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martes, 31 de enero de 2012

Escapada a Marsella

Marsella es una de esas grandes ciudades por cuyas cercanías pasamos con cierta frecuencia (viajando hacia la Costa Azul o Italia), pero es, en general, bastante desconocida.
Vallon des Auffes, junto a la Corniche.
(JMBigas, Mayo 2007)

Yo habré pasado no menos de una docena de veces por esa ruta, y a menudo me he detenido, por ejemplo, en Aix-en-Provence, una pequeña ciudad provenzal muy agradable, pero solo una vez me había desviado del camino para conocer el Puerto Viejo de Marsella.

Tenía ganas de pasar, al menos, un par de días ahí, y también de viajar en el TGV desde París a Marsella (en poco más de tres horas; una gozada).

En 2007, conseguí liberar unos pocos días del Puente de San Isidro (del 12 al 15 de Mayo; de sábado a martes), y preparé una escapada a Marsella. En avión a París el sábado (con tiempo para comprar algunos libros en Gibert Jeune), y TGV el domingo de buena mañana, llegando a Marsella antes del mediodía. Y de vuelta el martes (TGV matinal y avión de vuelta a Madrid desde Orly).

Con algunas semanas de antelación conseguí unos billetes de avión y del TGV en primera clase a un precio muy atractivo. Y allá que me fui.
Marsella y la estación St Charles, desde el hotel
Mercure Marseille Centre.
(JMBigas, Mayo 2007) 

Llegué a Marsella el domingo a media mañana. Tras visitar el hotel que había reservado (el Mercure Marseille Centre, en una zona muy tranquila cercana al Vieux Port, junto a la rue Colbert), bajé hasta el puerto, y allí tomé el autobús 60 para subir hasta la basílica de Notre Dame de la Garde, una atalaya natural del Puerto y de la ciudad. Ya os he contado esa visita.

De vuelta al Vieux Port, tomé esta vez el autobús 83 (que sale desde el Fort St. Jean, en el extremo norte del puerto), para seguir la llamada Corniche, es decir, el camino costero que va siguiendo la línea del mar al sur del Puerto Viejo. Técnicamente, en casi todo su recorrido se llama Corniche Président John F. Kennedy. Me apeé del autobús en la parada de Catalans, junto a la Plage des Catalans. Por esa zona, entre la Corniche y el mar abundan los restaurantes marineros y las casitas con sus terrazas y solariums. Seguí a pie hasta el Vallon des Auffes (equivalente a un par de paradas del autobús), parando en el monumento frente al mar, dedicado a los caídos de todas las confesiones, en los ejércitos de Oriente y de tierras lejanas. El Vallon des Auffes es un paisaje curioso, pues se trata de un pequeño puertecito interior natural, al que las barcas acceden por debajo de la Corniche. Una zona donde reina (como es casi habitual por toda la ciudad) el caos y el desorden, con coches aparcados en las posiciones más inverosímiles, casitas bajas y varios restaurantes, bares y pizzerías. Y barquitas por todas partes.
Carrusel en plena Canebière, Marsella.
(JMBigas, Mayo 2007)

Seguí luego la Corniche con el 83, alejándonos del mar por la Avenue du Prado, hasta el Rond Point du Prado, muy próximo al Stade Vélodrome, el estadio sede del Olympique de Marseille (el omnipresente OM). La Avenue du Prado es totalmente rectilínea, y plagada de mansiones, embajadas y demás. Es de las zonas más nobles y reconocidas del centro de Marsella.

Aparte de los autobuses, Marsella dispone de un par de líneas de Metro, que permite moverse con comodidad por buena parte del centro (incluyendo una parada en el propio Vieux Port). Cuando estuve en 2007, varias avenidas del centro (incluyendo un trozo de la propia Canebière), estaban en obras avanzadas para la reimplantación del tranvía en la ciudad. Actualmente, ya se dispone de dos líneas de tranvía que permiten moverse de forma más atractiva por algunas zonas del centro, hasta, por ejemplo, la zona portuaria de La Joliette (base para los ferries y cruceros) y más allá, en la zona de desarrollo del proyecto Euromediterranée.
Mercadillo de pescado, en el Vieux Port de Marsella.
(JMBigas, Mayo 2007)

En el Metro volví a la zona del Puerto, y cené en algún restaurante de la zona, por la Place aux Huiles.

El lunes por la mañana quería visitar la Estación ferroviaria de St Charles, por la que ya había pasado (con el equipaje) a mi llegada a Marsella. Fui a pie desde el hotel, cruzando unos barrios donde yo era el único europeo a la vista. Aunque la distancia no era muy grande, decidí que, al día siguiente, realizaría el trayecto en el Metro, como a la llegada.

La estación estaba cerrada por una amenaza de bomba, por lo que sólo pude compartir un rato con una aglomeración de gente, en el exterior, que había sido desalojada de la estación.

Desde allí seguí a pie hacia la Canebière. Esta es la avenida más conocida y animada del centro de Marsella, que acaba justo en el Vieux Port. Estaba casi toda en obras (algunas para el tranvía, y otras para propósitos desconocidos para mí). En el Puerto Viejo había visto la oferta de una breve excursión marítima por el puerto y la bahía, hasta las próximas Îles du Frioul. El trayecto tenía el atractivo de pasar cerca de la isla de If, donde está el Château d'If, la prisión donde consumió tantos años Edmundo Dantés, el Conde de Montecristo.
Palais du Pharo, Vieux Port, Marseille.
(JMBigas, Mayo 2007)

Por la mañana de ese lunes, por los muelles del Puerto Viejo había un nutrido mercado de pescado, con pulpos vivos en barreños de agua y grandes piezas que los expertos cortaban a gusto del cliente.

El trayecto marítimo (de ida y vuelta, con parada en las Frioul) resultó muy entretenido, y ofrece unas vistas espectaculares sobre toda la fachada marítima de Marsella, en particular hacia el Puerto Viejo. Pude conseguir algunas buenas fotografías tanto de la basílica de ND de la Garde (elevada unos 150 metros sobre el nivel del Puerto), como sobre la Cathédrale La Major (técnicamente, Sainte-Marie-Majeure). Las Îles du Frioul son un importante recurso recreativo, con instalaciones de puerto deportivo, segundas residencias y demás.

Sin embargo, el tiempo meteorológico estaba algo movido, con mucho viento,  bastante fresco, y la estancia en la cubierta superior del barco resultaba algo incómoda. Entre el movimiento del barco y el viento, un breve vídeo que grabé durante la travesía resulta inutilizable en la práctica.
La pequeña isla de If, con su castillo-prisión.
(JMBigas, Mayo 2007)

Por la zona del Vieux Port (no en los meses de pleno invierno), circula un trenecito turístico que tiene dos rutas. La primera sube hasta la basílica (pero yo ya había estado allí con el autobús 60) y la otra recorre el barrio de Panier, también conocido como la Vieja Marsella, y que fue el primer enclavamiento de los marineros griegos de Focea que fundaron la ciudad en el 600 A.C. Es el primer arrondissement de la ciudad, y un barrio intrincado de pequeñas callejuelas y cul-de-sac, con fama de haber alojado a buena parte de los hampones de la ciudad.

De hecho, durante la ocupación alemana de Marsella durante la Segunda Guerra Mundial, parte del barrio fue directamente dinamitado, porque los alemanes estimaban que era el refugio de los resistentes y terroristas que les inquietaban.
Embarcadero en las Frioul.
(JMBigas, Mayo 2007)

De modo que me subí en el trenecito, que siguió por el quai du Port, para remontar las callejas del Panier. Me apeé en las cercanías de la Catedral La Major y la Vieille Charité. Por allí paseé un poco, deleitándome en alguna de las plazoletas recoletas de que dispone el barrio. Pero también es cierto que hay muchas callejuelas atestadas de vehículos estacionados hasta encima de las farolas (un decir). Muchas de ellas tienen tramos en escalera, lo que las hace inaccesibles al tráfico rodado. Claro que en Marsella (y en eso se parece a Nápoles) si no hay un muro se puede pasar, aunque quizá esté prohibido.

Las calles del Panier tienen  mucho pequeño comercio de artesanías diversas y de productos provenzales en general, como jabones, perfumes, colonias, así como souvenirs de diverso calado. La Catedral estaba en obras (una de las maldiciones clásicas del turista). Hacia el final del puerto está el Fort Saint Jean que, junto al Fort Saint-Nicolas (en el lado sur del Puerto), vigilaban su entrada. Por la zona está la Iglesia de Saint Laurent (del siglo XII), así como el Clocher des Accouls (del siglo XIII).
Una de las plazas recoletas en Le Panier.
(JMBigas, Mayo 2007)

Tras deambular un rato por las calles del Panier, monté de nuevo en el trenecito, que me devolvió al Vieux Port, sano y salvo y nada cansado (que el viaje en el trenecito te evita algunos repechos de los que van minando al visitante).

Comí algo por la zona del Puerto, y tomé el Metro hacia la Place de la Joliette (que está al norte del Panier). Esta zona es bastante más moderna, y allí está la terminal para los ferries (especialmente hacia Córcega) y los barcos de crucero que recalan en Marsella. La rue République (una de las arterias comerciales más importantes de Marsella) une el Vieux Port y la Joliette. En la actualidad, buena parte de esa avenida está recorrida por el tranvía, que no cruza el Vieux Port, sino que se desvía unas calles más arriba, por la rue Colbert. Hoy el tranvía (línea T2) cruza la Place de la Joliette y sigue un poco más, hacia las nuevas zonas en desarrollo, bajo el marco del proyecto Euromediterranée.
Place de la Joliette.
(JMBigas, Mayo 2007)

Desde la Joliette tomé de nuevo el Metro, para visitar el Palais de Longchamp. Este monumento fue inicialmente concebido para la celebración de la llegada a Marsella del agua del río Durance en 1838, tras una terrible sequía seguida de lluvias torrenciales, inundaciones y brotes de cólera que provocaron más de tres mil muertes. Se pretendía construir un Château d'Eau (con fuentes y cascadas bien visibles desde el bulevar Longchamp), que pudiera albergar los Museos de Bellas Artes y de Historia Natural. Hubo varios proyectos fallidos (incluso con pleitos planteados por algunos arquitectos consultados), pero el monumento fue finalmente inaugurado en su formato actual en 1869. Es una construcción muy agradable de ver, con una columnata semicircular que une los cuerpos de los dos Museos. También existe en la zona un Jardín Botánico y el Jardín Zoológico.

Desgraciadamente, era ya demasiado tarde para visitarlo, y sólo pude conseguir algunas bonitas fotografías de la zona frontal, con sus juegos de agua. Actualmente, la línea T2 del tranvía discurre por buena parte del boulevard Longchamp, y pasa frente al propio Palais. Yo bajé por ese bulevar  (de estilo haussmaniano) a pie, hasta la zona de Reformés y la Canebière, donde está la iglesia de Saint-Vincent-de-Paul, fácilmente reconocible por sus dos altas torres.
Palais de Longchamp, Marsella.
(JMBigas, Mayo 2007)

La mañana del martes tuve que madrugar, ya que mi TGV para volver a París salía de Marsella St Charles pasadas las siete y media de la mañana. En el camino realicé algunas breves grabaciones en vídeo, que os ofrezco aquí. Llegué a Paris Gare de Lyon antes de las once de la mañana. De allí, con el RER y el Orlyval, fui hasta el aeropuerto de Orly, con tiempo sobrado para abordar mi vuelo de vuelta a Madrid.

En resumen, Marsella es una ciudad muy extensa, pero sus principales atractivos turísticos se desarrollan en el entorno del Vieux Port. Según se publica en la prensa, tiene algunos barrios periféricos que son bastante conflictivos, pero por allí nunca se perderán los pasos del visitante ocasional. Por todo el centro, lo más negativo que podéis vivir son algunas zonas algo sucias, y una sensación general de caos y desorden, que hacen de Marsella una capital latina y mediterránea de manual. Además, la mayoría de inmigrantes en Marsella, muy numerosos, proceden también de la ribera (sur) del Mediterráneo, especialmente de Argelia, como el propio Zinedine Zidane.


Aparte del adelanto de fotografías que os incluyo aquí, podéis ver una colección mucho más completa, en tres álbumes:



Marsella: Vieux Port e Islas Frioul




Marsella: Corniche, Prado, Longchamp




Marsella: St Charles, Canebière, Panier, Joliette





Asimismo, os incluyo un par de vídeos breves, que ilustran todavía mejor la escapada.







Fin de la escapada.

JMBA

lunes, 23 de enero de 2012

Marsella. Basílica ND de la Garde

Marsella (pop. 850.602) es la segunda ciudad más poblada de Francia, y la tercera área metropolitana (con 1.715.096 habitantes), después de París y Lyon. Parece que la ciudad fue fundada por marineros griegos de Focea (en la península de Anatolia) en torno al 600 a.C.

La Basílica de Nd de la Garde, desde la entrada al
Vieux Port de Marsella.
(JMBigas, Mayo 2007)


Su área metropolitana incluye municipios próximos, como Aix-en-Provence o Martigues.

La ciudad es muy extensa (240 kilómetros cuadrados), pero casi el 40% de su extensión es terreno natural protegido donde no se puede construir. Ocupa un anfiteatro rodeado por montañas: el Macizo de Calanques al Sur, l'Estaque (inmortalizado por el pintor Paul Cézanne) al norte y las cadenas montañosas de l'Étoile y Garlaban al noreste. Al sur de la ciudad se extiende una sucesión de pequeñas calas (calanques), algunas de las cuales son prácticamente sólo accesibles por mar.

El centro de la ciudad es el Vieux Port (Puerto Viejo). Tiene forma de U, y su entrada está orientada al Oeste. Perpendicular al Vieux Port, desemboca la avenida más famosa de Marsella: la Canebière. Cerca del Vieux Port, en la bahía de Marsella, está el pequeño archipiélago de las Islas Frioul, una de las cuales es la de If, donde estaba la prisión (Château d'If) en que cumplió condena Edmundo Dantés, más conocido como el Conde de Montecristo en la obra de Alejandro Dumas.
Basílica de ND de la Garde (1864) en estilo
románico-bizantino.
(JMBigas, Mayo 2007)

Los diferentes quais (muelles) que rodean al Vieux Port albergan muchos restaurantes de especialidades marineras, entre las que destaca la famosa Bouillabaisse.

Existe una atalaya natural sobre el Puerto Viejo y buena parte de la ciudad. Se trata de una colina calcárea, de unos 150 metros de altitud, situada al sur del Vieux Port. En lo alto de esta colina existía ya una ermita, edificada en el año 1214 y reconstruida en el siglo XV. En 1536, el rey Francisco I de Francia ordenó construir allí una fortaleza para defender Marsella de los ataques de la armada de Carlos V. Sobre la base de esa fortaleza, a mediados del siglo XIX se inició la construcción de una basílica menor, dedicada a Notre Dame de la Garde, que fue consagrada en 1864.

La construcción es de estilo románico-bizantino, obra del arquitecto Henri-Jacques Espérandieu (1829-1874). Consta de una cripta excavada en la roca (de estilo románico), y una iglesia superior, decorada con mosaicos de claro estilo oriental. Sobre un campanario cuadrado de 41 metros de altitud, se levanta una especie de torre de 12,5 metros, que actúa de pedestal de una gran estatua de la Virgen y el Niño, contruida en cobre y recubierta de pan de oro. Su figura dorada es uno de los emblemas más característicos de la ciudad de Marsella.
Imagen de la Virgen y el Niño, rodeada de cientos de
lápidas o placas de recuerdo o agradecimiento.
(JMBigas, Mayo 2007)

En 1892 se inauguró un funicular (que era popularmente conocido como el ascensor) que permitía subir desde el puerto (exactamente desde la rue Dragon), hasta el nivel de la basílica. Por falta de rentabilidad dejó de funcionar en 1967, y fue posteriormente destruido, tras haber transportado a más de 20 millones de viajeros en 75 años de actividad.

El estilo arquitectónico de esta basílica es idéntico al utilizado para la construcción de la Catedral de Marsella (por la misma época), conocida popularmente como La Major, aunque su nombre completo es Cathédrale Sainte-Marie-Majeure.

Actualmente, para subir desde el Vieux Port hasta la Basílica de ND de la Garde, se puede hacer en coche (el aparcamiento arriba es bastante limitado) o, mejor, mediante el autobús número 60, que es el medio que yo utilicé a mediados de Mayo de 2007 (durante una estancia de varios días en la ciudad) para realizar el trayecto.

Las vistas en todas direcciones desde las diversas plataformas de la basílica son impresionantes, tanto sobre la propia ciudad y el Puerto Viejo (así como el más moderno de la Joliette, terminal de ferries y cruceros), como sobre el circo montañoso que rodea a Marsella, y sobre el mar. Desde ella se distingue con claridad la isla de If y el resto de islas del archipiélago Frioul, si el día está más o menos despejado.
Abajo, el Vieux Port; al fondo, la Joliette;
en medio la Cathédrale La Major.
(JMBigas, Mayo 2007)

Cualquier visitante de Marsella debería dedicar, sin falta, 3-4 horas a la visita de la basílica, conocida en la ciudad como la Bonne Mère (la Buena Madre). Tanto por la propia basílica (muy singular en el exterior y el interior), como por las excelentes vistas de todos los alrededores. El autobús 60 se toma en el Vieux Port, y sube hasta la propia explanada frente a la basílica.

Una de los detalles que más me sorprendió de la basílica (aparte del estilo arquitectónico y decorativo ciertamente inhabitual por estas latitudes) es que, tanto en el exterior como en el interior, hay infinidad de pequeñas lápidas o placas, financiadas por particulares, como recuerdo a la Virgen o en agradecimiento por favores recibidos de ella.

Aparte de las fotografías que os avanzo aquí, podéis acceder a una colección más completa pinchando en la foto de la Basílica.

Marseille ND Garde


Os incluyo también un breve vídeo, con algunas fotografías de la basílica, panorámica de las vistas sobre la zona portuaria e imágenes del interior, con cantos litúrgicos. Incluye un fragmento de la famosa canción Le Plus Beau Tango du Monde, interpretada por Alibert y Gaby Sims, que formaba parte de una de las típicas operetas marsellesas (Un de la Canebière, 1934).



JMBA