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sábado, 26 de enero de 2013

C-tres (Corruptos, Corruptelas y Corrupciones)

De la gran mayoría de ciudadanos de este país, nadie podría demostrar nunca que seamos corruptos. Y ello se debe, en primer lugar, a un hecho incontrovertible: nunca hemos tenido la oportunidad de poner a prueba nuestra honradez. El que no tiene acceso a la llave de la caja, no tiene la oportunidad de meter la mano en ella.
Luis Bárcenas, ex tesorero del PP, de quien se sospecha
que podría controlar una máquina trincona.
(Fuente: elconfidencial)

Por otra parte, el imaginario nacional tiene una especial fijación por lo que podríamos llamar dinero fácil. La máxima ceremonia litúrgica de este hecho es el sorteo de la Lotería de Navidad. El dinero que se gana trabajando sirve para pagar las cosas aburridas de la vida (la hipoteca de nuestro hogar, la letra del coche, la cuenta del supermercado, el colegio de los niños, la factura del gas o la electricidad,...). Por el contrario, el dinero fácil sirve para pagar por aquello realmente divertido que la vida puede aportar: un viaje al trópico, un descapotable, caviar, champán, fiesta,...

Esta fijación por el dinero fácil tiene un efecto perverso sobre ciertos aspectos de la sensibilidad social. El primer sentimiento que todos tenemos ante alguien que se ha enriquecido ilícita o corruptamente, es la envidia. Luego ya se impone la razón, y nos indignamos y censuramos agriamente esos comportamientos radicalmente antisociales.

Esta perversión tiene un efecto indirecto en la, a menudo, falta de severidad (o incluso, a menudo, cierta condescendencia) con que la sociedad en su conjunto censura y castiga a los corruptos. A ello se añade que los políticos se muestran tibios en la crítica a la corrupción de los demás, con el temor de que una crítica exacerbada a lo mejor acaba suponiendo un tiro en el propio pie. Porque nadie está totalmente a salvo de corruptos.

Las pequeñas corruptelas empiezan con las mordidas, las pequeñas propinas para alterar el curso natural de las cosas, para adelantar un expediente, etc. Supongo que esta es una merma difícil de erradicar y, en general, puede considerarse venial.

Luego están las corrupciones personales, en que alguien utiliza su cargo o posición para recibir dinero (negro, en B, en un sobre, en un maletín,...) de un tercero a cambio de tomar decisiones que le favorezcan, aun a sabiendas de que son injustas o ilegales. Buena parte de la corrupción con origen en el sector inmobiliario tiene esta tipología, donde se tuercen las voluntades de alcaldes o concejales (especialmente) para conseguir recalificaciones u otras prebendas que beneficien al pagano de una u otra forma. El corrupto se mueve en la cuerda floja, porque el esquema puede acabar haciéndose público si alguien de sus proximidades siente envidia, o bien si alguien que mojaba del esquema, de repente, por uno u otro motivo, deja de hacerlo. El dinero, especialmente en B y en grandes cantidades, silencia todas las bocas.

Pero lo más abyecto de la corrupción son las que yo llamo maquinarias de corrupción o máquinas trinconas. Son montajes a menudo sofisticados, que requieren de un cierto tiempo y preparación para que funcionen sin chirriar. El objetivo de la organización que la promociona es conseguir un fondo de reptiles (con dinero en B) para cubrir gastos difícilmente justificables, o que resultan imposibles de cubrir con dinero legal. En las últimas décadas hemos visto ya aflorar muchas máquinas trinconas de este tipo. Desde la Filesa-etc de los socialistas, hasta el montaje de la SGAE con sociedades anejas, hasta el caso Palau en Catalunya o, por las trazas que tiene, la maquinaria controlada por Luis Bárcenas en los aledaños del PP.

El objetivo de estas maquinarias es conseguir una acumulación de dinero sin control, que se pueda repartir o gastar sin tener que dar explicaciones a nadie ni registrarlo en ninguna parte. Claro que el concepto es suficientemente vago como para que incluso sus promotores puedan acabar perdiendo el control sobre él. Sospechas más que fundadas parecen indicar que muchos de los actos multitudinarios y relativamente lujosos de los partidos políticos, en todo o en parte, se pagan a partir de bolsas de dinero B generadas con estos mecanismos.
Félix Millet, que podría ser el cabecilla de la maquinaria
trincona
organizada en torno al Palau de la Música.
(Fuente: expansion)

El alimento de estas bolsas procede, en general, de lo que se conoce como comisiones, es decir, porcentajes bajo mano que acaban pagando algunos adjudicatarios de contratos públicos con la Administración. La empresa X quiere vender cien piflostios a una cierta Administración Pública (supongamos, por simplificar, que a un Ayuntamiento). La contratación, por ley, debe realizarse a través de Concurso Público, con luz y taquígrafos. La empresa X quiere ganar ese Concurso (al que han presentado oferta otras cinco empresas). Los los criterios para la adjudicación siempre admiten alguna flexibilidad (el precio es un factor objetivo; pero la reputación del ofertante, por ejemplo, puede ser relativa y subjetiva). Seamos generosos, y pensemos que la propuesta de la empresa X es la más ventajosa para la Administración, en términos objetivos. Pero al director de la empresa X se le pone en contacto con un agente de la máquina trincona de turno (a menudo a través de asesores o consultores que actúan de intermediarios). En resumen, se le amenaza con que, si no suelta la comisión en B que se haya estipulado, el concurso lo ganará alguno de sus competidores.

Como la empresa X es una muy seria y reputada fabricante de piflostios, no tiene caja B y toda su contabilidad es limpia como una patena. Por eso se limita a pagar una factura que le emite alguna empresa asesora intermedia, que es la que ennegrece y sumerge una parte del botín y lo aporta a la Bolsa, y todos felices.

Para administrar esa Bolsa de dinero B hace falta un responsable, un tesorero. Pero de cómo se gaste, o quién se lo acabe quedando, no habrá ninguna constancia oficial (ni facturas ni recibos), más allá del cuadernito de bolsillo que seguramente tenga el tesorero para anotar las entradas y salidas de dinero y que, entre otras cosas, le servirá como un seguro para el caso de que los promotores le acaben dejando con el culo al aire.

Una maquinaria de este tipo es lo que se adivina que podría existir (o haber existido) en los aledaños del Partido Popular, gestionada por el que fue su tesorero, Luis Bárcenas. Según algunos han dicho ya abiertamente, en algún momento, de esa Bolsa se podrían haber pagado sobresueldos, en forma de sobres con dinero en efectivo, a ciertos miembros del partido.

Montar la maquinaria para que funcione sin ruidos cuesta un cierto tiempo y es necesario que madure adecuadamente. Pero desmontarla es poco menos que imposible, porque supondría reconocer demasiados delitos que a nadie le apetece asumir, y el tesorero, por supuesto, no va a cargar con las culpas, al menos mientras mantenga en su poder el cuadernito de bolsillo.

Es por esto que Rajoy se encuentra en una encrucijada por la que es muy difícil navegar, sin fuertes pérdidas en más de un sentido. No queda otra posibilidad real que contemporizar, intentar echarle tierra al asunto o esconderlo bajo la alfombra. Todo ello, suponiendo, claro está, que exista una voluntad decidida de destruir la máquina trincona.

Y, de toda la clase política, el que esté absolutamente limpio de pecado, que tire la primera piedra.
Josep Maria Sala, a la sazón senador, que fue condenado
judicialmente por el caso Filesa.
(Fuente: flickr)

Sobre todo, no caigamos en el error de aceptar que lo que va a resolver el problema es una auditoría de las cuentas del PP (en este caso), porque el dinero de la corrupción se mueve con total libertad y sin dejar rastro en la contabilidad. Más que auditar, habrá que arremangarse y bajar a las cloacas.

Es por esto que resulta imprescindible la promulgación de una Ley de Transparencia que abarque y obligue a todas las organizaciones que gestionan dinero público, incluyendo a Partidos Políticos, Sindicatos, ONG,s, Empresas Públicas, etc. El dinero público sólo deja de serlo cuando la administración paga la nómina a alguno de sus empleados (con la correspondiente retención del IRPF, recibos, etc.) o bien paga la factura de algún proveedor privado (previa validación de los interventores, etc.). Todas las subvenciones de cualquier género o, para el caso, las transferencias de la Administración a alguna empresa pública, siguen siendo dinero público hasta que se cumpla alguna de las condiciones definidas anteriormente.

Para los ciudadanos honrados (aunque sólo lo sean porque nunca han tenido la oportunidad de dejar de serlo), que pagan religiosamente hasta el último céntimo de sus impuestos, resulta desmoralizante y provoca una crisis de confianza y de ilusión, tener que asistir a estas ceremonias de la confusión, con el convencimiento íntimo de que resulta prácticamente imposible erradicar ciertas prácticas, que provocan una merma cierta de la capacidad que debe tener la Administración Pública para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos.

Contra la corrupción, tolerancia cero. Pero los políticos, solos, no lo conseguirán nunca. Los ciudadanos debemos presionar por todos los medios para conseguirlo, mejor antes que después. Una buena forma, para empezar, puede ser firmar la petición al Gobierno de una Ley de Transparencia más amplia y severa de lo que se ha anticipado. Podéis hacerlo en la plataforma Change.org.

Sólo con nuestro esfuerzo y todos unidos, tenemos alguna posibilidad de ver amanecer un tiempo nuevo, en que la corrupción política haya sido dominada y no fructifique más.

JMBA

sábado, 19 de enero de 2013

Ponga un Photocall en su Vida

Uno de los efectos, nada secundarios, de la extensión meteórica y masiva de la fotografía digital y, muy especialmente, de la posibilidad de realizar tomas con muy buena calidad en los teléfonos móviles (los llamados smartphones, o teléfonos inteligentes), es que el número de fotografías que se realizan en un solo día en todo el mundo ha aumentado en varios órdenes de magnitud, respecto a la etapa anterior de las cámaras de carrete.
¿Queda o no queda claro quién pagaba los canapiés?.
(Fuente: keepthebeat)

Hace años, al preparar el equipaje para partir de viaje, uno de los elementos a tener en cuenta era la provisión de carretes fotográficos. Según el destino, podíamos preferir comprarlos en destino, si los precios resultaban más económicos allí que en España. Actualmente, los elementos que nunca deberán faltar en el equipaje son las baterías y tarjetas de memoria de repuesto y, absolutamente imprescindible, los cargadores.

Hace un par de décadas, tras dos semanas de viaje al otro lado del planeta, volvías a casa con, a lo mejor, diez carretes gastados y unas trescientas o cuatrocientas fotografías tiradas. Hoy puedes hacer más de mil con sólo unos pocos días en la provincia vecina. Hemos aprendido muy rápido que el coste marginal de realizar una fotografía es (prácticamente) cero, y utilizamos ampliamente esta ventaja. Ante cualquier motivo que nos atraiga, podemos hacer una docena de fotografías, contando con que en alguna habremos obtenido una calidad, un encuadre, un encaje de los elementos móviles, que marcará la diferencia con las demás y que definirá la excelencia.

En los eventos de cualquier tipo, que atraigan a la prensa y especialmente a la prensa gráfica, al puñado de fotógrafos profesionales hay que añadir que cada asistente es un fotógrafo aficionado en potencia. Todos los días vemos en las redes sociales (otro invento que ni siquiera ha llegado a la adolescencia) las fotografías improvisadas por alguien que se cruzó con un famoso y se hizo una auto-foto por el peregrino método de estirar el brazo y enfocarse a uno mismo. Supongo que manejar un dispositivo de quinientos o seiscientos euros de coste dificulta confiar en un tercero para que nos haga una fotografía sin que salga  huyendo con el botín.

Entre muchos otros motivos (especialmente los publicitarios y promocionales) para establecer una cierta diferenciación entre las fotografías de aficionados y las de profesionales en cualquier evento, se ha extendido y popularizado el uso de los llamados photocall.

Un photocall es básicamente un escenario, un fondo para las fotografías oficiales que se tomen en el evento en cuestión. Normalmente, el photocall permite identificar al evento y, en su caso, publicitar las marcas comerciales que han patrocinado o promocionado el evento en cuestión; los paganini, en una palabra.
Un photocall de boda, en acción.
(Fuente: baballa)

De esta forma, gracias al photocall, es posible identificar entre las miles de fotografías que circulan por la red de un político, un actor o actriz, un famosete,... dónde y en qué momento se tomó la fotografía. Quedan al margen de esta sistematización las fotografías de dos caras alucinadas y la silueta de un brazo extendido que pulsa el botón (probablemente virtual) de disparo. Las fotos de alguien anónimo junto al jugador de fútbol de su equipo preferido, o junto a la actriz glamourosa o a la presentadora de televisión o al famosete de turno, cuyo fin último es  enviarla por el WhatsApp (o similar) a los amigotes (del de la cara anónima) para darles envidia, o para colgarla en alguna de las redes sociales más populares, sigue siendo otra historia.

El photocall es el escenario preparado para que los famosos posen para ser fotografiados por los profesionales (es de mal tono enfocar hacia el photocall con el teléfono móvil o con la camarita compacta). Y existe toda una escuela de modales donde los famosetes aprenden a posar, exponiendo sus mejores perfiles, o dando protagonismo a lo que estiman como partes más atractivas de sus cuerpos. Es muy conocido, por ejemplo, el estilo de posado de la Pataky, siempre de lado y enfatizando las curvas siderales.

Sin embargo, hasta ahora, el photocall no forma parte prácticamente nunca de la vida de los ciudadanos anónimos. Y esto habría que remediarlo. Hay que disponer de un photocall para cualquier evento personal o profesional en el que estemos involucrados. Y hay que respetar su disciplina para las fotografías oficiales.

Los que, por su actividad profesional, tienen que asistir a ferias y congresos, tienen que hacerse alguna fotografía en el photocall del evento (que seguramente existirá, si tiene el tema un poquito de pisto). Que ya está bien de difundir por ahí fotografías sentaditos en la silla mientras escuchamos, sin ganas, a alguien a quien  hoy le ha tocado, sin ganas, hablarnos de algún tema que desconoce; o esas fotos en que el fondo es un stand cutre donde hay cables por todas partes, el periódico del día sobre la mesa, abierto por la sección de deportes, y una lata de refresco a medio consumir. Que queda cutre el tema, y luego nunca se sabe si eso fue en el Congreso de Praga, o en la Feria de Lisboa. Hay que tomar al asalto los photocall, que para eso están. Así siempre tendremos de fondo la identificación del evento (y, de paso, los logos de los paganos de turno).

Pero a nivel personal o familiar, ya no se puede organizar una boda, bautizo o comunión sin su correspondiente photocall identificativo. Que luego en las fotos en que no aparecen los novios (o el recién nacido, o el niño o niña de la Primera Comunión) no se sabe muy bien si esa fue la celebración de una gamba por plato en Segovia, o la de langosta y media en Cádiz. Y el photocall, obligatoriamente, debe contener la identificación del evento (boda de fulano y zutan@, en tal lugar, a tantos de tantos del tanto) y, muy probablemente, el nombre del restaurante del convite (para repetir si nos ha gustado; para borrarlo de nuestra lista si no; o para poder volver a averiguar cuánto se gastaron en el convite, que creo que me pasé con el regalo).

A los profesionales de la hostelería BBC (Bodas, Bautizos, Comuniones) les hago un llamamiento muy específico, para que añadan un photocall personalizado a los servicios que habitualmente ofrecen a los novios o a las familias.

Con un photocall en las bodas, conseguiríamos siempre tener alguna foto oficial de nuestra asistencia, en perfecto estado de revista. Resultará imposible que no circulen esas otras con la corbata por turbante, los ojos vidriosos, la camisa arremangada, y la mirada bovina de risa floja, pero, por lo menos, quedará una prueba fehaciente de que nos esforzamos en asistir en las mejores condiciones indumentarias que nos pudimos permitir. Que luego acabáramos bebiendo coñac a morro y bailando Los Pajaritos, ya es otra conversación.

Pero lo mismo deberíamos aplicar a cualquier celebración menor que organicemos en casa: comida familiar, cena con amigos, fiesta de cumpleaños (con payasos de pago, con triángulos de La Piara y/o con piscina de bolas), o timba de naipes. Ya está bien de que las fotografías que queden de esos eventos siempre tengan de fondo el tapetito de ganchillo sobre la tele (que, con los receptores planos, cuelga por delante y por detrás), la muñequita con traje de faralaes que nos trajimos de la Feria de Jerez, el cuadro con ciervos del tresillo, ese reloj que parece imposible que esté nunca recto, el cenicero robado de un restaurante o la mancha de humedad que no hay manera de hacer desaparecer. Un photocall nos iguala a todos y, sin dejar de respetar el derecho inalienable a nuestras propias cutrerías en casa de cada cual, da un escenario neutro e imparcial para las fotografías oficiales del evento.
El inconfundible estilo de la actriz
Elsa Pataky, al posar en los
photocalls.
(Fuente: vanitatis)

Con un poco de suerte, igual podemos conseguir alguna financiación para el photocall: los payasos del cumpleaños igual están dispuestos a ceder algunos euros si aparece su nombre y página web en el photocall; o el distribuidor de ese whisky que se consumió por cajas en la timba puede hacernos precio si aparece su marca en el photocall; quizá la pastelería donde compramos los turrones de la comida de Navidad o el roscón de Reyes pueda ser sensible a una cierta promoción a través de un photocall en nuestras casas; o puede que a la pescadería del barrio no le moleste un poquito de publicidad.

Supongo que algunos os preguntaréis, a estas alturas de mi disertación, por qué carajo podría ser necesario que existan fotos oficiales de una merienda entre amigos. La respuesta es muy simple: es conveniente que haya fotos oficiales porque con seguridad habrá de las otras (hoy en día nadie sale a la calle sin algún dispositivo que le permita tomar fotografías), de esas en que ya nos rezuma un poquito la crema de los suizos por la comisura de los labios, o en la que ya andamos enfrascados en la pelea entre cuñados de todas las navidades, o en la que ya se nota la mirada perdida en una bañera de alcohol, o en la que tenemos cara de nada viendo cómo nuestro maravilloso full de ases-reyes ha sido derrotado por un cutre póker de doses.
Ojo, que la frontera entre lo divertido y lo kitsch o
directamente cutre es una fina línea roja.
(Fuente: facilisimo)

En resumen, reivindiquemos el derecho que todos tenemos a posar para las fotos frente a un photocall decente. Y, en casa, si somos de mucho recibir, podemos escoger un rincón del salón (o del recibidor) donde instalar un photocall estable (léase permanente) al que podamos pegar en cada caso la personalización requerida por un evento concreto. Si ponemos en el photocall la dirección completa, incluyendo portal, escalera y piso, quizá hasta consigamos evitar la tradicional llamada desde la calle, preguntando ¿cuál era tu piso?. Y, por supuesto, debemos ser escrupulosos en la disciplina de respetar el automatismo de la fotografía oficial en el photocall, cada vez que tengamos visita.

Los niños que nazcan hoy, cuando tengan sesenta años habrán acumulado tras de sí muchas decenas de miles de fotografías (de las que muchas rondarán sin mucho control por la Red) en las que aparecerán en las diversas circunstancias de sus vidas, muchas de ellas poco edificantes. Bien está que al menos algunas de ellas sean oficiales y presentables, con las que se pueda construir un book lucido que permita vender las excelencias del pavo o pava.

O permaneceremos sumidos en la eterna mediocridad.

JMBA

jueves, 17 de enero de 2013

Viaje a la Galicia Interior 4 - Lugo y Estaca de Bares

Ya os he contado, en capítulos anteriores, mi paso por Ponferrada y el Bierzo, mi ruta por Valdeorras, la Ribeira Sacra, Monterrei y Orense, y la navegación por el Cañón del Río Sil.
Catedral de Santa María de Lugo
(JMBigas, Agosto 2012)

Ese domingo (19 de Agosto), me desperté prontito en el hotel de Orense. El plan para el día era tomar dirección norte, con destino final en el pueblo de Viveiro, en la llamada Mariña Lucense. Por el camino, hice un alto en el Embarcadero Santo Estevo, que ya os he contado en un capítulo anterior.

Desde Santo Estevo, seguí camino hacia la ciudad de Lugo, la capital de la provincia. Lugo es una ciudad de cerca de 100.000 habitantes y, posiblemente, es una de las capitales de provincia menos conocida por los propios españoles. Lugo fue fundada por los romanos en el año 25 a.C. (Paulo Fabio Máximo), posiblemente sobre algún castro anterior, y se le dio el nombre de Lucus Augusti. El legado romano más monumental que podemos ver hoy es la muralla romana, que rodea por completo el casco antiguo, y que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2.000. La ciudad está ubicada sobre una colina, rodeada por el río Miño.
Muralla Romana de Lugo
(JMBigas, Agosto 2012)

Quería realizar una breve visita al centro de la ciudad. Como todas las ciudades amuralladas, Lugo dispone de un camino que las bordea por su parte exterior (Ronda da Muralla), que actúa de bulevar periférico del centro histórico para los vehículos, que tienen muy restringido el acceso intra-muros.

Aunque el casco antiguo no es muy grande (en forma aproximada de rectángulo, de unos 700x500 metros de extensión), la zona más monumental se encuentra hacia su sector sur-sudeste. Por ello escogí aparcar el vehículo en el Parking Público de la Plaza de la Constitución, junto a la Estación de Autobuses y en la parte exterior de la muralla en su sector sudeste.

Terminada la navegación por el Sil desde el embarcadero de Santo Estevo (que ya sería pasada la una de la tarde), tomé un sandwich y un refresco en el merendero que hay junto al río, en el propio embarcadero. Llegaba a Lugo alrededor de las tres de la tarde, la hora de la siesta de un domingo canicular de Agosto. La cafetería de la propia Estación de Autobuses me dio un momentáneo respiro (café y visita al servicio).
Ayuntamiento de Lugo
(JMBigas, Agosto 2012)

Desde la Plaza de la Constitución crucé una de las puertas de la muralla, para visitar el casco histórico. Toda esa zona intramuros es puramente peatonal y muy cuidada. La hora y el calor extremo de ese día, con un Sol justiciero que fundía las piedras, provocaba que no se viera a casi nadie por las calles.

En la Plaza de Campo Castelo (abrazada por la Rúa Calvo Sotelo), hay algunos cafés con terrazas dispuestas bajo los árboles, para mitigar el fuerte calor. Todos los edificios se ven extremadamente cuidados y muy limpios, de modo que el paseo da gusto (a ser posible, claro, evitando esas horas de calor inhumano).

A muy poca distancia está la inmensa Plaza Mayor, donde se encuentra, entre otros edificios monumentales, el Ayuntamiento de Lugo. La Plaza está muy arreglada, con diversas esculturas en homenaje tanto a los fundadores (romanos) de la ciudad, como a diversos prohombres (¿se dirá también promujeres?) galleg@s. Aunque, eso sí, las zonas de sombra son más bien escasas.

Desde la zona oeste de la Plaza Mayor se divisa ya la parte trasera de la Catedral de Santa María de Lugo, que se puede bordear por cualquiera de sus dos costados, hasta alcanzar la fachada principal. Aunque se sabe que hubo otros templos anteriores en esa ubicación, la Catedral que hoy podemos ver es de estilo predominantemente románico, construida en el siglo XIII.
O Vicedo (Lugo), desde la colina.
(JMBigas, Agosto 2012)

Desde la parte frontal de la Catedral se está a un paso de otra de las puertas de la muralla. Bordeé la Catedral por la derecha a la ida, y luego regresé hacia la Plaza Mayor por su parte izquierda. Allí tuve ocasión de ver una curiosa fachada, ilustrada con motivos alusivos a las brujas y meigas, tan tradicionales en el folklore gallego. Incluyendo, por supuesto, una tienda de artesanía alusiva en su planta baja.

Dediqué poco más de una hora a este breve recorrido, y ya recuperé el camino de vuelta hacia el aparcamiento donde había estacionado el coche. Con el calor y el tentempié que ya había tomado en el embarcadero, no tenía hambre para sentarme a comer, por lo que ordené, en uno de los cafés que estaba abierto a esa hora en la Plaza Campo Castelo, un sandwich caliente, que me tomé en una de las mesas de la terraza bajo los árboles, todo un lujo para mitigar los rigores del Sol.
Faro de la Punta Estaca de Bares (A Coruña).
(JMBigas, Agosto 2012)

Desde la ciudad de Lugo, por la tarde seguí cruzando la provincia hacia el Norte, en dirección al Mar Cantábrico. Antes de recalar en Viveiro (donde había reservado habitación en un hotelito), quería visitar la muy cercana Punta Estaca de Bares (que ya pertenece administrativamente a la provincia de A Coruña). Para mí, Estaca de Bares forma parte de un cierto imaginario infantil, ya que siempre aparecía en todos los noticieros como escenario de las peores inclemencias meteorológicas de la costa cantábrica gallega.

Gracias a disponer de un GPS en el coche, en lugar de enlazar hacia la Punta por las carreteras principales, me llevó por un atajo que seguía lo alto de las colinas, y tuve ocasión de ver escenarios de preciosos prados verdes, instalaciones para la generación de energía eólica y explotaciones madereras. En esa carreterita casi de montaña, la idea del mar resulta remota. Sin embargo, tras un recodo, la sorpresa es que uno aparece sobre el pueblecito de O Vicedo (provincia de Lugo), a las orillas del Mar Cantábrico.
Caída de la tarde y cielo amenazador, desde la Punta
Estaca de Bares.
(JMBigas, Agosto 2012)

La zona de la Punta Estaca de Bares está bastante bien preparada para la visita turística, pues dispone de un área para el aparcamiento de los vehículos, aunque el faro está operativo y no es visitable. El conjunto del faro presenta una arquitectura muy coqueta y singular, ya que su elevación sobre el terreno circundante es de solamente unos diez metros. Esto se debe a que la escarpada costa en la zona aporta un desnivel adicional hasta el mar de unos 80 metros, lo que hace que el faro sea perfectamente visible y cumpla con su misión principal.

El Faro de Punta Estaca de Bares forma parte de un conjunto señalizador de hasta nueve instalaciones similares en toda la coste norte de Galicia, desde Ribadeo, en el límite con Asturias, al Este, hasta la zona de Ferrol, en el Oeste.

Desde el faro, hay un camino que permite acercarse hacia el borde de los acantilados, aunque en la zona la frontera tierra-mar es bastante difusa, por la multitud de rocas que jalonan la zona marítima próxima a tierra.
Gráfico con los nueve faros de la costa norte gallega.
(JMBigas, Agosto 2012)

Si se consigue realizar la visita en unas condiciones ambientales estables (sin lluvia ni mucho viento), se tiene la extraña conciencia de estar viviendo un  raro privilegio. En solamente unos minutos, pude asistir a una auténtica mutación ambiental, ya que el cielo prácticamente azul se tiñó de repente de negro, preparando alguna potente actividad tormentosa, muy habitual en toda la costa norte de Galicia. De hecho, hacia el Oeste, ya cerca de Finisterre, hay una zona de la costa conocida como Costa da Morte (Costa de la Muerte), por los muchos naufragios que se han producido allí en la historia conocida.

Desde Estaca de Bares, ya fue un paseo llegar hasta el precioso pueblo de Viveiro, en la zona conocida como Mariña Lucense. Allí había reservado habitación en un hotelito frente a la ría. Pero eso ya os lo contaré en el siguiente (y último) capítulo de este maravilloso viaje.

Aparte de las fotografías que he elegido para ilustrar este artículo, podéis acceder a una colección más completa de hasta 36 fotografías del centro de la ciudad de Lugo y de las inmediaciones de Punta Estaca de Bares.

JMBA

miércoles, 16 de enero de 2013

Conducir con un GPS

No resulta muy complicado llegar al centro de la ciudad de York. Como en (casi) cualquier otra ciudad inglesa (o de prácticamente cualquier otro país), el centro se reconoce con cierta facilidad, por la monumentalidad de los edificios, por la afluencia de peatones a zonas comerciales y de servicios, por la existencia de áreas restringidas al tráfico (peatonales), etc.
(Fuente: elcorteingles)

En esa ocasión conseguimos llegar sin muchos problemas al centro de York. Otra cuestión fue, tras una visita a pie, salir de York y encarar la vuelta en dirección sur, hacia Londres. Ese día, el copiloto (a mi izquierda) era mi padre. En algún momento debimos fallar en la elección de la salida correcta de alguna rotonda. La realidad es que las carreteras por las que íbamos circulando eran cada vez de más baja categoría. Veíamos que no estábamos en el buen camino, pero yendo en coche lo más fácil es seguir adelante y confiar en encontrar una señal salvadora.

En las intersecciones, a veces decidía yo y otras hacía lo que le parecía más conveniente a mi copiloto. Lo cierto es que la carretera se acabó convirtiendo en un camino agrario, sin asfaltar, cada vez más estrecho, hasta que terminó frente a unas granjas agrícolas, quiero suponer que en las afueras de York.

Ese día tardamos mucho tiempo en reconocer que no íbamos en la buena dirección, y confiamos en exceso en que todos los caminos llevan a Roma. Quizá hubiéramos podido dar la vuelta bastante antes de llegar a las granjas, y habríamos podido ahorrar mucho del tiempo que acabamos perdiendo. Cuando ya fue evidente que hacia adelante no había nada, empezamos a retroceder, hasta conseguir llegar a esa rotonda maligna donde habíamos errado nuestra elección. Cabe decir que, por supuesto, acabamos llegando a Londres, sólo que bastante más tarde de lo inicialmente previsto.

Todo esto sucedía en una época en que el problema no es que no lleváramos GPS en el coche de alquiler, sino que el GPS, simplemente, todavía no existía.

Desde hace ya unos cuantos años (todavía lo pagué a precio de oro), tengo un dispositivo GPS para el coche (un tomtom GO 910) que utilizo habitualmente cuando salgo de viaje, sea por España o por otros países vecinos. Y debo añadir que lo adoro.

En los últimos años, este tipo de dispositivos se han popularizado, lógicamente han bajado de precio, han mejorado sus prestaciones, especialmente el tamaño y visibilidad de la pantalla, y han dejado de ser culones (como todavía lo es mi GO 910), en una evolución parecida a los televisores. Sin embargo, curiosamente, ninguno ha superado la capacidad interna de almacenamiento de 20GB que tiene el GO 910, que permite guardar varios mapas detallados (de distintas regiones del mundo) o incluso fotografías o música MP3.

Muchos acusan al GPS de provocar en el conductor una merma de atención en su labor. De alguna forma, como nos lleva de la mano, nunca aprendemos a ir solitos. En cierta manera es cierto. Pero quiero dedicar hoy unas líneas a un panegírico decidido de los GPS y a una defensa a ultranza de su utilidad, siempre que no les cedamos a ellos la inteligencia del viaje, sino solamente su logística.

Algunos piensan que con los GPS ya podemos olvidarnos de los mapas en papel, y ese es un craso error. Los dispositivos GPS no están pensados para que podamos consultar el mapa en ellos, más que de forma muy parcial. Los mapas en papel nos ubican, nos permiten saber dónde estamos y lo que tenemos alrededor, y es sobre ellos que debemos decidir nuestro próximo movimiento. Sólo cuando esta decisión está tomada, podemos instruir al GPS para que nos lleve hasta allí de la manita.

Por lo tanto, al salir de viaje, junto con el GPS nunca debemos olvidar los mapas o guías con suficiente nivel de detalle (en general una escala 1:300.000 resulta adecuada). El conductor (o el grupo) define sobre el mapa la inteligencia del viaje, y confía a continuación al GPS su logística.

Una norma de buen uso es que dentro del coche, sólo haya uno que decida el camino a seguir (cuando el destino está claro y definido). Puede ser el conductor, o un copiloto, o alguien del grupo que conoce el camino, o el GPS al que hayamos instruido (programado) convenientemente. Si se mezclan instrucciones de fuentes diversas, lo más probable es que la aleatoriedad de los errores cometidos haga que el camino equivocado sea cada vez más difícil de enmendar.

Por otra parte, es bueno reconocer que el GPS es el copiloto mejor informado (tiene permanentemente en su cabeza toda la información cartográfica disponible) y nunca le entra sueño. Además, no se cabrea si no seguimos sus instrucciones sino que, al contrario, busca rápidamente una alternativa para enmendar nuestro (presunto) error. Es un copiloto infinitamente paciente (imposible de encontrar un equivalente en la raza humana).

A veces visualizo la función del GPS como si dispusiéramos una goma elástica con uno de sus extremos fijado en el destino elegido, y el otro siguiendo nuestro recorrido. Sin importarle nuestros caprichosos devaneos o desvíos, imperturbable, intenta siempre acercarnos al destino programado.

Recuerdo una vez que, estando en París con un coche de alquiler, tenía un par de horas libres antes de acudir al aeropuerto de Orly a tomar un avión de vuelta a Madrid. Como he estado ya bastantes veces, por el centro de París me manejo con cierta soltura. Le definí al GPS como destino el Aeropuerto de Orly, y me moví a continuación a mis anchas por la ciudad. Para que no se me echara el tiempo encima, controlaba la duración del trayecto hasta el aeropuerto que iba recalculando el dispositivo desde mi posición en cada momento. Realmente (casi) me sorprendió que el pirulo mantuviera sus instrucciones insistentes sin que se le notara ningún tipo de enojo en la voz. Cuando yo insistía en bordear la orilla derecha del Sena y el GPS me indicaba todos los posibles caminos para encarar hacia el sur en dirección al aeropuerto. Durante todo el paseo no le hice ningún caso a sus instrucciones de circulación (más que al control de tiempos). Cuando estimé oportuno que ya era hora de enfocar hacia Orly, pasé al modo obediencia y acabamos coche, GPS y yo en el aeropuerto de Orly, con tiempo sobrado de devolver el coche de alquiler y embarcar en mi avión.
Mi GPS (tomtom GO 910) todavía es de los culones.
(Fuente: poshelectronics)

Esta característica de la paciencia es muy importante y es lo que lo convierte en un copiloto ideal. Eso sí, jamás te da conversación sobre ninguno de los temas básicos (política, fútbol, religión, sexo). Lo que, por cierto, a menudo se agradece.

Si utilizamos correctamente todas sus funcionalidades, al poco tiempo de utilizar un dispositivo en concreto, ese ya se ha convertido en nuestro GPS, diferente de cualquier otro que pudiéramos comprar. Todos traen programados de fábrica un cierto número de PDIs (Puntos De Interés), que pueden ser gasolineras, restaurantes, hoteles, etc. etc. Pero una utilización sensata hará que almacenemos en nuestro GPS nuestros propios puntos de interés: nuestro domicilio, o el de familiares y amigos; esas tiendas, restaurantes u hoteles que hemos visitado alguna vez en otras ciudades y a los que algún día quizá queramos volver; esos parajes pintorescos que tocaron nuestra alma y que quizá queramos revisitar o enseñar a alguna otra persona.

A veces querremos ir a nuestro aire, descubriendo mundo, y así lo haremos. Pero en otras ocasiones querremos visitar de nuevo esa bodega de la Rioja Alavesa de caldos tan singulares, o esa tienda de cerca de Burdeos con un surtido inacabable de vinos y foie gras de la región, o esa fuente de agua cristalina que descubrimos bajando una vez por cierto puerto. Si hemos tomado la precaución de almacenar los lugares singulares que hemos visitado, nuestro GPS dispondrá de la información necesaria sobre nuestros PDIs, y nos llevará de la manita cuando tengamos el antojo.

Existe una función muy útil, que es la creación de un PDI con nuestra posición actual. Si tras deleitarnos con esa inigualable puesta de Sol desde un recodo de la carretera, dedicamos quince segundos a contárselo a nuestro GPS, este nos ayudará la próxima vez a llegar allí sin dudarlo. Si hemos tenido que preguntar veinte veces hasta conseguir llegar a esa casa rural perdida en el monte, quince segundos de nuestro tiempo se antoja un discreto peaje para poder volver directamente y sin titubeos las veces que queramos.

Al definir un destino, para calcular la ruta el GPS nos ofrece la posibilidad de escoger entre varias modalidades de ruta (que varía entre dispositivos). Pero, habitualmente, hay dos casi siempre: la ruta más rápida y la ruta más corta. Yo aconsejo escoger siempre la ruta más rápida, y os voy a contar por qué.

Una vez, cruzando a Francia por Viella, por algún motivo que no recuerdo le había definido al GPS un destino en el sur de Francia, con indicación de ruta más corta. A sólo un kilómetro de haber cruzado la (inexistente) frontera, el GPS me indicó desviarme a la derecha, por una carreterita muy estrecha y empinada, que no me encajaba con lo que había visto previamente en el mapa. Pero seguí sus indicaciones, debo decir que con más curiosidad que confianza.

La carreterita (era prácticamente imposible cruzarse con otro coche que viniera de frente) me llevó a un pueblecito perdido (donde no se veía alma viviente alguna), y más allá. La carretera dejó de estar asfaltada y se convirtió en una pista forestal de tierra, con algunos tramos extremadamente bacheados. Pero el GPS me seguía indicando que de frente estaba mi destino, y que debía girar a la derecha pasados 6,7 kilómetros. Confié en el pirulo, y seguí adelante (a velocidad de tortuga, intentando esquivar los baches y las piedras). Pasé por una valla (que estaba abierta) pero que tenía indicaciones de que se mantenía cerrada desde Septiembre a Marzo, toda la temporada invernal. Al final, mi camino desembocó en una carretera asfaltada y acabé llegando a mi destino sin novedad. Para ahorrarse a lo mejor un par de kilómetros (que era la vuelta que daba la carretera principal para esquivar la colina), el GPS siguió mis indicaciones de ruta más corta y me llevó por la montaña.

Si el destino elegido está relativamente alejado, la opción de ruta más rápida a menudo no nos llevará por el camino que hemos visualizado en el mapa. Si hay una autopista, por ejemplo, el GPS nos llevará a ella lo más rápido que se pueda. Si lo que queremos es realizar el recorrido por carreteras más secundarias, remansarnos en los paisajes, entonces debemos recurrir a la definición de un itinerario. Un itinerario consta de un destino final y un cierto número de destinos parciales, definidos como puntos intermedios. Es muy importante esta definición, porque si no lo hacemos, cada destino parcial se convierte en final, y nos encontraremos en la Plaza Mayor del pueblo o ciudad que hemos elegido como punto de paso en el mapa, y posiblemente no sea eso lo que queremos, sino solamente indicarle al GPS el aire de la ruta que queremos recorrer.

La forma de indicar un destino al GPS admite algunas variantes: puede ser un vago centro ciudad, una dirección postal (en el Reino Unido, además, puede utilizarse el muy preciso sistema de Postcodes), un cruce de calles o carreteras, o directamente las coordenadas geográficas del lugar a donde queremos ir (latitud y longitud). La publicidad de cualquier servicio que no esté ubicado dentro de un casco urbano, y perfectamente identificable por una dirección postal, debería incluir ya estas coordenadas. Lo que, desgraciadamente, todavía no sucede en la mayoría de los casos.

Otra función muy útil (y que, curiosamente, no existe de serie en los tomtom, pero sí en GPS de otras marcas) es la creación de un fichero cartográfico que contenga las indicaciones necesarias para poder reconstruir el itinerario que efectivamente hemos recorrido tras unas horas, o unos días, de viaje. Ese fichero puede ser de formatos diversos, aunque el KML resulta cómodo porque es directamente explotable en Google Earth.

Para mi tomtom GO 910 buceé en Internet para saber si había alguna posibilidad de añadirle esa funcionalidad. Localicé una aplicación llamada Tripmaster, desarrollada por un friki francés, que era posible instalarla en mi dispositivo (pero ya no en otros tomtom más modernos). Tras una configuración bastante simple, es posible lanzarla por detrás de la interfase habitual de navegación. La aplicación va guardando registros cartográficos en un fichero de tipo KML. Graba un registro cada cierto tiempo, al recorrer cierta distancia, cada vez que hacemos un giro de más de 30º (por ejemplo), etc. etc. Mientras no paremos la aplicación (momento en el que cierra el fichero), vuelve a activarse cada vez que ponemos en marcha el tomtom, y sigue añadiendo registros al mismo fichero. Para el viaje a la Galicia Interior que realicé el pasado mes de agosto (y del que todavía me quedan un par de capítulos que contaros), así lo hice. Con lo cual dispongo de un fichero KML de algo más de 2MB de tamaño, con todas las informaciones necesarias sobre el recorrido que efectivamente realicé y que puedo visualizar sobre el mapa de la zona en Google Earth, con el nivel de detalle que desee.
Es muy importante ubicarlo en un lugar que no dificulte
para nada la visibilidad.
(Fuente: catalunyapress)

En resumen, amigos, adoro mi GPS, por lo extremadamente útil que me resulta. Eso sí, no puedo olvidar cargar en la bolsa de mano los mapas de todas las zonas por las que vaya a circular. No puedo prescindir del copiloto (humano) si quiero que me den conversación. Y no debo olvidar la base para fijarlo al parabrisas y el cargador desde el mechero del coche. De vez en cuando debo conectarlo en casa al PC para descargar las actualizaciones del mapa y las indicaciones de posición de los satélites GPS. Y cada tres meses (más o menos) debo instalar la nueva versión del mapa (tengo una suscripción en vigor por la que pago algunos euros), un fichero de más de 2GB de tamaño, que cubre toda Europa Occidental.

Ah, y conviene añadir al equipaje un clip o una aguja finita. Porque, alguna vez, es posible que el pirulo se bloquee (lo que sería la clásica pantalla azul). Para esos casos, hay que introducir el clip (desplegado) o la aguja por el agujerito de Reset y el dipositivo se reinicializa y se recupera. En esa operación habremos perdido todo lo que no estuviera convenientemente grabado en el disco o memoria internos. 

Curiosamente eso me sucedió una vez estando de viaje por Irlanda. Pero pensé que el aparato había muerto (no atiné con la posibilidad del Reset) e incluso compré otro de gama baja para salir del paso, sólo con los mapas del Reino Unido (un Garmin, creo recordar). Me rindió un excelente servicio los días que me quedaban de viaje. Pero lo más alucinante del caso es que, con los movimientos de recogida de equipaje del último día de viaje (debía acudir ya al aeropuerto de Dublín para la vuelta a casa), desde el hotel en Belfast al parking que estaba a dos manzanas, ese GPS Garmin desapareció de la vista hacia destino ignorado, y nunca llegó a mi casa. En su lugar, la agujita para el reset, ya en casa, recuperó al tom tom para la vida útil.

Y, para finalizar, hay un par de funcionalidades de los navegadores GPS que no están directamente relacionados con su función principal. Su pantalla nos indica permanentemente los kilómetros que nos quedan hasta llegar al destino fijado, y la hora estimada de llegada (suponiendo que no paremos por el camino). Esto nos da una buena dosis de tranquilidad y de tener la situación bajo control. Además, por supuesto, de vigilar la velocidad que llevemos en cada momento y compararla con la legal establecida para la via, avisándonos si la sobrepasamos de modo sostenido. Aparte de aportarnos seguridad, nos protege del afán recaudatorio de todas las administraciones.

Como conclusión, creo firmemente que, respetando un pequeño conjunto de buenas prácticas, la conducción con ayuda de un dispositivo GPS no tiene más que ventajas.

JMBA

sábado, 12 de enero de 2013

Soflama Soberanista

Un acuerdo entre los dos partidos con mayor representación en el Parlament de Catalunya (CiU y ERC) ha dado a luz un documento que se pretende someter a votación en el primer pleno del nuevo Parlament, que se celebrará el 23 de Enero.
Oriol Junqueras (ERC) y Artur Mas (CiU),
saludándose cordialmente en el Palau de la Generalitat.
(Fuente: republica)

Fuentes de ERC han alegado que el documento sólo es un borrador de trabajo y que no debería haberse filtrado (todavía) a la opinión pública.

Personalmente, y atendiendo a la situación real de cierta incomodidad política que se está viviendo en Catalunya, creo que sería muy conveniente que el Govern negociase con el Gobierno de España la celebración de un referéndum entre todos los catalanes, donde estos pudieran expresar su opinión sobre el modelo político de su preferencia. El acuerdo debería contemplar con claridad la o las preguntas a realizar, asegurándose de que no exista trampa posible, y también debería definir las consecuencias de los diversos resultados posibles.

Pero el documento que se pretende presentar al pleno del Parlament ya es una declaración (proclamación, soflama, como queramos decirlo) directamente independentista. De este modo, da la sensación de que el Govern (y su apoyo necesario, ERC) están trabajando como si ese referéndum ya se hubiese celebrado, y hubiera ganado abrumadoramente el sí. El resultado de las últimas elecciones autonómicas de ninguna forma les autoriza a partir de estas hipótesis. Una Soflama Soberanista (SS, ay, ay, ay) que no debería prosperar de ninguna forma en su estado actual.

Lógicamente, el resto de fuerzas políticas, incluso las que tienen una sensibilidad menos abiertamente anti-independentista, se oponen a este documento. De una parte, se han visto marginadas en su elaboración. Conviene recordar que ERC sólo tiene un diputado más que el PSC; y que el PSC sólo tiene un diputado más que el PPC; las diferencias no son, para nada, abrumadoras. Y, de otra parte, critican justamente esta asunción que dejaría ya sin sentido la celebración de referéndum alguno.

Espero que se acabe imponiendo el sentido común, incluso en una situación que está resultando ya bastante surrealista, con dos bandos opuestos, cada uno con una bandera (diferente) enrollada sobre sus formaciones. Con dos bandos que dicen querer negociar, pero que parecen incapaces de ponerse de acuerdo incluso sobre qué negociar. Con un Gobierno de España amarrado a una Constitución inalterable, y una banda independentista prácticamente echada al monte.

Mientras tanto, los muchos cientos de miles de catalanes en el paro descubren con estupor que el Govern no piensa para nada en ellos, y que dedica sus esfuerzos a temas identitarios de los que no se come (por lo menos, de los que no se come hoy).

Por otra parte, los ciudadanos honrados, que pagan todos sus (crecientes) impuestos, que están sufriendo una crisis que ellos no han creado, que son reos de entidades financieras que se deslumbraron con la burbuja inmobiliaria, observan con preocupación los diversos casos y sospechas de corrupción de esa misma clase política que ahora se desgañita con sus soflamas identitarias e independentistas.

Un observador neutral (un poco malpensado, eso sí), llegaría a la conclusión de que el objetivo final podría ser que un Tribunal Supremo Catalán fuera incapaz de condenar las que parecen infinitas corruptelas de corte gangsteril de la propia familia Pujol. Toda gran riqueza (excepto la que proceda claramente de una Lotería comprada con los ahorros) es digna de toda sospecha. Y la acumulación de riqueza en los aledaños del poder es más que sospechosa.
Duran i Lleida, líder de UDC, no va a dimitir, a pesar de que
dijo que lo haría si se demostraba la corrupción en UDC.
(Fuente: muypymes)

Además, en el caso de corrupción contra UDC, al final la fiscalía ha llegado a un acuerdo con los acusados, los que, con ello, reconocen su delito y aceptan la devolución del dinero defraudado (más los correspondientes intereses) junto con una pena menor. Duran i Lleida, por quien muchos españoles sienten una cierta admiración, especialmente por su perfil de hombre de estado, se desdice a sí mismo, y ahora parece que no va a dimitir, a pesar de haberlo prometido hace unos años, si se demostraba la corrupción en el seno de UDC. Claro que, técnicamente, no se ha demostrado la corrupción, sino que los acusados han aceptado haberla cometido. Y que, por otra parte, al clima político español posiblemente no le convenga en estos momentos la dimisión de Duran i Lleida.

En fin, sólo espero que prevalezca la sensatez por todas las partes. Y que no se ceje en el empeño de que cualquiera que sea el sesgo que vayan tomando los acontecimientos, no haya trampa ni cartón. Los ciudadanos de Catalunya (y también los del resto de España) se merecen, al menos, eso.

Con dos Gobiernos que se viven en mayoría absoluta (en Catalunya, eso sí, con el apoyo necesario de ERC), que parecen convencidos de no tener necesidad de pactar o negociar nada con nadie más, podría acabar produciéndose un choque de trenes que a nadie, a nadie, le conviene.

JMBA

jueves, 3 de enero de 2013

Madrid-París en Alta Velocidad: Un Paso Más

En Marzo de 2011 ya os conté el viaje que tuve ocasión de realizar entre Madrid y París, utilizando el enlace ferroviario de Alta Velocidad en la estación de Figueres-Vilafant. Esta estación no es la tradicional en el centro de la población de Figueres, sino la nueva estación de Alta Velocidad en las afueras, en medio del campo, en el término municipal del pueblo vecino de Vilafant.

Tuve entonces que tomar tres trenes diferentes. Primero, un AVE desde Madrid hasta Barcelona-Sants. Desde allí, un tren Alvia de enlace hasta Figueres-Vilafant. Y en Figueres ya monté en un TGV francés, que me llevó directamente hasta París Gare de Lyon, con unas cuantas paradas (Perpignan, Narbonne, Montpellier, Nimes, Valence,...). En resumen, salía de Madrid en un AVE a las ocho y media de la mañana, para llegar finalmente a París Gare de Lyon pasadas las ocho y media de la tarde. Doce horas de viaje, con una escala de algo más de una hora en Barcelona y de unos pocos minutos en Figueres-Vilafant.

Por fin este ocho de Enero se inaugura el enlace en Alta Velocidad desde Barcelona hasta la frontera francesa. Comercialmente, y por el momento, esto significa que se podrá viajar en AVE desde Madrid hasta la propia estación de Figueres-Vilafant, sin tener que hacer escala y cambio de tren en Barcelona.

Con esta inauguración, el viaje entre Barcelona y Figueres se reduce a algo menos de una hora (en mi viaje de Marzo del 2011, el tren Alvia tardó casi dos horas en realizar ese recorrido), y el trayecto entre Madrid y Figueres podría reducirse a unas tres horas y media, aunque la oferta comercial (por paradas adicionales) llevará el trayecto a algo más de cuatro horas.

Seguirá habiendo dos enlaces diarios de trenes TGV en cada sentido en Figueres-Vilafant hacia París. Con salidas a las 10.20 y a las 17.20 de Figueres-Vilafant en dirección a París (llegadas a la Gare de Lyon a las 15.53 y 22.45), y salidas de París Gare de Lyon a las 7.15 y 14.07 (con llegadas a Figueres-Vilafant a las 12.41 y 19.40).

Desde Madrid, se podrá enlazar con estos TGV a París mediante trenes AVE directos (con paradas intermedias, por supuesto, para facilitar este enlace a viajeros de Zaragoza, Lleida o Tarragona). Con salidas de Puerta de Atocha a las 5.50 y a las 13.10 (llegadas a Figueres-Vilafant a las 9.58 y 17.08). El enlace desde Barcelona-Sants se podrá realizar en los mismos trenes AVE, con salidas a las 9.05 y 16.15. Aunque este trayecto, RENFE lo comercializa como servicio AVANT, con posibilidad de abonos para viajeros recurrentes. Enlaces parecidos son igualmente posibles en sentido contrario.

Con este nuevo servicio, los enlaces Madrid-Barcelona-París se podrán realizar, pues, con estos horarios:

Madrid Puerta de Atocha     5.50       13.10
Barcelona-Sants (Ll)           8.55       16.06
Barcelona-Sants (S)            9.05       16.15
Figueres-Vilafant (Ll)          9.58       17.08
Figueres Vilafant (S)         10.20       17.20
Paris Gare de Lyon           15.53       22.45

Es decir, viajes desde Barcelona hasta París en algo menos de siete horas, y desde Madrid a París por esta ruta en algo menos de diez horas.

Los enlaces en dirección contraria tienen estos horarios:

París Gare de Lyon             7.15          14.07
Figueres-Vilafant (Ll)         12.41          19.40
Figueres-Vilafant (S)          12.55          19.55
Barcelona-Sants (Ll)          13.48          20.48
Barcelona-Sants (S)           14.00          21.00
Madrid Puerta de Atocha    17.10          00.02

En un próximo futuro posiblemente podamos ver trenes AVE (y/o TGV franceses) cubriendo los trayectos entre Barcelona y París en algo más de seis horas, sin cambio de tren en Figueres. Muy probablemente nunca lleguemos a ver trenes directos Madrid-París por esta ruta, ya que diez horas no es un tiempo comercialmente rentable (más que para enamorados o muy amantes del ferrocarril).

En Francia hay proyectos para completar la línea de Alta Velocidad entre Avignon, Montpellier, Perpignan y la frontera española, pero verla completa será, todavía, cuestión de décadas. Por el momento, sólo está en fase de proyecto avanzado un tramo de unos 80 ó 90 kilómetros, para el contorno de Nimes y Montpellier. De todas formas, no deberíamos esperar tener nunca un recorrido ferroviario en Alta Velocidad entre Barcelona y París inferior a las cinco horas.

De momento, pues, se da un paso más en la integración transfronteriza de las respectivas redes ferroviarias de Alta Velocidad en Francia y España. Sólo un paso más, pero nada menos que eso.

JMBA

miércoles, 2 de enero de 2013

Singapur 1987

Para el verano de 1987 teníamos ya prácticamente apalabrado un viaje organizado a Extremo Oriente, que incluía estancias en Hong Kong, Bangkok y Singapur (y quizá algún lugar más, ya no lo recuerdo). La Agencia de Viajes con la que habíamos hecho el trato, de plena confianza de mi padre, entró en problemas financieros, y cesó su actividad solamente un par de semanas antes de la fecha estimada de nuestra partida.
Bahía de Singapur desde el mirador del Mount Faber.
(JMBigas, Agosto 1987)

A toda prisa iniciamos las gestiones con otra agencia de mayor solvencia para no tener que quedarnos obligadamente en casa durante las vacaciones de Agosto. Con las prisas, tuvimos que acogernos a lo que nos ofrecieron: un par de semanas de viaje (organizado, pero no en grupo), con estancias en Hong Kong primero, luego Kuala Lumpur (mucho antes de que las Torres Petronas pusieran a la capital malaya en el mapa), para seguir en Bangkok (más al Norte) y terminando en Singapur (mucho más al sur, prácticamente sobre el propio Ecuador). No teníamos tiempo para mayores refinamientos, y aceptamos la propuesta en zigzag que nos habían hecho.
Skyline de Singapur, desde el Mount Faber.
(JMBigas, Agosto 1987)

Volamos desde Zurich en un Jumbo de Swissair (una compañía varias veces desaparecida desde entonces), que era mixto de pasaje y carga. Su destino final era Seúl, y antes de Hong Kong hicimos una escala en Mumbai (el Bombay de toda la vida). Ya tuve ocasión de comentar algunas anécdotas de Hong Kong, a la sazón todavía colonia británica) en otro artículo.

Llegando a Kuala Lumpur, en vuelo desde Hong Kong, a los ciudadanos malayos les revisaban en la Aduana hasta el forrillo de los gayumbos, en busca de las gangas electrónicas que hubieran podido comprarse en HK, y que intentaba introducir en el país de tapadillo. Nos sorprendió de KL la brillantez y extremada limpieza de algunos edificios públicos, como la Mezquita Nacional (de mármoles que brillaban como espejos) o la propia Estación Central de Ferrocarril. Y también el lujo asiático del Kuala Lumpur Hilton, que tenía en el lobby (enorme) una mesa redonda de cristal de no menos de cinco o seis metros de diámetro, sobre la cual amanecía cada mañana un centro nuevo de flores frescas de dos o tres metros de anchura.
Puerto de Singapur.
(JMBigas, Agosto 1987)

Volamos hacia Bangkok en un avión de Malaysian. Estuvimos alojados en el Hotel Dusit Thani que, por la época, era de lo más lujoso de la ciudad. Visitamos innumerables templos, principalmente budistas, algún mercado flotante, y también los inevitables espectáculos con elefantes y los bailes folklóricos typical Thai para turistas. En Bangkok aprendí los rudimentos del regateo, que es un arte, pero tienen unas reglas bien precisas. Cuando se ofrece un precio (aunque nos parezca ridículo frente a lo que pide el vendedor)  significa que por ese precio estamos dispuestos a comprar el producto. Así me vi yo en posesión de un acordeón de postales (que no quería para nada), cuando le ofrecí cinco baths a un niño que me pedía cincuenta. Me aceptó el precio y no tuve más remedio que comprarle las postales.
Skyline de Singapur, desde la bahía.
(JMBigas, Agosto 1987)

La última etapa del viaje fue Singapur. Singapur (de Singha - león - y Pura - ciudad -) es una ciudad-estado que ocupa una isla mayor en el extremo de la península malaya, y varias islas menores. En total, unos 700 kilómetros cuadrados, densamente poblados por casi cinco millones de habitantes. Al Norte, el estrecho de Johor lo separa de Malasia, mientras que al Sur, el Estrecho de Singapur lo separa de Indonesia. Al oeste está la inmensa isla de Sumatra (parte de Indonesia), mientras que al este reposa la no menos enorme isla de Borneo (la mayor parte indonesia, pero también hay ahí dos estados - Sabah y Sarawak - de Malasia, así como el fastuoso sultanato de Brunei).
Una de las islas en la bahía de Singapur.
(JMBigas, Agosto 1987)

De pasado ajetreadamente colonial británico (ligado bastante estrechamente a India y, en especial, a Bengala) Singapur se integró en la Federación de Malasia, dentro del proceso de descolonización de la zona, en 1963. Pero severas diferencias llevaron a acordar la secesión de la República de Singapur el 9 de Agosto de 1965. En otras palabras, Singapur es ocho años más joven que yo mismo.

Singapur se ha convertido en un crisol de culturas de la zona, de lo que es buena ilustración que hay hasta cuatro idiomas oficiales (inglés, chino mandarín, malayo y tamil). En estos veinticinco años desde que pudimos visitarlos, la mayoría de países de la región han vivido un desarrollo vertiginoso, especialmente tras la severísima crisis económica de los 90. Singapur forma parte de los llamados Tigres de Asia
Embarcadero de Kusu Island.
(JMBigas, Agosto 1987)

Nuestra estancia en 1987 no duró más allá de dos o tres días. Nos alojamos, creo recordar, en el Hotel Dynasty, por Orchard Road. Un hotel en forma de esbelta torre, con unas treinta plantas de altura y una sección vagamente circular, rematada como una pagoda. En la última planta había un bar restaurante con hermosas vistas de toda la ciudad.

Llegamos, desde Bangkok, al aeropuerto de Changi, donde nos esperaban para facilitarnos el traslado hasta el hotel. La carretera desde el aeropuerto hasta la ciudad parecía en la época una via rural, flanqueada de árboles. Sospecho que nada tendrá que ver su apariencia actual con esa imagen.
Skyline de Singapur, desde la playa de una de las islas.
(JMBigas, Agosto 1987)

Durante la estancia, solamente teníamos contratada una breve visita a la ciudad. Una guía hispana de larguísima melena nos recogió en el hotel en un coche privado con chófer, y subimos al Mount Faber, que es el mirador natural más conocido de Singapur (por otra parte, casi totalmente llano). Existe un teleférico que une el Paseo Marítimo (Harbourfront) con el Mount Faber y la isla de Sentosa (una de las mayores del archipiélago, dedicada en las últimas décadas al desarrollo turístico y de ocio). En los años 90 se renovaron por completo las góndolas del teleférico, por lo que en la actualidad todas ellas son panorámicas y muy confortables, algunas incluso con el suelo de cristal transparente, y hay una lujosamente decorada con cristales de Swarovsky, para trayectos muy especiales.
Una de las torres del teleférico Harbourfront -
Mount Faber - Sentosa Island.
(JMBigas, Agosto 1987)

Tuvimos ocasión de realizar un trayecto marítimo por toda la bahía de Singapur, con parada en alguna de las islas, que tienen maravillosas playas de arena blanca. Recuerdo, por ejemplo, la Kusu Island, desde donde tuvimos una maravillosa panorámica del skyline del Singapur 87. El puerto de Singapur, enorme y muy bien resguardado, es actualmente el más activo del mundo en cuanto a tonelaje total, y sólo recientemente (en 2005) fue superado por el de Shanghai en el volumen de contenedores de mercancías. Para un país como Singapur, el tráfico marítimo es de vital importancia, tanto para el avituallamiento de todo tipo de materias primas y víveres, como para la salida de productos manufacturados hacia los mercados de todo el mundo.
Bailes folklóricos en un espectáculo típico
(para turistas)
(JMBigas, Agosto 1987)

Una mañana, saliendo del hotel, serían las diez, nos metimos en una tienda, propiedad de un indostánico, donde vendían toda clase de cámaras fotográficas y similar. Situémonos en el año 1987. Yo compré mi primera cámara fotográfica compacta (de carrete, por supuesto) en Hong Kong, al inicio de ese mismo viaje. Y mi padre tenía cierto interés en comprarse una para él. Después de ver muchas y negociar algunos precios, no llegamos a un acuerdo y salimos de la tienda. El dueño salió a perseguirnos a la calle y nos dijo que, como habíamos sido los primeros clientes del día en entrar a su comercio, le traeríamos muy mala suerte durante toda la jornada si nos íbamos sin comprarle nada. No recuerdo bien si al final le compramos algo o no, y cuál sería su suerte para el resto del día.

Por la noche asistimos a uno de esos inefables espectáculos typical typical repletos de turistas, donde se intentan transmitir (con suerte desigual) las esencias folklóricas y culturales de cada país. Esta vez el espectáculo fue en el Raffles Hotel, de estilo inequívocamente británico y colonial. Para el recuerdo quedó una fotografía con algunos de los artistas.
Foto con los artistas del espectáculo del Raffles Hotel.
(JBigas, Agosto 1987)

Desde Singapur, otro Jumbo de Swissair nos devolvió a Europa (Zurich), con nueva escala en Bombay. Esas escalas son, hasta el momento, mi única experiencia directa, y no muy placentera, con India. Mi padre volvió con una tortícolis de caballo, provocada por los salvajes saltos térmicos que imponen los aires acondicionados utilizados para combatir los rigores tropicales y ecuatoriales.

Del viaje me han quedado algunas fotografías de calidad bastante mediocre. Una vez escaneadas y mejoradas digitalmente en lo posible, he seleccionado una decena de Singapur para ilustrar este artículo. Conviene tener en cuenta que, por esa época, descubrimos en el Extremo Oriente los servicios rápidos de revelado fotográfico, todavía desconocidos en España. De precio, además, muy económico para los patrones del momento, la gran mayoría de carretes que gastamos durante el viaje, los revelamos y sacamos las copias sobre el propio terreno. Me temo que también sacrificamos algo de su (posible) calidad. Disculpad, pues, la mediocridad de las fotos que acompañan a este artículo, y entendedlas como testimonio de una época ya (sobre)pasada.   
Un souvenir de Singapur: el Merlion o pez-león, tallado en
una densa y pesada madera tropical.
(JMBigas, Enero 2013)


* * *

Recordaba hoy Singapur porque una de mis sobrinas, de 20 años, está instalándose estos días allí para disfrutar de un cuatrimestre de intercambio académico en la Singapur Management University. Lo que está viendo, viviendo y descubriendo hoy allí, en muy poco se parece a lo que pudimos ver hace veinticinco años.

JMBA