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martes, 21 de junio de 2016

Estupores Electorales

Visto lo visto, da la sensación de que la humanidad entera está partida por la mitad. Mientras unos piensan que es de día, los demás están convencidos de que es de noche.

Esta semana vamos a tener dos votaciones muy decisivas. El jueves, en Gran Bretaña, se votará si el Reino Unido va a seguir en la Unión Europea ("Remain"), o prefiere seguir el camino en solitario ("Leave") y desatar el temido Brexit.

Todos sabemos que en el Reino Unido existe un sentimiento muy arraigado de nacionalismo, o incluso de insularidad. Y que su visión transnacional está bastante más orientada a su ensoñación imperial del mundo anglosajón de la Commonwealth, que a sus vecinos más inmediatos, esos que se desarrollan al otro lado del English Channel (Canal de la Mancha para todos los demás).

A pesar de que la llamada Batalla de Inglaterra fue muy cruenta, Gran Bretaña no ha visto soldados extranjeros en su territorio en los últimos siglos. A diferencia, por cierto, de la mayoría de países con los que comparte la Unión Europea.

Tras la Segunda Guerra Mundial, que dejó una Europa arrasada, fragmentada y desconfiada, se ha hecho un esfuerzo titánico para construir una entidad supranacional, de la que podamos todos sentirnos orgullosos. Con éxito desigual, eso también es verdad. Porque la Unión Europea a menudo se asemeja a una hidra de muchas cabezas, que come ingentes cantidades de alimento todos los días, pero que consume buena parte de su tiempo en largas siestas.

El jueves veremos en las urnas cuántos británicos se dejan llevar por las emociones y el corazón, y prefieren separarse de la Unión Europea. Y cuántos votan con la cabeza y piensan con más frialdad en el futuro inmediato de este continente. Sólo desde dentro tendremos alguna posibilidad de cambiar y mejorar esta Unión Europea que a todos nos decepciona con demasiada frecuencia, pero que es el único futuro que a todos nos debería ilusionar.

Sería curioso, si no fuera dramático, ver cómo el asesinato de una diputada de Westminster ha modificado algo el estado de opinión en el Reino Unido. Como si, de repente, muchos se hubieran dado cuenta de que, detrás de las tesis nacionalistas de la separación hay muchos componentes de odio, con los que una mayoría no se siente confortable.

El viernes conoceremos el resultado. Ojalá decidan quedarse, que los británicos, a pesar de que frecuentemente son más bien raritos, resultan adorables, y los necesitamos en esta Europa balbuceante.



De otra parte, el domingo nos toca votar a los españoles, por segunda vez en apenas seis meses. El aparente fin del bipartidismo parece que se les ha atragantado a nuestros políticos, que tienen que enfrentarse a situaciones para las que muestran no estar preparados.

Con sólo dos partidos mayores, el juego parecía más o menos controlado y conocido. Se trataba de pelear por conseguir más votos que los otros y, a ser posible, con mayoría absoluta. Si había que completar escaños con alguna fuerza minoritaria, el tema se reducía al regateo de qué conceder a cambio del apoyo de algunos diputados de alguna de las fuerzas nacionalistas, habitualmente. Así, tanto Felipe, como Aznar o Zapatero, gobernaron con mayorías absolutas en algunas ocasiones, y con el apoyo de vascos y/o catalanes en otras. Fin del invento.

Pero ahora la situación política se ha vuelto más adulta, y tenemos cuatro fuerzas con presencia significativa en el Congreso. Cualquier Gobierno requiere un acuerdo de coalición entre varias de ellas. Este proceso no se consiguió culminar en los muchos meses que se destinaron a ello, a partir del 20D. Por eso tendremos ahora nuevas elecciones.

Pero el panorama resultante parece que será bastante parecido al emanado del 20D. Y lo que estamos escuchando durante esta campaña electoral nos llevaría en directo al mismo bloqueo que ya conocemos bien.

Superadas algunas dudas de posicionamiento, interesadas sin duda, sobre si la dicotomía derecha-izquierda estaba superada y demás, hemos vuelto al redil y, simplificando, tenemos ahora dos fuerzas situadas en el arco de la derecha (PP y Ciudadanos) y otras dos en el arco de la izquierda (PSOE y Unidos Podemos). Dejando al margen algunas otras ensoñaciones que parecen irrealizables (como la llamada Gran Coalición, por lo menos esta vez), sólo hay dos opciones que tengan visos de realismo. O bien un Gobierno de la Derecha o bien uno de la Izquierda. Otros equilibrios parecen demasiado inestables como para que podamos siquiera considerarlos.

El 20D arrojó unos resultados totales de 163 diputados para la derecha (123 del PP, más 40 de Ciudadanos) y 161 para la izquierda (90 para el PSOE, 69 para Podemos y 2 para Izquierda Unida).

A pesar de tener una ligera ventaja el ala derecha, el PP, con Rajoy a la cabeza, renunció siquiera a intentar llegar a ningún tipo de acuerdo con Ciudadanos, que acabó arrojándose en brazos del PSOE, para construir una mayoría definitivamente insuficiente. Rajoy declinó la invitación del Rey a presentarse a un proceso de investidura, y este acto fue el inicio de un juego sin salida.

Podemos se negó a permitir un gobierno del PSOE con Ciudadanos, incluso con su abstención, y los intentos de Pedro Sánchez naufragaron sin remisión.

El hecho más significativo que nos puede traer el 26J es el llamado sorpasso. Por su alianza con Izquierda Unida, Unidos Podemos podría conseguir más votos y más escaños que el PSOE, y convertirse en la primera fuerza del ala izquierda en el Congreso. Porque el balance de votos del ala derecha y del ala izquierda (aceptando las hipótesis de posicionamiento que he aplicado aquí, que a alguno le parecerá mal, sin duda) se mantendrá, muy probablemente, en un entorno casi idéntico al 20D. Es posible que el PP gane algún escaño, pero Ciudadanos se enfrenta al riesgo de perder alguno. El PSOE debería esperar el peor resultado de su historia, y conseguir un cierto empate técnico con Unidos Podemos, en la horquilla de los ochenta y pico escaños.

Cuando se conozcan al detalle los números finos, me parece que deberían dejarse todos de postureos que a nada conducen. La fuerza más votada del ala (derecha o izquierda) que consiga mayor representación, deberá asumir el protagonismo de organizar una sesión de investidura. Deberá establecer un acuerdo sólido con la otra fuerza de su propia ala, y buscar los apoyos que puedan ser necesarios, aunque sea via abstención, entre el resto de fuerzas minoritarias en el Congreso.

En otras palabras, o bien el PP (con o sin Rajoy a lo mejor es parte de las negociaciones necesarias), o bien Unidos Podemos (o el PSOE, si consigue resistir mejor de lo que parece en las encuestas) deben asumir el papel que los ciudadanos les habremos dado. Los acuerdos de coalición a los que tengan que llegar deberían ser tema de unas pocas semanas de negociación. Y deberíamos tener un nuevo Gobierno, razonablemente sólido, no más tarde de la vuelta de las vacaciones, a primeros de Septiembre.

Hasta el final de la campaña, todos tienen derecho a denostar a sus rivales y adversarios y a pelear hasta por el último voto. Han caído, y seguirán así, en descalificaciones o incluso insultos en algún caso. Todo eso vale hasta el domingo. A partir del lunes, y de acuerdo a la aritmética fina que surja de las urnas, todos a trabajar en la línea que he expuesto, y basta ya de postureos y tonterías. Tendrán que hacer un esfuerzo, pero deberán olvidar todos los sapos que se han tenido que tragar durante la campaña electoral.

Y si algo falla y no se avanza en esta dirección, la única conclusión posible será que alguno o algunos de los partidos se han puesto por delante de los intereses de los ciudadanos, y deberán pagar muy caro ese desplante.

El que crea que el PP es un partido instalado en la corrupción vergonzante y que gobiernan para sus amiguetes, que no les vote el domingo. El que piense que Unidos Podemos es un partido comunista y que sería un desastre para este país, que no les vote el domingo.

Pero, a partir del lunes, cada partido tendrá, legítimamente, la representación que le hayamos dado los ciudadanos. Y será el momento de negociar y de dar y pedir concesiones, para llegar a un acuerdo de investidura y de Gobierno. El Gobierno que resulte será legítimo y deberá gobernar para todos los españoles. Si, a criterio de los ciudadanos, no lo hacen bien, en las próximas elecciones el electorado les castigará.

Y punto final. Ya han jugado suficiente todos los políticos. Ahora es el tiempo de que este país pueda seguir funcionando, y que los políticos se vean relegados al papel que les toca, un poco secundario en relación con el propio país y sus ciudadanos.

Porque el excesivo protagonismo de los políticos es por completo estéril, y en nada contribuye a nuestro bienestar.

JMBA

domingo, 28 de abril de 2013

Una Breve Visita a Gibraltar

Geográficamente, la Península Ibérica es la porción del continente europeo que está limitada por la cordillera de los Pirineos, por el Mar Cantábrico, el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo.
Gibraltar, visto desde Algeciras.
(JMBigas, Abril 2013)

Cuatro estados comparten la Península Ibérica. Por orden de tamaño: España (504.645 kilómetros cuadrados), Portugal (92.391 kilómetros cuadrados), Andorra (468 kilómetros cuadrados) y Gibraltar (6,8 kilómetros cuadrados). España, Portugal y Andorra son países soberanos (aunque en Andorra se ejerce una cosoberanía formal entre el Presidente de la República Francesa y el obispo de la Seu d'Urgell) mientras que Gibraltar es un Territorio de Ultramar perteneciente al Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Como Territorio Británico de Ultramar, Gibraltar dispone de un amplio nivel de autogobierno, que se encarna en su Ministro Principal, escogido por los gibraltareños y que es la máxima autoridad política de facto. Por supuesto, el Jefe del Estado es la Reina Isabel II, y existe un Gobernador en Gibraltar que la representa.

En sí mismo, Gibraltar es muy poco más que una estrecha península casi íntegramente ocupada por un Peñón costero (de perfil muy característico) que se eleva algo más de 400 metros sobre el nivel del mar, con orientación Norte-Sur y que cierra por el Este la Bahía de Algeciras. A pesar de no estar en la zona donde el Estrecho de Gibraltar (que separa Europa de África) es más angosto, desde Gibraltar se controla todo el tráfico marítimo que discurre entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, conocido en esa zona como Mar de Alborán.
Gibraltar al amanecer, cerrando al este la
Bahía de Algeciras.
(JMBigas, Abril 2013)

En la antigüedad, el Peñón (The Rock, para los británicos) fue conocido como Mons Calpe, y constituía la pata europea de las Columnas de Hércules. Pero su nombre actual procede de la fórmula árabe Ẏabal Tāriq (جبل طارق)(o "montaña de Tariq"), en recuerdo del general que dirigió el desembarco en esta zona de las tropas del Califato Omeya en el año 711.

Entre los siglos VIII y XV, Gibraltar siguió los mismos avatares que el resto de Andalucía, con la dominación musulmana. El primer asentamiento estable en el Peñón data del año 1.160 (período almohade), con la construcción de una fortificación. En 1.462 fue conquistado por el I Duque de Medina Sidonia, incorporándose de esta forma a la España que fueron consolidando los Reyes Católicos.

En el año 1700, murió sin descendencia el rey de España Carlos II, llamado "el Hechizado", que fue el último rey de la dinastía de los Habsburgo. Las potencias europeas se habían movilizado ya desde unos años antes para favorecer sus propias soluciones para la sucesión. A su muerte se desató la llamada Guerra de Sucesión (1701-1713), que acabó teniendo una muy fuerte influencia en la conformación de la España moderna. El último testamento de Carlos II nombraba como sucesor a Felipe de Anjou (nieto del rey Luis XIV de Francia), quien tomó posesión el 16 de Noviembre de 1700. Pero otras potencias europeas (especialmente Inglaterra, las Provincias Unidas - parte del actual Benelux - y Austria) tenían el temor de que el hecho de que gobernara en España un rey francés pudiera acabar unificando ambas naciones y creando una potencia que no querían reconocer. Por ello, siguieron apoyando con diversas acciones bélicas la candidatura del archiduque Carlos.
El Faro de Punta Europa, en el extremo Sur de Gibraltar.
(JMBigas, Abril 2013)

En particular, una flota anglo-holandesa desembarcó y conquistó Gibraltar en el verano de 1704. Los británicos también invadieron la isla de Menorca (en el archipiélago balear) en el 1708. En 1713, el Tratado de Utrecht puso fin a la Guerra de Sucesión, reconociendo la soberanía británica sobre estos dos territorios. Menorca sufrió durante el siglo XVIII diversos avatares, incluyendo dos períodos de dominación francesa (1756-1763; 1782-1798); pero fue restituida definitivamente a soberanía española por el Tratado de Amiens (1802). Por el contrario, la presencia británica en Gibraltar ha sido ininterrumpida desde 1704 hasta el día de hoy.

Durante el siglo XVIII, hubo varios intentos militares españoles, infructuosos, de reconquistar el Peñón, de los que el más prolongado fue el llamado Gran Asedio (1779-1783). Se acordó durante ese siglo la creación de una zona neutral en el istmo, pero los británicos acabaron anexándose la zona más próxima a Gibraltar.

En 1830 se le reconoció a este territorio la categoría de Colonia Británica. La apertura al tráfico marítimo del Canal de Suez (1869) subrayó la importancia estratégica que tenía Gibraltar para el Reino Unido, ya que todo el tráfico entre Inglaterra y el inmenso Oriente (India, Indochina, China,...) que utilizara el nuevo Canal debía cruzar el Estrecho de Gibraltar.

En 1909, las autoridades británicas levantaron la barrera fronteriza, que desde entonces se conoce popularmente como La Verja. Durante la Segunda Guerra Mundial, construyeron un aeropuerto en esa zona del istmo, que España reclama como no reconocida de soberanía británica por el Tratado de Utrecht.

Tras la Guerra Civil Española, y durante el mandato del General Franco, en los años 60 España llevó el tema de Gibraltar al comité de descolonización de Naciones Unidas. Tras varias resoluciones invitando a iniciar negociaciones entre los dos Estados, las autoridades gibraltareñas invocaron su derecho a la autodeterminación. Gran Bretaña convocó un referéndum en 1967 para los gibraltareños, que resultó con una amplia mayoría contraria a la unificación con España. En 1969, el gobierno británico otorgó al territorio una nueva constitución, que le concedía la categoría de Territorio Británico de Ultramar (British Overseas Territory), y dejando todos los asuntos internos en manos de las autoridades locales, reservándose la Corona (y en su nombre, el Gobernador) solamente la gestión de los Asuntos Externos y la Defensa.
La costa africana, a 24 kilómetros de Punta Europa,
Gibraltar.
(JMBigas, Abril 2013)

España entendió este movimiento como un acto hostil, e interrumpió las comunicaciones terrestres (cerró La Verja) en 1969 con Gibraltar. Los trece años de cierre de la verja fueron económicamente muy duros a ambos lados de la misma. Sólo en 1982 la verja se reabrió, pero únicamente al tráfico peatonal. Con las conversaciones de incorporación a la Comunidad Económica Europea, las comunicaciones se restablecieron plenamente en 1985.

Sin embargo, no ha prosperado, hasta ahora, ninguno de los diversos intentos de encontrar una solución consensuada para Gibraltar. Con el alto nivel de autonomía concedida a Gibraltar en sus constituciones de 1969 y 2006, cualquier acuerdo debería ser tripartito (España, Reino Unido y Gibraltar). Por todo ello, el litigio promete ser insoluble y eterno.

Gibraltar es parte de la Unión Europea, pero con un estatus especial, como "territorio europeo de cuyas relaciones exteriores el Gobierno del Reino Unido es responsable". Está fuera de la unión aduanera y excluido de la armonización del IVA.

En la práctica, Gibraltar es un pequeño territorio (pop. 29.000), que disfrutan de impuestos reducidos (puerto franco), cuya principal actividad está ligada a los servicios financieros y turísticos, donde resulta muy fácil la creación de compañías offshore de bajísima tributación, y que es acusado regularmente de ser un quasi paraíso fiscal, así como de dar acogida benévola a capitales procedentes de actividades no siempre legales. Aparte, por supuesto, de la Base Aeronaval de las Fuerzas Armadas Británicas.

Para el turista, Gibraltar es un enclave británico en la costa de Andalucía, donde el idioma oficial es el inglés (pero casi todo el mundo habla español, habitualmente con acento andaluz), la moneda oficial es la Libra Esterlina (aunque el Euro es aceptado en todos los comercios) y se conduce por la derecha como en el resto del continente, a diferencia de Gran Bretaña e Irlanda. Un lugar donde puede comprarse licor y tabaco (especialmente) a precios bastante más económicos que en España (o el resto de países de la Unión). Una pequeña península que, tanto para entrar como para salir de ella hay que cruzar una frontera (control de personas) con aduana (control de mercancías).

* * *

Yo nunca había estado en Gibraltar, pero tenía muchas ganas de visitarla, aunque fuera una única vez (tampoco da para mucho más).
La Mezquita del Guardián de las dos Mezquitas
Sagradas
, regalo del Rey Fahd, en Punta Europa.
(JMBigas, Abril 2013)

Aproveché la bajada de tarifas del AVE (tren de Alta Velocidad que une, por ejemplo, Madrid con Málaga), para conseguir un billete muy económico (47€ ida y vuelta). Planifiqué un viaje (desde Madrid) de un total de tres días, para tener parte de uno destinado a la visita de Gibraltar, y tener la oportunidad de visitar otras zonas interesantes de las provincias de Málaga y Cádiz, de lo que ya os hablaré en otra ocasión. En la Estación María Zambrano de Málaga (un gran centro comercial por el que circulan trenes) había reservado un coche de alquiler para poder moverme con libertad por la zona.

Viajé hacia Málaga el lunes 8 de Abril por la mañana. Visité ese día la zona de la Sierra de las Nieves y Ronda y su Serranía, para acabar pasando la noche en el Hotel Mirador de Algeciras (provincia de Cádiz). Algeciras es el puerto principal del sur de España para el enlace marítimo de viajeros con África, especialmente con Marruecos (puerto de Tánger o el nuevo de Tánger Med), así como con la ciudad española de Ceuta. En las temporadas vacacionales masivas, especialmente durante el verano y, con mucha menor intensidad, por Navidad o Pascua, miles de magrebíes (cientos de miles en los momentos álgidos) residentes en diversos países de Europa se cruzan el Continente en sus coches para acabar en Algeciras, esperando para embarcar en un ferry con destino a sus países de origen. Y muy parecido para el camino inverso a la vuelta de vacaciones.

Aparte de sus instalaciones industriales y portuarias, Algeciras no tiene mucho más que ofrecer al visitante, ya que se ha configurado principalmente como un lugar de paso. Pero ocupa la ribera oeste de la magnífica Bahía que lleva su nombre. Un poco más al Sur, la pequeña población de Tarifa es el paraíso de los surferos.

El Hotel Mirador es un hotelito modesto, pero correcto, enclavado en una zona residencial junto al mar en las afueras de Algeciras. Dispone de cafetería y restaurante propios (necesarios, pues la oferta de servicios en los alrededores inmediatos es extremadamente limitado). La noche que pasé allí, a primeros de Abril, el hotel estaba prácticamente vacío. Uno de sus principales atractivos es su ubicación junto a la Bahía de Algeciras. Sus habitaciones con terraza ofrecen unas vistas magníficas de la Bahía (la propia Algeciras, con su importante puerto y sus playas, San Roque, La Línea de la Concepción), con el perfil inconfundible del Peñón de Gibraltar de frente, cerrando la bahía por el este.
Aparcamiento junto a la estación inferior del Teleférico
del Peñón (en Red Sands Road).
(JMBigas, Abril 2013)

El martes por la mañana me levanté prontito y, tras desayunar y dar una vuelta luego en el coche por el centro de Algeciras, me dirigí hacia La Línea de la Concepción, para desde allí entrar a Gibraltar. No tenía claro si entrar con el coche, o bien dejar el coche en La Línea y entrar a pie (hay algunas líneas de autobuses públicos de Gibraltar desde la propia frontera a los lugares más destacados). Miles de personas diariamente cruzan a pie esa frontera. Eso incluye a muchos visitantes y turistas, pero también a trabajadores de Gibraltar que viven en la parte española y a ocasionales pequeños contrabandistas de tabaco o alcohol, que pueden realizar varios cruces diarios.

Por otra parte, Gibraltar, donde es fácil ver rapidísimas planeadoras de muchos cientos de caballos en sus puertos, tiene fama de ser un núcleo principal del tráfico de estupefacientes procedentes de África, especialmente de hachís. Litigios nunca resueltos sobre la dimensión de sus aguas territoriales provocan frecuentes conflictos entre patrulleras de la Guardia Civil española y presuntos traficantes, con el nada neutral arbitraje de la Marina Real Británica. También los pescadores españoles de la Bahía tienen a veces conflictos por presuntas invasiones de aguas territoriales nunca reconocidas.

Ya en La Línea, me encontré casi sin pensarlo encajado en la cola de automóviles hacia la frontera con Gibraltar, por lo que las circunstancias acabaron resolviendo por la directa mis dudas, y acabé cruzando a bordo del coche. Eso sí, tras unos cuarenta minutos de demora, a paso de tortuga.

La primera sorpresa al entrar a Gibraltar es que la carretera (y las vías habilitadas para peatones), cruza transversalmente la pista de despegue del Aeropuerto. No sé el protocolo que se seguirá cuando deba aterrizar o despegar un avión, pero supongo que funcionará como un paso a nivel ferroviario.

La práctica totalidad de las edificaciones de Gibraltar están en la parte oeste de la península, de frente a la Bahía. Por esta zona, el arranque del Peñón está algo más alejado del mar y es más suave que por la parte este. Al este, el Peñón nace ya casi en vertical y muy cerca del mar, lo que no permite más que una carreterita costera, que enlaza algunas playas y unas pocas edificaciones. Allí está Catalan Bay, cuyo nombre es el homenaje a un destacamento de 350 soldados catalanes que formaban parte de las tropas anglo-holandesas que invadieron Gibraltar en 1704.
Cabina del Cable Car de Gibraltar, llegando a la
estación inferior.
(JMBigas, Abril 2013)

En la primera rotonda que se encuentra por la William Churchill Avenue, a la izquierda se desvía la Devil's Tower Road, que es el inicio de la carretera costera por las Playas del Este, mientras que a la derecha se encuentra la zona de más reciente construcción. Allí hay uno de los puertos deportivos (Marina Bay), el llamado Europort y muchas edificaciones modernas, residenciales y de oficinas, de bastante altura y que parecen construidas en los últimos diez o quince años. Hay también en esa zona algunas instalaciones deportivas.

La distancia entre la frontera y el extremo sur del territorio, el más alejado, no es más de cuatro o cinco kilómetros. El recorrido se realiza por calles a menudo bastante angostas y retorcidas, y el último tramo por una carreterita estrecha, bordeada de edificios residenciales, hasta llegar a Punta Europa (Europa Point). Yo me dirigí directamente hacia allí, para disfrutar de las magníficas vistas.

En Punta Europa, tradicionalmente, existe un faro marítimo y un santuario católico (Shrine of Our Lady of Europe), cuya existencia, de una u otra forma, se remonta hasta el siglo XIV, en que se convirtió una mezquita anterior en una iglesia católica.

Pero, desde 1997 en que fue inaugurada, el edificio más singular de Punta Europa es la Mezquita Ibrahim al Ibrahim (también conocida como Mezquita del Rey Fahd bin Abdulaziz al-Saud o Mezquita del Guardián de las dos Mezquitas Santas). Realmente, fue un obsequio del Rey Fahd de Arabia Saudí, nominalmente para los 2.000 musulmanes que se estima habitan en Gibraltar. Pero su privilegiada ubicación, su esbeltez, la altura de su minarete y la blancura inmaculada del conjunto la convierten en protagonista de Punta Europa y de la fachada africana de Gibraltar. Desde aquí, África está a solamente 24 kilómetros de distancia (el Estrecho de Gibraltar alcanza su mínima anchura de poco más de 12 kilómetros algo más al suroeste de Algeciras).

En 2011 se inauguró una remodelación de Punta Europa, que ha convertido la zona en un indudable atractivo turístico. Hay un aparcamiento organizado y diversos miradores, así como un área de juegos infantiles y una edificación que alberga, por lo menos, un café y una Oficina de Turismo de Gibraltar.
Uno de los varios puertos deportivos que hay en Gibraltar.
(JMBigas, Abril 2013)

Aunque el día no estaba especialmente diáfano, desde los miradores tuve una muy buena visión de la bahía de Algeciras y de la costa gaditana hacia Tarifa, y también de la costa africana de Marruecos y de la ciudad española de Ceuta.

Quería a continuación subir a lo más alto del Peñón. Es posible hacerlo, por supuesto, a pie, pero también en automóvil. Aunque la forma más clásica de hacerlo es en el teleférico (Cable Car). Este teleférico fue construido en 1966 por una empresa suiza especializada en este tipo de instalaciones (Von Roll Holding), y en 1986 fueron renovadas por completo las cabinas. El teleférico sube desde la ciudad, prácticamente al nivel del mar, hasta la segunda cumbre del Peñón (hay otra ligeramente más elevada, donde hay algunas instalaciones meteorológicas), a una altura de 412 metros sobre el nivel del mar circundante. En 2007, la estación superior fue completamente remodelada, y actualmente ofrece diversos miradores, un café y tienda de recuerdos, y también la llamada Calpe Suite, que se puede alquilar para eventos diversos.

Curiosamente, la información que había conseguido de Internet no daba el suficiente nivel de detalle sobre la ubicación de la estación inferior como para que mi GPS me llevara hasta allí sin dudas. Pero en la Oficina de Turismo de Punta Europa me dieron (gratuitamente) un mapa turístico del territorio, bastante detallado, donde se especificaba la dirección de esa estación (en Red Sands Road) y la existencia de un gran aparcamiento gratuito junto a ella, compartido con el vecino Jardín Botánico.

Programé el GPS de acuerdo a esas nuevas informaciones, y me llevó de la mano directamente a la entrada a ese aparcamiento. Es bastante grande, pero acostumbra a estar atestado. Esa mañana de Abril tuve alguna suerte, y no me costó mucho trabajo encontrar una plaza libre.

El Peñón tiene algunas atracciones turísticas (aparte de las maravillosas vistas desde su cumbre). Se dice que está recorrido por innumerables túneles y pasadizos. Algunos de ellos, que se utilizaron en algún momento del pasado para instalar baterías de artillería para defender Gibraltar, son visitables. Por ejemplo, los Túneles del Gran Asedio, o los que se excavaron durante la Segunda Guerra Mundial. También existe una impresionante cueva natural (la Cueva de San Miguel), con estalactitas y estalagmitas, y un Castillo Árabe, construido inicialmente en el año 1.160. Podéis ver más detalles aquí (en el apartado de Lugares de Interés).
Más allá de la pista del Aeropuerto está la frontera, y
luego La Línea de la Concepción.
(JMBigas, Abril 2013)

El Teleférico tiene una estación intermedia, en la zona conocida como Guarida de los Monos. Pero, curiosamente, desde el mes de Abril y durante todo el verano, las cabinas no se detienen ahí.

Toda esa serie de atractivos adicionales están incluidos en lo que se conoce como la Reserva Natural del Peñón (Nature Reserve). Su visita requiere de un ticket específico, y paseos, de hasta uno o dos kilómetros  (hacia arriba o hacia abajo) por diversos senderos del Peñón.

En la taquilla del Teleférico se puede escoger el ticket básico (que permite subir hasta la estación superior y luego bajar) por 10,50GBP, o bien tickets combinados del Teleférico con otras atracciones de la zona. Yo no disponía de mucho tiempo ese día, y escogí sólo el Teleférico, para disfrutar de las vistas desde la cumbre. Por el aparcamiento pululan durante todo el día espontáneos que ofrecen a los visitantes recorridos alternativos a los mismos lugares, pero en taxi o minibús.

Una de las curiosidades del Peñón es su colonia de monos o macacos de Gibraltar (macaca sylvanus), de los que hay actualmente unos 300 ejemplares. También conocidos como monos de Berbería, su origen son los Montes Atlas en Marruecos y su presencia en Gibraltar siempre ha sido un cierto misterio. Pero la leyenda dice que el día que se extingan los monos en el Peñón, también desaparecerán los británicos. Menguada la colonia durante la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill decidió importar algunos ejemplares adicionales, aunque sólo fuera por si acaso.

Los monos están habituados a la compañía humana y pueden llegar a ser bastante traviesos. Conviene tomar algunas precacuciones básicas, especialmente con las bolsas de plástico que les pueden resultar atractivas, o lo que se pueda estar comiendo (fruta, etc.). Pueden verse sin problemas en los alrededores de la estación superior, así como en la llamada Guarida de los Monos, junto a la estación intermedia (inactiva en temporada alta).
La zona del Europort, de construcción reciente y densa.
(JMBigas, Abril 2013)

Al llegar a la estación superior es posible hacerse con una audioguía (en varios idiomas) que te cuenta la historia y detalles de la zona. Son gratuitas (incluidas en el precio del teleférico), pero hay que dejar como garantía el pasaporte o similar (que se recupera al devolverlas).

Desde la cumbre, las vistas son maravillosas, especialmente si nos ha tocado un día despejado y claro. Se puede contemplar tanto la propia ciudad de Gibraltar como la vecina Bahía de Algeciras y los pueblos que la rodean, así como las playas del este (en el llamado Mar de Alborán), con la Costa del Sol malagueña en el horizonte hacia el norte. También se ve con nitidez la costa africana de Marruecos y la ciudad española de Ceuta, aunque los diversos miradores, por la propia configuración norte-sur del Peñón, no ofrecen las mejores facilidades para la visión hacia el Sur. La mejor vista de la costa africana se tiene desde Punta Europa.

Es posible comer y beber algunas cosas en el Café, así como comprar algún recuerdo (souvenir) alusivo (bastante anodinos, me parecieron a mí) al Peñón y a sus atractivos.
Dos macacos de Gibraltar, retozando en el mirador de
la estación superior del teleférico.
(JMBigas, Abril 2013)

Tras bajar nuevamente al nivel del Aparcamiento, paré para comer una pizza (de calidad casi menos que aceptable) en una terracita muy agradable del restaurante Mamma Mia (Pasta and Pizza House), a la entrada del propio aparcamiento del Teleférico.

Antes de mover el coche, di un paseo a pie hasta el final de Main Street, bastante cercano. Se cruza por una zona de muralla bastante bien conservada, y se pasa al lado de un pequeño cementerio histórico, en el que se pueden ver algunas lápidas que reflejan la característica militar del territorio. El Cementerio de Gibraltar es bastante más grande, y está junto a la pista del Aeropuerto.

Main Street es una calle peatonal en su mayoría, donde se encuentran los comercios destinados principalmente a los visitantes y turistas. Casi en todas partes es posible comprar cigarrillos o botellas de destilados (whisky, vodka,...), a un precio algo más atractivo que el practicado en España, y mucho más atractivo que el que se practica en Gran Bretaña. Para que a la vuelta, en la Aduana, no pensaran que yo era un bicho raro, compré un cartón de cigarrillos ingleses (Benson&Hedges Gold) y algún souvenir. En el extremo de Main Street más próximo a la frontera, está Casemates Square, el centro neurálgico para los visitantes de Gibraltar. Si se quiere visitar esta zona, la mejor opción es el transporte público, ya que el tráfico acostumbra a ser infernal, y la disponibilidad de aparcamiento muy limitada.
Lápida histórica en el pequeño cementerio junto al
final de Main Street.
(JMBigas, Abril 2013)

Tomé de nuevo el coche y aproveché para dar una vuelta completa al Peñón por la carretera costera, actualmente practicable. En la rotonda próxima a la pista del Aeropuerto, me desvié hacia la derecha por Devils's Tower Road, y luego seguí por la carreterita que discurre por Catalan Bay y Sandy Bay. En el sureste del Peñón hay un túnel (Dudley Ward Way) que completa el perímetro y que desemboca en las proximidades de Punta Europa. Este túnel, construido por el Ejército Británico entre 1956 y 1963, se cerró indefinidamente al tráfico en 2002, cuando murió un gibraltareño por un desprendimiento de rocas en su acceso norte. Más adelante se reconsideró su conveniencia y, tras realizar las correspondientes obras de estabilización, se reabrió al tráfico en 2010.

Ya eran las cinco de la tarde y, tras repostar gasolina (también algo más barata que en España), me dirigí hacia la frontera para volver a La Línea de la Concepción y completar mi plan ese día, que era recorrer la Costa del Sol hasta Benalmádena, donde había reservado habitación en un hotel y había quedado para cenar en casa de unos buenos amigos.

Pero el camino hacia la frontera fue un calvario que me retrasó prácticamente una hora y media. Las colas lentas son muy frecuentes allí, porque las autoridades españolas no tienen ningún interés en desplegar demasiados recursos para el control de la frontera y la aduana y, sin embargo, cada coche es revisado para verificar que no se incumplen las rigurosas limitaciones de productos que se permite importar sin pagar aranceles. Cerca de la frontera, los gibraltareños han instalado un panel informando a los viajeros de a dónde deben dirigirse (Ministerio de Asuntos Exteriores español, Servicio de la Unión Europea,...) para quejarse del trato recibido en esas instalaciones, debido a las acciones tomadas por el Reino de España.

Tras seguir la procesión a paso de tortuga, llegamos a la frontera, donde una Policía Nacional pedía la documentación a quien le parecía conveniente, y luego en la Aduana, un Guardia Civil inspeccionaba el maletero de cada vehículo.

Finalmente conseguí cruzar sin más incidente que el propio retraso, y seguir la ruta noreste por la Costa del Sol. Para verificar que esa es una costa prácticamente cimentada al 100%, es decir, que poquitos espacios quedan allí sin urbanizar. Se suceden los pueblos, las urbanizaciones, los hoteles, los campos de golf, etc. etc. Tras la primera ola turística en los años 60, la última burbuja inmobiliaria de principios de milenio ha acabado de enladrillar por completo toda la zona. Políticos municipales a menudo corruptos, han repartido licencias para edificar prácticamente sin límite, como si no hubiera un mañana.

Llegué finalmente a Benalmádena hacia las ocho y media de la tarde, pero esa ya será otra historia.

Aparte de las fotografías que he escogido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección completa, con 41 imágenes, pinchando en la foto de Gibraltar como una ballena varada al este de la Bahía de Algeciras.


También podéis ver este vídeo de poco más de cinco minutos, con las imágenes más atractivas de todo el recorrido que os he contado.


JMBA

viernes, 9 de diciembre de 2011

La Tormenta mantiene aislado al Continente

La conclusión más inmediata de la Cumbre de Bruselas celebrada estos días es que todos los países de la Eurozona, y la mayoría del resto de países de la Unión Europea, han acordado poner en marcha un acuerdo intergubernamental para reforzar la política fiscal común y la disciplina presupuestaria y, en definitiva, reforzar la credibilidad del Euro en los mercados internacionales.
David Cameron, en Bruselas, este viernes.
(Reuters; Fuente: ABC)

Como parecía cantado, el Reino Unido se ha situado al margen del resto. Hemos oído a David Cameron afirmar de nuevo que nunca estaremos en el Euro y algunas otras manifestaciones del clásico euroescepticismo de los británicos en general y de los tories más en particular. En definitiva, un rechazo frontal a cualquier sacrificio de su soberanía nacional en favor de instituciones europeas. De hecho, ya ha recibido las primeras críticas internas procedentes del campo del laborismo. Pero los sondeos populares tienden a indicar que una mayoría de los ciudadanos británicos son euroescépticos.

Podemos pensar que esta actitud no constituye noticia ni novedad. Este euroescepticismo es esperable en un país que sigue llamando English Channel al Canal de la Mancha, y en el que el mensaje clásico de los meteorólogos ante las perturbaciones que dificultaban la navegación en el Canal era que la tormenta mantiene aislado al Continente. Una concepción insulo-céntrica del mundo.

Es conocido que el Reino Unido interioriza con orgullo su insularidad, y refuerza de una manera muy singular su sentimiento nacional. Mientras que Francia está condenada a entenderse con Alemania (tiene fronteras comunes, e incluso zonas importantes del noreste del país que estuvieron bajo gobierno alemán en el último siglo), Inglaterra (el Reino Unido) puede contemplar el tema a mucha mayor distancia por su propia insularidad. Puede mirarse al Continente por encima del English Channel.
Esta ha sido la última Cumbre Europea a la que ha asistido
José Luis Rodríguez Zapatero como
Presidente del Gobierno en funciones
(Gtres; Fuente: cuatro)

Todo eso es bien conocido, y cualquier viajero continental al Reino Unido lo ha podido verificar, vivir y compartir. Ya lo he contado en alguna otra ocasión, pero la sensación que tuve al visitar Londres y otras zonas del Reino Unido por primera vez en 1977 fue la de llegar a un mundo distinto. Donde, aparte de algunas diferencias muy evidentes (como la conducción por la izquierda, claro) había otras diferencias muy sintomáticas de que la evolución de la sociedad en el período tras la Segunda Guerra Mundial había sido sensiblemente diferente que la seguida por otros países del Continente. Una cosa que me chocó sobremanera por su significación de la diferencia fue que, en ese momento, no existía el agua mineral embotellada como producto comercial en el país.

Algo más tarde, el Reino Unido desarrolló un cierto sucursalismo de Estados Unidos. Mi sensación en el Londres de los 80 era la de intentar ser una sucursal de Nueva York. Bueno, a fin de cuentas un cierto colonialismo de ida y vuelta. Pero luego recuperó sus esencias más propias, y se convirtió en el portal natural de acceso de los Estados Unidos a la Unión Europea.

Por supuesto que muchas cosas han cambiado, incluso en el Reino Unido, desde esa época. En particular, se ha reforzado sobremanera el eje USA-UK, mucho más que el sentimiento europeísta de los británicos. Reagan-Thatcher en su momento, o Bush-Blair mucho más recientemente, han formado un frente mucho más unido que la integración del Reino Unido en la Unión Europea.
Nicolas Sarkozy, que parece que tuvo un airado
enfrentamiento con Cameron en la noche de Bruselas
(Fuente: elperiodico)

La insularidad  (como concepto social) y la relativa reticencia del británico medio a la integración europea son ciertas. Los conservadores, en particular, (los tories), siempre han sido euroescépticos, y David Cameron está gobernando en el Reino Unido desde la primavera del 2010. En su momento, el Reino Unido tomó el camino de mantener su moneda nacional y no integrarse en el Euro. Parece que esta pasada noche de negociaciones en Bruselas, hubo algunos ásperos intercambios verbales entre Cameron y Sarkozy, al hilo del orgullo británico por no estar en la Eurozona.

Pero tras la posición del Reino Unido en esta Cumbre tan trascendente hay otro hecho que posiblemente pese más que todas esas tradiciones y sentimientos sociales. En 2008, el peso del sector financiero en el PIB del Reino Unido fue del 24%, muy por encima de su peso en el resto de países de la UE. Sólo la actividad financiera de la City londinense aporta un 10% al PIB británico. Se dice que en la City londinense podría realizarse hasta el 70% del comercio mundial de bonos y más de la mitad del comercio de capitales. La decisión de Cameron de no sumarse a sus colegas del resto de países de la UE debe entenderse como la defensa a ultranza de esta posición preponderante del sector financiero en la economía de su país.

En otras palabras, podemos llegar a entender que, lo mismo que el sector financiero de los Estados Unidos, el sector financiero del Reino Unido ha sido parte del problema en el origen de esta crisis profundísima con la que estamos luchando desde hace ya tres años largos. Y ser parte del problema inhabilita la posibilidad de ser parte de la solución. Uno de los objetivos, precisamente, del acuerdo de Bruselas es imponer regulaciones más estrictas al sector financiero. Lo que se visualiza desde el Reino Unido como un ataque directo a su línea de flotación. Y con las cosas de comer, los políticos no deben jugar.

Nicolas Sarkozy, en su discurso presidencial del pasado viernes en Toulon, hacía un diagnóstico me pareció que bastante certero del origen de la crisis económica que estamos viviendo. Aunque no la citó explícitamente, en sus palabras sobrevolaba la City como parte del problema. Esa convicción parece haber provocado un choque de trenes la noche del jueves en las salas de Bruselas.
La City londinense, en el origen de la espantada del
Reino Unido en Bruselas.
(Fuente: ernestogarcialopez)

La situación económica del Reino Unido no es para nada envidiable. Hace unas semanas, os ofrecía una comparativa de las grandes cifras que ilustran esta realidad. El Gobierno Cameron ha impuesto durísimos ajustes y recortes, y ha provocado una contestación social muy importante, y ya ha tenido que hacer frente a diversas movilizaciones masivas. Yo mismo asistí a una de ellas el pasado mes de Marzo en Piccadilly. Su nivel de Deuda y de déficit es muy importante, y parece ser que también tienen un problema parecido al de España en lo que se refiere al endeudamiento privado. Pero siguen disponiendo de su Libra Esterlina y del Banco de Inglaterra, lo que permite a su Gobierno ciertos movimientos que ya están vedados a los gobiernos de la Eurozona (compra de Deuda, política monetaria).

En resumen, el Reino Unido ha escogido lamerse sus heridas en casa, en lugar de hacerlo rodeado de sus amiguetes en la plaza pública. Lo que habrá que averiguar en los próximos días y semanas es si, además, han dado un portazo. Me pregunto cuánto tiempo tardará algún descerebrado en proponer el boicot a los productos británicos, enviar a los niños a Irlanda a aprender inglés y no considerar más a Londres como una de las grandes capitales turísticas de Europa.

Como una señal del cielo, Escocia está en alerta roja por fuertes lluvias, vientos huracanados y riesgo de inundaciones.

La tormenta mantiene aislado al Continente.

JMBA

viernes, 18 de noviembre de 2011

España vs. Reino Unido. Una comparación interesante.

El Reino Unido es un país integrante de la Unión Europea. Pero, al contrario que España, no ha adoptado el Euro y, por lo tanto, no forma parte de la Eurozona.
David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido.
(Fuente: medios24)

Primero, veamos cómo ha evolucionado el valor de su divisa nacional, la Libra Esterlina. He tomado dos fechas de referencia más o menos significativas. El 15 de Mayo del 2008 (muy al principio de la crisis gigante) y el 15 de Noviembre de 2011 (es decir, hoy, a efectos prácticos).

De acuerdo a la web www.xe.com, el Euro se cambiaba el 15/5/2008 por 1,2576547061 Libras Esterlinas (GBP), mientras que el 15/11/2011 se cambiaba solamente por 1,1700301824 GBP. A efectos monetarios, pues, la Libra Esterlina se devaluó en estos tres años y medio, frente al Euro, en el 6,9373%.

Frente al Dólar Estadounidense (USD), tanto el Euro como la Libra Esterlina se devaluaron, respectivamente, el 12,72% y el 18,8%.

En 2.010, las cifras públicas relevantes del Reino Unido eran las siguientes:

Déficit del Estado: 175.117,70 Millones de Euros (equivalente al 10,30% de su PIB).
Deuda Pública (a final de 2010): 1.353.278 Millones de Euros (equivalente al 79,90% de su PIB)

De acuerdo a las mismas fuentes, los datos para España eran los siguientes:

Déficit del Estado: 98.166 Millones de Euros (equivalente al 9,30% del PIB) 
Deuda Pública: 641.802 Millones de Euros (equivalente al 61% del PIB)

Y, para las mismas fechas, los datos para Alemania eran así:


Déficit del Estado: 105.860 Millones de Euros (equivalente al 4,30% del PIB) 
Deuda Pública: 2.061.794,70 Millones de Euros (equivalente al 83,20% del PIB)

Para los que no tengan las fechas en la cabeza, quizá convenga recordar que David Cameron, del Partido Conservador, es Primer Ministro del Reino Unido desde el 11 de Mayo de 2010. A base de recortes salvajes (que provocaron masivas protestas y huelgas de los ciudadanos), consiguió reducir el déficit desde el 11,40% del PIB en 2009, pero la Deuda Pública aumentó algo más de 10 puntos (desde el 69,60% del PIB en 2009).
José Luis Rodríguez Zapatero, (todavía) Presidente del
Gobierno de España.
(Fuente: bulhufas)

Con estas cifras en la mano, la conclusión más evidente es que la economía del Reino Unido estaría más deteriorada que la de España (más Déficit; más Deuda). Sin embargo, en estos días tormentosos en los mercados, nadie habla del Reino Unido. La (principal) diferencia es que el Banco de Inglaterra mantiene todas sus funciones monetarias (incluida la emisión de moneda), mientras que en España estamos en el tren de la Eurozona. El Banco de España ya no tiene la responsabilidad de la emisión de moneda o de la valoración de la misma, funciones que están delegadas en el BCE. 


Un par de datos interesantes: el Banco de Inglaterra ha comprado hasta 300.000 millones de Euros de deuda soberana. Gracias a ello, el Reino Unido sigue pagando su deuda al 2%.


Pero si el Reino Unido formara parte de la Eurozona, estaría en el vagón de cola junto con España y los demás países llamados periféricos. Francamente, algo falla en un sistema que establece esta clasificación.

Pero en el tren de la Eurozona viajamos junto al primo de Zumosol, Alemania. Un país muy poblado (especialmente desde la reunificación), y una economía muy potente. Con una Deuda casi veinte puntos superior a la de España, pero con la que nadie se mete. Al contrario, los mercados le financian a intereses ridículos, porque transmite la sensación de riesgo nulo. Eso sí, con cifras bastante inferiores de Déficit Público, y un rendimiento en las cifras de empleo que son ejemplares. Una economía potente, ya digo.

Decir que estamos peor que Alemania no es nada nuevo: ha sido así de toda la p... vida (la que recordamos, claro). La diferencia respecto a los años anteriores a la Unión Monetaria es que ahora eso le afecta a Alemania.
Angela Merkel, Canciller de Alemania.
(Fuente: mlvcosas)

¿No será que se nos ha atragantado el precioso proyecto del Euro? ¿No será que hemos puesto el carro por delante de los bueyes?.

Yo soy un firme eurocreyente, pero mi fe se tambalea estos días. Es cierto que el Euro nos ha hecho sentir más ricos durante los años buenos. Pero en el pecado va la penitencia.

A la vista de los acontecimientos, creo que no queda otra solución que Refundar el Euro. Ahora que hemos aprendido lo que hicimos mal, quizá la v. 2.0 nos salga mucho mejor.

Claro que conviene no olvidar que la existencia de la Eurozona, en los años buenos, le ha beneficiado mucho a Alemania, que ha podido vender muchas más cosas a esos presuntos nuevos ricos. Pero, ahora que le está afectando, no parece que Alemania esté por la labor de evaluar el proyecto en su conjunto, estar a verdes y a maduras.

Lo que queda claro es que la implantación del Euro no ha provocado que todas las economías de la Eurozona sean como Alemania. Era imposible que fuera así. Pero ahora nos damos cuenta, con sangre, de que no existe ningún mecanismo previsto para hacer frente a esta realidad.

Quizá sólo hemos vivido un espejismo, que se está disolviendo ante nuestros ojos. Pero creo que es posible una refundación que corrija los evidentes errores de la v. 1.0. Pero sólo con ajustes, recortes y Planes de Rescate, no vamos a salir de esta situación. Al menos, no con vida.

Cuando todo falla, mira a la izquierda, como decía hace unos días mi buen amigo Santi.

JMBA