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jueves, 18 de junio de 2015

"La Chica del Tren"

Paula Hawkins es la autora de esta novela de suspense (thriller) que ya es un best seller a nivel mundial, y hay una película prevista en los próximos tiempos.

Nacida en Zimbabwe (la antigua Rhodesia), reside en Londres desde 1989. Periodista, esta es su primera novela, que ha alcanzado un éxito casi instantáneo.

Hay motivos para ello, porque los amantes del thriller le quitarán horas al sueño para leer un capítulo más. Y otro, y otro. Es un libro que toma al lector de la mano, y no lo suelta hasta el desenlace final.

Yo he podido leer la versión original (de papel) en inglés ("The Girl on the Train", Doubleday, Transworld Publishers, A Random House Group Company, 2015), pero ya está publicada la edición en castellano ("La chica del Tren", Planeta, 2015) así como en catalán ("La Noia del Tren", La Campana Editorial, 2015), y no sé si también en alguna otra lengua autonómica.

Aunque aparece la policía, no es una novela policíaca. Y tampoco hay detectives privados. Pero está Rachel.

Rachel es una pobre chica que viaja todos los días a la ciudad en el tren de cercanías desde un pueblo en los suburbios al norte de Londres. Ida a las ocho de la mañana, para volver pasadas las cinco de la tarde. Y lo sigue haciendo incluso después de quedarse sin empleo, porque no se atreve a contarle la verdad a la amiga que le tiene realquilada una habitación de su casa.

Todos los días el tren se para entre chirridos en una señal que siempre está en rojo. Desde el tren se puede ver una hilera de casas victorianas, con su pequeño jardín trasero, junto a las vías del tren. En una de ellas vivió Rachel antes de caer en una depresión, buscar refugio en la bebida y acabar divorciándose. Unas casas más allá, todos los días Rachel ve a una pareja desconocida, que desayuna en el jardín cuando el tiempo es agradable.

Rachel les toma cariño a la pareja, a los que bautiza como Jason y Jess. Y les inventa una vida plena, llena de felicidad.

Hasta que un día la escena que ve Rachel desde el tren es diferente de lo habitual, y se empiezan a desencadenar los acontecimientos.

Y hasta aquí puedo leer, sin arruinaros la lectura.

La novela está perfectamente estructurada para mantener el interés y el sobresalto del lector. La línea del tiempo abarca buena parte del año 2013, y asistimos a los diversos acontecimientos que se van sucediendo desde el punto de vista de sus protagonistas, con lo que a menudo tenemos varias versiones de los mismos hechos. La visión de Rachel siempre empañada por un poco de neblina provocada por el alcohol. 

Hasta que se disipa la niebla y llegamos al desenlace final.

El lector amante del género devorará las más de trescientas páginas sin pausa, buscando sin cesar alguna luz que atraviese la neblina.

Rachel es un personaje que resultará inolvidable. Una chica que, desde su nimiedad y su falta absoluta de autoestima, se siente impelida a involucrarse y a intervenir, a menudo muy torpemente. Las circunstancias le obligan a mentir, y a inventar mentiras más grandes para esconder las anteriores.

Una lectura absolutamente recomendable, especialmente para los aficionados al género del thriller.

JMBA

martes, 16 de junio de 2015

Delta del Ebro

Desde niño que he oído hablar de las singularidades de la zona del Delta del Ebro. Conocía de sus inmensos arrozales e incluso había comido alguna vez en San Carlos de la Rápita. Pero nunca hasta ahora había tenido ocasión de visitarlo con cierto detenimiento.
El río Ebro, desde el embarcadero de Deltebre.
(JMBigas, Mayo 2015)

La ocasión se me apareció como etapa de un viaje por la zona norte del levante español. Ya os contaré algunas otras etapas interesantes de este viaje (la Ciudad Encantada de Cuenca, Teruel, el Maestrazgo, la Terra Alta, la zona vinícola de Utiel-Requena,...).

El Ebro es el río más caudaloso de España, con un caudal medio de 600 m3/s. Conviene tener en cuenta que el río Duero, en su trayecto portugués, alcanza un caudal medio de 675 m3/s en su desembocadura en la ciudad de Oporto.

También es el río más largo de España (930 Km)(aunque el Tajo tiene mayor recorrido, pero una parte discurre por tierras portuguesas), y es el segundo río más largo de los que desembocan en el Mar Mediterráneo, tras el Nilo.

El curso del río determina la mayor parte del cuadrante nororiental de la Península Ibérica. Nace en Cantabria (Hermandad de Campo de Suso) y discurre por tierras de Castilla y León (Burgos), La Rioja, Navarra, Aragón, País Vasco y Catalunya. Sus aguas bañan las ciudades de Logroño y Zaragoza. El Valle del Ebro, configurado en la dirección noroeste-sureste, es una fértil ribera por la que discurre, a veces muy desapacible, el cierzo, un viento que, a menudo, sopla por encima de los 100 Km/h.
Uno de los llamados Puentes del Rey.
(JMBigas, Mayo 2015)

Su desembocadura en el Mar Mediterráneo se produce al sur de la provincia de Tarragona, en forma de delta. El Delta del Ebro, de forma triangular, es una flecha que penetra cerca de 22 Km en el mar. Su superficie es de 320 Km2, configurando el tercero más grande de todo el Mediterráneo (tras el del Nilo -24.000 Km2- y el del Ródano -500 Km2-).

El Delta del Ebro (parte del cual está protegido con la figura de Parque Natural) constituye un humedal que es el tercero en extensión de Europa Occidental, tras la Camargue (río Ródano) y Doñana (río Guadalquivir).

Toda la zona, absolutamente llana y plagada de terrenos inundables, aporta actividades económicas ligadas, principalmente, al cultivo del arroz y a la pesca en todas sus formas, así como, lógicamente, al turismo.


Reservé habitación en el hotel Miami Mar de San Carlos de la Rápita. Este municipio costero, situado al sur del Delta, tiene playas a mar abierto. Este lujoso hotel (de cuatro estrellas), situado junto al mar, tiene forma de una herradura que abraza el jardín con la piscina. Dispone de amplias habitaciones con terraza y todas las comodidades. En temporada baja (yo estuve a mediados de Mayo) ofrece tarifas muy moderadas. Otro elemento importante es que su restaurante gastronómico es reconocido como uno de los lugares más recomendables para la buena mesa en esta zona.
Mercadillo de recuerdos y productos del Delta, en la zona
de Riumar, junto a Casa Nuri.
(JMBigas, Mayo 2015)

Llegué al hotel a media tarde del miércoles 13 de Mayo, tras haber hecho una primera ruta de descubrimiento del Delta, por la carretera que discurre por la ribera izquierda del curso principal del río, en el municipio de Deltebre. No se puede cruzar el río por carretera en esta zona, por lo que hay que escoger una u otra ribera mucho antes. En la ribera derecha está el municipio de Sant Jaume d'Enveja.

Coincidió que esa tarde-noche se celebraba la vuelta de la semifinal de la UEFA Champions League. En el Santiago Bernabeu se enfrentaban el Real Madrid y la Juventus. Tanto el hotel como el restaurante pusieron todos los medios para poder seguir el partido. Aproveché la ocasión para cenar el menú gastronómico del Miami, viendo el partido, que desgraciadamente terminó con la eliminación del Real Madrid.

La cena, articulada en torno a los productos del mar, la regué con un excelente vino blanco, el Primicia de Cellers Batea (D.O. Terra Alta), 100% de garnacha blanca.

Para el jueves por la mañana quería poder navegar un poco por la desembocadura del Ebro. Hay una oferta variada de paseos y cruceros por la zona. El problema es que fuera de la temporada alta, la oferta es algo inestable. Por Internet había localizado dos proveedores de este tipo de servicios (seguro que hay más, por los indicadores que pude ver luego). Pero, a mediados de Mayo, los horarios asegurados no estaban nada claros.

Por ello inicié el jueves prontito y me dirigí primero al embarcadero de Deltebre, donde suele operar Cruceros Olmos. En torno a las diez de la mañana no localicé a nadie responsable en la zona (junto al río, al final de la calle Trinquet). La vendedora del kiosko de souvenirs que hay ahí me dijo que había salido un barco con un autocar de turistas y que, probablemente, habría otra salida hacia las 11.30, pero que no estaba asegurado.
En este barco finalmente dimos el paseo a las 12.30.
(JMBigas, Mayo 2015)

Seguí en dirección al mar hasta Riumar, en la zona del Restaurant Casa Nuri. Allí hay otro operador que ofrece cruceros por la desembocadura. Me dijeron que, si se reunían al menos 10 pasajeros, habría una salida a las 11 de la mañana. Si no, habría una salida asegurada a las 12.30. Por el momento era yo solo, y nada sucedió en el cuarto de hora que me entretuve por allí, visitando los diversos puestos del mercadillo de recuerdos y productos típicos del Delta.

Volví a tomar el coche hacia Deltebre, y me paré en la zona conocida como Ponts del Rei, donde hay un pequeño apartadero en la carretera para poder aparcar. Los conocidos como Puentes del Rey son unas construcciones singulares, en forma de medio arco, cuya función no está absolutamente definida, aunque se piensa que fueron algún tipo de mecanismos para la regulación del nivel del agua.

La carretera (T-340) es básicamente recta y llana, y está rodeada de zonas inundables o directamente inundadas. A lado y lado de la carretera hay diversas instalaciones, habitualmente ligadas a las explotaciones económicas de la zona, tanto para los arrozales como para la pesca e industrias derivadas.

Cerca de mediodía volví al embarcadero frente a Casa Nuri. Providencialmente apareció, como todos los años (por lo que dijeron) un grupo numeroso de la asociación de jubilados de Alcocebre. El crucero de las 12.30 ya se pudo hacer con el barco más grande, más o menos a la mitad de su capacidad.
Cubierta superior del barco.
(JMBigas, Mayo 2015)

El paseo fluvial que pude realizar duró unos 45 minutos. Desde el embarcadero de Riumar el barco descendió hacia la desembocadura, bordeando la Isla de Buda. En tiempos pasados esta isla era residencia permanente de algunas familias. Todavía se pueden ver algunas de las casas blancas que eran sus residencias. Pero el tiempo les acabó forzando a mudarse hacia los cascos urbanos de alguno de los dos municipios del Delta.

Originalmente, la desembocadura del río en el mar se realizaba en dirección Este por la llamada de Levante. Pero una importante crecida en el año 1937 cegó esta salida, y el río buscó una nueva hacia el Norte, que es la actual, conocida como de Tramontana.

En el último tramo se bordea la Isla de Sant Antoni a la derecha, y la urbanización Riumar y las lagunas del Garxao a la izquierda. En estas lagunas, de muy escasa profundidad, no es posible la navegación a motor, y las barcas deben utilizar las llamadas perchas, para moverse apoyándolas en el fondo. Hay abundantes poblaciones de aves que tienen esa área como residencia estable o temporal.

Desgraciadamente, el día no estaba muy claro, había algo de calima y la visibilidad era limitada. No pude ver el faro original de la desembocadura de Levante, que actualmente queda unos cuantos kilómetros mar adentro. Tampoco se llegaban a ver, como sí se puede habitualmente, las playas del Norte del Delta, como la de L'Ampolla.
Mirador en el camino de la ribera izquierda.
(JMBigas, Mayo 2015)

De vuelta hacia el embarcadero, pasamos junto al pequeño puerto deportivo de Deltebre, así como el Mirador construido sobre el camino ribereño, que está jalonado con diversas esculturas singulares.

En resumen, un paseo que se hizo muy corto. Pero, a mediados de Mayo, no pude conseguir otra cosa. La publicidad indica la posibilidad, en otros momentos del año, de cruceros de mayor duración, desde Deltebre hasta la desembocadura.

El paisaje del Delta del Ebro es, sin duda, singular y característico de este tipo de accidentes geográficos: llanuras, lagunas, marismas, salinas, refugio de aves. Bien merece una visita, con la profundidad que cada uno desee.

Aparte de las imágenes que he seleccionado para ilustrar este artículo podéis acceder a una colección más completa de 24 fotografías, pinchando en la imagen siguiente.


También podéis ver este vídeo, de unos 8 minutos de duración, con imágenes de mi visita al Delta del Ebro.


JMBA

martes, 9 de junio de 2015

Mercado Persa

Tras las Elecciones andaluzas y, muy especialmente, tras las Municipales y Autonómicas del pasado domingo, estamos asistiendo a un auténtico mercado persa de propuestas de pacto entre diversas fuerzas políticas, algunas veces incluso bastante contra natura.
Albert Rivera, líder de Ciudadanos.
(Fuente: comunicacionsellamaeljuego)

Este lunes, algunas fuentes incluso se han atrevido a insinuar que hay runrún de un nuevo Tamayazo, presuntamente por Madrid y/o en Castilla-La Mancha. Recordemos que gracias a eso (la traición de dos diputados socialistas), Esperanza Aguirre consiguió forzar la repetición de las elecciones, ganarlas y llegar por primera vez a la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

Este tipo de negociaciones postelectorales son habituales y es lo que acaba sucediendo de forma parece que inevitable, en las votaciones a simple vuelta, como se practican en España. A la hora de elaborar las candidaturas, podrían sustanciarse acuerdos o coaliciones entre diversos partidos, a fin de presentar una única candidatura conjunta, aglutinando así los votos de las diversas formaciones. Pero esto raramente sucede, excepto en aquellas formaciones que tienen muy claro que no van a obtener ningún resultado positivo si se presentan por separado.

Todos los partidos políticos que confían en sus opciones para resultar la fuerza más votada en una cierta circunscripción, rehúsan cualquier tipo de acuerdo o coalición preelectoral.

Esto provoca, tras las elecciones, unas semanas bastante desagradables, aunque amenas, entre el día de las votaciones y la fecha fijada para la investidura de los nuevos responsables. Todos intentan salvar los muebles. Los que han resultado los más votados (aunque sea por un puñado de votos) intentan blindar sus posiciones, haciendo valer la preferencia de los ciudadanos, aunque ese argumento sea a menudo insostenible. Los que tienen representación mermada, buscan asirse a otras opciones, via pactos, para no perder pie y caer en la irrelevancia.

Claro que si en la pomada está Esperanza Aguirre, se garantizan dosis muy superiores de diversión. En los días posteriores a las votaciones hemos asistido, día a día, a nuevas propuestas progresivamente desquiciadas, con la única obsesión de intentar reparar la humillación electoral que ha tenido que vivir. Un fracaso que acabó de ganarse a pulso con una campaña nefasta, en que trató de acusar de la forma que fuese a sus rivales, de ningunearles, de difamarles si hacía falta, y eso le ha acabado pasando factura. Un fracaso que le resulta todavía más hiriente por la posición relativamente bastante más cómoda de Cristina Cifuentes, en la Comunidad de Madrid.

De todas formas, conviene tener presente que, desde un punto de vista de la actividad política, son dos tiempos totalmente diferentes los inmediatamente anteriores a una votación y los inmediatamente posteriores a la misma. Antes de una votación, el destinatario de todos los mensajes lanzados es el ciudadano, que es dueño de su propio voto. Todas las formaciones intentan convencerle de que les vote a ellos, y los mensajes políticos que les lanzan tienen que ver con lo que pretenden hacer si obtuvieran una mayoría suficiente para gobernar en solitario.

Por el contrario, desde el día siguiente a las elecciones, la suerte ya está echada, y cada fuerza política tiene una dimensión exacta y precisa de cuál es su respaldo real. Una fuerza que se expresa en número de concejales o de escaños.

Es a partir de de esa aritmética precisa que se intentan establecer pactos, a fin de que alguna de las fuerzas presentes pueda obtener un respaldo suficiente para ocupar ese gobierno de forma razonablemente estable.

La sorpresa, o acaso simple novedad, esta vez proviene de la fuerte presencia de dos fuerzas emergentes, que nunca habían estado presentes, hasta ahora, en la liza política del día a día. Tanto Ciudadanos como Podemos han basado buena parte de su comunicación preelectoral en el hecho de ser formaciones nuevas y diferentes de las tradicionales, otra cosa que nada tiene que ver con los que algunos llaman los partidos de la casta (básicamente, PP y PSOE, que han monopolizado hasta ahora el Gobierno del Estado, desde la Transición).

Desde el día siguiente a las Elecciones, como siempre, por otra parte, vemos que las diversas formaciones se reúnen, hablan, intentan negociar sus respectivos programas, imponer sus opiniones y puntos de vista, etc. etc. Todas las formaciones, incluyendo, por supuesto, a las que se autodenominan como diferentes.

La realidad cotidiana les ha forzado a darse cuenta de que, pese a su aumento espectacular de presencia pública, están muy lejos de conseguir posiciones de mayoría suficiente, como para que puedan gobernar en solitario. Y están obligadas a negociar sus apoyos.
Pablo Iglesias, líder de Podemos.
(Fuente: rokambol)

Todo parece normal, si no fuera porque la maldita hemeroteca les recuerda (y nos refresca) las muchas diatribas que se han lanzado previamente unos contra otros. Insultos y descalificaciones están a la orden del día en la dialéctica preelectoral.

Como en el fútbol, hay que recurrir a ese clásico de que lo que sucede en el campo se queda en el campo. Las duras peleas durante el partido pueden resolverse en amistosos abrazos en cuanto el árbitro decreta el final del partido.

Igual sucede con los procesos electorales. No creo que debamos sorprendernos de que Ciudadanos acabe apoyando a Cristina Cifuentes (PP) para la Comunidad de Madrid, y a Susana Díaz (PSOE) para el de la Junta de Andalucía. O que Podemos (o alguna de sus marcas blancas, como Ahora Madrid o Barcelona en Comú) apoyen gobiernos del PSOE en Extremadura o Castilla-La Mancha, o acepten su apoyo para gobernar en el Ayuntamiento de Madrid o de Barcelona, o se alíen con Compromís para gobernar en tierras valencianas.

Fuerzas emergentes, que hasta ahora habíais sido animales angélicos, sin vicios ni bajezas, bienvenidos a la realidad.

La democracia representativas y, en particular, el sistema electoral que tenemos en España, obliga a que Pablo Iglesias y Pedro Sánchez compartan ensalada en el reservado de algún restaurante, o a que Mariano Rajoy baje de su pedestal para reunirse con Albert Rivera y ver de facilitar algunos acuerdos.

En otros países europeos próximos, los gobiernos de varios colores, coaliciones o gobiernos en minoría con apoyo parlamentario, son cosas cotidianas que ya ni generan curiosidad.

Es cierto que en la España reciente tenemos algunos (malos) ejemplos de gobiernos multipartido (Catalunya o Baleares podrían dar fe de ellos; IU de Extremadura podría contar el precio que ha pagado por su apoyo a Monago). Pero también es cierto que hemos tenido muy malas experiencias de algunas mayorías absolutas. Como por ejemplo la segunda legislatura de Aznar o la actual de Rajoy. En ocasiones, los que consiguen mayorías absolutas se instalan en la comodidad del rodillo parlamentario y se olvidan  de que no van a gobernar para siempre. Entre hacer y deshacer, el país se nos convierte en un gigantesco manto de Penélope, que se teje de día, para destejerlo por la noche.

Bienvenidos, pues, a la modernidad. Confío que las nuevas fuerzas estén a la altura, al menos, de lo que han venido pregonando hasta ahora. Que no caigan en el tráfico de sillones, y que se instalen en la búsqueda del consenso para que este país pueda avanzar. Aunque sea a pasitos pequeños, pero todo el tiempo hacia adelante. Espero que, entre todos, decidan meterle mano a los temas eternamente pendientes y que arrastramos desde que terminó la Transición, aunque nos sigamos rigiendo, impasible el ademán, por la legislación de ese momento. Ya es hora de darle una vuelta de tuerca a la calidad democrática de este país.
Mónica Oltra, la cara más conocida de Compromís.
(Fuente: infolibre)

La ley electoral, en general, requiere de una revisión en profundidad. Las circunscripciones unipersonales o las segundas vueltas son temas que deberían ponerse sobre la mesa para ser convenientemente debatidos y resueltos. Igual que, por cierto, si el sistema político de España debe seguir siendo una Monarquía o sería más adecuado que fuera una República.

Ahora bien, este nuevo escenario obliga a que todos desarrollen sus mejores galas de madurez política. Negociar no es imponer, y las líneas rojas no deberían ser más que una figura retórica. Los pactos deben desarrollarse para que todos ganen, a cambio de que todos renuncien a algunas cosas. Unos tendrán que olvidar sus aspectos más ultraizquierdistas, mientras otros deberán renunciar a sus matices más nacionalistas. Tras este tipo de acuerdos, ya no quedarán ángeles, sino seres humanos, con sus grandezas y sus miserias.

Sólo espero que los electores sepan entender de verdad lo que unos y otros vayan haciendo, y no pasen facturas indebidas a los que renuncien a alguno de sus principios, a cambio de contribuir a la gobernabilidad de los territorios. O simplemente los retrasen para cuando dispongan de la mayoría suficiente para imponerlos.

El ambiente de un mercado persa es siempre algo confuso y muy ruidoso. Pero siempre se acaba logrando el precio más adecuado para todas las transacciones.

JMBA

martes, 26 de mayo de 2015

Rajoy en su Laberinto

Cualquiera que esté habituado a intentar transmitir mensajes en público es consciente de que un mensaje formalmente perfecto sólo va a convencer a una parte del auditorio. Salvo, por supuesto, que el público esté entregado de antemano.
Mariano Rajoy, en su comparecencia en la sede de Génova
este lunes.
(Fuente: cuatro)

Cualquiera que intente vender un producto o un servicio, y tenga ocasión de realizar una presentación o exposición a un público presencial, sabe que el primer desafío es que el mensaje resulte creíble y que el público crea al presentador. Superado este obstáculo, que puede resultar bloqueante, algunos acabarán convencidos por el orador y otros no. De los convencidos, algunos acabarán comprando el producto y otros no, por diversas razones.

Parece bastante claro que el Partido Popular y Mariano Rajoy en particular tienen un problema de comunicación, del que ellos mismos hablan cada vez que tienen ocasión. En un vídeo que se hizo famoso, Floriano decía eso de que nos ha faltado piel en la comunicación, como que hubiera sido demasiado fría.

Pero creo que el problema es bastante más profundo. Este lunes, el día siguiente de unas elecciones que han marcado un vuelco muy significativo en las preferencias de los ciudadanos, y han propulsado a candidaturas a las que genéricamente podríamos denominar como alternativas, Mariano Rajoy dio, tras más de tres años de rehusar esa obligación, una rueda de prensa en la sede del PP, en la calle Génova. Si atendemos a sus palabras, al PP y al gobierno no les pasa nada grave. El PP sigue siendo el partido más votado (lo que es verdad, pero una verdad que muy poco significa en sí misma en este tipo de elecciones), y él sigue siendo el mejor candidato a la Presidencia del Gobierno por el Partido Popular para las Elecciones Generales de fin de año.

No sé si yo mismo soy una buena muestra del ciudadano medio, pero voy a contar mis impresiones, que creo que no son, ni mucho menos, solamente mías. El problema no es que el discurso de Mariano Rajoy no me convenza. El problema real es que no me lo creo, lo que es mucho más grave, y significa que no se ha superado ni siquiera el primer estadio de la comunicación.

Una concentración de capacidades como la cúpula directiva del Partido Popular, con el Presidente a la cabeza, es imposible que saque del resultado de las elecciones del domingo  las conclusiones que intenta transmitirnos Rajoy. No sé si el debate interno fluye con libertad, o todos los presentes prefieren callar y otorgar, y no significarse como mensajeros de malas noticias. Pero esa actitud condenaría al líder a la soledad total.

Prefiero pensar que un debate interno en libertad les permite diagnosticar el problema de forma razonablemente afinada. Después, intentan elaborar un discurso público que es el que algunos dentro del PP piensan que les interesa vehicular hacia la opinión pública. Obviamente, eso es un problema de comunicación. Pero un problema gravísimo. Porque no se falla en comunicar mal lo que se hace o se debate dentro del Partido, sino que se intenta elaborar un discurso impostado que no sólo no convence a la opinión pública, sino que el ciudadano de a pie (yo, desde luego) ni siquiera se puede creer.

En estos últimos tiempos hemos visto ya demasiados mensajes fallidos de este tipo en los dirigentes del Partido Popular. Mensajes impostados, artificiales, creados para su consumo, que en nada reflejan la realidad de las cosas y los hechos. A menudo he sentido cierta lástima por los papelones que les ha tocado desempeñar a gente como María Dolores de Cospedal o Carlos Floriano. Discursos que el público no puede creerse, mucho menos quedar convencido, claro, y que el propio orador parece haber aprendido de memoria, y para nada como conclusión de un debate inteligente y de un diagnóstico informado.

Este problema grave de comunicación (la elaboración y transmisión de mensajes que no sólo no convencen, sino que ni siquiera son creíbles) ha venido provocando, inevitablemente, un alejamiento progresivo de una parte creciente de la opinión pública de su Presidente del Gobierno, del Gobierno en general y del partido que lo respalda.

Los intentos burdos y a menudo zafios, de desmarcar al Partido de los muchos episodios de corrupción que lo han venido trufando, han sido muy torpes. Sólo han transmitido a la opinión pública la sensación de que están intentando esquivar el bulto y no afrontar con valentía los problemas, con ánimo de resolverlos y de evitar que se repitan episodios tan enojosos. Oír a la Cospedal balbuceando sobre la (presunta) indemnización en diferido de Bárcenas, o a Floriano intentando vendernos la idea de que el tesorero es un delincuente solitario que simplemente robó al Partido y traicionó la confianza en él depositada, resulta patético.

Estoy convencido de que en la dirección del Partido Popular hay gente inteligente, empezando por su Presidente. Por ello no puedo creerme que los mensajes y discursos que intentan transmitir respondan a la realidad de sus conclusiones, sino que son mensajes inventados, pensando solamente en lo que, presuntamente, le interesa al Partido que piensen los ciudadanos. Sólo que ese discurso no sólo no convence, sino que no resulta en absoluto creíble. Intentando hacer comulgar a los ciudadanos con ruedas de molino, no sólo fracasan en su estrategia de comunicación, sino que se acuñan fama de trileros y mentirosos, que nunca dicen lo que realmente piensan. El ciudadano de a pie no sólo no acaba convencido, sino que no se los cree y piensa que intentan engañarle y que se creen que es tonto.

Me temo que Rajoy, en su laberinto inacabable, se está quedando solo, en la cúspide. Es la soledad del corredor de fondo, el silencio de la cumbre. Le están faltando fusibles, y ni siquiera compraría tiempo destituyendo, por ejemplo, a María Dolores de Cospedal como Secretaria General del PP, tras su descalabro electoral en Castilla-La Mancha. Su equipo, al parecer, no abre la boca en las reuniones públicas, pero ya raja sin parar en privado, off the record o en entrevistas específicas. Como la excelente entrevista de Carlos Alsina esta mañana en Onda Cero, donde Juan Vicente Herrera, presidente en funciones de Castilla y León, entre otras lindezas sin desperdicio, le ha recomendado al jefe que se mire en el espejo antes de afirmar que sigue siendo el mejor candidato para el PP.

De cara a las Elecciones Generales de fin de año, es imprescindible una reacción enérgica, o el PP chocará de forma abúlica con el iceberg. Si el PSOE no despliega más energías, es posible que el PP siga cosechando algunos votos más que los socialistas, pero que se conviertan en tercera y cuarta fuerza a nivel nacional.

A pesar de que los músicos parece que ya empiezan a desafinar, o directamente están guardando sus instrumentos en el estuche, el director de la Orquesta del Titanic, ignorando el iceberg, que es ya mucho más que una sombra en el horizonte, sigue moviendo la batuta como si nada fuera con él.

Evidentemente, el PP y Mariano Rajoy tienen un problema de comunicación. Pero no se trata de que sus mensajes ya no convenzan, es que ni siquiera se pueden creer. O son tontos (que no lo creo) o se creen que los tontos somos los ciudadanos (que es lo que me temo).

JMBA

jueves, 21 de mayo de 2015

Reflexiones de un indeciso

Yo vivo y estoy empadronado en Madrid capital. Esto significa que el próximo domingo, 24 de Mayo, tendré que depositar dos votos en las urnas de mi colegio electoral: una para la alcaldía de Madrid y otra para el Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Ya es jueves, y todavía estoy indeciso.

Hay poquitas cosas que tengo claras. Voy a intentar hacer un inventario de ellas, a ver si me sirve para tomar una decisión.

1.- Voy a depositar mi voto en las urnas, y no votaré en blanco ni depositaré un voto nulo. Aunque ninguna fuerza me convenza, siempre tengo alguna preferencia, aunque sea pequeña.

2.- No pienso votar al Partido Popular. Dejando al margen las políticas que desarrollan (algunas no me disgustan, pero muchas me repugnan), creo que es, actualmente, una estructura absolutamente impregnada por la corrupción. Lo que me parece más grave aún, ha desarrollado una capacidad enfermiza de convivir amigablemente con ella. Aunque puede que no sea fácil de demostrar judicialmente, estoy convencido de que actualmente el PP es una maquinaria corrupta.

3.- Con la corrupción, tolerancia cero. Aunque se presenta con muchas caras, la corrupción consiste siempre en desviar dinero público, dinero que es de todos, hacia uno o varios bolsillos privados (personales o de partido). Puede tratarse de comisiones ilegales (con lo que pagamos más de lo que deberíamos por obras públicas o suministros que requiere la Administración Pública para su funcionamiento); o de evasión fiscal en todas sus formas; o de administración desleal, gastando el dinero público de forma alegre y frívola, en cosas que en nada, o en muy poco, mejoran la calidad de vida de los ciudadanos; o pueden ser tramas preparadas para desviar dinero público de su destino legal, como el caso de los ERE de Andalucía.

4.- Mi corazón está un poquito más hacia la izquierda.

5.- A pesar de lo que a veces podemos decir en un calentón, como ciudadanos y como sociedad, tenemos mucho que perder, si las circunstancias fueran adversas.

6.- Me repugna (y me aterra) que el PP quiera arrogarse lo mismo de lo que acusa a Podemos: que nadie más que ellos debería gobernar nunca en España.

7.- A pesar de que considero que Esperanza Aguirre es un animal político muy inteligente, ni me representa ni nunca podría hacerlo.

8.- Podemos, como fuerza política, me resulta bastante simpática. Pero tiene algunos tics que no trago. Como cuando insisten en hablar de una gran mayoría de ciudadanos, arrogándose una posición y un conocimiento del que carecen, o cuando parecen condescendientes con algunos sátrapas sudamericanos.

9.- La transición política y la Constitución de 1978 han desarrollado un papel muy importante en España en las últimas décadas. Pero la sociedad ha madurado y nos hemos ganado el derecho a dar una vuelta de tuerca a nuestra democracia, para mejorar su calidad.

10.- Ciudadanos, como fuerza política, me resulta simpática, al tratarse de una formación de nuevo cuño, con lo que eso siempre significa de frescura y de ausencia de hipotecas. Pero su afán por un crecimiento demasiado rápido les está provocando disfunciones graves y relajación en los controles imprescindibles para evitar engorrosas situaciones.

11.- Nuestro objetivo como sociedad no debe nunca ser que haya menos ricos, porque eso es absurdo. El objetivo debe ser que haya menos pobres, que los pobres cada vez lo sean menos, y que los que lo sigan siendo lo pasen lo menos mal posible.

12.- La igualdad es una falacia propagada por cierta progresía, porque cada persona es única y todos somos diferentes. Pero hay que asegurar la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos, sin discriminación por razones de sexo y/o orientación sexual, raza o posición económica.


Estas son las diversas claves que manejo y que me tienen que ayudar a llegar a alguna decisión, que me haga escoger el domingo unas papeletas y no otras. Sabiendo, por supuesto, que yo, como ciudadano, también estaré obligado a pactar entre mis principios y la realidad a la hora de decidir mi voto.

Del resto de candidatos a la Alcaldía de Madrid, dejando ya fuera de inicio a Esperanza Aguirre, al que mejor conozco es Antonio Miguel Carmona, del PSOE. Le he visto como tertuliano televisivo, y me parece una persona inteligente y suficientemente vehemente como para liderar un Ayuntamiento del tamaño y trascendencia de Madrid. A veces resulta errático y se mueve por ocurrencias. Y es que su partido tampoco le ayuda demasiado, parece moverse en un cierto aislamiento del aparato. Recientemente ponía las manos en el fuego por Tomás Gómez. Si bien es cierto que ninguna imputación recae sobre Tomás Gómez, también lo es que la dirección del partido decidió destituirle, por triste y perdedor (lo último es de mi propia cosecha). Bueno, Carmona ha demostrado que sabe caer de pie.
Antonio Miguel Carmona, candidato del PSOE a la
Alcaldía de Madrid.
(Fuente: huffingtonpost)

Como cualquier político con cierta historia pública, alguna mancha tiene en su pasado Carmona, pero ninguna (que yo sepa) que le inhabilite para representar con dignidad y la cara bien alta a todos los madrileños. Es una opción que considero.

Manuela Carmena, candidata por Ahora Madrid (en el entorno de Podemos) es bien conocida por su activismo político, social y judicial en las últimas décadas de este país. No estoy seguro de verla desempeñar con cierta comodidad el cargo de Alcaldesa de Madrid, pero seguramente puede hacerlo. Es otra opción que valoro.

De la candidata de Ciudadanos, Begoña Villacís, sólo sé que es una mujer de madura belleza, 37 años, abogada y madre de familia (Google dixit). Es una opción que podría salir bien, pero ciertamente arriesgada.

De Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia casi ni me merece la pena hablar. Desconozco a sus candidatos (Raquel López por IU y David Ortega por UPyD). Ambas formaciones están necesitadas de una renovación y regeneración en profundidad, que se han resistido a hacer hasta ahora. UPyD no tiene más remedio que prescindir del caudillismo de Rosa Díez, e intentar establecer una tercera vía viable en el centro derecha, junto a Ciudadanos. Izquierda Unida, por su parte, nunca ha estado más desunida que en la actualidad. Compadezco a Alberto Garzón, su líder sobre el papel, que tiene que lidiar con los desechos inconexos que le han dejado muchos años de desidia y clientelismo, especialmente en Madrid. Creo que ambas formaciones serán un voto inútil para este 24 de Mayo. Es más que probable que se acaben quedando sin ninguna representación en el Ayuntamiento de Madrid.


Para la Comunidad de Madrid, en la izquierda hay un duelo de personalidades bastante ajena a la política activa y a los propios partidos por los que se presentan. De una parte, Ángel Gabilondo (PSOE), con excelente trayectoria universitaria pero nula experiencia dentro de un partido político, aunque fuera ministro de Zapatero. Francamente, no le veo como Presidente de la Comunidad de Madrid. De otra, Luis García Montero, por IU, es conocido como poeta pero no como político con poder. Su candidatura es el resultado de intentar salvar los muebles tras la absoluta descomposición de IU en la Comunidad de Madrid, y me temo que acabe resultando puramente testimonial. Me parece que sería un voto perfectamente inútil. Me gustaba Tania Sánchez, que fue elegida en las primarias de IU, pero las diversas facciones de IU Madrid le obligaron a separarse de ese proyecto.

Podemos, que sí se presenta a las Autonómicas con su marca propia, está encarnado por José Manuel López Rodrigo (he tenido que buscarlo en Google). A falta de más conocimientos (de los que carezco), tengo que valorarlo por la marca que le sustenta, Podemos. Con Ignacio González (PP), a quien dejó el marrón Esperanza Aguirre tras su espantá, ya estamos acostumbrados a personajes grises al frente de la Comunidad.
José Manuel López Rodrigo, candidato de consenso de
Podemos para la Presidencia de la Comunidad de Madrid.
(Fuente: eldiario)

El PP presenta a Cristina Cifuentes, que ha sido estos últimos años la Delegada del Gobierno en Madrid. Personalmente, me parece una política honrada, aunque no coincido con algunas de sus opiniones. En cualquier caso, me resulta bastante más próxima que su compañera de cartel, Esperanza Aguirre. El problema es que la Comunidad de Madrid, tras más de una década en manos del PP, desde el famoso Tamayazo, requiere de una limpieza bajo las alfombras que Cifuentes no creo que pudiera hacer.

Ciudadanos presenta a Ignacio Aguado (de nuevo, Google dixit), que es un abogado de 32 años. Posiblemente sea conveniente que él y su equipo próximo estén en la Asamblea de Madrid, pero no le veo como Presidente de la Comunidad. El candidato de UPyD es Ramón Marcos, una cara algo más conocida, pero la situación del partido en la actualidad posiblemente provoque que el (escaso) voto por UPyD vaya a quedarse sin representación en la Asamblea.

Estoy seguro de que hay muchas más candidaturas y muchos más candidatos y candidatas a la Alcaldía de Madrid y a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Pero no tengo ni el tiempo ni las ganas para intentar conocerlos mejor, porque creo que no me iban a aportar nada significativo para mí.


Con estos mimbres deberé tomar una decisión sobre qué papeletas voy a introducir en las urnas el próximo domingo. No estoy seguro de que escribirlo me haya servido de mucho, pero algo habrá ayudado, sin duda.

JMBA

martes, 14 de abril de 2015

Plante al Jefe del Estado

Mañana miércoles el Rey Felipe VI visita el Parlamento Europeo. Europarlamentarios españoles de diversas formaciones políticas (entre otras, Izquierda Unida y Convergència i Unió) han decidido dar el plante al Rey, y no asistir al encuentro previsto con todos los eurodiputados españoles.

Francamente, me parece una salida de tono sin ninguna justificación.

Yo me considero republicano. Es decir, si hoy construyéramos este país desde la nada, creo que un sistema republicano, en que el Jefe del Estado sea elegido democráticamente por todos los ciudadanos, es el más adecuado para organizar el país en el siglo XXI.

Dicho esto, Felipe VI es Rey de España y, por lo tanto, Jefe del Estado, legal y legítimamente. Como tal, merece el respeto de su posición y cualquier plante me parece fuera de lugar.

Otra cosa es que algunos (o muchos) ciudadanos estén por la labor de cambiar la Constitución, e incluso cambiar el sistema monárquico por uno republicano. La Ley permite su propia modificación, bajo ciertas condiciones democráticas.

Hasta ahora, la realidad es que no existe una mayoría política que esté por esa labor. Es posible que el tema cambie tras las próximas Elecciones Generales.

En un Estado de Derecho debe primar el Imperio de la Ley. Una Ley aprobada por la mayoría de los ciudadanos.

Es muy torticera y falaz la interpretación que da la sensación que algunos hacen de lo democrático: algo es democrático si es como yo creo que debería ser; antidemocrático si es lo contrario. La democracia, definitivamente, NO funciona de este modo.

La democracia es un sistema basado en mayorías y minorías. Conviene no olvidar esto.

Si aceptamos que algunos no cumplan la Ley sólo porque les parece que debería ser diferente, entonces menos mal que no tienen tanques, porque si los tuvieran estaríamos en un escenario de Golpe de Estado.

La mejor receta para la placidez de espíritu es disfrutar de la vida que te llegue, sin dejar de luchar por la vida que te gustaría tener.

Los ciudadanos estamos obligados a respetar la Ley y sus instituciones. No es necesario manifestar entusiasmo, si no se siente, ante el Rey o cuando suena el himno nacional. Pero el plante al Rey o los silbidos al himno son, simplemente, una falta de respeto que me parece que no debemos aceptar de ninguna forma.

Aunque sintamos simpatía por lo que dicen defender. Las cosas no se hacen así.

JMBA

lunes, 13 de abril de 2015

Los Cines de Antaño

Es más que probable que en un futuro no muy lejano, acaben desapareciendo las salas de cine tal y como las hemos conocido a lo largo de nuestra vida. Por supuesto que se seguirán haciendo películas, pero la mayoría sólo se verán en el salón de los hogares, o en las tablets, móviles o cualesquiera dispositivos que la gran factoría tecnológica mundial nos tenga reservados para los próximos tiempos. Y es posible que aquellas en que la acción sea lo principal, las tengamos que ver en salas multimedia especialmente preparadas, a donde tengamos que acudir como quien va de trekking al Nepal, y equiparnos de gafas de realidad aumentada, guantes sensores y demás aditamentos para poder sentir la película desde dentro.
Ulises (1954) fue uno de los peplum
que vi en los 60.

Pero las salas de cine, los cines, dicho de forma abreviada, han formado parte muy importante de nuestras vidas y han tenido un papel relevante en nuestra educación emocional, tecnológica y sentimental.

Yo viví toda mi infancia y primera juventud en Barcelona, en el piso familiar de la calle Mayor de Gracia, hoy conocida como Gran de Gràcia y que los más antiguos del lugar jamás dejarán de llamar calle Salmerón.

De muy niño me gustaba ir con mi padre y, a menudo, con alguno de mis hermanos, al cine Publi en el Paseo de Gracia. Allí acostumbraban a estrenarse las novedades en dibujos animados de la factoría de Walt Disney (por esa época la única que producía películas en dibujos animados). Pero a mí me gustaba especialmente porque en el vestíbulo había una máquina automática expendedora de caramelos, dotada de varias palancas mecánicas para la selección y extracción, que me tenía absolutamente fascinado.

Hasta los siete años fui a clases de párvulos en el colegio de monjas donde estudió mi hermana, a poco más de cien metros de casa, en la misma calle. Una de las seños, cuyo nombre he olvidado, fue el primer amor platónico del que tengo recuerdo. Creo que allí había un salón de actos o sala de proyecciones, donde a los niños nos pasaron alguna película. No recuerdo casi nada de la sala, y sólo recuerdo de forma bastante borrosa una de las películas que nos hicieron ver: Fray Escoba (1961), una película basada en la vida de San Martín de Porres.

Entre 1965 y 1973 estudié Primaria, Bachillerato Elemental y Bachillerato Superior en el colegio de los escolapios de la calle Balmes, esquina a Travesera de Gracia. De mi casa al colegio había un paseo de algo más de diez minutos, que recorría cuatro veces al día de lunes a viernes, y dos veces el sábado por la mañana, por lo menos en la primera etapa. Muchas mañanas me cruzaba con una niña en uniforme de colegio de monjas, con la que nos cruzábamos miradas intrigadas. Pero nunca llegamos a intercambiar ni una palabra. Otro (presunto) amor platónico para la mochila.
Uno de los mejores spaghetti western,
dirigido por Sergio Leone en 1966.

El colegio tenía un salón de actos con butacas abatibles de madera, que se utilizaba los sábados por la tarde como sala pública de cine de sesión doble. No recuerdo cuánto costaba la entrada, pero era muy poquito. Empezaba a las cinco menos cuarto, y duraba hasta pasadas las ocho, o incluso algún sábado en que tocaban películas largas, las nueve de la noche. Ese cine fue nuestro entretenimiento de muchas tardes de sábado por esa época. En ese cine creo que vi todos los peplum, western y spaghetti western de esos años. Aunque un sábado se les coló a los curas Hace un millón de años (Don Chaffey, 1966), donde una esplendorosa Raquel Welch alimentó durante semanas todas nuestras fantasías infantiles. Casi cada sábado, dos películas más.

En el intermedio, aparecía el consabido rotulito de Visite Nuestro Bar. El bar era una ventanilla que se asomaba al patio del recreo, donde se vendían algunos aperitivos o refrescos, o incluso algunos bocadillos para la merienda. Por una peseta, mi preferido era una bolsita pequeña de cacahuetes fritos con piel, que me resultaban deliciosos.

Por esa época, en la calle Mayor de Gracia y aledaños había unos cuantos cines, de los que no queda ni uno en la actualidad. En la Plaza Lesseps estaba el, relativamente, aristocrático Roxy, al que Serrat hizo famoso con su canción Los Fantasmas del Roxy (1987). El Roxy cerró sus puertas el 2 de Noviembre de 1969.

Al lado mismo de mi casa estaba el cine Selecto. De muy niño, antes de su reforma, proyectaban sesión doble, con un breve espectáculo de variedades en el intermedio. Sólo recuerdo haber estado en él una vez, con ese formato. Entre las dos películas actuó en el escenario un mago de serie B. Más adelante se reformó por completo, y se convirtió en una sala convencional de lo que se llamaba entonces de reestreno, con sesión continua de dos películas. El Selecto como tal desapareció en 1980, aunque tuvo unos años más de vida, tras otra profunda reforma, bajo el nombre de Cine Fontana. Ya estaban en crisis las salas de cine, y acabó cerrando definitivamente en 1988.
Una de las pocas películas que
efectivamente se filmaron en
CINERAMA.

Avanzando hacia la Avenida Diagonal, en la otra acera, esquina con Ros de Olano, estaba el Cine Proyecciones, que también acabó desapareciendo (en 1970).

En una travesía cerca de mi casa, la Rambla del Prat, estaba el Cine Bosque, llamado así porque se instaló originalmente en lo que era un pequeño bosque urbano (que yo ya no llegué a conocer). Tras una reforma importante se convirtió en una gran sala de proyección. Recuerdo haber visto allí Terremoto (Mark Robson, 1974) con el novedoso sistema llamado Sensurround, que provocó grietas e incluso desprendimientos en algún local, y del que nunca más se supo. Más adelante, una nueva reforma lo convirtió en una sala de multicines, que está todavía hoy en activo.

El Roxy, el Selecto, el Proyecciones y el Bosque fueron mis cines de barrio de la infancia, el refugio para las tardes abúlicas de las vacaciones escolares. Junto al Proyecciones había una horchatería que servía la que posiblemente fuera la mejor horchata de Barcelona, y que suponía un plus lujoso para una tarde de cine. Y junto al Bosque, una churrería con sus habituales delicias.

A principios de los años 60 se comercializó alguna película utilizando el novedoso sistema técnico que se llamó Cinerama. Consistía en que la filmación se realizaba utilizando tres cámaras sincronizadas, y la proyección requería también de tres proyectores sincronizados y de una gran pantalla de acusada curvatura. Se generaba de esta forma una cierta sensación de volumen o tercera dimensión. En Barcelona se preparó una sala (el Nuevo Cinema) en el Paralelo, para la exhibición de películas en Cinerama. Recuerdo haber ido allí, con mi padre creo, a principios de los 60 para ver la película La Conquista del Oeste (1962). Era una obra coral, de casi tres horas de duración, con cuatro directores en nómina (John Ford, Henry Hathaway, George Marshall y Richard Thorpe). Recuerdo que se veían con cierta claridad las dos líneas en la pantalla donde se juntaba la imagen proyectada por las tres máquinas.
Puro alimento para nuestras fantasías de
adolescencia.

Se acondicionaron otras dos salas en Barcelona para la proyección con grandes pantallas, pero no estoy seguro de que nunca dispusieran realmente de la triple proyección. Hubo otros sistemas técnicos que se utilizaron para las grandes pantallas curvas, como el UltraPanavision 70, que paliaba el coste prohibitivo de las tres cámaras y los tres proyectores. El Florida (en la calle Floridablanca) y el Waldorf (en la calle Calabria) también se llamaron Salas de Cinerama. Recuerdo haber visto El Mundo está loco, loco, loco (Stanley Kramer, 1963) en el Florida y La Carrera del Siglo (Blake Edwards, 1965) en el Waldorf.

En mi primera adolescencia, allá por 1970, me aficioné a asistir a las sesiones matinales de los domingos que ofrecían los cines de estreno del centro. Así pude ver algunas de las buenas películas de ese tiempo en el Urgel, el Aribau, el Alexandra, el Alcázar, el Fantasio o el Atlanta. Recuerdo con emoción un mediodía soleado, saliendo del cine Aribau tras ver Verano del 42 (Robert Mulligan, 1971), perdidamente enamorado de Jennifer O'Neill.

Los 70 trajeron una colección excelente de películas de catástrofes, para ver en cines de grandes pantallas y buen sonido. Quizá la más famosa fue El Coloso en Llamas (John Guillermin, 1974), pero a mi la que más me impactó fue La Aventura del Poseidón (Ronald Neame, 1972). Muy posiblemente debido a una dulcísima rubia llamada Carol Lynley, que interpretaba en la pantalla una canción romántica llamada The Morning After (originalmente cantada por Maureen McGovern). 

En esa época del tardofranquismo y del inicio del nuevo régimen, se extendió la costumbre de visitar Perpignan o Biarritz para ver películas eróticas de tono más o menos subido, o directamente pornográficas, que todavía estaban prohibidas en España. Marcaron esta tendencia El Último Tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972), Emmanuelle (Just Jaeckin, 1974) o Historia de O (Just Jaeckin, 1975). Yo nunca participé de ese turismo cinematográfico. Pero sí recuerdo, unos años más tarde, allá por el 77 ó 78, en mis primeras visitas a París, una lóbrega sala de los bulevares de Pigalle (el Axis) donde vi las primeras películas X de mi vida.
Catástrofe de un transatlántico, suavizada
por Carol Lynley, una rubia muy dulce.

En 1973, antes de la Universidad, seguí lo que se llamaba entonces el COU (Curso de Orientación Universitaria) en unas dependencias del colegio de los escolapios de Sarriá. Allí se organizó un Cine Club. Este era un concepto muy extendido, que se basaba en la proyección de una película, a veces con la introducción previa de algún experto, y un debate posterior para intentar, entre todos, desbrozar el contenido y el sentido de la película proyectada. Allí me tragué algunas películas infumables, como Los Cuatrocientos Golpes (François Truffaut, 1959) o El Séptimo Sello (Ingmar Bergman, 1957).

Como las películas se proyectaban por la tarde, tras las clases, si el debate se prolongaba, a veces había problemas para conseguir un autobús 22 que me devolviera a casa.

En los 70, la familia fuimos unos cuantos años de veraneo al pueblo de Centelles (pop. 2014: 7.333), a menos de 60Km de Barcelona, en la comarca de Osona, que por esa época tenía algo menos de cinco mil habitantes y dos salas de cine. En el breve Paseo estaba el Nuevo Cinema (apodado ca'l pequeñu) y, a menos de 200 metros, en la calle de la estación, el Park Cinema. Ambas salas rivalizaban en su programación, para atraer a nativos y veraneantes. Por algún motivo que nunca he conseguido aclarar, frecuentábamos bastante más el Park Cinema. De todas formas, las dos eran salas bastante convencionales, con sesión doble los fines de semana y esmerado servicio de bar en el vestíbulo

Desde 1980, coincidiendo con mi Servicio Militar, fuimos unos cuantos años de veraneo a la zona de la playa de Castelldefels, al sur de Barcelona. Allí viví mi único contacto prolongado con los cines al aire libre. En el Paseo Marítimo estaba el Cine Playa (el nombre, desde luego, no fue el resultado de una larga reflexión). La mayor parte de la platea estaba al descubierto, salvo una pequeña zona en la parte de atrás, que estaba cubierta. Lo frecuenté algunas veces, principalmente con los hijos y parientes de una familia buena amiga de la mía. Una vez nos sorprendió durante la sesión una de esas tormentas torrenciales que se producen a veces en Agosto en el Mediterráneo. Nos concentramos todos en la parte trasera, que estaba a cubierto de la lluvia. Al salir, nos encontramos que la zona estaba parcialmente inundada, y alguno de los coches tenía el nivel del agua hasta la mitad de la puerta. Hubo que esperar al día siguiente para poder moverlos con cierta seguridad. 
Con la excusa de la Prehistoria, una
exuberante Raquel Welch enseñaba
mucha más piel de lo habitual en los 60.

Los 80 vieron el desarrollo de los vídeos y la proliferación de videoclubs, donde se podían alquilar películas para verlas en casa, durante unos pocos días. Me hice socio de uno, en la calle Enrique Granados, y recuerdo que en casa, con mi padre, nos tragamos una infinidad de películas, muchas de ellas italianas, de las que se conseguían a precio económico en el videoclub.

En paralelo, las grandes salas de proyección iniciaron su desaparición. Muchas se acabaron convirtiendo en multicines, intentando conseguir una rentabilidad adecuada a base de salas más pequeñas y una oferta más diversificada. En el centro de las ciudades, los locales ocupados por cines han acabado buscando mejores rentabilidades con otras ofertas comerciales, y muchos de los multicines han ido desapareciendo. De hecho, prácticamente se han concentrado en los grandes centros comerciales de las afueras, donde es normal disponer de aparcamiento gratuito y más de una docena de salas. Pero incluso así, su rentabilidad está ligada al enorme margen que obtienen de los menús a base de cestos gigantes de palomitas y grandes refrescos.

De hecho, cada vez hay más películas que jamás pisan una sala de exhibición, y pasan directamente al circuito de los DVD, a los canales por cable o satélite, al pago por visión en alguna de las plataformas existentes en Internet, o caen directamente en las fauces de los infinitos caminos de la picaresca pirata.

En resumen, esas salas de cine de nuestra infancia se han convertido en un elemento más de la recreación nostálgica. Seguro que el futuro nos reserva muchas sorpresas. Pero no sé si conseguirán resultar tan entrañables como esos cines antiguos de nuestros años de juventud.

Entre otros buenos motivos, porque nunca volveremos a ser tan jóvenes como lo éramos entonces.

JMBA