a comunicar a este Parlament que ha llegado la hora de los sacrificios personales, para el bien de nuestro pueblo, al que no tenemos derecho a someter a más tensiones y dificultades.

Es por ello que, como President de la Generalitat, he decidido proceder a la disolución de este Parlament y a la convocatoria inmediata de elecciones autonómicas, en el convencimiento de que nuevos interlocutores pueden alumbrar nuevas soluciones. Esta misma tarde tendré el honor de comunicar esta decisión en el Senado de Madrid, que está estudiando la aplicación del artículo 155 de la Constitución, solicitada por el Gobierno de España, que quedará paralizada por esta decisión.

Muchas gracias.

martes, 9 de junio de 2015

Mercado Persa

Tras las Elecciones andaluzas y, muy especialmente, tras las Municipales y Autonómicas del pasado domingo, estamos asistiendo a un auténtico mercado persa de propuestas de pacto entre diversas fuerzas políticas, algunas veces incluso bastante contra natura.
Albert Rivera, líder de Ciudadanos.
(Fuente: comunicacionsellamaeljuego)

Este lunes, algunas fuentes incluso se han atrevido a insinuar que hay runrún de un nuevo Tamayazo, presuntamente por Madrid y/o en Castilla-La Mancha. Recordemos que gracias a eso (la traición de dos diputados socialistas), Esperanza Aguirre consiguió forzar la repetición de las elecciones, ganarlas y llegar por primera vez a la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

Este tipo de negociaciones postelectorales son habituales y es lo que acaba sucediendo de forma parece que inevitable, en las votaciones a simple vuelta, como se practican en España. A la hora de elaborar las candidaturas, podrían sustanciarse acuerdos o coaliciones entre diversos partidos, a fin de presentar una única candidatura conjunta, aglutinando así los votos de las diversas formaciones. Pero esto raramente sucede, excepto en aquellas formaciones que tienen muy claro que no van a obtener ningún resultado positivo si se presentan por separado.

Todos los partidos políticos que confían en sus opciones para resultar la fuerza más votada en una cierta circunscripción, rehúsan cualquier tipo de acuerdo o coalición preelectoral.

Esto provoca, tras las elecciones, unas semanas bastante desagradables, aunque amenas, entre el día de las votaciones y la fecha fijada para la investidura de los nuevos responsables. Todos intentan salvar los muebles. Los que han resultado los más votados (aunque sea por un puñado de votos) intentan blindar sus posiciones, haciendo valer la preferencia de los ciudadanos, aunque ese argumento sea a menudo insostenible. Los que tienen representación mermada, buscan asirse a otras opciones, via pactos, para no perder pie y caer en la irrelevancia.

Claro que si en la pomada está Esperanza Aguirre, se garantizan dosis muy superiores de diversión. En los días posteriores a las votaciones hemos asistido, día a día, a nuevas propuestas progresivamente desquiciadas, con la única obsesión de intentar reparar la humillación electoral que ha tenido que vivir. Un fracaso que acabó de ganarse a pulso con una campaña nefasta, en que trató de acusar de la forma que fuese a sus rivales, de ningunearles, de difamarles si hacía falta, y eso le ha acabado pasando factura. Un fracaso que le resulta todavía más hiriente por la posición relativamente bastante más cómoda de Cristina Cifuentes, en la Comunidad de Madrid.

De todas formas, conviene tener presente que, desde un punto de vista de la actividad política, son dos tiempos totalmente diferentes los inmediatamente anteriores a una votación y los inmediatamente posteriores a la misma. Antes de una votación, el destinatario de todos los mensajes lanzados es el ciudadano, que es dueño de su propio voto. Todas las formaciones intentan convencerle de que les vote a ellos, y los mensajes políticos que les lanzan tienen que ver con lo que pretenden hacer si obtuvieran una mayoría suficiente para gobernar en solitario.

Por el contrario, desde el día siguiente a las elecciones, la suerte ya está echada, y cada fuerza política tiene una dimensión exacta y precisa de cuál es su respaldo real. Una fuerza que se expresa en número de concejales o de escaños.

Es a partir de de esa aritmética precisa que se intentan establecer pactos, a fin de que alguna de las fuerzas presentes pueda obtener un respaldo suficiente para ocupar ese gobierno de forma razonablemente estable.

La sorpresa, o acaso simple novedad, esta vez proviene de la fuerte presencia de dos fuerzas emergentes, que nunca habían estado presentes, hasta ahora, en la liza política del día a día. Tanto Ciudadanos como Podemos han basado buena parte de su comunicación preelectoral en el hecho de ser formaciones nuevas y diferentes de las tradicionales, otra cosa que nada tiene que ver con los que algunos llaman los partidos de la casta (básicamente, PP y PSOE, que han monopolizado hasta ahora el Gobierno del Estado, desde la Transición).

Desde el día siguiente a las Elecciones, como siempre, por otra parte, vemos que las diversas formaciones se reúnen, hablan, intentan negociar sus respectivos programas, imponer sus opiniones y puntos de vista, etc. etc. Todas las formaciones, incluyendo, por supuesto, a las que se autodenominan como diferentes.

La realidad cotidiana les ha forzado a darse cuenta de que, pese a su aumento espectacular de presencia pública, están muy lejos de conseguir posiciones de mayoría suficiente, como para que puedan gobernar en solitario. Y están obligadas a negociar sus apoyos.
Pablo Iglesias, líder de Podemos.
(Fuente: rokambol)

Todo parece normal, si no fuera porque la maldita hemeroteca les recuerda (y nos refresca) las muchas diatribas que se han lanzado previamente unos contra otros. Insultos y descalificaciones están a la orden del día en la dialéctica preelectoral.

Como en el fútbol, hay que recurrir a ese clásico de que lo que sucede en el campo se queda en el campo. Las duras peleas durante el partido pueden resolverse en amistosos abrazos en cuanto el árbitro decreta el final del partido.

Igual sucede con los procesos electorales. No creo que debamos sorprendernos de que Ciudadanos acabe apoyando a Cristina Cifuentes (PP) para la Comunidad de Madrid, y a Susana Díaz (PSOE) para el de la Junta de Andalucía. O que Podemos (o alguna de sus marcas blancas, como Ahora Madrid o Barcelona en Comú) apoyen gobiernos del PSOE en Extremadura o Castilla-La Mancha, o acepten su apoyo para gobernar en el Ayuntamiento de Madrid o de Barcelona, o se alíen con Compromís para gobernar en tierras valencianas.

Fuerzas emergentes, que hasta ahora habíais sido animales angélicos, sin vicios ni bajezas, bienvenidos a la realidad.

La democracia representativas y, en particular, el sistema electoral que tenemos en España, obliga a que Pablo Iglesias y Pedro Sánchez compartan ensalada en el reservado de algún restaurante, o a que Mariano Rajoy baje de su pedestal para reunirse con Albert Rivera y ver de facilitar algunos acuerdos.

En otros países europeos próximos, los gobiernos de varios colores, coaliciones o gobiernos en minoría con apoyo parlamentario, son cosas cotidianas que ya ni generan curiosidad.

Es cierto que en la España reciente tenemos algunos (malos) ejemplos de gobiernos multipartido (Catalunya o Baleares podrían dar fe de ellos; IU de Extremadura podría contar el precio que ha pagado por su apoyo a Monago). Pero también es cierto que hemos tenido muy malas experiencias de algunas mayorías absolutas. Como por ejemplo la segunda legislatura de Aznar o la actual de Rajoy. En ocasiones, los que consiguen mayorías absolutas se instalan en la comodidad del rodillo parlamentario y se olvidan  de que no van a gobernar para siempre. Entre hacer y deshacer, el país se nos convierte en un gigantesco manto de Penélope, que se teje de día, para destejerlo por la noche.

Bienvenidos, pues, a la modernidad. Confío que las nuevas fuerzas estén a la altura, al menos, de lo que han venido pregonando hasta ahora. Que no caigan en el tráfico de sillones, y que se instalen en la búsqueda del consenso para que este país pueda avanzar. Aunque sea a pasitos pequeños, pero todo el tiempo hacia adelante. Espero que, entre todos, decidan meterle mano a los temas eternamente pendientes y que arrastramos desde que terminó la Transición, aunque nos sigamos rigiendo, impasible el ademán, por la legislación de ese momento. Ya es hora de darle una vuelta de tuerca a la calidad democrática de este país.
Mónica Oltra, la cara más conocida de Compromís.
(Fuente: infolibre)

La ley electoral, en general, requiere de una revisión en profundidad. Las circunscripciones unipersonales o las segundas vueltas son temas que deberían ponerse sobre la mesa para ser convenientemente debatidos y resueltos. Igual que, por cierto, si el sistema político de España debe seguir siendo una Monarquía o sería más adecuado que fuera una República.

Ahora bien, este nuevo escenario obliga a que todos desarrollen sus mejores galas de madurez política. Negociar no es imponer, y las líneas rojas no deberían ser más que una figura retórica. Los pactos deben desarrollarse para que todos ganen, a cambio de que todos renuncien a algunas cosas. Unos tendrán que olvidar sus aspectos más ultraizquierdistas, mientras otros deberán renunciar a sus matices más nacionalistas. Tras este tipo de acuerdos, ya no quedarán ángeles, sino seres humanos, con sus grandezas y sus miserias.

Sólo espero que los electores sepan entender de verdad lo que unos y otros vayan haciendo, y no pasen facturas indebidas a los que renuncien a alguno de sus principios, a cambio de contribuir a la gobernabilidad de los territorios. O simplemente los retrasen para cuando dispongan de la mayoría suficiente para imponerlos.

El ambiente de un mercado persa es siempre algo confuso y muy ruidoso. Pero siempre se acaba logrando el precio más adecuado para todas las transacciones.

JMBA

martes, 26 de mayo de 2015

Rajoy en su Laberinto

Cualquiera que esté habituado a intentar transmitir mensajes en público es consciente de que un mensaje formalmente perfecto sólo va a convencer a una parte del auditorio. Salvo, por supuesto, que el público esté entregado de antemano.
Mariano Rajoy, en su comparecencia en la sede de Génova
este lunes.
(Fuente: cuatro)

Cualquiera que intente vender un producto o un servicio, y tenga ocasión de realizar una presentación o exposición a un público presencial, sabe que el primer desafío es que el mensaje resulte creíble y que el público crea al presentador. Superado este obstáculo, que puede resultar bloqueante, algunos acabarán convencidos por el orador y otros no. De los convencidos, algunos acabarán comprando el producto y otros no, por diversas razones.

Parece bastante claro que el Partido Popular y Mariano Rajoy en particular tienen un problema de comunicación, del que ellos mismos hablan cada vez que tienen ocasión. En un vídeo que se hizo famoso, Floriano decía eso de que nos ha faltado piel en la comunicación, como que hubiera sido demasiado fría.

Pero creo que el problema es bastante más profundo. Este lunes, el día siguiente de unas elecciones que han marcado un vuelco muy significativo en las preferencias de los ciudadanos, y han propulsado a candidaturas a las que genéricamente podríamos denominar como alternativas, Mariano Rajoy dio, tras más de tres años de rehusar esa obligación, una rueda de prensa en la sede del PP, en la calle Génova. Si atendemos a sus palabras, al PP y al gobierno no les pasa nada grave. El PP sigue siendo el partido más votado (lo que es verdad, pero una verdad que muy poco significa en sí misma en este tipo de elecciones), y él sigue siendo el mejor candidato a la Presidencia del Gobierno por el Partido Popular para las Elecciones Generales de fin de año.

No sé si yo mismo soy una buena muestra del ciudadano medio, pero voy a contar mis impresiones, que creo que no son, ni mucho menos, solamente mías. El problema no es que el discurso de Mariano Rajoy no me convenza. El problema real es que no me lo creo, lo que es mucho más grave, y significa que no se ha superado ni siquiera el primer estadio de la comunicación.

Una concentración de capacidades como la cúpula directiva del Partido Popular, con el Presidente a la cabeza, es imposible que saque del resultado de las elecciones del domingo  las conclusiones que intenta transmitirnos Rajoy. No sé si el debate interno fluye con libertad, o todos los presentes prefieren callar y otorgar, y no significarse como mensajeros de malas noticias. Pero esa actitud condenaría al líder a la soledad total.

Prefiero pensar que un debate interno en libertad les permite diagnosticar el problema de forma razonablemente afinada. Después, intentan elaborar un discurso público que es el que algunos dentro del PP piensan que les interesa vehicular hacia la opinión pública. Obviamente, eso es un problema de comunicación. Pero un problema gravísimo. Porque no se falla en comunicar mal lo que se hace o se debate dentro del Partido, sino que se intenta elaborar un discurso impostado que no sólo no convence a la opinión pública, sino que el ciudadano de a pie (yo, desde luego) ni siquiera se puede creer.

En estos últimos tiempos hemos visto ya demasiados mensajes fallidos de este tipo en los dirigentes del Partido Popular. Mensajes impostados, artificiales, creados para su consumo, que en nada reflejan la realidad de las cosas y los hechos. A menudo he sentido cierta lástima por los papelones que les ha tocado desempeñar a gente como María Dolores de Cospedal o Carlos Floriano. Discursos que el público no puede creerse, mucho menos quedar convencido, claro, y que el propio orador parece haber aprendido de memoria, y para nada como conclusión de un debate inteligente y de un diagnóstico informado.

Este problema grave de comunicación (la elaboración y transmisión de mensajes que no sólo no convencen, sino que ni siquiera son creíbles) ha venido provocando, inevitablemente, un alejamiento progresivo de una parte creciente de la opinión pública de su Presidente del Gobierno, del Gobierno en general y del partido que lo respalda.

Los intentos burdos y a menudo zafios, de desmarcar al Partido de los muchos episodios de corrupción que lo han venido trufando, han sido muy torpes. Sólo han transmitido a la opinión pública la sensación de que están intentando esquivar el bulto y no afrontar con valentía los problemas, con ánimo de resolverlos y de evitar que se repitan episodios tan enojosos. Oír a la Cospedal balbuceando sobre la (presunta) indemnización en diferido de Bárcenas, o a Floriano intentando vendernos la idea de que el tesorero es un delincuente solitario que simplemente robó al Partido y traicionó la confianza en él depositada, resulta patético.

Estoy convencido de que en la dirección del Partido Popular hay gente inteligente, empezando por su Presidente. Por ello no puedo creerme que los mensajes y discursos que intentan transmitir respondan a la realidad de sus conclusiones, sino que son mensajes inventados, pensando solamente en lo que, presuntamente, le interesa al Partido que piensen los ciudadanos. Sólo que ese discurso no sólo no convence, sino que no resulta en absoluto creíble. Intentando hacer comulgar a los ciudadanos con ruedas de molino, no sólo fracasan en su estrategia de comunicación, sino que se acuñan fama de trileros y mentirosos, que nunca dicen lo que realmente piensan. El ciudadano de a pie no sólo no acaba convencido, sino que no se los cree y piensa que intentan engañarle y que se creen que es tonto.

Me temo que Rajoy, en su laberinto inacabable, se está quedando solo, en la cúspide. Es la soledad del corredor de fondo, el silencio de la cumbre. Le están faltando fusibles, y ni siquiera compraría tiempo destituyendo, por ejemplo, a María Dolores de Cospedal como Secretaria General del PP, tras su descalabro electoral en Castilla-La Mancha. Su equipo, al parecer, no abre la boca en las reuniones públicas, pero ya raja sin parar en privado, off the record o en entrevistas específicas. Como la excelente entrevista de Carlos Alsina esta mañana en Onda Cero, donde Juan Vicente Herrera, presidente en funciones de Castilla y León, entre otras lindezas sin desperdicio, le ha recomendado al jefe que se mire en el espejo antes de afirmar que sigue siendo el mejor candidato para el PP.

De cara a las Elecciones Generales de fin de año, es imprescindible una reacción enérgica, o el PP chocará de forma abúlica con el iceberg. Si el PSOE no despliega más energías, es posible que el PP siga cosechando algunos votos más que los socialistas, pero que se conviertan en tercera y cuarta fuerza a nivel nacional.

A pesar de que los músicos parece que ya empiezan a desafinar, o directamente están guardando sus instrumentos en el estuche, el director de la Orquesta del Titanic, ignorando el iceberg, que es ya mucho más que una sombra en el horizonte, sigue moviendo la batuta como si nada fuera con él.

Evidentemente, el PP y Mariano Rajoy tienen un problema de comunicación. Pero no se trata de que sus mensajes ya no convenzan, es que ni siquiera se pueden creer. O son tontos (que no lo creo) o se creen que los tontos somos los ciudadanos (que es lo que me temo).

JMBA

jueves, 21 de mayo de 2015

Reflexiones de un indeciso

Yo vivo y estoy empadronado en Madrid capital. Esto significa que el próximo domingo, 24 de Mayo, tendré que depositar dos votos en las urnas de mi colegio electoral: una para la alcaldía de Madrid y otra para el Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Ya es jueves, y todavía estoy indeciso.

Hay poquitas cosas que tengo claras. Voy a intentar hacer un inventario de ellas, a ver si me sirve para tomar una decisión.

1.- Voy a depositar mi voto en las urnas, y no votaré en blanco ni depositaré un voto nulo. Aunque ninguna fuerza me convenza, siempre tengo alguna preferencia, aunque sea pequeña.

2.- No pienso votar al Partido Popular. Dejando al margen las políticas que desarrollan (algunas no me disgustan, pero muchas me repugnan), creo que es, actualmente, una estructura absolutamente impregnada por la corrupción. Lo que me parece más grave aún, ha desarrollado una capacidad enfermiza de convivir amigablemente con ella. Aunque puede que no sea fácil de demostrar judicialmente, estoy convencido de que actualmente el PP es una maquinaria corrupta.

3.- Con la corrupción, tolerancia cero. Aunque se presenta con muchas caras, la corrupción consiste siempre en desviar dinero público, dinero que es de todos, hacia uno o varios bolsillos privados (personales o de partido). Puede tratarse de comisiones ilegales (con lo que pagamos más de lo que deberíamos por obras públicas o suministros que requiere la Administración Pública para su funcionamiento); o de evasión fiscal en todas sus formas; o de administración desleal, gastando el dinero público de forma alegre y frívola, en cosas que en nada, o en muy poco, mejoran la calidad de vida de los ciudadanos; o pueden ser tramas preparadas para desviar dinero público de su destino legal, como el caso de los ERE de Andalucía.

4.- Mi corazón está un poquito más hacia la izquierda.

5.- A pesar de lo que a veces podemos decir en un calentón, como ciudadanos y como sociedad, tenemos mucho que perder, si las circunstancias fueran adversas.

6.- Me repugna (y me aterra) que el PP quiera arrogarse lo mismo de lo que acusa a Podemos: que nadie más que ellos debería gobernar nunca en España.

7.- A pesar de que considero que Esperanza Aguirre es un animal político muy inteligente, ni me representa ni nunca podría hacerlo.

8.- Podemos, como fuerza política, me resulta bastante simpática. Pero tiene algunos tics que no trago. Como cuando insisten en hablar de una gran mayoría de ciudadanos, arrogándose una posición y un conocimiento del que carecen, o cuando parecen condescendientes con algunos sátrapas sudamericanos.

9.- La transición política y la Constitución de 1978 han desarrollado un papel muy importante en España en las últimas décadas. Pero la sociedad ha madurado y nos hemos ganado el derecho a dar una vuelta de tuerca a nuestra democracia, para mejorar su calidad.

10.- Ciudadanos, como fuerza política, me resulta simpática, al tratarse de una formación de nuevo cuño, con lo que eso siempre significa de frescura y de ausencia de hipotecas. Pero su afán por un crecimiento demasiado rápido les está provocando disfunciones graves y relajación en los controles imprescindibles para evitar engorrosas situaciones.

11.- Nuestro objetivo como sociedad no debe nunca ser que haya menos ricos, porque eso es absurdo. El objetivo debe ser que haya menos pobres, que los pobres cada vez lo sean menos, y que los que lo sigan siendo lo pasen lo menos mal posible.

12.- La igualdad es una falacia propagada por cierta progresía, porque cada persona es única y todos somos diferentes. Pero hay que asegurar la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, sin discriminación por razones de sexo y/o orientación sexual, raza o posición económica.


Estas son las diversas claves que manejo y que me tienen que ayudar a llegar a alguna decisión, que me haga escoger el domingo unas papeletas y no otras. Sabiendo, por supuesto, que yo, como ciudadano, también estaré obligado a pactar entre mis principios y la realidad a la hora de decidir mi voto.

Del resto de candidatos a la Alcaldía de Madrid, dejando ya fuera de inicio a Esperanza Aguirre, al que mejor conozco es Antonio Miguel Carmona, del PSOE. Le he visto como tertuliano televisivo, y me parece una persona inteligente y suficientemente vehemente como para liderar un Ayuntamiento del tamaño y trascendencia de Madrid. A veces resulta errático y se mueve por ocurrencias. Y es que su partido tampoco le ayuda demasiado, parece moverse en un cierto aislamiento del aparato. Recientemente ponía las manos en el fuego por Tomás Gómez. Si bien es cierto que ninguna imputación recae sobre Tomás Gómez, también lo es que la dirección del partido decidió destituirle, por triste y perdedor (lo último es de mi propia cosecha). Bueno, Carmona ha demostrado que sabe caer de pie.
Antonio Miguel Carmona, candidato del PSOE a la
Alcaldía de Madrid.
(Fuente: huffingtonpost)

Como cualquier político con cierta historia pública, alguna mancha tiene en su pasado Carmona, pero ninguna (que yo sepa) que le inhabilite para representar con dignidad y la cara bien alta a todos los madrileños. Es una opción que considero.

Manuela Carmena, candidata por Ahora Madrid (en el entorno de Podemos) es bien conocida por su activismo político, social y judicial en las últimas décadas de este país. No estoy seguro de verla desempeñar con cierta comodidad el cargo de Alcaldesa de Madrid, pero seguramente puede hacerlo. Es otra opción que valoro.

De la candidata de Ciudadanos, Begoña Villacís, sólo sé que es una mujer de madura belleza, 37 años, abogada y madre de familia (Google dixit). Es una opción que podría salir bien, pero ciertamente arriesgada.

De Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia casi ni me merece la pena hablar. Desconozco a sus candidatos (Raquel López por IU y David Ortega por UPyD). Ambas formaciones están necesitadas de una renovación y regeneración en profundidad, que se han resistido a hacer hasta ahora. UPyD no tiene más remedio que prescindir del caudillismo de Rosa Díez, e intentar establecer una tercera vía viable en el centro derecha, junto a Ciudadanos. Izquierda Unida, por su parte, nunca ha estado más desunida que en la actualidad. Compadezco a Alberto Garzón, su líder sobre el papel, que tiene que lidiar con los desechos inconexos que le han dejado muchos años de desidia y clientelismo, especialmente en Madrid. Creo que ambas formaciones serán un voto inútil para este 24 de Mayo. Es más que probable que se acaben quedando sin ninguna representación en el Ayuntamiento de Madrid.


Para la Comunidad de Madrid, en la izquierda hay un duelo de personalidades bastante ajena a la política activa y a los propios partidos por los que se presentan. De una parte, Ángel Gabilondo (PSOE), con excelente trayectoria universitaria pero nula experiencia dentro de un partido político, aunque fuera ministro de Zapatero. Francamente, no le veo como Presidente de la Comunidad de Madrid. De otra, Luis García Montero, por IU, es conocido como poeta pero no como político con poder. Su candidatura es el resultado de intentar salvar los muebles tras la absoluta descomposición de IU en la Comunidad de Madrid, y me temo que acabe resultando puramente testimonial. Me parece que sería un voto perfectamente inútil. Me gustaba Tania Sánchez, que fue elegida en las primarias de IU, pero las diversas facciones de IU Madrid le obligaron a separarse de ese proyecto.

Podemos, que sí se presenta a las Autonómicas con su marca propia, está encarnado por José Manuel López Rodrigo (he tenido que buscarlo en Google). A falta de más conocimientos (de los que carezco), tengo que valorarlo por la marca que le sustenta, Podemos. Con Ignacio González (PP), a quien dejó el marrón Esperanza Aguirre tras su espantá, ya estamos acostumbrados a personajes grises al frente de la Comunidad.
José Manuel López Rodrigo, candidato de consenso de
Podemos para la Presidencia de la Comunidad de Madrid.
(Fuente: eldiario)

El PP presenta a Cristina Cifuentes, que ha sido estos últimos años la Delegada del Gobierno en Madrid. Personalmente, me parece una política honrada, aunque no coincido con algunas de sus opiniones. En cualquier caso, me resulta bastante más próxima que su compañera de cartel, Esperanza Aguirre. El problema es que la Comunidad de Madrid, tras más de una década en manos del PP, desde el famoso Tamayazo, requiere de una limpieza bajo las alfombras que Cifuentes no creo que pudiera hacer.

Ciudadanos presenta a Ignacio Aguado (de nuevo, Google dixit), que es un abogado de 32 años. Posiblemente sea conveniente que él y su equipo próximo estén en la Asamblea de Madrid, pero no le veo como Presidente de la Comunidad. El candidato de UPyD es Ramón Marcos, una cara algo más conocida, pero la situación del partido en la actualidad posiblemente provoque que el (escaso) voto por UPyD vaya a quedarse sin representación en la Asamblea.

Estoy seguro de que hay muchas más candidaturas y muchos más candidatos y candidatas a la Alcaldía de Madrid y a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Pero no tengo ni el tiempo ni las ganas para intentar conocerlos mejor, porque creo que no me iban a aportar nada significativo para mí.


Con estos mimbres deberé tomar una decisión sobre qué papeletas voy a introducir en las urnas el próximo domingo. No estoy seguro de que escribirlo me haya servido de mucho, pero algo habrá ayudado, sin duda.

JMBA

lunes, 23 de marzo de 2015

Elecciones en Andalucía

Hace unas semanas publiqué un artículo con mis impresiones y opiniones sobre la compleja situación política y electoral en España para este año 2015. Prometía actualizarlo al hilo de los resultados de las diversas citas electorales.
Susana Díaz (PSOE) ha sido, sin duda, la gran ganadora
en las elecciones andaluzas.
(Fuente: elpais)

El día después de las elecciones (anticipadas) en Andalucía, es momento de honrar esa promesa.

Un titular: Susana Díaz consigue un éxito importante, al repetir resultado, pese a la fuerte irrupción de dos nuevas fuerzas en el Parlamento de Andalucía (Ciudadanos y Podemos). El PSOE pasa a ser la fuerza más votada, a 14 diputados de distancia de la segunda (PP). Desplome del Partido Popular y reducción de Izquierda Unida a fuerza residual. Éxito sin paliativos para Ciudadanos y éxito relativo para Podemos, que no consigue los resultados que podían anticiparse.

Ahora vayamos al detalle. Todos los datos que cito son los disponibles en la web de la Junta de Andalucía, que corresponden al 99,95% de los votos escrutados. Los definitivos podrían tener alguna ligera variación.

Empecemos por la participación. Se ha alcanzado el 63,94% de participación, unos tres puntos por encima de las elecciones de 2012 (60,78%). Esto significa que se han emitido, en total, 4.017.912 votos en las urnas.
Juan Manuel Moreno Bonilla (PP), cuya imagen ha crecido
durante la campaña, ha pagado el desgaste nacional.
(Fuente: lavanguardia)

Ha habido un ligero repunte de los votos nulos (40.939, 1.02%, frente al 0,58% en 2012) y en blanco (54.807, 1,38%, frente al 0,91% en 2012). Unas cifras, en cualquier caso, residuales y poco significativas.

En total ha habido 216.030 votos a formaciones que, finalmente, no han conseguido ninguna representación en el Parlamento. Entre estas fuerzas destacan UPyD (76.653 votos), Partido Andalucista (60.707 votos) o Vox (18.017 votos). Como es habitual últimamente, el PACMA (Partido Animalista Contra el Maltrato Animal) ha obtenido 37.735 votos que para nada han servido.

Hasta 9 formaciones políticas han conseguido menos de 500 votos en toda Andalucía.

Lo más significativo es que UPyD ha quedado fuera del Parlamento de Andalucía. Ya anticipaba en mi anterior artículo que la confusión programática y el caudillismo de este partido le iba a pasar factura.

Ahora pasemos a analizar los resultados obtenidos por las fuerzas que sí han conseguido representación parlamentaria.

Al PSOE (Susana Díaz) le han votado 1.409.042 andaluces (35,43%), que le otorgan 47 diputados (los mismos que tenía hasta ahora). Ha perdido algo más de 100.000 votos (frente a los 1.527.923 votos de 2012, 39.56%), pero ha mantenido su presencia parlamentaria. Con diferencia, ha pasado a ser la fuerza más votada, a 13 puntos de distancia de la siguiente, que ha sido el Partido Popular.
Teresa Rodríguez (Podemos) ha alcanzado un
éxito relativo.
(Fuente: elmundo)

El PP ha conseguido el apoyo de 1.064.168 andaluces (26.76%), que le reportan 33 diputados. Frente a los comicios de 2012 ha perdido la impresionante cifra de medio millón de votos (frente a los 1.570.833 - 40.67% -) y 17 diputados. Esto supone un desplome monumental. Sin duda, el PP ha pagado el desgaste del Gobierno de Mariano Rajoy (subidas de impuestos, recortes en sanidad, educación y prestaciones sociales, aumento de la pobreza y la precariedad). Su candidato, Juan Manuel Moreno Bonilla, empezó la carrera siendo (casi) un perfecto desconocido para los ciudadanos andaluces. Personalmente, creo que ha desarrollado una buena campaña y su imagen pública ha mejorado considerablemente. Pero la debacle estaba servida y no hubo manera de revertirla.

Izquierda Unida, sumida a nivel nacional en una crisis grave de identidad y supervivencia, ha pagado en Andalucía, además, los errores del gobierno de coalición con el PSOE en el que participó. De los 12 diputados que tenía (438.372 votos, 11.35%), su presencia se ha visto reducida a 5 diputados (273.927 votos, 6.89%). Unos ciento sesenta y cinco mil votos han huido hacia otras formaciones, y han provocado que IU pasara de tercera fuerza a quinta y prácticamente residual.

Dos formaciones que no tenían presencia en el Parlamento de Andalucía han irrumpido en él, y con mucha fuerza.

Ciudadanos ha conseguido 9 diputados (368.988 votos, 9.28%), iniciando la que auguro que va a ser una impresionante carrera ascendente hacia las Generales de fin de año. Podría llegar a ser una tercera fuerza decisiva en la gobernabilidad a nivel nacional. Su talante moderado, pero enérgico en lo que se refiere a regeneración democrática, le acredita para esta posición. Es la opción evidente para los ciudadanos indignados pero que, a pesar de todo, son conscientes de que tienen muchas cosas que podrían perder. Veremos si el fuelle electoral y político les da para un crecimiento tan rápido.
Juan Marín (Ciudadanos), junto a su líder nacional,
Albert Rivera.
(Fuente: elmundo)

Pese a su impresionante resultado, el éxito de Podemos ha sido relativo. Como ya es habitual, su objetivo era ganar las elecciones y, evidentemente, no lo han conseguido. Y sus expectativas estaban por encima de los 20 diputados, y finalmente han obtenido 15 (590.011 votos, 14.84%). En próximas convocatorias podría arañar algún punto adicional (básicamente, fagocitando a Izquierda Unida). Pero creo que su techo electoral está claramente por debajo del 20% de los votos. Podemos parece la opción por defecto para aquellos ciudadanos que están convencidos de que no tienen nada que perder. Y este colectivo podría disminuir algo si la macroeconomía sigue mejorando como se prevé, y empieza a alcanzar el bolsillo de las familias y el empleo.

Mi impresión es que Podemos pasará a ocupar la posición dominante a la izquierda del PSOE, fundiéndose o reemplazando a Izquierda Unida. Con un techo electoral que estará más próximo del 15% que ha obtenido en Andalucía que del 20% que se podría llegar a suponer a partir de algunas encuestas.


Y ahora las lecturas más políticas y especulativas. El PP se ha desplomado en Andalucía, lo que anticipa las que, sin duda, serán las tendencias dominantes en las municipales y autonómicas y más tarde en las Generales. Su resultado es una censura explícita a Mariano Rajoy y a su Gobierno. Más de treinta años en la oposición en Andalucía, sin haber alcanzado nunca posiciones de gobierno es, ya, para hacérselo mirar.
Antonio Maíllo (IU), junto a su líder nacional, Alberto Garzón .
Caras serias en la noche electoral.
(Fuente: cuatro)

Rajoy todavía podría modificar el rumbo para moderar la debacle. Pero la falta de autocrítica que se observa en el PP y la tradicional abulia y laissez-faire del Presidente no auguran nada bueno para su formación. Es más que probable que Rajoy sea el primer Presidente de la democracia que no consiga revalidar su posición para una segunda legislatura.

A pesar de la ligera erosión de votos, Susana Díaz se refuerza como la figura de mayor poder e influencia en el seno del PSOE. Será, sin duda, Presidenta de Andalucía, y esta vez ratificada por las urnas. Pedro Sánchez tendrá que tener muy en cuenta sus opiniones, ya que no tiene margen para forzar una ruptura que podría acabar con su propia carrera política., apenas iniciada. Mantener sus 47 diputados supone que, a pesar de la erosión por la izquierda que ha sufrido con el ascenso de Podemos, el PSOE ha recuperado bastantes votos de los desengañados del PP. Los votos que entran por los que salen.

Izquierda Unida está pagando la pobre imagen que transmite a la ciudadanía. Su presencia, con varias consejerías, en el Gobierno de la Junta de Andalucía, le ha sumado, en la imaginería popular, a la llamada casta política. Sillones frente a programa es un arreglo por el que siempre se acaba pagando. Veremos si Alberto Garzón consigue enderezar el rumbo y capitalizar los nuevos votos de la izquierda que, por defecto, irán más bien al entorno de Podemos.

Ciudadanos, y su líder, Albert Rivera, han conseguido un importante triunfo. Los intentos del PP de desacreditarlo en base a su origen en Catalunya, donde, por cierto, viene desarrollando un nítido papel contra el secesionismo y en favor de la regeneración, fueron una torpeza política que le ha pasado una pesada factura al Partido Popular. La ciudadanía los percibe como una fuerza nueva en el ámbito del centro algo a la derecha, y su base social está en parte del electorado del PP, y también entre los más centristas de los votantes del PSOE. Su papel a nivel nacional será, sin ninguna duda, de gran relevancia en los próximos tiempos. En Andalucía va a tener una oportunidad que espero no desperdicie, de demostrar lo mucho que puede aportar a la escena política nacional.
Rosa Díez (UPyD), la gran perdedora en las elecciones
de Andalucía. Se queda fuera del Parlamento.
(Fuente: laredaccion)

Globalmente, es falaz, si no directamente falso, afirmar que ha muerto el bipartidismo. Un 62.19% de los andaluces han votado a uno de los dos grandes partidos nacionales. Esta posición creo que se va a deteriorar algo durante este año, y en las Generales podríamos ver un porcentaje varios puntos por debajo de este. Pero el nivel del 50% para la suma de votos de los dos grandes partidos es más que seguro para las próximas confrontaciones. En las Elecciones Generales, me atrevo a anticipar que esa suma estará ampliamente por encima del 55%. Sólo que habrá dos fuerzas con presencia importante (Ciudadanos y Podemos, cada una en el entorno del 15-20% de los votos) que marcarán el rumbo de las posibles alianzas y pactos.

Sospecho que este nuevo escenario podrá influir muy seriamente en un deterioro de la presencia de los partidos directamente nacionalistas (CiU, ERC, PNV,...) en el Congreso de los Diputados. Para el parlamento nacional, los ciudadanos van a preferir alinearse con cierta claridad en el eje tradicional derecha-centro-izquierda , más que reforzar los aspectos más específicos de los nacionalismos. Estos seguirán siendo muy importantes, sin embargo, en las elecciones autonómicas.

La radiografía del Congreso de los Diputados tras las próximas Generales podría ofrecer una presencia importante de cuatro fuerzas (con soportes populares en la línea 30-25-20-20), dejando un espacio inferior al 10% para otras fuerzas, incluyendo las nacionalistas.

En dos meses nos vamos a enfrentar a las elecciones municipales y autonómicas. Me parece que van a desaparecer la mayor parte de las situaciones de mayoría absoluta, y los pactos y alianzas serán las palabras del día después. En esa refriega, es más que probable que el PP pierda muchos de sus feudos actuales, erosionando su capilaridad de cara a las Elecciones Generales de fin de año.


Nos queda todavía mucho año electoral por delante. Pero, sin ninguna duda, el escenario político global ha cambiado de una forma muy importante que, además, no será reversible. Ya no es tiempo de mayorías absolutas, y sí de consensos y acuerdos.

Más análisis tras las elecciones de Mayo.

JMBA