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viernes, 24 de junio de 2016

El Brexit, Mala Noticia para Todos

Tras el referéndum celebrado este jueves 23 de Junio en el Reino Unido, sus ciudadanos han decidido que su país se retire de la Unión Europea. El resultado ha sido una sorpresa, pues incluso la víspera las Bolsas internacionales prácticamente descontaron que la opción del 'Remain' (permanecer en la UE) iba a ser la ganadora.
Nigel Farage, líder del UKIP, y adalid del Brexit.
(Fuente: telegraph)

La primera consecuencia es la dimisión (previsible, por otra parte) de David Cameron como Primer Ministro. Parece evidente que para llevar adelante una opción que es contraria a la que apoyaba Cameron, el Reino Unido precisa de un liderazgo diferente.

Y, con diferencia, la imagen más desagradable a la que hemos tenido que asistir ha sido la cara de felicidad de un tipo más bien mezquino como Nigel Farage o de otro tan histriónico como Boris Johnson, y el oportunismo de Marine Le Pen en Francia (que ya habla de la posibilidad de un 'Frexit') o de la extrema derecha holandesa, con Wilders a la cabeza.

De ayer a hoy, nada cambia en la práctica, en eso Rajoy lleva razón. Pero el Gobierno Británico ha recibido el mandato ineludible de sus ciudadanos para iniciar el proceso de separación de su país de la Unión Europea, que puede durar, al menos, un par de años.
Boris Johnson, ex alcalde de Londres y oponente de
David Cameron en el partido tory.
(Matt Cardy/Getty Images. Fuente: telegraph)

Como primera conclusión, la de que los referéndums de este tipo los carga el diablo. La razón es fácil de entender. Mientras que la movilización de los partidarios del cambio es total y entusiasta, la de los partidarios de no cambiar es mucho más tibia y dubitativa. Ya se vio con el referéndum escocés, que Cameron pudo salvar por los pelos con una movilización de última hora. Pero en este del Brexit, ha resultado insuficiente. Además, algunos también censuran al Partido Laborista, por su defensa muy fría del 'Remain', sin una movilización suficiente.

Desde mi punto de vista, para dar validez a referéndums de esta trascendencia, el umbral de validez debería situarse en el 50% del censo electoral, es decir, del total de los ciudadanos con derecho a voto.
Marine le Pen, líder del Front National francés.
(Fuente: gentside)

Creo que el Brexit es dramático, incluso catastrófico. Deja muy seriamente dañada a la Unión Europea, pero también fractura la unidad del Reino Unido. Gibraltar, por supuesto, ha votado casi íntegramente por la permanencia (96% Remain - 4% Leave). Pero Escocia también ha votado mayoritariamente por la permanencia (60-40) así como Irlanda del Norte (55-45). El Partido Nacionalista Escocés ya ha pedido un nuevo referéndum, al haber variado sustancialmente las condiciones del anterior, y el Sinn Fein ha pedido la reunificación de Irlanda en una única República, integrada en la Unión Europea. Gibraltar, pues bueno, ya veremos qué pasa con los llanitos.



Analicemos un poco los resultados detallados del referéndum. Podéis ver el mapa completo, por ejemplo, en la web de The Guardian.

A nivel nacional, han votado el 72,16% de los ciudadanos que podían hacerlo. En otras palabras, casi 13 millones de británicos no acudieron a las urnas. De todos ellos ignoramos por completo lo que piensan.

De los que han votado, 16.141.241 ciudadanos (48,1%) se han inclinado por el 'Remain', mientras que 17.410.742 (51,9%) se han inclinado por el 'Leave'. Una ventaja de 1,3 millones de votos. En otras palabras, el 37,4% del total de los ciudadanos británicos votaron efectivamente por el 'Leave', el 34,6% votó efectivamente por el 'Remain', y se desconoce la opinión del otro 28% de los ciudadanos

Hay diferencias geográficas muy marcadas. Escocia e Irlanda del Norte se han inclinado bastante claramente por el 'Remain'. Gales, salvo Cardiff, favorable al 'Remain', ha votado ligeramente a favor del 'Leave'. En Inglaterra, Londres ha votado muy claramente a favor del 'Remain'. Y también ha sido así en muchas de las áreas urbanas (Oxford, Cambridge, Liverpool, Manchester, Leeds, York, Newcastle, Bristol, Brighton,...). Pero la Inglaterra más rural y las áreas económicamente más deprimidas, se han inclinado masivamente, en algunas zonas de forma casi aplastante, a favor del 'Leave'.

Algunos primeros análisis apresurados, demográficos y sociológicos, parecen indicar que las zonas con mayores rentas medias y con mayor proporción de ciudadanos con elevada formación se habrían inclinado más bien por el 'Remain'. Asimismo, los votantes más jóvenes parecen más proclives al 'Remain', mientras que los de más edad se han inclinado mayoritariamente por el 'Leave', quizás incluso seducidos por una cierta nostalgia imperial.

Hay un dato adicional que resulta muy revelador. La participación en muchas zonas claramente partidarias del 'Remain', se han situado muy claramente por debajo de la media nacional, lo que sugiere una insuficiente movilización de los opositores del Brexit. En algunas zonas de Londres, la participación ha sido escasamente superior al 60%, del orden de 10 puntos por debajo del total nacional. O Glasgow, en una Escocia muy mayoritariamente partidaria del 'Remain', la participación sólo fue del 56,21% del censo, casi 16 puntos por debajo de la media nacional.

Algunos sugieren incluso que ciertos elementos especialmente filibusteros de la City serían partidarios del Brexit, porque su aspiración es poder disponer de un paraíso fiscal como las Islas Caimán, por ejemplo, a orillas del Támesis.



De otra parte, que un proyecto como la Unión Europea no resulte atractivo, o incluso se vea como francamente detestable, para ciudadanos tan adultos democráticamente como los británicos, nos deja sumidos en más sombras que luces. Todos sabemos que hay muchas cosas en la UE que no funcionan como debieran, que un proyecto ilusionante se ha deteriorado al convertirse en un proyecto por y para políticos y mercaderes, más que de los ciudadanos. Hay muchos aspectos incompletos que hacen a la UE especialmente vulnerable. Existe una unión monetaria con un alcance cierto, pero no hay unidad económica ni fiscal, y el papel del BCE es muy claramente escaso, especialmente si lo comparamos con las competencias de la Reserva Federal o del propio Banco de Inglaterra.

El Brexit deja a la Unión Europea herida, espero que no de muerte. Nos obliga a trabajar muy duramente para que la UE vuelva a ser para todos sus ciudadanos un proyecto de futuro que nos genere ilusión. La Europa de los funcionarios no genera ilusión y debería evolucionar para convertirse en una Europa de estadistas y para los ciudadanos.

Pero hay un pequeño problema. ¿Dónde c... están los estadistas en Europa?.

JMBA

lunes, 31 de marzo de 2014

Europea, sí. Unión, lo justito.

Este lunes he estado en París, y he cenado un corazón de entrecote en un Hippopotamus frente a la Gare du Nord. Nada barato, pero excelente.

Se sentaron al lado dos caballeros españoles, con excelente dominio del francés, que ignoraban que yo fuera también español, al cenar solo y, por lo tanto, no hablar más que en francés con la camarera. En un  cierto momento, hicieron el panegírico de la globalización y la tecnología de punta, que ya permite pedir un menú por Internet desde casa (tras consultar la oferta), y aparecer por el restaurante en cuestión a mesa puesta. Cierto, ese tipo de cosas ya pueden hacerse. La moraleja de uno de los caballeros es que llegará un día en que no abriremos la boca en todo el día para hablar con nadie, aunque hayamos interactuado (informáticamente), con cientos de personas.

Esta conversación me ha recordado una terrible decepción que me he llevado esta tarde. En el Espace Champerret (uno de esos pequeños centros de congresos que abundan en los alrededores del Boulevard Periphérique) he visitado el Salón de los Viticultores Independientes, que celebraba hoy su último día. Más de 600 expositores. Una auténtica gozada para los amantes del vino y sus variantes. Seis euros la entrada (en mi caso, cinco, porque compré un "excedente" a la salida del Metro), con derecho a copa propia para las sucesivas degustaciones.

Para que el visitante pueda comprar vino en cajas, la organización ofrece el alquiler de carritos para llevarlas hasta el coche en el parking subterráneo, y también el envío a casa por una tarifa plana de 3€ por  caja. En Internet y en las diversas publicidades, se especifica que el envío es sólo para la Francia Metropolitana (lo que excluye a Córcega, los territorios y dominios de ultramar, y el resto del mundo).

Lo primero que hice al llegar a la feria fue visitar el stand de los logísticos que aseguran este servicio, para verificar que no habría problema en enviar a mi casa en Madrid algunas cajas de vino que yo pudiera ir escogiendo durante mi visita. Pero no. No se puede, no pueden, no saben, no se debe, es ilegal o que sé yo cuántas excusas más.

La conclusión es que si yo compro dos cajas de vino en Francia, puedo meterlas en el maletero del coche y llevarlas a mi casa en España, y eso es legal. Pero si hay un transportista de por medio, parece que es obligatorio que exista un "documento de acompañamiento" para justificar que los impuestos correspondientes en origen han sido correctamente satisfechos. El vino que se vende en Francia debe llevar una "cápsula fiscal" que viene a ser el comprobante de que se han satisfecho los correspondientes impuestos. Pero eso, al parecer, no vale para el resto de países de la Unión Europea, ni siquiera para el núcleo de Schengen.

Ya no hay aduanas, existe la libre circulación de mercancías y personas en el interior de la Unión Europea, pero no pueden enviarte dos cajas de vino "legal" desde Francia a tu casa en Madrid. Sospecho que ese mismo problema se encontrarán en España los turistas franceses (o de otros países de la Unión Europea) cuando, emocionados por una cata o una degustación, les gustaría hacerse enviar un par de cajas a su casa. Aunque también es posible que nos pasemos esa (presunta) legalidad por el forro de las Horcas Caudinas. 

Completamente inaudito. Lógicamente, me lo he llevado bebido, que ahí no quedan dudas.

JMBA 

viernes, 21 de septiembre de 2012

¡Qué cansino es todo con Rajoy!

Hace años, yo tuve un jefe que era miembro egregio de la Cofradía de la Virgen del Puño ... ¡Cerrado!. Su frase preferida para justificar una no subida de sueldo era la siguiente: Cuando ya has cenado diez langostas, no te queda más hambre.
Imagen de la manifestación del 11-S en Barcelona.
(Fuente: miboina)

Pero también utilizaba con frecuencia otras frases ingeniosas, trascendentes y menos hirientes. Por ejemplo: No importa el tamaño del territorio que represente el mapa que cuelgues en la pared: siempre habrá un Norte y un Sur. Efectivamente, tenía razón. Si es un barrio, está la zona de los chalecitos y la de los pisos a barullo y muchas plantas. Si es una ciudad, están los barrios más acomodados (con más zonas verdes, mejores accesos,...) y los suburbios (eufemísticamente) llamados más populares. Si es una región, están los de la ciudad y los del campo. Si es un país, están los catalanes o vascos y los extremeños o andaluces. Si es un continente, están los hacendosos del Norte (Alemania, Holanda, Finlandia,...) y los vagos, perezosos y malgastadores del Sur (Grecia, Italia, Portugal, España). Y si es el Mundo, hay grandes diferencias también entre el Norte y el Sur.

La civilización moderna ha comercializado el concepto de la solidaridad. Este concepto reconoce tácitamente que los menos favorecidos lo son por pura fatalidad, muy a su pesar. Porque viven en lugares inhóspitos donde nada crece; porque guerras (sin dueño) les han sumido en la miseria; porque sequías sin fin les condenan a la hambruna; porque Gobiernos sin entrañas (muy habitualmente, nuestros amigos) no se preocupan de su población; porque exterminios étnicos o religiosos (con nuestras armas) les han dejado diezmados; porque volcanes, terremotos o tsunamis azotan su territorio con regularidad, y así por muchas otras causas de este tenor.

En los períodos de riqueza generalizada, la parte privilegiada del mundo (que está convencida de serlo porque el destino así lo marca) practica una solidaridad que linda de muy cerquita con la simple caridad. Se intentan paliar los efectos de la miseria, pero nadie le pone el cascabel al gato de sus causas. Se intenta alimentarles, pero sólo para que puedan seguir sobreviviendo y así tranquilizar nuestras conciencias. Las llamadas ONG (muchas de las cuales realizan una labor muy meritoria) intentan (con escasos éxitos) achicar el mar, y muchos sólo buscan en ellas poder vivir unos años de aventuras en escenarios exóticos y peligrosos, mientras algunos también persiguen fondos que derivar a los bolsillos privados.

Por cierto, ese mismo mecanismo es el que ha venido funcionando en la Zona Euro en los años de prosperidad y vacas gordas. Alimentar a los perezosos del Sur con riadas de liquidez permite convertirlos en clientes de las grandes maravillas que los hacendosos somos capaces de fabricar y producir. Sin tener en cuenta que un perezoso con abundancia de dinero es una bomba de relojería.

Cuando las tortas cambian y la situación económica se convierte en una pura depresión o recesión, cuando hay gente pasando hambre en nuestra misma calle, o incluso en nuestro mismo portal, el concepto de solidaridad se revisa a la baja y da la sensación de que alimentar a los perezosos ya no es tan buena idea.

Cuando la sociedad pasa por sus años de esplendor es cuando se dispone del ímpetu, el empuje y los medios necesarios para cambiar el mundo. Pero eso, en esos momentos, a nadie le interesa. Unos andan embotados por tanto champán; otros embrutecidos por los viajes de vacaciones tres veces al año; algunos andan distraídos con las maravillas de su nueva fortaleza rodante de ochenta mil euros; y todos, todos, gastan todo lo que pueden (y se endeudan) como si no hubiera un mañana y como si hubieran olvidado que la historia es cíclica y que no hay mal ni bien que cien años dure.
Jyrki Katainen, Primer Ministro de finlandia
(Fuente: cincodias)

Pero la realidad es tozuda, y siempre llega el momento en que alguien empieza a pensar que la inundación de dinero y los torrentes de liquidez donde los perezosos quizá no es tan buena idea. Y todos los que pueden se refugian en sus Cuarteles de Invierno, para dejar pasar las tormentas de nieve. Y el que no pueda, que se congele en el páramo.

El montaje de la Europa socialdemócrata del Estado del Bienestar de después de la Segunda Guerra Mundial, la maquinaria del Euro, o la mayoría de los Estados, si vamos a ello, se montaron con una economía en expansión en la cabeza. Y, por cierto, con la deliberada ignorancia de que siempre habrá un Norte y un Sur, unas zonas, unas regiones, unas clases, unas poblaciones, con más recursos que otras. Y la maquinaria debe saber funcionar conviviendo con ese hecho básico.

Por eso es radicalmente injusto que los alemanes acusen a los griegos, italianos o españoles de no ser alemanes, porque nunca lo hemos sido y, muy probablemente, nunca lo seremos. Como es injusto que los catalanes acusen a los andaluces o extremeños de no ser catalanes, porque nunca lo han sido y, muy probablemente, nunca lo serán. Pero la maquinaria debe poder funcionar partiendo de ese hecho, de que hay zonas más calientes y otras más frías.

En los campos de trigo no todas las espigas crecen a la misma altura. Sospecho que desconocemos los mecanismos por los que hay espigas más rezagadas, incapaces de alcanzar la altura de las más aventajadas. Y, en estas condiciones, la única igualación posible es la de la hoz. En estos tiempos convulsos, muchos dan la sensación de perseguir la igualación por la hoz, que todos seamos pobres, en lugar de luchar para que cada vez haya más ricos (más espigas aventajadas) y que los pobres lo sean menos. La realidad es que cada vez hay menos ricos, pero cada vez lo son más, y hay un mayor número de pobres, que también lo son más.

Otra alternativa para las espigas aventajadas, para hurtarse a la hoz, es manifestar que nosotras no somos trigo y que, por lo tanto, inútil es que las espigas rezagadas se empeñen en igualar nuestra grácil altura, porque son de otra especie condenada a crecer menos.

En este contexto, el 11 de Septiembre invadieron las calles de Barcelona muchas personas, muchas. Igual hasta más de un millón. Se sumaron a una manifestación que, formalmente, perseguía la independencia de Catalunya de España (que Catalunya sea un nuevo estado en Europa). Convencidos de que así les irá mejor. El sentimiento con que se sumaron a esa manifestación es difícil de juzgar sin equivocarse demasiado. Por eso no me gusta la calle como foro de la política, porque en la calle todos son peatones, tanto los que caminan porque ya no les da ni para coger el autobús, como los que lo hacen por mejorar su salud, dejando hoy el coche en casa. Con seguridad hubo en la calle una demanda de cambio, con razones mixtas en algún lugar entre la Indignación y la Independencia. Quien ya nada tiene que perder, está convencido de que es imposible que cualquier cambio sea a peor.

Cada vez más todo este movimiento apesta a Guerra de las Malvinas, a maniobra de diversión. A idear un enemigo común, contra el que todos estamos unidos.

El llamado problema catalán se ha venido agudizando en los últimos tiempos, azuzado por diversos hechos, a los que la profunda crisis económica, no es, desde luego, ajena. Ya no hay líneas rojas, por mucho que los políticos se empeñen en visualizarlas. Se han cruzado ya muchas veces, descalificando unos a los catalanes por insolidarios; otros a los andaluces o extremeños por vagos; otros a los de Madrid por expoliadores.

En la dinámica ciega y torpe habitual en todos los nacionalismos, se recurre a la historia como fuente de legitimidad, ignorando deliberadamente que en la historia se pueden encontrar justificaciones para verde, azul o rojo, dependiendo de hacia dónde y hacia cuándo mires. Unos pueden invocar a los Reyes Católicos y otros a los Reyes de Aragón o a los Condes de Barcelona. Todo ello es un fuego de artificio perfectamente inútil.
Rajoy y Mas, a las puertas de La Moncloa, este jueves.
(Fuente: elmundo)

Si tuviéramos estadistas de nivel, y no políticos cortos de vista y torticeros, es el momento de tomar a ese toro por los cuernos. Ya está bien de diatribas, descalificaciones y victimismos. De la manifestación de ese martes se desprende que hay una muy fuerte demanda de cambio entre los catalanes. Es el momento de enfrentarles con claridad a su futuro y no el de regodearse (por uno y otro lado) en el pasado y en presuntas realidades identitarias confrontadas. O de esgrimir ciegamente la Ley y la Constitución, obviando el hecho de que todo eso lo hemos hecho nosotros, y nosotros lo podríamos cambiar, si llegara el caso y fuera la voluntad de la mayoría.

Lo primero sería convocar de modo inmediato elecciones generales en Catalunya, donde todos los partidos deberían plantear con claridad cuál es su propuesta de cambio. Si en las urnas se viera la misma voluntad de independencia que pareció verse en las calles (si no fuera así, se habría desenmascarado a los políticos, y a otra cosa), lo más conveniente sería convocar un referéndum en Catalunya por la independencia, donde estuvieran muy claros los efectos de una u otra respuesta. Si la respuesta fuera mayoritariamente afirmativa por la independencia, sería el momento de iniciar las negociaciones para la separación, para el divorcio amistoso. No sería fácil atinar en un justiprecio para los bienes gananciales. El tema de quién se queda con los amigos sería, posiblemente, más claro. Una Catalunya independiente debería tomar la decisión de cómo llamar a su nueva moneda nacional, porque su posible integración en la Unión Europea y en la Zona Euro sería objeto de un tedioso y largo expediente, con resultados inciertos.

Mientras tanto, reaparecerían las fronteras externas de la UE (de Catalunya con el resto de España y con Francia) y los aranceles, y no faltarían catalanes voluntarios para intentar construir lo mejor de una Catalunya española en algún lugar de la Mancha (un decir). Desaparecido el enemigo común (Madrid, la Constitución, los nacionalistas españoles,...) aparecerían las disensiones sobre qué bases construir la nueva Catalunya Estado.

Si todo discurriera por los mejores caminos, muchos años después Catalunya podría integrarse, por fin, en la Unión Europea y en la zona Euro, y firmaría el Tratado de Schengen, con lo que desaparecerían (de nuevo) las fronteras y los AVEs dejarían de ser trenes internacionales. Para los alemanes, Catalunya sería uno más de los países perezosos del Sur. Los que hoy insultan a Madrid, pasarían a insultar a Bruselas o a Frankfurt y caerían de nuevo en la melancolía identitaria. Hasta que consiguieran su sueño dorado en forma de una Balsa de Piedra (cito a Saramago) agonizando en el mar a los acordes del Desperta, Ferro.

Todo eso podría ser así si no fuera que la verdadera voluntad política de los políticos nacionalistas es utilizar la amenaza de la independencia para que el Pacto Fiscal sea visto como un mal menor. Para utilizar esa amenaza como un as en la manga del jugador de ventaja, para negociar mejoras económicas en la financiación y otras perlas del género, frente a políticos del Estado timoratos y miedosos, sin ninguna talla de estadistas, a mayor gloria (y riqueza) de sí mismos y de sus amigos. Y al pueblo catalán, con su sentimiento nacionalista un poco ingenuo, exacerbado e instrumentalizado por los políticos para su propio beneficio, que le vayan dando. Como siempre.

Luego este jueves se reunieron Rajoy y Mas en La Moncloa, con unas formas aparentemente algo tirantes. Rajoy intentó ventilar el tema con la indolencia que ya viene resultando habitual. A Mas no le quedará más remedio que convocar Elecciones Generales en Catalunya, y veremos qué nuevas falacias se inventan unos y otros en campaña para que nada se aclare nunca. A río revuelto, ganancia de pescadores.

De verdad, qué cansino es todo en este país. Qué fatiga.

JMBA

viernes, 9 de diciembre de 2011

La Tormenta mantiene aislado al Continente

La conclusión más inmediata de la Cumbre de Bruselas celebrada estos días es que todos los países de la Eurozona, y la mayoría del resto de países de la Unión Europea, han acordado poner en marcha un acuerdo intergubernamental para reforzar la política fiscal común y la disciplina presupuestaria y, en definitiva, reforzar la credibilidad del Euro en los mercados internacionales.
David Cameron, en Bruselas, este viernes.
(Reuters; Fuente: ABC)

Como parecía cantado, el Reino Unido se ha situado al margen del resto. Hemos oído a David Cameron afirmar de nuevo que nunca estaremos en el Euro y algunas otras manifestaciones del clásico euroescepticismo de los británicos en general y de los tories más en particular. En definitiva, un rechazo frontal a cualquier sacrificio de su soberanía nacional en favor de instituciones europeas. De hecho, ya ha recibido las primeras críticas internas procedentes del campo del laborismo. Pero los sondeos populares tienden a indicar que una mayoría de los ciudadanos británicos son euroescépticos.

Podemos pensar que esta actitud no constituye noticia ni novedad. Este euroescepticismo es esperable en un país que sigue llamando English Channel al Canal de la Mancha, y en el que el mensaje clásico de los meteorólogos ante las perturbaciones que dificultaban la navegación en el Canal era que la tormenta mantiene aislado al Continente. Una concepción insulo-céntrica del mundo.

Es conocido que el Reino Unido interioriza con orgullo su insularidad, y refuerza de una manera muy singular su sentimiento nacional. Mientras que Francia está condenada a entenderse con Alemania (tiene fronteras comunes, e incluso zonas importantes del noreste del país que estuvieron bajo gobierno alemán en el último siglo), Inglaterra (el Reino Unido) puede contemplar el tema a mucha mayor distancia por su propia insularidad. Puede mirarse al Continente por encima del English Channel.
Esta ha sido la última Cumbre Europea a la que ha asistido
José Luis Rodríguez Zapatero como
Presidente del Gobierno en funciones
(Gtres; Fuente: cuatro)

Todo eso es bien conocido, y cualquier viajero continental al Reino Unido lo ha podido verificar, vivir y compartir. Ya lo he contado en alguna otra ocasión, pero la sensación que tuve al visitar Londres y otras zonas del Reino Unido por primera vez en 1977 fue la de llegar a un mundo distinto. Donde, aparte de algunas diferencias muy evidentes (como la conducción por la izquierda, claro) había otras diferencias muy sintomáticas de que la evolución de la sociedad en el período tras la Segunda Guerra Mundial había sido sensiblemente diferente que la seguida por otros países del Continente. Una cosa que me chocó sobremanera por su significación de la diferencia fue que, en ese momento, no existía el agua mineral embotellada como producto comercial en el país.

Algo más tarde, el Reino Unido desarrolló un cierto sucursalismo de Estados Unidos. Mi sensación en el Londres de los 80 era la de intentar ser una sucursal de Nueva York. Bueno, a fin de cuentas un cierto colonialismo de ida y vuelta. Pero luego recuperó sus esencias más propias, y se convirtió en el portal natural de acceso de los Estados Unidos a la Unión Europea.

Por supuesto que muchas cosas han cambiado, incluso en el Reino Unido, desde esa época. En particular, se ha reforzado sobremanera el eje USA-UK, mucho más que el sentimiento europeísta de los británicos. Reagan-Thatcher en su momento, o Bush-Blair mucho más recientemente, han formado un frente mucho más unido que la integración del Reino Unido en la Unión Europea.
Nicolas Sarkozy, que parece que tuvo un airado
enfrentamiento con Cameron en la noche de Bruselas
(Fuente: elperiodico)

La insularidad  (como concepto social) y la relativa reticencia del británico medio a la integración europea son ciertas. Los conservadores, en particular, (los tories), siempre han sido euroescépticos, y David Cameron está gobernando en el Reino Unido desde la primavera del 2010. En su momento, el Reino Unido tomó el camino de mantener su moneda nacional y no integrarse en el Euro. Parece que esta pasada noche de negociaciones en Bruselas, hubo algunos ásperos intercambios verbales entre Cameron y Sarkozy, al hilo del orgullo británico por no estar en la Eurozona.

Pero tras la posición del Reino Unido en esta Cumbre tan trascendente hay otro hecho que posiblemente pese más que todas esas tradiciones y sentimientos sociales. En 2008, el peso del sector financiero en el PIB del Reino Unido fue del 24%, muy por encima de su peso en el resto de países de la UE. Sólo la actividad financiera de la City londinense aporta un 10% al PIB británico. Se dice que en la City londinense podría realizarse hasta el 70% del comercio mundial de bonos y más de la mitad del comercio de capitales. La decisión de Cameron de no sumarse a sus colegas del resto de países de la UE debe entenderse como la defensa a ultranza de esta posición preponderante del sector financiero en la economía de su país.

En otras palabras, podemos llegar a entender que, lo mismo que el sector financiero de los Estados Unidos, el sector financiero del Reino Unido ha sido parte del problema en el origen de esta crisis profundísima con la que estamos luchando desde hace ya tres años largos. Y ser parte del problema inhabilita la posibilidad de ser parte de la solución. Uno de los objetivos, precisamente, del acuerdo de Bruselas es imponer regulaciones más estrictas al sector financiero. Lo que se visualiza desde el Reino Unido como un ataque directo a su línea de flotación. Y con las cosas de comer, los políticos no deben jugar.

Nicolas Sarkozy, en su discurso presidencial del pasado viernes en Toulon, hacía un diagnóstico me pareció que bastante certero del origen de la crisis económica que estamos viviendo. Aunque no la citó explícitamente, en sus palabras sobrevolaba la City como parte del problema. Esa convicción parece haber provocado un choque de trenes la noche del jueves en las salas de Bruselas.
La City londinense, en el origen de la espantada del
Reino Unido en Bruselas.
(Fuente: ernestogarcialopez)

La situación económica del Reino Unido no es para nada envidiable. Hace unas semanas, os ofrecía una comparativa de las grandes cifras que ilustran esta realidad. El Gobierno Cameron ha impuesto durísimos ajustes y recortes, y ha provocado una contestación social muy importante, y ya ha tenido que hacer frente a diversas movilizaciones masivas. Yo mismo asistí a una de ellas el pasado mes de Marzo en Piccadilly. Su nivel de Deuda y de déficit es muy importante, y parece ser que también tienen un problema parecido al de España en lo que se refiere al endeudamiento privado. Pero siguen disponiendo de su Libra Esterlina y del Banco de Inglaterra, lo que permite a su Gobierno ciertos movimientos que ya están vedados a los gobiernos de la Eurozona (compra de Deuda, política monetaria).

En resumen, el Reino Unido ha escogido lamerse sus heridas en casa, en lugar de hacerlo rodeado de sus amiguetes en la plaza pública. Lo que habrá que averiguar en los próximos días y semanas es si, además, han dado un portazo. Me pregunto cuánto tiempo tardará algún descerebrado en proponer el boicot a los productos británicos, enviar a los niños a Irlanda a aprender inglés y no considerar más a Londres como una de las grandes capitales turísticas de Europa.

Como una señal del cielo, Escocia está en alerta roja por fuertes lluvias, vientos huracanados y riesgo de inundaciones.

La tormenta mantiene aislado al Continente.

JMBA

jueves, 14 de julio de 2011

La Batalla del Euro

Oí esta mañana un extracto de la entrevista que Juan Ramón Lucas le hizo a Rubalcaba en RNE. Como siempre, a Rubalcaba se le entiende todo. Refiriéndose a la crisis actual del euro, vino a decir que en Europa hemos hecho partes de los deberes, con la introducción del euro. Que ha sido muy positiva, y conviene que los alemanes no se olviden de que el euro les ha beneficiado mucho, también a ellos. Pero nos quedan deberes por hacer (implantar una economía única, simplificando) y nos ha pillado la crisis gigante con tareas pendientes.
(Fuente: libretadeperiodista)

Ya he comentado en diversas ocasiones el desajuste que supone el que solamente la política monetaria (una de las muchas patas que tiene la política económica) se haya delegado por los países del Euro en la Unión Europea. Es actualmente el Banco Central Europeo quien fija los niveles de liquidez, la circulación de efectivo, los tipos de interés, etc. Pero ahí se acaban sus funciones.

Por otra parte, Estados Unidos en general, y los mercados, con fuerte influencia norteamericana, nunca han creído en la viabilidad del Euro como moneda única europea. Lo que provoca que, ante la más mínima muestra de debilidad o vulnerabilidad, se desaten ataques tan colosales contra las deudas soberanas, por ejemplo, de algunos países entre los que se cuenta España.

Durante bastantes años hemos disfrutado todos de las grandes ventajas que tiene la existencia del euro. Ahora nos toca sufrir los inconvenientes de su implantación incompleta. Debería existir un Ministerio de Economía Europeo, que dirigiera y controlara la política económica de todos los países del Euro. Que definiera (como ya hace bastante hoy) la política monetaria. Que fijara la política fiscal, común a todos los países del euro, y que controlara y verificara su implantación. Que definiera las políticas presupuestarias, los techos de gasto, los límites de deuda, los déficit máximos aceptables.

Eso, por supuesto, supondría la renuncia de cada país a una cierta dosis de soberanía. Pero, a menudo, la soberanía es un lujo que ya no podemos permitirnos. Y, además, sin eso, la moneda única no puede funcionar más que cuesta abajo, en los períodos de vacas gordas. Es incapaz de sortear las dificultades, como se está viendo de forma repetida y reiterada en estos tiempos de grandes cataclismos.

Por otra parte, el euro se está viendo crónicamente sobrevalorado, como acartonado en una posición, viendo flotar al resto de divisas a su alrededor, de acuerdo a los avatares económicos de los respectivos países. Este hecho, dificulta, obviamente, la competitividad de las exportaciones de la zona euro hacia el resto del mundo.

Y eso, creo, es debido a que los mercados nunca han conseguido ver en el euro una divisa más, como el dólar, el yen o el franco suizo. Porque detrás del euro no hay un país con su Banco Central (Reserva Federal o como queramos llamarlo), su Ministerio de Economía, su política fiscal y presupuestaria, su déficit, su deuda, y todo lo que queramos considerar. Sino que hay un Banco Central con muchos países detrás, cada uno con lo suyo a cuestas.
(Fuente: cotizalia)

De este hecho, de esta más que aparente fragmentación, nacen las entelequias sobre los países centrales y los países periféricos, y demás zarandajas. Y los mercados, que se lanzan a la herida sólo con ver una gotita de sangre, como los tiburones, lanzan salvajes ataques que hacen temblar los cimientos de todo el montaje.

Está claro, y hay que diseñar un modelo que conviva con ello sin ningún problema, que todos los países del Euro no tenemos el mismo nivel económico, no tenemos la misma renta per cápita. Es aceptable que exista un objetivo político a muy largo plazo para intentar armonizar las economías de los diferentes países, pero no es previsible que se pueda conseguir nunca que la renta per cápita de un griego sea igual que la de un francés, o que la de un español sea igual que la de un alemán. Si nos cuesta entenderlo, pensemos simplemente en España. Tenemos 17 Comunidades Autónomas, y cada una tiene su propio nivel de riqueza, la midamos como la midamos. La estructuración política y económica de España no puede tomar como prerrequisito que el nivel de riqueza de todas las Comunidades Autónomas sea exactamente igual; porque lo siguiente sería que fuera también idéntica entre los diferentes pueblos y ciudades de la misma Comunidad Autónoma, y así hasta intentar conseguir la entelequia de que la renta per cápita de cada español fuera exactamente la media. Sería un sinsentido.

El mismo punto de partida debemos tener para la construcción europea. Sin perjuicio de que la Unión Europea dedique medios y recursos a tirar de los más rezagados hacia arriba, en un esfuerzo solidario, la igualdad o uniformidad NO puede ser el punto de partida. Porque la realidad no es así.

La batalla del Euro no tiene más salida que hacia adelante. Ninguno de los países que estamos dentro de la zona euro podemos abandonarla, no podemos echar a ningún país fuera. La salida hacia adelante está en profundizar lo que ya hemos hecho, para conseguir una política económica común y única. No pensemos que eso signifique que el salario medio de un español vaya a ser igual que el de un alemán, porque eso NO va a suceder, por lo menos en los próximos cien años. Pero, seguramente, con un salario más elevado, el alemán medio tendrá que pagar más impuestos (en euros) que un español medio.

Pensemos que la vida tiene muchas facetas, y la económica sólo es una de ellas. Un ingeniero empleado posiblemente gane más dinero en Dusseldorf que en Madrid o Barcelona. Y seguramente gane algo menos todavía en Sevilla o Mérida. Aunque igual vive mejor junto al Guadalquivir que junto al Rhin.

Ya basta de deudas soberanas de cada país. Es imprescindible la implantación de la Eurodeuda, con la Unión Europea como garantía. Cada Estado deberá negociar sus niveles de préstamo o deuda con el Ministerio de Economía Europeo, pero quien salga al mercado a endeudarse debe ser la Unión Europea. Los trapos sucios tenemos que lavarlos en casa. El que el Estado de California haya llegado a estar al borde de la quiebra, ¿acaso llegó a preocupar a alguien, o desató un ataque de los mercados?. La deuda americana, enorme, por cierto, la gestiona la Reserva Federal. Y se dice que China tiene en sus arcas hasta medio billón (sí, 500.000 millones) de dólares en deuda americana.

Si la situación se complica, el dólar se devaluará respecto al resto de divisas, hasta conseguir un nuevo nivel de equilibrio. Con el euro debería suceder lo mismo. Y para que eso pueda ser así, es imprescindible avanzar con urgencia en el sentido de la asunción de la soberanía económica por parte de la Unión Europea, del BCE o de un Ministerio de Economía Europeo de nuevo cuño. Ahora, claro, la Unión y sus órganos no pueden seguir siendo un nido de funcionarios bien pagados y perezosos, ni el cementerio de políticos en desuso. Los mejores conocimientos, los mejores gestores, los técnicos más capaces, los políticos con más visión, deben tener claro que su summum profesional se tiene que producir en el marco de la Unión Europea, que no debe seguir siendo en ningún caso un refugio para su declive.

Y, además, propongo que, para liberar a Bruselas de tan pesada carga, la sede para el Ministerio de Economía Europeo se fije en Viena, en Burdeos o en Barcelona.
Sede del BCE en Francfort
(Fuente: phantonomics)

Hagamos el esfuerzo de seguir construyendo los Estados Unidos de Europa, que mejor nos irá a todos. Sólo que conviene hacer caso a las sabias palabras del fundador de los jesuitas, Ignacio de Loyola (en tiempos de tribulación, no hacer mudanza). De la que está cayendo tenemos que salir con lo que tenemos hoy. No queda otra alternativa que los rescates milmillonarios, los ajustes y recortes salvajes y la recuperación a sangre y fuego de una cierta estabilidad. Conseguida esta, a trabajar todos duro con el fin de preparar la embarcación para que soporte mejor las tormentas, y también para que sea más marinera en tiempos de bonanza.

En el magnífico documental Inside Job (que espero que todos hayáis visto, de una u otra forma), se cuenta muy clarito la génesis y el desarrollo de la crisis financiera que está en el origen de la debacle económica que estamos viviendo. Las dos lecciones más importantes que saqué de la película es que, por una parte, los que provocaron la crisis persisten en el error y se niegan a reconocer sus equivocaciones. Y, por otra parte, que hubo expertos que sí anticiparon el camino que la situación iba a tomar. Pero fueron silenciados, boicoteados, ninguneados y desacreditados. Se mató, una vez más, al mensajero antes de que abriera la boca.

Aprendamos a escuchar con ganas e interés de entender, y no sacrifiquemos al mensajero sólo porque viene de una tierra de la que no queremos, o no nos interesa, saber nada.

La salida es más Europa, no menos Europa. Con decisión.

JMBA

viernes, 4 de febrero de 2011

El Recorte de las Pensiones

Utilizo el término de Recorte (en lugar del políticamente correcto de Reforma), porque, a final de cuentas, es de eso de lo que estamos hablando. Y no deja de sorprender la atonía, pasividad y falta de resistencia de la opinión pública y de los ciudadanos en general. Quizá sea porque todos hemos acabado aceptando que la alternativa sería peor, o algo así.
Una ilustración esquemática de la pirámide demográfica
(Fuente: finanzzas)

Está claro que este Recorte viene prácticamente obligado por una serie de circunstancias, de todos conocidas. La pirámide demográfica, que amenaza con la jubilación en los próximos años de la generación del baby boom, y la escasez de recaudación, debido a una tasa de inactividad (o paro) exageradamente elevada, son los detonantes inmediatos de tener que abordar esta reforma ahora. Las últimas cifras sobre el 2010 publicadas por el Secretario de Estado para la Seguridad Social (en las que un mínimo superávit procede de los intereses del Fondo de Reserva) auguran grandes batacazos para los próximos años, si no se cambian las condiciones de contorno. Es decir, si no se recortan los derechos de los ciudadanos a percibir pensiones públicas tras su jubilación.

Los Sindicatos (que a menudo parecen formar parte del aparato del Estado) se han sentado con el Gobierno y han acordado una serie de modificaciones (léase recortes) sobre el sistema de pensiones contributivas. Básicamente se retrasa la edad de jubilación desde los 65 hasta los 67 años, y además se exigen 37 años de cotización para alcanzar la pensión máxima. Es decir, globalmente, ambas variables se aumentan en dos años.

Hay una serie de modificativos y considerandos, que conviene tener en cuenta. El paso a la jubilación a los 67 años será gradual. Entre 2013 y 2018 irá aumentando a raíz de un mes por año, mientras que entre 2019 y 2027 aumentará dos meses por año. En otras palabras, los nacidos hasta 1947 podrán jubilarse a los 65 años. Los nacidos a partir de 1960 no se podrán jubilar hasta los 67 años. Y para todos los que hemos nacido entre esos dos años nos tocará una cifra intermedia.
El ingenio no ha parado de fluir
al hilo de este sangrante tema
(Fuente: IU)

Cualquiera podrá seguir jubilándose a los 65 años, siempre que acredite 38,5 años de cotización (que más parece una condena penitenciaria). Y hay algunas consideraciones especiales para la etapa profesional de becario, donde habrá una fórmula para que conste como período de cotización (hasta un máximo de dos años, pero no tengo claro quién lo paga) así como para las mujeres que hayan interrumpido su vida laboral para cuidar a sus hijos recién nacidos, para quienes también contará como cotizado un período máximo de dos años.

Pero vayamos a la realidad del país y de los ciudadanos. Yo he trabajado casi treinta años en una multinacional, y sólo recuerdo a una persona que se jubilara a los 65 años (y, casualmente, era el Director de Recursos Humanos). La gran mayoría fueron invitados a retirarse con antelación, bajo distintas modalidades de incentivo. Por ejemplo, cobrar durante dos años el subsidio de desempleo, y percibir una indemnización que compensara por los años que le faltaran a cada cual para llegar a la edad legal de jubilación. O la simple indemnización legal por despido improcedente.

En general, parece evidente (aunque deberíamos hacérnoslo mirar) que las empresas no quieren mantener en plantilla a profesionales mucho más allá de los cincuenta y no muchos años. Pasados los cincuenta, las probabilidades de ser expulsados del mercado laboral son muy elevadas. Hasta la edad de jubilación, cada cual se busca la vida, trabajando en chapucillas como autónomo, realizando algún tipo de consultoría (muchas veces incluso para la empresa que le expulsó), o cualquier otra cosa que complemente los ingresos hasta un nivel que pueda resultar suficiente. Y estableciendo un convenio especial con la Seguridad Social, para pagársela de su bolsillo durante unos años, a fin de no sufrir merma en el importe de la pensión a la que acaben teniendo derecho.

Por otra parte, los jóvenes que realizan algún tipo de estudios universitarios, se encuentran muchas veces que a los treinta años todavía están inmersos en esquemas de temporalidad, con sueldos escasamente mileuristas y sin ninguna perspectiva de fidelización a la empresa, mediante contratos fijos y/o planes de carrera.
Ciudadano español, en plena degustación.
(Fuente: padylla)

En estas condiciones, conseguir treinta años de cotización ya parece una misión complicada, cuanto más llegar hasta los 37. Para un titulado de 30 años que consiga estabilizarse en un empleo más o menos fijo (o al menos, indefinido), con sueldo razonable y cotización completa a la Seguridad Social, su única esperanza (más bien vana) es mantenerse en actividad laboral prácticamente sin interrupciones hasta los 67 años, con lo que atesoraría los 37 años de cotización que le garantizarían la pensión máxima. Recordemos que alguna interrupción, siempre que esté cubierta por el subsidio de desempleo, consta a todos los efectos como período cotizado. Pero si en algún momento es despedido y se le agota el subsidio, el espejismo de los 37 años de cotización se desvanece como la niebla.

Todo ello, en la práctica, significa que se persigue que cada vez menos trabajadores lleguen a la edad de jubilación con derecho al 100% de la prestación que le corresponda, de acuerdo a su base de cotización. A ello hay que añadir que para los profesionales de cierto nivel, que en su vida laboral normal pueden alcanzar retribuciones superiores al máximo reconocido por el Sistema de la Seguridad Social (que en 2011 creo que son 3.230 Euros al mes), incluso la pensión máxima representará solamente una parte de la retribución salarial que puedan percibir antes de su jubilación (puede que incluso en torno a solamente el 50%).

En fin, toda la maquinaria se ha dispuesto para reducir (hasta 2029; luego el flujo de ingresos al sistema de pensiones volverá a ser directamente la pirámide demográfica) el número de personas que alcancen la edad legal para jubilarse con derecho a pensión, por una parte, y por la otra que la alcancen sin derecho a percibir el 100% de la pensión que les corresponda.
Rubalcaba y Valeriano Gómez (Ministro de Trabajo), el
pasado viernes presentando la Reforma.
(Fuente: ultimahora)

Con claridad, y para hablar de modo que se entienda, se trata de una Reforma que supone un Recorte de las pensiones que el Estado debe pagar a los ciudadanos. Es el peaje que debemos pagar por mantener un sistema público de pensiones por el método del reparto. Y, lógicamente, es una puñalada al llamado Estado del Bienestar.

Aunque no conozco todos los detalles (si algún lector me puede ilustrar, se lo agradecería), Suecia, que pasa por ser uno de los líderes en esto del Estado del Bienestar, inició la reforma de su sistema de pensiones ya en 1993, para introducir un sistema mixto de reparto y capitalización. Hay que reconocer que los nórdicos son pocos pero listos, y saben anticipar la jugada.

Ahora lo que nos queda es confiar que, cuando salgamos de la crisis y la economía vuelva a crecer, el Estado sepa ser generoso en cuanto a la redistribución de esa riqueza, y revise al alza los importes acordados para las pensiones. Claro que, con el crecimiento, es fácil que vuelvan unas tasas de inflación más elevadas que las que hemos tenido en los últimos años, que se pueden acabar comiendo esas subidas.

Me maravilla, con todo esto, ver lo extremadamente responsables que somos los ciudadanos españoles, que hemos aceptado estos recortes sin casi ni enarcar una ceja. Los franceses, ante iniciativas parecidas, tuvieron hasta siete huelgas generales contra Sarkozy, con una movilización espectacular de la ciudadanía. Claro que, al final, han acabado tragando los recortes como unos campeones. Porque en la base del tema solamente hay sumas y restas, así de simple. Y esto es lo que hay.

De momento, Zapatero y su Gobierno se han apuntado un tanto al alcanzar un acuerdo sobre este asunto con los sindicatos. Angela Merkel pasó este jueves por Madrid bendiciendo a su alumno aplicado, y se han hecho fotos para todos los gustos, a utilizar en la próxima campaña electoral. El PP, en su ensoñación perpetua, ya se estará preguntando si lo de decir sistemáticamente que NO les rinde algo positivo. Porque en esta foto, desde luego, no están. Y si fueran ellos los que ocuparan el Gobierno en estos días, se habrían aplicado tanto o más que los socialistas en aplicar los (mismos) recortes necesarios. Sólo que, en su caso, posiblemente tuvieran a los sindicatos en contra.
Angela Merkel, canciller de Alemania, con Zapatero,
en su visita-examen de este jueves a Madrid.
(REUTERS; Fuente: Faro de Vigo)

De verdad, a Rajoy no le entiendo. Sospecho que siguen tan convencidos de que el Gobierno nacido después del 11-M es un usurpador, y que las elecciones del 2012 les darán una gran ventaja, que parecen estar solamente viendo pasar el tiempo, holgando en su rincón. Deberían tener presente que el votante recuerda a los que han trabajado y a los que no han dado un palo al agua. El poder no volverá a sus manos simplemente por el principio imperturbable del movimiento pendular de la historia. Tienen que ganárselo, compañeros. Que Zapatero, con todas estas reformas al gusto de la Unión Europea ha ganado muchos enteros, y veremos lo que dicen las próximas encuestas. Hoy ya se perfila como el candidato del PSOE para 2012, algo que parecía impensable solamente hace unas cuantas semanas.

Y, mientras, los votantes más radicales de la izquierda andan blasfemando por los pasillos (y por los comentarios a las noticias sobre el recorte de pensiones) quejándose de que el Gobierno del PSOE está haciendo cosas que no estaban en su programa electoral del 2008. También les convendría abandonar su ensoñación y poner, de nuevo, los pies en la tierra. No creo que nadie le pidiera a un Gobierno que dimita por dedicar fondos especiales a reparar los daños de un terremoto, sólo porque "un terremoto no estaba en su programa electoral".

Y la que está cayendo en lo económico es parecido a un terremoto que socava los cimientos (frágiles, por lo que se ve) de un Estado del Bienestar del que todos estábamos orgullosos. La socialdemocracia ha muerto.

Menos mal que siempre nos quedará el jamón y el vino, aunque el jamón sea de recebo y el vino sea joven, que no están los tiempos para dispendios...

JMBA

viernes, 17 de septiembre de 2010

Sarkozy y la Unión Europea

Los últimos días de Julio y los primeros de Agosto los pasé viajando en coche por Francia, siguiendo diversas zonas vinícolas, y haciendo un poco de turismo. Habitualmente, procuro sintonizar en la radio France Info, para practicar un poco mi francés convenientemente, y hacerme con el argot del momento.
Barroso y Sarkozy, en la reunión informal de Jefes de
Gobierno en Bruselas, 16 de Septiembre de 2010
(Fuente: abc.es)

Aparte de enfatizar esos días la buena actuación de los atletas franceses en Barcelona, y el debate en el Parlament de Catalunya para la ilegalización de los Toros, la noticia principal era la intención del gobierno de Sarkozy de erradicar los asentamientos ilegales de gens du voyage (¡qué eufemismo!) y de los Roms (gitanos, al final, básicamente rumanos pero también búlgaros). Las reacciones que se oían eran de todo signo: desde algunos alcaldes que respiraban aliviados de ver que el Gobierno les iba a hacer el trabajo sucio que muchos de sus ciudadanos les pedían, hasta los políticamente correctos que se oponían frontalmente a una medida de tal cariz.

Parece que el 5 de Agosto el Gobierno francés distribuyó una circular, firmada por el Jefe de Gabinete del Ministerio del Interior, que se puede considerar como claramente racista, al hablar de expulsión de Francia de colectivos por motivo de su raza.

Esta circular fue retirada, y el procedimiento que se ha venido utilizando después de eso es la deportación individual (y dicen que voluntaria) a sus países de origen, con una pequeña indemnización (se habla de 300 Euros para los mayores; de 100 Euros para los menores). Teóricamente, en base a la situación de residencia ilegal en Francia, y eventualmente, de la reincidencia en actos criminales de diverso tipo, entre los que se contempla la mendicidad agresiva. Desde un punto de vista formal, no se deporta a nadie por ser gitano o lo que sea, sino por sus circunstancias personales de ilegalidad y demás.
Asentamiento ilegal cercano a Madrid
(Fuente: madrimasd.org)

En ese momento, se llegó incluso a hablar de retirar la nacionalidad francesa a los extranjeros de origen que incurrieran en determinado tipo de comportamiento criminal (asesinato de algún miembro de las Fuerzas del Orden y otras lindezas). Claramente esta aproximación desapareció, por ser directamente ilegal.

Sarkozy no me cae especialmente bien. Cuando las elecciones presidenciales en Francia, incluso vi alguno de los debates con Segolène Royal, de quien yo era claramente partidario. Pero al Partido socialista en Francia todavía le queda una parte de la travesía del desierto que acometer, y no pudo ser. Sarkozy inició su mandato con un muy bien nivel de popularidad, pero eso ha cambiado bastante desde entonces, debido, entre otras cosas, a la extrema arrogancia que le caracteriza, y que le gana enemigos todos los días.

Sarkozy ha pasado por una etapa muy complicada, de popularidad decreciente, sumergido en diversos escándalos como el affaire Bettencourt (serias sospechas de financiación irregular y corrupción) y otros. Despertar la xenofobia o incluso el racismo (que está latente, no lo olvidemos, en el seno de todas las sociedades occidentales) le permite remontar la popularidad (y así ha sido), a la vez que araña votos a la extrema derecha de Le Pen.

A pesar de que la dosis de testosterona con que se empezó a implantar esta iniciativa me parece muy exagerada, y más enfocada a las vísceras del ciudadano que a su cabeza, no soy totalmente contrario a una iniciativa de este tipo.

Es cierto que en la Unión Europea se ha consagrado el principio de la libertad de movimientos de los ciudadanos. Pero no es menos cierto que la base de cualquier sociedad civilizada es el Imperio de la Ley. Si viajamos a cualquier país, estamos obligados a respetar sus normas. Si conducimos a mayor velocidad de la permitida, nos ganaremos una sanción. E igual si violamos cualquier otra ley o norma de ese país. Las gens du voyage no merecen ni mejor ni peor trato que cualquier otro ciudadano, al que se le impone el Imperio de la Ley.

No se deberían permitir los asentamientos ilegales de ningún tipo por muchos motivos. Desde la amenaza que suponen a la salud pública (ver, por ejemplo, un informe medioambiental de un asentamiento en madrimasd.org), hasta el entorno de alegalidad en que se mueven sus habitantes. Todos los ciudadanos estamos obligados a respetar la Ley, y esto no debe tener excepciones de ningún tipo.

La sociedad multicultural es un bonito ideal progresista, pero es irrealizable en la práctica. La obligación primera de cualquier sociedad es la de sobrevivir, y para ello es imprescindible que todos sus integrantes cumplan un conjunto básico de reglas, normas y leyes que garanticen la convivencia. Es decir, es necesario un cierto nivel de integración para no estar generando una bomba de relojería que puede estallar en cualquier momento, y no se sabe muy bien en qué dirección.

Todos los países nos tenemos que tragar los criminales que generamos, y lidiar con ellos a base de sistema policial, judicial y penitenciario, o lo que sea. Pero las ilegalidades cometidas por ciudadanos de otros países en el nuestro va contra el espíritu de la libertad de movimientos, que inspira la Unión Europea. La expatriación a sus países de origen puede ser una salida a esa situación estancada.

Ahora bien, hay que estar vigilantes sobre los procedimientos utilizados para ello. Los sujetos de derecho son las personas, y nunca los colectivos. Por lo tanto, expedientes judiciales contra personas sí pueden determinar que sean calificados de persona non grata, y por ello deportados a sus países de origen.

Nada, repito, NADA, puede eximir del cumplimiento de la Ley. Y todavía menos se debería permitir que la aplicación de la ley sea más permisiva con los ciudadanos menos cumplidores que con los ciudadanos probos que cometen en algún momento un ligero desliz. Porque eso acaba generando una sensación de todo vale, y el sentimiento de desprotección que acaba asolando a la mayoría de los ciudadanos cumplidores de la ley.

Dicho esto, vayamos a la sesión de ayer de Jefes de gobierno de la UE en Bruselas. A mi, particularmente, me satisface ver que se ha practicado realpolitik de verdad. Los políticos, por fin, se han despojado del papel de fumar y de los guantes de cirujano, para hablar con claridad de los problemas reales. Que es la única forma, por otra parte, de conseguir resolverlos. Mantenerse permanentemente en la corrección política lleva a la inacción, y a la postre a la inanición. Sólo hablando claro se pueden afrontar los problemas con ánimo de ponerles una solución razonable.

Está en marcha un expediente de la UE contra Francia. Habrá que analizar si la manera de actuar del Estado Francés ha sido legal o no, y sancionarle si se han extralimitado. Pero creo que no nos lleva a ninguna parte (buena) negar la mayor. Existe un problema con este tema, que anida en los sentimientos de la mayoría de los ciudadanos, aunque a menudo no se exprese con claridad por miedo a parecer racista o xenófobo. Sólo poniendo los problemas encima de la mesa, despojados de la corrección política, se puede encontrar una solución.

Ayer, en Bruselas, la Comisión se quedó sola en la defensa de la Comisaria Viviane Reding, que cometió excesos verbales. No es justo comparar estas deportaciones individuales con las expatriaciones masivas del colectivo judío que cometió la Francia de Vichy, condenándoles a los campos de exterminio. Sarkozy le ha aplicado a todo el proceso un exceso de testosterona, eso es verdad. Por eso hay que supervisar el procedimiento, para evitar abusos.
Zapatero defendió a Sarkozy
(Fuente: Europa Press)

Se le recrimina este viernes a Zapatero su apoyo a Sarkozy (al igual que los de los otros 25 jefes de gobierno). Se dice que el Zapatero de hoy es un avatar del Zapatero que ganó las elecciones, porque ha abdicado de muchos de los principios que animaban su discurso. Yo creo que para eso existe el timón, para esquivar el iceberg, si es el caso. Si son necesarios (y muy probablemente lo son), prefiero esos quiebros que estrellarse a piñón fijo contra el muro, eso sí, con los principios intactos. Además, tengamos en cuenta que Sarkozy es un amigo, que colabora entusiásticamente con la lucha antiterrorista del Estado español, por ejemplo. Y, por otra parte, la comisaria Viviane Reding ya había cometido otros excesos verbales, esta vez menospreciando la Presidencia Española de la UE. Y Zapatero le tenía ganas, y se explayó.

Todos tenemos en la cabeza los versos tantas veces erróneamente atribuidos a Bertold Brecht (que en realidad formaban parte de un sermón del pastor luterano alemán Martin Niemöller, en 1946):

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.



Sólo la defensa a ultranza del Imperio de la Ley nos puede salvar de caer, por uno u otro lado, en el salvajismo. Debemos estar vigilantes para que se imponga la Ley, nada más que la Ley, pero sólo la Ley.
 
Si vienen a llevarse a los que violan la ley,
no protestaré
porque me parece lo correcto.
 
Punto final.
 
JMBA