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lunes, 21 de marzo de 2011

Guerra Civil e Intervención en Libia

Hace unas cuantas semanas, ya advertía de que la situación que se estaba planeando en Libia tenía mucho peligro de derivar hacia una auténtica Guerra Civil.
Muamar Gaddafi, todopoderoso gobernante de Libia
(Fuente: almamagazine)

Efectivamente, los castillos de naipes que se derribaron, sin excesiva resistencia, en Túnez y Egipto, nada tienen que ver con la resistencia y resiliencia de un tipo como Gaddafi y toda su corte o cohorte de familiares, milicianos, y aprovechados en general. Lo han dicho por activa y por pasiva, que no piensan abandonar Libia ni el poder, y que lucharán hasta la muerte, si fuera necesario, para defenderse y mantenerse en el poder.

En las últimas semanas, hemos asistido a un situación prebélica que ha ido escalando hacia una Guerra Civil abierta, en que Gaddafi y sus partidarios han intentado por todos los medios neutralizar, anular, reducir, asesinar en suma, a los rebeldes opuestos a su régimen, que tienen ocupada la parte oriental del país, con Bengasi como buque almirante.

Todos los medios utilizados por Gaddafi han incluido bombardeos aéreos sobre su propio territorio y su propia población, y ataques de carros blindados contra unos rebeldes armados de modo sucinto. Dejada a su propio albur, la situación en Libia habría conducido, sin lugar a dudas, a la aniquilación de todos los rebeldes, a la reconquista del territorio perdido y a la consolidación de Gaddafi y su familia como gran sátrapa de Libia. Habría habido miles o decenas de miles de muertos, que Gaddafi y sus hijos ya se han encargado de tildar de escoria, de acólitos de Al-Qaeda y de violadores de niños, si llegara a serles necesario.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tomó la resolución de autorizar (o preconizar, que no sé muy bien cuál es el protocolo) una operación militar de los aliados (como siempre Estados Unidos al frente, y Reino Unido y Francia -en este caso- con intervención directa; con otros países -como España- dando su apoyo logístico y militar). El objetivo comunicado de esta operación, llamada Odisea del Amanecer, es preservar los derechos humanos de la población libia. Es decir, evitar que pueda seguir siendo masacrada por medios desiguales o injustos (tales como bombardeos aéreos, carros blindados, etc). Estados Unidos quisiera quedarse en segundo plano, y ceder el protagonismo a Francia y Reino Unido, pero la realidad se impone.
Rebeldes en Ras Lanuf, tras un bombardeo de Gaddafi
(Fuente: elespectador.com)

En otras palabras, el objetivo de esta operación es que Gaddafi tenga que matar, de ahora en adelante, a sus opositores uno a uno.

El lenguaje político y diplomático está dotado de tal número de recovecos y matices, que a menudo resulta complicado ver con claridad lo que se pretende. Dicho de otro modo, qué es lo que tiene que pasar para que la Odisea del Amanecer pueda finalizar, considerando que se han alcanzado los objetivos propuestos. 

Algunos podrían pensar que la iniciativa internacional está en la línea de derrocar a Gaddafi, y facilitar que el pueblo libio pueda construir un nuevo régimen, mucho más libre y democrático, para gobernar su país. Pero nada más lejos de la realidad. Por lo que algunos militares ya han comunicado, la operación podría concluir sin el derrocamiento de Gaddafi.

Entonces, ¿a qué estamos jugando?. Pues a desarmar a Gaddafi de los elementos que le permiten mantener una lucha desigual con los rebeldes; básicamente destruir (o anular) su Fuerza Aérea y (quizá) los carros blindados. Terminada esta operación, Gaddafi tendrá que seguir luchando contra los rebeldes, pero ya en lucha igual. Una falacia completa y absoluta.

Libia está en Guerra Civil. Y lo que Occidente ha escogido es limar las uñas al dictador.
Libia está a sólo cientos de kilómetros de la
isla de Creta o de la de Sicilia
(Fuente: easyviajar.com)

Quizá no podemos (¿o no debemos?) ponernos con claridad a favor de los rebeldes, de la población que es contraria a la continuidad de Gaddafi al frente del Estado. Quizá no sabemos ayudarles a derrocar a Gaddafi, y brindarles la posibilidad de construir un nuevo régimen al gusto de la mayoría del pueblo libio.

Tengamos en cuenta, por otra parte, que el talante e intenciones de los llamados rebeldes resultan absolutamente desconocidos para Occidente. De ellos sólo sabemos que se oponen a Gaddafi. Lo que quieran construir después será, en su caso, una relativa sorpresa.

Pero, entonces, no nos engañemos. Estamos irritando a Gaddafi, y no estamos dispuestos a ayudar a derrocarlo (lo que pudiera venir después, también nos da miedo). Cuando Gaddafi, si consigue seguir en el poder, nos envíe sus atentados terroristas como venganza (que ese camino ya lo conoce), tendremos que aceptarlo como las lluvias del mes de Marzo.

Resignados y sin rechistar.

JMBA

miércoles, 2 de marzo de 2011

¿Hacia una Guerra Civil en Libia?

Las noticias que nos están llegando estos últimos días desde Libia son realmente preocupantes.

Lo que en principio parecía una revuelta como las vividas en Túnez o Egipto, que iban a derrocar en unos días al sátrapa de turno, se está prolongando mucho más de lo que sería deseable.
Seif el Islam, hijo de Gaddafi, está actuando de portavoz
del Régimen
(Fuente: noticiaaldia)

Gaddafi, su familia y su entorno parecen mucho más resistentes de lo que en un primer momento se podía suponer. Este martes ha lanzado una contraofensiva militar sobre zonas del Este del país (ricas en petróleo, por cierto) y podría haber recuperado el control de alguna ciudad de la zona.

El Poder de la Calle es limitado en el tiempo. Si consigue sus objetivos en unos días, lo siguiente que debe pasar es que haya políticos de la oposición al régimen anterior que tomen las riendas del país y que empiecen a construir un orden nuevo, con un plan definido para convocar elecciones generales en el plazo de unos meses. Pero el Castillo de Naipes no parece que se esté desmoronando con la rapidez que sería de esperar. 

La Calle tiene capacidad para destruir, pero a la hora de construir debe ceder paso a los que son más expertos en ese tema, a los políticos.

El problema es que si la revuelta se prolonga mucho más tiempo, y el poder se resiste a desaparecer, o a emigrar (léase huir), la situación pasa a ser sensiblemente diferente. Porque empieza una lucha por el poder, que requiere que la calle deje su fuerza en manos de militares o paramilitares, que son los únicos que pueden conducir una situación bélica hasta la meta de eliminar del país a los anteriores gobernantes.

Estos últimos días hemos sabido que, solamente en el Reino Unido, parece que se han congelado fondos del entorno de Gaddafi (supuestamente exportados ilegalmente de Libia) por valor de 30.000 millones de euros. Y más debe haber, seguro, en otros lugares. Leía esta mañana que en la Costa del Sol se ha paralizado alguna iniciativa inmobiliaria de Gaddafi.

Y hemos visto y oído en la televisión a alguno de sus hijos asegurando que no piensan abandonar el país, y que van a defender su posición con uñas y dientes. Bueno, y con todo el armamento que Occidente les ha vendido estos últimos años.

Este enrocamiento en sus posiciones sugiere un conflicto de mucha mayor duración, prácticamente una Guerra Civil. Parte de Libia parece estar actualmente bajo control de los insurgentes. Pero, a su vez, estos ven como imposible un asalto con éxito a Tripoli, donde Gaddafi y sus leales mantienen el control.

Si otros países, o las organizaciones internacionales, no intervienen activamente en el conflicto, este degenerará rápidamente en una Guerra Civil, de duración indeterminada, de final incierto y que provocará mucho sufrimiento y una gran cantidad de muertos y heridos. Dejado a su albur, es más que probable que Gaddafi, cuyo poderío militar bruto es, con seguridad, muy superior al de los insurgentes, acabe recuperando progresivamente el control del país. Especialmente si no tiene reparos, como parece no tener, en utilizar toda la fuerza militar en ello, incluyendo bombardeos sobre ciudades, pueblos y sobre la población civil.
Los insurgentes parecen tener el control en algunas
ciudades del Este de Libia, como Tobruk
(Fuente: istmocentroamericano)

La única alternativa a un escenario bélico tan sombrío es la rápida intervención de fuerzas internacionales que actúen sin fisuras para derrocar a Gaddafi y a todo su entorno del poder en Tripoli, y que se sitúen del lado de los insurgentes, en la construcción de un nuevo régimen para Libia.

Claro, según parece, hay marines estadounidenses y fuerzas del Reino Unido cercanas a las costas de Libia, preparados para intervenir. Pero el éxito de una operación así debería proceder de una actuación amparada y patrocinada por la ONU, con un objetivo claro, definido y compartido.

No olvidemos que Gaddafi lleva en el poder desde 1969, en que un golpe militar contra el entonces rey Ydris le aupó al máximo liderazgo del país. Siendo un gobernante excéntrico, desmesurado y fantoche, ha sido recibido y alabado a menudo por todos los gobiernos occidentales. El por qué de repente pasa a ser denostado por todos los que le rieron las gracias es digno de análisis. Libia es un país importante en el mercado del petróleo, y eso podría explicar muchas cosas.

Hace 75 años vivimos en España una situación similar. Un levantamiento (de parte del Ejército, en ese momento), que pretendía derrocar el régimen de la Segunda República en unos días, y establecer un nuevo régimen en España. Sin embargo, eso no fue así, sino que se desató una Guerra Civil muy sangrienta, que segó muchos miles de vidas y que arruinó muchas más, y que duró más de tres años. Sus secuelas incluso hoy no están totalmente olvidadas. Ese es un escenario nada deseable.

En 1936, las potencias occidentales se declararon neutrales (no intervención en conflictos domésticos). Sí hubo voluntarios que, a través de las Brigadas Internacionales, pusieron sus (limitadas) fuerzas a disposición del que era el Gobierno legítimo en ese momento. Por su parte, las potencias del Eje (especialmente Alemania e Italia) sí fueron mucho más beligerantes a favor de los militares insurgentes, que acabaron ganando la Guerra. Si no fuera que, en una Guerra Civil, en realidad todos acaban perdiendo.

No quisiera pensar que lo que estamos viendo estos días en Libia acabe conduciendo a un escenario de guerra civil abierta, con sus trincheras, sus batallas y sus escaramuzas, y que cada palmo del territorio tenga que ser disputado militarmente. Este sería, sin duda, un escenario catastrófico.

Lo que me temo que está ocurriendo es que Occidente tiene miedo, mucho miedo. Gaddafi y sus hijos se han encargado de agitar el fantasma de Al Qaeda como instigador de la revuelta, lo que les posiciona como defensores del Magreb frente al avance de fuerzas islamistas y terroristas, cuya crueldad ya nos ha tocado sufrirla a muchos países (EEUU el 11-S, Reino Unido el 7-J, España el 11-M,...).
Pozo petrolífero en Libia. Ah, Poderoso Caballero es
Don Dinero
(Fuente: guiaviaje)

Occidente se debate entre el más vale malo conocido y la clara posición de apoyar al pueblo libio para liberarse de un gobernante impresentable. El problema es que en un escenario de Guerra Civil, la frontera entre los buenos y los malos se difumina, y prima la evaluación de ganadores y perdedores. Y esto puede llevar a una parte de la propia población libia a ponerse al lado de Gaddafi, si estima que puede acabar ganando, y anticipa posibles beneficios propios derivados de ese hecho.

En resumen, lo mejor que puede pasar en Libia es que el conflicto termine cuanto antes. Como creo que el ciclo de Gaddafi está agotado, sugeriría a los Organismos Internacionales que propongan la intervención sin ambages, para derrocar al sátrapa. Libia es un país de unos seis millones de habitantes. A día de hoy, es posible que solamente cincuenta o cien mil estén claramente a favor de Gaddafi (su ejército más fiel, su guardia de corps, sus mercenarios subsaharianos,...). Pero si la situación evoluciona hacia una auténtica guerra civil, ese número no cesará de crecer, y cada vez será más complicado llegar a un final no demasiado sangriento.

Hay lecciones que los occidentales deberíamos haber aprendido de algunas guerras de los últimos cincuenta años. Irak o Afganistán son buenos ejemplos de eso. Intentar imponer un nuevo régimen patrocinado por fuerzas extranjeras no lleva nunca a ninguna situación estable. La estabilidad sólo llega cuando todos los ciudadanos sienten a su nuevo régimen como algo propio. Para ello, la fuerza internacional puede desplegarse para derrocar a un sátrapa, pero son los ciudadanos del país los que deben decidir lo que quieren que sea Libia en el futuro. Fuerzas extranjeras pueden apoyarles y ayudarles en esa labor, pero no pueden sustituirles.
Los flujos amenazados por la guerra en Libia
(Fuente: dinero.nom)

Por todo ello, creo que las decisiones que haya que tomar que se tomen cuanto antes, que se desplieguen tropas bajo mandato de la ONU para expulsar a Gaddafi de Libia, y que el pueblo libio liberado decida cómo quiere organizarse a partir de ahora y que pueda construir su nuevo régimen.

El problema para ello es que el Poder de la Calle es casi infinito para la destrucción (el objetivo está definido y es compartido), pero su capacidad para construir es extremadamente limitada. Otros actores internos deben aparecer para llevar adelante ese papel. Y los únicos que tienen esas capacidades son los políticos, la oposición política a Gaddafi, quienes quiera que sean.

El riesgo, claro, es que se construya un nuevo régimen que sea antioccidental, patrocinado por Al Qaeda u otros con parecidos objetivos, cuyo siguiente logro sea la Reconquista de Occidente y la expulsión de los infieles.

Pero la alternativa es ver a un país tan cercano desangrarse en una Guerra Civil que podría ser larga y muy cruel.

JMBA

martes, 22 de febrero de 2011

Castillo de Naipes

Cuando algún acontecimiento nos parece absurdo, o cuando pensamos que una persona se comporta en modo absurdo, habitualmente el problema que tenemos es que nos falta información, que no tenemos todos los datos. En la realidad, en la vida, en el mundo, muy raramente se producen cosas absurdas. Pueden parecerlo a quien no dispone de toda la información. En el mundo científico, se cuenta que el (ex-)planeta Plutón se descubrió a base de estudiar la órbita absurda de Neptuno, que no tenía otra explicación posible que la existencia de un noveno planeta del Sistema Solar.
Muammar al-Gaddafi, Guía de la Revolución en Libia
(Fuente: anorak)

Estamos asistiendo estos días a una serie de acontecimientos en algunos países árabes que se me antojan absurdos. Vimos caer al régimen de Ben Alí en Túnez y al de Mubarak en Egipto. Estamos viendo la (aparente) agonía del régimen de Gaddafi en Libia. Y estamos viendo revueltas en Bahrein y también en Yemen. Y lo que vendrá en los próximos días o semanas. Cuando digo que me parecen absurdos es porque, después de muchas décadas de dictaduras de diversa ralea, ¿por qué ahora?. Los acontecimientos me llevan a pensar que habrá habido alguna decisión (por activa o por pasiva) de los máximos poderes a nivel mundial, en el sentido de dejarlos caer. La teoría de Kissinger de los 70 (es un hijo de p..., pero es nuestro hijo de p...) parece que ya no es válida hoy para la diplomacia internacional.

Cuesta entender que un régimen petrificado por 30 años en el poder como el de Mubarak se desmorone de repente, ante el envite de unas simples revueltas callejeras. Bueno, no hay que subestimar el Poder de la Calle, claro. A lo que contribuyó el hecho de que el Ejército, el principal soporte del régimen de Mubarak, decidiera darle la espalda, y ponerse de parte del pueblo. Habría que entender el por qué de ese cambio de orientación, que posiblemente responda a la necesidad de dejar caer a un Presidente amortizado, para poder seguir manteniendo el poder y la influencia en la nueva situación.
Gaddafi, en uno de sus viajes, escoltado por sus guardias
de corps femeninas
(Fuente: easycomeseasygoes)

Ahora estamos viendo (casi intuyendo, porque los hechos se desarrollan de espaldas a la opinión pública mundial) las revueltas en Libia, parece que salvajemente reprimidas por el régimen de Gaddafi, incluyendo bombardeos aéreos sobre la población civil.

Y también estamos oyendo sobre revueltas en el Reino de Baréin (un pequeño archipiélago junto a la costa de la Península Arábiga, en el golfo Pérsico, de 678 kilómetros cuadrados de extensión, y alrededor de un millón de habitantes). Así como en Yemen, al sudoeste de la Península Arábiga, un extenso país de más de medio millón de kilómetros cuadrados (parecido a España) y unos 20 millones de habitantes.

En todos esos países se han venido perpetuando regímenes autocráticos de diversa índole y calado. Libia y la mayoría de países de la Península Arábiga tienen una economía basada en el petróleo, lo que da, estadísticamente, unas cifras de renta per capita bastante apañadas, aunque la distribución de la riqueza no sea, en general, ni mucho menos equitativa. La excepción sería Baréin, que es un reino ciertamente autocrático, pero pequeño y poco poblado, donde, según parece, la renta de un país rico está razonablemente distribuida entre la población. Por el contrario, Yemen es un país sin petróleo, con una renta per capita por debajo de los 1.000 dólares anuales.

La Península Arábiga nos queda mucho más alejada, y sus realidades nos resultan bastante más ajenas que las que se desarrollan en el Magreb, a las puertas de casa. Haciendo un repaso rápido, digamos que el reino de Arabia Saudí ocupa la mayor parte de la Península Arábiga (2.149.690 Km2 y unos 28M de habitantes). Kuwait (17.820 Km2, 2,3M de habitantes) es un pequeño reino que actúa de estado tampón entre Arabia Saudí e Irak. De hecho, la invasión de Kuwait por parte del Irak de Sadam Hussein fue el inicio de la Primera Guerra del Golfo. Por la costa del Golfo Pérsico, avanzando hacia el Sur, encontramos Baréin (un archipiélago de treinta y pico islas, algunas de las cuales están reclamadas por Irán), el emirato de Qatar (una península de 11.437Km2, con 1,4M de habitantes), y los Emiratos Árabes Unidos (EAU). EAU es la federación de siete emiratos, con una extensión total de 77.700Km2 y una población total de 4,3M de habitantes. Con mucha diferencia, el emirato más extenso es Abu Dhabi (67.340Km2 y 1,4M de habitantes) y le sigue Dubai (3.885Km2 y 1,4M de habitantes).
Manifestaciones en Libia
(Fuente: intereconomia.com)

En el extremo Sur de la Península Arábiga hay otros dos estados: al Este está el sultanato de Oman (212.457Km2 y 3M de habitantes) y al suroeste está Yemen (527.968Km2 y 21M de habitantes). Hasta 1990, en que se produjo la unificación, existía la República Árabe de Yemen (al Norte) y la República Democrática de Yemen (al Sur).

Al Norte, Jordania (94.740Km2 y 5,4M de habitantes) también está, geográficamente, en la Península Arábiga, así como parte del territorio de Irak y de Siria.

En muchos de esos países, los regímenes políticos vigentes son de tipo autocrático, cuando no claramente dictatorial. Con liderazgos hereditarios y poca, o ninguna, intervención de la población en la marcha política del país.

La característica principal que distingue a unos países de otros es la participación (o no) de la mayoría de la población en la riqueza del país, es decir, la distribución de la renta. Los Emiratos y la propia Arabia Saudí serían ejemplo de una distribución razonable de la riqueza entre los ciudadanos. Con la característica especial de que se trata de países que han acogido (y acogen) a una elevada población inmigrante (procedente especialmente de India o Sri Lanka y de los países de Extremo Oriente). Los derechos de las poblaciones inmigrantes son limitados pero, en general, su retribución es razonable, lo que sofoca las posibilidades de revueltas populares masivas. Caso diferente sería Yemen (desierto sin petróleo).

Veremos qué sucede con esas revueltas de que tenemos noticia en Baréin, que más parecen un picnic en la Plaza de la Perla de Manama, la capital, y que, posiblemente, se resuelva con retoques al régimen sin mayor trascendencia. Yemen, para mí, es una incógnita, aunque la pobreza del país y de su población es un detonante para cualquier tipo de revuelta: demasiada gente sin mucho que perder.

La gran preocupación en este momento es Libia (1.759.540Km2 y unos 6M de habitantes). Libia fue una colonia italiana, y su territorio vio, durante la II Guerra Mundial, las batallas entre el Afrika Korps de Rommel  y las fuerzas africanas de Montgomery. Terminada la guerra, en 1951 se dio la independencia a Libia, bajo el gobierno del rey Idris, que fue depuesto en un golpe militar en 1969. Desde ahí, Muammar al-Gaddafi ha sido el máximo gobernante del país. En 1977 se proclamó la Yamahiriya (literalmente, Estado de las Masas) Árabe Libia Popular y Socialista (sic). En la práctica, Gaddafi ha sido en las últimas cuatro décadas el Guía de la Revolución, y el máximo mandatario del país.
La estabilidad del suministro (y el precio) del petróleo
es la principal preocupación de los países occidentales
(Fuente: RTVE)

Gaddafi ha sido durante todo este tiempo un gobernante excéntrico, veleidoso y desmesurado. Tonteó con la Unión Soviética; durante bastante tiempo fue alabado por una cierta izquierda europea, como líder revolucionario popular. Siempre se han sospechado turbias relaciones con grupos terroristas que han atentado, principalmente, contra intereses estadounidenses, por lo que Reagan decidió, en 1986, el bombardeo de Trípoli y Bengasi. A final de los ochenta, parece que sufragó los atentados de Lockerbie en Escocia, y el del vuelo UTA772, que provocaron sanciones que llevaron al país al aislamiento. En 2003, el Gobierno Libio reconoció la participación de ciudadanos libios en esos atentados, y aceptó pagar indemnizaciones, lo que llevó a finalizar el período de aislamiento.

En estos días, la reacción de Gaddafi ante las revueltas populares, que piden, como en Egipto, un cambio del régimen, ha sido extremadamente violenta. Durante tantos años en el poder, Gaddafi ha desarrollado un liderazgo autocrático, dictatorial y hereditario. Aunque hay que reconocer que Libia es el país con la mayor esperanza de vida de todos los países de África, y tiene también el mayor PIB per capita nominal (de más de 9.000 dólares), aunque la distribución de esa riqueza está, con seguridad, muy sesgada.

Gobernando el país como un gran cortijo, parece que Gaddafi (y la camarilla que se aprovecha del Régimen, principalmente su propia familia) no está dispuesto a aceptar que las multitudes en la calle le dicten la política. Alude a oscuras potencias extranjeras que estarían, según él, instigando o incluso financiando las revueltas protagonizadas por jóvenes drogados, y ya ha desplegado una represión salvaje contra las manifestaciones. En un largo discurso este martes, ha dejado clara su nula intención de abandonar el poder, y su firme determinación a reprimir cualquier intento de desestabilización (hasta ahora, parece que ya se han producido bombardeos aéreos, en algunos casos). Según algunas fuentes, podría haber soldados mercenarios con la misión de destruir a los revoltosos.

Si las revueltas siguen firmes, lo más probable es que Gaddafi y su corte próxima abandonen el país, y se dediquen a disfrutar de los capitales que, sin duda, deben haber exportado ilícitamente del país a paraísos fiscales o donde sea. En un país con un PIB de 75.000M$, con el 95% de sus exportaciones en torno al petróleo, el diezmo del amo del cortijo habrán sido algunos miles de millones de dólares todos los años. Una fortunita para retirarse en paz y tranquilidad.

Sólo espero que no tengamos que asistir en los próximos días a más masacres como las que se han producido en Libia últimamente. Varios cientos de muertos parece haber ya, debido a la violencia indiscriminada y salvaje que el gobierno ha empleado contra los manifestantes.
Jaima de Gaddafi en los jardines de Villa Pamphili, en un
viaje a Italia en 2009
(REUTERS; Fuente: El País)

Lo cierto es que en este siglo XXI un sátrapa como Gaddafi no debería ya tener un lugar bajo el Sol. Con sus jaimas repartidas por el territorio (para despistar al enemigo), con su guardia de corps de agentes femeninas, y sus estrambóticas manifestaciones cada vez que viaja a algún país extranjero, este reyezuelo de las Mil y Una Noches debería tener los días contados en el poder.

Las revueltas populares avanzan por todos los territorios árabes, y amenazan a un castillo de naipes que resulta ser mucho más frágil e inestable de lo que la opinión pública occidental pensaba hasta hace unas pocas semanas. A Mubarak nunca se le había llamado dictador hasta que abandonó el poder, y regímenes de opereta como el de Gaddafi, nominalmente por el pueblo y para el pueblo, pero claramente sin el pueblo, no tienen ya cabida en el orden mundial de este siglo XXI, aunque se camuflen bajos las denominaciones de popular y socialista.

Llamadme cínico, pero tendremos que seguir aceptando durante bastante tiempo que el régimen chino sea claramente autoritario y que los derechos humanos no sean su prioridad, porque China ya es la segunda economía mundial, y pronto será la primera. Sin embargo, fantoches en el poder en países modestos, ya basta.

Quien quiera opereta, que vaya al teatro.

JMBA