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martes, 10 de enero de 2012

Bajada del Pino en Centelles (Barcelona)

Centelles es un pueblo (pop. 7.360) de la provincia de Barcelona, en la comarca de Osona, en la Catalunya Interior, a poco más de 50km de la Ciudad Condal. La capital de la comarca es Vic (pop. 40.900), que saltó a la primera plana de los periódicos cuando, en 1972, cayeron allí más de 1.200 Millones de las antiguas pesetas en el Premio Gordo de la Lotería de Navidad. Los años siguientes vieron algunos otros premios de menor entidad, hasta que en 2005, el Sorteo Extraordinario de Navidad regó la ciudad (y sus alrededores) con hasta 510M€.

Al fondo, el Portal Nou de Centelles (hoy, salón de plenos del
Ayuntamiento), frente al escenario de las montañas que rodean al pueblo.
(JMBigas, Enero 2012)



La Plaça Major (la plaza central del pueblo), junto a la Iglesia Parroquial.
Destaca la escultura de la banda de músicos y los domingos se
celebra aquí el mercado, que desborda hacia las calles adyacentes.
(JMBigas, Enero 2012)

Con motivo de ese pelotazo del 2005, recuerdo las tradicionales entrevistas a la puerta de la administración ganadora, donde un local respondió a la nerviosa periodista, nosotros es que no somos de celebrarlo. Todo un recital sobre cómo es la gente de esta comarca. Una idiosincrasia que quedó magistralmente retratada en la novela Laura a la ciutat dels sants (1931), escrita por Miquel Llor i Forcada (1894-1966). En ella Laura, una guapa joven de Barcelona, se casa con el heredero de una masía de Comarquinal (el Vic literario de Llor, cuya madre había nacido en esa ciudad). Trasladada a vivir allí, Laura no consigue hacerse con un espacio propio y, bajo la creciente presión del entorno familiar y social de su marido, no tiene más remedio que terminar huyendo, de vuelta a la capital. 

Tengo relaciones familiares con Centelles. Allí vive una prima hermana mía, y mi cuñado nació allí. En los años 70 estuvimos veraneando con mi familia en el pueblo, durante varias temporadas. Toda la zona que constituye la llamada Plana de Vic es una meseta situada a unos 500 metros sobre el nivel del mar, y el entorno es muy reputado por su clima sano.

La Fiesta Mayor de Invierno empieza en Centelles ya en el día de San Esteban, el día después de la Navidad, cuando algunos vecinos (los galejadors) van al bosque para escoger el pino que será ofrendado ese año.
El Pino, colgando boca abajo sobre el altar mayor.
(JMBigas, Enero 2012)
Dibujos alusivos al 300 aniversarios de la Iglesia Parroquial de
Santa Coloma de Centelles
(JMBigas, Enero 2012)
Aunque nunca lo he visto en persona, el 30 de Diciembre (día de Santa Coloma) de cada año empieza la Festa del Pi (Fiesta del Pino). Se organiza una excursión matinal al bosque, para traer el pino elegido al pueblo (en una carreta tirada habitualmente por dos bueyes) y hasta la explanada frente a la Iglesia Parroquial de Santa Coloma. Como no podía ser de otra forma, la excursión incluye un desayuno a base de pan de payés y butifarras asadas entre las brasas de una hoguera, envueltas en papel empapado en vino. Y que no falten los porrones o botas de vino, por supuesto.

Toda la procesión del pino desde el bosque hasta la iglesia va organizada por los llamados galejadors, que amenizan la marcha con miles de trabucazos, que llegan a resultar ensordecedores.

Frente a la iglesia, se realiza un baile ritual, en que hasta el pino parece bailar. Luego se le introduce en la iglesia, y se cuelga encima del altar, presidiendo la nave principal de esta iglesia barroca, con el tronco hacia arriba y la copa hacia abajo. Se añaden algunas guarniciones al árbol (neules o barquillos y cinco cestas con manzanas), que colgarán del pino mientras esté en lo alto. Todo ello seguirá así hasta el Día de Reyes, la Epifanía.

Se ignoran los orígenes de esta fiesta, aunque sin duda son ancestrales y de origen pagano, y muy probablemente ligados al solsticio de invierno, al renacimiento del día y a la fecundidad de la tierra. Como es habitual, las tradiciones son la respuesta a preguntas que ya hemos olvidado.


Terminada la misa de doce, empieza la ceremonia de bajar el pino.
(JMBigas, Enero 2012)

Este año tuve el placer de poder estar en Centelles la mañana del Día de Reyes, para asistir al final de la Festa del Pi. Antes de mediodía, multitud de vecinos se congregan en la Iglesia Parroquial, para asistir a la misa de doce. Muy probablemente, ningún otro festivo del año debe haber tal afluencia. Este año se celebra el 300 aniversario de la Iglesia Parroquial, por lo que los laterales de la nave principal estaban recubiertos con los dibujos alusivos al hecho, realizados por los niños y vecinos del pueblo. 

Durante la misa, tuvo especial protagonismo la agrupación coral Veus de Tardor (Voces de Otoño), promovida por la Associació de Gent Gran de Centelles (Asociación de Mayores), que suple su limitada profesionalidad con un gran entusiasmo, bajo la dirección de Marta Mateu (mi sobrina, por cierto; espero que no os importe este toque de promoción familiar).


Cuando el árbol alcanza el suelo, la multitud lo despoja de todas
sus ramas, que serán amuletos de buena suerte.
(JMBigas, Enero 2012)

Terminada la misa, se retiraron los bancos para dejar paso al pino en su salida de la iglesia. Se fueron  soltando las diversas cuerdas que sostenían al árbol en su posición invertida. Mediante escaleras le fueron descargando de las diversas guarniciones, y las manzanas y demás se repartieron entre los galejadors (y los muy próximos). Lentamente, el pino se fue descolgando, hasta que llegó al suelo. En este momento, todos los vecinos se acercaron al árbol para intentar quebrar y conseguir llevarse una ramita a casa, que será un amuleto de buena suerte para todo el año. En pocos minutos, bajo esa auténtica marabunta, el árbol quedó prácticamente reducido al tronco y a sus ramas principales, desnudo de su pasado esplendor.


Finalizada la ceremonia, creo que los restos del pino se convierten en leña, o se devuelven al bosque para quemar en un fuego ritual.

Con este acto terminó la ofrenda del pino a Santa Coloma.

JMBA 

martes, 27 de septiembre de 2011

Fiestas de San Mateo en Peralejos de las Truchas

Hace un año, ya os conté mi visita a Peralejos de las Truchas, con ocasión de las Fiestas de San Mateo. Este año he repetido la experiencia, con gran placer.
Una de las vaquillas, suelta junto al pilón de
la Plaza de la Fuente.
(JMBigas, Septiembre 2011)

El viernes por la tarde nos fuimos para allá, desde Madrid. Por el camino (entre Molina de Aragón y Peralejos) nos sorprendió un chaparrón breve, pero muy intenso. En el pueblo, llovió lo indecible durante diez o quince minutos, en torno a las nueve de la noche. Los músicos, que ya lo tenían todo preparado para el concierto de la noche en la plaza, sufrieron desperfectos en algún material, y tuvieron que ir a Guadalajara para traerse recambios. Al final, el concierto acabó empezando a las dos de la mañana, y se prolongó toda la noche.

El alojamiento, por supuesto, en la Pensión Casa Pura, que es casi como estar en casa, por el trato familiar que te otorgan. Dos de mis amigos (aficionados a la música) se trajeron un acordeón y una guitarra, y se empeñaron en que ensayásemos el coro de los esclavos del Nabucco de Verdi (Va pensiero). El resultado fue tan lamentable, que optaron por cancelar el resto de ensayos previstos. Si es que los que no controlamos el tema podemos romperlo todo.

El sábado por la mañana tocó suelta de vaquillas por las calles y plazas del centro del pueblo. Este año (la crisis obliga), sólo había dos vaquillas y no tres como el año anterior. Pero la celebración se retrasó prácticamente una hora (estaba prevista para las once y media de la mañana) debido a que alguien se había dejado un coche aparcado junto al pilón de la Plaza de la Fuente, en pleno recorrido de las vaquillas, y hubo que retirarlo (a brazo, que el dueño no aparecía).
Paseíllo de los diestros y sus cuadrillas.
(JMBigas, Septiembre 2011)

Este año renuncié a ni siquiera intentar deslizarme entre los barrotes de las rejas que bloquean la plaza, y me refugié (junto a mucha más gente) en el recinto protegido de la iglesia, a salvo de las arremetidas de las vaquillas. Allí había una multitud de niños, mujeres, hombres mayores y urbanitas reticentes (como yo mismo).

No hubo incidentes mayores, y las vaquillas se acabaron recogiendo, a punto para sucesivos festejos en otros lugares.

Por la tarde del sábado, a las cinco y media, estaba prevista la gran novillada, con dos diestros y cuatro novillos, más la suelta final de una vaquilla en la plaza, para regocijo de muchos y revolcones de alguno. Tras las lluvias del viernes por la noche, el sábado (y también el domingo) fueron días soleados, calurosos a mediodía, y fresquitos por la mañana y por la noche. Junto a la entrada a la plaza, unas chicas, muy guapas por cierto, nos ofrecieron unos sombreros rojos de paja, para protegerse del Sol. Por cinco euros se los compramos y recibimos como premio, un beso en la mejilla de los que dejan huella. La pena es que en la cinta que llevaba el sombrero, al nombre del pueblo se le había caído la "s" final y quedó en Peralejo de las Truchas. Y también el sombrero acabó destiñendo su color rojo en la frente. Estimo que, en origen, su coste debió ser de unos diez céntimos, pidiendo una cierta cantidad.


Azuzado por la cuadrilla, el público se empeñó en premiar a uno de los diestros con dos orejas y el rabo en el último novillo, claramente superior a los otros tres, que flojeaban escandalosamente de remos. Los dos diestros salieron de la plaza a hombros.

El año pasado hicimos una excursión para coger setas. Pero este año las condiciones meteorológicas, hasta ahora, no han sido nada favorables, y apenas se encuentran. Además, el municipio ha descubierto que las setas son bienes económicos, y han decretado todo el municipio como acotado de hongos.

Por lo tanto, el domingo por la mañana abordamos una excursión mixta de paseo, caminata y sesión de pesca de la trucha. Fuimos a las cercanías del río Cabrillas, donde dos del grupo se quedaron para una sesión de pesca, otros tres anduvieron por el monte, y yo me quedé junto al río, paseando por sus riberas y realizando una sesión fotográfica.

Tras comer en la Fonda Pura, emprendimos de nuevo viaje hacia Madrid. Hicimos una parada en Molina de Aragón, para echarle un vistazo al Museo, donde por estas fechas tienen una exposición temporal deliciosa, donde se exhiben unos cuantos de los barcos en miniatura que construyó en su vida D. Salvador Romero, con plancha de cobre. Desgraciadamente, el artista local falleció en 2010 a la avanzada edad de 96 años.

Para las nueve y media de la noche, llegamos a Madrid sin incidencias.

Tenéis acceso a una galería de 30 fotografías de los diversos acontecimientos del fin de semana, pinchando en la foto de la vaquilla en la plaza.

Fiestas en Peralejos de las Truchas (Septiembre 2011)


JMBA

jueves, 16 de diciembre de 2010

Y llega la Navidad

Este año, la Navidad llega protegida por un Estado de Alarma que parece garantizar la movilidad de todos los ciudadanos en estas fechas en que la gente viaja por toda clase de motivos: familiares, de compras, para ir a pasar frío de verdad en algún otro lugar, para esquiar, para esquivar el frío en el Caribe o incluso para ir a pasar la Nochevieja con desconocidos en cualquier parte de la geografía, con la extraña idea de conocer a alguien especial.
(Fuente: El Geeky)

Las celebraciones de este período responden al arcano universal del solsticio de invierno, es decir, del día más corto y la noche más larga. Igual que en el solsticio de verano (en torno a San Juan), todas las civilizaciones y religiones tienen celebraciones de bienvenida al verano, de purificación (las hogueras), o de renovación.

Los primeros síntomas de que va llegando la Navidad aparecen ya en Noviembre, con las primeras luces callejeras, las promociones y publicidades de los Centros Comerciales, la avalancha de correos electrónicos de vendedores de todo tipo que sugieren adelantar las compras, para evitar problemas de última hora.

Pero se sabe que ya está cerca cuando de un día para otro, las temperaturas bajan diez grados, y se nos congelan hasta las cejas. El martes, en Madrid, a las diez de la noche, teníamos siete grados positivos. Ayer, a la misma hora, ya estábamos a un grado bajo cero. ¿Por qué?. No entiendo bien qué sentido tienen esas variaciones, especialmente porque tanto ayer como hoy está haciendo días soleados de cielo azul, pero con un frío pelón. Miras por la ventana, y saldrías a la calle en manga corta, pero durarías un par de minutos antes de congelarte vivo.

La campaña de Navidad ya está en su máximo calor cuando nos asaltan por todas partes con los décimos de Navidad. Todos los amigos quisieran intercambiar Lotería de Navidad, la de su trabajo, o la de la escuela de los niños, o la de su parroquia, o un décimo que compraron en las Quimbambas, cuando estuvimos en una casa rural en Septiembre. Siempre hacemos votos de que este año no compraré más de X Euros, pero nos desborda la demanda, y no tenemos más remedio que seguir ese flujo. No fuera a ser, por cierto, que el número que nunca tocó de la empresa donde trabajamos muchos años, fuera a tocar este año, estaría bonito.

Nos toca vivir esas colas monstruosas que se montan en los sitios que pasan por ser los elegidos por la suerte. La Bruixa d'Or, en Sort (por cierto, suerte en catalán), o en las Administraciones de Lotería junto a la Puerta del Sol de Madrid, Doña Manolita entre otras. El sábado pasado había varias colas kilométricas por esa zona. Y los vendedores ambulantes de décimos que, por una comisión, ahorran las colas al personal, pero no es lo mismo. Este es un fenómeno social que ignora las normas estadísticas más básicas. Lógicamente, es más probable que toque el Gordo en una Administración que haya vendido muchos números. Pero, en ese caso, la probabilidad de que toque en el número que compramos allí es pequeña. La única realidad incontrovertible es que hay 85.000 números, y a uno le tocará el Gordo. El resto, es lírica, sentimientos y sensaciones.

 Viene la época de las cenas de Navidad: de los compañeros de trabajo (eso, quien lo tenga), de los ex-compañeros de algún ex-trabajo, de los antiguos alumnos de alguna institución, de los de la promoción de algo, o los campistas del 92, o lo que sea. Los Restaurantes hacen su Agosto, porque con grupos numerosos, todos los gatos son pardos. Las facturas se dividen por el número de comensales, y todos tienen la sensación de que están pagando un sobreprecio, pero no pueden discutirlo. Se paga a regañadientes y, si acaso, se riñe al organizador. A menudo se suma alguno a última hora, con lo que se comprimen los platos y los cubiertos, y hay que ponerse de acuerdo con el vecino para cortar la carne o el pescado por turnos.

En esas cenas vemos a gente que raramente vemos en otras ocasiones, y con la que nos une, habitualmente, poco más que el motivo de la cena. Siempre pensamos que los demás han envejecido mal, o que han engordado, o que tienen mala cara. Hasta que el reportero de turno (siempre hay uno; a mi me toca con frecuencia ese papel, que hago con gusto, dicho sea de paso) cuelga por ahí las fotos y comprobamos que todos hemos envejecido malamente.

Hay que comprar alguna cosa excepcional para los diversos ágapes de las fiestas. Ese vino carísimo que nunca habíamos probado, y que luego siempre hay algún cuñado que se lo bebe como si fuera agua. O ese champán que compramos cuando estuvimos en Francia, y que hemos cuidado como oro en paño, hasta que se vierte en el mantel porque otro cuñado ha actuado de maestro abridor sin título.

Por algún motivo, en las comilonas masivas, los cuñados son los que tienen peor fama. Siempre hay alguno que bebe de más, y empiezan a surgir a la superficie las viejas rencillas que se prometió olvidar por este día, para evitar molestar al abuelo. Y algún niño acabará mareado, porque probó el cava o pegó una calada del puro del tío.

Me aterra cuando oigo gente que se enorgullece de ágapes navideños con docenas de familiares. Es imposible no acabar peleados, diciendo nunca más (hasta el año que viene). Afortunadamente, en mi familia nunca nos ha dado por celebraciones tumultuosas, sólo los hermanos y sobrinos, y mi padre hasta que falleció.

Por Nochevieja sale por ahí todo el mundo que nunca sale. Por eso los que podemos salir el día que nos apetezca, por Nochevieja nos preocupamos muy mucho de tener una celebración en algún lugar controlado, sin tener que pisar las calles, a ser posible. Y si no hay otra cosa, un buen champán para ver la retransmisión de las uvas en casita, un poquito de foie, a dormirla pronto, y a disfrutar de la mañana del año en que hay menos gente por las calles, el día de Año Nuevo.

Por Reyes hay que pensar en los regalos (otros lo hacen en Navidad). Hay que pensar en un presupuesto razonable, preparar una carta a los Reyes Magos, en que describimos lo que nos gustaría que nos regalasen. Y los demás hacen lo mismo. Luego nos acaban regalando lo que les apetece (o lo que pueden pagar), y nosotros hacemos lo mismo. Pero siempre es bonito que te regalen alguna cosa, incluso esa cosa que jamás nos hubiéramos comprado.

Y luego ya es el día después, ese período inconcreto que empieza el siete de Enero, llamado genéricamente después de Fiestas. Queda por cruzar todavía por lo peor del invierno, pero los días ya se empiezan a alargar y se nota. Algún día de Febrero es posible que sugiera ya la primavera (pero al siguiente puede nevar). A finales de Marzo tendremos el equinoccio de primavera, y empezará la época en que más apetece viajar. Recuerdo hace años que un cliente de Sevilla (en Febrero) nos dijo que eso lo vamos a lanzar después de Semana Santa, pasado Feria. Claro que luego vino la caló, y lo lanzaron ya en Noviembre. Se les echó el tiempo encima.
(Fuente: gatosperiquitos)

Pasará la primavera y empezará el calor (del que nos quejaremos religiosamente, como todos los años), y luego otra vez el frío, y de nuevo la Navidad. Y todo ello en un círculo virtuoso, que hace que consumamos los años a una velocidad de vértigo.

Claro que este año, pasado Fiestas, tendremos el aliciente de ver qué pasa cuando levanten el Estado de Alarma y cómo se empieza a mover el nuevo Govern en Catalunya, con Artur Mas al frente. Hoy mismo se ha constituido el nuevo Parlament (con lo de los controladores, estas dos semanas desde las elecciones nos hemos olvidado del tema).

En fin, Feliz Navidad a todos, y os deseo un Próspero Año Nuevo 2.011 (parece ayer de lo del Milenio, y ya han pasado once años). Creo que el mejor deseo que puedo postular es que todos consigáis lo que os propongáis.

No os engañéis con los deseos. Que pueden hacerse realidad.

JMBA 

martes, 28 de septiembre de 2010

Peralejos de las Truchas en Fiestas

Este fin de semana he tenido ocasión de viajar al pueblo de Peralejos de las Truchas, que celebraba las Fiestas en honor de San Mateo.
El pueblo de Peralejos de las Truchas
(JMBigas, Septiembre 2010)

Peralejos  (pop. 166; provincia de Guadalajara, en el Parque Natural del Alto Tajo; 1187 metros de altitud) está situado a unos 230Km de Madrid (por Alcolea del Pinar y Molina de Aragón). Hay que contar un mínimo de dos horas y media para el trayecto en coche. Tradicionalmente, siempre ha resultado atractivo especialmente para cazadores y pescadores. Para los pescadores, tres ríos discurren por los alrededores del pueblo: el Tajo, el Cabrillas y la Hoz Seca, donde se pueden pescar básicamente truchas. Para los cazadores, y dependiendo de la temporada del año, hay cérvidos, jabalíes, perdices,...

Al principio del otoño es muy famosa la berrea de los ciervos, que a menudo se puede escuchar desde el propio pueblo al caer la tarde.

En el pueblo existe desde hace muchos años la Fonda (o Pensión) Pura, que era el alojamiento utilizado por los cazadores y pescadores que acudían a la zona. Con la creación del Parque Natural del Alto Tajo, se ha desarrollado mucho el turismo rural en el pueblo, con la creación de algunos hostales, así como apartamentos turísticos, que pueden alojar simultáneamente bastantes docenas de visitantes.

Doña Pura está a los mandos de la Fonda Pura, como no podía ser de otra forma. Hace años, sus cuatro hijas la ayudaban en la tarea, pero actualmente es su hija Puri la que regenta el comedor y el servicio de las habitaciones. La Fonda ofrece un alojamiento modesto, pero confortable, que incluye desayuno, comida y cena, por una tarifa de Pensión Completa desde 32 Euros por persona. El comedor también ofrece un menú de comida y cena a no residentes, con el límite de la capacidad disponible.

La Fonda Pura incluye un par de edificios adyacentes, de dos plantas, y tiene un pequeño jardín muy agradable en la parte delantera.
Suelta de vaquilla por las calles del pueblo
(JMBigas, Septiembre 2010)

Para las Fiestas, el Ayuntamiento había preparado un programa clásico. Aparte de los tradicionales entretenimientos para los niños, el sábado por la mañana (a las diez y media) había suelta de vaquillas (tres; por turnos) por las calles del centro del pueblo, valladas al efecto. Al final de la calle de la Fonda Pura, había una valla metálica, con barrotes separados entre sí la distancia conveniente para que las personas puedan cruzar de uno a otro lado, pero que las vaquillas no puedan franquear. Bueno, está preparada para que la mayoría de personas las puedan cruzar. En mi caso, me quedaba atorado a mitad de camino (¡a ver si voy a tener que adelgazar!), por lo que me pasé todo el festejo en el lado seguro.

Los jóvenes (y no tan jóvenes) del pueblo y (casi) todos los visitantes estábamos allí. Algunos jugando a esquivar a la vaquilla, hasta que tocaba amarrarla para encerrarla en su cajón, preparado al efecto junto a la Plaza Mayor. Seguro que alguno de los visitantes, aprovechando la distracción del resto, estaba haciendo lances en el río, para ver de atrapar alguna trucha con resaca. No hubo ningún incidente, más que algún resbalón.
Los buitres rondan los riscos, camino del Puente del
Martinete (JMBigas, Septiembre 2010)

Terminadas las vaquillas, y hasta la hora de comer donde la Pura, algunos nos fuimos a dar un paseo por la carretera que bordea el pueblo, hacia el Puente del Martinete. Bueno, yo soy urbanita, y poco habituado al campo y a las caminatas. Por mi culpa me junté con algunos expertos en senderismo, caminatas y demás. Y, claro, le llaman paseíto a una caminata de dos horas sin parar. Resistí, pero tuve que buscar alguna piedra donde apuntar el culo, cuando lo que me dolía excedía ampliamente a lo que no.

Comimos en la Fonda hacia las tres (sopita de cocido, ciervo estofado y tarta al whisky; vino y casera, con una cervecita de aperitivo). Para las cinco y media de la tarde estaba prevista una novillada en la Plaza de Toros desmontable que se había instalado a la entrada del pueblo.

Peralejos tiene una charanga local (con cinco o seis instrumentos), llamada Las Mirindas. Pero para las Fiestas, el Ayuntamiento había contratado a una charanga más poderosa y profesional, los Artistas del Gremio de Ejea de los Caballeros (Zaragoza). Llegaron los chicos (y una chica, que dominaba el saxofón) a la Fonda Pura el viernes hacia la una de la madrugada. Creo que tenían ya una actuación hacia las cinco y media de la mañana, en lo que ellos mismos denominaban la "charanga de los borrachos". Su siguiente actuación iba a ser durante la novillada.

A las cinco y cuarto salió la charanga de Ejea de la Fonda Pura hacia la Plaza de Toros, desfilando y tocando. El festejo consistía en dos novilleros con sus cuadrillas, cuatro novillos, y suelta final de una vaquilla, para regocijo de los jóvenes etílicos. Con un todoterreno en lugar de mulillas.

Claro, Las Mirindas también estaban en la plaza, y fue curioso asistir a la sana rivalidad entre las dos bandas. La banda local disponía de acordeón, trompetas, saxo, mientras que la profesional disponía de dos trompetas, trombón de varas, saxofón, timbal y helicón (una especie de tuba, pero a lo bestia).

De los dos novilleros, uno era venezolano, y apuntaba maneras. De hecho, obtuvo dos orejas en cada uno de los novillos, y salió a hombros de la plaza. El otro era más técnico, más de academia, pero no tuvo ninguna suerte con el estoque, y tuvo que conformarse con trofeos menores. Por supuesto, las dos cuadrillas estuvieron alojadas durante ese día en la Fonda Pura.

Por la noche, todos los días había actuación en directo en la Plaza Mayor. Con rock, pop, y el clásico vocalista acompañado por una organista y una animadora, que desgranó boleros, rancheras y pasodobles. Para mi gusto, con un exceso de vatios de sonido todos ellos.
Praderas y monte bajo, junto a Peralejos
(JMBigas, Septiembre 2010)

Ir a Peralejos acompañado de cazadores, pescadores, senderistas, montañeros, tiene evidentes riesgos. Te puedes ver en cualquier momento enrolado en una aventura que no es la tuya, con la que tienes que lidiar como puedas. Afortunadamente, Septiembre es época de setas en los alrededores, e hicimos un par de incursiones seteras. En las que acabas andando más de lo que parece, mirando todo el rato al suelo, para detectar las setas de cardo, que brillan al Sol según los ángulos, y algún (escaso) níscalo. Y doblando el espinazo para recoger las setas avistadas. En fin, todo un desafío para un urbanita. Pero soportable.

Entre el viernes por la tarde y el domingo por la mañana, conseguimos en total algún kilo de setas de cardo y tres (unidades, no kilos, por supuesto) níscalos. El domingo nos acompañó Alejandro, el marido de Doña Pura. Con su conocimiento del terreno, nos llevó a algunas zonas donde habitualmente se pueden encontrar setas. Claro que tampoco éramos los primeros esa semana en ir por esos andurriales con tan aviesas intenciones. Y pasamos por zonas que ya habían sido depredadas por los que nos antecedieron. Pero bueno, anduvimos por las praderas, los bosques y el monte bajo, lo suficiente para pillar el Sol en la cara, en días más bien frescos.

Como algunos de los amigos que íbamos se trajeron sus instrumentos musicales (acordeón, guitarra) también tuvimos alguna serenata en el salón de la Fonda Pura, así como en el jardín, y por las calles del pueblo. 

El domingo al mediodía, Doña Pura nos cocinó parte de las setas de cardo para el almuerzo, con sus ajitos y demás. Estaban deliciosas, aunque yo tengo cierto reparo en comer las cosas que nacen directamente de la Tierra, y prefiero que los intermediarios las procesen (vacas, cerdos, corderos,...). Claro que, ahora que lo pienso, igual si cambiara mis hábitos podría deslizarme entre los barrotes de la valla...

Para las seis de la tarde del domingo, después de la correspondiente sobremesa y las cabezaditas de rigor, iniciamos el viaje de vuelta a Madrid.

Además de las fotos que ilustran este artículo, he preparado para vosotros una colección de 33 fotografías de los diferentes eventos, a la que podéis acceder desde aquí.

En resumen, un fin de semana muy agradable y placentero. Relativamente cansado, pero de todo se recupera uno.

Peralejos de las Truchas y sus alrededores, bien merecen una (o varias) visitas.

JMBA