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lunes, 15 de noviembre de 2010

Más sobre la visita del Papa a España

He recibido algunas críticas (algunas escritas, otras verbales) sobre mi anterior artículo sobre este tema. Como todas se han planteado con el máximo respeto, yo las respeto del mismo modo, y no creo necesario aportar aclaraciones sobre la mayoría de temas tratados en dicho artículo.
Interior de la Sagrada Familia de Barcelona
durante la misa celebrada por el Papa
(Fuente: yahoo)

Sin embargo, sí quisiera aclarar algunos aspectos respecto a mi posición sobre los gastos de esa visita.

Después de la visita, todo el mundo ha realizado balances de todo tipo sobre la misma. Todas las fuentes parecen coincidir en que la afluencia de público fue menor de la esperada. Pero también hay que entender que la seguridad puesta en marcha para todos los acontecimientos relacionados con la visita del Papa (tanto en Santiago como en Barcelona) frenaron a mucha gente. El propio acceso a la plaza del Obradoiro fue muy restringida, y, por supuesto, en el interior de la Sagrada Familia sólo estaban los específicamente invitados, mientras que el público en general debía seguir el acontecimiento desde pantallas gigantes situadas en otros lugares. En estas condiciones, es razonable pensar que muchos partidarios prefirieron seguir los actos desde la comodidad del televisor del salón de sus hogares.

Algunos han aventurado una estimación del impacto publicitario de la visita del Papa sobre la marca turística España, y específicamente sobre las marcas Santiago y Barcelona. Se ha cifrado ese impacto en el equivalente a una campaña publicitaria con un coste de 66,5 millones de Euros. Ignoro los criterios utilizados para esta estimación.
Benedicto XVI entrando a la (ya)
Basílica de la Sagrada Familia
(Fuente: Cinco Días)

Parece claro que el Estado debe cubrir los gastos de muchos acontecimientos, eventos e incidencias, al margen de que le guste o no, de que sea partidario o contrario. Hay que desplegar dispositivos de seguridad (que involucran recursos del Estado) para muchos partidos de fútbol ú otros acontecimientos deportivos, o para las visitas de dignatarios internacionales, Jefes de Estado, Primeros Ministros, o también para toda clase de manifestaciones de toda laya o tendencia. No es posible racanear en ello, porque la seguridad es responsabilidad del Estado, y debe hacer frente a ello con la mejor disposición, y persiguiendo siempre la máxima efectividad.

Pero también es cierto que cuando cualquier Jefe de Estado visita España, raramente organiza actos públicos que involucren multitudes, como es el caso de las visitas del Papa. Posiblemente haya reuniones con el Presidente del Gobierno, o recepciones (a menudo con cena) en el Palacio Real, etc. Pero si organiza una recepción para la colonia de su país en España, será su propia Embajada la responsable de la organización del acto.

En la Constitución Española de 1.978 se define a España como un estado aconfesional (los matices entre aconfesional y laico se me escapan) pero a la vez se describe una relación preferente y una colaboración especial con la Iglesia Católica. Parece evidente que los legisladores constituyentes, hace ya más de treinta años, no se atrevieron (o no les pareció conveniente) el cortar de raíz la situación que se vivió en España de nacionalcatolicismo franquista durante cuarenta años.

Ya desde el propio Alzamiento Nacional (es decir, el Golpe de Estado del 18 de Julio de 1.936, que derivó en una sangrienta Guerra Civil que duró tres años y desgarró país y familias) la Iglesia Católica se posicionó claramente del lado de los golpistas. Entre otros argumentos para este alineamiento (probablemente bastante más espúreos y menos confesables) hay que reconocer que entre las fuerzas políticas que soportaban la República (y especialmente entre las facciones del lado republicano durante la Guerra Civil) abundaba el sentimiento anticlerical, que se convirtió con mucha facilidad en actos violentos contra sacerdotes, monjas, iglesias.
Franco, bajo palio
(Fuente: arkimia)

La Iglesia Católica, de hecho, ha sacado partido de esa violencia en su contra, a base de la beatificación de muchos mártires de esos actos. Donde otros sólo tienen muertos y asesinados, la Iglesia tiene mártires. Hay que reconocer su larga experiencia en diplomacia internacional.

Pero el sentimiento anticlerical NO era un sentimiento religioso (o antireligioso). Tenía mucho más que ver con la alineación histórica y tradicional de la Iglesia Católica con los poderosos, y con su esfuerzo pastoral en impregnar a las clases populares con la resignación como única arma contra la opresión.

Acabada la Guerra Civil, la Iglesia Católica recibió el premio a su apoyo incondicional a los insurrectos. A cambio tiñó el Régimen de catolicismo impregnado. Recordemos que al anterior Jefe del Estado, la Iglesia Católica le concedió el privilegio de entrar bajo palio en iglesias y catedrales.

Para muchos, pues, la Iglesia Católica se dejó apropiar por uno de los bandos y, de modo imparable, se alió por tanto con el enemigo. Sufre, pues, de un problema parecido al de la bandera (rojigualda), que para muchos sigue siendo la bandera del otro bando. Ya he sugerido en otro artículo la conveniencia de diseñar una bandera nueva, sin herencias, que pueda ser realmente la de todos los españoles.
Multitud frente a la Basílica de San Pietro in Vaticano
(Fuente: grupoemedios)

Y, de nuevo, todos esos sentimientos que estoy relatando no son, en absoluto, religiosos. A ellos les dan alas los intentos reiterados de la Iglesia Católica de extender sus dogmas y principios a la sociedad civil. El Estado es el único responsable de definir los deberes y derechos de todos los ciudadanos, al margen de su raza, sexo o religión. Por supuesto, la Iglesia Católica y los católicos, como cualquier otro ciudadano, tiene todo el derecho a manifestar su opinión y a definir su posición. Y pueden optar por ser más restrictivos en sus costumbres de lo que la Ley permite y autoriza, y decidir no divorciarse, no abortar o no utilizar otro método anticonceptivo que la castidad.

Pero, creo, ninguna confesión religiosa debe pretender que la Ley esté de su parte. Porque la misión de la Ley es la de regular la sociedad civil, que está formada por absolutamente todos los ciudadanos.

Y, desde luego, denominar a esta independencia como laicismo agresivo, que es lo que ha hecho Benedicto XVI, me parece una salida de tono y una falta de educación de las que todavía estoy esperando que pida disculpas. Y su referencia a los años 30 es un intento torticero de recuperar en su ayuda pasados episodios de violencia que nada tienen que ver con la necesaria independencia de la Iglesia y el Estado, ni con la situación actual.
José Montilla, Presidente de la Generalitat, saludando
al Sumo Pontífice
(Fuente: EFE/ABC)

Resumiendo, no me queda más que aceptar que con mis impuestos se paguen parte de los gastos provocados por la visita del Papa a España, del mismo modo que tengo que aceptar los costes asociados a los despliegues de seguridad (y las incomodidades para los ciudadanos) que suponen muchas Cumbres políticas internacionales, o algunos partidos de fútbol de la Liga o de la Champions, o muchas manifestaciones que ocupan nuestras calles (sean a favor o en contra del aborto, pro Sahara Libre, contra Israel, o por cualquier otra causa).

Pero las normas básicas de la educación nos dicen que, cuando nos invitan a cenar en la casa de otros, no es de buen tono soltar que la sopa está fría (aunque los témpanos naveguen por el plato).

¿ Que pasa con España que despertamos esta agresividad en el Papa ? ¿ No será que la Iglesia Católica se resiste a perder una posición de privilegio a la que se habían acomodado ?. Llamadme afrancesado, pero envidio a Francia en la claridad con la que ha sabido lidiar con este tema de la independencia de Iglesia y Estado. El Estado francés se autodefine como laico desde la Ley que lo consagró en 1905. Y, sin embargo, la Iglesia Católica parece encontrarse cómoda con esa posición oficial del Estado francés cuando reconoce, en su propia web, que "La laïcité est un cadre qui permet à tous, croyants ou non-croyants, de vivre ensemble" (el laicismo es un marco que permite a todos, creyentes o no creyentes, vivir juntos). Para mí, una manifestación de buen juicio que me gustaría ver en nuestra Conferencia Episcopal.

La Princesa Letizia, besando la mano del Papa
Benedicto XVI a su llegada a Santiago de Compostela
(Fuente: Cotilleando)

Y, por cierto, me gustaría ver que nuestros representantes institucionales, cuando actúan como tales, manifestaran una actitud neutra (y no devota ni contraria) ante el Papa cuando viene de visita. Que Juan Carlos de Borbón, si se siente creyente católico, le bese la mano al Papa, no merece ni siquiera una opinión. Pero el Rey de España creo que no debería hacerlo. O la devoción de la princesa Letizia que, además de resultarme innecesaria, no me parece creíble.

Mucho tendré que seguir escribiendo sobre este tema, pero eso será en otro artículo.

JMBA

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La Visita del Papa a Santiago y Barcelona

Este próximo fin de semana (el sábado 6 y el domingo 7 de Noviembre), el Papa estará en Santiago de Compostela y luego en Barcelona, donde consagrará el Templo de la Sagrada Familia.
(Fuente: temesdavui)

El Papa de Roma ocupa dos posiciones diferentes: es Jefe de Estado de Ciudad del Vaticano, y es además el Jefe (la máxima autoridad terrenal, vamos) de la Iglesia Católica.

Yo no soy creyente, pero tampoco soy ateo (que es, a fin de cuentas, otra forma de religión). Es por ello que la visita me da relativamente igual. Sin embargo, como todas las visitas papales, ha despertado mucha polémica, a favor y en contra.

Por una parte, los fieles y creyentes católicos sienten una cierta emoción por la visita, o muchos de ellos más bien una emoción cierta. Muchos estarán, si pueden, junto al Papa en los actos públicos que protagonizará tanto en Santiago como en Barcelona.

Siendo Jefe de Estado, es normal que se celebre una entrevista o reunión con el Presidente del Gobierno. Pero, como máxima autoridad de la Iglesia Católica, no es lógico que paguemos el coste de este viaje y de su estancia todos los contribuyentes. La Conferencia Episcopal se ha apresurado a afirmar que la mayoría de gastos correrán a su cargo. Pero la visita bloqueará muchos recursos del Estado (que pagamos entre todos), tales como los servicios de seguridad y los de movilidad, entre otros.
Manifestación contra la visita del Papa en Reino Unido
(Fuente: El Periódico)

España tiene un problema pendiente, que hasta ahora no ha sido resuelto. Siendo un Estado laico, se mantiene una relación extremadamente privilegiada con la Iglesia Católica. Por una parte, en el IRPF se habilitó una casilla por la que cada contribuyente puede escoger si quiere (o no), que un pequeño porcentaje de los impuestos que paga sea transferido a la Iglesia Católica para su sostenimiento. Esta posibilidad no existe para ninguna otra Iglesia. Existe otra casilla equivalente, rotulada como "Para Otros Fines Sociales", que desde hace unos años no es una alternativa, sino que, el que quiera, puede tachar ninguna, una o las dos. El dinero recaudado para este segundo propósito lo acaba destinando el Estado a Organizaciones de tipo ONG, de las que algunas también están bajo la órbita de la Iglesia Católica.
(Fuente: Aventura en la Tierra)

Según datos de la propia Conferencia Episcopal, de la campaña de Renta 2008 (la declaración presentada entre Mayo y Junio de 2009), hubo un total de casi 7,2 millones de declaraciones (equivalente a casi 9 millones de contribuyentes, tomando en cuenta las declaraciones conjuntas) que tacharon la casilla de la Iglesia Católica. Esto supuso un total de 252,7 Millones de Euros, que serían transferidos directamente por el Estado.

Existen otras cantidades que el Estado paga a la Iglesia Católica. Entre otros capítulos destacan las subvenciones para sus colegios concertados.

Para mí, el principio es muy simple. Cualquier club debe financiarse por la aportación de sus socios. Está claro que si presta otros servicios a la sociedad, debe recibir su pago por ellos, a los precios que rijan en el mercado. Por ejemplo, si hablamos de un Club Deportivo privado, que organiza cursos de aerobic para la Tercera Edad, que están subvencionados por el IMSERSO, deberá recibir el pago correspondiente, y estas actividades contribuirán a la financiación del club, potencialmente haciendo menos gravosas las cuotas de sus socios.

Pero aquí se acaba la historia. El resto de financiación es el legado que arrastramos por no haber sabido establecer en la práctica una separación clara y nítida entre la Iglesia (católica) y el Estado. Es cierto (y no siempre positivo) que esta sociedad (y la de algunos países próximos) hemos heredado un legado de raíz judeo-cristiana. Pero ya pagamos un peaje importante por ello. Por ejemplo, por nuestra postura extravagante frente al sexo, o por la incapacidad de muchos de entender que el amor no es un fruto que cuelga de los árboles que solamente hay que coger, sino que es un sentimiento que hay que construir y reconstruir todos los días. Y tras buena parte de los episodios de violencia de género está ese sentimiento de propiedad, que se ha perpetuado por el permanente juicio de inferioridad o incluso de impureza que arrastra la mujer para la Iglesia. 
(Fuente: Periodista Digital)

Con la visita del Papa se han despertado diversos colectivos que están militando activamente en contra. El primer argumento (para mi, el incontestable) es que de ninguna forma deben utilizarse dineros públicos (que son de todos los ciudadanos) para sufragar un viaje pastoral del Papa de Roma. Lógicamente, además, un viaje de este tipo tiene unos requerimientos de seguridad con un coste importante. Y generan molestias en los ciudadanos (calles cortadas al tráfico, problemas de movilidad, etc.) sean católicos o no.

Para mí existen dos Iglesias Católicas diferentes. La primera (con mayúscula) es la institución jerárquica, cuya cúpula es el Papa de Roma, y que está integrada por todos los cardenales, obispos, etc. La segunda (con minúscula) es la que forman fieles católicos (y algunos sacerdotes) que realizan diversas actividades del máximo interés social (léase Caritas, sólo como un ejemplo). La iglesia sí vehicula los principios cristianos y católicos. A fin de cuentas, en el núcleo de la doctrina católica hay algunos principios perfectamente asumibles por la moral natural, como el ama a tu prójimo como a ti mismo.
(Fuente: baraderoteinforma)

Pero la Iglesia es una institución extremadamente jerarquizada, una multinacional con dos mil años de historia a sus espaldas. Extremadamente vigilante con su dogma, muy vengativa y rencorosa con sus disidentes, hipócritamente protectora de sus propias debilidades, instalada en un cierto lujo y boato que resulta obsceno, y cuyo máximo objetivo es perdurar y sobrevivir. Con esta Iglesia yo no puedo comulgar (vaya, me salió pelín beata la frase).

Algunos de los que se oponen a la visita del Papa alegan el caso absolutamente vergonzoso de la cobertura a los numerosos casos de pedofilia destapados en los últimos tiempos. La posición oficial de la Iglesia, que se ha ido destapando, es inadmisible por completo. La Iglesia nunca debe dar cobertura a los delitos cometidos por sus miembros, delitos que son, además, pecados. La Iglesia tiene la potestad del perdón de los pecados, pero los delitos la sociedad exige que se paguen ante la Justicia. Y, según se ha podido comprobar en muchos casos, incluso se ha pagado a las víctimas para que dejaran de incordiar.
(Fuente: Sanlúcar)

La Iglesia sufre con estos hechos la consecuencia de algunos anacronismos, de los que no ha sabido desprenderse a tiempo. Por ejemplo, el celibato eclesiástico o la prohibición de que las mujeres puedan acceder a la pirámide jerárquica (no pueden ser sacerdotisas, y por tanto jamás podrán ser obispas ni cardenalas ni, por supuesto, Papisas), son caldos de cultivo ideales para la proliferación de toda clase de vicios, cuyas víctimas, vaya por Dios, son externas. Con estas premisas, resulta contradictorio, si no directamente aberrante, que la Iglesia pontifique sobre el amor, el sexo, la procreación, la familia. Todas ellas cosas de las que están formalmente alejados por sus propios estatutos.

Además, en su seno o en las proximidades, habitan diversas sectas (alguno igual se molesta por llamarlas así) de objetivos altamente dudosos. Recientemente se destapó el escándalo de los Legionarios de Cristo, y el Opus Dei como prelatura personal está permanentemente bajo sospecha de la sociedad civil.

Y, en los aspectos financieros, de la Iglesia Católica se han destapado asuntos muy turbios en las últimas décadas, como el tema del Banco Ambrosiano, entre otros.

En resumen, a esa Iglesia no admito que vaya a parar un solo céntimo de los impuestos que tengo que pagar.

A Benedicto XVI, además, algunos le achacan un pasado turbio, puede que más que relativamente filonazi. Pero ese tema, por desgracia, no es exclusivo. Sólo con el paso del tiempo, y la desaparición de los que vivieron esos momentos tan duros de nuestro siglo XX, esas heridas podrán cicatrizar.
(Debería decir iglesia, no Iglesia)
(Fuente: Periodistas en Español)

A la otra iglesia, la que desarrolla actividades socialmente encomiables, aquí o en otros países más desfavorecidos, no tengo inconveniente en que se la financie con parte de mis impuestos.

Para el bien de todos (empezando por la propia Iglesia) mi recomendación es que practiquen una transparencia total, tanto en lo que se refiere a las fuentes de financiación como al destino de sus gastos. Luz y taquígrafos. Y los delincuentes que paguen sus faltas ante la Justicia, que debe ser igual para todos.

Resumiendo, y hablando de la próxima visita del Papa a España, aunque no me preocupa demasiado, no soy nada partidario.

JMBA