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lunes, 29 de abril de 2013

Rajoy: Desaparecido en Combate

M.I.A. (Missing In Action). Esta es la sutil expresión que utilizan los anglosajones para expresar que no tienen ni idea de lo que ha sido de un soldado. No está en su unidad, pero no consta que haya muerto, ni que esté herido; nadie ha reportado que fuera hecho prisionero y no consta que haya desertado.
Rajoy, hablando este lunes en el Instituto de la
Empresa Familiar.
(Fuente: Moncloa)

En castellano utilizamos más bien la expresión Desaparecido en Combate. Los anglosajones, en su sutileza, no dejan ni suponer que el soldado desapareciera necesariamente combatiendo, es decir, cumpliendo su misión. Pudiera ser que hubiera huido campo a través hacia la granja más próxima, a buscar refugio, o que fuera sorprendido por el enemigo cuando dormitaba en su hamaca.

Rajoy, como Presidente del Gobierno, está Desaparecido en Combate, pero en los términos anglosajones. Sólo habla cuando no se dirige a nosotros, los que le han votado o los que podríamos votarle... ¡o botarle!. Como un boxeador noqueado, farfulla sobre una realidad que sólo él visualiza, y sus explicaciones más bien parecen delirios de iluminado. Sigue convencido de que la mayoría absoluta de que disfruta le otorga la posesión eterna de la verdad, y nos desprecia a los ciudadanos, olvidando que somos su Jefe, los que le pusimos donde ahora está y los que podemos despedirle.

Aunque nadie lo vea, estamos mejor de lo que estábamos. Francamente, si nadie lo ve, si nadie aprueba el examen, la culpa es del profesor. No hay millones de vehículos circulando contradirección, sino que es el Gobierno el que lo está haciendo.

En dieciséis meses de (des)gobierno, ha añadido otro millón y pico a la nómina de los parados de este país; aunque no se le puede llamar ni nómina, pues más de la mitad ni cobramos ya subsidio. La economía real no funciona. Las pequeñas empresas y los autónomos se ahogan por cientos o por miles, y miles de negocios han cerrado o van a cerrar.

Con sus estrategias económicas de austeridad y persecución del objetivo de déficit por encima de cualquier otra cosa, va a conseguir que lo alcancemos al final de la espiral diabólica en la que estamos montados: cero ingresos, cero gastos, cero déficit: España echó el cierre.

Había ciertas esperanzas en el anunciado paquete de medidas económicas que se iba a hacer público tras el Consejo de Ministros del pasado viernes. Aunque no suben los impuestos (eso dijeron Montoro y el propio Rajoy los días previos) hay medidas de retoques fiscales. Se prolonga el aumento del IRPF un año más, se tocarán impuestos especiales (alcohol, tabaco,...) y se crearán impuestos medioambientales y a los depósitos bancarios. Un intento desesperado para que el Estado se quede cada vez un trozo más grande de un melón que es cada vez más pequeño.

Los ciudadanos no vemos ninguna de las medidas que aplaudiríamos con las orejas: la racionalización de la organización del Estado, el ahorro cierto y decidido en los gastos de funcionamiento de la propia maquinaria que nos está devorando, el desmantelamiento de empresas públicas que sólo son justificadoras de nóminas y empleos vacíos de contenido para primos y cuñados; nos gustaría ver la desaparición de la gran mayoría de asesores y puestos de libre designación, otro pozo sin fondo de favores inconfesables; nos gustaría ver cómo las grandes fortunas y las multinacionales se ven obligadas a una mayor contribución a la lucha contra la crisis; nos gustaría ver cómo se persigue la evasión fiscal, cómo se trinca a los que escondieron un trozo del melón (presuntamente robado) lejos de aquí.

Sin embargo, como el boxeador que ya no ve con claridad a través de la nube de sangre que le enturbia los ojos, avanza con furia hacia el gigantón que le tumbará con un gancho propinado con desgana.

Cuando llegue el día en que el Estado se quede el melón entero, el melón desaparecerá como por encanto, porque España habrá echado el cierre. Venderemos lo que quede a los rusos, los chinos o los catarís, y con lo que saquemos nos correremos una orgía de cerveza y salchichas en las carpas de Munich hasta que nos reviente el hígado, los intestinos o la vejiga.

Nos convertiremos en polvo, pero en polvo indignado.

JMBA

martes, 22 de mayo de 2012

Esperanza habla claro

Se podrá estar de acuerdo o no con ella, pero creo que es de ley reconocer que, a diferencia de la gran mayoría de los políticos de este país, Esperanza Aguirre habla claro y se le entiende todo. Nunca esconde su credo profundamente neoliberal y da explicaciones perfectamente entendibles cuando se le pregunta.
Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad de Madrid
(Fuente: foropolitico)


De Doña Rancia (como la ha bautizado la caverna mediática de la izquierda; que no existe, pero haberla hayla, sea formal o informal), deberían aprender Mariano Rajoy y su Gobierno. Rajoy atraviesa por una muy grave crisis de comunicación. Parece como si se avergonzara de las medidas que está tomando su Gobierno y se refugiara en el silencio, uno de los peores enemigos de los políticos en activo.

Hace unos días, con motivo de la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera del jueves pasado, algunas Comunidades Autónomas han aprovechado para aflorar cifras adicionales de déficit presupuestario del ejercicio 2011. Sin dudar de que las nuevas cifras sean reales, cualquiera puede sospechar que se está intentando por parte de todos los gobiernos en manos del PP (Central y Autonómicos) hinchar el déficit de 2011 al máximo soportable por los datos reales. Y eso por dos motivos principales. De una parte, eso permitirá mejorar la comparación de 2012 contra un 2011 sobrecargado, pase lo que pase en la contención del déficit durante este año. Y por otra, el Gobierno todavía puede esgrimir la herencia recibida (del PSOE) para las cifras del déficit en 2011. Y ya no podrá hacerlo para las del 2012.

Esta mañana, Esperanza Aguirre fue entrevistada por Carlos Herrera en Onda Cero. A la pregunta, de plena actualidad, sobre el aumento del déficit de la Comunidad de Madrid para 2011 desde el 1,13% al 2,2% del PIB regional, la respuesta de Esperanza fue doble. De una parte, insistió en que la cifra que se había dado con anterioridad era provisional, y que así se había hecho constar. Indirectamente, acusó al Ministerio de Hacienda, por esconder esa cualidad al comunicar las cifras de déficit de las diversas Comunidades Autónomas, en su momento.

Pero, lo que es más importante y trascendente, es su explicación sobre el origen del gasto adicional que provoca una parte de este déficit adicional (junto con la brusca caída de ingresos). Vino a decir que, habitualmente, la mayoría de gastos que se producen (o cierran) en las últimas dos semanas de Diciembre se contabilizan en el año siguiente. Mientras que, para el cierre del Presupuesto 2011 (y, por lo tanto, para la cifra final de déficit), todos los gastos reconocidos hasta el 31 de Diciembre se han contabilizado contra el Presupuesto de 2011, y no se han arrastrado, como era costumbre, a la Contabilidad de 2012.

Existe una tradición en la Administración Pública española, muy probablemente heredada por las autonomías de las prácticas habituales en la AGE (Administración General del Estado). Una tradición que, por otra parte, es perfectamente genuina y no representa ninguna irregularidad. A partir de mediados de Diciembre, la ejecución del Presupuesto del año se da prácticamente por finalizado (salvo los gastos y desembolsos comprometidos, como las nóminas del mes, por ejemplo). Esto permite tener listas las cifras finales de la Contabilidad del año para los primeros días del Enero siguiente.

Sin embargo, hay muchas empresas suministradoras habituales de la Administración Pública, que cierran (también) sus cuentas anuales el 31 de Diciembre. Por ello presionan a las diversas administraciones para que certifiquen los gastos (obras, suministros, servicios, etc.) antes del final de Diciembre. De esta forma, en sus propias cuentas anuales pueden incluir (correctamente, desde un punto de vista de posibles auditorías) esas partidas en su cuenta de ingresos (revenue) del año que termina. La certificación por parte de una Administración de una obra, suministro o servicio significa que reconoce que se ha ejecutado correctamente, y representa un compromiso irreversible de pago. Aunque físicamente, el pago efectivo se realice algún tiempo después.
Antonio Beteta, ex consejero de Economía y Hacienda de
la Comunidad de Madrid, y actualmente
Secretario de Estado de Administraciones Públicas
(EFE; Fuente: elpueblodealbacete)

Esto significa que, estando ya cerrado el Presupuesto de ese año, las certificaciones de las dos últimas semanas del año se acaban contabilizando por la administración correspondiente en Enero, contra partidas presupuestarias arrastradas del año anterior. Y, habitualmente, las certificaciones de finales de Diciembre de ese año, se acabarán contabilizando el año siguiente.

Con este ajuste de las cifras del déficit (+1,07%) para la Comunidad de Madrid, una de las cosas que se ha hecho es contabilizar todas las certificaciones de 2011 (incluyendo esas de finales de Diciembre) al Presupuesto de 2011. Con lo que, en la práctica, las cuentas de ese año se ven penalizadas por el hecho de que están contabilizadas todas las certificaciones del año, más aquellos gastos certificados en las dos últimas semanas de 2010, de acuerdo a las prácticas tradicionales.

Para un PIB regional del orden de los 200.000 millones de euros, el desfase ahora informado representa algo más de 2.000 millones de euros. Aunque no se han dado demasiados detalles, se habla de que unos 1.000 millones de euros podrían ser atribuibles a descenso no previsto de ingresos. Por lo que la inclusión de esas certificaciones de fin de año podrían representar algo más de 1.000 millones de euros para la Comunidad de Madrid (0,5%+).

En buena lógica, debemos suponer que esta misma práctica contable se haya utilizado para las cuentas del Gobierno de España del 2011. El total del gasto reportado para 2011 incluiría, pues, todas las certificaciones hasta el 31 de Diciembre de 2011, además de los gastos reconocidos en las dos últimas semanas de 2010, de acuerdo a los usos habituales.

Lo que, por cierto, abre la posibilidad de que las cifras sobre el déficit en 2012 que se vayan a hacer oficiales allá por los primeros meses de 2013 vuelvan a las prácticas habituales, y no incluyan las certificaciones de la segunda quincena de Diciembre de este año. Una reducción del déficit sin ninguna base real más que la utilización de dos prácticas contables diferentes, aunque igualmente válidas y legales.

Pequeñas truculencias, en fin, de las que Esperanza no tiene ningún reparo en hablar (a diferencia de sus mayores del Gobierno de España).

El próximo viernes se va a celebrar en el estadio Vicente Calderón de Madrid la final de la Copa del Rey, que va a enfrentar al FC Barcelona y al Athletic de Bilbao. Por cierto, se va a habilitar la llamada Fan Zone (la zona de espera  y animación para los aficionados de uno u otro equipo) en el área rehabilitada de Madrid Río, al que dediqué una serie de artículos (muy ilustrados), el año pasado.

Algunos elementos nacionalistas, más o menos extremos, ya se han encargado de anticipar un cierto sabotaje en forma de gran pitada al himno nacional, o incluso a la presencia del Príncipe de Asturias en el estadio. Carlos Herrera le preguntó a Doña Esperanza cuál sería su propuesta de decisión si los hechos se acaban produciendo de esa forma. Esperanza fue fulminante en su respuesta: si hay pitada generalizada en el Vicente Calderón, el partido debería suspenderse y celebrarse posteriormente a puerta cerrada. Lo cual es, dicho sea de paso, una provocación en toda regla.

Poco después, en Los Desayunos de TVE estaba invitado Antonio Basagoiti, el líder del PP del País Vasco y reconocido seguidor del Athletic de Bilbao. Preguntado sobre esta reacción de Esperanza, su respuesta intentó desdramatizar el tema, en la línea de que unos pocos exaltados no deberían aguar el espectáculo esperado por la mayoría. Además, curiosamente, llamó la atención sobre la reciente final de la Europa League en Bucarest, que enfrentó al Atlético de Madrid (que resultó el ganador) también con el Athletic de Bilbao. Según dijo Basagoiti (a mí no me consta), en el fondo de los hinchas más radicales del Atlético de Madrid, había abundancia de banderas españolas con el pollo, es decir, preconstitucionales e ilegales. La conclusión, en fin, sería que el fútbol moviliza a sus propios exaltados. Y al ser seguido de muy cerca por una buena parte de la población, lo convierte (indeseadamente) en un escenario ideal para esos grupúsculos.  Pero cuatro exaltados no deberían tener ni siquiera la opción de estropearnos el espectáculo a los demás.

Me parece más razonable esta reacción de Basagoiti que la de Esperanza. Que Doña Rancia, al responder a Carlos Herrera, se explayó y se pasó de frenada.
Antonio Basagoiti, líder de los populares vascos.
(Fuente: rtve)

Mi reflexión final es sobre qué pasaría si Esperanza Aguirre ocupara hoy la Presidencia del Gobierno de España. Lo que, por cierto, podría haber tenido oportunidades de suceder si el Congreso de Valencia del PP se hubiera desarrollado por otros derroteros. Sin duda el país sería bastante más alegre; o, por lo menos, mucho más divertido. Porque el registrador gallego es un triste, y nos está contagiando a todos.

Y ello me trae a la cabeza uno de esos eslóganes malsonantes, pero inevitablemente gracioso: maricones al poder; al menos que nos den por el c... profesionales.

Con Esperanza Aguirre se podrá estar o no de acuerdo. Pero es de ley reconocer que sabe lo que quiere y lo que persigue, habla clarito y se le entiende todo. Aunque alguna vez estaría más guapa calladita; pero no es su estilo. Y, por cierto, ya ha avanzado que será fiel a su promesa de no subir los impuestos; pero subirá las tasas que también son tributos, aunque técnicamente, no son impuestos. Muy lista Doña Rancia.

Por lo menos, no se esconde. Como hacen, por cierto, casi todos los demás.

JMBA

miércoles, 29 de febrero de 2012

Impuestos Directos, Indirectos y Circunstanciales

Se habla estos días de las cifras finales de déficit de todas las Administraciones del Estado en 2011, que habría alcanzado el 8,51% del PIB. Parece que algunas Comunidades Autónomas tienen un déficit desbocado, que se inició por sobrevalorar los ingresos esperados, y prever un nivel de gastos a su altura. Los ingresos no llegaron, pero los gastos, fatalmente, sí se produjeron. Y esto dejando aparte fenómenos abominables como corrupciones, corruptelas, gastos faraónicos y pólvora de rey.
Luis de Guindos, Ministro de Economía y Competitividad.
(Fuente: rtve)


El Gobierno, pues, se enfrenta a la elaboración de unos Presupuestos Generales del Estado para 2012 donde será necesario, si la Unión Europea no lo relaja, un apretón adicional del orden de los 25.000 Millones de Euros.


El último día de diciembre ya se puso en marcha una subida de impuestos (en particular, del IRPF y del IBI), que ya hemos empezado a sufrir todos desde primeros de Enero. Pero tendrá que haber vueltas de tuerca adicionales: por el lado de los gastos, por supuesto, pero me temo que inevitablemente también por el lado de los ingresos. En otras palabras, que se avecina sin muchas dudas una nueva subida de impuestos.


Desde el punto de vista de la pura teoría fiscal, existen dos grandes clases de impuestos. Por una parte los directos, que gravan a un contribuyente (sea persona física o jurídica - empresa -) atendiendo estrictamente a sus características personales, familiares, económicas, sociales, etc. Y por otra parte los impuestos indirectos, que gravan una transacción, debiendo ser pagados por un contribuyente en concreto por el hecho de haber intervenido en esa transacción, al margen de sus condiciones personales o económicas.

El más conocido de los impuestos directos es el IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas), que grava las rentas, cualquiera que sea su origen, obtenidas por un contribuyente,  y su equivalente para las personas jurídicas, el Impuesto de Sociedades, que grava el beneficio de las empresas. Las cuotas del IRPF ya subieron en Diciembre, tanto para las rentas del trabajo como para las rentas del ahorro (o del capital). Respecto a las últimas, conviene tener en cuenta que, en su formulación actual, la tributación no es progresiva (salvo el mínimo salto, tras la reforma, desde el 21 al 23%). Es decir, que un prejubilado que obtenga anualmente una renta de sus ahorros de 15.000 Euros brutos, deberá pagar en el IRPF prácticamente el mismo porcentaje que un acaudalado millonetis que obtenga 10 Millones de euros al año como rendimiento del capital. Con el agravante de que el último tendrá infinitas facilidades adicionales para montar entramados societarios que le permitan incluso pagar mucho menos que eso.
La Agencia Tributaria debería contribuir, además, en
la persecución del fraude fiscal.

El llamado Impuesto Extraordinario sobre el Patrimonio también es un impuesto directo, y ya expliqué en otro artículo la problemática ligada a la doble imposición que este impuesto supone.

El llamado Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, por el contrario, es un impuesto indirecto. Como la cuota a pagar, en su caso, depende del montante y características de la sucesión o donación, es de carácter progresivo. A pesar de que su definición es estatal, su implantación y gestión es responsabilidad de las Comunidades Autónomas, por lo que algunas lo han mantenido como estaba cuando era de dependencia estatal, otras lo han reducido e incluso algunas prácticamente lo han eliminado. Su naturaleza de indirecto procede de que lo que se grava es una transacción, en concreto el cambio de titularidad (o transmisión) de ciertos bienes económicos entre contribuyentes. Esta transmisión puede ser mortis causa (la sucesión, es decir, las herencias por causa de fallecimiento), o inter vivos (es decir, las donaciones en vida; por ejemplo, la transacción que se produce cuando un padre regala en vida una vivienda a cada uno de sus tres hijos; o la que se produce cuando un ciudadano, agraciado con un jugoso premio de la Lotería, decide regalar un millón de euros a cada uno de sus cuatro hermanos). Es un impuesto discutible, en el sentido de que grava transacciones donde no se genera ningún valor, sino solamente un cambio de titularidad. Y puede acabar teniendo carácter confiscatorio, ya que si los bienes transmitidos no tienen capacidad de generar renta, con varias transmisiones sucesivas, la totalidad de su valor podría acabar pasando al Estado.  

Pero la joya de los impuestos indirectos es el IVA (Impuesto sobre el Valor Añadido). Este impuesto grava la generación de valor, de riqueza. Pero lo debe pagar cualquier agente económico que añade valor a un bien o servicio, al margen de sus condiciones personales o económicas. Simplificando, añade valor quien compra un producto a un precio y lo vende a otro precio mayor, o quien compra componentes a diversos proveedores y los utiliza para construir o fabricar un producto final que se vende a un precio muy superior al de la suma de sus componentes. El consumidor final paga el IVA de acuerdo al precio por el que compra un producto, mientras que todos los agentes económicos intermedios ingresan el IVA por todo lo que facturan, pero se deducen del IVA pagado por todo lo que les han facturado, y deben tributar la diferencia. De este modo se evita la doble imposición. No olvidemos que antes de implantarse el IVA, en este país existía un impuesto indirecto plano (el ITE - Impuesto sobre el Tráfico de las Empresas), que gravaba con un porcentaje fijo cada transacción económica. De este modo, las tributaciones se acumulaban con las diversas transacciones de un mismo producto, y se acababa produciendo imposición múltiple.
Sucesiones y Donaciones será, sin duda,
un caballo de batalla.
(Fuente: cincodias)

Desde el punto de vista del Estado, el ingreso por IVA acaba representando un cierto porcentaje del PIB del país. Lo que se recaude por este impuesto depende, evidentemente, de las diversas escalas de gravamen, pero está también directamente ligado a la actividad económica del país, a los niveles de demanda y de consumo y, en definitiva, a la evolución de su PIB. Y las diversas políticas pueden gestionar diversas escalas del IVA para abaratar o incentivar el consumo de ciertos bienes o servicios, y encarecer o desincentivar el consumo de otros.

En España existen, además, varios impuestos indirectos más (llamados especiales), que gravan de modo especial (y adicional al IVA) el consumo de determinados productos o servicios. En particular el impuesto sobre los  hidrocarburos, sobre el tabaco o sobre las bebidas alcohólicas. Conceptualmente, estos impuestos especiales son equivalentes a la definición de una escala de gravamen por el IVA mucho más elevada para el consumo 
de determinados productos. Y, por supuesto, evitan el bochorno que supondría aplicar un IVA superior al 100% a los carburantes, un decir.

Desde el punto de vista de la pura teoría fiscal, creo que sólo debería existir el IVA como impuesto indirecto, con cinco, seis o las escalas que hicieran falta: un IVA cero para ciertos productos de primera necesidad; un IVA superreducido para ciertos bienes culturales, por ejemplo, cuyo consumo se quiera incentivar; un IVA reducido, otro normal, uno elevado, otro superelevado y otro monstruoso. De ese modo el Estado (en coordinación con el resto de países, pues de lo contrario nacería inmediatamente el contrabando, aficionado o profesional), podría regular o graduar la incentivación o desincentivación que quisiera aplicar al consumo de ciertos bienes o servicios. Podría existir, por ejemplo, un IVA superelevado para gravar el consumo de productos de lujo.

Existe otro impuesto que también grava transacciones, que es el ITP (Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales) y AJD (Actos Jurídicos Documentados). Por ejemplo, cuando se compra una vivienda a una empresa (típicamente el promotor, en caso de una vivienda nueva), la transacción está sujeta al IVA. Pero si la transacción es entre particulares (típicamente, la venta de una vivienda ya usada), entonces está gravada por el ITP. En ambos casos, existe el gravamen adicional AJD para la formalización de la transacción en escritura pública.


A nivel municipal existen, por lo menos, otros dos impuestos directos, porque gravan al contribuyente y no a ninguna transacción: el IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles) y el IVTM (Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica).

Si queremos dar un repaso general a todos los pagos a la Administración que un particular debe realizar, debemos tener en cuenta que, además de los impuestos, existen también las tasas. En pura teoría, las tasas obedecen al pago por un ciudadano de un servicio que le ha prestado algún organismo de la Administración. Ejemplos de tasas son las que hay que pagar por la emisión o renovación de DNI, pasaporte, licencia de conducción, o por disponer de un vado para paso de vehículos, etc. O las que hay que pagar, en algunos municipios, por la Recogida y Tratamiento de Residuos Urbanos (la muy impopular tasa de basuras). En este último caso se produce la paradoja de que el hecho imponible debería ser el volumen (y características) anual de residuos producidos (y que deberán ser recogidos y tratados por el Ayuntamiento), mientras que la base imponible se calcula en función del valor catastral del inmueble. Por otra parte, el único criterio viable para el cálculo.
(Fuente: finanzzas)

A todo este entramado recaudatorio, complicado porque en cada país (o incluso en cada Comunidad Autónoma u organismo equivalente) su estructura puede ser diferente (incluso muy diferente), se añade la reiterada petición del establecimiento a nivel mundial y global de la llamada tasa Tobin, más correctamente denominada ITF (Impuesto sobre las Transacciones Financieras). Su justificación sería la de gravar las transacciones especulativas que se realicen en cualquier lugar del mundo. Especialmente lo que se llama el HFT (High Frequency Trading), que son transacciones especulativas a muy corto plazo (intradía, incluso con pocos minutos o hasta segundos de diferencia entre la compra y la venta) que son realizadas directamente por robots (ordenadores programados para ello). Pero la lógica de su aplicación obligaría a gravar todas las transacciones financieras. La posibilidad de una tasa de este tipo se expuso por primera vez en 1.971 por parte del economista estadounidense James Tobin (que fue Premio Nobel de Economía diez años más tarde) pero la necesidad o conveniencia de su aplicación ha sido retomada posteriormente por parte de todo tipo de organizaciones. Porque una de las cuestiones abiertas ligadas a la implantación de un impuesto de este tipo es sobre cuál debería ser el destino del dinero recaudado con la ITF. Muchas ONG,s defienden la idea de que este dinero debería ser destinado a la compensación de los países pobres de la Tierra, como pago por los excesos de la economía financiera del Primer Mundo. Es decir, que se trataría prácticamente de un Impuesto a la Mala Conciencia.

Curiosamente (seguro que hay buenos motivos para ello, pero yo los desconozco), la gran mayoría de cargos por servicios financieros de las transacciones financieras que podamos realizar los ciudadanos de a pie, están exentas de IVA. Me refiero, por ejemplo, a una simple operación de Bolsa, para comprar o vender unas pocas acciones de alguna empresa. La operación en cuestión sufre una serie de cargas o gastos, derivados del pago de los servicios financieros prestados por la Bolsa de cotización donde se realice la operación, por la Sociedad de Compensación y Liquidación de Valores (el corredor de Bolsa) y la comisión añadida por nuestra propia entidad depositaria de una cuenta de valores. Todas estas comisiones y cargas están exentas de IVA, de acuerdo a la Ley 37/1992 del IVA. Solamente el cargo por custodia (en su caso) está gravado con el IVA (actualmente del 18%). Por ello, la nota de cargo por una tal comisión (donde se detalla el IVA incurrido) tiene consideración de factura y debe llevar, por lo tanto, el correspondiente número de referencia de dicha factura. Si el cliente no es un particular (es una empresa o un autónomo) puede deducir el IVA de esa factura en su correspondiente liquidación.
Tapar el agujero tiene que ser una obsesión. Pero sólo con
eso no se resuelve el problema.
(Fuente: taringa)

La implantación de una ITF debería realizarse de un modo global a nivel mundial, sin que hubiera excepciones (como los paraísos fiscales, por ejemplo). Mientras existieran excepciones, se estaría fomentando en la práctica el contrabando de capitales financieros. Pero la lucha contra los paraísos fiscales es un tema recurrente y nunca resuelto, porque su existencia de modo relativamente controlado, acaba actuando como una válvula de escape para cuando la presión del sistema es muy fuerte. Me temo que nadie tiene muy claro qué pasaría si desaparecieran todos los paraísos fiscales en el mundo. Pero cualquiera que haya estudiado algo de física puede entender que taponar una válvula de escape podría producir alguna enojosa explosión. Da la sensación de que todos los políticos están de acuerdo en su erradicación, pero que lo haga el siguiente, que a mí me da la risa.




Ante toda esta panoplia impositiva, la pregunta es ¿por dónde va a meter el rejón el Gobierno, para intentar tapar el agujero?.


Personalmente, creo que la subida del IVA está cantada. Nos encontraremos con una escala general del 20% (dos puntos por encima del actual 18%). Me parecería extremadamente aleccionador que se atrevieran a crear una tasa superelevada del IVA, por ejemplo al 30%, para gravar el consumo de ciertos artículos de lujo (vehículos de gran cilindrada, yates de gama alta, aviones privados, artículos de peletería, hoteles o restaurantes de lujo,...). Lógicamente, su aplicación se ganaría las críticas de los sectores vendedores afectados, pero sería una iniciativa testimonial muy bien recibida por la población en general, aunque su contribución recaudatoria fuera limitada. Habría que evaluar el impacto que pudiera tener sobre el abandono de su consumo.


Estas medidas sobre el IVA podrían suponer un aumento del orden de los 20.000 Millones de Euros anuales en su recaudación (aproximadamente, un 2% del PIB). Claro que ese aumento vendría directamente de reducir la renta disponible en manos de los ciudadanos, y retraería el consumo, agravando la recesión (descenso del PIB). Se generaría algo de inflación (subida de precios), sin duda, pero en las circunstancias actuales una parte de esa cantidad provendría también del margen del vendedor, que en algunos casos podría estar dispuesto a tragarse una parte de la subida para no encarecer su producto.


La respuesta la tendremos el 30 de Marzo, cuando el Gobierno presente los nuevos Presupuestos, una vez pasadas las elecciones andaluzas (y asturianas), no fuera a ser que las medidas que tengan que tomar les erosionaran sus expectativas electorales.


Pero es imperioso que se tomen también medidas drásticas para mejorar la eficiencia de la Administración Pública, para generar ahorros importantes en el gasto público, sin deteriorar la calidad de los servicios que presta. Hay que reducir el número de Ayuntamientos, haciendo que estos puedan ser viables. Posiblemente haya que revisar la viabilidad de las Diputaciones Provinciales, que son una herencia del pasado y muy posiblemente prescindibles.


Con todas estas medidas y las que ya ha tomado el Gobierno, tenemos garantizado que, al menos durante este año, quizá incluso en el próximo, el desempleo siga aumentando y la actividad económica esté sumida en la atonía. Pero si, al mismo tiempo, se trabaja y se invierte en generar un tejido productivo más competitivo (I+D+i), es posible que empecemos a ver la luz al final del túnel dentro de 2-3 años.


Lo siento, este no es el Teléfono de la Esperanza.


JMBA

jueves, 23 de febrero de 2012

El Miedo es la Clave

Alistair MacLean fue un escritor escocés (1922-1987) que escribió multitud de novelas de ambiente bélico y de suspense. Sus obras más conocidas (llevadas al cine) son Los Cañones de Navarone y El Desafío de la Águilas.

En 1961 escribió una novela titulada El Miedo es la Clave (Fear is the Key), que fue llevada al cine por el director Michael Tuchner en 1971. Recuerdo haber leído la novela en algún momento del pasado, pero lo he olvidado todo de ella, salvo el título.
(Fuente: capitancinema)

He recuperado el título de este antiguo libro porque estos días da la sensación de que, efectivamente, el miedo es la clave (o la llave) de muchos de los acontecimientos de la actualidad.

Siempre he desconfiado de los abstemios (los que nunca beben alcohol), pero también de los borrachos conocidos y los alcohólicos anónimos. Siempre he desconfiado de los temerarios (los que nunca tienen miedo), porque los valientes sí sienten una cierta dosis de miedo, pero saben convivir con él y sobreponerse. La dosis adecuada es la clave.

En los análisis de sangre, si sube mucho el azúcar, eso es malo. Pero si baja demasiado, es casi peor. Lo mismo sucede con el miedo.

Una cierta dosis de miedo estabiliza la vida y la sociedad. El miedo impide a las personas tomar decisiones temerarias. El miedo es la manifestación práctica de la relativa incertidumbre que todos tenemos de lo que habrá al otro lado de cualquier puerta.

Una sociedad de ciudadanos con miedo (de perder algo ya conseguido, por ejemplo) es lo que hace que las sociedades evolucionadas tengan tendencia a ser relativamente estables. Se dice que las clases medias son las que mayores dosis de miedo atesoran, porque su prosperidad personal y familiar dependen en gran medida de la prosperidad del conjunto de su país y, en nuestro caso, de la prosperidad de la Unión Europea en su conjunto. Si todo se va al carajo, tienen mucho que perder. Por el contrario, los desheredados carecen de miedo, porque ya nada tienen que perder, y por eso son la mayor fuente de inestabilidad social. Las grandes guerras de la edad moderna han sobrevenido en circunstancias donde una mayoría de la población ya no tenía nada que perder, y cualquier cosa iba a ser mejor que su situación actual. En lugar de tener miedo a lo que pudiera haber al otro lado de esa puerta cerrada, había la esperanza de que tras ella se pudiera vivir y no sucumbir en la miseria o se tuviera la tranquilidad de que no te aplicaran electrodos en los huevos, y cosas así.

Las clases más acomodadas (los ricos, para entendernos) también acostumbran a carecer de miedo. Si su país se hunde, siempre les quedará Suiza, Belice o las Caimán. Y si el mundo se acaba (ver la película 2012), siempre les quedará una plaza en una de esas naves interplanetarias construidas ad hoc y que se venden a trillón.

Con los últimos acontecimientos, con las decisiones del nuevo Gobierno, con las diversas Reformas ya introducidas (especialmente la Laboral), con la presión insaciable del eje franco-alemán para contener el déficit y la Deuda, con las indicaciones de que hay que reducir los salarios, con la realidad de que los empleos ya son todos temporales, precarios y muy baratos de rescindir, estamos bordeando una situación médica de hipo-miedo. Las dosis de miedo en todas las capas de la sociedad están alcanzando sus mínimos históricos, por lo menos en todo el largo período postbélico desde 1945.
Violenta represión en Valencia.
(Fuente: cubadebate)

El Gobierno parece no tener miedo de que su Reforma Laboral draconiana (que no es ajuste, sino un cambio completo del modelo de relaciones laborales) le vaya a suponer merma de su popularidad, o amenace su victoria anunciada en las Autonómicas andaluzas del 25 de Marzo. Los cuerpos policiales no parecen tener miedo de sacar las porras a pasear, y de emplearse a fondo apaleando chiquillos de instituto (o melenudos perroflautas infiltrados, que para el caso, es lo mismo). Parecen estar bastante seguros de tener carta blanca y disponer de una cierta impunidad. Los Bancos parecen no tener miedo a dar créditos: simplemente no los dan, y así se evitan el estrés y el riesgo, mientras se dedican a tomar prestado dinero barato del BCE para invertirlo en Deuda bien remunerada, y sentarse a esperar los réditos.

Los ciudadanos, por su parte, parecen estar perdiendo el miedo también. Porque empiezan a ser conscientes de que estamos llegando a un punto donde ya cualquier otra cosa sería mejor. Sea lo que sea que haya al otro lado de la puerta cerrada, no puede ya ser peor, y se pierde el miedo a abrirla. Cuando probos ciudadanos, que estaban convencidos de vivir en un entorno de prosperidad sin final y de tener su futuro resuelto, se ven abocados a los desahucios por impago y a los comedores de Cáritas, las convicciones desaparecen, los principios flaquean y el miedo se desvanece. Cualquier otra cosa valdría más que esto.
La Reforma Laborar decretada por el Gobierno es un
atentado a la línea de flotación del Estado del Bienestar.
(Fuente: actibva)

Una sociedad con mucho miedo es mala cosa, porque se atenaza, se estanca y se resigna. Un Gobierno con miedo es mala cosa, porque se vuelve timorato y es incapaz de pensar en grandes cosas para el futuro y en nada que suceda más allá de mañana.

Pero una sociedad sin miedo está condenada a la desestabilización general. Un Gobierno sin miedo se vuelve temerario y no le duelen prendas de aplicar indiscriminadamente el bisturí, porque aunque muchos mueran, quizá salvemos la raza.

Una dosis razonable de miedo es lo que hace que las sociedades y los gobiernos sean valientes (que no temerarios) y sepan abrir puertas que nos lleven a todos a nuevas estancias más amplias y en mejores condiciones. Una dosis razonable de miedo es la que evita que nos despeñemos por el precipicio, tras unos pasos despreocupados al borde del abismo. Una dosis razonable de miedo es la que nos lleva a todos a ser respetuosos con la Ley.

Se puede morir cuando sube mucho la tensión arterial, pero también cuando baja demasiado. El azúcar alto es malo, pero las bajadas de azúcar son casi peores.

Este mundo está pensado para convivir con el equilibrio, estable si es posible, indiferente si acaso (como ese cono tumbado que rueda indolente por la mesa), pero nunca inestable (andar por el filo de la navaja).

El mucho miedo es malo. Pero la ausencia de miedo puede tener consecuencias incluso peores.

El miedo es la clave.

JMBA

viernes, 18 de noviembre de 2011

España vs. Reino Unido. Una comparación interesante.

El Reino Unido es un país integrante de la Unión Europea. Pero, al contrario que España, no ha adoptado el Euro y, por lo tanto, no forma parte de la Eurozona.
David Cameron, Primer Ministro del Reino Unido.
(Fuente: medios24)

Primero, veamos cómo ha evolucionado el valor de su divisa nacional, la Libra Esterlina. He tomado dos fechas de referencia más o menos significativas. El 15 de Mayo del 2008 (muy al principio de la crisis gigante) y el 15 de Noviembre de 2011 (es decir, hoy, a efectos prácticos).

De acuerdo a la web www.xe.com, el Euro se cambiaba el 15/5/2008 por 1,2576547061 Libras Esterlinas (GBP), mientras que el 15/11/2011 se cambiaba solamente por 1,1700301824 GBP. A efectos monetarios, pues, la Libra Esterlina se devaluó en estos tres años y medio, frente al Euro, en el 6,9373%.

Frente al Dólar Estadounidense (USD), tanto el Euro como la Libra Esterlina se devaluaron, respectivamente, el 12,72% y el 18,8%.

En 2.010, las cifras públicas relevantes del Reino Unido eran las siguientes:

Déficit del Estado: 175.117,70 Millones de Euros (equivalente al 10,30% de su PIB).
Deuda Pública (a final de 2010): 1.353.278 Millones de Euros (equivalente al 79,90% de su PIB)

De acuerdo a las mismas fuentes, los datos para España eran los siguientes:

Déficit del Estado: 98.166 Millones de Euros (equivalente al 9,30% del PIB) 
Deuda Pública: 641.802 Millones de Euros (equivalente al 61% del PIB)

Y, para las mismas fechas, los datos para Alemania eran así:


Déficit del Estado: 105.860 Millones de Euros (equivalente al 4,30% del PIB) 
Deuda Pública: 2.061.794,70 Millones de Euros (equivalente al 83,20% del PIB)

Para los que no tengan las fechas en la cabeza, quizá convenga recordar que David Cameron, del Partido Conservador, es Primer Ministro del Reino Unido desde el 11 de Mayo de 2010. A base de recortes salvajes (que provocaron masivas protestas y huelgas de los ciudadanos), consiguió reducir el déficit desde el 11,40% del PIB en 2009, pero la Deuda Pública aumentó algo más de 10 puntos (desde el 69,60% del PIB en 2009).
José Luis Rodríguez Zapatero, (todavía) Presidente del
Gobierno de España.
(Fuente: bulhufas)

Con estas cifras en la mano, la conclusión más evidente es que la economía del Reino Unido estaría más deteriorada que la de España (más Déficit; más Deuda). Sin embargo, en estos días tormentosos en los mercados, nadie habla del Reino Unido. La (principal) diferencia es que el Banco de Inglaterra mantiene todas sus funciones monetarias (incluida la emisión de moneda), mientras que en España estamos en el tren de la Eurozona. El Banco de España ya no tiene la responsabilidad de la emisión de moneda o de la valoración de la misma, funciones que están delegadas en el BCE. 


Un par de datos interesantes: el Banco de Inglaterra ha comprado hasta 300.000 millones de Euros de deuda soberana. Gracias a ello, el Reino Unido sigue pagando su deuda al 2%.


Pero si el Reino Unido formara parte de la Eurozona, estaría en el vagón de cola junto con España y los demás países llamados periféricos. Francamente, algo falla en un sistema que establece esta clasificación.

Pero en el tren de la Eurozona viajamos junto al primo de Zumosol, Alemania. Un país muy poblado (especialmente desde la reunificación), y una economía muy potente. Con una Deuda casi veinte puntos superior a la de España, pero con la que nadie se mete. Al contrario, los mercados le financian a intereses ridículos, porque transmite la sensación de riesgo nulo. Eso sí, con cifras bastante inferiores de Déficit Público, y un rendimiento en las cifras de empleo que son ejemplares. Una economía potente, ya digo.

Decir que estamos peor que Alemania no es nada nuevo: ha sido así de toda la p... vida (la que recordamos, claro). La diferencia respecto a los años anteriores a la Unión Monetaria es que ahora eso le afecta a Alemania.
Angela Merkel, Canciller de Alemania.
(Fuente: mlvcosas)

¿No será que se nos ha atragantado el precioso proyecto del Euro? ¿No será que hemos puesto el carro por delante de los bueyes?.

Yo soy un firme eurocreyente, pero mi fe se tambalea estos días. Es cierto que el Euro nos ha hecho sentir más ricos durante los años buenos. Pero en el pecado va la penitencia.

A la vista de los acontecimientos, creo que no queda otra solución que Refundar el Euro. Ahora que hemos aprendido lo que hicimos mal, quizá la v. 2.0 nos salga mucho mejor.

Claro que conviene no olvidar que la existencia de la Eurozona, en los años buenos, le ha beneficiado mucho a Alemania, que ha podido vender muchas más cosas a esos presuntos nuevos ricos. Pero, ahora que le está afectando, no parece que Alemania esté por la labor de evaluar el proyecto en su conjunto, estar a verdes y a maduras.

Lo que queda claro es que la implantación del Euro no ha provocado que todas las economías de la Eurozona sean como Alemania. Era imposible que fuera así. Pero ahora nos damos cuenta, con sangre, de que no existe ningún mecanismo previsto para hacer frente a esta realidad.

Quizá sólo hemos vivido un espejismo, que se está disolviendo ante nuestros ojos. Pero creo que es posible una refundación que corrija los evidentes errores de la v. 1.0. Pero sólo con ajustes, recortes y Planes de Rescate, no vamos a salir de esta situación. Al menos, no con vida.

Cuando todo falla, mira a la izquierda, como decía hace unos días mi buen amigo Santi.

JMBA