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jueves, 3 de julio de 2014

ExAO (2) - Plasencia

Ya os conté la descripción general del viaje que tuve ocasión de realizar a Extremadura y Andalucía Occidental, y también la primera jornada del viaje, desde Madrid hasta Plasencia, pasando por el Puerto de la Cruz Verde, Guijuelo y Las Hurdes. Hoy os contaré mi breve visita a la ciudad de Plasencia.
El complejo de las Catedrales de Plasencia, desde la sala
de desayunos del Hotel Alfonso VIII
(JMBigas, Junio 2014)

Plasencia es la segunda ciudad más poblada (pop. 41.047) de la provincia de Cáceres, y se encuentra al norte de la provincia. Aunque la cruza el río Jerte y, geográficamente, pertenece al Valle del Jerte, administrativamente es independiente de esta comarca.

La ciudad fue fundada en el año 1.186 por el rey Alfonso VIII de Castilla. Inicialmente fue una fortaleza de frontera, pues el reino de León estaba al norte, y los musulmanes al sur. En la actualidad es una pequeña ciudad que constituye el centro administrativo, comercial y de servicios para todas las comarcas del norte de la provincia de Cáceres. Las murallas originales siguen en pie, abrazando el llamado Conjunto Histórico de la ciudad.
Edificio señorial del Hotel Alfonso VIII.
(JMBigas, Junio 2014)

Llegué a Plasencia el lunes 2 de Junio a media tarde, tras mi visita por Las Hurdes. Había reservado habitación en el Hotel Alfonso VIII. Se trata de un buen hotel céntrico, pero fuera del conjunto histórico, lo que facilita el acceso en coche. No tiene aparcamiento propio, pero hay un parking público (Puerta de Talavera) a menos de 100 metros del hotel. En recepción del hotel te facilitan una tarjeta de abonado, para poder entrar y salir del parking sin limitaciones, a cambio de un pago de 10€ por día de estancia.

Decidí ir a dar un paseo por la Catedral y hacia la Plaza Mayor, donde esperaba encontrar una oferta conveniente para cenar. Bajando por la propia calle del hotel (Alfonso VIII, que luego se convierte en Calvo Sotelo), se llega a unas escaleras que permiten acceder al Postigo de Santa María y al conjunto de las Catedrales de Plasencia. Sí, Plasencia es sede episcopal. Realmente hay dos catedrales en el mismo complejo: la Antigua, construida en el siglo XIII en el período de transición entre el románico y el gótico, y la Nueva, construida en el siglo XVI, en estilo renacentista y plateresco. A la hora que estuve por la zona, serían las siete de la tarde, la Catedral estaba cerrada y no pude visitar su interior.
Los nidos de cigüeña, omnipresentes por Extremadura
en la primavera.
(JMBigas, Junio 2014)

En esta época del año, uno de los atractivos estacionales que ofrece Extremadura es la profusión de nidos de cigüeña que abundan en lo alto de muchas torres y campanarios. Y las torres de la Catedral y edificios anexos no fueron una excepción. A esa hora de la tarde, hasta las mamás cigüeña estaban rondando también los nidos.

Me dirigí a la Plaza Mayor, siguiendo las calles peatonales del conjunto histórico, no más de unos doscientos metros. La Plaza Mayor es el núcleo central del llamado Conjunto Histórico de Plasencia, que fue declarado Bien de Interés Cultural en 1958. En la plaza, de tamaño medio, destaca el edificio del Ayuntamiento (la Casa Consistorial), en cuya torre habita un automáta famoso en la ciudad, una figura humana llamada el Abuelo Mayorga, que se mueve cuando repican las campanas.
Fachada renacentista de la Catedral Nueva de Plasencia.
(JMBigas, Junio 2014)

La Plaza Mayor está repleta de bares y restaurantes, con sus correspondientes terrazas exteriores en período estival. Es uno de los centros principales de reunión, tanto para ciudadanos como para visitantes (escasos, en general, por lo que pude ver; claro que era un lunes laborable).

Esa mañana la noticia había sido la abdicación del Rey Don Juan Carlos, y se habían convocado concentraciones de partidarios de la República en plazas de toda España. En Plasencia se agruparon varias docenas de manifestantes, enarbolando banderas tricolores de la República, pero no llegó a haber manifestación alguna. Todas las fuerzas del orden que pude ver fueron un par de policías locales, que sonreían al reconocer, sospecho que uno por uno, a todos los manifestantes habituales de la población.
Plaza Mayor de Plasencia. Al fondo, el Ayuntamiento.
(JMBigas, Junio 2014)

Decidí quedarme a cenar por la zona, y escogí el Bar Restaurante Español. Cené bastante bien, pero la carne que pedí (un lomo de buey a la parrilla) resultó más bien mediocre: con el cuchillo parecía que estuviera tocando el violín, de tal consistencia eran los nervios que recorrían la pieza. El vino, un Payva Crianza, D.O. Ribera del Guadiana, muy rico. Me invitaron a un chupito de crema de bellota, e hicieron desaparecer la carne de la factura que tuve que pagar, lo que siempre es de agradecer. Interesante el comentario del camarero: Cuando un día algo sale mal, no hay nada que hacer.

Tras la cena ya era noche cerrada, y aproveché para hacer alguna fotografía del Ayuntamiento iluminado. Volví al hotel, para poder madrugar al día siguiente.

El martes 3 de Junio hice un precioso recorrido por La Vera y el Valle del Jerte, que os contaré en el próximo capítulo. De vuelta a Plasencia por la tarde, aproveché para conocer el entorno del río. El Jerte recorre la parte baja de la ciudad. Entre la Plaza Mayor y el río hay un desnivel de unos 30 metros.
La Isla, abrazada por los brazos del río Jerte, acondicionada
para el ocio y la diversión.
(JMBigas, Junio 2014)

Por la zona de la Puerta de Talavera (junto a mi hotel), hay que despeñarse por diversas calles sin continuidad, para llegar al nivel del río; siguiendo únicamente el criterio de andar siempre hacia abajo. La zona conocida como La Isla está abrazada por dos brazos del Jerte, y está muy acondicionada para el ocio y la diversión de paisanos y visitantes. Se ve por allí mucha gente practicando deporte, o familias paseando o tomando algo en la terraza que hay allí, donde también se puede conseguir una cena informal.

Frente a La Isla hay un gran aparcamiento del mismo nombre, y allí hay instalada una pasarela elevada, con ascensores y escaleras para acceder a ella, que enlaza con un sistema de escaleras mecánicas que recorren la calle de Doña Leonor de Plantagenet, para remontar el desnivel hasta la Puerta del Sol, que da acceso al Conjunto Histórico. Una facilidad necesaria para no acabar echando el bofe cuando toca subir.
Complejo de escaleras mecánicas, para acceder a la
Puerta del Sol.
(JMBigas, Junio 2014)

Me apetecía cambiar algo de dieta para la cena, y me senté en la terraza del Rigoletto, un restaurante italiano junto a la Puerta del Sol. Acompañé una cena ligera con una botella de Lambrusco rosado, un vino espumoso italiano (frizzante, no spumante) de baja graduación, muy popular en España. Curiosamente, la modalidad rosada es absolutamente desconocida en la propia Italia, donde el Lambrusco de calidad es básicamente tinto. Creo que existe incluso una empresa valenciana que elabora este tipo de rosado, a partir de mostos importados de la Emilia-Romagna, manteniendo una IGT (Indicación Geográfica Típica) dell'Emilia. Yo me resisto a llamarle vino, ya que su tipología es más bien de un refresco alcohólico. Pero su sabor, habitualmente semidulce, resulta agradable para acompañar, especialmente, la comida italiana más tradicional.

Un joven camarero nos atendió a los poquitos comensales de la exigua terraza. Hasta que se fue a abrir el portón anexo al restaurante, del que salió con una pequeña motocicleta. Cargó un par de cajas de pizza en el cajón trasero, y partió raudo, volviendo al cabo de un ratito. Mientras tanto, pasó a atendernos otro camarero bastante más añejo. Los misterios del pluriempleo o, como algunos prefieren llamarlo, la flexibilidad laboral.

Tras la cena, volví paseando hasta el hotel. Al día siguiente madrugué, y seguí camino por Monfragüe, Trujillo y Guadalupe, para terminar la jornada en Cáceres. Pero ese ya será el tema de próximos capítulos.

Aparte de las fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 35 imágenes de Plasencia, pinchando en la siguiente foto:


También podéis ver un breve vídeo de un par de minutos con imágenes de mi visita a la ciudad.


JMBA

lunes, 30 de junio de 2014

ExAO (1) - Madrid a Plasencia, por Las Hurdes

Ya os he contado la descripción general del viaje a Extremadura y Andalucía Occidental, que tuve ocasión de realizar a primeros del mes de Junio. Hoy inicio los capítulos de detalle de las visitas más importantes.
La sinuosa carretera M-505, camino del
Puerto de la Cruz Verde.
(JMBigas, Junio 2014)

El objetivo del primer día, lunes 2 de Junio, era llegar a Plasencia (Cáceres) a media tarde (6-7 de la tarde). El camino directo, por la autovía de Extremadura, supone unos 262Km, y unas dos horas y media de viaje. Pero, dado que disponía de la jornada entera, pude planificar las cosas de otra forma.

Escogí acceder a la provincia de Cáceres por la comarca de Las Hurdes, al norte, lindando con la provincia de Salamanca. Las Hurdes es una pequeña comarca de 465 kilómetros cuadrados y 5.172 habitantes. Sólo tiene cinco municipios (Caminomorisco, Pinofranqueado, Ladrillar, Nuñomoral y Casares de las Hurdes) e infinidad de aldeas o alquerías.

Las Hurdes ganó una triste fama internacional, como el Tercer Mundo de Europa, a raíz de un documental de 27 minutos, dirigido por Luis Buñuel en 1932 (al principio de la Segunda República española), titulado Tierra sin Pan. Aunque originalmente muda, se acabó estrenando con una voz en off en francés. En 1996, con motivo del centenario del cine, la Filmoteca Nacional, realizó la adaptación de la película al castellano, con la voz en off del gran actor Paco Rabal. Todas las versiones pueden verse en youtube (por ejemplo). El documental fue muy discutido (algunas escenas estaban evidentemente preparadas), e incluso se prohibió, por proyectar una imagen inadecuada de España. El documental presenta una comarca aislada y anclada en el subdesarrollo, con niños desnutridos y descalzos, y muchos cretinos (así los llaman), fruto de la endogamia y el incesto. Parte del documental fue rodado en el pueblo de La Alberca, que administrativamente pertenece a la comarca de Sierra de Francia (Salamanca), junto al valle de las Batuecas.
El inconfundible perfil del Monasterio del Escorial,
desde el mirador del Puerto de la Cruz Verde.
(JMBigas, Junio 2014)

La realidad es que Las Hurdes es, hoy, una comarca bastante aislada, que no es ruta de paso. Aunque linda con Salamanca, la separa de ella la montaña, y sólo algunas carreteritas la cruzan. Aunque la primera carretera no se diseñó hasta 1922, hoy tiene una excelente carretera que la cruza de este a oeste (la EX-204), con numerosas carreteras comarcales, que permiten el acceso a los pueblos y aldeas que se encaraman en la montaña. Y dispone, por supuesto, de todos los servicios que un viajero puede necesitar. Algunas de sus maravillas naturales bien merecen, como veréis, una visita.

El camino que elegí me llevaría por Ávila y el sur de la provincia de Salamanca, para entrar en Las Hurdes por Riomalo de Abajo. El camino de Madrid a Ávila se puede realizar por la Autopista de La Coruña, la AP-6 (de peaje, que incluye el Túnel de Guadarrama), hasta Villacastín, y luego por la AP-51, también de peaje, hasta Ávila. Pero yo escogí el camino más pintoresco (y lento, por supuesto), que me brindó algunas vistas espectaculares.

Fui por la A-6 hasta Guadarrama (libre de peaje), y luego hacia El Escorial. Bordeando el Monasterio, seguí por la M-505 hacia Navas del Marqués. Pasé por el Puerto de la Cruz Verde (una delicia para los motoristas). Allí hay un mirador al borde de la carretera, desde la que se tiene una magnífica panorámica del valle de El Escorial y, a poco despejado que esté el día, se tiene una excelente visión del perfil del propio Monasterio. El mirador, a una altura de 1.352 metros (de acuerdo a los datos GPS), está situado en las siguientes coordenadas: N 40,564962 O 4,199243.
Meandro del Melero, en el río Alagón, desde el
Mirador de La Antigua.
(JMBigas, Junio 2014)

Desde allí seguí hacia Ávila y Piedrahíta. Aunque me suponía un pequeño desvío de la ruta, Guijuelo, la capital del buen jamón ibérico de la provincia de Salamanca, me quedaba muy a mano. Planifiqué una visita al pueblo, con la intención de comprar un poco de ese maravilloso jamón. Todo el pueblo está lleno de tiendas especializadas en la venta de productos del cerdo ibérico. Sin embargo, había escogido una tienda (que vi recomendada en alguna web), fuera de la calle principal y donde era relativamente fácil poder aparcar sin problemas. Durán Sánchez, uno de los especialistas de Guijuelo, tiene dos tiendas en el pueblo: una en la calle Filiberto Villalobos, 10 (N 40,553117 O 5,674451), la más grande, y otra más pequeña en Abdón Rodilla, 10 (N 40,557921 O 5,672216). Yo escogí esta última, donde pude comprar un par de sobres de 100 gr. cada uno, de excelente jamón ibérico de bellota de Guijuelo, cortado a cuchillo y envasado al vacío (a tan sólo 5€ el sobre, dicho sea de paso).
Panel descriptivo en el Mirador de La Antigua.
(JMBigas, Junio 2014)

Aunque había desayunado en casa antes de salir (hacia las siete de la mañana), ya tenía hambre, y aproveché para comer un bocadillo del excelente jamón de la zona en un bar al lado de la tienda.

Desde Guijuelo seguí por Sotoserrano y, bordeando el río Alagón, entrar en la provincia de Cáceres por Riomalo de Abajo. Allí hay una visita indispensable, el Mirador de La Antigua, al que, por cierto, no es fácil llegar. Al entrar al pueblo hay que tomar una carreterita lateral que bordea el río. Más adelante se convierte en una pista de tierra (correcta para circular, con precaución por los muchos baches, con un vehículo convencional). Tras varios kilómetros, se llega al Mirador (N 40,391161 O 6.086692), que está situado a 583 metros de altitud. Desde allí se domina el que, posiblemente, sea el meandro fluvial más bonito de toda España: el Meandro del Melero, en el río Alagón. Podéis verlo en alguna de las fotos y en el vídeo que os adjunto. Desde la zona donde se puede aparcar el coche se puede descender a pie hasta un segundo mirador inferior, más cercano al río. El lugar merece absolutamente una visita.

De vuelta a Riomalo de Abajo (municipio de Caminomorisco), tomé la carretera principal (EX-204) hasta Vegas de Coria (municipio de Nuñomoral). En el primer tramo, la carretera sigue, más o menos, el curso del río Ladrillar. Allí me desvié a la derecha por la carretera de Casares de Las Hurdes, que sigue el valle del río Hurdano. Justo en el desvío hay una gasolinera (conviene tenerla en cuenta, pues no hay tantos servicios fuera de la carretera principal). Tras una breve parada en Nuñomoral (donde se tiene una excelente visión del río), seguí camino hasta Casares de Las Hurdes.
Pueblo de Casares de Las Hurdes.
(JMBigas, Junio 2014)

El núcleo del pueblo bien merece un paseo (allí se puede ver el que, posiblemente, sea el único campanario de España que no forma parte de una iglesia o ermita), pero, desgraciadamente, yo iba ya bastante mal de tiempo (con hambre de parar a almorzar en Nuñomoral o Vegas de Coria). Paré en un pequeño mirador (N 40,441295 O 6,286575) de la sinuosa carretera de montaña CC-55.3, que permite cruzar a la provincia de Salamanca, en dirección a Ciudad Rodrigo.

De vuelta a Vegas de Coria, paré para comer un menú del día muy correcto en el Restaurante Los Ángeles, que tiene también servicio de hotel rural, sobre la propia carretera principal (EX-204). Dispone en la parte trasera de una pequeña zona donde también se puede aparcar. Como coincidió que esa mañana había sido noticia la abdicación del Rey Don Juan Carlos en su hijo, el entonces Príncipe Felipe, hoy ya nuevo Rey Felipe VI, pude seguir las informaciones en el televisor del comedor.

Tras la comida, seguí por la EX-204 dirección Oeste. Crucé Caminomorisco, y en Pinofranqueado (503 m. s.n.m.) me desvié de nuevo a la derecha por la CC-156, para remontar el valle del río Esperabán, hasta Aldehuela (784 m. s.n.m.). Por el camino, la carretera sigue el curso del río, y se cruza por varias alquerías muy pintorescas (como Las Erías o Castillo). También se pueden ver algunas de las características parcelas agrícolas (hoy abandonadas en su mayoría) rodeadas por muretes de piedra para protegerlas de las avenidas del río.
Hotel Restaurante Los Ángeles, en Vegas de Coria.
(JMBigas, Junio 2014)

De vuelta a Pinofranqueado por la misma carretera, enfoqué ya la última parte de la jornada en dirección a Plasencia. La carretera entra ligeramente en la comarca de Sierra de Gata, al oeste de Las Hurdes, por Torrecilla de los Ángeles, Hernán Pérez y Villanueva de la Sierra. La carretera se mantiene en todo el trayecto en el entorno de los 500 metros de altitud. La comarca es famosa por sus finos aceites de oliva, y se pueden ver grandes extensiones de olivos.

Y luego directo a Plasencia, donde acabé llegando pasadas las seis de la tarde. Ya os contaré algunas cosas de Plasencia en el siguiente capítulo.

Aparte de las poquitas fotografías que he seleccionado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una más completa colección de 23 instantáneas, pinchando en la siguiente foto:


También podéis ver un vídeo (de unos cinco minutos de duración), con las mejores imágenes de esta etapa:


JMBA

miércoles, 25 de junio de 2014

El fenómeno de "Ocho Apellidos Vascos"

Para desgracia de la industria cinematográfica nacional, y de la mayoría de nosotros como espectadores potenciales, en el cine español abundan las películas pretenciosas. Historias que pretenden convertirse en obras maestras en base a guiones deshilvanados que no interesan a nadie (quiero creer que excepto a su propio director); en base a personajes extremos que no forman parte de la vida diaria de la mayoría de los ciudadanos; en base a una realización mediocre, con actores y actrices que encarnan de forma rutinaria los papeles que les han correspondido, y que parece que no se creen demasiado; en base a un sonido a menudo ininteligible y a montajes atormentados que intentan disimular lo endeble de la historia en sí.
Emilio Martínez Lázaro, el director.
(Fuente: hoyesarte)

En resumen, la mayoría del cine español no es más que un páramo del que desertan en masa los espectadores, que persiguen ofertas mucho más atractivas. Proyectos que, a menudo, no superan la fase del más puro onanismo cultural.

Por supuesto, también hay algunas buenas películas, aunque son una distinguida minoría. Hay algunos directores de muy buen nivel, que siempre realizan buenas películas, aunque a menudo no resulten atractivas para el espectador. Y también hay un buen puñado de directores con oficio, que siempre constituyen una cierta garantía de calidad del producto terminado.

Y también hay algunas obras maestras, aunque la lista siempre será discutible. Posiblemente la mayoría estemos de acuerdo en incluir al García Berlanga de El Verdugo (1963) o Bienvenido, Mister Marshall (1953), aunque podamos diferir sobre si lo merece la fallera Paris Tombuctú (1999). El Amenábar de Los Otros (2001) podría estar, aunque sea muy discutible que se trate de una película del cine español. Personalmente incluiría al Almodóvar de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) y de Volver (2006) o al Fernando Trueba de Belle Epoque (1992) o de La niña de tus ojos (1998). También estaría en mi lista el Juanma Bajo Ulloa de Airbag (1997). Y hasta dentro del cine más casposo destacan algunas películas que han trascendido a su época (que es un requerimiento para que pueda pensarse que se trata de una obra maestra), como el No desearás al vecino del quinto (Ramón Fernández, 1970). Creo que también debería estar el Carlos Saura de La Caza (1966), aunque me costaría incluir alguna obra del (presunto) genio Luis Buñuel, cuyas películas, en general, me parecen pretenciosas y alejadas del espectador.
Clara Lago es Amaia.
(Fuente: elmundo)

Con Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez Lázaro, 2014), no estamos ante una obra maestra, pero sí ante una película pequeñita, pero excelente y deliciosa, de la que puede disfrutar cualquier espectador, incluso varias veces. Digo que no es una obra maestra porque, básicamente, ninguno de sus autores ha pretendido que lo sea. Eso la convierte en una película nada pretenciosa, que está teniendo un éxito de público y taquilla más allá de todas las expectativas. Será, sin duda alguna, una película que se recordará (y se volverá a ver) durante mucho tiempo.

Pero, ¿cuál es la receta?. En el fondo, es simple, aunque conseguir que todos los ingredientes estén en su proporción exacta, que la cocción esté precisamente en su punto justo, y que la guarnición realce con elegancia pero no oculte el sabor principal del plato, está al alcance de muy pocos.

La historia es sencilla: la improbable historia de amor entre un chico sevillano de libro con una chica vasca de manual, que vive en el imaginario pueblo de Argoitia, junto al Cantábrico. A partir de esta historia, el guión es una finísima obra de orfebrería, que maneja todos los tópicos imaginables con un cariño muy cercano; que se permite reírse de muchas cosas sin que (creo) nadie pueda sentirse herido.
Dani Rovira es Rafa, aunque a veces le toca
parecer Antxon.
(Fuente: zoomnews)

Los personajes son de los que quedarán en la memoria del espectador por mucho tiempo. Y a ello contribuye un cuarteto de actores en absoluto estado de gracia, que más que encarnarlos, son sus propios personajes. Los cuatro merecerían un Premio Goya de Grupo.

Clara Lago, que ya nos inquietó como la niña de El Viaje de Carol (Imanol Uribe, 2002), es Amaia, la taxista de Argoitia. Con su belleza intensa, pero nada voluptuosa, enamora al espectador desde la primera hasta la última escena. Cuando sonríe, lo que sucede pocas veces en esta película, se ilumina la pantalla. Noble siempre, aunque bastante borde muy a menudo, la historia la conduce a tener que soportar una fabulación que cada vez está más fuera de su control.

Dani Rovira es un cómico malagueño surgido del crisol del televisivo Club de la Comedia. Alguno de sus monólogos ya ha pasado a la pequeña historia del género. Dani es Rafa, un chico engominado del barrio de La Cruz de Sevilla, que trabaja en un bar junto al Guadalquivir. Se enamora hasta las trancas de Amaia, de despedida de soltera por Sevilla, con sus amigas, a la que le sale el rebujito por las orejas. Persiguiendo su quimera, Rafa cruzará por primera vez en su vida Despeñaperros, hasta llegar a Argoitia. Personalmente, Dani me parece muy divertido, especialmente por sus idas y vueltas verbales. La historia le lleva a quitarse la gomina, ponerse un piercing y parecer un chico vasco, la hostia, pues.
Karra Elejalde es Koldo (el padre de Amaia). Lo es, no es que
lo interprete.
(Fuente: cinedor)

Karra Elejalde es ya un veterano del cine vasco y español en general. Aquí es Koldo, el padre de Amaia, un pescador de arrastre con barco propio, desaparecido durante seis años, desde que su mujer se fugó con un sevillano (la historia siempre se repite), y que la casualidad (o no) le lleva de vuelta a Argoitia. Cuando baja del barco y avanza por el muelle para encontrarse con Amaia, sabemos que lo que estamos viendo no es a Karra haciendo de Koldo, sino al propio Koldo, con sus historias de pesca en costas lejanas, su afición al txakolí y su castellano parco, entreverado de euskera. Su actuación es simplemente magistral.

¿Y qué decir de Carmen Machi, la Aída de la televisión?. Pues que saca adelante su papel de Merche con acierto y éxito. Ser de Cáceres y viuda de guardia civil en Argoitia no es una tarea fácil, pero lo lleva con alegría y nunca pensó en volver a Extremadura. Rafa encuentra en ella un apoyo ciertamente incondicional, aunque algo interesado, eso sí.

Este es el cuarteto de maestros que lleva en volandas al espectador desde el principio al fin de la historia. Más algunos personajes secundarios muy bien escogidos, de entre los que destacaría al Padre Inazio, a quien el secreto de confesión le pesa demasiado, y a los dos amigos sevillanos de Rafa, convencidos de que a éste le ha abducido algún comando terrorista.
Carmen Machi es Merche, aunque a veces le toca
parecer Anne.
(Fuente: hola)

Con estos mimbres, Emilio Martínez Lázaro desarrolla la comedia con buen tino y un ritmo impecable, al que un montaje muy bien ajustado le mantiene el necesario suspense.

La película es muy divertida. No da para grandes carcajadas, pero al espectador se le instala la sonrisa en la boca al principio de la historia, y ya no le abandonará hasta los títulos de crédito finales. Y quedan ganas de verla otra vez, en la seguridad de que algunos guiños y recovecos de los diálogos se nos han pasado por alto la primera vez.

Todos estos ingredientes son los que han convertido a Ocho apellidos vascos en un éxito inesperado de taquilla. Ha funcionado el boca a boca, y la película se ha ido recomendando de unos a otros para pasar un rato muy divertido, lo que, en estos tiempos, la realidad cotidiana raramente nos brinda.

Al hilo de Ocho apellidos vascos, he buceado un poco en la filmografía anterior de Emilio Martínez Lázaro, y he recuperado algunas joyitas de la comedia española de las últimas décadas. Empezando por Amo tu cama rica (1991), que ya me gustó cuando la vi en su momento, y que me sigue gustando ahora que la he visto de nuevo. Es otra historia de amor improbable, entre un apocado Pedro (Pere Ponce) y una sensual, seductora y promiscua Sara (Ariadna Gil). O las dos comedias musicales de la última década (Al otro lado de la cama -2002- y Los 2 lados de la cama -2005-) donde el director sigue las peripecias amorosas de varias parejas amigas, utilizando un género infrecuente en el cine español.

En resumen, pues, un director con muy buen oficio para la comedia, un grupito de actores que rozan la excelencia, una historia de amor improbable (casi, casi, incluso interracial) y una producción meticulosa que sitúa la acción en escenarios privilegiados, han creado otra joyita del cine español de comedia, que el público ha sabido agradecer. Parecería sencillo, pero dado que estamos hablando de un fenómeno infrecuente, bien convendrá agradecer a todo el equipo técnico y artístico su devoción para conseguir una joya de película. Entre otras muchas cosas, porque saben esquivar con maestría los inevitables elementos truculentos que siempre tiene una historia como esta.

Quizá nunca se la considere una obra maestra, pero estoy seguro de que podremos volver a verla en diez o veinte años, y seguirá haciéndonos sonreír de principio a fin.

Absolutamente recomendable para pasar un muy buen rato de cine.

JMBA

martes, 17 de junio de 2014

Extremadura y Andalucía Occidental: ExAO (0)

Desde el lunes 2 hasta el martes 10 de Junio he tenido la ocasión de realizar (en coche) un maravilloso viaje por el suroeste de España, por Extremadura y por Andalucía Occidental. En las próximas semanas os iré contando, bajo el epígrafe ExAO, las partes y visitas más interesantes del viaje, una vez vaya seleccionando las fotografías más significativas, y edite algunos vídeos muy ilustrativos.
Inconfundible perfil del Monasterio del Escorial,
desde el Puerto de la Cruz Verde.
(JMBigas, Junio 2014)

Pero hoy os quiero contar las líneas generales del viaje, en el que recorrí las dos provincias de Extremadura (Cáceres y Badajoz), y las cuatro de Andalucía Occidental (Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva). En total, recorrí la friolera de 3.157 kilómetros.

El motivo del viaje (yo creo que cualquier viaje siempre debe tener un motivo) era turístico, por supuesto, pero también enológico. En Extremadura se producen algunos vinos singulares, y hay nuevas bodegas que están apostando por algo diferente de lo de toda la vida. Los vinos generosos andaluces son bien conocidos, pero también se producen algunos blancos afrutados muy golosos, e incluso en el Marco de Jerez ya se producen algunos vinos tintos muy relevantes. Y también había una motivación gastronómica, ya que toda esa franja fronteriza con Portugal es la dehesa donde crecen los cerdos ibéricos y donde se produce el singular e inigualable jamón de bellota. Sin olvidar algunos quesos muy representativos y otras delicias del paladar.

Al final de la primera etapa debía llegar a Plasencia, donde había reservado un hotel para dos noches. Escogí el camino de Las Hurdes, al norte de la provincia de Cáceres, lindando con Salamanca. La primera parada fue Guijuelo, el centro neurálgico del mejor jamón de Salamanca. Para llegar escogí el camino bonito: por El Escorial y el Puerto de la Cruz Verde hasta Ávila, y luego por Piedrahíta hasta Guijuelo.
Meandro Melero, en el río Alagón, Las Hurdes, Cáceres.
(JMBigas, Junio 2014)

Desde Guijuelo, seguí en dirección a la provincia de Cáceres por Cristóbal y Sotoserrano (otro de los lugares emblemáticos del jamón). Entré en Extremadura por Riomalo de Abajo, junto al río Alagón, que marca buena parte del paisaje de Las Hurdes. Desde el Mirador de La Antigua tuve las mejores vistas del que dicen que pudiera ser el meandro más bonito de España, el Meandro Melero.

Comí un Menú del Día en Vegas de Coria (viendo por televisión la noticia del día, la abdicación de Don Juan Carlos). Seguí la carretera principal que recorre Las Hurdes (por Caminomorisco y Pinofranqueado). Hice un par de incursiones por los valles laterales, hasta Casares de Las Hurdes y Aldehuela.

Seguí camino hacia Plasencia por Hernán Pérez y Villanueva de la Sierra (ya en la comarca de Sierra de Gata). Llegué a Plasencia a media tarde.

En esta época del año, por Extremadura siempre hay que mirar hacia arriba, pues en lo alto de muchas torres de los castillos, o campanarios de las catedrales o iglesias, se distinguen los inconfundibles nidos de cigüeña. Y es muy fácil ver cigüeñas por todas partes.
Nidos de cigüeña en lo alto de una de las torres
de una de las Catedrales de Plasencia,
(JMBigas, Junio 2014)

El martes, con base en Plasencia, planifiqué una ruta para visitar la comarca de La Vera y también el Valle del Jerte. La Vera, famosa por su pimentón, tiene un precioso paisaje ondulado, con muchas gargantas que desembocan en el valle principal, y acaban afluyendo al río Tiétar, que desemboca en el Tajo dentro del Parque Nacional de Monfragüe, entre Plasencia y Cáceres.

Una visita obligada es el Monasterio de Yuste, a unos pocos kilómetros del pueblo de Cuacos de Yuste. Allí decidió ir a morir el Emperador Carlos V, en 1556. El Palacio anexo al Monasterio que se hizo construir también se puede visitar.

Desde el Monasterio, seguí por una carreterita de montaña que, tras cruzar Garganta la Olla y Piornal, une la comarca de la Vera con el Valle del Jerte. Esta comarca es conocida por las maravillosas cerezas que produce. Al principio de la primavera (habitualmente por Marzo) es un espectáculo internacionalmente conocido la floración de los cerezos, que provocan una sensación inigualable de valle nevado. En el Valle del Jerte, la mayoría de actividades económicas se realiza en torno a los cerezos, las cerezas y la variedad de las picotas.
Palacio del Emperador Carlos V, anexo al
Monasterio de Yuste.
(JMBigas, Junio 2014)

Remonté el valle hasta el puerto de Tornavacas, que lo une con la provincia de Ávila. En lo alto del puerto hay un gran mirador desde el que se domina todo el valle, y que es el palco privilegiado en la época de floración de los cerezos. En Junio los cerezos ya no están en floración, pero aun y así, la vista desde ese mirador es impresionante. Desde allí volví a Plasencia.

El miércoles había previsto una ruta que me debía llevar a Cáceres, donde había reservado un hotel en plena Plaza Mayor. Hacia el sur de Plasencia accedí al Parque Nacional de Monfragüe. La puerta natural de acceso para el visitante del Parque es el poblado de Villareal de San Carlos. Allí hay un Centro de Visitantes y varios Centros de Interpretación, así como un amplio aparcamiento y varios restaurantes, hostales y tiendas. Aunque toda la zona estaba metida en obras mayores, supongo que preparándose para la próxima temporada veraniega, el Centro de Visitantes estaba abierto, y allí conseguí un pequeño mapa con las rutas principales por el Parque..
El Salto del Gitano, en el Parque Nacional de Monfragüe.
(JMBigas, Junio 2014)

Siguiendo por la carretera, llegué hasta el Mirador del Puente del Cardenal, junto al punto donde se juntan el Tiétar y el Tajo. Pero, para mi desgracia, el nivel de las aguas del Tajo reguladas por la Presa de Alcántara era muy elevado, y el puente estaba totalmente sumergido y, por lo tanto, invisible. Por el nuevo puente crucé el Tajo, para parar en el llamado Salto del Gitano, un enorme peñasco donde pueden verse infinidad de aves (águilas, buitres,...). Se pasa luego junto al Castillo de Monfragüe, hasta Torrejón el Rubio, ya al sur del Parque Nacional.

Seguí camino hacia Trujillo. Al sur de la ciudad están las Bodegas Habla (que tuve ocasión de visitar, ya os contaré), con sólo una década de vida, pero que ya son una leyenda de la zona. Hacia el este, seguí hacia Guadalupe y la subzona Cañamero de la Denominación de Origen Ribera del Guadiana, la única específica que existe en Extremadura. Compré algunas botellas en las Bodegas Ruiz Torres.

Por la tarde fui hacia la ciudad de Cáceres, que merece un capítulo aparte. La Ciudad Antigua fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986. Pero no hay que olvidar que Cáceres es ciudad de pendientes: estés donde estés, hacia un lado hay que subir; hacia el otro hay que bajar. Un hotel en plena Plaza Mayor fue un lujo, que ya os contaré en detalle en otro capítulo.
Plaza Mayor de Cáceres.
(JMBigas, Junio 2014)

Para el jueves, la primera parada fue Montánchez, una de las cunas del excelente jamón ibérico extremeño. Desde allí me junté a la A-66, la Autovía de la Plata, la gran arteria Norte-Sur que articula toda la región, y que permite viajar desde Gijón, en la costa cantábrica asturiana, hasta Sevilla.

La siguiente parada, obligatoria, fue Mérida, para visitar su maravilloso Teatro Romano y el Anfiteatro anexo, así como para disfrutar de sus tapas y viandas. Aparte de ser la capital política y administrativa de Extremadura, para mi gusto es demasiado turística: por los alrededores del Teatro Romano, el visitante es perseguido para promocionar los diversos menús que ofrecen los muchos restaurantes de la zona.

Desde Mérida seguí hacia el sur, por la Vía de la Plata, con primera parada en Almendralejo. Allí visité las Bodegas Romale (en un polígono industrial), que producen varios tipos de vino, entre los que destaca un espumoso (con Denominación de Origen Cava) Brut Nature Reserva, a un precio muy atractivo.
Teatro Romano de Mérida.
(JMBigas, Junio 2014)

Más al sur, en las afueras de Villafranca de los Barros, visité el Pago de las Encomiendas. Esta es una bodega que produce algunos vinos singulares, como el rosado Nadir, de tempranillo y petit verdot, con unos carnosos 14,5º de graduación alcohólica, o el Xentia, un tinto crianza (14 meses), un cuvée singular de tempranillo, petit verdot, shiraz y graciano, comercializado como Vino de la Tierra de Extremadura.

La jornada terminó en el Parador de Zafra, el antiguo Palacio de los Duques de Feria, junto a la Plaza de España.

El viernes empezó con un completo desayuno en el Parador, y una primera parada en Monesterio, la catedral del jamón ibérico en la provincia de Badajoz. Luego, ya en tierras de Huelva, un desvío hacia Aracena y Jabugo, el lugar más emblemático de España para el jamón ibérico de bellota. Y esto se nota, porque en la calle principal se suceden las tiendas que ofrecen al visitante las maravillas chacineras de la zona.
Patio central del Parador de Zafra.
(JMBigas, Junio 2014)

Seguí hacia Minas de Riotinto. Tenía la esperanza de poder realizar el trayecto en el tren turístico minero que recorre un tramo, bordeando el Río Tinto, del antiguo trayecto que bajaba hasta el puerto de Huelva, para embarcar el mineral. La información que había podido recabar por Internet era algo confusa, pero tuve suerte. Llegué a la estación de Talleres-Minas algo antes de la una de la tarde, y el único trayecto de ese día iba a partir a las 13.30 horas. Os contaré esta visita con detalle en otro artículo, que bien lo merece.

Desde allí recuperé la Vía de la Plata hasta Sevilla, y luego hacia Cádiz, con fin de etapa en Sanlúcar de Barrameda. Allí había reservado un hotel para el fin de semana, junto a Bajo de Guía y la desembocadura del río Guadalquivir. Desgraciadamente, había un factor que no había previsto, y es que ese fin de semana se desarrollaba la multitudinaria romería de El Rocío, en la aldea del municipio de Almonte, en el corazón del Parque Nacional de Doñana. Esto alteraba la vida habitual de la zona y, por ejemplo, el barco que cruza el Guadalquivir y permite visitar un par de enclaves del Parque no tenía servicio hasta finalizar la romería, a mitad de la siguiente semana.
Característico color del agua del Río Tinto.
(JMBigas, Junio 2014)

El sábado pasé una jornada maravillosa con unos buenos amigos en su casa de Rota. A la salida de Sanlúcar por la carretera de Chipiona, sin embargo, hice una parada en las Bodegas Delgado Zuleta, una de las muchas que hay en Sanlúcar, cuya especialidad es la Manzanilla. Compré allí algunas botellas, entre las que destaca una de Goya XL, una manzanilla en rama que es una delicia para el aperitivo, y otra de Samaruco, uno de los estupendos vinos tintos que Luis Pérez produce en la zona del Marco de Jerez.

El domingo diseñé una ruta por las playas del este de Cádiz, en dirección hacia Tarifa (Los Caños de Meca, Barbate, Zahara de los Atunes). Comí muy a gusto frente al mar en Barbate, y dediqué parte de la tarde a una visita a la ciudad de Cádiz, donde destaca la playa urbana de La Caleta. Ya os lo contaré con más detalle en otro capítulo.
El Parque Nacional de Doñana, en la ribera derecha del
Guadalquivir, desde Bajo de Guía, Sanlúcar de Barrameda.
(JMBigas, Junio 2014)

Para el lunes había previsto una visita al finisterre andaluz, Ayamonte, junto a la desembocadura del río Guadiana, ya en la frontera con Portugal. Aunque El Rocío está muy cerca de Sanlúcar (al otro lado de Doñana), para ir en coche hay que remontar de nuevo hasta Sevilla. Hice una parada en Bollullos Par del Condado, donde compré algunas botellas de los vinos de la Denominación de Origen Condado de Huelva. Seguí mi plan de bajar hacia Almonte y Matalascañas, aunque en esa carretera tuve que sufrir el monumental atasco en los alrededores del Rocío, provocado por los romeros que ya empezaban a volver a casa, una vez terminada, a la una de la tarde, el paseo de la Reina de las Marismas por la Aldea.

Conseguí superar (con tiempo, eso sí) ese inconveniente, y llegar a Matalascañas, la localidad costera que linda con el Parque Nacional de Doñana. Seguí la carretera costera, por Mazagón, hasta Moguer. Desgraciadamente, los lunes el Muelle de las Carabelas está cerrado, por lo que no pude visitarlo y sólo conseguí alguna foto lejana.
Playa de La Caleta, en Cádiz.
(JMBigas, Junio 2014)

Por Huelva y la A-49, la Autopista del Quinto Centenario, llegué a Ayamonte en torno a las seis de la tarde. Desgraciadamente, para el servicio fluvial que navega por la desembocadura del Guadiana había que esperar al día siguiente al mediodía, y yo debía salir pronto, pues tenía una larga ruta por delante. Pero pude visitar la zona del Muelle de Portugal y la Plaza de la Laguna. En una tienda turística de la plaza descubrí una nueva joya enológica que yo desconocía: unos vinos selectos (blanco, rosado, tinto) que se producen en una bodega de nuevo cuño en Villablanca, junto a Lepe.

En la zona había reservado, por un precio irrisorio, una habitación en el hotel del campo de golf de Isla Canela. Un maravilloso cuatro estrellas, en un enclave privilegiado, de amplias y muy confortables habitaciones, con terraza sobre el campo de golf, y un estupendo restaurante gastronómico.

El martes tocaba el camino de vuelta hacia Madrid, un largo camino. Para amenizar la ruta, había previsto dos desvíos en la provincia de Córdoba. Paré primero en el centro de Montilla, para visitar una tradicional tienda de vinos de la zona, Durán, frente a las gigantescas bodegas Alvear.
Plaza de la Laguna, Ayamonte (Huelva).
(JMBigas, Junio 2014)

La segunda parada prevista era en el Valle de los Pedroches (Villanueva de Córdoba, Pozoblanco), la cuna del mejor jamón ibérico, del norte de la provincia de Córdoba. Pero sufrí del inconveniente que yo denomino playa del mediodía. A la hora en que llegué a la zona, los comercios estaban cerrados. Como no podía esperar varias horas a que alguno volviera a abrir por la tarde, tuve que conformarme con un ligero refrigerio en Pozoblanco, y seguir camino hacia Madrid.

Recorrí los preciosos paisajes de la sierra, por Pedroche, Torrecampo, La Bienvenida y Brazatortas, ya en la provincia de Ciudad Real. De allí, por Puertollano, Ciudad Real y Daimiel, hasta juntarme con la Autovía de Andalucía (A-4) en Puerto Lápice. Y ya, tutto diritto, hacia Madrid, donde llegué al final de la tarde.

En resumen, nueve días de viaje con un muy interesante botín en el maletero, en forma de, principalmente, vinos y jamón de bellota. Y deliciosas experiencias turísticas y gastronómicas.

Ya os iré contando próximamente los detalles más interesantes. Por el momento, valga este resumen como una introducción a este delicioso viaje, para ir haciendo boca.

JMBA

lunes, 16 de junio de 2014

¿Monarquía o República?

Coincidió la abdicación de Don Juan Carlos con que yo estaba iniciando un viaje en coche por el Suroeste de España (tierra de jamón, quesos y vinos, entre muchas otras maravillas), que ya tendré ocasión de iros contando por entregas.
Don Felipe de Borbón y Grecia, próximo Felipe VI, Rey de España.
(Fuente: theobjective)


Escuché por la radio primero que Rajoy iba a realizar una comparecencia pública sorpresa, y luego fui siguiendo la noticia, por la radio y la televisión, el resto del día.

En una persona de su edad (el pasado mes de Enero cumplió los 76 años) y con los achaques de salud que le están afectando últimamente y que, entre otras limitaciones, le está provocando graves problemas de movilidad, su abdicación no debería ser una sorpresa para nadie.

Sin embargo, parece que a la clase política la noticia les pilló con el paso cambiado. Se puso en evidencia la existencia de un cierto vacío legal para soportar el relevo en la Jefatura del Estado, y los dos grandes partidos tuvieron que ponerse de acuerdo para aprobar a toda prisa una Ley Orgánica que dé paso a la proclamación de Don Felipe como nuevo Rey de España, lo que se espera suceda este próximo jueves 19 de Junio.

Creo que, de todas formas, esto es lo que había que hacer, para garantizar la continuidad de las instituciones del Estado, tal y como se prevé en la vigente Constitución.

Don Juan Carlos, durante los 38 años de su reinado, ha prestado algunos destacados servicios a España y a sus ciudadanos, pero también ha cometido demasiadas frivolidades, inaceptables para una persona de tan alta representatividad, y de quien siempre hay que esperar la ejemplaridad. En los últimos tiempos, además, su figura se ha visto manchada por obscenos episodios de corrupción en su proximidad inmediata. Aunque, desde mi punto de vista, este último hecho debe enmarcarse en los numerosos casos de prácticas corruptas entre los que tienen posibilidad de perpetrarlas, y no achacarlo a un problema específico de la Monarquía.

Pero al hilo de este relevo que, por otra parte, era perfectamente esperable, se ha desatado una polémica en la vida pública española, que tiene que ver con la forma del Estado, y que se resume en la disyuntiva de Monarquía o República. Algunos partidos de la izquierda se han manifestado, lo que no constituye noticia ni novedad, como abiertamente republicanos, mientras que el PSOE se ha inventado una fórmula (somos republicanos, pero perfectamente compatibles con una monarquía constitucional y parlamentaria) que les ha permitido votar favorablemente la Ley de Abdicación, y asumir el papel de un partido grande, con implantación nacional y sentido de Estado, que ha detentado el poder, y que tiene todas las posibilidades de volver a hacerlo en los próximos tiempos.

Personalmente, me parece que esta polémica ha escogido un tiempo equivocado. Aunque sólo sea por principios, creo que la recomendación de Ignacio de Loyola (en tiempos de tribulación, no hagas mudanza) es siempre sensata.

Pero me parece que la discusión pública sobre la forma del Estado debe estar en la hoja de ruta de los próximos tiempos, incluyendo una eventual consulta popular o referéndum.

Ya he manifestado mi opinión sobre la necesidad de un próximo proceso constituyente en España. Por una serie de motivos que creo haber expuesto con bastante detalle, entre los que está, por supuesto, la Monarquía en sí misma como forma del Estado.

Conviene tener en cuenta que la actual monarquía fue decidida por el Dictador Franco, y que nunca estuvo encima de la mesa durante las negociaciones que llevaron a la Constitución de 1978. En otras palabras, en ese momento se consideró que las fuerzas vivas del Régimen anterior, todavía muy vivas en esos tiempos, jamás aceptarían una forma de Estado diferente de la que había decidido Franco.

En este siglo XXI, me parece un anacronismo la propia existencia de una (llamada) Familia Real. Además, lleva a la Jefatura del Estado a una persona que no ha sido elegida ni por los ciudadanos ni por sus representantes, y representa una evidente discriminación por razón de cuna.

Pero, por otra parte, también es cierto que algunos de los países más avanzados del mundo (el Reino Unido, Bélgica, Holanda, los países nórdicos,...) siguen siendo actualmente monarquías.

Y es que, partiendo de un sistema democrático consolidado, constitucional y parlamentario, la posición personal a favor o en contra de la Monarquía no tiene casi nada que ver con argumentos políticos, ni siquiera económicos, sino más bien éticos o estéticos. Hay monárquicos que lo son por su amor al boato y a la brillantez de que a menudo se revisten los actos de la monarquía. También hay no católicos, o por lo menos católicos no practicantes, que siguen casándose por la Iglesia o celebrando la Primera Comunión de sus hijos por pura devoción por el espectáculo. Estos son criterios básicamente estéticos.

Y hay también muchos republicanos que lo son por criterios puramente éticos, a quienes les parece mal que no cualquiera pueda llegar a ser Rey, o que el Rey no sea elegido por el pueblo. Aunque su papel político sea estrictamente nulo, y sea el Gobierno quien decide todos los temas relacionados con la marcha del país.

Unos piensan que cómo puede representar un Rey a todos los ciudadanos, si éstos no le han elegido, mientras otros sostienen que un (eventual) Presidente de la República no lo sería de todos los ciudadanos sino sólo de aquellos que le han votado. Este último argumento me parece especialmente miserable, pues pone en cuestión el principio de la representación política, y eso mismo podría aplicarse a un Presidente del Gobierno.

Algunos esgrimen criterios económicos para manifestar su oposición a la Monarquía. Pero conviene pensar que no hay ningún argumento serio que nos permita afirmar que la Jefatura del Estado de una eventual República nos saliera más barata de lo que nos cuesta la actual Monarquía. En repúblicas como Francia o Estados Unidos, el Presidente de la República es la máxima autoridad ejecutiva del Estado, pero también existe el equivalente a un Primer Ministro o Presidente del Gobierno. En Francia, por ejemplo, el Elíseo y Matignon. En otro tipo de repúblicas no presidencialistas (como Italia o Alemania), la figura, puramente representativa, del Presidente de la República, es habitualmente asumida, previa elección (directa o indirecta) de los ciudadanos, por algún político de prestigio ya jubilado, que precisa de una residencia oficial y de un Presupuesto para poder llevar a cabo su labor.

Mientras en otros países la Monarquía es una tradición de muchos siglos, en España esta (presunta) tradición se ha roto bastantes veces sólo en el último siglo y medio. Aunque mantener una tradición me pueda parecer en general respetable, también es cierto que hay algunas muy peregrinas, que exigirían una revisión en profundidad.

Por todo ello, creo que en los muy próximos tiempos resulta imprescindible, dentro de ese proceso constituyente que propugno, que se celebre un referéndum donde todos los ciudadanos puedan opinar sobre la forma de Estado que prefieren.

Pero da la sensación de que hay muchos políticos, en estos momentos, prácticamente la totalidad del PP, que piensan (o, por lo menos, dicen) que los ciudadanos ya votan a un partido político u otro cada cuatro años, y que durante los cuatro años siguientes les toca, en el tema político, callar y asentir. Estas manifestaciones atentan contra el principio de que los representantes de los ciudadanos deben ser fiscalizados por quienes les han elegido, y de ninguna forma la elección supone una patente de corso para hacer lo que quieran, hasta las siguientes elecciones.

Me parece execrable defender que los ciudadanos que votan a un partido político en unas Elecciones Generales están de acuerdo por completo con la opinión y posición de ese partido político sobre cualquier tema que podamos imaginar, o sobre cualquier ocurrencia que pudieran tener en el futuro. Eso es entender la democracia como un cortijo donde cada cuatro años se decide quién es el capataz.

Hasta los a menudo denostados delegados sindicales deben validar las decisiones importantes (aceptación o no de una propuesta de la empresa, o la revisión de un Convenio Colectivo,...) con las correspondientes asambleas de trabajadores.

Esta es la trampa de las que se han venido a llamar elecciones plebiscitarias. El propio Rajoy las denosta cuando es Mas quien las sugiere. Se trata de que, a falta de una consulta concreta sobre un tema específico, se entiende que el ciudadano va a votar a un partido político en función de su posición sobre ese tema. En otras palabras, que un ciudadano podría estar forzado a votar a un partido político con quien sólo comulga en la posición sobre ese tema, o a no votar a otro partido político con quien comulga en todo excepto en su posición sobre ese tema concreto.

En una democracia de calidad, los electores delegan su representación durante un tiempo, pero no la regalan. Y conservan, por supuesto, su derecho a criticar las posiciones, acciones, omisiones e incluso opiniones de aquellos a quienes eligieron. Y también su derecho a ser consultados ante decisiones de especial trascendencia.

En el marco de un (necesario) proceso constituyente, creo que debería celebrarse un referéndum donde los ciudadanos podamos dar nuestra opinión sobre la forma de Estado con la que nos sintamos más cómodos. Sabiendo que ese es un tema políticamente muy poco trascendente, pero es necesario eliminar esa polémica de la vida pública de este país. Para poder centrarnos en los temas realmente importantes, y conseguir que la democracia española sea de calidad muy superior a lo que es actualmente. A falta de una consulta popular, la calle acaba tomando el relevo. Pero la calle es sólo un barómetro de tendencias, y también un termómetro de nula fiabilidad.

Si me preguntan, yo votaría por una República, pero siendo plenamente consciente que, ni de lejos, ese es el principal problema que tiene actualmente España.

Por el momento, no creo que, como ciudadanos, renunciemos a nada trascendental, desde el punto de vista político, por declararnos compatibles con una monarquía constitucional y parlamentaria, donde la figura del Rey es puramente representativa del Estado y de todos sus ciudadanos, y donde todo el poder ejecutivo está en manos de un Gobierno que, de alguna forma, es elegido cada cuatro años por los ciudadanos.

No me gusta la Monarquía. Pero hay infinitas otras cosas que me repugnan mucho más de la situación política, económica y social de este país.

La próxima proclamación del Rey Felipe VI debería desarrollarse sin incidentes, porque ese paso viene determinado por la Ley, cuyo imperio es imprescindible para podernos llamar demócratas. Eso sí, teniendo en cuenta que acatar la legalidad vigente no significa que estemos de acuerdo con ella, ni que cejemos en nuestro empeño de cambiarla para aportar a España una democracia de mucha mejor calidad. 

Soy republicano, pero también soy consciente de que ése NO es, de ninguna forma, el problema más acuciante que tenemos.

JMBA