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miércoles, 28 de marzo de 2018

Santi Vila: "De héroes y traidores".

Este libro representa un oasis en el centro de un circo enloquecido.

Santi Vila fue conseller en el Govern de Catalunya durante unos cuantos años. Dimitió de su cargo la tarde del 26 de Septiembre de 2017, tras ver con impotencia como la décima ventana de oportunidad para enderezar el procés era también ignorada.

Fue alcalde de Figueres y buen amigo, evidentemente, de Carles Puigdemont, que fue alcalde de Girona hasta convertirse, tras un rocambolesco episodio que arrumbó a Artur Mas al almacén de la historia, en President de la Generalitat, tras los idus de marzo de primeros de Enero de 2016.

Es conocida su adscripción a Convergencia y su perfil de político moderado. Pero en este libro demuestra que, además, es capaz de mantener una mirada sensata y lúcida sobre la realidad, incluso cuando esta se convierte en el ojo de un huracán incontrolable.

No soy muy aficionado, en general, a los libros escritos por políticos. Unos son simples libelos, escritos quién sabe por quién, de prisa y corriendo, para aprovechar el tirón de la actualidad. Y otros son Libros de Memorias, más pensados como justificación propia y como fuente bibliográfica de los historiadores del futuro, que como libro de lectura continuada. Pero "De héroes y traidores" es otra cosa. Se trata más bien de recoger el pús que supuran las heridas y convertirlas en palabras dotadas de un buen sentido.

Santi Vila no va contra nadie, pero deja bastante claro el papel que cada cual ha jugado en un melodrama que no hizo más que irse deteriorando hasta convertirse en tragedia. Y pone en este libro, negro sobre blanco, todo lo que seguramente él siempre supo, pero los demás sólo intuíamos de vez en cuando.

En la primera parte, describe los hechos que son más o menos conocidos por todos, a través de los medios de comunicación, sólo que con una mirada mucho más interior, no accesible para los ciudadanos comunes, que convierte a los personajes en personas humanas y que proporciona algunas claves que no siempre fueron bien visibles.

La segunda parte del libro resulta especialmente pedagógica, y arroja luz sobre un político español y catalán que, por su moderación, sensatez y lucidez podría hacer un maravilloso papel algún día como Presidente del Gobierno de España. Llamadme idealista ingenuo, que lo soy.

Primero repasa los diez grandes errores cometidos durante todo este tiempo por los dos bandos a partes iguales. De entre los cometidos por el Gobierno Rajoy, la mayoría son más o menos conocidos ya por los que han seguido con atención y afán crítico la actualidad de estos tiempos. Pero yo destacaría el quinto, que denota una capacidad superior de abstracción del autor: España no es cool.

De los errores cometidos por el soberanismo, algunos los puede intuir cualquier lector informado. Pero yo destacaría el primero, algo más sutil: la marginación de la política profesional. Este hecho provocó que la agenda política dejara de estar en poder de los legítimos representantes del pueblo catalán, para ser controlada por asociaciones ciudadanas y otras fuerzas. Este error se sublimó al constituir las listas de la candidatura unitaria JuntsxSi, trufada de personas de la sociedad civil, que relegó a muchos políticos a puestos irrelevantes, o directamente a ser extraparlamentarios.

Santi Vila identifica a continuación hasta diez ventanas de oportunidad, entre 2015 y 2017, en que una decisión diferente de la que finalmente se tomó podría haber reencauzado al procés por unas vías razonables y realistas. Pero, una tras otra, se fueron desperdiciando. Cuenta que, tras cada uno de estos fiascos, tuvo la tentación de dimitir, pero aguantó confiando en la siguiente. Hasta que la caída por el barranco ya resultó inevitable, tras echar a perder la que se presentó en la madrugada del 26 de Octubre. Puigdemont, con algunas reticencias de algunos de sus próximos, había decidido que ya había cumplido su misión de llevar a Catalunya a la preindependencia, y que lo que tocaba era convocar elecciones.

De haberlo hecho, se hubiera evitado casi con seguridad la aplicación del artículo 155 y hubiera sido un punto y aparte, para que todo el mundo pudiera reflexionar con alguna calma. Pero, especialmente desde entornos de ERC y de la CUP, tanto la voz de la calle como las redes sociales empezaron a vomitar su bilis contra quien había sido su héroe hasta quince minutos antes. Los estudiantes gritaban en la Plaça de Sant Jaume "botifler" y "traidor", epítetos dirigidos a Puigdemont. Y Twitter vomitó su peor basura insultante contra el MHP. De todos ellos se recuerda el de Gabriel Rufián: "155 monedas de plata" que en sólo cuatro palabras, llamaba traidor (como Judas) a Puigdemont y además le acusaba de ceder a la presión de que el Gobierno de España pudiera aplicar el 155.

Al final, Puigdemont tomó una decisión y prefirió quedarse con los suyos aun estando equivocado, antes que tener razón pero quedarse solo.

Finalmente, la tarde del 27 de Octubre, el Parlament declaró constituida, sin mayor liturgia, la República Catalana. Pero el entusiasmo solo lo puso la calle, porque la cara de los políticos era de una profunda preocupación. Creo que sabían que acababan de vadear el último río, más allá del cual no queda sino el 155, y la negrura, y la cárcel y el exilio.

La tarde del 26 de Octubre, viendo cómo la última ventana se cerraba definitivamente, Santi Vila dimitió y se fue a su casa.

El último capítulo lo dedica a una cierta prospectiva, para identificar por dónde y cómo pueden venir las soluciones a este problema. La verdad, he visto muchas reflexiones suyas que me gustaría oír de boca de algún político de ámbito estatal.

Y en las últimas páginas cuenta lo que va a ser su vida a partir de ahora. Que se ha reincorporado a la actividad privada, como gerente de una empresa centenaria de la zona de Banyoles (Girona), la que siempre ha sido su terreta. Y su pareja, Javier, ya puede descansar mejor, lejos de los muchos sobresaltos que se llevó mientras Santi estuvo en la política activa. Por cierto, Santi Vila no se manifiesta en absoluto sobre si la política activa podría estar de vuelta en algún lugar de su futuro personal.

Hay que agradecerle a Santi Vila el tono exquisito con el que cuenta los acontecimientos y las cosas, porque nadie puede sentirse herido ni señalado por algún dedo acusador. Sólo le motiva el hecho de conseguir que sus lectores puedan entender una realidad tan compleja, como demuestra él mismo que comprende.

También le ayuda al lector a discernir si una cierta decisión que alguien tome en los próximos tiempos puede ser o no un camino de salida o de futuro.

Este libro ha sido publicado en versión original en castellano (la verdad, me resultó curioso) por Península, y en versión traducida al catalán por Pòrtic.

Yo creo que este libro debería leerlo todo español que tenga interés y curiosidad por saber lo que pasa en su país y por qué. Es válido tanto para los nacionalistas del "a por ellos" como para los indepes irredentos de "prensa española, manipuladora", así como para la infinita gama de mediopensionistas. Los extremistas, de uno u otro bando, es posible que en algún momento de la lectura deban dominar una ira irrefrenable que les llevaría a arrancar algunas páginas del libro. Si lo consiguen, y prosiguen la lectura con ánimo de entender, con seguridad habrán aprendido muchas cosas al terminarlo.

JMBA

viernes, 13 de noviembre de 2015

Con 'Mandato Democrático' no vale todo

Carlos Alsina es un periodista sagaz e inteligente, que codirige actualmente el programa matinal de Onda Cero, Más de Uno. De 6 a 10 se concentra en repasar las noticias del día, en realizar alguna entrevista y en moderar la tertulia política. A las 10 toma el relevo Juan Ramón Lucas, hasta las 12.30, y se dedica a temas algo menos serios, con participación de los oyentes, etc.

Sin embargo, Carlos Alsina es un periodista de perfil bajo, porque no es grandilocuente como otros ni levanta casi nunca la voz. Pero para cada entrevista hace muy bien los deberes, y ningún entrevistado está a salvo de sus dardos bien meditados.
El periodista Carlos Alsina.
(Fuente: periodistadigital)

Hace unas semanas puso en aprietos a Mariano Rajoy, con el tema de la ciudadanía española y/o europea de los catalanes, y forzó al Presidente al hecho insólito de preguntar al propio entrevistador lo que se hizo rápidamente viral: ¿Y la Europea?.

Este viernes ha entrevistado a Neus Munté, la vicepresidenta y portavoz del Govern en funciones de la Generalitat de Catalunya. Munté era prácticamente desconocida para el gran público hasta muy recientemente, cuando la situación en Catalunya ha atraído la atención de todo el mundo. E incluso, en el marasmo de las negociaciones entre Junts pel Si y la CUP, su nombre ha sonado como posible recambio a Artur Mas, o como vicepresidenta con amplios poderes en el entorno de una presidencia coral.

Alsina quería que Neus Munté se manifestara con claridad sobre la posible desobediencia al Tribunal Constitucional. Munté repetía machaconamente el mantra que estos días manejan los independentistas catalanes en sus manifestaciones públicas: 'Vamos a obedecer el mandato democrático que el pueblo de Catalunya nos ha dado en las urnas'. Esta argumentación tiene, por supuesto, algunas fisuras graves. De una parte, la polémica sobre si disponen de un respaldo popular suficiente para intentar llevar adelante una iniciativa de esta trascendencia. Y, de otra, como si obedecer un mandato que es contrario a la legislación aplicable de mayor rango y a la decisión del Constitucional no significara, en la práctica, desobedecer y, por lo tanto, realizar actos ilegales.

Alsina siguió presionando, para intentar conseguir unas declaraciones menos ambiguas. En ese proceso, planteó un escenario demoledor. Pidió primero la confirmación de que, en Catalunya y de acuerdo a la legislación autonómica, está prohibida la celebración de corridas de toros. A continuación se imaginó la situación de que en un Ayuntamiento catalán consiguiera una mayoría absoluta una formación política favorable a las corridas de toros. Si decidieran empezar a celebrarlas en ese municipio, ¿eso sería ilegal? ¿reaccionaría la Generalitat contra el Ayuntamiento, para desmontar una iniciativa que obedecería a un mandato democrático, pero que sería ilegal, por ir contra una legislación de rango superior?.

Se notó mucho que ese planteamiento no lo tenía previsto Neus Munté en su script para las declaraciones públicas. Utilizando un símil taurino, se enroscó la montera y dio unos capotazos, intentando llegar a la conclusión de que no son escenarios comparables. Aunque a mí sí me lo parecen, claro.
Neus Munté, vicepresidenta y portavoz del Govern
catalán en funciones.
(Fuente: lavanguardia)

Alsina siguió hurgando en la llaga. Imaginó ahora que en una Comunidad Autónoma cualquiera obtuviera la mayoría absoluta una formación política favorable a la Pena de Muerte, que está prohibida en nuestra Constitución y en las leyes europeas aplicables. Si decidieran implantar la pena de muerte en esa Comunidad, ¿eso sería ilegal? ¿debería actuar el Estado para imponer el cumplimiento de la legislación de rango superior?.

Aquí ya Neus Munté rehusó la muleta y le pidió al entrevistador que no le pusiera comparaciones de ese tipo, que no iba ni a entrar en un tema tan grave.

Como Queríamos Demostrar. Carlos Alsina demostró esta mañana que un Mandato Democrático no es una patente de corso que permita cualquier cosa, incluyendo las claramente ilegales.

Cualquier ciudadano tiene derecho a ser independentista, incluso a luchar políticamente (a negociar) para convertir su deseo en una realidad. Pero en los estados democráticos de derecho, debe primar el Imperio de la Ley. La Ley es lo que nos damos los ciudadanos, a través de nuestros representantes políticos, para organizar y armonizar la convivencia. La Ley, por supuesto, se puede modificar para adaptarse a tiempos nuevos o a nuevas situaciones. Todos los años hay docenas o centenares de cambios en la Ley, introducidos por los correspondientes Parlamentos. Pero ningún ciudadano puede violar la Ley, sin esperar que la sociedad, a través de las Administraciones Públicas, le aplique el correspondiente reproche, penal, económico o del tipo que sea.

Me temo que Convergencia Democrática de Catalunya (y sus compañeros de viaje en Junts pel Si), empujados por su empeño en conseguir, al precio que sea, la investidura de Artur Mas como President de la Generalitat, cedió (por lo que parece a cambio de nada) a las exigencias de la CUP, y presentó y aprobó una resolución aberrante en el Parlament, que sorprendió, sin duda, a muchos militantes de Convergencia e incluso a algunos consellers del propio Govern, por lo que se ha podido saber.

Quien lo quiera, puede escuchar la entrevista de Carlos Alsina a Neus Munté en Onda Cero en este enlace. A partir del minuto 11 y 30 segundos empieza la parte que acabo de comentar.

¡Bravo, Alsina!. Podemos prescindir de muchos periodistas pesebristas, que les ríen las gracias a los que son de su cuerda y critican zafiamente, a menudo sin más argumentos que la grandilocuencia o los gritos, a sus rivales. Y necesitamos más periodistas como tú, modestos pero demoledores, que hacen bien los deberes sin apriorismos evidentes, y que empujan a los entrevistados a salirse del corsé de los rígidos mensajes cocinados por sus Gabinetes de Comunicación.

Carlos Alsina, tus oyentes te queremos.

JMBA

lunes, 31 de agosto de 2015

¿Es la hora del adiós?

Xavier Sala i Martín (XSIM) (Cabrera de Mar, 1962) es un economista catalán que desarrolla labores de docencia en la Universidad de Columbia (USA) y también en la Pompeu Fabra de Barcelona. Ha paseado sus chaquetas de colores imposibles por los platós de muchas televisiones, y se presta a ocupar la posición de tertuliano experto en Economía donde quiera que le requieran. Es culé rabioso y formó parte de la Junta Directiva de Laporta en el F. C. Barcelona. Sigue siendo laportista confeso.
Xavier Sala i Martín
(Fuente: carolinaribera)

Lo que conviene saber desde el principio es que XSIM es un convencido independentista catalán, de los que yo denomino independentistas instrumentales.

En 2014 escribió un libro (en catalán) titulado: És l'hora dels adéus? (¿Es la hora del adiós?). Por supuesto, tanto este libro como todo lo que dice y publica XSIM (muy activo por otra parte en las redes sociales, Facebook, Twitter, etc.) está orientado a aportar argumentos a la que es su tesis de partida: la mejor solución de futuro para Catalunya y los catalanes es independizarse de España y convertirse en un nuevo país. Se nota que en su cabeza está permanentemente el principio CQD (Como Queríamos Demostrar). Que despliega argumentos con el objetivo de concluir que, efectivamente, la mejor solución es la que ya sabía antes de empezar.

Su libro (directa o indirectamente) se ha convertido en documento de cabecera de los independentistas instrumentales en Catalunya.

Tras muchas peticiones de poder disponer de una versión del libro en castellano, XSIM ha realizado una traducción "mecánica" del libro, y lo ha puesto a libre disposición pública en forma de documento PDF. A pesar de que lo mecánico de la traducción genera algunos giros escabrosos del lenguaje, o algunos errores elementales de traducción de palabras con varios significados (el más claro es el de traducir "dona" por "mujer" en lugar de por "da"), globalmente se puede leer sin apenas problemas en esta peculiar versión castellana.

En la primera parte, el autor repasa todo el catálogo de agravios de todos los tipos, que le llevan a justificar que la posibilidad de seguir integrada en España no es una buena solución para el futuro de Catalunya, y que es una alternativa sin esperanza que no genera nada de ilusión en un catalán medio, correctamente formado e informado.

En la segunda parte, XSIM se desgañita desplegando análisis desde todos los puntos de vista para justificar que Catalunya independiente sería un estado viable.

Me gusta que en ningún momento utiliza argumentos de base histórica. No habla de 1714 ni de Felipe V, ni del Reino de Aragón y el conde de Barcelona, ni de si Catalunya ya fue (o no) independiente en algún momento del pasado. Para mí, la historia es una fuente muy dudosa de legitimidad política, porque puede aportar argumentos para casi cualquier cosa (y también para su contraria). Por ello tiendo siempre a desconfiar de los argumentos de base histórica, sean en el sentido que sean.

En resumen, los argumentos desplegados en este libro son los que luego se han condensado en eslóganes de uso popular como el España nos roba, o el España no nos quiere.

Está claro que en Catalunya hay un cierto porcentaje de la población que es independentista visceral. Pero, por sí sola, esa parte no es políticamente muy significativa, y se queda relegada a una posición puramente testimonial. Lo que hace que la llamada amenaza soberanista sea una realidad es que una capa bastante más importante de la población de Catalunya (cuán importante no se sabe, dada la reiterada obstrucción a una votación en ese sentido) ha sido seducida para la causa independentista por argumentos como los que despliega XSIM en su libro.

En este punto hay que decir que XSIM es un escritor y tertuliano indudablemente vehemente, pero no es ni un loco ni un indocumentado. Él y sus argumentos han sido atacados desde varios frentes, pero siempre se ha defendido de forma bastante eficaz.

De la otra parte, sin embargo, no he escuchado argumentos en el mismo registro que los argumentos de índole práctica que despliega XSIM. Los partidarios de que el mejor futuro para Catalunya está en continuar integrada en España, un estado miembro de la Unión Europea y la Eurozona, basan su argumentación, habitualmente, en términos legales o históricos. La ley (la Constitución, por ejemplo) no permite la secesión de una parte del país, y la historia demuestra que España es un país unido con el perímetro actual desde los últimos cinco siglos. Ambos argumentos, siendo formalmente correctos, resultan muy escasamente seductores. En las décadas, siglos y milenios de Historia que hemos ido dejando detrás nuestro, siempre el motor del progreso ha sido la voluntad de cambio. Por ello, argumentos basados en que el statu quo no se puede (y/o no se debe) cambiar, resultan sospechosamente inmovilistas y reacios al progreso.

Yo recomiendo a todos los españoles que dediquen un poco de tiempo (no más de 2-3 horas) a leer este libro de XSIM. Eso les ayudará a entender la argumentación de los independentistas. Si huyen de apriorismos y descalificaciones, se encontrarán en mejor posición para argumentar, con éxito, en favor de que Catalunya siga formando parte de este proyecto común que es España.

Pero está claro que a ese proyecto se le deben aportar algunas modificaciones y mejoras, para que genere, por lo menos, una dosis de ilusión equivalente a la que está generando en muchos catalanes la posibilidad de construir, casi desde cero, un nuevo país.

En 1885, en lo que muchos consideran como la primera manifestación pública a nivel de toda España del catalanismo político, se presentó al rey Alfonso XII el llamado Memorial de Greuges (Memorial de Agravios). Da la sensación de que, 130 años después y a pesar de algunos altibajos en ese período, no hemos conseguido avanzar significativamente en la toma en consideración de esos agravios para mejorar el proyecto común que llamamos España. De hecho, en Octubre de 2013, el Govern de la Generalitat decidió actualizar ese Memorial, y difundirlo a las autoridades españolas y a las instituciones europeas.

La situación se viene enconando de forma muy significativa en los últimos 3 ó 4 años. Ya resulta imprescindible intentar comprender la argumentación de los rivales, porque eso es necesario para tener alguna posibilidad de convencerlos (o de vencerlos).

La única alternativa es que sigamos desgastándonos luchando contra molinos de viento, hasta que vengan los gigantes y nos arrasen.

Yo, catalán residente en Madrid desde hace muchos años, no soy independentista. Creo que el proyecto de país que es España puede aportarnos la suficiente ilusión a todos como para trabajar juntos para conseguirlo. Pero soy consciente de que ese proyecto se ha deteriorado en los últimos años. Y sé que si no somos capaces, entre todos, de aplicar las reformas necesarias para que podamos seguirlo sintiendo como una tarea común, ese deterioro se va a agravar y el resultado puede acabar siendo dramáticamente cierto.

Los que creemos que quizá todavía estamos a tiempo, encontramos a faltar una respuesta inteligente e informada de nuestros gobernantes (en los que no reconozco talla de estadistas) a ese ya más que centenario catálogo de agravios de los catalanes. Y, lo que es todavía más grave, no detecto esa capacidad ni en los gobernantes actuales ni en los que puede que nos gobiernen después de las próximas Elecciones Generales de fin de año.

Conocer con cierto detalle las inquietudes y argumentos de los que defienden una opción contraria a la nuestra debería darnos la capacidad de mitigar los agravios y desarbolar los argumentos.

JMBA

martes, 28 de julio de 2015

Catalunya como problema (político)

Ni Catalunya ni los catalanes tienen ningún tipo de problema (real) con el resto de España y el resto de los españoles. Está claro que en todos los bandos hay cerriles, estultos y maleducados. Pero dejando de lado todos los tópicos de uso exprés, no existe ningún problema real de relación.

Sin embargo, Catalunya sí es en la actualidad un problema político que hay que resolver.

El inicio de esta última etapa del independentismo catalán lo podríamos situar en esa promesa incumplible que hizo Zapatero, sobre un eventual Estatuto emanado del Parlament. Los siguientes pasos se dieron al judicializar el conflicto, fruto de un persistente (si no directamente tozudo) rechazo por parte del Gobierno de España de afrontar el conflicto desde un punto de vista político.

El siguiente escalón es de origen sociológico o de psicología colectiva. El proyecto de país que es España (todos los países necesitan tener un proyecto, una idea de lo que quieren ser de mayores) se ha deshinchado de forma alarmante. Actualmente, ser español no es nada de lo que nos sintamos especialmente orgullosos. Parecía que alcanzábamos el pelotón de cabeza de los países del mundo, pero eso ya es solamente una ilusión. El peso político de España en la Unión Europea es lamentable y bastante alejada de la que debería correspondernos por PIB y población.

La crisis gestionada por el PP nos ha llevado a ser un país de servicios de bajo valor añadido, sin ningún tipo de liderazgo reconocido en el mundo científico, técnico o industrial. Los salarios se han deteriorado de forma alarmante, y nuestra juventud mejor preparada no ha tenido otra solución que buscarse un futuro en otros países. Eufemísticamente, la Ministra de Trabajo le llamaba a este fenómeno movilidad internacional. Pero no nos engañemos, la mayoría de jóvenes que se van a Alemania, al Reino Unido, a Estados Unidos o al Sudeste Asiático no tienen en sus planes de futuro volver a España para que se les reconozcan sus muchos méritos. Es emigración pura y dura.

La mayoría de los españoles no tenemos mucho más remedio que resignarnos a esa realidad, sin dejar de trabajar para intentar salir de ese pozo, y confiando en que un liderazgo político de más altas miras y que genere un mayor entusiasmo nos pueda acompañar y liderar en ese camino.

En Catalunya, sin embargo, un político listo (al menos eso hay que reconocérselo a Mas) identificó esa debilidad como una oportunidad política. Añadiéndole un elemento de tipo práctico, como es la pésima definición e implementación de la financiación autonómica, tuvo todos los ases en la mano para asumir un papel mesiánico, entregado a la tarea de llevar a su pueblo a la Tierra Prometida.

En todos los territorios con una identidad histórica bien definida, hay una parte de la población que se siente visceral y emocionalmente independentista. Una minoría que no puede concebir cómo su tierra no tiene un estado propio, a pesar de que el propio concepto de estado es ya del siglo pasado. El siglo XXI es más bien el mundo de la globalización, los temas se resuelven en otros ámbitos y parte de la soberanía se delega a organizaciones supranacionales.

Yo estimo que esa parte de la población, en Catalunya, puede rondar el 20%. Igual, por cierto, que puede suceder en el País Vasco, en Bretaña, en Baviera o en Escocia. Desde un punto de vista estrictamente político, el papel de esa minoría es, habitualmente, puramente testimonial.

Sin embargo, los fenómenos coincidentes de crisis de proyecto de país y del España nos roba (para hacer corta una larga historia, aunque sea profundamente injusto decirlo así), permitió a Mas y sus socios de ERC (los tradicionales separatistas testimoniales) atraer a una parte bastante más importante de la población. Muchos ciudadanos que piensan que España no tiene remedio (especialmente mientras siga gobernando el PP), que perciben al país como demasiado casposo y con el que no sienten ninguna ilusión en identificarse.

El proyecto de construir un estado nuevo desde cero hay que reconocer que destila una cierta ilusión colectiva. Facilitada, por supuesto, con la idea de que España no tiene remedio. Un bote salvavidas que navega alejándose de un paquebote que zozobra.

Es en este entorno en el que se han desarrollado las movilizaciones ciudadanas masivas para los 11-S de estos últimos años, y todas las iniciativas políticas de los últimos tiempos, de forma muy especial el truncado (a medias) referéndum del 9-N.

El núcleo separatista de Mas y Junqueras (con la colaboración, si no directamente el liderazgo) de organizaciones de la llamada sociedad civil como la Assemblea Nacional Catalana u Òmnium Cultural, ha atraído a una parte ya políticamente significativa de la población catalana.

Mientras tanto, en el otro bando (asumamos que la situación ya tiene dos bandos bastante bien definidos) no ha habido una reacción política a la altura del desafío planteado. Rajoy y su Gobierno se han enrocado en el Imperio de la Ley y en la Constitución, y siguen empecinados en tratar judicialmente lo que son iniciativas políticas. Una medicina que no cura la enfermedad que sufrimos.

Posiblemente hoy, si se planteara un referéndum de verdad en que votaran todos los ciudadanos de Catalunya, el bloque independentista sumaría en torno al 40%.

Hay una parte importante de la población de Catalunya que no es ni se siente independentista. Pero este grupo ha estado prácticamente callado, quizá sojuzgado por un entorno que tiende a ser asfixiante de pensamiento único. Y las únicas voces que se han oído se han alineado, prácticamente, con el nacionalismo españolista tradicional del PP. Lo que es más grave todavía, es que a un porcentaje nada despreciable de los ciudadanos de Catalunya les da absolutamente igual.

No he visto a nadie, en todo el espectro político nacional, que haya intentado suministrar un remedio, una medicina, para el problema de fondo que ha convertido un sentimiento testimonial en un desafío político. Por parte del Gobierno de España no he visto la más mínima iniciativa encaminada a revisar y hacer más justo el sistema de financiación autonómica. Y tampoco ayuda el triunfalismo dialéctico respecto a la situación económica, sin que se adivinen visos de inquietud por mejorar la posición internacional de España, de dignificar la Marca España y de avanzar en un proyecto ilusionante de país.

Dicho sea de paso, la situación en el País Vasco no tiene nada que ver. Desde un punto de vista práctico, su Concierto Económico les garantiza una razonable financiación autonómica. Y su cuota de separatistas viscerales no es que estén resignados, pero son conscientes de que el aliciente de un Estado Vasco, en estas condiciones, es muy limitado. Saben y conocen las ventajas de estar integrados en la Unión Europea y en la zona euro, y su industria saca conveniente partido de ellas. Un Estado Vasco, hoy, no tendría mucho más sentido que el puramente emocional o sentimental.

Mientras tanto, Rajoy ni está ni se le espera. Su Gobierno no hace más que denigrar a Mas y a sus seguidores, amenazar con el Tribunal Constitucional y hablar del artículo 155. Intentar bajar la fiebre a gritos. Absurdo, si no fuera lamentable y patético.

Ahora se plantean unas elecciones autonómicas para el 27-S (que todavía no están convocadas) que Mas y Cia. insisten en calificar de elecciones plebiscitarias. Han elaborado una (curiosa) lista a la que han llamado Junts per el Sí, aunque la CUP no ha querido integrarse. Confío en que acabe habiendo otras listas, de derechas, de centro, de izquierda, que sean capaces de insuflar en el electorado una ilusión diferente de la independencia. Si no fuera así, podríamos estar encarando un episodio que, como mínimo, resultará muy enojoso.

Sólo si fructifican esas listas alternativas podría movilizarse el electorado hasta el techo técnico del 80% (un decir) y que de esas elecciones salga una radiografía razonablemente completa del estado actual de la sociedad catalana.

Y confiemos en que las Elecciones Generales de fin de año nos traigan un Gobierno con mucho más talante de diálogo, y con la idea clara de conseguir que el proyecto de España como país nos vuelva a generar ilusión a todos.

JMBA 

martes, 16 de junio de 2015

Delta del Ebro

Desde niño que he oído hablar de las singularidades de la zona del Delta del Ebro. Conocía de sus inmensos arrozales e incluso había comido alguna vez en San Carlos de la Rápita. Pero nunca hasta ahora había tenido ocasión de visitarlo con cierto detenimiento.
El río Ebro, desde el embarcadero de Deltebre.
(JMBigas, Mayo 2015)

La ocasión se me apareció como etapa de un viaje por la zona norte del levante español. Ya os contaré algunas otras etapas interesantes de este viaje (la Ciudad Encantada de Cuenca, Teruel, el Maestrazgo, la Terra Alta, la zona vinícola de Utiel-Requena,...).

El Ebro es el río más caudaloso de España, con un caudal medio de 600 m3/s. Conviene tener en cuenta que el río Duero, en su trayecto portugués, alcanza un caudal medio de 675 m3/s en su desembocadura en la ciudad de Oporto.

También es el río más largo de España (930 Km)(aunque el Tajo tiene mayor recorrido, pero una parte discurre por tierras portuguesas), y es el segundo río más largo de los que desembocan en el Mar Mediterráneo, tras el Nilo.

El curso del río determina la mayor parte del cuadrante nororiental de la Península Ibérica. Nace en Cantabria (Hermandad de Campo de Suso) y discurre por tierras de Castilla y León (Burgos), La Rioja, Navarra, Aragón, País Vasco y Catalunya. Sus aguas bañan las ciudades de Logroño y Zaragoza. El Valle del Ebro, configurado en la dirección noroeste-sureste, es una fértil ribera por la que discurre, a veces muy desapacible, el cierzo, un viento que, a menudo, sopla por encima de los 100 Km/h.
Uno de los llamados Puentes del Rey.
(JMBigas, Mayo 2015)

Su desembocadura en el Mar Mediterráneo se produce al sur de la provincia de Tarragona, en forma de delta. El Delta del Ebro, de forma triangular, es una flecha que penetra cerca de 22 Km en el mar. Su superficie es de 320 Km2, configurando el tercero más grande de todo el Mediterráneo (tras el del Nilo -24.000 Km2- y el del Ródano -500 Km2-).

El Delta del Ebro (parte del cual está protegido con la figura de Parque Natural) constituye un humedal que es el tercero en extensión de Europa Occidental, tras la Camargue (río Ródano) y Doñana (río Guadalquivir).

Toda la zona, absolutamente llana y plagada de terrenos inundables, aporta actividades económicas ligadas, principalmente, al cultivo del arroz y a la pesca en todas sus formas, así como, lógicamente, al turismo.


Reservé habitación en el hotel Miami Mar de San Carlos de la Rápita. Este municipio costero, situado al sur del Delta, tiene playas a mar abierto. Este lujoso hotel (de cuatro estrellas), situado junto al mar, tiene forma de una herradura que abraza el jardín con la piscina. Dispone de amplias habitaciones con terraza y todas las comodidades. En temporada baja (yo estuve a mediados de Mayo) ofrece tarifas muy moderadas. Otro elemento importante es que su restaurante gastronómico es reconocido como uno de los lugares más recomendables para la buena mesa en esta zona.
Mercadillo de recuerdos y productos del Delta, en la zona
de Riumar, junto a Casa Nuri.
(JMBigas, Mayo 2015)

Llegué al hotel a media tarde del miércoles 13 de Mayo, tras haber hecho una primera ruta de descubrimiento del Delta, por la carretera que discurre por la ribera izquierda del curso principal del río, en el municipio de Deltebre. No se puede cruzar el río por carretera en esta zona, por lo que hay que escoger una u otra ribera mucho antes. En la ribera derecha está el municipio de Sant Jaume d'Enveja.

Coincidió que esa tarde-noche se celebraba la vuelta de la semifinal de la UEFA Champions League. En el Santiago Bernabeu se enfrentaban el Real Madrid y la Juventus. Tanto el hotel como el restaurante pusieron todos los medios para poder seguir el partido. Aproveché la ocasión para cenar el menú gastronómico del Miami, viendo el partido, que desgraciadamente terminó con la eliminación del Real Madrid.

La cena, articulada en torno a los productos del mar, la regué con un excelente vino blanco, el Primicia de Cellers Batea (D.O. Terra Alta), 100% de garnacha blanca.

Para el jueves por la mañana quería poder navegar un poco por la desembocadura del Ebro. Hay una oferta variada de paseos y cruceros por la zona. El problema es que fuera de la temporada alta, la oferta es algo inestable. Por Internet había localizado dos proveedores de este tipo de servicios (seguro que hay más, por los indicadores que pude ver luego). Pero, a mediados de Mayo, los horarios asegurados no estaban nada claros.

Por ello inicié el jueves prontito y me dirigí primero al embarcadero de Deltebre, donde suele operar Cruceros Olmos. En torno a las diez de la mañana no localicé a nadie responsable en la zona (junto al río, al final de la calle Trinquet). La vendedora del kiosko de souvenirs que hay ahí me dijo que había salido un barco con un autocar de turistas y que, probablemente, habría otra salida hacia las 11.30, pero que no estaba asegurado.
En este barco finalmente dimos el paseo a las 12.30.
(JMBigas, Mayo 2015)

Seguí en dirección al mar hasta Riumar, en la zona del Restaurant Casa Nuri. Allí hay otro operador que ofrece cruceros por la desembocadura. Me dijeron que, si se reunían al menos 10 pasajeros, habría una salida a las 11 de la mañana. Si no, habría una salida asegurada a las 12.30. Por el momento era yo solo, y nada sucedió en el cuarto de hora que me entretuve por allí, visitando los diversos puestos del mercadillo de recuerdos y productos típicos del Delta.

Volví a tomar el coche hacia Deltebre, y me paré en la zona conocida como Ponts del Rei, donde hay un pequeño apartadero en la carretera para poder aparcar. Los conocidos como Puentes del Rey son unas construcciones singulares, en forma de medio arco, cuya función no está absolutamente definida, aunque se piensa que fueron algún tipo de mecanismos para la regulación del nivel del agua.

La carretera (T-340) es básicamente recta y llana, y está rodeada de zonas inundables o directamente inundadas. A lado y lado de la carretera hay diversas instalaciones, habitualmente ligadas a las explotaciones económicas de la zona, tanto para los arrozales como para la pesca e industrias derivadas.

Cerca de mediodía volví al embarcadero frente a Casa Nuri. Providencialmente apareció, como todos los años (por lo que dijeron) un grupo numeroso de la asociación de jubilados de Alcocebre. El crucero de las 12.30 ya se pudo hacer con el barco más grande, más o menos a la mitad de su capacidad.
Cubierta superior del barco.
(JMBigas, Mayo 2015)

El paseo fluvial que pude realizar duró unos 45 minutos. Desde el embarcadero de Riumar el barco descendió hacia la desembocadura, bordeando la Isla de Buda. En tiempos pasados esta isla era residencia permanente de algunas familias. Todavía se pueden ver algunas de las casas blancas que eran sus residencias. Pero el tiempo les acabó forzando a mudarse hacia los cascos urbanos de alguno de los dos municipios del Delta.

Originalmente, la desembocadura del río en el mar se realizaba en dirección Este por la llamada de Levante. Pero una importante crecida en el año 1937 cegó esta salida, y el río buscó una nueva hacia el Norte, que es la actual, conocida como de Tramontana.

En el último tramo se bordea la Isla de Sant Antoni a la derecha, y la urbanización Riumar y las lagunas del Garxao a la izquierda. En estas lagunas, de muy escasa profundidad, no es posible la navegación a motor, y las barcas deben utilizar las llamadas perchas, para moverse apoyándolas en el fondo. Hay abundantes poblaciones de aves que tienen esa área como residencia estable o temporal.

Desgraciadamente, el día no estaba muy claro, había algo de calima y la visibilidad era limitada. No pude ver el faro original de la desembocadura de Levante, que actualmente queda unos cuantos kilómetros mar adentro. Tampoco se llegaban a ver, como sí se puede habitualmente, las playas del Norte del Delta, como la de L'Ampolla.
Mirador en el camino de la ribera izquierda.
(JMBigas, Mayo 2015)

De vuelta hacia el embarcadero, pasamos junto al pequeño puerto deportivo de Deltebre, así como el Mirador construido sobre el camino ribereño, que está jalonado con diversas esculturas singulares.

En resumen, un paseo que se hizo muy corto. Pero, a mediados de Mayo, no pude conseguir otra cosa. La publicidad indica la posibilidad, en otros momentos del año, de cruceros de mayor duración, desde Deltebre hasta la desembocadura.

El paisaje del Delta del Ebro es, sin duda, singular y característico de este tipo de accidentes geográficos: llanuras, lagunas, marismas, salinas, refugio de aves. Bien merece una visita, con la profundidad que cada uno desee.

Aparte de las imágenes que he seleccionado para ilustrar este artículo podéis acceder a una colección más completa de 24 fotografías, pinchando en la imagen siguiente.


También podéis ver este vídeo, de unos 8 minutos de duración, con imágenes de mi visita al Delta del Ebro.


JMBA

lunes, 10 de noviembre de 2014

La Baar-Ba-Coooa

A pesar de que ya estamos en pleno otoño, incluso muy fresquito a ratos (esta madrugada, en Madrid, mi termómetro registró tres graditos), este domingo, en Catalunya, se escenificó uno de los grandes éxitos del verano: La Barbacoa (del inefable Giorgie Dann).
Artur Mas, junto a Joana Ortega, vicepresidenta del Govern,
en la comparecencia tras el 9N.
(Fuente: elconrfidencial)

Una jornada de participación popular, progresivamente descafeinada por los sucesivos recursos al Tribunal Constitucional, convocó, como una gigantesca barbacoa campestre, a más de dos millones de ciudadanos en torno a miles de urnas de cartón.

La jornada, a pesar de todos los peros que se le puedan poner, fue un éxito en el haber de Artur Mas. Ha sabido resistir los sucesivos embates y ha sabido movilizar ampliamente a los ciudadanos con inquietud independentista en Catalunya.

Muchos andan reflexionando y hablando sobre los temas de legalidad o no, de si el Gobierno de Rajoy debía haber tomado otras medidas, etc. etc. Yo quiero pasar de puntillas sobre esos temas, para centrarme en lo que el aparente resultado pone de manifiesto.

Más de 1.800.000 ciudadanos (algo más del 80% de los votantes) depositaron una opinión inequívoca en favor de que Catalunya sea un nuevo estado independiente. Una cifra sin grandes sorpresas, ya que respondería al volumen de ciudadanos movilizados en la última Diada (la famosa "V" de votar, que invadió Barcelona). Parece lógico que hayan mantenido la movilización por lo menos hasta la jornada de participación de este domingo.

Los votos en otro sentido han sido residuales, como era de esperar, dado que nadie de cierto peso ha hecho campaña activa para ir a depositar en las urnas de cartón una opinión en ese sentido. Todas las fuerzas contrarias a la independencia se han centrado en discutir los aspectos legales de la consulta, y la han desprestigiado hasta un límite que ha desmoralizado por completo que los ciudadanos que sostienen esa opinión se hayan ni siquiera acercado a las urnas de cartón. No se han esforzado, para nada, en aportar argumentos ilusionantes para la regeneración (posible) de España.

Y, pese a todo, ha habido unos 100.000 votos con el NO a que Catalunya sea un estado, y más de 225.000 que han votado Sí-No, es decir, sí a que sea un estado, pero no a que sea independiente.

También ha habido un número significativo de votos irregulares (en blanco, con Sí en la primera pregunta y en blanco la segunda, o directamente nulos por diversos motivos). En total, algo más de 100.000 votos de estas características.

En conjunto, la jornada de participación ha movilizado, más o menos, a un 36% del censo potencial. El censo electoral oficial de Catalunya en las Elecciones Generales de 2011 fue de unos 5,4 millones de ciudadanos. Pero como para esta barbacoa se permitía la votación desde los 16 años, unas estimaciones del Instituto Nacional de Estadística apuntarían a un total de unos 6,3 millones de votantes potenciales.

Los 1,8 millones de votos positivos se corresponde, casi con exactitud, al respaldo electoral conseguido por los partidos más o menos independentistas en las últimas elecciones autonómicas.

Dada la muy escasa movilización de las opciones diferentes del Sí-Sí, la única cifra, desde mi punto de vista, con cierto valor de referencia son esos 1,8 millones de ciudadanos catalanes por la independencia. Algo menos del 30% de los votantes potenciales.

Nadie tiene ni idea de lo que opinan los ciudadanos que no se acercaron ayer a las urnas de cartón, seguro que por motivos muy diversos. Personalmente, creo que debe de haber un cierto número de contrarios a la independencia, una gran multitud de No Saben-No Contestan-Huirían si pudieran.

Muchos han asociado el auge del independentismo catalán con el de la fuerza anti-casta-política Podemos. Y me parece muy relevante esa asociación. Tengo la sensación de que hay en este momento, en España, muchos, si no muchísimos, ciudadanos que han perdido por completo la ilusión en el proyecto agotado, y agostado, de la España que se alumbró en 1978. Los tres años grises, si no directamente negros, que llevamos de Gobierno central con mayoría absoluta del PP, han acabado de destruir la poquita esperanza que iba quedando. Los tics sectarios del PP, la ola inacabable de corrupción y muchos otros elementos negativos que nos asaltan a diario, han provocado, a nivel estatal, que una fuerza como Podemos, con menos de un año de vida, se codee ya, al menos en las encuestas, con los que han sido los dos partidos preponderantes en la escena política española de las últimas décadas.

Catalunya, como nación con personalidad propia, algo negado persistentemente por los adalides del nacionalismo español, tiene, muy probablemente, en torno a un 15% de ciudadanos que son independentistas emocionales convencidos. Pero la crisis de ilusión en un proyecto esperanzador de España ha duplicado esa cifra, hasta alcanzar esos 1,8 millones de ciudadanos. Por supuesto, algunas fuerzas políticas han sabido nuclear a ese volumen de ciudadanos desilusionados, desmoralizados y desesperanzados en torno a la idea de una regeneración política por la vía de la independencia.

Un fenómeno, por cierto, extremadamente parecido a las causas que están provocando que Podemos pueda ser, en las próximas Elecciones Generales de 2015, la fuerza mayoritaria en el Congreso de los Diputados.

En este convulso contexto, PP y PSOE parecen encarnar a la Orquesta del Titanic, que sigue entonando la misma melodía de siempre, a pesar de que el iceberg ya ha abierto suficientes vías de agua como para enviar con rapidez al transatlántico al fondo del mar.

Conviene que nadie se extravíe en los detalles legales de la barbacoa catalana. La realidad que denotan los resultados, con todas las dudas que puedan generar las condiciones muy poco sólidas con que se celebró, ilustran el estado de ánimo de los ciudadanos. Estamos en un escenario similarmente dramático al que pasó España en 1898. La Regeneración en profundidad es ya mucho más que una necesidad apremiante y acuciante.

El proyecto de España que se alumbró en 1978 ha tenido un gran recorrido, pero hoy está agotado, y hay que dar, sin falta, nuevas vueltas de tuerca. Para conseguir, entre otras cosas, que nuestra democracia sea de mucha mayor calidad, homologable con los países más avanzados de Europa.

Los ciudadanos necesitamos recuperar la ilusión en un proyecto común. Los independentistas catalanes piensan que la necesaria regeneración tiene mejores posibilidades de éxito en el seno de un Estado de mucho menor tamaño y que se pueda empezar a construir como tal desde cero.

Para el resto, si los grandes partidos no reaccionan con prontitud, sólo nos quedará Podemos.

JMBA

martes, 5 de marzo de 2013

El "problema" catalán

Me parece que cada vez entiendo menos las cosas que pasan en este país. O quizá es que las entiendo cada vez mejor, y eso es lo que pasa.
Mas y Junqueras, firmando el acuerdo en Enero 2013.
(Fuente: cuatro)


No me gusta hablar de problema catalán, porque estoy convencido de que no existe, genuinamente, nada que pueda llamarse de esa manera. Otra cosa es que los políticos de turno, de uno y otro bando, se empeñen en crearlo, habitualmente obedeciendo a sus propios intereses, no siempre nobles y a menudo espúreos.

Desde que hace unos meses Artur Mas, como un Moisés redivivo, se envolvió en la senyera y se convirtió en el máximo adalid de la soberanía y la independencia de Catalunya, la actualidad no deja de darnos nuevos datos sobre el tema casi todos los días.

La realidad, se quiera reconocer o no, es que ya se ha producido un choque de trenes. Los eufemismos al uso, como el derecho a decidir, se convierten por ambas partes en casus belli y en armas arrojadizas, y las probabilidades de encontrar una solución conveniente para todos, fruto de un acuerdo (siempre es mucho mejor un mal acuerdo que un buen pleito), parecen cada vez más lejanas.

De una parte, los nacionalistas catalanes, que han formalizado un frente CiU-ERC (intentando compensar el varapalo electoral que acabó cosechando Moisés-Artur). Aunque no hay acuerdos globales, otras fuerzas parecen coincidir en algunos aspectos de lo que ese frente defiende. Así, IC-V está por la labor del derecho a decidir de los pueblos, a pesar de que el nacionalismo como tal es abiertamente opuesto a la componente internacionalista que tiene en su raíz cualquier fuerza de izquierda. Y el PSC, en su laberinto dentro del propio laberinto del PSOE, defiende la celebración de una consulta popular sobre la soberanía, sólo para decir a continuación que ellos promoverían el voto en contra. En otras palabras, defienden que se consulte al pueblo catalán, para darle la oportunidad de decir que no está por la labor de ese tipo de aventuras.

Hasta ahí, las dramatis personae del bando nacionalista o soberanista. En el bando contrario tiene el papel protagonista el Partido Popular, que apoya con mayoría absoluta al Gobierno de España. Otros grupos (como Ciutadans y UPyD) defienden, de forma más o menos explícita, la misma posición. Al resto de formaciones presentes en el Congreso de los Diputados, en el fondo el tema ni les va ni les viene, aunque acaben asumiendo, por motivos más sentimentales o de simpatía que de otro tipo, una u otra postura.

Yo ya he escrito repetidas veces que soy partidario de que se realice un referéndum en Catalunya, acordado y consensuado entre los dos gobiernos, donde se pida a los ciudadanos que respondan a una o varias preguntas sin trampa ni cartón. Aunque soy catalán, como residente en Madrid no podría votar en una consulta de ese tipo. Pero si pudiera hacerlo, mi voto sería favorable a que Catalunya continúe integrada en el estado español. Creo que esta es la mejor opción para todos.

Pero la propia preparación de una consulta popular de ese tipo está siendo causa de un total desacuerdo entre las partes. Utilizando términos reduccionistas, a los solos efectos de simplificar el escenario, los españolistas defienden que la Constitución dice que la soberanía reside en el pueblo español y que, por lo tanto, no tendría sentido y sería inconstitucional que esa soberanía se la arrogase el pueblo catalán. Cualquier opinión vertida en el sentido de favorecer o defender la celebración de una consulta popular (llamémosle referéndum) en Catalunya sobre este tema se considera, prácticamente, un crimen de Estado. Y si no, que se lo pregunten al fiscal jefe de Catalunya, que está amenazado de cese en su cargo por haber manifestado públicamente esta opinión.

Por la parte de los nacionalistas, el totus revolutum y el río revuelto ya les va bien, porque extiende la niebla sobre los problemas reales que tiene Catalunya y los catalanes, genera la sensación de un enemigo común (que es lo que más une a los pueblos), y les permite, especialmente a los responsables de CiU, vender a su opinión pública que cualquier movimiento en contra de cualquiera de sus dirigentes (por ejemplo, investigaciones sobre tramas corruptas, evasiones fiscales, comisiones ilegales, cuentas en Suiza, etc. etc.) es realmente un ataque a Catalunya entera.
La vicepresidenta del Gobierno, en la rueda de prensa
tras el Consejo de Ministros del pasado viernes.
(Fuente: diarioprogresista)


Mi principal temor es que ambas partes acaben encontrándose cómodas con la situación actual de confrontación (el victimismo puede acabar arrancando mejoras en la financiación que disimulen los despilfarros del Govern; la firmeza de una posición antisoberanista puede reforzar el apoyo de los propios votantes del PP, disimulando, de paso, el drama nacional del desempleo y la recesión). Si se acaban instalando en el conflicto, ninguno de los políticos moverá un dedo para salir de allí, y aplicarán el principio de a río revuelto, ganancia de pescadores.

A continuación voy a intentar detallar mi opinión sobre este conflicto. Es cierto que la Constitución proclama que la soberanía reside en el pueblo español. Situados en la etapa histórica en que se produjo la redacción de la actual Constitución, ese principio sirve para desmontar cualquier veleidad (muy posible en ese momento) en el sentido de que un monarca, o un Caudillo, o un Salvador de la Patria, se arrogase el derecho a decidir, suplantando la soberanía del pueblo. Este es un principio constitucionalista muy extendido: la soberanía reside en el pueblo (sin adjetivos).

Ahora bien, la realidad es que se realizan muchas consultas que no implican a la totalidad del pueblo español. Cuando hay elecciones autonómicas o locales, sólo los ciudadanos implicados votan. Los ciudadanos de un pueblo o ciudad escogen a su alcalde (aunque sea indirectamente) y lo mismo sucede con los ciudadanos de una Comunidad Autónoma, que escogen a su presidente (o, al menos, al partido o partidos políticos que van a gobernar en su Comunidad). Los madrileños nada tenemos que decir en las elecciones gallegas (podemos opinar, eso sí, sobre si nos ha gustado o no la decisión soberana del pueblo gallego), o los vascos nada tienen que decir en las elecciones valencianas, aunque puedan manifestar su incredulidad acerca de que las innumerables corruptelas acaben cosechando suficientes votos para seguir gobernando.

Por ello, creo que no debería repugnar al sentido común que se pueda realizar un referéndum o consulta popular que sólo involucre, en este caso, a los catalanes. Otro tema sería la necesidad de consensuar y acordar entre los dos gobiernos su contenido y trascendencia. Es más, creo que por un principio de estricta higiene política, este debería ser el primer paso antes de cualquier otro movimiento.

Si el resultado de dicha consulta fuera negativo hacia la opción de la secesión, el (presunto) conflicto quedaría automáticamente desarbolado y desactivado, por lo menos para una o dos décadas. Si fuera favorable a la secesión, habría que empezar a negociar a continuación los cambios legales necesarios para seguir adelante con el proceso.

Lo que ocurre es que las posiciones, por el momento, están enconadas. La única reacción del Gobierno de España es no, de ninguna forma y Constitución, Constitución y Constitución. Y el frente nacionalista no tiene urgencia en convocarlo, porque saben que la cerrilidad y la tozudez del Gobierno de España está creando algún nuevo secesionista cada día y alimenta la fábula del enemigo común y su propio victimismo. Artur Mas, en un debate televisado antes de las elecciones de 2010, ya reconoció, ante la presión del entonces líder de ERC, Joan Puigcercós, que era absurdo convocar un referéndum de autodeterminación si no se tenía la seguridad de ganarlo.

En resumen, las posturas enfrentadas e inamovibles, reticentes a cualquier tipo de negociación, a pesar de decir frecuentemente lo contrario, no contribuyen a otra cosa que a enquistar la cuestión, y convierten un (presunto y virtual) problema o conflicto en una guerra abierta y bien real.

Poco favor le están haciendo a la democracia de verdad, las dos partes. 

JMBA

sábado, 12 de enero de 2013

Soflama Soberanista

Un acuerdo entre los dos partidos con mayor representación en el Parlament de Catalunya (CiU y ERC) ha dado a luz un documento que se pretende someter a votación en el primer pleno del nuevo Parlament, que se celebrará el 23 de Enero.
Oriol Junqueras (ERC) y Artur Mas (CiU),
saludándose cordialmente en el Palau de la Generalitat.
(Fuente: republica)

Fuentes de ERC han alegado que el documento sólo es un borrador de trabajo y que no debería haberse filtrado (todavía) a la opinión pública.

Personalmente, y atendiendo a la situación real de cierta incomodidad política que se está viviendo en Catalunya, creo que sería muy conveniente que el Govern negociase con el Gobierno de España la celebración de un referéndum entre todos los catalanes, donde estos pudieran expresar su opinión sobre el modelo político de su preferencia. El acuerdo debería contemplar con claridad la o las preguntas a realizar, asegurándose de que no exista trampa posible, y también debería definir las consecuencias de los diversos resultados posibles.

Pero el documento que se pretende presentar al pleno del Parlament ya es una declaración (proclamación, soflama, como queramos decirlo) directamente independentista. De este modo, da la sensación de que el Govern (y su apoyo necesario, ERC) están trabajando como si ese referéndum ya se hubiese celebrado, y hubiera ganado abrumadoramente el sí. El resultado de las últimas elecciones autonómicas de ninguna forma les autoriza a partir de estas hipótesis. Una Soflama Soberanista (SS, ay, ay, ay) que no debería prosperar de ninguna forma en su estado actual.

Lógicamente, el resto de fuerzas políticas, incluso las que tienen una sensibilidad menos abiertamente anti-independentista, se oponen a este documento. De una parte, se han visto marginadas en su elaboración. Conviene recordar que ERC sólo tiene un diputado más que el PSC; y que el PSC sólo tiene un diputado más que el PPC; las diferencias no son, para nada, abrumadoras. Y, de otra parte, critican justamente esta asunción que dejaría ya sin sentido la celebración de referéndum alguno.

Espero que se acabe imponiendo el sentido común, incluso en una situación que está resultando ya bastante surrealista, con dos bandos opuestos, cada uno con una bandera (diferente) enrollada sobre sus formaciones. Con dos bandos que dicen querer negociar, pero que parecen incapaces de ponerse de acuerdo incluso sobre qué negociar. Con un Gobierno de España amarrado a una Constitución inalterable, y una banda independentista prácticamente echada al monte.

Mientras tanto, los muchos cientos de miles de catalanes en el paro descubren con estupor que el Govern no piensa para nada en ellos, y que dedica sus esfuerzos a temas identitarios de los que no se come (por lo menos, de los que no se come hoy).

Por otra parte, los ciudadanos honrados, que pagan todos sus (crecientes) impuestos, que están sufriendo una crisis que ellos no han creado, que son reos de entidades financieras que se deslumbraron con la burbuja inmobiliaria, observan con preocupación los diversos casos y sospechas de corrupción de esa misma clase política que ahora se desgañita con sus soflamas identitarias e independentistas.

Un observador neutral (un poco malpensado, eso sí), llegaría a la conclusión de que el objetivo final podría ser que un Tribunal Supremo Catalán fuera incapaz de condenar las que parecen infinitas corruptelas de corte gangsteril de la propia familia Pujol. Toda gran riqueza (excepto la que proceda claramente de una Lotería comprada con los ahorros) es digna de toda sospecha. Y la acumulación de riqueza en los aledaños del poder es más que sospechosa.
Duran i Lleida, líder de UDC, no va a dimitir, a pesar de que
dijo que lo haría si se demostraba la corrupción en UDC.
(Fuente: muypymes)

Además, en el caso de corrupción contra UDC, al final la fiscalía ha llegado a un acuerdo con los acusados, los que, con ello, reconocen su delito y aceptan la devolución del dinero defraudado (más los correspondientes intereses) junto con una pena menor. Duran i Lleida, por quien muchos españoles sienten una cierta admiración, especialmente por su perfil de hombre de estado, se desdice a sí mismo, y ahora parece que no va a dimitir, a pesar de haberlo prometido hace unos años, si se demostraba la corrupción en el seno de UDC. Claro que, técnicamente, no se ha demostrado la corrupción, sino que los acusados han aceptado haberla cometido. Y que, por otra parte, al clima político español posiblemente no le convenga en estos momentos la dimisión de Duran i Lleida.

En fin, sólo espero que prevalezca la sensatez por todas las partes. Y que no se ceje en el empeño de que cualquiera que sea el sesgo que vayan tomando los acontecimientos, no haya trampa ni cartón. Los ciudadanos de Catalunya (y también los del resto de España) se merecen, al menos, eso.

Con dos Gobiernos que se viven en mayoría absoluta (en Catalunya, eso sí, con el apoyo necesario de ERC), que parecen convencidos de no tener necesidad de pactar o negociar nada con nadie más, podría acabar produciéndose un choque de trenes que a nadie, a nadie, le conviene.

JMBA