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miércoles, 28 de marzo de 2018

Santi Vila: "De héroes y traidores".

Este libro representa un oasis en el centro de un circo enloquecido.

Santi Vila fue conseller en el Govern de Catalunya durante unos cuantos años. Dimitió de su cargo la tarde del 26 de Septiembre de 2017, tras ver con impotencia como la décima ventana de oportunidad para enderezar el procés era también ignorada.

Fue alcalde de Figueres y buen amigo, evidentemente, de Carles Puigdemont, que fue alcalde de Girona hasta convertirse, tras un rocambolesco episodio que arrumbó a Artur Mas al almacén de la historia, en President de la Generalitat, tras los idus de marzo de primeros de Enero de 2016.

Es conocida su adscripción a Convergencia y su perfil de político moderado. Pero en este libro demuestra que, además, es capaz de mantener una mirada sensata y lúcida sobre la realidad, incluso cuando esta se convierte en el ojo de un huracán incontrolable.

No soy muy aficionado, en general, a los libros escritos por políticos. Unos son simples libelos, escritos quién sabe por quién, de prisa y corriendo, para aprovechar el tirón de la actualidad. Y otros son Libros de Memorias, más pensados como justificación propia y como fuente bibliográfica de los historiadores del futuro, que como libro de lectura continuada. Pero "De héroes y traidores" es otra cosa. Se trata más bien de recoger el pús que supuran las heridas y convertirlas en palabras dotadas de un buen sentido.

Santi Vila no va contra nadie, pero deja bastante claro el papel que cada cual ha jugado en un melodrama que no hizo más que irse deteriorando hasta convertirse en tragedia. Y pone en este libro, negro sobre blanco, todo lo que seguramente él siempre supo, pero los demás sólo intuíamos de vez en cuando.

En la primera parte, describe los hechos que son más o menos conocidos por todos, a través de los medios de comunicación, sólo que con una mirada mucho más interior, no accesible para los ciudadanos comunes, que convierte a los personajes en personas humanas y que proporciona algunas claves que no siempre fueron bien visibles.

La segunda parte del libro resulta especialmente pedagógica, y arroja luz sobre un político español y catalán que, por su moderación, sensatez y lucidez podría hacer un maravilloso papel algún día como Presidente del Gobierno de España. Llamadme idealista ingenuo, que lo soy.

Primero repasa los diez grandes errores cometidos durante todo este tiempo por los dos bandos a partes iguales. De entre los cometidos por el Gobierno Rajoy, la mayoría son más o menos conocidos ya por los que han seguido con atención y afán crítico la actualidad de estos tiempos. Pero yo destacaría el quinto, que denota una capacidad superior de abstracción del autor: España no es cool.

De los errores cometidos por el soberanismo, algunos los puede intuir cualquier lector informado. Pero yo destacaría el primero, algo más sutil: la marginación de la política profesional. Este hecho provocó que la agenda política dejara de estar en poder de los legítimos representantes del pueblo catalán, para ser controlada por asociaciones ciudadanas y otras fuerzas. Este error se sublimó al constituir las listas de la candidatura unitaria JuntsxSi, trufada de personas de la sociedad civil, que relegó a muchos políticos a puestos irrelevantes, o directamente a ser extraparlamentarios.

Santi Vila identifica a continuación hasta diez ventanas de oportunidad, entre 2015 y 2017, en que una decisión diferente de la que finalmente se tomó podría haber reencauzado al procés por unas vías razonables y realistas. Pero, una tras otra, se fueron desperdiciando. Cuenta que, tras cada uno de estos fiascos, tuvo la tentación de dimitir, pero aguantó confiando en la siguiente. Hasta que la caída por el barranco ya resultó inevitable, tras echar a perder la que se presentó en la madrugada del 26 de Octubre. Puigdemont, con algunas reticencias de algunos de sus próximos, había decidido que ya había cumplido su misión de llevar a Catalunya a la preindependencia, y que lo que tocaba era convocar elecciones.

De haberlo hecho, se hubiera evitado casi con seguridad la aplicación del artículo 155 y hubiera sido un punto y aparte, para que todo el mundo pudiera reflexionar con alguna calma. Pero, especialmente desde entornos de ERC y de la CUP, tanto la voz de la calle como las redes sociales empezaron a vomitar su bilis contra quien había sido su héroe hasta quince minutos antes. Los estudiantes gritaban en la Plaça de Sant Jaume "botifler" y "traidor", epítetos dirigidos a Puigdemont. Y Twitter vomitó su peor basura insultante contra el MHP. De todos ellos se recuerda el de Gabriel Rufián: "155 monedas de plata" que en sólo cuatro palabras, llamaba traidor (como Judas) a Puigdemont y además le acusaba de ceder a la presión de que el Gobierno de España pudiera aplicar el 155.

Al final, Puigdemont tomó una decisión y prefirió quedarse con los suyos aun estando equivocado, antes que tener razón pero quedarse solo.

Finalmente, la tarde del 27 de Octubre, el Parlament declaró constituida, sin mayor liturgia, la República Catalana. Pero el entusiasmo solo lo puso la calle, porque la cara de los políticos era de una profunda preocupación. Creo que sabían que acababan de vadear el último río, más allá del cual no queda sino el 155, y la negrura, y la cárcel y el exilio.

La tarde del 26 de Octubre, viendo cómo la última ventana se cerraba definitivamente, Santi Vila dimitió y se fue a su casa.

El último capítulo lo dedica a una cierta prospectiva, para identificar por dónde y cómo pueden venir las soluciones a este problema. La verdad, he visto muchas reflexiones suyas que me gustaría oír de boca de algún político de ámbito estatal.

Y en las últimas páginas cuenta lo que va a ser su vida a partir de ahora. Que se ha reincorporado a la actividad privada, como gerente de una empresa centenaria de la zona de Banyoles (Girona), la que siempre ha sido su terreta. Y su pareja, Javier, ya puede descansar mejor, lejos de los muchos sobresaltos que se llevó mientras Santi estuvo en la política activa. Por cierto, Santi Vila no se manifiesta en absoluto sobre si la política activa podría estar de vuelta en algún lugar de su futuro personal.

Hay que agradecerle a Santi Vila el tono exquisito con el que cuenta los acontecimientos y las cosas, porque nadie puede sentirse herido ni señalado por algún dedo acusador. Sólo le motiva el hecho de conseguir que sus lectores puedan entender una realidad tan compleja, como demuestra él mismo que comprende.

También le ayuda al lector a discernir si una cierta decisión que alguien tome en los próximos tiempos puede ser o no un camino de salida o de futuro.

Este libro ha sido publicado en versión original en castellano (la verdad, me resultó curioso) por Península, y en versión traducida al catalán por Pòrtic.

Yo creo que este libro debería leerlo todo español que tenga interés y curiosidad por saber lo que pasa en su país y por qué. Es válido tanto para los nacionalistas del "a por ellos" como para los indepes irredentos de "prensa española, manipuladora", así como para la infinita gama de mediopensionistas. Los extremistas, de uno u otro bando, es posible que en algún momento de la lectura deban dominar una ira irrefrenable que les llevaría a arrancar algunas páginas del libro. Si lo consiguen, y prosiguen la lectura con ánimo de entender, con seguridad habrán aprendido muchas cosas al terminarlo.

JMBA

lunes, 23 de octubre de 2017

Discurso de Puigdemont (Propuesta)

(Esta es mi propuesta personal para el discurso que Carles Puigdemont, Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya, podría dirigir al Parlament de Catalunya en el Pleno del próximo jueves, 26 de Octubre de 2017).

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(Introducción habitual: Señora Presidenta,...)

En Septiembre de 2015, los diputados y diputadas de este Parlament fuimos elegidos por los ciudadanos de Catalunya en las correspondientes elecciones autonómicas, con el fin de aportar las mejores soluciones para aumentar el bienestar de nuestro pueblo.

Dos de los grupos parlamentarios, Junts pel Sí y la CUP/CC, que totalizamos 72 diputados en esta Cámara, la mayoría absoluta, coincidíamos en nuestros respectivos programas electorales en el objetivo de convertir a Catalunya en un Estado independiente. Entendimos que este resultado electoral era un mandato democrático del pueblo de Catalunya para que trabajáramos en esta dirección y con este objetivo. Y nos pusimos manos a la obra.

Intentamos iniciar un diálogo político con el Gobierno de España, teniendo como primer objetivo el conseguir realizar un referéndum pactado para refrendar de ese modo el mandato democrático que habíamos recibido. Ese diálogo resultó imposible, ya que el Gobierno de España, de forma reiterada, se negó a hablar de los temas de los que nosotros queríamos hablar. Cuando un diálogo resulta imposible, a veces se debe a que nos bloquean las palabras, a veces a que son las personas las que se bloquean.

Seguimos adelante con la tarea de realizar un referéndum, aunque fuera no pactado, para saber si los ciudadanos de Catalunya eran o no partidarios de que Catalunya se convirtiera en un estado independiente en forma de República. Lo anunciamos en Julio de este año, y el 6 y 7 de Septiembre, en este Parlament, aprobamos las dos leyes necesarias para dar cobertura al referéndum y para definir la legalidad que regiría en Catalunya de forma inmediata y transitoria hasta las correspondientes elecciones constituyentes, si el resultado del referéndum arrojaba más votos a favor del Sí que del No.

A la celebración de este referéndum se opusieron con todas sus fuerzas tanto el Gobierno de España como los diversos tribunales. Desembarcaron en nuestra tierra miles de efectivos de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado. A pesar de las muchas dificultades, que todos ustedes conocen, y de que algunas fuerzas policiales desplegaron unos niveles de violencia gratuita e inadmisible contra la población civil que sólo quería votar, el referéndum pudo finalmente celebrarse. De su resultado ya informamos en su día en esta Cámara.

Pero debemos reconocer que las condiciones precarias en que tuvo finalmente que celebrarse, a pesar de los muchos esfuerzos de este Govern y de decenas de miles de ciudadanos voluntarios, no le otorgan las suficientes garantías para ser reconocido como tal por una democracia del siglo XXI ni por la comunidad internacional.

Algo habremos hecho mal cuando movilizamos a nuestro pueblo para votar el 1º de Octubre y no supimos, o no pudimos, garantizarle las suficientes garantías democráticas para que este referéndum pudiera ser aceptado por todo el mundo como tal.

A pesar de todo, entendimos reforzado nuestro mandato democrático por la abrumadora mayoría de votos Sí sobre los votos No recogidos en esa jornada.

Yo mismo, en la sesión plenaria de este Parlament del 10 de Octubre, asumí el mandato de que nuestro pueblo nos pedía mayoritariamente que Catalunya se convierta en un estado independiente en forma de república. Al mismo tiempo pedí la suspensión temporal de esta declaración, abriendo así un período de diálogo con el Gobierno de España. Nuestro objetivo era el de pactar y acordar los mejores términos que permitieran minimizar los muy graves efectos que podría tener una transición unilateral sin acuerdo de la otra parte.

Pero, de nuevo, este diálogo resultó imposible.

Alguna cosa habremos hecho mal cuando, una y otra vez, ha resultado imposible establecer un diálogo constructivo con el Gobierno de España.

Alguna cosa habremos hecho mal cuando cientos de empresas y compañías han trasladado su sede social fuera de Catalunya, huyendo de lo que perciben como inseguridad jurídica. Muchas de estas empresas fueron fundadas en Catalunya y algunas tienen un recorrido más que centenario a sus espaldas.

Alguna cosa habremos hecho mal cuando los líderes de dos asociaciones ciudadanas que nos han apoyado siempre lealmente en nuestra labor están actualmente en prisión preventiva y acusados del gravísimo delito de sedición.

Alguna cosa habremos hecho mal cuando llevamos meses forzando a nuestros ciudadanos a una movilización permanente que ya está provocando tensiones, nerviosismo, dudas, cansancio, desánimo y una más que evidente fractura social. Con el riesgo añadido de que en cualquier momento podría saltar una chispa que rompiera la actitud pacífica que siempre ha caracterizado a esta movilización.

Alguna cosa habremos hecho mal cuando estamos abocados de forma inminente a la suspensión del Govern de Catalunya y de sus instituciones autonómicas, que a nuestro pueblo tanto le ha costado desarrollar. Y todo ello apoyado por 250 diputados de los 350 que componen el Congreso de los diputados de España.

Podemos seguir pensando que el problema es que no nos entienden, pero debemos enfrentarnos con realismo a la situación actual. Tras profundas y largas reflexiones y consultas, hoy he venido a comunicar a este Parlament que ha llegado la hora de los sacrificios personales, para el bien de nuestro pueblo, al que no tenemos derecho a someter a más tensiones y dificultades.

Es por ello que, como President de la Generalitat, he decidido proceder a la disolución de este Parlament y a la convocatoria inmediata de elecciones autonómicas, en el convencimiento de que nuevos interlocutores pueden alumbrar nuevas soluciones. Esta misma tarde tendré el honor de comunicar esta decisión en el Senado de Madrid, que está estudiando la aplicación del artículo 155 de la Constitución, solicitada por el Gobierno de España, que quedará paralizada por esta decisión.

Muchas gracias.