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lunes, 2 de enero de 2012

La Primera Decisión del Gobierno Rajoy

Este viernes 30 de diciembre, víspera de Nochevieja, el nuevo Gobierno de Mariano Rajoy ha pasado su bautismo de fuego. Sus primeras medidas nos meten la mano en el bolsillo de la mayoría de ciudadanos. Para el resto habrá que esperar a finales de Marzo (pasadas las elecciones andaluzas) en que se presenten los Presupuestos Generales del Estado para 2012
El Tribunal que se presentó el viernes en Moncloa,
para dar las malas noticias tras el Consejo de Ministros,
presidido por Soraya Sáenz de Santamaría,
(Fuente: politicas)

Como aperitivo, subida de impuestos. Tras toda una campaña en que Rajoy negó por activa y por pasiva su intención de subir los impuestos. La vicepresidenta y varios ministros escenificaron lo que posiblemente ya tenían ensayado desde hacía tiempo: oh, cielos, lo que nos hemos encontrado es mucho peor que lo que nos habían dicho. Una representación así sólo es posible en los primeros momentos del nuevo gobierno, y no han dejado pasar la ocasión.

Soraya habló de un déficit del 8% (frente al 6%, que es la cifra de la que se había venido hablando últimamente). Es imprescindible que clarifiquen el origen de este déficit y qué administraciones lo han provocado, y en qué cuantía. Porque muchos tenemos la sensación de que, mientras en la Administración General del Estado (la AGE) la contención (y supervisión) del gasto se lleva a rajatabla, en otras se sigue disparando con demasiada frecuencia pólvora de rey.

Se insistió en que se trata de una subida extraordinaria y temporal, limitada a los ejercicios de 2012 y 2013. Más adelante, Dios dirá, claro. Medidas extraordinarias para hacer frente a situaciones extraordinarias, repitió unas cuantas veces una vicepresidenta nerviosa durante la intervención pública posterior al Consejo de Ministros.

El Real Decreto-ley 20/2011 de 30 de Diciembre se ha publicado en el BOE del sábado 31 de Diciembre, y entra inmediatamente en vigor, a partir del 1º de Enero de 2012. Es un documento de 75 páginas, muy espeso en algunas partes, pero clarinete en otras muchas. En la práctica, prorroga los Presupuestos del 2011, con algunas matizaciones.

Por una parte, se decreta un recorte de gastos que afectará de modo muy especial a los funcionarios y a los pensionistas. Estos ven aumentados sus ingresos en el 1%, con una inflación reconocida del 2,9%. Aquellos ven congelados sus sueldos, a cambio de trabajar 2,5 horas más a la semana, hasta las 37,5. Francamente, no sé si esto es así en todas las Administraciones (lo de las 35 horas semanales en la actualidad).

En cuanto a la subida de impuestos, dos nos afectan a la gran mayoría. De una parte, se decreta un incremento del IBI (el Impuesto de los Bienes Inmuebles que pagamos cada cual a nuestro Ayuntamiento). La cuantía de este incremento depende del año en que cada Ayuntamiento haya realizado por última vez la revisión catastral. Si fue anterior al 2002, el incremento será del 10% y, además, el gravamen no podrá ser inferior al 0,5% en 2012 y al 0,6% en 2013. Para revisiones entre 2002 y 2004, el incremento será del 6% (con un gravamen mínimo del 0,5%). Si la última revisión se produjo entre 2005 y 2007, se entiende que, en plena burbuja inmobiliaria, los valores están hinchados, y el incremento será del 0%. Para las revisiones entre 2008 y 2011, el incremento durante 2012 y 2013 será del 4%.

Os voy a poner un ejemplo de Madrid, que es el municipio en el que resido, y donde tengo una vivienda (más plaza de garage y trastero) en propiedad. Hasta el IBI de 2011, el valor catastral de referencia ha sido el fijado en 2001. El incremento respecto al valor previo se ha venido repercutiendo parcialmente año a año, y 2011 ha sido el primer año en que la Base liquidable del impuesto ha sido exactamente el valor catastral fijado en 2001. Para que os hagáis una idea, el importe del IBI que he pagado en 2011 respecto al de 2001  representa un incremento del 217,56%. Es decir, en estos diez años, el importe del Impuesto se ha más que triplicado.

En 2011 se ha realizado una Revisión Catastral en el municipio de Madrid. En mi caso, esto representa un aumento del valor catastral de la vivienda en un 63,42%; de la plaza de garage en un 65,73%; y en el caso del trastero, curiosamente, una reducción del 14,82%.

Para el cálculo de la cuota del IBI con los nuevos valores catastrales (si es que han subido respecto a 2001), a la Base Imponible del impuesto se le va añadiendo cada año (empezando en 2012) un 10% del aumento total. De modo que existirá cierta reducción hasta el 2020, y el 2021 será el primero en el que se pague la totalidad del IBI en función del valor catastral de 2011. Suponiendo que no se modifique por el camino la tasa del gravamen (actualmente del 0,581% en el municipio de Madrid), esto supondrá que el IBI de 2021 respecto al de 2011 representará un incremento total del 59.61%.

Las cuotas para 2012 y 2013 se verán afectadas por este Real Decreto-ley, con un incremento, en este caso, del 4%. Todavía voy a resultar afortunado, porque con todo ello, el IBI 2012 respecto al del 2011 representará un incremento del 9,49%, y no del 10% como sería si se hubieran conservado los valores catastrales del 2001.


Otro impuesto que se revisa en este Real Decreto-ley es el IRPF (el famoso Impuesto de la Renta; técnicamente Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas). Aquí también se aplicará un gravamen especial, tanto sobre las rentas del trabajo como sobre las rentas del ahorro, durante 2012 y 2013. La cuantía del gravamen tiene que ver con el importe de la BLG (Base Liquidable General, a la que se llega sumando los rendimientos del trabajo y restando los gastos deducibles y las deducciones por mínimo personal y familiar y demás). La cuota íntegra estatal aumentará en un 0,75% del importe de la BLG, para valores hasta los 17.707,20 euros. El porcentaje del gravamen aumenta con el valor de la BLG. Para una BLG de 53.407,20 Euros, representa el 1,97%, pero el marginal para lo que exceda de esa cifra ya será del 4%. En el límite definido, para una BLG de 300.000,20 Euros, el gravamen representa un 4,65%, pero el marginal de ahí en adelante  será del 7%.

Hará falta ver si no hay más de una Comunidad Autónoma que se sume a esta ola, y decida aplicar un gravamen parecido a la cuota íntegra autonómica.

Por su parte, también se aplicará un gravamen a la Base Liquidable del Ahorro (BLA), es decir, a los ingresos procedentes de intereses de cuentas o depósitos, o bien de dividendos. En este caso, el gravamen será del 2% para los primeros 6.000 euros, del 4% para los siguientes 18.000, y del 6% para todo lo que exceda de los 24.000 euros.

Por supuesto, las correspondientes retenciones a cuenta, tanto para las rentas del trabajo como del capital se incrementarán convenientemente (ese es el procedimiento para que el Estado empiece a percibir los incrementos desde ya). En particular, esto significa que la retención sobre los intereses de cuentas, depósitos o dividendos será (durante 2012 y 2013) del 21% en lugar del 19%.

También hay algunas medidas relativas a la vivienda. Se mantiene (en principio durante 2012), el IVA reducido del 4% para la compra de vivienda, así como la deducción fiscal por adquisición de vivienda habitual. Una ayudita muy dirigida a que los Bancos (que son hoy los propietarios de un stock sobredimensionado de viviendas, procedente de impagos y embargos), puedan dar salida con más facilidad a sus activos dudosos. 

Todo lo que os he contado hasta aquí es la parte más significativa del contenido de este Real Decreto-ley, que nos va a afectar a todos.

Partamos de la base de que parece irrefutable que el Estado necesita recaudar más dinero para poder hacer frente a los compromisos de reducción del déficit asumidos con la Unión Europea. Y ello sin perjuicio de que habrá que revisar muchas más cosas en lo que se refiere a cómo y en qué se gasta el dinero de todos, y a una reflexión sobre si podemos seguir permitiéndonos gastos suntuarios y exagerados, como los aeropuertos para personas y no para aviones o los palacios de congresos que han nacido como setas hasta en las pequeñas capitales de comarca, y de que  hay que atajar sin misericordia cualquier asomo de corrupción.

Dicho esto, ¿es justo el reparto del esfuerzo?. Creo que no, porque todo el esfuerzo acaba recayendo sobre los de siempre (asalariados, funcionarios, pensionistas, pequeños ahorradores), que veremos reducida nuestra renta disponible y nuestro poder adquisitivo, de un modo parecido a lo que habríamos sufrido todos con una devaluación, por hacer referencia a los mecanismos previos a la implantación de la moneda única.

Pero ni siquiera se atisba la intención de atacar con firmeza a los grandes yacimientos de mayores ingresos para el Estado. Fuera de esos colectivos (los sufridores habituales) se desarrollan los grandes pastos de injusticia y fraude fiscal. Ni siquiera se insinúa la intención de implantar un Impuesto para las Grandes Fortunas, o una tasa a las transacciones financieras especulativas. Es decir, no se ve ni siquiera la intención de que paguen la crisis los que la provocaron y se han beneficiado (y se están beneficiando) de ella. Pero esta no es una crítica sólo para Rajoy, sino para el conjunto de la Unión Europea. Todos los eurofuncionarios y eurodirigentes se están mostrando indolentes, perezosos y reacios a promover con firmeza un cambio en el modelo fiscal, que produjera un reparto más justo de los costes derivados de mantener un Estado como el que hemos conseguido.

Que pague más quien más gana, sí, pero sólo si formas parte de la casta de los sufridores habituales.

JMBA

martes, 16 de noviembre de 2010

El Colapso de la Clase Media

He localizado un brillante artículo en la red, que analiza muy documentadamente y de forma muy comprensible, este fenómeno en el que los Estados Unidos nos llevan un poquito de ventaja.

Os brindo el enlace (merece la pena):

http://dfc-economiahistoria.blogspot.com/2010/08/el-fin-de-la-clase-media-el-caso-de-usa.html

Es bastante extenso, pero creo que es un tiempo bien empleado.

JMBA

martes, 8 de junio de 2010

Globalización

Hace tiempo ya que estamos conviviendo con un fenómeno relativamente reciente, por lo menos al que se le ha dado nombre y carta de naturaleza no hace tanto.

Vivimos en una economía globalizada (sólo hace falta ver, por ejemplo, lo que provoca las sospechas sobre Hungría en la Bolsa española). Decían, en términos quasi líricos, que un aleteo de mariposa en Tokyo produce un resfriado en Nueva York. O algo así.

Lo que ocurre es que la globalización es radicalmente injusta, porque es imposible de aplicar por igual a todos los recursos y en todos los campos.

Hoy en día, cualquiera puede estar en su casa en zapatillas (o incluso peor, con camiseta de rejilla y chanclas), y decidir sobre la marcha invertir ese capitalito que tiene por ahí en acciones del Santander, o comprar Apple, o tomar posiciones cortas (apuestas a la baja) contra el euro, o infinidad de otras cosas. Desde ese punto de vista, el capital está globalizado, y puede fluir libremente en cuestión de décimas de segundo.

Ciertas industrias pueden deslocalizarse sin demasiados problemas, y llevarse el textil a China, o producir calcetines en Marruecos. Aunque debemos tener en cuenta que el coste reducido de la mano de obra NO es una ventaja competitiva sostenible. Claro que, mientras dure... Desde este punto de vista, la industria está globalizada, y así aparecen periódicamente escándalos sobre la fabricación de zapatillas de deporte de marcas internacionales por niños explotados en India, o donde sea.

Yo ahora mismo estoy escribiendo este articulito desde mi casa (no describiré con qué atuendo), viendo los árboles combarse al viento en la plaza, y mi obra puede estar disponible (potencialmente) desde cualquier lugar del mundo, en cuanto le dé al botón de Publicar. Desde este punto de vista, el conocimiento está globalizado.

Sin embargo, el trabajo, la mano de obra, está profundamente localizada, ligada al lugar donde ciertos trabajos deben desempeñarse. El médico está ligado a su Hospital, el profesor a su escuela, el funcionario a su Ministerio, el obrero a su fábrica y así. Todo el mundo tiene la oportunidad de buscar una mejor oportunidad en otro lugar, incluso en otro país, u otro continente. Pero hacerlo requiere un gran esfuerzo personal y familiar, necesita cierto tiempo para realizar una mudanza física. Por ello no es muy habitual esta deslocalización, más que entre los jóvenes que buscan una oportunidad donde sea que se produzca, y lo toman además como una magnífica aventura para conocer mundo.

Creo haber dicho en otra parte el valor que las clases medias aportan a la sociedad, por su apego al territorio, porque su prosperidad depende de la de su país.

Por eso cuando se requieren sacrificios, todos los Gobiernos recurren a pedírselos a sus clases medias, si no por otros motivos, porque tienen una escapatoria mucho más complicada. Los capitales sometidos a tensión (presión fiscal, por ejemplo), se comportan como el agua que se nos escapa entre los dedos, y jamás se deja apresar. O parte de los profesionales liberales pueden deslocalizarse con un mínimo esfuerzo, en caso de ponerse las cosas difíciles (recordemos a los deportistas de élite empadronados en Andorra o Mónaco, por ejemplo).

No quiero justificar con esto, sino sólo explicarlo, el por qué todos los gobiernos miran al mismo sitio cuando se requieren sacrificios.

No sé si es un consuelo, pero es lo que hay.

JMBA

lunes, 7 de junio de 2010

Reforma Laboral (1)

Le pongo un 1 a esta Nota, pensando que será inevitable que haya más sobre el mismo tema en las próximas semanas.

Resulta, desgraciadamente, bastante evidente, que el Estado del Bienestar, tal y como lo hemos conocido, especialmente en Europa, en las últimas décadas, está en entredicho. La crisis que estamos viviendo lo está poniendo todo patas arriba, y obliga a reconsiderar aspectos que podrían parecer en el pasado como absolutamente inamovibles.

Por ejemplo, el Sistema de Pensiones de tipo redistributivo, no de capitalización, como el que tenemos en España, es delicadamente dependiente de la pirámide de población y, especialmente, de la pirámide de ocupación. Es decir, las pensiones las pagan en cada momento los que trabajan. Si el porcentaje de personas en edad de recibir pensión aumenta significativamente en proporción al total de la población, esto introduce una tensión en el sistema. Y si, como está sucediendo dramáticamente ahora mismo, el ratio ocupado/pensionista decrece demasiado, de nuevo el Sistema entra en riesgo.

Pero, si nos centramos en la Reforma Laboral tal y como se está planteando en la actualidad, hay algunas cosas que debemos reconocer de inicio. Por diversos motivos, el Sistema Laboral en España es extremadamente rígido, y además está fragmentado en dos partes absolutamente irreconciliables, con niveles de derechos en absoluto homologables. Por una parte, los empleados fijos con cierta antigüedad, tienen derecho a una indemnización, en caso de despido improcedente, de 45 días por año trabajado, con un máximo de 42 mensualidades. Además, esta indemnización legal está libre de impuestos. En otras palabras, un empleado con más de 28 años de antigüedad en una empresa, en caso de despido improcedente va a percibir una indemnización del total de salario bruto de tres años y medio, pero libre de impuestos. Lo que fácilmente equivale a más de cinco años de sueldo. Y sé de lo que hablo.

Por otra parte, una proporción creciente de la población ocupada sufre de exactamente lo contrario. Con sueldos de mileurista, y contrataciones temporales, no tienen derecho a indemnización alguna en caso de despido. Lo que genera, lógicamente, una gran movilidad laboral, con todos los inconvenientes que ello supone: falta de fidelización a cualquier empresa, práctica imposibilidad de rentabilizar la formación a los empleados, por lo que se acaba no dando, y situaciones personales precarias incluso en edades avanzadas de la vida laboral (hay muchísimas personas de 30 y más años en esta situación).

Por ello, una parte de los empleados cuidan de su “mochila” y el resto deben buscarse la vida casi día a día, semana a semana y mes a mes.

No soy experto laboralista, pero seguro que existe un rango de índices de movilidad laboral que son los óptimos en los sistemas eficientes. Y que están justamente entre los de los dos grandes grupos laboralmente irreconciliables que tenemos hoy en España.

El trabajo siempre debería seguir siendo un reto, pero debe poder asegurar una cierta estabilidad personal. En un sistema eficiente, cualquier empleado debe tener una visibilidad de futuro, en su empleo actual o en otro equivalente, o incluso con movilidad geográfica (un concepto prácticamente excluido de la mente de los empleados en Europa, pero muy especialmente en España). Esa visibilidad es la que permite una cierta planificación de vida, afrontar el endeudamiento necesario para comprar una vivienda, y, en definitiva, la integración de la persona en el sistema macroeconómico imperante. En otras palabras, permite ingresar en las clases medias. No olvidemos que, salvo envidiables excepciones, trabajamos para vivir.

Tras estas consideraciones, hablemos de la Reforma Laboral inminente. Parece claro que no habrá acuerdo entre las organizaciones empresariales y los sindicatos. Y ello por varios motivos. De una parte, el Gobierno ya ha avanzado que la introducirá por decreto si no hay acuerdo. Por tanto, los empresarios ya saben que sus principales reivindicaciones estarán recogidas, en su caso, en el decreto gubernamental. Por tanto, el acuerdo, para ellos, ya no tiene ningún atractivo.

Los Sindicatos son tema aparte. Por una parte, parece que sólo defienden a los empleados, y no a todos los trabajadores, incluso los que están actualmente en paro (recordemos que son más de cuatro millones en España hoy en día). Por otra parte, la representatividad que tienen es limitada, porque, ¿cuántos afiliados sindicales hay en este país?.

En estas condiciones, la posición de los Sindicatos se limitará a rezar (!!??) para quedarse como están. Defenderán los derechos adquiridos con uñas y dientes, y ahí se acaba todo. Morder con fuerza al Gobierno, la mano que, no lo olvidemos, les da de comer a falta de una mayor afiliación sindical, sería una actitud autodestructiva que no creo que vayan a abordar. Incluso dudo de que se acabe convocando una Huelga General y, de hacerse, de que tenga un seguimiento masivo.

Los ciudadanos, los trabajadores, creo que son conscientes de las enormes dificultades económicas por las que estamos transitando, Y estarán dispuestos a aceptar unas ciertas limitaciones, siempre que se repartan equitativamente por toda la sociedad, lo que supone bastantes problemas. Ahí el Gobierno tiene un desafío importante. La propia Administración (toda la Administración, incluyendo a las Comunidades Autónomas, las Diputaciones y los Ayuntamientos) deben dar ejemplo de austeridad y voluntad de afrontar la crisis para salir de ella. Y los que más tienen deben contribuir de forma proporcional, lo que casi es economía ficción.

Porque las grandes fortunas son extremadamente timoratas, y muy sensibles al menor aroma de riesgo. Apretar a los capitales les obliga a buscar mejores escenarios y emigrar, lo que también sería negativo para la economía española.

Para terminar esta primera nota sobre tema tan espinoso, permítaseme una reflexión. Cualquiera que visite países del Tercer Mundo o en vías de desarrollo (pensemos, sin ir más lejos, en los pequeños países de Centroamérica, o en los de segunda fila de América del Sur) se habrá dado cuenta de que su gran fracaso económico ha sido la incapacidad de crear en el país una fuerte clase media. La estratificación social en esos países pasa por una minoría extremadamente rica, y una inmensa capa social de clases bajas, pobres y desheredados. En estas condiciones, a nadie le preocupa la situación del país: si las cosas se ponen mal, los muy ricos se irán a sus mansiones de Miami, Punta del Este o Europa, y allá se las apañen. Y los pobres nada pueden perder (porque nada tienen para perder), aunque cunda el desorden y la anarquía. Con estos mimbres, lo que habitualmente acaba sucediendo es que los Gobiernos miran únicamente por su propio interés, y esos países nunca consiguen prosperar.

Con ello quiero decir que, de forma casi inevitable, los grandes pagadores de esta crisis serán de nuevo las clases medias. Actualmente podemos pensar que las clases medias en España incluyen desde las franjas bajas (con ingresos del orden de los 20K€ anuales), hasta las clases más acomodadas (con ingresos del orden de los 100-150K€ anuales). Este nivel de ingresos permite una vida cómoda, una vivienda mejor, un ocio de calidad, pero de ninguna forma llevar vida de millonario. Su prosperidad depende de la del país, que es a lo que vamos.

Afortunadamente para España, las clases medias ocupan la gran mayoría de la sociedad. Por lo que habrá más gente entre quien repartir el coste.

Continuará. Al hilo de vuestros comentarios.

JMBA