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martes, 14 de abril de 2015

Plante al Jefe del Estado

Mañana miércoles el Rey Felipe VI visita el Parlamento Europeo. Europarlamentarios españoles de diversas formaciones políticas (entre otras, Izquierda Unida y Convergència i Unió) han decidido dar el plante al Rey, y no asistir al encuentro previsto con todos los eurodiputados españoles.

Francamente, me parece una salida de tono sin ninguna justificación.

Yo me considero republicano. Es decir, si hoy construyéramos este país desde la nada, creo que un sistema republicano, en que el Jefe del Estado sea elegido democráticamente por todos los ciudadanos, es el más adecuado para organizar el país en el siglo XXI.

Dicho esto, Felipe VI es Rey de España y, por lo tanto, Jefe del Estado, legal y legítimamente. Como tal, merece el respeto de su posición y cualquier plante me parece fuera de lugar.

Otra cosa es que algunos (o muchos) ciudadanos estén por la labor de cambiar la Constitución, e incluso cambiar el sistema monárquico por uno republicano. La Ley permite su propia modificación, bajo ciertas condiciones democráticas.

Hasta ahora, la realidad es que no existe una mayoría política que esté por esa labor. Es posible que el tema cambie tras las próximas Elecciones Generales.

En un Estado de Derecho debe primar el Imperio de la Ley. Una Ley aprobada por la mayoría de los ciudadanos.

Es muy torticera y falaz la interpretación que da la sensación que algunos hacen de lo democrático: algo es democrático si es como yo creo que debería ser; antidemocrático si es lo contrario. La democracia, definitivamente, NO funciona de este modo.

La democracia es un sistema basado en mayorías y minorías. Conviene no olvidar esto.

Si aceptamos que algunos no cumplan la Ley sólo porque les parece que debería ser diferente, entonces menos mal que no tienen tanques, porque si los tuvieran estaríamos en un escenario de Golpe de Estado.

La mejor receta para la placidez de espíritu es disfrutar de la vida que te llegue, sin dejar de luchar por la vida que te gustaría tener.

Los ciudadanos estamos obligados a respetar la Ley y sus instituciones. No es necesario manifestar entusiasmo, si no se siente, ante el Rey o cuando suena el himno nacional. Pero el plante al Rey o los silbidos al himno son, simplemente, una falta de respeto que me parece que no debemos aceptar de ninguna forma.

Aunque sintamos simpatía por lo que dicen defender. Las cosas no se hacen así.

JMBA

lunes, 16 de junio de 2014

¿Monarquía o República?

Coincidió la abdicación de Don Juan Carlos con que yo estaba iniciando un viaje en coche por el Suroeste de España (tierra de jamón, quesos y vinos, entre muchas otras maravillas), que ya tendré ocasión de iros contando por entregas.
Don Felipe de Borbón y Grecia, próximo Felipe VI, Rey de España.
(Fuente: theobjective)


Escuché por la radio primero que Rajoy iba a realizar una comparecencia pública sorpresa, y luego fui siguiendo la noticia, por la radio y la televisión, el resto del día.

En una persona de su edad (el pasado mes de Enero cumplió los 76 años) y con los achaques de salud que le están afectando últimamente y que, entre otras limitaciones, le está provocando graves problemas de movilidad, su abdicación no debería ser una sorpresa para nadie.

Sin embargo, parece que a la clase política la noticia les pilló con el paso cambiado. Se puso en evidencia la existencia de un cierto vacío legal para soportar el relevo en la Jefatura del Estado, y los dos grandes partidos tuvieron que ponerse de acuerdo para aprobar a toda prisa una Ley Orgánica que dé paso a la proclamación de Don Felipe como nuevo Rey de España, lo que se espera suceda este próximo jueves 19 de Junio.

Creo que, de todas formas, esto es lo que había que hacer, para garantizar la continuidad de las instituciones del Estado, tal y como se prevé en la vigente Constitución.

Don Juan Carlos, durante los 38 años de su reinado, ha prestado algunos destacados servicios a España y a sus ciudadanos, pero también ha cometido demasiadas frivolidades, inaceptables para una persona de tan alta representatividad, y de quien siempre hay que esperar la ejemplaridad. En los últimos tiempos, además, su figura se ha visto manchada por obscenos episodios de corrupción en su proximidad inmediata. Aunque, desde mi punto de vista, este último hecho debe enmarcarse en los numerosos casos de prácticas corruptas entre los que tienen posibilidad de perpetrarlas, y no achacarlo a un problema específico de la Monarquía.

Pero al hilo de este relevo que, por otra parte, era perfectamente esperable, se ha desatado una polémica en la vida pública española, que tiene que ver con la forma del Estado, y que se resume en la disyuntiva de Monarquía o República. Algunos partidos de la izquierda se han manifestado, lo que no constituye noticia ni novedad, como abiertamente republicanos, mientras que el PSOE se ha inventado una fórmula (somos republicanos, pero perfectamente compatibles con una monarquía constitucional y parlamentaria) que les ha permitido votar favorablemente la Ley de Abdicación, y asumir el papel de un partido grande, con implantación nacional y sentido de Estado, que ha detentado el poder, y que tiene todas las posibilidades de volver a hacerlo en los próximos tiempos.

Personalmente, me parece que esta polémica ha escogido un tiempo equivocado. Aunque sólo sea por principios, creo que la recomendación de Ignacio de Loyola (en tiempos de tribulación, no hagas mudanza) es siempre sensata.

Pero me parece que la discusión pública sobre la forma del Estado debe estar en la hoja de ruta de los próximos tiempos, incluyendo una eventual consulta popular o referéndum.

Ya he manifestado mi opinión sobre la necesidad de un próximo proceso constituyente en España. Por una serie de motivos que creo haber expuesto con bastante detalle, entre los que está, por supuesto, la Monarquía en sí misma como forma del Estado.

Conviene tener en cuenta que la actual monarquía fue decidida por el Dictador Franco, y que nunca estuvo encima de la mesa durante las negociaciones que llevaron a la Constitución de 1978. En otras palabras, en ese momento se consideró que las fuerzas vivas del Régimen anterior, todavía muy vivas en esos tiempos, jamás aceptarían una forma de Estado diferente de la que había decidido Franco.

En este siglo XXI, me parece un anacronismo la propia existencia de una (llamada) Familia Real. Además, lleva a la Jefatura del Estado a una persona que no ha sido elegida ni por los ciudadanos ni por sus representantes, y representa una evidente discriminación por razón de cuna.

Pero, por otra parte, también es cierto que algunos de los países más avanzados del mundo (el Reino Unido, Bélgica, Holanda, los países nórdicos,...) siguen siendo actualmente monarquías.

Y es que, partiendo de un sistema democrático consolidado, constitucional y parlamentario, la posición personal a favor o en contra de la Monarquía no tiene casi nada que ver con argumentos políticos, ni siquiera económicos, sino más bien éticos o estéticos. Hay monárquicos que lo son por su amor al boato y a la brillantez de que a menudo se revisten los actos de la monarquía. También hay no católicos, o por lo menos católicos no practicantes, que siguen casándose por la Iglesia o celebrando la Primera Comunión de sus hijos por pura devoción por el espectáculo. Estos son criterios básicamente estéticos.

Y hay también muchos republicanos que lo son por criterios puramente éticos, a quienes les parece mal que no cualquiera pueda llegar a ser Rey, o que el Rey no sea elegido por el pueblo. Aunque su papel político sea estrictamente nulo, y sea el Gobierno quien decide todos los temas relacionados con la marcha del país.

Unos piensan que cómo puede representar un Rey a todos los ciudadanos, si éstos no le han elegido, mientras otros sostienen que un (eventual) Presidente de la República no lo sería de todos los ciudadanos sino sólo de aquellos que le han votado. Este último argumento me parece especialmente miserable, pues pone en cuestión el principio de la representación política, y eso mismo podría aplicarse a un Presidente del Gobierno.

Algunos esgrimen criterios económicos para manifestar su oposición a la Monarquía. Pero conviene pensar que no hay ningún argumento serio que nos permita afirmar que la Jefatura del Estado de una eventual República nos saliera más barata de lo que nos cuesta la actual Monarquía. En repúblicas como Francia o Estados Unidos, el Presidente de la República es la máxima autoridad ejecutiva del Estado, pero también existe el equivalente a un Primer Ministro o Presidente del Gobierno. En Francia, por ejemplo, el Elíseo y Matignon. En otro tipo de repúblicas no presidencialistas (como Italia o Alemania), la figura, puramente representativa, del Presidente de la República, es habitualmente asumida, previa elección (directa o indirecta) de los ciudadanos, por algún político de prestigio ya jubilado, que precisa de una residencia oficial y de un Presupuesto para poder llevar a cabo su labor.

Mientras en otros países la Monarquía es una tradición de muchos siglos, en España esta (presunta) tradición se ha roto bastantes veces sólo en el último siglo y medio. Aunque mantener una tradición me pueda parecer en general respetable, también es cierto que hay algunas muy peregrinas, que exigirían una revisión en profundidad.

Por todo ello, creo que en los muy próximos tiempos resulta imprescindible, dentro de ese proceso constituyente que propugno, que se celebre un referéndum donde todos los ciudadanos puedan opinar sobre la forma de Estado que prefieren.

Pero da la sensación de que hay muchos políticos, en estos momentos, prácticamente la totalidad del PP, que piensan (o, por lo menos, dicen) que los ciudadanos ya votan a un partido político u otro cada cuatro años, y que durante los cuatro años siguientes les toca, en el tema político, callar y asentir. Estas manifestaciones atentan contra el principio de que los representantes de los ciudadanos deben ser fiscalizados por quienes les han elegido, y de ninguna forma la elección supone una patente de corso para hacer lo que quieran, hasta las siguientes elecciones.

Me parece execrable defender que los ciudadanos que votan a un partido político en unas Elecciones Generales están de acuerdo por completo con la opinión y posición de ese partido político sobre cualquier tema que podamos imaginar, o sobre cualquier ocurrencia que pudieran tener en el futuro. Eso es entender la democracia como un cortijo donde cada cuatro años se decide quién es el capataz.

Hasta los a menudo denostados delegados sindicales deben validar las decisiones importantes (aceptación o no de una propuesta de la empresa, o la revisión de un Convenio Colectivo,...) con las correspondientes asambleas de trabajadores.

Esta es la trampa de las que se han venido a llamar elecciones plebiscitarias. El propio Rajoy las denosta cuando es Mas quien las sugiere. Se trata de que, a falta de una consulta concreta sobre un tema específico, se entiende que el ciudadano va a votar a un partido político en función de su posición sobre ese tema. En otras palabras, que un ciudadano podría estar forzado a votar a un partido político con quien sólo comulga en la posición sobre ese tema, o a no votar a otro partido político con quien comulga en todo excepto en su posición sobre ese tema concreto.

En una democracia de calidad, los electores delegan su representación durante un tiempo, pero no la regalan. Y conservan, por supuesto, su derecho a criticar las posiciones, acciones, omisiones e incluso opiniones de aquellos a quienes eligieron. Y también su derecho a ser consultados ante decisiones de especial trascendencia.

En el marco de un (necesario) proceso constituyente, creo que debería celebrarse un referéndum donde los ciudadanos podamos dar nuestra opinión sobre la forma de Estado con la que nos sintamos más cómodos. Sabiendo que ese es un tema políticamente muy poco trascendente, pero es necesario eliminar esa polémica de la vida pública de este país. Para poder centrarnos en los temas realmente importantes, y conseguir que la democracia española sea de calidad muy superior a lo que es actualmente. A falta de una consulta popular, la calle acaba tomando el relevo. Pero la calle es sólo un barómetro de tendencias, y también un termómetro de nula fiabilidad.

Si me preguntan, yo votaría por una República, pero siendo plenamente consciente que, ni de lejos, ese es el principal problema que tiene actualmente España.

Por el momento, no creo que, como ciudadanos, renunciemos a nada trascendental, desde el punto de vista político, por declararnos compatibles con una monarquía constitucional y parlamentaria, donde la figura del Rey es puramente representativa del Estado y de todos sus ciudadanos, y donde todo el poder ejecutivo está en manos de un Gobierno que, de alguna forma, es elegido cada cuatro años por los ciudadanos.

No me gusta la Monarquía. Pero hay infinitas otras cosas que me repugnan mucho más de la situación política, económica y social de este país.

La próxima proclamación del Rey Felipe VI debería desarrollarse sin incidentes, porque ese paso viene determinado por la Ley, cuyo imperio es imprescindible para podernos llamar demócratas. Eso sí, teniendo en cuenta que acatar la legalidad vigente no significa que estemos de acuerdo con ella, ni que cejemos en nuestro empeño de cambiarla para aportar a España una democracia de mucha mejor calidad. 

Soy republicano, pero también soy consciente de que ése NO es, de ninguna forma, el problema más acuciante que tenemos.

JMBA

lunes, 16 de abril de 2012

"Piove, Porco Governo"

Vivimos en una época apresurada, de reacciones rápidas y olvidos fulminantes. Los matices ya sólo aparecen en los profesionales de la tertulia, cuyo tiempo está pagado precisamente para que ilustren esos matices.

El resto vivimos de titulares y de tweets. Por cierto, el Twitter, con su limitación técnica a 140 caracteres, ha contribuido a que las ideas y los pensamientos que circulan por la Red sean un puro destilado. Muchas veces, simples puñaladas sin más explicación.

Todo ello me trae a la memoria esa frase italiana que ilustra perfectamente la tradicional desconfianza del pueblo italiano hacia sus gobiernos: Piove, Porco Governo. Que podríamos traducir libremente (eliminando alguna palabra malsonante), como Llueve y la Culpa la Tiene el Gobierno. Un auténtico formato de tweet adelantado a su tiempo.
Una imagen de 2006, publicada estos días, junto a un trofeo.
(Target Press/Barcroft Media; Fuente: theguardian)

Nos hemos desayunado este fin de semana con una operación de cadera que se le ha practicado al Rey en un hospital de Madrid. Al parecer, sufrió un accidente en un campamento de Botswana, posiblemente debido a la artrosis que padece (relativamente habitual a los 74 años). Según se ha sabido con posterioridad, el Rey estaría en ese lejano país participando en una cacería de elefantes.

La noticia se conoce sólo un par de días después de la del accidente de su nieto mayor con una escopeta de caza. Desde luego, esta familia se arruina si se acaba implantando el copago sanitario. 

¿Pero dónde c... está Botswana, para empezar?. La República (parlamentaria) de Botswana (o Botsuana) es un país del interior del sur de África, que limita al oeste y norte con Namibia, al este con Zimbabue y al sur con Sudáfrica. Al norte limitaría con Zambia y con Angola, si no fuera que Namibia tiene una extensión de su territorio (en forma de panhandle) que representa un colchón en esa zona. Se independizó del Reino Unido en 1966 y forma parte de la Commonwealth. Es algo más grande que España (unos 600.000 kilómetros cuadrados) pero muy poco poblado (escasamente dos millones de habitantes).

Según se ha ido sabiendo, la organización de cacerías controladas de animales singulares para clientes pudientes es un pingüe negocio para su Gobierno. De Botswana no sabríamos prácticamente nada, si no fuera por las novelas de Alexander McCall Smith, un escocés nacido en Zimbabue, que enseñó derecho en la Universidad de Botswana, y que se inventó la primera agencia de mujeres detectives, basada en Gaborone (Botswana), que dio origen a una serie de novelas bastante graciosas.

La opinión pública no sabía nada de ese viaje cinegético del Rey. Pero el Gobierno se ha apresurado a asegurar que estaba informado del mismo, como mandan los cánones, a pesar de que la agenda privada del Rey es eso, privada. Por cierto, aunque no constituye noticia ni novedad a estas alturas, la Reina parece que estaba en Grecia, celebrando con su familia la Pascua Ortodoxa.

También todos los responsables se han dado prisa en dejar claro que ese viaje no ha supuesto ningún coste al erario público (se entiende que ningún coste adicional a la generosa asignación que recibe la Casa Real de los Presupuestos Generales del Estado). Francamente, me cuesta entender cómo alguien como el Rey puede viajar de incógnito a Botswana, y el tema me sugiere el uso real de recursos públicos. Para cualquiera que quisiera visitar Botswana, seguramente supondría una escala en Londres. Lo que, evidentemente, no habrá sido el caso.

Se han publicado cifras del coste que puede tener una de esas cacerías de elefantes para los clientes de pago, unos 37.000 Euros. Se ha sugerido que el coste de ese viaje habría sido sufragado por algunos empresarios amigos, o de que la imagen del Rey podría ser utilizada, a cambio de la gratuidad de la cacería, por la agencia (gubernamental o cuasi) que organiza esas cacerías, a fines de marketing y promoción. Pero eso nos llevaría a otro tema espinoso, que no quiero tocar hoy, el de las Amistades Peligrosas del Rey (o de su familia y entorno, para el caso).
Alexander McCall Smith, escocés nacido en Zimbabue,
que ha ambientado varias novelas en Botsuana.
(Fuente: theguardian)

España está sumida en un marasmo económico del que no levantamos cabeza. Más de cinco millones de desempleados, un coste agobiante para la financiación de la Deuda Pública, etc. etc. Estamos en los titulares (y los tweets) de toda la prensa internacional por estos hechos. Por un día, el Rey ha contribuido a que España esté en esos titulares por un motivo diferente del de ser sospechosos habituales de los problemas graves por los que está atravesando la eurozona. A lo que han contribuido por cierto las últimas manifestaciones de Sarkozy (por motivos electorales: el próximo domingo se celebrará la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia) o de Mario Monti (para justificarse, alegando que la culpa es de otros).

Así, este último par de días hemos visto tweets de diversos medios internacionales con la noticia:

Il Mattino di NapoliIl re di Spagna si rompe l'anca durante la battuta di caccia: paura e polemiche

AfriqueActuLe roi d'Espagne se blesse lors d'une chasse en Afrique

Flash PresseJuan Carlos mis en cause en Espagne après un safari au Botswana

MSN FranceLe roi d’Espagne chasse l’éléphant pendant que son pays est en crise

Europ FlashLe safari à 30 000 euros de Juan Carlos choque les Espagnols

France InfoLa presse  dénonce l'image de frivolité et d'indifférence du , blessé en chassant l'  

SudOuestLe Roi d'Espagne blessé en chassant l'éléphant en Afrique

Global PostSpanish King Juan Carlos under fire over costly Botswana elephant hunting trip

... y muchos otros tweets y titulares. Retransmitidos una y otra vez por el carácter viral de redes como Twitter o Facebook, por ejemplo.

Yo me quedo con la imagen de frivolidad e indiferencia. Me parece que este es el quid de la cuestión. En un estado democrático de derecho, las instituciones deben ser ejemplares. Y este es el motivo por el que habría que atender con más solicitud (por parte del Gobierno) a las peticiones populares de recorte en gastos suntuarios y privilegios. No tanto por el ahorro que podrían suponer (muchos son el chocolate del loro), sino por las necesarias ejemplaridad y ética que siempre deben presidir la actuación de todas las instituciones públicas.

No parece muy edificante que el presidente de honor de la WWF (World Wildlife Fund) española se dedique a participar en cacerías de elefantes sólo para ricos. Ni que el Jefe de un Estado bajo la lupa internacional, poco menos que intervenido, con un desempleo galopante y una prima de riesgo por las nubes, se refocile en una cacería preparada para clientes muy pudientes.
El Rey es Presidente de Honor de WWF/Adena,
parte de cuya misión es la de conservar la
diversidad biológica mundial
(Fuente: WWFEspaña)

Los antimonárquicos de siempre y los republicanos furibundos se han apresurado a utilizar esta torpeza para intentar justificar el cambio de nuestro régimen político. Al Rey lo ha pillado el carrito del helado, Viva la República. Creo que conviene no perder de vista que este tema es una torpeza clara del propio Rey y de su entorno, incluyendo al Gobierno que reconoce haber sido informado, y nada se ha dicho de que recomendara cancelar un viaje de este tipo, confiando, sin duda, en que no trascendiera a la opinión pública.

Yo no soy especialmente monárquico, pero no me molesta que el sistema de mi país sea una monarquía parlamentaria, siempre que, como primera institución del Estado, sea ejemplar en sus comportamientos y actitudes. No me gustan para nada las amistades peligrosas del propio Rey y de otras personas de su familia. Como no me gustarían tampoco de un eventual Presidente de la República, ni me gustan de ningún servidor público

El Gobierno, la Casa del Rey y el propio monarca deben esforzarse en ser ejemplares, especialmente en la dramática situación económica que está viviendo el país y muchos de sus paisanos. A su edad, quizá lo más conveniente fuera que se jubilara, abdicara y el Príncipe Felipe asumiera la Jefatura del Estado. Así podría irse de safari con el Imserso.

Ya sabemos que a los que mandan, los ciudadanos de a pie no les importamos una m..... Pero debemos exigirles que no nos lo restrieguen todos los días por los morros.

Y, por cierto, después de tener unos meses de Febrero y Marzo que parecían más veraniegos que invernales, ha vuelto el frío y hasta la nieve en este mes de Abril. En Madrid hace hoy un viento helador, con 10º de temperatura a las dos de la tarde, a pesar del Sol, que luce brillante en el cielo.

Piove, Porco Governo.

JMBA