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miércoles, 27 de febrero de 2013

Viaje a la Galicia Interior (y 5): La Mariña Lucense

El domingo 19 de Agosto llegué por la tarde a Viveiro, en la costa cantábrica de la provincia de Lugo. Había salido por la mañana de Orense y, tras una parada para navegar por el Cañón del Sil desde el embarcadero de Santo Estevo, hice una visita al centro histórico de la ciudad de Lugo, y luego seguí camino hacia la costa, visitando el Faro de Estaca de Bares, antes de llegar finalmente a Viveiro.
Atardecer en la ría de Viveiro, desde el balconcito de la
habitación del Hotel Orfeo.
(JMBigas, Agosto 2012)

Como este capítulo está dedicado a la costa cantábrica de la provincia de Lugo (la que se conoce como Mariña Lucense), convendrá que dé alguna explicación adicional por mi empeño en hablar de la Galicia Interior. Galicia es una tierra celta y, como tal, llena de misterios. Hay zonas de Galicia que son bien conocidas por los visitantes tanto nacionales como extranjeros. Por supuesto, Santiago de Compostela está a la cabeza (en la vertiente atlántica, pero no al lado del mar). Santiago es el destino y punto final de los muchos Caminos de Santiago por el que los peregrinos pueden cruzar media Europa hasta llegar a este lugar sagrado.

La Costa Atlántica en general, desde La Coruña y Ferrol al norte hasta Vigo y la frontera portuguesa al sur, es zona frecuentada por los visitantes. Las llamadas Rías Bajas, al sur de la costa, tienen lugares de playa muy turísticos, como Sanxenxo y sus alrededores. Allí tanto los propios gallegos como muchos visitantes de otras partes de España o del extranjero, acuden, especialmente en verano, buscando el mar, la playa y unas temperaturas que suelen ser más benignas que en la costa mediterránea en general.

Pero fuera de esa franja costera atlántica, Galicia es (casi) solamente una tierra de paso, con una densidad mucho más baja de visitantes y, por lo tanto, de infraestructuras turísticas masivas. La Carretera Nacional Madrid-La Coruña pasa por Lugo (pero lo deja atrás), mientras que la Madrid-Vigo pasa por Ourense, pero también de largo. Las provincias de Orense (puramente de interior) y Lugo (con su costa cantábrica) son tierras mucho más desconocidas, incluso por los propios españoles. Es por ello que utilizo genéricamente la acepción de Galicia Interior para referirme a ellas.
Playa de Esteiro, concello de Xove.
(JMBigas, Agosto 2012)

En Viveiro había reservado una habitación en el Hotel Orfeo. Se trata de un hotelito de tres estrellas algo vetusto y ciertamente obsoleto en algunas cosas, pero que está fantásticamente situado, frente a la ría de Viveiro, y a poco más de cien metros de distancia del casco viejo del pueblo, donde abundan comercios, bares y excelentes restaurantes. La mayoría de sus habitaciones (como la que me dieron, por ejemplo) tienen balconcitos desde los que se domina la ría, con sus conocidos efectos de mareas altas y baja, que para alguien mediterráneo como yo, siempre tienen un atractivo especial. Mi habitación era enorme, y tenía un balcón estrecho con vistas maravillosas. El baño resultó bastante añejo, pero cumplió suficientemente con su objetivo. Para los que viajan en coche, el hotel dispone de unas cuantas plazas frente al mismo, digamos que marcadas sobre la propia acera, que resultan bastante convenientes. Claro que, a ciertas horas, cualquiera puede aparcar ahí, y es frecuente que resulte imposible sacar el coche, por atasco monumental de otros vehículos aparcados o simplemente parados ahí. La gran ventaja es que a cincuenta metros hay un aparcamiento público subterráneo, que puede actuar de recurso si las plazas de la acera están complicadas.

Pregunté al chico de la recepción del hotel, que resultó ser vecino de Foz, de la que luego hablaré, por un restaurante recomendable para cenar buenos pescados de la zona. Sin dudarlo, su opción fue O'Asador, en una de las calles del próximo casco viejo.

Tras dar un paseo por las (animadísimas) cuatro calles que constituyen el centro neurálgico de Viveiro, me dirigí al restaurante. Hay que subir a un primer piso, pero el restaurante está decorado de forma muy agradable, y es frecuente que te reciba el propio dueño. Lo cierto es que ese domingo por la noche no había mucha parroquia, y me dieron inmediatamente una mesa excelente. El restaurante no es barato, pero su relación entre lo que te dan y lo que te cuesta es muy buena. Si uno puede permitirse una buena cena, sentado en un comedor agradable, sin duda O'Asador es una elección acertada. Tomé algunas de sus especialidades en pescado (incluso alguna cosa de cocina creativa) y, junto a algunos aperitivos servidos de oficio y un correcto vino blanco gallego, conformaron una cena de lo más agradable. Dicho sea de paso, en la calle lloviznaba un poco, por lo que el comedor en el primer piso resultó un refugio muy confortable.
Faro de Punta Atalaia (San Cibrao).
(JMBigas, Agosto 2012)

La carta de vinos me reservaba una sorpresa (que ya he comentado), pues el excelente tinto Cepas Viejas (uva Mencía) de la bodega Dominio de Tares del Bierzo (técnicamente provincia de León, comunidad autónoma de Castilla y León; por lo tanto, procedente de fuera de Galicia) estaba incluido, con algunos otros, en la categoría de vinos tintos gallegos. Una pareja sentada en la mesa al lado de la mía se interesó por ese vino (excelente se mire como se mire) y eso dio ocasión al dueño para comentar que para él, que no es especialmente nacionalista, según expresó, el Bierzo es casi como una quinta provincia gallega.

Después de haber pasado un calor abrasador en Lugo al mediodía, la noche en Viveiro estaba fresquita (algo por debajo de los veinte grados, con un leve orvallo - esa lluvia ligera que casi parece una niebla meona -).

A la mañana siguiente desayuné en la cafetería del hotel. Quería dedicar el día (antes de volver hacia la meseta y, finalmente, a Madrid) a recorrer la zona de la llamada Mariña Lucense, la franja costera cantábrica de la provincia de Lugo, que se extiende desde un poquito más al oeste de Viveiro, donde empieza la provincia de La Coruña (la Estaca de Bares, muy próxima a Viveiro, ya pertenece administrativamente a La Coruña) hasta Ribadeo al este, en el límite con el Principado de Asturias.

Le pregunté de nuevo al chico de la recepción por una recomendación para comer al mediodía en algún lugar aconsejable para los pescados frescos del Cantábrico. Tras alguna duda me indicó como mejor opción Foz, una población hacia el este de la franja, relativamente próxima ya a Ribadeo. A mitad de camino está Burela, una población más grande, que es realmente el gran puerto pesquero de la zona. Tuve ocasión de ver durante el día las importantes instalaciones de que dispone la industria pesquera en el puerto de Burela. Pero Burela está relativamente poco desarrollada para el turismo, y la recomendación que recibí (que resultó acertada) fue escoger alguno de la media docena de restaurantes en la zona del paseo marítimo de Foz (que, técnicamente, se llama Paseo Colón).
Fábrica de cerámica Sargadelos.
(JMBigas, Agosto 2012)

La mañana amaneció fresquita y, a primera hora, con niebla pegada a la ría y a las colinas que la rodean. Me recordó a Castroforte del Baralla, un pueblo inventado por el gran escritor gallego Gonzalo Torrente Ballester, al que cubría la niebla todas las noches, y todos creían que el pueblo entero levitaba del paisaje circundante.

Yo estaba encantado con la temperatura (por debajo de los veinte grados, muy adecuada para el plan que tenía para ese día). Sin embargo, me llevé la sorpresa de escuchar a una de las chicas de la gasolinera donde paré a repostar, a las afueras de Viveiro, que comentaba con alguien que había oído que se levantaría el Sol y que acabaría haciendo un calor de esos que ella odiaba. Afortunadamente se equivocó, y todo el día se mantuvo agradable, con algún ratito de orvallo, pero también con momentos soleados, que nunca llevaron la temperatura mucho más arriba de los veinte grados.

Ya en el coche, fui siguiendo más o menos la costa hacia el este. Paré un momento en la (desierta) Playa de Esteiro (en el concello de Xove), a donde llegó un colegio de niños de 4-5 años, con la idea de dedicar el día allí a actividades playeras diversas, bajo el estricto control de sus profesoras.

En San Cibrao (San Ciprián), concello de Cervo, paré en el Faro de Punta Atalaia, uno de los nueve faros significativos de la costa cantábrica de Galicia (provincias de La Coruña y Lugo), que dependen administrativamente del Puerto de Ferrol.
Los dos pequeños objetos que compré en Sargadelos.
(JMBigas, Febrero 2013)

En el mismo concello de Cervo, hacia el interior, está la pequeña parroquia de Sargadelos, cuyo principal atractivo es la fábrica de cerámica del mismo nombre. Tras algunas fusiones y absorciones en las últimas décadas, desarrollan varios estilos decorativos, siendo el más conocido (y reconocido)  el que juega con los blancos y azules como colores base. La fábrica está muy preparada para las visitas, pues dispone de un amplio aparcamiento para los coches, y una extensa sala de exposición y venta. Allí es posible comprar vajillas completas, utensilios para la cocina y el hogar y también objetos de decoración en cerámica. No pude resistir la tentación y compré un par de objetos característicos: una pequeña Torre de Hércules (monumento muy conocido de la ciudad de La Coruña) pero desestructurada, y un cenicero redondo, ambos en los característicos tonos blanco y azul.

Desde allí seguí camino hacia el concello de Burela. Hice una breve parada en la Playa de Ril (también desierta) y recorrí, casi sin bajar del coche, la población y el puerto de Burela, donde confirmé el comentario del chico de la recepción del hotel de Viveiro. El puerto pesquero está muy preparado para barcos grandes, con instalaciones frigoríficas y toda clase de servicios para ese sector.

Ya pasado el mediodía, llegué a Foz, donde tenía previsto dedicar un tiempo a comer alguno de los buenos productos del mar. La ría de Foz, considerada como la más pequeña de las 17 rías gallegas, es la segunda más oriental. Unos kilómetros al este está la ría de Ribadeo, que marca ya el límite con Asturias. La desembocadura de la ría de Foz forma un importante estuario, que genera algunas interesantes playas urbanas, como la de A Rapadoira. Al oeste de la ría está la población de Foz, mientras que al este está la de Barreiros. La zona, por su especial configuración y amplios arenales en marea baja, es una zona de especial protección para las aves acuáticas. Hace algunos siglos, Foz fue un importante puerto ballenero.
Instalaciones del puerto pesquero de Burela.
(JMBigas, Agosto 2012)

Sobre el paseo marítimo de Foz hay bastantes edificaciones de pisos y apartamentos, algunas de ellas muy recientes, que constituyen una infraestructura turística de cierto calado. Una plaza frente al mar (formada por el Paseo Colón, la calle Rego de Foz y alguna otra) es el centro de ocio y restauración de la población, tal y como me habían indicado por la mañana en Viveiro. Alrededor de la plaza hay cuatro o cinco restaurantes que, según parece, son todos bastante recomendables. Yo acabé escogiendo el San Martiño, en una de las esquinas interiores, y resultó una elección acertada. Tanto para un almuerzo sentado en mesa, como hice yo, como para una comida más informal a base de raciones o tapas y copitas de vino blanco.

Tomé alguna de sus especialidades de pescado y marisco (gambas a la plancha, rape,...), regadas con un vino blanco de Ribeiro. La anécdota con el vino fue que se me ocurrió pedir un vino blanco elaborado con uva Treixadura, una de las más propias de Galicia, junto con la Albariño. Vi moverse varios camareros, incluso hacia los otros restaurantes, alguno con botellas de vino en la mano, escrutando las etiquetas, hasta que finalmente me trajeron una a la mesa, forzándome a leer en la etiqueta que el vino, efectivamente, estaba elaborado a partir de ese tipo de uva.
Paseo Marítimo de Foz (Lugo)
(JMBigas, Agosto 2012)

La comida resultó muy agradable. De nuevo nada barata (unos 50€, pero incluyó una cervecita de aperitivo, postre, café y un chupito de aguardiente de hierbas)  pero con una muy correcta relación calidad-precio.

Tras un paseo por la playa de Foz, para disipar los vapores de la Treixadura, me dirigí a la que estimaba sería mi última etapa del día, antes de volver a Viveiro: la Playa de las Catedrales en el concello de Ribadeo. En esa zona de costa escarpada y rocosa, la erosión de muchos siglos ha dado origen a las llamadas Catedrales (Catredais en gallego), que son peñascos aislados, separados de tierra firme por pequeños estrechos de unos pocos metros de anchura, donde ruge el agua y salta la espuma. Esta Playa fue declarada Monumento Natural en 2005, y tiene bastantes instalaciones para acoger a numerosos visitantes (un amplio aparcamiento, bar y restaurante, servicios públicos, etc. etc.). Durante mi visita, lo cierto es que había bastante gente paseando por el camino alto que va bordeando la línea de la costa. Una visita imprescindible en esa zona de la costa.
Playa de las Catedrales (Ribadeo, Lugo).
(JMBigas, Agosto 2012)

Desde allí tomé ya la carretera Nacional, más rápida que las rutitas costeras que había utilizado ese día hasta entonces y volví hacia Viveiro, a unos 60 kilómetros de distancia.

Tras la comida pantagruélica en Foz, no tenía hambre para cenar, con lo que me acosté prontito y el martes, de buena mañana, desayuné más fuerte en la cafetería del hotel y emprendí el camino de vuelta hacia Madrid. Recorrí la cornisa cantábrica hasta Oviedo (donde hice una breve parada para comer al mediodía), y luego bajé hacia la meseta, cruzando el Puerto de Pajares que, en verano, es una experiencia estimulante, aparte de evitarse la autopista de peaje. Hice noche en León, donde compartí una sesión de raciones y tapas por el Barrio Húmedo con un buen amigo de allí, y el miércoles, tras comer en el pueblo de su mujer, cerquita de Boñar, emprendí el camino de regreso hacia Madrid.

Fin del viaje.

Aparte de las fotografías que he escogido para ilustrar este capítulo, podéis acceder a una colección más completa de hasta 46 tomas de toda la ruta, pinchando en la imagen de la ría de Viveiro.


JMBA

jueves, 17 de enero de 2013

Viaje a la Galicia Interior 4 - Lugo y Estaca de Bares

Ya os he contado, en capítulos anteriores, mi paso por Ponferrada y el Bierzo, mi ruta por Valdeorras, la Ribeira Sacra, Monterrei y Orense, y la navegación por el Cañón del Río Sil.
Catedral de Santa María de Lugo
(JMBigas, Agosto 2012)

Ese domingo (19 de Agosto), me desperté prontito en el hotel de Orense. El plan para el día era tomar dirección norte, con destino final en el pueblo de Viveiro, en la llamada Mariña Lucense. Por el camino, hice un alto en el Embarcadero Santo Estevo, que ya os he contado en un capítulo anterior.

Desde Santo Estevo, seguí camino hacia la ciudad de Lugo, la capital de la provincia. Lugo es una ciudad de cerca de 100.000 habitantes y, posiblemente, es una de las capitales de provincia menos conocida por los propios españoles. Lugo fue fundada por los romanos en el año 25 a.C. (Paulo Fabio Máximo), posiblemente sobre algún castro anterior, y se le dio el nombre de Lucus Augusti. El legado romano más monumental que podemos ver hoy es la muralla romana, que rodea por completo el casco antiguo, y que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2.000. La ciudad está ubicada sobre una colina, rodeada por el río Miño.
Muralla Romana de Lugo
(JMBigas, Agosto 2012)

Quería realizar una breve visita al centro de la ciudad. Como todas las ciudades amuralladas, Lugo dispone de un camino que las bordea por su parte exterior (Ronda da Muralla), que actúa de bulevar periférico del centro histórico para los vehículos, que tienen muy restringido el acceso intra-muros.

Aunque el casco antiguo no es muy grande (en forma aproximada de rectángulo, de unos 700x500 metros de extensión), la zona más monumental se encuentra hacia su sector sur-sudeste. Por ello escogí aparcar el vehículo en el Parking Público de la Plaza de la Constitución, junto a la Estación de Autobuses y en la parte exterior de la muralla en su sector sudeste.

Terminada la navegación por el Sil desde el embarcadero de Santo Estevo (que ya sería pasada la una de la tarde), tomé un sandwich y un refresco en el merendero que hay junto al río, en el propio embarcadero. Llegaba a Lugo alrededor de las tres de la tarde, la hora de la siesta de un domingo canicular de Agosto. La cafetería de la propia Estación de Autobuses me dio un momentáneo respiro (café y visita al servicio).
Ayuntamiento de Lugo
(JMBigas, Agosto 2012)

Desde la Plaza de la Constitución crucé una de las puertas de la muralla, para visitar el casco histórico. Toda esa zona intramuros es puramente peatonal y muy cuidada. La hora y el calor extremo de ese día, con un Sol justiciero que fundía las piedras, provocaba que no se viera a casi nadie por las calles.

En la Plaza de Campo Castelo (abrazada por la Rúa Calvo Sotelo), hay algunos cafés con terrazas dispuestas bajo los árboles, para mitigar el fuerte calor. Todos los edificios se ven extremadamente cuidados y muy limpios, de modo que el paseo da gusto (a ser posible, claro, evitando esas horas de calor inhumano).

A muy poca distancia está la inmensa Plaza Mayor, donde se encuentra, entre otros edificios monumentales, el Ayuntamiento de Lugo. La Plaza está muy arreglada, con diversas esculturas en homenaje tanto a los fundadores (romanos) de la ciudad, como a diversos prohombres (¿se dirá también promujeres?) galleg@s. Aunque, eso sí, las zonas de sombra son más bien escasas.

Desde la zona oeste de la Plaza Mayor se divisa ya la parte trasera de la Catedral de Santa María de Lugo, que se puede bordear por cualquiera de sus dos costados, hasta alcanzar la fachada principal. Aunque se sabe que hubo otros templos anteriores en esa ubicación, la Catedral que hoy podemos ver es de estilo predominantemente románico, construida en el siglo XIII.
O Vicedo (Lugo), desde la colina.
(JMBigas, Agosto 2012)

Desde la parte frontal de la Catedral se está a un paso de otra de las puertas de la muralla. Bordeé la Catedral por la derecha a la ida, y luego regresé hacia la Plaza Mayor por su parte izquierda. Allí tuve ocasión de ver una curiosa fachada, ilustrada con motivos alusivos a las brujas y meigas, tan tradicionales en el folklore gallego. Incluyendo, por supuesto, una tienda de artesanía alusiva en su planta baja.

Dediqué poco más de una hora a este breve recorrido, y ya recuperé el camino de vuelta hacia el aparcamiento donde había estacionado el coche. Con el calor y el tentempié que ya había tomado en el embarcadero, no tenía hambre para sentarme a comer, por lo que ordené, en uno de los cafés que estaba abierto a esa hora en la Plaza Campo Castelo, un sandwich caliente, que me tomé en una de las mesas de la terraza bajo los árboles, todo un lujo para mitigar los rigores del Sol.
Faro de la Punta Estaca de Bares (A Coruña).
(JMBigas, Agosto 2012)

Desde la ciudad de Lugo, por la tarde seguí cruzando la provincia hacia el Norte, en dirección al Mar Cantábrico. Antes de recalar en Viveiro (donde había reservado habitación en un hotelito), quería visitar la muy cercana Punta Estaca de Bares (que ya pertenece administrativamente a la provincia de A Coruña). Para mí, Estaca de Bares forma parte de un cierto imaginario infantil, ya que siempre aparecía en todos los noticieros como escenario de las peores inclemencias meteorológicas de la costa cantábrica gallega.

Gracias a disponer de un GPS en el coche, en lugar de enlazar hacia la Punta por las carreteras principales, me llevó por un atajo que seguía lo alto de las colinas, y tuve ocasión de ver escenarios de preciosos prados verdes, instalaciones para la generación de energía eólica y explotaciones madereras. En esa carreterita casi de montaña, la idea del mar resulta remota. Sin embargo, tras un recodo, la sorpresa es que uno aparece sobre el pueblecito de O Vicedo (provincia de Lugo), a las orillas del Mar Cantábrico.
Caída de la tarde y cielo amenazador, desde la Punta
Estaca de Bares.
(JMBigas, Agosto 2012)

La zona de la Punta Estaca de Bares está bastante bien preparada para la visita turística, pues dispone de un área para el aparcamiento de los vehículos, aunque el faro está operativo y no es visitable. El conjunto del faro presenta una arquitectura muy coqueta y singular, ya que su elevación sobre el terreno circundante es de solamente unos diez metros. Esto se debe a que la escarpada costa en la zona aporta un desnivel adicional hasta el mar de unos 80 metros, lo que hace que el faro sea perfectamente visible y cumpla con su misión principal.

El Faro de Punta Estaca de Bares forma parte de un conjunto señalizador de hasta nueve instalaciones similares en toda la coste norte de Galicia, desde Ribadeo, en el límite con Asturias, al Este, hasta la zona de Ferrol, en el Oeste.

Desde el faro, hay un camino que permite acercarse hacia el borde de los acantilados, aunque en la zona la frontera tierra-mar es bastante difusa, por la multitud de rocas que jalonan la zona marítima próxima a tierra.
Gráfico con los nueve faros de la costa norte gallega.
(JMBigas, Agosto 2012)

Si se consigue realizar la visita en unas condiciones ambientales estables (sin lluvia ni mucho viento), se tiene la extraña conciencia de estar viviendo un  raro privilegio. En solamente unos minutos, pude asistir a una auténtica mutación ambiental, ya que el cielo prácticamente azul se tiñó de repente de negro, preparando alguna potente actividad tormentosa, muy habitual en toda la costa norte de Galicia. De hecho, hacia el Oeste, ya cerca de Finisterre, hay una zona de la costa conocida como Costa da Morte (Costa de la Muerte), por los muchos naufragios que se han producido allí en la historia conocida.

Desde Estaca de Bares, ya fue un paseo llegar hasta el precioso pueblo de Viveiro, en la zona conocida como Mariña Lucense. Allí había reservado habitación en un hotelito frente a la ría. Pero eso ya os lo contaré en el siguiente (y último) capítulo de este maravilloso viaje.

Aparte de las fotografías que he elegido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa de hasta 36 fotografías del centro de la ciudad de Lugo y de las inmediaciones de Punta Estaca de Bares.

JMBA

martes, 20 de noviembre de 2012

Viaje a la Galicia Interior 3 - Cañón del Sil, Ribeira Sacra, Monforte de Lemos

Era sábado, 18 de Agosto, y ese día residía en Orense capital, y tenía previsto realizar una excursión por la Ribeira Sacra, visitando alguna bodega y navegando por el Cañón del Sil.
Uno de los catamaranes de la Diputación de Lugo,
en el embarcadero de Doade.
(JMBigas, Agosto 2012) 

Había consultado exhaustivamente por Internet los servicios de navegación, pero debo decir que las informaciones eran a menudo confusas: de algunos horarios no quedaba claro si eran sólo de temporada, o sólo de fin de semana, y la situación de los embarcaderos (ver mi nota sobre el uso del GPS por Galicia) no quedaba bien definida sin posible error.

Quería visitar una bodega señera de la Denominación de Origen Ribeira Sacra, en las riberas del Sil,la Ponte da Boga, en Castro Caldelas (Ourense), pero no disponía de las coordenadas concretas y era consciente de que la información que le había introducido a mi GPS podía resultar confusa.

Me planteé la posibilidad de contratar una excursión organizada para el día, por ejemplo con Viajes Pardo, pero al final preferí aventurarme al descubrimiento por mi cuenta, con mi propio coche.

Salí, pues, de Ourense, prontito por la mañana, tras un correcto desayuno en el buffet del hotel (el Princess, como ya he contado), sin tener las cosas muy claras. Mis únicas indicaciones para el primer movimiento eran hacia Castro Caldelas (una población de cierta relevancia comarcal, con unos 1.500 habitantes) y luego hacia abajo, a las orillas del Sil, donde debería haber un embarcadero desde el que no tenía claro qué podría ofrecerme.

Hasta Castro Caldelas, el recorrido no tenía muchas dificultades. Por la carretera provincial OU-536 pasé por algunos pueblos como O Pereiro de Aguiar y Esgos. Esa mañana de sábado, el centro de Castro Caldelas estaba tomado por el mercado callejero. No paré (ya que serían las diez, quería visitar la bodega y llegar al presunto embarcadero no más tarde de las once, de acuerdo a las informaciones incompletas de que disponía). Por entre los puestos del mercado, conseguí pasar con el coche hacia la carretera (una sucesión de curvas en fuerte pendiente descendente) que lleva hasta las orillas del río Sil. A mitad de camino, el GPS me quiso llevar por algunas desviaciones que me parecieron impracticables, persiguiendo la bodega que le había programado. Pero como no vi señalización alguna que reforzara esas indicaciones, desistí de visitarla y seguí camino abajo hasta el nivel del río.
Navegando por el Cañón del Sil, entre viñedos en
terrazas de fuertes pendientes.
(JMBigas, Agosto 2012)

En una zona habilitada para ello, paré el coche junto al Sil y, afortunadamente, había algunos otros coches también detenidos allí, y conseguí que me indicaran el corto camino hasta el embarcadero de Doade. Efectivamente, el embarcadero está ya en la provincia de Lugo, y para llegar a él se sigue la carretera (que lleva hasta Monforte de Lemos), se cruza el río Sil por el llamado puente de Doade, y el embarcadero está a continuación. Para facilitar vuestra visita, las coordenadas del embarcadero de Doade son las siguientes: 42,42019722ºN y 7,44322777ºO.

El embarcadero de Doade consta de un pequeño edificio donde hay un bar, junto al que se dispone de una docena de plazas para aparcar el coche en batería. Cuando llegué (serían las diez y media de la mañana), el bar (y todo lo demás) estaba cerrado, aunque había algunos visitantes rondando por los alrededores. Pegado en una verja, un papel (parecía) informar de que a las 11.15 había ese día un servicio de crucero por el Cañón del Sil en catamarán.

En la mutua confianza de que todos los que estábamos allí íbamos a lo mismo, decidí esperar un poco, a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Me daba cierta tranquilidad el hecho de que, en el pantalán del embarcadero, había dos catamaranes atracados, uno mayor que el otro. Para añadir algo de confusión, un hombre con una furgoneta ofrecía un servicio de navegación alternativo, en un barquito más pequeño, que estaba atracado en un pantalán al otro lado del río (en la provincia de Ourense).

Algo antes de las once, aparecieron tres funcionarios de la Diputación de Lugo (que es quien presta ese servicio de navegación), un hombre y dos chicas. Abrieron uno de los almacenes del nivel inferior, sacaron una mesa y un par de sillas, y empezaron el proceso de venta de billetes. Efectivamente, habría un crucero de un par de horas por el Cañón del Sil, que tenía prevista su salida a las 11.15.

Leyendo de un cuaderno manuscrito, empezaron por llamar por su nombre a los que habían realizado una reserva por Internet (¡¡¡???). Algunos estaban y otros no. A cada grupo le fueron vendiendo los correspondientes billetes para la travesía (9,50 Euros, con alguna rebaja para los niños y para la tercera edad). Terminada la revisión de reservas, empezó el proceso para el resto del público presente, en un orden que se inventó sobre la marcha, pues no se había constituido ninguna cola en condiciones. De hecho, hubo alguna trifulca por ello, por parte de alguna de esas personas que puede desgañitarse sin límite tratando de defender sus (insignificantes y dudosos) derechos.

Había sitio para todos, sin problema, y la excursión no empezaba hasta que todos tuviéramos el correspondiente billete y hubiéramos subido a bordo, por lo que esas disputas eran simplemente inútiles. En un cierto momento, una de las chicas le indicó al hombre que hoy saldremos con el (catamarán) grande. Todo el proceso transmitía la sensación de un cierto desorden repetido indolentemente en el tiempo.

En el catamarán había sitio sobrado para todos, de modo que no había ningún problema en desplazarse por su interior, buscando el mejor ángulo para las fotografías que quisieras tomar. La travesía fue una auténtica gozada. El río Sil se mueve en el interior de un Cañón de empinadas laderas. Pero en muchas zonas de esas laderas de fuertes pendientes, se cultivan viñedos de la D.O. Ribeira Sacra, en lo que coloquialmente se conoce como viticultura heroica. Acceder a esas terrazas con pendientes a menudo superiores a los 45 grados para atender a las viñas, o para la vendimia, resulta difícil de imaginar. Pero algunos caminos recorren las laderas, en zigzag, de modo que a menudo hay un camino junto a la parte alta de uno de los viñedos, o también por la parte baja. De repente puede verse una furgoneta (o incluso un tractor) aparentemente colgado sobre el vacío, junto a los viñedos.
Alguna parcela tiene hasta raíles, para facilitar el
transporte de los racimos en la vendimia.
(JMBigas, Agosto 2012)

En algunas parcelas se han dispuesto unos pequeños raíles que la recorren de arriba abajo. De este modo, es posible movilizar algún sistema de vagonetas que facilite el acceso de los racimos recién cortados hasta uno de los caminos periféricos, a donde puede acceder un vehículo motorizado, para realizar con más comodidad el resto del trayecto hasta la bodega.

El cauce del Sil en toda esa zona está totalmente regulado por diversas presas, por lo que la navegación es absolutamente plácida. Pero en algunos años de mucha sequía, ha habido que suspender el servicio de navegación en catamarán, por no disponer de suficiente margen de profundidad para la seguridad del trayecto.

En algunas zonas, las laderas son más rocosas y no hay viñedos. Pero la erosión del tiempo ha creado en las rocas formas caprichosas, como algunas caras que podemos pensar que son los Guardianes de Piedra del Cañón del Sil.

Durante todo el trayecto en el catamarán, no hay comentarios sobre el paisaje por el que se discurre, y la megafonía del barco (suponiendo que exista) permanece muda.

A la vuelta al embarcadero, ya pasada la una de la tarde, el bar de la planta superior estaba abierto y, aparte de visitar los sanitarios, se podía tomar algún piscolabis, sandwich o refresco, así como comprar algunos vinos de la Ribeira Sacra, a la venta en el establecimiento.

Desde allí seguí camino, por la misma carretera, hacia Monforte de Lemos. En la subida desde el nivel del río hay algunos lugares donde se puede estacionar el vehículo, y se dispone de unas maravillosas vistas sobre el Sil, el Cañón y las laderas plagadas de viñedos.

Monforte es una pequeña ciudad (unos 20.000 habitantes) cruzada por el río Cabe (un afluente del Sil). Muy monumental, en lo alto de la colina está el Monasterio de San Vicente del Pino, donde existe un Parador de Turismo. Quería visitar en Monforte la Casa do Viño, la sede de la Denominación de Origen Ribeira Sacra, que dispone de una pequeña tienda y de una pulpería (restaurante) donde se puede comer. Está situada en la Rúa Comercio, en zona peatonal.

Aparqué el coche (tras dar varias vueltas) en el Campo San Antonio, al otro lado del río, a unos escasos cinco minutos andando de la Rúa Comercio. Ese sábado de Agosto, en Monforte de Lemos hacía un calor abrasador. Llegué a la Casa do Viño hacia las dos y cuarto de la tarde, pero la tienda estaba cerrada desde las dos, y no reabría hasta las cuatro y media. Para hacer tiempo (y para saciar el hambre, que a esas horas ya acuciaba), decidí comer en la propia Pulpería del lugar. Me ofrecieron un Menú del Día muy sabroso, a precio cerrado (creo recordar que a 10 Euros), que acepté. Pero les pedí acompañarlo con algún buen vino blanco de la Ribeira Sacra. Me ofrecieron una posibilidad muy imaginativa. De cualquiera de las cuatro variedades que servían por copas en la barra, me podían abrir una botella, servirme a voluntad, y al final de la comida me cobraban de acuerdo a lo que hubiera efectivamente bebido. Así pues, acompañé el menú con una botella de Blanco de Blancos de la Adega Ponte da Boga (que finalmente no había podido visitar), una mezcla deliciosa de uvas Godello y Albariño, con una pizca de Dona Branca.
El río Cabe (afluente del Sil) a su paso por
Monforte de Lemos.
(JMBigas, Agosto 2012)

Cuando terminé de comer quedaba todavía más de media hora hasta que abriera la tienda por la tarde, por lo que decidí pasear un poco por el centro. La apariencia de las calles, bajo un Sol inclemente y con un calor asfixiante, era de siesta total. Tuve que refugiarme en un bar refrigerado para tomar un café con hielo y dejar discurrir el tiempo.

Pasadas las cuatro y media, volví a la tienda de la Casa do Viño, donde pude comprar algunas botellas variadas de las diversas subzonas de la Ribeira Sacra, entre ellas una del Blanco de Blancos con el que había comido, y un tinto muy especial de la misma bodega, el Capricho de Merenzao, una oda a las uvas autóctonas que pueblan la Ribeira Sacra.

De vuelta hacia Ourense, tomé esta vez una ruta algo más al Oeste, el camino del Miño. Me detuve, cerca de Chantada, en la presa de Belesar, donde hay un pequeño club náutico que ofrece, creo, algún servicio de navegación turística por el Miño, aunque no conseguí aclararlo del todo. Pero sí pude deleitarme con más laderas tupidas de viñedos.

Ya en Ourense, visité el Centro Comercial Ponte Vella, desde el que se tiene una maravillosa panorámica de los puentes sobre el río Miño, pero eso ya os lo he contado en otra ocasión.

El domingo por la mañana levanté el campamento del hotel de Ourense, y mi destino para la noche era Viveiro, en la llamada mariña lucense, junto al Mar Cantábrico.
Presa de Belesar, sobre el río Miño, en Chantada (Lugo).
(JMBigas, Agosto 2012)

Quería, sin embargo, visitar otro embarcadero en el río Sil, del que también había leído algunas informaciones inconcretas, el Embarcadero de Santo Estevo, próximo al Monasterio y al Parador del mismo nombre. Este embarcadero está situado en el concello de Nogueira de Ramuín, bastante más al Oeste que el de Doade. No tiene propiamente zona de aparcamiento, pero es posible dejar el coche en los laterales de la rampa de acceso al nivel del río (coordenadas 42,40769166ºN y 7,6425972ºO). Está junto a la presa de San Esteban (Santo Estevo) sobre el río Sil.

Cuando llegué, pasadas las once de la mañana, había un par de chicas vendiendo billetes para una excursión de navegación en catamarán por el Cañón del Sil. Esta vez se trataba de una empresa privada (ligada a Viajes Pardo, con oficina en la calle Juan XXIII de Ourense) y el viaje resultaba algo más caro (14,50 Euros). Aunque la víspera ya había navegado en catamarán por el Sil, como ya estaba allí decidí aprovechar la ocasión para repetir experiencia.

Desde Doade se parte río abajo (hacia el Oeste), mientras que de Santo Estevo se va primero río arriba, hacia el Este. Los dos recorridos tienen una pequeña parte común, pero globalmente resultan bastante complementarios. Esta vez el catamarán era algo más pequeño, y había menos movilidad para escoger el emplazamiento para las mejores tomas. En tierra sólo reservé una plaza con mi nombre. Luego nos llamaron para el embarque en un cierto orden, y finalmente tuve que pagar el billete ya a bordo. Durante todo el recorrido de ida, por megafonía la misma chica que vendía los billetes fue comentando el paisaje por el que discurríamos, aunque, en general, se oía bastante mal.
Embarcadero de Santo Estevo (concello de
Nogueira de Ramuín)
(JMBigas, Agosto 2012)

No me arrepiento de haber realizado las dos travesías, aunque con una sola ya se hace uno una idea cabal de los paisajes que ofrece el Cañón del Sil.

De vuelta de la navegación, tomé un piscolabis (un sandwich caliente) en el bar del embarcadero y luego seguí camino hacia Lugo y Viveiro. Pero esa ya es otra historia, que os contaré en el próximo capítulo.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 56 fotografías, pinchando en la foto del embarcadero.

Cañón del Sil y Monforte de Lemos


También podéis ver un breve vídeo con imágenes impresionantes de la navegación por el Cañón del Sil y las laderas de fuertes pendientes llenas de viñedos.



JMBA