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jueves, 2 de junio de 2011

La Lista de la Compra. Papel.

Cuando toca una visita al supermercado o al hipermercado, nos espera un período de grandes decisiones.
Así, NUNCA. Antes muertos que sencillos
(Fuente: Lo que España compra)

La primera es si hacemos o no una lista de la compra. Parece recomendable hacerla, para no olvidarse lo fundamental, aun sabiendo que al carro caerán algunas cosas más, con seguridad.

La elaboración de la lista de la compra siempre se ha considerado un arte menor, al que no se le dedica ningún cuidado. Pero ese es un error, que conduce habitualmente a la melancolía, si no a la depresión. En el blog Lo que España compra podéis ver muchas listas de la compra recuperadas, que ilustran muy claramente la zafiedad que impera en esta disciplina.

Pero, ¿en qué papel elaborar la lista?. Dado que la operación que nos espera es más bien servil, yo recomiendo cierta nobleza en esta fase. Desaconsejo las hojas desechadas de la impresora del ordenador (ya impresas por un lado), así como cualquier tipo de hoja recortada (de un A4 sacar dos A5 por pliegue y corte posterior). Desde luego, los Post-it, o las hojas arrancadas de la agenda o del calendario de sobremesa,  o los pedazos irregulares de papel de periódico rasgado del borde deben descartarse por completo, por pura afrenta estética. Mi primera recomendación es tener un bloc A5 (liso, rayado o cuadriculado, según nuestro particular sentido artístico) que prácticamente sólo se utilice para elaborar las listas de la compra. La ventaja principal es que podremos anotar en él, en cualquier momento, lo que sea que nos falte, para tenerlo presente en la siguiente compra.

Hay que erradicar los blocs con espiral. Meterse en el bolsillo, luego, esa hoja brutalmente desgarrada, con esos flequillos de papel que son la demostración viva de una cierta violencia, nos puede agriar la operación. Aparte de que nos dejará restos inapropiados en el bolsillo.

Hay que olvidarse de ahorrar en el bloc para la lista de la compra. Si compramos el bloc de los chinos, a menos de un euro, claro, ni siquiera sabemos cuál es el gramaje del papel. Lo vemos finito, pero recordamos la historia del bachillerato, con la larguísima tradición en la elaboración del papel en la China, y podríamos sucumbir a comprarlo. Grave error. Al escribir la lista de un día, ya hemos hecho copias para las diez visitas siguientes. Si es que ese papel, una vez escrito, lo podemos leer en Braille por el reverso.
Para enfrentarse a esto hace falta un papel verjurado
en el bolsillo con la lista de la compra
(Fuente: abc-economia.com)

Vaya apuro sacarse del bolsillo, en medio de la superficie de compra, un papel con flequillos, arrugado y que se puede leer por el reverso. Eso nos puede hundir en la miseria de nuestras grises vidas.

Hay que conseguir un bloc con papel de buen gramaje (mínimo 100 gr/m2; mejor de 120). Liso, que lo del rayado o cuadriculado es de colegio de párvulos. Y nunca debería ser blanco, sino mucho mejor de color crema, marfil o azul pálido. Cuando nos saquemos del bolsillo una hoja noble, firme y recia, plegadita en cuatro trozos y con un reverso impolutamente fino, nos sentiremos adultos responsables, y abordaremos la dura tarea con optimismo y mucho mejor ánimo.

Claro que un bloc de estas características hay que buscarlo en el comercio de cierto nivel, sección papel de escribir. Eso ya nos da una pista importante. Porque hay papel que no es para escribir. Alguno ya viene impreso (el de periódico, o el de los libros, o el de los calendarios, o el que utiliza la pastelería para envolvernos la compra); otro sólo sirve para embalar; hay papel pintado para las paredes; hay papeles de colores para los regalos de Navidad; hay papel para secarse las manos o la encimera en la cocina; hay también papel, que viene en rollos y al que llaman con ironía higiénico, que sirve para esparcir los restos después de una defecación, por ejemplo; hay incluso papel de aluminio (gran contradicción, por cierto).

Luego existe el papel donde se puede escribir, pero bajo tu entera responsabilidad. Este lo podemos encontrar en todas las formas en la sección de escolar de cualquier papelería (donde lo único que importa - y se cobran - es que la cubierta sea vistosa), o bien en algún lugar - decidido por razones que escapan a nuestra razón - de los angostos y oscuros pasillos de cualquier tienda de los chinos. Aquí sí se presenta en formatos de todas clases (talonario de comandas para el camarero; para participaciones de lotería; para escribir albaranes o facturas; en fichas o etiquetas de todas formas y tamaños, etc. etc.). Y también en forma de blocs simples, de los que conviene huir como de la peste, sí lo que estamos buscando es un bloc de papel para escribir. Aunque cada pieza, por lo regular, cuesta cero coma Euros.
Muy recomendable la línea Vergé de France (100 gr/m2)
(Fuente: G. Lalo)

Cuando toque comprar un bloc nuevo, deberemos escoger un comercio distinguido. Como pista, también deberíamos poder ver expositores con bolígrafos y plumas de más de 300 euros. En la zona de papel para escribir ya podemos empezar a escudriñar. Tendremos que esquivar los sobres de todas las formas y tamaños, con más colores de los que tiene el arco iris. Y las tarjetas preparadas para informar de un nacimiento o de una boda. Y de las etiquetas para rotular una mesa con el nombre de los comensales; o de las que se emplean para identificar las botellas de vino. Y cosas así.

Junto a toda esa maraña, seguro que hay una zona pequeña de blocs de papel para escribir (que es lo que queremos hacer, carajo). Posiblemente esté próxima a la zona dedicada a los artistas (lienzos para acuarelas, cartulinas para el diseño a carboncillo o a lápiz,...).
Bloc Original Crown Mill Finest Quality de Laid Paper
(Fuente: cityorganiser)

Busquemos un bloc de las características indicadas (formato A5 o cuartilla; gramaje del entorno de los 100 ó 120 gr/m2; liso; color pastel clarito; que las hojas se separen del bloc sin violencia, suavito, sin dejar restos). Hay muchas denominaciones para este tipo de papel. En España se habla a veces de papel verjurado. En Francia hablan de papier vergé. Los ingleses (a mucha distancia, los que han hecho del negocio llamado de stationery un auténtico imperio) hablan de laid paper. En resumen, un papel recio, con cierta textura, sobre el que se puede escribir sin ningún temor de marcar la hoja siguiente. Un papel noble para acompañar una tarea servil.
Papier paille (120 gr/m2)
(Fuente: G. Lalo)

Eso sí, en un bloc así (de 50 hojas) desembolsaremos fácilmente 5 o 6 Euros. Pero es un gasto que compensa con creces. Pensemos que en la compra nos dejaremos fácilmente un centenar de Euros, si no más. Que llevar la lista de la compra pulcramente escrita en un papel noble nos cueste 10 céntimos parece un dispendio razonable.

En España, Galgo o Guarro son dos fabricantes de papel de calidad. Pero el papel verjurado (de hasta 250 gr/m2) solamente lo suministran en paquetes de hojas de formato A4, inadecuadas a nuestro propósito.

Pero, si vais de viaje, ya tenéis un nuevo souvenir práctico que comprar. Y le llamo práctico porque se consume y desaparece con el tiempo (como los mecheros para los fumadores, por ejemplo); y no como esa cabinita de teléfono roja que nos gustó una vez en Harrods, y el alma no nos da para tirarla ya, que es lo que tocaría. Si vais a París, no dejéis de visitar el sótano de la papeterie en Gibert Jeune (boulevard Saint Michel) donde hay de todo y también blocs de papier vergé o papier paille de G. Lalo (un decir). Y si vais a Londres, no paséis por alto las secciones de stationery de los grandes almacenes (Harrods, Selfridges,...). Aunque si queréis nobleza de verdad, entonces vuestro lugar es Fortnum & Mason, en Piccadilly. Sólo que allí pagaréis (con gusto, que el entorno impone) hasta 7 libras por el bloc de los c...... Eso sí, un Original Crown Mill Finest Quality.

Si me hacéis caso, en vuestra próxima visita al hipermercado os acordaréis de mí. Para bien, quiero decir. Que 10 o 15 céntimos por alejar la depresión es más barato que cualquier medicamento.

JMBA

sábado, 30 de octubre de 2010

Lo que solemos llevarnos de los Hoteles

En todo viaje, completar la primera etapa es un evento muy especial. Si hay muchas etapas, el furor que describo a continuación se va mitigando.
Amenities en el cuarto de baño
Gran Hotel Excelsior, Malta
(Fuente: Excelsior)

Cuando llegamos a la habitación del hotel, muy frecuentemente estamos reventados por un largo viaje, tenemos jetlag del avión, es muy tarde por la noche, o muy pronto por la mañana. A menudo hemos tenido retrasos, muchas veces sólo tenemos tiempo para dejar el equipaje, porque tenemos que salir corriendo a una reunión o a lo que sea. Nos quitamos los zapatos para refrescar los pies, y los más ordenados abren el equipaje y disponen las camisas, los pantalones y demás en el armario (si lo hay) o donde buenamente se pueda. Utilizamos el baño (uf, ya casi no podía aguantar). Si hay mucha suerte, cogemos una cervecita del minibar y encendemos un cigarrito. La suerte, claro, es que haya minibar y que se pueda fumar.
Bloc para Notas
(Autor: Mark A. Hicks, Illustrator)
(Fuente: school.discovery)

A menudo estudiamos el mapa de la ciudad que nos han dado en recepción, para identificar la zona comercial, los restaurantes y así. Para confirmar que, finalmente, el hotel no está tan céntrico como publicitaban. Miramos por la ventana para identificar las vistas, si las hay. Igual hasta hacemos un par de fotos, porque hemos tenido suerte, y la habitación está en un piso alto y no da al patio interior y lúgubre.

Pero, pase lo que pase, la primera actividad que llevamos a cabo es siempre la investigación de "qué hay aquí de interesante para llevarse". En una habitación normal de hotel, hay seis lugares donde localizar gadgets que echarse al equipaje:
Bolígrafo promocional
(Fuente: grupoadm)

1) Las mesillas junto a la cama. Muy mal tiene que ir para que no haya un bloc de notas y un lápiz o bolígrafo. El  Bingo suena si tienen el logo del hotel. Quizá lo necesitemos durante la estancia, antes de irnos tenemos que pensar en echarlos a la maleta. Claro que, últimamente, lo más habitual es encontrar un bloc común sin identificar, y un bolígrafo de lo más barato que ofrezca el mercado, y sin logo, por favor. Bueno, tienen derecho a defenderse. Al llegar a casa, irán a parar a ese cajón o a esa caja de zapatos que utilizamos para guardar los souvenirs de los viajes. Con el tiempo, al bolígrafo se le soltará la tinta, y montará un pollo.
Cenicero desmoralizante
(Fuente: compradiccion)

2) La mesilla junto al sillón (para esto, la habitación debe tener ya cierto pisto). Si la habitación es para fumadores, fácilmente habrá ahí un cenicero y una caja de cerillas. Si tienen logo, suena de nuevo el Bingo. Claro que los hoteles han aprendido la lección, y los ceniceros que podemos encontrar son lo menos práctico que un diseñador loco haya podido imaginar. A ser posible, sólo sirve para una colilla, porque la segunda desborda. Aunque tenga el logo del hotel (o de la cadena; esto da menos puntos) tanto inconveniente a menudo nos desmoraliza. Las cerillas sí se van para el saco. Pero el fumador utiliza habitualmente mechero, por lo que acabarán donde el bloc y el bolígrafo. Con el tiempo, ni prenderán.
Revista Canal TV (Argentina)
(Fuente: mercadolibre)

En la mesilla podemos encontrar otra joya, en forma de alguna revista (turística del lugar, la de la televisión de pago, o, con suerte, alguna revista comercial, habitualmente de moda). Si alguna de ellas está a la venta en los kioskos, es fácil que acabe en la maleta, para leerla nunca.

Rara Avis, Calzador
(Fuente: viajespolares)
3) La mesa de la TV. Junto al televisor es muy habitual que haya un escritorio, donde yacen algunas maravillas. Puede haber folletos turísticos de los atractivos del lugar donde estamos (el Zoológico, un Teleférico, un Museo, un paseo en carromato tirado por caballos, una barbacoa de canguro, la salida de los pingüines -como los pingüinos, pero enanos- del mar, una granja de cocodrilos donde comprar bolsos, zapatos y cinturones, un restaurante recomendado,...). Pero habitualmente también hay algunos sobres y papel de carta, con el logo del hotel. Desde lo del correo electrónico, nunca escribimos cartas. Pero sobre y papel siempre pueden ser útiles, y lo echamos al morral.
Papel de carta del Plaza Hotel (1940-50)
Zulueta y Neptuno, La Habana, Cuba
(Fuente: madios)

4) El armario. Aquí lo que podamos encontrar varía mucho según la tipología del hotel. En muchos hoteles económicos no hay ni caso. Porque no hay armario, sino solamente dos estantes y un par de colgadores. Pero si hay armario, dentro podemos encontrar alguna joyita. Desde la bolsa para la ropa sucia (que cogeremos sin dudar, porque seguro que nos habremos olvidado de echar en la maleta, antes de salir de casa, alguna bolsa de basura para ese uso), hasta un set de costura (una aguja, dos tipos de hilo, y un par de botones) que probablemente dejaremos, pensando que nunca lo vamos a utilizar. El Bingo suena si hay un calzador. Por alguna extraña razón (desconocida para mí) es prácticamente imposible comprar un calzador en el comercio. Debe de ser un producto discontinuado. A veces en el armario hay incluso una tabla de planchar, que nos limitamos a mirar con aprensión. Algunas veces hay también ahí un secador de cabello. En ese caso nos limitamos a pensar, "vaya sitio de tener el secador".
Albornoz de nido de abeja piqué
(Fuente: solostocks)

5) El Cuarto de Baño. Habría que llamarle "depósito de tesoros" para hurtadores aficionados. Empecemos por lo que habitualmente se llaman las amenities. ¿lo cuálo?. Bueno, esas pastillitas de jabón, el tubito con gel, y el gemelo con champú; la gorra para la ducha, la lima para las uñas, el peine (Bingo); una esponjita para limpiar los zapatos, los Kleenex ("voy a coger unos cuantos, que nunca se sabe"). Claro que en ciertos hoteles económicos, lo único que vamos a ver es un bote invertido (firmemente anclado a la pared) con jabón líquido. Pero en todos hay papel higiénico. Si creemos que andamos un poquito sueltos, cogeremos un puñado y lo echaremos a la bolsa de mano por si acaso.

De hecho, la variedad y lujo de las amenities es utilizado por los hoteles en su publicidad, como un elemento distintivo. Y en los hoteles de gama más alta, podemos encontrar auténticas joyitas de marcas conocidas junto al lavabo.

Y luego, colgados de su perchero, para despertar la codicia, los albornoces para después de la ducha. Habitualmente rotulados con el logo del hotel (si alguien se lo lleva, por lo menos hará publicidad del hotel; bueno, mejor hará publicidad de que se ha alojado en ese hotel) y casi siempre con una indicación de que es "para su uso por el huésped. Si le gusta, puede comprarlo en la boutique junto a Recepción por XXX Euros".
Surtido de toallas para hotel
(Fuente: tejidoslaiguana)

Y las toallas, algunas flojitas, pero otras grandes y mullidas, de rizo americano. Pero nunca nos las llevamos, porque "están mojadas" cuando preparamos el equipaje.

6) El Minibar. Si lo hay, claro. Pero si el hotel es de cultura anglosajona, además podemos encontrar un calentador para hacernos café o té, gratuitamente (al menos un par de bolsitas de azúcar se van a la mochila fijo). En el Minibar habrá alguna botellita de licor, una o dos medianas de vino o champán, alguna cerveza, agua y refrescos. Y fuera del frío, unos cacahuetes, patatas fritas, Toblerone o aperitivos diversos. Aunque a veces los cacahuetes están casi helados. Ante todo, hay que mirar la caducidad, que eso tiene menos rotación que los botones de seis agujeros. Al lado estará, seguro, la lista de precios, habitualmente tan inflada que seguro que pensaremos "si es que se merecen que me lo lleve por la patilla".

En la mayoría de hoteles que tienen neverita en las habitaciones, sólo se tiene acceso a ella si se ha pasado una tarjeta de crédito por la bacaladera (o su evolución tecnológica). En algunos casos incluso hay una llave que no nos dan salvo que nos retratemos. Ante nuestra extrañeza, nos contaba hace años el Director del Hotel Botánico de Puerto de la Cruz, en Tenerife (un cinco estrellas Gran Lujo), "que habían tenido que retirar los Minibares de las habitaciones debido a los abusos". Especialmente porque los turistas playeros guardaban en la neverita sus propias provisiones, y no había ningún ingreso para el hotel.
Minibar de habitación de hotel
(Fuente: johnnyjet)

Algunos minibares son tan sofisticados que sólo por coger la lata de cerveza para ver la marca ya nos la cargan, porque disponen de sensores inteligentes. Las manitas quietas hasta que tengáis claro de qué va el tema.

Y si decidís llevaros ese par de monodosis de whisky, "que siempre te pueden sacar de un apuro", y os olvidáis de declararlo en el momento del check-out, que sepáis que recibiréis un cargo adicional a vuestra tarjeta de crédito. Que podréis discutir, pero, en fin...

Luego siempre nos quejamos de que "las maletas las carga el diablo". Afortunadamente, las compañias aéreas de low cost se han aliado con los hoteles con sus limitaciones en el equipaje. Antes de meter un solo lápiz en la maleta, debemos pensar si igual eso nos va a complicar la vuelta.
"Cuidado con los Carteristas y las Mujeres Sueltas"
(Fuente: mastgeneralstore)

Utilizad, pues, lo que el hotel pone a vuestra disposición. Pero no lo hurtéis, que el siguiente huésped también tiene derecho a que se le despierte la codicia. Antes de coger nada, pensad en esa caja de zapatos donde guardáis como souvenir la entrada de la Maestranza en la Feria del 95. O ese jaboncito untuoso que dice "Hotel Pitiflú. Quimbambas". Esa caja que suelta moho sólo por tocarla. Para qué os vais a llevar nada es la pregunta correcta. Si incluso estaríais dispuestos a pagarlo, entonces es que se os ha despertado la codicia buena.

Sed buenos, y dormiréis más tranquilos.

JMBA