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martes, 28 de agosto de 2012

Paseo por la Rioja Alavesa

Como ya empieza a ser tradición, coincidiendo con la festividad de San Lorenzo (10 de Agosto; este año, viernes) con unos pocos amigos nos instalamos en la Hospedería del Monasterio de Valvanera, en La Rioja.
Viñedos cerca de Hormilla (Rioja Alta)
(JMBigas, Agosto 2012)

Llegamos allí el jueves por la tarde, casi a la hora estricta en que se sirve la cena en el restaurante. Tuvimos ocasión de enterarnos de las novedades del cenobio (el Padre J. necesita un bastón para andar, a la espera de una ya urgente operación de hernia discal; el Hermano A. ha pedido un año sabático para poder cuidar de su madre enferma, y algunos dudan de que regrese; el Padre C. falleció este año).

Para el viernes por la mañana, había planes variados. Mi amigo F., como todos los años, quería subir al Pico de San Lorenzo y asistir a la misa que allí se celebra a mediodía el día del Santo. Le acompañó mi amigo J., y a las siete de la mañana estaban ya preparados para iniciar la ascensión desde el Monasterio. Mis amigos A. y M. tenían la mañana libre, con el compromiso de recoger a los expedicionarios con su coche en el entorno de Valdezcaray, hacia las dos y media o tres de la tarde. Mi compromiso era reunirme con todos ellos hacia las tres para comer juntos por Ezcaray o alrededores.

Había preparado alguna documentación sobre la Rioja Alavesa (bajada de Internet), y me dispuse a iniciar una excursión express por la zona, una vez dada buena cuenta del escueto y efímero desayuno en la Hospedería. Tenía solamente cinco o seis horas por delante, y no podía perder tiempo.
En lo alto, San Vicente de la Sonsierra.
(JMBigas, Agosto 2012)

¿Por qué me decidí por la Rioja Alavesa?. Pues hay diversas razones. La región vinícola de Rioja es muy extensa y se divide en tres subzonas: la Rioja Baja al Este, la Rioja Alta al Oeste y la Rioja Alavesa al noroeste. En conjunto, incluye áreas de la Comunidad de La Rioja, del País Vasco (provincia de Álava) y también de Navarra. En total, de Oeste a Este abarca una extensión de prácticamente un centenar de kilómetros, por ejemplo entre Haro y Alfaro. Con el tiempo de que disponía, tenía que concentrarme en un área mucho más reducida.

La zona occidental de Rioja tiene un paisaje más ondulado, más ameno, que la Rioja Baja, que es ya zona de influencia de la Ribera del Ebro. Desde Valvanera, la salida natural hacia la zona vinícola de Rioja es por la Rioja Alta (Nájera, en particular), y la Rioja Alavesa está muy próxima.

En la Rioja Alavesa se producen algunos de los caldos más novedosos y modernos dentro de una región de larga tradición enológica.

En la Rioja Alavesa se concentran dos de las grandes realizaciones arquitectónicas de los últimos años en el entorno de la modernización de las bodegas y el enoturismo, como os contaré más adelante.
Bodegas Ostatu, en Samaniego. Bajo el balcón,
la entrada a la tienda.
(JMBigas, Agosto 2012)

Y, finalmente, la Rioja Alavesa tiene una web maravillosa para el enoturista, en la que es posible consultar, o descargarse, un completísimo folleto (de 96 páginas) de su Ruta del Vino, que ilustra a la perfección todos los elementos que pueden resultar de interés para el visitante (bodegas acogedoras, enotecas y vinotecas, museos, etc. etc.).

Con todo este bagaje, realicé mi elección de dedicar esa mañana a una breve excursión por la Rioja Alavesa.

Salí de Valvanera en torno a las 9.30 horas de la mañana. Hasta Nájera, hay que descender primero por el valle del río Valvanera, y luego el del río Najerilla, por Anguiano y Baños de Río Tobía. La primera parte es una carretera de muchas curvas, que va siguiendo la cornisa de los valles.

Mi primera escala fue Labastida, que es un pueblo de unos 1.500 habitantes, de apariencia e iconografía típicamente vascas, a pesar de estar muy cerquita del límite con la Comunidad de La Rioja. En el centro del pueblo hay una excelente vinoteca (Vinoteca Landa) donde se pueden comprar vinos de toda la zona. Pero esta vez no la visité, pues quería ir a una bodega relativamente moderna, de la que me habían hablado maravillas.
El centro de Villabuena de Álava.
(JMBigas, Agosto 2012)

Así que seguí camino hacia el pueblo de Samaniego. A la entrada del pueblo están las Bodegas Ostatu. A pesar de que hay constancia de la implicación familiar en la producción de vinos desde el siglo XV, su andadura digamos moderna empezó en el 2000. Desde entonces han sacado al mercado algunos de los vinos más singulares de la zona, como el Laderas del Portillo o el Gloria de Ostatu. Como en todas las bodegas que participan en la Ruta del Vino de la Rioja Alavesa, es posible realizar una visita a sus viñedos e instalaciones, pero solamente con cita previa, cosa que yo no había hecho. Pero sí pude visitar su magnífica y moderna tienda, donde exponen para la venta todos los productos que comercializan, que podéis ver en detalle en su web. Curiosamente, en la actualidad tienen a la venta un Ostatu Rosé (50% tempranillo; 40% garnacha y 10% viura/macabeo) que no forma parte de su oferta habitual, pero que este año han producido a petición de su importador americano.

Una visita a Ostatu que recomiendo sin dudar. El pueblo de Samaniego es pequeñito (poco más de 300 habitantes) aunque dispone de bastantes servicios para el visitante.
Toma casi clandestina del Hotel Marqués de Riscal,
en Elciego.
(JMBigas, Agosto 2012)


Seguí camino hacia el pueblo próximo de Villabuena de Álava (pop. 325) que es un pueblo moderno pero de callejas estrechas y muy empinadas, a cuyo centro es mejor no intentar acceder con el coche. Allí hubiera querido visitar las Bodegas Hermanos Frías del Val, pero con los datos de que disponía me resultó imposible localizarlas, y se me echaba el mediodía encima. Su tinto Expresión, 100% tempranillo de cepas viejas y escogidas, 16,3º, es una referencia en el alto de gama de la zona.

Seguí, pues, camino, en dirección a Elciego (pop. 1.045). La bodega más conocida de este pueblo es, probablemente, la de Marqués de Riscal, que pasa por ser la única en España que ha burlado la limitación de no poder distribuir bajo la misma marca vinos de dos Denominaciones de Origen distintas: Marqués de Riscal también produce vinos blancos en la zona de Rueda (Valladolid). Lo singular de estas grandes bodegas en los tiempos modernos es que se han volcado de forma muy decidida hacia el enoturismo internacional. Han construido lo que llaman la Ciudad del Vino, que incluye, entre otras cosas, sus bodegas tradicionales, una tienda/bar muy concurrida y un hotel de lujo construido por el famoso arquitecto Frank O. Gehry, que ya es conocido como el Guggenheim de Rioja, por su parecido externo con el museo del mismo nombre en Bilbao.
La Ermita de Elciego, en la Plaza Mayor.
(JMBigas, Agosto 2012)

Desgraciadamente, no es posible ni siquiera ver diáfano el edificio del hotel si no se aloja uno en él o participa en una de las visitas guiadas. El personal de seguridad te lleva sin remisión a la zona de aparcamiento para visitantes, y de allí se accede a la tienda sí o sí, y esta sólo se puede traspasar formando parte de una de las visitas guiadas que organiza la bodega. Desgraciadamente no disponía de tiempo para apuntarme a una de ellas. Para conseguir una foto (más o menos clandestina) del hotel, seguí las indicaciones de uno de los vigilantes de seguridad y la obtuve desde una carretera lateral, externa al perímetro del complejo.

En el centro del pueblo, en la recoleta Plaza Mayor, está la pequeña Enoteca La Ermita (tienda y bar) muy bien surtida de vinos de la zona. Allí pude comprar una botella del pepino (así lo definió el vendedor) de los Hermanos Frías del Val, y algún otro Crianza y Reserva. No se puede acceder en automóvil a la pequeña Plaza Mayor, pero muy cerca (a poco más de 100 metros) hay un aparcamiento pequeño (para una docena de vehículos), que me resolvió el problema.

De allí me fui hacia Laguardia (pop. 1.546), la cabeza de Cuadrilla o comarca. Laguardia es un pueblo encaramado en lo alto de una colina, muy visible desde los alrededores. Allí hay otra de las maravillas arquitectónicas de los últimos tiempos: las Bodegas Ysios (del Grupo Domecq), un edificio obra del famoso arquitecto español Santiago Calatrava, que remeda una composición de barricas de vino, y se encuadra en el fantástico escenario de la Sierra Cantabria. Absolutamente digno de verse.
Las Bodegas Ysios, obra de Santiago Calatrava, a
las afueras de Laguardia, bajo la Sierra Cantabria.
(JMBigas, Agosto 2012)

Desgraciadamente llegué pasadas las dos de la tarde, muy tarde ya para el horario de mañana y prontísimo para el de tarde, por lo que solamente pude tomar algunas fotografías (bajo una solanera inclemente) del exterior de la Bodega, desde la que se divisa la colina con el núcleo urbano de Laguardia.

Desde allí encaré ya hacia Ezcaray, para la cita del almuerzo con el resto del grupo. Acabamos comiendo razonablemente bien en el pasillo verde que dejó el antiguo ferrocarril Haro-Ezcaray, en lo que fue la Estación de Ezcaray.

Me quedé con las ganas de volver por la zona sin apreturas de tiempo, para poderme remansar en algunos de los pintorescos pueblecitos que, esta vez, sólo pude fotografiar desde la lejanía.

Aparte de las fotografías que he escogido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa de 34 fotografías, pinchando en la foto siguiente.


En resumen, una mañana de enoturismo por la Rioja Alavesa, muy bien aprovechada.

JMBA

jueves, 9 de febrero de 2012

Hago clic... ¡y no pasa nada!

Todos (bueno, todos los de este lado de la brecha digital) sentimos con cierta frecuencia esta sensación de desazón que nos invade cuando estamos intentando realizar cualquier operación por Internet, hacemos clic para validar una opción y pasados unos cuantos segundos ... ¡no pasa nada!. De repente, nos invade el temor porque no sabemos si esa transferencia se ha realizado o no, si nos cargarán o no ese importe en la tarjeta de crédito, si el pedido es o no conforme... No tenemos nada en nuestra mano que nos garantice la veracidad de los hechos.
(Fuente: redusers)

Tendremos que empezar a revisar los cargos de la VISA, el saldo de la cuenta, o lo que sea para intentar averiguar dónde y en qué punto se rompió esa relación cordial con nuestro ordenador, con la Red, con otros cientos de ordenadores que ignoramos dónde están y para qué sirven, y con el ordenador de nuestro Banco, proveedor, o lo que sea.

El origen de este problema radica en que estamos rodeados de cientos, de miles de aplicaciones y programas informáticos, imbricados en equilibrios muchas veces inestables, y las cosas sólo acabarán funcionando bien cuando toda la cadena completa de ordenadores, aplicaciones y programas funcione de acuerdo a lo que esperamos de ellos, cuando todos los engranajes funcionen a la perfección.

Un antiguo y llorado colega, Francesc Lluch, informático de la vieja escuela donde los hubiera, solía decir, para ilustrar el éxito, que había escrito un programa que sabía contar hasta 100 y se paraba. Con ello quería ilustrar una realidad que debería ser de cabecera para cualquiera que se dedique, de una u otra forma, a la informática: el coste (en tiempo, por ejemplo) de desarrollar un programa que haga lo que queremos que haga cuando le suministramos los datos que espera no es más que un 10% (si acaso) del coste de hacer un programa sólido que haga lo que queremos que haga en cualesquiera circunstancias.

Esto era cierto cuando las aplicaciones y programas informáticos eran piezas muy homogéneas y sólidas que funcionaban sobre un ordenador, preparados para ser utilizados por usuarios formados y entrenados. Con el paso del tiempo y la extensión de las telecomunicaciones en sentido amplio, las aplicaciones y programas se tuvieron que desarrollar pensando en que debían poder ser utilizados por cualquier usuario, incluso por el público en general. Sólo este hecho supone que en el desarrollo del código de programas y aplicaciones hay que tener en cuenta un catálogo casi infinito de barbaridades que puede cometer el usuario y que en ningún caso deben provocar un malfuncionamiento: tienen que estar previstos.

Con la extensión prácticamente universal de Internet, y su utilización por todo tipo de usuarios, este fenómeno se ha agudizado por varios motivos. Los que antes eran programas monolíticos, ahora son un conjunto de piezas separadas, que funcionan en diversos ordenadores, incluyendo el del propio usuario, de los que el programador poco o nada sabe cuando escribe su código. Las aplicaciones se han convertido en engranajes muy complejos, que deben funcionar a la perfección en cualesquiera circunstancias.
Esquema simplificado del funcionamiento de aplicaciones
monolíticas centralizadas. Un mundo cerrado.
(Fuente: jmscaos)

Tradicionalmente, la estructura de la profesión informática incluía a programadores, analistas e ingenieros de sistemas que, progresivamente al desplazarse hacia arriba en la pirámide, tenían una perspectiva mayor del sistema en su conjunto. Pero la labor del programador era muy importante y de gran responsabilidad. Debían desarrollar y depurar el código para que ese programa o aplicación realizara el proceso que se esperaba de él, a partir de los datos que se le suministraran. El analista debía definir cuáles (y cómo) eran los datos de entrada a ese programa, y lo mismo para los de salida. El control de calidad del programador debía incluir la verificación de que el código desarrollado cumplía con las especificaciones definidas. Y prácticamente se podían integrar los programas desarrollados por todo un equipo de programadores para tener una aplicación o un sistema informático que funcionara de acuerdo a lo que se esperaba de él.

Con la evolución de las tecnologías y la progresiva modularización de la programación, el control de calidad del trabajo del programador garantizaba en menor medida la adecuación de la aplicación global a las especificaciones definidas. Para empezar, había un factor de escala. No era para nada lo mismo que el código se probara con un usuario  y una base de datos de prueba con cien registros, por ejemplo, a un funcionamiento más realista, donde hubiera cientos o miles de usuarios simultáneos (en la práctica, cientos o miles de instancias del mismo código, ejecutándose simultáneamente sobre el mismo ordenador), trabajando todos contra una misma Base de Datos de millones de registros. Hubo que desarrollar las buenas prácticas necesarias para poder garantizar que el trabajo de los programadores fuera compatible con ese factor de escala, y no aparecieran en la fase de pruebas limitaciones inaceptables que provocaran la necesidad de un rediseño de todo el conjunto. Apareció un oficio nuevo, el arquitecto de aplicaciones. Este debía mantener la perspectiva del edificio completo (la aplicación en su conjunto) y asegurar que lo desarrollado en el sótano y en los diferentes pisos fuera compatible y conforme, para alcanzar finalmente un edificio de calidad.

Pero la extensión de Internet ha generalizado el desarrollo de lo que se acostumbra a llamar aplicaciones web, que son las que utilizamos todos continuamente, aunque no siempre seamos conscientes de ello. Su característica diferencial es la casi infinita atomización de los módulos de programa, cada uno limitado a una función específica. Esto ha provocado, paralelamente, una degradación de la posición del programador en la pirámide del oficio. Lo que ha llevado, obviamente, a que sea una labor muy mal pagada, realizada habitualmente por los más junior del oficio, de la que cualquiera con ambición y talento huye en cuanto puede. Lógicamente, la calidad del código entregado por los desarrolladores también se ha resentido.

En paralelo, ha habido que desarrollar nuevas labores en la pirámide del oficio. Ha aparecido, por ejemplo, el urbanista de aplicaciones. Porque ya no se trata de construir un edificio, sino de crear una ciudad coherente y habitable. Con sus zonas residenciales, comerciales y de ocio; cada una con sus comportamientos y exigencias específicos.
Un esquema simplificado de aplicación web, con
los diversos ordenadores y módulos involucrados.
(Fuente: brainlabs)

Tomemos un ejemplo: una aplicación bancaria para los clientes de Banca Online, que requiera autenticación del usuario mediante contraseña o cualquier otro método. En el interior de la aplicación habrá un elevado número de módulos de programa, cada uno dedicado a una tarea concreta: conexión y desconexión del usuario, visualización de su posición global, realización de una transferencia (posiblemente haya transferencias de muchos tipos diferentes, que requieran cada una de un proceso específico), compra o venta de valores, etc. etc. Todos estos módulos funcionarán sobre diversos ordenadores del Banco, cuyo número y naturaleza habitualmente se desconoce en la fase de escritura del código. Por lo tanto, es necesario que el código sea portable y escalable.

Cada módulo podrá ejecutarse en condiciones de entorno diferentes. Un usuario debe poder ver su Posición Global y desconectarse, mientras otro querrá realizar una transferencia y luego desconectarse, o incluso ordenar una compra de valores y desconectarse a continuación. La visibilidad para el usuario será que, haga lo que haga, dispondrá en la pantalla de una opción de desconexión. Que, en todos los casos, debe lanzar la ejecución del módulo de desconexión correcto. Porque las aplicaciones, como las ciudades, son seres vivos. Continuamente se construyen (o derriban) edificios de viviendas en la zona residencial, se abren (o cierran) comercios en la zona comercial, se abren (o cierran) restaurantes o cines en la zona de ocio. El residente deberá modificar sus hábitos y costumbres para adecuarse a esos cambios.

Si un residente se empeña en ir a comprar el pan a un comercio que ya cerró, Houston, tenemos un problema. Si un comercio dejó de vender pan pero no cerró, y muchos residentes siguen yendo allí para comprar pan, tenemos un problema también.

En las aplicaciones web, además, existe un factor añadido de complejidad técnica. Parte del código de la aplicación se interpreta y ejecuta en el propio ordenador del usuario, en el seno de lo que se conoce como Navegadores (o browser, en inglés). Y no podemos obviar el hecho de que el dispositivo de acceso del usuario a la aplicación puede ser, a su vez, de diferentes categorías: ordenador (con diferentes tamaños de pantalla y diversas resoluciones), tablet, smartphone, etc. En algunos casos deberá existir una versión específica de la aplicación para cada tipo de dispositivo de acceso. No se organiza igual un McDonalds que un McAuto, por ejemplo.

Incluso si el dispositivo es un PC en todos los casos, el Sistema Operativo puede ser de diversos tipos (Windows, Linux) y de diversas versiones. Y existen, también, varios Navegadores diferentes bien implantados en el mercado. Los tres más extendidos en la actualidad son el Internet Explorer, el Google Chrome y el Mozilla Firefox, pero hay bastantes más. Todos los Navegadores hacen exactamente lo mismo, pero no necesariamente de la misma manera. Por lo tanto, inevitablemente, no se comportarán todos exactamente del mismo modo al interpretar un código que le envíe la aplicación del Banco.

Para la aplicación de ese Banco que estábamos comentando, el número de combinaciones posibles es prácticamente infinito. Y nunca va a ser posible haber probado exhaustivamente todas ellas.

Analizada toda la intrincada complejidad interna, volvamos a ese usuario desconcertado, que ha hecho clic y no ha pasado nada. Ha proporcionado todos los datos necesarios para realizar una transferencia, por ejemplo, pero al pulsar el botón de Validar no ha pasado nada, pasados unos segundos.

En este caso, la mejor recomendación es aplicar el principio del in dubbio pro reo. Si aparentemente no ha pasado nada, debemos entender que realmente no ha pasado nada, y que la transferencia no se ha realizado. Todas las aplicaciones de calidad actualmente incorporan mecanismos de seguridad por el que nunca se da por concluida una operación hasta que todos los actores implicados han manifestado explícitamente su conformidad y han sido correctamente informados de su conclusión.
Cuando hago clic y nada ha pasado en unos
segundos, casi seguro que ya no pasará.
Mejor no acabar así.
(Fuente: antinformaticos)

Y lo siguiente, antes de concluir que la aplicación no funciona, conviene probarla con un Navegador diferente. Sí, nadie dijo que fuera a ser fácil. Cuando hago clic y no pasa nada, es muy probable que esté haciendo algo de una forma diferente a como lo espera quien diseñó la aplicación. Y como el Navegador es parte de lo que el usuario aporta a la aplicación, pues eso.  Conviene tener disponibles en nuestro PC al menos los navegadores más extendidos. Seguro que tendremos uno que es nuestro favorito y el que utilizamos habitualmente, pero conviene tener también los demás, para verificar la situación cuando se producen este tipo de casos. Por otra parte, si acudimos al Servicio de Atención al Cliente (del que ya hablaré in extensum en otra ocasión) alegando que la aplicación no funciona, es harto probable que la primera respuesta que obtengamos sea que la probemos con otro Navegador. Y lo curioso del caso es que, en la mayoría de ocasiones, con eso resolvemos el problema, por lo que más nos vale intentarlo de inicio, y no perder más tiempo.

Y, para ilustrarlo, tres ejemplos que he vivido en las últimas semanas. Es posible realizar apuestas online a las Loterías del Estado (Bono Loto, Primitiva, Euromillones,...) a través de la web oficial del Servicio. Se visualiza una parrilla (parecida al boleto físico de apuesta) donde podemos escoger las diversas opciones. Utilizando Google Chrome como navegador, a veces esta parrilla no se visualiza correctamente, aunque es posible realizar la apuesta igualmente si se elige la opción de Apuesta Automática; sólo es un problema de visualización. Utilizando Internet Explorer siempre funciona bien.

Intentando cargar unas fotos en un álbum online en la web de Viajeros, utilizando Google Chrome (que es mi favorito), no pasaba nada al pulsar el botón de Subir Fotos. Reporté el problema (que creo que ya está corregido) al Servicio Técnico, y me recomendaron probarlo con otro navegador. La prueba con Internet Explorer fue totalmente satisfactoria.

Intentando realizar, esta misma mañana, una transferencia en la web de ING Direct, me encontré con que no pasaba nada al pulsar el botón de Continuar, tras proporcionar todos los datos. Me desconecté y repetí la operación utilizando Internet Explorer, sin ningún problema.

Ante estas experiencias, algún lector suspicaz seguro que me preguntará por qué no uso como favorito el Internet Explorer. La respuesta es muy simple: porque es desesperantemente lento.

Ante un entorno tan terriblemente complejo, hay que tener cintura.

JMBA

lunes, 18 de abril de 2011

París - Gare de l'Est

La Gare de l'Est (Estación de París Este) es una de las seis grandes estaciones ferroviarias terminales de París (junto a las de Lyon, Nord, Montparnasse, Austerlitz y Saint-Lazare). Sirve las Grandes Líneas del Este (la Champagne-Ardenne, Lorraine y Alsace, así como Luxembourg, Stuttgart, Munich y Basilea), y también los  servicios de cercanías y regionales de esa zona.
Fachada principal de la Gare de l'Est, frente a la
Place 8 Mai 1945
(JMBigas, Marzo 2011)

Es una de las más grandes de la ciudad (tiene hasta 30 vías) y está muy cercana a la Gare du Nord, en el mismo distrito 10º (10éme Arrondissement). De hecho hay un camino cuasi peatonal entre las dos, que pasa por la Rue Dunkerque (o por la muy explícita Rue des Deux Gares) y por la Rue d'Alsace. Es un paseo de menos de diez minutos, salvando, eso sí, una escalinata que desciende hacia la Gare de l'Est.

La estación fue inaugurada en 1849, y el 4 de Octubre de 1883 acogió al primer Orient Express, con destino en Constantinopla (la actual Estambul). Su ruta tradicional era por Munich, Viena, Budapest y Bucarest. Con las Guerras Mundiales se inició una ruta alternativa más al sur, llamada Venice-Simplon-Orient Express, por Venecia y Belgrado. Actualmente el Orient Express es solamente un tren turístico de lujo. Para este año 2011, únicamente está previsto un viaje completo siguiendo la ruta clásica (por Alemania, Austria, Hungría, Rumanía y Bulgaria), con salida de la Gare de l'Est de París el 2 de Septiembre. El viaje durará 6 días (5 noches), ya que se realizan los trayectos de noche, y el tren permanece estacionado un tiempo en las principales ciudades del recorrido, permitiendo realizar visitas turísticas de todo tipo. El precio, desde 6.780 Euros por persona. Aunque, lo siento, ya no quedan plazas.
Escalinata de unión de la Gare du Nord con la
Gare de l'Est, en obras de acondicionamiento
(JMBigas, Marzo 2011)

No hay servicio de ferrocarril suburbano (RER = Réseau Express Régional) en la Gare de l'Est, pero sí en la próxima Gare du Nord, así como en una estación subterránea también cercana, la de Magenta, que entró en funcionamiento en 1999, con la creación de la línea RER E, que reagrupó algunas líneas de cercanías que tenían previamente término en la Gare de l'Est, y que hoy circulan bajo la ciudad hasta la también nueva estación subterránea de Haussmann Saint Lazare.

Con motivo de la puesta en marcha de la línea TGV-Est (inaugurada en Junio de 2007), que une París con Reims, Metz, Luxembourg, Strasbourg y el sur de Alemania (Stuttgart, Munich), se realizó una remodelación mayor de la estación, con un presupuesto de unos 60 millones de euros. En particular, se rehizo todo el Hall del acceso principal de la estación (desde la Place 8 Mai 1945), que se convirtió en un centro comercial de tamaño medio. Actualmente hay tres grandes vestíbulos comerciales, el Hall Central (el más grande) y los dos laterales (Hall St. Martin y Hall Alsace).

Desde el Hall se accede en superficie a la zona propiamente ferroviaria y, en la planta inferior, con más comercios, se accede a la red de Metro.

Con esta remodelación, la Gare de l'Est, si bien conserva su arquitectura exterior clásica, ha pasado a formar parte de la nueva generación de estaciones ferroviarias, que son más bien centros comerciales por donde circulan trenes. Buenos ejemplos de esta generación son la nueva estación Berlin Hauptbanhof,  la María Zambrano de Málaga o la remodelación de la estación de St. Pancras, en Londres, para la llegada de la nueva línea de alta velocidad británica por la que circula el Eurostar.
Tiendas en el Hall Central
(JMBigas, Marzo 2011)

Al igual que los aeropuertos, las elevadas servidumbres de ocupación de terreno de las estaciones ferroviarias, en el centro de las ciudades además, sólo puede compensarse con una fuerte explotación comercial, para que no resulten excesivamente gravosas para los presupuestos públicos.

Actualmente, desde la Gare de l'Est hay un servicio frecuente de trenes TGV hacia Strasbourg (en 2h 20 minutos), Metz (1h 23 minutos), Luxembourg (2h 6 minutos) o Reims (40 minutos). También hay servicios TGV o ICE (InterCity Express, alemanes) a Stuttgart y Munich, así como TGV Lyria a Basilea y Zurich. Podéis ver en detalle los diferentes horarios y disponibilidades, así como comprar billetes, en su caso, en la web de la SNCF.

En Francia, el diseño de las líneas de Alta Velocidad es bastante más flexible que en España, dado que toda la red funciona con ancho europeo, y la integración de las nuevas LGV (Lignes Grand Vitesse = Líneas de Alta Velocidad) en la red convencional es relativamente simple. Sin embargo, este hecho provoca que los trenes de Alta Velocidad compartan tramos con otros regionales o locales, o de mercancías, por lo que los horarios acaban siendo menos fiables que los del AVE en España. En otras palabras, viajar en un TGV no significa que todo el recorrido se realice sobre un trazado específico de Alta Velocidad.
Trazado de la Línea de Alta Velocidad Este (Fases 1 -2007- y 2 -2015-)
(Fuente: LGV Est)

En la línea TGV Est, por ejemplo, en la actualidad sólo está en funcionamiento la llamada Fase 1, que es el tronco central de 300 Km entre Vaires-sur-Marne (en las cercanías de París) y Baudrecourt (Moselle). El siguiente tramo hasta Vendenheim (Bas-Rhin, ya en las cercanías de Strasbourg) es la llamada Fase 2 (unos 106 Km) y se prevé su entrada en funcionamiento para finales de 2015, suponiendo que los planes de financiación lleguen a buen puerto. A partir de ese momento, el trayecto entre París y Strasbourg se podrá realizar en 1 hora y 50 minutos.

En 1997 se creó la Réseau Ferré de France (RFF) que es el equivalente al Adif español, es decir, el organismo público responsable de la infraestructura ferroviaria. La diferencia es que, hoy por hoy, en Francia la propiedad de las estaciones es del operador (SNCF) y no de RFF (en España, por el contrario, las estaciones son responsabilidad de Adif). RFF es el responsable de la construcción de las LGV. Sin embargo, para su financiación, se despliegan ingeniosos planes conjuntos, que pueden involucrar al Estado, las Regiones y municipios del recorrido, el operador ferroviario y, eventualmente, concesionarios privados.

Para la Gare de l'Est existe un proyecto adicional, que es el llamado CDG Express. Se tratará de un enlace ferroviario (adaptado para viajeros con  equipaje) sin paradas entre la Gare de l'Est y el Aeropuerto Charles de Gaulle, en unos veinte minutos. Su entrada en funcionamiento tiene como fecha tentativa 2016, pero depende de la remodelación de la línea B del RER, que sirve actualmente el Aeropuerto.

Podéis revisar los Grandes Proyectos ferroviarios de Francia a horizonte 2020 y más allá en la web del Ministerio de Desarrollo Sostenible.

Hoy por hoy, la Gare de l'Est (podéis ver todos sus servicios en la web Gares en Mouvement) es un bonito ejemplo de arquitectura ferroviaria, remozada para rentabilizar su explotación comercial y por la puesta en funcionamiento de nuevos servicios. Podéis ver una pequeña colección de fotografías de la estación y de sus alrededores, aquí.

JMBA