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domingo, 17 de marzo de 2013

Placeres Hedonistas por Tierras de León

Empezó siendo un runrún entre los carnívoros y los amantes de la carne. Pero luego una reportera de la revista TIME, en Diciembre de 2007, se contestaba a la pregunta ¿dónde está la mejor carne de buey? con un restaurante de la provincia de León, la Bodega El Capricho. Y The Guardian (Septiembre 2009) ponía a ese mismo restaurante en su lista de "Best Places to Eat" sección Steak. Lo que había sido hasta entonces un secreto bastante bien guardado en el interior de la provincia, pronto saltó a la prensa nacional y las televisiones pusieron también su foco de atención en ese pequeño lugar y en su dueño, José Gordón.
Típicas bodegas excavadas en la colina, en
Jiménez de Jamuz (León).
(JMBigas, Marzo 2013)

Lo que distingue a este lugar de cualquier otro en el que se sirva carne de vacuno es el pedigrí de lo que acaba en la mesa. José Gordón persigue los bueyes que quedan por Asturias, por León, por Galicia, los compra, a menudo los mima en su vejez hasta que los sacrifica, y le brinda a la carne el nivel de maduración en cámara que requieran. Todo para conseguir que en la mesa acabe estando lo que muchos llaman la mejor carne del mundo.

Su restaurante, la Bodega El Capricho, está situada en una pequeña pedanía del sur de la provincia de León, muy cerquita de La Bañeza, llamado Jiménez de Jamuz (pop. 879), que pertenece administrativamente al municipio de Santa Elena de Jamuz, en las tierras bañadas por el río Jamuz.
La Catedral del Barro, taller y tienda de productos de
alfarería, en Jiménez de Jamuz (León).
(JMBigas, Marzo 2013)

Con estos antecedentes, varios amigos amantes de la carne habíamos hablado de hacer una visita gastronómica a tan singular lugar, pero resultaba complicado encontrar una fecha adecuada. Además, la distancia desde Madrid (algo más de 300 Km) desaconsejaba realizar una excursión de ida y vuelta en el día, por lo que habría que hacer noche en algún lugar cercano, y volver a Madrid el día siguiente.

Uno de los amigos, J., se nos adelantó, y aprovechó la ocasión para visitar El Capricho en el curso de un fin de semana por tierras de Zamora y León. Su impresión fue muy positiva.

Finalmente otros tres amigos (L., G. y yo mismo) encontramos una fecha conveniente, en los días 11 y 12 de Marzo (lunes y martes). L. volvía ese lunes desde Santiago de Compostela, con su mujer, tras haber andado las últimas etapas del Camino, y G. y yo podíamos ir desde Madrid a Jiménez de Jamuz, para encontrarnos allí a la hora de la comida.
Entrada a la Bodega "El Capricho" en la zona de bodegas
de Jiménez de Jamuz (León).
(JMBigas, Marzo 2013)

Salimos de Madrid a las nueve de la mañana, con la idea de parar en Rueda para tomar allí un tentempié. Visitamos el Bar Leonés Casa Lola, del que ya he hablado alguna vez. Constituye una etapa ideal, pues está a pie de la antigua carretera que cruza el pueblo y, aparte de ofrecer excelentes bocadillos (siempre hay un jamón abierto del que cortar un poco para construir una pulguita, un medio bocata o uno king size), tiene una excelente bodega, especialmente de vinos de Valladolid (Ribera de Duero, blancos de Rueda y rosados de Cigales). También es posible comprar sus vinos por Internet.

Pasadas las once y media, con el estómago calentito, seguimos camino hacia nuestro destino. Llegamos a Jiménez de Jamuz en torno a la una de la tarde. Esa zona, la vega del río Jamuz, es tradicionalmente conocida por su alfarería del barro. Actualmente existe allí el llamado Alfar-Museo (cerrado justamente los lunes y martes, por descanso semanal) y hay muchos artesanos e industrias de la alfarería que tienen talleres y tiendas donde ofrecen sus productos al público. Con G. hicimos una visita al que nos quedaba más a mano (a la derecha entrando al pueblo) que es La Catedral del Barro. En una tienda-exposición muy grande (junto a la zona del taller de alfarería), tienen a la venta toda clase de productos de alfarería, utensilios para la cocina y la mesa (jarras, vasos, ceniceros, conjuntos para el servicio de la queimada, de pequeños a enormes,...) así como recipientes para jardinería de todas las formas y tamaños o azulejos con inscripciones graciosas. En conjunto una visita que mereció la pena, con la que hicimos tiempo para esperar la llegada de nuestros colegas que venían desde Santiago.
Del costillar de la derecha salió la chuleta que nos
comimos luego.
(JMBigas, Marzo 2013)

Algo más tarde de las dos estábamos ya los cuatro frente a la entrada de la Bodega El Capricho. En Jiménez de Jamuz (y en muchos otros pueblos de la provincia de León, y también de algunos otros lugares de España) están muy extendidas las llamadas bodegas, que son estancias directamente excavadas en las colinas, con una puerta de acceso, una chimenea para la evacuación de humos, y una trampilla cenital, por la que antiguamente se descargaba la uva para la elaboración del vino. Se dice que, del mismo modo que en las ciudades es habitual que una familia tenga su piso, con plaza de garage y trastero, en esos pueblos lo habitual es que una familia tuviera una casa y una bodega. El paisaje es muy característico, como podréis ver en alguna de las fotos que tomé.
Un excelente tinto crianza de Prieto Picudo, para
acompañar la comida.
(JMBigas, Marzo 2013)

Con el tiempo, a la mayoría de estas bodegas se les ha ido dando otro tipo de usos. Para muchas familias representa una extensión de la casa, donde se pueden celebrar comidas o merendolas, donde se conserva el vino (la temperatura en el interior es relativamente estable durante el año), o incluso se sigue elaborando, aunque esta práctica ha ido cediendo ante las nuevas tecnologías de que disponen las Bodegas más profesionales o las Cooperativas de viticultores. Algunas, incluso, se han convertido en viviendas.

Pero una de sus reutilizaciones más habituales es convertirlas en restaurantes o casas de comidas, aportando un toque entre exótico y misterioso a la degustación de las maravillosas viandas que da la zona (carne, curiosamente, bacalao -el mar allí no es ni siquiera una intuición-, chorizo -dulce, picante o nifú-nifá-, morcilla -entendida como un guiso de sangre- o los excelentes vinos que da la tierra).
Así pintaba la chuleta tras pasar por la parrilla.
(JMBigas, Marzo 2013)

La Bodega El Capricho no es una excepción. Su interior está excavado en la colina y ofrece hornacinas de todos los tamaños, que permiten abrigar a una (o varias) mesas de madera con sillas o bancos corridos, donde aposentar a cuatro o más comensales.

La primera sorpresa es que, al entrar, se encuentra uno con la zona de brasas y parrilla, donde había una exposición -absolutamente celestial para cualquier amante de la carne- de diversos cortes de buey y de vaca. Una charla con el parrillero nos permitió anticipar que la chuleta que sin duda íbamos a comer, procedería de uno de los cortes expuestos, el enorme costillar de un buey que habría pesado en vivo más allá de la tonelada y media.

Siendo lunes había bastante pocos clientes. Los fines de semana se llena el restaurante, y también cuando se celebra alguna de las Ferias gastronómicas temáticas que se organizan allí periódicamente. Por si acaso, sin embargo, habíamos reservado telefónicamente con antelación.

Nuestra camarera, Silvia, nos acompañó a nuestra mesa, y allí nos aposentamos, esperando que se manifestara el milagro.
Esta es una de las hornacinas, con mesa y bancos
corridos, preparada para cuatro comensales.
(JMBigas, Marzo 2013)

Efectivamente, la chuleta de buey que tomamos de segundo plato procedió de ese costillar, pesando casi los dos kilos y medio que, con la merma del hueso y de la grasa, dió para una ración abundante de carne para tres o cuatro personas. Como es costumbre en el local, nos la presentaron una vez cortada y antes de pasar por la parrilla, para ganar nuestra bendición. Pedimos algunos entrantes para compartir (una cecina de buey cortada muy finita y absolutamente irrepetible, una morcilla -cazuelita de guiso de sangre aliñada- que estaba para relamerse los dedos y de la que no llegué a tiempo a hacerle ninguna fotografía, pues ya estaba vacía cuando atiné, y un cuenco de alubias de La Bañeza para comer con cuchara, simplemente inolvidables.
Cecina de buey para compartir de entrante, cuando el
ansia viva me dejó pensar en la cámara.
(JMBigas, Marzo 2013)

Para el vino, tiramos de los mejores productos locales. Hace unos años se consiguió oficializar la Denominación de Origen Tierra de León, que dio cobertura a los vinos (principalmente rosados o claretes) que tradicionalmente se elaboraban por esa zona del sur de la provincia, a menudo para autoconsumo familiar. La uva más propia del área es la llamada Prieto Picudo (tinta de granos en forma de piñones, sólo que más grandes), pero también se cultivan otras, como la Albarín blanca, así como las más extendidas por el noroeste de España, como la Tempranillo tinta y la Verdejo blanca. Con la creación de la D.O., se crearon nuevas bodegas con medios modernos de elaboración. Empezaron produciendo los vinos claretes (rosados oscuros, el clásico vino de chateo, tradicional desde siempre por esas tierras). Pero las características de la uva Prieto Picudo y la existencia de algunos viñedos ya centenarios (de bajo rendimiento pero altísima calidad), alimentaron la creación de vinos tintos, de los que ya existe una muestra excelente, tanto en tintos jóvenes, como en vinos de Crianza o Reserva. Escogimos un Pricum Valdemuz, de las Bodegas Margón de Pajares de los Oteros. Simplemente memorable.
A los postres, un plato de frutas primorosamente
presentado para el postre.
(JMBigas, Marzo 2013)

Luego llegó la chuleta, cocinada al gusto del parrillero, es decir, bastante poco hecha y roja por dentro. Dicen los expertos que hay gente a quien le gusta la carne poco hecha, y el resto se equivocan. De todas formas, si algún comensal la prefiere más hecha, le pueden dar una segunda pasada a su ración. Acompañando a Silvia, vino la experta en el fileteo de chuletas, que nos sirvió una ración a cada uno, y dejó el resto (para poder repetir) en un plato de barro caliente en la mesa. Como guarnición, habíamos escogido unas Patatas puente nuevo, elaboradas a su manera, y también una fuente de patatas fritas.

Nos rendimos al placer de la degustación de la carne, acompañada del pan que sólo en algunos lugares de León o de Galicia es posible comer (hogazas de corteza gruesa y miga abundante y consistente) y del vino tinto elaborado a poco más de 50 Km. del restaurante (del que hizo falta, lógicamente, una segunda botella).

Para los postres, otra sinfonía, en forma de una leche frita servida tibia (en la foto que conseguí ya le faltaba un trocito; pura impaciencia), o un plato de frutas primorosamente presentadas.
El Hotel Villegas, en Valencia de Don Juan.
(JMBigas, Marzo 2013)

Terminamos la comida con café y unos chupitos de diversos orujos caseros (blanco, de hierbas o licor café).

A petición nuestra, Silvia se enteró con el parrillero y nos informó a continuación de la filiación de la chuleta que nos habíamos comido: procedía de un buey rubio gallego de 7 años, sacrificado en Enero, y la carne había pasado unos 50 días de maduración.

Lógicamente, la cuenta no resultó económica, pero el precio responde muy ajustadamente a la excelencia de las viandas que nos sirvieron.

Cuando terminamos de comer (y de fumar uno o dos cigarritos en el exterior; la Ley Antitabaco así lo impone) eran ya cerca de las seis de la tarde. Si bien la mañana se había mantenido el tiempo más o menos estable, por la tarde ya arrancó a lloviznar y a soplar un viento molesto, que con una temperatura por debajo de los diez grados generaba una sensación térmica próxima a los 0ºC.
El tradicional Bar Casino, en la Calle Mayor de
Valencia de Don Juan.
(JMBigas, Marzo 2013)

Para pasar la noche habíamos escogido el Hotel Villegas en Valencia de Don Juan (de donde es oriundo L.), a unos cuarenta o cincuenta kilómetros de Jiménez de Jamuz, en la zona de la vega media del río Esla

Valencia de Don Juan (antiguamente conocida como Coyanza) es una pequeña población (pop. 5.184), situada en una elevación junto al río Esla, que es el centro de servicios (administrativos, comerciales, financieros,...) de todos los pueblos de la comarca. En esta época y con la sensación de frío y llovizna, muy poca gente se veía por las calles, pero durante los cuatro meses estivales, se llena de veraneantes, principalmente asturianos, que bajan a Coyanza para secarse (los preciosos y verdes prados asturianos pagan el peaje de las lluvias muy frecuentes).
Castillo de Valencia de Don Juan.
(JMBigas, Marzo 2013)

El Hotel Villegas es un pequeño hotel familiar de tres estrellas, situado en un edificio centenario del centro urbano de la ciudad coyantina. Dispone incluso de una piscina dentro de un invernadero (lógicamente inactiva en esta época del año), así como de un café de verano. Según se dice, la estancia en verano puede ser algo movida, debido al ruido nocturno de los veraneantes jóvenes por la zona.

La seña más remarcable de Valencia de Don Juan es su castillo. Paseamos un poco por el pueblo y nos acercamos a él, en ese atardecer de Marzo. Una curiosidad del pueblo es que un vecino lleva ya muchos años construyendo en el centro urbano, muy cerca del castillo, con sus propias manos, una mansión (inacabada, por supuesto), que recuerda vagamente el estilo del arquitecto Antonio Gaudí. Gaudí construyó el Palacio del Obispo en Astorga, no muy lejos de allí. Pero el ambiente de esa tarde estaba bastante frío, y nos acabamos refugiando en el tradicional Bar Casino, instalado en un edificio muy bien conservado donde consta la fecha de 1.912 en la fachada.

A pesar de la abundante comida, no era conveniente irse a dormir sin cenar alguna cosa, y acabamos en el único restaurante del pueblo que funciona en esta época por la noche (El Pesebre), donde algunos tomamos una sopita, picamos algunas croquetitas y hasta hubo quien se apretó un bacalao al ajoarriero que no se lo saltaba un torero. Una cena en general correcta, pero resultó especialmente remarcable el excelente café de la casa, al más puro estilo del ristretto italiano de abundante espuma densa y oscura.
Al fondo se puede ver la mansión inacabada, de vaga
inspiración en Gaudí.
(JMBigas, Marzo 2013)

A la mañana siguiente amanecimos a una hora prudente. A las nueve aproveché para pasear un poco (y fumar un par de cigarrillos, claro) por los alrededores del hotel, y hacer algunas fotografías con la luz de la gélida mañana (de nuevo, baja temperatura y viento). Tomamos un desayuno sencillo en el hotel, recogimos el equipaje y nos pusimos en manos de L., que pasó a ser nuestro guía local para ese día. Los cuatro en un solo coche (recogimos el otro por la tarde, para la vuelta a Madrid) hicimos una ruta por los pueblos de la zona, visitando alguna de las tiendas de que disponen las cooperativas agrícolas de la comarca, donde se pueden comprar toda clase de productos de la tierra. Una de mis sorpresas fue ver hasta ocho o diez sacos de diferentes tipos de legumbres (yo, que me pierdo más allá de los garbanzos, las judías y las lentejas). Había verdinas asturianas, alubias, judías pintas de diversos tipos, etc. etc.

Como era martes, había mercado en el pueblo de Mansilla de las Mulas (pop. 1.922), a donde nos dirigimos a continuación. Alguno compró las maravillosas nueces del Bierzo y otras exquisiteces. De allí nos echó la lluvia, que volvió por sus fueros. Mansilla de las Mulas se ubica cerca de León capital, junto al río Esla. Una de sus características principales son las murallas de cal y canto, de las que todavía pueden verse importantes fragmentos, así como el puente sobre el río Esla, que data del siglo XII, y que es paso obligado para los peregrinos que abandonan Mansilla camino de León.
En Valdevimbre, más bodegas excavadas en la colina.
(JMBigas, Marzo 2013)

Nos dirigimos luego hacia Valdevimbre, donde L. nos había preparado la visita a una de las varias bodegas de la localidad (una de las subzonas más importantes de la D.O. Tierra de León) y una comida en una de las tradicionales bodegas excavadas en las colinas.

A la una, la hora concertada, llegamos frente a Bodegas Tampesta, donde nos esperaba Noelia, la hija de uno de los socios fundadores, para acompañarnos en la visita y en la posterior degustación. Aunque relativamente reciente (se fundó en el año 2000) esta Bodega recoge la sabiduría vitivinícola centenaria de la zona. Produce vinos tintos y rosados 100% Prieto Picudo, así como blancos de Albarín y algunos tintos roble con mezcla de Tempranillo.

Pudimos ver la tonelería de roble, así como los depósitos de acero inoxidable para la fermentación, y luego degustamos los diversos vinos de la Bodega en la sala de la planta superior, muy bien habilitada para ello, donde Noelia nos había preparado algún bocadín para acompañar. Pudimos probar diversos vinos, como el Golán tinto (excelente), un vino 100% Prieto Picudo de crianza, el Golán rosado (que me encantó), de Prieto Picudo fermentado sobre lías (un rosado con cuerpo de tinto; o quizá un tinto con espíritu de rosado), o el Maneki blanco, 100% Albarín.
En la sala de degustación y cata de Bodegas Tampesta,
tintos y rosados de Prieto Picudo, y blanco de Albarín.
Y un tinto Mencía de una bodega amiga de la
Ribeira Sacra.
(JMBigas, Marzo 2013)

Compramos al final algunas botellas (cada cual de los vinos que mejor había apreciado) y Noelia se brindó a enviárnoslas a Madrid sin sobrecoste. Cabe decir que al mediodía del miércoles (menos de 24 horas después), el pedido llegaba a mi casa en Madrid. Me brindarán un placer duradero y el recuerdo de esas Tierras de León que recorrimos.

Comimos a continuación en la Cueva San Simón, muy próxima, otra de esas bodegas excavadas en la colina, reconvertida en restaurante. Un almuerzo correcto y abundante, donde pedimos algunas cosillas para picar (no faltó la cecina, por supuesto, ni el chorizo asado) y luego carne a la brasa (en mi caso, un solomillo excelente y tierno), todo ello regado con un maravilloso tinto Pardevalles (una de las bodegas más conocidas de Valdevimbre) Carroleón, 100% Prieto Picudo con 15 meses de crianza en barrica. Al final lo completamos con algo más de media botella de Golán tinto que había sobrado de la degustación y que Noelia nos había regalado.

Bajo la lluvia persistente, volvimos por la tarde hacia Valencia de Don Juan, para recoger el segundo coche, y seguir camino de vuelta hacia Madrid. Una rápida parada en Rueda me dio de botín (previo pago de su importe, se entiende) unas cuantas botellas de Carredueñas (de Concejo Bodegas, en Valoria la Buena, provincia de Valladolid), un rosado fermentado en barrica de la D.O. Cigales, y a G. alguna botella de blanco verdejo de Rueda.

Acabé llegando a mi casa en Madrid justo a tiempo de ver completa la segunda parte del maravilloso partido de fútbol de vuelta de Octavos de Final de la Champions League entre el F.C. Barcelona y el Milan, que acabó con un esforzado y merecido 4-0, eliminando al Milan, que había ganado en San Siro por 2-0, unas semanas antes.

En resumen, consumimos un par de días por las Tierras del sur de León, y cedimos a (casi) todos los placeres hedonistas a los que nos vimos tentados. Con ganas de volver en cualquier otro momento.

Aparte de las fotografías que he utilizado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa de 52 fotografías de todo el recorrido, pinchando en la portada de El Capricho.


JMBA

lunes, 17 de septiembre de 2012

Viaje a la Galicia Interior - 1 - Ponferrada

A mediados de Agosto tuve ocasión de poder dedicar una semana a un viaje en coche desde Madrid hacia la Galicia Interior (provincias de Orense y Lugo). Tanto a la ida como a la vuelta planifiqué una etapa en la provincia de León. A la ida, en Ponferrada, y a la vuelta en la capital.
Detalle de una de las farolas de la Plaza del Ayuntamiento
de Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2012)

Para llegar a Ponferrada desde Madrid hay que seguir la llamada Carretera de La Coruña, la A-6. que cruza las provincias de Segovia, Ávila y Valladolid, antes de entrar en la de León. En Rueda (Valladolid) se puede hacer una parada de interés vinícola, como ya he comentado en otra ocasión.

Ponferrada es la ciudad más importante de la comarca del Bierzo (León), famosa por sus excelentes viandas   que incluyen vinos muy recomendables (especialmente tintos de uva Mencía y blancos de uva Godello). El Bierzo es como una enorme cazuela, absolutamente rodeada por montañas. Para llegar a Ponferrada desde Astorga, hay que cruzar montañas, y lo mismo para cruzar desde allí hacia Galicia (provincia de Orense). Por su proximidad y muchas afinidades, algunos consideran al Bierzo como la quinta provincia gallega. Por ejemplo, el dueño del restaurante O Asador en Viveiro (Lugo), que tiene al excelente tinto Cepas Viejas de Dominio de Tares, en el capítulo de tintos gallegos, como contaré en un capítulo posterior.

En esta ocasión hice una breve parada en Rueda para desayunar en Casa Lola, y acabé llegando a Ponferrada pasada la una de la tarde. Me hospedé de nuevo, como el año anterior, que ya conté, en el Hotel Aroi Bierzo Plaza, en la misma Plaza del Ayuntamiento, el centro neurálgico del casco histórico de Ponferrada. El propio complejo del hotel dispone de dos restaurantes: la Taberna, donde se pueden comer platos y raciones en un entorno informal, y el restaurante gastronómico La Violeta, muy recomendable como ya glosé en otra ocasión.
Castillo de Cornatel, en Priaranza del Bierzo.
(JMBigas, Agosto 2012)

Tras ocupar la habitación, bajé a la terraza de la Taberna, en la propia plaza, para comer una cazuela de revuelto con gulas y gambas, acompañado con un par de copas de Godello. A las dos y media de la tarde, la Plaza del Ayuntamiento olía a siesta. El día era muy caluroso, y poca gente se veía circulando a esa hora. En la terraza, sólo había dos o tres mesas ocupadas. Justo en la mesa de al lado había dos parejas jóvenes, que hablaban con acento exageradamente gallego, a pesar de que deduje que vivían en Ponferrada. Mientras los chicos sesteaban sin dejar de manipular sus smartphones, las dos chicas (una, muñequita linda; la otra, guapina de cara pero algo entrada en carnes) no dejaban de parlotear en voz suficientemente alta, de modo que no tuve más remedio que enterarme de parte de sus conversaciones. Buena parte del tiempo, esta versó sobre peluquerías y centros de belleza, hasta que Muñequita Linda llamó a algún establecimiento de otro lugar distinto a Ponferrada para reservar una sesión para su amiga. Imperdible su introducción: "¿Jenny? Hola, soy Vanessa...". Parece ya obsoleto el tiempo de las Marías y las Carmen de España.

Yo no cedí a la tentación de la siesta, y tras la frugal comida volví a tomar el coche para ir hasta el municipio próximo de Priaranza del Bierzo, donde está el Castillo de Cornatel. Se estima que, originariamente, el castillo fue un castro romano, que posiblemente vigilaba los accesos a las minas de oro de Las Médulas, que están relativamente próximas. Pero su esplendor fue con los Templarios (s. XII y XIII), aunque pasó por muchas manos. Actualmente está en parte en ruinas, aunque su perfil exterior se conserva bastante bien. El problema es que el horario para poder visitarlo es muy escaso (en verano y únicamente los fines de semana). Como era jueves, tuve que conformarme con tomar algunas vistas del exterior.
Basílica de la Encina, Ponferrada
(JMBigas, Agosto 2012)

El Castillo de Cornatel está enclavado sobre un barranco de unos 180 metros de profundidad, por sus lados Este y Norte, por donde discurre el arroyo de Rioferreiros, mientras que es fácilmente accesible por los otros. Muy cerca se encuentra la pintoresca aldea de Villavieja.

Tanto al pie mismo del Castillo como en el camino desde Ponferrada, se tienen algunas vistas maravillosas de lo que es el valle del Bierzo, con el Lago de Carucedo, algunas plantaciones de viñedos y, siempre, las montañas que circundan la comarca en todas direcciones.

De vuelta a Ponferrada, quería visitar el famoso Castillo de los Templarios (que en mi anterior visita, un lunes, estaba cerrado al público). Desde la Plaza del Ayuntamiento, hay un breve paseo hasta el Castillo, por la calle del Reloj, la plaza de la Encina y luego la calle de Gil y Carrasco, que discurre paralela a sus murallas.

Serían ya las siete de la tarde, pero ese día de Agosto fue caluroso de verdad, y el Sol, ya cercano a su puesta, seguía apretando de forma inmisericorde.

El Castillo de los Templarios de Ponferrada está asentado sobre un alto junto al río Sil, que cruza la ciudad antes de adentrarse en Galicia (ya os contaré mi navegación por el Cañón del Sil, límite entre Lugo y Orense, en otro capítulo). Está en muy buen estado de conservación, y la ciudad lo utiliza como recurso cultural, para realizar exposiciones y conciertos. Ese día por la noche había un concierto de música clásica de cámara, a cargo de una pequeña banda de viento, al que no pude asistir.
Castillo de los Templarios, Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2012)

La visita al Castillo cuesta 6 euros, e incluye la sala de audiovisuales explicativos, así como la exposición permanente Tempus Libri, de visita obligada. Se exponen ahí ejemplares facsímil de libros y documentos medievales. Junto a la entrada, pasada la taquilla, una guía te da las explicaciones sobre el monumento, y te indica la ruta aconsejada para la visita.

La ruta discurre, en primer lugar, por la sala de audiovisuales, donde hay paneles informativos sobre los castillos de frontera de la región de Castilla y León, así como vídeos explicativos del propio Castillo y del proyecto para su restauración y recuperación para la vida ciudadana de Ponferrada. En la planta baja se exponen algunos atuendos medievales.

Luego se anda por todo el camino de ronda por las murallas que discurren paralelas al casco antiguo de la población. Hay un gran patio central, al fondo del cual está el Castillo Antiguo, que es la siguiente etapa de la visita. Se puede acceder a la Torre del Homenaje, pero el camino es bastante angosto y se requiere una buena agilidad para no sufrir algún tropiezo.
Castillo Antiguo, en el interior del complejo del
Castillo de los Templarios, Ponferrada.
(JMBigas, Agosto 2012)

De vuelta hacia la entrada, se sigue el camino de ronda junto a las murallas occidentales, sobre el río Sil y la parte más nueva de la ciudad de Ponferrada. La visita termina en la zona de nuevas edificaciones, donde está la exposición permanente. En una de las salas estaba ensayando la banda que tenía concierto esa misma noche.

Saliendo ya del Castillo (donde sudé la gota gorda), tuve que abrevar en un bar cercano, porque estaba próximo a la deshidratación. Volví al hotel, y algo más tarde salí para cenar. Me apetecía una simple pizza, y elegí la terraza de una de las varias pizzerías que hay en el camino entre la Plaza del Ayuntamiento y el Castillo. Acompañé la cena con una botella (en formato 50cl) del excelente tinto Cepas Viejas (Mencía) de Dominio de Tares.

Aparte de las fotografías que he elegido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 51 imágenes, pinchando en la foto de la Plaza del Ayuntamiento.


Al día siguiente, antes de las ocho de la mañana, la Plaza del Ayuntamiento (mi habitación esquinera tenía un pequeño balcón sobre la propia plaza) estaba silenciosa y callada (es zona peatonal), salvo por el motorista que iba repartiendo bolsas con churros calientes a las diversas cafeterías. Tras desayunar en el sótano del hotel (un buffet muy bien surtido), seguí camino hacia Valdeorras y Orense.

Pero ese ya es otro capítulo.

JMBA

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Astorga, por aquí anduvo Gaudí

Ese lunes de finales de Agosto, por la mañana, terminé algunas gestiones en Ponferrada, e inicié camino de vuelta a Madrid, que los días de asueto se habían terminado.
Vacas descansando plácidamente en la sierra, cerca del
Camino de Santiago (LE-142), en las proximidades
de Foncebadón.
(JMBigas, Agosto 2011)

Pero quería hacer una visita a Astorga, al menos para ver la zona monumental donde trabajó Antonio Gaudí. Un amigo me había recomendado realizar el viaje desde Ponferrada a Astorga siguiendo el Camino de Santiago, que es la carretera de la sierra (LE-142). Así lo hice.

No importa por donde se quiera salir del Bierzo, hay que cruzar montañas. Porque el Bierzo es una hoya, rodeada de montañas por todas partes menos por una, que la une al cielo.

La carretera en sí es bastante mala, hay que subir a la montaña, para bajarla de nuevo en dirección a Astorga. No se puede esperar sacar grandes promedios, pero la distancia hasta Astorga tampoco es muy grande, por lo que la diversión paisajística bien merece el desvío.

Se sale de Ponferrada (más o menos a unos 540msnm), hacia Molinaseca, Riego de Ambros y Acebo. La carretera es una constante subida, pero en ningún momento muy fuerte. Me crucé con muchos peregrinos (a pie, en bicicleta) que, lógicamente iban en dirección contraria a la mía, hacia Santiago de Compostela.
Palacio del Obispo de Astorga, obra de Antonio Gaudí.
(JMBigas, Agosto 2011)

En toda esa zona, especialmente los que iban en bicicleta, estaban felices, porque su camino era de bajada constante. Se cruzan pueblines en la sierra que deben vivir del ganado y de los peregrinos. En Acebo, por ejemplo, me dio la sensación de que había muchas infraestructuras de alojamiento para el peregrino, supongo que será un final de etapa reconocido. A la hora matinal que pasé por ahí, muchos se estaban preparando para iniciar la jornada.

La carretera sigue subiendo hasta unos 1500msnm, en la zona del cuartel de Manjarín del Bierzo (que ignoro si sigue operativo o no). En el horizonte, los montes de León, praderas con muchas vacas retozando, y abundantes molinos de energía eólica en lo alto de las cadenas montañosas.

Luego viene una bajada prolongada, pasando por Manjarín, Foncebadón, Rabanal del Camino. Por esta zona, los peregrinos con los que me crucé iban más agobiados, pues su ruta era una subida prolongada. Vi muchos extranjeros también, especialmente en bicicleta, que iban avanzando penosamente.

El camino finalmente entra en zona más llana, hacia Santa Colomba de Somoza, Pedredo, Castrillo de los Polvazares (famoso por su cocido maragato) y Murias de Rechivaldo, hasta llegar finalmente a Astorga (a unos 875msnm).

Yo quería ver la zona de la Catedral y el Palacio del Obispo, por lo que intenté meterme con el coche hacia el centro de Astorga. Pero, repetidamente, me encontraba caminos vedados que me expulsaban de nuevo hacia la carretera principal. No llevaba plano de Astorga, por lo que andaba un poquito a ciegas.
Detalle  de la entrada al Palacio Episcopal, Gaudí
en toda su plenitud.
(JMBigas, Agosto 2011)

Pero finalmente conseguí acceder a la calle de los Sitios donde, por fortuna, encontré una plaza de aparcamiento (de pago en zona azul). Ya me convenía, porque tampoco quería estar muchísimo tiempo allí. Luego descubrí que a menos de cien metros de allí (por detrás del Palacio Episcopal, a un nivel un poco más bajo), hay un descampado bastante grande utilizado como aparcamiento.

Tomé un refresco en una cafetería (en la esquina de la calle de los Sitios con la de Santiago) y aproveché para visitar el servicio (que el camino por la sierra había sido bastante diurético). Luego avancé a pie por la calle de los Sitios hasta la plaza de Eduardo Castro, que está enfrente de la Catedral y del Palacio Episcopal, obra de Antonio Gaudí.

Por el camino (menos de doscientos metros), infinidad de tiendas proponiendo a los visitantes los productos típicos de Astorga (mantecados -o mantecadas-, hojaldres, chocolates), entre las que destaca la inmensa tienda de Alonso (uno de los principales productores locales) que tiene a la venta toda clase de productos regionales.

Y luego, la primera sensación ante el Palacio del Obispo (o Palacio Episcopal) de estar en Disneylandia ante el castillo de Blancanieves. Impolutamente blanco, el Palacio fue proyectado y diseñado por el arquitecto catalán Antonio Gaudí, en la que es una de sus poquitas obras fuera de Cataluña. Su construcción se realizó entre 1.889 y 1.915.
Portada de la Catedral de Santa María de Astorga.
(JMBigas, Agosto 2011)

Luego ya se fija uno en los detalles, y es Gaudí en toda su plenitud. Veréis algunas fotos con detalles que abonan esta sensación.

Avanzando un poco más está la Catedral de Santa María. Se empezó a construir a finales del siglo XV (inicialmente en estilo gótico), sobre un templo previo del que no hay muchos datos. La obra se fue completando a lo largo de los siglos, por lo que es un rosario de estilos, que incluyen al renacentista y al barroco de la fachada principal.

Junto a la catedral está la pequeña iglesia de Santa Marta, una de las advocaciones más antiguas de Astorga, con un bonito campanario.

Astorga fue un importante nudo administrativo y de comunicaciones en la época de la dominación romana (entonces su nombre era Asturica Augusta). Su diócesis (de las de mayor extensión en España) está documentada desde el siglo III, y abarca la mitad de la provincia de León, y parte de las de Zamora y Orense.
Iglesia de Santa Marta, anexa a la Catedral de Astorga.
(JMBigas, Agosto 2011)

Tras la dominación romana, la ciudad cayó en letargo, pero se revitalizó con el impulso del Camino de Santiago en el siglo XI. Aun hoy es una de las etapas señeras del Camino para todos los peregrinos.

De vuelta hacia donde había aparcado el coche, compré algunos hojaldres (con los que obsequiaré a los amigos en nuestra próxima reunión) y alguna cosilla más, así como media hogaza de pan, aprovechando que ya volvía para casa ese mismo día. 

Desde Astorga seguí la autovía A-6 camino de Madrid. Pasé por Palacios de la Valduerna y cerquita de La Bañeza (a la izquierda) y de Jiménez de Jamuz (a la derecha), pueblín famoso por la Bodega El Capricho, que la revista TIME dice que podría ser el mejor lugar del mundo para comer carne y uno de los únicos restaurantes donde se puede comer carne de buey auténtico, escogido y mimado por su propietario, José Gordón. 
La estatua de un peregrino, en lo alto de una de las
torres de la Catedral de Astorga.
(JMBigas, Agosto 2011)

La autovía avanza por la zona del Páramo (Roperuelos del Páramo, Pozuelo del Páramo) y luego hacia Benavente (Zamora), Tordesillas y Rueda (Valladolid).


Tras una breve parada en Rueda (con un montadito de buen jamón y un refresco en el Bar Leonés Casa Lola, que fue mi almuerzo ese día), seguí por Medina del Campo (Valladolid), Arévalo y Adanero (Ávila), donde decidí abandonar la autopista de peaje (la AP-6, que cruza la sierra por el túnel de Guadarrama) y subir al Alto del León, que siempre es un placer. Acabé llegando a casa avanzada la tarde.

Podéis acceder a una galería de fotografías (26) de Astorga, pinchando en la foto del Palacio del Obispo.



Fin de trayecto.

JMBA

lunes, 12 de septiembre de 2011

Las Médulas. Mirador de Orellán.

Las Médulas es un Paisaje Cultural, originariamente debido a la intervención romana durante dos siglos, con excavaciones para la minería del oro. Lo que hoy podemos ver es el resultado de esa labor minera y del paso posterior de muchos siglos, con la influencia de la erosión y de los diversos elementos.
Paisaje de Las Médulas, desde el Mirador de Orellán
(JMBigas, Agosto 2011)

Se encuentra en la comarca de El Bierzo, a unos veinticinco kilómetros al sudoeste de Ponferrada, en la provincia de León.

En 1997 fue incluida en la Lista del Patrimonio Mundial. En 2002 fue declarada la zona como Monumento Natural.

Hay muchas actividades e itinerarios posibles para recorrer la zona de Las Médulas. Para ello, una buena guía es la web de la Fundación Las Médulas. Existen senderos que se pueden realizar a pie, en bicicleta o incluso, en algunos casos, en vehículo todo terreno. También se pueden visitar algunas galerías y cuevas de las antiguas instalaciones mineras.
Zona de Las Médulas. A la derecha, Mirador de Orellán
(Fuente: Google Earth)

Para una primera toma de contacto con lo que son y significan Las Médulas, creo que la mejor opción es el llamado Mirador de Orellán, próximo al pueblo del mismo nombre, situado en la zona oriental de Las Médulas.
Caverna junto al Mirador de Orellán
(JMBigas, Agosto 2011)

Desde el pueblo (hay suficiente señalización), se sube hacia el Mirador por una pista asfaltada bastante correcta, hasta llegar al aparcamiento del Mirador. La pista asfaltada sigue hasta el propio Mirador, pero junto a él no hay espacio para el aparcamiento de vehículos. Hay que recorrer a pie los últimos 600m. de la pista, que tiene una fuerte pendiente hacia arriba. Desde el aparcamiento sólo se tienen vistas de las montañas hacia el Este, que nada tienen que ver con Las Médulas propiamente dichas. Hay que coronar la montaña hasta el Mirador, para conseguir las vistas de Las Médulas, hacia el Oeste de esa posición.

El Mirador está muy bien equipado, con un sendero de madera (con bancos para descansar), que recorre un pequeño tramo desde el que se tiene una buena vista de conjunto de Las Médulas. Acodado en la barandilla, se pueden ver las típicas agujas de tierra rojiza, y alguna de las cavernas de la antigua explotación minera. Al otro lado de Las Médulas se distingue el pueblecito del mismo nombre.

Un completo conjunto de paneles informativos (dispuestos en los alrededores del Mirador) dan cuenta de los diversos senderos que parten de ahí y que permiten recorrer algunas áreas de Las Médulas, y también explican los principios de las técnicas utilizadas por los romanos para la explotación del oro allí.
Mirador de Orellán, sobre el paraje de Las Médulas.
(JMBigas, Agosto 2011)

Gracias al Mirador de Orellán, es posible una visión rápida de Las Médulas, en una excursión de dos o tres horas desde Ponferrada. Si se dispone de más tiempo, vale la pena recorrer alguno de los senderos y visitar alguna de las galerías y cuevas. De hecho, por debajo mismo del Mirador, se puede visitar la llamada Galería de Orellán.

En el pueblo de Las Médulas hay un Aula Arqueológica, que se recomienda como punto de inicio de una visita más prolongada a la zona.

Las Médulas bien merece una visita. Sea de día completo (recorriendo senderos, visitando galerías y cuevas), sea como una simple visión de conjunto desde el Mirador de Orellán. Próximo a la provincia de Orense, supone un pequeño desvío en la ruta Ponferrada-Barco de Valdeorras-Monforte de Lemos-Orense.

Tenéis acceso a una galería de 23 imágenes de Las Médulas, tomadas desde el Mirador de Orellán, pinchando en la foto del paraje.

Las Médulas. Mirador de Orellán


JMBA

miércoles, 31 de agosto de 2011

De Zamora a Gijón, por el Puerto de San Isidro

Amanecí ese viernes de finales de Agosto en un hotel del centro de Zamora, junto a la calle Santa Clara y al Parque de la Marina Española. Bueno, a ver, no estoy sugiriendo ningún tipo de abducción ni nada parecido: amanecí ahí porque ahí me había acostado la víspera, que quede claro.
Cigüeñas sobre la Catedral de Zamora
(JMBigas, Agosto 2011)

Ese día tenía previsto viajar hasta Gijón, donde tenía ya reservado un hotel para las dos noches siguientes. Bueno, a ver, que lo que había reservado era una habitación, no el hotel entero, que quede claro.

Tenía varias etapas previstas para ese día. La primera era el desayuno y la prensa. En los periódicos locales, (como El Adelanto de Zamora), una de las noticias del día era la licitación, por parte del Ministerio de Fomento, de los 49 km de autovía entre Zamora y Benavente, completando así la llamada Autovía de la Plata (A-66). La prensa reflejaba la sorpresa de que una obra cuya construcción está valorada en 267MEuros saliera a licitación por un total de 1.356MEuros. La explicación es que la fórmula escogida (dada la problemática situación de las Arcas del Estado) es la de colaboración público-privada. No se licita únicamente la construcción sino que, además, se incluye la explotación y conservación durante el plazo de 30 años. El pago lo realizará el Estado mediante un cánon anual (ya definido y creciente con el paso del tiempo), durante toda la duración del contrato.
Calle de Ordoño II, en León
(JMBigas, Junio 2011)

En otras palabras, la empresa que resulte adjudicataria deberá construir la autovía y garantizar su explotación y conservación (incluyendo, por ejemplo, los tratamientos invernales que sean necesarios) durante 30 años. A cambio, cobrará un primer plazo anual de unos 39MEuros, y así sucesivamente durante todo el período. Lógicamente, los costes de financiación acaban siendo enormes, pero las telarañas en caja obligan a estos complejos equilibrios.

Salí de Zamora antes de las nueve de la mañana, con la reserva de la gasolina encendida. Confiaba encontrar una estación de servicio con prontitud. Abordé la N-630 (a la que la nueva autovía vendrá a sustituir o complementar) y en el horizonte inacabable de los campos de cereal o de pastos para el ganado, no se veía la más mínima señal de una enseña petrolera. Afortunadamente, conseguí llegar hasta la estación de Montamarta (en dirección a Benavente y León), sin agotar las reservas.


Diversas panorámicas del Embalse del Porma o Mar de Vegamián
(JMBigas, Agosto 2011)

En el nudo de Benavente ya enlacé con la A-66 hacia León. En una anterior visita a León, había descubierto una tienda de productos gourmet (Artesa, en Ordoño II, 27) que quería visitar de nuevo. En esa zona es prácticamente imposible aparcar en la calle, pero afortunadamente existe un parking público subterráneo, por una de cuyas salidas peatonales se aparece justo frente a esa tienda. Compré algún vino de León (Prieto Picudo, Mencía), un chorizo picante y algo de cecina.

La siguiente etapa para ese día era un pueblín camino de Boñar, donde mi buen amigo L. estaba pasando unas vacaciones estivales con su mujer, en la casa familiar. No había estado nunca antes, pero llegué sin dudarlo (gracias al GPS y a algunas indicaciones de mi amigo). Charlamos un buen rato en el patio, tomando un aperitivo (la mañana estaba fresca, pero soleada). Durante la comida hablamos de mi siguiente etapa, para ir al Norte hacia Asturias con destino Gijón. La primera opción, la más evidente y posiblemente también la más rápida, era regresar a León para enlazar de nuevo con la A-66 hacia el Túnel de Pajares. Pero me daba pereza volver por donde había venido, y decidí investigar una ruta alternativa.

La Peña Susarón (1.878m), desde el Embalse del Porma
(JMBigas, Agosto 2011)

Desde Boñar, la carretera (LE-331) se dirige francamente hacia la cordillera, para cruzarla por el Puerto de San Isidro (donde hay una importante estación invernal para la práctica del esquí), e internarse en Asturias. Aunque no tenía referencias directas, decidí arriesgarme a tomar ese camino, sin duda más lento, pero que auguraba espléndidos paisajes.

A media tarde me despedí de mis amigos en el pueblín, y enfilé hacia Boñar y los Picos. La carretera sigue el valle del río Porma, y cerca de Puebla de Lillo pasa junto al embalse del Porma, el segundo más grande de la provincia de León, inaugurado en 1968. Su nombre oficial es Embalse Juan Benet (pues fue este ingeniero y escritor madrileño su constructor), pero a menudo se hace referencia a él como el Mar de Vegamián. El paisaje allí es delicioso, de alta montaña, con la Peña Susarón (1.878m), uno de los picos más elegantes y famosos de la montaña leonesa (sic. lasendadelhayedo) en el horizonte.
Descenso desde el Puerto de San Isidro hacia Asturias
(Fuente: Panoramio - Barbadillo)

La carretera cruza a continuación Puebla de Lillo. Allí se puede escoger ir por la derecha (LE-331) hacia el Puerto de Tarna, o hacia la izquierda (LE-332) hacia San Isidro. Tomé la 332, y la carretera se va encaramando hacia las alturas de San Isidro, por entre montañas que, incluso en pleno Agosto, uno se imagina nevadas. Se pasa por el pueblo de Isoba y se llega luego a la estación invernal. El Puerto de San Isidro permite cruzar hacia Asturias en los 1.520m. de altitud. Tras coronar el puerto, la carretera (AS-253) se despeña por la cornisa de las empinadas montañas de valles angostos, donde se tienen panorámicas dramáticas.

Tras descender por debajo de los 700m. se cruza el pueblo de Felechosa. La carretera continúa por el valle y va cruzando pequeños pueblos (Pola del Pino, Llamas, Collanzo,...), hasta llegar a Cabañaquinta. Allí se bifurca a la derecha la AS-252 hacia Pola de Laviana, y la AS-112, que va siguiendo el valle, hasta juntarse con el tronco de la A-66 a la altura de Valdeoreyo. La Autovía de la Plata sigue desde ahí hacia el norte, paralela al río Caudal (afluente del Nalón).
Elogio del Horizonte. Escultura de Eduardo Chillida en
lo alto del Cerro Santa Catalina, Gijón
(JMBigas, Agosto 2011)

En las cercanías de Mieres, la autovía se bifurca, y la AS-1 (o Autovía Minera) sigue el camino por Langreo y Siero hacia Gijón; mientras que la A-66 sigue su camino hacia Oviedo y a juntarse con la A-8 (Autovía del Cantábrico) cerca de Espín.

Tardé algo más de dos horas en ir desde Boñar hasta Gijón (unos 130Km, por esta ruta). En Gijón me recibió un atardecer desapacible, ya que se había levantado un fuerte viento.

Pero esa ya es otra historia.

JMBA