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miércoles, 27 de enero de 2016

El Asedio a Pedro Sánchez

Dicen las Escrituras que Pedro negó a Jesús hasta tres veces antes de que cantara el gallo. Da la sensación de que Pedro Sánchez podría batir ese récord de su santo tocayo.
Estos son los líderes de los cuatro partidos que se reparten el 90% de
los escaños del Congreso de los Diputados.
(AFP, EFE. Fuente: nacion)

Cuando fue nombrado Secretario General del PSOE en Julio de 2014, los dirigentes del partido estaban convencidos de que elegían a alguien nuevo, que debería reconducir la regeneración del partido tras los sucesivos descalabros electorales, y que deberçia guiarlo en la travesía del desierto que, muy probablemente, supondría el resto de esa legislatura y otra completa. Hasta 2019 no se planteaban que el PSOE tuviera de nuevo alguna opción de ocupar la Moncloa.

Sin embargo, los acontecimientos se han ido precipitando. El desgaste del PP ha sido más rápido y mayor de lo que se podía imaginar. A ello han contribuido diversos factores. De una parte, los sucesivos episodios de corrupción rampante, y la aparente abulia de Mariano Rajoy y su equipo en ponerles coto. De otra, la situación económica general ha mejorado, por lo menos en las cifras macro, y muchos ciudadanos han empezado a pensar seriamente que ya va siendo hora de repartir mejor las rentas, mucho más de lo que es capaz de hacer un partido de la derecha tradicional.

Y no conviene olvidar otro factor exógeno de gran trascendencia, como ha sido la aparición, con mucho ímpetu, de una nueva fuerza en la izquierda política, Podemos, que ha generado nuevas ilusiones en muchos votantes tradicionalmente abstencionistas.

La realidad, pues, es que la situación parlamentaria tras las Elecciones Generales del 20-D es de una complejidad nunca conocida hasta ahora. Cuatro partidos se reparten el 90% de los escaños del Congreso de los Diputados. Dos de ellos en el entorno de la derecha (PP con 123 diputados y Ciudadanos con 40), y otros dos en la izquierda (PSOE con 90 diputados y Podemos - incluyendo todas sus confluencias o coaliciones - con 69). Prácticamente un empate técnico entre las dos grandes tendencias, lo que ha vuelto totalmente imprevisible quién podrá encabezar un Gobierno con los suficientes apoyos para que sea razonablemente estable.

Durante la precampaña y la propia campaña electoral, todos los partidos han lanzado pestes contra los demás, como ya es tradición y probablemente hasta sea su obligación. Todos intentan convencer a los ciudadanos de que les voten a ellos y no a otros que podrían resultar más o menos parecidos. Creo que todo lo que se ha dicho en esa fase sería mejor olvidarlo, porque ya cumplió su función, y el único resultado que vale es el reparto que dieron las urnas, es decir, todos los ciudadanos.

La última parte de la legislatura, en que Pedro Sánchez ejerció de jefe de la oposición, la bronca parlamentaria ha estado servida, y el tono ha sido muy poco comedido tanto por parte de Pedro Sánchez como del propio Mariano Rajoy. Hay que tener en cuenta que Rajoy, encastillado y engolado en su mayoría absoluta, ha tratado al Parlamento en su conjunto con infinito desprecio. Ha acudido cuando le tocaba hacerlo, pero no se ha preocupado lo más mínimo de tender la mano al resto de fuerzas políticas, más allá de ofrecer en algunas ocasiones la posibilidad de adhesiones incondicionales, que nada tienen que ver con el pacto o la negociación.

El tono bronco de estas sesiones en el Congreso se exportó a los debates televisados durante la campaña. De modo especial al que enfrentó directamente a Rajoy con Pedro Sánchez. Se intercambiaron acusaciones muy graves, y su relación personal ha quedado definitivamente rota, al límite de que ninguno de los dos ni siquiera respeta al otro.

Las cinco semanas que ya han pasado desde el 20D han sido seriamente mermadas por el período navideño, donde la prioridad es para los turrones, las uvas, el cava y los regalos.

Pero ya después de Reyes todos los partidos se han empeñado en las sumas y restas, para evaluar las posibilidades reales que puede haber de pactos o coaliciones para formar el nuevo Gobierno de España. Bueno, los políticos, los periodistas y los cientos de tertulianos que pueblan la galaxia mediática.

El PP, que ha sufrido un revés electoral de primera magnitud, ha conseguido, sin embargo, seguir siendo la fuerza más votada, pero aterradoramente lejos de la mayoría absoluta. El partido, hoy por hoy, se muestra razonablemente unido en torno a la figura de Rajoy, y todos sus portavoces aseguran que Rajoy es su único candidato y que no hay más que hablar. Aunque seguro que en alguna habitación oscura se están desarrollando las ecuaciones necesarias de un Plan B, para el caso de que mantener a Rajoy pueda afectar a la cuota de poder que mantenga el propio partido. En caso de necesidad, Rajoy podría ser sacrificado en beneficio de otro candidato o candidata que pudiera tener más fácil el llegar a pactos y acuerdos con otras fuerzas. De hecho, Soraya ya figuró en algunos de los carteles electorales de su partido, como si fuera la cara B de esa candidatura.

Por su parte, que Pedro Sánchez pueda tener alguna opción de presidir el nuevo Gobierno ha desbordado las previsiones del aparato del PSOE. Y ha sembrado la desconfianza en su propio partido, donde la mayoría de barones territoriales, que han recuperado poder tras las últimas elecciones municipales y autonómicas de la primavera de 2015, están dictando el comportamiento que debería mantener el PSOE y su líder, al menos nominal. La situación es parecida a la de cualquier asociación que nombra a un encargado de la tesorería, para gestionar las modestas cuotas de los asociados. Pero cuando un golpe de suerte, un premio de la Lotería, provoca una afluencia masiva de dinero a la caja, parece que quien era bueno para gestionar la miseria ya no lo es tanto para liderar la riqueza.

Tras semanas de dimes y diretes, parece que sólo hay dos opciones razonables para un nuevo Gobierno estable. De una parte, la gran coalición, al estilo alemán, donde el Gobierno pudiera ser presidido por Rajoy (o alguna otra persona propuesta por el PP), con la participación y/o el apoyo (por activa o por pasiva) de Ciudadanos y el propio PSOE. Sin embargo, tanto Pedro Sánchez como todas las voces del PSOE han negado reiteradamente la posibilidad de que pudieran avalar un gobierno presidido por Mariano Rajoy y por el PP. Sánchez ha negado a Rajoy en todos los tonos posibles.

Y la otra alternativa posible sería un gran pacto de izquierdas, con PSOE, Podemos y los 2 diputados de Unidad Popular (Izquierda Unida). También necesitarían el apoyo, o al menos la abstención, de alguna de las restantes fuerzas, básicamente los nacionalistas (independentistas) catalanes y el PNV. Pero eso provocaría cruzar varias líneas rojas para el PSOE, en particular la consideración de España como nación y su unidad como bien superior.

Ciudadanos, de su parte, con sus 40 diputados, ha manifestado desde siempre que nunca van a votar a favor de un gobierno del PP o del PSOE. Siendo su espacio natural el centro-derecha, les diferencia del PP que exigen fuertes medidas de regeneración democrática y contra la corrupción, grandes pactos para los temas trascendentes de Estado (como la Educación, por ejemplo). Previa negociación y acuerdo en ese tipo de medidas, podrían llegar a abstenerse en una investidura de Rajoy. También podrían hacerlo en una de Pedro Sánchez, pero ahí la línea roja es que el PSOE debería contar también con Podemos para tener alguna opción. Ciudadanos y Podemos son como agua y aceite, que nunca se mezclarán de buen grado, más allá de acuerdos puntuales en temas de regeneración democrática.

A todo ello se suma que nuestros políticos parecen carecer del hábito de la negociación y el pacto, porque la historia reciente no les ha obligado a ello. Lo que fue posible al principio de la Transición, hoy parece ciencia-ficción. Los dos grandes partidos se han acostumbrado a que o bien gobiernan o bien lideran la oposición, intentando ganarse al electorado para gobernar en la siguiente legislatura. De hecho, por lo que vamos sabiendo, en las más de dos semanas desde que finalizó el ciclo navideño, no parece que haya habido conversaciones serias entre los cuatro partidos.

Es cierto que Rajoy recibió a los líderes de los tres otros grandes partidos. Pero las reuniones fueron cortas, prácticamente de pura cortesía. y parece que lo que quedó en el ánimo del Presidente (en funciones) es que no había opción de llegar a acuerdo alguno, más allá, quizá, de conseguir una abstención de Ciudadanos, como colofón a prolongadas negociaciones. Insuficiente para asegurar una investidura y la formación de un Gobierno estable. La conclusión de Rajoy es que obtendría una mayoría absoluta de votos en contra de su candidatura.

El sainete que se desarrolló el pasado viernes, al final de la ronda de contactos del Jefe del Estado con los líderes de las diversas formaciones, ha sembrado el desconcierto entre nuestros políticos.

Al mediodía, tras su reunión con el Rey, Pablo Iglesias se rodeó de su corte de colaboradores más próximos en la rueda de prensa en el Congreso, y soltó su bomba, con toda la arrogancia y la soberbia que le caracterizan. Dijo haber comunicado al Rey su voluntad de formar un Gobierno con el PSOE y Unidad Popular, siempre que formara parte de él como vicepresidente y con varios ministros. En declaraciones posteriores, ha aclarado (para ampliar el efecto de la bomba) que lo de formar parte del Gobierno es necesario porque no se fían de que el PSOE cumpla lo que prometa si no hay miembros de Podemos en el nuevo Ejecutivo.

Pedro Sánchez quedó descolocado, porque fue el propio monarca el que le informó de esa iniciativa de Podemos, de la que, parece, no tenía noticia alguna hasta ese momento.

Vista esa avalancha de novedades de las que no se había hablado para nada hasta ese viernes, Rajoy decidió, en el último momento, dar un paso atrás y declinar la invitación (natural, por ser el líder de la fuerza más votada) de Felipe VI para presentarse como candidato a la Presidencia del Gobierno en un debate de investidura. Alegó no disponer, en ese momento, de los apoyos suficientes para ello. En rueda de prensa posterior, desde Moncloa, añadió que no quería presentarse a una investidura sin tener posibilidades de obtenerla, ya que eso pondría en marcha el reloj de los dos meses, tras los cuales se convocarían nuevas Elecciones Generales si no se hubiera conseguido la formación de ningún Gobierno. Pero también aclaró que sigue considerándose candidato.

Esos movimientos depositaron en los frágiles hombros de Pedro Sánchez la iniciativa de establecer los pactos necesarios para poder presentarse (y ganar) un debate de investidura.

Este miércoles empieza la segunda ronda de consultas del Rey con los líderes de las diversas formaciones políticas. El próximo martes, una vez concluidas, el Rey deberá proponer a un candidato a la investidura, que podría ser Rajoy (aunque no creo), o más probablemente Pedro Sánchez, si le transmite al monarca que cree disponer de los suficientes apoyos para ganar un debate de investidura.

Lo que ninguno de los líderes quiere de ninguna forma es enfrentarse a un debate de investidura sin tener razonables garantías de que lo va a ganar. Presentarse y perder es una losa demasiado pesada, que probablemente terminaría con la carrera política de su protagonista. A base de capotazos aquí y allá, Pablo Iglesias y Mariano Rajoy han puesto a Pedro Sánchez cuadrado para la suerte de varas, solo ante el picador.

Sánchez ha negado repetidas veces a Podemos, aunque no citándolo explícitamente. A preguntas insistentes de Gloria Lomana, en una entrevista televisada, sólo acabó diciendo que "Nunca pactaré con el populismo". Porque tanto Sánchez como el Comité Federal del PSOE saben que un gobierno de coalición con Podemos podría ser una amenaza mortal para, incluso, la propia supervivencia del partido.

El próximo sábado se reunirá el Comité Federal del PSOE, y el siguiente martes se producirá la nueva reunión de Pedro Sánchez con el Rey. El Comité Federal, previsiblemente, definirá con nitidez los grados de libertad que pueda tener Sánchez para negociar posibles pactos, con Podemos y otros.

Por su parte, Pedro Sánchez sabe que esta es su oportunidad de oro. Si después de obtener el peor resultado de su historia en términos de votos y escaños, acabara de Presidente del Gobierno, sería una carambola totalmente inesperada. Si no consigue ocupar la Moncloa, casi al precio que sea, su propia carrera política posiblemente quede finiquitada. Personalmente, sin embargo, no consigo imaginarme que pudiera funcionar un Gobierno con Sánchez de presidente e Iglesias de vicepresidente. Dos egos de tal tamaño no caben en un solo Ejecutivo.

En resumen, la situación parece muy estancada. Rajoy y Sánchez se odian políticamente, lo que es normal, pero también se odian y se desprecian a nivel personal. No es imaginable que el PSOE pueda ni siquiera abstenerse ante una investidura de Rajoy.

Una posible alternativa podría ser la sustitución de líderes, o la aparición de algún personaje más o menos independiente que pudiera encabezar un Gobierno de concentración nacional, con aportaciones del PP, del PSOE y de Ciudadanos. Podría ser, quizá, el turno para que Soraya Sáenz de Santamaría diera el salto a la primera línea, y que Susana Díaz accediera al nivel nacional. O podría ser un nuevo encargo para el pacífico y paciente Ángel Gabilondo (un decir), actualmente sumido en la oposición de la Comunidad de Madrid.

Más de 11 millones de votantes eligieron opciones de cambio respecto al PP, sea PSOE, Podemos o Unidad Popular, frente a los algo más de 10 millones que votaron al PP o a su alter ego Ciudadanos. Parecería, pues, razonable, que el nuevo Gobierno de España fuera de cambio, y no incluyera de ninguna forma al PP, que se instalaría en la oposición parlamentaria, e incluso podría utilizar de forma torticera su mayoría absoluta en el Senado, para lo que quiera que valga eso.

Sin embargo, la formación de un Gobierno de ese tipo me temo que está fuera del alcance de Pedro Sánchez, que podría acabar esta fase como un juguete roto.

Puede que las próximas semanas aporten algún nuevo salto mortal. Pero si no ocurre algo muy sonado, mi augurio es que estaremos abocados a nuevas Elecciones Generales. El problema es que, mientras no se produzca ningún debate de investidura, no empieza a contar el plazo de los dos meses para convocar Elecciones. Nadie apunta maneras para jugarse el pescuezo exponiéndose a un debate de investidura. Igual acabe habiendo nuevas Elecciones, pero no ya en la primavera, sino quizá en el otoño.

¿Qué resultado arrojarían las urnas en esas supuestas nuevas Elecciones Generales?. Seguramente crecería la abstención, pero los resultados en número de escaños daría un panorama parecido al actual. Muy probablemente el PP aumentaría algún diputado, a costa de Ciudadanos, y Podemos haría lo mismo a costa del PSOE. Como el 20D hubo una diferencia de sólo 300.000 votos en favor del PSOE frente a Podemos, un cambio ligero podría situar a Podemos como primera fuerza de la izquierda. Y eso generaría un panorama completamente diferente, a pesar de una aritmética relativamente parecida.

Pedro Sánchez, en su encrucijada política, ha negado repetidas veces al PP y a Rajoy; ha negado al populismo y, por extensión, a Podemos; y también ha negado, aunque con la boca pequeña (a menudo a través de César Luena, su alter ego), las recomendaciones de su propio Comité Federal, de los barones territoriales y hasta de los grandes popes del socialismo español, como Felipe González o Rubalcaba. Sánchez está asediado y sólo tiene dos posibles salidas: o bien su retirada de la primera línea o bien tiene que empezar a tragarse sapos envenenados y negar que negó. En otras palabras, aceptar llegar a la Moncloa al precio que sea, a pesar del aparato de su propio partido.

De todas formas, resulta chusco que el mayor motivo por el que el aparato del PSOE se opone a cualquier acuerdo con Podemos pasa por el tema de Catalunya. Podemos, cuya confluencia catalana obtuvo el primer lugar el 20D, es consciente de que hay que arbitrar una solución para Catalunya, que seguir ignorando el problema, como ha venido haciendo el Gobierno de Rajoy, no aporta nada y sólo alimenta al independentismo. Sugieren que debería reconocerse en la Constitución que España es un país plurinacional (lo que sería elevar a la ley lo que es una realidad práctica), y hablan de un posible referéndum en Catalunya, donde Podemos haría campaña por el NO a la independencia. Estas propuestas erizan los vellos de Susana Díaz y otros barones, así como los de Felipe González, que ha sugerido sin ambages la Gran Coalición como solución recomendable. Con este tipo de iniciativas creen ver amenazada la igualdad de todos los españoles.

Francamente, este tipo de argumentos me produce estupor, porque nunca he visto que se esmeren con tanto esfuerzo en defender la igualdad de todos los ciudadanos de la Unión Europea. Quiero pensar que, seguramente, porque saben que los alemanes no son iguales que los españoles, y sospechan que los rumanos, por ejemplo, tampoco son iguales que los españoles. Personalmente, me repele mucho ese igualitarismo buenista, que es un eslógan tradicional de cierta progresía, pero que, a mi juicio, no se sostiene. Una democracia madura debe garantizar que todos los ciudadanos sean iguales ante la Ley, y que tienen igualdad de oportunidades. Pero más allá de eso, cada ciudadano es diferente y único.

En fin, veremos por dónde rompen aguas tantos desacuerdos y líneas rojas. Me gustaría que nuestros políticos fueran capaces de llegar a acuerdos suficientes para abordar esta legislatura con un Gobierno para todos los españoles, suficientemente estable para actuar con determinación los próximos cuatro años.

Pero a Pedro Sánchez no le arriendo la ganancia. Mal si hace (los tirios le denostarán), pero mal también si no hace (los troyanos le vapulearán). Vencer al asedio al que está sometido por unos y otros no le será nada fácil.

Por salida heroica no me viene nada.

JMBA

domingo, 22 de febrero de 2015

Agitaciones Políticas

Este año 15 vamos a tener hasta cuatro convocatorias electorales, de distintos ámbitos. Sólo este hecho ya garantiza que en el seno de todas las formaciones políticas haya mucho, mucho nerviosismo. Y mucha responsabilidad en manos de los ciudadanos.
Pablo Iglesias, el líder de Podemos.
(Fuente: que)

El Ministerio de Hacienda ya se adelantó a la cita, anticipando una pequeña reducción de las retenciones por el IRPF, para que los que cobran una nómina pudieran ver, desde Enero, algunos euros más en su ingreso mensual neto. Con el fin, nunca reconocido, por supuesto, de mejorar la (nefasta) imagen pública que está teniendo el PP entre los electores.

Sin embargo, el Partido Popular, actualmente con una de las mayores concentraciones de poder de la historia reciente, está condenado, casi inevitablemente, a que su situación se deteriore en mayor o menor medida tras las convocatorias electorales. Están enfrentando el riesgo cierto de que desaparezcan las mayorías absolutas tanto en el global del Estado, como en muchas de las Comunidades Autónomas, Madrid o Valencia, de forma singular.

Lo que ocurre es que los fenómenos sociales y políticos de los últimos años están provocando un cambio sustancial de las condiciones de contorno en las que se mueven los principales partidos políticos. Hace una década, la situación sería, muy probablemente, de una relativa bajada del apoyo electoral al PP, con una subida prácticamente equivalente para el PSOE. Un modelo de bipartidismo que ha pervivido desde la instauración de la democracia moderna en los 70.

En esas condiciones, lo que se acabaría produciendo sería un cambio de color político del Gobierno del Estado, que, muy probablemente, pasaría al PSOE, con algún apoyo de IU o de los partidos nacionalistas. Y lo mismo podría haber pasado en Comunidades Autónomas como Madrid o Valencia.

Pero ese bipartidismo que ha sobrevivido con sucesivas alternancias está muy seriamente amenazado. Si nos atenemos a lo que parecen anticipar las encuestas y sondeos, hay otras fuerzas políticas, diferentes de los dos grandes partidos, que van a conseguir resultados significativos, muy por encima de un puro papel de bisagra o de apoyos puntuales.
Tania Sánchez, ahora líder de una nueva candidatura fuera
de IU: Convocatoria por Madrid.
(Fuente: lasexta)

Ciudadanos, el partido nacido en Catalunya, de la mano de Albert Rivera, por cierto uno de los políticos mejor valorados por la opinión pública, se convertirá, sin duda, en árbitro poderoso de muchas situaciones. Las últimas encuestas le darían, a nivel nacional, del orden de un 6% de los votos, y quizá una docena de diputados. Pero mi previsión es que, si siguen trabajando bien, como hasta ahora, y se mantienen libres de fenómenos de corrupción, en los próximos meses podremos asistir a una escalada continua de su presencia. Si consiguen superar con éxito el desafío de ampliar sus cuadros con limpieza, para abarcar el territorio nacional, quizá lleguen a las Elecciones Generales con una perspectiva más próxima al 10-12%, con Grupo Parlamentario propio y quizá hasta una treintena de diputados. Nada testimonial, por cierto.

Por el contrario, da la sensación de que UPyD se está desinflando. Es una reacción que me parece bastante lógica por varias razones. De una parte, una confusión programática que provoca desconfianza en los electores. Junto a loables iniciativas por la limpieza del panorama político, aúnan furibundas proclamas antiautonomistas. Todo ello unido a un caudiliismo autoritario, liderado por y para Rosa Díez, que disgusta a una mayoría de votantes. Es más que probable que se queden sin representación parlamentaria en el Congreso de los Diputados.
Alberto Garzón, ya candidato oficial de Izquierda Unida a
la Presidencia del gobierno de España.
(Fuente: kaosenlared)

Y luego está el fenómeno de Podemos, que levanta mucho interés, pero también muchas polémicas. Algunos episodios económicos como mínimo muy poco ejemplares, están contribuyendo a enfriar el entusiasmo de muchos votantes simplemente indignados, pero conscientes de que tienen cosas que podrían perder si Podemos se convirtiera en una fuerza hegemónica. El núcleo del partido está en el entorno de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid. Que es, por cierto, un punto de partida razonable, pero para ocupar el o los gobiernos (municipios, autonomías, Gobierno de España,...) se requiere disponer también de otro tipo de perfiles y de experiencias. El desafío de ampliar su base de cuadros es un proceso lleno de peligros y amenazas. Ya han decidido no presentarse con marca propia a las elecciones municipales y autonómicas. Esto garantiza que habrá opciones llamadas de iniciativa o de concentración popular, incluyendo a Ganemos, Plataformas Antidesahucios, Podemos y otros versos libres de la izquierda y el activismo social, que serán, inevitablemente, multicolores. Ello va a complicar transmitir una imagen única a nivel nacional, o incluso interpretar los resultados que se acaben dando.

Ya se está viendo que en muchas autonomías han acabado venciendo, dentro de Podemos, las opciones no preferidas por su Secretario General, Pablo Iglesias. Nos queda por ver si serán capaces de mantener una cierta imagen global unitaria, que les facilite conseguir un buen resultado en las Elecciones Generales de final de año.
Albert Rivera, líder de Ciudadanos. Será candidato, pero
todavía no se sabe a qué.
(Fuente: ondacero)

Ciertas encuestas recientes han llegado a dar resultados, a nivel nacional, por encima del 25% de intención directa de voto a Podemos. Pero las últimas semanas este porcentaje se ha ido limando a la baja. Mi previsión es que esta tendencia va a seguir en el mismo sentido y que, para las Elecciones Generales, su resultado podría llegar a estar muy cerca de lo que pueda conseguir Ciudadanos, más bien en la franja del 10-12% que en el doble de eso. Estos dos partidos podrían acabar ocupando una parcela importante de lo que tradicionalmente han sido los predios de PSOE e IU.

Sin embargo, conviene tener en cuenta que hay una parte de la población española, con particular incidencia en muchos inmigrantes con derecho a voto, condenados a un desempleo crónico o a un subempleo precario y parcialmente sumergido, que tienen la sensación de que no les queda mucho por perder, y que podrían decidir votar Podemos sin más consideraciones de otro tipo.

Para el resto de la población, afectada por la crisis de un modo más general, pero sin dramatismos extremos en lo personal y familiar, el dilettantismo inicial del voto a Podemos auguro que se irá redirigiendo hacia otras fuerzas que también preconican el cambio y la desaparición del bipartidismo vigente, pero sin esas connotaciones chirriantes de bolchevismo o de comunismo caribeño que tienen Podemos y sus principales líderes.
Pedro Sánchez, secretario general del PSOE.
(Fuente: divinity)

Por su parte, los partidos tradicionales de la izquierda están sufriendo sendas crisis profundísimas. Izquierda Unida, desde siempre más bien una izquierda desunida, actualmente es casi ya una izquierda rota. Con explosivos colocados en los pilares del partido, podría acabar desintegrándose con bastante probabilidad. De una parte, Alberto Garzón parece el representante de las nuevas políticas (y los nuevos políticos) en Izquierda Unida. Pero no lo tiene nada fácil. En Madrid, sin ir más lejos, el partido ya ha estallado, pues Tania Sánchez, elegida en primarias como candidata a la Comunidad de Madrid, ha abandonado Izquierda Unida, ante la imposibilidad de convivir con la vieja guardia. Una vieja guardia, por cierto, que se ha revolucionado en pura fronda y se resiste a abandonar sus prebendas y privilegios.

Desde la época del Partido Comunista, que tuvo un papel claramente protagonista entre las fuerzas políticas antifranquistas, tanto en el interior como en el extranjero, han pasado muchos años y demasiadas cosas. Prescindiendo de las muchas sombras de su pasado más o menos remoto, la generosidad de Santiago Carrillo para facilitar la transición política en España ya es historia. Tanto como la ejemplaridad y excelencia intelectual del cordobés Julio Anguita. En la actualidad, da la sensación de que el acomodo en los pesebres más o menos próximos al poder les ha adormecido, y ha impedido que una regeneración como la que propone Podemos hubiera nacido en el seno de Izquierda Unida, su hogar más o menos natural.
Tomás Gómez, elegido en primarias para la Comunidad de
Madrid, y destituido fulminantemente por su partido.
(Fuente: teleasturias)

¿Y qué decir del PSOE?. De las épocas del estadista y carismático Felipe González ya hace mucho tiempo. Zapatero, inteligente y honesto, pero exageradamente sectario, les hundió en las urnas a finales de 2011. Y las maneras oscuras y a menudo torticeras del jesuítico Rubalcaba no han ayudado para nada a la recuperación de la posición que llegaron a ocupar. Y da la sensación de que su sombra sigue siendo alargada, pues se intuyen sus indicaciones o consejo en la torpe decisión de Pedro Vázquez de destituir de forma autoritaria a Tomas Gómez en Madrid, por lo demás un personaje bastante gris y repetidamente perdedor. Si bien incluso la mayoría de los socialistas puedan estar de acuerdo en su sustitución, las formas de quitarse de enmedio a un líder elegido en primarias, y las formas poco creíbles que está demostrando la Comisión Gestora nombrada al efecto, bajo la hégira discutible de un anodino Rafael Simancas, al que sólo se recuerda por el Tamayazo que puso a Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad de Madrid, todo ello está provocando desconcierto entre militantes y simpatizantes. Finalmente, la Comisión Gestora ha conseguido lo que se esperaba de ella: la aprobación más o menos formalmente correcta de las asambleas, para nombrar candidato a la Comunidad de Madrid al ex-ministro Ángel Gabilondo.

Su actual Secretario General, Pedro Sánchez, dispone de un liderazgo muy discutido y discutible. Y, me parece, el autoritarismo es mal consejero para remontar esa situación. En sus propias filas destaca una brillante Susana Díaz, que acumula, desde su Presidencia de la Junta de Andalucía, que muy probablemente va a revalidar tras las elecciones de Marzo, las máximas cuotas de poder real en las filas del PSOE. Además, aunque ella misma lo ha desmentido por activa y por pasiva, podría tener ambiciones de dar el salto a la política nacional, y postularse como candidata socialista a la Presidencia del Gobierno de España. Una amenaza demasiado clara para Pedro Vázquez como para que pueda pasar inadvertida.
Antonio Miguel Carmona, candidato del PSOE a la
alcaldía de Madrid.
(Fuente: eldiario)

Los resultados de las elecciones andaluzas de Marzo, y de las municipales y autonómicas de Mayo marcarán un antes y un después muy claro, y darán la señal de si el liderazgo de Pedro Sánchez es viable, o se acabará convirtiendo en una solución de continuidad con caducidad inmediata, como lo fueron en su momento Hernández Mancha entre los populares, o el tándem Almunia/Borrell entre los socialistas. Si su liderazgo declina, eso va a significar, casi con seguridad, otro ciclo electoral, como mínimo de cuatro años, en el que el PSOE debería seguir su particular cruce del desierto.

Teniendo en cuenta todas estas circunst5ancias, me voy a arriesgar a anticipar mis previsiones para las diversas citas electorales de este año.

En las elecciones andaluzas de Marzo es más que probable que Susana Díaz logre que el PSOE sea la fuerza más votada, pero lejos de la mayoría absoluta. El PP perderá algo de sus posiciones, entre otros motivos por el perfil bajo, poco carismático y nada conocido de su actual líder, Juan Manuel Moreno Bonilla. IU perderá fuelle, entre otros motivos por el pobre papel desempeñado en el Gobierno de Andalucía que, entre otras cosas, ha forzado el adelanto electoral a Susana Díaz. Podemos sin duda va a obtener presencia en el Parlamento de Andalucía. Pero Díaz ha manifestado repetidas veces que no va a pactar con Podemos, lo que abre la posibilidad de un gobierno en minoría, con apoyo parlamentario, previo acuerdos diversos, del PP. Esto, por supuesto, supondría el sacrificio judicial de los grandes popes socialistas andaluces, Chaves y Griñán, actualmente imputados, aunque sin precisión de delito concreto.
Ángel Gabilondo, nominado como candidato por el PSOE a
la Comunidad de Madrid.
(Fuente: forodelacultura)

En las municipales y autonómicas los resultados serán bastante variados, porque en buena medida los resultados dependen del conocimiento y apreciación popular de los respectivos candidatos. Globalmente, el PP perderá algo de su actual enorme cuota de poder. Pero, sin duda, lo más interesante de ver y analizar serán los resultados en Madrid y Valencia, las dos comunidades más pobladas de entre las que votarán en Mayo, así como el resultado en la ciudad de Barcelona. Es por ello que la mano a menudo invisible que mece la cuna del PP, Mariano Rajoy, todavía no ha decidido cuáles van a ser sus candidatos. Ana Botella ya se ha autoexcluido de la carrera por el Ayuntamiento de Madrid, e Ignacio González tiene su puesto en cuestión, ya que, entre otras cosas, nunca se ha presentado en primera línea a votaciones populares. Además, su figura tiene demasiadas sombras, por un muy discutible criterio en la elección de sus Consejeros (recordemos cuántos Consejeros de Sanidad han pasado ya por su Gobierno) y porque las sospechas de corrupción y malas prácticas le vienen sobrevolando desde hace ya tiempo.

Para el Ayuntamiento de Madrid, el PP tiene en su mano algún recambio de altos vuelos, como Esperanza Aguirre, ese animal político cuya mano sigue meciendo la cuna del PP de Madrid. Aunque seguro que Rajoy tiene serias reticencias en confirmarla como candidata, porque sabe que a lo que realmente aspira Aguirre es al puesto de Rajoy, y eso nunca resulta cómodo para el líder. Para la Comunidad, es posible que, pese a todo, opte por la continuidad, a falta de recambios de garantía. Pero ya se verá, muy probablemente en Marzo.
Esperanza Aguirre, ese animal político
todo terreno.
(Fuente: bolsamania)

En cualquier caso, creo (y espero, por cierto) que desaparezca la mayoría absoluta del PP tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad. Para el Ayuntamiento, el PSOE propone a un buen candidato, Antonio Miguel Carmona, un político mediático bastante conocido y que cae, en general, simpático a los madrileños. Para la Comunidad, habrá que ver cómo evoluciona el protagonismo de Tania Sánchez, inicialmente elegida en las primarias de Izquierda Unida, pero posteriormente escindida de esta formación por diferencias graves. Su posición será, sin duda, muy próxima a las candidaturas de Podemos/Ganemos y podría ser una alternativa atractiva para los ciudadanos con el corazón un poco a la izquierda, y para los indignados en general.

Si finalmente es Esperanza Aguirre la candidata del PP, acabará siendo la alcaldesa de Madrid a cualquier precio, aunque tenga que negociar acuerdos con unos u otros. Pero cualquier otro candidato o candidata de la derecha podría tenerlo muy complicado, frente a dos o tres fuerzas de la izquierda que estarían, muy probablemente, dispuestas a organizar algún tipo de multipartito.

Valencia y la Comunidad Valenciana huelen persistemente, en los últimos años, a pelotazo urbanístico, despilfarro y corrupción, y requeriría una renovación en profundidad. El PP tampoco tiene todavía candidatos, y es que Alberto Fabra carece del punch necesario (en mi modesta opinión, aparte de que la sombra de Paco Camps es alargada) y Rita Barberá está prácticamente incinerada en mil batallas, no todas limpias. Pero el PSOE en la Comunidad Valenciana no está mucho mejor, y no me extrañaría ver un nuevo golpe de mano de Pedro Sánchez en esa Comunidad, en las próximas semanas. Podemos/Ganemos puede tener una oportunidad magnífica de alcanzar excelentes resultados, que le permitan, tras acuerdos programáticos con otras fuerzas de la izquierda, ocupar el poder en el Ayuntamiento y/o en la Generalitat Valenciana.
Mariano Rajoy, Presidente del gobierno y la mano (a menudo
invisible), que mece la cuna del PP.
(fuente: extraconfidencial)

Para la ciudad de Barcelona, da la sensación de que el panorama será Todos contra Trías (actual alcalde de CiU). El PP no tiene muchas opciones en Catalunya, y para Barcelona se está forjando una candidatura bastante potente bajo el liderazgo de Ada Colau, muy mediática por su activismo en las plataformas antidesahucio. ERC también juega fuerte, presentando a un peso pesado, Alfred Bosch, como candidato a la alcaldía. Las encuestas prevén que CiU podría ser la fuerza más votada, pero muy lejos de cualquier tipo de mayoría suficiente. Si Trías quiere seguir siendo alcalde, se verá obligado a negociaciones de todo tipo, algunas incluso contra natura. Según acaben siendo las cifras, quizá sería posible una reedición de Frente Popular o unión de varias fuerzas de izquierda. Pero ello conllevaría conseguir acuerdos que se anticipan como extremadamente complicados, teniendo en cuenta las diversas posturas frente al proceso soberanista.
Rita Barberá, alcaldesa de Valencia por el PP, incinerada
políticamente en mil batallas, no todas limpias.
(Fuente: vozpopuli)

El pronóstico para las elecciones catalanas de Septiembre es mucho más complicado, porque no está todavía claro, a fecha de hoy, el criterio con el que acabarán votando los electores. A la tradicional alineación más a la derecha o más a la izquierda, se añade allí la componente territorial y/o identitaria, partidaria o detractora de las posiciones separatistas o independentistas. Y, dicho sea de paso, Podemos va a tener allí un desafío complicado. Pese a que repetidamente la cúpula de Podemos se ha desmarcado de las tesis independentistas, aunque sí preconiza el derecho a decidir, parece que los equipos ganadores en la liza interna son bastante más próximos a ellas de lo que, seguramente, querría Pablo Iglesias. CiU, muy probablemente, va a explosionar en las dos fuerzas que la componen, que se presentarían a esas elecciones por separado, quizá con otros acuerdos con terceros. La posición de ERC seguramente se mantendrá en posiciones parecidas a las que tiene en la actualidad, pero habrá que ver cómo evoluciona el voto a la izquierda, entre Podemos (o la marca electoral que toque), Iniciativa y la propia ERC. Será interesante ver la evolución del voto de los independentistas instrumentales, aquellos que han visto en la independencia una posibilidad cierta de cambio real, que parecería imposible en el seno del Estado español, pero que no la sienten de modo visceral, como sí es el caso en el núcleo duro de ERC. Un colectivo, por cierto, que podría llegar a abarcar a la mitad de los que acabaron votando el 9N.
Ada Colau, candidata a la alcaldía de Barcelona por
Guanyem Barcelona (Barcelona en Comú).
(Fuente: eldiario)

La intensidad del tono plebiscitario que acaben tomando las elecciones catalanas, podría acabar marcando vuelcos electorales más o menos sorprendentes. En cualquier caso, como siempre que se proponen elecciones engañosas, la nueva legislatura no será muy larga y, con lo que sea que se haya conseguido en el campo autonómico y/o independentista, habría nuevas elecciones no más de un par de años después, para 2017, lo más tarde.

Pero el plato gordo será el regalo de la próxima Navidad, en forma de Elecciones Generales para el entorno de fin del año. Allí se van a dirimir las batallas más ilustrativas para el conjunto del Estado. Parece claro que Mariano Rajoy va a repetir cartel electoral por el PP, pero en Julio habrá elecciones primarias en el PSOE, donde habrá que decidir el candidato socialista a la Presidencia del Gobierno. A día de hoy, lo más probable es que el candidato sea Pedro Sánchez, aunque sin demasiado entusiasmo de los propios militantes. Porque no parece creíble que Susana Díaz esté dispuesta a abandonar Andalucía sólo unos meses después de haber revalidado, presuntamente, su posición allí.

Parece claro que no se va a repetir la mayoría absoluta del PP, pero el Partido Popular tiene grandes posibilidades de seguir siendo la fuerza más votada. En esas condiciones, el nuevo Gobierno dependería en gran medida de los resultados que obtengan el resto de candidaturas: Ciudadanos, que podría negociar un acuerdo de gobierno con el PP, si las cifras lo permitiesen; y muy especialmente los resultados que obtengan las tres fuerzas previsibles en la izquierda (PSOE, IU y Podemos). Podemos no conseguirá ni de lejos los resultados que hoy auguran las encuestas. La proximidad de las urnas provocará en muchos ciudadanos su realineamiento con otras fuerzas más convencionales de la izquierda, incluyendo al PSOE. Sí mantendrá, por supuesto, el voto de los que están convencidos de no tener nada que perder. Estos ciudadanos no atenderán a los múltiples argumentos del miedo que esgrimirán los grandes partidos contra Podemos, y les seguirán votando, como adalides de los de abajo.
Susana Diaz, la voz que mueve la silla de su secretario
general, Pedro Sánchez, desde Sevilla.
(Fuente: elpais)

Tras las Elecciones Generales, mi previsión es que va a seguir gobernando el PP, pero con posiciones muy matizadas respecto a su integrismo actual, por el necesario apoyo de otras fuerzas como Ciudadanos (o incluso UPyD, si consiguieran finalmente alguna representación). Me temo que el fenómeno de Podemos acabe provocando una atomización del voto tradicional de la izquierda, y que dificulte la posibilidad de soluciones multi-partito con mayoría suficiente.

Mi apuesta sería que la suma de votos de la izquierda (PSOE, IU, Podemos) esté en el entorno del 30%, parecido al resultado que pueda obtener el PP, tras el inevitable deterioro que provoca el ejercicio del poder, especialmente en estos tiempos tan duros de crisis que nos está tocando vivir. En estas condiciones, Ciudadanos podría ser un partido bisagra codiciado por varios. Sin olvidar a los nacionalistas, pero que nunca volverán a ocupar un rol tan protagonista en la política nacional como lo hicieron, especialmente, en algunos de los gobiernos de González y de Aznar.

Nos espera, sin duda, un año apasionante. Tras las elecciones andaluzas y las municipales y autonómicas de Mayo, revisaré este artículo, intentando afinar (o corregir, en su caso), las previsiones que aquí he vertido.

JMBA

miércoles, 2 de mayo de 2012

Cambio de proveedor ADSL: Una Labor Titánica

Los que tenéis la amabilidad de seguir mis escritos con cierta asiduidad, habréis observado (con curiosidad o quizá hasta envidia), que estos últimos días no he publicado nada nuevo. Quizá hayáis intuido que me había tomado este puente/acueducto de vacaciones. Pero nada más lejos de la realidad.

La verdad es que he estado (hasta pasadas las tres de la madrugada del lunes), tratando de recuperar la estabilidad tras el cambio de proveedor de ADSL en mi casa.
Rodeado de una maraña de cables, el router de mi
nuevo ADSL.
(JMBigas, Mayo 2012)

Durante muchos años, mi proveedor de ADSL ha sido ya.com, que siempre me ha dado un servicio excelente, estable, sin interrupciones extemporáneas, y a un precio conveniente y permanentemente adaptado a las condiciones del mercado.

Desde Enero de 2010 me estaban dando una velocidad del orden de los 3Mbps, que es suficiente (desde mi punto de vista) para todas las tareas habituales, incluyendo la visualización (sin interrupciones) de vídeos en tiempo real.

Pero el pasado mes de Enero el servicio sufrió un descenso significativo de velocidad. Tras diversas averiguaciones, pude constatar que mi router estaba sincronizando habitualmente bastante por debajo de 1Mbps (en general, unos 700Kbps). Reporté el problema, que analizó su servicio técnico, pero me manifestaron que técnicamente no eran capaces de darme una velocidad mayor (dada la distancia desde mi casa a la central telefónica, al deterioro de la infraestructura, las instalaciones existentes, bla, bla, bla). Me degradaron el contrato de forma acorde a la nueva realidad (entre otras cosas, una bajada en el precio).

Pero 1Mbps, en estos tiempos, es una velocidad que se manifiesta insuficiente para muchas de las cosas a las que ya nos hemos acostumbrado. Yo tenía claro que debía buscar una solución alternativa. Tenía con ellos un compromiso de permanencia (a cambio de un bono gratuito de llamadas a móviles) hasta casi finales de este año. Negocié para que me levantaran ese compromiso, dado que ellos estaban incumpliendo con los niveles de velocidad pactados, y recibí un correo (el 6 de Marzo) en el que, efectivamente, me relevaban de ese compromiso, y yo recuperaba mi completa libertad como consumidor.

Tras esa fecha, no hice ningún movimiento proactivo especial. Pero el 19 de Abril recibí una de esas llamadas rutinarias de telemarketing prospectivo (agresivo) de Movistar proponiendo el ADSL hasta 10Mbps, etc. etc. Les conté con claridad mi problema, y que si aceptaba cambiarme era solamente por tener la garantía de un servicio de, al menos, 3Mbps, algo que mi proveedor habitual había manifestado la incapacidad de proporcionarme. Me garantizaron que podría tener un sincronismo entre 3 y 6 Mbps, con seguridad.

Manifestando mi predisposición al cambio, tuve que aceptar (en el plazo de media hora) hasta tres llamadas suyas (que siempre dicen que graban; yo también las grabé con mi Blackberry, por si acaso) para formalizar los diversos aspectos de la contratación. Me dijeron que en el plazo de 15 a 20 días recibiría el nuevo Router Wifi y se pondrían en contacto conmigo. Paralelamente, por el hecho de tener mi telefonía móvil también contratada con ellos, el precio global que deberé pagar a partir de ahora me resultará ligeramente más favorable. Lo que siempre ayuda.

Cinco días después (el martes 24 de Abril), recibí una llamada de mi proveedor (ya.com), que manifestó haber recibido una petición de portabilidad, y se interesaba por los motivos que me impulsaban al cambio. Le conté toda la historia al chico (muy amable, nativo; de aquí quiero decir) y creo que acabó entendiendo que yo ya no estaba en situación de revisar mi decisión si ellos no podían comprometerse a lo que su Servicio Técnico ya había renunciado, en términos de velocidad de la conexión ADSL. Sin mucho convencimiento, intentó, sin embargo, ofrecerme un nuevo router más avanzado, etc. pero no estaba en condiciones de garantizarme una mayor velocidad de la conexiónQuedamos como amigos (a falta de que no intenten pasarme ahora cargos inadecuados, claro).

Sólo tres días después, el viernes 27 de Abril, me llamaron de Movistar a las 11.30 de la mañana, para concertar una cita en mi casa, a la que asistiría un técnico suyo que traería el nuevo router y me dejaría todo correctamente instalado. Bueno, una novedad para mí. En los bastantes años de relación con ya.com, nunca un técnico suyo estuvo en mi casa, pues hasta el router me lo enviaron por mensajería.

Concretamos una cita para la tarde del viernes, de 4 a 5. Cuando volví a casa (en torno a las tres y media de la tarde), el ADSL de ya.com ya estaba inactivo, y me recibió el router con una sugerente luz roja.

En torno a las cinco menos diez, llamó el técnico al telefonillo del portal.

El técnico, que me pareció perfectamente capacitado y muy profesional, traía el nuevo router WiFi (blanco, el AMPER Xavi 7968+, con marca Movistar) en una caja. Procedió a la sustitución del router que yo tenía por el nuevo, realizó todas las conexiones, y procedió a probar la nueva conexión.

En las pruebas, detectó que la atenuación de mi línea era muy elevada, así como el ruido. Se interesó por todas las tomas telefónicas de mi casa. En la del salón, aparte de un teléfono de diseño, está conectada la alarma del piso, así como el decodificador de satélite. Verificó que esa era, seguramente, la fuente de ruido y tomó la decisión de aislar la toma del ADSL de las demás tomas telefónicas de mi casa. Para ello, tuvo que acceder al PTR (el punto de entrada de la telefonía a mi piso). El PTR resultó ser una cajita empotrada, cubierta por una cubierta atornillada, y perfectamente pintada encima, en el recibidor.

Con exquisito cuidado, para evitar al máximo cualquier desperfecto en la pintura, desatornilló la cubierta y vio qué dispositivo estaba en su interior. Le pareció correcto pero, para aislar las tomas, debía sustituirlo por otro pirulo que bajó a buscar en su vehículo.

El nuevo dispositivo (discriminador, o algo así) es sensiblemente más grande que el original. Y, por supuesto, no cabe en el interior de la cajita empotrada de reducidas dimensiones. Pero tras realizar las conexiones y verificar el funcionamiento del conjunto, consiguió que el nuevo router sincronizase sin problemas y con la máxima calidad, en el entorno de los 3,7Mbps.

Me quedan todavía unos cables sueltos en el recibidor, y tendré que hacer un par de taladros, para colgar el nuevo dispositivo junto a la tapa de la cajita empotrada original. En fin, no todo se puede tener previsto para toda la eternidad.

En menos de media hora realizó todas estas labores, que terminaron con una pequeña encuesta telefónica, para verificar mi conformidad con el técnico y su trabajo.

Antes de despedirnos, efusivamente, el técnico me informó, por imperativo legal, de que Movistar tiene instalada en mi edificio una centralita muy potente que permite dar servicio de VDSL (una tecnología avanzada de comunicación sobre dobles pares de cobre) a velocidades de hasta 30Mbps, por si pudiera resultar de mi interés en el futuro.

Hasta aquí, la verdad, la operación fue todo un éxito (con la salvedad, quizá, de los taladros que me quedan por hacer). Había cambiado de proveedor en solamente ocho días, desde que inicié los trámites.

Pero me quedaba ahora la limpieza de los flecos que deja tras de sí una operación de este tipo. Di de alta una cuenta de correo electrónico (en el dominio @movistar.es) sin problemas (con capacidad del buzón de 1GB), y verifiqué que el funcionamiento de la conexión ADSL era perfecto, algo por encima de esos 3Mbps que marcaban la frontera de lo aceptable con lo que (ya) no lo es.

Aunque ya había anticipado que podría tener que realizar algunos ajustes en el tema del correo electrónico, a las nueve de la noche sucedió. La cuenta de correo que más había venido utilizando para todos los propósitos en los últimos años (en el dominio @ya.com) se quedó inactiva para siempre jamás. Dejaron de fluir las docenas de mensajes entrantes de todos los días (la mayoría deseados, aunque no necesariamente esperados o útiles).

Un sudor frío me inundó la médula. Informar a mis corresponsales de la extinción de esa dirección no era un problema, ya que esa cuenta la he utilizado muy poco para las relaciones personales con familiares y amigos. Pero la gran mayoría de mis relaciones con el mundo virtual de Internet, del comercio electrónico, de las compras, de los billetes de avión o ferrocarril, de las reservas de hoteles, de las suscripciones de todas clases, todas, o prácticamente todas, las había realizado a través de esa cuenta de correo. Craso error (del que ahora, muy tarde ya, me daba cuenta), porque los proveedores de ADSL vienen y se van, pero las necesidades, las relaciones y las cuentas de correo deben permanecer.

El propio viernes por la noche inicié la titánica labor de cambiar esa cuenta de correo (ahora ya desactivada) por otra que yo pudiera controlar y que ya no estuviera ligada al proveedor (temporal) de ADSL. Para eso empecé por ajustar mis cuentas con los proveedores globales (@gmail, @hotmail, @yahoo,...). Y a reconfigurar mis clientes de correo, tanto el Mozilla Thunderbird en el PC, como los servicios de correo asociados con la Blackberry. 

Y luego ya empecé la labor repetitiva, aburrida, pero inevitable, de conectarme, una por una, con todas las páginas web con quien he tenido alguna relación en los últimos cuatro o cinco años (relación que quiero seguir manteniendo), para sustituir la cuenta de correo de @ya.com por otra.

Esa labor conviene realizarla en el menor plazo posible. Una web que recibe error al intentar enviar un correo, es fácil que decida cancelar de modo inmediato la cuenta asociada

Afortunadamente, tenía bastante bien organizada la información sobre nombres de usuario y contraseñas y esas cosas, en infinidad de ficheros de texto en un directorio conocido. Lo que, por cierto, seguro que no siempre es el caso.

Chocas a continuación con la realidad de que cada página web tiene su propia forma, habitualmente bastante abstrusa, para realizar esta labor. En algunas, las que utilizan directamente la dirección de correo electrónico como identificador del usuario, es simplemente imposible. En estos casos, la única solución es crear una nueva cuenta desde cero, y dejar que la anterior se sumerja en un limbo cibernético. Porque tampoco se puede cancelar, ya que  habitualmente habría un mensaje de confirmación, dirigido a una cuenta de correo que ya está muerta. 

Calculo que esta labor me ha costado, en total, no menos de unas veinte horas de ímprobo trabajo. Empecé por lo más evidente (Bancos y páginas webs con quienes mantengo relaciones de contenido financiero, como la de Loterías). Con la pasta, ni una broma.

Luego vinieron las docenas de páginas webs que tienen que ver con viajes (compañías aéreas, ferroviarias de varios países, cadenas de hoteles, webs genéricas de reservas). Tengo que planificar unos días de asueto de modo inmediato, y las necesito a todas en perfecto estado de revista.

A continuación lidié con todo el entramado de proveedores, en sentido amplio. Empezando por los más evidentes (las compañías que me suministran gas, agua, electricidad, telefonía,...) y siguiendo por aquellos a quienes he comprado algunas cosas por Internet en los últimos tiempos (desde las cápsulas del café hasta los libros en inglés o francés, pasando por mi proveedor de cartuchos de tinta compatibles, por el suministro de blocs de papel de alta gama o por el perfumista de Grasse). Terminando por las webs de los fabricantes de algunos aparatos que he venido comprando (la cámara fotográfica, ese disco externo, el teclado inalámbrico,...), y que tengo registrados ahí. A cambio, me informan periódicamente de sus novedades, ofertas y promociones.

Luego vinieron las publicaciones y medios de comunicación. Un puñado de periódicos (nacionales e internacionales) en los que tengo abierta una cuenta que me permite, por ejemplo, recibir diariamente sus titulares en el correo, o, eventualmente, comentar en su web alguna noticia. Y también algunas revistas.

Le tocó el turno a los clubes, redes y asociaciones de todo tipo. Desde las redes sociales generalistas (Facebook, Twitter, Linkedin, MySpace,...) hasta el Portal de Antiguos Alumnos o el de los Amigos de la Mili.

Más tarde tuve que lidiar con la infinidad de webs con oferta comercial y outlets de Internet, ya que me interesa seguir su oferta, por si en algún momento me proponen algún producto que me interese, a un precio conveniente o muy atractivo.

Y todavía quedó un capítulo final de Miscelánea, desde algunas plataformas de protesta ciudadana hasta  algunas webs de juegos de ordenador, que visito de vez en cuando y donde alguna vez compro algún juego a descargar directamente.

Sólo este lunes, pasadas las tres de la mañana, conseguí terminar las actualizaciones que estimé como necesarias e imprescindibles. Y recuperar un entorno razonablemente estable. En total, visité (calculo) más de un centenar de webs de todo tipo. Descubrí que mi huella digital es todavía más extensa de lo que habitualmente creo. Alguna página, a la que hacía varios años que no me conectaba, me recordó sólo con darle mi usuario y contraseña, y me informó de que compré allí en 2009 una Breve Historia de la Argentina que tengo en alguna parte, aunque nunca he leído.

En fin, que estos últimos días he estado muy ocupado en intentar recuperar un entorno seguro, en que nada de lo que me interesa se me pueda escapar porque una dirección de correo esté ya desactivada.

Esta labor culmina una transición de proveedor ADSL que, por otra parte, ha sido absolutamente modélica.

Moraleja: no utilicéis una dirección de correo electrónico asociada a vuestro proveedor de ADSL para identificaros en una página web, más que en aquellos casos en que no os importe desaparecer de su radar cuando cambiéis de proveedor.

Ahora ya, de vuelta a la vida real.

JMBA




PD. Estaba terminando de escribir este artículo cuando me di cuenta de que el router había perdido la conexión a Internet. De mis penas con eso y de cómo se acabe desarrollando el nuevo servicio, os mantendré puntualmente informados.


(15/6/12) - Ya con cierta perspectiva, puedo decir que el nuevo ADSL me funciona razonablemente bien, aunque me produce falsas desconexiones de vez en cuando (un problema que nunca tuve con mi proveedor anterior). Sospecho que hay un cierto protocolo que genera periódicamente nuevas direcciones IP y otras sesiones "se pierden". Me toca rearrancar el router, de media, una vez por jornada, para devolver las cosas a la normalidad.


En general, el router me está sincronizando entre 3,2 y 3,7 Mbps, lo que no es mucho, pero me resulta, por el momento, suficiente. Mi contrato con Movistar reza hasta 6Mbps lo que, técnicamente hablando, se está cumpliendo. Eso sí, he descubierto un boquete en el procedimiento. De repente descubrí que todas las llamadas que intentaba hacer desde mi teléfono fijo resultaban fallidas, con un mensaje de Orange (mi anterior proveedor, ya.com, forma parte de ese grupo) diciendo que mi línea no estaba habilitada para realizar llamadas.


Me puse en contacto con Movistar (primero en el 1004; luego, por indicación suya, al 1002) y me dijeron que el cambio de proveedor para las llamadas de voz debía pedirse explícitamente (¡¡¡???). El resultado es que recibí por correo un formulario que he tenido que rellenar y meter en el sobre facilitado, para pedirle a Movistar que se haga cargo de mis llamadas de voz desde el fijo. Hasta que eso se realice, debo añadir a todas mis llamadas el prefijo 1077, para que sea Movistar, mi proveedor actual, quien las procese.


En fin, parece que los flecos nunca terminan.