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jueves, 5 de julio de 2012

Horarios Comerciales

Una vez más estamos a vueltas con el tema de la liberalización (más o menos completa) de los horarios comerciales. Vaya por delante que yo soy partidario de la total liberalización , sin más regulación que la necesaria para evitar dañar otros derechos de los ciudadanos (ruidos a horas intempestivas, o cosas así).
Un pequeño comercio.
(Fuente: revisioninterior)

Tradicionalmente, el pequeño comercio es contrario y las grandes superficies son favorables.

Desde mi punto de vista, el único criterio que debe tener el dueño de un comercio (pequeño, mediano o grande) es la rentabilidad de cada hora en que tiene el comercio abierto. Abrir una tienda tiene una serie de costes fijos (luz, empleados,...), y esos costes deben compensarse con el beneficio de las ventas que se puedan producir.

El resto es lírica, nostalgia o victimismo.

Empecemos por decir que el comercio es un servicio público, que ofrecen los comerciantes de toda laya al conjunto de la población. Y, de facto, existe una total libertad de compra: cada cual compra lo que le parece conveniente, en el lugar que más le apetece o que mejor le compensa, y a la hora en que puede hacerlo (tiene que coincidir, claro, la disponibilidad de tiempo del comprador y la apertura del correspondiente comercio).

Con el comercio electrónico todos los consumidores hemos descubierto lo que es la auténtica libertad de horarios. A la una de la mañana (un suponer), en zapatillas y con un cubata en la mano, se puede lanzar un pedido de cápsulas de café, de una nueva cámara fotográfica o de esos libros recientemente aparecidos y que ansiamos poseer.

Cada comerciante debe ser capaz de proponer a sus clientes potenciales una oferta que le haga distintivo y que aporte al comprador argumentos que valore para comprarle a él en lugar de hacerlo en otro lugar. Cada comprador tiene unos ciertos patrones de comportamiento. Algunos saben exactamente lo que quieren comprar, pero se hartarán de buscar dónde pueden conseguirlo unos euros más barato. Otros saben exactamente quién vende lo que quieren comprar, y cruzarán la ciudad, si hace falta, para hacerse con esos croissants deliciosos o con el jamón york que le gusta. Otro simplemente necesita comprar un pan razonable a las diez de la noche, que es la única hora en que sus actividades se lo permiten.

Con todo ello volvemos a las teorías más primigenias del marketing y de las 4 P,s: Product, Price, Place, Promotion. Un consumidor no sólo compra un producto, sino que lo compra en un lugar mejor que en otro, a un cierto precio y su decisión puede estar manejada (o manipulada, dirían algunos) por determinados elementos de promoción (publicidad machacona o que aparezca muy bonito en la tienda). Hay productos que pueden ser prácticamente intercambiables: a muchos consumidores les puede dar igual que el pan de molde sea de una marca o de otra, o incluso de una marca blanca. Pero seguro que habrá otros consumidores que comprarán necesariamente el más barato, o forzosamente el de una cierta marca.

Un pequeño comerciante de proximidad no creo que gane nada oponiéndose a la liberalización de los horarios. Por mucho que se esfuerce en conseguir que los comercios alternativos al suyo estén cerrados cuando lo esté el suyo, eso no llevará necesariamente clientes a su tienda cuando tenga abierto. Debe ser capaz, eso sí, de analizar su modelo de negocio, e identificar cuáles son sus elementos distintivos para que los vecinos compren ahí, en lugar de en la tienda de enfrente, o en otra tienda más grande o en un hipermercado. Seguramente no podrá competir en precio puro, ni tampoco en variedad de productos equivalentes (todos tenemos presentes esas inacabables góndolas de supermercado donde hay latas de bonito del norte en aceite de treinta y nueve marcas diferentes). Pero seguro que puede identificar algún elemento que le haga distintivo y que le convierta en atractivo a un número suficiente de consumidores para que sus cuentas acaben siendo rentables.

Es posible que resulte absurdo que tenga abierto a las doce del mediodía, si en su zona todo el mundo está trabajando a esa hora. Pero puede que no sea ninguna tontería que tenga abierto a las diez de la noche, porque a esa hora los vecinos sí tienen algo de tiempo libre. Según la idiosincrasia de sus vecinos, les puede aportar un valor añadido tomando decisiones de aprovisionarse de unos productos u otros de acuerdo a los criterios de compra que tengan la mayoría de sus clientes potenciales. Posiblemente sea inútil que tenga esas treinta y nueve marcas de bonito del norte en aceite, pero tendrá que esforzarse en tener siempre el que resulte más barato (si la mayoría de sus clientes compran en base puramente a precio) o en tener el de mejor calidad, si sus clientes dan prioridad al producto en sí respecto a su precio. O quizá le compense tener solamente esos dos.
Una gran superficie en el País Vasco. El pequeño comercio
debe poder competir con otras reglas.
(Autor: Santos Cirilo; Fuente: elpais)

Parece absurdo que los comercios estén cerrados a aquellas horas en que se pasea mucha gente por delante de sus escaparates con el cierre echado. No tiene sentido, por ejemplo, que las tiendas de recuerdos estén cerradas cuando hay mayor afluencia de visitantes que siempre podrían gastar un poquito más si se les ofrece alguna cosa que les apetezca. Si el comerciante prefiere ir a la procesión que abrir la tienda, esa es su libertad. Pero, como todas las libertades, nunca es gratuita.

La hostelería en general ha entendido estos rudimentos bastante bien. Los hoteles tienen que estar abiertos siempre (o durante toda la temporada -día y noche- en los lugares de playa, por ejemplo). Y tiene que espabilarse con tarifas creativas para mantener su ocupación siempre en los niveles más elevados posibles. Los restaurantes saben que tienen que tener abierto a las horas en que habitualmente la gente come o cena. Y cada vez más, con la globalización, seguramente, hay muchos lugares con cocina non-stop para atender a todos los gustos y a todas las necesidades. En el centro de las grandes ciudades acostumbra a haber bastantes establecimientos donde se puede comer casi a cualquier hora del día. En el centro de París, por ejemplo, hay muchos restaurantes que sirven comidas desde las once de la mañana hasta la una de la madrugada. Lógicamente, no necesitan el mismo número de cocineros o camareros a la una de la tarde -en que la gran mayoría del público toma su almuerzo- que a las cinco de la tarde, en que comen cuatro despistados o los recién aterrizados en la ciudad.

Sin embargo, hay otros restaurantes que, para preservar su calidad, prefieren tener sesiones con horarios definidos para comida y cena, y cerrar a otras horas. Están en su derecho, por supuesto.

La aspiración de cualquier comerciante, sea cual sea su sector de actividad, tiene necesariamente que ser el conseguir atraer a un número suficiente de compradores, para que su negocio sea viable y le rinda un beneficio que estime como suficiente. Una tienda que venda cualquier clase de cosas puede elegir su modelo: vender a muchos con pequeño margen, o a pocos con gran margen. Pero las cuatro P,s de esos dos modelos de negocio no se parecen en nada.

Lo que es absurdo es pretender que te compren la lata de bonito del norte más básica a precio de la buena, si no ofreces otras cosas además (atención esmerada con tus clientes; abierto a las diez de la noche; que te lo sube a casa a cualquier hora y rápido; etc. etc.).

La decisión de compra de un consumidor particular es un acto básicamente emocional. Y, por lo tanto, la propuesta comercial tiene que ser capaz de tocar esa fibra emocional en el comprador.

Lógicamente, los medios con que aborda su negocio un pequeño comerciante de barrio y una gran superficie no se parecen en nada. Pero cada consumidor puede ser cliente de uno u otro, en diferentes momentos, atendiendo puramente a factores emocionales.

En defensa del pequeño comercio a veces se esgrimen argumentos peregrinos. Por ejemplo, que su desaparición desertizaría el centro de las ciudades. Quizá sea verdad, pero eso no justifica de ninguna forma cualquier modo de subvención. Todos los comercios abiertos deben ser rentables. Si no lo son, deben buscar formas alternativas (modificar sus cuatro P,s, por ejemplo) para conseguir serlo. Y si no existe ninguna manera factible para que sean rentables, están abocados al cierre. Punto final. Siempre puede haber algún filántropo, pero una flor no hace primavera.

Existe libertad de compra y, por lo tanto, debe existir libertad de venta para conseguir que oferta y demanda se satisfagan mutuamente con el mejor éxito.

Hablar de libertad de horarios comerciales no tiene por qué significar que las grandes superficies, por ejemplo, vayan a abrir todos los días del año y a todas horas. Cada cual hará sus propios cálculos para evaluar si abrir un cierto domingo, por ejemplo, puede ser rentable o no. O evaluará su capacidad de influencia en un número suficiente de consumidores para llevarles a modificar sus hábitos y a comprar un domingo, en lugar de irse a pescar al río (un decir).

Si usted tiene una tienda de aire acondicionado en el Polo Norte, tendrá que evaluar la viabilidad de su negocio, porque allí siempre hace suficiente frío (o incluso demasiado) y, además, porque no hay un número de consumidores suficiente por los alrededores. No creo que nadie esté dispuesto a subvencionar a esa tienda, sólo por el hecho de que queda decorativa en el paisaje agreste del invierno ártico.

Libertad de horarios comerciales, sí, por supuesto. Pero cada comerciante deberá evaluar con mimo el perfil y contenido de su propia oferta comercial, y los consumidores, en cualquier caso, tomarán (emocionalmente la mayoría de las veces) sus propias decisiones de compra.

El simple hecho de que exista una tienda de conveniencia en la esquina de casa no garantiza de ninguna forma que siempre vaya a comprar ahí, ni que lo vaya a comprar todo en ella. Iré alguna vez (o no), dependiendo de si su oferta comercial me compensa o no.

Todos hemos visto alguna vez la imagen de dos bares que parecen iguales, en la misma calle, pero que en uno siempre hay mucha gente y en el otro no hay nunca casi nadie. Si lo analizamos, seguro que descubrimos que la propuesta comercial de uno atrae a muchos consumidores, mientras que la propuesta del otro no resulta atractiva.

Y todos hemos clasificado a menudo a un restaurante por si merece el desvío o no. Algunos son simplemente malos (o tienen una muy deficiente relación calidad/precio) y mejor no ir nunca. Otros pueden resultar convenientes si te encuentras en la zona y quieres comer. Y algunos, pocos, merecen cruzarse una gran ciudad o hacer cincuenta kilómetros de más, porque tienen una propuesta gastronómica absolutamente distintiva.

Si en tu tienda no entra casi nadie, no blasfemes contra los clientes que no vienen o que compran en otro lugar. Piensa en qué estás haciendo mal. No le pongamos puertas al campo, que las vacas las pueden rodear.


He encontrado en la red un breve artículo que me parece muy interesante sobre el tema del pequeño comercio, del que recomiendo su lectura.

JMBA

miércoles, 24 de agosto de 2011

DSK (9): Al fin libre

Como casi todo el mundo preveía (yo mismo lo había vaticinado desde el principio del caso; pero he escrito hasta ocho artículos ya), el fiscal de Manhattan (Cyrus Vance jr.) ha abandonado el caso penal que seguía contra DSK por intento de violación, agresión sexual y otros cargos conexos.
DSK y su mujer, entrando al juzgado para la sesión de
este martes.
(Fuente: sudouest)

El abandono significa que no se ha llegado a celebrar (ni se celebrará) ningún juicio y que, por lo tanto, no se ha llegado a evaluar el fondo del asunto. El tema es que hay pruebas de que existió una relación sexual apresurada y rapidita en la suite del Sofitel esa mañana, pero de ahí a poder probar que fue no consentida pasa por conseguir que el jurado crea a la demandante (Nafissatou Diallo). El caso es que el propio fiscal no se la acaba de creer, y es normal que se considere incapaz de convencer a un jurado de la culpabilidad de DSK.

Consiguientemente, DSK es libre de volverse a Francia cuando lo desee (en cuanto le sea devuelto el pasaporte). Nafissatou Diallo presentó una demanda civil (procedimiento ciertamente irregular, hacerlo antes de que el caso penal se haya resuelto), por el que pediría una compensación económica por un montante no declarado. Al abandonarse el caso criminal, las posibilidades de que pueda prosperar el civil creo que son remotas.

DSK tiene todavía pendientes algunas causas en Francia, como la que presentó la escritora Tristaine Banon. Veremos si va adelante, o la justicia francesa llega a la conclusión de que ya hace demasiados años de los hechos, y que más vale no seguir molestando a tal vaca sagrada.

Dentro de un mes se van a celebrar las primarias del PS francés. Teóricamente, se está fuera de plazo para admitir candidatos, pero todavía cualquier cosa podría suceder. Estos días, son los socialistas franceses los que, seguramente, estarán más inquietos. Habrá que ver la actitud de DSK cuando vuelva a Francia. Su carrera política fue arruinada por el (no) caso americano, pero todavía puede agitar su martirologio para reforzar su imagen de presidenciable. Su habilidad para los juegos de magia está demostrada.

Francamente, creo que sería un error. Si, en las presidenciales de 2012 el adversario de Nicolas Sarkozy fuera DSK, muy posiblemente le despedazarían no sólo por el tema de la camarera del Sofitel New York, sino por su carácter de sexoadicto, lo que le confiere una excesiva debilidad como para poder ocupar con garantías la presidencia de la nación.

No olvidemos que el no caso americano no significa para nada que DSK sea no culpable o incluso inocente. Ese tema no se ha llegado ni siquiera a rozar. Nunca sabremos si la relación fue consentida, incluso si Nafissatou le tendió una trampa por indicación, orden o pedido de terceros sin identificar; o si fue una ofuscación de DSK, impulsado por su adicción al sexo.

DSK será un jubilado de oro en la campiña francesa. Y si no, al tiempo.

JMBA

miércoles, 12 de enero de 2011

La Segunda Enmienda

Periódicamente salpican las portadas de los noticieros las informaciones sobre tiroteos indiscriminados en algún lugar de los Estados Unidos. Muy reciente está todavía el hecho luctuoso en Tucson, Arizona, con seis muertos (entre ellos una niña de nueve años y un juez federal) y una congresista demócrata (Gabrielle Giffords) en estado crítico en el hospital. Hasta 18 personas recibieron disparos de un individuo alterado, aparentemente próximo a las tesis del ultraderechista Tea Party. Como señala Antonio Caño en su crónica de hoy desde Washington para El País, una de las grandes representantes del Tea Party, Sharron Angle, la candidata a senadora por Nevada derrotada in extremis, pronunció durante la campaña de noviembre la célebre frase de que "si el Congreso sigue actuando de esta manera, la gente va a tener que buscar remedios en la Segunda Enmienda". Una frase que puede entenderse sin mucho esfuerzo como una incitación a la violencia armada.
(Fuente: zazzle.es)

Los ciudadanos en Estados Unidos tienen el derecho de poseer y portar armas (los términos concretos y su significado son todavía objeto de controversia) en virtud de la Segunda Enmienda (a la Constitución).

La Segunda Enmienda forma parte del llamado Bill of Rights, cuyos artículos 3 a 12 fueron promulgados por el Congreso de los Estados Unidos el 15 de Diciembre de 1.791. El artículo 1 nunca fue ratificado, mientras que el segundo no fue ratificado hasta 1992 como Vigesimoséptima Enmienda. En concreto, el artículo 4 de este Bill of Rights, conocido como la Segunda Enmienda, reza lo siguiente:

"A well regulated Militia, being necessary to the security of a free state, the right of the people to keep and bear arms, shall not be infringed".

De hecho, existen algunas variantes a esta formulación, que básicamente difieren en el uso de las mayúsculas y en los signos de puntuación. En cualquier caso, un par de líneas que han sido, y son, objeto de discordia y de múltiples interpretaciones.

Parece existir un cierto consenso en que el espíritu del legislador era el de garantizar los derechos de los ciudadanos a oponerse (incluso con las armas en la mano) a los excesos de un gobierno federal que pudiera acabar resultando abusivo. Por ello se citaría específicamente a las milicias, o grupos de ciudadanos armados, regulados o reclutados u organizados al nivel de alguno de los estados federados. Sin embargo, numerosa jurisprudencia del Tribunal Supremo ha consolidado la interpretación de que la Segunda Enmienda no solamente garantiza derechos colectivos o comunitarios, sino también derechos individuales. En particular, para poseer y portar armas "para sus diversos usos legales". Entre ellos estarían tanto la caza como la defensa personal.

En primer lugar, me parece muy curioso que una ley tan breve y sujeta a diversas interpretaciones, promulgada hace más de doscientos años, siga regulando la vida y la convivencia de los ciudadanos en este siglo XXI. El contexto de la sociedad se ha modificado de una forma tan total en el transcurso de estos dos siglos que parecería razonable que las leyes básicas también hubieran sufrido un aggiornamento, se hubieran puesto al día. Sin embargo, nada de eso se ha hecho, y la Segunda Enmienda sigue vigente tal y como fue redactada en el siglo XVIII.
Montaje con Moisés/Charlton Heston,
armado con un rifle
(Fuente: despiertaalfuturo)

Cada estado federado tiene la potestad de regular la implantación y respeto de esta legislación básica. Sin embargo, algunas legislaciones restrictivas promulgadas por alguno de los estados fue echada para atrás como anticonstitucional por el Tribunal Supremo.

En particular, Arizona es de los estados más permisivos en el comercio y el uso de las armas de todo Estados Unidos. De hecho, hasta recientemente estaba permitido portar armas en (casi) cualquier lugar público, con el único requisito de que fueran visibles, es decir, no podían llevarse escondidas. Esta (mínima) restricción ha sido también eliminada hace poco.

Por supuesto, existe una controversia permanente en la sociedad norteamericana respecto a este tema. Detrás de las diversas posiciones, a menudo podemos encontrar lobbies de diverso origen. Entre los defensores de la máxima libertad en la posesión y uso de las armas por parte de los ciudadanos privados está la NRA (National Rifle Association), que fue presidida de forma muy mediática por el actor Charlton Heston hasta 2003. Entre los partidarios de mayores restricciones está por ejemplo, la Brady Campaign (que lleva el nombre del jefe de prensa que recibió un tiro durante el intento de asesinato de Ronald Reagan).
Texto de la Segunda Enmienda
(Fuente: popjuris)

Tras la masacre provocada en un instituto en Columbine, Colorado en 1999 (trece muertos, más los dos tiradores, que se acabaron suicidando), Michael Moore (siempre provocador y con tendencia a la desmesura) realizó un filme documental (Bowling for Columbine) en el que atacaba vivamente la fascinación por las armas del ciudadano medio estadounidense. Los dos chavales provocadores de la tragedia aparecieron por el instituto armados hasta los dientes, y tirotearon indiscriminadamente, hasta que decidieron quitarse a su vez la vida. Posteriormente, algunas investigaciones han puesto en evidencia que las trazas de un odio creciente hacia sus compañeros y profesores era ya patente en alguna web y blog que alimentaban los interfectos.

La posición de la ciudadanía y de la sociedad respecto a las armas en Estados Unidos resulta chocante para cualquier observador europeo. En Europa estamos más habituados a que las armas y su comercio estén muy regulados (por los diferentes gobiernos) y que no resulte posible comprar sin más un arma corta personal (del tipo pistola o revólver). Se requiere una Licencia de Armas, y para obtenerla hay que justificar su necesidad (personal de seguridad privada, seguridad personal,...) así como superar ciertos requisitos de idoneidad. Lo mismo aplica a las armas para la caza. Aunque, especialmente en el ámbito rural, de vez en cuando se produce algún homicidio o asesinato utilizando algún arma pensada para la caza, usualmente para dirimir viejas rencillas de lindes o propiedades, o diferencias familiares por una herencia, o cosas del género.

Claro que hay que entender que el ciudadano estadounidense medio manifiesta una auténtica obsesión por siquiera sospechar que el Gobierno Federal se está metiendo en su vida, que la está regulando de alguna manera. Para un observador europeo, en esta línea, resulta sorprendente la oposición frontal de una buena parte de la sociedad de Estados Unidos contra la reforma de la Sanidad de Obama, que pretende que la cobertura sanitaria sea lo más universal posible (sin olvidarnos, claro, de los potentes lobbies de las mutuas médicas). Un Estado protector es visto ahí como una injerencia en la vida privada del ciudadano, y da la sensación de que la única justicia la administran los dólares que cada cual posea. El Estado del Bienestar es visto como una excentricidad anacrónica y extravagante de esos europeos.

A la vez estamos habituados a que el comercio de armas y armamento esté en manos de los respectivos gobiernos, que deben autorizar todas las operaciones. Claro que, al mismo tiempo, existe un cierto mercado negro o tráfico de armas, que discurre por las alcantarillas de la sociedad y equipa con armamento a quien tiene dinero para pagarlo (terroristas o delincuentes en general, bandas facciosas o mafiosas en diferentes países del mundo, movimientos insurgentes, etc.). Normalmente, la simple posesión de un arma sin una Licencia específica que lo permita, ya es un delito en la mayoría de países europeos.

El origen de la legislación sobre armas en Estados Unidos está justamente en el extremo opuesto, ya que nace de la desconfianza en un Gobierno Federal que pudiera acabar siendo abusivo, o en la propia incapacidad del Estado para garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Lo que, por cierto, sería sin duda verdad en el Lejano Oeste, por ejemplo.
Material pro regulación de las armas, de la
Brady Campaign
(Fuente: fogcityjournal)

A muchos nos produce estupefacción la convivencia habitual de los ciudadanos con las armas, incluso desde muy temprana edad. Me contaba un amigo español que, tras vivir un tiempo en Estados Unidos decidió volver a España cuando en la celebración de la entrada en la edad adulta del hijo (a la sazón, de trece o catorce años) de unos amigos el mejor regalo de su padre fue hacerle entrega de su primera pistola. Francamente, estos hechos me inspiran a pensar en una sociedad enfermiza, que confía irracionalmente en las armas como un recurso válido para administrar justicia, la justicia de cada cual, o, más frecuentemente, la venganza ciega.

La convivencia, llamémosle libre, con las armas en todos sus formatos, genera en muchos la falsa sensación de que son un instrumento válido, convencional y cotidiano para dirimir diferencias y para defenderse del hombre malo que quiera perjudicarnos.

El resultado de todo ello, como manifiesta la Brady Campaign, es que, proporcionalmente, el número de muertos por arma de fuego en Estados Unidos es hasta 24 veces superior que la de un país como España. Y cifras parecidas encontraremos en la comparación con otros países del mundo.

Creo, pues, que resulta anacrónico que la legislación sobre las armas en Estados Unidos siga siendo esa (escueta) Segunda Enmienda, promulgada hace 219 años. Esas leyes deberían revisarse de acuerdo a los tiempos que corren. Claro que el propio país, su Gobierno Federal, tiene una actitud en todo el mundo muy parecida, arrogándose el papel de Gendarme Universal, y confiando en que sus fuerzas armadas sean todopoderosas para implantar en cualquier lugar la idea estadounidense sobre cómo deberían ser las cosas.

El hombre malo, sean cuales sean las leyes, acabará teniendo acceso igualmente a las armas que le resulten precisas para su actividad delictiva. Pero alejar al probo ciudadano de ellas creo que sólo conllevaría ventajas. Aunque sólo fuera reforzar su confianza en los mecanismos democráticos que la sociedad se ha dado para imponer el imperio de la Ley y crearle conciencia de que la Justicia existe más allá de los métodos más o menos expeditivos que se utilicen para imponerla.

Cortemos la espiral de violencia que conlleva el libre acceso de cualquiera a cualquier tipo de arma de fuego.

JMBA