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jueves, 26 de enero de 2012

Camps y Mourinho, unidos por un Match Point.

El genial Woody Allen demostraba (en Match Point - 2005) que cosas muy trascendentes (la libertad vs. la acusación de asesinato) podían tener un final diferente según la bola (o un anillo)  acabara cayendo a uno u otro lado de la red.
Más vale tener suerte que talento. Así empieza la
película Match Point (2005) de Woody Allen.
(Fuente: axelgb)

Hoy, el antiguo Presidente de la Generalitat Valenciana y el actual entrenador del Real Madrid están unidos por esta realidad.

Un jurado popular decidió declarar no culpable (por cinco votos a favor y cuatro en contra) a Francisco Camps y Ricardo Costa del delito de cohecho impropio en el caso conocido como de los trajes. El veredicto certifica que el jurado no encontró suficientes motivos y/o pruebas como para considerar a los acusados culpables de ese delito.

En este caso, la bola cayó del otro lado de la red, y el punto fue válido. Algunos critican el veredicto, en base a la posibilidad (presunta) de manipulación del jurado. Es conocido que la institución del jurado es básicamente garantista, y se ha repetido muchas veces la frase de que si yo hubiera cometido un delito, preferiría que me juzgara un jurado popular. En cualquier caso, es la aplicación del principio in dubbio, pro reo. Los dos acusados han quedado exculpados de todos los cargos.

Otra cosa es su reputación política de honradez y limpieza, que sigue en entredicho. Hemos visto y oído demasiadas cosas como para pensar que son angelitos.
Francisco Camps saluda a sus partidarios, tras conocer
el veredicto.
(EFE; Fuente: cadenaser)

Este miércoles, en el partido de vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey, el Fútbol Club Barcelona consiguió finalmente pasar a semifinales, al empatar a dos goles, haciendo valer el 1-2 del partido de ida en el Bernabeu. Algunos discuten el resultado, alegando que el arbitraje fue favorable al FCB. Personalmente, creo que el arbitraje fue malo. Teixeira se tragó varios penalties (en las dos porterías; algunos incluso hablan de 2+3), y estuvo laxo en la aplicación de la disciplina deportiva. Lass debería haber sido expulsado por doble amarilla. Posiblemente, Alves también. Y Sergio Ramos debería haber abandonado el campo mucho antes. Pepe le hizo penalty a Alexis, y Busquets y Abidal, en dos ocasiones, pudieron incurrir en mano dentro del área (interpretable, en cualquier caso; incluso después de verlo muchas veces a cámara super lenta). Y quizá debió añadir un minuto más al tiempo de descuento, por algunas incidencias que paralizaron el juego.
Mourinho, en la rueda de prensa en el Camp Nou,
tras el partido de este miércoles.
(Fuente: orange)

Pero todo eso es especulación. Vimos un partido fabuloso entre los que, sin duda alguna, son los dos mejores equipos del mundo. El Madrid se deshizo de su corsé (¿las consignas de Mourinho?¿el miedo escénico?) y jugó de poder a poder. El Camp Nou y todos los culés (incluidos los jugadores y el propio Guardiola) sintieron miedo, y eso es lo que hace grande a este deporte. La única realidad histórica es que el FCB ha pasado a cuartos de final por un cómputo global de 4-3. Lo que no impide considerar que las cosas podrían haber sido muy diferentes si el Madrid hubiera jugado en el Bernabeu como jugó ayer. Y me parecen fuera de lugar, y un episodio más de los lloros a los que tan habituados nos tiene ya este autista portugués de Mourinho, los comentarios de Casillas al árbitro (ahora ya te puedes ir de fiesta con los del Barça), o lo que Mourinho, muy sutilmente, dijo haber oído en el vestuario (aquí es imposible ganar). Por cierto, en la rueda de prensa el portugués prefirió ser dueño de sus silencios que esclavo de sus palabras. Aunque hay silencios atronadores.

Pero, curiosamente, Camps y Mourinho estuvieron ayer hermanados por un Match Point. Ni Camps es inocente (sólo fue declarado no culpable), ni el Real Madrid es peor equipo que el FCB. Sólo que Camps quedó exculpado y el FCB ha pasado a semifinales.

La bola chocó con la red en los dos casos, pero cayó a lados distintos.

JMBA

jueves, 19 de enero de 2012

La Fatiga de los Clásicos

La Prensa (tanto la generalista como la estrictamente deportiva) ha generalizado esta denominación de Clásicos para los partidos de fútbol entre el Real Madrid y el FC Barcelona.
Puyol celebra el primer gol, de cabeza a la salida de un
córner lanzado por Xavi
(Miguel Ruiz/FCB; Fuente: FCBarcelona)

En estos últimos doce meses hemos asistido ya a muchos de ellos: los normales de la Liga (dos por temporada), la final de la Copa del Rey 2011, las semifinales de la Champions (dos partidos), y ahora los cuartos de final de la Copa del Rey 2012. Apasionante, si no acabara resultando cansino y fatigoso.

Un partido que se plantea entre los que probablemente sean en la actualidad los dos mejores equipos del mundo siempre resulta atractivo. Pero una y otra vez, son encuentros que decepcionan, especialmente porque el Real Madrid acostumbra a estar muy por debajo de su rendimiento y brillantez habituales.

En esta época, los encuentros, además, tienen el aliciente añadido de que se enfrentan los que son probablemente los dos mejores entrenadores del mundo en la actualidad (José Mourinho por el Real Madrid; Pep Guardiola por el FC Barcelona).

El FC Barcelona acostumbra a ser fiel a su estilo (posesión del balón, creación de juego en el centro del campo, búsqueda incansable de líneas de pase que generen oportunidades de gol). Por el contrario, da la sensación de que el Real Madrid se apoca, se empequeñece, y juega (incluso en su propio campo), con una estrategia ultradefensiva, intentando más destruir el juego del contrario que construir el suyo propio. Cayendo, además, con bastante frecuencia, en un juego brusco e incluso violento, que puede ser castigado con tarjetas y expulsiones, dependiendo de la condescendencia arbitral.

Este miércoles asistimos a la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey. En el Bernabeu, de nuevo ganó el FC Barcelona por 1-2. Se adelantó el Real Madrid en un contraataque fulgurante de Cristiano Ronaldo, que dejó sentado a Pinto con el balón en el fondo de la red. Parecía que tenían el partido encaminado, pero el Barça se mantuvo fiel a su estilo de creación de juego y posesión del balón.

El empate provino de un córner lanzado por Xavi hacia la cabeza de Puyol, que se incorporaba desde una línea más atrasada. Impecable el gol, ante un Pepe puro espectador de la jugada.

El Real Madrid sucumbió a los nervios (con su calidad, no consigo entender cómo el Barça le tiene tan comida la moral), empezaron las brusquedades (pisotón incluido de Pepe a la mano de un Messi caído por tierra; impresentable, digno de expulsión) y el Barça consiguió un segundo gol en un pase de Messi al hueco, donde apareció Abidal, que sentenció.

La etapa de Mourinho en el Real Madrid se caracteriza por un victimismo que no consigo entender. Los más fanáticos del equipo no paran de lanzar diatribas contra los arbitrajes (que, con sus aciertos y errores, apenas influyen en el resultado final), de difundir oscuras conspiraciones de los organismos internacionales (y del llamado Villarato), que, dicen, estarían interesados en esta época en que gane el Barcelona y no el Real Madrid.

Todo ello no es más que marear la perdiz. La realidad es que el Real Madrid se apoca ante el Barcelona, se hace pequeño, se olvida de todas sus virtudes, le entran las prisas, necesita destruir el juego (y también los jugadores, de paso)  que crea el Barça, y una y otra vez acaban perdiendo partidos que parecían tenerlos bastante encarrilados.
Abidal, otro teórico defensa, celebra el segundo gol,
a pase preciso de un Messi todavía no en plena forma.
(Miguel Ruiz/FCB; fuente: FCBarcelona)

Por todo ello, y mientras no cambien las circunstancias, los Clásicos carecen de atractivo puramente futbolístico (aparte del morbo). Y el culpable me parece que es Mourinho, que se deja dominar por su particular rivalidad con Pep Guardiola, y se muestra incapaz de plantear los partidos con el Barça de frente, de poder a poder, que podrían, sin ninguna duda.

El próximo miércoles asistiremos a otro episodio de lo mismo (si el cielo no lo remedia). El Barça ganará en su campo por 1-0 (o cualquier otro resultado) y el Madrid quedará eliminado de la Copa del Rey. El Barça tendrá muy buenas posibilidades de llegar a la final y ganarla.

Hoy el Real Madrid lidera la Liga a cinco puntos del Barça. Cinco puntos que son, en la práctica, dos, ya que queda por disputar el encuentro con el Barça de la segunda ronda, en el Camp Nou. Los dos grandes equipos quieren ganar la Liga. Este año, para el Real Madrid será un fracaso si no lo consiguen, porque sólo dependen de su propio rendimiento para alcanzar la meta.

Los fanáticos del Real Madrid deberían empezar a reflexionar si les interesa seguirle el juego a Mourinho, o si su club puede alcanzar metas más altas con planteamientos menos rácanos y conspiracionistas, a los que tan aficionado es el portugués.

Una pena para los aficionados no poder ver encuentros entre estos dos grandes equipos,  jugados de poder a poder.

JMBA

jueves, 18 de agosto de 2011

Para qué hablar, si podemos arreglarlo a hostias (I)



En unas pocas horas hemos proporcionado al mundo entero las evidencias más palmarias del peor cáncer que afecta a la sociedad española: la intolerancia. No basta con defender nuestros intereses; no basta con no compartir los intereses de nuestros rivales; hay que eliminarles, negarles. Porque nosotros tenemos razón y ellos no. Aunque la podamos pintar de muchos colores, esa enfermedad es la que acaba asomando siempre su fea testuz.
Cordón policial en Sol, para separar a los pros y a los anti
(EFE; Autor: Víctor Lerena; Fuente: elheraldo
Tangana en el Camp Nou tras la expulsión de Marcelo
(Fuente: lavanguardia)

España se está convirtiendo (si no se ha convertido ya por completo) en una sociedad sectaria, que carece por completo de aprecio por los matices (si es que alguna vez lo tuvo) y donde sólo existe el o conmigo o contra mí.

Este miércoles nos tocó asistir a la tangana del Camp Nou en Barcelona, y a las peleas callejeras entre los de la JMJ (católicos, papistas, o la extrema derecha, según algunos) con los contrarios a la visita del Papa, y/o a su boato, y/o a cómo se financia (los laicos o laicistas, anticlericales, perroflautas o extrema izquierda, según otros). A fin de cuentas, todos ellos una panda de intolerantes y sectarios; supongo que unos por acción, otros por omisión o incluso algunos por pura reacción.

Trataré el tema de la JMJ, la marcha laica y sus peleas en otro artículo, y en este me centraré en la tangana futbolística. Este miércoles se celebró el partido de vuelta de la Supercopa de España, entre el FC Barcelona y el Real Madrid, en el Camp Nou.
Muy buen rollo no hay, la verdad
(AP; Autor: Daniel Ochoa de Olza; Fuente: lavanguardia)

Los madridistas fanáticos (catalizados por Mourinho, todo hay que decirlo) están absolutamente convencidos de que existe una conjura galáctica en contra del Real Madrid (consiguientemente, en favor del FC Barcelona), que despliega sus alas vergonzantes para esconder a Villar, a la FEF, a Zapatero, a todos los árbitros, a la FIFA, a UNICEF y a no sé cuantos actores más, todos ellos con intereses inconfesables. Una conjura cuyo objetivo es impedir que el Real Madrid pueda ganar algún título. O, alternativamente, que el Barça gane todos los títulos; lo que al fanático madridista casi le molesta más.

Antes de los partidos se encargan de anticipar consignas, de vendarse una herida que (al menos todavía) no existe. Lógicamente, el gran beneficiado de toda esta conjura sería el otro equipo que comparte con el Real Madrid, en la opinión de muchos -que comparto-, la calidad de ser los dos mejores equipos del mundo.

Tras empatar en el Bernabeu (2-2) el pasado domingo, este miércoles el Barça consiguió ganar 3-2 en casa, en un partido reñidísimo donde se manifestaron las grandes calidades que había en el campo. Ambos equipos jugaron muy bien los dos partidos, pero con estos altísimos niveles de calidad acabó ganando el que tuvo un puntito más de eficacia. Y debería ser punto final. Enhorabuena a vencedores y vencidos, que demostraron por qué están en lo alto del fútbol mundial. Y enhorabuena al ganador, por la Supercopa; que, dicho sea de paso, sólo es un trofeo menor si no se gana.

Pero no. El sectarismo, o el victimismo (en los que es experto ese personaje siniestro y con apariencia de eternamente cabreado que se llama Mourinho) hicieron de nuevo acto de presencia. Durante el partido de este miércoles, el Real Madrid se manifestó con dureza, rayana en algunos momentos en una agresividad inaceptable. Creo que el árbitro actuó correctamente, mostró alguna tarjeta amarilla para evitar que el partido se le fuera de las manos. Parece evidente que algunos jugadores del Barça (como de todos los equipos, por lo demás) en algunas ocasiones exageran el daño sufrido por alguna entrada del contrario. Eso también es el juego.
Messi y Cristiano, durante el partido del miércoles
(AP; Autor: Andrés Kudacki; Fuente: lavanguardia)

Pero me parece inadmisible que se defienda impunemente la teoría de que las tarjetas amarillas sólo deberían mostrarse en caso de lesión del jugador rival. Las tarjetas amarillas se inventaron para amonestar a los jugadores que se manifiestan inapropiadamente agresivos o incluso crueles, y que podrían producir lesiones graves a algún jugador rival. Desgraciadamente, en el Real Madrid hay algunos jugadores que desarrollan habitualmente su juego de modo expeditivo (Pepe, Khedira está aprendiendo la mala lección, Marcelo a menudo, Sergio Ramos algunas veces). Es decir, juegan al borde de la amonestación, y no debería constituir sorpresa ni novedad el hecho de que acumulen tarjetas amarillas, o acaben expulsados en alguna ocasión.

En el partido de este miércoles, a un minuto del final del tiempo de descuento, ganando el Barcelona por 3-2, Marcelo le hizo a Cesc Fàbregas una entrada brutal, con llave de artes marciales incluida, cuyo objetivo era derribar al contrario e impedirle el avance. El árbitro no lo dudó, y sancionó la acción punible con tarjeta roja. Una expulsión que ya poco o nada podía influir en el resultado final de un partido que estaba virtualmente terminado.

Pero se organizó una tangana (según la RAE: tangana o tángana: 3. En el fútbol, follón, jaleo, pelea) absolutamente impresentable. En un momento se llenó el campo de extras, saltaron los dos banquillos propulsados por una ira irracional (entiendo que unos contra la agresión de Marcelo; otros contra el presunto teatro de Cesc, o contra el árbitro, no lo acabo de entender). Llegaron a las manos; el propio Mourinho le metió el dedo en el ojo al segundo de Guardiola (con premeditación y alevosía, de acuerdo a las imágenes que existen), que le devolvió luego una bofetada o colleja; jugadores del banquillo acabaron a tortazo limpio (Özil y Villa, los dos habían jugado, pero ya estaban en el banquillo, acabaron expulsados).

Costó restablecer el orden suficiente para poder terminar formalmente el partido.
Messi y Cesc, tras el tercer gol
(Reuters; Autor: Albert Gea; Fuente: rfi)

Pero, ¿a qué se debe esta reacción tan airada?. Pues supongo que los del Madrid porque estaban convencidos de que la conjura galáctica les había atacado de nuevo; y los del Barça porque sabían que los del Madrid iban a decir eso y para quejarse de una dureza en el juego que lo aleja del fair play que siempre es lo deseable.

Y hoy, el día después, en esta sociedad en la que parece que solamente existe el sectarismo del blanco o negro, todos tienen que mojarse: pero tú a favor de quién estás.

Yo pienso que la realidad es mucho más compleja y completa, tiene muchos más matices. Los dos equipos jugaron muy bien los dos partidos. Los jugadores del Real Madrid se emplearon con bastante dureza, y corrían el riesgo de cargarse de tarjetas amarillas o incluso acabar con algún jugador expulsado. Algunos jugadores del Barça acabaron cayendo en la misma trampa, y protagonizaron algunos gestos desabridos o cometieron faltas innecesarias. Creo que no se pueden hacer muchas críticas fundadas a ninguno de los dos árbitros. La realidad es que el FC Barcelona tuvo ese puntito de mayor eficacia que le llevó a empatar su partido en campo contrario, y a ganar el de casa.

Con lo que se ganó todo el derecho a levantar la Supercopa.

Punto final. Aunque nos obligaran a presenciar escenas tan bochornosas entre dos equipos del máximo nivel mundial. Personalmente creo que Mourinho, con su cara permanente de cabreo y con sus manifestaciones extemporáneas, le está haciendo un flaco favor al fútbol, nacional, europeo y mundial. Porque está consiguiendo que el fanático intolerante larvado que habita en todo hincha se manifieste en toda su crudeza.

Ese falangista sarcástico que fue Agustín de Foxá describía así la España que veía: [Los españoles están] condenados a ir siempre detrás de los curas, o con el cirio o con el garrote. En estos días tristes, en que hay que demostrar hasta lo evidente, da la sensación de que a todos nos toca ir detrás de los jugadores de fútbol, o para llevarles a hombros o para darles collejas y patadas.


Si todos acaban posicionándose contra el rival y sus modos, métodos y comportamientos, ¿quién c... está a favor del buen fútbol?.

Patético, si no fuera tan triste.

JMBA

domingo, 29 de mayo de 2011

Posiblemente, el mejor equipo del mundo

No soy fanático del fútbol, pero sí me gusta ver un buen partido. Luego mi memoria para el fútbol es muy corta, y me olvido hasta del resultado unos días después de ver un buen partido.
(Fuente: UEFA)

Este sábado nos reunimos varios amigos en casa para ver la final de la Champions League, desde el fabuloso estadio de Wembley. Y maravillosamente retransmitido por TVE HD en alta definición.

Y la verdad es que fue un partidazo, donde especialmente el Barça manifestó los mejores aromas del estilo de juego que le ha llevado a donde está hoy. Por el momento, muy posiblemente, el mejor equipo del mundo. Y todavía arrastro la resaca del champán que descorchamos al final.

El Manchester United salió al campo con intención de arrasar y conseguir un gol que le diera ventaja, cuanto antes. Pero tras unos minutos de agobio, no le quedó más remedio que ceder a la evidente superioridad del Barça, que acabó ganando la Final por 3-1 (goles de Pedro, Messi y Villa; gol de Rooney para el ManU).

Y el capitán (un improvisado Abidal, como homenaje generoso de Puyol y el resto del equipo por su reciente paso por el quirófano, para extirparle un tumor en el hígado) alzó la orejuda, la Copa de la UEFA Champions League. Con todo merecimiento, creo yo.

Esta tarde de domingo, Barcelona debe estar sumida en la catarsis de la rúa del equipo por toda la ciudad, con fin de fiestas en el Camp Nou.

Sir Alex Ferguson (más de 25 años al frente del Manchester United) ha dejado dos titulares: Creo que es el mejor equipo que he visto nunca; Nunca nadie nos había dado una paliza así. Algo sabrá sir Alex de fútbol. Y decir eso después de perder la Final, le honra como un gran profesional.
El FC Barcelona lleva ya bastantes años construyendo, por una parte, un juego bonito y efectivo, basado en la posesión y el control del balón, al que el rival se cansa de perseguir. Un juego que tiene varios peones fundamentales en el centro del campo, allí donde se genera el juego de ataque, allí donde se anticipa una pequeña ventaja para el delantero, si se le hace llegar un balón en condiciones. Hacérselo llegar a un Pedro, a un Villa o a un Messi es la labor excelente de los Xavi, Iniesta o Busquets.

Pero, además, el Barça ha sabido cultivar un estilo de equipo, una solidaridad y una convicción tan total en el juego que saben y deben hacer, que incluso cambiando jugadores, el nivel de juego prácticamente se mantiene en sus elevados estándares. Y también un sentido deportivo que hace que a todo el mundo (salvo a sus acérrimos enemigos, por supuesto) les guste el Barça. Porque a su entrenador Guardiola no le gustan los grandes titulares, ni las polémicas inacabables; y siempre manifiesta en sus palabras el respeto por sus contrarios (excelentes o modestos). Y porque sus jugadores estrella hacen gala permanentemente de una humildad a la que no estamos acostumbrados en jugadores de ese nivel.

La Masía, como escuela de futbolistas del Barça, tiene mucho que ver en eso. Se ha inculcado en todos los jugadores un cierto espíritu de familia. En el equipo que ayer ganó la Champions, al menos la mitad de los jugadores provienen de La Masía. Incluso Messi, siendo argentino, el Barça lo integró en La Masía a los trece años, y ha crecido como futbolista en ese marco protector que imprime carácter.

Francamente, me parece que los éxitos que está cosechando el equipo estos últimos años son la justa recompensa a una labor callada de muchos años, con visión de futuro. Es imposible construir un equipo como este Barça solamente a golpe de chequera y exigiendo resultados inmediatos.

Viviendo en Madrid, es normal que tenga muchos amigos que son hinchas, en mayor o menor medida, con mayor o menor intensidad, del Real Madrid. La breve temporada de clásicos de este año (hasta cuatro partidos entre los dos equipos en sólo tres semanas) les ha hecho mucho daño, y siguen sangrando por la herida. A pesar de haber ganado la final de la Copa del Rey al Barça (1-0 en Mestalla), o haber empatado a uno en el correspondiente partido de Liga en el Bernabeu, la eliminación de la Champions en semifinales fue una desilusión demasiado importante como para poderla digerir.

Parece cierto que las organizaciones futbolísticas y futboleras (especialmente la Federación del villarato y la UEFA) en los últimos años están siendo algo más condescendientes con el Barça que con el Real Madrid (que es lo único que les importa a los madridistas). El motivo para que las cosas se desarrollen así habría que buscarlo en varios frentes. Por una parte, estos organismos siempre tienen una cierta tendencia a sobreproteger al mejor. Porque los campeones siempre mueven, generan o hacen generar más dinero. Y seguramente también porque las últimas directivas del FC Barcelona han tenido una habilidad superior en infiltrarse en estos organismos. Y seguramente también porque el estilo de equipo que ha construido el Barça sea más próximo a los modelos deportivos que deberían vehicular y estimular esas organizaciones.

Todo ello lleva a los aficionados a las teorías conspirativas a constatar una cierta realidad en el comportamiento habitual de los árbitros. Conscientes de esta relativa preferencia por parte de los organismos que les pagan, aplicarían habitualmente la teoría del in dubbio, pro Barça. La política de supervivencia de no morder la mano que te da de comer.

No voy a bucear en esos pozos habitualmente llenos de intereses más que de afán deportivo, en esas organizaciones siempre presuntamente mafiosas, que manejan muchísimo dinero y practican una transparencia de funcionamiento y una democracia interna prácticamente nulas. Mi amigo Ansgar ya lo hace abundantemente en los últimos tiempos. Por ejemplo, haciendo referencia a un vídeo del director del períodico deportivo As (Alfredo Relaño) donde cuenta algunos hechos significativos de esta etapa de villarato (por Ángel María Villar, presidente, parecería que perpetuo, de la Federación Española de Fútbol) que abonan esta teoría.

Seguro que hay mucho de verdad tras esta asunción de que el FC Barcelona estaría caminando sobre una alfombra roja. Pero les aconsejo desde aquí a todos los madridistas que abandonen la nostalgia, que dejen atrás la autocompasión, e inicien la más sana autocrítica.

Si bien es cierto que en los dos partidos de semifinales de la Champions (entre el Madrid y el Barça), hubo alguna decisión arbitral dudosa, que favoreció posiblemente al Barça, también es cierto que eso no alteró sensiblemente el signo de la eliminatoria. En mi opinión, el Real Madrid sabe jugar mejor de lo que lo hizo en esos dos partidos. Pero, por lo que se vio en el campo, el Barça ha sido el justo finalista de la Champions. Al final del primer partido, Mourinho tiró a la basura la eliminatoria, con sus extemporáneas y airadas manifestaciones, fruto de la frustración.

En cuanto a esas organizaciones siempre oscuras, nada democráticas y opacas, cámbiense si se puede, fuérzese su apertura, consígase que sean mucho más transparentes y demás. Y si no se puede, flaco favor le hacen a su equipo las denuncias desabridas de Mourinho. A esa clase de monstruos (Federación, UEFA) no queda más remedio que ofrecerles los sacrificios que toque durante el solsticio. Hasta que las cambiemos o nos deshagamos de ella.
El Real Moudrid ha hecho, por otra parte, una campaña excelente. Hubiera sido el Campeón de Liga si no existiera este Barça, pero dejó al siguiente a muchos puntos de distancia. Ganó la Copa del Rey. Y una final en Wembley entre el Barça y el Real Madrid hubiera sido, sin ninguna duda, un espectáculo que no olvidaríamos en mucho tiempo. Pero no podía ser y no fue.
Basta ya, por favor, de ensombrecer una realidad que está más allá de esas pequeñeces. Hoy por hoy, muy probablemente, el Barça es el mejor equipo del mundo.

Este sábado lo demostró de nuevo.
JMBA

martes, 30 de noviembre de 2010

Una Manita en la cara de Mourinho

No soy especialmente forofo del F.C. Barcelona, pero sí partidario. Cuando vivía en Barcelona no le prestaba al tema la menor atención, pero desde que vivo en Madrid, ser partidario del Barça garantiza que siempre haya alguien de buen humor por ahí.
(Fuente: Sport)

Y me gustan los buenos partidos de fútbol, que son raros de ver, más allá del aliciente por el resultado (favorable o no) a nuestros colores. Pero en estos tiempos de Guardiola, el Barça no deja de darnos satisfacciones, espero que a todos los aficionados al buen fútbol.

El repaso de este lunes 29 de Noviembre (por cierto, día de mi cumpleaños, y jornada de nieves en Madrid) que le dió el Barça al Real Madrid, pasará a la Historia.

El Barça jugó como acostumbra últimamente, sólo que a su máximo nivel. Parecían Ángeles que se deslizaban por el campo, y se filtraban por entre las defensas madridistas, muy bien dispuestas, para sembrar el peligro, y el gol. Hasta cinco acabaron cayendo en el Nou Camp. La famosa Manita.

Estoy de acuerdo con Mourinho en que la derrota de ayer del Madrid se puede digerir con facilidad, porque no hubo ninguna posibilidad de victoria. No es un partido del que se salga quejándose de las oportunidades perdidas, o de la poca efectividad, o de las intervenciones del árbitro, o de los despistes de la defensa. La única posibilidad es reconocer la superioridad manifiesta que el Barça desplegó en el campo.

El Madrid se hartó (y se desesperó) de perseguir sombras que eran dueñas del balón en casi todo momento, y que inventaban el peligro a cada instante. Cualquier aficionado al buen fútbol tuvo que disfrutar con el partido de ayer. Los del Real Madrid, por supuesto, con la amargura de descubrir que solamente son segundos en esta Liga de dos. Pero es de justicia reconocer que el Real Madrid no perdió el partido. Fue el Barça el que lo ganó desde el primero al último minuto.

Y conviene olvidar pronto algunas salidas de tono, fruto de la desesperación, como el empujón de Cristiano a Guardiola, o la tangana de Sergio Ramos en las postrimerías del encuentro.

Para el día después queda la satisfacción de haber podido ver un partido muy difícilmente repetible, que quedará inscrito con letras de oro en los Anales de la Excelencia.

¡¡¡Visca el Barça!!!

JMBA