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miércoles, 2 de enero de 2013

Singapur 1987

Para el verano de 1987 teníamos ya prácticamente apalabrado un viaje organizado a Extremo Oriente, que incluía estancias en Hong Kong, Bangkok y Singapur (y quizá algún lugar más, ya no lo recuerdo). La Agencia de Viajes con la que habíamos hecho el trato, de plena confianza de mi padre, entró en problemas financieros, y cesó su actividad solamente un par de semanas antes de la fecha estimada de nuestra partida.
Bahía de Singapur desde el mirador del Mount Faber.
(JMBigas, Agosto 1987)

A toda prisa iniciamos las gestiones con otra agencia de mayor solvencia para no tener que quedarnos obligadamente en casa durante las vacaciones de Agosto. Con las prisas, tuvimos que acogernos a lo que nos ofrecieron: un par de semanas de viaje (organizado, pero no en grupo), con estancias en Hong Kong primero, luego Kuala Lumpur (mucho antes de que las Torres Petronas pusieran a la capital malaya en el mapa), para seguir en Bangkok (más al Norte) y terminando en Singapur (mucho más al sur, prácticamente sobre el propio Ecuador). No teníamos tiempo para mayores refinamientos, y aceptamos la propuesta en zigzag que nos habían hecho.
Skyline de Singapur, desde el Mount Faber.
(JMBigas, Agosto 1987)

Volamos desde Zurich en un Jumbo de Swissair (una compañía varias veces desaparecida desde entonces), que era mixto de pasaje y carga. Su destino final era Seúl, y antes de Hong Kong hicimos una escala en Mumbai (el Bombay de toda la vida). Ya tuve ocasión de comentar algunas anécdotas de Hong Kong, a la sazón todavía colonia británica) en otro artículo.

Llegando a Kuala Lumpur, en vuelo desde Hong Kong, a los ciudadanos malayos les revisaban en la Aduana hasta el forrillo de los gayumbos, en busca de las gangas electrónicas que hubieran podido comprarse en HK, y que intentaba introducir en el país de tapadillo. Nos sorprendió de KL la brillantez y extremada limpieza de algunos edificios públicos, como la Mezquita Nacional (de mármoles que brillaban como espejos) o la propia Estación Central de Ferrocarril. Y también el lujo asiático del Kuala Lumpur Hilton, que tenía en el lobby (enorme) una mesa redonda de cristal de no menos de cinco o seis metros de diámetro, sobre la cual amanecía cada mañana un centro nuevo de flores frescas de dos o tres metros de anchura.
Puerto de Singapur.
(JMBigas, Agosto 1987)

Volamos hacia Bangkok en un avión de Malaysian. Estuvimos alojados en el Hotel Dusit Thani que, por la época, era de lo más lujoso de la ciudad. Visitamos innumerables templos, principalmente budistas, algún mercado flotante, y también los inevitables espectáculos con elefantes y los bailes folklóricos typical Thai para turistas. En Bangkok aprendí los rudimentos del regateo, que es un arte, pero tienen unas reglas bien precisas. Cuando se ofrece un precio (aunque nos parezca ridículo frente a lo que pide el vendedor)  significa que por ese precio estamos dispuestos a comprar el producto. Así me vi yo en posesión de un acordeón de postales (que no quería para nada), cuando le ofrecí cinco baths a un niño que me pedía cincuenta. Me aceptó el precio y no tuve más remedio que comprarle las postales.
Skyline de Singapur, desde la bahía.
(JMBigas, Agosto 1987)

La última etapa del viaje fue Singapur. Singapur (de Singha - león - y Pura - ciudad -) es una ciudad-estado que ocupa una isla mayor en el extremo de la península malaya, y varias islas menores. En total, unos 700 kilómetros cuadrados, densamente poblados por casi cinco millones de habitantes. Al Norte, el estrecho de Johor lo separa de Malasia, mientras que al Sur, el Estrecho de Singapur lo separa de Indonesia. Al oeste está la inmensa isla de Sumatra (parte de Indonesia), mientras que al este reposa la no menos enorme isla de Borneo (la mayor parte indonesia, pero también hay ahí dos estados - Sabah y Sarawak - de Malasia, así como el fastuoso sultanato de Brunei).
Una de las islas en la bahía de Singapur.
(JMBigas, Agosto 1987)

De pasado ajetreadamente colonial británico (ligado bastante estrechamente a India y, en especial, a Bengala) Singapur se integró en la Federación de Malasia, dentro del proceso de descolonización de la zona, en 1963. Pero severas diferencias llevaron a acordar la secesión de la República de Singapur el 9 de Agosto de 1965. En otras palabras, Singapur es ocho años más joven que yo mismo.

Singapur se ha convertido en un crisol de culturas de la zona, de lo que es buena ilustración que hay hasta cuatro idiomas oficiales (inglés, chino mandarín, malayo y tamil). En estos veinticinco años desde que pudimos visitarlos, la mayoría de países de la región han vivido un desarrollo vertiginoso, especialmente tras la severísima crisis económica de los 90. Singapur forma parte de los llamados Tigres de Asia
Embarcadero de Kusu Island.
(JMBigas, Agosto 1987)

Nuestra estancia en 1987 no duró más allá de dos o tres días. Nos alojamos, creo recordar, en el Hotel Dynasty, por Orchard Road. Un hotel en forma de esbelta torre, con unas treinta plantas de altura y una sección vagamente circular, rematada como una pagoda. En la última planta había un bar restaurante con hermosas vistas de toda la ciudad.

Llegamos, desde Bangkok, al aeropuerto de Changi, donde nos esperaban para facilitarnos el traslado hasta el hotel. La carretera desde el aeropuerto hasta la ciudad parecía en la época una via rural, flanqueada de árboles. Sospecho que nada tendrá que ver su apariencia actual con esa imagen.
Skyline de Singapur, desde la playa de una de las islas.
(JMBigas, Agosto 1987)

Durante la estancia, solamente teníamos contratada una breve visita a la ciudad. Una guía hispana de larguísima melena nos recogió en el hotel en un coche privado con chófer, y subimos al Mount Faber, que es el mirador natural más conocido de Singapur (por otra parte, casi totalmente llano). Existe un teleférico que une el Paseo Marítimo (Harbourfront) con el Mount Faber y la isla de Sentosa (una de las mayores del archipiélago, dedicada en las últimas décadas al desarrollo turístico y de ocio). En los años 90 se renovaron por completo las góndolas del teleférico, por lo que en la actualidad todas ellas son panorámicas y muy confortables, algunas incluso con el suelo de cristal transparente, y hay una lujosamente decorada con cristales de Swarovsky, para trayectos muy especiales.
Una de las torres del teleférico Harbourfront -
Mount Faber - Sentosa Island.
(JMBigas, Agosto 1987)

Tuvimos ocasión de realizar un trayecto marítimo por toda la bahía de Singapur, con parada en alguna de las islas, que tienen maravillosas playas de arena blanca. Recuerdo, por ejemplo, la Kusu Island, desde donde tuvimos una maravillosa panorámica del skyline del Singapur 87. El puerto de Singapur, enorme y muy bien resguardado, es actualmente el más activo del mundo en cuanto a tonelaje total, y sólo recientemente (en 2005) fue superado por el de Shanghai en el volumen de contenedores de mercancías. Para un país como Singapur, el tráfico marítimo es de vital importancia, tanto para el avituallamiento de todo tipo de materias primas y víveres, como para la salida de productos manufacturados hacia los mercados de todo el mundo.
Bailes folklóricos en un espectáculo típico
(para turistas)
(JMBigas, Agosto 1987)

Una mañana, saliendo del hotel, serían las diez, nos metimos en una tienda, propiedad de un indostánico, donde vendían toda clase de cámaras fotográficas y similar. Situémonos en el año 1987. Yo compré mi primera cámara fotográfica compacta (de carrete, por supuesto) en Hong Kong, al inicio de ese mismo viaje. Y mi padre tenía cierto interés en comprarse una para él. Después de ver muchas y negociar algunos precios, no llegamos a un acuerdo y salimos de la tienda. El dueño salió a perseguirnos a la calle y nos dijo que, como habíamos sido los primeros clientes del día en entrar a su comercio, le traeríamos muy mala suerte durante toda la jornada si nos íbamos sin comprarle nada. No recuerdo bien si al final le compramos algo o no, y cuál sería su suerte para el resto del día.

Por la noche asistimos a uno de esos inefables espectáculos typical typical repletos de turistas, donde se intentan transmitir (con suerte desigual) las esencias folklóricas y culturales de cada país. Esta vez el espectáculo fue en el Raffles Hotel, de estilo inequívocamente británico y colonial. Para el recuerdo quedó una fotografía con algunos de los artistas.
Foto con los artistas del espectáculo del Raffles Hotel.
(JBigas, Agosto 1987)

Desde Singapur, otro Jumbo de Swissair nos devolvió a Europa (Zurich), con nueva escala en Bombay. Esas escalas son, hasta el momento, mi única experiencia directa, y no muy placentera, con India. Mi padre volvió con una tortícolis de caballo, provocada por los salvajes saltos térmicos que imponen los aires acondicionados utilizados para combatir los rigores tropicales y ecuatoriales.

Del viaje me han quedado algunas fotografías de calidad bastante mediocre. Una vez escaneadas y mejoradas digitalmente en lo posible, he seleccionado una decena de Singapur para ilustrar este artículo. Conviene tener en cuenta que, por esa época, descubrimos en el Extremo Oriente los servicios rápidos de revelado fotográfico, todavía desconocidos en España. De precio, además, muy económico para los patrones del momento, la gran mayoría de carretes que gastamos durante el viaje, los revelamos y sacamos las copias sobre el propio terreno. Me temo que también sacrificamos algo de su (posible) calidad. Disculpad, pues, la mediocridad de las fotos que acompañan a este artículo, y entendedlas como testimonio de una época ya (sobre)pasada.   
Un souvenir de Singapur: el Merlion o pez-león, tallado en
una densa y pesada madera tropical.
(JMBigas, Enero 2013)


* * *

Recordaba hoy Singapur porque una de mis sobrinas, de 20 años, está instalándose estos días allí para disfrutar de un cuatrimestre de intercambio académico en la Singapur Management University. Lo que está viendo, viviendo y descubriendo hoy allí, en muy poco se parece a lo que pudimos ver hace veinticinco años.

JMBA

sábado, 14 de agosto de 2010

Fronteras

Las Fronteras son diques o presas que se sitúan donde terminan unos países y empiezan otros, que separan territorios a menudo muy similares, pero regidos de diferente modo. Si hay pocas diferencias a ambos lados (del tipo que sean), entonces la frontera es plácida y, posiblemente, acabe desapareciendo. Porque no habrá ni oleaje.

(Zona fronteriza de Melilla con Marruecos. Fuente: EuropaPress, extraída de http://ecodiario.eleconomista.es).

Pero si hay muchas diferencias entre ambos lados (de nivel de vida, de precio de las cosas, de disponibilidad de productos, de derechos y libertades, de regímenes fiscales...), entonces las fronteras tienden a reproducirse a sí mismas y a crecer y a desarrollar su capacidad de filtrado. Y a endurecer su capacidad represora.

En los ochenta, crucé una vez la frontera entre Francia y Bélgica por carretera (no por la Autopista). Iba con un amigo a visitar a otro amigo que trabajaba en Holanda, y habíamos comprado un pack de 3 botellas de vino barato francés (de estudiantes, el tema no daba para más lujos). Como posiblemente éramos el único coche no francés o belga que cruzó por ahí ese día, nos ganamos la atención de un aduanero en vísperas de la jubilación, que quiso ser el héroe ese día. Nos preguntó si teníamos algo que declarar y le dijimos que no. Al abrir el maletero y descubrir el pack de tres botellas de vino, el hombre vió reafirmada su desconfianza. Y acabó abriendo la garrafa de refrigerante del coche, y probar su contenido, para asegurarse de que no éramos finalmente traficantes internacionales de alcohol. Todo quedó en una anécdota.

(Gigantescas instalaciones de la Frontera entre Estados Unidos y México en Tijuana. Extraída de Google Earth). 

A mediados de los noventa tuve ocasión de realizar (con un amigo) un recorrido en coche alquilado por el Oeste de Estados Unidos. Estando en San Diego, decidimos ir a pasar el día a Tijuana (Baja California Norte, México). Teníamos visado de turista para Estados Unidos y llevábamos un carro americano. Pasar la frontera hacia México fue coser y cantar. Localizamos en Tijuana un restaurante bastante bueno (para los ricos de Tijuana, no para los yanquis que sólo cruzan la frontera para ponerse hasta el c... de cerveza y tequila). Con tan mala suerte que mi amigo se enamoró de Graciela, una de las camareras del local. Despegarle del lugar me costó varias margaritas gigantes con tequila añejo, y como a las dos de la mañana emprendíamos el camino de regreso a nuestro hotel en San Diego, en una situación personal ligeramente inestable. A esa hora había muy pocas garitas abiertas en la frontera, y los coches hacían sonar los cláxones de modo ensordecedor, reclamando premura. Yo conducía, mi amigo dormitaba en el asiento de al lado, y me temía lo peor.

Sin embargo, el aduanero NO era el más sobrio de todos los que estábamos allí. Vió, con sus ojillos apenas abiertos, el carro americano, los visados de turista, hizo una comprobación rutinaria de que mi amigo no estuviera muerto, y nos dejó pasar sin más. Bueno, esperaba bastantes más dificultades, la verdad.

En 1987, bastantes años antes de que Hong Kong y Macao fueran devueltos a la soberanía china, pude visitar Hong Kong. En la más pura tradición británica, Hong Kong era el cúlmen del puritanismo aparente. No se veía prostitución, no se practicaba el juego, por lo menos en público, y todo daba la sensación de un orden por lo menos superficial.

Tomamos un barco rápido para visitar Macao (e incluso entrar algo en la República Popular China desde allí). Apenas desatracó el barco de Hong Kong, la tripulación inició la venta de unos cartones de lotería rápida (tipo rasca-rasca) de Macao, con valor nominal en petacoes, la moneda de la colonia portuguesa en la época. Macao, como es bien sabido, fue durante mucho tiempo el casino y el prostíbulo de Oriente, y desde su integración en China, se ha convertido en Las Vegas de la zona.

(Aduana entre España y Andorra, en La Farga de Moles. Extraída de Google Earth).

En 1995 inicié un viaje en coche por Europa (con un amigo), con la intención de llegar hasta Hungría, por lo menos. Muy sabiamente, decidimos pasar por Andorra a la ida, y allí comprar unos cuantos cartones de cigarrillos americanos a buen precio, pensando que en Hungría esa sería una moneda de cambio muy apreciada.

Al llegar a la frontera de Austria con Hungría, nos recibió un cartel de cincuenta metros cuadrados de American Express, con la leyenda "Welcome to Hungary". Al entrar en Hungría, en los primeros veinte kilómetros de carretera, vimos una decena de gasolineras que eran las más modernas del mundo (se habían construido -casi- la víspera). Y había decenas de puestos de mercadillo, donde los cartones de cigarrillos americanos casi llegaban al cielo. Nos miramos, le quitamos el celofán al primer cartón, y empezamos a fumar.

Recientemente, en la tienda de tabacos de unos grandes almacenes de Madrid, he visto a una pareja británica que llegó con una maleta del tipo trolley grande. Compraron cigarrillos, picadura y puros hasta que ya no cupo más en la maleta. Creo recordar que pagaron casi dos mil euros de factura. Y es que los cigarrillos en Gran Bretaña cuestan casi tres veces más de lo que cuestan en España. Ignoro la reacción de un aduanero británico si se diera el caso de que, revisando el equipaje de unos viajeros, encontrara una maleta llena de tabaco.

(Cartel en la frontera de Afganistán. Extraída del muy interesante blog del argentino Juan (Pablo) Villarino, http://acrobatadelcamino.blogspot.com).

Y ahora en España (y en la Unión Europea), tenemos problemas con las fronteras terrestres con Africa, especialmente en Melilla estos días. Esta es la clásica frontera donde la diferencia de nivel de vida y de derechos y libertades es tan elevada, que permanentemente hay oleaje. El intercambio comercial es tan intenso, que se dice que cruzan diariamente esa frontera hasta 30.000 personas. Entre esos pasos están los genuinos (los que llevan y traen mercancías de uno a otro lado de la frontera, las empleadas de hogar marroquíes que trabajan en Melilla, los turistas, supongo). Pero el oleaje es de tal calibre que pueden frecuentar esa frontera gentes con otras intenciones, las de emigrar clandestinamente, las de entrar en la Unión Europea por una frontera perdida en el Norte de África. Las de utilizar la frontera como alternativa a las pateras y cayucos clandestinos que persiguen desembarcar en alguna costa de España y fundirse a continuación con el paisaje.

Es normal que haya conflictos en una frontera de este tipo. Además, España dispone incluso de un Ministerio de Igualdad, por lo que parte del personal policial español que atiende esa frontera son mujeres, lo cual es muy normal y natural. Y dada la mala situación social de la mujer en Marruecos, y en los países islámicos en general, esto representa una afrenta adicional a los marroquíes que intentan cruzar la frontera con Melilla. Que no nos dejen pasar, vale. Pero que nos lo impida una mujer es el colmo.

Esta no es más que la explotación de cualquier hecho por parte de Marruecos que, de modo deliberado o simplemente por negligencia calculada, resucita disturbios periódicamente, en forma de reivindicaciones territoriales.

Todos debemos tener en cuenta que Ceuta y Melilla son ciudades autónomas parte del Estado Español. Nunca han formado parte del Reino de Marruecos, porque la soberanía española se remonta a varios siglos antes de que dicho Reino ni siquiera estuviera planificado. Esta es la situación y su reconocimiento es obligatorio para todas las partes. Bromitas, las justas.

Ojalá un día Marruecos llegue a formar parte de la Unión Europea. O, si a eso vamos, que todas las fronteras puedan desaparecer. Pero, mientras tanto, evitemos el oleaje, que los tsunamis son devastadores, y hemos tenido buena prueba de ello en años recientes.

Una muestra de la inteligencia peculiar de los chinos fue su reacción tras la devolución de Hong Kong y Macao a la soberanía china, a finales del siglo XX. De ningún modo se integraron esos territorios sin más en el conjunto del país, ni se retiraron las fronteras y las aduanas. Porque se hubiera producido un aluvión no deseable de chinos del continente emigrando a Hong Kong, en una situación económica mucho más desarrollada, capitalista y occidental que el resto del territorio. Pude volver a Hong Kong en 1998, cuando ya era parte de la República Popular China. Cruzamos en tren desde Guanghzou (Cantón). Pasamos control de pasaportes y aduana en la estación de Guanghzou, antes de abordar el tren turístico, que llegó a Hong Kong sin más paradas, al estilo de los corredores ferroviarios para llegar a Berlín en las épocas del Muro.

Por cierto, pude (casi) inaugurar el majestuoso nuevo Aeropuerto de Hong Kong (Chek Lap Kok), un proyecto faraónico con un coste total de unos 18.000 Millones de euros (incluyendo los accesos ferroviarios y por carretera.

En fin, ojalá un día las fronteras dejen de ser necesarias, aunque eso le acabe quitando algo de picantito al hecho de viajar. Pero mientras existan, deben funcionar con total eficiencia y el máximo respeto para todos. Las fronteras y las aduanas son los bastiones más remotos para asegurar que en el país triunfa el Imperio de la Ley.

Pocas bromas con eso.

JMBA