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miércoles, 14 de enero de 2015

Por Tierras de Burgos (y 5): Bodegas de Ribera

Voy a contaros hoy la última etapa de nuestro viaje por Tierras de Burgos del pasado mes de Julio. Ya os conté nuestras paradas en el camino hasta Burgos, nuestros paseos por la ciudad, las visitas al yacimiento arqueológico de Atapuerca y al Museo de la Evolución Humana, y la Ruta por las Merindades, al norte de la provincia.
Bodegas Dominio de Cair en La Aguilera (Burgos).
(JMBigas, Julio 2014)

El jueves 17 de Julio era nuestra cuarta y última jornada por estas tierras, y ya tocaba volver a casa, volver a Madrid. Sin embargo, queríamos aprovechar el día y el camino, y realizar algunos desvíos para visitar alguna de las maravillosas bodegas de la Denominación de Origen Ribera de Duero. Además, en algún momento de ese día caluroso teníamos que pasar por la tienda de Fuentespina, que estaba almacenando en buenas condiciones de conservación algunas botellas de vino que habíamos comprado en el viaje de ida.

Tras desayunar, recoger el equipaje y pagar la cuenta en el hotel de Burgos, iniciamos la marcha en torno a las 10 de la mañana. Seguimos dirección al sur por la A-1, hasta el pueblo de Oquillas, donde nos desviamos a la derecha, por la carretera secundaria BU-P-1104, para recorrer algunos de los pueblos vitícolas de Ribera de Duero, en la provincia de Burgos.

Cruzamos Quintana del Pidio, en dirección a La Aguilera. En este pueblo ha construido Luis Cañas, con fuerte y conocido negocio vinícola en Rioja, una bodega de nueva planta, a la que han llamado Dominio de CAIR. Sus primeros vinos salieron al mercado en 2010, pero ya se han ganado una muy buena reputación, dentro de Ribera. El edificio de la bodega (N 41,724547º  O 3,768737) es singular, y su parte central simula un gran tonel vertical.
Real Sitio de Ventosilla, sede de las Bodegas PradoRey,
en Gumiel de Mercado (Burgos).
(JMBigas, Julio 2014)

De momento sólo producen vinos tintos, en tres o cuatro variedades. Recientemente han introducido un tinto más simple, ideal para el poteo en los bares a un precio adecuado. Pero también tienen un gran vino, el Tierras de Cair Reserva, que se vende en el entorno de los 30€, aunque creo que lo vale, por su complejidad y excelencia.

Disponen de un espacio dedicado a tienda y degustación, aunque no está atendida en permanencia. En horas llamemos normales, se puede comprar alguno de los vinos que producen. Para facilitar la labor al visitante, tienen algún pack con sus diferentes vinos. En particular, tres botellas escogidas en una bolsa ad-hoc de lona, que permite el transporte con comodidad, incluso con alguno de los dispositivos refrigerantes disponibles en el mercado, para el transporte de vinos blancos o rosados en las mejores condiciones. Compré uno de esos packs, y cabe decir que ya he utilizado esa bolsa en varias ocasiones posteriores, a plena satisfacción.

Seguimos camino en dirección a Aranda de Duero, donde tomamos hacia la derecha por la carretera CL-619. Más adelante, en el municipio de Gumiel de Mercado, a la derecha de la carretera, está el Real Sitio de Ventosilla (RSV), una finca de más de 3.000 Ha, de las que unas 500Ha están dedicadas al cultivo del viñedo. Es la sede central de la Bodega PradoRey, que también tiene una buena presencia, con sus vinos blancos, en la Denominación de Origen Rueda, en la provincia de Valladolid.
Bodega Pago de los Capellanes, en Pedrosa de Duero (Burgos).
(JMBigas, Julio 2014)

Dentro de la finca, enorme y que se extiende a ambos lados de la carretera, está el edificio central de la bodega (N 41,703762º O 3,790256º), así como una Posada u Hotel rural que, por los datos de que dispongo, debe ser muy recomendable si se quiere una estancia entre viñedos, con el vino como hilo conductor.

Es posible concertar visitas, de duración variada, a la bodega y a los viñedos. Pero nosotros no lo habíamos hecho, como sí lo hizo una familia mexicana que llegó algo después de nosotros. Sin embargo, sí nos atendieron en el espacio dedicado a tienda, donde están a la venta todos sus vinos, tanto los propios de Ribera de Duero como los de otras denominaciones. Nos dieron todas las explicaciones que les pedimos, y compré una caja con botellas variadas de sus mejores vinos en todos los colores.

El Real Sitio de Ventosilla está muy bien preparado para recibir a los visitantes. Dispone de un amplio aparcamiento exterior, adyacente a alguna de las grandes parcelas de viñedos de las que dispone la finca. Parcelas que, por cierto, da gusto mirar por su pulcritud. En cualquier caso, una visita recomendable.
Castillo de Peñafiel, conocido como "El Barco de Castilla".
(JMBigas, Julio 2014)

Seguimos camino por esa misma carreterra, hasta el pueblo de La Horra. Allí giramos a la izquierda, por la carretera local BU-130, en dirección a Roa de Duero (pop. 2.443), conocida con frecuencia simplemente como Roa. Roa es la sede de la Denominación de Origen Ribera de Duero.

Hicimos una breve parada en Roa, para descansar un ratito y tomar un aperitivo en el Cava Bar de la calle Las Cruces (era ya la una de la tarde). En el camino pasamos junto a la Plaza de Toros de la localidad.

Desde allí tomamos la carretera BU-P-1101 en dirección a Pedrosa de Duero. Cerca de ese pueblo y junto a la carretera, está la Bodega de Pago de los Capellanes (N 41,709581º O 3,972313º), donde hicimos una breve parada. Pero ya era demasiado tarde en la mañana, y como no habíamos concertado visita alguna, seguimos camino sin más. Entre los vinos populares y conocidos de la Denominación, este es posiblemente uno de los más prestigiosos.

Desgraciadamente, la una y media o dos de la tarde ya es una hora demasiado avanzada para realizar visitas de mañana a cualquier bodega. Habíamos topado con la que yo ya he llamado la playa del mediodía, ese tiempo inconcreto entre la una o dos de la tarde y las cinco o seis, en que es imposible contar a ciencia cierta con que esté disponible un servicio cualquiera, salvo confirmación previa. Y, en pleno mes de Julio, con un calor sofocante, la posibilidad de cualquier cosa por la tarde pasaba por dejar discurrir plácidamente la hora de la siesta. Como debíamos llegar a Madrid esa tarde, no podíamos aprovechar una eventual sesión de tarde.
Explanada junto al Castillo de Peñafiel (Valladolid).
(JMBigas, Julio 2014)

Por ello seguimos camino hacia Peñafiel (pop. 5.428), ya en la Provincia de Valladolid. Teníamos la idea de comer alguna cosa allí, y quizá visitar alguna de las múltiples tiendas de vinos de la población (de las que había seleccionado alguna previamente por Internet). El calor era intenso y la solanera inclemente. Todo invitaba a la siesta.

Tenía referencias positivas del Palacio del Vino de Ribera de Duero (en la Plaza Comuneros), como tienda con más de 800 referencias de vinos de la zona. Pero cuando llegamos allí, cerca de las dos y media de la tarde, la tienda estaba evidentemente cerrada. E incluso sospechamos si quizá estaban de vacaciones.

Decidimos subir al Castillo de Peñafiel. El Castillo, cuyo origen se remonta al siglo X, está edificado en lo alto de una loma que domina toda la llanura circundante, moteada de viñedos. Por su forma característica (tanto del castillo como de la propia loma), a menudo se le denomina el Barco de Castilla, como si se tratara de una nave surcando un mar improbable en el interior de Castilla. Desde 1999 aloja el Museo Provincial del Vino, que recibe unas 100.000 visitas anuales.
Los viñedos motean la llanura que rodea Peñafiel.
(JMBigas, Julio 2014)

En la explanada junto al castillo, que se utiliza como aparcamiento, caía un Sol de justicia, aunque corría un fuerte viento. Evidentemente, el Museo estaba cerrado y no reabría hasta pasadas las cinco de la tarde. Aprovechamos para disfrutar de las excelentes vistas que se tiene desde allí, de la propia localidad de Peñafiel, y de los campos circundantes.

Bajamos de nuevo a la Plaza de los Comuneros (pasadas las tres de la tarde, la tienda seguía, lógicamente, cerrada) y decidimos comer un bocadillito en uno de los bares de la plaza. Sentarnos a comer (y beber) con calma las muchas delicias que ofrece esa tierra nos hubiera sumido en un sopor insuperable durante buena parte de la tarde, y no nos lo podíamos permitir

Para hacer tiempo, seguimos la carretera VA-101 hacia el oeste, en dirección a Pesquera de Duero. Allí tuvimos ocasión de ver, sólo ver, las impresionantes instalaciones de las Bodegas Emilio Moro y también las del tinto Pesquera, de Alejandro Fernández, uno de los grandes popes de la Denominación Ribera de Duero.
Esta podría ser la proa del Barco de Castilla.
(JMBigas, Julio 2014)

Seguimos por la carretera hasta Valbuena de Duero, donde está la legendaria bodega de Vega Sicilia, y luego hasta Olivares de Duero, ya muy cerquita de Quintanilla de Onésimo, en las orillas del río Duero.

Volvimos a Peñafiel, pero la tienda de la Plaza de los Comuneros, cerca de las cinco de la tarde, seguía cerrada. Por ello, decidimos ir directamente hacia Fuentespina, donde nos esperaban las botellas de vino que habíamos comprado a la ida, y que nos conservaban en la bodega climatizada de la tienda de vinosribera.com.

Llegamos allí, tras el recorrido por la N-122, pasadas las cinco y media de la tarde. Recogimos las cajas de vino y compramos alguna de las delicatessen que, aparte de los vinos, están allí a la venta, como una maravillosa morcilla de Burgos envasada al vacía, para comer frita en rodajas.

Seguimos ya camino directamente hacia Madrid, donde acabamos llegando pasadas las siete y media de la tarde. Allí dimos por terminado este maravilloso viaje por Tierras de Burgos.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección de 17 imágenes seleccionadas que reflejan el recorrido de esta jornada. Basta pinchar la siguiente fotografía.


También podéis ver este vídeo, grabado ese día.


JMBA

martes, 16 de julio de 2013

Excursión a Heidelberg

Ese sábado 23 de Marzo amaneció bastante soleado, aunque fresquito, en Frankfurt. Había previsto para ese día realizar una excursión en tren hasta Heidelberg (pop. 147.312), una ciudad bastante más pequeñita que Frankfurt (pop. 691.518). Heidelberg está situada unos 90 kilómetros al sur de Frankfurt.
Vista de la ciudad de Heidelberg, desde el Castillo.
(JMBigas, Marzo 2013)

Como en este viaje no llevaba coche, había reservado ida y vuelta en tren (EC = EuroCity) entre las dos ciudades. La primera sorpresa en la web, cuando compré los billetes, es que me dejaba comprar el billete para trenes a horas específicas sin reservar plaza. Es más, si quería reservar plaza, me cobraba unos pocos euros de suplemento. Pese a todo, para mayor tranquilidad, reservé plaza tanto en el tren de ida como en el de vuelta. Al final pagué 46€ por los billetes de ida y de vuelta, con sus correspondientes reservas.

A las ocho y pico de la mañana, me encaminé a la estación (que tenía a un par de minutos andando desde el hotel). La siguiente sorpresa fue que mi flamante EC (EuroCity) me pareció (casi) un tren del Oeste o, por lo menos, me recordó a los expresos españoles de los años 60 ó 70. Su recorrido se iniciaba en Frankfurt, pero luego seguía hacia Munich y Austria. Mi vagón era, en realidad, de los Ferrocarriles Austríacos, y consistía en departamentos de seis asientos con un pasillo a lo largo del lateral del coche.
Eurocity en la estación de Frankfurt HBF, antes de partir
hacia Heidelberg (Munich, Austria,...).
(JMBigas, Marzo 2013)

Como muchos viajeros tenían billete, pero no reserva, en la puerta de cada departamento había un casillero donde alguien se había preocupado de colocar notitas indicando los trayectos para los que estaba reservado cada asiento.

Encontré mi asiento sin problema. En mi departamento, junto a la ventanilla, ya estaban instaladas una madre y una hija de dos o tres años, rubita de ojos azules y preciosa, que creo (por las notitas de la puerta) que iban hacia Munich.

Tanto en Frankfurt como en las paradas que realizó el tren antes de llegar a Heidelberg, se vieron las clásicas escenas que se producen en trenes sin reserva obligatoria: parejas y familias enteras con equipajes voluminosos, que ocupan temporalmente el espacio de un departamento (para no bloquear el pasillo) mientras alguno de los miembros del grupo se recorre el coche y los aledaños, buscando algunos asientos convenientes que no estén reservados. Los gritos de "aquí, aquí, venid aquí delante que hay sitio" (en alemán y otros idiomas) se volvieron compañeros habituales del viaje.
Cabina moderna en el Molkenkurbahn.
(JMBigas, Marzo 2013)


El trayecto no duró más de 50 minutos. Hacia las nueve y cuarto llegamos a Heidelberg HBF, y me bajé del tren. A diferencia de Frankfurt, la mañana estaba nublada y directamente fría. La estación central de Heidelberg está un poquito retirada del centro histórico de la ciudad, por lo que había previsto coger un autobús o tranvía hasta la zona del Kornmarkt, para empezar tomando el funicular hasta la cumbre de la montaña.

Para evitarme problemas con el transporte público, compré, en lo que parecía una parada de tranvía frente a la estación, un billete para todo el día (Tageskarte Erwachsene) por 6€, que me daba derecho a todos los viajes que necesitara, sin preocuparme de más.

Por la información y los mapas que me había descargado previamente desde la web del transporte público de Heidelberg, sabía que debía tomar el 33 hasta la parada de Rathaus/Bergbahn. Me aposté en la presunta parada de tranvía, hasta que llegó un autobús con el número 33, y monté en él sin más. Tras un trayecto relativamente largo por la ciudad, me apeé como tenía previsto, en las proximidades del Kornmarkt y frente a la entrada a la estación inferior del funicular.
Mirador en la cumbre de Königstuhl.
(JMBigas, Marzo 2013)

La ciudad de Heidelberg se extiende a las orillas del río Neckar, a solamente un centenar de metros sobre el nivel del mar. 

El funicular (Bergbahn = ferrocarril de montaña) es histórico, pues su primera edición se inauguró en 1890. Tiene dos tramos diferenciados, por lo que a menudo se les llama de modo diferente (Molkenkurbahn el tramo inferior; Königstuhlbahn el tramo superior). En total, tiene cuatro estaciones. La segunda es la que permite subir con comodidad hasta el castillo (Schloss) que domina la ciudad. La estación inferior (Kornmarkt) está a 113,2m s.n.m., mientras que la del castillo está unos ochenta metros por encima, a 192m s.n.m. El funicular para en esa estación (tanto a la subida como a la bajada), y sigue camino hasta la siguiente estación, la de Molkenkur, a 289,3m. s.n.m., es decir, un centenar de metros por encima del Castillo. Esta parada es el final del tramo inferior, que fue completamente restaurado en 2005, por lo que las cabinas son de apariencia moderna y muy confortables.
Maquinaria del funicular histórico, visible junto a la
estación de Königstuhl.
(JMBigas, Marzo 2013)

El tramo superior sigue manteniendo la misma apariencia histórica que tenía en 1907, cuando se evolucionó al clásico sistema de tracción eléctrica (en lugar del inicial método hidráulico de 1890). Aunque las cabinas se rehicieron en 2005, siguen manteniendo el mismo diseño en madera del original. Este tramo permite subir desde Molkenkur hasta Königstuhl (Sillón del Rey) a 549.8m s.n.m., es decir, a casi 450 metros por encima del nivel de la ciudad y el río.

Compré un billete de ida y vuelta hasta Königstuhl, por 12€. Subí primero hasta Molkenkur en el funicular moderno, y allí transbordé al histórico para seguir el camino hasta la cumbre. Si abajo en la ciudad la mañana estaba muy fría, en la cumbre estaba directamente gélida. Además, una cierta neblina dificultaba tener unas buenas vistas de Heidelberg, ya que parecía que la ciudad estuviera empañada.
Look de protección polar, en lo alto de Königstuhl.
(JMBigas, Marzo 2013)

En los amplios bolsillos de la parka que llevaba tenía guardado el kit de frío, del que tuve que tirar por necesidad: guantes, bufanda y gorro cubreorejas. Así conseguí sobrevivir a una temperatura próxima a los cero grados, con bastante viento helado. Un entorno que no me esperaba para los primeros días de la primavera.

Junto a la estación de Königstuhl hay un mirador desde el que se domina la ciudad y el río Neckar. Y también es posible acceder a una zona desde la que se puede ver la maquinaria del funicular, en funcionamiento real. Podéis verlo en un vídeo que tomé en la zona: resulta bastante aleccionador.

También hay alguna edificación por encima de la estación (no sé si hay un albergue o algo así) y multitud de caminos y senderos, utilizados tanto por caminantes como por ciclistas para hacer ejercicio por la montaña.
Preparando el cruce de las cabinas de madera del
Königstuhlbahn.
(JMBigas, Marzo 2013)

Coincidí en el mirador con un par de chicas que también estaban peladitas de frío (menos mal: no era un problema sólo mío), y conseguí que me hicieran una foto para inmortalizar el look de protección polar.

El tramo superior funciona con una frecuencia aproximada de 20 minutos. Bajé de nuevo hacia Molkenkur en el segundo funicular que salió, por lo que colijo que estuve en la cumbre, aproximadamente, unos 40 minutos.

Junto a la estación de Molkenkur hay una terracita con vistas sobre la ciudad y el río, y un modesto barecito con dos o tres mesas en el exterior que estaban esa mañana, por supuestísimo, absolutamente desiertas.

Tomé de nuevo el funicular moderno, y me apeé en la estación Schloss, para visitar el Castillo. El Castillo, realmente, es una semiruina, con algunas zonas salvaguardadas y otras en total decadencia. Sin embargo, se trata de la estructura renacentista más importante al norte de los Alpes. Desde 1214 en que se tiene la primera noticia de un castillo en ese emplazamiento, ha sufrido toda clase de desgracias, entre las que destacan los rayos, los incendios y las destrucciones deliberadas como táctica bélica. A lo largo de la historia, se ha destruido y reconstruido infinidad de veces.
Complejo del Schloss (Castillo) de Heidelberg.
(JMBigas, Marzo 2013)

La restauración de ciertas partes realizada a finales del siglo XIX, ha convertido el Castillo de Heidelberg en una de las principales atracciones turísticas de la ciudad. Su singularidad, el hecho de que desde alguna de sus terrazas se domina la ciudad y que dispone de una capilla restaurada y un comedor interior, ha provocado que sea habitualmente el escenario de hasta 100 celebraciones de boda por año. El sábado de mi visita, por supuesto, pude ver el cortejo completo, incluidos los contrayentes, de una boda.

A pesar de los escasos 80 metros de altura, se tienen desde el Castillo unas buenas vistas de la ciudad vieja (Altstadt) y el río, incluso en días nublados o neblinosos, como era el caso ese sábado.

Una zona interior, donde hay algunos toneles de vino enormes y uno directamente gigante, al que se puede subir por una escalera que recorre su parte exterior hasta un balconcito directamente encima, está habilitada para celebraciones de todo tipo. Ese sábado, en la zona del comedor, estaban agasajando a toda una expedición de japoneses, con los diversos vinos de la zona. En un mostrador específico, el mesonero ofrecía vino caliente como reclamo estrella (bastante asqueroso, pero reconfortante en ese clima helado) y algunas cosas para comer, como bocadillos de salchicha o pretzels. Tomé los sorbos que aguanté de vino caliente y un bocata de bockwurst bastante sabroso, como tentempié de mediodía.
Iglesia del Espíritu Santo, con puestos de mercado.
(JMBigas, Marzo 2013)

Tras una rato por la zona, tomé de nuevo el funicular, para bajar al nivel de la ciudad, en la estación de Kornmarkt. Allí inicié un paseo por toda la parte antigua de la ciudad, protegiéndome del frío como pude. En el centro de la Plaza del Mercado está la Iglesia del Espíritu Santo (Heilig Geist Kirche), que ese sábado por la mañana servía de respaldo a diversos puestos del mercado ambulante. Paseé por todo el eje de la calle Mayor (Hauptstrasse), que discurre paralela al río. Me acerqué hasta el Neckar por la zona del puente (brücke) Karl-Theodor (conocido habitualmente como Puente Viejo o Alte Brücke), con sus características dos torres blancas de acceso.

Había reservado un tren de vuelta a Frankfurt para un poco antes de las tres de la tarde. Si no fuera por el frío agudo, a gusto me hubiera quedado a pasar la tarde callejeando por Heidelberg.
Karl-Theodor Brücke (Alte Brücke), cruzando el
río Neckar.
(JMBigas, Marzo 2013)

En la zona comercial de Bismarckplatz tomé de nuevo un autobús hacia la Estación Central (HBF = HauptBahnHof). Allí, esperando el tren en un andén al aire libre (eso sí, con su correspondiente zona delimitada para fumadores), intenté esquivar el frío como pude. El tren resultó ser más moderno que el de la ida, de nave corrida con un pasillo central. Para las cuatro menos cuarto estaba de vuelta en Frankfurt, cansadito de una mañana movida y calado de frío, que también se había agudizado allí, desde la mañana fresquita que había abandonado a primera hora.

En resumen, Heidelberg es una ciudad pequeñita (por lo menos su parte central), que a veces parece salida de un cuento de hadas. Importante centro universitario, el visitante haría bien en dedicarle, por lo menos, un día entero. O, incluso mejor, alojarse en alguno de sus múltiples hoteles y realizar, en su caso, la excursión de un día a Frankfurt, que tiene menor atractivo turístico, a pesar de su mayor tamaño.

Es decir, justo lo contrario de lo que esta vez hice yo.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa de 46 fotografías (geoposicionadas y comentadas), pinchando en la vista de la ciudad.

Excursión a Heidelberg


JMBA

lunes, 17 de septiembre de 2012

Viaje a la Galicia Interior - 1 - Ponferrada

A mediados de Agosto tuve ocasión de poder dedicar una semana a un viaje en coche desde Madrid hacia la Galicia Interior (provincias de Orense y Lugo). Tanto a la ida como a la vuelta planifiqué una etapa en la provincia de León. A la ida, en Ponferrada, y a la vuelta en la capital.
Detalle de una de las farolas de la Plaza del Ayuntamiento
de Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2012)

Para llegar a Ponferrada desde Madrid hay que seguir la llamada Carretera de La Coruña, la A-6. que cruza las provincias de Segovia, Ávila y Valladolid, antes de entrar en la de León. En Rueda (Valladolid) se puede hacer una parada de interés vinícola, como ya he comentado en otra ocasión.

Ponferrada es la ciudad más importante de la comarca del Bierzo (León), famosa por sus excelentes viandas   que incluyen vinos muy recomendables (especialmente tintos de uva Mencía y blancos de uva Godello). El Bierzo es como una enorme cazuela, absolutamente rodeada por montañas. Para llegar a Ponferrada desde Astorga, hay que cruzar montañas, y lo mismo para cruzar desde allí hacia Galicia (provincia de Orense). Por su proximidad y muchas afinidades, algunos consideran al Bierzo como la quinta provincia gallega. Por ejemplo, el dueño del restaurante O Asador en Viveiro (Lugo), que tiene al excelente tinto Cepas Viejas de Dominio de Tares, en el capítulo de tintos gallegos, como contaré en un capítulo posterior.

En esta ocasión hice una breve parada en Rueda para desayunar en Casa Lola, y acabé llegando a Ponferrada pasada la una de la tarde. Me hospedé de nuevo, como el año anterior, que ya conté, en el Hotel Aroi Bierzo Plaza, en la misma Plaza del Ayuntamiento, el centro neurálgico del casco histórico de Ponferrada. El propio complejo del hotel dispone de dos restaurantes: la Taberna, donde se pueden comer platos y raciones en un entorno informal, y el restaurante gastronómico La Violeta, muy recomendable como ya glosé en otra ocasión.
Castillo de Cornatel, en Priaranza del Bierzo.
(JMBigas, Agosto 2012)

Tras ocupar la habitación, bajé a la terraza de la Taberna, en la propia plaza, para comer una cazuela de revuelto con gulas y gambas, acompañado con un par de copas de Godello. A las dos y media de la tarde, la Plaza del Ayuntamiento olía a siesta. El día era muy caluroso, y poca gente se veía circulando a esa hora. En la terraza, sólo había dos o tres mesas ocupadas. Justo en la mesa de al lado había dos parejas jóvenes, que hablaban con acento exageradamente gallego, a pesar de que deduje que vivían en Ponferrada. Mientras los chicos sesteaban sin dejar de manipular sus smartphones, las dos chicas (una, muñequita linda; la otra, guapina de cara pero algo entrada en carnes) no dejaban de parlotear en voz suficientemente alta, de modo que no tuve más remedio que enterarme de parte de sus conversaciones. Buena parte del tiempo, esta versó sobre peluquerías y centros de belleza, hasta que Muñequita Linda llamó a algún establecimiento de otro lugar distinto a Ponferrada para reservar una sesión para su amiga. Imperdible su introducción: "¿Jenny? Hola, soy Vanessa...". Parece ya obsoleto el tiempo de las Marías y las Carmen de España.

Yo no cedí a la tentación de la siesta, y tras la frugal comida volví a tomar el coche para ir hasta el municipio próximo de Priaranza del Bierzo, donde está el Castillo de Cornatel. Se estima que, originariamente, el castillo fue un castro romano, que posiblemente vigilaba los accesos a las minas de oro de Las Médulas, que están relativamente próximas. Pero su esplendor fue con los Templarios (s. XII y XIII), aunque pasó por muchas manos. Actualmente está en parte en ruinas, aunque su perfil exterior se conserva bastante bien. El problema es que el horario para poder visitarlo es muy escaso (en verano y únicamente los fines de semana). Como era jueves, tuve que conformarme con tomar algunas vistas del exterior.
Basílica de la Encina, Ponferrada
(JMBigas, Agosto 2012)

El Castillo de Cornatel está enclavado sobre un barranco de unos 180 metros de profundidad, por sus lados Este y Norte, por donde discurre el arroyo de Rioferreiros, mientras que es fácilmente accesible por los otros. Muy cerca se encuentra la pintoresca aldea de Villavieja.

Tanto al pie mismo del Castillo como en el camino desde Ponferrada, se tienen algunas vistas maravillosas de lo que es el valle del Bierzo, con el Lago de Carucedo, algunas plantaciones de viñedos y, siempre, las montañas que circundan la comarca en todas direcciones.

De vuelta a Ponferrada, quería visitar el famoso Castillo de los Templarios (que en mi anterior visita, un lunes, estaba cerrado al público). Desde la Plaza del Ayuntamiento, hay un breve paseo hasta el Castillo, por la calle del Reloj, la plaza de la Encina y luego la calle de Gil y Carrasco, que discurre paralela a sus murallas.

Serían ya las siete de la tarde, pero ese día de Agosto fue caluroso de verdad, y el Sol, ya cercano a su puesta, seguía apretando de forma inmisericorde.

El Castillo de los Templarios de Ponferrada está asentado sobre un alto junto al río Sil, que cruza la ciudad antes de adentrarse en Galicia (ya os contaré mi navegación por el Cañón del Sil, límite entre Lugo y Orense, en otro capítulo). Está en muy buen estado de conservación, y la ciudad lo utiliza como recurso cultural, para realizar exposiciones y conciertos. Ese día por la noche había un concierto de música clásica de cámara, a cargo de una pequeña banda de viento, al que no pude asistir.
Castillo de los Templarios, Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2012)

La visita al Castillo cuesta 6 euros, e incluye la sala de audiovisuales explicativos, así como la exposición permanente Tempus Libri, de visita obligada. Se exponen ahí ejemplares facsímil de libros y documentos medievales. Junto a la entrada, pasada la taquilla, una guía te da las explicaciones sobre el monumento, y te indica la ruta aconsejada para la visita.

La ruta discurre, en primer lugar, por la sala de audiovisuales, donde hay paneles informativos sobre los castillos de frontera de la región de Castilla y León, así como vídeos explicativos del propio Castillo y del proyecto para su restauración y recuperación para la vida ciudadana de Ponferrada. En la planta baja se exponen algunos atuendos medievales.

Luego se anda por todo el camino de ronda por las murallas que discurren paralelas al casco antiguo de la población. Hay un gran patio central, al fondo del cual está el Castillo Antiguo, que es la siguiente etapa de la visita. Se puede acceder a la Torre del Homenaje, pero el camino es bastante angosto y se requiere una buena agilidad para no sufrir algún tropiezo.
Castillo Antiguo, en el interior del complejo del
Castillo de los Templarios, Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2012)

De vuelta hacia la entrada, se sigue el camino de ronda junto a las murallas occidentales, sobre el río Sil y la parte más nueva de la ciudad de Ponferrada. La visita termina en la zona de nuevas edificaciones, donde está la exposición permanente. En una de las salas estaba ensayando la banda que tenía concierto esa misma noche.

Saliendo ya del Castillo (donde sudé la gota gorda), tuve que abrevar en un bar cercano, porque estaba próximo a la deshidratación. Volví al hotel, y algo más tarde salí para cenar. Me apetecía una simple pizza, y elegí la terraza de una de las varias pizzerías que hay en el camino entre la Plaza del Ayuntamiento y el Castillo. Acompañé la cena con una botella (en formato 50cl) del excelente tinto Cepas Viejas (Mencía) de Dominio de Tares.

Aparte de las fotografías que he elegido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 51 imágenes, pinchando en la foto de la Plaza del Ayuntamiento.


Al día siguiente, antes de las ocho de la mañana, la Plaza del Ayuntamiento (mi habitación esquinera tenía un pequeño balcón sobre la propia plaza) estaba silenciosa y callada (es zona peatonal), salvo por el motorista que iba repartiendo bolsas con churros calientes a las diversas cafeterías. Tras desayunar en el sótano del hotel (un buffet muy bien surtido), seguí camino hacia Valdeorras y Orense.

Pero ese ya es otro capítulo.

JMBA

martes, 20 de septiembre de 2011

Ponferrada: paseo por su casco histórico

Tras haber bajado desde Gijón hasta la zona de Ponferrada por el Puerto de Somiedo, la comarca de Babia y Villablino, y de haber visitado la zona de Las Médulas ese domingo por la tarde de finales de Agosto, regresé a Ponferrada al final de la tarde.
Ayuntamiento de Ponferrada, en la plaza del
mismo nombre.
(JMBigas, Agosto 2011)

El hotel que había reservado, el Aroi Bierzo Plaza, se encuentra en la propia Plaza del Ayuntamiento, el centro del casco histórico de la ciudad (aunque a la mañana siguiente me enteré de que no en el centro, tal y como lo conocen sus propios habitantes). Debajo de la plaza, completamente peatonal, hay un aparcamiento subterráneo, con el que el hotel está coordinado, proponiendo un precio especial a sus clientes. El único pequeño problema es que el aparcamiento tiene dos plantas, pero no tiene ascensor para subir hasta el nivel de la plaza. Y las plazas reservadas para el uso de los huéspedes del hotel están en la segunda planta. Subir el equipaje por las escaleras las dos plantas no fue una experiencia de las más agradables.

Antes de cenar, di una vuelta al atardecer por la zona del casco histórico. En la propia plaza está el Ayuntamiento, un edificio singular. Pasando por debajo de la torre del Reloj, se entra en la calle del Reloj, hasta la Plaza de la Encina. Allí está la Basílica de La Encina, frente a la que está la estatua homenaje al Templario, obra de Venancio Blanco. Desde allí se puede bajar por la calle Gil y Carrasco, que discurre paralela al famoso Castillo de los Templarios, hasta la Avenida del Castillo, que cruza el río Boeza hacia el centro moderno de la ciudad.
Monumento homenaje al Caballero Templario, frente
a la Basílica de la Encina.
(JMBigas, Agosto 2011)

Se me hizo de noche, y busqué un lugar agradable para cenar. Tras varias dudas, al final decidí sentarme en la terraza del restaurante La Violeta, en la propia Plaza del Ayuntamiento, que forma parte del complejo del hotel. Según me contó luego el maître, tuve suerte, ya que esa noche la temperatura era agradable y el tiempo estaba calmado, mientras que la terraza por la noche había sido inhabitable los días previos, debido al viento y al frío (relativo). Un domingo por la noche había muy poca gente por allí. De hecho, en la terraza, sólo había dos hombres en otra mesa. Uno de ellos parecía obsesionado con venderle alguna cosa al otro, que se mostraba más bien reticente. El camarero que me atendió, un senior batido en mil batallas en esto de la hostelería y la restauración, me aconsejó un poco con la carta. Curiosamente, había varios platos francamente exóticos, como solomillo de canguro y carne de antílope. Cedí a la tentación (tras contarme las excelencias el camarero) de pedir el solomillo de canguro (que resultó exquisitamente tierno), precedido de una provoleta con tomate oreganado. Me dejé aconsejar un Bierzo Mencía del 2005 (Val d'Uria, poco conocido, de una pequeña bodega de Villamartín de la Abadía) y allá que fuimos con la cena adelante.
La Torre del Reloj, junto a la Plaza del Ayuntamiento,
en Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2011)

Como el camarero andaba bastante desocupado por la poca parroquia, tuvimos reposo para mantener alguna conversación sobre la trayectoria vinícola del Bierzo, en plena expansión nacional e internacional. A los postres, vi en la carta que proponían crêpes suzette, que es una de mis debilidades (gastronómica y litúrgica). Este postre (que muy poquitos restaurantes se atreven a proponer, por su costosa elaboración frente al cliente), siempre me evoca una anécdota muy recordada que me sucedió viajando con mi padre. En 1992 hicimos un viaje por México y Guatemala. Estando en Mérida (del Yucatán), fuimos a cenar a un restaurante y pedimos crêpes suzette como postre. Al camarero jovencito que nos atendía se le iluminó la cara, a la par que se ruborizaba. Se retiró y volvió con el carro con su fogón y su sartén, todo ello inmaculado (no descartaría que fuera su primer uso). Empezó los preparativos y, poco a poco, fueron acudiendo a las proximidades otros camareros y gente de la cocina, para presenciar el espectáculo. Dedujimos que el chaval recién habría vuelto de un curso donde le habían enseñado eso, e, inconscientemente, le dimos la primera ocasión que tuvo de demostrar los conocimientos adquiridos. Y, además, las crêpes resultaron ser suculentas y golosas.
Entrada al Castillo Templario de Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2011)

Esa noche, en Ponferrada, el camarero senior acudió con el carrito, el fogón, la sartén y todos los ingredientes. Con gran cariño y profesionalidad, me elaboró dos crêpes suzette absolutamente memorables.

De allí me fui directamente a dormir al hotel (treinta pasos). A la mañana siguiente me levanté prontito, desayuné en el hotel (un correcto desayuno de buffet), y me di un paseíto matinal por la misma ruta del casco histórico. En la Plaza del Ayuntamiento hay varios elementos singulares del mobiliario urbano. Empezando por la farola en su centro, y siguiendo por un quiosco de prensa y la estatua homenaje al barquillero.

Para mi desgracia (¿o quizá mi suerte?), los lunes el Castillo Templario está cerrado al público y no pude visitar su interior. Pasé por delante del Museo de la Radio (sin duda el mejor de su género en España), creado y fundado por el famoso locutor radiofónico Luis del Olmo, ponferradino y berciano hasta el tuétano.
Museo de la Radio, en Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2011)

Quería comprar alguna botella de vino del Bierzo, y pregunté en la recepción por una tienda enológica. Me recomendaron una tiendecita para turistas al principio de la calle del Reloj. Pero más tarde de las diez y media de la mañana, la tienda estaba oscura y sin síntomas de pretender abrir en breve. En el hotel me dijeron que si no, en el centro. Vaya, hasta ese momento yo estaba convencido de estar en el centro. Siempre se aprende algo.

Como no me dieron mayores detalles, subí a la habitación y me conecté a Internet (yo llevaba mi netbook, y había WiFi gratuito). Allí localicé una vinoteca (en el centro) que me pareció conveniente. Anoté la dirección en el tomtom, recogí el equipaje y me bajé al parking para recuperar mi coche (de nuevo las dos plantas con el equipaje en brazos).

La vinoteca en cuestión (Benito Otero, en la calle Antolín López Peláez, 23), resultó ser una tienda de vinos muy interesante, con un buen surtido de vinos del Bierzo de todas clases. Compré algunos vinos de la zona, y les indiqué que, por si no creían demasiado en Internet (creo que no tienen web propia), yo había acudido a su tienda gracias a que aparecían en algunos directorios de Internet.

Tenéis acceso a una galería de 34 fotografías del casco histórico de Ponferrada, pinchando en la foto del Ayuntamiento.

Casco histórico de Ponferrada (El Bierzo, León)


De allí me fui hacia Astorga por la sierra (el auténtico Camino de Santiago).

Pero esa ya es otra historia.

JMBA

sábado, 7 de agosto de 2010

Montjuïc

Montjuïc es la segunda gran atalaya para poder ver Barcelona (casi) desde el aire. Junto con el Tibidabo, claro.

Montjuïc (o Montjuich, como habitualmente se ha venido escribiendo en castellano) es una montaña junto al mar, donde hay muchos equipamientos públicos (Palau Sant Jordi, Piscinas, Estadio Olímpico, Cementerio del Sudoeste, etc. etc.).

En su cima está el Castell de Montjuïc, auténtica fortaleza costera para defender la ciudad de ataques marítimos. Desgraciadamente, el Castell ha jugado un papel más bien negro en la historia de la ciudad, y la fortaleza construida para defenderla, a menudo fue utilizada más bien para lo contrario. Por todo ello, el Castell (que hoy en día ya no es una instalación militar, sino que está a disposición del Ayuntamiento) es una patata caliente, cuyo uso futuro todavía no está claro. En el ánimo de muchos políticos seguramente está la opción de simplemente demolerlo, pero eso no se puede hacer. Y hay proyectos diversos a debate, para definir su uso futuro como equipamiento para el ciudadano.

A diferencia del Tibidabo (relativamente alejado del mar), desde Montjuïc se tiene una visión privilegiada de la fachada marítima de Barcelona, incluyendo todas las instalaciones portuarias, así como hasta el Port Olímpic, algo más alejado.

El acceso a Montjuïc se puede realizar por medios públicos (y así lo hice yo el domingo 25 de Julio de 2010; fecha de la colección de fotografías que os regalo). En Metro se llega a la estación de Paral.lel (líneas 2 ó 3), y allí se enlaza directamente con el Funicular de Montjuïc (sin pagar de nuevo, si se tiene un billete validado de Metro).

El Funicular sube hasta la mitad de la montaña. Junto a su estación superior está la estación inferior del Teleférico de Montjuïc, que remonta al visitante hasta las murallas del Castell. El precio del billete de Adulto para el Teleférico (de subida y bajada) es de 9€.

Hay una estación intermedia del Telefèric (sólo accesible en el sentido de descenso) que deja al visitante junto a los Jardines Joan Brossa y el Monumento a la Sardana, donde hay otro excelente Mirador.

La subida a Montjuïc debería formar parte de los deberes de cualquier turista en Barcelona, al igual que la subida al Tibidabo.


(Pinchad en la fotografía, y accederéis a una colección de 36 imágenes de esta excursión, que reside en el servicio Google PicasaWeb).

Los que hayáis visitado Barcelona, pero no Montjuïc, anotaos falta, y corregidlo en cuanto podáis. Los que no conozcáis todavía Barcelona, anotaos Montjuïc como una excursión obligatoria, para cuando tengáis ocasión de estar allí.

¡¡¡Que lo disfrutéis!!!

JMBA