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jueves, 9 de octubre de 2014

Marca España

Parece evidente que todos los países generan una cierta idea de sí mismos en la percepción del resto del mundo. Yo puedo pensar, por ejemplo, que los alemanes son disciplinados, los franceses, engreídos y los italianos, vividores. Estados Unidos es un país donde se tienen todas las facilidades para la vida cotidiana, siempre que tengas dinero, a ser posible, mucho. Centroamérica es una colección de países empobrecidos por sus propias oligarquías, y Cuba es un paraíso en malas manos. Y así, todo.
Traslado a España de Miguel Pajares,
el pasado Agosto.
(Fuente: subrayado)

Es lo que podríamos llamar la Marca, lo que aquí se han empeñado en promocionar como Marca España.

Todos nosotros tenemos una cierta idea preconcebida de muchos otros países del mundo. Porque los hemos visitado, porque hemos vivido un tiempo allí, porque hemos leído sobre ellos o porque hemos visto películas o documentales que los describen. De otros países, no tenemos ni idea, ni sabríamos, muy probablemente, situarlos en el mapa. De todas formas, esa idea va evolucionando con el tiempo, a medida de que disponemos de nuevos datos.

Sin embargo, conviene tener claro que la Marca de un país no se siembra con acciones de promoción, publicidad o marketing, sino que se forma en la mente de los ciudadanos de otros lugares a partir de la particular forma que tiene ese país para desenvolverse ante los diversos acontecimientos de la vida cotidiana.

Una de las primeras lecciones del Marketing dice que ninguna empresa puede transmitir un  mensaje específico que genere en sus clientes, o en el público en general, una idea de quiénes son como compañía. Esa idea, esa Marca, se genera a partir de sus actividades y sus actitudes, y no por acciones de promoción o publicidad. Por ejemplo, una empresa será percibida como innovadora si sitúa en el mercado productos o servicios que el público percibe como innovadores, no por el hecho de que se llamen innovadores a sí mismos. Punto final.
Manifestantes intentando evitar el sacrificio de Exkalibur,
el perro de la sanitaria contagiada de ébola.
(Fuente: laregion)

La idea que los demás tienen de nosotros tiene todo que ver con lo que hacemos y cómo lo hacemos, y nada que ver con lo que podamos decir sobre cómo somos.

Es por eso que lo que se conoce habitualmente como Marca España es una percepción que fluctúa, en positivo o en negativo, de acuerdo a lo que hacemos y a cómo lo hacemos.

Una idea genérica sobre España y los españoles seguramente dirá que somos buenos improvisando, pero muy malos planificando. Me temo que esto es dolorosamente cierto. Los hechos de estos días, con el primer contagio del virus del ébola fuera de África, lo ilustran de una forma que sería esperpéntica si no fuera dramática y, además, con alguna vida humana en alto riesgo.

Está claro que el Gobierno del PP (tanto a nivel central del Estado, como en la Comunidad de Madrid) lo han hecho muy mal. La ministra Mato (apellido, por cierto, ideal para una Ministra de Sanidad) se hizo caquitas en público, y el consejero de Madrid acusa ahora a la técnico sanitario contaminada de su propio contagio, además de llamarla mentirosa. Todos acaban practicando lo que mejor sabemos hacer los españoles: demostrar que el problema no es nuestro y que el culpable es otro.

Este hecho se suma a una larga lista de crisis pésimamente gestionadas: la colza, las vacas locas, el Prestige, etc. etc. Quizá la única honorable excepción fue el 11-M. Al tratarse de un hecho súbito, inesperado y extremadamente luctuoso, primó la improvisación y la solidaridad popular, y eso sí sabemos hacerlo bien.
La Ministra de Sanidad, en la rueda de prensa del
pasado lunes.
(Autor: Dani Pozo/AFP. Fuente: elmundo)

Siendo nefastos, estos impresentables del PP son, de todas formas, un ejemplo de cómo somos, en general, los españoles.

A título de comparación podemos tomar uno de los temas recurrentes en el mundo empresarial. Cuando las empresas españolas empezaron a preocuparse seriamente por el tema de la Calidad, la mayoría crearon departamentos específicos, no transversales, para gestionarla. Departamentos que se acabaron convirtiendo en refugio de directivos degradados o en busca de puestos confortables. En lugar, por supuesto, de hacer que la Calidad fuera, de verdad, un aspecto más de todas sus actividades (la investigación, el desarrollo, la producción, la distribución, las relaciones con los clientes y con el público en general, etc. etc.). Los Departamentos de Calidad han sido auténticas marías, para mofa y befa de la mayoría de empleados y directivos. Se trataba de poner la mosca, no de mejorar en la actividad.

En España somos malos planificando, especialmente, como en este caso, la respuesta a situaciones de crisis, porque nos da pereza emplear la inteligencia analítica para algo que casi con seguridad nunca va a suceder. O, como siempre hace Rajoy, que el tiempo se encargará de resolver. Pero, además, nuestra indisciplina visceral hace complicada la aplicación de cualquier plan. Todos estamos convencidos de que nunca nos va a suceder a nosotros ese accidente de tráfico. Las Compañías de Seguros deben tener en España un mercado complicado. Pero, además, la primera reacción de cualquier empleado español al recibir un Plan de Crisis para su aplicación inmediata, es de qué nos van a contar estos, si no tienen ni p... idea.
Javier Rodríguez, Consejero de Sanidad de la
Comunidad de Madrid.
(Fuente: elconomista)

Nos pierde el papanatismo y la soberbia. Cuando estalla una crisis, todos somos expertos dispuestos a criticar a unos y otros, en lugar de agruparnos con los que deberían liderar su solución. Porque, en el fondo, nadie confía en su pericia ni respeta su autoridad. Aunque nos dan todos los días múltiples argumentos para reforzarnos en esta opinión. Muchos se defienden con un yo ya lo dije. Otros echan pelotas fuera y la sensación que queda es de absoluto descontrol. Nos parece evidente que debemos repatriar a nacionales infectados, pero somos incapaces de reconocer que no estamos preparados para atenderlos como se debe. Pero la realidad es tozuda. Ya tenemos una persona contaminada, sin duda por defectos en la planificación y/o su aplicación. Y, desgraciadamente, seguramente acabemos teniendo algunos más.

Algunas ONG, como Médicos Sin Fronteras, llevan años atendiendo a pacientes de ébola en África. Parece que han atendido ya a unos 4.000, y sólo ha habido un par de casos de sanitarios contagiados. Un soportable 0,5 por mil. Frente al 50% que tenemos, por ahora, en España (dos pacientes, una contagiada). Sin embargo, la soberbia ha impedido a nuestros gobernantes pedirles humildemente su colaboración. Parece que nadie ha hablado siquiera con ellos.

Y el papanatismo tampoco se detiene nunca. Escenas de violencia frente al domicilio de la enferma, para impedir que sacrificaran a su mascota, a mí me resultan absolutamente incomprensibles. Si corriera la voz, y las redes sociales son letales en un país cotilla como este, de que un guarda del Retiro le habría dado una colleja a una ardilla pillada masturbándose entre los árboles, en dos horas podrían reunirse mil personas dispuestas a morir por esa ardilla y a matar al guarda.

Creo que la Unión Europea debería haber hecho, en este tema, más de lo que ha hecho hasta ahora, aunque eso no constituye noticia ni novedad. Quizá podría haberse habilitado, con todas las garantías y protocolos estrictos de seguridad, algún hospital de referencia, especializado en el tratamiento de los contagiados por ébola, para acoger a todos los nacionales repatriados. En la campiña inglesa, un ejemplo, dirigido por profesionales expertos en el tema. Pero la soberbia, nacional o nacionalista, y en esto no sólo de los españoles, nos pierde.

Volvemos a revivir estos días episodios que creíamos olvidados en el pasado. Como el inefable Sancho Rof, allá por la primavera del 81,  y su bichito tan pequeño que, si se cae de la mesa, se mata, para describir el síndrome tóxico de la colza, que afectó gravemente la vida de 20.000 personas y provocó la muerte de unas 330.

En España, cuando se produce una crisis, siempre se demuestra que todos los responsables deberían dimitir. Pero ya es tarde, porque nunca deberían haber asumido una responsabilidad para la que, de forma evidente y palmaria, no están preparados. Pero todos, empezando por el Presidente del Gobierno, confiamos en que nunca se vaya a producir una crisis.

Quizá la mejor solución sea la de externalizar el Servicio de Gestión de Crisis a un equipo alemán, un decir. A cambio, podríamos asumir la organización del Carnaval de Colonia y de la Oktoberfest de Munich. Seguramente, los alemanes estarían felices con las fiestas organizadas por los españoles; pero la reacción de los ciudadanos de aquí, sin ninguna duda, sería la ya conocida: esos qué c... nos van a contar, si no tienen ni p... idea de cómo es este país.

Celtiberia Show, le llamaba en 1970 el inolvidable Luis Carandell.

JMBA  

lunes, 29 de octubre de 2012

España está enferma de falta de ilusión

A perro flaco, todo se le vuelven pulgas. Y España, en estos tiempos, es un perro flaco, un perro MUY flaco. O, atendiendo a algunos sinónimos que sugiere el Instituto Cervantes, es una nave rota (A nave rota, todo tiempo es contrario) o simplemente una desgraciada (Para los desgraciados, todos los días son martes).
España está enferma, le falta ilusión.
(Fuente: pensamientosrenovables)

Sufrimos una crisis económica a la que no se le ve final. El volumen de la Deuda (tanto pública como privada) es monstruoso. Y su financiación está resultando carísima (la prima de riesgo lo ilustra), por falta de credibilidad de España en el entorno internacional.

La cifra (oficial) de desempleo es descabellada. De acuerdo a los datos conocidos este viernes, uno de cada cuatro españoles en edad y condiciones de trabajar, no tiene empleo. Y ya totalizan casi seis millones de ciudadanos. Y más de 1,7 millones de hogares en todo el país, tienen a todos sus miembros sin empleo.

Siguiendo la estela de la reducción de los ingresos (por el paro, pero también por la Reforma Laboral), el consumo se ha ido constriñendo a lo más básico e imprescindible. Los supermercados casi venden únicamente las marcas blancas, y su fuerte demanda ha provocado un cierto aumento de sus precios. Los productos gourmet o los de capricho se pudren en sus estantes, sin nadie que se decida a comprarlos (unos porque no se lo pueden permitir; otros porque nunca se sabe lo que podremos necesitar).

La decisión de cambiar de coche o de renovar los electrodomésticos del hogar se pospone sine die, solamente guiada por lo que resulta obligado (averías repetidas de la lavadora,...).

Los restaurantes de lujo se ven obligados a cerrar sus puertas, o a popularizarse a base de ofrecer menús del día económicos tanto para el almuerzo como para la cena, y durante el fin de semana.

En las calles comerciales de todas las ciudades de España abundan las tiendas cerradas y los letreros de Se Vende, Se Alquila o Se Traspasa.

Con todo lo dramáticas que son estas circunstancias económicas, la crisis más grave que estamos viviendo es la crisis de proyecto de país. Todos vivimos sumergidos en el cortoplacismo, en las tácticas más estrictas de pura supervivencia; donde el mes que viene es ya largo plazo y donde todo puede cambiar (a peor) en cualquier momento. Lo más dramático que esta crisis nos ha arrebatado a los ciudadanos es la ilusión, es la esperanza que da pensar que estamos trabajando y malviviendo para conseguir un futuro mejor para los ciudadanos, para el país y para las futuras generaciones. Malvivimos para, simplemente, sobrevivir.

La desesperanza se ceba en el alma cuando los padres ven cómo la vida de sus hijos será mucho peor que la suya, al revés de lo que ha sucedido en todo el período del que tenemos recuerdo vivo. Los peores sacrificios tienen su compensación cuando se tiene la esperanza de que el futuro será mejor.

Siendo gravísima la crisis económica que estamos sufriendo, que está marginalizando a crecientes capas de la población, que está forzando al exilio a nuestros jóvenes excelentemente preparados, que está evaporando los ahorros de las familias,...  siendo gravísimo todo esto, la crisis más severa que sufre España y los españoles es la crisis de ilusión. Somos incapaces de visualizar un futuro por el que merezca la pena luchar.

Necesitaríamos estadistas visionarios, y sólo disponemos de políticos marrulleros, que se mueven en el muy corto plazo y que procuran para sí mismos y para sus círculos de interés. Necesitaríamos poder seguir el ejemplo de nuestros gobernantes, pero estos sólo nos brindan nuevos episodios de corruptelas, corrupciones e intereses espúreos. Y ello también incluye al Rey y a su familia. Recientemente se ha conocido una Declaración de Renta de su yerno (Iñaki Urdangarín), en la que declaraba salarios por 36.000 euros anuales, cuando La Caixa les había concedido una hipoteca de cinco millones de Euros (por el palacete de Pedralbes, en Barcelona), por la que tenían que pagar 52.000 Euros cada trimestre. Impresentable que se presentara, pero tampoco es de recibo que colara sin que nadie en la Agencia Tributaria siquiera pestañeara o que, por lo menos, no haya trascendido.
La única ilusión que nos queda, una isla tropical donde
comer cocos y dormir a pierna suelta.
(Fuente: defondos)

Con esa desesperanza en el alma, con esa sensación de que el país no tiene ante sí un futuro brillante (ni siquiera aceptable) en toda la eternidad que somos capaces de vislumbrar, con esa falta absoluta de ilusión en un proyecto común, no sorprende que todos soñemos con un premio de la Lotería que nos permita irnos a alguna isla tropical, donde lo peor que pueda suceder es que un huracán se lleve volando la cabaña periódicamente.

Y tampoco sorprende demasiado que muchos piensen en proyectos alternativos de país, y se refuercen las reivindicaciones de secesión y de independencia. Con estos mimbres, es complicado convencerles de que fuera estarán peor.

Si en el corto plazo ni pueden garantizar empleo para todos, ni salarios dignos para los que tienen la suerte de tener empleo, ni coberturas sociales para los más vulnerables... por lo menos que nos den buenas dosis de ilusión en un proyecto común de país en el que podamos creer.

Hace meses, si no años, que no nos llega ninguna noticia positiva sobre España (salvo esos ocasionales, pero muy meritorios, éxitos deportivos, que nos narcotizan por un corto espacio de tiempo). Cada noticia sobre el paro es un nuevo mazazo. La prima de riesgo se mueve errática, pero siempre por las alturas. Cualquier indicio positivo sobre el futuro del PIB es rápidamente desmentido por la realidad. El Gobierno presenta unos Presupuestos Generales para el 2013 que ni ellos mismos se creen.

Es posible que la Unión Europea (y Alemania más en particular) nos estén utilizando de cabeza de turco, nos estén entregando a las fieras para que estas no muerdan en el cogollo. Porque parece que el sistema bancario alemán (básicamente las sparkasse y los landesbank) ocultan hasta un cuarto de billón (de los de aquí, o sea 250.000 millones) de euros en activos tóxicos. Pero de eso, nadie habla, y todo aparenta estar impoluto al este del Rin.

Sea como sea, la peor crisis que estamos sufriendo los ciudadanos es la de ilusión. Nadie se cree que los sacrificios de hoy nos lleven mañana, con el esfuerzo de todos, a nada mejor, sino a más sacrificios y a más ciudadanos abandonados a su (mala) suerte en las cunetas de la historia.

Y es que a perro flaco, todo se le vuelven pulgas.

JMBA

sábado, 16 de junio de 2012

Cirugía y Transplantes

Los que me seguís con cierta asiduidad (lo que, por cierto, nunca os podré pagar lo suficiente) habréis visto que he estado inactivo en el blog estos últimos días. Ello se debe a que he estado fuera de España. Aproveché un viaje de Madrid a Barcelona (por motivos familiares), que me hubiera tomado seis horas, para dar una vuelta por París y otros lugares (que ya os iré contando), en la que invertí ocho días.
¡Qué decepcionante tiene que ser ganar unas Elecciones Generales por
mayoría absoluta, y tener que representar tan triste papel!
(Fuente: rtve)

Francamente, tenía la íntima esperanza de que, a mi vuelta, la sensación de estar permanentemente sentados sobre un barril de explosivos habría cedido. Que la prima de riesgo se habría relajado y que la Unión Europea, la Eurozona, el BCE, la Merkel, Rajoy y hasta el lucero del alba habrían realizado bien su trabajo (o en su defecto, habría sucedido algún milagro), aprovechando mi ausencia.

Pero, desgraciadamente, nada más lejos de la realidad que me he encontrado a mi vuelta. Una fortuna para el rescate bancario (que parece que es solamente una línea de crédito), una rentabilidad de la Deuda Pública que ya bordea la línea roja del 7%, una prima de riesgo desbocada, y así con todo.

Llevamos ya casi cuatro años de crisis financiera grave, especialmente, pero no sólo, en toda la zona Euro. Día a día, el Gobierno debe reaccionar con prontitud a nuevos descalabros, con la consiguiente confusión informativa provocada, no quiero dudarlo, por el estado permanente de pánico.

Lo que más me preocupa de la situación es que la crisis financiera, resistente, está ocultando los problemas (graves) subyacentes en la economía española, que está básicamente deprimida, si no directamente paralizada por el terror. Venimos de un modelo económico insostenible y que todos están de acuerdo en que hay que cambiar, pero los árboles no nos dejan ver el bosque. Es cierto que tenemos todos los mimbres, entre los que quiero destacar el activo humano de este país, que nunca ha estado mejor formado y preparado que hoy en día, pero que está prácticamente inactivo por la permanente inestabilidad. Un desempleo que azota sin compasión a la juventud, y hasta los que han conservado su nivel de ingresos han dejado drásticamente de consumir, por temor a lo que nos espera todavía. Tenemos los mimbres, pero hay que tejerlos, y nadie se está dedicando a eso.

En lugar de estar trabajando en esa dirección, todos los responsables se ven obligados a achicar agua, presionados por la actualidad.

Llevamos ya cuatro años tratando a un paciente grave con paños calientes y placebos diversos. Parece como si a nada se le quisiera llamar por su nombre: a la crisis se empeñaron en llamarla desaceleración; un ligero alivio de la presión se convertía en brotes verdes; ahora un rescate no es más que una línea de crédito.  En resumen, analgésicos para limitar los síntomas, pero ningún tratamiento real para curar la enfermedad.

Con la crisis hemos descubierto que todo el entramado de la moneda única, la eurozona y el Banco Central Europeo está montado escasamente a medias. Una bola que rueda pendiente abajo con cierta agilidad; pero que se atranca y se bloquea cuando hay que remontar un repecho.

Muchos le piden al BCE que haga cosas que, con su actual estatuto, no puede hacer. Alemania, que se ha beneficiado mucho de la existencia del euro mientras la situación económica ha sido buena, intenta ahora salvar sus muebles nacionales cuando vienen mal dadas. Un tecnócrata al frente del Gobierno Italiano (que fue en su día parte del problema) intenta ahora aportar soluciones. Un socialista elegido Presidente de Francia insufla un poco de aire fresco, y despierta esperanzas en muchos. Y Rajoy, que prometió y prometió para alcanzar el poder, ahora sufre de los mismos tics y defectos que precipitaron a Zapatero al vacío: parece que improvisa cada día, y los miembros de su Gobierno hacen manifestaciones contradictorias sobre temas trascendentes.

Ya basta de pastillitas (las rojas por la mañana; las azules por la tarde; las rosas antes de ir a dormir) para tratar una enfermedad grave. Es la hora de la cirugía y, si hiciera falta, también de los transplantes.

La situación es tal que ya miramos con envidia al Reino Unido, cuya situación objetiva (deuda, déficit, depresión,...) es tan grave como la española. Pero parece que se espabilan mejor, porque ellos tienen su propia moneda, y un Banco Central con plenos poderes, que interviene en los mercados para el bien de su país. Y también un tejido industrial y productivo más sano y avanzado que el nuestro.

Cambiemos al BCE para que sea, de verdad, el Banco Central de la Eurozona, con plenos poderes y que no se limite, casi exclusivamente, a velar para evitar la inflación. Tiene que poder intervenir en los mercados, para transmitirles con claridad el mensaje de que la Eurozona es, económicamente hablando, un país grande y poderoso, dispuesto a lo que haga falta para facilitar la estabilidad necesaria para que la economía de la zona se pueda desarrollar de acuerdo a sus mejores talentos y capacidades. Pero el BCE no puede transmitir un mensaje que es falso.

Disolvamos los Bancos Centrales nacionales (entre ellos, por supuesto, el Banco de España y el Bundesbank). En la nueva situación, no sólo son inútiles ya, sino también contraproducentes. La sede del Banco de España debería pasar a ser la delegación del BCE en España, y sus funcionarios e inspectores, empleados del BCE, con residencia en España, pero obedeciendo las pautas marcadas por el BCE y velando por su correcta implementación en este país.

Creemos el Ministerio Europeo de Economía, como parte del Gobierno de Europa, al que deberíamos votar en las urnas todos los ciudadanos europeos. Si hay bloqueos emocionales con ello, cambiemos la sede de Bruselas (y Estrasburgo), por alguna pequeña ciudad de Hungría, de Italia o de Portugal.

Basta ya de intentar tratar los síntomas, porque acabamos narcotizados pero el tumor sigue creciendo, y pongamos los medios necesarios para curar la enfermedad. Si hace falta cirugía, que no nos tiemble la mano. Y si se requiriera un transplante, busquemos cuanto antes a un donante. Mi propuesta sería transplantar la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra a la Eurozona.

Necesitamos con urgencia un Gobierno de Europa, formado por líderes políticos que trabajen por y para Europa, y no más legiones de eurofuncionarios burócratas y europarlamentarios que disfruten de un retiro dorado. La unión política y económica es posible, pero hace falta una auténtica voluntad y liderazgo políticos. Unos países son más ricos y otros lo somos menos, pero nada que no suceda con las distintas regiones de los estados nacionales, y así hemos sobrevivido siglos..

Y si no estamos dispuestos a ello, no perdamos más tiempo. Reconozcamos el fracaso, disolvamos la Unión, hagamos desaparecer el Euro y recuperemos las pesetas, los escudos, los marcos y los francos. Reconstruyamos las fronteras y las aduanas, para que cada cual pueda lidiar libremente con sus propios problemas. Retrocederíamos de golpe medio siglo, pero es que las medias tintas nos están consumiendo lentamente. Les daríamos la razón a los mercados y a la opinión norteamericana, que nunca ha creído (y tampoco nunca le ha interesado) que el Euro triunfe.

Y no les demos a los mercados más culpas de las que realmente tienen. Evidentemente, en los mercados hay tiburones y cuervos, y poner coto a su actividad (posiciones cortas, tasa Tobin,...) no sería una mala idea. Pero los grandes capitales, los fondos que gestionan cientos de miles de millones de Euros, son realmente movidos por inversores que están obligados a ser extremadamente prudentes y a huir de cualquier riesgo identificado.

O somos todos capaces de construir con valentía el futuro, o estaremos condenados a revolcarnos en el fango de nuestros respectivos pasados, al que estaremos condenados a volver.

Nadie aprende a andar en bicicleta hasta que le quitan las ruedecillas. No le daremos al BCE sus reales funciones hasta que desaparezcan los Bancos Centrales Nacionales.

JMBA

miércoles, 11 de abril de 2012

Nueva Crisis de Deuda: Búfalos y Leones

A perro flaco, todo son pulgas, dice un sabio (como todos) refrán popular.

Escuchaba el otro día a José Carlos Diez hablar en Los Desayunos de TVE. Este hombre, controvertido como todos los economistas en estos tiempos turbulentos, es economista jefe de Intermoney (el broker financiero más antiguo de España, creado en 1973) y desarrolla múltiples actividades tanto profesionales como académicas. Tiene un blog, El Economista Observador,  que es de los más seguidos del país en estos temas.
José Carlos Diez, economista jefe
de Intermoney
(Fuente: encuentrospor)

Hace años que le veo participar en debates televisivos y en entrevistas específicas, centradas siempre en temas económicos. A mi me gusta porque habla más clarito de lo que es habitual.

Preguntado sobre la nueva crisis de la Deuda que estamos viviendo estos días (la famosa prima de riesgo se ha disparado de nuevo por encima de los 400 puntos básicos), planteó una comparación muy pertinente de la situación de los mercados con el Serengeti (para el caso, con la sabana africana, en general). Allí hay búfalos y hay leones, y también buitres. Todos son necesarios, cada uno en su papel y en una adecuada proporción, para el equilibrio correcto del ecosistema.

Según parece, el problema más grave que tenemos en estos momentos no es tanto que suframos el ataque de los leones (los buitres siempre esperan a que la presa muera, y colear, todavía coleamos), sino que han huido los búfalos. El mejor ejemplo de búfalo en los mercados son los grandes fondos de pensiones y fondos soberanos. En concreto citó al Fondo Soberano de Noruega (constituido con los rendimientos del petróleo) que, según algunas fuentes, podría gestionar activos por un valor cercano al medio billón (en el sentido español de la palabra) de dólares, es decir, casi 400.000 Millones de Euros. Por su propia naturaleza (y también por ley) sus inversiones deben ser de bajo riesgo y con rendimientos razonables, pero sobre todo predecibles. Su objetivo es poder pagar las pensiones de los noruegos con los rendimientos del Fondo.

Tradicionalmente, el refugio más habitual para este tipo de Fondos es la Renta Fija soberana, una inversión (en principio) sin ningún riesgo, de rendimientos moderados pero estables y predecibles. Lo que ocurre es que en la tormenta que se está viviendo especialmente en la zona euro, los rendimientos de los bonos de ciertos países periféricos se han disparado (hasta cerca del 6% para el caso español), pero el riesgo (o la sensación de tal, que es la que finalmente provoca la toma de decisiones) ha aumentado considerablemente. Los episodios griegos de quitas parciales y demás no contribuyen para nada a que los búfalos se sientan a gusto en esas condiciones.

Manejando esos volúmenes de capital, la decisión de vender deuda española (o, para el caso, italiana) para refugiarse en otros valores más seguros (o de menor riesgo, al menos percibido) afecta directamente al valor que esos activos tienen para el mercado. Su decisión de vender unas decenas de miles de millones de deuda española envía al cielo a la prima de riesgo.
Una leona ataca a un búfalo
(Fuente: bfotos)

Los búfalos, típicamente, se desplazan a nuevos territorios con ambición de largo plazo, para pastar tranquilamente durante mucho tiempo. Pero si los pastos parecen agostados y escasean, la manada emigra a otros territorios más hospitalarios. O, lo que es casi peor, si los pastos abundan pero no se regeneran (es decir, no hay crecimiento económico) el alto rendimiento no les compensa para asumir un riesgo percibido muy importante.

Los leones, antes de atacar, siempre intentan identificar a los ejemplares más vulnerables, a las gacelas más desprotegidas. El racional es muy simple: ¿para qué intentar algo complicado, si pueden obtener el mismo resultado haciendo algo simple?. Los leones matan algunos ejemplares, pero siempre quedan más, que se reagrupan para mejor defenderse de sus ataques.

Sin embargo, cuando la manada de búfalos decide emigrar a otros territorios, cunde el hambre y el frío. Porque no se puede cazar lo que no existe, y falta carne para comer y pieles para abrigarse. Si los búfalos huyen, los leones también lo harán, persiguiendo a sus presas. Detrás sólo quedará el terreno yermo.

En otras palabras, el motivo principal (seguro que no el único, claro) de esta nueva crisis de la Deuda no es tanto el ataque de los mercados (la agresión de los especuladores, la caza de los leones), sino más bien la huida de la manada de búfalos (el refugio de los grandes inversores de perfil eminentemente conservador en otros valores de mucho menor riesgo percibido).

Las recetas que se vienen aplicando desde la Unión Europea, y las drásticas medidas económicas ya introducidas (y por venir) del Gobierno de Rajoy, no contribuyen a tranquilizar a los búfalos. Porque los recortes casi indiscriminados anulan las (débiles) posibilidades de crecimiento de la economía. Aumentan los impuestos y se recorta el gasto público; eso lleva a una recesión de manual. La hierba crece frondosa (los rendimientos son elevados) pero los pastos no se regeneran y pronto el terreno estará esquilmado. Los búfalos, rumiantes inteligentes al fin y al cabo, buscan otros territorios donde la hierba crezca más despacio, pero se regenere a buen ritmo, garantizando que sus crías podrán seguir pastando tranquilamente allí por muchos años.
Imagen del desierto de Altar, Sonora, México. Aquí no te
atacan los leones, pero no hay qué comer ni beber.
(Fuente: HGCYC)

La auténtica asignatura pendiente de la economía española, en particular, en estos tiempos convulsos, es el crecimiento. En estas circunstancias, convendría recordar una de las frases célebres de Albert Einstein: Things should be made as simple as possible, but not any simpler. En una traducción libre, podríamos decir que las cosas deberían hacerse tan sencillas como sea posible, pero no a cualquier precio. En Economía, todo está vinculado, interconectado. Una política de solamente ajustes y recortes, acabará provocando el estrangulamiento de la maquinaria. Ni siquiera el objetivo de déficit se podrá alcanzar, ya que los ingresos previstos no se podrán sostener en una economía en caída libre, en plena espiral constrictivaPor eso desconfían los búfalos.

Para una familia, una empresa o un país, la forma más rápida de librarse del déficit es bajar la persiana (no se ingresa nada, no se gasta nada, déficit cero).

Claro que la consecuencia de eso es la muerte rápida.

JMBA

jueves, 23 de febrero de 2012

El Miedo es la Clave

Alistair MacLean fue un escritor escocés (1922-1987) que escribió multitud de novelas de ambiente bélico y de suspense. Sus obras más conocidas (llevadas al cine) son Los Cañones de Navarone y El Desafío de la Águilas.

En 1961 escribió una novela titulada El Miedo es la Clave (Fear is the Key), que fue llevada al cine por el director Michael Tuchner en 1971. Recuerdo haber leído la novela en algún momento del pasado, pero lo he olvidado todo de ella, salvo el título.
(Fuente: capitancinema)

He recuperado el título de este antiguo libro porque estos días da la sensación de que, efectivamente, el miedo es la clave (o la llave) de muchos de los acontecimientos de la actualidad.

Siempre he desconfiado de los abstemios (los que nunca beben alcohol), pero también de los borrachos conocidos y los alcohólicos anónimos. Siempre he desconfiado de los temerarios (los que nunca tienen miedo), porque los valientes sí sienten una cierta dosis de miedo, pero saben convivir con él y sobreponerse. La dosis adecuada es la clave.

En los análisis de sangre, si sube mucho el azúcar, eso es malo. Pero si baja demasiado, es casi peor. Lo mismo sucede con el miedo.

Una cierta dosis de miedo estabiliza la vida y la sociedad. El miedo impide a las personas tomar decisiones temerarias. El miedo es la manifestación práctica de la relativa incertidumbre que todos tenemos de lo que habrá al otro lado de cualquier puerta.

Una sociedad de ciudadanos con miedo (de perder algo ya conseguido, por ejemplo) es lo que hace que las sociedades evolucionadas tengan tendencia a ser relativamente estables. Se dice que las clases medias son las que mayores dosis de miedo atesoran, porque su prosperidad personal y familiar dependen en gran medida de la prosperidad del conjunto de su país y, en nuestro caso, de la prosperidad de la Unión Europea en su conjunto. Si todo se va al carajo, tienen mucho que perder. Por el contrario, los desheredados carecen de miedo, porque ya nada tienen que perder, y por eso son la mayor fuente de inestabilidad social. Las grandes guerras de la edad moderna han sobrevenido en circunstancias donde una mayoría de la población ya no tenía nada que perder, y cualquier cosa iba a ser mejor que su situación actual. En lugar de tener miedo a lo que pudiera haber al otro lado de esa puerta cerrada, había la esperanza de que tras ella se pudiera vivir y no sucumbir en la miseria o se tuviera la tranquilidad de que no te aplicaran electrodos en los huevos, y cosas así.

Las clases más acomodadas (los ricos, para entendernos) también acostumbran a carecer de miedo. Si su país se hunde, siempre les quedará Suiza, Belice o las Caimán. Y si el mundo se acaba (ver la película 2012), siempre les quedará una plaza en una de esas naves interplanetarias construidas ad hoc y que se venden a trillón.

Con los últimos acontecimientos, con las decisiones del nuevo Gobierno, con las diversas Reformas ya introducidas (especialmente la Laboral), con la presión insaciable del eje franco-alemán para contener el déficit y la Deuda, con las indicaciones de que hay que reducir los salarios, con la realidad de que los empleos ya son todos temporales, precarios y muy baratos de rescindir, estamos bordeando una situación médica de hipo-miedo. Las dosis de miedo en todas las capas de la sociedad están alcanzando sus mínimos históricos, por lo menos en todo el largo período postbélico desde 1945.
Violenta represión en Valencia.
(Fuente: cubadebate)

El Gobierno parece no tener miedo de que su Reforma Laboral draconiana (que no es ajuste, sino un cambio completo del modelo de relaciones laborales) le vaya a suponer merma de su popularidad, o amenace su victoria anunciada en las Autonómicas andaluzas del 25 de Marzo. Los cuerpos policiales no parecen tener miedo de sacar las porras a pasear, y de emplearse a fondo apaleando chiquillos de instituto (o melenudos perroflautas infiltrados, que para el caso, es lo mismo). Parecen estar bastante seguros de tener carta blanca y disponer de una cierta impunidad. Los Bancos parecen no tener miedo a dar créditos: simplemente no los dan, y así se evitan el estrés y el riesgo, mientras se dedican a tomar prestado dinero barato del BCE para invertirlo en Deuda bien remunerada, y sentarse a esperar los réditos.

Los ciudadanos, por su parte, parecen estar perdiendo el miedo también. Porque empiezan a ser conscientes de que estamos llegando a un punto donde ya cualquier otra cosa sería mejor. Sea lo que sea que haya al otro lado de la puerta cerrada, no puede ya ser peor, y se pierde el miedo a abrirla. Cuando probos ciudadanos, que estaban convencidos de vivir en un entorno de prosperidad sin final y de tener su futuro resuelto, se ven abocados a los desahucios por impago y a los comedores de Cáritas, las convicciones desaparecen, los principios flaquean y el miedo se desvanece. Cualquier otra cosa valdría más que esto.
La Reforma Laborar decretada por el Gobierno es un
atentado a la línea de flotación del Estado del Bienestar.
(Fuente: actibva)

Una sociedad con mucho miedo es mala cosa, porque se atenaza, se estanca y se resigna. Un Gobierno con miedo es mala cosa, porque se vuelve timorato y es incapaz de pensar en grandes cosas para el futuro y en nada que suceda más allá de mañana.

Pero una sociedad sin miedo está condenada a la desestabilización general. Un Gobierno sin miedo se vuelve temerario y no le duelen prendas de aplicar indiscriminadamente el bisturí, porque aunque muchos mueran, quizá salvemos la raza.

Una dosis razonable de miedo es lo que hace que las sociedades y los gobiernos sean valientes (que no temerarios) y sepan abrir puertas que nos lleven a todos a nuevas estancias más amplias y en mejores condiciones. Una dosis razonable de miedo es la que evita que nos despeñemos por el precipicio, tras unos pasos despreocupados al borde del abismo. Una dosis razonable de miedo es la que nos lleva a todos a ser respetuosos con la Ley.

Se puede morir cuando sube mucho la tensión arterial, pero también cuando baja demasiado. El azúcar alto es malo, pero las bajadas de azúcar son casi peores.

Este mundo está pensado para convivir con el equilibrio, estable si es posible, indiferente si acaso (como ese cono tumbado que rueda indolente por la mesa), pero nunca inestable (andar por el filo de la navaja).

El mucho miedo es malo. Pero la ausencia de miedo puede tener consecuencias incluso peores.

El miedo es la clave.

JMBA

miércoles, 16 de noviembre de 2011

La Crisis de la Deuda, ¿o no?

España no está sufriendo una crisis de Deuda, sino una crisis de CONFIANZA, que se manifiesta con la presión de los mercados sobre la Deuda Pública.
Angela Merkel no parece muy satisfecha con lo que
le contaba Papandreu.
(Fuente: wikipedios)

Conviene tener en cuenta que los tradicionales inversores en Renta Fija y, en particular, en Deuda Pública, pertenecen al segmento más conservador: grandes Fondos de Pensiones internacionales (o nacionales), etc. Inversores que valoran una rentabilidad asegurada (aunque habitualmente reducida), sin ningún riesgo. Lo que es nuevo es que se ha transmitido a los mercados que la Deuda Pública soberana de algunos países europeos es una inversión de RIESGO, lo que sin duda habrá atraído a los tradicionales tiburones

Cuando la Deuda Pública se denominaba en la moneda nacional (marcos, francos, pesetas, liras, dracmas,...), no existía el riesgo de suspensión de pagos; si la economía nacional pasaba por problemas, se emitía más dinero, se devaluaba la divisa y todos tan tranquilos. Bueno, los inversores internacionales posiblemente suscribían al mismo tiempo un seguro de cambio, para evitar sorpresas derivadas de este hecho. Y ese seguro les costaba más caro para cubrir el cambio de las monedas más débiles.

Lo que, visto hoy, parece increíble, es que se haya construido la UE, y más especialmente la zona euro, contando con que a partir de unir varios países ya no haría falta recurrir a estos mecanismos (devaluación, fabricación de dinero,...). Especialmente cuando nuestros principales competidores (los Estados Unidos) utilizan el recurso de la inyección de dinero (léase fabricar dólares) a través de la Reserva Federal, cada vez que su economía lo precisa para seguir siendo puntera. Parece que en la Eurozona nadie había previsto que se llegara a una situación así.

Claro que el problema es que, si bien vivimos todos bajo el mismo techo (el del Euro), hay hermanos más ahorradores, y otros más dispendiosos. Unos ahorran todos los meses algo de la paga, mientras otros la tienen liquidada a mitad de mes. Si ahora aplicamos tabla rasa, pagarían justos por pecadores. Los hermanos ahorradores, lógicamente, se rebelan contra eso. 

Hoy todo ese riesgo financiero que los mercados perciben, se transfiere al interés que el Estado debe pagar por su Deuda. Y de ahí nace la inquietud que hasta las personas menos directamente interesadas en las finanzas, están teniendo por la llamada Prima de Riesgo.

España no tiene un problema específico de Deuda, ya que esta está sólo un poco por encima de los límites fijados en los Tratados de la Unión (el 60% del PIB), por debajo (en porcentaje) de otros países, no sólo como Italia o Grecia, sino como Alemania o el Reino Unido.
(Fuente: laproximaguerra)

Al mismo tiempo que se produce este efecto, los activos considerados más seguros (de riesgo nulo)  se convierten en refugio para el inversor y disminuyen su rentabilidad. Y ese está siendo el caso para el bono alemán. Esta reducción de rentabilidad, a su vez, contribuye a aumentar el diferencial, la Prima de Riesgo.

El problema de España es que arrastramos una economía básicamente estancada, sin crecimiento, y unos niveles monstruosos (el doble de la media europea) de desempleo. Se pinchó la burbuja inmobiliaria, y no se ve  un reemplazo en el horizonte. Elementos todos ellos que disminuyen la confianza del inversor en la economía española.

Conviene quizá intentar explicar cómo funciona el mecanismo de la Deuda Pública. En el caso del Tesoro de España, la Deuda Pública que se emite puede ser de corto plazo (Letras a 3, 6, 12 meses; emitidas al descuento), de medio plazo (Bonos a 3, 5,...años; con cupón anual de pago de intereses) u Obligaciones (a un plazo superior, también con cupón anual).

Instalados en el mecanismo de la Deuda, la mayor parte de la Deuda Pública que se emite se utiliza para disponer de dinero con el que amortizar las emisiones anteriores de Deuda, que llegan a su vencimiento.

Por la Deuda Pública (como por cualquier tipo de préstamo) hay que pagar un cierto interés, pactado en el momento de la emisión. Estos intereses a pagar tienen que estar previstos en el correspondiente capítulo de los Presupuestos Generales del Estado, igual que debemos prever la cuota de la hipoteca en nuestras economías domésticas.

Los títulos de Deuda son valores negociables. Esto significa que, aparte del Mercado Primario (la emisión por el Estado de nueva Deuda, y su compra, mediante subasta, por inversores particulares o institucionales, nacionales o internacionales) existe también un Mercado Secundario. En este último, un inversor puede ceder sus Títulos de Deuda a otro, a cambio de un cierto precio. Este Mercado Secundario es el que define la evolución de la Prima de Riesgo, en función de a qué parte de la inversión inicial está dispuesto a renunciar un inversor para deshacerse de los Títulos y hacerse con efectivo.

Se dice estos días en los medios que España necesita diariamente 600 millones de euros de Deuda. Esto, por supuesto, no significa que el volumen total de la Deuda necesariamente aumente en esa proporción; ya que la mayor parte del dinero obtenido por la venta de los nuevos Títulos se utiliza para amortizar los Títulos antiguos que llegan a su vencimiento. También se dice que podrían hacer falta 36.000 millones de euros al año (más que lo que el Estado gasta en subsidio de desempleo) para pagar los intereses de la Deuda. Esto no es todavía así, porque queda mucha Deuda emitida a un interés mucho menor. Pero la situación, si no se remedia, irá agravándose con el tiempo. 
(Fuente: trazacomex)

Porque si vence Deuda por la que se pagaba el 2% anual (por ejemplo) y por la nueva que se emite hay que pagar un 6%, Houston, tenemos un problema. Porque, aunque el volumen de la Deuda no haya aumentado, sí tiene que aumentar la provisión correspondiente para el pago de sus intereses. Este incremento contribuirá directamente a disminuir el superávit de las Cuentas Públicas (si fuera el caso), o a aumentar su déficit (que es el caso). Lo que, potencialmente, puede suponer una necesidad de más emisión de Deuda para poder hacer frente al pago de intereses. Entrando en una espiral de deterioro claramente diabólica.

El organismo responsable de gestionar la Deuda Pública en España es el Banco de España. Diariamente publica un Boletín del Mercado de Deuda Pública, donde se reseñan las operaciones registradas, así como el resultado de las últimas emisiones, el anuncio de las próximas, y el total de los Títulos de Deuda en circulación. En el boletín de este martes (número 5.898), señala que el total de la Deuda del Estado en circulación es de 581.445,79 millones de euros. Para un PIB que, en 2010, fue de algo más de 1 billón de Euros. En el entorno del 60%, razonable. Claro que hay que añadir toda la Deuda del resto de Administraciones del Estado (Comunidades autónomas, Diputaciones, Ayuntamientos, empresas públicas,...), y el importante problema de la elevada deuda privada que tenemos en España. Ay, ay, ay,...

El problema original, pues, en España no es de Deuda Pública, sino de falta de confianza, que se manifiesta en los mercados de Deuda.

Evidentemente, una posible solución a esta inagotable (y ya insoportable) tensión sobre los mercados de Deuda sería la emisión por parte de la Unión Europea de lo que se ha dado en llamar Eurobonos. Esa sería la tabla rasa de que hablaba antes, ya que, en las circunstancias actuales, pagarían justos por pecadores.

De forma muy esperable, Merkel se opone frontalmente a la emisión de Eurobonos. Porque su implantación (dado que la macroeconomía es pura cuestión de sumas y restas) significaría que a Alemania (que ahora mismo se está financiando a poco más del 1%, ya que sus Bonos son considerados por el mercado como un valor refugio), la Deuda pasaría a costarle el 2 ó quizá el 3%. Lo siguiente sería una pelea dentro de la Unión Europea para establecer penalizaciones a los países más díscolos, a los que más contribuyeran a aumentar la desconfianza de los mercados (de los inversores) hacia la Unión Europea en su conjunto. No habríamos avanzado realmente casi nada.

Lógicamente, los Eurobonos podrían institucionalizarse sólo después de establecer un único Ministerio de Economía Europeo, y de refundar un Banco Europeo que asumiera las funciones de los bancos centrales de cada país. Si no se hace así, seguiremos empantanados donde estamos, hundiéndonos cada vez más en el cenagal y las arenas movedizas.

En sí mismo, el mecanismo de la Deuda de los Estados (como el de los préstamos para las familias) es muy positivo, ya que permite poder abordar proyectos ambiciosos de largo plazo, lo que sería imposible sin esa financiación. La luz roja se enciende cuando un préstamo hay que utilizarlo para financiar el circulante, para sufragar los gastos corrientes.
(Fuente: ibtimes)

Por eso, la primera reacción de los políticos es la reducción de los gastos corrientes, los famosos ajustes y recortes. Estos tienen un efecto en el corto plazo, pero deterioran el capital (de todo tipo) del país, y dificultan su salida de la crisis. Lo podemos ver en la economía doméstica. Si empezamos a restringir indiscriminadamente los gastos, acabaremos encontrándonos con que no tenemos un traje decente con el que ir a una entrevista de trabajo, o que no podemos invitar a nadie a cenar en casa, porque habría que haber pintado y ya da pena. Estaremos dificultando la salida de la crisis.


Pero, insisto, el problema más grave que tiene España no es de Deuda. Es mucho peor, es un problema de desconfianza de los mercados en la evolución de la economía del país.

Una economía que está estancada. Este miércoles, el Gobierno ya ha reconocido que abandona su previsión del 1,3% de crecimiento para 2011, y se conforma con un 0,8%. El tercer trimestre (el del auge turístico, por cierto) se ha saldado en negativo. El paro no para de crecer, y ya tiene proporciones monstruosas, y amenaza seguir degradándose.


En esta situación, en tres o cuatro días estaremos frente a las urnas, para votar a quién confiamos las riendas del país los próximos cuatro años, para que intente enderezar tantos entuertos.

De Rajoy sólo se oye que todo se ha hecho mal, que tienen que hacerlo otros a partir de ahora, y el PP somos los únicos otros que tenéis. A mí me queda la sensación de que no nos ayudará a comprarnos un traje, pero montará un negocio de alquiler de trajes, para que dispongamos de uno el día de esa entrevista. En casa seguirán los desconchones y las manchas, pero montará un negocio de alquiler de comedores, para que podamos invitar dignamente a quien nos interese ese día. Quizá a algunos les vaya mejor, pero nosotros seguiremos pobres igual (o peor).
(Fuente: rioja2)

Rubalcaba se desgañita intentando desmarcarse del gobierno saliente, del que ha sido parte integrante. Pero transmite ciertos mensajes que me suenan mejor, como el de revisar la política fiscal, de un impuesto a los más ricos, o a los Bancos. Algo que tiene que ver con que el Estado pueda disponer de más recursos, sin recortar los derechos sociales básicos. Quizá tarde el país algo más en salir del hoyo, pero igual conseguimos salir todos.

Izquierda Unida completa el mensaje con una profunda revisión de la presión fiscal, y con el esfuerzo del Estado en aflorar la economía sumergida (que se sospecha signifique hasta el 23% del PIB). No tener ninguna esperanza de tener que asumir responsabilidades de gobierno les permite defender maximalismos, porque les resulta gratis.

Ver algunos mensajes que no van en la línea de las decisiones de los Organismos Internacionales (el FMI, la UE,...) donde sólo se plantean ajustes y recortes, me abre alguna esperanza de que, quizá, la marea azul no sea la única salida.

Y, mientras tanto, termino de decidir mi voto para el domingo.

JMBA

viernes, 11 de noviembre de 2011

Pobres y J....., pero Modernos

Llevamos prácticamente tres años sumidos en un marasmo tras otro de todos tipos, pero especialmente económicos. Una crisis financiera de dimensiones mundiales, que parece que quisiera devorarnos a todos. Ya no es el momento de evocar sus orígenes (las hipotecas subprime, la avaricia insaciable de una ingeniería financiera especulativa, y así para adelante). Ya se ha hablado mucho de ello, y empieza a sonar a lloros sobre la leche derramada. Inútil, aparte de patético. Aprendamos las lecciones, corrijamos los errores, y sigamos hacia adelante.
Olli Rehn, Comisario de Economía de la UE
(Fuente: ueenmexico)

Uno de los efectos que más directamente nos afecta es que la crisis ha puesto de manifiesto que las costuras de la Unión Europea no tenían más que un par de pespuntes mal rematados para ir tirando, pero son incapaces de aguantar un viento fuerte. Por las costuras se nos está rompiendo lo que con tanto esfuerzo e ilusión hemos intentado construir los europeos en el último medio siglo.

Seguramente hemos cometido el pecado de pensar que Europa como realidad geográfica e incluso histórica se puede convertir en realidad política y económica solamente con buena voluntad. Hace falta bastante más. Hace falta coser y recoser las costuras, unificar un buen número de criterios y definir (y hacer cumplir) las disciplinas necesarias para que esas costuras no deban someterse a esfuerzos para los que no están preparadas.

En estos días en que nos desayunamos continuamente con nuevas noticias nefastas, conviene no perder (del todo) la calma. Oía este jueves al comisario de Economía de la UE (Olli Rehn), un hombre gris de pelo cano y gafas de alumno aplicado, leer y contar la multitud de desgracias que todavía nos quedan por conocer y resistir. Una nueva recesión, un crecimiento que ni se consolida ni se desarrolla, incluso en los países más avanzados (o más ricos), unos niveles de paro que tenderán (todavía) a empeorar, etc. etc. Una retahíla de plagas bíblicas por las que tendremos que discurrir sin perder la vida en el intento y, a ser posible, sin perder tampoco la ilusión en un proyecto como el europeo, que debe ser un empeño comunitario y permanente.

Parece claro que la v. 1.0 de la integración europea está haciendo aguas. Y ello pone de manifiesto los múltiples errores cometidos en el desarrollo de la Unión Europea y de la Eurozona. Pero ello no nos debe impedir abordar el desarrollo de una v. 2.0 de la Unión, con muchas e importantes lecciones ya aprendidas.

Uno de los peligros en los que podemos caer en estos tiempos es el desaliento y, sobre todo, el pensar que todo es igual. Muchos (y, a menudo, de forma interesada) tienden a poner en el mismo saco a Grecia, Italia o España (Portugal e Irlanda ya están lamiéndose las heridas en su rincón, intentando recuperar el aliento). O, para el caso, situar a Francia y Alemania en otra División, casi en otra Liga.
Autovía en España. Un ejemplo de que a lo mejor somos
pobres, pero siempre modernos.
(Fuente: noticias.coches)

Y es que uno de los errores más graves que se han cometido en la construcción europea es pensar que la multiculturalidad es un concepto universal y abstracto que autoriza cualquier estrambote. Y eso NO es así. En el entorno europeo, la cultura propia de cada país (o, para el caso, de cada región) es lo que protagonizan los ciudadanos por encima de una infraestructura organizativa básica, que garantice el funcionamiento de todos los elementos básicos de cohesión y modernidad. No debemos aceptar nunca que, por ejemplo, el fraude fiscal sea culturalmente tradicional en algunos países, o que la corrupción política sea consustancial a ciertas culturas.

Si no aceptamos esos argumentos resignados no por eso cambiará la realidad. Pero sí cambiará nuestra actitud para enfrentarnos a ella.

Y es que con la tragedia griega que estamos viviendo estas últimas semanas, se han desvelado muchos detalles de la organización interna de ese país, que resultan sorprendentes y excéntricos, a la par que inaceptables.  Y no digo que inaceptables en las actuales condiciones de crisis económica, sino inviables en cualesquiera condiciones de contorno, para que Grecia se pueda considerar un país europeo y moderno. Además, no puedo creerme que ese tipo de ineficiencias crónicas hayan podido pasar inadvertidas a las legiones de funcionarios comunitarios que han tenido que analizar y diagnosticar su grado de integración. Cuando se desvelan datos tan inquietantes como los que estamos conociendo estos días, no podemos pensar otra cosa que ha habido negligencia en los políticos comunitarios, que han vuelto la vista a otro lado, musitando eso que parece tan avanzado y moderno de si es que su cultura es así.

El que viva en una casa en medio del campo, sin vecinos a la vista, podrá cometer algunos excesos sin trascendencia; poner la música a mil decibelios, o abandonar la fachada o el jardín a su propia suerte. El cómo haga las cosas sólo le afectará a sí mismo. Pero si se vive en Comunidad, con vecinos en la puerta de al lado o en el piso de arriba, o de abajo, hay que respetar unas normas básicas de convivencia. Hay que sufragar los gastos de la Comunidad de forma proporcional y justa. La dejadez de un vecino nunca debe impactar en la calidad de vida que persiga el resto.

Me han llegado últimamente informaciones no contrastadas, pero procedentes de personas en quienes confío, que hablan de cosas tan sorprendentes en la realidad griega cotidiana como que la Administración Pública podría mantener todos sus servicios con un tercio de los funcionarios existentes; que muchos profesionales (como los peluqueros, debido a los efectos nocivos de los tintes) tienen reconocida una jubilación temprana a los cincuenta y pocos años; como que los maquinistas ferroviarios perciban sueldos de 130K€, o que el pasaporte griego fuera manuscrito hasta hace muy poquitos años.
Uno de los ejemplos de la avanzada Administración
Electrónica que tiene España.
(Fuente: javipas)

Parece que muchas cosas se han venido haciendo rematadamente mal en la administración del país heleno, que, visto lo visto, para nada puede considerarse moderna. Y eso no tendría mayor impacto que la devaluación recurrente del dracma (o, más correctamente dicho, de la dracma) y una persistente pobreza de la mayoría de ciudadanos griegos en sus intercambios con el resto del mundo; con su pan se lo tendrían que comer, si no fuera porque Grecia forma parte de la Unión Europea y de la Eurozona.

Pero que funcionarios (y políticos) europeos hayan pasado por alto tantas ineficiencias, y que estas sólo hayan salido a la superficie cuando a la manta comunitaria ya no le sobran bordes para ocultar todo lo que no esté en perfecto estado de revista, sugiere otro tipo de corruptelas o intereses ocultos. Si la entrada de Grecia en el Euro (como ya ha dicho Sarkozy) fue un error, ¿quién estaba tan terriblemente interesado en que los griegos manejaran el Euro como para pasar por alto tantos defectos?. Como ya es tradición en las novelas detectivescas, cuando se persigue la aclaración de un crimen hay dos líneas fundamentales de investigación, que los franceses resumen como: cherchez la femme ou cherchez l'argent. Implícitamente, se reconoce que tras cualquier comportamiento absurdo, inesperado o estrambótico, hay que buscar una causa mayor (el sexo o el interés; una simplificación, pero muy interesante). ¿Quién ha salido beneficiado de que Grecia entrara en el Euro?. Bueno, a algunas empresas alemanas no les ha ido mal, aunque sólo sea por los múltiples vehículos alemanes de gama alta que se han vendido en Grecia; o a los suministradores de armamento militar, para quienes Grecia ha sido un gran cliente.

Ahora tenemos que evitar la generalización de los males, la resignada aceptación de que todo es igual o de que esto es así y no hay nada que hacer. Y, por supuesto, debemos rechazar las explicaciones ligadas a la inevitabilidad de las cosas en base a la cultura imperante en determinados países.

Para que el proyecto de la Unión Europea no se nos vaya a pique, es imprescindible que todos le demos la máxima prioridad a ser modernos. Y con ello entiendo el desarrollo de las infraestructuras básicas del país y de la eficiencia de las Administraciones Públicas, para superar unos niveles mínimos. Sólo siendo modernos nos ganamos el derecho a serlo a nuestra manera.

Si miramos el caso de España, convendrá tener en cuenta los esfuerzos importantes que se han realizado en las últimas décadas en muchos campos: las infraestructuras básicas (autovías, ferrocarriles, aeropuertos,...), la modernidad de la Administración (la extensión de la llamada Administración electrónica en España creo que es un ejemplo a seguir), y así muchas cosas. Desde este punto de vista, somos modernos.
La red española de ferrocarril de alta Velocidad es la
envidia de muchos países.
(Fuente: TD&T)

Por supuesto que hay muchas ineficiencias a corregir (en España como en la mayoría de países de la UE). Hay que revisar la fiscalidad para que sea más justa; y hay que revisar su aplicación, para eliminar (o, por lo menos, reducir drásticamente) el fraude fiscal. Hay que trabajar para eliminar las ineficiencias de la administración, debidas fundamentalmente a la persistente existencia de demasiados niveles de administración, con competencias solapadas o duplicadas. Pero nuestro sistema de administración pública es moderno. Sólo que su desarrollo ha provocado importantes ineficiencias, que hay que corregir cuanto antes. Pero eso no invalida los principios, ni el diseño.

Está claro que España y los españoles somos más pobres que los ciudadanos de (algunos) otros países europeos. Es evidente (cifras cantan) que el salario mínimo en España es la mitad del francés, o que el salario medio en España es inferior al de Alemania. Pero se puede ser pobre con dignidad, y eso no tiene por qué afectar a la estructura plurinacional de la Unión Europea, que debe construirse con la seguridad de ser capaz de convivir con esos hechos. Una UE bien construida y disciplinada debe ser capaz de contribuir a ir mitigando esa pobreza relativa con el tiempo. Pero nunca seremos alemanes, un decir.
Lucas Papademos, cuyo gobierno tiene tres meses
frenéticos por delante, hasta las elecciones.
(Fuente: eitb)

Porque la Unión Europea en ningún caso puede basarse en el objetivo de que todos los europeos seamos alemanes. O, para el caso, de que todos seamos griegos. Para entenderlo con claridad, no hay más que mirar a nuestro propio país, y a sus 17 Comunidades Autónomas. Tenemos un Madrid, una Catalunya y un País Vasco. Y tenemos una Andalucía, una Extremadura y una Comunidad Valenciana. Y así hasta 17. Ningún proyecto de futuro puede basarse en que España sea un país en que todos seamos catalanes, o todos seamos andaluces, riojanos o murcianos. Pero todos tenemos que ser modernos, y con eso nos ganaremos el derecho a serlo a nuestra propia manera. Podremos convivir con el hecho de ser más ricos o más pobres que el vecino, siempre que existan unas reglas claras que se cumplan. El desarrollo o el progreso tiene su propios colores y matices en cada lugar. Pero todos debemos ser modernos, aunque sea a nuestra propia manera.

La actual crisis de la deuda soberana, de la Zona euro y de la UE en su conjunto solamente ha puesto en evidencia los vicios ocultos (o no tanto) de la construcción; pero no pone en entredicho el proyecto, sino solamente la forma en que se ha desarrollado. Hay que corregir muchas cosas y hasta quizá, en algunos casos, no quede más remedio que la amputación. Pero el Proyecto de la UE debe seguir adelante. Con muchas lecciones aprendidas, por supuesto.

Y en esta tesitura, a los españoles nos toca reconocer y aceptar que somos más pobres que otros europeos.  No debemos dejar de luchar para que eso sea cada vez menos verdad, pero no valen los atajos. Estamos j..... como la mayoría de europeos. Pero somos modernos.

Hay vicios en la construcción de nuestro sistema económico, pero que se pueden corregir. Buena parte del progreso recayó durante muchos años en una burbuja inmobiliaria que no era sostenible en el tiempo. Durante muchos años, España creaba uno de cada dos empleos que se creaban en la UE. Tras estallar la burbuja, nos ha tocado el drama de crear un parado de cada dos creados en la UE, y de tener que convivir con unas cifras absolutamente abominables de desempleo. Y, detrás de las cifras, están los muchísimos dramas personales y familiares. La sociedad (todos nosotros) tenemos que contribuir a ayudar a capear estas circunstancias extremadamente negativas.

Los subsidios (como el de desempleo) contribuyen a eso. Pero hay que tener muy claro que no resuelven ningún problema, sino que solamente ayudan a capear temporalmente sus efectos negativos. Ayudan a combatir los síntomas de la enfermedad, pero no la erradican. De ninguna forma podemos caer en la ensoñación melancólica de quedarnos mirando de brazos cruzados las grietas que han aparecido en el edificio. Si no se remedia, una grieta acaba abatiendo el edificio entero.
Mario Monti, muy probable sustituto de Berlusconi.
(Fuente: biografiasyvidas)

Al edificio que hemos podido construir en las últimas décadas (al que a menudo se conoce como el Estado del Bienestar) le han salido grietas, es verdad. Hay cimentaciones mal hechas y muros poco sólidos. Pero preservar el edificio debe ser el objetivo. No podemos aceptar que ese edificio se nos venga abajo, con la esperanza o la insensata idea de que ya construiremos otro. No tenemos tiempo para eso.

A cuenta de la crisis hemos visto caer ya muchos gobiernos. Los dos últimos, en Grecia e Italia. Los nuevos presidentes de los respectivos gobiernos (según todos los indicios) serán Lucas Papadelos en Grecia (ya confirmado) y Mario Monti en Italia. Ninguno de los dos ha pasado por las urnas, los dos tienen unos pocos meses hasta que se realicen elecciones generales, y los dos pertenecen a la Comisión Trilateral, de tintes inequívocamente neoliberales. Tienen poco tiempo, pero sospecho que las hachas afiladas.

A ocho días de unas Elecciones Generales en España que serán muy trascendentales, nos toca asistir con estupor a las manifestaciones de las diversas fuerzas y líderes políticos. Alguna derecha parece aceptar (incluso con alborozo) que no sólo la construcción del edificio ha tenido errores (que habrá que corregir) sino que su propio diseño es equivocado. Cierta izquierda parecería que su único objetivo sea esconder las grietas (para que no las vea el vecino). Pero eso no resuelve nada, ni ataja las causas por las que las grietas se han producido. Algunos otros parecen preferir el órdago a la grande (íntimamente tranquilizados de que las circunstancias jamás les permitirán tener que enfrentarse a la responsabilidad de hacer frente a su Apocalipsis predicado).

Hemos visto a Zapatero inmolarse políticamente, a base de ser un alumno aplicado de la UE. Seguramente, tenemos que agradecerle que hoy no estemos como Grecia o Italia.

Es bueno que todos hagamos el ejercicio de reconocernos pobres (al menos, más que otros europeos); de aprender a convivir con la realidad de que estamos j......, y lo seguiremos estando durante una buena temporada; pero, al mismo tiempo, con la íntima satisfacción de saber que somos modernos. Tenemos que saber que hemos construido un edificio correctamente diseñado, pero que presenta grietas y humedades aquí y allá. Pongámonos todos el mono de trabajo para aplicar yeso por aquí, cemento rápido por allí; una tela asfáltica para evitar las filtraciones y renovar algunas tejas para que no haya goteras.

Pero de esta crisis profundísima tenemos que salir todos (los ciudadanos europeos) juntos. No podemos aceptar dejar atrás grandes masas de excluidos sociales, si podemos evitarlo. Y no existe un camino de salida que se base en que algunos floten en el mar sobre los cadáveres hundidos de los demás. Pero, no lo olvidemos, España hemos conseguido entre todos que sea un país moderno. Durante años pensamos que modernos y ricos. Ahora sabemos que sólo modernos, pero ya es mucho. Con grietas y humedades, pero España es un país moderno.

A otros que no aprendieron a ser modernos antes que ricos, les esperan tiempos más arduos. Y no se puede descartar que les toque llevar adelante sus exigentes deberes en un relativo aislamiento.

Sólo consiguiendo ser modernos se gana el derecho de serlo a su propia manera. La multiculturalidad se manifiesta en el mobiliario; pero los cimientos y las paredes exigen un rigor común.

JMBA