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martes, 16 de julio de 2013

Excursión a Heidelberg

Ese sábado 23 de Marzo amaneció bastante soleado, aunque fresquito, en Frankfurt. Había previsto para ese día realizar una excursión en tren hasta Heidelberg (pop. 147.312), una ciudad bastante más pequeñita que Frankfurt (pop. 691.518). Heidelberg está situada unos 90 kilómetros al sur de Frankfurt.
Vista de la ciudad de Heidelberg, desde el Castillo.
(JMBigas, Marzo 2013)

Como en este viaje no llevaba coche, había reservado ida y vuelta en tren (EC = EuroCity) entre las dos ciudades. La primera sorpresa en la web, cuando compré los billetes, es que me dejaba comprar el billete para trenes a horas específicas sin reservar plaza. Es más, si quería reservar plaza, me cobraba unos pocos euros de suplemento. Pese a todo, para mayor tranquilidad, reservé plaza tanto en el tren de ida como en el de vuelta. Al final pagué 46€ por los billetes de ida y de vuelta, con sus correspondientes reservas.

A las ocho y pico de la mañana, me encaminé a la estación (que tenía a un par de minutos andando desde el hotel). La siguiente sorpresa fue que mi flamante EC (EuroCity) me pareció (casi) un tren del Oeste o, por lo menos, me recordó a los expresos españoles de los años 60 ó 70. Su recorrido se iniciaba en Frankfurt, pero luego seguía hacia Munich y Austria. Mi vagón era, en realidad, de los Ferrocarriles Austríacos, y consistía en departamentos de seis asientos con un pasillo a lo largo del lateral del coche.
Eurocity en la estación de Frankfurt HBF, antes de partir
hacia Heidelberg (Munich, Austria,...).
(JMBigas, Marzo 2013)

Como muchos viajeros tenían billete, pero no reserva, en la puerta de cada departamento había un casillero donde alguien se había preocupado de colocar notitas indicando los trayectos para los que estaba reservado cada asiento.

Encontré mi asiento sin problema. En mi departamento, junto a la ventanilla, ya estaban instaladas una madre y una hija de dos o tres años, rubita de ojos azules y preciosa, que creo (por las notitas de la puerta) que iban hacia Munich.

Tanto en Frankfurt como en las paradas que realizó el tren antes de llegar a Heidelberg, se vieron las clásicas escenas que se producen en trenes sin reserva obligatoria: parejas y familias enteras con equipajes voluminosos, que ocupan temporalmente el espacio de un departamento (para no bloquear el pasillo) mientras alguno de los miembros del grupo se recorre el coche y los aledaños, buscando algunos asientos convenientes que no estén reservados. Los gritos de "aquí, aquí, venid aquí delante que hay sitio" (en alemán y otros idiomas) se volvieron compañeros habituales del viaje.
Cabina moderna en el Molkenkurbahn.
(JMBigas, Marzo 2013)


El trayecto no duró más de 50 minutos. Hacia las nueve y cuarto llegamos a Heidelberg HBF, y me bajé del tren. A diferencia de Frankfurt, la mañana estaba nublada y directamente fría. La estación central de Heidelberg está un poquito retirada del centro histórico de la ciudad, por lo que había previsto coger un autobús o tranvía hasta la zona del Kornmarkt, para empezar tomando el funicular hasta la cumbre de la montaña.

Para evitarme problemas con el transporte público, compré, en lo que parecía una parada de tranvía frente a la estación, un billete para todo el día (Tageskarte Erwachsene) por 6€, que me daba derecho a todos los viajes que necesitara, sin preocuparme de más.

Por la información y los mapas que me había descargado previamente desde la web del transporte público de Heidelberg, sabía que debía tomar el 33 hasta la parada de Rathaus/Bergbahn. Me aposté en la presunta parada de tranvía, hasta que llegó un autobús con el número 33, y monté en él sin más. Tras un trayecto relativamente largo por la ciudad, me apeé como tenía previsto, en las proximidades del Kornmarkt y frente a la entrada a la estación inferior del funicular.
Mirador en la cumbre de Königstuhl.
(JMBigas, Marzo 2013)

La ciudad de Heidelberg se extiende a las orillas del río Neckar, a solamente un centenar de metros sobre el nivel del mar. 

El funicular (Bergbahn = ferrocarril de montaña) es histórico, pues su primera edición se inauguró en 1890. Tiene dos tramos diferenciados, por lo que a menudo se les llama de modo diferente (Molkenkurbahn el tramo inferior; Königstuhlbahn el tramo superior). En total, tiene cuatro estaciones. La segunda es la que permite subir con comodidad hasta el castillo (Schloss) que domina la ciudad. La estación inferior (Kornmarkt) está a 113,2m s.n.m., mientras que la del castillo está unos ochenta metros por encima, a 192m s.n.m. El funicular para en esa estación (tanto a la subida como a la bajada), y sigue camino hasta la siguiente estación, la de Molkenkur, a 289,3m. s.n.m., es decir, un centenar de metros por encima del Castillo. Esta parada es el final del tramo inferior, que fue completamente restaurado en 2005, por lo que las cabinas son de apariencia moderna y muy confortables.
Maquinaria del funicular histórico, visible junto a la
estación de Königstuhl.
(JMBigas, Marzo 2013)

El tramo superior sigue manteniendo la misma apariencia histórica que tenía en 1907, cuando se evolucionó al clásico sistema de tracción eléctrica (en lugar del inicial método hidráulico de 1890). Aunque las cabinas se rehicieron en 2005, siguen manteniendo el mismo diseño en madera del original. Este tramo permite subir desde Molkenkur hasta Königstuhl (Sillón del Rey) a 549.8m s.n.m., es decir, a casi 450 metros por encima del nivel de la ciudad y el río.

Compré un billete de ida y vuelta hasta Königstuhl, por 12€. Subí primero hasta Molkenkur en el funicular moderno, y allí transbordé al histórico para seguir el camino hasta la cumbre. Si abajo en la ciudad la mañana estaba muy fría, en la cumbre estaba directamente gélida. Además, una cierta neblina dificultaba tener unas buenas vistas de Heidelberg, ya que parecía que la ciudad estuviera empañada.
Look de protección polar, en lo alto de Königstuhl.
(JMBigas, Marzo 2013)

En los amplios bolsillos de la parka que llevaba tenía guardado el kit de frío, del que tuve que tirar por necesidad: guantes, bufanda y gorro cubreorejas. Así conseguí sobrevivir a una temperatura próxima a los cero grados, con bastante viento helado. Un entorno que no me esperaba para los primeros días de la primavera.

Junto a la estación de Königstuhl hay un mirador desde el que se domina la ciudad y el río Neckar. Y también es posible acceder a una zona desde la que se puede ver la maquinaria del funicular, en funcionamiento real. Podéis verlo en un vídeo que tomé en la zona: resulta bastante aleccionador.

También hay alguna edificación por encima de la estación (no sé si hay un albergue o algo así) y multitud de caminos y senderos, utilizados tanto por caminantes como por ciclistas para hacer ejercicio por la montaña.
Preparando el cruce de las cabinas de madera del
Königstuhlbahn.
(JMBigas, Marzo 2013)

Coincidí en el mirador con un par de chicas que también estaban peladitas de frío (menos mal: no era un problema sólo mío), y conseguí que me hicieran una foto para inmortalizar el look de protección polar.

El tramo superior funciona con una frecuencia aproximada de 20 minutos. Bajé de nuevo hacia Molkenkur en el segundo funicular que salió, por lo que colijo que estuve en la cumbre, aproximadamente, unos 40 minutos.

Junto a la estación de Molkenkur hay una terracita con vistas sobre la ciudad y el río, y un modesto barecito con dos o tres mesas en el exterior que estaban esa mañana, por supuestísimo, absolutamente desiertas.

Tomé de nuevo el funicular moderno, y me apeé en la estación Schloss, para visitar el Castillo. El Castillo, realmente, es una semiruina, con algunas zonas salvaguardadas y otras en total decadencia. Sin embargo, se trata de la estructura renacentista más importante al norte de los Alpes. Desde 1214 en que se tiene la primera noticia de un castillo en ese emplazamiento, ha sufrido toda clase de desgracias, entre las que destacan los rayos, los incendios y las destrucciones deliberadas como táctica bélica. A lo largo de la historia, se ha destruido y reconstruido infinidad de veces.
Complejo del Schloss (Castillo) de Heidelberg.
(JMBigas, Marzo 2013)

La restauración de ciertas partes realizada a finales del siglo XIX, ha convertido el Castillo de Heidelberg en una de las principales atracciones turísticas de la ciudad. Su singularidad, el hecho de que desde alguna de sus terrazas se domina la ciudad y que dispone de una capilla restaurada y un comedor interior, ha provocado que sea habitualmente el escenario de hasta 100 celebraciones de boda por año. El sábado de mi visita, por supuesto, pude ver el cortejo completo, incluidos los contrayentes, de una boda.

A pesar de los escasos 80 metros de altura, se tienen desde el Castillo unas buenas vistas de la ciudad vieja (Altstadt) y el río, incluso en días nublados o neblinosos, como era el caso ese sábado.

Una zona interior, donde hay algunos toneles de vino enormes y uno directamente gigante, al que se puede subir por una escalera que recorre su parte exterior hasta un balconcito directamente encima, está habilitada para celebraciones de todo tipo. Ese sábado, en la zona del comedor, estaban agasajando a toda una expedición de japoneses, con los diversos vinos de la zona. En un mostrador específico, el mesonero ofrecía vino caliente como reclamo estrella (bastante asqueroso, pero reconfortante en ese clima helado) y algunas cosas para comer, como bocadillos de salchicha o pretzels. Tomé los sorbos que aguanté de vino caliente y un bocata de bockwurst bastante sabroso, como tentempié de mediodía.
Iglesia del Espíritu Santo, con puestos de mercado.
(JMBigas, Marzo 2013)

Tras una rato por la zona, tomé de nuevo el funicular, para bajar al nivel de la ciudad, en la estación de Kornmarkt. Allí inicié un paseo por toda la parte antigua de la ciudad, protegiéndome del frío como pude. En el centro de la Plaza del Mercado está la Iglesia del Espíritu Santo (Heilig Geist Kirche), que ese sábado por la mañana servía de respaldo a diversos puestos del mercado ambulante. Paseé por todo el eje de la calle Mayor (Hauptstrasse), que discurre paralela al río. Me acerqué hasta el Neckar por la zona del puente (brücke) Karl-Theodor (conocido habitualmente como Puente Viejo o Alte Brücke), con sus características dos torres blancas de acceso.

Había reservado un tren de vuelta a Frankfurt para un poco antes de las tres de la tarde. Si no fuera por el frío agudo, a gusto me hubiera quedado a pasar la tarde callejeando por Heidelberg.
Karl-Theodor Brücke (Alte Brücke), cruzando el
río Neckar.
(JMBigas, Marzo 2013)

En la zona comercial de Bismarckplatz tomé de nuevo un autobús hacia la Estación Central (HBF = HauptBahnHof). Allí, esperando el tren en un andén al aire libre (eso sí, con su correspondiente zona delimitada para fumadores), intenté esquivar el frío como pude. El tren resultó ser más moderno que el de la ida, de nave corrida con un pasillo central. Para las cuatro menos cuarto estaba de vuelta en Frankfurt, cansadito de una mañana movida y calado de frío, que también se había agudizado allí, desde la mañana fresquita que había abandonado a primera hora.

En resumen, Heidelberg es una ciudad pequeñita (por lo menos su parte central), que a veces parece salida de un cuento de hadas. Importante centro universitario, el visitante haría bien en dedicarle, por lo menos, un día entero. O, incluso mejor, alojarse en alguno de sus múltiples hoteles y realizar, en su caso, la excursión de un día a Frankfurt, que tiene menor atractivo turístico, a pesar de su mayor tamaño.

Es decir, justo lo contrario de lo que esta vez hice yo.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa de 46 fotografías (geoposicionadas y comentadas), pinchando en la vista de la ciudad.

Excursión a Heidelberg


JMBA

jueves, 7 de julio de 2011

Montserrat, un enclave privilegiado

De niño había estado algunas veces en lo alto de Montserrat, pero de eso puede que haga hasta cuarenta años. Este lunes, como una etapa en un viaje de vuelta desde Barcelona a Madrid, tuve ocasión de realizar una corta visita a la Montserrat del siglo XXI.
Vista del complejo del Monasterio desde lo alto del
Funicular de Sant Joan
(JMBigas, Julio 2011)

Desde Barcelona se puede viajar en la línea de Cercanías hasta la estación de Monistrol de Montserrat (a 152m. de altura s.n.m.), donde se enlaza con el ferrocarril de cremallera que sube hasta la zona del Monasterio. Viajando en automóvil, la mejor opción actualmente es llegar hasta la estación de Monistrol-Vila del Ferrocarril de Cremallera, donde existe un gigantesco parking gratuito para 1.000 turismos y hasta 70 autocares. Allí se toma el ferrocarril de cremallera, que te sube hasta el monasterio (en torno a los 700m. de altura s.n.m.) en unos 13 minutos.

Existen otras formas de subir hasta el Monasterio. Existe el Teleférico de Montserrat (popularmente conocido como el Aéreo) que tiene su estación inferior a la entrada del pueblo de Monistrol de Montserrat (con parking abundante en un descampado) y la estación superior algo por debajo del nivel de la Plaça de la Creu, a donde llega el Cremallera. Obliga, pues, a remontar a pie un último repecho.

Por supuesto se puede subir a pie, como han venido haciendo desde tiempos lejanos tanto peregrinos como excursionistas. Supongo que también se podrá subir en helicóptero, pero este método está fuera de las posibilidades reales de la mayoría de visitantes.
Tren de cremallera, en la estación de Montserrat
(JMBigas, Julio 2011)

Existe una carretera para subir en coche hasta el Monasterio; de hecho, de niño, siempre habíamos subido en coche. Pero actualmente el problema es que el espacio disponible para aparcamiento es muy limitado (y de pago) y no queda otro remedio que dar la vuelta hacia abajo si está completo. De hecho, a la entrada del pueblo de Monistrol hay un indicador luminoso con la información de disponibilidad de aparcamiento tanto en el llamado P1 (en Monistrol-Vila, junto a la estación del cremallera, gratuito) como en el P2 (zona del monasterio, de pago). Esta información debería evitar recorridos inútiles.

Este lunes llegué al parking P1 en torno a las diez y cuarto de la mañana, y aparqué allí mi coche. Compré un billete combinado (el Cremallera ida y vuelta, más los dos funiculares en funcionamiento en la zona del monasterio) y vi a algún autocar depositando turistas en la estación, que venían a realizar la visita de rigor.

En las temporadas altas y períodos de pico de visitantes, hay un tren que sube al Monasterio cada veinte minutos, con capacidad para unas 300 personas. A las once menos diez llegué a la Plaça de la Creu, al pie del Monasterio. A lo largo de todo el camino hasta la zona de aparcamientos de autocares y turismos (unos cientos de metros), se bordea una terraza con vistas espectaculares de la montaña y los valles desde donde hemos subido con el cremallera.

Cuenta la leyenda que en el año 880 unos niños encontraron una imagen de la Virgen en una cueva (la que hoy se venera como Santa Cova o Cueva Santa). Al ser imposible el traslado de la imagen, se interpretó que la Virgen quería quedarse donde se la había encontrado, y se construyó la primera ermita, que fue el embrión del actual Monasterio y Abadía. La construcción de todo el conjunto tal y como lo podemos ver hoy ha sido la obra de muchos siglos. En el Monasterio, podemos ver un claustro gótico que data del siglo XV, y también muchas obras arquitecturales y escultóricas de los siglos XIX y especialmente del XX. Todos los medios mecánicos (cremallera, teleférico, funiculares) datan de principios del siglo XX, aunque han sido recientemente renovados casi en su totalidad.
El complejo del Monasterio, adosado a la montaña
(JMbigas, Julio 2011)

Dispersas por diversas zonas de la montaña quedan recintos eremíticos y ermitas de tiempos pasados, a los que se puede acceder mediante rutas a pie de diversa duración y dificultad.

Al margen de interpretaciones religiosas y políticas (de hecho, Montserrat jugó un papel importante como promotor de algunas libertades en la etapa del franquismo, y siempre ha sido un referente para el catalanismo militante), para mí el auténtico espectáculo es la montaña misma, el dramatismo de muchas peñas cortadas como a cuchillo, y las maravillosas vistas que se tienen de los valles que discurren más de 500 metros por debajo del nivel del Monasterio.


(Breve vídeo con el cruce de los dos trenes del Funicular de Sant Joan).

Desde este punto de vista, una excursión imprescindible es la subida a Sant Joan. Para la gente normal existe un funicular que sube la empinada montaña, unos 300 metros por encima del Monasterio, aunque supongo que se podrá subir también a pie para los atléticos en muy buena forma. Para los senderistas no salvajes, desde la estación superior del funicular se pueden realizar diversas excursiones a pie (entre 20 minutos y algo más de una hora) que permiten visitar algunas de las ermitas dispersas por la montaña.

En el piso superior de la estación del funicular está la llamada Aula de la Natura, que dispone de una magnífica terraza desde la que se domina todo el complejo del Monasterio. Se pueden tomar desde ahí excelentes fotografías de todo el conjunto.

La estación inferior está muy cerca de la estación del Cremallera, y al lado también de la estación del otro funicular, el llamado de la Santa Cova. Este no pude tomarlo porque resulta que hacen una pausa almuerzo al mediodía (de una a dos), que era justamente el tiempo que yo tenía disponible, para no retrasarme demasiado en la continuación de mi viaje hacia Madrid. Este funicular desciende 118 metros, y desde la estación inferior se puede seguir un camino serpenteante hasta la Cueva Santa, orillado por el llamado Rosario Monumental, con obras de los principales artistas del Modernismo del siglo XIX.
Patio porticado entre las dos fachadas del Monasterio
(JMBigas, Julio 2011)

Desde la zona de la Plaça de la Creu (al nivel de la estación del cremallera) se puede subir hasta la Plaza de Santa María (el acceso al edificio del Monasterio) bien mediante unas escaleras (cuatro tramos de una docena de escalones cada uno), o siguiendo el camino en rampa por la Plaça de l'Abat Oliba.

Actualmente la Plaza de Santa María está en obras para su remodelación, y el rincón con el claustro gótico del siglo XV no es accesible por el mismo motivo.

El Monasterio tiene dos fachadas, una detrás de otra. La primera, la moderna, da a la Plaza de Santa María. Pasada esta, se accede a la fachada original a través de un patio porticado, donde parece existir una cierta tradición de descalzarse y elevar una plegaria desde su centro. Es posible desfilar por el camarín de la Virgen, pero siempre acostumbra a haber unas colas (a la derecha de la entrada) que suponen esperas de cierta importancia.

Uno de los detalles más interesantes del interior de la Basílica es su monumental órgano. Es famosa asimismo la Escolanía de voces blancas de Montserrat.

Todo el conjunto está perfectamente preparado para acoger todos los días a varios miles de viajeros. Para un visitante de Barcelona, la excursión a Montserrat le tomará prácticamente el día entero. Este lunes (eso sí, de principios de Julio) no había aglomeraciones pero sí mucha gente, especialmente a medida que pasaban las horas. Monistrol está a unos 50 Km. de Barcelona, y el cremallera recorre algo más de 5Km (con un desnivel de más de 500 metros) hasta lo alto de la montaña.

Hay restaurantes, cafetería, autoservicio y posiblemente la mayor tienda de recuerdos que nunca he visto en ningún lugar del mundo de parecidas características. Tiene varias secciones diferenciadas (souvenirs y recuerdos estándares; objetos de cerámica, algunos incluso de bastante buen gusto; perfumes y productos de la tierra; comestibles en las formas más típicas de Catalunya; objetos religiosos;...) aunque donde se acumulaba el público era en la zona de degustación de los diversos licores que se elaboran ahí (de los que el más conocido es un licor de hierbas llamado Aromas de Montserrat).
Fachada original del Monasterio
(JMBigas, Julio 2011)

En la Plaça de l'Abat Oliba, un poco más arriba, hay también un bar y una tienda de comestibles para el suministro de los excursionistas.

Ahí terminó mi breve excursión a Montserrat, entre otras cosas porque empezó a llover, tras ponerse el cielo, en el rincón de la montaña, negro cual sotana de cura. Pasaron algo más de tres horas y media desde que dejé el coche hasta que lo recogí en el aparcamiento junto a la estación de Monistrol-Vila.


(Vídeo de menos de dos minutos con el descenso y cruce del ferrocarril de cremallera)

De ahí seguí mi camino hacia Madrid, con algunos incidentes que retrasaron mi llegada. Un camión volcó y se incendió cerca de La Panadella, y la circulación estuvo parada muchos minutos, y luego tuvimos que circular muy lentamente por un desvío de la autovía. Y casi la totalidad de la autovía entre Zaragoza y Madrid está actualmente en obras, con frecuentes tramos de circulación por un solo carril, cambiando de calzada, y con eslálons de todo tipo. 

Lector, si se da el caso de que estés en Barcelona y dispongas de un día libre, no dejes de visitar Montserrat. No ya (sólo) por lo que pueda significar (a nivel religioso o político) sino por lo que es: un enclave privilegiado en medio de una montaña singular, muy bien preparado para acoger visitantes. Y si crees que te vendrían bien unos días de reflexión en lo alto de la sierra, también dispones de alojamiento (en el hotel o en las celdas del monasterio).

Hay mucha información disponible en la web sobre Montserrat: la propia web de la Abadía, o la preparada para realizar reservas de alojamiento o de visitas guiadas. La Wikipedia cuenta la historia tanto del Monasterio como de la Virgen (la Moreneta). Y os he preparado también una colección de 33 fotografías de mi visita.

JMBA

sábado, 7 de agosto de 2010

Montjuïc

Montjuïc es la segunda gran atalaya para poder ver Barcelona (casi) desde el aire. Junto con el Tibidabo, claro.

Montjuïc (o Montjuich, como habitualmente se ha venido escribiendo en castellano) es una montaña junto al mar, donde hay muchos equipamientos públicos (Palau Sant Jordi, Piscinas, Estadio Olímpico, Cementerio del Sudoeste, etc. etc.).

En su cima está el Castell de Montjuïc, auténtica fortaleza costera para defender la ciudad de ataques marítimos. Desgraciadamente, el Castell ha jugado un papel más bien negro en la historia de la ciudad, y la fortaleza construida para defenderla, a menudo fue utilizada más bien para lo contrario. Por todo ello, el Castell (que hoy en día ya no es una instalación militar, sino que está a disposición del Ayuntamiento) es una patata caliente, cuyo uso futuro todavía no está claro. En el ánimo de muchos políticos seguramente está la opción de simplemente demolerlo, pero eso no se puede hacer. Y hay proyectos diversos a debate, para definir su uso futuro como equipamiento para el ciudadano.

A diferencia del Tibidabo (relativamente alejado del mar), desde Montjuïc se tiene una visión privilegiada de la fachada marítima de Barcelona, incluyendo todas las instalaciones portuarias, así como hasta el Port Olímpic, algo más alejado.

El acceso a Montjuïc se puede realizar por medios públicos (y así lo hice yo el domingo 25 de Julio de 2010; fecha de la colección de fotografías que os regalo). En Metro se llega a la estación de Paral.lel (líneas 2 ó 3), y allí se enlaza directamente con el Funicular de Montjuïc (sin pagar de nuevo, si se tiene un billete validado de Metro).

El Funicular sube hasta la mitad de la montaña. Junto a su estación superior está la estación inferior del Teleférico de Montjuïc, que remonta al visitante hasta las murallas del Castell. El precio del billete de Adulto para el Teleférico (de subida y bajada) es de 9€.

Hay una estación intermedia del Telefèric (sólo accesible en el sentido de descenso) que deja al visitante junto a los Jardines Joan Brossa y el Monumento a la Sardana, donde hay otro excelente Mirador.

La subida a Montjuïc debería formar parte de los deberes de cualquier turista en Barcelona, al igual que la subida al Tibidabo.


(Pinchad en la fotografía, y accederéis a una colección de 36 imágenes de esta excursión, que reside en el servicio Google PicasaWeb).

Los que hayáis visitado Barcelona, pero no Montjuïc, anotaos falta, y corregidlo en cuanto podáis. Los que no conozcáis todavía Barcelona, anotaos Montjuïc como una excursión obligatoria, para cuando tengáis ocasión de estar allí.

¡¡¡Que lo disfrutéis!!!

JMBA

jueves, 5 de agosto de 2010

Tibidabo

Deberían implantar un control de salida en el Aeropuerto de Barcelona, para evitar que ningún visitante se vaya de la ciudad sin haber visitado, al menos, una de sus dos atalayas: el Tibidabo y Montjuïc.

En la cima del Tibidabo (que forma parte de la Serra de Collserola) hay un Parque de Atracciones muy tradicional, así como el Templo Expiatorio del Tibidabo. En un edificio relativamente antiguo de la cima, recientemente se ha inaugurado el lujosísimo Hotel Florida.

A la cima del Tibidabo se puede acceder en vehículo privado (y utilizar el aparcamiento de pago), o bien hacerlo mediante medios públicos.

En este caso, el ascenso empieza en la parada del Tramvia Blau (Tranvía Azul), situada frente al edificio de La Rotonda, en las confluencias del Passeig de Sant Gervasi y la Avinguda del Tibidabo. Hay numerosos autobuses que tienen parada cercana, y cruzando el Passeig de Sant Gervasi está la estación de los Ferrocarrils de la Generalitat (integrados con el Metro de Barcelona en cuanto a tarificación) de Avinguda del Tibidabo.

Con el Tramvia Blau (4,10€ cuesta el billete de subida y bajada) se realiza todo el ascenso de la Avenida del Tibidado hasta la Plaza del Doctor Andreu, donde está la estación inferior del Funicular del Tibidabo. Con el Funicular se accede a la plaza central de la cima del Tibidabo, frente al Templo Expiatorio y junto a la entrada al Parque de Atracciones. El precio del billete es de 4€ (subida y bajada; única opción disponible).

Existe un medio alternativo de acceso, mediante el Funicular de Vallvidrera y un pequeño autobús de barrio.

Desde la cima, donde hay varios Miradores muy bien preparados para ello, en días claros (las fotos fueron tomadas el sábado 24 de Julio de 2010) se domina toda la ciudad y los alrededores. Las vistas son impresionantes, y permiten abrazar Barcelona de una sola mirada.


(Pinchad en la foto, y accederéis a la colección completa de cuarenta y siete fotografías, almacenadas como un álbum Google Picasa Web).

¡¡¡Que lo disfrutéis!!!

JMBA