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domingo, 12 de mayo de 2013

Asomándose a Bruselas

Cuando planifiqué mi ruta por varias ciudades europeas en el inicio de la primavera, empezando por Londres, tenía pensado enlazar en París, via el Eurostar, hacia Frankfurt. Pero ya pensaba visitar París al final del viaje (antes de la vuelta a España por el nuevo enlace de -casi- Alta Velocidad en Figueres-Vilafant) y el camino, aburrido, hubiera sido de ida y vuelta.
Uno de los edificios de la Grand Place (Grote Markt),
el centro neurálgico y monumental de Bruselas.
(JMBigas, Marzo 2013)

Por el contrario, opté por hacer una escala en Bruselas. El Eurostar, tren de alta velocidad que une Londres con el Continente, cruzando bajo el Canal de la Mancha por el Eurotúnel, sirve principalmente a París y a Bruselas. Varias veces ya he viajado entre Londres y París (y viceversa), pero esta fue mi primera vez viajando desde Londres a Bruselas.

He visitado varias veces Bruselas (en las últimas tres décadas), la que pasa por ser la capital de la Unión Europea, y siempre me ha parecido que, para mí, tiene atractivos bastante limitados. Más allá de la Grand Place (Grote Markt en neerlandés, lengua cooficial con el francés en toda la zona de Bruselas), que es la apoteosis de los estilos arquitectónicos recargados, y del Atomium, casi simplemente una atracción infantil, más allá de sus formas rotundas e inconfundibles, la ciudad no tiene mucho que ofrecer al visitante. Al menos, esa es mi opinión.

Por eso planifiqué una corta estancia (sólo estuve una tarde y noche). Por la mañana de ese jueves 21 de Marzo, tomé un Eurostar en la estación de Saint Pancras en Londres y tras dos horas de viaje y perder una hora por el horario insular, llegué a Bruselas al mediodía. Mientras que, a menudo, el trayecto entre Londres y París es directo (en algunos horarios, hay paradas adicionales en Ebbsfleet International, Ashford International o Calais-Fréthun) el viaje a Bruselas siempre tiene una parada en la estación de Lille-Europe. Además, buena parte del pasaje abandonó el tren en esa estación. La explicación es muy sencilla. Cualquier viajero que deba ir a algún lugar de Francia diferente de París, siempre va a preferir el enlace en Lille (sin salir de la estación) a los trayectos en Metro entre las diferentes estaciones terminales de París. O, para el caso, quien viaje con los niños a Disneyland París tomará muy probablemente la misma decisión.
La Basílica de Koekelberg, que ofrece una excelente
terraza panorámica sobre Bruselas.
(JMBigas, Marzo 2013)

Sólo pensaba quedarme una noche en Bruselas, porque a la mañana siguiente tomaría otro tren para viajar a Frankfurt. Por ello, reservé habitación en el Hotel Ibis Gare du Midi, junto a la principal estación ferroviaria de Bruselas, que era mi punto de llegada y de salida de la ciudad. Cómodo y conveniente.

Bruselas, como Bélgica y Holanda en general, es una ciudad muy llana, donde no hay elevaciones naturales que faciliten al visitante una vista panorámica de la ciudad. Buceando por Internet, llegué a la conclusión de que el mejor mirador panorámico público en Bruselas es la terraza de la Basílica de Koekelberg que, desde sus 50 metros de altura, facilita una de las mejores vistas de pájaro de la ciudad.

Esta basílica es, por superficie, la quinta iglesia católica más grande del mundo (tras el delirio de Yamoussokro en Costa de Marfil, San Pedro en Roma, Saint Paul en Londres y Santa Maria dei Fiori en Florencia). Su nombre completo es Basilique Nationale du Sacré Coeur (o Nationale Basiliek van Heilig Hart, en neerlandés), y se encuentra en el extremo occidental del Parc Elisabeth, en el distrito de Koekelberg, al oeste de la ciudad. Cualquiera que haya visitado Bruselas en coche, seguramente habrá pasado por sus proximidades. El Boulevard Leopold II es una arteria de circulación principal, de salida de Bruselas hacia el oeste (en dirección a Gante, Brujas,...). Discurre en túnel bajo el Parc Elisabeth, y la vuelta a la superficie se produce frente a la Basílica.
El Parc Elisabeth. Al fondo, el centro de Bruselas.
(JMBigas, Marzo 2013)

Por curiosidad, aunque ya me había informado ampliamente en Internet, planteé en la recepción del hotel mi interés por la Basilique du Sacré Coeur, para que me informaran sobre el mejor modo de llegar hasta allí en transporte público. La sorpresa fue comprobar el estupor de la chica de recepción, que sólo atinó a preguntarme: Pero eso, ¿no está en París?. Luego alguno de sus compañeros ya le comentó sotto voce sobre la Basílica de Koekelberg. Lo que me confirmó que la Basílica no solamente es muy poco conocida por los visitantes de Bruselas, sino también por sus propios habitantes.

También tenía interés en comprar algunos libros (en francés, claro, que mi dominio del neerlandés es nulo) sobre historia y política de Bélgica. Ese país representa un jeroglífico para mí. Sus dos comunidades muy marcadas, la valona, francófona y muy cercana a Francia en todos los sentidos, y la flamenca, muy próxima a Holanda, no sólo por su idioma, prácticamente idéntico al holandés. Bélgica siempre me ha dado la sensación de un país que sólo es una solución temporal, en el camino hacia la integración de las respectivas comunidades con sus poderosos vecinos. Aproveché para preguntarle a la chica de recepción por una librería que estuviera bien surtida de libros en francés, y sólo supo indicarme la FNAC (cadena francesa de libros, música, vídeos y tecnología) en Rogier, en un centro comercial al norte del cogollo neurálgico de la ciudad. Esperaba que me recomendaran una librería más autóctona y típicamente belga, pero no pudo ser. Da la sensación de que lo típicamente belga se agota en la práctica con el chocolate, las cervezas y los moules frites (mejillones al vapor con patatas fritas).
Zona del Altar Mayor de la Basilique du Sacré Coeur
de Bruselas (barrio de Koekelberg).
(JMBigas, Marzo 2013)

Había desayunado en el hotel de Londres antes de partir, y había tomado un tentempié en el Eurostar. Pero tenía algo de hambre, y tomé un sandwich caliente en uno de los múltiples puntos de comida rápida que hay en el interior de la Estación del Sur (Gare du Midi). Para despreocuparme de los billetes de Metro y autobús, compré, por 6,50€, un billete válido para todo el día en la red de transporte público de Bruselas.

Para llegar a la Basílica del Sagrado Corazón, hay que ir en Metro hasta la estación de Simonis. En Bruselas, el Metro y el tranvía, especialmente en toda la zona del centro, prácticamente se confunden. Hay muchos tranvías que circulan subterráneamente y que, para el viajero, son prácticamente equiparables a un Metro, sólo que son vehículos de longitud mucho menor.

Simonis es una estación importante de la red de Metro, uno de sus intercambiadores principales. La Línea 2 del Metro empieza y termina allí, tras dar la vuelta a la ciudad, mientras que la Línea 6 empieza allí también, pero en su recorrido (calcado al de la línea 2) hacia el norte sobrepasa Simonis unas cuantas estaciones más, hasta su término en Roi Baudouin. Para facilitar las cosas (aunque ello supone una complejidad adicional para el visitante ocasional), la estación de Simonis tiene dos subtítulos: Leopold II para el recorrido norte-sur y Elisabeth para el recorrido este-oeste. A pesar de ello, todos los andenes y vías están juntos, en paralelo, en el mismo ámbito físico.
Perfil inconfundible del Atomium, desde la terraza
panorámica de la Basílica de Koekelberg.
(JMBigas, Marzo 2013)

En el propio complejo subterráneo de la estación de Simonis se puede transbordar al tranvía 19 (dirección Groot Bijgaarden) que, tras salir a la superficie, en la segunda parada (Bossaert-Basilique) te deja junto a la fachada principal de la Basílica del Sagrado Corazón.

La Basilique du Sacré Coeur es una edificación en estilo art déco, cuya construcción se inició en 1905, pero no se terminó y fue inaugurada hasta 1970. Iglesia católica consagrada, el edificio tiene también una fuerte función cultural, ya que alberga dos Museos (Museo de las Hermanas Negras y Museo del Arte Religioso Moderno) y numerosas exposiciones temporales. Ese jueves a mediodía no se veía por la zona prácticamente ningún visitante. Insisto, a pesar de su singularidad y de encontrarse en una capital en la que no abundan precisamente los atractivos turísticos, la Basílica es una gran desconocida. Por sus alrededores sólo se veían algunos grupitos de colegiales haciendo pellas de la escuela (o quizá entreteniendo el tiempo entre clases) y, más tarde, un pequeño grupo de adultos practicando algún tipo de ejercicio gimnástico en el césped del parque que rodea a la Basílica. Si se viaja en coche, no hay habitualmente problema en aparcar en el interior del recinto de la Basílica.

Accedí al interior por una puerta lateral, que me pareció que era el único acceso practicable. La nave principal es enorme y tiene multitud de extensiones (capillas y demás) en sus laterales. No tiene un atractivo especial, al tratarse de una construcción moderna, pero es, sin ninguna duda, monumental.
Cabina del segundo ascensor, en la terraza panorámica
de la Basílica de Koekelberg.
(JMBigas, Marzo 2013)

Seguí los indicadores de Panorama y Terrasse Panoramique, tras dos chicas que parecían ser las únicas visitantes con las que compartía en ese momento la Basílica. Llegué finalmente frente a unas puertas deslizantes cerradas. Para franquearlas, hay que negociar con un autómata, para comprar (por 5€) una entrada que permite el acceso a la terraza. Conseguí el ticket (pagando con una tarjeta de débito con chip, aunque también puede usarse efectivo) y tras adivinar de qué forma debía presentarse al mecanismo de apertura de las puertas, conseguí llegar a un primer ascensor, que me llevó hasta el pasillo superior que recorre el lateral de toda la nave principal. En su otro extremo se accede a un segundo ascensor que te lleva directamente hasta la propia terraza. A pesar de haber buceado bastante en las informaciones disponibles en Internet, iba preparado para remontar los 50 metros de desnivel a pie por una escalera, porque no había conseguido ninguna indicación de que hubiera ascensores para subir hasta la Terraza Panorámica.

La terraza discurre alrededor de la cúpula, y ofrece una visibilidad de 360º en todas direcciones, sobre la ciudad de Bruselas y sus alrededores. Esa tarde el tiempo era relativamente gris y algo fresco, pero no había nieblas ni calimas significativas, por lo que las vistas que conseguí fueron de bastante buena calidad.
Vista de Bruselas
(JMBigas, Marzo 2013)

Destaca en el horizonte hacia el norte la silueta inconfundible del Atomium, así como numerosos edificios singulares en todas direcciones, pero que, en general, he sido incapaz de identificar sin posibilidad de error. Cualquier ayuda en este sentido será bienvenida.

Hacia el este, entre las dos torres de la Basílica, se tiene la visión del Parc Elisabeth y el bulevar Leopold II, con el centro histórico de la ciudad un poco más allá.

En conjunto, me pareció una visita muy interesante, ya que se consigue una idea panorámica de la ciudad de Bruselas que no es posible desde ningún otro lugar que yo conozca.

Tras deshacer el camino con los dos ascensores, llegué de vuelta al nivel del suelo, y salí de la Basílica, completando el recorrido exterior por su parte sur, hasta que abandoné el parque frente al Collège Sacré-Coeur, donde tomé de vuelta el tranvía 19 (en la parada siguiente a la que había llegado), en sentido contrario, para volver a Simonis.

Fui en el Metro hasta Rogier (línea 2 ó 6, tres estaciones desde Simonis Elisabeth), para visitar la FNAC, de acuerdo a la recomendación de la chica de la recepción del hotel. La tienda es muy grande, y acabé comprando, como era mi intención, un par de libros que espero me ayuden a comprender un poco mejor ese jeroglífico que es Bélgica para mí: La Grande Histoire de la Belgique, de Patrick Weber, y La vie politique en Belgique de 1830 à nos jours, de Pascal Delwit.
Uno de los vitrales de la Basilique du Sacré Coeur,
Bruselas.
(JMBigas, Marzo 2013)

Desde allí tomé uno de los tranvías subterráneos que discurren de norte a sur por el centro de la ciudad, hasta la estación de Bourse, que es la más próxima a la Grand Place. El 99% de los visitantes de Bruselas se mueven por esa zona, que es el núcleo histórico y monumental de la ciudad. Hay infinidad de comercios que ofrecen al visitante toda clase de cosas, en particular las que forman parte intrínseca de la tradición belga (cervezas, chocolates) y los inevitables souvenirs Made in China.

La Grand Place (Grote Markt en neerlandés) es de planta rectangular, 110x68 metros. Está rodeada de edificios singulares y monumentales, de estética en general recargada, muy al estilo flamenco, bien sea el gótico brabantino (flamígero) o el barroco más o menos confeso. Destacan los edificios del Ayuntamiento (Hotel de Ville, o Stadthuis), la Maison du Roi y las diversas casas de las Corporaciones.

La tarde de ese jueves de finales de Marzo estaba algo más que fresca. A unos poquitos grados por encima de cero, las ráfagas de viento creaban una sensación polar. Tras tomar unas cuantas fotografías, luchando con los guantes, imprescindibles para proteger las manos del frío punzante, me refugié en el clásico Au Roy d'Espagne, que tiene, en verano, una terraza sobre tarima de madera en la misma Grand Place. Tal y como estaba el día, la terraza estaba desierta y en el interior había una chimenea encendida. Tomé una cerveza (belga, por supuesto) y una tapita de salami belga que no me acabó de convencer.
Chocolate y cervezas, dos de los productos más
típicos de Bélgica.
(JMBigas, Marzo 2013)

Siendo ya hora centroeuropea adecuada para cenar (siete y media u ocho de la tarde), busqué un restaurante por la anexa Rue du Marché aux Fromages. Allí hay sitios de todas las especialidades, pero me acabé inclinando por Aux Pavés de Bruxelles, que ofrece carnaza al estilo (presuntamente) argentino. La camarera, de origen latinoamericano, fue muy amable y me ubicó en una mesa conveniente, abrigada del aire helado que entraba por la puerta cada vez que alguien la abría. Tomé un Pavé de Boeuf (literalmente, adoquín de buey), una pieza de carne limpia, sólo algo menos fina que el filete o solomillo. De guarnición, me ofrecieron un excelente Gratin Dauphinois (láminas de patata con salsa de nata y queso, todo ello gratinado al horno). Como no me apetecía cerveza para cenar, pedí una jarra de vino tinto de Burdeos, aceptable.

Yo sé que soy muy lento comiendo, pero me puso en evidencia un hombre (posiblemente mexicano), conocido de la camarera, que se tomó unos mejillones, un trozo de carne y un postre, en el tiempo en que yo estaba mirando por dónde atacar el adoquín con el cuchillo. Por recomendación suya, pedí una excelente Crême Brulée de postre (muy parecida a la crema catalana o crema mediterránea, como se la conoce en otras latitudes).

En una mesa frente a la mía estuvo cenando un grupito muy curioso, formado por tres hombres. Uno de ellos, el que parecía el anfitrión (el que acabaría pagando la cena, vamos), podía ser belga o, por lo menos, europeo. Bien trajeado, al final de sus cuarenta, tenía la apariencia de un ejecutivo senior de alguna gran empresa. Los otros dos (A y B) eran mucho más jóvenes (escasamente treinta) y eran claramente estadounidenses en viaje de trabajo en Bruselas. Los dos habrían llevado corbata durante toda la jornada, pero se la habían quitado para la cena. B, que parecía mucho más campechano que el estirado A, había tirado de maleta y se había vestido claramente Casual, mientras que A todavía llevaba la camisa propia para ser rematada con una corbata.
La Grand Place de Bruselas.
(JMBigas, Marzo 2013)

El anfitrión tenía una deferencia muy evidente con los dos americanos (seguramente habrían venido a Bruselas para salvarle el culo en algún negocio complicado). A tenía una voz muy grave y penetrante, que era imposible no oír en cualquier parte del comedor. Y, además, se prodigaba, quiero decir que demostraba una y otra vez, con pose reposada, pero ciertamente artificial, que dominaba cualquiera de los temas que fueron saliendo en la conversación. Francamente, me resultó bastante repulsivo. Me recordaba al repelente niño Vicente de nuestros colegios de niños, al enterao del parchís (que siempre sabe la jugada que habría que haber hecho) o al trepa de manual. Muy probablemente no consiga ser nunca feliz del todo, aunque llegue a Presidente de su Compañía. Siempre todo le parecerá poco para los enormes méritos que está seguro de acreditar.

Por el contrario, B se concentraba con fruición en disfrutar de los mejillones y luego de la carne. Trasegaba grandes cantidades de cerveza con deleite y no dejó de aceptar la invitación del anfitrión de pedir otra. Seguramente B resulta mucho más eficiente en su trabajo que A, porque ama el trabajo que tiene, mientras que para A, su trabajo actual no es más que un peldaño más hacia el Olimpo que se cree con derecho a ocupar.
ICE alemán con destino a Frankfurt, estacionado en la
Gare du Midi de Bruselas.
(JMBigas, Marzo 2013)

En esa mesa, el anfitrión estaba trabajando. Había abandonado (presuntamente) a su familia, para agasajar a sus huéspedes americanos en un restaurante típico del centro de Bruselas. A estaba trabajando, intentando en todo momento deslumbrar con su altanería y sus aparentes conocimientos. B estaba disfrutando de una cena que, muy probablemente, para él resultaba algo exótica y que no tendría que pagar al final.

Cuando uno está cenando solo, como era mi caso, resulta inevitable fijarse un poco en las demás mesas, y construirse historias probables de las vidas ajenas.

Al salir del restaurante, ya de noche, el frío y el viento arreciaba, por lo que volví directamente al hotel. El viernes por la mañana tomé un ICE (un moderno tren alemán, fabricado por Siemens) en la Gare du Midi de Bruselas con dirección a Frankfurt (tres horas de viaje), a una hora cómoda (10.25). De ese viaje y de la estancia en Frankfurt-am-Main ya os contaré detalles en otra ocasión.

Aparte de las fotografías que he utilizado para ilustrar este artículo, podéis acceder a una completa colección de 63 tomas, pinchando en la imagen de la Basilique du Sacré Coeur.
JMBA

viernes, 3 de mayo de 2013

A vueltas con Bankia... ¡¡¡otra vez!!!

Ya he escrito un par de veces sobre el timo y la estafa de Bankia (en Julio de 2011, con motivo de su salida a Bolsa, y en Mayo de 2012, cuando se hicieron evidentes las muchas mentiras de su dirección para disimular el descalabro). Sin embargo, su actual presidente, José Ignacio Goirigolzarri, me inspira una cierta confianza, y me parece uno de los personajes más serios en el panorama de la banca española.

Desde esta mañana, ya no soy un pequeño impositor en Bankia. Tenía una cuenta corriente inactiva, heredada de Caja Madrid, de la que me han volado más de 50 euros en los últimos dos años, por repetidas comisiones y cobro por servicios, a cambio literalmente de nada. La abrí en su momento, hace más de veinticinco años, cuando me trasladé a Madrid para vivir. Durante un tiempo, fue mi cuenta principal, pero luego la sustuí por la de otra entidad que me resultaba más conveniente. Durante unos años, solamente la utilizaba para pagar por Internet los impuestos municipales del Ayuntamiento de Madrid (el IBI y el Impuesto de Vehículos). Los últimos seis o siete años no la he utilizado para nada, pero recibía cada trimestre un cargo de 6 euros de cobro por servicios, y otro anual de 17 euros por una tarjeta Visa Electron que no he utilizado en la última década. Hoy me personé en la oficina de Bankia y, tras algún penoso via crucis (un único cajero para dar servicio a una cola importante de clientes; en su mejor tradición, por lo que yo recuerdo) y más de media hora de espera, conseguí mi propósito. Eso sí, de los 57 Euros que quedaban esta mañana en la cuenta, sólo conseguí rescatar unos 52 y pico, pues hasta el último día me infligieron un nuevo rejón de cuatro euros y pico de cobro por servicios (???!!!).

Bueno, por fin he dejado de ser cliente de Bankia. Ahora sólo soy un timado más de los muchos que hay, por la OPV de Bankia en el 2011. Los 5.000 Euros que invertí en el 2011 (1.333 acciones) fueron menguando de valor a ojos vista con el paso de los meses, especialmente a partir de que se descubrió el pastel de Rato, las cuentas sin auditar y los infinitos agujeros de que gozaba tan histórica entidad (bueno, históricas las cajas fusionadas en Bankia, en mi caso, Caja Madrid). 

Ya en 2013, la situación se deterioró todavía más, de modo que hubo días en que estaba perdiendo el 98% de la inversión inicial, ya que la acción sólo se cotizaba por unos pocos céntimos de euro.

Luego vino el contrasplit (un acordeón de toda la vida). Primero se redujo el valor nominal de las acciones antiguas a 1 céntimo de euro, y a continuación se agruparon 100 acciones antiguas en 1 acción nueva, para que las nuevas acciones tuvieran un valor nominal de 1 euro.

Como resultado de todo ello, mi inversión inicial se convirtió en 13 acciones nuevas, más un ingreso en cuenta de 33 céntimos de euro por los picos. De una cotización inicial de 17 euros para las acciones nuevas, su valor siguió desplomándose hasta que mis 13 acciones no representaban más que un valor de 146,90 euros, es decir, un 2,94% del desembolso inicial con la OPV (o lo que es lo mismo, el 97,06% de pérdidas), al cierre del pasado lunes 29 de Abril.

El  martes 30 de Abril se puso en marcha una Ampliación Monstruo de Capital, en dos tramos. El primero, con suscripción preferente para los accionistas, puede representar un montante en el entorno de los diez mil millones de euros, mientras que la segunda, dirigida a poseedores de participaciones preferentes y deuda subordinada (que serán necesariamente convertibles en acciones) podrá representar unos cinco mil millones adicionales.

Los accionistas hemos recibido un derecho por cada acción. Con cada derecho podremos (si queremos) comprar 397 acciones a un precio unitario de 1,35 euros. Como es habitual en estos casos, el primer día de la Ampliación (el martes 30 de Abril), la cotización se dividió en dos, una para las acciones existentes y otra para los derechos. Los últimos días se han producido movimientos de tipo especulativo que nadie en el mercado parece entender con claridad. Lo natural sería que el valor de la acción tendiera hacia el valor que se le da en la Ampliación, mientras que la cotización del Derecho debería ser, en grandes números, el complemento hasta la cotización de la acción la víspera de la Ampliación.

Pero todo está funcionando al revés. Mientras que la cotización del Derecho se ha hundido hasta los 0,4050 euros al cierre de este viernes, el valor de la acción ha remontado contra natura hasta los 6,20 euros.

Los 5.000 euros de la inversión inicial yo los consideraba ya como una pérdida latente en su práctica totalidad (latente, porque todavía no he vendido nada). Pero ahora me enfrento a un dilema para el que toda ayuda, querido lector, será siempre bienvenida.

Con los 13 Derechos que poseo, tengo posibilidad de comprar 5.161 nuevas acciones, por un montante global de unos siete mil euros. Es decir, un desembolso total de unos doce mil euros, contando el inicial de la OPV más el de la Ampliación (si acudiera en su totalidad). Si la cotización se mantuviera por encima de los 2,32 euros, podría enjugar la pérdida latente de las acciones iniciales de la OPV, o incluso obtener algún pequeño beneficio.

Pero todo ello es muy raro. Entiendo que la excepcionalidad del caso, y la extrema volatilidad de la cotización (variaciones porcentuales diarias de dos dígitos) se deberá a factores que yo desconozco, y que todos los analistas afirman también desconocer. Claro que resulta anormal que una entidad del tamaño de Bankia, en estos días todo su capital se divida en solamente 19,94 millones de acciones (el Santander tiene 10.538 millones de acciones, o el BBVA 5.532 millones de acciones). Tras la Ampliación Monstruo para accionistas, el número podría rozar los ocho mil millones, y posiblemente estar cerca de los doce mil millones de acciones, tras la conversión de preferentes y deuda subordinada.

También resulta anormal que la mayoría de acciones estén en manos de la entidad matriz, el BFA (Banco Financiero y de Ahorros) que, a su vez, en la práctica está nacionalizada, tras las sucesivas inyecciones milmillonarias del FROB (la última, con fondos del rescate financiero de la Unión Europea).

La pregunta a la que habría que encontrar respuesta sería: ¿quién c... está comprando masivamente acciones de Bankia, a un precio que, de ninguna forma se va a sostener tras entrar en circulación la avalancha de nuevas acciones?.  No me creo la teoría de los tiburones especulativos, porque a estos les mueve la esperanza de un rápido beneficio, y no creo que nadie en su sano juicio piense en la posibilidad de sacarle ningún beneficio a la venta de unas acciones compradas a precios tan abultados. Si hubiera tras estos movimientos alguna entidad con voluntad de constituir una minoría de control en el capital de Bankia, no tiene sentido que compre acciones estos días, cuando se van a diluir de forma bárbara, hasta por un factor de 397. Sería más razonable que compraran derechos, para hacerse tras la Ampliación con un número elevado de acciones a 1,35 euros la unidad. Pero la cotización de los derechos se ha desplomado hasta niveles ridículos, lo que viene a demostrar la falta de interés que tiene el mercado en esta Ampliación.

Cuando un pequeño inversor particular ve este tipo de movimientos especulativos inexplicables, la sensación es de que se mueve por ahí una ola gigante de comportamiento impredecible, y que si nadamos en aguas equivocadas, nos puede acabar engullendo sin piedad.

Sin embargo, debo reconocer que me tienta la posibilidad de enjugar por lo menos una parte de las pérdidas que ya he tenido con este valor. Algunos analistas predicen un valor objetivo (a 6-12 meses) en el entorno de los 1,90 euros. Si fuera a la totalidad de la Ampliación, y esta previsión se cumpliera, habría reducido las pérdidas latentes de casi cinco mil euros a poco más de dos mil. Eso sí, con un desembolso adicional de siete mil.

Para que se produzca un timo, es imprescindible la colaboración activa del timado. Y me tientan un poco esas estampitas.

Querido lector: tú, ¿qué harías?.

JMBA


(7/5/13) - Tras varios días analizando la situación, he decidido conservar, por el momento, las 13 acciones que poseo, pero vender los derechos (por los que he obtenido 10,29€ en el mercado). Renuncio de esta forma a la posibilidad de acudir a la Ampliación Monstruo. Mi razonamiento es que evalúo como muy alta la probabilidad de que la cotización de la acción de Bankia, una vez estén en circulación las enormes cantidades de nuevas acciones procedentes de la Ampliación y del canje de híbridos, seguramente estará - al menos durante algún tiempo - claramente por debajo del precio de esta Ampliación. De este modo, si me interesa recuperar alguna posición en Bankia, me resultará más rentable acudir al mercado entonces que a la Ampliación ahora.


(8/5/13) - Con el comentario anterior, la conclusión era evidente. He vendido las 13 acciones que tenía, y he recuperado 61,56€. Partiendo de que su cotización se va a desplomar tras la Ampliación, esta es una operación de salvar los muebles. En resumen, he tenido una pérdida patrimonial neta del 98,77% y, gracias a los 0,33€ de los picos y a los 10,26€ de la venta de derechos, una pérdida patrimonial a efectos fiscales de alguna milésima porcentual menos. Según se vaya viendo, ya tomaré nuevas decisiones sobre este valor.

lunes, 29 de abril de 2013

Rajoy: Desaparecido en Combate

M.I.A. (Missing In Action). Esta es la sutil expresión que utilizan los anglosajones para expresar que no tienen ni idea de lo que ha sido de un soldado. No está en su unidad, pero no consta que haya muerto, ni que esté herido; nadie ha reportado que fuera hecho prisionero y no consta que haya desertado.
Rajoy, hablando este lunes en el Instituto de la
Empresa Familiar.
(Fuente: Moncloa)

En castellano utilizamos más bien la expresión Desaparecido en Combate. Los anglosajones, en su sutileza, no dejan ni suponer que el soldado desapareciera necesariamente combatiendo, es decir, cumpliendo su misión. Pudiera ser que hubiera huido campo a través hacia la granja más próxima, a buscar refugio, o que fuera sorprendido por el enemigo cuando dormitaba en su hamaca.

Rajoy, como Presidente del Gobierno, está Desaparecido en Combate, pero en los términos anglosajones. Sólo habla cuando no se dirige a nosotros, los que le han votado o los que podríamos votarle... ¡o botarle!. Como un boxeador noqueado, farfulla sobre una realidad que sólo él visualiza, y sus explicaciones más bien parecen delirios de iluminado. Sigue convencido de que la mayoría absoluta de que disfruta le otorga la posesión eterna de la verdad, y nos desprecia a los ciudadanos, olvidando que somos su Jefe, los que le pusimos donde ahora está y los que podemos despedirle.

Aunque nadie lo vea, estamos mejor de lo que estábamos. Francamente, si nadie lo ve, si nadie aprueba el examen, la culpa es del profesor. No hay millones de vehículos circulando contradirección, sino que es el Gobierno el que lo está haciendo.

En dieciséis meses de (des)gobierno, ha añadido otro millón y pico a la nómina de los parados de este país; aunque no se le puede llamar ni nómina, pues más de la mitad ni cobramos ya subsidio. La economía real no funciona. Las pequeñas empresas y los autónomos se ahogan por cientos o por miles, y miles de negocios han cerrado o van a cerrar.

Con sus estrategias económicas de austeridad y persecución del objetivo de déficit por encima de cualquier otra cosa, va a conseguir que lo alcancemos al final de la espiral diabólica en la que estamos montados: cero ingresos, cero gastos, cero déficit: España echó el cierre.

Había ciertas esperanzas en el anunciado paquete de medidas económicas que se iba a hacer público tras el Consejo de Ministros del pasado viernes. Aunque no suben los impuestos (eso dijeron Montoro y el propio Rajoy los días previos) hay medidas de retoques fiscales. Se prolonga el aumento del IRPF un año más, se tocarán impuestos especiales (alcohol, tabaco,...) y se crearán impuestos medioambientales y a los depósitos bancarios. Un intento desesperado para que el Estado se quede cada vez un trozo más grande de un melón que es cada vez más pequeño.

Los ciudadanos no vemos ninguna de las medidas que aplaudiríamos con las orejas: la racionalización de la organización del Estado, el ahorro cierto y decidido en los gastos de funcionamiento de la propia maquinaria que nos está devorando, el desmantelamiento de empresas públicas que sólo son justificadoras de nóminas y empleos vacíos de contenido para primos y cuñados; nos gustaría ver la desaparición de la gran mayoría de asesores y puestos de libre designación, otro pozo sin fondo de favores inconfesables; nos gustaría ver cómo las grandes fortunas y las multinacionales se ven obligadas a una mayor contribución a la lucha contra la crisis; nos gustaría ver cómo se persigue la evasión fiscal, cómo se trinca a los que escondieron un trozo del melón (presuntamente robado) lejos de aquí.

Sin embargo, como el boxeador que ya no ve con claridad a través de la nube de sangre que le enturbia los ojos, avanza con furia hacia el gigantón que le tumbará con un gancho propinado con desgana.

Cuando llegue el día en que el Estado se quede el melón entero, el melón desaparecerá como por encanto, porque España habrá echado el cierre. Venderemos lo que quede a los rusos, los chinos o los catarís, y con lo que saquemos nos correremos una orgía de cerveza y salchichas en las carpas de Munich hasta que nos reviente el hígado, los intestinos o la vejiga.

Nos convertiremos en polvo, pero en polvo indignado.

JMBA

domingo, 28 de abril de 2013

Una Breve Visita a Gibraltar

Geográficamente, la Península Ibérica es la porción del continente europeo que está limitada por la cordillera de los Pirineos, por el Mar Cantábrico, el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo.
Gibraltar, visto desde Algeciras.
(JMBigas, Abril 2013)

Cuatro estados comparten la Península Ibérica. Por orden de tamaño: España (504.645 kilómetros cuadrados), Portugal (92.391 kilómetros cuadrados), Andorra (468 kilómetros cuadrados) y Gibraltar (6,8 kilómetros cuadrados). España, Portugal y Andorra son países soberanos (aunque en Andorra se ejerce una cosoberanía formal entre el Presidente de la República Francesa y el obispo de la Seu d'Urgell) mientras que Gibraltar es un Territorio de Ultramar perteneciente al Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

Como Territorio Británico de Ultramar, Gibraltar dispone de un amplio nivel de autogobierno, que se encarna en su Ministro Principal, escogido por los gibraltareños y que es la máxima autoridad política de facto. Por supuesto, el Jefe del Estado es la Reina Isabel II, y existe un Gobernador en Gibraltar que la representa.

En sí mismo, Gibraltar es muy poco más que una estrecha península casi íntegramente ocupada por un Peñón costero (de perfil muy característico) que se eleva algo más de 400 metros sobre el nivel del mar, con orientación Norte-Sur y que cierra por el Este la Bahía de Algeciras. A pesar de no estar en la zona donde el Estrecho de Gibraltar (que separa Europa de África) es más angosto, desde Gibraltar se controla todo el tráfico marítimo que discurre entre el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo, conocido en esa zona como Mar de Alborán.
Gibraltar al amanecer, cerrando al este la
Bahía de Algeciras.
(JMBigas, Abril 2013)

En la antigüedad, el Peñón (The Rock, para los británicos) fue conocido como Mons Calpe, y constituía la pata europea de las Columnas de Hércules. Pero su nombre actual procede de la fórmula árabe Ẏabal Tāriq (جبل طارق)(o "montaña de Tariq"), en recuerdo del general que dirigió el desembarco en esta zona de las tropas del Califato Omeya en el año 711.

Entre los siglos VIII y XV, Gibraltar siguió los mismos avatares que el resto de Andalucía, con la dominación musulmana. El primer asentamiento estable en el Peñón data del año 1.160 (período almohade), con la construcción de una fortificación. En 1.462 fue conquistado por el I Duque de Medina Sidonia, incorporándose de esta forma a la España que fueron consolidando los Reyes Católicos.

En el año 1700, murió sin descendencia el rey de España Carlos II, llamado "el Hechizado", que fue el último rey de la dinastía de los Habsburgo. Las potencias europeas se habían movilizado ya desde unos años antes para favorecer sus propias soluciones para la sucesión. A su muerte se desató la llamada Guerra de Sucesión (1701-1713), que acabó teniendo una muy fuerte influencia en la conformación de la España moderna. El último testamento de Carlos II nombraba como sucesor a Felipe de Anjou (nieto del rey Luis XIV de Francia), quien tomó posesión el 16 de Noviembre de 1700. Pero otras potencias europeas (especialmente Inglaterra, las Provincias Unidas - parte del actual Benelux - y Austria) tenían el temor de que el hecho de que gobernara en España un rey francés pudiera acabar unificando ambas naciones y creando una potencia que no querían reconocer. Por ello, siguieron apoyando con diversas acciones bélicas la candidatura del archiduque Carlos.
El Faro de Punta Europa, en el extremo Sur de Gibraltar.
(JMBigas, Abril 2013)

En particular, una flota anglo-holandesa desembarcó y conquistó Gibraltar en el verano de 1704. Los británicos también invadieron la isla de Menorca (en el archipiélago balear) en el 1708. En 1713, el Tratado de Utrecht puso fin a la Guerra de Sucesión, reconociendo la soberanía británica sobre estos dos territorios. Menorca sufrió durante el siglo XVIII diversos avatares, incluyendo dos períodos de dominación francesa (1756-1763; 1782-1798); pero fue restituida definitivamente a soberanía española por el Tratado de Amiens (1802). Por el contrario, la presencia británica en Gibraltar ha sido ininterrumpida desde 1704 hasta el día de hoy.

Durante el siglo XVIII, hubo varios intentos militares españoles, infructuosos, de reconquistar el Peñón, de los que el más prolongado fue el llamado Gran Asedio (1779-1783). Se acordó durante ese siglo la creación de una zona neutral en el istmo, pero los británicos acabaron anexándose la zona más próxima a Gibraltar.

En 1830 se le reconoció a este territorio la categoría de Colonia Británica. La apertura al tráfico marítimo del Canal de Suez (1869) subrayó la importancia estratégica que tenía Gibraltar para el Reino Unido, ya que todo el tráfico entre Inglaterra y el inmenso Oriente (India, Indochina, China,...) que utilizara el nuevo Canal debía cruzar el Estrecho de Gibraltar.

En 1909, las autoridades británicas levantaron la barrera fronteriza, que desde entonces se conoce popularmente como La Verja. Durante la Segunda Guerra Mundial, construyeron un aeropuerto en esa zona del istmo, que España reclama como no reconocida de soberanía británica por el Tratado de Utrecht.

Tras la Guerra Civil Española, y durante el mandato del General Franco, en los años 60 España llevó el tema de Gibraltar al comité de descolonización de Naciones Unidas. Tras varias resoluciones invitando a iniciar negociaciones entre los dos Estados, las autoridades gibraltareñas invocaron su derecho a la autodeterminación. Gran Bretaña convocó un referéndum en 1967 para los gibraltareños, que resultó con una amplia mayoría contraria a la unificación con España. En 1969, el gobierno británico otorgó al territorio una nueva constitución, que le concedía la categoría de Territorio Británico de Ultramar (British Overseas Territory), y dejando todos los asuntos internos en manos de las autoridades locales, reservándose la Corona (y en su nombre, el Gobernador) solamente la gestión de los Asuntos Externos y la Defensa.
La costa africana, a 24 kilómetros de Punta Europa,
Gibraltar.
(JMBigas, Abril 2013)

España entendió este movimiento como un acto hostil, e interrumpió las comunicaciones terrestres (cerró La Verja) en 1969 con Gibraltar. Los trece años de cierre de la verja fueron económicamente muy duros a ambos lados de la misma. Sólo en 1982 la verja se reabrió, pero únicamente al tráfico peatonal. Con las conversaciones de incorporación a la Comunidad Económica Europea, las comunicaciones se restablecieron plenamente en 1985.

Sin embargo, no ha prosperado, hasta ahora, ninguno de los diversos intentos de encontrar una solución consensuada para Gibraltar. Con el alto nivel de autonomía concedida a Gibraltar en sus constituciones de 1969 y 2006, cualquier acuerdo debería ser tripartito (España, Reino Unido y Gibraltar). Por todo ello, el litigio promete ser insoluble y eterno.

Gibraltar es parte de la Unión Europea, pero con un estatus especial, como "territorio europeo de cuyas relaciones exteriores el Gobierno del Reino Unido es responsable". Está fuera de la unión aduanera y excluido de la armonización del IVA.

En la práctica, Gibraltar es un pequeño territorio (pop. 29.000), que disfrutan de impuestos reducidos (puerto franco), cuya principal actividad está ligada a los servicios financieros y turísticos, donde resulta muy fácil la creación de compañías offshore de bajísima tributación, y que es acusado regularmente de ser un quasi paraíso fiscal, así como de dar acogida benévola a capitales procedentes de actividades no siempre legales. Aparte, por supuesto, de la Base Aeronaval de las Fuerzas Armadas Británicas.

Para el turista, Gibraltar es un enclave británico en la costa de Andalucía, donde el idioma oficial es el inglés (pero casi todo el mundo habla español, habitualmente con acento andaluz), la moneda oficial es la Libra Esterlina (aunque el Euro es aceptado en todos los comercios) y se conduce por la derecha como en el resto del continente, a diferencia de Gran Bretaña e Irlanda. Un lugar donde puede comprarse licor y tabaco (especialmente) a precios bastante más económicos que en España (o el resto de países de la Unión). Una pequeña península que, tanto para entrar como para salir de ella hay que cruzar una frontera (control de personas) con aduana (control de mercancías).

* * *

Yo nunca había estado en Gibraltar, pero tenía muchas ganas de visitarla, aunque fuera una única vez (tampoco da para mucho más).
La Mezquita del Guardián de las dos Mezquitas
Sagradas
, regalo del Rey Fahd, en Punta Europa.
(JMBigas, Abril 2013)

Aproveché la bajada de tarifas del AVE (tren de Alta Velocidad que une, por ejemplo, Madrid con Málaga), para conseguir un billete muy económico (47€ ida y vuelta). Planifiqué un viaje (desde Madrid) de un total de tres días, para tener parte de uno destinado a la visita de Gibraltar, y tener la oportunidad de visitar otras zonas interesantes de las provincias de Málaga y Cádiz, de lo que ya os hablaré en otra ocasión. En la Estación María Zambrano de Málaga (un gran centro comercial por el que circulan trenes) había reservado un coche de alquiler para poder moverme con libertad por la zona.

Viajé hacia Málaga el lunes 8 de Abril por la mañana. Visité ese día la zona de la Sierra de las Nieves y Ronda y su Serranía, para acabar pasando la noche en el Hotel Mirador de Algeciras (provincia de Cádiz). Algeciras es el puerto principal del sur de España para el enlace marítimo de viajeros con África, especialmente con Marruecos (puerto de Tánger o el nuevo de Tánger Med), así como con la ciudad española de Ceuta. En las temporadas vacacionales masivas, especialmente durante el verano y, con mucha menor intensidad, por Navidad o Pascua, miles de magrebíes (cientos de miles en los momentos álgidos) residentes en diversos países de Europa se cruzan el Continente en sus coches para acabar en Algeciras, esperando para embarcar en un ferry con destino a sus países de origen. Y muy parecido para el camino inverso a la vuelta de vacaciones.

Aparte de sus instalaciones industriales y portuarias, Algeciras no tiene mucho más que ofrecer al visitante, ya que se ha configurado principalmente como un lugar de paso. Pero ocupa la ribera oeste de la magnífica Bahía que lleva su nombre. Un poco más al Sur, la pequeña población de Tarifa es el paraíso de los surferos.

El Hotel Mirador es un hotelito modesto, pero correcto, enclavado en una zona residencial junto al mar en las afueras de Algeciras. Dispone de cafetería y restaurante propios (necesarios, pues la oferta de servicios en los alrededores inmediatos es extremadamente limitado). La noche que pasé allí, a primeros de Abril, el hotel estaba prácticamente vacío. Uno de sus principales atractivos es su ubicación junto a la Bahía de Algeciras. Sus habitaciones con terraza ofrecen unas vistas magníficas de la Bahía (la propia Algeciras, con su importante puerto y sus playas, San Roque, La Línea de la Concepción), con el perfil inconfundible del Peñón de Gibraltar de frente, cerrando la bahía por el este.
Aparcamiento junto a la estación inferior del Teleférico
del Peñón (en Red Sands Road).
(JMBigas, Abril 2013)

El martes por la mañana me levanté prontito y, tras desayunar y dar una vuelta luego en el coche por el centro de Algeciras, me dirigí hacia La Línea de la Concepción, para desde allí entrar a Gibraltar. No tenía claro si entrar con el coche, o bien dejar el coche en La Línea y entrar a pie (hay algunas líneas de autobuses públicos de Gibraltar desde la propia frontera a los lugares más destacados). Miles de personas diariamente cruzan a pie esa frontera. Eso incluye a muchos visitantes y turistas, pero también a trabajadores de Gibraltar que viven en la parte española y a ocasionales pequeños contrabandistas de tabaco o alcohol, que pueden realizar varios cruces diarios.

Por otra parte, Gibraltar, donde es fácil ver rapidísimas planeadoras de muchos cientos de caballos en sus puertos, tiene fama de ser un núcleo principal del tráfico de estupefacientes procedentes de África, especialmente de hachís. Litigios nunca resueltos sobre la dimensión de sus aguas territoriales provocan frecuentes conflictos entre patrulleras de la Guardia Civil española y presuntos traficantes, con el nada neutral arbitraje de la Marina Real Británica. También los pescadores españoles de la Bahía tienen a veces conflictos por presuntas invasiones de aguas territoriales nunca reconocidas.

Ya en La Línea, me encontré casi sin pensarlo encajado en la cola de automóviles hacia la frontera con Gibraltar, por lo que las circunstancias acabaron resolviendo por la directa mis dudas, y acabé cruzando a bordo del coche. Eso sí, tras unos cuarenta minutos de demora, a paso de tortuga.

La primera sorpresa al entrar a Gibraltar es que la carretera (y las vías habilitadas para peatones), cruza transversalmente la pista de despegue del Aeropuerto. No sé el protocolo que se seguirá cuando deba aterrizar o despegar un avión, pero supongo que funcionará como un paso a nivel ferroviario.

La práctica totalidad de las edificaciones de Gibraltar están en la parte oeste de la península, de frente a la Bahía. Por esta zona, el arranque del Peñón está algo más alejado del mar y es más suave que por la parte este. Al este, el Peñón nace ya casi en vertical y muy cerca del mar, lo que no permite más que una carreterita costera, que enlaza algunas playas y unas pocas edificaciones. Allí está Catalan Bay, cuyo nombre es el homenaje a un destacamento de 350 soldados catalanes que formaban parte de las tropas anglo-holandesas que invadieron Gibraltar en 1704.
Cabina del Cable Car de Gibraltar, llegando a la
estación inferior.
(JMBigas, Abril 2013)

En la primera rotonda que se encuentra por la William Churchill Avenue, a la izquierda se desvía la Devil's Tower Road, que es el inicio de la carretera costera por las Playas del Este, mientras que a la derecha se encuentra la zona de más reciente construcción. Allí hay uno de los puertos deportivos (Marina Bay), el llamado Europort y muchas edificaciones modernas, residenciales y de oficinas, de bastante altura y que parecen construidas en los últimos diez o quince años. Hay también en esa zona algunas instalaciones deportivas.

La distancia entre la frontera y el extremo sur del territorio, el más alejado, no es más de cuatro o cinco kilómetros. El recorrido se realiza por calles a menudo bastante angostas y retorcidas, y el último tramo por una carreterita estrecha, bordeada de edificios residenciales, hasta llegar a Punta Europa (Europa Point). Yo me dirigí directamente hacia allí, para disfrutar de las magníficas vistas.

En Punta Europa, tradicionalmente, existe un faro marítimo y un santuario católico (Shrine of Our Lady of Europe), cuya existencia, de una u otra forma, se remonta hasta el siglo XIV, en que se convirtió una mezquita anterior en una iglesia católica.

Pero, desde 1997 en que fue inaugurada, el edificio más singular de Punta Europa es la Mezquita Ibrahim al Ibrahim (también conocida como Mezquita del Rey Fahd bin Abdulaziz al-Saud o Mezquita del Guardián de las dos Mezquitas Santas). Realmente, fue un obsequio del Rey Fahd de Arabia Saudí, nominalmente para los 2.000 musulmanes que se estima habitan en Gibraltar. Pero su privilegiada ubicación, su esbeltez, la altura de su minarete y la blancura inmaculada del conjunto la convierten en protagonista de Punta Europa y de la fachada africana de Gibraltar. Desde aquí, África está a solamente 24 kilómetros de distancia (el Estrecho de Gibraltar alcanza su mínima anchura de poco más de 12 kilómetros algo más al suroeste de Algeciras).

En 2011 se inauguró una remodelación de Punta Europa, que ha convertido la zona en un indudable atractivo turístico. Hay un aparcamiento organizado y diversos miradores, así como un área de juegos infantiles y una edificación que alberga, por lo menos, un café y una Oficina de Turismo de Gibraltar.
Uno de los varios puertos deportivos que hay en Gibraltar.
(JMBigas, Abril 2013)

Aunque el día no estaba especialmente diáfano, desde los miradores tuve una muy buena visión de la bahía de Algeciras y de la costa gaditana hacia Tarifa, y también de la costa africana de Marruecos y de la ciudad española de Ceuta.

Quería a continuación subir a lo más alto del Peñón. Es posible hacerlo, por supuesto, a pie, pero también en automóvil. Aunque la forma más clásica de hacerlo es en el teleférico (Cable Car). Este teleférico fue construido en 1966 por una empresa suiza especializada en este tipo de instalaciones (Von Roll Holding), y en 1986 fueron renovadas por completo las cabinas. El teleférico sube desde la ciudad, prácticamente al nivel del mar, hasta la segunda cumbre del Peñón (hay otra ligeramente más elevada, donde hay algunas instalaciones meteorológicas), a una altura de 412 metros sobre el nivel del mar circundante. En 2007, la estación superior fue completamente remodelada, y actualmente ofrece diversos miradores, un café y tienda de recuerdos, y también la llamada Calpe Suite, que se puede alquilar para eventos diversos.

Curiosamente, la información que había conseguido de Internet no daba el suficiente nivel de detalle sobre la ubicación de la estación inferior como para que mi GPS me llevara hasta allí sin dudas. Pero en la Oficina de Turismo de Punta Europa me dieron (gratuitamente) un mapa turístico del territorio, bastante detallado, donde se especificaba la dirección de esa estación (en Red Sands Road) y la existencia de un gran aparcamiento gratuito junto a ella, compartido con el vecino Jardín Botánico.

Programé el GPS de acuerdo a esas nuevas informaciones, y me llevó de la mano directamente a la entrada a ese aparcamiento. Es bastante grande, pero acostumbra a estar atestado. Esa mañana de Abril tuve alguna suerte, y no me costó mucho trabajo encontrar una plaza libre.

El Peñón tiene algunas atracciones turísticas (aparte de las maravillosas vistas desde su cumbre). Se dice que está recorrido por innumerables túneles y pasadizos. Algunos de ellos, que se utilizaron en algún momento del pasado para instalar baterías de artillería para defender Gibraltar, son visitables. Por ejemplo, los Túneles del Gran Asedio, o los que se excavaron durante la Segunda Guerra Mundial. También existe una impresionante cueva natural (la Cueva de San Miguel), con estalactitas y estalagmitas, y un Castillo Árabe, construido inicialmente en el año 1.160. Podéis ver más detalles aquí (en el apartado de Lugares de Interés).
Más allá de la pista del Aeropuerto está la frontera, y
luego La Línea de la Concepción.
(JMBigas, Abril 2013)

El Teleférico tiene una estación intermedia, en la zona conocida como Guarida de los Monos. Pero, curiosamente, desde el mes de Abril y durante todo el verano, las cabinas no se detienen ahí.

Toda esa serie de atractivos adicionales están incluidos en lo que se conoce como la Reserva Natural del Peñón (Nature Reserve). Su visita requiere de un ticket específico, y paseos, de hasta uno o dos kilómetros  (hacia arriba o hacia abajo) por diversos senderos del Peñón.

En la taquilla del Teleférico se puede escoger el ticket básico (que permite subir hasta la estación superior y luego bajar) por 10,50GBP, o bien tickets combinados del Teleférico con otras atracciones de la zona. Yo no disponía de mucho tiempo ese día, y escogí sólo el Teleférico, para disfrutar de las vistas desde la cumbre. Por el aparcamiento pululan durante todo el día espontáneos que ofrecen a los visitantes recorridos alternativos a los mismos lugares, pero en taxi o minibús.

Una de las curiosidades del Peñón es su colonia de monos o macacos de Gibraltar (macaca sylvanus), de los que hay actualmente unos 300 ejemplares. También conocidos como monos de Berbería, su origen son los Montes Atlas en Marruecos y su presencia en Gibraltar siempre ha sido un cierto misterio. Pero la leyenda dice que el día que se extingan los monos en el Peñón, también desaparecerán los británicos. Menguada la colonia durante la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill decidió importar algunos ejemplares adicionales, aunque sólo fuera por si acaso.

Los monos están habituados a la compañía humana y pueden llegar a ser bastante traviesos. Conviene tomar algunas precacuciones básicas, especialmente con las bolsas de plástico que les pueden resultar atractivas, o lo que se pueda estar comiendo (fruta, etc.). Pueden verse sin problemas en los alrededores de la estación superior, así como en la llamada Guarida de los Monos, junto a la estación intermedia (inactiva en temporada alta).
La zona del Europort, de construcción reciente y densa.
(JMBigas, Abril 2013)

Al llegar a la estación superior es posible hacerse con una audioguía (en varios idiomas) que te cuenta la historia y detalles de la zona. Son gratuitas (incluidas en el precio del teleférico), pero hay que dejar como garantía el pasaporte o similar (que se recupera al devolverlas).

Desde la cumbre, las vistas son maravillosas, especialmente si nos ha tocado un día despejado y claro. Se puede contemplar tanto la propia ciudad de Gibraltar como la vecina Bahía de Algeciras y los pueblos que la rodean, así como las playas del este (en el llamado Mar de Alborán), con la Costa del Sol malagueña en el horizonte hacia el norte. También se ve con nitidez la costa africana de Marruecos y la ciudad española de Ceuta, aunque los diversos miradores, por la propia configuración norte-sur del Peñón, no ofrecen las mejores facilidades para la visión hacia el Sur. La mejor vista de la costa africana se tiene desde Punta Europa.

Es posible comer y beber algunas cosas en el Café, así como comprar algún recuerdo (souvenir) alusivo (bastante anodinos, me parecieron a mí) al Peñón y a sus atractivos.
Dos macacos de Gibraltar, retozando en el mirador de
la estación superior del teleférico.
(JMBigas, Abril 2013)

Tras bajar nuevamente al nivel del Aparcamiento, paré para comer una pizza (de calidad casi menos que aceptable) en una terracita muy agradable del restaurante Mamma Mia (Pasta and Pizza House), a la entrada del propio aparcamiento del Teleférico.

Antes de mover el coche, di un paseo a pie hasta el final de Main Street, bastante cercano. Se cruza por una zona de muralla bastante bien conservada, y se pasa al lado de un pequeño cementerio histórico, en el que se pueden ver algunas lápidas que reflejan la característica militar del territorio. El Cementerio de Gibraltar es bastante más grande, y está junto a la pista del Aeropuerto.

Main Street es una calle peatonal en su mayoría, donde se encuentran los comercios destinados principalmente a los visitantes y turistas. Casi en todas partes es posible comprar cigarrillos o botellas de destilados (whisky, vodka,...), a un precio algo más atractivo que el practicado en España, y mucho más atractivo que el que se practica en Gran Bretaña. Para que a la vuelta, en la Aduana, no pensaran que yo era un bicho raro, compré un cartón de cigarrillos ingleses (Benson&Hedges Gold) y algún souvenir. En el extremo de Main Street más próximo a la frontera, está Casemates Square, el centro neurálgico para los visitantes de Gibraltar. Si se quiere visitar esta zona, la mejor opción es el transporte público, ya que el tráfico acostumbra a ser infernal, y la disponibilidad de aparcamiento muy limitada.
Lápida histórica en el pequeño cementerio junto al
final de Main Street.
(JMBigas, Abril 2013)

Tomé de nuevo el coche y aproveché para dar una vuelta completa al Peñón por la carretera costera, actualmente practicable. En la rotonda próxima a la pista del Aeropuerto, me desvié hacia la derecha por Devils's Tower Road, y luego seguí por la carreterita que discurre por Catalan Bay y Sandy Bay. En el sureste del Peñón hay un túnel (Dudley Ward Way) que completa el perímetro y que desemboca en las proximidades de Punta Europa. Este túnel, construido por el Ejército Británico entre 1956 y 1963, se cerró indefinidamente al tráfico en 2002, cuando murió un gibraltareño por un desprendimiento de rocas en su acceso norte. Más adelante se reconsideró su conveniencia y, tras realizar las correspondientes obras de estabilización, se reabrió al tráfico en 2010.

Ya eran las cinco de la tarde y, tras repostar gasolina (también algo más barata que en España), me dirigí hacia la frontera para volver a La Línea de la Concepción y completar mi plan ese día, que era recorrer la Costa del Sol hasta Benalmádena, donde había reservado habitación en un hotel y había quedado para cenar en casa de unos buenos amigos.

Pero el camino hacia la frontera fue un calvario que me retrasó prácticamente una hora y media. Las colas lentas son muy frecuentes allí, porque las autoridades españolas no tienen ningún interés en desplegar demasiados recursos para el control de la frontera y la aduana y, sin embargo, cada coche es revisado para verificar que no se incumplen las rigurosas limitaciones de productos que se permite importar sin pagar aranceles. Cerca de la frontera, los gibraltareños han instalado un panel informando a los viajeros de a dónde deben dirigirse (Ministerio de Asuntos Exteriores español, Servicio de la Unión Europea,...) para quejarse del trato recibido en esas instalaciones, debido a las acciones tomadas por el Reino de España.

Tras seguir la procesión a paso de tortuga, llegamos a la frontera, donde una Policía Nacional pedía la documentación a quien le parecía conveniente, y luego en la Aduana, un Guardia Civil inspeccionaba el maletero de cada vehículo.

Finalmente conseguí cruzar sin más incidente que el propio retraso, y seguir la ruta noreste por la Costa del Sol. Para verificar que esa es una costa prácticamente cimentada al 100%, es decir, que poquitos espacios quedan allí sin urbanizar. Se suceden los pueblos, las urbanizaciones, los hoteles, los campos de golf, etc. etc. Tras la primera ola turística en los años 60, la última burbuja inmobiliaria de principios de milenio ha acabado de enladrillar por completo toda la zona. Políticos municipales a menudo corruptos, han repartido licencias para edificar prácticamente sin límite, como si no hubiera un mañana.

Llegué finalmente a Benalmádena hacia las ocho y media de la tarde, pero esa ya será otra historia.

Aparte de las fotografías que he escogido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección completa, con 41 imágenes, pinchando en la foto de Gibraltar como una ballena varada al este de la Bahía de Algeciras.


También podéis ver este vídeo de poco más de cinco minutos, con las imágenes más atractivas de todo el recorrido que os he contado.


JMBA